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Estudio 14 Sermón Del Monte Septiembre 2021

Este documento resume parte de un estudio bíblico sobre el Sermón del Monte de Jesús. Se enfoca en la sección donde Jesús enseña sobre la espiritualidad personal del Reino de Dios y la vida cotidiana. Jesús advierte sobre los peligros de preocuparse demasiado por las riquezas terrenales y el afán, y enseña que los discípulos deben vivir con la prioridad del Reino celestial. Explica que no se puede servir a la vez a Dios y al dinero, y que donde está el tesoro de uno, allí también estará su
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Estudio 14 Sermón Del Monte Septiembre 2021

Este documento resume parte de un estudio bíblico sobre el Sermón del Monte de Jesús. Se enfoca en la sección donde Jesús enseña sobre la espiritualidad personal del Reino de Dios y la vida cotidiana. Jesús advierte sobre los peligros de preocuparse demasiado por las riquezas terrenales y el afán, y enseña que los discípulos deben vivir con la prioridad del Reino celestial. Explica que no se puede servir a la vez a Dios y al dinero, y que donde está el tesoro de uno, allí también estará su
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Estudio Bíblico IGLESIA en Casa

“EL SERMON DEL MONTE”


El código ético moral del verdadero discípulo de CRISTO
(Pr. Marcelo Leiva López)

Estudio N°14
EL SERMÓN DEL MONTE: PROCLAMACIÓN DE LA VIDA DEL REINO (5:1-7:29)

2. LA ESPIRITUALIDAD PERSONAL DEL REINO EN LA VIDA DE CADA DÍA (6:19-34)

Esta sección Jesús continúa con la enseñanza sobre la búsqueda de la justicia del reino
(6:33), pero aquí el foco está en la clase de vida interior personal que los discípulos de Jesús
experimentarán en su vida cotidiana.
Por una parte, Jesús advierte sobre el peligro que suponen para los discípulos la
preocupación cotidiana por las riquezas (6:19-24) y el afán (6:25-34), cosas que pueden
robarles la prioridad del reino en su vida personal.
Por otro lado, el Señor enseña a sus discípulos cómo pueden vivir con la prioridad del
reino de los cielos y su justicia, incluyendo sus ideales, visión, prioridades y seguridad.

A. ESCOGE A TU SEÑOR: DIOS O LAS RIQUEZAS (6:19-24)

19
»No almacenes tesoros aquí en la tierra, donde las polillas se los comen y el óxido los
destruye, y donde los ladrones entran y roban. 20 Almacena tus tesoros en el cielo, donde las
polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar. 21 Donde esté tu tesoro,
allí estarán también los deseos de tu corazón.
22
»Tu ojo es como una lámpara que da luz a tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo
está lleno de luz; 23 pero cuando tu ojo está enfermo, todo tu cuerpo está lleno de oscuridad. Y si
la luz que crees tener en realidad es oscuridad, ¡qué densa es esa oscuridad!
24
»Nadie puede servir a dos amos. Pues odiará a uno y amará al otro; será leal a uno y
despreciará al otro. No se puede servir a Dios y estar esclavizado al dinero.

19, 20. No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde
ladrones minan y hurtan. Pero acumulad tesoros en los cielos, donde ni la polilla ni el
orín corrompen y donde ladrones no minan ni hurtan.

Primero se presenta el mandamiento negativo y luego el positivo. Jesús está diciendo,


¡cuán absurdo es “acumular” para uno “tesoros” terrenales perecederos, y al hacer esto perder
las imperecederas riquezas celestiales!
Los tesoros terrenales son vulnerables debido al deterioro y el desfalco.

1
En cuanto a lo primero, el deterioro, la polilla los consumen. La referencia aquí en
6:19–21 es al pequeño insecto que deposita sus huevos en la lana. En su estado larval se
alimenta de la tela hasta que la vestidura queda apolillada y es destruida (Is. 51:8; Lc. 12:33;
Stg. 5:2).

El orín probablemente indique la corrosión de metales, el hecho de que se corroe por


la acción de los elementos químicos.

Sin embargo, con toda probabilidad, las palabras “polilla” y “orín” representan todos
los agentes y procesos que hacen que los tesoros terrenales disminuyan en valor y
finalmente dejen totalmente de cumplir su propósito.

Así el pan se pone mohoso (Jos. 9:5), las vestiduras se gastan (Sal. 102:26), los campos
(particularmente los abandonados) se llenan de malezas (Pr. 24:30), los muros y cercos caen
(Pr. 24:31), los techos se deterioran y empiezan las goteras (Ec. 10:18), el oro y la plata se
herrumbran y perecen (1 P. 1:7, 18). Súmese la destrucción causada por las termitas,
huracanes, tifones, tornados, terremotos, enfermedades de las plantas, erosión del suelo, etc.

En cuanto a lo segundo, el desfalco, los ladrones minan y hurtan. A través de las


paredes de adobe de las casas en que Jesús estaba pensando, el ladrón podía fácilmente
hacer un agujero y robar los tesoros mal guardados.

La inflación, los impuestos opresivos que pueden equivaler a una confiscación, las
quiebras bancarias, las crisis del mercado de capitales, los gastos relacionados con largas
enfermedades, estos y otros muchos males similares tienen el mismo efecto. Además, el
cuerpo del hombre, incluso el de los más fuertes, se agota gradualmente (Sal. 32:3; 39:4–7;
90:10; 103:15, 16; Ec. 12:1–8). Cuando muere, todos los tesoros terrenales sobre los que había
puesto sus esperanzas se desvanecen con él.

Los “tesoros en el cielo” (19:21) son completamente diferentes, es decir, aquellas


bendiciones que nos han sido reservadas en los cielos (1 P. 1:4), que son celestiales en
carácter, pero de las cuales experimentamos el sabor anticipado ya ahora.

¿Cuáles son esto tesoros?

1. Nuestra posición con Dios como personas completamente perdonadas (Mt.6:14),


2. las oraciones contestadas (7:7),
3. el hecho de que nuestros nombres estén escritos en loscielos (Lc. 10:20),
4. el amor del Padre (Jn. 16:27),
5. una bienvenida no solamente a las “mansiones” del cielo sino también al corazón
mismo del Salvador (Jn. 14:2, 3),

2
6. una participación plena en la paz de Cristo (Jn. 14:27), en su gozo (Jn. 15:11), y en su
victoria (Jn. 16:33), y la morada interior permanente del Espíritu Santo (Jn. 14:16, 26;
15:26).
7. las bendiciones espirituales mencionadas en las Bienaventuranzas (Mt. 5:1–12).
8. etc…

A través de las Escrituras se enseña que los tesoros celestiales son a prueba de polilla,
de orín y de ladrones (v. 20), en otras palabras, que son perdurables eternamente en todo su
lustre resplandeciente, como posesión intransferible de los hijos del Padre celestial.

Sin embargo, podría bien formularse las siguientes preguntas: “Pero, si es malo
acumularse tesoros en la tierra, entonces, ¿significa esto que es absolutamente y siempre
malo hacer provisión para las necesidades físicas futuras?” “¿Debe ser condenado todo
comercio, negocio, e industria que se tiene con el propósito, por lo menos en parte, de
obtener una ganancia?” “¿Hay que considerar condenados a todos los ricos?” A las tres
preguntas la respuesta es “no”.

Dios no condenó a José por aconsejar a Faraón que almacenase grano para uso futuro
(Gn. 41:33–36). Tampoco erraron Salomón y Agar al poner a la hormiga como ejemplo del
sentido común revelado al proveer durante el verano para las necesidades del invierno (Pr.
6:6; 30:25).

En las parábolas de Cristo se estimulan por inferencia la banca y el negocio (Mt. 25:14–
30; Lc. 19:11–23). El rico Abraham (Gn. 13:2) era amigo de Dios (Is. 41:8; 2 Cr. 20:7; Stg. 2:23). El
rico Zaqueo (Lc. 19:2) fue tenido por digno de ser llamado “hijo de Abraham” (Lc. 19:9); y el
rico José de Arimatea fue un seguidor de Jesús (Mt. 27:57).

Sin embargo, la acumulación de riquezas está llena de peligros espirituales (Mt.


19:24; Lc. 12:16–21; 1 Ti. 6:10). Ciertamente el dinero puede ser una gran bendición, si no es
un fin en sí, sino un medio hacia un fin.

Naturalmente, si el verdadero tesoro de una persona, su meta final en todos sus


esfuerzos, es algo que pertenece a esta tierra—la adquisición de dinero, fama, popularidad,
prestigio, poder—entonces su corazón, el centro mismo de su vida (Pr. 4:23), será
completamente absorbido por ese objetivo mundano. Todas sus actividades, incluyendo aun
las así llamadas actividades religiosas, estarán subordinadas a esta única meta.

Por otra parte, si por un sentido de sincera y humilde gratitud a Dios ha hecho del
reino de Dios su tesoro, esto es, el reconocimiento glorioso de la soberanía de Dios en su
propia vida y en toda esfera, entonces es allí donde estará su corazón. En ese caso el dinero
no será un estorbo, sino una ayuda.

3
En algo de esta naturaleza debe de haber estado pensando Jesús cuando dijo: 21.
Porque donde está vuestro tesoro, estará también vuestro corazón.

El “corazón” no puede estar en ambos lugares al mismo tiempo. Es una proposición en


que lo uno excluye a lo otro.

Continuando con la misma enseñanza Jesús entiende que el amontonar tesoros


terrenales borra la visión. Con una forma de expresión que es casi igual a una parábola, Jesús
dice:

22, 23. El ojo es la lámpara del cuerpo. Por lo tanto, si tu ojo es sano, todo tu cuerpo
será iluminado. Pero si tu ojo está en malas condiciones, todo tu cuerpo será oscuro.
Entonces, si la luz (misma) en ti es oscuridad, ¡cuán grande (es) esa oscuridad!

Jesús no quiere decir que el ojo es la fuente de luz de nuestro cuerpo, sino que es el
portador de la luz, el guía del que depende todo el cuerpo para su iluminación y dirección.

Para entender bien estos difíciles versículos hemos de relacionarlos con el pasaje
anterior (6:19-21) y siguiente (6:24): el discípulo ha de escoger entre tesoros enfrentados.
Jesús continúa con el tema del “tesoro” aludiendo al “ojo” como canal a la
persona interior:“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu
cuerpo estará lleno de luz [RVR1960]”.

Aunque el ojo “bueno” y el “malo” pueden entenderse en un sentido físico como


alusión a ojos sanos y enfermos, hemos de seguir aquí con el sentido metafórico. Algunos
autores griegos y judíos hablaban del ojo como una lámpara que incorporaba su propia
fuente de luz y que resplandecía hacia fuera para iluminar los objetos; esto indicaba la
vitalidad de la vida de la persona. Pero aquí Jesús utiliza el ojo con un sentido
metafórico distinto, en referencia a una lámpara que ilumina la vida interior de una
persona.

En la literatura judía había una estrecha conexión entre el corazón y el ojo. Siguiendo la
simetría de este pasaje, el ojo “bueno” puede significar un ojo “generoso”, una persona
que está dispuesta a ofrendar su riqueza, o “sencillo” en el sentido de simplicidad de
propósito o lealtad indivisa.

Puesto que el corazón es el verdadero depositario del tesoro, Jesús indica ahora que,
cuando el ojo se enfoca en algo de valor, este deviene el conducto que llena el corazón con
dicho objeto. Si el ojo es bueno, se convierte en el conducto que permite que el corazón esté
lleno de la luz del tesoro de Dios.

4
Pero hay también un ojo malo: “... pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará
en tinieblas [RVR1960]”. La palabra “malo/maligno” connota aquí la idea de mal moral.
En el mundo antiguo, el “ojo malo” es el que codicia con envidia lo que pertenece a
otra persona; es un ojo avaricioso o mezquino. Cuando ponemos la vista en algo malo, el ojo
deviene el conducto por el que el mal llena la persona interior.

La imposibilidad de combinar dos metas opuestas (glorificar a Dios y satisfacer los


anhelos de la carne) se afirma muy concisamente y sin ambigüedades en el v. 24. Ninguno
puede servir a dos amos; porque o odiará a uno y amará al otro, o será devoto a uno y
menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a Mammón.

La palabra que se traduce como “señor” es kyrios, que tiene suficiente flexibilidad
para aludir a un hacendado (18:25; 20:8); un maestro en una típica relación maestro-discípulo
(10:25); Jesús como Hijo del hombre, que es Señor del sábado (12:8); Jesús como rey
mesiánico (21:3), el Mesías como Señor de David (22:44); y el Hijo del hombre como Señor
(24:42-44).

El uso de esta palabra indica aquí un principio general sobre el nivel de


compromiso, tanto con un amo terrenal como con Dios como dueño final. El término que
traduce “servir” es douleuo, lo cual indica que se tiene en mente a un esclavo, no a un
empleado.
Aunque se puede trabajar para dos empresarios, un esclavo es posesión exclusiva de
un amo, lo cual implica un propietario exclusivo que demanda un servicio exclusivo.

La lealtad al dueño es extrema: “... pues menospreciará a uno y amará al otro, o


querrá mucho a uno y despreciará al otro”. La noción bíblica de “menospreciar/odiar” y
“amar” entiende estas acciones como patrones de vida, no meras reacciones emocionales.

Estas palabras nos preparan para la radical llamada de Jesús a un compromiso


incondicional con él, hasta el punto de que uno ha de detestar o rechazar totalmente
cualquier cosa que obstaculice el vínculo con él, así como el amor o entrega total a él (Mt
10:34-39; 12:30; Lc 14:26).

La metáfora sobre escoger entre dos amos culminará en el dicho “No se puede servir
a la vez a Dios y a las riquezas”. Con Dios no puede haber lealtades divididas. Jesús
personifica a las riquezas o posesiones de cualquier clase como un dios rival, “Mammón”.
Esta palabra es una transliteración del término griego mamona, que a su vez procede
del hebreo/arameo mamon, que significa “prosperidad, riquezas, posesiones”.

La tentación de adorar al dios del materialismo era muy conocida en el judaísmo. La


avaricia y la codicia son las trampas favoritas del maligno, de manera que los mandamientos y

5
advertencias contra estas son comunes en el Antiguo Testamento (p. ej., Éx 20:17; Dt 5:21; Job
31:24-25; Sal 49; Ec 2:1-11) y en la iglesia primitiva (Col 3:5; 1Ti 6:10; 2P 2:3).

En última instancia, hay solo una elección: servir, amar y adorar a Dios o a Satanás.
Amar a Dios no es un mero asunto emocional, sino que entraña el servicio y entrega de todo
el ser: corazón, alma, mente y fuerzas (ver Mt 19:16-22; 22:37).

Aleluya.

B. ESCOGE A TU PROVEEDOR: DIOS O LA PREOCUPACIÓN (6:25-34)

25
»Por eso les digo que no se preocupen por la vida diaria, si tendrán suficiente alimento y
bebida, o suficiente ropa para vestirse. ¿Acaso no es la vida más que la comida y el cuerpo más
que la ropa? 26 Miren los pájaros. No plantan ni cosechan ni guardan comida en graneros,
porque el Padre celestial los alimenta. ¿Y no son ustedes para él mucho más valiosos que
ellos? 27 ¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?
28
»¿Y por qué preocuparse por la ropa? Miren cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni
cosen su ropa; 29 sin embargo, ni Salomón con toda su gloria se vistió tan hermoso como
ellos. 30 Si Dios cuida de manera tan maravillosa a las flores silvestres que hoy están y mañana
se echan al fuego, tengan por seguro que cuidará de ustedes. ¿Por qué tienen tan poca fe?
31
»Así que no se preocupen por todo eso diciendo: “¿Qué comeremos?, ¿qué beberemos?, ¿qué
ropa nos pondremos?”. 32 Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre
celestial ya conoce todas sus necesidades. 33 Busquen el reino de Dios[f] por encima de todo lo
demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.
34
»Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias
preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.

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