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NIBELUNGOS

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EL CANTAR DE Los NiBeLuncos (sfxresis) Segiin cuentan la jo de Sigmund y Sighind, reyes de Neerlandia’" iPuesto principe reconocido por sus vir. tudes guerreras en el mundo de las tribus germnicas y Famoso por haber sometido a vasallae al pats de los nibelungos", un reino habitado por extrafios enanos que posefan un tesoro de valor incalculable Muchas nobles doncellas de la corte de Xanten deseaban casarse con i; pero Sigfrido habfa escuchado tantas historias acerca de la belleza de una princesa burgundia, la dulce Krimilda, que no podia dejar de pen- sar en ella Los: dominaban las mérgenes del rfo Rin, en el corazén if ccuya corte estaba en la ciudad de Worms, estaba jos varones del fallecido rey Dankrat y de la reina Use: Gunther, Gernot y Giselher. Gunther era quien ejercfa el poder pot ser el mayor. La doncella Krimilda era su hermana y habia rechaza- do muchos nobles pretendientes porque no deseaba casarse. Et amor Por Krimitpa, LA PRINCESA DE BURGUNDIA (Cuando Sigfrido anuncié su partida hacia Worms, sus padres se Preocuparon porque los burgundios eran gente muy batalladora y, entre ellos, se destacaba como temerario guerrero el barén Hagen. Pero igfrido, bafiado en la sangre de un dragén que lo hacia invulnerable, se sentfa seguro de sus fuerzas y viajé a la corte burgundia con una sim- ple escola. yrms praetor yes y fue admitido en la corre como huésped. Dio muestras sus virtudes guerre contra los ata como guerr y habia establ cera en combate. Muchos nobles caballero: conquistarla ae enc ie pera del cof Gan tun temerario luchador. Para conquistar ala it6 a Sigfrido ayuda militar y le prome hermana, la princesa Kri La conqutsta DE BRUNILDA, LA REINA DE ISLANDIA Pronto estuvo preparada la armada burgundia para pa Islandia, Gunther y Sigfrido eligieron sus mejores caballer. también pero, ademés llevé consigo un arma secreta, Puevamente en su ayuda. Envi aatebatada a Alberch, sin enano del pals de los haciéndose pasar por el rey, se enfrent6 a Brun: le permitia hacerse invisible y protegerse de cualquier ataque. ibras, Gunther toms su lugar y el matrimo: Apenas desembarcaron en Islandia, la reina Brus NEE rido decidié regresar con su espos: ‘etlandia, En la ciudad de Xanten, el rey Sigmund, si pa bid con grandes fest. der ‘enorme piedra y alcanzarla de un salto). Si Gunther fallaba en alg Perderia la vida, si ella fallaba serfa su esposa. Con la ayuda de Sigfrido, oculto tras la capa, Gunther la venci Tristemente, Brunilda asumié su derrota y ordend a sus vasallos que ‘Afios después, el rey Gunther, quien siempre habja ext compafifa de su fiel y noble amigo Sigfrido, lo invité a corte de Worms, en un torneo, con la esperanza de que ceurrido hubiera atemperado el rencor de Brunilda, su esposa, SIGFRIDO, EL VENCEDOR DE LOS NIBELUNGOS 1, Amanecer EN Worms!" er prudente y tener cuatro a guerra abundaba mas que el pan. Algunos caballeros eran glori- ficados por la contundente razén de su habilidad para envainar la espa- da en el cuerpo enemigo. ¥ no habia mayor gloria que morie en com- bate. igftido, el héroe cuya piel era tan dura como un cuerno, invulne- ‘able al filo mds agudo, unfa a sus dotes de guerrero ~arrogante, seguro desi la humildad amable de un simple campesino, la sonrisaficl ye corazén generoso, wach oh Aguel amanecer irrepetible, cuando Worms era la capital de Burgundia’ —un pafs que duré tan poco como una tormenta de lo dorado y rojo coloreaba las aguas del Rin", Sigfrido aspi- tabs el aire més puro, el aire del amanecer, cargado de los suectios y las pesadilla, del polen de las flores nocturnas Del rfo brotaban vapores frfo maba en el valle. La barcaza se m ppodrido. Ya no servia para navegar, pero era la guarida de al figos que compartian el calor de sus cuerpos en las noches heladas Un viejo, esa especie tan rara en Worms, apenas cubierto tinica que olfa a varios inviernos, se paseaba en la cubierta. El vi del bosque arrastraba el olor a resina, la madurez de los frutos, el perfu- me de los oscuros aberos. Demasiado para dos pulmones enfermos: ‘comenzé a toser y a carraspear. Distrafdo en sus aflicciones, abriendo cerrando los ojos al ritmo de sus toses, advirtié que un vaso de piedra flotaba, sostenido por una mano espectral. La vor soné clara y firme. Bebe, buen hombre. El sabor del agua endulzada con mie! apacigué sus espasmos Finalmente, hizo un buche y escupié. — Eh, no hagas eso! ~protesté la vor. Quizd para darse dnimos, probs de nuevo grosamente s¢ le ofrecia y luego preguntd: = ;Quién es el que habla? ;Quién se preocupa por este visio enfer- » que tan mila- mo y casi ciego? “No soy mas que un viajero ~dijo la vor. Algo brillé en los ojos del vie = que estoy ante el hijo dela niebla? ¢Es que ha llegado a Worms el invencible Sigfrido? " Sigfrido se quité la capa magica que lo volvia invisible; pero el viejo no hizo gesto de sorpresa ni de admiracién por el guerrero rubio, ni su espada envainada. No se ee ae brazos, la pote batallas; esos atributos del anciano. Preferfa gozar de su la fuerza que emanaba de sus la crueldad de cotidianas fen y heroico ya no interesaban al rondadosa intervencién qué estds aque? -pregunté, ‘mientras todos duermen. Y por rando con melancolia en direc- cién al sol naciente agregé~: Un viejo en un pueblo de guerreros que mueren jévenes no tiene lugar. ¥ prefie suelo, Sigfrido, porque esta ti fectada de malos augurios’ {Cuida tu espalda hasta de lo aconsejo! -vamente en la capa que antes habia pe del tesoro de los nibelungos. Todos, en el pais de los nibelungos"”, le rendian vasal a Sigftido luego de vencer al fuerte enano y de quitarle la capa mégica Desde entonces, Albetich se convirtié en su tesorero. El fabuloso alma- cenamiento de oro estaba oculto més alld de la desembocadura del Rin, ‘en una cueva de las montafias del Norte, cerca del mar. Regresé al castillo ante los inmutables guardias, que no podian verlo, Dentro de la fortaleza, algunos criados se movian lal te por la cocina y por los patios, o traian provisiones del granero. Subié por los escalones hasta llegar a una pesada puerta que empujé inten- tando no hacer ruido. En la austera alcoba'”, Krimilda se removia en et lecho, alertada por Ja mezquina’® luz de un ventanuco que cafa a pleno sobre su cars vivir sobre el agua a pisar el nanos que vivian bajo Ger. 6 eso de oro. Seid come amo stor al que dein cher Sigfiido la contemplé hasta que ela abeié wn ojo, ego ocr sontié, serena. ‘Desde que hablan celebrado las bodas, se acostumbré 4 v scr ys erat, sgrmiaado a qe ca doe 10 de ti -te dijo su amado. 2. Las Reinas sé PELEAN © Gunther, rey de Burgundia, observaba desde las alturas de ss 2» Ilo los campos que rodeaban la fortaleza, centro del poder real. antigua Worms. Su pueblo, que luchaba con otros por la c alianza que Brunilda se empefiaba en socav: tierras buenas, habia encontrado en la ciudad su paraiso, Al ver Gunther el buen trato que se dispensaban las reinas, se felici- sofiada. 86 por su plan. Satisfecho, veia cémo se sucedian los festejos, debido + ana, el dion Odin acravesd el grucso tronco de un drbol con la més que aqacl que pudiese scars exaria devtinado a ganar rods Ls un sector sia ms ba Hunole, el chambelin'” de la corte, entusiasmado por el sol que daba una luz diéfana al paisaje, grité: {Sol de Worms, el mejor del mundo!”. ¥ luego hizo sonar la trompeta para iniciar el torneo de armas. “Tos caballeros se lanzaron con sus jabalinas de fresno", acorazados, montados en caballos nerviosos y giles; unos contra otros y al galope. Ya en los primeros cruces, varios cayeron al suelo y levantaron nubes de ppolvo. Mucha gente se acereé a ver la justa, y hasta la propia Brunilda se estremecia con la fiereza de los contendientes. Habia uno esp. mente temible, que sonreiacon malicia cada vez que sus golpes t yan a un rival: el barén Hagenyel jefe del ejército burgundi ‘caballero del rey Gunther, disfrutaba la humi invulnerable Hagen era astuto y perver confiado y buen Hagen sangraba de cada herida; a Sigfrido, no se lo podia her humano, Sigfrido era més que humano. 1 que mereceria gobernar por sobre tod ticipé en los primeros lances™, en parte porqi para evitar lidiar™™ con ¢l, en parte porque no ten{a ningiin apuro en ‘maltratar a esos caballeros que lo hospedaban. Cada tanto, saludab: Krimilda, que observaba bajo la sombra de un bosquecito de abedu lorecidos, junto a la reina Brunilda. 7 decidié zambullirse de leno en la mitad del campo, seftalan- do rivales que, obligados, debian aceptar el reto. Gu tiempo, habfa desmontado a docenas de oponentes, con ime, si él es tu siervo, gpor qué no le preguntas a Gunther st erzo. Ofrecia su mano a los caidos y nunca se permitia ere reno : yes. a mal, rebatié Brunilda, pero cuando tu hermano \i mano tan caballerosamente, escuché de boca de tu marido que el rey. Por lo tanto, desde ese dia, yo lo veo como siervo. Ja vez que cafan los caballeros < a se rid. Si algo sabfa era que Sigftido mo actuaba como sier- el héroe. elacidn con Gunther era una relacién entre pares. » sobre su rey?, respondié Brun “Siervo? 2El vencedor de dragones, el ducfio del tesoro de los nibe- lungos, el heredero de Sigmund, en los Pats Bajos, un siervo2” pens a contra todos! ~exclamé Krimilda, sin poder con- Incluso podia advertr en su hermano un deseo de agradar a Sigfrido, que ella interprets como temor. “No creas que hablo por hablar, Brunilda. Sé quién es mi hermano y teaseguro: nadie le hace sombra a Sigfrido. Te pido que, en el futuro, evites hablarme de este modo. Brunilda que, por mucho tiempo, habfa mandado en soledad sobre sus tierras en Islandia, cuando era una doncella guerrera, comprendié que aquellas palabras ofendian al rey. No lo tomes a mal, pero veo que estis envanecida™. —Lo merezco pues soy la esposa de un hombre tinico. {No te parece que exageras? A partir de ahora, ya no entraris en la iglesia a la par mia. Lo hice ayer en consideracién a que eres la herma- tna del rey, pero veo que no lo mereces. La joven amistad entras las dos ya estaba rota, Krimilda amenazé: __ =Soy la hermana del rey y, también, la esposa de otro rey. Verds "_cfmo esta sierva tuya se comporta de aqui en mas en la corte, asf no te | quedarin dudas de mi nobleza y de mi alcurnia. "Pues ya que no quieres ser sierva, mantente separada de mi —le aconsejé Brunilda. Asi se instalé entre las dos mujeres un odio profundo. Krimilda dio precisas instrucciones a sus doncellas: debian lucir los vvestidos y las joyas més preciosas, Pronto salieron de los baiiles tejidas en Arabia; joyas azules como el mar; collares y Las doncellas disfrutaban vestirse asf, con tantos caballeros un rumor circulaba en las escalinatas de la iglesia: las rei- ofendido mutuamente. Qué ocasién para dar rienda Delante del edificio, los vasallos vieron al séquito!” de Krimilda {ado y al de Brunilda por otro. Acostumbraban a ae ee Eeaene al 3; el rumor se confirmé: las reinas se habi- an peleado. Pee fees disfrutaban la ocasiOn de ver a tantas mujeres hermosa: la comitiva de Krimilda, compuesta por cuarenta y dos doncellas deslum- entran los s Krimilda, con un tono iracundo™, respondié: Te lo has buscado. No me hagas reproches ahora. “No sé lo que intentas decir, mas por tu bien, no vayas adelante. Lo haré, Porque ti, que te sientes reina, no eres mas que una man- ceba. Las palabras fueron tan insolentes, con tanta furia dichas, que hasta j jaron de volar. Brunilda, escarbando en el sentido del insulto, pregunté: ~:A mi me dices manceba? Pues si, a tu hermoso cuerpo, lo poseyé primero Sigfrido. No fue quitd la xd. Donde tenfas la cabeza? lc Jo, a ese que llamas su siervo? con Lagrimas en los ojos: propia m tan itreal. pruebas de la mano, en la cual Haven falta mas prucbas que este ani trajo mi marido después de estar en tu alcoba. el anillo robado, gritos y lagrimas de Brunilda, q Gunther y los caballeros més cercanos. La discusién de las ‘maba més la atencidn por estar ain’en las esc cosa tan terrible habia pasado entre ambas, que no resp sagrado? Gunther, al ver a Bruni “Tu hermana ha hecho un dafio irreparable a mi honor. Dice q Sigfrido me ha tenido de manceba. ‘Gunther abrié los ojos: -Ha hecho muy mal en acusarte ‘ Entonces la reina le dijo que Krimilda tenfa su anillo y el cinturén. 'y que lo ponia como prueba de que ella habia sido poseida por Sigfrido. La situacién era demasiado humillante y, en verdad, nadie dia salir bien parado de aquello. El rey hizo un gesto con su mano que se alejaran los vasallos, que ardian de curiosidad, Aunque, @ ida, no le importaba ser escuchada: ~Deberis defenderme de estas palabras, de esta vergiienza tan grande. Gunther se acercé a uno de sus hombres: le ordené que fuera por Sigftido, quien se presenté de inmediato, Cuando se le expuso detalladamente to las palabras de Krim era muy delicada. Habi dlo él y fan, y ahora comprendfa la imprudencia de compartitlos quien a la verdad le habia agregado mentira: jamés habia abusado del poder que le daba su capa magica, Era cierto que el allo y e n los habla tomado él, pero en circunstancias diferentes. Sucedla que ya easados Gunther y Brunilda, ésta se negaba a consumar el amor Gando el rey insistié, Brunilda terminé por colgar al rey de un ga en la viga del techo, luego de atarle manos y pies con un cinto, Al diz siguiente, quebrantado por la humillacién, se presentara en Ia alcoba envuelto en su capa magica y lo asistiera para wencer a voluntad indémita' de su mujer. Sigfido, invisible, apagé las llamas de las velas; ycl cuarto quedé a oscuras. Se acercé a Brunilda, fi gendo ser Gunther; y ésta le dio una feroz patada, lo arrojé fuera del Hecho: luego lo buscé en la oscuridad para maniatarlo y colgarlo del gan- cho. Gunther podia oir, nervioso, el estruendo de la pelea sscuché cémo ambos caian en el lecho y los suspiros de Brunilda. La feina, entre sombras y agitaciones, se rindié ante aquel hombre tan fler- te: Sigfrido, con la excusa de desvestirse, dejé la alcoba; y Gunth. ‘ocupé su lugar. Y asi fue como Brunilda perdié la virginidad, y con el perdié también su extraordinaria fuerza. - Y ahora, apenado, oftecié al rey las siguientes palabras: Be ~Si mi esposa ha dicho lo que dices, deberd lamentarlo. Ofrezco mi ante t para probar que digo la verdad, aqut mismo, delante a que digo : aq Hénors Mepuevates Gunther, que deseaba terminar pronto el diabélico enredo, mand6 circulo en torno a ellos. Los orgullosos burgundios, que ya eee Bia la incémoda situacién, los rodearon. Luego Gunther al atest err ate ra desalead S prsna tl oeaerby Sigido cextendié su mano, pero antes de poder hablar, Gunther se Je adelant6, eximiéndolo de jurar. : Me basta esta actitud. Sé que eres inocente: te absuelvo de lo que mi hermana te inculpa, quien sabe por qué extravio'®. Declaro que de ningtin modo has hecho lo que ella ha dicho, Sin atreverse a contrariar a su rey, los caballeros que lo rodeaban quedaron consternados. Por qué absolverlo del juramento si era su propia esposa quien lo acusaba? Lo cierto es que Gunther sentfa un claro remordimiento de con- ciencia por los favores que le debia a Sigfrido. ; Aunque el agravio™ parecfa resuelto, muchos quedaron disconfor- mes. A Brunilda, el odio la domind Por entero; y se retiré a su alcoba sin dejar de llorar. Por dias no habl6. Sus fieles se apiadaban de su dolor, eto uno de ellos fue mas alld. Hagen, el oportunista, se acercé a la reina y le pregunté cémo podi calmar su dol ~iMata a Sigfrido! ;Matalo sin piedad! ~sentencié la reina. 3. INTRIGAS EN La Corre Finalmente, el cerco comenzaba a cerrarse en torno a Sigftido. Brunilda clamaba su muerte a todos los hombres fuertes que rodeaban al rey En el castillo, se vivian horas envenenadas. Cocina Ru, Sindole, mole; es”, volvia a lam, Aquel er: los reinos; ellos combat Naturalmente, a na lado, a la vuelta, detras. Espe stibicas'® que, de pronto, a aspiraba las vidas. Las mujeres eran un abism Un mundo desconocido, Y cu. mundo de los hombres, cuando a masculinos estallaban en pedazos La alianza con Sigfrido daba seguridad npre temfa por su reino. Sus mejores hombres cabeza, empezando por Ia reina En tanto, Hagen nunca se vio tan deren de cumpl Matar a Sigfrido. Pero... :cémo vencer a un hombr. se podfa pensar en una lucha frontal. Habla que engafiarl la corte y luego, quizas. jentarse el rey. mun S€ Fepartian el poder le importaba ales salvaje, inven lo, aljarlo de Margrave era el ras y administrate zl I =p Sabitas significa ‘epentinas Hagen no en ‘hos temerain en c enfrentarnos? el Rin. ;Quigh @ atreveria a ido de su lado o muerto por su mano? :No asus. de que los burgundios pudieron con € 3y la y a su gente, que ya no lo querfa ver vivo? Hagen habia dado en el blanco: ~Escucha, tt eres mi rey, ati me debo, por ti daria la vida. Sé cudl eg mi deber: aconsejarte bien. La muerte de Sigfrido te dard poder sobre tus enemigos. Como esta vez nadie lo reba ~{No es verdad lo que digo: esposa ofender asi a nuestra reina? -Es mi amigo -dijo con un suspiro Gunther. ~jSerd tu verdugo si no lo matas! ~sentencié Hagen. Y afiebrado por el odio, exclamé-: ;Piensa en la gloria que logrards! Estoy viendo a los aterrados heraldos gritar: “jLos bravos de Worms lo m: Ellos fueron! jEl rey de Burgundia lo ha hecho! ;Te pagarin tributo sin que se lo pidas todos los reyes del Rin! Mucho medité Gunther, y al fin, dejé que sus iltimos escriipulos se apagaran, como un fuego viejo. =Ya est. Puedes quedarte tranquilo. Lo mataremos, pero ;cémo? ~dijo con la decisién ya tomada. —Deja eso en mis manos, dame tiempo Hagen preparé una habil estratagema" ron que los reyes sajones.y. daneses' Liudegast, una vez més, habfan declarado la guerra a Gi Sigfrido, no dudé en ponerse a la cabeza para rechaz: Krimilda se opuso con firmeza. Si 0 manife pentimiento por sus palabras, los acontecimientos bian agobiado y tenfa malos augurios. Estaba segur: de su marido en el combate, esta ver, se duplicaria para d Jos burgundios que él seguia siendo un leal amigo. sistid: se lo ha buscado. ;Cémo pudo su Una earatageme es una camp *8Sellama dans os habitantes de acu « Arno spi ‘Valenti, decsién Dinamarca “Te pido que lo protejas si acaso estuviera en peligro, Hagen ensayé una sonrisa. El jamés habia visto siquiera una gota de sangre en el cuerpo de Sigfido. caballero decidié ir hasta el fondo mismo de los temores de Krit * Veo que sientes temor de que puedan heritlo; y yo quiero prote- mas necesito que me digas cémo hacerlo. Nunca he eonoado un guerrero ee Finalmente, ella le confié el secreto. wwando Sigfrido maté al dragén y se bafé con su sangre, 6u : corres", invulnerable a cualquier filo. in embargo; ina pegada a la piel impidié que una pequefia zona ng igfrido podia'ser herido y muerto. Hagen le p oe en la vestimenta del héroe; y Krimilda, inge- mostré varias camisas: todas ellas tenfan bordada una cruz que sefalaba la zona donde podia penetrar la espad: ~~) ‘0 cuidaré, no te preocupes dijo Hagen. que hacer un esfuerzo descomunal para no saltar de alegrias 5 de inmediato a ver a Gunther 4. LA MUERTE DE SIGFRIDO Los misteriosos mensajeros que habfan declarado la habfan retractado. Sigfrido sintié una h erra era un excelente motivo para reparar ae dljar atras el episodio en la iglesia. Deseaba en cuerPo #2 ° 0 ate, pero visto que todo habia sido una falsa a ote “i era hora de regresar a Xanten™, donde lo aguardaba Cirnea & dura come una coraza. senciada “El talo es un érbol con cayas Bones seas se PrEPSFal SEISES ig En leyenda, Kaun ta capital de Nein dna «s parte dela provincia de Nordcheim-Wesphalis = | que habfa bautizado con el nombre de Gunther. El rey bur- undio, a su vez, y a pesar de Brunilda, habfa bautizado con el nombre del héroe de los Paises Bajos a su propio hijo. frido acepté,con gusto Ma partcipar de una\Cacera) de despedida. Fue a buscar sus ropas de cazador, y al dejar el yelmo™ y la armadu: ra, Krimilda le pidié que suspendiera todo y partieran de inmediato a su hogar. ~:Cémo podrfa negarme? No es momento Vendré por la noche, avisa a las doncellas que, tiremos a casa ~contesté él con firmeza, ~Entonces te pido que no seas demasiado temerario, Mi corazdn esté d Meno de malos presentimientos, Sofié que una montafa se derrumbaba, Por toda respuesta, Sigfrido toms la correa de la aljaba" Alechas y se la calz6 al hombro. Le dio un beso y partid, Q a cpeaben el rey Gunther, Hagen y los caballer. ellos algo que Sigfrido no sabia at Al ver la imponente figura del héro el rey mism: mucha pena Veinte escuderos terminaban de car : fue presa facil de la punterfa de Hagen. ta ser una gran cacerfa ~proclamé Gunther, mientras el cacho- e desangraba, era sabfa correr del peligro —contestS Siefida aaa etorcidos caminos del bosque, encontraron muchas ardi- eran muy bienvenidas para el invierno, y cada pieza a con risas y ocurrencias. mediodfa, los animales muertos se acumulaban por y ardillas,corzos y martas, enorme oso, Levanté su mano y pidié que lo de hacer desprecios. mafiana temprano, pare : cuando vieron tuna manada de jabalies, nena Spite sens arco ymaéalm —Serdsuficiente con matarlo ~confirmé El animal herido tuvo una ima con la rafz sobresaliente de un abedul. El ue el oso harfa el trabajo por dh ='q cl corazén de Sigfrido, Algunos cab en la cara, feliz como de la bestia y exclamé: ido a todos. Varios palmearon a Sigftido En uno de los carros, lleno de alimentos, os han estado generosos, pero gdénde esté el vino? ido, mientras comfa voraz. “Me temo que ha habido un error. Pensé que fbamos a comer en las i6 Hagen. cercanias del Rin. Hacia alld he enviado el vino —1 “ZY qué haremos con la sed? Ante una comida tan Jocura que no haya vino 0 hidromiel"® para acompafiarla, Pens todo estaba muy bien organizado protest Sigfrido con malhumor. Gunther que, en el fondo, aforaba una copa de buen vino, no se privé de hacer un comentario malicioso: —Este Hagen quiere hacernos mori de sed. ;No es ésta la des ceH r No es ésta la despedi- sede Sigfrido? jQuién sabe si tendremos la fortuna de agasajarlo otro ee frialdad, continué de acuerdo con su plan: io de este camino, encontraremos una fuent Se "en ee etm mn Habla tomado la precaucin de pels alos eocineros aie s pusie- san mucha sal ala. carme de jaballs ahora tds ie por dentro. Hagen ordené a los escuderos volver al castillo con las piezas de ? Hagen no dejaba de pensar en el te5070) oculto en las Estoy acostumbradd: al rey ya su poderoso vasallo. nto, volvié a uni remotas montafias del pais de los nibelungos, Obsérvando eb interr La codicia, prot nable Rin trepado a un desfiladero junto'a Gunther, mientras el sol ad izo un comentario como al pasai jo por el sol naciente, recuerdo el rojo del oro, : guardado por un enano mezquino. Gunther, sno has pensado que es hora de recomponer la amistad con eu hermana? Ella es la poseedora de la fortuna mas grande de este mundo. habi ‘ Gunther callaba y no decfa palabra. Hagen s6lo lograba que y ec scntr mn wife Pates Bajos donde rca ss Bek {No te basta la riqueza que tenemos? ;Acaso falta algo en este de los nibelungos? ;Cual era a raz6ni Pana reino? Hagen sefalé a unos campesinos vestidos pobremente, que ingresa- 5 un motivo razonable para Oponciss Y Tas “el bosque en busca de lefia y de algiin animal para cazar. na det al frente de una comitiva; pero Gernot se disgust: “Nos esperan dias de mucho peligro. Las tormentas y los sali 9 que ya no habria pobres en Burgundia. Podri Hlenas y atin asi, no agotarias una décima parte del tesoro guardan por nosotros. Confia en mf, yo sabré en fl rey no queria ensuciarse ain mas laconciencia. Hagen dejé pasar un tiempo y comenzé a poner el a hablar del oro. Eso provocé que, un dia, "acercara a la casa de Krimilda, sin aviso. Queri én, besarla con todo su amor di (Gstuvieron frente a frente, el rey perdid el habla y comenz6 fueron a convencer her, siempre bien intencionados, ¢ M rel Rin hasta Worms. La delicada. anther. Si Ki Gernot y mmilda para acarrear el OF0 encomendada por ddos barcos zarparon Rin abajo, con muchos caballeros espadas y lanaas, al mando de Gernot y de Giselher, los ‘menores, ; fesco tees Vance aalegria de ; Al segundo dia de navegacién, Hegaron a un’ o besd en la frente, luego se rodea ierto por una niebla pegajosa. Algunos hombres Los barcos eran demasiado pequet (do, ya arreglare= ant ‘antnea en vn dl gupta aes sigue hasta el mar. Estos son valles no h: cencantados, 1 hagan caso a lo que puedan ver en la niebla -sugitié Gernot Aunque Gites jstamente que slecompones vers0s como ple juglar, que habfa escrito muchas veces a la brumosa magi a records nde etaban lo dijo nvr a: a : Aqui, en aquellas rocas negras, han di : lo aseguro sin misdo-a exagerae Mi pada Rr rievsiinis ae ee dragon; abn de los wraidores. pada atraviess con Gusto co aparece eee igre. {No sienten Con resentimiento, pensé en su capa mégica, perdida para si Vanier eornbren : s de {quel manantial, donde el hens vgs ae un dragin sles see once uando vio a tantos hombres armados, les hablé con fiadad pequefia calandria, eee saciéun Bee eos ee Y s hablaba, se tocaba au maz ee Notable guerrero, te asustas con una calandria'™! ;Supongo que, ante una alondra!®, morirfas de terror! -se burlé Gernot. ee 2 Ta ee algo seré que ustedes El barco sipuié su curso hasta llegar a riberas menos tenebrosas. que aqui hasta las piedras me guardan obediencia Gon el paso de los dias el Rin se convirtié en mar, se expandié en todas las direcciones, oleajes encrespados removian las aguas. Sin ale jarse dela orila, encontraron el pas de los nibelungos y sus montafas fescuras con cumbres pélidas de nieve. ‘Gernot estudiaba cada montaia con paciencia, bajar alos bravos caballeros. No bien pisaron la playa, secon los escudos: una salva de flechas los rec “jAlto! zAdénde creéis que vais? Un enano acorazado hasta el cue descubierto sus ojos, la nariz yu tocas del suelo, era el duefio de aq Fue Giselher quien respondi Somos emisarios de su reina Kri ‘cedor de los hijos de Nibelungo, vencedor de {esoro que custodian con tanto cel ‘Ante semejante presentacién, cl gesto cefiudo que irradiaba una fortaleza sin limites: Sabemos lo que ha pasado. :Esté entre ustedes Hagen? ‘Ante la respuesta negativa, Alberich continud: —Pues me alegro por él. No hul hasta que ordend debieron cubrit- , con un yelmo que dejaba al valerse de la capa magica en exces0, M0} barba prodigiosa que rozaba las iba contra las leyes naturales, 26 las amenazadoras palabras ada rapar'™ y furiosa, miré les Ida, la viuda de Sigfrido, el ven ‘Alberich, el duefio dl piedras no se esfumd entre las rs calandria un 2 nadie tocé nada. Durante muchas horas, los hombres ) : cargaron el precioses, haa que Gesaeliaiiatleaen tele es ‘ q pasar la noche rodeado de los hostiles enanos. Calmé un poco la rabia de Alberich comprobar que no ibai i Al fr sees ore la totalidad del teso como un tébano en los ofdos de Gernot y de Giselher. Le dol cémo, que se llevaran su precioso tesoro. ; I con su vor que atratael poder, el poder libre y sal- ood que alo las magos Pda Tae Tagg “Pe nzaro contra sus eneMIEDS de Krimilda, ella decidié no tocar nada de el: Comenz6 a regalarlo a ricos Y pobres. Muchos caballeros se pusieron a su ‘mando, atraidos por tanta generosidad y, por ultimo, un xo a su voluntad. Cuando el tesoro legs a manos ala conciencia, advirtié que si tarde o temprano, logra- no despertaba en ella el Y desnudé sus temores ante Gunther. a zcamente el rey. Por mf, que haga con éllo 7 as nobles virtudes que la difunta reina, oftecta Ta cofres daban cu iajeros. Qui caballeros repartian regalos y sonrisas a los habitant dg wees dias para responder. di oem Ta ronda de consul mr eT a ne me gu a soos: ener. Conoci la ame debe 05 TENE. z aa sera el primero en lam re antea resarcir de tantos dolores ~ tas con sus consejeros, honor el pedido. corte de Atila hace mucho, y es un gran poder a su lado, io Giselher, mirando con Cet ap ooties estén equivocados! ~bramaba™ el asesino de wvarés demasiado tiempo dedicado i Moles Hagen ig aconciencia y, al fin, dictaminé: 6 a sus hermanos a que EI tiempo cambia a las perso en ; techaz6 de plano el ofrecimiento os yal cee i ell ae sus caballeros y, con delicadera, ve que vive cerca de Linz, al norte de Austria. Aconsejo una excelente bienvenida, es hombre de Atila’”, el rey de los hunos. Pronto, un mensajero pidié una audiencia con el rey, en nombre del margrave. Gunther los invité a un banquete. Rumolt, el maestre de cocina, dirigié bien a sus huestes: calderos, ols y sartenes cocinaban ‘manjares con premura. fin, tuvo lugar la ceremonia de presentacién: edeger informé que la reina Helche, la esposa de Atila, habia su reina, palabras de Riiedeger para convencerla, siempre} S. ee 0 lo que tenfa para oftecerle: mando sobre doce fei sefiora de muchos caballeros que habfan si ‘ruego que lamenten el dolor de mi rey. Helche era sefiora de rtudes, y muchas doncellas se sienten huérfanas sin ella. yllos demés asintieron con pesar. on sorprendidos : enterado Atila de la y sabiendo que Krimilda estaba viuda y reunia ¢0. Hilnoes Meprevates ofrerco mis hombres, mieécito para hacer mala quien ey ¥ alzando la mano, sellé Riiedeger el juramento, see Pensando en que Hagen la habia despojado de sus j . tigua sed de venganza, Krimilda pensé al fn SH niencia de tener como esposo al rey A cr la cone, Al cabo, salieron los heraldos h: tar la buena nueva. viendo si | pais de los hunos pars ad margrave Riiedeger la tomé bijoay 76 al ver partir a su hija, pero confiaba en la grande: a caballo. No olvidé Krimilda dejar una tiltima ofrenda a Sigfido, No verfa mds su tumba mojada por la Iluvia o por la nieve, no la verlaa sol, calentando la losa que guardaba sus huesos, ni el iltimo eco dest coraz6n partido en d fa lanza artera; pero todo su ser era él et plo de Sig apretado entre las vena, resol en cada uno de sus latidos, El caballero Eckew 7. CASAMIENTO EN Viena urs0 jevos amigos. Ast que, un diay antas riquezas que, ahora st ‘en Worms, estaba Hagen. La semilla amarga que lle~ frutos. 105 secret0$, Sigfrido la besaba. Paseaban TO remigos; pero alld, verdugo de su amado, Ella no podia olvidar vaba en su corazbn estaba madurando sus 'A nadie confiaba estos pensamient en suefios, = Dili a pan epnodia, que slo le concedia honores yun tra Sentfa por el huno otra cosa que respete, “Oh, Dios, :por qué me he caldo? Por qué acepté esta boda Pasaron Varios afios. Una noche, la costumbre de le dijo que extra =S€ que aq —mintid. sado con un pa gano!"> mientras descansaba entre dormir con ella rodedndola iaba a sus hermanos. algunos me llaman la extranjera. jEstoy tan Acilaalist6 de inmediato a dos mensajeros para ir hombres eran hermanos gemelos y se Krimilda pidié a los mensajeros que pusiers baron Hagen acompafiara a sus hermanos. ~Tengo afecto por Hag cia aqui junto a | Y asi es como cidn. Worms. Ambos maban Werbel y Sweiti an especial énfasis en que el €s un héroe valeroso; y deseo su presen- tes reyes, mis amados hermanos legaron a Worms, Werbel y Swemel, con la invita- Hagen se opuso enérgicamente al viaje Es una trampa! ;Pi ruedo oler la venganza en el sangre! Puedo oler la ue el rey Gunther quien le dijo: —Si tienes miedo, te quedas aqui. Fue Hagen quien contest —Si es tu deseo morir, moriré cot igo. No hay te que yo en Burgundia, ni nadie conoce el cami Hegar al pais de los hunos. Hagen acepté viajar, pero recomendé ir con muchos guerreros. .errero més valien: 0 mejor que yo para "Fal Eazopa medical. pa oo cians anubio. Mil caballeros alls del ro, que Se somo para mori conta ida en la corte de tu mult una carga tan grave come Prefiero caer con mi esp hogado en este 1 : mente 2208" esto el baron. a ec celend buscar un cruce me = rir. nen me Gunther le or menzé a caminal rtarlos « pudieran transporta ar barqueros que Pu poral ccontrar barq) uscd a los barqueos Ce adits sca Ee er sus ropas a ano as 100 a oe vrrero, las ninfas asus elmo, ¥ © al otro lado. Rio arri- pare recodo del camino el bay tio abajo b ron. Pero no podian hu de carn ca mp el pats de Acila oootend ee eae reparar en la presencl Nadando como un cisne ce diré lo que © jon, Hagen adivinaci aban poderes de adivins acepté el trato. Hadebue, con astuc ee _Créeme sinceramente, nat ie 86 me pe aque wsiy cu comitivas ¥ 1 vs epuro,exvoy maravilada del BU=h 40 SE segue ag ineperdas nots a Socity se alej6. Las ninfas aann tn vestdas, la segunda ninfi. igen jen vestidas, altos jo ni con can a fos hunos. Ten Por Et carat upera dos al pats de Ai s6lo uno saldré con verd sano y salvo, y Hagen, viendo confirmadas sus ~A pesar de tu triste noticia, hemos de c me cul ¢s la mejor forma de hac ~Sigue adelante y encontrards la aceptas la invitacién a morir que te hi Pues trabaja para Else, el gran sefior d Con una in: e despidié de las ala morada indicada y vio la barca ata que era vasallo de Else, ordend a s que dudaba de s de célera de ambos terminaron de p: 16 la cabeza con la ‘sspada, luego de que el barquero lo habia golpead indo apare: ther, y el rey vio la barca m sangre, pregunté qué habia pasado: ~Digamos que encontré esta barca, y yano diré més, quero estoy yo, que fui el mejor remero del Ri Yasi fue como Hagen rem 10s y a los nueve mil escudero cuando Hagen le c A falta de bar- #(0_y sostuvo su cabeza sumergida ahogarlo, ante et desconcierto de todos. Como pude, el Pobre capellin se liber6. Gemot, enojado, reprendié a Hagen: y orcs ynocia del rey Gunther, conoct ero no conté con un ful- cy de su hermano Gelpfat ydesu lo cuerpo 2 cueTPos (0 para set en dos con su aba la con ieray gi del margeave Else del barquero ne a Hagens y éste cay6 Sereno sald as pa Jos caminos de Bs minante ataque noctur con furi pero Dankwart, el Anim espada a Gelpfrat cien de sus El margrave Else, al ver muerto a su hermano y a mas de hombres, huyé, us tropas. Hagen solo perdié cuatro soldados de sus trop 9. E Primer Aviso ais ¥s fronteras del p: a fos el obispo de Pusat a { los les costé reconocer & ewan ncuentt0. \ Finalmente llegaron a Gunther hubo visitado a su penta el anciano asis- rey Gunther y, muy discretamen- rar a Krimilda es reyes Ida se aceroé a Hagen y el que me robaste? on mi escudo ~contesté con altaneria. 's de entrar en la sala, como se extila. * que leven mis armas armas ante: Jamas haré dijo Ha Te burgi se nega en la sala del banquete. Krimilda comprendi puesto sobre aviso y que sus planes se comp! ron a dejar las armas antes de entrar que alguien los habia ban COMIENZO DE LA MASACRE Entrada la noche, Hagen y Volker, el. que guié alos bungundios Pot andé Baviera, se sentaron en un banco, frente al gran palacio real cn vente Keiniida con quaseats, hiunos: Como SR CPaIes Sig bb presencia de un soberano, Volker se levanté del asenits Po, Hagen no {6 hino. Krimilda se lo reproch6 y como respuesta, Hagsa, desenvaind. la espada y se Ja mostré. Con furia, ella reconocié al arma, de Sigfndo. ~Aurév ei uc tert meamimeseseiég, co we d= CUPS © unos bandidos ~grité la reina. Saas o be matado, Ast pags la ofense que te habias hecho a YY quien quiera vengaflo aqul que me cenfrente ~dijo con Moke Ot Hosen Pero los hunos que respondiz eens Esa misma noche, e , en el alojami as iron monta guard al Became Ha oldados que habian venido para sorprenderl’ nnn. A la mafana siguiente, asistier prenderlo dormido, paaciO INCENDIADO, 12. Et sscuderos muer~ la (nada sabfa el Jevart le avisé a Hagen de los e los Bey } los fieles burgundi a misa -siempre uno de las muertes}t easy ons ee Luego se organizé un torne ie h SBrindemos por la mue Be gn tenn Pavonearse™ ante _ Sefalé al pequefio hi ee een oe eae fe ico eget : Je Atila con la jab Se a ma, ida Pee estan tumulo, y la vida de H tos espantosa confusion se desaté en la hos los hunos que no perdonab lagen corr pel a ae propia Atlas plat an cPerdonaban la muere de su com choaon ss espa ‘on su vor grave de muerte de cs ravos y, con firmeza, les Verona logré que los guerreros se inmov! rt desu compafiero habia sido un desgrac Ge ee seertan matado a uno de sus hombres y le offecié sus disculpas: ene PaupMmente en obediencia au aeeapcceidente aeerh lo negdy dijo que queria sacar de la sala al rey Ail, a Kei ida pes Proc eniod Pe dabecricini. ps sus hombres, que nada tenfan que ver con aquella pelea, Lo mismo 0 Acila, el huno a ea ios : a principe Bloed: més poderoso izo Riiedeger, que se retiré con sus caballeros. ee es eraaunermano; el Los husos que quedaron murieron a manos de los burgundios. de que los burgun: ee larga conversacién c¢ Con gran safa"”, hicieron rodar a los cientos de muertos por las escale- de que los burpundiosexaban ll con maa ras del palacio. Hagen desafié al rey Atila a pelear cuerpo a cuerpo» lo omentolevaban su armas, Con sues, mane acusé de cobarde y de haberles tendido una trampa. fuer, y fnalment,ellaron el pact Sin He saan Por toda respuesta, Ala organia6 a veinte mil humnos para qu 25 _Offecié el fabuloso tesoro de los nibelungos eee diaran su propio palacio, tomado-porlos feraces burgundios, Y sf Modlin, convencid de qu Aa eins peeaciemantavor Ticharon durene todo el largo dia de verano. Al anocheces los sobrevi- > preparé discretamente a sus guerreros, agradecerle su accio- vientes estaban casi sin fuerzas. El rey Gunther s ‘una tregua, pero Atila le dijo que ya no habja feconeiliacién posible: ° Dankwart, el Animoso, 2 » que estaba al cuidado de | x los escuderos, fue =No sé cémo empez6 todo, pero sé que han ‘matado a mi hijo y 2 salir vivos de aqui dijo. \°. Veloz como un por caer en el a y de Krimi espada, que termi relimpago, | regano de Ki sala, Hunos y burgundios ando, el sefior Dietrich de izaran. Gunther temié que le uer! el cufiado. Lo convencié | testign dclamaall - rej Los desprevenidos noes aaa dos SSeuderos no pudieron muchos de mis hombres. Ya no pueden . fo, sin tiempo a ‘Gernot pidié luchar a campo abierto, pero su propia hermana, la reine toa bda libre de todo sentimiento fraternal, ordené 2 ls hunas les guerreros. an, pues sus hermanos eran hi in sus hijos, les aconsejo ble madre Ute se quede si que no lo permitie Aunque mi not sus quini ellos; pero Ruedeger le explics que La lachando, ¥ no, como prisio= cusdo abollado que el prefiero morir sin eran en exe momento, Riedeger le arrojé su + una gran furia en los reyes: belungos han matado a ma i ama’ Kile Me te Pgs Puedes devalverme “reo send ta epada de Sigrid la gue we core eal EL CANTAR DE Los NIBELUNGOS de la vida que se diluyé en el mananti manto del enano Alberich para que n ver a un fantasma. Solfa flotar sobre la barcaza habia dado de beber al mendi sencia y le hablaba: ~Eres tu, noble y buen Sigfrido? Y los otros crefan que el viejo desvariaba. —Aquel que te maté, ya ves, se maté a sf mismo. Aquel que traicio- “ - Na se traiciona. Tu mue: al. Aunque ya no necesitabg d adie lo viera, Pues nadie pued, de maderos putrefactos' 2 »€N donde go enfermo, quien podia se Nntir su Pre- rte necesité diez mil muertos para vengarse. Y un viento frio y Poco amable barrié la cubierta de la barca, algu- nas hojas secas cayeron al Rin. fo ac

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