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Cuatro Nobles Verdades del Budismo

El documento presenta las enseñanzas fundamentales de Buda a través de las Cuatro Nobles Verdades. Explica que Buda descubrió por sí mismo que el sufrimiento existe, que tiene una causa (el deseo), que puede superarse y que enseña el camino (el Camino Medio) para lograrlo. También resume brevemente la vida de Buda, desde su nacimiento como príncipe hasta que alcanzó la iluminación bajo un árbol a los 35 años después de renunciar a los placeres y practicar la austeridad extrema
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Cuatro Nobles Verdades del Budismo

El documento presenta las enseñanzas fundamentales de Buda a través de las Cuatro Nobles Verdades. Explica que Buda descubrió por sí mismo que el sufrimiento existe, que tiene una causa (el deseo), que puede superarse y que enseña el camino (el Camino Medio) para lograrlo. También resume brevemente la vida de Buda, desde su nacimiento como príncipe hasta que alcanzó la iluminación bajo un árbol a los 35 años después de renunciar a los placeres y practicar la austeridad extrema
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BUDA, BUDISMO Y ENSEÑANAZAS

Fuente: [Link]

INTODUCCIÓN

El budismo es una filosofía hermosa, y su esencia se puede resumir en buscar una


felicidad duradera. La esencia de su práctica es vivir en el momento presente. Buda
viene del sánscrito, y significa “el que ha despertado”, es decir, el que está siempre
atento al presente. El pasado y el futuro son solamente creaciones de nuestra mente…
lo único que realmente existe es el aquí y el ahora.

El Buda, tras alcanzar el pleno y perfecto despertar, tuvo que encontrar las palabras
para compartir su visión. Las Cuatro Nobles Verdades son el corazón de sus
enseñanzas, las que nos dan a conocer el camino para la felicidad suprema. La
sabiduría de Buda trasciende el dogmatismo, y su principal enseñanza nos dice que el
sufrimiento existe, que puede superarse, y nos muestra el camino para lograrlo.

Este camino lo podemos denominar simplemente como “Camino Medio”. El Camino


Medio resume la sabiduría de evitar los extremos en la vida, y de realizar los esfuerzos
apropiados para alcanzar el despertar. Todos podemos practicar sus enseñanzas, sin
importar nuestras creencias, ya que el verdadero budismo trasciende las barreras de la
religión.

Existen muchos tipos de budismo, pero todos ellos existen (al igual que las diferentes
religiones y filosofías) porque existen diversas culturas y formas de pensar. El budismo
ha llegado a muchos países, y en cada uno de ellos ha adquirido un valor único.

Algún día, lo mismo va a suceder en nuestros países, ya que el budismo necesita


renovarse y amoldearse a las diferentes culturas. En todo el mundo ha estado
aumentando el interés por las hermosas enseñanzas de Buda. Dejemos que brote el
verdadero Dharma, abriendo nuestros corazones a la vida que está delante de
nosotros.

Muchos años ya hemos vivido en medio de guerras y conflictos. El mundo necesita del
budismo, al igual que de todas las religiones y filosofías que promueven el amor y la
paz. No busquemos más divisiones: tal como la variedad de colores enriquecen nuestra
vista, las diferentes culturas, religiones y filosofías deben de enriquecer nuestros
corazones.

No descuidemos nuestra felicidad y la de los demás. La felicidad es aquí y ahora.


Debemos aprender a buscar la verdadera felicidad, y no los defectos de otros. Para
poder cultivar la paz en nuestro entorno debemos empezar por nosotros mismos.
Aprende a cultivar la verdadera felicidad dentro de tí. Esta es la enseñanza de Buda.
BREVE BIOGRAFÍA DE BUDA

Buda significa "el que ha despertado", aquél cuya mente ha alcanzado un


bienaventurado estado. Buda descubrió, predicó, y dió forma a las enseñanzas de las
que derivan las diferentes escuelas que hoy difunden y mantienen el Dharma.

Siddharta nació en el país de los Sakyas, cuyo territorio se hallaba al sur del actual
Nepal el 566 a.c. Su padre, Suddhodana, de la casta de los ksatrias (aristócratas
guerreros), era "rey" de aquel territorio, es decir, el jefe más poderoso de una
confederación de clanes aristocráticos. Su clan propio era el Gautama, de modo que el
nombre por el que se conoció al Buda sería el de Siddharta Gautama, denominación a
la que se añadiría más tarde la de "sabio de los sakyas" (Sakyamuni). La madre de
Siddharta se llamaba Mahamaya y era también del más noble linaje. La tradición rodea
el advenimiento de Siddharta de numerosas premoniciones y prodigios que indican la
gran importancia que la persona y su enseñanza alcanzaron durante su vida y después
de ella.

El nacimiento se produjo en Lumbini, lugar situado a corta distancia de Kapilavastu,


residencia de Suddhodana, y al niño se le puso por nombre Siddharta, que significa
"cumplimiento del objetivo". Mahamaya murió pocos días después a consecuencia del
parto, pero Siddharta fue criado por Mahaprajapati, hermana de su madre y también
esposa de su padre.

Durante su niñez y juventud no parece que Siddharta se distinguiera de los demás


jóvenes nobles de su tiempo. Según la tradición, el rey Suddhodana, que temía
perderlo y quedarse así sin primogénito (puesto que, sin duda, tenía muchos más
hijos), intentó aislarlo del mundo exterior y hacerlo vivir en un mundo cerrado en el que
todo eran placeres y el dolor y la muerte quedaban cuidadosamente ocultos. Recibió la
educación literaria, religiosa y militar que eran propias de su condición y, a su debido
tiempo, se le casó con Yasoddhara, una bella y noble joven con la que parece que era
feliz.

Según la tradición, Siddharta tuvo cuatro encuentros que cambiaron completamente su


forma de ver el mundo y le impulsaron a buscar algo más fuera de los placeres de que
estaba rodeado.

El príncipe solía salir con su auriga, Chandaka, a dar paseos fuera del palacio, y en uno
de éstos vió un día Siddharta a un anciano decrépito que los criados de su padre no
habían tenido tiempo de apartar. Asombrado ante aquella decadencia tan extrema, que
él no había visto nunca antes, pensó que se trataba de algo extraño, hasta que
Chandaka le sacó de su error y le enseñó que, de vivir mucho tiempo, todos los seres
perdían su belleza y muchos de sus atributos para ser viejos y débiles.

En otra ocasión vió un enfermo que sufría un mal repugnante que deformaba su cuerpo
y le hacía padecer grandes dolores. El príncipe se sorprendió mucho cuando Chandaka
le explicó que esto era algo normal, puesto que los humanos sufrían enfermedades
constantemente.

En otra salida se topó el príncipe con un cortejo funerario, lo que le puso en contacto
con la muerte y el principio ineluctable de que todo lo que nace tiene que morir.
Por último, en otro paseo, a quien vió Siddharta fue a un mendigo que, a pesar de
vestir muy pobremente y pedir limosna, tenía un aspecto feliz y luminoso. Al preguntar
quién era se le contestó que se trataba de un hombre santo que había renunciado a
todo para dedicarse a la perfección espiritual.

Todos estos encuentros le habían turbado profundamente y le habían hecho pensar en


la falta de sentido de su vida de placer. Comenzó a ver su entorno con otros ojos y a
observar el esfuerzo y el sufrimiento de los criados y trabajadores, el de los animales
que trabajaban en el campo e incluso el de las mujeres que llenaban el harén del
palacio. Comprendió la magnitud del sufrimiento que le rodeaba y en el que estaban
sumidos todos los seres y decidió buscar el también una salida a esta rueda de dolor
inacabable que se renovaba con cada existencia. Con cerca de treinta años dejó su
palacio y su patria, se despojó de adornos y joyas, se vistió como mendigo y como tal
aprendió a pedir limosna.

Al principio Siddharta buscó la enseñanza de grandes maestros como Arada y


Rudraka, que le enseñaron a meditar hasta niveles muy elevados y, una vez que hubo
aprendido se retiró a Bodgaya en el reino de Magadha, en donde se entregó a las más
extremas prácticas ascéticas durante seis años. Su fama se extendió y varios ascetas
más se le acercaron y se convirtieron en sus discípulos, al ver sus grandes cualidades
y los extremos a que llevaba su sacrificio.

El ascetismo extremo, sin embargo, no le hizo progresar demasiado en el camino hacia


la iluminación y, cuando Siddharta comprendió que castigar el cuerpo hasta ese
extremo no le haría adelantar más de lo que ya estaba, volvió a comer mejor, se bañó y
reconsideró su posición. Sus discípulos, desilusionados por lo que consideraban un
abandono, le dejaron, pero él se dio cuenta de que, con las fuerzas recuperadas, volvía
a sentirse capaz de continuar con su esfuerzo. Por eso enunció Siddharta su doctrina
del camino medio: los excesos de sensualidad y ascetismo no son favorables para
perfeccionarse espiritualmente; el sabio debe buscar un equilibrio entre ambos
extremos.

Cuando llegó a ésta conclusión, volvió a sentarse bajo un árbol (el Bo, o árbol de la
iluminación) y tras pasar por varias fases en que sufrió tentaciones de los sentidos e
ilusiones producidas por su propio yo, consiguió superar sus limitaciones anteriores, y
al alcanzar la iluminación se convertirtió en Buda. Tenía entonces 35 años.

Siddharta había comprendido que el deseo era la causa del sufrimiento. El deseo crea
apego y éste ata a la existencia, fomenta la ilusión del yo y sume a los seres en un
estado de ignorancia en que no reconocen la naturaleza de su mente y que los
condena a vivir en el samsara.

En un principio el Buda dudó sobre si debía o no enseñar el Dharma (su doctrina), pero
al final venció su compasión y comenzó su predicación en el parque de los ciervos,
cerca de Varanasi (Benarés). Allí le oyeron sus antiguos discípulos, quienes pronto se
convirtieron en arhats (los que han eliminado en su interior todos los obstáculos para
llegar a la iluminación). A éstos se sumaron muchos otros y así se creó la Sangha
(comunidad de Monjes Budistas) para los que el Buda mismo dió las primeras y
fundamentales normas. Reyes y devotos pronto proporcionaron tierras y edificios para
construir monasterios y alojar el creciente número de monjes.
El Buda continuó dando enseñanzas y ejemplos hasta la edad de ochenta años,
momento en que entró en profunda meditación y pasó al Nirvana (Parinirvana) (486
a.c.), pero su enseñanza quedó como guía para ayudar a todos los seres a salir del
sufrimiento.

LAS CUATRO NOBLES VERDADES

Nadie le entregó a Buda las Cuatro Nobles Verdades, sino que él las descubrió por sí
mismo, del mismo modo que tú y yo debemos hacerlo. Aunque su vida fue única en
muchos aspectos, sufrió y deseó la felicidad perdurable, al igual que cualquier otro ser
humano.

Nacido como un príncipe, Siddharta vivió una vida de grandes lujos durante sus
primeros dieciocho años. Estaba rodeado de belleza, abundancia, amor y
comodidades. Aunque no tuviera las comodidades y lujos modernos a los que muchos
de nosotros estamos acostumbrados, tenía el futuro asegurado. Cualquier deseo suyo
era satisfecho, cualquier placer que deseara era colmado.

A pesar de éstas comodidades y placeres extremos, el joven se sentía vacío y


anhelaba un sentimiento de plenitud que el placer era incapaz de colmar; de modo que
Siddharta abandonó su vida principesca para buscar una felicidad más duradera.

Entonces, él hizo lo que tú y yo hemos hecho tantas veces: se fue al extremo opuesto.
En lugar de satisfacer todos sus caprichos, llevó una vida de privaciones. Adelgazó
tanto que si se apretaba el ombligo con el dedo podía tocar su columna. Después de
seguir una vida austera durante seis años, la abandonó. Descubrió que su abnegada
existencia sólo conseguía debilitar su cuerpo su mente. Su sed de paz interior no se
saciaba ni con el extremo de los excesos ni con el de las privaciones. Sin embargo, su
problema de cómo hallar la felicidad duradera y la plenitud emocional seguía sin
resolverse.

El Camino Medio

Al contrario que tú y yo, Buda no osciló entre el extremo de los excesos (placer) y el de
las privaciones (dolor). Descubrió que ambos extremos eran un sendero doloroso e
infructuoso. Aunque vivió algunos momentos maravillosos, no colmaron completamente
su deseo de paz y seguridad duraderas. Probablemente, tú debes de haber
experimentado también momentos deliciosos (una comida estupenda, una bonita
experiencia de pareja, vacaciones maravillosas). Pero cuando se acaba, se acaba, y
descubres que sólo se trata de una felicidad temporal y circunstancial, ya que todo
depende de factores externos a tí.

En vez de buscar en alguna otra parte, Buda decidió seguir el Camino Medio y
centrarse en el momento presente, en lugar de soluciones extremas en el exterior.
Dirigió la atención a su interior y examinó atentamente aquello que ocurría en su
cuerpo y en su mente.
Buda se sentó al pie de un árbol, y decidió no levantarse, hasta liberarse de la sed que
buscaba saciar en el lugar equivocado. Durante la noche, legiones de deseos, lujuria,
placer, dolor, agresividad, miedo, tentación, frustración, odio y duda intentaron apartarle
de su meta, pero permaneció impasible. Cuanto más tiempo meditaba, más intensas y
exigentes se volvían esas fuerzas.

Imagina que, mientras meditas bajo un árbol, eres tentado por tus visiones, sabores,
olores y sonidos favoritos, y atacado ferozmente por lo que más odias y encuentras
insoportablemente repulsivo. Imagina que meditas allí hora tras hora, después de haber
decidido no levantarte hasta tener la absoluta certeza de haber descubierto la clave de
la felicidad. Eso es lo que Buda hizo exactamente la noche de su despertar.

Visto desde afuera, no podía notarse de qué modo Buda respondía a esas fuerzas;
todo cuanto se veía era que permanecía sentado en aquel lugar. Pero lo que hizo en su
interior fue extraordinario. Centró su atención en lo que ocurría, pero sin reaccionar
ante ello. A veces, las fuerzas del deseo se volvieron tan intensas que Buda tuvo que
tocar la tierra como testigo y para recibir apoyo. A pesar de lo que apareciera, desde lo
más celestial a lo más demoníaco, se limitó a meditar en silencio y a observar. No se
apegó a los goces ni rechazó las cosas desagradables. Observó cómo seguían su ciclo
natural surgiendo y desapareciendo sin interferir en ello. Lo que descubrió era sencillo,
y a la vez, profundo. Cuando no se apegaba al placer ni rechazaba el dolor, veía que
sus atacantes perdían su poder. Así es como logró vencer esas fuerzas.

Al observar profundamente su interior, Buda liberó su mente. Tú también puedes


alcanzar esta libertad si observas tu interior. Lo que Buda vió y aprendió aquella noche
podemos lograrlo tú y yo, al igual que él. Halló la plenitud que buscaba, pero gracias al
esfuerzo y a la honestidad. Antes de alcanzar el despertar y liberarse del sufrimiento,
habían muchas cosas que debía afrontar y aprender.

Descubrió la vida de desdicha que había creado con la falsa idea básica de que el
placer puede durar, y el dolor, evitarse. Nos lastimamos a nosotros y a los demás una y
otra vez, al aferrarnos a las experiencias cambiantes, como nuestro cuerpo y nuestras
relaciones. Es inevitable que experimentemos cierto sufrimiento, porque las pérdidas y
los cambios forman parte de la vida de todos. Sin embargo, mucho del sufrimiento que
padecemos es opcional. Lo creamos al resistirnos al momento presente y no aceptar
que todo cuanto existe está destinado a cambiar, mutar y desaparecer, nos guste o no.
En realidad, no hay nada que deba causarnos atracción o rechazo. Cuando observas
atentamente cada momento, descubres que cosas tan opuestas como el placer y el
dolor, o el hecho de ganar o perder, tienen sus ventajas y desventajas.

Las Cuatro Nobles Verdades y el Octuple Sendero te enseñan cómo hallar la paz en
medio de los desafíos y cambios que siempre están presentes. Muestran cómo
desprenderse del apego al placer y del miedo al dolor, para poder disfrutar de la
situación que vives, sea la que fuere, sabiendo que tarde o temprano va a cambiar.
Cuando aplicas esas enseñanzas y sugerencias de un modo consciente, aprendes a
aceptar la verdad de cada momento como es, sin luchar. Así es como hallas alimento
espiritual en los lugares en que puedes encontrarlo. Esto es pura y simplemente tu
desafío y tu práctica.
Los Excesos, las Privaciones y el Camino Medio

Buda comparó el Camino Medio y las Cuatro Nobles Verdades con un tronco que se
desliza flotando por un río. Una de las orillas representa los excesos, y la otra, las
privaciones. Mientras el tronco se desliza por el río, evita ambos extremos. Si se queda
atrapado en cualquiera de ellos, el tronco se hunde o se pudre.

Depende de cada individuo el reconocer ésos extremos, igual que lo hizo Buda en la
noche de su despertar. Observó y contempló lo que aparecía ante él, fuera lo que
fuese. No se dejó seducir por los placeres ni se dejó traicionar por el dolor, porque se
mantuvo centrado en el momento presente, sin apegarse o aferrarse a nada. Debes
tener en cuenta que Buda nunca dijo: "La extinción del sufrimiento es fácil", sino que:
"La extinción del sufrimiento es posible". Aprendiendo a observar tu interior y llevando
una vida bondadosa e íntegra, libre de apegos, puedes alcanzar las Cuatro Nobles
Verdades tal como Buda lo logró hace 2.600 años. Los logros y cambios que éstas
generan dan mayor satisfacción que cualquier otra cosa que puedas vivir.

Nadie puede practicar o aplicar la sabiduría de las Cuatro Nobles Verdades por tí. Tú
eres el único que puede experimentar el poder y la posibilidad que encierran la visión
clara y la práctica. Por eso, Buda insistió en que: "No creas ciegamente lo que dicen los
demás. Averigua por tí mismo qué es lo que te aporta claridad y paz. Ese es el camino
que debes elegir".

Las Cuatro Nobles Verdades

Primera Noble Verdad: El Sufrimiento. El sufrimiento existe. Todos sufrimos en


alguna medida, y tenemos en el cuerpo y en la mente algún que otro malestar.
Debemos reconocer y aceptar la presencia de éste sufrimiento y sentirlo.

Segunda Noble Verdad: El Origen del Sufrimiento. Después de percibirlo, debemos


observarlo profundamente para ver cómo se forma. Necesitamos reconocer e identificar
qué clase de alimentos espirituales y materiales hemos ingerido que nos están
causando sufrimiento.

Tercera Noble Verdad: La Extinción del Sufrimiento. Esta es una buena noticia.
Buda no negó la existencia del sufrimiento, pero tampoco negó la de la alegría y la
felicidad. Buda no dijo que "todo es fuente de sufrimiento y no podemos hacer nada
para evitarlo". Buda nos enseñó cómo reconocer y aceptar la presencia del sufrimiento,
pero también nos enseñó cómo ponerle fin. Si no hubiera la posibilidad de hacerlo, ¿de
qué serviría practicar? La Tercera Noble Verdad nos dice que la curación es posible.

Cuarta Noble Verdad: La Senda que conduce a la Extinción del Sufrimiento. Esta
es la senda que más necesitamos. Buda la denominó el Noble Octuple Sendero. Este
sendero nos da a conocer las maneras de ser consciente que son correctas,
adecuadas y beneficiosas: la Visión Correcta, el Pensamiento Correcto, la Atención
Correcta, el Habla Correcto, La Acción Correcta, la Diligencia Correcta, la
Concentración Correcta y el Medio de Vida Correcto.

El Noble Octuple Sendero

¿Cuál es la Noble Verdad del Sendero que conduce a la extinción


del sufrimiento? El Noble Octuple Sendero conduce a la extinción
del sufrimiento. Buda

La Cuarta Noble Verdad es una nueva serie de instrucciones para poder abandonar el
sufrimiento y experimentar la serenidad emocional. Consiste en ocho acciones
conocidas como el Noble Octuple Sendero. Este explica las diversas formas creativas
de desapego, y de cómo experimentar plenitud. El Noble Octuple Sendero se denomina
también el Camino Medio, porque evita los extremos de los excesos y las privaciones,
que desencadenan la avidez emocional en tu interior. Es útil considerar cada acción
como una receta para alimentar tu corazón.

Los caminos del Noble Octuple Sendero son:

1) Visión Correcta
2) Pensamiento Correcto
3) Atención Correcta
4) Habla Correcto
5) Acción Correcta
6) Diligencia Correcta
7) Concentración Correcta
8) Medio de Vida Correcto

Quizás te preguntes por qué aparece la palabra "Correcto/a" en cada acción. Este
adverbio significa "la manera correcta", "recta" o "derecha", que no es torcida ni
errónea. Es decir, el Noble Octuple Sendero te señala la dirección adecuada: te
conduce hacia la plenitud y te aleja del dolor.

Tomar Consciencia

La Toma de Consciencia es la base del Noble Octuple Sendero. Como ya hemos


mencionado anteriormente, el hecho de ser consciente se conoce como la medicina
que cura la enfermedad del deseo. Cuando estás atento a la verdad de cada momento
(mientras compras, cocinas, comes o bailas), esta atención concentrada te hace
disminuir tu ritmo lo suficiente como para que puedas examinar tus hábitos.

Para alimentar tu corazón, has de practicar esas reglas. No se proponen para que las
pruebes una vez, sino para que te comprometas a seguirlas durante toda la vida.
Siempre puedes descubrir cosas nuevas y experimentar con ellas. Practicar el Esfuerzo
Correcto en un momento dado será completamente distinto de hacerlo en otro, de
modo que siempre tienes una nueva oportunidad para aplicar tu esfuerzo.
Como todos los senderos están relacionados, al practicar uno estás practicando todos.
Por ejemplo, cuando practicas la Acción Correcta, practicas también el Medio de Vida
Correcto, lo cual implica además practicar el Habla Correcto. Cada uno está contenido
en los demás. Al margen de la regla que practiques o del orden en que lo hagas,
siempre puedes hallar el sufrimiento, su causa, y la forma de ponerle fin.

Muchos grandes maestros han comparado el Noble Octuple Sendero con leer un libro
de cocina, practicar la senda de cocinar alimentos y alcanzar la paz de conocer el
sabor de la comida. Si te limitas a leer las recetas sin ponerlas en práctica, sabrás
sobre pepinos, cebollas y ajos, pero nunca conocerás su sabor.

De modo que disfruta y date el festín con un alimento duradero que sólo puedes recibir
a través de la práctica.

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