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LA PRIME
Antecedente
En 1838, Juan Pablo Duarte fundó una sociedad secreta llamada "La
Trinitaria" para sacudir el yugo haitiano que junto a sus múltiples colaboradores
lograrán independizar la parte oriental de la isla. En 1843 se aliaron con un
movimiento haitiano para derrocar a Boyer. Debido a sus pensamientos
revolucionarios y lucha por la independencia dominicana, el nuevo presidente
de Haití, Charles Rivière-Hérard, exilió y encarceló a los principales trinitarios.
Al mismo tiempo, Buenaventura Báez, un exportador de caoba azuanos y
diputado en la Asamblea Nacional de Haití, estaba negociando con el
Consulado General de Francia para el establecimiento de un protectorado
francés.
En una oportuna insurrección para adelantarse a Báez, el 27 de febrero de
1844, los Trinitarios declararon su Independencia de la República Dominicana,
con el apoyo de Pedro Santana, un rico ganadero de El Seibó quien comandó
un ejército privado de peones que trabajaban en sus tierras y que lucharon por
la causa revolucionaria formando así junto a voluntarios patriotas el ejército
independentista dominicano.
Primera República 1844 - 1861
La primera constitución de la República Dominicana fue aprobada el 6 de
noviembre de 1844. Se incluyó una forma de gobierno presidencial con muchas
tendencias liberales, pero se vio empañada por el artículo 210, impuesta por
Pedro Santana en la Asamblea Constituyente por la fuerza, dándole los
privilegios de una dictadura hasta que la guerra de independencia terminara.
Estos privilegios no solo le sirvieron para ganar la guerra, sino también le
permitió perseguir, ejecutar y conducir al exilio a sus opositores políticos, entre
los que se encontró Juan Pablo Duarte.
Durante la primera década de independencia, Haití intentó varias invasiones
para reconquistar la parte oriental de la isla: en 1844, 1845, 1849, 1853 y 1855-
1856. Aunque cada una fue malograda, Santana siempre utilizaba la amenaza
de la invasión haitiana como una justificación para la consolidación de sus
poderes dictatoriales.
Para la élite dominicana en su mayoría propietarios de tierras, comerciantes y
sacerdotes la amenaza de la reconquista por el más poblado Haití fue
suficiente para buscar la anexión a un poder exterior. Ofreciendo las aguas
profundas del puerto de la bahía de Samaná como anzuelo, en las próximas
dos décadas, las negociaciones se hicieron con Gran Bretaña, Francia,
Estados Unidos y España para declarar un protectorado sobre el país. Sin
carreteras adecuadas, las regiones de la República Dominicana se
desarrollaron en forma aislada unas de otras.
En el sur, la economía estaba dominada por la ganadería (sobre todo en el
sureste de la sabana) y el corte de caoba y otras maderas duras para la
exportación. Esta región conservó un carácter semi-feudal, con poca agricultura
comercial, la hacienda como unidad social dominante y la mayoría de la
población vivía en un nivel de subsistencia. En el Valle del Cibao, los más ricos
campos agrícolas de la nación, los campesinos complementaron sus cultivos
de subsistencia con el cultivo del tabaco para la exportación, principalmente
hacia Alemania. El tabaco requería menos tierra que la ganadería y se
cultivaba principalmente por pequeños agricultores, quienes dependían de los
comerciantes ambulantes para transportar sus cosechas a Puerto Plata y
Montecristi. Santana enriqueciéndose a sí mismo y a sus seguidores, recurrió a
múltiples impresiones de dinero inorgánico.
En 1848, se vio obligado a dimitir, aunque alegó quebrantos de salud, y fue
sucedido por su vicepresidente, Manuel Jiménez. Después de volver a dirigir
las fuerzas dominicanas contra una nueva invasión haitiana en 1849, Santana
marchó hacia Santo Domingo, deponiendo a Jiménez. A petición de éste, el
Congreso eligió a Buenaventura Báez como presidente, pero Báez no estaba
dispuesto a servir de títere de Santana, desafiando su papel como líder
reconocido militar del país. En 1853, Santana fue elegido presidente para su
segundo mandato, lo que obligó a Báez a buscar el exilio.
Tres años más tarde, después de malograr la invasión haitiana por última vez,
negoció un tratado de arrendamiento de una porción de la península de
Samaná con una compañía estadounidense; la oposición popular lo obligó a
abdicar, lo que permitió que Báez regresara y tomara el poder. Con el tesoro
nacional agotado, Báez imprimió dieciocho millones de pesos para la compra
de la cosecha de tabaco de 1857 con esta moneda y exportándola por dinero
en efectivo en beneficio de sí mismo y sus seguidores.
Los plantadores de tabaco cibaeños, quienes se arruinaron cuando se produjo
la inflación, se rebelaron, volviendo a recurrir a Santana quien se encontraba
en el exilio, para liderar la rebelión. Después de un año de guerra civil, Santana
tomó Santo Domingo y se instaló como presidente. Cabe destacar que el
periodo de la primera república se distinguió por las pugnas y la inestabilidad
política en el naciente país. Desde febrero de 1844 hasta marzo de 1861 se
sucedieron 23 gobiernos entre los que predominaron los de Pedro Santana y
Buenaventura Báez. En dicho período las características principales de la
economía dominicana eran: predominio de la pequeña y mediana producción
mercantil simple de bienes agrícolas y de la industria ligera; la concentración de
las exportaciones en unos pocos productos agrícolas (tabaco, café y cacao);
dependencia de los ingresos tributarios de una muy limitada base, casi
exclusivamente de los impuestos a las importaciones y exportaciones. Se vivía
una economía de guerra por las constantes amenazas e intentos de invasión
por parte del ejército haitiano.
Esto significaba que el gobierno, además del presupuesto normal para
necesidades civiles y de obras públicas, debía incurrir en un importante gasto
militar para mantener el ejército y cubrir sus requerimientos de recursos. Esta
última circunstancia generaba una demanda adicional sobre la oferta de
alimentos agrícolas y las importaciones, que, al no poder ser satisfecha en el
corto plazo por lo limitada de la producción y las exportaciones, producía una
tendencia a una elevación de los precios de mercado, por un lado, y a una
depreciación de la moneda local con relación a la moneda fuerte (peso fuerte).
Si un gobierno no acepta el instrumento monetario que él mismo ha emitido
para hacer pagos al gobierno al valor nominal convenido, entonces el valor de
esos instrumentos monetarios bajará a sus valores como mercancías. En el
caso del papel moneda este valor real es cero. Por otro lado, sin una unidad de
cuenta claramente establecida por autoridad central, los instrumentos de deuda
no pueden convertirse en instrumentos monetarios.