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Teo No Dice

Lo que teo no dice

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ery meri ta mma) STAs A Mabel, encantadora de tortugas, A Julictite y Rosaria, porgue tienen una tortuga flotadora. A. la gente valiente de mi ciudad, que supo pelear con el agua y el desdnimo. I Que habla de los nombres de las tortugas y de lo que pasa con ellas cuando Ilueve a cantaros Antigua Pasolento era una tortuga como todas, O al menos eso creiamos en mi casa. Coma sandia y lechuga de tanto en tanto, pero lo que mas le gustaba era el pepino. Se lo cortaba la abuela Martita en rodajas finas. Ella, se lo le- vaba al solcito, y fiam, fiam, se lo iba comiendo sin apuros. Tenia un caparaz6n algo extrafio, eso si: la placa de la parte mas alta sobresalia un poco como si fuera un botén. Tal vez era la cicatriz de alguna herida vieja. A veces las tortugas pelean. Como toda buena tortuga, amaba las flores de la rosa china. El problema es que mi abuela Martita también ama su rosa china amarilla. Cuando nadie la estaba mirando, la tortuga siempre le atacaba la planta: -{Sali de ahi, tortuga loca! -le gritaba la abuela Martita y la corria con la escoba. Al principio, nosotros le habiamos puesto de nombre “manuelita”. Por qué? Toda tortuga argentina se llama asi, por la de Maria Elena, sno? Con miniscula. A nadie se le ocutria otro nombre y le quedé ese. Sin embargo, ese no era el verdadero. Esta, y otras mu- chas cosas sobre nuestra tortuga, yo las supe mucho tiempo después. Todo empezé con la inundacién. Si, un dia en mi ciu- dad comenzé a llover, y a llover, y a llover, y a lover. Cayeron baldes de agua. El agua se hizo un rio en la calle y después entré a las casas sin pedir permiso, a los gritos. Estaba tan enojada que no le importaron las puertas, ni las ventanas, ni la gente que se tuvo que subir a las sillas, de las sillas a las mesas, de las mesas a lo alto de los muebles. Algunos, buscando escaparse del agua traicionera, hasta se subieron a los techos como mi amiga Marianita que ter- mind en el de su casa con los abuelos y con Teddy, su perro. Nosotros en casa nos trepamos a la mesa del comedor mientras papa y mama subian los muebles donde podian. Después nos fuimos a mi dormitorio que quedaba en la parte de arriba. 10 Desde la ventana mirabamos la lluvia en el patio que ya era un lago. Solo le faltaban los patos. ¥ ahi fire cuando la vi. Alli estaba la tortuga, nuestra manuelita, flotando en el agua que se la llevaba de aqui para alla, de una pared a la otra. Con las patas y la cabeza escondidas en el caparazon, parecia una pelota de rugby. Después entraba en un remo- lino, se hundia y volvia a salir. Yo pensaba “ahora no sale més”. Pero me tranquilizaba acordandome de que las tortugas viven muchos afios. Y cada vez que perdia las esperanzas, ella salia otra vez a flote, como un barquito de papel. El agua subio y subid. Yo, desde la ventana de mi cuarto, la veia subir y tapar el patio que ya parecia una pecera. 11 Se trep6 a la medianera y pas6 de largo. Muchas cosas pasaron flotando: los chiches del bebé de Ja vecina, el tendedero de la ropa, una silla de plistico, una ensaladera, un mueble color verde, Don Pancho subido a un bote y mucha gente que yo ni conocia, con caras des- esperadas. Mi papa alcanzé a pescar a todos. Uno por uno con el palo de la escoba y medio cuerpo afuera. Se agarraban al palo y mi papé los arrastraba. Después los hacia entrar por Ja ventana de mi habitacién. Todos pasaron con nosotros esa noche. La “noche del diluvio”, como la Ilamé la abuela Martita. 2¥ Ja manuelita? A la manuelita no la pudo salvar. Las tortugas no tienen manos. I De lo que entré por la ventana de mi cuarto Asi estaba yo, pensando en mi tortuga, viendo c6mo mi papa rescataba gente. Y de pronto, veo que hace en- trar a un chico. Todo mojado como estaba me costé reconocerlo, pero era él: Hernan. 2De tedos los chicos que podian entrar por mi ventana en una noche de inundacién tenia que ser él? Hernan. El que me molesta en la escuela. E] que se burla porque me gusta leer. E] que se rie de como corro en Educacién Fisica. E] que me agarré del cuello en el bario cuando le dije que si seguia molestando le iba a decir a la maestra. El que me dice; “Anteojudo”, “Chicato”, “Gordo papa”, “Mariquita”.¥ yo podré ser anteojudo porque no veo nada de nada, pero gordo no soy. Soy “corpulento”, como dice mama.Y de lo de “Mariquita... Eso es “discri- minacién”, como dice la tia Mabel. Hernan es el que se burla no solo de mi, sino de otros compafieros alos que llama “hormigas”. El que la hace Horar a Marianita todos los dias. Muchas, muchas veces me dieron ganas de defender- me o de defender a los chicos. Pero la verdad es que no me animo. Hernan es grandote.Y siempre lo acompafian. los de su “banda”, que en realidad son casi todos los chi- cos del afio.Y si yo me peleo, me quedo solo. Mas solo de lo que ya estoy. Y no es que no traté. Hablé del problema con Martin, que era mi amigo desde el jardin y que ahora esta en la banda de Hernan. Me dijo, mientras me llevaba detras de una columna para que no lo vieran: -Mira Teo, yo estoy en “la banda”, porque si no, no existis.Y vos harias muy bien en ser de la banda también. Asi te dejan de pegar y de molestar. -Ah, no, yo no soy ningtin matén -le dije. -Entonces jorobate, che.Y no me hables mas. Y ahora, parado en mi cuarto, esta él, justo él. Y mi papa que me mira y me dice: -jMira Teo a quién rescatamos! ;Este no es Hernan? -y me mira con cara rata, mientras se pone a conversar 14 con el papa y la mam4 de Hernan que estén mojados, mojadisimos. Mi mami alcanza toallas, presta ropa, ceba mate calien- te. Le convida galletitas a Hernan y me reta porque estoy como petrificado y hay que atender a la gente. Hay cosas injustas en la vida: una es que se ahogue mi tortuga y la otra..., de la otra mejor ni hablar. Ill Hernan La cosa habia sido el afio pasado. Toooodo el afio pa- sado. Entero. Porque este ano se la agarré con la pobre Mariana. Pero el afio pasado habia sido mi turno. Esté mal que lo diga, pero cuando la empez6 a moles- tar a Mariana, yo casi, casi, me alegré, aunque, por otro lado, me dio una bronca barbara. Es que Marianita y yo somos amigos, pero yo ya no aguantaba mas. Todo empezé el primer dia de clases del afio pasado. Hernan era “el nuevo”. Venia de otra escuela. En mi afio no le hacemos rancho aparte a los nuevos porque siempre estin viniendo chicos de otras escuclas. Mi mama dice que es una escuela “comodin” porque tiene secundaria y 16 los papas ponen a los hijos ahi para asegurarse el banco., Asi que nos acercamos a Hernan como a cualquier otro chico nuevo. Pablo que habia ingresado del afio an- terior le dijo: -Mira que aci no vas a tener problemas. A mi me reci- bieron re-bien los chicos el afio pasado. Pronto descubri que los problemas no los iba a tener Hernan sino yo. En mi afio a nadie le habia molestado nunca que a mi me gustara leer o que no me gustara mucho jugar al fut- bol. Me ponian al arco y listo. Todos contentos y yo no tenia que correr tanto. Soy bueno atajando penales. Pero a Hernan no le parecié bien. Al principio las car- gadas me resultaban graciosas hasta a mi. -jDale Patadura! jAnda al arco y hacé la tuya! -me gritaba cada vez que jugabamos un fulbito en el Parque San Martin después de clases. Porque yo todavia seguia jugando al futbol en esa época. Hasta que pasé lo que pasé. Hasta que di mi clase especial para el profe de Misica sobre Luis Alberto Spinetta. Esa que preparamos con mi papa que es tan fanatico del Flaco como yo. Hasta que el profe, que debe ser tan fanitico como nosotros, me puso un diez. Hasta que entregaron los boletines y la maestra me felicits. Hasta que pifié un penal. 17 Después de esas cosas fue que empezo. Hernan me esperé detras de una columna en el patio: “Dale nerd, dame la tarea de sociales o les digo a todos que sos tn mariquita que no sabe ni atajar”. Y después en Educacién Fisica, mientras el profe Gui- Ie buscaba las pelotas y ponia la red de véley: “Gordo Batata, ;vos vas a jugar voley con semejante panza?”. Hernan y las carcajadas de todos mis amigas. Otro dia, después, me llega un papelito que pasa de mano en mano en plena clase de Matematica. Me lo manda Hernan. El papelito dice:“O me das la plata que te dieron para el quiosco o te reviento la cara de una trompada en el recreo”, La maestra me pesca y me reta. Me dice que le dé el pa- pelito y yo no se lo doy y por eso termino en Direccidn. Me pongo nervioso cuando la directora me pregunta qué me pasa que ya no me porto como antes. Después me dice que por qué estoy empezando a bajar las notas. Yo me pongo mal y le contesto que a ella qué le importa y ella me contesta que no le falte el respeto. YY, entonces, los llaman a mis papas. Y me como un reto de aquellos. De la maestra, de la directora, de mis papas. Entonces, y a pesar de no ser un buchén, él me pide la plata todos los dias y yo se la doy. Yo. Se la doy porque me da vergiienza. Porque tengo miedo de que se rian de mi mis amigos. De que Hernan me pegue alguna vez, porque se lo veo en la cara cuando me mira con odio. De 18 que nadie me dé bolilla. De que no me inviten a jugar un fulbito al parque nunca mis, Por nerd. Después en casa es mi mama la que, mds tranquila, me pregunta qué me paso que le contesté asi a la seforita Alicia, la directora. Algo le cuento de Hernan. Pero no todo. Y ella me dice que lo ignore y no me meta en proble- mas. Que esa es la tinica manera de solucionar estas cosas. Lo peor es que se lo cuenta a papi. Al opina que lo me- jor es “dormirlo de una trompada” a Hernan.Y entonces discuten entre ellos y yo me voy. Yo pienso que yo no me meto en problemas, pien- so que los problemas se meten conmigo. Pienso que la trompada me esta esperando a mi. En cualquier momen- to.¥ cada dia tengo mis rabia. Lo de los cachetazos y patadas en el baiio, vino después. YY de eso, no hablé. Solo me crecié la bronea. IV O de cémo siempre que Iovid, par6é Y el agua bajé. Aunque Hernan estuviera en mi dor- mitorio y yo pensara que el agua era otra de las desgracias que habia traido él a casa. Baj6 de a poco. ¥ dejé uma marca negra en las casas para recordar que ella habia estado ahi. Pap4 fue a investigar a la planta baja cuando el agua recién le Hegé arriba de las rodillas. Pasé un tiempo largo, y cuando el sol ya estaba alto, el agua bajé del todo. Y asi como habia venido, se fue. Abajo, la casa estaba pintada de un barro negro y pegajaso. 20 Los vecinos se fueron yendo uno por uno. Todos en silencio. Hernan y su familia también se fueron, Igual, no habiamos hablado nada durante toda la noche. Me mird, noms, con una mirada lena de bronca y se fue. Nadie hablaba. No, nadie, no. La abuela Martita si: -jNene, alcanzame el trapeador! jA ver si corren ese mueble! jQué desgracia, querido, qué desgracia! Y bla, bla, blabla, bla, bla, blabla. Esa mariana de caras largas, a cada uno le dieron una tarea:a mi me tocé limpiar el patio con la abuela Martita. -jManguereame bien las plantas y sacales el barro! En esa tarea estaba cuando la vi: la tortuga debajo de la rosa china. ;Cémo habia Ilegado ahi? Toda metida aden- tro del caparaz6n. Corri a buscar un pedazo de pepino a la heladera que mama ya habia limpiado. Las cosas de adentro casi las tir todas, pero el pepino se salvé. Cuando me acerqué la tortuga seguia ahi. Estaba muy quicta. Ni siquiera se movid cuando le puse el pedazo de pepino frente a la nariz.¥ eso que era su comida favorita. 3Estaria muerta? -jMamaaaaaa! -grité-. ;|Aparecié manuelita y no sé si esta viva! Mami se asomé al patio con los pantalones arreman- gados hasta la rodilla y los pies llenos de barro. Se sacé los guantes de goma y me dijo: -Traé para aca, Teo -y la agarré. La miré, la dio vuelta, le sacé la patita de atras a los 21 tirones del caparazén y ella la volvié a esconder: estaba viva. Después dijo: -Esta tortuga esta empacada, no ahogada. Cuando vuelva la sefial del celular hay que lamar a la tia Mabel. Es la Gnica persona que conozco que sabe de estos bichos. iUf, habra que aguantarla a tu tia! Es que mi mama y mi tia son hermanas pero se “sacan chispas”, como dice la abuela Martita. Enojada como es- taba por lo de la inundacién y por lo de mi tia, mami salié corriendo para adentro de la casa, poniéndose los guantes de goma porque “habia mucho que hacer”. Es que mi mami ¢s asi:“una mujer practica”, como dice ella. Como habia que seguir limpiando yo agarré dos cosas fundamentales: el celular y mi mochila. El celular para Hamar a tia Mabel y la mochila para poner a la tortuga. Ni loco la dejaba sola a la pobre, en ese estado. Mientras tanto, seguiamos sacando muebles y colcho- nes mojados a la vereda, como todo el mundo. Vv Por fin, llega tia Mabel Dos dias tardo la sefial del celular en volver. Mientras tanto la tortuga seguia pegada a mi dentro de la mochila. Hasta a la escuela me la Hevé cuando pudimos regresar a clases. Total, es tan silenciosa que nadie se iba a dar cuenta, y, de paso, me hacia compania. Yo tenia miedo de que se me muriera por no comer. Por fin, la tia Hego la tardecita del tercer dia. El pelo largo, colorado y leno de rulos. La tinica casi tan anaran- jada como el pelo. Tia Mabel no camina: flota. O al menos eso me parece siempre a mi cuando la veo venir, con sus polleras de seda amarillas al viento y los pelos flotando. Es linda, mi tia 23 Mabel. Linda y loca (lo de loca lo dice mi mama). Entra cantando a mi casa unas canciones en un idioma raro que me encantan: -Mantras Teito, son mantras -me explicé. Esta vez se fue derecho a la mochila, y juro que yo no le habia dicho nada de donde habia puesto a la tortuga. Casi ni le dirigié la mirada a mami, pero le dijo: -:Cémo vamos Susana? -|Como podemos, che, como podemos! -contesté mama con cara de pocos amigos y siguié tirando libros himedos en una bolsa de residuos. Y ahi noms la tia sumergié la cabeza en la mochila y la escuchamos cuchichear adentro. ~Mssss, bueno chiquitita, mfififififif, jaja! Bsssss, bssss, si. Después sacé la cabeza de la mochila y apoyandosela en el regazo mientras se sentaba en el sofa, dijo muy seria, -No va a ser facil, mi Teo. Nada facil. Yo, titubeando, pregunté: -Tia, ;no sale del caparazén ni come porque tragé mu- cha agua o porque esta asustada todavia? Ella negé con la cabeza varias veces en silencio y dijo después: -Ni una cosa ni la otra. El problema es un problema mucho mas viejo que se activé con la inundacién, -jLas cosas que hay que escuchar! -dijo mama y se fue a la cocina a preparar el mate. VI El conjuro Mama con el mate en la mano y el termo bajo el brazo, en la puerta de la cocina con cara de “;No pue- de ser lo que yen mis ojos!”, La abuela Martita con el rosario en la mano, rezan- do en un rincén del living por “Los inundados”. Yo, sentado como chino en el suelo con la tortuga sobre las palmas de las manos. eY la tia Mabel? La tia Mabel haciendo un circulo de velas rojas conmigo adentro, bailando a mi alrededor y cantando una cancién: 26 Todas las tortugas tienen algo que decir: Vienen a este mundo Su Sapiencia a compartir. Una en cada casa con su tiempo sin final. Una y un mensaje, que tu debes escuchar, Ya legd la hora y su nombre nos dara. jAbran las orejas que su tiempo llega ya! Después terminé6 la danza. Tia Mabel se desplomé, agotada, en el sofa. Mami le acercé el mate: -|Deci que Teo esta mal con lo de la tortuga! jQue si no! jPero mir4 que sos teatrera, hermana! -No, esto no es teatro, Susana. Abri tu campo ener- geético: todas las tortuguitas que llegan a una familia vienen a protegerla. Por eso esta no se ahogo. Te digo mis: si no hubiera estado en el patio, el agua hubiera llegado al techo... -jDejate de jorobar, Mabel! -grité mama indignada-. Mira que estas cada dia mas loca, jgsacerdotisa de tor- tugas sos ahora?! j;Adivina de desgracias?! -jChicas, basta! -dijo la abuela levantando la vista de sus oraciones. 27 Y como si mi mam4 no existiera, la tia Mabel me agarré de la punta de la pera con dos dedos y me cla- v6 una mirada profunda a los ojos mientras me decia: -jTeo, esta tortuga anda buscando su nombre! -jPero si ya tiene uno! -le dije.¥ ella, como si nada, siguid: -jAtento, porque no sale del caparazén hasta que vos no se lo encuentres o hasta que la ayudes a que lo haga, no sé! jA abrir esas “antenitas”, pichén! Se hizo un silencio inc6modo. Tia Mabel suspiré al fin y dijo: -jNo, si cuando yo digo que parecés hijo mio, no me equivoco! Fue la gota que rebalsé el vaso... el vaso de mi mama: -jDeja a ese chico tranquilo! -chillé hecha una fu- ria, mientras la tia Mabel, muy campante, salia de casa. Mientras, se acomodaba al hombro su morral de crochet, por el que se escapaban las velas rojas. -jAh, gracias por la invitacién a cenar! -dijo mientras cerraba la puerta. A mi me parecié que a mami le salia humo por las orejas. VII 3Un sueno? No sé bien lo que pasé esa noche. Cenamos, si, de eso me acuerdo bien porque mami discutié con la abuela por Jo de la tia, Pero yo las escuchaba como de lejos. Me habia quedado pensando en lo del nombre de la tortuga. No sé. Y en la cancién de Ja tia también. Como era que decia? “Una y un mensaje que ti de- bes escuchar. ..”? Algo asi. ;Pero qué mensaje? Hasta me parecid ver en la sopa de letras una palabra que se queria formar. Revolvi con la cuchara para ayudar, pero, nada. A-N-T-I, L-E-N-T... se trataban de ordenar y se volvian a desordenar: O-N-A-L-I-N-T-E. Mama me reté por papar moscas y tuve que tomar la sopa fria. 29 Me fui a dormir y sofié. Yo suefio siempre mucho. Co- sas lindas y otras no tan lindas, como cuando suefie con Hernan y su banda. Esa noche tuve varios suefios cortitos. En todos ellos aparecia la cara de la tia que me hablaba con la tortuga en la mano. Yo no podia entender lo que decia. Era como una pelicula muda, en camara lenta. Me desperté una ul- tima vez. Eran las dos de la mafiana, Todavia me quedaba la sensaci6n del suefio pegada, Bajé a la cocina a tomar agua para espantarmela. La manuelita dormia al lado de la heladera. Desde la inundacién mama me habia dado permiso para entrarla todas las noches. No fuera cosa que se larga- ra a llover otra vez... Me le acerqué despacito y le pasé varias veces las ye- mas de los dedos por el caparazén. Por cada una de las escamas. Se las conté. Eran trece las que formaban el ca- paraz6n y veinticuatro las de la pollerita de alrededor. La nica que no me animé a tocar fue la de la cicatriz, No sé por qué. Ella, ni pio. Siguid durmiendo. Yo, entonces, me volvi a la cama. Todavia sentia la rugo- sidad del caparaz6n en las puntas de los dedos. Algo como un hormigueo.¥ eso es lo tltime de lo que me acuerdo. La arena es una cosa molesta para los pies. Sobre todo si esté caliente y uno esté descalzo. Descalzo, en piyama y parado frente aura muralla inmensa, interminable. 30 Miré a la derecha y vi que la muralla se perdia en un hori- zonte amarillo, Miré para la izquierda y vi a la muralla desaparecer a lo lejos, mientras trepaba por unas montafias secas. Busqué un refugio de sombra contra la muralla, Traté de ordenar las ideas, los colores, las distancias para saber de qué se trataba todo esto. jAA, si! Esto es otro suefio. ¢No es raro darse cuenta? No sé. Algo ridiculo lo del piyama, pienso. En otros suetios estoy vestido de explorador, de superhéroe, de ninja. ¢Pero en pryama? Hace calor, El sol me cocina la cabeza y estoy mareado. La sombra no me alcanza porque el sol debe estar en su “cenit”, como dice la sefiorita Olga cuando explica lo de la rotacién y la traslacion con una esferita de telgopor y una lampara. “En su cenit”, O sea que es mediodia, o casi. Me apoyo contra la muralla buscando un poco mds de som- bra. Me pongo largo y flaco. Las piedras de la nusralla se me cla- van en la espalda, pero yo insisto porque la sombra se me achica. ¢ Qué es esto? Las piedras se mueven. Hay wn marmullo extraiio que sale del muro: -jA mi! jA mi! -dicen. -; Yo, a mi! ;Sacame a mi! -ruegan las piedras que ya no son piedras. Son tortugas de todos los tamafios, apiladas unas sobre las otras, Les veo las patas traseras y las colitas que se mueven y remueven. La muralla es una linea de tortugas que me gritan. -jA mi! jA mi! Intento tironear de wna pequefiita y la muralla tiembla y se retuerce. Esta muy pegada a las otras tortugas. Toda la pared em- pieza a gritar. Puedo sentir ese temblor en la palma de la mano. “A la una, a las dos, a las tres”, pienso y doy un tirdr. La muralla se deshace, se derrumba como un castillito de arena en la playa cuando lo toca el mar. Miro mi mano: la tortuguita tam- bién es arena que se escapa entre mis dedos. VIII En el desierto Mama me desperté cuando abrié la puerta de mi dormitorio con una taza de café con leche humeante. -/Vamos vagoneta, que ya son las once y el dia esta lindo! -me dijo mientras me daba un beso en la frente. ‘Yo ni me acordaba de que era domingo. -;Mama, puedo ir a lo de la tia con la tortuga? -dije, mientras trataba de terminar de despertarme. -jOtra vez con eso, Teo! [Si la tortuga ya esta bien! ;No comié pepino ayer? -|Dale mami, dejame ir que le quiero preguntar algo a la tia! -y le pongo mi mejor cara de bueno. oo -jMira que sos zalamero! Bueno, pero vas después del almuerzo. Hoy papi esta en casa. Hace mucho que no estamos en familia. Tomate la leche que se te junta el de- sayuno con el almuerzo -Y salié del cuarto hablando en- tre dientes. Me parecié que la oia decir: “Este chico, este chico”. Me levanté de un salto. Tenia el puiio derecho cerrado, todavia muy apretado. Lo abri y una arenita amarilla y fina cayé sobre la alfombra. ~jAja! -dijo tia Mabel después de que le conté mi suefio-. No me asombra para nada, pichén. Pero la cosa es seria... Yo me quedé esperando la pregunta: -iDecis que tenias arena en la mano? -Si, tia, eso es lo que no entiendo. ;Qué me pasé? :De dénde la saqué? ;No seré sonambulo yo? -jNo! jEs simple! Vos mismo lo acabis de decir: la sa- caste de tu suefio. La miré como Ja mira mi mamA cuando piensa que esta algo loca. -jNo me mires torcido, Teito! -me pescé al vuelo-. Esto es serio porque el suefio te dejé un mensaje. Esta noche volvé a tocarle las escamas a tu tortuga. ¥Y veamos qué pasa. Digamos otra vez la formula hasta que te la aprendas. Y empezs: 34 “Todas las tortugas tienen algo que decir: Vienen a este mundo Su sapiencia a compartir...” La repetimos tantas veces que al final me la aprendi. -Pero tia -le dije-, squé quiere decir todo esto? -Eso es algo que tenés que descubrir por vos mismo. Yo solo sé que las tortugas son sabias y que si te eligen es porque tienen una misién. Esa misién te involucra a vos. Es que cada persona tiene que descubrir algo importan- te en su vida. Ella te eligié a vos. Tal vez para ayudarte o para que la ayudes. No sé -dijo, y después de pensar por unos segundos, continué-. Acordate cémo es que llegé a tu casa. Mientras decia estas palabras me Ievé hasta la puerta de entrada. Después me besd en la frente, me acomodé la mochila y cerré la puerta. Me quedé en el porche al lado de mi bicicleta. Des- pués de sacarle el candado, me subi y comencé a pedalear. Tenia que volver a casa. El sol de la tarde de otofio me llevé por calles llenas de tilos amarillos. Las hojas eran un colchén mullido y las ruedas de mi bici iban haciendo un zumbido suave al pisarlo, Ni un alma en la calle, Pilas y pilas de muebles retorcidos. Pilas y pilas de baldosas de veredas rotas. Aun asi, el dia me sonreia desde el sol. 35 “Todas las tortugas tienen algo que decir...”, pensé. Entonces me acordé: fue un verano, viajando de vuelta de las vacaciones. Habiamos ido al sur y ahora volviamos por un paisaje llano, igual, siempre igual, que nunca terminaba. Quilé- metros y quilémetros de pastos secos y alguna que otra piedra en el medio de la nada. Papa casi la pisa con el auto. -jCuidado con el bicho! -grité mama que fue la pri- mera en verla. 36 Frenamos de golpe y después papa pardé a un costado del camino. Bajamos todos y alli estaba manuelita, pasito a paso, despacito caminando por el medio de la ruta inter- minable. Iba en la misma direccién que nosotros. -Ponela a un costado y vamos -me dijo papa. Yo lo intenté mas de tres veces, pero ella se empecina- ba en volver a la ruta y caminar por el medio. Ensayé una mirada suplicante y dije: -\Porfis! ;Me la puedo quedar? -jNo me mires con esos ojos de carnero degollado! -dijo maméa-. Esta prohibido. Estos bichos estan en peli- gro de extincién. -jPrimero que no es bicho, es tortuga! ;Ademis la van a “extinguir” muy pronto los autos o los camiones -dije con seguridad-. jEs cuestién de salvarla para que no la “extingan”, mami! -jY..., cuando Teo tiene razén, tiene razdn! -agregé papa y me guifé un ojo. -jAh claro, ahora ya lo veo! ;Otra vez los dos aliados en mi contra! jPero que conste que yo, ni una lechuga le voy a dar al bicho este! -terminé por decir mam, mientras volvia al auto. -Meté “al bicho” en la canasta del mate y tapalo bien con la servilleta -sugirié mi papa. Recuerdo que me senti un personaje en una pelicula de Ja mafia. 37 Desde entonces teniamos en casa a manuelita. Yo tenia ocho afios en ese viaje. Habian pasado varios afios desde entonices, tres en total. Asi habia llegado a casa la tortuga. Yo creo que habia querido venirse con nosotros. Al final, la tia Mabel tenia razon. IX La muralla Esa noche hice las cosas bien, Cené sin papar moscas. Me fui a dormir temprano. Pero no dormi. Esperé que todos se acostaran, Esperé que se apagaran las luces. Primero se apagaron las de la abuela Martita. Como a las doce las de papa y mama. A las dos de la mafiana me animé a bajar. En la cocina me agaché y con la punta del dedo indice comencé la recorrida por las trece escamas. Sin quererlo, los versos me salieron de los labios como un susurro. Pronto llegué a la escama niimero trece, pero no la toqué. Un poco porque era la de la cicatriz y otro poco porque algo me detuvo. 39 En puntas de pie volvi a mi cama con el propésito de sofiar la muralla. Aqui estoy. Parado frente a la muralla mirando cémo se mue- ven las miles de patas y colitas de las tortugas. El sonido es insoportable. Miles de voces chillonas gritando “iA mi, a mil”, Corro de un lado para el otro, No me decide, ¢Esta marroncita 0 aquella mds clara? ;Cudl es mi manuelita? éDénde esta, en este muro gigantesco? ¥, entonces, comienzan a salir de mis labios los versos que se me hacen canciért -porque ahora canto con urta voz que no me conoca-: “Todas las tortugas tienen algo que decir...” Mi voz es fuerte. Me lleva, mientras canto, al lugar indicado. Albi, justo ahi, donde el muro es mas alto y se ve una torre. No sé por qué pero mientras canto, me trepo. ¥ no estoy cansado a pesar del sol y del calor, Hay una fuerza extratia que me sube por el cuerpo, un calor nuevo y agradable. Me siento un guerrero, un héroe. Los pies se me acomodan sobre tortugas que sobresalen como escalones. Todo el muro tiembla y se mueve. Se hace dificil esealar. A mi no me importa, sé adbnde voy. Pronto la veo, alli, en la punta de la torre, asomando su capa- razon arrugado, Sobresale mas que las demas. No se mueve, esta quieta, con las patas y la cola escondidas. Canto fuerte: “Una en cada casa con su tiempo sin final. 40 Una y un mensaje, que ti debes escuchar.” Cuando la alcanzo, no la toca, Dejo de cantar y apoyo la ore- ja sobre ella, Escucho una voz que desde adentro de mi tortuga me contesta: “Ya llegd la hora y su nombre nos dard. jAbran las orejas que su tiempo llega ya!” Por eso la tomo con la mano derecha, mientras el muro se sacude y yome agarro para no caerme. Entonces me pasa: fengo miedo. Todo retumba y las voces chillan otra vez: “jA ml, a mi! jA ella no!, jA ella no!”. El muro es una serpiente que se retuerce y me quiere tirar. Las voces me ensordecen y gritan cada vez mds fuerte: “jA mi, a mi! jAnteojudo, marigquita, gordo papa, a ella no, a mil”. Enfurecido, el muro me golpea. Me quiere separar. “iA mi! jA mil, ;Initil!”, me grita.¥ siento el mismo miedo y la misma bronca de siempre. Estoy enojado, tan enojado que canto furioso la cancion de tia Mabel: “; Todas las tortugas tienen algo que decir!”. Doy el tirén con fuerza de guerrero, Es la victoria. Entonces, el muro se hace arena, se desploma en camara lenta y caigo, caigo en un poze hondo y oscuro, con mi tesore en la mano. Tadavia canto. xX Cobarde Cuando me desperté no habia arena en mi cama. Pero, misteriosamente, la tortuga dormia sobre la palma de mi mano abierta. Nos despertamos juntos. Ella sacé su ca- becita del caparazén y abrié los ojos redondos y negros. Nos miramos. Justo en ese momento, mamé pegé el grito: -jA desayunaaaaaar! Bajé con la mochila para ir al cole. Por supuesto, la tortuga estaba adentro. -jVeni para aca, dame eso lombriz de tierra! -le grité y ella agaché la cabeza y le dio el paquete de galletitas que 43 su mama le habia comprado antes de entrar a la escuela. Yo miré todo desde atras del arbol grande del patio. Era antes de que tocara el timbre para formar y saludar a la bandera. Ell le seguia diciendo: -jLombriz! jQué fea sos! jSeguro que a vos te miran en tu casa y piensan que sos la soga de colgar la ropa! jJa, ja, ja! Y Mariana se quedé congelada, mientras Hernan le decia otras cosas horribles, con todos los chicos alrede- dor. Yo escuché las risas y también me congelé. |Me dio tanta bronca! Por ella. Pero también por mi. Escondido. iSuperhéroe y guerrero solo en suefios! Y, por fin, tocé el timbre, Los chicos se ordenaron en las filas. Sali de mi escondite y me acerqué a Marianita. ‘Como los dos somos altos, nos formamos atras de los de Ja pandilla. Pero Hernan estaba detris de mi, porque es el mas grandote del ao. Miré a Mariana. Tenia los ojos llenos de lagrimas. Hernan me tocé la mochila, tironeandome para atras, palpando, como quien busca algo. Después me dijo al oido: -iQué tenés en la mochila vos? :Una pelota? jA ver, dame! Pero por suerte, se acercé la directora y todos comen- zamos a cantar, mientras la bandera, celeste y blanca, fla- meaba con el viento de la mariana y me salvaba: “Alta en el ciclo, un Aguila guerrera...” Dentro de la mochila, la tortuga se movid. 44 -iComo te fue en el cole? -dijo mama y me puso adelante un plato de sopa. -Bien -contesté, pero ella,no me creyé: -Teo, a vos te pasa algo. Desde antes de la inundacién que no venis contento del colegio. ;Andis con proble- mas? -No, mami -dije, y meti la nariz en el plato. -iNo sera ese chico, otra vez, no? -;Qué chico? -dije, haciéndome el tonto. -Ese, el que vive aca a la vuelta, Hernan. El que resca- tamos con papi en la inundacién. Yo, ni pio. Me hice el tonto y puse cara de “no sé de qué me estas hablando”, Mama me miré con una cara de esas que pone ella cuando te hacés el bobo: -jTeo, no te hagas el que no sabés! jEl del problema del afio pasado! -jNo, ma, nada que ver! -dije para disimular. -iNo te estara molestando otra vez? -dijo con el cefio fruncido-. Ya te dije que lo ignores y listo. Entonces hice ruido tomando la sopa para distraerla: ~|Frrrerr! | Suuuiiiipp!|Frrrrrr! -|Ay Teo, no seas asqueroso y toma bien! -me grit. Y asi la hice olvidar y no contesté la pregunta sobre Hernan. Mi mama no podia saber las cosas espantosas que pasaban en la escuela. No podia saber que su hijo era un cobarde. XI Palabra de tortuga Después de comer me encerré en mi cuarto. Estaba enojado. Triste también. Saqué a la tortuga de la mochila. Le di agua y le corté una rodajita del pepino que tenia escondido debajo de la almohada. Ella comié despacito, sacandole unos mordiscones enormes para esa boca tan chiquita. Después fue que me miré fijo. O al menos eso me parecié. -iQué querés? -le dije. Ella estiré su pescuecito. Yo le acaricié la parte de abajo con el dedo.Y, para mi asombro, suspiré. La segui acari- ciando y siguié suspirando. Entonces la miré y le dije: -iCémo te llamas vos? ;manuelita? 46 Por supuesto, no me contesté. No sé por qué le pregunté algo tan tonto. Parecia contenta con mis caricias. Le toqué suavecito el caparazén: la pollerita primero, las placas de arriba des- pués. Con la punta del dedo.Y como estaba triste, enoja- do, qué sé yo, me puse a cantar la cancién de la tia, bien bajito. Estaba por terminarla cuando, sin querer, el dedo indice se me fue alli,a la placa de arriba, donde estaba su cicatriz, No sé por qué se la apreté. Mientras cantaba todavia: “Ya llegd la hora, y su nombre nos dard. ;Abran las orejas que su tiempo llega yal...” La tortuga dio un mordiscén en el aire. Pero esta vez no habia pepino... Mi tortuga abrid la boca y escuché: -Antigua, Antigua Pasolento, me llamo. -7Queeeeé?-dije asustadisimo. -Que me llamo Antigua Pasolento -repitié arrastrando las palabras. -jPero las tortugas no hablan! -respondi. -No hablan a los que no pueden escuchar. Pero vos si podés, Teo. Me quedé inmévil. Como si me hubieran atacado con una pistola de rayos paralizantes. Como si estuviera en una pelicula. No lo podia creer. Ella me miré y me dijo con su voz de vieja: -Hace muchisimos afios que no hablaba. Y tenia muchas ganas. jHay tanto que decir! (Tengo tanto que 47 decirte! ;Ah! j|Gracias por haberme despertado y por ha- berme devuelto mi nombre! La miré con ojos de huevo frito pero no me salié nada. -jNo te asustes! -me dijo-. jAl final, vos mismo me despertaste! Como nadie me Ilamaba y empezé a llover, yo ya habia comenzado a hibernar. No me gusta nada el agua, me da frio. Aunque sé flotar, coma habrias visto... -Sssssi -dije con la lengua trabada. -Hay muchas cosas de las que tenemos que hablar vos y yo. Al final, como dice tu tla Mabel, nosotras venimos a las familias pata que alguien descubra algo importante. Yo le digo “la maravilla”. “De qué esta hablando este animal?”, pensé. Pero no le dije nada. Me dio miedo de que se enojara y volviera a hibernar, al final es una tortuga. Antigua Pasolento caminé despacito hasta donde es- taba yo. Y como estaba sentado en el suelo trepé con di- ficultad por mi rodilla. Cuando subié, estiré el cogote arrugado y dijo: -Agachate y para la oreja que te digo cual es tu mara- villa. Después suspiré tres veces. Yo obedeci y puse mi oreja a Ja altura de su boca. Y ella, entonces, me la dijo. Palabra por palabra, despa- cito.Y... es una tortuga. -iEso? -dije yo-. ;“Eso”, justamente! 7Yo no quiero! -Si -me contesté ella muy segura. 49 -No voy a poder -le dije. -Veremos.., -dijo ella y bajandose de mi rodilla ca- mind despacito, despacito y se metiéd en la mochila que estaba abierta en el piso de mi cuarto. Desde adentro la escuché: -Ahora vamos para la escuela. XII Otro dia en la escuela... Al dia siguiente caminé hasta el cole. Me sentia distinto. Una mezcla de miedo y seguridad muy rara. Antigua Pasolento viajaba en mi mochila y yo ya sabia cual era mi maravilla. Pero... qué iba a hacer con todo eso? El dia estaba soleado a pesar del frio del invierno. La vi a Mariana escondida detras del tilo enorme que hay en la puerta y me fui directo adonde estaba ella. -jHola Marian!, :c6mo ands? -le dije. -Bien -me contesté dudosa. -iQuerés que entremos juntos? Marianita puso cara de asombro. Cuando pone esa cara es muy cémica. Frunce la nariz y abre los ojos muy gran- des. Parece un renacuajo. 51 -jINo me pongias esa cara! ; Vamos que esta por tocar el timbre! -y salimos los dos corriendo. Pasar la puerta fue facil. Pero lo que vino después, ese dia, no. Hernan empezé desde temprano. En la fila para formar ya la tironeé del pelo a Mariana. Yo lo miré fijo y como Ja maestra estaba caminando justo por al lado nuestro me salvé de un golpe, pero él me sacé la lengua, Siempre bus- ca el momento de hacer algo cuando no lo ven. Al entrar al aula empezé de nuevo: -jPrimero las damas, mejor dicho las lombrices babosas! jSos tan fea y flaca que a vos no te debe querer ni tu abue- lita! -le dijo a Marian y todas las chicas de la fila se rieron. La pobre Mariana agaché la cabeza y entré al aula. La senorita Pamela pregunté: -iY ahora de qué se rien ustedes? -De nada, sefiorita, de un chiste sobre una lombriz que hizo Hernan -dijo Martina y miré a Mariana que se achicé como si fuera realmente una lombriz cuando la estan por clavar en el anzuelo. Martina es wna de las tres chicas que gustan de Hernan. Las otras son Consuelo y Romina. Antes las tres eran las mejores amigas de Mariana. Pensé que a Mariana, después de que las chicas se hi- cieran amigas de Hernan, ya le estaba pasando lo mismo que a mi: eso de creerse lo de que era fea, flaca y babosa como una lombriz. Como yo, que pensaba que era un pa- 52 tadura o un inservible. No sé, a mi siempre me gustaron. la cara de renacuajo asombrado que pone Marianita y su pelo negro, tan brillante. Ademas, Mariana es una amiga como hay pocas: siempre presta la tarea de matemiaticas porque es bastante genia y como sabe que me gustan los caramelos de dulce de leche que le da su abuela, me los trae de regalo: media bolsa para ella y media para mi. Por eso me da tanta bronea que ya se le noten las mar- cas de Hernan y casi no se ria. Ni siquiera me contesta los mensajes de celular. Antes chateabamos también, pero con tedo lo que Hernan y las chicas le dicen en internet, ya no se anima. Tampoco se lo quiere contar a la mama. El tinico que lo sabe soy yo, que soy el que le queda como amigo. Si no estaria mAs sola que un hongo. En la hora de Sociales estuvimos bastante bien: Her- nan le tiene miedo a la sefiorita Stella. Es que es mas mala que él. No vuela ni una mosca en su clase. Pero cuando volvié la sefiorita Pamela que es re-buena, empez6 otra vez con cartitas y avioncitos de papel. Uno se le clavé en la trenza a Marian. Marian lo abrié y me lo mostré. Decia:“En el recreo te espero sola atras del arbol, ya sabés para qué”. Temblaba como una hoja y los ojos se le Ie- naron de lagrimas. A mi me subié una bronca negra por la garganta pero, como siempre, me quedé quieto. Tenia bronca, pero tenia miedo. Definitivamente, no soy un superhéroe. XII Maravilla en la escuela Entonces, desde adentro de la mochila que colgaba en el respaldo de la silla, escuché la voz de Antigua Pasolento que me decia enojada: ~¢Cual es la maravilla que fii la ocultas? Palabras que son claras, ti las sepultas. Palabras que son puentes de orilla a orilla, palabras que ttt sabes, unen las gentes... 54 Desesperado miré para todos lados, Los chicos estaban doblados sobre las cuentas en sus carpetas y nadie parecia haber oido las palabras de Antigua Pasolento. Si se daban cuenta, estaba frito. Disimuladamente abri la mochila como para sacar algo y la tortuga, taconeando con la patita trasera sobre mi diccionario, me dijo: -Por supuesto que solo me escuchas vos, ; Vas a usar tu maravilla o no? Si no lo vas a hacer me tengo que volver para el Sur -después medité un segundo y continud-. jEs raro que yo me equivoque de familia! ;Y menos de persona! jEstoy segura de que esa es tu maravilla! ¥ las maravillas estan en la vida para ser usadas... Entonces, la sefiorita Pamela me preguntd: -:Teo qué hacés con la cabeza metida en la mochila? ¢Te olvidaste algo? -No, Seiio. Busco la regla noms -contesté temeroso. Todos se rieron de mi. Después de un segundo me paré no sé por qué y le dije a la maestra: -Sefiorita, :puedo ir a hablar con la directora? Creo que la agarré tan desprevenida que me dijo: -Bueno. jMinuto fatal! Ya no me podia arrepentir. Toda la clase me miraba, Debo haber parecido un zombi, Empezaron las carcajadas mientras yo seguia ahi parado con la mochila en la mano. 56 -jSilencio chicos! |Silencio ya mismo o se quedan sin recreo! -dijo y todos se callaron como por arte de magia. Sali del aula. ;Qué le iba a decir a la directora? ;Me habia vuelto loco? XIV Teo, a Direccién La verdad, no sé qué me pasé en la Direccién, Me acuerdo que pedi permiso para entrar, me senté y... no dije nada. -Qué necesitis, Teo? -me dijo la directora. Yo, ni mu. Se hizo un silencio largo. La directora me miré torcido, Todavia le duraba la bronca de nuestra ulti- ma conversacién. Me dijo: -jSi no tenés nada que decirme, volvé al aula! Me levanté y, cuando estaba ya con la mano en el pi- caporte, me subié una cosquilla por la garganta y se me quedé en la lengua y en los labios. La boca se me abrié sola y hablé. Dije: 58 -Hernan, La directora me miré y me dijo: ~:Qué pasa con Hernan? Entonces, ahi si que las palabras me salieron prolijitas y ordenadas de la boca. No parecia yo el que hablaba. ¥Y si, hablé. Le conté todo. Lo de las amenazas, los gol- pes, el resto de los compatieros haciendo “rancho aparte”, Marianita, internet y lo que pasaba también en los recreos y en la puerta de la escuela. 59 La directora me escuché como si yo fuera una persona grande. Con atencién. Desde adentro de la mochila yo podia escuchar que Antigua Pasolento decia:“;Qué fabuloso, qué maravilloso!”’. -Yo no quiero que lo castiguen a Hernan, quiero que él entienda y que lo ayuden -le dije a la directora. Ni bien estas palabras salieron de mi boca me quedé mudo. “;Que no lo castigaran!, |Que lo ayudaran! ;Qué me pasaba, me habia vuelto loco? jSi se merecia que lo hicieran puré de papa!”. Después, para rematarla, me salié: -Hernan necesita ayuda ya, porque se esta convirtien- do en alguien peligroso, y lo que es peor, hace cosas a espaldas de las maestras y nadie se da cuenta. Pero yo creo que él, en el fondo, también esta solo y es por eso que nos hace estas cosas. Son los grandes los que nos tienen que ayudar a todos, zno?, si no, gpara qué estamos aca en la escuela? ;No es para que nos ensefien? Después de decir esto, me acuerdo que pensé:“;Estoy loco yo? j|Cuando este pibe se entere de que le conté a la directora me mata!” La directora se rascé la cabeza como cuando piensa y dijo: -Tenés toda la razén, Teo. jNo pensé que fueras un chico tan maduro! Vamos a hacer algo, quedate tranquilo -dijo mientras me acompafiaba a la puerta y continud-. jAh!, y decile a Mariana Benitez que venga a direccién antes del recreo. 60 Sali al pasillo y ella cerrd la puerta. Me apoyé en la pared con la mochila colgando de la mano, Desde adentro escuché que Antigua decia: “Misién cumplida, la maravilla funciona... de maravilla”. -jQué hice! -me dije. Antigua me hablé desde la mochila: -3Cémo “qué hice”? jPusiste a fimcionar tu maravilla! Pero a mi, con el miedo que tenia, no habia maravilla que me tranquilizara. XV Consecuencias no tan maravillosas Pasaron varios dias. Igual yo seguia hecho una pila de nervios. Habian llamado a los padres en la escuela y co- menzaron a darnos charlas sobre cémo tratarnos entre compatieros. Citaron a mis papas,a los de Marianita y... ja los de Hernan! Otro dia lamaron a Hernan a direccin. Cuando volvié, me miré a mi y la miré a Mariana. Cuando la maestra no lo veia nos dijo, por le bajo: -jUstedes dos me las van a pagar! -y nos hizo un gesto de cuchillo en la garganta con el dedo. ‘Yo me senti muy mal. Por haberla metido a Marian en este lio. Creo que eso fue lo peor de todo. 62 En casa tuve tiempo pata pensar... y para hablar con Antigua Pasolento. Ella me ayud6 a aclararme las ideas. Mientras mordisqueaba un pepino sobre mi almohada, me decia: -Mffinnn, crunch, crunch, miifinnn, las cosas que uno siente bien adentro, glup, glup, no siempre las tiene en claro. A veces, crunch, crunch, no sabemos quiénes somos y creemos que pensar como todos es... -y aqui hizo una pausa porque el pepino se le habia quedado pegado en la parte de arriba de la boca- es, lo correcto. -iVos me lo decis por lo que le dije a la directora sobre Hernan? -Si, algo asi, crunch, crunch -siguié ella. -La verdad, después de pensarlo mucho creo que él es asi por algo. -z¥ qué es lo que sabemos de Hernan? -dijo la tortuga. -¥... sabemos que es un matén. Sabemos que molesta a Marianita y que me molesto a mi. Mucho tiempo. -2¥ por qué los molesta? -No sé, capaz porque ella es buena, no solo en Mate- matica sino con todas. -Sabemos que molesta también a Teo... Y ahi se me hizo la luz: -j...porque sabe sobre Luis Alberto Spinetta y es bue- no en Lengua! Antigua Pasolento asintio, jHabiamos descubierto la pélvora! Ahora entendia por 63 qué me habia salido de adentro eso de que Hernan necesitaba ayuda. También sabia que Hernan era un con- sentido, que tenia muchas cosas y se mandaba la parte con Jos regalos que le hacian sus papas, y sabia que Hernin ra... repetidor, Por eso era mas grande que nosotros. Al final, lo que se me habia escapado de la boca en Direccién no era otra cosa que algo que yo mismo sabia. Antigua tenia razon. No es facil conocerse. ¥ conocer a los demas, menos. XVI La lluvia, otra vez Y seguimos asi varias semanas: talleres, charlas. Papas yendo y viniendo a la escuela, Mas talleres para padres. Pero nosotros, los chicos, ni mu. No hablabamos de la cuesti6n. Nos hablaban a nosotros. Yo me sentia re-mal pensando que todo eso era mi culpa. Encima me tuve que aguantar varias “charlas” de mi mama y mi papa. -j#Como ne nos habias dicho nada?! -dijo mama una nochecita. -Es raro que te hayas aguantado tanto tiempo. Si vos sabés que podés contar con pap4 y mamé siempre... -agregé papa, y un poco me soné a reproche. 65 Imposible explicarles lo del suefio, lo de mi maravilla y lo que pasa cuando uno la pone a funcionar. Imposible que me creyeran que Antigua era una tortuga “habladora”. Im-po-si-ble. YY, hay muchas cosas que son imposibles, pero otras pa- recen imposibles y no lo son. Lo digo por lo que pasé la semana pasada, a la salida del cole. El timbre tocé como todos los dias, a las doce y media. El cielo estaba negro, muy negro. Habia empezado a Ilo- ver. Por eso no formamos en el patio sino en el salén de actos. Abrieron la puerta principal y ahi vimos el mar de paraguas y la lluvia que caia, suavecita. Los autos se juntaban en la puerta de la escuela y los padres hacian sonar las bocinas. Era un loquero de gritos de chicos, de gritos de padres, de bocinazos y de autos en doble fila. Nosotros veiamos el espectaculo con la puerta abierta, antes de salir. Todos parecian locos. -jDos gotas de agua y se viene la histeria colectiva! -le dijo la sefiorita Stella a la sefiorita Pamela. -Y Stella, la gente se quedé muy mal después de la inundacion,.. hay que comprenderlos -contesté la sefio- rita Pamela. -jVos porque sos joven! /Yo hace mas de veinte afios que me vengo aguantando los dias de lluvia! -le retrucé 66 y siguid a los gritos-. jE] que no esta formado no sale! jNo-sa-le! Todos se quedaron quietos. A la sefiorita Stella hay que creerle lo que dice, sobre tado si est4 enojada. -jLos que se van solos se forman detras de mi! -cacareé y yo me acomodé en la fila detras de ella. Fui el primero. Me apuré, no fuera cosa que Hernan se me pusiera detras y me empezara a molestar. Hernan también se va solo. Desde marzo de ese afio, y solo porque tenés once afios y 4 tu papa le parece bien, aunque yo tengo mis dudas, como dice mi mama, yo me volvia caminando a casa desde la escuela. Son nada mas que seis cuadras por la calle 19 y la maestra ya estA avisada y tiene la autorizacién que le escribié mi papa. Al final, como ya dije, salimos por la puerta grande del salén de actos, como siempre que llueve. Los chicos parecia~ mos una manada de caballos locos, todos corriendo y em- pujando, mochilazo va, mochilazo viene. Las maestras nos gritaban y trataban de ordenarnos pero las ganas de salir y la lluvia pudieron mas.Y no hubo sefiorita Stella que valiera. Caminé con Ja mochila sobre la cabeza. A Antigua la habia dejado en casa esa maiiana con un empacho de pe- pino y dolor de panza. Pensé para adentro; “Es una Iuviecita, nomas, Tranqui- lo Teo”. Pero pronto, muy pronto, el aguacero se hizo grande. 67 La gente corria en la calle, saltando los charcos que ya se habian empezado a formar. Escuché que un sefior parado en la puerta de una ver- duleria decia: -jEsto no me gusta! jMire cémo esta subiendo el agua! [Ya llega al cordén! Mas adelante una viejita queria cruzar la calle... con el agua a los tobillos. La avenida pronto fue un rio torrentoso que desbordd y alcanzé las veredas. Pensé: “Esto se parece a la otra inundacién. Mejor me apuro”.Y un miedo negro me subié por la espalda. ~jTeo, corré a tu casa que yo no tengo planta alta y esto se pone feo! -me grité al pasar Eugenio, el almacenero, que ya estaba sacando el agua del negocio con un escu- rridor. -jSi, Eugenio, en eso estoy! -le contesté y empecé a correr como podia. Con el agua a los tobillos,se me hacia muy dificil. La calle 19 se inunda siempre, y muy rapido, sobre todo a la altura de mi casa, asi que corri pegadito a la pared de las casas, como me habia ensefiado papa. Muy pronto casi no podia ver por donde iba. La lluvia era fuerte y la mochila ya no me servia como paraguas. Las zapatillas me pesaban y costaba correr porque el agua tiraba fuerte, y yo iba en subida, contra la corriente, Entonces fue cuando lo vi: ahi agarrado a un arbolito 68 de la rambla estaba Hernan con el agua legandole a las rodillas, como congelado, Le grité: -:Qué te pasa, Hernan? -pero él no me contesté, solo me miré como si hubiera visto a un fantasma. Entonces cobré coraje y caminé hasta él. Me costé un monton, el agua me tironeaba para el otro lado. Hernan se me hacia chiquito cuando el agua me arrastraba media cuadra, y grande cuando lograba acercarme. Yo le seguia gritando y hacia una fuerza enorme por alcanzarlo, Por fin, no sé bien como, llegué hasta el arbol. La cos: se estaba poniendo verdaderamente muy fea. Lo agarré fiierte de un brazo para lograr separarlo; lo desprendi del Arbol. Me cost bastante porque estaba pegado como con cola. El agua nos chupé a los dos. Ya nos Iewaba con ella. Me estiré cuanto pude, con Hernin, que es un gigante, prendido de mi espalda, y... logré volver a agarrarme al Arbol. Nunca vi una mirada de terror tan horrible como la de Hernan en ese momento, Me dijo a los gritos y con la boca llena de agua de Iluvia: -|Estamos fritos! -jNo! -le contesté-. ;Alguien va a pasar a ayudarnos! Pero muy dentro de mi, senti que la tormenta nos tra- gaba.Y ahi no estaba mi papa con su palo de escoba. XVII La tortuga navegante Parecia el fin del mundo el aguacero. Con el agua ya a la cintura y el mediodia que se habia vuelto noche te- niamos mucho frio, porque el viento de la tormenta se nos colaba por todas partes. Los dedos de las manos de Hernan estaban azules y yo ya no sentia las piernas de la fuerza que tenia que hacer para mantenerme en pie. Vimos pasar un paraguas panza arriba, flotando en la corriente, Después varias bolsas de plastico.¥ después... qué era eso que venia flotando hacia nosotros? -2Qué es eso? -me grité Hernan-. ;Una pelota de rugby? -jNo! -le contesté enseguida-. [Es una tortuga que flota! El] animalito floté hasta nosotros, parecia que la 71 corriente no la arrastraba. Cuando nos pasé por al lado sacé la cabeza y me miré: [Era Antigua Pasolento! ;Qué hacia alli la loca de mi tortuga? Desesperado “la pesqué”, soltando una mano. La apreté contra el pecho, bien fuerte, ella dijo: -jUf, Teo, que me vas a ahogar! Hernan parecia no escucharla, porque seguia empeci- nado en sostenerse del arbol. Antigua me dijo: -La unién hace la fuerza, Teo. Y metié la cabeza para adentro. Entonces supe lo que tenia que hacer. No sé qué le habré dicho a Hernin para convencerlo, pero logré captar su atencién. -jEstemos atentos! ;Pronto tendremos una oportuni- dad de irnos! Hernan me miré como si yo estuviera chiflado, No sé por qué lo dije, pero lo supe de inmediato. Algo o alguien nos ayudaria. A duras penas logré meter a Antigua en la mochila. Y me puse a mirar a través de la luvia que caia como una cortina cerrada. Estaba seguro de que tendriamos una oportunidad. Entonces, algo culebreé en el agua. Una cinta brillante, una vibora fluorescente... que se hundia y volvia a salir a flote. Con las dltimas fuerzas me agaché un poco y tanteé 72 a ciegas. Pronto encontré algo cilindrico. Pegué el manotazo. A mis dedos duros les cost6 cerrarse, pero lo logré. jEra una soga! Cuando la saqué del agua se puso dorada y nos iluminé. Hernan me miré extrafiado. Yo le grité: -jEs ahora o nunca! -Y lo obligué a aferrarse a la mano que le extendia. Después, agarrados el uno al otro y a la soga, soltamos el arbol y comenzamos a caminar, cruzan- do la calle, La fuerza de los dos nos hizo uno. Era como si la poca que nos quedaba la compartiéramos. Del otro lado de la soga, en la vereda opuesta, Euge- nio, el almacenero, resplandecié como la luz del sol. Estabamos a salvo, Eugenio nos ayudé a llegar al alma- cén. Sobre la vereda el agua nos Ilegaba a las pantorrillas. -jMira dénde se vinieron a quedar los dos! -dijo Eugenio recogiendo la soga- jjusto en el pozo de la 19! jDios me libre y me guarde! jQué punteria, pibe! -¥ me rascé la cabeza mojada. Hernan se senté sobre unas cajas de galletitas y se tapd la cara con las manos. Fue la primera vez que me di cuen- ta de que él también es un chico como todos. Poco a poco la lluvia fue parando. Después le dije, mientras cruzibamos para el lado de mii casa: Ta -Por lo que veo esto no es otra inundacién. Tuvimos mala suerte. Es una lluvia fuerte nomas. Seguime que ya estamos a dos cuadras de mi casa. Empapado como estaba, bajo Ja Iluvia torrencial, Her- nan no me parecié ese chico matén que yo conocia. To- davia tenia la mirada llena de miedo. Le hablé todo el camino, ya ni me acuerdo de qué. Le hablé y le hablé, para tranquilizarlo y hacer que caminara. Al fin, llegamos a casa hechos sopa. Mi mama estaba en la puerta con las toallas listas: -jA Dios gracias! -dijo y nos hizo entrar a los dos. Afuera, la Iluvia se revolvia furiosa, por altima vez. Como un monstruo vencido. XVIII Falsa alarma Pero fie falsa alarma. Pronto dejé de lover, casi con la misma rapidez con que habia empezado. Nos secamos y mi mama nos dio una sopa caliente a los dos mientras llamaba a la mama de Hernan. Esta vez, las comunicacio- nes no se habian cortado, La Iluvia habia sido solo una amenaza y se habian inundado muy poco, solo algunos sectores de la ciudad. El pozo de la calle 19 era uno. Hernan y yo tomibamos la sopa y lo inico que se escuchaba era el ruido que haciamos y algunas gotas que se desprendian de los arboles o de los techos de las casas. Desde la ventana del comedor vimos un sol chiquito que empez6 a asomarse entre las nubes. Se formé un arcoiris. 75 -jArco en el cielo, agua en el suelo! jYa se acabé la Iluvia, a Dios gracias! -dijo la abuela Martita, mientras nos servia un plato a cada uno de milanesas con puré. Hernan me miré, y yo a él. Nadie hablaba. Después de un rato largo me dijo: -Gracias, Teo. Nunca en mi vida me imaginé a Hernan dindome las gracias. -De nada -dije y me quedé callado. El silencio se cortaba con cucharita. Por suerte, por la puerta del come- dor aparecié Antigua y eso nos dio tema para conversar. 76 Hernan la miré y pregunté: -2Y esta? ;Cémo se escapd de tu casa y Ilegé hasta donde estabamos? - Te presento a mi tortuga, Antigua Pasolento -le dije-. Es una tortuga muy andariega. -Encantado -dijo Hernan. Antigua le dedicé una de “sus miradas”. -jQué nombrecito! -me dijo Hernan, Antigua, que se habia parado a mirarlo, siguié su cami- no hacia el patio, como si no lo hubiera escuchado. La muy zorra. XIX Conversaciones La mama de Hernan lo pasé a buscar después de un rato. Antes, y para mi asombro, conversamos bastante. El silencio que habia entre nosotros se derritié de a poquito como un cubito de hielo sobre la mesada de la cocina. Charlamos no como para ser los mejores amigos pero... lo suficiente. 7Y eso era mucho mis de lo que habiamos charlado desde que nes conocimos! Yo le conté cémo habia encontrado a Antigua en el desierto patagénico. -iPor qué le pusiste Antigua Pasolento? -me dijo Hernan. ‘Yo me quedé frio, porque no podia contarle la verdad, pero pronto se me ocurrié la respuesta: 78 -Un dia la miré y se me vino a la cabeza, por lo vieja y arrugada y por lo lenta. Antigua me miré desde la puerta que da al patio, chin- chuda por mis explicaciones, Después, hablamos de la inundacién y del miedo que TODOS, los grandes, los chicos, los viejos, teniamos de que volviera a pasar. Hablamos de lo mal que la habia pa- sado Hernan y me conté cémo habian tenido que salir nadando con su familia por atras de su casa y cémo casi se ahoga su pap4 por ayudar a un vecino a pasar por la medianera al jardin de mi casa. Por eso se habia quedado paralizado y agarrado al arbol cuando vio que se venia el agua otra vez. Y después, para mi asombro me dijo: -Teo, gracias por decirle a la directora que no me cas- tiguen por lo que les hice a vos y a Mariana. -Todo bien, Hernan -contesté. -A veces, no sé por qué hago lo que hago -siguid y se puso todo colorado. -Y... no sé. A veces uno hace cosas y no sabe por qué. -Si, la verdad que si -dijo él. -Yo creo que capaz te sirve lo que hice yo: tenés que mirar para adentro. Cada persona tiene algo bueno, mara- villoso que descubrir, como dice una amiga mia. -iSi? Yo a veces creo que no tengo nada. -No, todos tenemos una maravilla. Vos también. Solo tenés que encontrarla. 79 -iNo me presentas a tu amiga? Antigua Pasolento estaba justo llegando al patio. Asi de lenta es. La miré de costado. La muy picara me guiid un ojo y justo legé la mama de Hernan. Cartas Las personas y el agua se parecen. Al menos eso creo yo. Marian es como la llovizna en el verano: te moja y te refresca, porque sabe que la necesitas. Es una buena amiga. Mi mama es como el agua del mar: olas que van y vie- nen, vienen y van. “Junta tus cosas, ordend la mochila”. “Ordena la mochila, junta tus cosas”. “Teo sos mi bebé. Teo ya estés grande para esas pavadas”.““Teo ya estas gran- de para esas pavadas. Teo sos mi bebé”. Mi papa es como un rio de montafia: hace burbujas y salta entre las piedras. No hay obstaculo que no logre vencer, Nunca esta quieto, Es aventurero, La abuela Martita es como una catarata... pero de 81 palabras. ;Como habla! Y cuando no habla, esta rezando. O sea que sigue usando las palabras, La tia Mabel se parece a un lago, agua tranquila. Pero nunca sabés qué guarda en lo profundo. Si estuviera mi mami diria que guarda al “Nahuelito”, je! 2Y Hernan? Hernan era como la inundacién: pasa y arrasa. Después deja todo roto y Ileno de barro y no es facil de arreglar, porque esa humedad sigue subiendo y subiendo en las paredes, en el suelo.Y hay mareas que son. dificiles de limpiar. También maderas retorcidas y puertas que se cierran y no se pueden abrir por mucho tiempo. Es como una cosa que le viene de golpe; es como una Iuvia que no para, y no para, y no para. La cosa es lo que deja. La cosa es lo que queda después de la inundacién. Herndn necesit6 mucho tiempo para “reconstruirse”. Y nosotros para aceptarlo también. Es que uno se queda con el miedo. A mi me ayudé mi tortuga. Yo corria con ventaja. Pero a Marianita le costé mas, Creo que todavia le tiene miedo a Hernan. En el recreo, cuando él se le acerca, ella se va corriendo, El otro dia charlibamos con Marian en el patio y ella me contaba que pronto seria su recital de patinaje artis- tico (es uma patinadora muy buena), cuando se acercé Hernan. Hace mucho que anda solo, los chicos ya no lo siguen. No sé qué habra pasado, Nosotros estabamos con Martin y otros chicos que, 82 desde hacia un tiempo, habian vuelto a dirigirnos la palabra. -jHola, che! -nos dijo. Marianita se puso detras de mi y yo, lo reconozco, me puse “en sefial de alerta”. -Les queria decir que mafiana hay una quermese de mi club de bisquet y que los invito a todos si quieren venir. Aca les traje las entradas. Sin decir nada, Marian dio media vuelta y salié co- rriendo. Hernan se quedé con las entradas en la mano, como un poste. Yo las agarré, y dije: -Perdonala, Hernan, todayia se siente mal. -No -dijo él-, soy yo el que todavia no le pide perdén. No me animo. Dio media vuelta y se fue. Los chicos se quedaron conversando conmigo. Les dije que ellos también le debian una disculpa a Marian. A varios no les parecié bien, pero otros si reconocieron que era im- portante. Fue a Martin a quien se le ocurrié la idea de hablar con la sefiorita Pamela. Me pidid a mi que le explicara: -Teo, dale, vos sabés decir las cosas. Explicale lo que nos pasa. Seguro ella nos va a ayudar. -Bueno -le dije y sali corriendo a buscarla porque la idea me habia gustado mucho. Es que a ella si que se le pueden decir las cosas y te escucha. Y fue por ella que empezamos nosotros, los chicos, a 83 hablar de lo que habia pasado. Me pidié que lo explicara en clase. -Yo sé que estamos mal. Pero algo tenemos que hacer. Ya la escuela organizo los talleres con los papas o con nosotros pero todavia hay mucho que decir. La cosa es como. -3¥ qué se te ocurre Teo? -me dijo la sefiorita Pamela. -Y, yo creo que es dificil decirle al otro lo que te pasa. Habria que buscar una manera menos “directa”, que nos ayudara a ser “sinceros”. La sefiorita Pamela organizé la forma, es muy inteli- gente: nos hizo escribir cartas. Cartas que explicaban lo mal que nos habiamos sentido, Cartas que pedian perdén por lo que habia pasado. Y estuvo bueno. Es que, a veces, escribir es mis facil que hablar. XXI Despedida -jQué buena carta que te escribié Hernin! -dijo Antigua que estaba parada desde hacia media hora so- bre la carta y la leia, muuuyyyyy despacio, renglén por renglon, -Creo que después de esto, las cosas van a cambiar en la escuela -continud. -Si, ya estén cambiando. Hernan esta mejor, pero ahora se le hace dificil porque perdié el lugar que tenia. -Si, y sos vos el que lo tiene que ayudar a descubrir “su maravilla” -suspiré Antigua mientras yo le acariciaba el pellejo del cuello. -2Yo? ;Por qué? -le dije. 85 -Porque ya sabés cémo se descubren las maravillas de las personas y como se ponen a funcionar. -jNooo! -grité-. |Decile a una de tus amigas tortugas que vaya para lo de Hernan! -No puedo -volvié a suspirar Antigua-, estamos en vias de extincién... -jNo te hagas la viva, que nos conocemos mucho! -le adverti-. Mi tia Mabel dice que las tortugas Ilegan a las. familias para protegerlas. ;Alguna amiga podrias mandar a lo de Hernan! -jMira que sos fiaca, vos! -me contesté Antigua-. ;Para qué descubriste tu maravilla? Ademas, yo ya me tengo que Ieee ~sIrte? A dénde? -y la voz me salié como un hilito tembloroso. En aquel tiempo, mi manuelita y yo nos habiamos he- cho grandes amigos. La idea de que se fuera me resultaba espantosa. -A ayudar a mis compajfieras. No todas saben hablar como yo. No todas tienen “el botén” en el caparazén, Teo. -2Vos decis el botén de hablar? -le pregunté. -Si, justamente el que vos supiste encontrar y activar. Yo soy una tortuga especial -dijo y entrecerré los ojitos redondos, haciéndose la linda. Yo me quedé pensando, en silencio, un buen rato, mientras le seguia acariciando el pescuezo y ella se dor- mia de a poquito. 86 -|Mmmmmmmm! -suspiraba. “Tal vez”, recuerdo que pensé, “su maravilla es la mis- ma que la mia”. Entonces un calor me subié por todo el cuerpo y me senti feliz. Y también me senti triste, porque no es facil saber que un amigo se va. Esa mafiana no fue como todas las mafianas. El sol ape- nas asomaba en el cielo y ya no hacia tanto frio. Parecia que la primavera habia empezado, muy despacito a aso- marse entre las plantas del patio porque habian perdido el color gris de la inundacién y estaban verdes y sanas. Una que otra tenia brotes nuevos y hasta el rosal blanco mostraba un capullito fuera de época. Sali al patio con mochila y todo, listo como para ira Ja escuela, a buscar una flor de rosa china.Y si bien sabia que no era la época de esas flores, algo me dijo que encontra- tia una, bien amarilla, llena de pétalos. Un buen regalo de despedida para mi tortuga glotona. Abri el portén de la calle muy silenciosamente, saqué a Antigua de la mochila y la puse en el suelo. Me pareciéd mis grande, mis alta. Ella sacé la cabeza del caparazén, se desperez6 y me miré. Le dije: -Te traje un regalo -y le di la rosa china de la abuela Martita. -Gracias, Teo -me dijo y comenzé a comérsela. En un abrir y cerrar de ojos se la habia tragado toda. Yo pensé que Antigua, para lo Gnico que era rapida, era para tragar. Después de relamerse me dijo: -Bueno Teo, me voy. No te olvides de lo que hablamos -Y asi, sin decir nada mas se alejG caminando despacito por la vereda. Yo, que estaba triste y no sabia qué decir por el nudo en la garganta, le dije lo primero que me sali: -jAntigua Pasolento cuidate de la inundacién! Ella doblé el pescuezo largo y me respondié. -2Vos te olvidas que yo soy una “tortuga flotadora”’? Después siguié su camino, pasito a paso. Y yo no sé si fue por el agua que me crecia en los ojos o por qué, de pronto dejé de ver su figura redonda y tambaleante sobre la vereda. 86 -|Mmmmmmmm! -suspiraba. “Tal vez”, recuerdo que pensé, “su maravilla es la mis- ma que la mia”. Entonces un calor me subié por todo el cuerpo y me senti feliz. Y también me senti triste, porque no es facil saber que un amigo se va. Esa mafiana no fue como todas las mafianas. El sol ape- nas asomaba en el cielo y ya no hacia tanto frio. Parecia que la primavera habia empezado, muy despacito a aso- marse entre las plantas del patio porque habian perdido el color gris de la inundacién y estaban verdes y sanas. Una que otra tenia brotes nuevos y hasta el rosal blanco mostraba un capullito fuera de época. Sali al patio con mochila y todo, listo como para ira Ja escuela, a buscar una flor de rosa china.Y si bien sabia que no era la época de esas flores, algo me dijo que encontra- tia una, bien amarilla, llena de pétalos. Un buen regalo de despedida para mi tortuga glotona. Abri el portén de la calle muy silenciosamente, saqué a Antigua de la mochila y la puse en el suelo. Me pareciéd mis grande, mis alta. Ella sacé la cabeza del caparazén, se desperez6 y me miré. Le dije: -Te traje un regalo -y le di la rosa china de la abuela Martita. -Gracias, Teo -me dijo y comenzé a comérsela. En un abrir y cerrar de ojos se la habia tragado toda. Yo pensé que Antigua, para lo Gnico que era rapida, era para tragar. Después de relamerse me dijo: -Bueno Teo, me voy. No te olvides de lo que hablamos -Y asi, sin decir nada mas se alejG caminando despacito por la vereda. Yo, que estaba triste y no sabia qué decir por el nudo en la garganta, le dije lo primero que me sali: -jAntigua Pasolento cuidate de la inundacién! Ella doblé el pescuezo largo y me respondié. -2Vos te olvidas que yo soy una “tortuga flotadora”’? Después siguié su camino, pasito a paso. Y yo no sé si fue por el agua que me crecia en los ojos o por qué, de pronto dejé de ver su figura redonda y tambaleante sobre la vereda. XXI Epilogo Lo habia conseguido. Esa noche mi mama habia invitado a su hermana a cenar. Tia Mabel llego tarde, como casi siempre. Mi mama ya estaba enojada porque se le pasaban los tallarines. Entré a la casa toda vestida de violeta con un pafuelo enroseado en Ja cabeza como una vincha y los rulos muy alborotados. -jHola familia! -grité revoleando su morral tejido so- bre el sofa, al mismo tiempo que le daba un beso a la abuela Martita. -jEra hora, se me pasaban los fideos! -le dijo mi mama. 89 ~jAy, Susana siempre tan apurada! -contest6 tia Mabel con ese tono que pone cuando algo le molesta. ~jMira, al final, no sé para qué te invito si vos no respe- tas ni un horario! jEsto es una familia! -jSusanita, que dia tenemos hoy! -la siguié mi tia. ~-jChicas, basta! -dijo la abuela Martita que ya se estaba poniendo nerviosa. Yo lo miré a mi papa, como buscando auxilio. Pero él puso cara de “yo no fui” y siguié leyendo el diario. No suele participar en estas batallas entre mi mama y su her- mana. Entonces, como ya estoy alto y les llego al cuello, las agarré a las dos y las rodeé a cada una con un brazo y en tono de secreto, mientras las llevaba caminando a la coci- na les empecé a hablar: -iUstedes dos saben cual es su maravilla? -Me mira- ron extrafiadas, y yo segui-. Tados tenemos una maravi- Ila que descubrir. Me lo conté una amiga. Vos tia, seguro lo sabés. Y vos mami, también. ;Quieren que les cuente cual es la de ustedes mientras hacemos una tortilla con los fideos? Las dos volvieron a mirarme y después se miraron en- tre ellas. La primera en soltar la carcajada fue mi mami: -jNo se puede negar, hermana, que este hijo mio es tu sobrino! En la cocina, la tortilla de fideos pronto estuvo lista. 90 Hicimos ensalada de pepinos, porque desde que Antigua no estaba, yo me los comia. Tia Mabel me pregunté, con la ensaladera en la mano: -jTefto, y tu tortuga? -Anda ayudando a sus amigas —le contesté. -jQué bien! Pero... ;vos no ibas a decirnos a tu mama ya mi cual es nuestra maravilla? Y tomando a mami por la cintura mientras ella hacia malabarismos para que no se le cayera la tortilla dijo: -jSomos todo oidos! FIN

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