0% encontró este documento útil (0 votos)
66 vistas9 páginas

Wittgenstein y el giro lingüístico

1. Ludwig Wittgenstein fue uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Su trabajo inició un importante "giro lingüístico" en la filosofía al enfocarse en el análisis del lenguaje. 2. Wittgenstein publicó dos obras fundamentales: el Tractatus Logico-Philosophicus y las Investigaciones Filosóficas. En el Tractatus, propuso que el mundo, el pensamiento y el lenguaje comparten la misma estructura lógica. 3. Wittgenstein argumentó que muchos problemas filosóf

Cargado por

Graciela Karp
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
66 vistas9 páginas

Wittgenstein y el giro lingüístico

1. Ludwig Wittgenstein fue uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Su trabajo inició un importante "giro lingüístico" en la filosofía al enfocarse en el análisis del lenguaje. 2. Wittgenstein publicó dos obras fundamentales: el Tractatus Logico-Philosophicus y las Investigaciones Filosóficas. En el Tractatus, propuso que el mundo, el pensamiento y el lenguaje comparten la misma estructura lógica. 3. Wittgenstein argumentó que muchos problemas filosóf

Cargado por

Graciela Karp
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Wittgenstein: la importancia del

lenguaje
Ludwig Wittgenstein es uno de los filósofos más importantes del siglo pasado. Diseño realizado a partir de la
fotografía de Markusspiske (distribuida por Pixabay, CC) y la ilustración de Arturo Espinosa (extraída de su
página web, CC2.0).
Ludwig Wittgenstein (1889-1951) es uno de los filósofos más importantes del siglo XX.
Su trabajo inicia el célebre «giro lingüístico» de la filosofía, un cambio en la forma de
abordar los tradicionales problemas filosóficos. Sus dos libros revolucionaron el
panorama filosófico y fueron fundacionales para nuevas corrientes de pensamiento.

Con una biografía convulsa y fascinante, el primer interés de


Wittgenstein no fue la filosofía, sino la ingeniería. Estos estudios
le llevaron a Reino Unido, donde conoció a Bertrand Russell.
Gracias a él, Wittgenstein se interesó por la filosofía de las
matemáticas y, después, por la filosofía en general.

Del contacto con Russell nacieron las ideas recogidas en


el Tractatus, que constituyen lo que se ha llamado comúnmente
como «primer Wittgenstein». Años después, y en un contexto vital
muy diferente, publicará las Investigaciones filosóficas, donde
revisará los presupuestos recogidos en su obra anterior y
establecerá nuevas tesis. A esta segunda etapa, a la de
las Investigaciones, se la conoce como la etapa del «segundo
Wittgenstein»

1 Bertrand Russell. Wittgenstein nació en Viena (Austria). Cuando


marchó a Reino Unido, conoció a Russell y su filosofía le influyó
enormemente. Es importante notar que Russell, enfocado en la
filosofía de la matemática, no tenía una filosofía del lenguaje
propiamente dicha (lo que será la especialidad de Wittgenstein).
De hecho, las reflexiones de Russell sobre el lenguaje solo pueden
comprenderse aludiendo a otras tesis filosóficas más generales.

La idea fundamental que Wittgenstein hereda de Russell es que el


análisis del lenguaje es una buena vía para analizar y comprender
la realidad. Sin embargo, para tal cometido, no es válida cualquier
forma del lenguaje. Para Russell (como lo será para el primer
Wittgenstein) el lenguaje natural —el de nuestro día a día— es
engañoso y confuso. Es el lenguaje lógico, el lenguaje formal, el
que supone (por su claridad y forma) el medio privilegiado para
desentrañar la estructura de la realidad.

2 Tractatus. Aunque tiene algunos escritos menores, la


bibliografía de Wittgenstein se compone principalmente de dos
obras. La primera de ellas es el Tractatus Logico-
philosophicus [1921]. El Tractatus es un libro estilísticamente
fascinante, compuesto por aforismos ordenados y jerarquizados
(así, encontramos la proposición 1, la 1.1, la 1.2 etc.). La
fascinación también surge de que la obra se plantea como un
sistema deductivo coherente en todas sus proposiciones, por lo
que, de aceptar las premisas del Tractatus, es muy difícil
rechazar sus conclusiones.

Esta obra es una obra de filosofía lógica, donde se pretende


esclarecer las relaciones del lenguaje con el pensamiento y la
realidad. En este texto, la lógica tiene un papel clave porque se le
otorga el papel de sistema simbólico por excelencia. En otras
palabras, en el Tractatus se exploran las condiciones
trascendentales de la lógica, es decir, qué nos permite —y qué no
— conocer.

Tractatus logico-philosophicus, de Ludwig Wittgenstein (Edicions


de la Ela Geminada).

3 Mundo y lenguaje. Las dos primeras proposiciones


del Tractatus son las siguientes:

«1. El mundo es todo lo que acaece.


1.1 El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas».

Para el primer Wittgenstein, el mundo, la realidad, está


conformada por hechos. Por ejemplo, un hecho podría ser el
siguiente: «El perro de la vecina está saltando en el jardín». Es
importante notar que para el filósofo austríaco el componente
último de la realidad son los hechos, no las cosas. Mientras que
para su maestro, Russell, los elementos últimos de la realidad son
las cosas («perro», «jardín»), para Wittgenstein los objetos
siempre entran en relación entre sí y es imposible pensar las
cosas aisladas unas de otras. Esto afirma el filósofo en
el Tractatus:

«2.01 El estado de cosas es una combinación de objetos (cosas).


2.12 Esencial a la cosa es poder ser constitutiva de un estado de
cosas.
2.012 En lógica, nada es accidental: si la cosa puede entrar en un
estado de cosas, la posibilidad del estado de cosas debe estar ya
prejuzgada en la cosa».

Notemos que, para Wittgenstein, los hechos son «la existencia de


un estado de cosas», esto es, estados de cosas que ocurren en la
realidad. De esta manera, «los unicornios tienen un cuerno en la
cabeza» no es un hecho, pues los unicornios no existen. Ahora
comprendemos mejor lo que es el mundo: «El mundo es la
totalidad de los hechos, no de las cosas».

Una vez definido lo que es el mundo, ¿qué relación hay entre él y


nuestro lenguaje? La respuesta a esta pregunta es la clave del
giro lingüístico que lleva a cabo Wittgenstein. En la proposición
2.1 encontramos la respuesta: «Nosotros nos hacemos figuras
[representaciones] de los hechos». En otras palabras, con el
lenguaje representamos la realidad de tal manera que al objeto
«perro» le corresponde en la frase la palabra «perro». Además,
representamos los hechos de tal manera que las distintas palabras
están combinadas entre sí de igual forma a como están los objetos
combinados en la realidad (porque no es la vecina la que está
saltando).

El Tractatus es un libro fascinante, compuestos por aforismos


ordenados y jerarquizados entre sí. Su objetivo: determinar la
naturaleza del lenguaje y su relación con el mundo y el
pensamiento
En la cita anterior, vemos un punto clave en el Tractatus: que el
mundo y el lenguaje (y el pensamiento) tienen la misma forma
lógica y guardan entre ellos relaciones de semejanza (¿cómo
podría una cosa representar a otra si no fueran semejantes?). De
ahí el giro lingüístico: en la medida en que el lenguaje y la realidad
son isomorfos —tienen la misma forma lógica—, podemos estudiar
la realidad a partir de un estudio del lenguaje.

4 El sinsentido de la filosofía. Lo que ocurre con la filosofía en


general, y con la metafísica en particular, es que el lenguaje que
usa no refiere a términos de la realidad y, por tanto, se crean
sinsentidos. Si yo digo «el perro de la vecina está saltando en el
jardín», cada palabra se corresponde con un objeto de la realidad.
La proposición será verdadera en la medida en que la relación
entre las palabras se corresponda con la relación entre las cosas.
Así, si el perro está saltando en el salón, diremos que la
proposición es falsa y si está saltando efectivamente en el jardín,
diremos que es verdadera.

«4.0031 La mayor parte de las proposiciones y cuestiones que se


han escrito sobre materia filosófica no son falsas, sino sin sentido.
No podemos, pues, responder a cuestiones de esta clase de
ningún modo, sino solamente establecer su sinsentido. La mayor
parte de las cuestiones y proposiciones de los filósofos proceden
de que no comprendemos la lógica de nuestro lenguaje. (Son de
esta clase las cuestiones de si lo bueno es más o menos idéntico
que lo bello). No hay que asombrarse de que los más profundos
problema no sean propiamente problemas».

Así, cuando un filósofo afirma, por ejemplo, que «el ser es la


esencia de todos los entes», en realidad, para Wittgenstein no
está diciendo nada porque sus palabras («ser», «ente») no
corresponden a objetos de la realidad. Los problemas filosóficos
son problemas solo por un mal uso del lenguaje, pero nada más.
Desde este punto de vista, la forma correcta de acercarse a la
realidad es la de la ciencia. A este respecto, escribe Wittgenstein:

«6.53 El verdadero método de la filosofía sería propiamente este:


no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las
proposiciones de la ciencia natural —algo, pues, que no tiene nada
que ver con la filosofía—; y siempre que alguien quisiera decir algo
de carácter metafísico, demostrarle que no ha dado significado a
ciertos signos en sus proposiciones. Este método dejaría
descontentos a los demás —pues no tendrían el sentimiento de
que estábamos enseñándoles filosofía—, pero sería el único
estrictamente correcto».

Para Wittgenstein, al menos en su primera etapa, el lenguaje, el


mundo y el pensamiento son isomorfos, es decir, comparten la
misma estructura lógica. De ahí que el lenguaje sea un medio
privilegiado para estudiar la realidad
5 Decir y mostrar. Wittgenstein llega, él mismo, a un aprieto. Si
las palabras con sentido son las que refieren objetos de la
realidad, ¿qué ocurre con palabras como «lógica»,
«representación» o «verdad» que aparecen en su propio libro? El
filósofo austríaco está también haciendo un uso «filosófico» del
lenguaje, es decir, un mal uso, está creando sinsentidos. Sin
embargo, Wittgenstein es consciente de este problema y sabe que
lo más importante no es lo que dice (pues es un sinsentido), sino
lo que muestra.

«2.172 La figura, sin embargo, no puede figurar su forma de


figuración; la muestra.
[…] 4.1212 Lo que se puede mostrar no puede decirse».

Para entender esto mejor, pongamos un ejemplo matemático.


Imaginemos un vector. Un vector siempre une dos puntos en el
mapa (tal y como el lenguaje siempre habla de objetos del mundo).
Sin embargo, el vector no puede señalarse a sí mismo, de la
misma forma que el lenguaje (porque representa la realidad) no
puede representarse a sí mismo. Para poder hablar del lenguaje
tendremos que decir sinsentidos, usar mal lenguaje, de tal forma
que lo importante no es lo que se diga, sino lo que se muestra. El
vector no nos dice su funcionamiento, sino que lo muestra. De
ahí la célebre cita de la escalera de Wittgenstein:

«6.54 Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo; que


quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido,
siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas fuera
de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de
haber subido)».
6 Positivismo. El Tractatus fue muy influyente para la corriente
filosófica llamada «positivismo lógico», corriente que se desarrolló
durante el período de entreguerras. Los pensadores afines a este
movimiento se aglutinaron alrededor de Moritz Schlick,
catedrático de la Universidad de Viena, por lo que también se
conoce a este movimiento como el Círculo de Viena.

10 claves para conocer a otros pensadores y pensadoras del siglo XX

Lévinas: el otro y nuestra responsabilidad

Simone Weil, el único gran espíritu de nuestro tiempo

Heidegger: deshaciendo el olvido del Ser


Los positivistas buscaron la forma de delimitar correctamente el
conocimiento verdadero. Al igual que Wittgenstein, su método era
el análisis lógico del lenguaje. Estos autores heredan de
Wittgenstein su teoría de la significatividad, es decir, toda una
teoría acerca de la realidad, del mundo y del lenguaje que les
permitía cumplir su objetivo epistemológico.

La influencia fundamental que tuvo el primer Wittgenstein en esta


corriente de pensamiento se puede resumir en dos puntos
principales. El primero de ellos es la creencia de que el significado
de un enunciado yace en el reflejo de un hecho (esto es, que el
lenguaje representa la realidad). El segundo punto consiste en que
la única forma de saber si un enunciado es verdadero o falso es
comparándolo con la realidad.

El Tractatus, según su propia teoría del lenguaje, está lleno de


sinsentidos porque emplea palabras sin un referente real (palabras
como «verdad», «lógica» o «significado»). Este aprieto surge del
hecho de que el lenguaje no puede hablar de sí mismo. Por eso, el
libro no es importante por lo que dice, sino por lo que muestra
El problema que los positivistas heredan del Tractatus es que
este libro no señala los criterios necesarios para comparar los
enunciados con la realidad (criterios necesarios para delimitar si
estos, los enunciados, son verdaderos o falsos). Los positivistas,
que veían en Wittgenstein a un maestro —aunque este nunca
afirmó ser parte del Círculo—, dedicaron sus esfuerzos a la
búsqueda de estos criterios con el fin de encontrar la forma de
alcanzar el conocimiento verdadero y dejar
los pseudoproblemas filosóficos.

7 Investigaciones filosóficas. La teoría filosófica que


Wittgenstein expone en el Tractatus cambia radicalmente con la
publicación de su segundo libro: las Investigaciones filosóficas.
Entramos ahora en el período conocido como el del segundo
Wittgenstein. Sin embargo, antes de señalar la diferencia entre
ambos períodos, señalemos en primer lugar las semejanzas.

Investigaciones filosóficas, de Ludwig Wittgenstein (Trotta).


Dentro de las continuidades, la más importante quizá sea que la
preocupación lingüística de Wittgenstein sigue siendo puramente
filosófica (y no filológica, por ejemplo). El objetivo de la filosofía
del lenguaje de Wittgenstein (tanto en el primer período como en
el segundo) no es describir el sistema de símbolos de la
comunicación humana, sino usar el lenguaje para esclarecer
problemas filosóficos, problemas sobre la realidad y el
conocimiento.

¿Qué ideas del Tractatus se abandonan en las Investigaciones


filosóficas? La más notoria es la idea de que el lenguaje natural es
engañoso y que, para un correcto análisis filosófico, el filósofo
debe estudiar el lenguaje lógico, formal (auténtica forma del
pensamiento y del mundo, se pensaba en el Tractatus). Otro
abandono importante es la idea de que el lenguaje representa la
realidad. Para el segundo Wittgenstein, el lenguaje se usa, más
que representa. Veamos esto con más detenimiento.

8 Usos y juegos del lenguaje. Para el primer Wittgenstein, que un


nombre (por ejemplo, «perro») denomine a un objeto externo (al
perro de mi vecina) no depende de nada externo al lenguaje: la
capacidad representadora del lenguaje es algo intrínseco al
mismo. Esta idea, básica y medular en el Tractatus, es una idea
que está impresa en la tradición occidental desde Platón hasta el
siglo XX, pasando, por ejemplo, por San Agustín.

En cambio, para el segundo Wittgenstein, el significado de una


palabra no estriba en su referencia —en el objeto externo—, sino
que yace en el contexto comunicativo en el que se pronuncia, es
decir, el significado de una palabra es su uso. Para el primer
Wittgenstein, decir «la cabra tira al monte» cuando alguien
comete un error es un sinsentido, pues las palabras no refieren a
la realidad (¿qué «cabra»? ¿Qué «monte»?). En cambio, para el
segundo Wittgenstein, el lenguaje significa porque se usa. ¿Qué
uso le damos a esta frase en tal contexto comunicativo? En
nuestro ejemplo, señalar la tendencia que tenemos a seguir
nuestra propia naturaleza.

Una noción clave que resume todo lo anterior es la de juegos del


lenguaje. Los juegos del lenguaje son las diferentes formas
(heterogéneas entre sí) de usar el lenguaje. Los malentendidos
lingüísticos (filosóficos o no) se dan cuando dos personas usan la
misma palabra (por ejemplo, «Dios») en juegos de lenguaje
diferentes. Así, el cristiano usa la palabra «Dios» de una forma y
con una función muy diferente a la del científico que afirma que
«Dios no existe».

En las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein abandona la idea


de que el significado de una palabra reside en el objeto externo
que señala. En este segundo período, la tesis de Wittgenstein es
que el significado de una palabra es su uso
9 Reglas del lenguaje. La noción de regla es, junto a la de juegos
del lenguaje, la noción más importante de esta segunda etapa. En
las Investigaciones filosóficas, el significado de una palabra es su
uso. Pero, como todos los juegos, los usos del lenguaje tienen
unas reglas.

Las reglas lingüísticas, para el segundo Wittgenstein, son las


reglas que rigen el buen funcionamiento de los juegos del
lenguaje. Por ejemplo, si para felicitar a alguien decimos «la cabra
tira al monte» no estamos usando correctamente la expresión. Un
aspecto fundamental es que las reglas son intrínsecas a los
juegos, que —recordemos— son heterogéneos entre sí. En otras
palabras, las reglas siempre son relativas a un juego en particular.

Por otro lado, las reglas lingüísticas son, como es evidente,


sociales. Llegamos aquí a la célebre crítica de Wittgenstein al
lenguaje privado. El lenguaje privado, según la teoría de
las Investigaciones, es una idea contradictoria, porque las reglas
son siempre sociales. Si existiera un lenguaje privado, sus reglas
serían personales y todo podría hacerse concordar con la regla.
Esto significa que, a su vez, todo podría dislocar la regla, por lo
que «no habría concordancia ni desacuerdo».

10 Pragmática. La publicación de las Investigaciones supuso una


revolución en la filosofía lingüística. El lenguaje natural se
revalorizó y dejó de estar considerado como un artificio engañoso,
origen de infinidad de errores. El lenguaje lógico y formal, antaño
pensado como aquel que mostraba verdaderamente la esencia del
lenguaje, pasó a comprenderse como una forma más de hablar,
como un juego de lenguaje más.

Veamos este cambio de paradigma con un ejemplo. Para el Círculo


de Viena, cuando alguien afirma que «hace frío», esta frase es
verdadera o falsa dependiendo de si, termómetro mediante, hace
realmente frío o no. Después de las Investigaciones, entendemos
que este (el científico, el que examina la realidad) no es el único
juego de lenguaje posible y que el significado puede varias
dependiendo de su contexto social. Así, es probable que cuando
alguien dice: «Hace frío», en realidad no quiera hacer una
afirmación sobre la temperatura, sino que esté sugiriendo cerrar
las ventanas.

De este cambio de paradigma nace la pragmática lingüística, que


tendrá en Austin y Searle sus máximos exponentes. De hecho,
para estos autores, el lenguaje no sólo no describe la realidad
(como suponía el Tractatus), sino que incluso puede crearla
(como cuando decimos a nuestra pareja «¡Quiero el divorcio!»).

También podría gustarte