Despido y Reclamación Laboral
Despido y Reclamación Laboral
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Respecto del accidente “…por un lado alega que en
22.08.2015 sufrió un supuesto accidente de trabajo en el que se
lesionó su codo izquierdo, y por otro lado, en fecha 25.09.2015
presenta un certificado médico en el que consta un cuadro de
Epitrocleitis aguda del codo derecho con dos meses de evolución…”
Por lo demás, ante el despido arbitrario que
dictara indica que le pagó la indemnización
correspondiente a su calificación y remuneración, por lo
que impugna la liquidación y pide el rechazo.
Consigna los certificados del art. 80, LCT.
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Miguel Axel Arias (fs. 252 y vta.) dice que
también trabajó para la demandada “…en marzo y abril… del año
2015…” No es bueno para acreditar la fecha de ingreso
porque pese a ser amigo del accionante “…desde que tenía 10
años más o menos…” señala “…Que no se acuerda cuándo trabajó el
actor para la demandada, porque cuando a él lo echaron, el testigo
ya no estaba…” Esta asintonía temporal desdeña lo que
señala en orden al horario de Labiano. Si no trabajó con
él, no puede saberlo.
Alan Emanuel Sabalichi (fs. 253 y vta.) es más
explícito. Trabajó “…desde marzo de 2015 hasta el 30/9/15…” y
enfatiza que “…el actor ya estaba trabajando cuando ingresó el
dicente…” También ratifica lo postulado en el inicio en
orden al horario: “…el actor trabajaba de lunes a sábados, de
lunes a viernes de 8 a 5 y a veces se trabajaba una horas extra… y
esa hora no la pagaban… y los sábados al mediodía de 8 a 1…” No
sabe cuánto cobraba el actor, solo ensaya una conjetura.
Sí es claro cuando indica que “…sabe que en el recibo del
actor figuraban menos horas porque miraban y comparaban los recibos
de sueldo y eran todos iguales…”
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probarse que Labiano ingresó el 19-3-2015; b) también
resultó falsa la caracterización del contrato como de
tiempo parcial, los testigos son contestes en la
prestación de una jornada completa; c) en función de la
fecha de ingreso mal registrada y el despido arbitrario
comunicado el 29-9-2015, ya había superado el período de
prueba.
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Consecuentemente, como aquí se ha establecido
la falsedad de la fecha de ingreso del trabajador,
acogeré la agravación contenida en el art. 1º, ley
25.323.
Rubro $
Indemnización por antigüedad. 11.585,87
Indemnización sustitutiva del preaviso. 11.585,87
SAC s/preaviso. 965,49
Integración del mes de despido. 11.585,87
Vacaciones proporcionales. 3.244,04
SAC s/vacaciones. 270,37
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SAC proporcional. 2.896,47
Diferencias salariales. 47.594,37
Art. 1º, ley 25.323. 35.723,10
Art. 2º, ley 25.323. 17.861,55
Art. 45, ley 25.345. 34.757,61
Menos: percibido a cuenta (art. 260, (8.418,10
LCT). )
Total 169.652,5
1
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laborales por el índice de precios al consumidor con más
un “interés puro” del 12% anual.
A fuer de ser sincero, a lo largo de estos
cuatro años de políticas neoliberales que demolieron el
valor real del salario y –por extensión– de los créditos
laborales, el mecanismo escogido obró como refugio para
las deudas de valor que en cada caso fueron reconocidas
en mis sentencias. Insisto; se trató de un criterio casi
testimonial que tuvo el propósito de obrar como un
símbolo de resistencia a esas políticas que, como ya es
de público y notorio, erosionaron el valor de las
condenas en un contexto general de “alineamiento de
planetas” ruinoso para lxs trabajadorxs. Me estoy
refiriendo a un escenario social de inflación,
desocupación, recesión, endeudamiento externo
insustentable… claves propias de la peor y más dañina
versión del ethos neoliberal.
Quisiera recordar que ejercí una prognosis
sobre “Lo que Vendrá” (Astor Piazzolla), desde el
comienzo de este nuevo proceso sin importarme los
consabidos “vientos de cambio” que arrasaron muchas
conciencias y orientaron no pocas decisiones judiciales
en un sentido desfavorable a para lxs más desaventajadxs.
Ello quedó tempranamente reflejado (16-12-2015) en los
fundamentos de mi voto en “Gutiérrez, Ricardo Enrique y
otro v. Junta Nacional de Granos s/reclamos varios”, que
dicté cuando fui vocal subrogante de la Cámara Federal de
Bahía Blanca (ver la sentencia en:
[Link]
%2F2IvOi0rRO9CpdTeQOAxvYm4em1In4nmo%3D&tipoDoc=sentencia&cid=54199,
consultada el 13-2-2020).
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Flores y Francisco Pracánico (“Corrientes y Esmeralda”).
Aquéllos me inculcaron el valor de afirmarse en las
convicciones, contra viento y marea, y ello ha sido lo
que desde el humilde puesto de lucha al que fui confinado
por el Consejo de la Magistratura de la Nación (y hasta
tanto se habilite mi Cámara Federal de San Justo), ejercí
en este Juzgado Nº 41.
Las aludidas decisiones tendientes a mantener el
valor de los créditos laborales fueron sistemáticamente
revocadas por la Cámara Nacional de Apelaciones del
Trabajo, salvo puntuales y honrosas excepciones,
seguramente suponiendo que mi actitud “principista”
conspiraba contra un estado general de cosas que no era
“conveniente” alterar. Cito, a título testimonial, los
pocos fallos que confirmaron mis decisiones: Sala III,
28-4-2017, in re: “Gómez, Carlos Ezequiel v. Central de
Restaurantes SRL s/despido”, (Expte. Nº 52.805/2014);
Sala II, 29-6-2017, in re: “Córdoba, Hernán Gustavo v.
Aseguradora de Riesgos de Trabajo Interacción Sociedad
Anónima s/accidente”, (Expte. Nº 65.492/2013); Sala X, 7-
7-2017, in re: “Rocha, Çarlos Alberto v. Galeno ART SA s/
accidente – ley especial”, (Expte. Nº 27.474/2014); Sala
V, 7-8-2017, in re: “Salguero, Marianela v. R.H.S.
Argentina SA s/despido” (Expte. Nº 68.988); Sala VII, 6-
9-2017 in re: “Suárez, Mariano Damián v. Grintec SRL y
otro s/despido”, (Expte. Nº 65.848/2014, SD 51.319); Sala
IX, 30-8-2017, in re: “Ferreyra, Manuel v. Banco
Santander Rio SA s/despido” (Expte. Nº 52.611/2014); Sala
I, 25-9-2017, in re: “Montes, Oscar Enrique v. Consolidar
ART SA s/accidente – acción civil” (Expte. Nº
27.472/2012, SD 92.047); Sala II, 5-9-2018, in re:
“Roberto, Miguel Luciano v. Cebreiro, Agustín José
s/despido” (Expte. Nº 24.678/2014, SD 112.805); Sala III,
12-9-2017, in re: “Decoud, Teodoro v. Provincia
Aseguradora de Riesgos del Trabajo SA s/accidente –ley
especial” (Expte. Nº 71.612/2014); Sala VI, 7-11-2017, in
re: “Toledo, Carolina del Valle v. Aseguradora de Riesgos
del Trabajo Liderar SA s/accidente – ley especial”
(Expte. N° 28.048/2014, SD 70.253); Sala II, 6-4-2018, in
re “Giménez, Sergio Javier v. Galeno ART SA s/accidente”,
SD 112.094, Expte. Nº 45.207/2015); Sala IV, 23-8-2018,
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in re: “Ozuna, César David v. Provincia ART SA
s/accidente – ley especial” (SD 104.680, Expte. Nº
37.776/2016); Sala IX, 19-2-2019, in re: “Aguirre, Susana
Luisa v. Diagnóstico por Imágenes de Alta Complejidad Dr.
Deragopyan SA s/despido”, (Expte. Nº 4359/2014); Sala I,
18-12-2018, in re: “González, Mariano Eliseo v. Galeno
ART SA s/accidente – ley especial” (Expte. Nº
70.413/2016, SD 93.256); Sala III, 23-8-2019, in re:
“Caamaño, Diego v. Experta ART s/accidente – ley
especial” (Expte. Nº 44.206/2016); Sala III, 13-11-2019,
in re: “Ojeda, Roberto Fabián v. ART Interacción SA
s/accidente – ley especial” (SD Nº 114.855, Expte. Nº
56.496/2016) y Sala III, 25-11-2019, in re: “Morinigo,
Pedro Misael v. Guía Laboral Empresa de Servicios
Eventuales SRL y otro s/despido” (Expte. Nº 12.890/2014).
Es una nómina muy reducida, si se tiene en
consideración la enorme cantidad de sentencias que he
dictado como subrogante de este Juzgado.
Así las cosas, creo que me cabe el lugar común
de Immanuel Kant… solo los necios no cambian de opinión.
Supe fundamentar que las leyes impugnadas
resultaban irrazonables y contrariaban lo establecido por
el Código Civil y Comercial de la Nación, sobre la forma
de determinar la cuantificación de una deuda de valor,
porque a esta altura de la ciencia jurídica laboral nadie
está en condiciones de contradecir que el salario es
valor.
Utilicé, al decir de Dworkin, un estándar
haciéndolo funcionar como “principio” y lo cito: “…que ha
de ser observado, no porque favorezca o asegure una situación
económica, política o social que se considera deseable, sino porque
es una exigencia de la justicia, la equidad o alguna otra dimensión
de la moralidad…” (DWORKIN, RONALD, “Los Derechos en Serio”,
Barcelona 1989, Ed. Ariel SA, pág. 72).
Estoy completamente convencido que el
neoliberalismo agrede directamente a los derechos de lxs
trabajadorxs y que ello, tan visible en nuestro País en
las experiencias habidas en los períodos 1975/1983,
1989/2001 y 2015/2019, posee una evidencia que por su
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robustez esteriliza cualquier atribución de tinte
político-agonal a este parecer. El lector por haberlo
vivido o estudiado ya habrá advertido que estas tres
oleadas neoliberales fueron transversales a la casi
totalidad de los partidos políticos del panorama
nacional, ya que se trata de un sistema económico social
dictado por los centros hegemónicos transnacionales
(Consenso de Washington, programas de ajuste del FMI,
etc.) para determinar las políticas de los países
periféricos (Samir Amir), como el nuestro. Hago esta
referencia porque criticar al neoliberalismo no
constituye asunción de bandería política alguna. Es un
imperativo moral. Quiero recordar que en Laudato Si’, el
Santo Padre Francisco I, ha puntualizado que “…los poderes
económicos continúan justificando el actual sistema mundial donde
priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que
tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad
humana y el medio ambiente… Así se manifiesta que la degradación
ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas…
Muchos dirán que no tienen conciencia de realizar acciones
inmorales, porque la distracción constante nos quita la valentía de
advertir la realidad de un mundo limitado y finito… Por eso, hoy
‘cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda
indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en
regla absoluta…” (Nº 56).
Para que quede claro, estar a favor del
neoliberalismo que degrada la condición humana u optar
por el Estado de Bienestar que la preserva, es una
cuestión que carece de implicación partidaria.
Bajo tal premisa, bueno es recordar que el
paradigma del neoliberalismo es que cada actor económico
maximice su interés en detrimento del conjunto. En esa
“lógica” del sauf qui peut, preservar el valor de los
créditos laborales, agredidos en esa puja caótica y
seleccionados por el sistema como variable de ajuste a la
baja, mi deber como juez laboral fue poner sobre todo el
“principio dworkiano” de proteger a lxs trabajadorxs (“…El
trabajo en sus diversas formas, gozará de la protección de las
leyes…”, dice el art. 14 bis, CN). Tan es así que en este
último eon neoliberal que me tocó actuar desde la
magistratura, en una sociedad –en clave de darwinismo
social (Capón Filas)–, se puso como tabula rasa a la
“meritocracia” que propugna como ideología “al otro o la
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otra como obstáculo”. En ese caos social (alguna vez se
habló con sabiduría del “anarco–capitalismo”), solo cabía
tutelar los derechos de los desaventajados, por sobre los
de aquellos que impusieron reglas de juego que no
hicieron sino profundizar la desigualdad social.
Durante el período comprendido entre agosto de
2016 y diciembre de 2019, en mi juzgado hice todo lo
posible para mantener la integridad del valor de los
créditos laborales, tal como lo pensó Norberto O. Centeno
al avizorar la sabia disposición contenida en el art.
302, ley 20.744 (276 del texto mutilado por la dictadura
cívico–militar genocida)
Pero, como ya dije párrafos atrás, no soy un
juez necio. El 23-12-2019 se publicó en el Boletín
Oficial LSSRPMEP. Se trata de un instrumento jurídico
plagado de referencias al esfuerzo social compartido para
sacar al País del estado de crisis casi terminal en que
ha quedado luego de esta tercera experiencia neoliberal.
Quiero destacar que mientras esa crisis se hizo palmaria,
creció y estalló, el suscripto la denunció
sistemáticamente e hizo lo que por derecho correspondía
para aminorar o paliar las nefastas consecuencias que
directamente estaba provocando sobre el valor de los
créditos salariales, entre otros daños sociales.
Significo que estos fallos que dicté en absoluta soledad
me proporcionan una autoridad moral que me hace recordar
una reflexión de una destacadísima dirigente política de
nuestro país cuando dijo: “…Coraje… ¿Qué es tener coraje? La
soberbia, no… El coraje no se prueba en el poder… El coraje se
prueba en la adversidad y en el llano, ahí se demuestra los que
tenemos coraje…”
Pero volviendo a la LSSRPMEP, quiero destacar
que su art. 58, inc. a) establece: “…Facúltase al Poder
Ejecutivo nacional a… Disponer en forma obligatoria que los
empleadores del sector privados abonen a sus trabajadores
incrementos salariales mínimos…” A su vez, el dec. 14/2020,
estableció dichos aumentos de carácter remuneratorio, a
cuenta de paritarias. Ello implica la intervención
estatal en la economía, distinción propia del Estado de
Bienestar desde los tiempos de Lord William Beveridge. El
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intervencionismo, sabemos, es desdeñado por el
neoliberalismo, tan proclive a dejar que el mercado
regule la economía y todas las variables sociales sin
cortapisa alguna.
Esta ley implica un cambio de paradigma. Así
como la ley 25.877 de marzo de 2004 fue el hito que puso
fin a la declinación de la normativa laboral inaugurada
el mismo 24 de marzo de 1976, la LSSRPMEP es un
instrumento plausible para frenar la vorágine predatoria
de este último neoliberalismo, y comenzar a restañar los
gravísimos daños causados al tejido social, que se miden
en hambre, miseria y desocupación.
A ese caos social, del todxs contra todxs, se
le opone una pretensión de orden, de cosmos, con claras
referencias a la Justicia Social como mecanismo para
restañar a los sectores más devastados por cierto tipo de
langosta, que come en grande y a nuestra costa (Víctor
Heredia), entre los que claramente se encuentran como
víctimas cardinales las personas que trabajan. Así como
he tenido el coraje de oponerme a un estado de cosas
desestructor de los principios del Derecho laboral, ahora
lo tengo para sumar mis pareceres a un contexto general
donde la solidaridad social y el esfuerzo común para
salir de la emergencia son los principios sociales que
ningún argentino puede abdicar.
En su momento, cuando dispuse la indexación de
los créditos laborales sostuve que si el sistema social
llevaba al mundo del trabajo a un lugar que exigía su
auto–defensa, este magistrado lo iba a encontrar en esa
tarea (ver nota de Martín Granowsky “No podemos
naturalizar el desequilibrio. Entrevista a Alejandro
Segura, juez laboral en La Matanza”, Página/12, edición
del 12-6-2017). También en mis fallos a favor de la
indexación puntualicé que el deterioro de los créditos
laborales se producía en el peor escenario social:
inflación de los precios de la canasta básica y
desocupación creciente.
Sostengo a hombros del autor de Taking Rights
Seriously que lo sucedido a partir de la LSSRPMEP,
implica una dirimente directriz política y lo vuelvo a
citar: “…Llamo ‘directriz’ o ‘directriz política’ al tipo de
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estándar que propone un objetivo que ha de ser alcanzado;
generalmente, una mejora en algún rasgo económico, político o social
de la comunidad (aunque algunos objetivos son negativos, en cuanto
estipulan que algún rasgo actual ha de ser protegido de cambios
adversos)…” (op. y loc. cit.)
Dworkin no contrapone de modo tajante a las
“cuestiones de principios” a las “cuestiones o
directrices políticas”, solo enseña que “…quien debe
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salarios. Y ese fue el motivo determinante para ponerlos
(aunque sea para los casos concretos que estuvieron bajo
mi jurisdicción), en igualdad de condiciones que el resto
de las variables económicas detonadas por la inflación
(y, peor aún, dolarización como los alimentos,
combustibles y tarifas). Para que se me entienda, en el
caos inflacionario, ha sido mi contribución a no añadir
un daño anejo al que por su condición de tales, sufrieron
lxs trabajadorxs por efecto del neoliberalismo.
Fue una labor plenamente adscripta al Derecho
Internacional de los Derechos Humanos, en tiempos
difíciles. Ahora, que se avizora una modificación que
sepulta al neoliberalismo, es tiempo de re–significar el
Bloque de Constitucionalidad Federal, bajo la directriz
política de “…de constituir la unión nacional, afianzar la
justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común,
promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la
libertad…” (Preámbulo CN).
Consecuentemente, por las razones que acabo de
exponer, entiendo adecuado que mientras dure esta
emergencia que viene a intentar poner orden al caos
económico en que quedó sumido nuestro País, esto es,
durante la vigencia la ley 27.541, dejaré de declarar
inconvencionales e inconstitucionales las leyes de
convertibilidad y post–convertibilidad y disponer que el
valor de los créditos laborales que aquí se consagran se
actualicen por las tasas de interés y por el método
consagrado por las Actas 2601, 2630 y 2658 de la Excma.
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, según la
fecha en que se vaya devengando cada crédito. Destaco
como uno de los valores que he tenido en cuenta para
modificar mi criterio, que a partir del 10-12-2019 han
comenzado a declinar de modo drástico dichas tasas, como
resultado virtuoso de un cambio de política económica y
desdolarización de ciertas variables económicas
cruciales. También aduno como dato una incipiente
desaceleración del índice de precios al consumidor
experimentada cuando me encontraba elaborando estos
fundamentos.
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Por tanto, en esta causa se aplicarán las tasas
referidas en el párrafo anterior desde el 29-9-2015 y
hasta su efectivo pago.
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($169.652,51), con más los intereses determinados en los
considerandos de este fallo. 2) Imponer las costas a la
demandada. 3) Regúlese los honorarios de la
representación y patrocinio letrado de la parte actora
(en conjunto), de la parte demandada (en conjunto) y del
perito contador, en las sumas de $74.600, $65.900 y
$26.300 respectivamente y a valores actuales, incluida la
actuación ante el Servicio de Conciliación Laboral
Obligatoria, suma a la que deberá adicionarse el IVA en
caso de acreditarse la condición de responsable inscripto
de los profesionales intervinientes. 4) Condenar a la
accionada en la proporción de las costas a su cargo para
que, dentro del plazo de cinco días, deposite en el Fondo
de Financiamiento previsto en el art. 14, ley 24.635 el
honorario básico a que alude el art. 12, párrafo primero
de la misma ley, bajo apercibimiento de dar intervención
al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. 5)
Condenar a la demandada a entregar a la parte actora los
certificados de aportes y de servicios de acuerdo a las
circunstancias acreditadas en autos dentro de los treinta
días de quedar firme el presente pronunciamiento, bajo
apercibimiento de imponerle sanciones conminatorias. 6)
Oportunamente, líbrense los oficios previstos en los
arts. 46, ley 25.345 y 17, ley 24.013. 7) Cópiese,
regístrese, notifíquese y previa citación fiscal,
archívese.
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