En el patio de mi casa
El patio de mi casa es particular. Estaba el señor don gato
Cuando llueve se moja como los demás. Estaba el Señor Don Gato
Agáchate, sentadito en su tejado,
y vuélvete a agachar, marramiau, miau, miau,
que los agachaditos sentadito en su tejado.
no saben bailar. Ha recibido una carta
Hache, i, jota, ka que si quiere ser casado,
ele, eñe, ene, a, marramiau, miau, miau, miau,
que si tú no me quieres que si quiere ser casado.
otra amiga me querrá. Con una gatita blanca
Hache, i, jota, ka sobrina de un gato pardo,
ele, eñe, ene, o, marramiau, miau, miau, miau,
que si tú no me quieres sobrina de un gato pardo.
otro amigo tendré yo. Al recibir la noticia
Chocolate, molinillo se ha caído del tejado,
corre corre, que te pillo marramiau, miau, miau, miau,
A estirar, a estirar se ha caído del tejado.
que el demonio va a pasar Se ha roto siete costillas
el espinazo y el rabo,
¿Dónde están las llaves? marramiau, miau, miau, miau,
Yo tengo un castillo, matarile, rile, rile. el espinazo y el rabo.
Yo tengo un castillo, matarile, rile, ron chimpón. Ya lo llevan a enterrar
Dónde están las llaves, matarile, rile, rile. por la calle del pescado,
Dónde están las llaves, matarile, rile, ron chimpón. marramiau, miau, miau, miau,
En el fondo del mar, matarile, rile, rile. por la calle del pescado.
En el fondo del mar, matarile, rile, ron chimpón. Al olor de las sardinas
Quién irá a buscarlas, matarile, rile, rile. el gato ha resucitado,
Quién irá a buscarlas, matarile, rile, ron chimpón. marramiau, miau, miau, miau,
Irá Carmencita, matarile, rile, rile. el gato ha resucitado.
Irá Carmencita, matarile, rile, ron chimpón. Con razón dice la gente
Qué oficio le pondrá, matarile, rile, ron chimpón. siete vidas tiene un gato,
Le pondremos peinadora, matarile, rile, rile. marramiau, miau, miau, miau,
Le pondremos peinadora, matarile, rile, ron siete vidas tiene un gato
chimpón. Este oficio tiene multa, matarile, rile,
rile. Este oficio tiene multa,
matarile, rile, ron chimpón
«No sé si cantando se seca el viento»
Mañana cuando vuelva el aire
a cernirse sobre las flores, sobre las altas paredes
que custodian el mundo,
y los ángeles regresen cansados a sus árboles;
cuando el horizonte cante debajo del cielo
y haya hombres que bailen alegres, juntando los brazos vertiginosos,
y las aves del mar se quejen y vuelen alrededor de los mástiles,
yo pensaré: oh, mi hogar del sur, al oeste de un gran río,
y gozaré memorias agradables. -Alguna vez,
el olvido también correrá sobre el mar,
y mi tierra irá callada hacia la otra tierra sin esperanza,
y yo no sé si seré feliz.
Ricardo E. Molinari,
“Campos de Soria”, de Antonio Machado
¡Soria fría, Soria pura, (a)
cabeza de Extremadura, (a)
con su castillo guerrero (b)
arruinado, sobre el Duero; (b)
con sus murallas roídas (c)
y sus casas denegridas! (c)
¡Muerta ciudad de señores (d)
soldados o cazadores; (d)
de portales con escudos (e)
de cien linajes hidalgos, (f)
y de famélicos galgos, (f)
de galgos flacos y agudos, (e)
que pululan (g)
por las sórdidas callejas, (h)
y a la medianoche ululan, (g)
cuando graznan las cornejas! (h)
¡Soria fría! La campana (i)
de la Audiencia da la una. (j)
Soria, ciudad castellana (i)
¡tan bella! bajo la luna. (j)
“Ajedrez”, de Jorge Luis Borges
En su grave rincón, los jugadores (a)
rigen las lentas piezas. El tablero (b)
los demora hasta el alba en su severo (b)
ámbito en que se odian dos colores.(a)
Adentro irradian mágicos rigores (a)
las formas: torre homérica, ligero (b)
caballo, armada reina, rey postrero, (b)
oblicuo alfil y peones agresores. (a)
Cuando los jugadores se hayan ido, (c)
cuando el tiempo los haya consumido, (c)
ciertamente no habrá cesado el rito. (d)
En el Oriente se encendió esta guerra (e)
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra. (e)
Como el otro, este juego es infinito. (d)
UGA LA TORTUGA - CUENTO INFANTIL SOBRE LA PERSEVERANCIA
- ¡Caramba, todo me sale mal!, se lamenta constantemente Uga, la tortuga.
Y es que no es para menos: siempre llega tarde, es la ú ltima en acabar sus tareas, casi nunca consigue
premios a la rapidez y, para colmo es una dormilona.
- ¡Esto tiene que cambiar!,- se propuso un buen día, harta de que sus compañ eros del bosque le
recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus tareas.
Y es que había optado por no intentar siquiera realizar actividades tan sencillas como amontonar hojitas
secas caídas de los á rboles en otoñ o, o quitar piedrecitas de camino hacia la charca donde chapoteaban
los calurosos días de verano.
- ¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis compañ eros? Mejor es
dedicarme a jugar y a descansar.
- No es una gran idea - dijo una hormiguita - Lo que verdaderamente cuenta no es hacer el trabajo en un
tiempo récord; lo importante es acabarlo realizá ndolo lo mejor que sabes, pues siempre te quedará la
recompensa de haberlo conseguido.
No todos los trabajos necesitan de obreros rá pidos. Hay labores que requieren tiempo y esfuerzo. Si
no lo intentas nunca sabrá s lo que eres capaz de hacer, y siempre te quedará s con la duda de si lo
hubieras logrado alguna vez.
Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La constancia y
la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos; por ello yo te aconsejo que lo
intentes. Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz.
- ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien que me ayudara a
comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.
Pasaron unos días y Uga la tortuga se esforzaba en sus quehaceres.
Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía porque era consciente
de que había hecho todo lo posible por lograrlo.
- He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles metas, sino acabar
todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes fines.
FIN
El Patito Feo
En una hermosa mañ ana de verano, los huevos que habían empollado la mamá Pata empezaban a
romperse, uno a
uno. Los patitos
fueron saliendo
poquito a poco,
llenando de
felicidad a los
papá s y a
sus amigos. Estaban
tan contentos que
casi no se dieron
cuenta de que un
huevo, el más
grande de todos,
aún permanecía
intacto.
Todos, incluso los
patitos recién nacidos, concentraron su atenció n en el huevo para ver cuá ndo se rompería. Al cabo de
algunos minutos, el huevo empezó a moverse. Pronto se pudo ver el pico, luego el cuerpo, y las patas del
sonriente pato. Era el má s grande, y para sorpresa de todos, muy distinto de los demá s. Y como era
diferente todos empezaron a llamarle el Patito Feo.
La mamá Pata, avergonzada por haber tenido un patito tan feo, le apartó con el ala mientras daba
atenció n a los otros patitos. El patito feo empezó a darse cuenta de que allí no le querían. Y a medida
que crecía, se quedaba aú n má s feo, y tenía que soportar las burlas de todos. Entonces, en la mañ ana
siguiente, muy temprano, el patito decidió irse de la granja.
Triste y solo, el patito siguió un camino por el bosque hasta llegar a otra granja. Allí, una vieja granjera le
recogió , le dio de comer y beber, y el patito creyó que había encontrado a alguien que le quería. Pero, al
cabo de algunos días, él se dio cuenta de que la vieja era mala y solo quería engordarle para
transformarlo en un segundo plato. El patito feo salió corriendo como pudo de allí.
El invierno había llegado, y con él, el frío, el hambre y la persecució n de los cazadores para el patito feo.
Lo pasó muy mal. Pero sobrevivió hasta la llegada de la primavera. Los días pasaron a ser má s calurosos y
llenos de colores. Y el patito empezó a animarse otra vez.
Un día, al pasar por un estanque, vio las aves más hermosas que jamás había visto. ¡Eran cisnes! Y
eran elegantes, delicadas y se movían como verdaderas bailarinas, por el agua. El patito, aú n acomplejado
por la figura y la torpeza que tenía, se acercó a una de ellas y le preguntó si podía bañ arse también en el
estanque.
Y uno de los cisnes le contestó :
- Pues, ¡claro que sí! Eres uno de los nuestros.
Y le dijo el patito:
- ¿Có mo que soy uno de los vuestros? Yo soy feo y torpe, todo lo contrario de vosotros. Vosotros son
elegantes y vuestras plumas brillan con los rayos del sol.
Y ellos le dijeron:
- Entonces, mira tu reflejo en el agua del estanque y verá s có mo no te engañ amos.
El patito se miró y lo que vio le dejó sin habla. ¡Había crecido y se había transformado en un precioso
cisne! Y en este momento, él supo que jamá s había sido feo. É l no era un pato sino un cisne. Y así, el
nuevo cisne se unió a los demá s y vivió feliz para siempre.
FIN
El perro y su reflejo
Un perro muy hambriento caminaba de aquí para allá buscando algo para comer, hasta que un carnicero
le tiró un hueso. Llevando el hueso en el hocico, tuvo que cruzar un río. Al mirar su reflejo en el agua
creyó ver a otro perro con un hueso má s grande que el suyo, así que intentó arrebatá rselo de un solo
mordisco. Pero cuando abrió el hocico, el hueso que llevaba cayó al río y se lo llevó la corriente. Muy triste
quedó aquel perro al darse cuenta de que había soltado algo que era real por perseguir lo que solo era un
reflejo.
El lobo y la grulla
Un día como cualquier otro, un joven y fornido lobo sintió có mo su garganta se atoraba con el pequeñ o
hueso de una de sus presas. Viéndose en la má s precaria situació n, comenzó a aullar con lo poco que le
quedaba de aliento:
—¡Socorro, auxilio! Ayú dame y será s recompensado.
Los animales del bosque ignoraron las palabras del lobo ya que todos sabían que él no era de fiar. Sin
embargo, una grulla incauta que caminaba por ahí escuchó sus lamentos y decidió ayudarlo. Con su largo
y delgado pico, entró en la garganta del lobo y luego de haber extraído el hueso, exigió el pago prometido.
Sin embargo, el lobo sonriendo y rechinando sus dientes, exclamó :
—¿Qué es lo que me pides? Te aseguro que ya tienes la recompensa que te mereces al haber metido tu
cabeza en la boca de un lobo y haber seguido con vida.
La leyenda del maíz
Cuenta la leyenda que, antes de la llegada del Dios Quetzalcó atl, los aztecas solo se alimentaba de raíces y
algú n que otro animal que podían cazar.
El maíz era un alimento inaccesible porque estaba oculto en un recó ndito lugar situado má s allá de las
montañ as.
Los antiguos dioses intentaron por todos los modos acceder quitando las montañ as del lugar, pero no
pudieron conseguirlo. Entonces, los aztecas recurrieron a Quetzalcó atl, quien prometió traer maíz. A
diferencia de los dioses, este utilizó su poder para convertirse en una hormiga negra y, acompañ ado de
una hormiga roja, se marchó por las montañ as en busca del cereal.
El proceso no fue nada fá cil y las hormigas tuvieron que esquivar toda clase de obstá culos que lograron
superar con valentía. Cuando llegaron a la planta del maíz, tomaron un grano y regresaron al pueblo.
Pronto, los aztecas sembraron el maíz y obtuvieron grandes cosechas y, con ellas, aumentaron sus
riquezas. Con todos los beneficios, se cuenta, que construyeron grandes ciudades y palacios.
Desde aquel momento, el pueblo azteca adora al Dios Quetzalcó atl, quien les trajo el maíz y, con ello, la
dicha.
Leyenda del hilo rojo del destino
Cuenta una antigua leyenda que, hace muchos añ os, un emperador invitó a una poderosa bruja que tenía
la capacidad para ver el hilo rojo del destino.
Cuando la hechicera llegó a palacio, el emperador le pidió que siguiera el hilo rojo de su destino y lo
condujera hacia la que sería su esposa. La bruja accedió y siguió el hilo, desde el dedo meñ ique del
emperador, que la llevó hacia un mercado. Allí se detuvo frente a una campesina en cuyos brazos sostenía
a un bebé. El emperador, enojado, pensó que se trataba de una burla de la bruja e hizo caer a la joven al
suelo, provocando que la recién nacida se hiriera la frente. Luego, ordenó que los guardias se llevaran a la
bruja y pidió su cabeza.
Añ os después, el emperador decidió casarse con la hija de un poderoso terrateniente a la que no conocía.
Durante la ceremonia, al ver por primera vez el rostro de su futura esposa, el emperador observó una
cicatriz peculiar en su frente.
Coplas
1. Compañerito del alma,
cante usted, vamos cantando,
que si usted no sabe coplas,
yo se las iré apuntando.
2. Mariposa del aire,
qué hermosa eres,
mariposa del aire
dorada y verde.
3. Al verme triste a tu lado
no me preguntes qué tengo;
tendría que responderte,
y yo acusarte no quiero.
4. Es de tal modo el amor,
y sus efectos son tales,
que lo declaran los ojos,
aunque la boca lo calle.
5. Mis hijos cuando me enfermo
corren a darme asistencia
y a la vuelta de mi cama
discuten sobre la herencia.
Adivinanzas
1. Habla y no tiene boca, oye y no tiene oído, es chiquito y hace ruido, muchas veces se equivoca.
Respuesta: El teléfono
2. Tengo agujas y no sé coser, tengo nú meros y no sé leer.
Respuesta: El reloj.
3. Es una planta con una flor, que gira y gira buscando el sol.
Respuesta: El girasol.
4. Es pequeñ o como una pera, pero alumbra la casa entera.
Respuesta: El foco.
5. Es larga y de lana, y cuando hace frío se la pone mi hermana. ¿Quién soy?
Respuesta: La bufanda.
6. Soy bonito por delante y algo feo por detrá s, me transformo a cada instante ya que imito a los
demá s. ¿Sabes quién soy?
Respuesta: El espejo.
7. Ya ves, ya ves, tan claro que es y no me la adivinas de aquí a un mes.
Respuesta: Las llaves
8. Te la digo y no me entiendes, te la repito y no me comprendes.
Respuesta: La tela.
9. Buenas y sonoras cuerdas tengo; cuando me rasgan, a la gente entretengo.
Respuesta: La guitarra.
10. Vengo de padres cantores, pero yo no soy cantor, llevo la ropa blanca y amarillo el corazó n. ¿Quién
soy?
Respuesta: El huevo.
Trabalenguas
1. Las tizas
Teresa trajo las tizas
¿y có mo las tizas trajo?
Hechas trizas
las tizas trajo.
2. El pintor
Pedro Pérez pintor
pinta preciosos paisajes
por pocas pesetas
para poder partir para París.
3. Café con leche
Si le echa leche al café
para hacer café con leche,
para hacer leche con café,
¿Qué hace falta que le eche?
4. El perro de San Roque
El perro de San Roque no tiene rabo
porque Ramó n Ramírez se lo ha cortado.
5. Ornitorrinco
Ornitorrinco, ornitorrinco,
atrévete y pega un brinco.
6. El dicho
Me han dicho un dicho,
que dicen que he dicho yo.
Ese dicho está mal dicho,
pues si yo lo hubiera dicho,
estaría mejor dicho,
que ese dicho que dicen que algú n día dije yo.
7. Tres tristes tigres
Tres tristes tigres,
tragaban trigo en un trigal,
en tres tristes trastos,
tragaban trigo tres tristes tigres.
8. Pancha
Pancha plancha con cuatro planchas.
¿Con cuá ntas planchas plancha Pancha?
9. El rey de Constantinopla
El rey de Constantinopla
se quiere descontantinopolizar.
El que lo descontantinopolice
buen descontantinopolizador será .
10. La bruja piruja
La bruja piruja prepara un brebaje
con cera de abejas,
dos dientes de ajo,
cuatro lentejas,
y pelos de pura oveja.
MITOS
EL QUINTO SOL Y LA CREACIÓN DEL MUNDO
Desde tiempos inmemoriales se ha intentado dar una explicació n al origen del mundo, tal como hace este
mito azteca de tipo cosmogónico.
Los aztecas y mayas creían en la existencia de mú ltiples soles. Por tanto, los cuatro anteriores y los seres
que habían vivido en aquella época, habían desaparecido.
La llegada del nuevo sol integró los elementos de la creació n: aire, fuego y agua. Este mundo, al igual que
los predecesores, también estaba sujeto a su extinció n:
Tecuciztecatl, un dios soberbio, se prestó enseguida. Sin embargo, los dioses querían elegir otro
contrincante má s humilde, este fue Nanahuatzin. Ambos debían realizar una ofrenda, el primero, ofreció
elementos grandiosos. El segundo, tenía materiales de poco valor para ofrecer.
En el momento del sacrificio, debían saltar al fuego. Tecuciztecatl fue el primero en intentarlo, aunque el
miedo lo dejó parado. Después fue Nanahuatzin, quién se precipitó al fuego sin pensarlo. Al ver su valor,
Tecuciztecatl también se lanzó al fuego.
Durante un tiempo los dioses aguardaron a que alguno de ellos se viera en el cielo. Pronto, se hizo la luz
en el cielo y vieron surgir por el este a Nanahuatzin como Tonatiuh, el que sería el quinto sol.
EL MITO DE PANDORA
Este mito griego de tipo antropogónico relata el origen de la primera mujer, así como la aparició n de la
infelicidad en el “paraíso” de los primeros humanos.
Como Eva en la Biblia, Pandora puede ser interpretada como la causante de las calamidades humanas
debido a su curiosidad.
Cuando Prometeo enseñ ó el uso del fuego a los hombres, Jú piter quiso vengarse por ello. Para eso, mandó
a los dioses que crearan una mujer dotada con todas las cualidades: la belleza, el don de la palabra, el
talento, la curiosidad, la sabiduría. Esta sería Pandora, en cuyo corazó n también se escondía el mal y el
engañ o.
Pandora fue enviada como regalo de los dioses a Epimeteo, hermano de Prometeo, quien desoyó las
advertencias de su hermano de no aceptar nada de los dioses. Epimeteo se casó con ella y, como regalo de
boda, Jú piter les dio una caja que nunca debían abrir.
Pandora no pudo resistirse y un día miró qué había dentro de aquel objeto. Entonces todos los males se
escaparon, consiguiendo solo quedarse la esperanza dentro del cofre.