Más que moderno, contemporáneo.
Riegl y la protección del patrimonio cultural
en la última década
SIMONA SALVO
Traducción de Valerie Magar
Resumen
Aunque ha pasado más de un siglo desde su publicación, El culto moderno de los monumentos todavía ocupa un
lugar destacado en la cultura internacional de la conservación, en especial si se toma en cuenta el reconocimiento
global que ha obtenido en la última década. Considerado ya como un verdadero pilar teórico y metodológico en
el cual se basan los conceptos de monumento, de memoria y de patrimonio que estructuran el paisaje cultural
occidental, el pensamiento de Riegl no ha envejecido en absoluto, por el contrario, sigue ofreciendo materia para
la reflexión, incluso si las coordenadas de la protección mundial de hoy trascienden las fronteras geo-culturales
europeas, y exponen referencias axiológicas y filosóficas profundamente transformadas con respecto al pasado.
Las razones de esta afinidad entre la reflexión del intelectual austriaco y los temas actuales de conservación de
la memoria, se remontan esencialmente a la poderosa vanguardia de su pensamiento: Riegl fue más allá de los
límites histórico-críticos establecidos durante el siglo XIX por la cultura europea para la disciplina de restauración,
e inscribió en su momento las bases de una cultura consciente y actualizada en un diálogo abierto con una sociedad
en franca transformación, cuya capacidad cultural estaba madurando en proporción a su propio desarrollo. Lo que
aún hoy nos maravilla del pensamiento de Riegl se refiere a la actualidad de su “teoría de valores” que ya a inicios
del siglo XX, evidenciaba la relación entre cultura contemporánea y objetos del pasado, centrada en reacciones
emocionales, afectivas o intelectuales que generan en el individuo y en la comunidad. Por éstas y otras razones
puede ser útil considerar los rangos de discursos que aún llevan a recurrir a Riegl y su Denkmalkultus, una de
las referencias teóricas y literarias más citadas, recordadas y amadas por la literatura sobre la protección de la
memoria.
Palabras clave: Teoría de los valores, valor de edad, patrimonio mundial, conservación global, memoria, pátina.
Si la cultura de protección europea tomó conciencia con la formulación de
la Carta de Venecia de una larga tradición de pluralidad de intenciones en la
preservación del patrimonio cultural irrenunciable, entonces Alois Riegl asume
un papel importante en este campo como uno de los representantes más
relevantes del sector y padre espiritual de la disciplina.
Ernst Bacher (1995: 40).
328 con GEORG DEHIO, ALOIS RIEGK Y MAX DVO Ř ÁK Núm. 5, Junio 2018, pp. 328 - 335
Un precursor de la cultura de protección posmoderna
El pensamiento de Alois Riegl sobre la protección de monumentos llamó la atención de los
amantes del tema con un gran retraso en comparación con la salida de Denkmalkultus, en
1903, debido al obstáculo lingüístico que planteaba su comprensión a los literatos de la
época, versados en francés e inglés, pero menos en alemán. Se desencadenó un cambio
en la crítica inicial del texto a principios de los años ochenta del siglo XX con su traducción
tardía a varios idiomas.1 De hecho, la reaparición del texto en la arena internacional después
de la Segunda Guerra Mundial jugó a favor de su mejor asimilación porque las ideas de Riegl
podían entrar inmediatamente en circulación y echar raíces más fácilmente (Grubser, 2005).
Desde entonces, el enfoque riegliano para la preservación de la memoria tuvo una difusión tan
extensa geográficamente, y aún vigente, que le valió el título de “primero de los modernos”,
de “futurólogo”, de precursor y de anticipador (Choay, 2005: 256; Scarrocchia, 2008: 305-306).
Las razones de ese éxito, brevemente presentadas por Jukka Jokilehto (1999: 215-217) –quien
atribuye al Denkmalkultus la verdadera primicia entre las diferentes sistematizaciones que el
pensamiento sobre la restauración europea recibió durante los siglos XIX y XX– encuentran
hoy nuevas confirmaciones en las formas que la protección de la memoria del pasado ha
tomado a escala mundial.
La “revolución copernicana” que encontró el mundo de la restauración del final del siglo XIX
con la “teoría de valores” de Riegl, se refería a tres aspectos centrales: el desplazamiento
del centro del debate del objeto al sujeto observador, la distinción entre monumentos
intencionales y no intencionales, y la diferente interpretación entre el valor de lo antiguo y lo
histórico, como términos diferentes de los valores de la memoria.
DER MODERN DENKMALTKULTUS
Imagen: Dominio público.
1
La primera traducción del Moderne Denkmalkultus fue al italiano y su primera versión data de 1981 y la segunda de 1982;
también en 1982 se realizó la traducción al inglés, y en 1984 al francés; en 1984 se volvieron a publicar algunos extractos
del texto en alemán; en 1987, en español, y en 1988 se reimprimió una versión integral en alemán. Sobre esta sucesión de
traducciones, con anotaciones interesantes de las diversas “orientaciones” lingüísticas, ver Grimoldi (2015) y Scarrocchia (2006:
35).
Más que moderno, contemporáneo. Riegl y la protección del patrimonio cultural en la última década SIMONA SALVO 329
MUELLE DE FRANCISCO JOSÉ, VIENA, CA.1900. Imagen: Dominio público.
La dimensión innovadora
Las razones por las cuales el pensamiento de Riegl aún conserva un carácter vanguardista,
y por las que en la actualidad constituye una referencia predilecta entre la comunidad
internacional, nos remiten al contexto histórico y geo-cultural dentro del cual se concibió
la ‘teoría de los valores’. Al principio del siglo XX, de hecho, el Denkmalkultus cambió
inesperadamente el debate sobre la transmisión del patrimonio arquitectónico y artístico más
allá del conflicto entre románticos y racionalistas, entre conservación y ripristino,2 encontrando
un espacio de reflexión basado en presuposiciones nuevas y diferentes. El principio por el cual
el valor de un objeto se concreta con base en la retroalimentación sensorial –estética
o emocional– que puede suscitar quien lo mira, se dirigía a un sistema axiológico que
no se fundamentaba tanto en las bases críticas relacionadas con la historia, la estética
y la teoría del arte, como en la ‘congenialidad’ entre objeto y observador, rompiendo
la idea de que el estilo y la forma representan una presuposición de valores absoluta
e indiscutible. La protección –no la conservación o la restauración– ahora se entendía
como una actividad reflexiva que colocaba al individuo (y consecuentemente a la comunidad)
y su capacidad crítica, al centro: con esto, en los primerísimos años del siglo XX, Riegl propuso
superar el historicismo que estructuraba la cultura europea del siglo XIX (Frodl, 1987: 45).
Encargado de proponer nuevas reglas para la conservación del patrimonio, válido en el clima
transcultural del imperio de los Habsburgo (Frodl, 1995: 403), Riegl propuso de hecho una
interpretación nueva y diferente, poniéndose efectivamente fuera del conflicto entre las
posiciones extremas de la restauration violettiana y de la conservation ruskiniana. La ‘teoría
de los valores’, basada en un método ‘científico’ para reconocer los valores de los artefactos
del pasado, no insistió en la apreciación para su conformación, sino en el ‘deseo’ que el
hombre tiene para los objetos del pasado y para sus diferentes declinaciones.
2
Ripristino: reconstitución del aspecto o de la forma original de un monumento, mediante la eliminación de añadidos o
superposiciones. Nota de la traductora.
330 con GEORG DEHIO, ALOIS RIEGK Y MAX DVO Ř ÁK Núm. 5, Junio 2018, pp. 328 - 335
Y no sólo eso: también disolvió el impase histórico-crítico de la herencia post iluminista
encaminada a considerar la historia del arte en un sentido evolutivo, demostrando que
cualquier objeto del pasado –en condiciones establecidas– puede ocupar un lugar único e
irremplazable en la formación de la memoria (Riegl, 1901).
En los años en que Riegl redactó el Denkmalkutus, el debate sobre los monumentos se
fundamentaba aun en razonamientos sobre el estilo, la relación entre los edificios antiguos
y la nueva arquitectura, sus conexiones con los principios de identidad cultural con base en
los cuales se estaban formando las naciones europeas, más que sobre criterios históricos y
filológicos con los cuales hacer frente a su comprensión: los monumentos se reconocían casi
exclusivamente como documentos históricos, y este reconocimiento se subordinaba al valor
artístico que tenía validez como categoría de valoración sólo si se consideraba, de hecho,
‘relativo’ al observador. El Denkmalkultus definió en cambio, quizás intencionalmente, un
terreno común sobre el cual cultivar una idea compartida de la conservación que entonces
habría encontrado una difusión cada vez más amplia primero en el ámbito europeo, luego
en aquel más ampliamente occidental y, más recientemente, en el foro de las instituciones
intergubernamentales, incluida la UNESCO.
El paso hacia la definición del valor antropológico del patrimonio cultural y el inicio de los
procesos de ‘patrimonialización de los objetos del pasado’ (Choay, 1992) fue breve y abrió un
escenario que aún está en transformación.
La dimensión global
Por haber distinguido una ‘categoría’ diferente entre los artefactos del pasado para los
monumentos no intencionales, que adquieren una importancia en el imaginario colectivo sin
ninguna predestinación, sin duda ha contribuido a la formación de la idea de ‘patrimonio de la
humanidad’, acuñada después de la Segunda Guerra Mundial por la UNESCO, y su dimensión
‘socio-histórica’ (Choay, 1995: 456). A partir de la segunda mitad del siglo XX, después de los
dos conflictos mundiales, el Denkmalkultus ha sido una herramienta efectiva a disposición de
las organizaciones intergubernamentales, para que puedan enfrentar y resolver el conflicto
entre las diferentes identidades culturales del mundo, ofreciendo los términos para un debate
pacífico.
Saliendo del circuito de las ideas nacionalistas del siglo XIX, Riegl superó el principio según el
cual el valor de los monumentos también es atribuible a su representatividad en los Estados
nacionales, cambiando la perspectiva: ya no se consideraba a los monumentos, de hecho,
como una expresión de naciones individuales sino de la humanidad entera, y como tal, un
patrimonio que debía ser compartido y disfrutado universalmente. A esto debemos agregar
que, por un lado, la distinción entre monumentos intencionales y no intencionales, abría el
campo a una extensión ilimitada de los objetos a los que, en potencia, es lícito reconocer un
valor de memoria; por el otro, el desplazamiento de los artefactos al observador del sujeto del
‘culto de los monumentos’ concedía el mundo de la conservación a las ‘masas’ –o en realidad
a la colectividad– que participan, junto con los intelectuales y especialistas, en los procesos
de ’patrimonialización’.
Por lo tanto, no es sorprendente que la literatura internacional en materia de protección
concuerde en regresar al Denkmalkultus los orígenes del proceso que ha permitido el
desarrollo de la reflexión a escala mundial, una verdadera y propia “hermenéutica cultural
actual e internacional”, y que Riegl sea reconocido como el “padre fundador” de la
cultura contemporánea de la memoria (Tomaszewski, 2005: 290), “pionero de la cultura de
la protección planetaria dirigida a mejorar el principio de ‘unidad en la diversidad’” (Choay,
1995: 464).
Más que moderno, contemporáneo. Riegl y la protección del patrimonio cultural en la última década SIMONA SALVO 331
PORTAL DE LA OFICINA DE TELEGRAMAS DEL PERIÓDICO DIE ZEIT, VIENA.
Otto Wagner 1902-1903. Imagen: Dominio público.
Además, la demora con la que los textos de Riegl fueron traducidos y puestos en circulación
entre los especialistas en protección resultó ser todo menos perjudicial. Introducido en los
años ochenta mediante traducciones a varios idiomas, el Denkmalkultus capturó la atención
de los especialistas cuando los tiempos estaban preparados para acomodar una idea de
protección “global” e integrarla en el marco teórico de la conservación mundial, al grado
de producir una “Riegl-Rennaissance”.3
La teoría riegliana de los valores proponía de hecho un enfoque tolerante, relativista y
contextualizado en la esfera de los valores, adaptable al tiempo y la posición geo-cultural
del observador, que ofrecía a las organizaciones internacionales, como el ICOMOS, el marco
teórico de una reflexión abierta, capaz de acoger efectivamente una idea multicultural de
conservación (Jokilehto, 2006). En perfecta coherencia con la misión de la UNESCO dedicada
a mantener la paz en el mundo mediante la afirmación y el reconocimiento mutuo de las
diferentes identidades culturales del planeta, el pensamiento de Riegl representó –y todavía
representa– una premisa formidable.
Riegl analizaba e interpretaba las dinámicas de la apreciación de los monumentos, ofreciendo
una clave de lectura que despertó una conciencia compartida del patrimonio histórico y
artístico más allá de los confines disciplinarios dentro de los cuales se había formado el "culto"
de los monumentos. La posibilidad de introyectar el valor de los testimonios del pasado desde
cualquier perspectiva cultural y de obedecer a las solicitudes de la comunidad internacional
dedicada al esfuerzo de construir una reflexión globalmente válida, más allá de las diferencias
inevitables dibuja el perfil de verdadero mediador intellectual de Alois Riegl.
3
El pensamiento de Riegl llega tarde al mundo de la protección globalizada con su primera traducción al inglés editada por K.W.
Forster y D. Girardo (“The modern cult of monuments, its character and its origin”, Oppositions, 1982, 25), y no con la Carta de
Venecia de 1964, primer documento que recoge la visión del cuidado europeo, aunque el documento contiene en síntesis algunas
referencias al Denkmalkultus; para este propósito, véase Scarrocchia (2008).
332 con GEORG DEHIO, ALOIS RIEGK Y MAX DVO Ř ÁK Núm. 5, Junio 2018, pp. 328 - 335
El proceso de relativización de los fundamentos de la conservación no es, por lo tanto, una
función del objeto –como por ejemplo asume Cesare Brandi, quien de manera ‘idealista’ sitúa
la obra de arte al centro de su disertación como un artefacto excepcional del hombre que,
al reconocerla como tal, la actualiza en su propia conciencia– pero es una expresión del
‘deseo’ –o Kunstwollen– del sujeto observador. Por lo tanto, la dimensión de ‘desempeño’
de la protección propuesta por Riegl se plantea entonces en términos interlocutorios, más
abiertos y flexibles que otras ‘teorías’ sistematizadoras, como lo es precisamente la Teoria
del restauro de Brandi.4
La dimensión emotiva
Mientras que por un lado Riegl disuelve el conflicto que subyace a la dicotomía decimonónica
entre el racionalismo y el romanticismo, por otro abre un nuevo frente sobre lo que ahora
definiríamos como la dimensión ‘sensorial y emocional’ que produce la experiencia de los
testimonios del pasado, de acuerdo con una acepción tan amplia e indefinida que podría
incluir casi todo lo que preexiste. Ya no es sólo el valor histórico de los objetos (aquél sobre el
cual se basa la teoría axiológica del siglo XX) el que estructura el valor de memoria en Riegl,
ya que con éste, con el tiempo, se forma un valor diferente, o bien un valor de antigüedad,
que el individuo puede apreciar sin tener que recurrir a una lectura intelectual, sino a través
de los sentidos, sobre todo la vista: es, precisamente, el valor de antigüedad que satisface
esa ‘necesidad estética’, que invita a los sentidos y que alimenta la esfera emocional. Con
bastante anticipación, quizás demasiada, como ya se ha señalado (Korth, 1983: 44), Riegl había
previsto que los monumentos ya no serían únicamente apreciados por su valor intencional o
por su valor histórico, sino (y sobre todo) por su valor de antigüedad. Sin embargo, la historia
no le dio razón de inmediato, ya que se tuvo que esperar un siglo después de su muerte, y
el fin del segundo Milenio, para recuperar aquella perspectiva que, de hecho, estaba bien
alineada con una visión plural, colectiva y emocional del valor de la memoria.
La idea de que la ‘sintonía’ que puede establecerse entre las personas y las cosas de manera
emotiva o psicológica represente un requisito previo para reconocer su valor se origina en
el concepto de Stimmung retomado por Riegl y se refiere a una esfera nunca considerada
hasta ese momento: el de la apreciación de los monumentos. Riegl, de hecho, comprendía el
Stimmung como “disposición de la mente”,5 mediando el lenguaje de la crítica literaria con el
de la estética que establece una liaison con la especulación filosófica contemporánea de los
‘espacios atmosféricos’ (Schmitz, 2016) e, incluso, del campo de las neurociencias.
La idea de que los monumentos, o más bien los monumentos involuntarios, pueden mover los
sentimientos, sensaciones y reacciones afectivas representa un factor de gran actualidad del
pensamiento de Riegl (Scarrocchia, 2006: 43), ya que permite acoger dentro de la reflexión
contemporánea el valor de conceptos –que la segunda mitad del siglo XX ha dejado de lado
en favor de un enfoque totalmente científico y determinista– como aquel relacionado con la
apreciación de las pátinas del tiempo como un crecimiento histórico y estético, de acuerdo
con una perspectiva emocional y no sólo intelectual. La tendencia a desarrollar el enfoque a
los objetos del pasado a partir de presupuestos esencialmente racionales dejaba en silencio
la necesidad de compensar aquella ‘laguna’ emocional y psicológica que había surgido con
fuerza con las destrucciones bélicas, pero luego dejada de lado por la euforia optimista de
la reconstrucción sucesiva. Se tendrán que esperar a las dos primeras décadas del nuevo
4
Sandro Scarrocchia entrevé la divaricación que comenzó en los años ochenta del siglo XX entre el mundo de la restauración
italiana, encabezado por Cesare Brandi, y aquel internacional que en cambio se vuelve hacia Alois Riegl; para este propósito,
ver Scarrocchia (2006: 42).
5
[http://www.treccani.it/vocabolario/ricerca/stimmung/] (consultado el 17 de junio de 2018).
Más que moderno, contemporáneo. Riegl y la protección del patrimonio cultural en la última década SIMONA SALVO 333
Milenio para asistir a un verdadero ‘tránsito’ hacia la formación de una conciencia colectiva
del valor de la memoria, para la cual los testimonios del pasado valen sin duda más por el
efecto emocional que producen sobre el observador, y no por el valor que se les atribuye por
medios científicos y disciplinares.
De hecho, una veta de pensamiento sensible a las implicaciones psicológicas que implica
el proceso de reconocimiento del valor de la evidencia del pasado ya había surgido
en Italia en la reflexión de Roberto Pane y Renato Bonelli (Giannattasio, 2010), pero no
desembocó en la tradición cultural Italiana y europea entre los años 1960 y 1980, demasiado
‘introvertida’ y centrada en temáticas nacionales.6 Con la introducción de una tercera instancia
‘psicológica’, además de las histórica y estética, de hecho se proponía un alineamiento entre
la estratificación emocional que vivir en una edificación histórica produce en la conciencia
de los hombres y la estratificación física y material que da forma a los centros histórico y
a sus monumentos; de esta forma, el testimonio del pasado, entendido de manera amplia,
finalmente podría considerarse como un recurso destinado a satisfacer tanto los requisitos
estéticos –ampliamente declinables de acuerdo con una acepción intelectual y sensorial–
como los psicológicos y afectivos.
La dimensión futura
A pesar de los cambios trascendentales que la conservación de la memoria enfrentó durante
la segunda mitad del siglo XX, especialmente en las primeras décadas del nuevo milenio,
seguimos reconociéndole un papel destacado al pensamiento de Alois Riegl. De hecho, son
muchas e inesperadas las relaciones7 entre los temas anticipados por su producción literaria
y los temas de mayor relevancia surgidos con el desarrollo global de la reflexión en materia
de conservación de la memoria, a partir del papel de los recursos naturales en el contexto de
protección mundial (Riegl, 1905), a la dimensión cuantitativa que ésta debe afrontar de cara al
consumo masivo al que se ofrece el patrimonio cultural, a la consideración del valor de uso
como presuposición del ingreso en el ámbito de la conservación de los bienes contemporáneos,
el arte y la arquitectura ‘moderna’, por no hablar del debate que surgió sobre la oposición
entre el patrimonio material e inmaterial o, mejor, entre bienes tangibles y bienes intangibles
(Thordis, 2004; Carpo, 2007).
No es sencillo establecer si, y en qué modo, él aún pueda estimular la reflexión sobre el tema,
pero debe tenerse en debida cuenta que las numerosas y diversas lecturas retrospectivas
del pensamiento de Riegl no son inmunes a forzamientos e ideologismos. No resulta claro
cómo Riegl pueda iluminar el camino de la ‘conservación en la era digital’: de hecho, existe la
sensación de que, como en otros casos, acechen las trampas de una tergiversación y el riesgo
de ideologización (Harrer, 2017).
Sin embargo, el hecho es que el Denkmalkultus –pragmáticamente aceptado como un marco
interpretativo de referencia más que como ‘teoría’ para la conservación– ha contribuido a hacer
que los principios de la protección de los testimonios del pasado más allá de las fronteras
geo-culturales europeas enfrenten un camino que, pasando de la reciente Convención de Faro
(2005), ha llegado a una idea de ‘patrimonio colectivo e individual’ que, en nuestra opinión, sin
duda emana de la idea de Alois Riegl y promete ser el canto a lo largo del cual se continuará
desarrollando la compleja y fascinante relación que siempre ha vinculado al hombre con los
objetos del pasado.
6
No es inútil recordar aquí que el volumen Alois Riegl; Teoria e prassi della conservazione dei monumenti, editado por Sandro
Scarrocchia en 1995, marca el ingreso de Riegl en la literatura sobre restauración en Italia; aunque sea muy citado, Riegl nunca
será ‘metido en el sistema’ en el desarrollo teórico de la disciplina en Italia, convirtiéndose en parte del debate teórico sobre la
conservación de la memoria del pasado sólo de manera tangencial.
7
En francés en el texto original. Nota de la traductora.
334 con GEORG DEHIO, ALOIS RIEGK Y MAX DVO Ř ÁK Núm. 5, Junio 2018, pp. 328 - 335
Referencias
Bacher, Ernst (1995) “Vorwort”, in: Kunstwerk oder Denkmal? Alois Riegls Schriften zur Denkmalpflege, Böhlau, Wien-Köln-
Weimar.
Carpo, Mario (2007) “The post-modern cult of monuments”, Future anterior 4 (5): 51-62.
Choay, Françoise (1992) L’allégorie du patrimoine, Editions du Seuil, Paris.
Choay, Françoise (1995) “Riegl, Freud e i monumenti storici. Per un approccio “societale” alla conservazione”, in: Sandro
Scarrocchia (a cura di), Alois Riegl: teoria e prassi della conservazione dei monumenti. Antologia di scritti, discorsi, rapporti
1898-1905, con una scelta di saggi critici, Accademia Clementina, Clueb, Bologna, pp. 455-465.
Convenzione di Faro (2005) Convenzione quadro del Consiglio d’Europa sul valore dell’eredità culturale per la società [https://
goo.gl/UFHJf5] (consultado el 20 de enero de 2018).
Frodl, Walter (1987) “Wandlungen im Konzept der Denkmalpflege in letzen halben Jahrhundert”, Denkmalschutz Informationen,
11; in: Donatella Fiorani (a cura di), Il restauro architettonico nei paesi di lingua tedesca. Fondamenti, dialettica, attualità,
Bonsignori, Roma, pp. 119-122.
Frodl, Walter (1995) “Concetti valori di monumento e il loro influsso sul restauro”, in: Scarrocchia, Sandro (a cura di), Alois Riegl:
teoria e prassi della conservazione dei monumenti. Antologia di scritti, discorsi, rapporti 1898-1905, con una scelta di saggi
critici, Accademia Clementina, Clueb, Bologna, pp. 401-422.
Giannattasio, Caterina (2010) “Lo spazio esistenziale e l’istanza psicologica: attualità del pensiero di Roberto Pane”, in: Stella
Casiello, Andrea Pane, Valentina Russo (a cura di), Roberto Pane tra storia e restauro. Architettura, città, paesaggio, atti del
Convegno Nazionale di Studi, Napoli 27-28 ottobre 2008, Marsilio, Venezia, pp. 154-158.
Grimoldi, Alberto (2005) “Traduzioni e traduttori: le parole e la cosa”, Ananke (74): 13-18.
Grubser, Michael (2005) “Time and history in Alois Riegl’s theory of perception”, Journal of the history of ideas 66 (3): 451-474.
Harrer, Alexandra (2017) “The legacy of Alois Riegl: material authenticity of the monument in the digital age”, Built heritage (2):
29-55.
Jokilehto, Jukka (1999) A history of architectural conservation, Butterworth Heinemann, Oxford.
Jokilehto, Jukka (2006) “Preservation theory unfolding”, Future anterior III (1): 1-9.
Jokilehto, Jukka (2015) “Conservation ethics from Riegl’s time to the present”, Modern conservation (3): 11-23.
Korth Thomas (1983) “Denkmalpflege. Uberlegungen zum Hundertjärigen bestehen eines begriffs”, Deutsche Kunst und
Denkmapflege 41 (2): 2-9, in: Donatella Fiorani (a cura di), Il restauro architettonico nei paesi di lingua tedesca. Fondamenti,
dialettica, attualità, Bonsignori, Roma, pp. 43-52.
Riegl, Alois (1901) Die spätrömische Kunst-Industrie nach den Funden in Österreich-Ungarn im Zusammenhange mit der
Gesamtentwicklung der Bildenden Künste bei den Mittelmeervölkern, Druck und Verlaf der Kaiserlich-Königlichen Hof- und
Staatdruckerei, Wien.
Riegl, Alois (1905) “Neue Strömungen in der Denkmalpflege”, in: Mitteilungen der K. K. Zentralkommission für Erforschung
und Erhaltung der Kunst- und historischen Denkmale (3): 85-104; trad. it. “Nuove tendenze nella conservazione”, in: Sandro
Scarrocchia (a cura di), Alois Riegl: teoria e prassi della conservazione dei monumenti. Antologia di scritti, discorsi, rapporti
1898-1905, con una scelta di saggi critici, Accademia Clementina, Clueb, Bologna, pp. 291-302.
Scarrocchia, Sandro (1995) Alois Riegl: teoria e prassi della conservazione dei monumenti. Antologia di scritti, discorsi, rapporti
1898-1905, con una scelta di saggi critici, Accademia Clementina, Clueb, Bologna.
Scarrocchia, Sandro (2006) “La ricezione della teoria della conservazione di Riegl fino all’apparizione della teoria di Brandi”, in:
Maria Andaloro (a cura di), La teoria del restauro da Riegl a Brandi, atti del convegno internazionale, Viterbo 12-15 novembre
2003, Nardini, Firenze, pp. 305-332.
Scarrocchia, Sandro (2008) “La ricezione di Riegl in Italia dalla Carta di Venezia ad oggi”, in: Alois Riegl (1858-1905). Un secolo
dopo, atti dei Convegno dei Lincei, Roma 30 novembre-2 dicembre 2005, Bardi, Roma, pp. 35-50.
Schmitz, Hermann (2016) “Atmospheric spaces”, Ambiances [http://ambiances.revues.org/711] (consultato il 27 dicembre di
2017).
Thordis, Arrehnius (2004) “The cult of age in mass-society: Alois Riegl’s theory of conservation”, Future anterior 1 (1): 75-81.
Tomaszewski, Andrzej (2005) “I valori immateriali dei beni culturali nella tradizione e nella scienza occidentale”, in: Simonetta
Valtieri (a cura di), Della bellezza ne è piena la vista! Restauro e conservazione alle latitudini del mondo nell’era della
globalizzazione, Atti del convegno, Reggio Calabria 10-12 luglio 2003, Nuova Argos, Roma, pp. 30-55.
Más que moderno, contemporáneo. Riegl y la protección del patrimonio cultural en la última década SIMONA SALVO 335