**INTRODUCCIÓN**
En la literatura actual y pasada, es común encontrar diversos términos relacionados con el
rechinar y apretar de los dientes. Muchas veces, se utilizan incorrectamente como sinónimos,
como en el caso de bruxismo, bruxismo en céntrica, bruxismo en excéntrica, bruxismo nocturno,
bruxismo diurno, bruxomanía, parafunción, apretamiento dentario, rechinamiento dentario,
parasomnia, entre otros.
En 1999, Carlsson y Magnusson definieron parafunción como una actividad de un sistema que no
tiene propósitos funcionales, y apretamiento y rechinamiento como el acto de apretar y refregar
los dientes, ambos conocidos como bruxismo. Este se subclasifica en bruxismo primario e
idiopático, sin causas médicas reconocidas, y bruxismo secundario o iatrogénico, asociado a
problemas neurológicos, psiquiátricos, desórdenes del sueño o administración de drogas.
Es esencial diferenciar entre bruxismo diurno y nocturno, ya que el primero puede ser idiopático o
secundario, mientras que el bruxismo nocturno se considera una parasomnia y debe tratarse de
manera diferente. Se destaca que el diagnóstico de bruxismo debe acompañarse de su "apellido"
para adecuar el enfoque terapéutico.
**DESARROLLO**
Se aborda la fisiopatología del bruxismo, considerando factores morfológicos, patofisiológicos y
psicológicos. Se explora la influencia de la química cerebral alterada, especialmente del sistema
dopaminérgico, y se sugiere un desbalance entre vías directas e indirectas del ganglio basal.
Además, se discute la conexión entre el bruxismo y el estrés psicológico, así como factores
genéticos que podrían contribuir.
**PREVALENCIA**
Se examina la prevalencia del bruxismo en diferentes grupos de edad. Se destaca que, en la
infancia, la succión de dedo, el mordisqueo de labios y mejillas, y la respiración bucal son más
comunes, mientras que el bruxismo aumenta en la adolescencia. En adultos, la prevalencia varía
entre un 5% y 8%, pero se sugiere que estos valores podrían subestimarse.
**TRATAMIENTO**
Se consideran diversas opciones de tratamiento, desde férulas oclusales y terapias farmacológicas
hasta enfoques más conservadores como la educación estomatognática, la autorregulación física y
la aplicación de técnicas de relajación. Se menciona la utilización emergente de toxina botulínica A
en casos de bruxismo.
**CONCLUSIONES**
Se concluye que el bruxismo es una condición multifactorial con componentes genéticos,
fisiológicos y psicológicos. El diagnóstico debe basarse en una evaluación integral, y el tratamiento
debe adaptarse a la etiología y la edad del paciente. Se destaca la importancia de una
comunicación efectiva entre profesionales para un manejo exitoso del bruxismo.