UNIVERSIDAD
DE
GUANAJUATO
CAPÍTULO 9
LA CARA DESAGRADABLE:
LAS ORGANIZACIONES COMO
INSTRUMENTOS DE DOMINACIÓN
IMÁGENES DE LA ORGANIZACIÓN
MAESTRÍA EN DESARROLLO
ORGANIZACIONAL
IVÁN VELÁZQUEZ AGUILERA
09 MARZO 2024
INTRODUCCIÓN
Las organizaciones, entendidas como entidades que coordinan y dirigen
actividades con el fin de alcanzar objetivos comunes, constituyen pilares
fundamentales en la estructura social y económica de la sociedad contemporánea.
Sin embargo, tras la apariencia de eficiencia y racionalidad que a menudo
proyectan, se oculta un panorama más complejo y matizado. Detrás de las
fachadas de productividad y progreso, se hallan dinámicas de poder, desigualdad
y dominación que impactan profundamente en la vida de los individuos y en la
configuración de la sociedad en su conjunto.
La noción de que las organizaciones pueden convertirse en instrumentos de
dominación, sirviendo a los intereses egoístas de unas élites a expensas de otros,
plantea interrogantes sobre la verdadera naturaleza y función de estas entidades.
A lo largo de la historia, las organizaciones han estado asociadas con procesos de
coerción, explotación y control social, donde ciertos grupos o individuos han
impuesto su voluntad sobre otros en aras de sus propios intereses.
En este contexto, resulta relevante explorar las diversas formas en que se
manifiesta esta dominación organizacional, así como sus implicaciones en
términos de desigualdad, injusticia y deterioro de la calidad de vida de los
individuos. Desde la perspectiva de teóricos como Max Weber y Robert Michels,
podemos comprender cómo se legitiman y perpetúan las relaciones de poder
dentro de las organizaciones, utilizando mecanismos de autoridad y control que
pueden ser tanto coercitivos como sutiles.
Asimismo, es importante analizar cómo estas dinámicas de dominación se reflejan
en la relación entre las organizaciones y sus empleados. A menudo, los
trabajadores se ven obligados a sacrificar su salud, bienestar y vida personal en
aras de los objetivos y beneficios de las organizaciones, mientras las élites
empresariales mantienen el control y se benefician de su trabajo. Esta explotación
laboral se manifiesta en diversas formas, desde los riesgos laborales y las
enfermedades profesionales hasta el estrés mental y social provocado por las
exigencias del trabajo y la inestabilidad laboral.
En este ensayo, nos proponemos profundizar en la comprensión de la
organización como un instrumento de dominación, explorando cómo se establecen
y perpetúan las relaciones de poder dentro de estas entidades, así como las
implicaciones que esto tiene para los individuos y la sociedad en su conjunto.
Mediante un análisis crítico y reflexivo, esperamos contribuir al debate sobre la
naturaleza y función de las organizaciones en la sociedad contemporánea, así
como a la búsqueda de alternativas más justas y equitativas para su
funcionamiento.
DESARROLLO
La Organización como Dominación
Desde una perspectiva histórica, la relación entre organización y dominación
social ha sido una constante en el devenir de las sociedades. Max Weber, uno de
los teóricos fundamentales en este ámbito, identificó tres tipos de dominación
social que han permeado diferentes épocas y contextos: la carismática, la
tradicional y la racional-legal. La dominación carismática se fundamenta en las
cualidades personales y carismáticas de un líder, quien ejerce su autoridad sobre
los seguidores a través de la devoción y la fe en su liderazgo. Este tipo de
dominación, aunque puede ser eficaz en ciertos contextos, tiende a ser volátil y
dependiente de la figura del líder carismático, lo que puede llevar a la inestabilidad
y a la falta de continuidad en el ejercicio del poder. Por otro lado, la dominación
tradicional se basa en el respeto a la tradición y al pasado, donde el poder se
legitima a través de la costumbre y el arraigo cultural.
En este caso, la autoridad se transmite de generación en generación y se sustenta
en la herencia y el linaje, otorgando a ciertos individuos o grupos el derecho de
ejercer el control sobre los demás. Finalmente, la dominación racional-legal se
caracteriza por la legitimidad del poder a través de leyes, reglamentos y
procedimientos establecidos. Este tipo de autoridad se basa en la legalidad y la
racionalidad, donde el ejercicio del poder se encuentra formalmente limitado por
normas y regulaciones. La burocracia, como sistema administrativo propio de esta
forma de dominación, concentra la autoridad en una estructura jerárquica y
establece reglas y procedimientos para la toma de decisiones y la gestión de
recursos. No obstante, aunque estos tres tipos de dominación proporcionan un
marco conceptual para comprender las relaciones de poder en las organizaciones,
es importante reconocer que rara vez se encuentran de forma pura en la práctica.
Más bien, se superponen y coexisten, generando tensiones y conflictos inherentes
al ejercicio del poder. En este sentido, la burocracia, como expresión de la
dominación racional-legal, se presenta como un instrumento poderoso de control y
coordinación dentro de las organizaciones. Sin embargo, al mismo tiempo,
representa una amenaza para la libertad y la democracia, según las visiones de
Weber y otros sociólogos como Robert Michels.
Michels, en su famosa "ley de hierro de la oligarquía", argumenta que las
organizaciones tienden a ser controladas por una élite reducida, incluso cuando
esto va en contra de los deseos de los líderes. Esta tendencia hacia la oligarquía
dentro de las organizaciones refleja la concentración de poder y la perpetuación
de estructuras de dominación que pueden ir en detrimento de los intereses de los
trabajadores y otros grupos subalternos.
Cómo las Organizaciones Usan y Explotan a sus Empleados
La metáfora de las organizaciones como entidades que consumen y explotan a
sus empleados revela una realidad cruda y compleja en el mundo laboral
contemporáneo. A pesar de los avances en términos de derechos laborales y
condiciones de trabajo, persisten numerosos problemas que afectan a la salud y el
bienestar de los trabajadores. En este contexto, los riesgos laborales son una
preocupación constante. A lo largo de la historia industrial, los accidentes
laborales y las enfermedades profesionales han cobrado la vida de innumerables
trabajadores y han dejado secuelas físicas y emocionales en muchos otros.
Aunque se han implementado medidas de seguridad y regulaciones para mitigar
estos riesgos, todavía hay organizaciones que descuidan la seguridad de sus
empleados en aras de la productividad y el beneficio económico. Además de los
peligros físicos, también existe el estrés laboral, una consecuencia cada vez más
común de las exigencias y presiones del entorno laboral moderno. Los empleados
se ven sometidos a largas jornadas de trabajo, plazos ajustados y un ambiente
competitivo que puede tener efectos perjudiciales en su salud mental y emocional.
El estrés laboral no solo afecta el desempeño y la productividad de los
trabajadores, sino que también puede tener repercusiones en su vida personal y
relaciones interpersonales.
En este contexto, los trabajadores, especialmente aquellos en el llamado mercado
laboral "secundario", enfrentan condiciones precarias y una falta de seguridad
laboral. Estas personas a menudo sacrifican su salud y su vida personal en aras
de los objetivos de las organizaciones, mientras que las élites empresariales
mantienen el control y se benefician del trabajo de sus empleados.
Esta dinámica de explotación se ve exacerbada por la creciente brecha entre los
trabajadores y los directivos en términos de salarios y beneficios. Mientras que los
altos ejecutivos disfrutan de remuneraciones extravagantes y bonificaciones
generosas, muchos empleados luchan por llegar a fin de mes con salarios bajos y
condiciones laborales precarias.
La Organización, las Clases y el Control
La organización del trabajo, a lo largo de la historia, ha estado intrínsecamente
relacionada con las divisiones de clases sociales y el control de los recursos
económicos. Desde los tiempos antiguos hasta la era moderna, las sociedades
han estado estructuradas en torno a sistemas de poder y jerarquías que
determinan quién tiene acceso a la riqueza y quién está relegado a posiciones
subalternas. El surgimiento del sistema capitalista de producción ha acentuado
estas divisiones de clase y ha generado una creciente estratificación laboral. En
este sistema, el capital se concentra en manos de una élite empresarial, mientras
que la fuerza laboral se divide en diferentes estratos según su nivel de
especialización, educación y capacitación.
Esta segmentación del mercado laboral tiene importantes implicaciones sociales y
económicas. En primer lugar, perpetúa las desigualdades sociales al limitar el
acceso de ciertos grupos a empleos mejor remunerados y con mayores
oportunidades de ascenso. Por ejemplo, las personas de bajos ingresos o con
menos educación tienden a ser relegadas a trabajos menos especializados y peor
remunerados, mientras que aquellos con mayores privilegios socioeconómicos
acceden a empleos más prestigiosos y mejor remunerados. Además, esta
segmentación del mercado laboral refleja y perpetúa las actitudes discriminatorias
y los prejuicios sociales. Por ejemplo, en muchas sociedades, ciertos grupos
étnicos o minoritarios enfrentan barreras y obstáculos para acceder a empleos
bien remunerados y de alto estatus, lo que contribuye a la marginalización y
exclusión social. En términos de control, las élites empresariales ejercen un poder
significativo sobre la fuerza laboral al determinar las condiciones de trabajo, los
salarios y los beneficios. Esta asimetría de poder se ve exacerbada por la falta de
representación sindical y la debilidad de las leyes laborales en muchas regiones
del mundo, lo que deja a los trabajadores en una posición de vulnerabilidad y
dependencia.
Riesgos Laborales, Enfermedades Profesionales y Accidentes Industriales
A pesar de los avances significativos en materia de seguridad laboral en las
últimas décadas, los riesgos laborales, las enfermedades profesionales y los
accidentes industriales continúan siendo una realidad preocupante en muchos
lugares de trabajo en todo el mundo. A menudo, la priorización de la eficiencia y la
productividad sobre la seguridad y el bienestar de los trabajadores contribuye a
esta problemática. En muchas organizaciones, especialmente en aquellas donde
la competencia es feroz y los márgenes de beneficio son estrechos, se tiende a
minimizar los costos asociados con la implementación de medidas de seguridad
adecuadas. Esto puede manifestarse en una falta de inversión en equipos de
protección personal, capacitación insuficiente en materia de seguridad, o la
negligencia en el mantenimiento de instalaciones y maquinaria.
Además, en entornos altamente competitivos, los plazos ajustados y las presiones
para aumentar la productividad pueden llevar a la adopción de prácticas laborales
riesgosas. Los trabajadores pueden verse obligados a realizar tareas peligrosas
sin el equipo adecuado o sin las precauciones necesarias, aumentando así el
riesgo de accidentes y lesiones.
Por otro lado, las enfermedades profesionales son un problema persistente en
muchos sectores industriales. La exposición a sustancias químicas tóxicas,
radiación, ruido excesivo, condiciones de trabajo extremas y otros factores pueden
tener efectos perjudiciales para la salud a largo plazo. A menudo, los efectos de
estas enfermedades pueden tardar años en manifestarse, lo que dificulta su
detección y prevención. Los accidentes industriales, por su parte, pueden tener
consecuencias devastadoras no solo para los trabajadores involucrados, sino
también para el medio ambiente y las comunidades circundantes. Desde
explosiones en plantas químicas hasta colapsos de estructuras en sitios de
construcción, estos eventos pueden resultar en lesiones graves, pérdida de vidas
humanas y daños ambientales irreparables.
Es importante destacar que la priorización de la eficiencia sobre la seguridad no
solo pone en riesgo la salud y el bienestar de los trabajadores, sino que también
puede tener consecuencias financieras significativas para las organizaciones. Los
costos asociados con los accidentes laborales, como indemnizaciones, sanciones
legales y pérdida de productividad pueden superar con creces los ahorros
obtenidos al reducir las medidas de seguridad.
El Alcoholismo Laboral y el Estrés Mental y Social
El estrés laboral y el alcoholismo son dos problemas interrelacionados que afectan
significativamente a los trabajadores en diversos entornos laborales. Estos
problemas no solo tienen un impacto en la salud individual de los trabajadores,
sino que también pueden afectar negativamente su desempeño laboral y tener
consecuencias para sus relaciones familiares y sociales.
El estrés laboral es una realidad común en muchos lugares de trabajo, y puede
manifestarse de diversas formas, como presión por cumplir plazos ajustados,
conflictos interpersonales, falta de control sobre la carga de trabajo, inseguridad
laboral y largas horas de trabajo. Este estrés crónico puede tener graves
repercusiones en la salud mental y física de los trabajadores, incluyendo ansiedad,
depresión, agotamiento emocional, problemas de sueño y trastornos relacionados
con el estrés.
El alcoholismo, por otro lado, es una forma de adicción que puede surgir como
resultado del estrés laboral, pero también puede estar relacionado con factores
personales, familiares o sociales. El uso indebido del alcohol como mecanismo
para hacer frente al estrés, la ansiedad o la insatisfacción laboral es una
preocupación significativa en muchos entornos laborales. El acceso fácil al
alcohol, las presiones sociales para participar en eventos relacionados con el
trabajo que involucran el consumo de alcohol y la cultura organizacional que
normaliza el consumo de alcohol pueden contribuir a este problema.
El alcoholismo laboral puede tener consecuencias devastadoras para los
individuos y sus familias, así como para la productividad y el ambiente laboral en
general. Los trabajadores que luchan con el alcoholismo pueden experimentar un
deterioro en su desempeño laboral, ausentismo, conflictos interpersonales en el
trabajo y problemas financieros. Además, el alcoholismo puede afectar
negativamente las relaciones familiares y sociales, causando estrés adicional y
conflicto en el hogar.
Es importante que las organizaciones reconozcan y aborden el estrés laboral y el
alcoholismo como problemas de salud pública que afectan tanto a los individuos
como a la comunidad en general. Esto puede implicar la implementación de
programas de bienestar laboral que promuevan un equilibrio entre el trabajo y la
vida personal, la provisión de recursos para manejar el estrés y el apoyo para
aquellos que luchan con problemas de alcoholismo o adicción.
Políticas Organizacionales y Organizaciones Radicalizadas
Las políticas organizacionales y las prácticas de gestión desempeñan un papel
fundamental en la configuración de las dinámicas internas de una organización y
en la forma en que se relaciona con su entorno. Estas políticas y prácticas no solo
reflejan las divisiones de clase y las relaciones de poder existentes en la sociedad,
sino que también pueden influir en su reproducción y perpetuación.
En organizaciones altamente estratificadas, donde existe una clara división entre
la élite directiva y los trabajadores de base, las políticas y prácticas de gestión
tienden a reflejar y mantener esta estructura jerárquica. Esto puede manifestarse
en formas como salarios desiguales, oportunidades de desarrollo profesional
limitadas para ciertos grupos de empleados, y un acceso desigual al poder y la
toma de decisiones dentro de la organización. Como resultado, las organizaciones
pueden convertirse en campos de batalla donde los trabajadores luchan por sus
derechos y contra la explotación percibida. Los conflictos laborales, las
negociaciones sindicales y las protestas son ejemplos de cómo los trabajadores
pueden organizarse para resistir las políticas y prácticas injustas de la dirección.
Sin embargo, estas luchas también pueden generar tensiones y resentimientos
dentro de la organización. Los trabajadores pueden sentirse marginados o
alienados si perciben que la dirección no responde adecuadamente a sus
demandas o preocupaciones. Del mismo modo, la dirección puede ver estas
acciones como una amenaza para su autoridad y estabilidad organizacional. En
algunos casos, las organizaciones pueden radicalizarse como resultado de estas
tensiones internas. Los trabajadores pueden unirse en sindicatos o movimientos
de base para desafiar el status quo y buscar cambios significativos en las políticas
y prácticas de gestión.
Estas acciones pueden llevar a confrontaciones directas con la dirección y, en
algunos casos, a la radicalización de las demandas y tácticas de los trabajadores.
Es importante reconocer que la radicalización de las organizaciones puede tener
consecuencias tanto positivas como negativas. Por un lado, puede conducir a
mejoras significativas en las condiciones laborales y en la distribución del poder
dentro de la organización. Por otro lado, puede generar conflictos prolongados y
divisiones internas que afectan la productividad y el clima laboral.
CONCLUSIÓN
En conclusión, la organización como instrumento de dominación es un tema
complejo que abarca diversas dimensiones sociales, económicas y políticas. A lo
largo de la historia, las organizaciones han ejercido poder sobre los individuos y
han perpetuado desigualdades y estructuras de dominación que impactan
profundamente en la vida de las personas y en la configuración de la sociedad en
su conjunto.
Desde una perspectiva teórica, se pueden identificar diferentes formas de
dominación dentro de las organizaciones, desde la dominación carismática y
tradicional hasta la dominación racional-legal.
Estos tipos de dominación se entrelazan y coexisten en la práctica, generando
tensiones y conflictos en el ejercicio del poder. La relación entre las
organizaciones y sus empleados es fundamental para comprender cómo se
manifiesta la dominación organizacional en la vida cotidiana. Los trabajadores
muchas veces se ven obligados a sacrificar su salud, bienestar y vida personal en
aras de los objetivos y beneficios de las organizaciones, mientras que las élites
empresariales mantienen el control y se benefician del trabajo de sus empleados.
Los riesgos laborales, las enfermedades profesionales, el estrés laboral y el
alcoholismo son algunas de las consecuencias negativas de esta dinámica de
explotación.
A pesar de los avances en términos de derechos laborales y condiciones de
trabajo, persisten numerosos problemas que afectan la salud y el bienestar de los
trabajadores en todo el mundo. La organización del trabajo también está
intrínsecamente relacionada con las divisiones de clases sociales y el control de
los recursos económicos. En un sistema capitalista, la élite empresarial ejerce un
poder significativo sobre la fuerza laboral, perpetuando desigualdades y
estructuras de dominación que limitan el acceso de ciertos grupos a empleos
mejor remunerados y con mayores oportunidades de ascenso. Las políticas
organizacionales y las prácticas de gestión desempeñan un papel fundamental en
la configuración de las dinámicas internas de una organización y en la forma en
que se relaciona con su entorno. Estas políticas y prácticas pueden reflejar y
mantener estructuras jerárquicas, así como también pueden influir en la
radicalización de las organizaciones y en la resistencia de los trabajadores contra
la explotación percibida.
En última instancia, comprender la organización como un instrumento de
dominación nos permite reflexionar sobre la naturaleza y función de las
organizaciones en la sociedad contemporánea, así como buscar alternativas más
justas y equitativas para su funcionamiento. Es crucial promover un diálogo abierto
y constructivo sobre estos temas y trabajar hacia un cambio social que promueva
la igualdad, la justicia y el bienestar de todos los individuos.