POEMAS GUATEMALTECAS
POEMA A LA CEIBA
Erguida con gallardía
La ceiba, árbol nacional,
A primeras horas del nuevo día
Eleva al cielo su verde canto
y por eso mi espíritu levanto
Para dedicarle mis versos
Y mis acentos tersos.
Nuestro árbol nacional
-decía mi abuelo Juan-,
Nos da su sombra sin igual
Y los quetzales a su seno van.
Y es que la ceiba con su sombra
a las alegrías nombra,
Y no es extraño que una sinfonía
De sus ramas brotan cada día.
POEMA A LA MONJA BLANCA
La Monja Blanca es un poema
Y un verde y hermosísimo emblema
Y por eso a mí sagrada Guatemala
Nadie se le iguala.
La Monja Blanca es una flor
Salpicada de rocío y de amor
Y orgullosa nace, crece y Persevera
En Guatemala, la tierra de la primavera.
POEMA AL QUETZAL
Quetzal, emblema de la libertad
Canto y verso de solidaridad
Yo te bendigo en mi numen
Porque para Guatemala eres lumen.
Tu bello plumaje verde y rojo
Es un pentagrama que Deshojo
En mis inspiraciones sencillas.
Quetzal, insignia de las albas semillas
POEMA AL ESCUDO
Yo tengo un Escudo
Un escudo multicolor,
Que indica que sigamos
La senda del honor.
Mi Escudo y mi bandera
Con su bello quetzal
Simbolizan la patria,
Guatemala inmortal.
Yo te vengo a hablar
De un hermoso lugar
Del que yo se
Que te vas a enamorar
Tiene bellos paisajes
Grandes volcanes
Y gente de buenos linajes
Y si tú quieres saber
De donde me inspiro
De mi bella GUATEMALA
Es de la que yo escribo.
POEMA A LA BANDERA
Aunque soy todavía
Niño pequeño,
Bandera de mi patria
Contigo sueño.
Sueño que un día
Seré tu abanderado,
Bandera mía.
En mi sueño glorioso
Tu paño beso
Y siente ya en el hombro
Tu dulce peso
Bandera amada,
En mi sueño de niño
Vas reclinada.
Canciones guatemaltecas
Ricardo Arjona – fuiste tu
Dejé un adiós sin luz Mis rodillas de lodo
El día en que me marché Mi cuaderno de historia
Fronteras de autobús Mi pandilla, mi apodo
Kilómetros de fe Mi fracaso y victoria
Y una novia en el andén Mis afanes de todo
Mi país, mi memoria
Las calles que vieron mi infancia
La prisa del amor a escondidas Mi país
El barrio, el fútbol, la vagancia Más que mi patria, mi raíz
Mis padres, mi niñez, mi inocencia Más que mi suelo, la matriz
Todo se quedó allí Que me enseñó a parir pensamientos
Mi país
Mi primer contratiempo Más que mi patria, mi raíz
Mi primera alegría Más que mi suelo, el matiz
Mi primer argumento Que me fue pintando el camino
Mi primer melodía Mi país
Mi primer salto al viento
Mi primera agonía Cómo quisiera saber que tu gente
vive más feliz
Mi país Que algunos falsos hijos no te siguen
Más que mi patria, mi raíz pintando de gris
Más que mi suelo, la matriz
Que me enseñó a parir pensamientos Mi país
Mi país Más que mi patria, mi raíz
Más que mi patria, mi raíz Más que mi suelo, la matriz
Más que mi suelo, el matiz Que me enseñó a parir pensamientos
Que me fue pintando el camino Mi país
Mi país Más que mi patria, mi raíz
Mi país Más que mi suelo, el matiz
Que me fue pintando el camino
Yo nunca quise ser otra cosa Mi país
Que el niño más feliz del planeta
Y aunque nada era de color de rosa Mi país
Y los sueños los prohibía el
presidente Si quieres insistir
Fui a la Luna y regresé en bicicleta Fuiste tú
Mi país – Ricardo Arjona
Soy de Zacapa – jose Ernesto
Soy de Zacapa, estación,
tierra caliente, en donde vive
nací en el barrio El mi novia guapa,
Tamarindal, a la que quiero de corazón.
tengo el orgullo Soy de Zacapa,
de ser valiente, tierra caliente
me considero buen oriental. en donde sale primero el
Tengo una novia sol,
guapa y sincera por esto tengo
a la que quiero muy de la sangre ardiente
verdad, como las notas
mi muchachita, de mi canción.
pura tunera Lindo el oasis,
nació cerquita que hay en la Fragua
del Punilá. por donde pasa
Lindo el Oasis, cerquita el tren,
que hay en La Fragua, el agua es fresca como el
por donde pasa Motagua,
cerquita el tren; como los baños de
el agua es fresca como el Parabién.
Motagua, Guapas mujeres
como los baños hay en Cabañas,
de Pasabién. son un encanto
Bellas mujeres las de la Unión,
en Estanzuela, Guité las tiene tan
como las tiene primorosas,
Teculután, como jardines,
son muy hermosas las de en floración.
Río Hondo
y nada envidian
las de Gualán.
Como recuerdo,
a mi Zacapa,
sus lindas calles y su
José Ernesto Monzón- soy de Zacapa
VIENTO EN CONTRA – TE EXTRAÑO
Ya no me escribes mas que significa mi vida cuando
Me duele no tenerte no estas aqui
en mis sueños ya ni estas Te Extraño tanto
y lo que deprime mas
es no saber donde andas Que es de este mundo sin ti
no saber donde estas No sientes la vida sin alguien
que te de amor asi
Y solo quiero saber que es de mi mundo sin ti
si tu tambien me extrañas que singinifca mi vida cuando
ouno nooo no no estes aquí
Que es de este mundo sin ti
no sientes la vida sin alguien
que te de amor asi
Que es de mi mundo sin ti
que significa mi vida cuando
no estas aqui
Te Extraño tanto
Soy como un barco sin mar
un suspiro sin aliento
un nave sin volar
soy un naufrago sin ti
no sin tus ojos hablandome
sin tu vos inspirandomeeee
Y solo quiero saber
si tu tambien me extrañas
ouno noo no
Que es de este mundo sin ti
No sientes la vida sin alguien
que te de amor asi
Que es de mi mundo sin ti
VIENTO EN CONTRA – TE EXTRAÑO
Que Voy a Hacer
Gaby Moreno
Oh, noche tan larga Otra batalla he perdido,
Sin vida que me envuelve dime
Y me atrapa en un lamento ¿Qué voy a hacer conmigo?
Un grito en silencio
Si ruedan las horas o no ya
Las 3 y mil vueltas no sé
Se tornan inciertas
¿Qué voy a hacer conmigo? Si suben o bajan
Una salida no consigo
Otra batalla he perdido, Se alejan no vuelven a mí
dime
¿Qué voy a hacer conmigo? Sobre un vacío oscuro mi
alma se mece
Entra el despecho de
puntillas Pobre de mí
Suplica la angustia de
rodillas ¿Qué va hacer de mí?
Se consume en un
desasosiego ¿Qué voy a hacer conmigo?
Se reduce a un último ruego Una salida no consigo
Otra batalla he perdido,
¿Qué voy a hacer conmigo? dime
Una salida no consigo ¿Qué voy a hacer conmigo?
Gaby Moreno
Fabiola rojas - por ti volare
Cuando vivo solo sueño un horizonte
sueño un horizonte falta de palabras.
falto de palabras
Y yo se que siempre estas
En la sombra y entre luces ahi ahi
todo es negro para mi una luna hecha para mi
mirada siempre iluminada para mi
Si tu no estás junto a por mi por mi por mi
mi.....aquí
Por ti volare
Tu espera
en tu mundo que llegare
separado del mío por un mi fin de trayecto eres tu
abismo. para vivirlo los dos.
Oye
llamame Por ti volaré
yo volaré por cielos y mares
a tu mundo lejano hasta tu amor
abriendo los ojos por fin
Por ti volare contigo viviré.
espera
que llegare
mi fin de trayecto eres tu
para vivirlo los dos.
Por ti volaré
por cielos y mares
hasta tu amor
abriendo los ojos por fin
contigo viviré.
Cuando estas lejana
Fabiola rojas – por ti volares
Cuentos
Cuento de ricitos de oro
Érase una vez una familia de osos que vivían en una linda casita en el bosque.
Papá Oso era muy grande, Mamá Osa era de tamaño mediano y Osito era
pequeño.
Una mañana, Mamá Osa sirvió la más deliciosa avena para el desayuno, pero
como estaba demasiado caliente para comer, los tres osos decidieron ir de paseo
por el bosque mientras se enfriaba. Al cabo de unos minutos, una niña llamada
Ricitos de Oro llegó a la casa de los osos y tocó la puerta. Al no encontrar
respuesta, abrió la puerta y entró en la casa sin permiso.
En la cocina había una mesa con tres tazas de avena: una grande, una mediana y
una pequeña. Ricitos de Oro tenía un gran apetito y la avena se veía deliciosa.
Primero, probó la avena de la taza grande, pero la avena estaba muy fría y no le
gustó. Luego, probó la avena de la taza mediana, pero la avena estaba muy
caliente y tampoco le gustó. Por último, probó la avena de la taza pequeña y esta
vez la avena no estaba ni fría ni caliente, ¡estaba perfecta! La avena estaba tan
deliciosa que se la comió toda sin dejar ni un poquito.
Después de comer el desayuno de los osos, Ricitos de Oro fue a la sala. En la
sala había tres sillas: una grande, una mediana y una pequeña. Primero, se sentó
en la silla grande, pero la silla era muy alta y no le gustó. Luego, se sentó en la
silla mediana, pero la silla era muy ancha y tampoco le gustó. Fue entonces que
encontró la silla pequeña y se sentó en ella, pero la silla era frágil y se rompió bajo
su peso.
Buscando un lugar para descansar, Ricitos de Oro subió las escaleras, al final del
pasillo había un cuarto con tres camas: una grande, una mediana y una pequeña.
Primero, se subió a la cama grande, pero estaba demasiado dura y no le gustó.
Después, se subió a la cama mediana, pero estaba demasiado blanda y tampoco
le gustó. Entonces, se acostó en la cama pequeña, la cama no estaba ni
demasiado dura ni demasiado blanda. De hecho, ¡se sentía perfecta! Ricitos de
Oro se quedó profundamente dormida.
Al poco tiempo, los tres osos regresaron del paseo por el bosque. Papá Oso notó
inmediatamente que la puerta se encontraba abierta:
—Alguien ha entrado a nuestra casa sin permiso, se sentó en mi silla y probó mi
avena —dijo Papá Oso con una gran voz de enfado.
—Alguien se ha sentado en mi silla y probó mi avena —dijo Mamá Osa con una
voz medio enojada.
Entonces, dijo Osito con su pequeña voz:
—Alguien se comió toda mi avena y rompió mi silla.
Los tres osos subieron la escalera. Al entrar en la habitación, Papá Oso dijo:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y Mamá Osa exclamó:
—¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y Osito dijo:
—¡Alguien está durmiendo en mi cama! —y se puso a llorar desconsoladamente.
El llanto de Osito despertó a Ricitos de Oro, que muy asustada saltó de la cama y
corrió escaleras abajo hasta llegar al bosque para jamás regresar a la casa de los
osos.
Cuento de los tres cerditos
En un pueblito no muy lejano, vivía una mamá cerdita junto con sus tres cerditos.
Todos eran muy felices hasta que un día la mamá cerdita les dijo:
—Hijitos, ustedes ya han crecido, es tiempo de que sean cerditos adultos y vivan
por sí mismos.
Antes de dejarlos ir, les dijo:
—En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, deben aprender a trabajar para lograr
sus sueños.
Mamá cerdita se despidió con un besito en la mejilla y los tres cerditos se fueron a
vivir en el mundo.
El cerdito menor, que era muy, pero muy perezoso, no prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y decidió construir una casita de paja para terminar
temprano y acostarse a descansar.
El cerdito del medio, que era medio perezoso, medio prestó atención a las
palabras de mamá cerdita y construyó una casita de palos. La casita le quedó
chueca porque como era medio perezoso no quiso leer las instrucciones para
construirla.
La cerdita mayor, que era la más aplicada de todos, prestó mucha atención a las
palabras de mamá cerdita y quiso construir una casita de ladrillos. La construcción
de su casita le tomaría mucho más tiempo. Pero esto no le importó; su nuevo
hogar la albergaría del frío y también del temible lobo feroz...
Y hablando del temible lobo feroz, este se encontraba merodeando por el bosque
cuando vio al cerdito menor durmiendo tranquilamente a través de su ventana. Al
lobo le entró un enorme apetito y pensó que el cerdito sería un muy delicioso
bocadillo, así que tocó a la puerta y dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito menor se despertó asustado y respondió:
—¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo feroz se enfureció y dijo:
Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de paja se vino al piso.
Afortunadamente, el cerdito menor había escapado hacia la casa del cerdito del
medio mientras el lobo seguía soplando.
El lobo feroz sintiéndose engañado, se dirigió a la casa del cerdito del medio y al
tocar la puerta dijo:
—Cerdito, cerdito, déjame entrar.
El cerdito del medio respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y resoplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas y la casita de palo se vino abajo. Por
suerte, los dos cerditos habían corrido hacia la casa de la cerdita mayor mientras
que el lobo feroz seguía soplando y resoplando. Los dos hermanos, casi sin
respiración le contaron toda la historia.
—Hermanitos, hace mucho frío y ustedes la han pasado muy mal, así que
disfrutemos la noche al calor de la fogata —dijo la cerdita mayor y encendió la
chimenea. Justo en ese momento, los tres cerditos escucharon que tocaban la
puerta.
—Cerdita, cerdita, déjame entrar —dijo el lobo feroz.
La cerdita respondió:
— ¡No, no y no!, nunca te dejaré entrar.
El lobo hambriento se enfureció y dijo:
—Soplaré y soplaré y tu casa derribaré.
El lobo sopló y resopló con todas sus fuerzas, pero la casita de ladrillos resistía
sus soplidos y resoplidos. Más enfurecido y hambriento que nunca decidió trepar
el techo para meterse por la chimenea. Al bajar la chimenea, el lobo se quemó la
cola con la fogata.
—¡AY! —gritó el lobo.
Y salió corriendo por el bosque para nunca más ser visto.
Un día cualquiera, mamá cerdita fue a visitar a sus queridos cerditos y descubrió
que todos tres habían construido casitas de ladrillos. Los tres cerditos habían
aprendido la lección:
“En el mundo nada llega fácil, por lo tanto, debemos trabajar para lograr nuestros
sueños”.
Cuento de blanca nieves
Érase una vez una joven y bella princesa llamada Blancanieves que vivía en un
reino muy lejano con su padre y madrastra.
Su madrastra, la reina, era también muy hermosa, pero arrogante y orgullosa. Se
pasaba todo el día contemplándose frente al espejo. El espejo era mágico y
cuando se paraba frente a él, le preguntaba:
—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa del reino?
Entonces el espejo respondía:
— Tú eres la más hermosa de todas las mujeres.
La reina quedaba satisfecha, pues sabía que su espejo siempre decía la verdad.
Sin embargo, con el pasar de los años, la belleza y bondad de Blancanieves se
hacían más evidentes. Por todas sus buenas cualidades, superaba mucho la
belleza física de la reina. Y llegó al fin un día en que la reina preguntó de nuevo:
—Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa del reino?
El espejo contestó:
—Blancanieves, a quien su bondad la hace ser aún más bella que tú.
La reina se llenó de ira y ordenó la presencia del cazador y le dijo:
—Llévate a la joven princesa al bosque y asegúrate de que las bestias salvajes se
encarguen de ella.
Con engaños, el cazador llevó a Blancanieves al bosque, pero cuando estaba a
punto de cumplir las órdenes de la reina, se apiadó de la bella joven y dijo:
—Corre, vete lejos, pobre muchacha. Busca un lugar seguro donde vivir.
Encontrándose sola en el gran bosque, Blancanieves corrió tan lejos como pudo
hasta la llegada del anochecer. Entonces divisó una pequeña cabaña y entró en
ella para dormir. Todo lo que había en la cabaña era pequeño. Había una mesa
con un mantel blanco y siete platos pequeños, y con cada plato una cucharita.
También, había siete pequeños cuchillos y tenedores, y siete jarritas llenas de
agua. Contra la pared se hallaban siete pequeñas camas, una junto a la otra,
cubiertas con colchas tan blancas como la nieve.
Blancanieves estaba tan hambrienta y sedienta que comió un poquito de vegetales
y pan de cada platito y bebió una gota de cada jarrita. Luego, quiso acostarse en
una de las camas, pero ninguna era de su medida, hasta que finalmente pudo
acomodarse en la séptima.
Cuando ya había oscurecido, regresaron los dueños de la cabaña. Eran siete
enanos que cavaban y extraían oro y piedras preciosas en las montañas. Ellos
encendieron sus siete linternas, y observaron que alguien había estado en la
cabaña, pues las cosas no se encontraban en el mismo lugar.
El primero dijo: —¿Quién se ha sentado en mi silla?
El segundo dijo: —¿Quién comió de mi plato?
El tercero dijo: —¿Quién mordió parte de mi pan?
El cuarto dijo: —¿Quién tomó parte de mis vegetales?
El quinto dijo: —¿Quién usó mi tenedor?
El sexto dijo: —¿Quién usó mi cuchillo?
El séptimo dijo: —¿Quién bebió de mi jarra?
Entonces el primero observó una arruga en su cama y dijo: —Alguien se ha metido
en mi cama.
Y los demás fueron a revisar sus camas, diciendo: —Alguien ha estado en
nuestras camas también.
Pero cuando el séptimo miró su cama, encontró a Blancanieves durmiendo
plácidamente y llamó a los demás:
—¡Oh, cielos! —susurraron—. Qué encantadora muchacha
Cuando llegó el amanecer, Blancanieves se despertó muy asustada al ver a los
siete enanos parados frente a ella. Pero los enanos eran muy amistosos y le
preguntaron su nombre.
—Mi nombre es Blancanieves —respondió—, y les contó todo acerca de su
malvada madrastra.
Los enanos dijeron:
—Si puedes limpiar nuestra casa, cocinar, tender las camas, lavar, coser y tejer,
puedes quedarte todo el tiempo que quieras—. Blancanieves aceptó feliz y se
quedó con ellos.
Pasó el tiempo y un día, la reina decidió consultar a su espejo y descubrió que la
princesa vivía en el bosque. Furiosa, envenenó una manzana y tomó la apariencia
de una anciana.
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Cuento del gato con botas
Érase una vez un molinero muy pobre que dejó a sus tres hijos por herencia un
molino, un asno y un gato. En el reparto, el molino fue para el hijo mayor, el asno
para el segundo y el gato para el más joven. Éste último se lamentó de su suerte
en cuanto supo cuál era su parte.
—¿Qué será de mí? Mis hermanos trabajarán juntos y harán fortuna, pero yo sólo
tengo un gato.
El gato escuchó las palabras de su joven amo y decidido a ayudarlo, dijo:
—No se preocupe mi señor, yo puedo ser más útil y valioso de lo que piensa. Le
pido que por favor me regale un saco y un par de botas para andar entre los
matorrales.
Aunque el joven amo no creyó en las palabras del gato, le dio lo que pedía pues
sabía que él era un animal muy astuto.
Poniendo su plan en marcha, el gato reunió algunas zanahorias y se fue al bosque
a cazar conejos. Con el saco lleno de conejos y sus botas nuevas, se dirigió hacia
el palacio real y consiguió ser recibido por el rey.
—Su majestad, soy el gato con botas, leal servidor del marqués de Carabás —
este fue el primer nombre que se le ocurrió al gato—. El marqués quiere ofrecerle
estos regalos.
Los conejos agradaron mucho al rey.
Al día siguiente, el gato con botas volvió al bosque y atrapó un jabalí. Una vez
más, lo presentó al rey, como un regalo del marqués de Carabás.
Durante varias semanas, el gato con botas atrapó más animales para presentarlos
como regalos al rey. El rey estaba muy complacido con el marqués de Carabás.
Un día, el gato se enteró que el rey iba de visita al río en compañía de su hija, la
princesa, y le dijo a su amo:
—Haga lo que le pido mi señor, vaya al río y báñese en el lugar indicado. Yo me
encargaré del resto.
El joven amo le hizo caso al gato. Cuando la carroza del rey pasó junto al río, el
gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:
—¡Socorro, socorro! ¡El señor marqués de Carabás se está ahogando!
Recordando todos los regalos que el marqués le había dado, el rey ordenó a su
guarda a ayudar al joven. Como el supuesto marqués de Carabás se encontraba
empapado y su ropa se había perdido en la corriente del río, el rey también ordenó
que lo vistieran con el traje más elegante y lo invitó a pasar al carruaje. En el
interior del carruaje se encontraba la princesa quien se enamoró inmediatamente
del apuesto y elegante marqués de Carabás.
El gato, encantado de ver que su plan empezaba a dar resultado, se fue delante
de ellos. Al encontrar unos campesinos que cortaban el prado en un enorme
terreno, dijo:
—Señores campesinos, si el rey llegara a preguntarles a quién pertenecen estas
tierras, deben contestarle que pertenecen al marqués de Carabás. Háganlo y
recibirán una gran recompensa.
Cuando el rey se detuvo a preguntar, los campesinos contestaron al unísono:
—Su majestad, estas tierras son de mi señor, el marqués de Carabás.
El gato, caminando adelante de la carroza, iba diciendo lo mismo a todos los
campesinos que se encontraba. El rey preguntaba lo mismo y con cada respuesta
de los campesinos, se asombraba más de la riqueza del señor marqués de
Carabás.
Finalmente, el ingenioso gato llegó hasta el más majestuoso castillo que tenía por
dueño y señor a un horripilante y malvado ogro. De hecho, todas las tierras por las
que había pasado el rey pertenecían a este castillo.
El gato sabía muy bien quién era el ogro y pidió hablar con él. Para no ser
rechazado, le dijo al ogro que le resultaba imposible pasar por su castillo y no
tener el honor de darle sus respetos. El ogro sintiéndose adulado le permitió
pasar.
—Señor, he escuchado que usted tiene el envidiable don de convertirse en
cualquier animal que desee —dijo el gato.
— Es cierto —respondió el ogro—, y para demostrarlo me convertiré en león.
El gato se asustó de tener a un león tan cerca. Sin embargo, estaba decidido a
seguir con su elaborado plan.
Cuando el ogro volvió a su horripilante forma, el gato dijo:
—¡Sus habilidades son extraordinarias! Pero me parecería más extraordinario que
usted pudiera convertirse en algo tan pequeño como un ratón.
—Claro que sí puedo—respondió el ogro un tanto molesto.
Cuando el ogro se convirtió en ratón, el gato lo atrapó de un solo zarpazo y se lo
comió.
Cuento de pinocho
Érase una vez un anciano carpintero llamado Gepeto que era muy feliz haciendo
juguetes de madera para los niños de su pueblo.
Un día, hizo una marioneta de una madera de pino muy especial y decidió llamarla
Pinocho. En la noche, un hada azul llegó al taller del anciano carpintero:
—Buen Gepeto —dijo mientras el anciano dormía—, has hecho a los demás tan
felices, que mereces que tu deseo de ser padre se haga realidad. Sonriendo, el
hada azul tocó la marioneta con su varita mágica:
—¡Despierta, pequeña marioneta hecha de pino… despierta! ¡El regalo de la vida
es tuyo!
Y en un abrir y cerrar de ojos, el hada azul dio vida a Pinocho.
—Pinocho, si eres valiente, sincero y desinteresado, algún día serás un niño de
verdad —dijo el hada azul—. Luego se volvió hacia un grillo llamado Pepe Grillo,
que vivía en la alacena de Gepeto.
—Pepe Grillo — dijo el hada azul—, debes ayudar a Pinocho. Serás su conciencia
y guardián del conocimiento del bien y del mal.
Al día siguiente, Gepeto envió con orgullo a su pequeño niño de madera a la
escuela, pero como era tan pobre, tuvo que vender su abrigo para comprar los
libros escolares:
—Pinocho, Pepe Grillo te mostrará el camino —dijo Gepeto—. Por favor, no te
distraigas y llega a la escuela a tiempo.
Pinocho salió de casa, pero nunca llegó a la escuela. En cambio, decidió ignorar
los consejos de Pepe Grillo y vender los libros para comprar un tiquete para el
teatro de marionetas. Cuando Pinocho comenzó a bailar con las marionetas, el
titiritero sorprendido con las habilidades del niño de madera, le preguntó si quería
unirse a su espectáculo de marionetas. Pinocho aceptó alegremente.
Sin embargo, las intenciones del malvado titiritero eran muy diferentes; su plan era
hacerse rico con la única marioneta con vida en el mundo. De inmediato, encerró a
Pinocho y a Pepe Grillo en una jaula. Fue entonces que Pinocho reconoció su
error y comenzó a llorar. El hada azul apareció de la nada.
Aunque el hada azul conocía las razones por las cuales Pinocho se encontraba
atrapado, aun así, le preguntó:
—Pinocho, ¿por qué estás en esta jaula?
Pero Pinocho no quiso contarle la verdad, entonces algo extraño sucedió. Su nariz
comenzó a crecer más y más. Cuanto más hablaba, más crecía.
—Cada vez que digas una mentira, tu nariz crecerá — dijo el hada azul.
—Por favor, haz que se detenga—dijo Pinocho—, prometo no mentir de nuevo.
Al día siguiente, camino a la escuela, Pinocho conoció a un niño:
—Ven conmigo al País de los Juguetes. ¡En este lugar todos los días son
vacaciones! —dijo el niño con emoción—. Hay juguetes y golosinas y lo mejor de
todo, ¡no tienes que ir a la escuela!
Olvidando nuevamente los consejos del hada azul y Pepe Grillo, Pinocho salió
corriendo con el niño al País de los Juguetes. Al llegar, se divirtió muchísimo
jugando y comiendo golosinas.
De pronto, las orejas de Pinocho y los otros niños del País de los Juguetes
comenzaron a hacerse muy largas. Por no querer ir a la escuela, ¡se estaban
convirtiendo en burros!
Convertidos en burros, Pinocho y los niños llegaron a un circo. El maestro de
ceremonias hizo que Pinocho trabajara para el circo sin descanso. Allí, Pinocho se
lastimó la pierna mientras hacía trucos. Enojado, el maestro de ceremonias lo tiró
al mar junto con Pepe Grillo.
En el agua, el hechizo se rompió y Pinocho volvió a su forma de marioneta, pero
una ballena que nadaba cerca abrió su enorme boca y se lo tragó entero. En la
oscuridad del estómago de la ballena, Pinocho lloró mientras que Pepe Grillo
intentaba consolarlo. Fue en ese momento que vio a Gepeto en su bote:
—Hijo mío, te estaba buscando por tierra y mar cuando la ballena me tragó. ¡Estoy
tan contento de haberte encontrado! —dijo Gepeto.
Los dos se abrazaron encantados.
—De ahora en adelante seré bueno y responsable—, prometió Pinocho entre
lágrimas.
Aprovechando que la ballena dormía, Gepeto, Pinocho y Pepe Grillo prendieron
una fogata dentro de ella y saltaron de su enorme boca cuando el fuego la hizo
estornudar. Luego, navegaron hasta llegar a casa. Pero Gepeto cayó enfermo,
Pinocho lo alimentó y cuidó con mucho esmero y dedicación.
—Papá, iré a la escuela y trabajaré mucho para llenarte de orgullo— dijo Pinocho.
Cumpliendo su promesa, Pinocho estudió mucho en la escuela. Entonces un día
sucedió algo maravilloso. El hada azul apareció y le dijo:
Adivinanzas
Rimas
Trabalenguas
Mitos
El quinto sol y la creación del mundo
Tecuciztecatl, un dios soberbio, se prestó enseguida. Sin
embargo, los dioses querían elegir otro contrincante más
humilde, este fue Nanahuatzin. Ambos debían realizar una
ofrenda, el primero, ofreció elementos grandiosos. El
segundo, tenía materiales de poco valor para ofrecer.
En el momento del sacrificio, debían saltar al fuego.
Tecuciztecatl fue el primero en intentarlo, aunque el miedo lo
dejó parado. Después fue Nanahuatzin, quién se precipitó al
fuego sin pensarlo. Al ver su valor, Tecuciztecatl también se
lanzó al fuego.
Durante un tiempo los dioses aguardaron a que alguno de
ellos se viera en el cielo. Pronto, se hizo la luz en el cielo y
vieron surgir por el este a Nanahuatzin como Tonatiuh, el que
sería el quinto sol.
Pandora
Cuando Prometeo enseño el uso del fuego a los hombres,
Júpiter quiso vengarse por ello. Para eso, mandó a los dioses
que crearan una mujer dotada con todas las cualidades: la
belleza, el don de la palabra, el talento, la curiosidad, la
sabiduría. Esta sería Pandora, en cuyo corazón también se
escondía el mal y el engaño.
Pandora fue enviada como regalo de los dioses a Epimeteo,
hermano de Prometeo, quien desoyó las advertencias de su
hermano de no aceptar nada de los dioses. Epimeteo se casó
con ella y, como regalo de boda, Júpiter les dio una caja que
nunca debían abrir.
Pandora no pudo resistirse y un día miró qué había dentro de
aquel objeto. Entonces todos los males se escaparon,
consiguiendo solo quedarse la esperanza dentro del cofre.
Romulo y remo y la fundación de roma
Cuando Rea Silva, hija de Numitor, dio a luz a los gemelos
Rómulo y Remo, el tío de esta los mandó arrojar al Río Tiber.
Amulio había destronado a Numitor y las criaturas suponían
un peligro para su reinado.
Los dos pequeños fueron recogidos y amamantados por una
loba en la orilla del río. Después fueron rescatados por unos
pastores. Años más tarde, su abuelo los reconoció y, tras la
muerte de Amulio volvió a recuperar su reinado.
Pronto, Rómulo y Remo decidieron levantar una ciudad cerca
del lugar donde habían sido salvados. Más tarde, los buitres
decidieron que el futuro rey tendría que ser Rómulo. Este
trazó los límites de la ciudad y advirtió que nadie debía
cruzarlos. Remo eludió la orden de Rómulo, entonces se
desató una lucha entre ambos que saldó con su vida.
Nacimiento de hércules
Zeus, fascinado por una mujer llamada Alcmena. La
muchacha era la esposa de Anfitrión, quien se había
marchado por un tiempo para combatir en Tebas. Zeus
decidió aprovechar la ausencia del marido de Alcmena para
bajar a la tierra, disfrazado de Anfitrión. Pronto, la joven
quedó embarazada y dio a luz a dos niños: uno hijo de su
marido y otro era hijo de Zeus.
Hera, esposa de Zeus, se enojó tanto que cuando nació el
pequeño Hércules envió dos serpientes a la cuna para que lo
mataran. Sin embargo, el pequeño las estranguló, dejando
constancia desde bebé de su poderosa fuerza.
En otra ocasión, Zeus ordenó a Hermes poner al bebé en el
regazo de Hera mientras esta dormía para amamantarlo, de
esta forma Hércules ganaría la inmortalidad. Tanta fue la
fuerza del bebé al ser amamantado que, al despertar Hera,
un chorro de la leche dio lugar a la Vía Láctea.
Icaro y debalo
Cuando Dédalo y su hijo Ícaro estaban encerrados en
el laberinto por órdenes de Minos, Dédalo fabricó unas
alas para él y otras para su hijo confeccionadas con
cera y plumas. Gracias a su invento, ambos
consiguieron escapar del laberinto volando. Pero
antes, Dédalo le advirtió a su hijo que no volara
demasiado bajo para que el mar no dañara las alas, ni
demasiado alto para que la cera no se derritiera.
Una vez en el aire, Ícaro desoyó el consejo de su
padre y se elevó cada vez más. Pronto sus alas
comenzaron a derretirse, después se precipitó al mar
Egeo y murió.