La Novia de Tola
CUADRO CUARTO
Iglesia de pueblo. En su interior un altar un altar mayor con un Crucifijo en lo alto. Cirios encendidos. Flores.
Escaños. Se oye un primer repique anunciando la boda. Es de noche.
Al callar de las campanas, entran por donde se supone una puerta lateral, dos mujeres cubiertas con negros
rebozos. Ellas son la Trigueña y la Moza, vistiendo la primera un vestido de zaraza blanco y la segunda un
vestido de zaraza negra. Se santiguan en el último escaño que queda al borde la escena.
ESCENA PRIMERA
La moza y la trigueña
La moza: a güena hora llegamos. Yo creyí que el repiqueteyo de campanas sería del deje, como se dice, al intrar
por los chinamos de la plaza. Ni el siñor cura está tuavía (Santiguándose) Santiguate vos, y cojamos juelgo en
la banqueta de allá tras.
La Trig.: (Santiguándose con cierto desespero) Mejor quedémolo juera, que me istoy nervosiando… No vuá
resestir ver venirlo al lado de esa hija del Arcalde, entre gente y solemnidá…
La moza: (Halándola de un brazo) Vaya pues, dirnos ni me digás, que va a cumplirse el imbrujo e ña Serapia…
¡Bonito istá! ¡Dirse sin desquitar! Eso estaría como andar una legua a pie pa noir a ninguna parte. Lo istamos
en lo que istamos, y nada más… Vámolo a sentar. (La obliga a sentarse en el último banco, quedando, desde
luego, ambas, de espaldas al público)
La Trig.: (Implorando) La verdá es que me corbadeya lo del imbrujo… Decime, pa qué quiero un hombre que
lo está con yo por juerza envesible y der demonio? ¿Qué otra cosa lo es querer sin voluntá que un pájaro cogido
en la trampa?
La Moza: Pus que demonio le indujo a ser matrero, dejándote sin l’honra y burlada, que seya el demonio el que
lo pague. ¡Ojalá que once mil diablos se lo arrastraran! ¡Y saberlo qué agua le dio de beber esa hija del
Alcalde!
La Trig.: ¡Santo Dios! ¡Si hasta me das miedo! Acordate que lo estamos en la misma iglesia… (Azorada)
¿Oyís? Parece que ay vienen… Lacito, dejame correr pa irme, pus yo no aguanto… (Hace el impulso de
marcharse pero la Moza la obliga a sentarse) Vos la tendrás la culpa en todo lo que pase… Tuavía es tiempo pa
volvernos a Nancimí…
La Moza: Tate quieta, te digo. Vos no la pondrás más que tu presiencia, pues el imbrujo lo hará todo, todo…
Quedate como que ni sabés, pero dirte no me digás ni palabra… ¿Oyte?
La Trig.: ¡Pus que se va hacer! Acordate que si pasa algo malo, vos sos la culpable…
ESCENA SEGUNDA
Dichas. La Novia, don Juan, las dos Amigas, el Alcalde, ñor Román, el Escribano, un muchacho y comparsas.
Luego el cura y el sacristán.
Por la puerta mayor entran Chinta, la Novia y don Juan, ambos del brazo como se estila cuando se van a casar.
Ella lleva un traje largo de olán blanco, el velo de punto y la corona de azahares. Él viste un casimir azul de
corte pueblerino, camisa de cuello postizo y puntas redondas, corbata verde y zapatos café, una flor roja en el
ojal.
Tras los novios, siguen el Alcalde, ñor Román, ambos vestidos de negro; el uno, flaco, de chaleco y bastón; y el
otro, gordo, ventrudo, con leontina y paraguas, con el saco sin cerrar. Siguen la Amiga nº 1 y la Amiga nº 2,
vestidas de color rosa; un viejo con cara de escribano, y luego un acompañamiento compuesto de muchachos de
camisa y gentes humildes.
Repique de campanas. En el momento en que los socios pasan frente a la banca en que está la Trigueña, ésta se
pone en pie, como electrizada, y se lleva la mano al corazón. Don Juan la reconoce rápidamente y hay un
segundo en que se detiene confuso para luego continuar su paso. Solo la Novia nota este paro instantáneo, sin
parar mientes en su causa. Los demás conversan en voz baja y por eso no se dan cuenta.
La Novia: ¿Qué te pasa Juan? ¡Parece que te has nervioseado! ¿Sucede algo de particular?
Don Juan: (Controlándose) Nada, nada… Me parece que tropecé con algo.
La Novia: ¿Qué sería? ¡Y en lo más parejo…! En la calle no te pasó nada. Al contrario, venías contento por las
admiraciones del pueblo.
Don Juan: ¡Cállate que allí viene el señor Cura!... Ya te dije que no ha pasado nada… Absolutamente nada.
La Novia: Bueno… Pues acerquémonos al altar pa que nos echen la bendición de los casados.
(Los Novios se acercan al altar en el momento en que el viejo y asmático cura del lugar entra por la puerta del
fondo, llevando roquete, estola y casula. Se arrodilla ante el altar orando breves segundos. Luego, el sacristán,
un muchacho que viste roquete, le presenta el libro matrimonial abierto en una página determinada. El párroco
lo toma y lee en latín. Después se acerca a la pareja que se ha arrodillado y dice entre oportunos golpes de tos:)
El cura: Hijitos, sed bienvenidos Vos, por tu mujer y al par (señalando a don Juan)
ante este altar, vos, mujer por tu marido (señala a la Novia).
cogidos de la mano
y ambos merecidos, La mujer cuando se casa
bien huele el azahar. ha de ser flor de su casa,
en tanto trabaje el hombre
Amor de bodas no yerra, honrando a Dios y a su nombre.
pues si los ato en la tierra
con bien andarán los dos Esposo, esposa,
ya arriba atados por Dios. el mundo es una cosa
muy peligrosa.
Marido y mujer serán
que comen en un mismo pan, Hijitos, pues han venido
que todo lo harán bien hecho ante al altar
con la virtud sobre el pecho. estando de amor heridos,
os voy a casar.
El mundo, hijitos, es cosa
muy peligrosa. Cogidos de la mano
y ambos merecidos,
Si se vienen a casar bien huele el azahar,
estando de amor heridos,
prometed siempre velar … y ya tendréis tantos hijos
por vuestro hogar. como arenas tiene la mar.
(Torna el señor cura a adoptar una actitud de oración)
La Amiga 1: (Sonriendo maliciosa al oído de su compañera) ¡Ya los remató el Señor Cura!... Por cuenta cree
que va a juntar un par de cuilos…
Amiga 2: (Conteniendo la risa) Ssssht… Callate, niña, que me voy a reir en pleno casorio. Acordate que a este
cura le gusta regañar hasta en misa.
Amiga 1: Como que a mi me sermonió el otro día porque andaba dijo muy descotada con aquel vestido lila con
encajes… Ya sabés que yo siempre ando a la moda… aunque incomode.
Amiga 2: Es que vos siempre has sido muy exagerada… Con tal de parecerte a la gente de la ciudad, aunque
escandalicés en el pueblo.
Amiga 1: ¡Con vos no se puede ni hablar! ¡Pareces que nacistes para ser ángel…! ¡Pero qué ángel de mis
tormentos!
Amiga 2: Bueno no nos peliemos más. Dispensá. Fijémonos en lo que dice el señor Cura…
El Cura: (Acercándose solemne a la pareja) Ahora le vamos a preguntar a uno por uno si se aceptan
mutuamente por esposos. Primero le toca al varón y después a la mujer, según la santa tradición de la Iglesia.
Así es que, vamos, don Juan… Acepta usted, en nombre de Dios, por esposa a la señorita… (No logra el cura
terminar su sacramental pregunta porque un hondo gemido se escucha por toda la iglesia y luego una mujer sale
precipitadamente y llorando por la puerta mayor)
La Trig.: ¡Aaaaaay!
(Todo el mundo vuelve la cara hacia la muchacha que escapa. En este instante don Juan dice al Cura)
Don Juan: ¡Señor cura! ¡Señor cura!... ¡Espéreme un momento! ¡Es algo urgente…! (vase corriendo en la
misma dirección que la Trigueña)
El Cura: (Estupefacto) ¿Qué pasa, señores? ¿Hay algún impedimento?
La Novia: (Anhelante) ¡Dios mío! ¿Qué es esto? ¿Qué pasará con Juan?
El Alcalde: (Fuera de sí) ¿Qué es lo que sucede? ¡Explíquenlo! ¡Explíquenme!
Ñor Román: (Confuso) ¡No comprendo! ¡No comprendo! De pronto ha salido corriendo y diciendo que ya
viene… ¿Habrá olvidado algo? Tal vez los anillos de compromiso…
La Novia: (Con nervios) ¿El anillo? ¡No puede ser!… El anillo lo andaba en el dedo… ¿Qué habrá sucedido?...
Desde que entramos a la iglesia, lo noté algo nervioso y hasta se lo dije…
El Alcalde: Yo vi salir una mujer llorando apresurada… ¿La conoce usted, ñor Román?
Ñor Román: No sé quién sea… Me parece haberla visto alguna vez comprando en la tienda…
El Alcalde: Entonces se me supone que…
Ñor Román: ¡Ni lo piense! Que aun suponiéndolo, mi hijo tiene que volver (Murmullo entre los concurrentes)
La Novia: (Llorando con el pañuelo sobre los ojos) ¡Eso es una afrenta…! ¡Ya en la iglesia! ¿Qué pensará la
gente, papá?
El Alcalde: ¡Esto es un agravio! ¡Una gran zanganada!
Ñor Román: ¡Cálmese, amigo, cálmese! No dude que todo se explicará después.
El Alcalde: (Como un trueno) ¡Mandaré un enviado para ver lo que acontece! Vamos, a ver un muchacho…
¡Qué vaya a hacer la comisión!
(Un muchacho, de entre la concurrencia, corre hacia fuera gritando)
El muchacho: ¡Señó Alcalde, voir a verlo!... (vase)
(Silencio breve)
La Amiga 2: (A parte a su compañera) ¿Será que don Juan se ha ido pa no volver?
La Amiga 1: (Idem) Mala espina me la ha dado esa mujer que se fue…
La Amiga 2: Y se iba como llorando…
La Amiga 1: ¿Será acaso esa mujer?
La Amiga 2: (Interrumpiéndola y señalando a la Moza inquieta) ¡Allá está la lavandera del cuento de la otra
vez!
La Amiga 1: (Rápida) Está nerviosa, se va…
La Amiga 2: Callá, que nos van a ver…
(La Moza, disimuladamente, sale por la próxima puerta)
El Alcalde: ¡Allí salió otra mujer como huyendo!... ¡No me diga, ñor Román, que aquí no hay gato encerrado!...
La Novia: (Quitándose el pañuelo de los ojos) ¿Quién es, papá, quién es?
El Alcalde: Me pareció la lavandera del otro lado del río, que corrimos de la casa.
La Novia: (Nerviosísima) ¿La lavandera de Nancimí?
Amiga 1: ¡Sí! ¡La de Nancimí!
El Alcalde: ¿Y qué hay con eso, hija? ¿Sabes algo?
La Novia: (Cortadísima) No sé que ande haciendo por aquí.
Amiga 2: De seguro que viendo la boda…
El Alcalde: De buen agüero, no estaría… (Dirigiéndose al Cura, quien se persigna) ¿Qué cree usted de todo
esto, señor Cura?
El Cura: Esperemos hijos míos, pues confío en que don Juan volverá. ¡Es un compromiso de caballero y Dios
vela desde arriba!...
La Novia: (Con cierta rabia) Confío en que Juan no cometerá la canallada de que amanezca esperándolo…
El Alcalde: ¡Ni lo digás, hija mía!
Ñor Román: ¡Doy mi palabra de ya vuelve!
El Alcalde: (Viendo su reloj) Ha pasado casi un cuarto de hora y ni el muchacho ha regresado.
(Silencio espeso. De repente, el muchacho entra corriendo y dice en voz alta al Alcalde)
El muchacho; ¡Han juido, señó Alcalde, han juido!... ¡Deben ir bien lejos!
El Alcalde: ¿Quiénes? ¿Quiénes?... ¿Quién es ella?
La Novia: ¡Dios mío! ¡Dios mío!
El muchacho: (Entrecortado por el cansancio) Pué el señó Juan y esa se jué en carrera de la Iglesia… Yo tuavía
los alcancé cuando el señó Juan se montaba en un caballo que estaba amarrado en la plaza ques del mandador
de su hacienda… Él la llevaba a ella atrinqueada por adelante y salieron pal lado del río… Yo le grité: “¡Señó
Juan! ¡Señó Juan!... ¡Lo istá isperando el señó Cura!...” Ni siquiera me contestó… Cogí otro caballo, en un
chinamo, creyendo que no me oyís, y va de correr sin poder alcanzarlo, pos pareciya que más bien iba volando.
Pasando por las últimas casitas del pueblo, se me perdió en la escuridá… Yo le gritaba: “¡Aguarde, señó Juan,
aguarde!” ¡Y como si nada!
El Cura: ¡Santo Dios! ¡Santo fuerte! ¡Santo inmortal!
(La Novia cae desmayada. Las Amigas corren a auxiliarla. El Alcalde, meséandose los cabellos, grita a ñor
Román)
El Alcalde: ¡Ñor Román! ¡Ve lo que ha hecho su hijo? ¡Una canallada! Vamos, digame… ¿Qué dice usted de
esto?
Ñor Román: (Temblándole el paraguas) ¡No sé nada, amigo! ¡No sé qué pensar! ¡No sé qué decir!... ¡Lo que
sucede me deja confundido!
El Alcalde: (Iracundo) ¡Ya lo seguirá mi ira adonde se encuentre!... ¿Dejar así no más burlada a la hija del
Alcalde de Tola? ¡En mi vida no esperaré semejante afrenta! (Volviéndose hacia el escribano) ¿Qué me
aconseja usted, señor Escribano?
El Escribano: (Impávido) Aristótilis, filósofo de la antiguedá, dice que las cosas se resuelven con un poco de
paciencia y un poco de tiempo… ¡Ya lo verá usté, señor Alcalde!
El Alcalde: (Vociferando) ¡Váyase al infierno, viejo idiota! (Señalando a ñor Román) ¡Y usté, viejo zorro,
saque su tienda del pueblo si no quiere que se la acabe a punto de alcabalas!...
El Cura: (Santiguándose) ¡En nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo que se acabe todo esto!...
¡Señores, hay que respetar la Iglesia, que si no cae sal!... Recordemos las palabras de San Pablo en las Sagradas
Escrituras…
El Alcalde: ¡Lo que es a mi que me lleve el demonio, señor Cura!... ¡El mismo demonio!
Cae el telón
EPILOGO
ESCENA Y TEATRO A OSCURAS – RUMOR DE RÍO
ESCENA ÚNICA
Don Juan y la Trigueña
La voz de don Juan: ¿A qué querés que me pare en que agora me perdone…
junto a este río sombroso La voz de don Juan:
cuando atrás viene el Alcalde ¿Perdonarte?... ¿Pues por qué?
y tras del Alcalde, Tola? Estás llorando…¡y qué cosa
La voz de la Trig.: Adeténgase le digo, temblando como una hoja!
que me tengo yo una cosa La voz de la Trig.: ¡Juerza en el alma tendré
por lo que me es emposible pa que no mienta mi boca!
poder seguirlo hasta agora… La voz de D.J: Decímelo, pues…
La voz de don Juan: La voz de la Trig.:
¿Qué querés decirme, ingrata, Es que de malas juimos solas
después de dejarlo todo, mi lazo y yo onde una bruja
de salirme de la Iglesia que lo ha imbrujado de amores.
por el llorar de tus ojos; “¡Desquite!”, dijo mi lazo,
de correr hasta este río, herida por su tajona,
guitarra en nuestros amores, y que pa yo venganza
y pasarlo hacia la tierra de lo que cuesta l’honra…
por donde el sol se asoma? ¡Pero yo lo quiero a usté
y este imbrujo me sonroja!
(Pausa breve) De malas no quiero nada,
por mala déjame sola…
¡Solo me falta mirarte La voz de D.J: Pero fuiste inducida,
que estás como está noche, y la maldad nunca acosa
negra, negra de venganza al alma que con dolor
y con puñales de odio…! sorprendida fue en mala hora.
De tus labios tan sinceros,
(Pausa breve) sale la verdad hermosa
de un querer que es como el agua
Parado tengo el caballo y que a tu pena responde.
junto al agua rumorosa… La voz de la Trig.: Y como me está diciendo,
¡Decímelo de una vez me indujo ir ella juriosa;
que en ansiedad me ahogo! y la bruja me lo dio
este asemejo espantoso
La voz de la trigueña: con alfileres y pelos
Si nues eso, mi don Juan, y miles conjuraciones…
lo que a mí pasa agora,
lo que me punza en el alma (Pausa breve)
con espinas que me acosan…
La voz de don Juan: Decime, ¿qué cosa es? ¡Agarrelo por favor,
La voz de la Trigueña: que en mi blusa me es udioso,
Es que… es que… es una cosa pus ques usté sorprendido
que dejaría jelado por el arte del demonio!
hasta el brisar de la noche. (Llora) La voz de D. J: (tomándolo en la oscuridad) ¡Vaya,
La voz de don Juan: ¡Por nuestro Santo Patrón, un muñeco de cera!
Trigueña, vos estás loca!... La voz de la Trig.: (Angustiada)
La voz de la Trigueña: Loca lo istoy y ansiosa ¡Con siete espinas jilosas
prendidas allí onde naide ¡Tienteme el pecho, don Juan,
las puede arrancar agora…! que salta y salta de gozo!
¡Ay, que diera por ser yo
ese curazón dolioso (Pausa breve)
que engüelto en fatalidá
lo tiene un sino engañoso! Y agora…¿qué hago con esto
Quiere sin querer que era imbrujo mentiroso?
lo que miró desdeñoso ¡Tizón se miace en la mano
cuando a mujer merecida como pa quemar su inojo!
daba sus prendas de amores… ¡Déjeme tirarlo al río
pa que se vaya a lo hondo
(Pausa breve) y allí jalaste se quede
como cebo venenoso!
¡Güelvase, don Juan, le pido, La voz de D.J: ¡Tireselo a la corriente
que el hechizo no perdona! que lo arrastrará anhelosa
¡Vayase al pueblo a casar hasta que amanezca el día
con un querer como el otro! y los peces se lo coman!
La voz de D.J: ¡Déjame decir verdades La voz de la Trig.: ¡Ya lo tiré!...
y callá, supersticiosa! ¡Y me parece que se removió la posa,
Déjame que yo te diga que hay ispantos
que no hay nada que se oponga en los palos y bejucos en la sombra…
a un corazón que sabe ¡Vámolo de aquí, don Juan!
que sabe que sólo el amor lo toca, La voz de D.J: ¡Vámonos, vamos, mediosa!
que hay solamente un embrujo ¿Pues qué mal pueden hacernos
con una flecha famosa: si el amor va con nosotros
el puro hechizo de amor y con el amor la suerte,
que tiene labios por copa la felicidad y todo?
y maleficio en el ser
que al solo verlo enamora… (Pausa breve)
Y yo le bebí una vez
y otra vez sobre tu boca, Pero en fin, andar es bueno
en tus brazos y en tus ojos si nos aleja de Tola…
y en toda vos amorosa, ¡Ya este caballo impaciente
tendida junto a este río quiere volar por la noche!
al amparo de la noche. La voz de la Trig.: ¿Y pa dónde es que lo iremos?
La voz de D.J.:¡Vamos donde Dios disponga!
(Pausa breve) Del otro lado del lago
la tierra es ancha, es hermosa;
Olvidá todo, Trigueña, y la casa de nosotros
y sabé que quien te adora será entre campos y montes,
ya dejó la falsa luna más que nido de paloma,
y a la novia de una boda, más merecida que rosa.
pues nadie puede en el mundo (Pausa breve)
poner o quitar amores; Yo te llevaré hasta allá
sólo el amor que lo puede porque este querer me agobia.
desde Tola al mismo Roma… Soy un hombre agradecido.
La voz de la Triig.: ¿Ansí que este imbrujo nues Lo demás nada me importa.
más que un muñeco asqueroso? Y aunque viniera detrás
¿A qué Santo le diré persiguiéndome una tropa,
que en dicha le soy deudora? sé que en Chontales no manda
¡Juego de felicidá ningún Alcalde de Tola…
no me dejará en riposo! ¡Vamos, vamos y pasemos
el río que es medianoche
y pa que al andar nos guíe
la estrella madrugadora!
La voz de la Trig.: ¡Pásame, don Juan, cantando
que ya la dicha me ahoga,
que tánta felicidá
un sueño parece agora!
La voz de D. J.: ¿Un sueño?... ¡Vamos, caballo!
¡Vamos, corazón, galopa!
Era Trigueña su nombre
y su natural graciosa,
y yo le cantaba en veces
lo que ahora canto a solas,
lo que siempre le ha cantado
mi corazón amoroso!
La voz de la Trig.: ¡Dele, mi don Juan, despacio pa
que naide más se lo oiga!
Fin.
Managua, Nicaragua, en junio de 1939.
Autor: Alberto Ordóñez Argüello