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Rene Descartes se considera el padre de la filosofía moderna. Buscó un método para alcanzar conocimiento cierto a través de la duda y la razón, en lugar de la autoridad. Su conclusión más famosa es "pienso, luego existo", estableciendo la existencia del yo pensante como la única certeza. Introdujo la separación entre mente y cuerpo, y su legado influyó en el desarrollo del racionalismo moderno.

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Rene Descartes se considera el padre de la filosofía moderna. Buscó un método para alcanzar conocimiento cierto a través de la duda y la razón, en lugar de la autoridad. Su conclusión más famosa es "pienso, luego existo", estableciendo la existencia del yo pensante como la única certeza. Introdujo la separación entre mente y cuerpo, y su legado influyó en el desarrollo del racionalismo moderno.

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Rene Descartes, el filósofo del método. Prof. Francisco Mina. libresalsol.blogspot.

com 1

Rene Descartes, el filósofo del método


Es el padre de la filosofía moderna y quién marca el final del pensamiento antiguo y
medieval. Descartes fue uno de los grandes talentos de la humanidad en disciplinas tan
distintas como la matemática, la ciencia y la filosofía. Se dedicó a abrir caminos antes que a
recorrerlos por completo. Su primera vocación fueron la matemática y la geometría. Dos
temas que dan la tranquilidad de estar pisando terreno seguro, porque cuando se dice que
algo es matemáticamente exacto y cierto, tenemos pruebas que lo demuestran. Por lo tanto,
eliminamos las dudas respecto a lo que sabemos y cuanto no sabemos. Cuando estamos
alcanzando una conclusión podemos estar seguros de que llegamos a ella de manera
adecuada. Lo mismo ocurre con un teorema geométrico. Descartes se preguntó si esto
mismo era aplicable a todos los campos. Sabemos que existe la verdad, que habrá cosas,
situaciones y opiniones que corresponden mejor a la realidad que otras. Pero ¿cómo tener la
certeza de que lo que nosotros creemos que es verdad lo es auténticamente? Creemos que
alguna cosa es verdad, pero ¿cómo tener la certeza de que lo es? ¿Cómo sabemos que no
nos engañamos? El problema no es que exista la verdad, sino que nosotros podamos
reconocerla, que en nuestro pensamiento lleguemos a tener una visión, opiniones y
doctrinas que respondan y que nos tranquilicen dándonos la verdad de una manera
indiscutible. Esto fue lo que buscó Descartes a lo largo de su vida, y lo hizo recorriendo
Europa, desde sus reflexiones como un pensador privado, no como profesor, ya que nunca
tuvo cátedra. Fue una persona que anduvo por la vida con discreción, se supone que por
miedo a despertar la peligrosa atención de la Inquisición. Vivió pensando por sí mismo y
para sí mismo. Su legado nos enseña que no nos podemos fiar de las autoridades, ni de la
tradición, ni de lo que nos cuentan. Tenemos que buscar la certeza a partir de lo que
nosotros mismos podemos desarrollar. Ninguna de las opiniones establecidas, por
venerables y respetables que sean quienes las sostienen, nos puede dar dicha certeza. Los
medievales se contentaban citando opiniones de Aristóteles y les parecía un argumento
suficiente decir «Lo dijo el maestro» o incluso «Lo escribió el filósofo». Descartes,
inaugurando la época moderna, dice: No. No basta la autoridad, no basta con la tradición.
Hace falta que a partir de mi propio pensamiento yo llegue a descubrir la certeza.

La clave es el método
La filosofía moderna, de la mano de Descartes, aparece con un propósito aparentemente
modesto: conocer cuál es el camino que se puede seguir para llegar al conocimiento y a la
verdad. No empieza, como otros filósofos, preestableciendo verdades, ni definiendo qué es
el mundo, qué es el ser humano, qué es el alma, sino intentando buscar una ruta para llegar
a conclusiones fiables. La clave de su búsqueda es el método, que proviene de la palabra
griega methodos, que quiere decir camino, que es lo primero que busca Descartes. Un
sendero que nos lleve a ideas que nos resulten claras y distintas. No aquellas que están
confusas, que más o menos aceptamos al tuntún, sin verlas con precisión. Descartes, que
estaba reflexionando sobre muchos temas: físicos, astronómicos, fisiológicos, y matemáticos
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por supuesto, organiza un discurso del método. Crea un planteamiento para estar seguros
de que hemos encontrado la verdad.
Descartes protagoniza una de las anécdotas más celebres de la historia de la filosofía. Estaba
sentado dentro de una estufa ―en aquella época las estufas eran una especie de lugar
cerrado en torno a un fuego central―, durante una de las campañas militares en las que
participó. En un momento dado se para y empieza a dar vueltas y se cuestiona: «Bueno...
¿Cuál puede ser la seguridad, qué seguridad puedo tener yo de algo? Puedo dudar de lo que
me han dicho, puedo dudar de lo que veo y de lo que toco, puesto que existen los
espejismos y las alucinaciones. Si puedo dudar de todo, ¿de qué cosa puedo estar seguro?
De la única cosa que puedo estar seguro ―concluye― es de mi duda misma, de que yo
estoy aquí dudando y si dudo, existo». Si dudo, tengo unas capacidades intelectuales,
pienso, y si pienso, entonces existo. De esa certeza paradójica, la certeza de la duda, nace el
pensamiento moderno.

La frase más conocida de la filosofía


Uno de los pocos lemas que incluso los más profanos en filosofía conocen es el famoso
Cogito ergo sum, es decir, «Pienso, luego soy», «Pienso, luego existo». Para Descartes, el
concepto «pienso» es muy amplio, no se refiere simplemente a lo que nosotros llamamos el
pensamiento, como pura reflexión y búsqueda de un conocimiento. Se trata de toda la
actividad mental que tiene un ser humano: la duda, la vacilación, la certeza, incluso los
sentimientos como la alegría y el reconocimiento. También lo que forma la vida, lo espiritual,
lo intelectual. Todo eso entra más o menos en la amplísima concepción de lo que es el
cogíto.Y lo que simplemente dice Descartes es: «Veo o noto que existo», «noto que existo
porque si estoy equivocándome existo, porque no puedo equivocarme sin existir, si estoy
dudando existo, si estoy perplejo existo». Es decir, a partir de cualquiera de los movimientos
intelectuales, anímicos, espirituales, llega a la conclusión de que al menos eso es seguro:
existe. Y a partir de esa certeza va desarrollando las demás.
Descartes admite que puede existir ―hipótesis más o menos siniestra― un genio maligno,
alguien que estuviera siempre engañándome, permanentemente lanzando alucinaciones
sobre mí, mostrándome apariencias falsas, pero lo que no puede impedir es que yo siga,
pese a todo, existiendo. Esta hipótesis del genio maligno representa simplemente la
posibilidad de que la realidad no sea lo que yo supongo que es a partir de mis sensaciones y
raciocinios. En ese contexto, la demostración de la existencia de Dios, cuya necesidad se le
impone a Descartes, no es un tema teológico, sino más bien la defensa de la idea de que hay
efectivamente un orden en el mundo. Si no hubiese tal orden, la circunstancia de que una
determinada idea sea clara y distinta ―esto es, evidente― no garantizaría su verdad. Por
otra parte, Descartes concluye en la existencia, primero de un Dios benévolo ―un Dios que
no me engaña, lo cual es una profesión de fe en la inteligibilidad de la naturaleza― que a él
le parece que deriva de la propia realidad espiritual del ser humano, y a partir de ese Dios
una serie de ideas claras y distintas que van a formar el conjunto de nuestros conocimientos.
En Descartes hay una separación entre el espíritu y la materia. La materia es aquello a lo que
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el espíritu está destinado a conocer. Nuestro espíritu está destinado a conocer y a vivir
dentro de la materia. Una realidad distinta, separada de ese mundo del espíritu donde está
la certeza, el pensamiento. El mundo de la materia, puro mecanismo, es una bien tramada
urdimbre de causas y efectos que el espíritu va a conocer, y desde el exterior va a reflexionar
sobre él.

El Discurso del método


Consta de seis partes. En la segunda parte expone dicho método, que se resume en cuatro
reglas. La primera es la de no aceptar nada que no sea evidente a la propia razón; la
segunda, la de dividir cada problema en tantas partes como se pueda; la tercera, la de
pensar ordenadamente desde lo más simple a lo más complejo, y la cuarta regla, finalmente,
la de hacer revisiones exhaustivas para verificar que nada sea olvidado.
En la cuarta parte busca un punto de inicio absolutamente indudable para su filosofía, y lo
encuentra en el «Pienso, luego existo».

Lo cartesiano en nuestros días


Rene Descartes es el padre de la filosofía moderna y contemporánea. El artífice de convertir
la subjetividad humana en la nueva clave de lo que es real y no es real, de lo que es
verdadero y lo que no es verdadero. Esa clave que antes estaba en la divinidad o en la
tradición o en la autoridad de los antiguos, él la lleva al campo de la subjetividad. En otras
palabras, esa comprensión que tenemos de nuestro movimiento espiritual y sus dudas, pero
también de la búsqueda de la verdad, es la que va a establecer lo que existe y no existe, lo
que es y no es verdadero. A partir de Descartes, nace el idealismo, la búsqueda de la ciencia
en el sentido moderno del término y el planteamiento de la subjetividad humana como
centro y único referente del pensamiento. Esta aportación, con sus derivaciones y las
múltiples consecuencias que tuvo, sigue absolutamente vigente y, por lo tanto, Descartes es
una referencia inexcusable del pensamiento moderno.
______________________________
El texto está tomado y adaptado del libro "La aventura del pensamiento" de Savater. Es extremadamente
simple y sirve como una visión breve y básica para conocer el pensamiento de Descartes. Recomiendo ampliar
con el video llamado "Colón descubre América y Descartes, la subjetividad." del curso "Filosofía Aqui y ahora"
de Jose Pablo Feinmann en el canal Encuentro.
http://encuentro.gob.ar/programas/serie/8011/128?temporada=1

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