Robert Ambelain - El Hombre Que Creó A Jesucristo
Robert Ambelain - El Hombre Que Creó A Jesucristo
Ttulo original: La vie secrete de saint Pal, publicado por ditions Robert Laffont, Pars
ndice
Contenido
Advertencia ...................................................................................................... 7 Introduccin .................................................................................................... 9 Primera parte ................................................................................................ 17 Pablo, el apstol tricfalo ...................................................................... 18 Los extraos protectores de Pablo ..................................................... 29 El viaje a Roma ......................................................................................... 41 Un prncipe herodiano llamado Shaul .............................................. 48 Un extrao ciudadano romano ........................................................... 55 La dinasta idumea ................................................................................. 58 De Saulo, prncipe herodiano, a Simn el Mago............................ 71 El verdadero camino de Damasco ...................................................... 84 La familia de Saulo-Pablo ..................................................................... 99 Pablo y las mujeres ............................................................................... 111 El Cuadrado de Amor de san Ireneo............................................. 121 La verdadera muerte de Esteban...................................................... 129 Segunda parte ............................................................................................ 141 La religin paulina ................................................................................ 143 Las visiones de Pablo y sus contradicciones ................................ 158 Un apstol ignorado: ............................................................................ 167 El imperio paulino ................................................................................. 185 Las pruebas de Saulo-Pablo ............................................................... 197 Tercera parte ............................................................................................... 201 La prostituta del Apocalipsis ............................................................. 203 El incendio de Roma en el ao 64 .................................................... 212 Psicologa de los incendiarios ............................................................ 228 Nern ......................................................................................................... 236 El fin del sueo ...................................................................................... 250 Anexo ............................................................................................................. 263
Desde tiempos inmemoriales es sabido cuan provechosa nos ha resultado esa fbula de Jesucristo!
LEN X,
NOTA: La carta de Gregorio VII la cita Fierre de Luz en Histoire des Papes
(Imprimatur, Albn Michel, Pars, 1960, tomo I, p. 148). La carta de Juan de Mediis, alias Len X, citada por Pico de la Mirndola, dice lo siguiente en latn: Quantum nobis notrisque que ea de Christo fbula profuerit, satis est mnibus seculis notum.... Su tercer sucesor, Alejandro Farnesio, alias Pablo III, confiara al duque de Mendoza, embajador de Espaa en Roma, que al no haber podido descubrir ninguna prueba de la realidad histrica del Jesucristo de la leyenda cristiana, se vea obligado a sacar la conclusin de que se hallaban ante un dios solar mtico ms.
Advertencia
La Historia es una ciencia que, para merecer ese calificativo, tiene la obligacin de ser exacta, de reposar sobre documentos y sobre su confrontacin, sobre severos controles cronolgicos y sobre datos que puedan probarse. A menudo la leyenda no es otra cosa que su deformacin, ampliada por amor a lo maravilloso, y alimentada a veces expresamente, en provecho de intereses de lo ms materiales. As pues, la Historia es para los adultos, y la Leyenda para aquellos que todava no lo son, o lo son de forma incompleta. Fue por eso por lo que el acadmico Marcel Pagnol pudo decir en su estudio definitivo sobre Le Masque de Fer: El primer deber del historiador consiste en restablecer la verdad destruyendo la Leyenda. Sin l, la historia de los pueblos no sera ms que un extenso poema, donde los hechos, engrandecidos y dramatizados por la imaginacin de las multitudes, enormemente embellecidos o inventados por los aduladores de los reyes, brillaran, en color de oro y de sangre, en medio de una luminosa bruma. En estas pginas a veces se encontrarn citas de documentos repetidas. Estas nos han parecido indispensables, ya que cada uno de los captulos de esta obra constituye un todo, y el mismo argumento puede verse requerido como testimonio en diferentes circunstancias y con diferentes fines. Y ese argumento puede haberlo olvidado el lector... Como decamos en nuestra obra Jess o el secreto mortal de los 1 templarios , un verdadero lavado de cerebro dogmtico ha impregnado, por las buenas o por las malas, durante ms de quince siglos, la psique hereditaria del hombre occidental, y a menudo, sin que l se diera cuenta, lo ha hecho ms o menos refractario a la crtica, o incluso a la lgica ms evidente. Contra esa verdadera tortura intelectual, que todava sigue vigente en nuestra poca, el historiador deseoso de servir a la verdad se ve obligado a utilizar los mismos argumentos. Y se excusa de antemano por ello, aunque, como deca tambin Marcel Pagnol: Esas repeticiones no son elegantes, pero este libro no es una obra literaria. No es sino la instruccin de un caso criminal en la cual la precisin y la oportunidad de una observacin tienen a menudo mucha ms importancia que la pureza del estilo. Qu aadir a estas palabras?
ROBERT AMBELAIN
Junio de 1970
Costobaro y Saulo tenan tambin consigo gran nmero de guerreros, y el hecho de que fueran de sangre real y parientes del rey les haca gozar de una gran consideracin. Pero eran violentos y siempre estaban dispuestos a oprimir a los ms dbiles...
FLAVIO JOSEFO Antigedades
judaicas, XX, 8.
Guinneth-Saar, el Jardn de los prncipes... Los rabinos denominan a este valle Kinnereth, segn el antiguo nombre que figura en sus escrituras, pero los kanaim, o zelotes, por odio a los incircuncisos privilegiados que tienen all sus ricas mansiones, lo llaman Gehenne-Aretz (de lo que los gentiles hicieron Genesa-ret, debido a una mala pronunciacin), es decir el valle de la aridez, del mismo modo que denominan negrura a Ments, la capital religiosa del odiado Egipto, cuando el mismo nombre en egipcio hiertico significa blancura. Juego de palabras, inversin, que a la vez quiere ser maldicin, pero que no puede hacer olvidar el viejo dict rabnico: De los siete mares que cre el Eterno, el de Kinnereth constituye su mayor gozo.... En este valle afortunado, situado en la orilla occidental del mar de Galilea, crecen libremente las palmeras datileras, los limoneros, los naranjos, que mezclan sus aromas al de los altos eucaliptos plateados. Todos los rboles frutales (ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros e higueras) se asocian a los olivares para ofrecer al hombre el beneficio de sus sabrosos frutos, como si temieran ser desbancados por sus hermanos aristocrticos (adelfas rosas y blancas, con perfume de miel, loes, agaves) y todas las variedades de flores silvestres (narcisos, anmonas, etc.). Y cuando llega la primavera, pronto anunciada por el presuntuoso almendro, predomina por encima de todos esos olores el aroma voluptuoso de la acacia silvestre, el rbol que, segn Salomn, vela sobre las cenizas de Adoniram, prodigioso derrumbador de las columnas del Templo y esposo secreto de Baikis la misteriosa. En medio de toda esta flora embriagadora se cruzan, al borde de la orilla, los rosados flamencos, los cormoranes, las pollas de agua, los patos salvajes y los pelcanos; a veces incluso algunos ibis rojizos, aventurados lejos del piadoso Egipto. Durante el da, muy arriba en el cielo, el vuelo del guila real se cruza
con el del lento buitre, y cuando llega la noche con su luz rosada, en los aromticos maquis, compuestos de enebros, madroos y lentiscos, se desliza silencioso e indolente, pero con la vista y el odo al acecho, el gil y majestuoso guepardo. Mar adentro, hacia el norte, unas velas blancas inmviles esperan que el viento de la tarde, procedente del mar de Fenicia, muy prximo, al oeste, permita a los pescadores desplegar su destreza de marinos y conducir a Cafarnam y Betsaida los pescados que sus redes han capturado. ste es el cuadro que nos ofrece de da, en el ao 8 del reinado de Tiberio Csar, el mar de Galilea y sus encantadoras playas alrededor de la desembocadura del Zaimon, que constituye el eje del valle de Guinneth-Saar. Pero una vez de noche, el ambiente es completamente distinto. A la hora en que comienza este relato de restitucin, un poco de luz se refleja sobre las aguas turbias del lago, pues la luna, en su cuarto menguante, ilumina vagamente la cadena montaosa que bordea la orilla oriental. Innumerables estrellas salpican con su brillo el oscuro terciopelo azul del cielo de Galilea, y los pastores, si conocen las constelaciones, pueden ver ascender por oriente a Ibt-al-Jauza, el Hombro del Gigante, estrella que los gentiles llaman Betelgeuse, mientras que Yed-Alphraz, el Hombro del Corredor celeste, a quien los mismos denominan por entonces Markab, culmina en el cenit. La noche es fresca y suave, y la humedad se condensa poco a poco. En una pequea pennsula que se adentra en las aguas se yergue una masa oscura. Elevados muros, de ms de diez codos de altura, en ligera pendiente que termina en un camino de ronda, sostienen y aslan un promontorio cubierto por una amplia terraza enlosada. El nico acceso posible lo constituye una estrecha puerta de bronce, que se abre hacia una escalera interior tallada en la roca. Sobre esa terraza se eleva una gran mansin de tipo griego, con tres pisos de prgolas superpuestas. Alrededor de las columnatas de sostn de estas ltimas se enroscan y trepan plantas aromticas: jazmn y madreselva. Est abierto un nico batiente hacia la brisa nocturna que llega de las montaas de la orilla oriental, y de esa abertura sale un tmido haz de luz rojiza, que se extiende sobre la terraza como un mantel de sangre seca. La silueta oscura de un arquero de Nubia en cuclillas e inmvil frente al parapeto, como una estatua, es lo nico que rompe la monotona del lugar. Y a intervalos casi regulares, con la montona cadencia de un eco, se eleva un clamor en el silencio de la noche, un grito que parece caminar a lo largo del camino de ronda, que decrece y que luego vuelve a empezar en crescendo para 2 terminar muy cerca: Schemero... Schemero... Schemero... . Son los centinelas, que intercambian el grito de alerta reglamentario, uno detrs de otro, a fin de mantenerse en contacto y despiertos. Y es que esta mansin es la de Cypros, princesa herodiana, la segunda que lleva este nombre, esposa de Antipater II, sobrino de Heredes el Grande, y su aislamiento a casi una milla romana de distancia de Tiberades, la nueva ciudad
2
En arameo: Centinelas... Centinelas.... Hasta el siglo XIX los ejrcitos europeos conservaron el uso de ese grito de control: Centinelas! Estad alerta!.
10
que erige en honor del emperador Tiberio su hermanastro Heredes Antipas, tetrarca de Galilea, exige una severa vigilancia diurna y nocturna. Porque no es raro ver descender de los valles perdidos de la alta Galilea a clanes de montaeses peludos y barbudos, armados con lanzas, con las cortas sicca y el pequeo escudo redondo. stos, drogados por el boanerges, el hijo 3 del trueno, la terrible seta alucingena, caen sobre las ricas residencias de la dinasta idumea y de sus ms importantes oficiales, tanto por amor al pillaje y a la guerra como por odio a los incircuncisos. Porque entre los galileos es donde se recluan principalmente aquellos a quienes los ocupantes romanos llaman sicarii, los griegos de la Decpolis, zelotes, y los judos de las diversas sectas, kanaim. Por eso los arqueros nubios y los guardianes sirios que forman la pequea guarnicin de la mansin de Cypros y de Antipater (una cincuentena de hombres, a lo sumo) tienen siempre a punto la hoguera para dar la seal de alerta, que les bastar con encender por la noche o hacer humear durante el da, a fin de avisar a la guarnicin de Tiberades, apenas se deje or a lo lejos el ritmo sordo y lancinante de los tamboriles de combate kanatas. Esta noche su atencin est ms alerta que de costumbre, ya que se ha sealado una importante concentracin zelote en la orilla sur del mar de Galilea, all donde el Jordn reanuda su curso. Entre esos hombres, los observadores han reconocido a varios hijos de Judas el Gaulanita, y entre ellos el famoso Ieschuah. De manera que los arqueros negros de la guardia conservan el arco a punto, con su cuerda alrededor del hombro derecho, y el carcaj de cuero a la espalda, al alcance de la mano, bien provisto de flechas de hierro dentado; de su cintura pende, adems, la corta y ancha espada de reglamento. Los mercenarios sirios, por su parte, van armados de una gruesa lanza de hierro, una larga espada y un escudo de madera, recubierto de cuero de rinoceronte o de hipoptamo, pieles llegadas del alto Nilo por la ruta de las caravanas; as estn a prueba de dardos y venablos. Todos llevan un casco de metal redondo, sin visera ni cimera. Pero todo parece en calma. Demetrios, el jefe de la guardia, acaba de volver de su ronda con algunos hombres y dos guepardos sujetos con correas. Y es que esta noche no es como las otras, y Demetrios, un griego de la cercana Decpolis, lo sabe mejor que nadie: Cypros, esposa de Antipater, va a alumbrar a un nuevo hijo. El primero fue una nia. Y si la opinin de la matrona es acertada, el acontecimiento se producir antes del alba. Por eso Demetrios ha extendido su ronda hasta las tiendas montadas cerca del lago, donde acampan los arqueros negros y los lanceros sirios que no se hallan esta noche de servicio en la mansin. Penetremos con l en sta. En una amplia estancia, cuya puerta est abierta de par en par sobre la terraza, lmparas de bronce provistas de aceite de nafta prodigan una luz
3
Boanerges: antiguo trmino acadio que significa hijo del trueno y que designa a una seta alucingena, la Amonita muscaria, que por aparecer inmediatamente despus de la tormenta, fue denomina as por los pueblos primitivos de Sumeria y Acadia. La utilizaban para obtener visiones. Jess, Santiago y Juan hicieron uso de ella, como lo prueban los evangelios: Marcos, 3, 17 y 21. (Cf. JOHN M. ALLEGRO, Le Champignon sacre et la Croix, Albin Michel, Pars, 1971.
11
danzarina. Un trpode de plata sostiene una cazoleta de bronce con brasas rojizas sobre las que se han echado virutas de madera de sndalo, y su azulado y aromtico humo se eleva despacio y oblicuamente hacia la puerta abierta. Gruesos tapices venidos de muy lejos, unos de Catay y otros de Ecbatana, Edesa o Nyssa, estn tirados al azar, los unos sobre los otros, cubriendo las anchas losas de mrmol blanco. A lo largo de las paredes se alinean irregularmente cofres de maderas preciosas, con maravillosas incrustaciones de ncar o de marfil. Altos y pesados cortinajes de lino, hechos de varias telas gruesas juntas, y cuyos bordados y matices armonizan con el destino y la decoracin de la estancia a la que estn encarados, separan la cmara principesca de las salas colindantes. Sentadas en el suelo, sobre sus talones, algunas sirvientas judas o beduinas esperan en silencio. La matrona acaba de palpar una vez ms el abdomen de la parturienta. sta se halla tendida, con su camisn de seda carmes levantado hasta las axilas. Quizs sea hermosa, pero sus rasgos, deformados por la angustia y los primeros dolores, no permiten juzgarlo en este momento. El lecho de bronce es alto; sus anchas tiras de cuero oloroso, que apenas unas gruesas mantas separan de los riones de la paciente, no hacen sino acrecentar con su dureza los sufrimientos de sta. Uakhaiti, ha regresado el seor? pregunta en voz baja y cansada. 4 No, Lallah. El seor Antipater se ha quedado en Tiberades, al lado del Tetrarca, y hay pocas posibilidades de que est aqu antes de que amanezca responde la joven. La mujer suspira, luego prosigue: Uakhaiti, toma tu lad y cntame la cancin de Dbora la profetisa, el Canto de la Victoria. Mi madre, la reina Mariamna, lo hizo cantar cuando yo nac, pues esperaba dar a luz a un hijo, y no a una hija, como asimismo lo esperaba 5 mi padre, el rey Herodes. Y Uakhaiti, hermana de leche de Cypros II, como indica su sobrenombre, toma su lad y canta: Despirtate! Despirtate, Dbora! Despirtate, despirtate... Y clama un canto nuevo... Oh, Dios! Cuando T saliste de Seis, cuando T avanzaste por los campos de Idumea, la tierra tembl, los cielos se abrieron, y los montes se derrumbaron ante Ti... Los reyes vinieron... Combatieron... Entonces combatieron los reyes de Canan... En Taanac, en las aguas de Meguiddo... Pero no se llevaron ningn botn y ningn dinero... El torrente de Kison los arrastr... El torrente de los viejos das... El torrente de Kison... Oh alma ma! Pisotea a los hroes... Entonces los cascos de los caballos resonarn en la 6 huida... En la huida precipitada de los guerreros...
Uakhaiti: hermanita, en rabe. Lallah: seora, en rabe. Cypros II era juda por parte de su madre, Mariamna, e idumea por parte de su padre, Herodes el Grande. 6 Jueces, 5, 1-31. Dbora, profetisa, esposa de Lapidot, era entonces juez en Israel. Condujo a los guerreros de Neftal y de Zabuln a la victoria sobre los cananeos. Ese canto de guerra perpeta su gloria.
5
12
Cuando expiran los ltimos acordes del lad, la parturienta murmura, doliente: Ojal pudiera alumbrar a un nio! Sigue cantando, Uakhaiti... Sigue cantando la gloria futura de mi hijo... Y Uakhaiti improvisa un nuevo canto, que evoca por adelantado las grandes hazaas del joven prncipe que, sin lugar a dudas, va a nacer. Imagina, a lo largo de los aos, las expediciones nocturnas que llevar a cabo a la cabeza de sus soldados, mientras en su ciudad las mujeres pasarn la noche enfebrecidas, esperando, celosas de las violaciones cometidas por sus esposos. Ve la huida precipitada de los guerreros nabateos, en medio de los gritos de horror de los nios y de los gemidos de las parturientas, traqueteando a lomos de camellos, y las agotadoras persecuciones, de oasis en oasis. Y para concluir, el incendio del campamento enemigo. Todo esto lo cantaba Uakhaiti con voz apacible, sin ningn gesto intil, y una tierna sonrisa bailaba sobre sus labios cuando evocaba las futuras matanzas. Y con la misma calma que ella, las otras mujeres batan sordamente las palmas siguiendo un ritmo regular, a fin de crear el acompaamiento evocador de los tambores de combate. Durante ese tiempo la matrona haba estado muy atareada en vistas al inminente alumbramiento. Primero haba atado al muslo izquierdo de la hija de Herodes el Grande la piel abandonada por una vbora del desierto durante su muda. Lo mismo que esta piel fue expulsada sin dolor, que esta mujer ponga en el mundo a su hijo haba murmurado en fenicio. Despus, por encima de la cabeza de Cypros, fij en la tapicera mural un pergamino que llevaba inscrito, en hebreo arcaico, transcrito con el clamo y la tinta rural por un cohn del Templo, el exorcismo tradicional contra las diablesas enemigas de las parturientas: No nos atormentes, Lilith!... Aljate, Nahema!.... Pero cederan las dos diosas del Abismo ante la orden de un oscuro tergo? O se vengaran de otra manera sobre el propio nio? Lo convertiran en enemigo mortal de la religin que haba osado afrentarlas? Por ltimo, como el hijo precedente haba nacido muerto, la matrona haba colocado junto a la cama una olla de barro, nueva, de la que haba hecho saltar cuidadosamente el fondo. Apenas saliera la criatura del vientre materno, y franqueara el umbral vaginal, se le hara pasar rpidamente por esta abertura. De esta manera habra franqueado un doble umbral, y no habra de temer franquear ya otro hasta el trmino normal de sus das. As pues, se haban tomado todas las precauciones para asegurar a la hija de Herodes el Grande un alumbramiento feliz. Pero mientras se efectuaban todos estos preparativos se haban precipitado los acontecimientos: Cypros, con los rasgos deformados por el dolor, estaba dando a luz. De su boca torcida se escapaba un gemido ininterrumpido, sus brazos estaban abiertos en un gesto pattico, y con las manos araaba sin cesar los cobertores ya manchados por las aguas amniticas. Su trax de pesados senos, sacudido por torsiones espasmdicas, haca olvidar el rpido vaivn de sus muslos, tan separados como si se tratara de un
13
descuartizamiento, y de sus rodillas, que se levantaban y bajaban sin descanso. Sus negros cabellos, pringosos de sudor graso, le cubran medio rostro, y su boca, muy abierta, intentaba conservar el aire como en una agona desesperada. Por fin, los riones se arquearon bruscamente, el vientre se comb un poco ms, y un clamor llen la estancia: proyectado brutalmente a las manos de la matrona, acababa de venir al mundo un recin nacido, y sta, hacindolo pasar por el fondo de la olla, tiraba de l hacia s. Entonces aumentaron, estridentes, los gritos de alegra histrica de las sirvientas. Era un nio... A partir de ese momento se apresuraron a liberarlo del ltimo lazo materno, aunque sin lavarle las sanies uterinas, segn costumbre, ya que con estas impurezas se tena que ahuyentar a los malos espritus que podan penetrar en l con su primera inspiracin. Mira, Lallah... dijo la matrona presentndole al nio, al que sostena desnudo frente a ella, sujetndolo por las axilas. Mira! Tu hijo lleva en el hueco entre los riones el signo del bandido... Puedes estar segura de que ser un temible guerrero... Entonces la madre, a pesar de su debilidad, empez tambin a lanzar exclamaciones de alegra: Sal, hijo mo! Ojal seas ms grande que todos ellos! Aretas te pagar tributo... Los brazos de tus esposas estarn cargados de brazaletes, y hars la razzia de todas las tiendas, desde Petra hasta Tophel... Escuchad, mujeres! Este nio arrebatar todos los camellos a nuestros enemigos, y sobre ellos se llevar a sus mujeres y sus hijas, que dar como esclavas a sus guerreros... De sus lanzas har gavillas, y sobre esas espigas de muerte plantar sus cabezas! Y con sus escudos enlosar los cementerios de nuestros padres! Tras l, las ciudades de nuestros enemigos ardern, con sus palacios y sus templos... Luego volvi a caer sobre su manchado lecho, agotada por semejante esfuerzo. Entonces las sirvientas volvieron a Cypros sobre su costado derecho, y se dejaron caer con todo su peso sobre la cadera de sta, una detrs de otra. Despus la vendaron con una banda ancha de lino, desde debajo de los senos hasta el pubis, apretando con todas sus fuerzas. Durante ese tiempo, la matrona haba estado aplicando un fuerte masaje al crneo del beb, a su rostro, apretndole la nariz y estirndole los labios, sin prestar atencin a sus gritos. A continuacin, tal como se haba hecho con la madre, lo inmoviliz estrechamente, como a una momia egipcia, desde los pies hasta la garganta, mantenindole los bracitos pegados a lo largo del cuerpo con ayuda de una venda ancha de lino. Por ltimo, tras haber extrado por succin algunas gotas de leche del seno izquierdo de Cypros, lo coloc junto a ella, para su primera mamada, y se fue, acabada su funcin. Las sirvientas se sentaron de nuevo sobre sus talones, en silencio. As que le llamars Sal, Lallah? pregunt tmidamente Uakhaiti. S respondi la herodiana, fatigada. Porque es un viejo nombre de Idumea, y es deseo del seor Antipater que se llame as. Entre los reyes que 7 reinaron sobre el pas de Edom mucho antes de que los hubiera entre los hijos
7
Edom era el antiguo nombre de Idumea, el reino de Esa, hermano gemelo de Jacob.
14
de Israel, dicen nuestras crnicas que Sal, de Rejobot, junto al ro, rein despus de Semia, y que cuando muri, Baaljamn, hijo de Acbor, rein en su 8 9 lugar. Adems, ese nombre significa deseado, y slo el Seor de los Cielos sabe cunto he deseado yo a este hijo... Ese nombre significa tambin tumulto, Lallah... prosigui Uakhaiti, de manera que los deseos que has formulado ahora para tu hijo probablemente le sern concedidos por los dioses... Luego baj la voz y murmur algunas palabras al odo de Cypros. Hazla pasar dijo sta con un suspiro. Algunos instantes ms tarde, una mujer de edad indefinible vestida de negro, con el rostro medio velado, penetraba en la habitacin. Tras inclinarse respetuosamente ante el lecho de la herodiana, sac de una bolsa que llevaba una escudilla de tierra cocida, llena de una espesa capa de brea solidificada. Luego lanz sobre las brasas de la cazoleta de bronce un grueso puado de un perfume compuesto por kussubra, 10 luben, djaui y helbnah y a continuacin pas y volvi a pasar lentamente el plato de barro por el aromtico humo, mientras canturreaba a media voz una montona salmodia. Despus regres junto a la cama, se acurruc sobre los talones, tom la mano izquierda de Cypros, que segua amamantando al recin nacido, y se concentr en la superficie negra y brillante, sin dejar de canturrear su encantamiento. De pronto, se call. Su rostro se haba crispado, los ojos estaban dilatados, su mano apretaba ms convulsivamente que antes la mano de la herodiana. Esta mujer era fenicia, y la haban hecho venir en secreto desde Ptolemaida, la antigua Akka, (hoy Acre), porque las adivinas corran peligro de ser condenadas a muerte en tierras de Israel. Pero ante la suma prometida, haba cedido, y Uakhaiti, escoltada por dos guardias sirios, haba ido a buscarla varios das antes. Con voz ronca, cambiada, una voz que pareca pertenecer a un ser interior e invisible, Orpa, la adivina, habl: Este nio tomar las armas muy joven... Lo veo cabalgar con guerreros siendo todava un nio... No conoce derrotas... Cuntos cautivos! Cuntos cautivos! Cunta sangre y lgrimas har derramar... Pero una mujer se cruza en su camino, una joven... Le corta el camino... El pierde su fortuna con los dioses... Su gloria se borra por un tiempo... Ahora es l el perseguido, el vencido... Se dira que las puertas se cierran ante l... No obstante, atraviesa los mares... Y conoce de nuevo el poder. Lo veo al lado de un gran prncipe... En una ciudad inmensa... Y all trata con poderosos seores... Lleva a cabo una guerra secreta... Y veo arder esa gran ciudad... Y son los hombres de tu hijo quienes la han incendiado. Se call repentinamente, como horrorizada. Habla! orden Cypros. Qu ms ves?
8 9
Gnesis, 36, 36-38. Traduccin del nombre de Baal-Samn, dios supremo de los idumeos y de los nabateos. 10 Kussubra: coriandro; luben: incienso macho; djaui: benju; helbenah: glbano.
15
Nada, Lallah... dijo prudentemente la mujer. Las llamas me deslumbran, no veo nada ms... Cunto fuego... Ms fuego todava... Veo arder a los hombres... Pero y mi hijo? pregunt Cypros. Qu ha sido de l? Huye... Se embarca a bordo de una nave... Va a ocultarse muy lejos de la gran ciudad... Est salvado... Cypros haba palidecido, y un rictus implacable crispaba sus labios. Uakhaiti, llama a Demetrios orden. Uakhaiti tom un mazo de madera de bano depositado delante de un gong de cobre ricamente trabajado y lo hizo resonar por cuatro veces consecutivas. Un breve instante ms tarde, el griego apareca a la puerta de la terraza, acompaado por dos guardianes. Uakhaiti, dile que ordene propinarle cincuenta latigazos a esta maldita, por haber osado decir que mi hijo acabara como un cobarde... Despus, que la 11 quien seguro que obtendr del conduzca a Jerusaln, al cohen-ha-gadol, procurador Valerius Gratus el permiso para ejecutarla por bruja... Pero cuando los mercenarios sirios la apresaban, a pesar de su resistencia, e intentaban arrancarla fuera de la estancia, la mujer, espumeando de rabia, todava hall la posibilidad de escupir en direccin a Cypros, y grit: No te lo he dicho todo! A tu hijo le cortarn la cabeza en la ciudad que habr hecho incendiar... Y tirarn su carroa al osario legal... Cypros iba a responder, sin duda con rdenes todava ms despiadadas, cuando de pronto, en los grandes cipreses que haba all cerca, un ave nocturna ulul tres veces. Plidas de miedo, las sirvientas se haban levantado, y Uakhaiti se lanz a los pies del lecho de la herodiana, murmurando: Lallah! Por todos los dioses! Ten piedad de tu hijo... No agraves ese presagio... No irrites a los baalim... Muda, desesperada, la herodiana no la oa; contemplaba fijamente al nio, que, en su seno, se haba dormido al fin.
11
16
17
18
Las leyendas de los narradores del tiempo pasado son lecciones para el hombre de hoy. Las mil y una noches. Introduccin
Del estudio atento de los Hechos de los Apstoles, de las Epstolas de Pablo, de los diversos apcrifos atribuidos a l, as como de las Homilas Clementinas, las Antigedades judaicas y la Guerra de los judos, de Flavio Josefo, en resumen, de todos los textos antiguos que nos han llegado sobre l, se desprende finalmente una conclusin, muy desconsoladora para los creyentes a quienes se les va a presentar, y es que el Pablo del Nuevo Testamento es un personaje epnimo, en el que los escribas annimos de los siglos IV y V fundieron y amalgamaron literalmente palabras y acontecimientos pertenecientes a, por lo menos, tres personajes diferentes, dos de los cuales fueron imaginados a su antojo, y slo uno de ellos fue real. En la poca en que, por orden de Constantino, y bajo la vigilancia de altas autoridades de la Iglesia, como Eusebio de Cesrea, se unificaban los textos evanglicos, que cuando eran conformes se copiaban de nuevo en series de 1 cincuenta ejemplares y a continuacin eran enviados a todas las iglesias del Imperio (sin omitir la confiscacin de los antiguos textos, a los que stos haban reemplazado), literalmente se cre a Cristo, dios encarnado para la salvacin de los hombres. Sin embargo, para dar un valor inatacable a esta creacin y poder justificarla, no podan utilizarse los testimonios apostlicos habituales. De manera que se fabric un personaje nuevo, mediante la fusin de tres personajes antiguos. Los textos y los documentos de los que stos eran, indiscutiblemente, los autores fueron refundidos y recompuestos. Y como eran anteriores a los nuevos evangelios cannicos, aportaban a este personaje imaginario un reflejo de autenticidad histrica. En esa poca, y a lo largo de todos esos siglos, la mano de hierro de los poderes temporales bajo las rdenes de la Iglesia, perinde ac cadver, se hallaba siempre dispuesta a silenciar definitivamente a todo investigador mal pensante. Por eso es por lo que monseor Ricciotti puede decirnos, con toda lealtad, en su Saint Pal, apotre: a) Las fuentes que permiten reconstruir la vida de san Pablo se hallan en su integridad en el Nuevo Testamento; fuera de ste no se encuentra prcticamente nada. Los elementos que pueden descubrirse en algunos otros documentos no slo son muy poco numerosos sino, adems, extremadamente dudosos. (p. 90).
Cincuenta es el nmero de Pentecosts (pentkosts). Es decir, del Espritu Santo. Nuestros falsificadores carecan de complejos...
19
b) El ao de nacimiento de Pablo no se desprende de ningn documento... (p. 149). c) En cuanto al ao del martirio de Pablo, los testimonios antiguos son vagos y poco concordantes [...] No se sabe nada respecto al da de su muerte... (p. 671). Tambin el abad Loisy, sin negar formalmente la existencia histrica del personaje, concluy que no puede saberse nada vlido sobre l. Bruno Bauer y una buena parte de la escuela exegtica holandesa van ms lejos, y concluyen que se trataba de un personaje imaginario o epnimo. Nosotros, por nuestra parte, nos contentaremos con quedarnos con el hombre que nos presenta el texto de los Hechos de los Apstoles, y pasarlo por el cedazo de las verificaciones racionales, dejando a las diversas Iglesias la responsabilidad de la impostura histrica, bien sea total o parcial, si es que la hay. Para empezar, pues, nos permitiremos plantear un cierto nmero de cuestiones. Si Saulo-Pablo es judo, y segn los historiadores catlicos, nacido en los primeros aos de la era cristiana, si no un poco antes incluso... (cf. monseor Ricciotti, Saint Pal, apotre, p. 149), cuenta aproximadamente unos treinta y cinco aos de edad cuando se produce la muerte del dicono Esteban, en el ao 36 de nuestra era. Entonces se concibe perfectamente que pudiera: a) encontrarse al mando de un cuerpo de polica (Hechos de los Apstoles, 8, 3, y 9, 1); b) obtener del pontfice de Israel, en este caso Gamaliel, una orden que le permitiera operar lejos de Jerusaln en misin de bsqueda de cristianos (el problema sobre si esta accin era o no lcita ser discutido en otro lugar); c) haber aprobado la condena y ejecucin de Esteban, en virtud de su edad y su funcin (Hechos de los Apstoles, 8, 1, y 22, 20). Pero entonces, en el curso de esta ejecucin, no puede lgicamente ver reducido su papel al de un simple joven judo a quien tan slo se le confa la guardia de las vestiduras de los encargados de la lapidacin. Porque si es judo, y de unos treinta y cinco aos de edad, hace mucho que tiene la mayora de edad religiosa y civil en Israel, y por lo tanto debe participar, legalmente, en la lapidacin, ya que se encuentra en el lugar (Deuteronomio, 17, 7). Para l es obligatorio. En caso negativo, es que no es judo, sino idumeo, como demostraremos ms adelante. Por otra parte, si en el ao 36 est al mando de un cuerpo especial de polica a las rdenes del Sanedrn y del pontfice, y si ya cuenta unos treinta y cinco aos de edad, probablemente ejerci ya dicha profesin en los aos 34 y 35, cuando tuvo lugar la detencin de Jess en el monte de los Olivos. Y en este caso, debi de ser inevitablemente l quien se hallaba al mando del destacamento de soldados que acompa a la cohorte de los veteranos y al tribuno que la diriga durante el combate final, tras la ocupacin del dominio de
20
lerahmeel, donde se haba atrincherado Jess. Por lo tanto, conoca a este ltimo, particip en su captura y le corresponde parte de la responsabilidad de su muerte. Y l, o bien Lucas, su secretario, o el escriba annimo autor de los Hechos de los Apstoles, minti al hacer creer que no lo haba visto antes... Es ms, en este caso incluso debi de proporcionar el cuerpo de guardia que habra reclamado el Sanedrn para la vigilancia de la tumba de Jess, y que fue incapaz de asegurarla. As pues, Saulo-Pablo no ignoraba que el cadver haba sido robado, hecho cuya prueba aportamos ya en la obra citada. Adems, el nacimiento de Pablo en los primeros aos de la era cristiana, si no un poco antes incluso..., implicara una mentira ms por parte del autor de los Hechos, a saber, que no es posible que Saulo-Pablo hubiera sido criado con 3 Menahem y Herodes el Tetrarca, como declara el texto de los Hechos (13, 1), ya que dicho Herodes Agripa II naci en el ao 27 de nuestra era, y muri en Roma en el ao 100. Y en el ao 27 Saulo-Pablo tendra ya veintisiete aos... Si ahora analizamos cuidadosamente las Epstolas llamadas paulinas, de ellas se desprenden dos facetas diferentes respecto a su autor: una de ellas nos sita en presencia de un helenista, de un proslito de la Dispora, que es ciudadano romano, habla y escribe en griego, y se muestra como un implacable adversario de los tabes legales del judasmo, en especial de la circuncisin; se llama Pablo, en griego Paulos; la otra cara es la de un judo piadoso y de buena raza, procedente de la tribu de Benjamn (antao una de las dos tribus militares de Israel), y que se 4 llama Saulo, en griego Saulos. Cada uno de estos dos hombres tiene su doctrina. El primero, formado por la cultura griega, ve a Cristo como un ser divino, descendido a travs de los cielos intermedios adoptando forma humana, muerto en la cruz, resucitado en espritu para asegurar la victoria del Espritu (pneuma) sobre la Materia (hyiee), y as aportar a los hombres su liberacin espiritual, lejos de la servidumbre de poderes intermedios e inferiores. En el segundo se traslucen las tradiciones nazarenas y ebionitas; ve en Jess a un hombre de carne y hueso, nacido de una mujer de la estirpe de David, sometido a la Ley, muerto en la cruz, resucitado en carne, y luego deificado. El tercer hombre ser un mago, y nos lo presentan como Simn el Mago. Tenemos aqu a tres personajes y tres doctrinas absolutamente contradictorias. Vamos, pues, a abrir el expediente de esta investigacin sobre san Pablo, apstol de los gentiles. Y prevenimos de antemano al lector de que va a ir de sorpresa en sorpresa, tal y como ya sucedi tambin en el anterior volumen, ya citado, en lo referente a Jess. Porque van a formularse numerosos interrogantes.
Cf. R. AMBELAIN, Jess o el secreto mortal de los templarios, ya citada, p. 239. Op. cit., pg. 302, para la justificacin y la exgesis de dicho pasaje. Ese versculo es muy importante. 4 Hay que sealar que, cuando Pablo habla de su raza, de su nacin, no dice nosotros ni los nuestros, sino los judos. Y esta expresin despectiva es la prueba de que no era israelita de origen.
3 2
21
Fue, efectivamente, formulndose preguntas sobre la identidad de Epafras, compaero de cautiverio de Pablo (Epstola a Filemn, 23), como san Jernimo nos aport lo que l llama la fbula (sic) del nacimiento de Pablo, entonces Saulo, en Giscala, en la alta Galilea, y no en Judea: Quin es Epafras, el compaero de cautiverio de Pablo? [...] Nosotros hemos recogido la siguiente fbula [fbula]: Se dice que los padres del apstol Pablo eran de Giscala, en Judea, y cuando la provincia fue devastada enteramente por el ejrcito romano, y los judos se dispersaron por todo el universo, fueron transferidos a Tarso, en Cilicia. Pablo, entonces todava un joven [adolescentem], sigui la suerte de sus padres. (Cf. Jernimo, Comentarios sobre la Epstola a los Filipenses, XXIII M. L. XXVI, 617-643.) Primera cuestin: La deportacin de los habitantes de Giscala tuvo lugar durante la represin llevada a cabo por Varus (quien crucific a dos mil prisioneros judos en las colinas de los alrededores de Jerusaln), es decir en los aos 6 al 4 antes de nuestra era. Ahora bien, se nos dice que en aquella poca Pablo era todava un joven (adolescentem). As pues, habra nacido hacia el ao 21 antes de nuestra era, y contara alrededor de quince aos cuando se produjeron esos acontecimientos. Esto parece difcilmente compatible con la cronologa clsica, ya que en este caso habra contado 57 aos cuando se produjo la lapidacin de Esteban, en el ao 36 de nuestra era. Y entonces, cmo pueden decir los Hechos de los Apstoles: Y los testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo (Hechos, 7, 58), si ese joven tena 57 aos? Adems, en este caso habra muerto a los 88 aos (en el 67 de nuestra era), cosa difcilmente compatible con su actividad y sus numerosos viajes. Con