Ángel Alonso Prieto
29 FEB 2024 18:31
Siro y yo
Entrada ya la tarde de las elecciones al Parlamento de Galicia salí a olvidar
los comicios echándome a andar bajo una niebla incipiente tal que lápiz
difuminador. Nada más a propósito en la tarde nebulosa de domingo que
visitar la exposición sobre el artista-dibujante que es Siro en el Kiosko
Alfonso. Y nada más entrar al recinto y dejar preceptivamente en consigna
el paraguas nos indican desde recepción el sentido de la visita: “Girando a
la derecha”. Toda una premonición de lo que se veía venir por otro rumbo.
Una casualidad anticipada digna de viñeta.
Puestos frente a la primera obra de Siro vemos que se trata de un cuadro
cubista sintético con total inspiración picassiana titulado Amantes: figuras
esculpiéndose en abrazos y torsiones, personajes sin rostro pero con el
telón de fondo que puede ser perfectamente el cielo y la arena del Orzán o
Riazor, un contraste entre atmósferas y volúmenes para ir dando pistas de
lo que el artista nos muestra con esa característica suya de creador plural,
polifacético, irónico, perfeccionista en la forma y los modales. Pero
siempre con las manos en la masa de la vida y en el rostro de los personajes
a los que retrata con caricaturas tan amables y reconocibles que uno no
puede por menos de sentir envidia de esas figuras inmortalizadas.
“Siro permanece atento aos acontecementos, participa das preocupacions e
das ansias do seu tempo e mantén unha notable presencia social. Posto a
definilo nunha frase, Siro é un humorista con vocación intelectual e
artística, que debuxa e pinta”. Son palabras atinadas de Xulio Valcárcel
autor del estudio introductorio del catálogo: “Siro en sete lances”.
A nuestro artista le han hecho popular las viñetas y caricaturas de prensa y
muchos desconocíamos que tras ese dibujante a pie de página estaba un
artista de pincel prodigioso capaz de dibujar al puro estilo clásico caras,
cuerpos y campos de serena y poética belleza.
En la primera estancia, frente a desnudos y abrazos de trazo limpio y puro
están los autorretratos del pintor realizados en diversas épocas y diversa
técnica. Me gustan los artistas que cuando exponen toman su faz como
motivo y su cuerpo como retrato, es como si te invitaran a su casa y te
recibieran en la cocina o en su cuarto de trabajo porque la cara del artista es
su fachada auténtica y su mirada guarda la luz y la estructura que se
desarrolla en sus cuadros. La mirada de Siro es todo menos cansada, y por
si lo dudamos el título de la exposición lo refrenda: “Oitenta e un anos e un
lápis”: edad y herramienta unidos por obra y gracia del trabajo que no cesa.
Y la mirada, los ojos de otro pintor genial, Picasso, es lo que mayormente
destaca Siro en la serie de retratos que nos muestra del genio malagueño
que empezó a pintar de niño en A Coruña. Los otros retratos expuestos
entiendo que vienen a ser referente artístico e intelectual de Siro pues
aparecen Rosalía de Castro, Blanco Amor, Ramón Piñeiro, Lois Pereiro,
entre otros. Y sobre todo Valle-Inclán, su indudable inspirador al que no
oculta admiración y tributo con la serie de pinturas digitales que en el vídeo
se nos muestran: un alarde de creatividad sobre un mismo icono, el del
genio del esperpento del que Siro se muestra deudor y epígono gráfico.
Tocante a retratos me impacta el de Rosalía de Castro, el menos
convencional que conozco; entre caricatura y simbología, intencionada o
no, veo un busto de colores planos dentro de una figura que después de
contemplarla detenidamente concluyo que el perfil que la envuelve tiene
forma de un yunque porque tan original y desacralizada representación de
la musa por excelencia de la poesía galega no puede ser otra cosa, a mi
entender, sí, un yunque donde el idioma poético se ha moldeado sin ella
pretenderlo, de ahí esa gracia y modernidad del retrato de la mujer cuya
lírica no envejece.
Viejos son, por otra parte, los pecados capitales en cuya representación Siro
nos remite al Bosco, con ecos bufonescos de Goya y Laxeiro y con
innumerables detalles de virguería dibujada narrando escenas de nuestros
vicios con la minuciosidad de la pluma de tinta negra que más parece un
bisturí. En la misma sala, y por contraste, está el Siro más poético y sereno
pintando bodegones y paisajes que ilustran aún más el recorrido de su vista
y de sus pasos, reanudando así homenaje a maestros de la pintura de
vanguardia del siglo XX como Matisse y Chagall, el artista que pintaba
cabras por el aire y ángeles en caída libre. Dos obras inspiradas en dicho
artista, y las de mayor elaboración dedicadas a ningún otro en esta
exposición que retama con una “Epifanía” de postal en el sentido más
colorista y chagalliano de la palabra.
Antes de la salida nos despide una Virgen Peregrina, diseñada por Siro.
indicando que el camino por líneas y colores del humorista-escritor ha
concluido.
En la calle, y tras dos horas departiendo silenciosamente con el artista, el
sosiego de la tarde-noche de domingo es una acuarela típicamente invernal
excepto en la temperatura. Los paraguas vuelven con nosotros, andando a
casa, replegados pues Carmela no corre y nosotros tampoco.