A menudo nos preguntamos en qué medida las
experiencias que tuvimos en la infancia? Especialmente
las que pudimos compartir con nuestros padres u otras
figuras de relevancia. Pudieron condicionar nuestra
forma de ser y relacionarnos en la vida adulta?.
El ser humano llega al mundo sumergido en la más
absoluta vulnerabilidad, precisa de varios meses para
conquistar una mínima autonomía. Es por ello que
dependemos de otros para sobrevivir, forjando con
nuestro entorno cercano un necesario vínculo de
apego..
El apego: ¿qué es?
El apego es un concepto ampliamente estudiado en la
literatura científica, especialmente a partir de las
teorías de John Bowlby sobre la construcción de
nuestras primeras relaciones durante la infancia.
Como término…hace referencia al modo particular en
que las personas tienden a interactuar con aquellos un
vínculo relevante, incluidos los sentimientos de
intimidad y compromiso sobre los que se asientan los
sutiles lazos de una relación humana.
Las teorías del apego sostienen que las características
particulares del sistema nervioso en el evolutivo
propiciarían cambios neuroplásticos sobre los que se
construiría a posteriori el cerebro adulto, pese a que
resulte imposible cincelar recuerdos que puedan ser
evocados deliberadamente (puesto que el hipocampo
madura tras casi un lustro de vida). El miedo en este
periodo evolutivo tornaría la vulnerabilidad en
desamparo, extendiéndose en lo sucesivo a todos los
rincones de la experiencia subjetiva de los años
venideros.
Con el propósito de evaluar el modo en que los niños
interactúan con sus figuras de apego, que es la medida
a partir de la cual puede extraerse información con la
que determinar la integridad de estos vínculos y sus
consecuencias emocionales, la Psicología cuenta con el
procedimiento de la “situación extraña”. A través de
esta técnica se expone al niño a una secuencia
estructurada de encuentros y desencuentros con su
cuidador principal y un sujeto desconocido, evaluando
sus reacciones ante la aproximación y distanciamiento
de ambos.
A través de la aplicación de esta estrategia han podido
determinarse cuatro estilos distintos de apego, que
describen modos particulares de sentimiento y
conducta que surgen durante la interacción. Todos
ellos tienen un papel esencial para entender el modo en
que tendemos a establecer vínculos, no solo en la
infancia, sino también durante el resto del ciclo
vital. Seguidamente nos detendremos en esbozar una
breve descripción de cada uno de ellos y de sus posibles
implicaciones personales o sociales.
1. Apego seguro
Este tipo de apego está caracterizado por la
incondicionalidad: el niño sabe que su cuidador no va a
fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. De
acuerdo con Bowlby, este tipo de apego depende en
gran medida de la constancia del cuidador en
proporcionar cuidados y seguridad. Debe tratarse de
una persona atenta y preocupada por comunicarse con
el recién nacido, no sólo interesada en cubrir las
necesidades de limpieza y alimentación del bebé. Desde
luego, el inconveniente es que esto supone una entrega
casi total de parte del cuidador o cuidadora, lo cual
puede resultar complicado para algunas personas.
Los niños con apego seguro manifiestan
comportamientos activos, interactúan de manera
confiada con el entorno y hay una sintonía emocional
entre el niño y la figura vincular de apego.
No les supone un esfuerzo unirse íntimamente a las
personas y no les provoca miedo el abandono. Es decir,
pueden llevar a una vida adulta independiente, sin
prescindir de sus relaciones interpersonales y los
vínculos afectivos.
2. Apego ansioso y ambivalente
En psicología, “ambivalente” significa expresar
emociones o sentimientos contrapuestos, lo cual,
frecuentemente genera angustia. Por eso, en el caso de
un apego ansioso-ambivalente el niño no confía en sus
cuidadores y tiene una sensación constante de
inseguridad, de que a veces sus cuidadores están y
otras veces no están, lo constante en los cuidadores es
la inconsistencia en las conductas de cuidado y
seguridad.
Las emociones más frecuentes en este tipo de apego,
son el miedo y la angustia exacerbada ante las
separaciones, así como una dificultad para calmarse
cuando el cuidador vuelve. Los menores necesitan la
aprobación de los cuidadores y vigilan de manera
permanente que no les abandonen. Exploran el
ambiente de manera poco relajada y procurando no
alejarse demasiado de la figura de apego.
De adultos, el apego ansioso-ambivalente provoca, una
sensación de temor a que su pareja no les ame o no les
desee realmente. Les resulta difícil interaccionar de la
manera que les gustaría con las personas, ya que
esperan recibir más intimidad o vinculación de la que
proporcionan. Un ejemplo de este tipo de apego en los
adultos es la dependencia emocional.
3. Apego evitativo
Los niños con un apego de tipo evitativo han asumido
que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les
provoca sufrimiento. Se conoce como “evitativo”
porque los bebés presentan distintas conductas de
distanciamiento. Por ejemplo, no lloran cuando se
separan de cuidador, se interesan sólo en sus juguetes y
evitan contacto cercano.
Lo constante han sido conductas de sus cuidadores que
no han generado suficiente seguridad, el menor
desarrolla una autosuficiencia compulsiva con
preferencia por la distancia emocional.
La despreocupación por la separación puede
confundirse con seguridad, en distintos estudios se ha
mostrado que en realidad estos niños presentan signos
fisiológicos asociados al estrés, cuya activación perdura
por más tiempo que los niños con un apego seguro.
Estos menores viven sintiéndose poco queridos y
valorados; muchas veces no expresan ni entienden las
emociones de los demás y por lo mismo evitan las
relaciones de intimidad.
En la edad adulta, se producen sentimientos de rechazo
de la intimidad con otros y de dificultades de
relación. Por ejemplo, las parejas de estas personas
echan en falta más intimidad en la interacción.
4. Apego desorganizado
Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo en
que el niño presenta comportamientos contradictorios
e inadecuados. Hay quienes lo traducen en una
carencia total de apego.
Lo constante en los cuidadores han sido conductas
negligentes o inseguras. Se trata del extremo contrario
al apego seguro. Casos de abandono temprano, cuya
consecuencia en el niño es la pérdida de confianza en
su cuidador o figura vincular, e incluso puede sentir
constantemente miedo hacia ésta.
Los menores tienen tendencia a conductas explosivas,
destrucción de juguetes, reacciones impulsivas, así
como grandes dificultades para entenderse con sus
cuidadores y con otras personas.
Evitan la intimidad, no han encontrado una forma de
gestionar las emociones que esto les provoca, por lo que
se genera un desbordamiento emocional de carácter
negativo que impide la expresión de las emociones
positivas.
De adultos suelen ser personas con alta carga de
frustración e ira, no se sienten queridas y parece que
rechacen las relaciones, si bien en el fondo son su
mayor anhelo. En otros casos, este tipo de apego en
adultos puede encontrarse en el fondo de las relaciones
conflictivas constantes.
¿Cómo se establece el apego?
En el transcurso del primer año, se establece un
vínculo de apego con la persona con quien tiene más
contacto y aparece el miedo ante los desconocidos.
El apego es el encargado de proporcionar seguridad al
niño en situaciones de amenaza. El apego seguro
permite al pequeño explorar, conocer el mundo y
relacionarse con otros; bajo la tranquilidad de sentir
que la persona con quien se ha vinculado va a estar allí
para protegerlo. Cuando esto no ocurre, los miedos e
inseguridades influyen en el modo de interpretar el
mundo y de relacionarse.
Etapas del apego
Las etapas en el desarrollo de los apegos tienen que ver
mucho con el desarrollo del bebe.
Durante los dos primeros meses no hay una figura de
apego como tal, sino que cualquier persona cuida de las
necesidades vitales de ese bebe para que salga adelante.
A partir de los dos meses, hasta los seis meses
aproximadamente, es cuando el bebe empieza a
reconocer a la figura o figuras de apego, como
principal figura cuidadora o principal lazo afectivo.
Entre los seis meses y los tres años, aproximadamente,
se empieza a ver una formación mayor de la estructura
de apego. Empieza aparecer la regulación emocional,
aunque todavía se necesita la figura del cuidador o
cuidadora para ayudar a ese niño o niña a regularse
emocionalmente.
Y es a partir de los tres, cuatro años, coincidiendo con
el inicio de la etapa escolar, cuando ya aparece mayor
capacidad de regulación, mayor capacidad de control
de los impulsos. Los niños y niñas llegarán a tener
mucha más capacidad de afrontamiento si han tenido
una base segura.
¿Qué significa tener un apego correcto?
Apego seguro y apego inseguro
Cuando los niños y niñas están seguros (apego seguro),
su relación con los demás es mucho más cercana, de
proximidad.
Entienden cuáles son los peligros, intentan afrontarlos,
entender que emociones sienten y por qué las sienten.
En cambio cuando el apego no es seguro (apego
inseguro), cuando los niños y niñas no sienten esa
seguridad desde los primeros lazos afectivos, tienen
muchas más dificultades para relacionarse con los
demás. Pueden hacerlo con mucho miedo, pensando
que en algún momento pueden sufrir algún daño. Y se
sienten más incómodos o incómodas con la relación con
los demás.
También, cuando el apego es más inseguro y evitativo,
pueden sentirse muy autosuficientes (en apariencia) y
no tienen tanta necesidad de relacionarse con los
demás. (Esto no expresa seguridad sino evitación).
¿Cómo afecta la cantidad de tiempo con los hijos?
Los apegos y el tiempo que le dedicamos a nuestros
hijos
Es mucho más importante la calidad del tiempo que la
cantidad de tiempo. En ese tiempo que pasamos con
nuestros hijos e hijas tenemos que ofrecerles un buen
apego seguro.
El afecto, el amor, la comprensión, la ayuda a regular
sus emociones… o acompañarles en el proceso de
socialización.
El apego y el hecho de dejar a los hijos con cuidadores
o familiares
En el caso que tuviéramos que buscar figuras
cuidadoras para ese tiempo con los niños y niñas, es
bueno y muy importante buscar a una persona que sea
afectuosa y cercana.
No solamente consiste en indicarle cuestiones vitales,
como a qué hora tiene que comer, o merendar,
levantarse o acostarse; sino también indicarle
cuestiones sobre el afecto. En qué momento necesita
más afecto, por ejemplo si un niño o niña tiene cierta
dificultad para iniciar el sueño, que le acompañe en
esos momentos, o si tiene que darle algún tipo de
indicación sobre qué juegos específicos ofrecerle, qué
tipo de lecturas y cuentos le gustan. Todo esto va a
favorecer un estilo de apego seguro.
Es mucho más importante la calidad del tiempo que la
cantidad de tiempo
¿Es posible recomponer los apegos?
Los apegos se pueden restaurar, claro que sí. Y además
es algo positivo y muy esperanzador. Lo importante es
que se cuente con la ayuda de un psicólogo o psicóloga
especialista en apegos. Ya que hay que investigar,
estudiar, cómo han sido esos apegos desde los primeros
momentos de la infancia hasta el momento actual. Y
cómo este tema de los apegos puede estar influyendo.
¿Y en la relación de pareja?
Los apegos y su influencia en las relaciones de pareja
En la relación de pareja es fundamental entender estos
lazos afectivos. Siguen siendo lazos de seguridad.
Cuando una pareja se forma, son dos personas que
quieren tener seguridad en esa relación.
¿Qué es lo que ocurre? Que a veces encontramos en
consulta que uno de los miembros puede tener una
base segura, por ejemplo, y una base segura conlleva
proximidad, confianza, una buena expresión de los
afectos, una mayor autoestima.
Si en el otro lado de la pareja encontramos una figura
con un estilo algo más ansioso, mas preocupado, mas
temeroso… o una figura algo más evitativa, con una
dificultad para expresar sus emociones, con baja
autoestima, con dificultad para resolver los
conflictos…; ahí es cuando vemos que la pareja puede
tener dificultades.
En lo que le ayudamos (los psicólogos y psicólogas) es,
justamente, en conseguir una base segura de apegos.
La relación de pareja es, tal vez, donde se
manifiesta de forma más clara la dificultad que
genera conciliar estilos de apego diferentes
En las relaciones de pareja es muy importante
diferenciar que es el amor y que es el apego.
El amor y el apego suelen ir entrelazados ya que en las
relaciones no siempre es amor puro o apego puro , lo
más frecuente es una mezcla de ambos y es importante
diferenciar qué parte de apego hay en cada relación
para tenerlo en cuenta y enfrentarse a ello.
El amor se basa en la libertad de ser y de dejar ser, no
se espera que el otro sea como queremos que sea, la
pareja te anima a ser tú mismo , a crecer, confiar en ti,
en tus capacidades y valores y te anima a perseguir tus
sueños. El amor es desinteresado, quiere hacer feliz al
otro. En el amor predomina la aceptación, la alegría, la
confianza, la libertad, el perdón, la conciliación.
El amor es generoso favorece el crecimiento mutuo, se
fomenta el uno al otro lo mejor de cada uno, el amor es
eterno sobrevive al paso del tiempo, aunque la relación
fracase siempre se desea lo mejor al otro el amor dice
"te quiero y quiero hacerte feliz si eso me incluye a mí
me encantaría pero si no sigo queriendo tu felicidad"
El apego sin embargo dice.
"Te amo, quiero que me hagas feliz". El apego se
sustenta en la creencia de que esa vinculación con la
pareja te va hacer feliz te va a dar seguridad y sentido
a tu vida , en el apego se limita el crecimiento del otro ,
se siente un deseo insaciable por la otra persona en el
que predominan la ansiedad y el miedo de perderla. En
el apego se anula tanto la libertad de la pareja como la
propia ya que el apego conlleva dependencia y la
incapacidad de tener control en nosotros mismos. En el
apego la persona es egoísta , se controla a la pareja , se
la chantajea y manipula para evitar que te abandone,
se la hace responsable de nuestra felicidad, es decir si
no se es feliz siempre es porque la pareja no te da,
hace, siente, piensa lo que necesitas y se ve como un
fracaso del otro. En el apego se da resentimiento y
sensación de traición basados en la creencia de que el
otro tiene la obligación de hacerte feliz. Cuando hay
apego a pesar de verificar que no se es feliz en la
relación no se puede dejar con facilidad, es frecuente
ver personas que cuanto peor va una relación ,por el
predominio de apego , más se aferran a la pareja , más
dependientes se vuelven más obsesionados y
angustiados están por el miedo al abandono ,
predomina la incapacidad de decir No a cualquier
propuesta , situación , circustancia que la pareja
proponga por miedo a que pueda ser el motivo por el
que le puedan dejar , se convierte en una incapacidad
de poder dejar la relación aunque te haga daño.
Las relaciones que piensan que se van a sentir
completos a través de la relación con el otro están
destinadas a ser tóxicas.
El apego es dolor, rencor, miedo, es retener al otro,
pérdida del propio control, es imposición, es
compulsivo, obsesivo, se siente síndrome de
Abstinencia cuando no se está con la otra persona, es
dependiente y adictivo, la persona que lo siente pierde
la capacidad de disfrutar de la vida.
El apego es uno de los grandes venenos de la
humanidad para superarlo y salir del dolor y el
sufrimiento hay que renunciar a los celos, la envidia, el
miedo y hay que desarrollar emociones y valores que
den felicidad como son la bondad, la compasión, la
generosidad, la alegría, la empatía, la renuncia, y la
comprensión.
En teoría , lo sano en una pareja es que las personas
deberían estar juntas sintiéndose satisfechas cada uno
consigo mismo y valorando eso en la otra persona, en
vez de esperar que el otro les dé ese sentimiento de
bienestar que no sienten por sí mismos. Es frecuente
que cuando una pareja se conoce proyectan el uno en el
otro todas las ideas , deseos y fantasías románticas que
realmente es imposible que la pareja pueda satisfacer y
cuanto más se profundiza en la pareja más nos damos
cuenta que ni él es el príncipe azul ni ella es la princesa
de los cuentos de hadas sino que es una persona común
y corriente con sus virtudes y defectos.
El amor realmente empieza cuando aceptas y quieres a
la otra persona como realmente es y siendo así te
agrada, te atrae y lo eliges como persona.
Amar de verdad es algo que hay que aprender.
¿Cómo resolver las dificultades con los apegos?
Tratamiento en los trastornos del apego
En el tema de los apegos es difícil que una persona
resuelva sola estas cuestiones. Son muchos los aspectos
que hay que trabajar, por ejemplo, conocer desde
donde viene esa seguridad o inseguridad, la
autoestima, la forma de resolver los conflictos…
Es importante tener en cuenta, también, cómo se puede
sentir en la intimidad con otras personas, cómo se
relaciona… Son muchos elementos. Tiene que ser un
profesional experto en apegos el que le indique cómo
tiene que trabajarlo y qué hacer para abordar el
problema.
Consejos para superar el apego afectivo
Si el pensamiento de perder a tu pareja te mortifica, te
cuesta tomar decisiones, sientes que necesitas a esa
persona para poder ser feliz, necesitas saber dónde está
en cada momento y tu autoestima se resiente,
seguramente estás viviendo una relación tóxica de
dependencia emocional. El primer paso consiste en
reconocer el problema y enfrentarte a él.
1 Refuerza tu autoestima
La inseguridad y una baja autoestima provoca que
determinadas personas caigan en relaciones de
dependencia emocional. De esta forma, se sienten más
fuertes y seguras. Pero esto no es más que un
espejismo, porque tu seguridad y tu amor propio no
pueden depender de algo externo a ti, sino que tiene
que nacer de ti mismo. Por eso, debes aprender a
quererte, dedicarte más tiempo, reconocer tus virtudes
y ser tolerante y comprensivo con tus fallos.
2 Aprende a disfrutar tu soledad
Aprender a estar solo no es fácil, pero superar el apego
afectivo lo requiere. Primero que nada, debes ser feliz
estando solo, sin más compañía que tú mismo. Esto
requiere práctica, pasar tiempo en soledad,
reconciliarse con uno mismo. Siendo consciente de que
la felicidad es posible estando solo, tendrás la madurez
emocional suficiente para poder compartir tu vida con
alguien de manera absolutamente independiente desde
el punto de vista emocional.
3 Tener objetivos propios y definidos
El apego afectivo provoca que las personas carezcan de
más objetivos que los planes conjuntos que comparten
con la otra persona. Los proyectos en común son
esenciales para dar sentido a una relación de pareja,
pero también son necesarios los proyectos individuales.
4 Practica la asertividad
Atrévete a decir lo que piensas, siempre de forma
respetuosa. Aprende a decir que no. Reafirma tu
personalidad para recuperar tu autonomía.
Independencia emocional, no posesividad y no
adicción, claves para una relación sana
Como señala el escritor y psicólogo clínico Walter Riso
en su libro ¿Amar o depender? Cómo superar el apego
afectivo y hacer del amor una experiencia plena y
saludable, el amor es la ausencia de miedo.
Sin embargo, en determinados tipos de relaciones
amorosas inadecuadas el miedo a la pérdida, a la
soledad o al abandono contamina el vínculo amoroso y
lo convierten en altamente vulnerable. Pero, en
realidad, una relación amorosa sana pasa por la
independencia emocional, la no posesividad y no
adicción.
“Entregarse afectivamente no implica desaparecer en
el otro, sino integrarse de manera respetuosa. El amor
sano es una suma de dos, en la cual nadie pierde”.
Así pues, debes comprender que las personas son
independientes, aunque tengáis una relación de pareja,
debes evitar las relaciones posesivas. Ante un caso de
apego afectivo, puede ser conveniente que te alejes un
poco de tu pareja y que te redescubras a ti mismo para
reflotar la relación. En armonía con los planes
compartidos, las ilusiones y los momentos íntimos en
pareja, ten una vida propia y conserva siempre un
saludable nivel de independencia personal.
Cómo saber si tienes apego a tu pareja
Antes de entrar de lleno a darte consejos para que
puedas superar el apego emocional en la pareja es
importante que aprendas a reconocer sus síntomas más
evidentes. No hace falta llegar a un extremo y que te
sientas completamente vulnerable sin esa persona para
hablar de apego, simplemente, basta analizar una serie
de comportamientos y sentimientos para entender la
naturaleza de tu relación.
Así pues, una persona con dependencia emocional de
su pareja suele experimentar situaciones parecidas a
las siguientes:
Quieres estar siempre con tu pareja: aunque al
principio de iniciar una relación es natural tener más
ganas de ver a esa persona que a otras, lo cierto es
que esta situación es solo el principio. Después, la
cosa debe calmarse y volver a su cauce. Pero si no es
así y todavía sientes esa necesidad es porque,
probablemente, tienes apego emocional. Lo habitual
es que, tras los primeros meses de pasión y
enamoramiento extremo, llegue la calma y recuperes
tu vida y tu independencia; si no es así, es porque
algo falla así que analízalo.
Sientes que le necesitas: esta es otra de las
situaciones más habituales en las relaciones de apego
de pareja. Y es que, en lugar de querer estar con ella
y disfrutar de una velada en su compañía, tu
sentimiento va más allá y pasa del simple deseo a la
necesidad. Esto es peligroso porque, si algún día te
falta esa persona, tu mundo puede desmoronarse por
completo. Las relaciones no son necesidad, son
voluntad y decisión.
Te sientes inseguro con tu relación: también es muy
común que las personas con dependencia emocional
de la pareja estén siempre inseguras acerca del futuro
de su relación. Su preocupación es tal que dejan de
disfrutar de su vida en pareja para estar, siempre,
preocupadas. Esto ocurre porque, como hemos dicho
anteriormente, se crea un vínculo tóxico de
necesidad y, por tanto, no puedes llegar ni a
imaginarte qué será de ti y de tu vida sin esa persona.
Estos pensamientos solo generan angustia, malestar
y estrés.
Sentimientos de inferioridad respecto a tu
pareja: la relación de dependencia que has generado
en tu relación hace que no te sientas merecedor/a de
su atención y que estés siempre preocupándote por si
encuentra a alguien mejor que tú y, al final, te
abandona. Esto hace que, cada vez, te sientas más
pequeño e insignificante a su lado, algo que afecta
enormemente a tu autoestima y a la seguridad en ti
mismo.
No sabes estar sola: y, por último, otro de los
síntomas más evidentes que indican que padeces
apego emocional en la pareja es que no seas capaz de
disfrutar sin esa persona. No sabes qué hacer con tu
vida cuando no está él o ella, no sabes pasarlo bien ni
ocupar tu tiempo libre. Eso indica, claramente, que
estás nutriéndote únicamente de tu pareja para ser
feliz. Y eso es totalmente insano porque tú eres la
persona que tiene que luchar por ser feliz. Solo tú.
4 consejos para superar el apego emocional de
pareja
Ahora que ya sabes qué es el apego emocional, es
importante que intentes superarlo para poder vivir de
forma completa y feliz. Muy a menudo, en una ruptura de
pareja, cuesta muchísimo romper ese apego y, al final,
terminas pasándolo peor por culpa de este vínculo tóxico
más que por echar de menos a tu pareja en sí misma. Por
eso, es importante saber cómo superar el apego emocional
en la pareja y luchar por disfrutar de una vida más plena y
satisfactoria.
No tengas miedo a estar solo/a
Para poder vencer el apego emocional en la pareja es
importante que no tengas miedo a la soledad. Está claro
que, tras una ruptura, hay un periodo de cambio y que,
durante este, puede haber momentos en los que te sientas
más solo de lo habitual. Pero no pasa nada, de verdad. Es
algo normal y corriente que nos ocurre a todos. De hecho,
incluso estando con pareja, es importante que mantengas
tu individualidad, que cuides de ti y que te dediques
tiempo a ti mismo. Solo así podrás seguir siendo una
persona completa y auténtica que, si se termina la relación,
continuará exactamente igual con su vida.
Sé más egoísta
Para poder evitar la dependencia emocional en la pareja es
importante que no perdamos de vista nuestros
intereses ni nuestros sueños. Muchas veces tendemos a
confundir el hecho de "adaptarnos el uno al otro" con el
"anularnos el uno al otro". Esto es algo que debemos evitar
al máximo. Tenemos que pensar en nosotros mismos, en
qué queremos de la vida y en hacer lo que realmente nos
apetezca. Y si dentro de este plan se encuentra nuestra
pareja, ¡mucho mejor! Pero, sobre todo, nunca debemos
dejarnos en un segundo plano.
Distánciate de tu pareja
Otro truco para poder practicar el desapego emocional en
la pareja es que tengáis momentos separados. Convertir
la pareja como un "pack" es algo totalmente
tóxico tanto a nivel individual como social. Está claro que
habrán momentos que compartáis juntos pero, también,
tienen que haber otros momentos en los que estéis
separados. No podéis convertiros en una persona, tenéis
que ser dos individuos que se han unido para ser más
felices. Pero siempre eso: dos personas independientes y
unidas.
¿Le quieres o le necesitas?
Esta es una pregunta que te invitamos a que te hagas y que
seas muy sincero a la hora de responderla. Diferenciar lo
que es amor de necesidad es algo básico que te marcará
cuáles son, realmente, tus sentimientos hacia tu pareja.
Recuerda que una pareja nunca se necesita porque, para
ser feliz, no necesitas nada más que a ti mismo. Por eso, es
importante que analices la naturaleza de tus sentimientos
y, en el caso de que sientas necesidad, intentes separarte
un poco, cuidarte y respetarte. Tú vales mucho. No
necesitas a nadie para ser feliz. No olvides.
Síntomas típicos del apego emocional
Para terminar acerca del apego emocional de pareja es
importante conocer los síntomas que nos pueden ayudar a
detectar si en nuestra relación tenemos apego o, por el
contrario, disfrutamos de una relación sana.
Aquí te dejamos los signos más evidentes de la
dependencia en la pareja para que analices tu situación:
Pensamientos obsesivos: algo muy común entre las
parejas con dependencia es que tengan algunas
"obsesiones". Por ejemplo, los celos compulsivos o
la desconfianza es un claro síntoma de esta situación
emocional. También es habitual que se idealice a la
persona con la que se comparte la vida o que se
ignoren aquellas situaciones negativas que se viven
en el seno de la pareja.
Contacto compulsivo: otra característica de las
parejas dependientes es que están todo el día
hablando por teléfono, por mensajes, etcétera. Y en
el momento en el un miembro no puede contactar
con el otro, lo habitual es que se creen grandes
discusiones, desconfianzas o situaciones
complicadas que son fruto de esta toxicidad que hay
en la pareja.
Falta de realismo en la pareja: otro síntoma muy
común es que la relación se viva de forma fantasiosa.
Es decir, que no se acepte la realidad y que nunca se
tomen decisiones al respecto. Este tipo de relación
está condenada al fracaso pero, en la mayoría de las
veces, la pareja sigue intentándolo una y otra vez
porque ven imposible que la relación se termine.