Copyright © 2020 por Amber Kelly
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autor, excepto por el uso de citas breves en una reseña de un libro. Este libro es un trabajo
de ficción. Los nombres, personajes, lugares e incidentes son producto de la imaginación
del autor o se utilizan de forma ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o
muertas, eventos o lugares es pura coincidencia.
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Diseñadora de portada: Sommer Stein
Imagen de portada: Michaela Mangum, Michaela Mangum
Traducción: Daisy Services for Authors
Índice
Índice
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
Capítulo Diez
Capítulo Once
Capítulo Doce
Capítulo Trece
Capítulo Catorce
Capítulo Quince
Agradecimientos
Sobre la autora
Capítulo Uno
Sophie
Meto la mano en la caja, saco otra hilera de luces enredadas y
resoplo.
—¿Estaban Braxton y Walker borrachos cuando quitaron el
árbol el año pasado? —grito.
—Probablemente —responde Elle mientras camina por el
pasillo con Lily Claire en sus brazos.
Hawkeye va detrás de ellos, justo en los talones de Elle.
—Enderezar este lío va a llevar una eternidad —refunfuño
mientras trabajo para eliminar el peor nudo.
—No sé cómo logras hacer algo. Todo lo que quiero hacer es
abrazarla cada segundo del día —dice mientras abraza a su
sobrina.
—Mecerla y alimentarla es prácticamente todo lo que hago.
Por eso la casa es un desastre y yo me parezco a uno de los
personajes de The Walking Dead —respondo.
—Eso no es cierto. Aparte de la regurgitación seca en tu
cabello y la mancha de pizza en tus pantalones de pijama, te ves
increíble.
Me río.
—Gracias.
Ella se sienta en el sofá y Hawk salta a su lado y apoya la
cabeza en su pierna. Nunca está lejos del bebé. Dondequiera que
ella vaya, él va. Incluso ha empezado a dormir en el suelo junto a su
cama en lugar de con Braxton y conmigo. Lo que nos sorprendió a
los dos, pero él ha sido protector con ella desde que estaba en mi
barriga. Luchó contra una serpiente de cascabel para evitar que me
picara mientras yo estaba embarazada y él perdió la vista en su ojo
derecho, así como la audición en su oído derecho.
Una vez que desenredo las luces, camino hacia el enchufe
más cercano y enchufo las lucecitas, viendo que todos los foquitos
funcionan. Lo pongo en una pila con las demás que sirven antes de
volver a sentarme frente a las cajas de decoración navideña.
Un hipo se le escapa a Lily Claire antes de un fuerte eructo y
Elle comienza a reírse.
—Suenas como tu papá —le grita a la bebé.
Lily Claire sonríe.
—Sí, ella se ve y también actúa como él. Tiene la misma
sonrisa y el mismo temperamento. La tuve en la panza durante
nueve meses y medio, luego pujé durante seis horas seguidas, pero
ella decide ser su viva imagen. Vaya fiasco.
—Creo que tiene la nariz de los Lancaster y probablemente
su cabello será claro, como el tuyo —dice Elle.
—No puedes asegurar eso.
—Tanto Braxton como yo nacimos con la cabeza llena de
cabello oscuro. —Ella se encoge de hombros.
Me detengo a considerar eso por un momento mientras me
giro para mirar la cabeza casi calva de mi hija. Sonrío porque me
gusta la idea de que ella tenga al menos una característica que ha
heredado de mí. Yo también fui calva hasta los dos años, y en cada
foto mía desde los dos hasta los cinco años, mi madre ponía un lazo
en mi fino cabello rubio blanquecino, lo que me hacía parecer un
rabanito.
—Bueno, con suerte, su temperamento se calmará y ella
también tendrá mi disposición. No creo que pueda vivir con dos
Young obstinados —bromeo mientras saco adornos y los separo por
color.
—¿Qué fue eso? —La voz de Braxton llega resonando
cuando la puerta principal se abre de golpe y conduce la copa del
árbol a la sala con Walker en la parte de atrás.
—¿Qué? —pregunto mientras me pongo de pie de un salto.
Él guía el árbol hacia los ventanales que dan a nuestro patio,
y él y Walker lo levantan en toda su altura. Ellos lo hicieron.
Encontraron un hermoso abeto azul completo que llega casi hasta la
parte superior de nuestro espacio habitable de dos pisos.
Walker asegura el árbol a la base mientras Braxton lo
mantiene en su lugar.
—No te hagas la inocente conmigo. Escuché que me
llamaste obstinado —dice Braxton antes de soltar el árbol y tirarme
hacia él.
Me encojo de hombros antes de besar su mandíbula.
—¿Te gusta? —me pregunta.
—Me encanta; es perfecto para el primer árbol de navidad de
Lily Claire— digo mientras miro las ramas.
—Yo también lo creo —contesta con orgullo.
Walker se aparta y admira su trabajo.
—Pasé toda la mañana con este burro criticando cada
maldito árbol en la ladera de la montaña. Ese es demasiado corto;
ese es demasiado flaco; ese tiene una forma graciosa. Hubieras
pensado que estaba eligiendo una esposa, no un árbol.
—Eres tan exigente como yo —acusa Braxton.
Walker simplemente se encoge de hombros.
—Bueno, eso es uno menos y nos faltan tres. Será mejor que
volvamos a eso —agrega.
—¿Tres? —pregunto.
—Sí, señora. Todavía tenemos que conseguir uno para
Doreen y Ria, mi mamá, y otro para Elle y para mí.
—Parece que ustedes tienen un día completo por delante. —
Hago una mueca.
Braxton trabaja en el rancho familiar, El Toro Valiente, de sol
a sol toda la semana y el domingo es su único día para pasar con
Lily Claire y conmigo.
Pasa sus dedos por mi cuello y levanta mi barbilla.
—Prometo que me daré prisa, así puedo llegar a casa y
podemos decorar el árbol esta noche.
Creo que es hora de ser sincera. He estado temiendo esto,
pero aquí vamos.
—Le dije a mamá que la esperaríamos a ella y a Stanhope
antes de podar el árbol —le digo suavemente.
Mi esposo frunce el ceño.
Sé que no va a estar contento con esa noticia.
—Pensé que ya habíamos arreglado esto —afirma mientras
me suelta y da un paso atrás.
—Sé que es nuestra primera navidad con la bebé y tú querías
comenzar con todas nuestras tradiciones, pero este es el primer año
en toda mi vida que ellos quieren pasar las fiestas en casa en lugar
de en una playa, y quiero que sea así, una navidad familiar. Mi
madre me suplicó que los esperáramos para dejar que ellos
preparen el árbol con nosotros, y sabes que me cuesta decirle que
no.
—Bueno, yo sí puedo decirle no. Pon a Viv al teléfono —
exige.
Mierda. A ver cómo salgo de esta.
—No puedo. Ella y Stanhope ya están en un avión. Estarán
aquí en unas horas— susurro mientras trato de contener las
lágrimas. No se necesita mucho para causar que las lágrimas
salgan últimamente.
—¿Ya están volando? —gruñe.
—Creo que esa es mi señal para ir a esperar en la
camioneta. ¿Quieres venir a darme un poco de amor, mujer? —
Walker le pregunta a Elle mientras camina a nuestro alrededor hacia
la puerta principal.
—Sí, iré a despedirte —acepta Elle mientras se para con el
bebé, y ella y Hawk lo siguen.
Los veo salir y cierro la puerta antes de volver a mirar los ojos
de fuego de Braxton.
—¿Cómo están ya de camino a Poplar Falls antes de que te
molestaras en decirme que vienen? —me pregunta.
—Es mi madre. No me llamó para decirme que estaban en
camino hasta que estuvieron en la pista, a punto de despegar —yo
comienzo a explicar.
—Decidimos esto hace más de una semana, Sophie. ¿No le
dijiste que queríamos pasar nuestra primera navidad a solas?
—Lo intenté. Pero señaló que papá, Madeline y el resto de
nuestra familia lo pasarán con nosotros. Lo cual es cierto, y para ser
justos, creo que deberían venir si están dispuestos.
—Eso es diferente, y lo sabes. El resto de la familia tiene sus
propias casas y no están en nuestro espacio. ¿Dónde planean
quedarse?
—Aquí, por supuesto —respondo.
—¿Aquí? ¿No en un hotel?
—No les voy a pedir que se queden en un hotel cuando
tenemos tres dormitorios adicionales, Braxton. Eso es ridículo.
Nunca me obligan a conseguir una habitación de hotel cuando estoy
en la ciudad. Me hacen sentir completamente bienvenida en su
casa.
—Entonces pueden quedarse en el rancho. Allí hay mucho
espacio —él sugiere.
—No puedes hablar en serio. ¿Quieres que mi madre se
quede en casa de papá y Madeline?
—No les importará.
—Oh, Dios mío, sí, lo harán. E incluso si ellos dicen que está
bien, mi madre se volvería loca. Deja de comportarte como un
gilipollas, señor Grinch.
—No soy yo el que está siendo irracional. Es la primera
navidad de mi hija. Son nuestras primeras fiestas en familia. Quiero
comenzar nuestras tradiciones, sólo nosotros tres.
—Braxton, es mi mamá. Es la abuela de Lily Claire y ni
siquiera ha visto a su nieta, que lleva su nombre, en persona
todavía. Y tienes razón. Es su primera navidad. Quiero que todas las
personas que la aman estén aquí mientras estén sanas y vivas y
puedan estarlo —explico mientras mis lágrimas finalmente
abandonan la lucha y ruedan por mis mejillas.
Él suspira con fuerza.
—Está bien. Los esperaremos —dice mientras pasa a mi
lado.
—¡Braxton!
Él se gira y puedo ver la ira saliendo de él como olas.
—Por favor, no te enojes —le suplico.
Él no responde; simplemente agarra la manija y sale,
cerrando la puerta detrás de él.
Me estremezco y lo miro hasta que la puerta se abre
lentamente y Elle emerge.
—Parece que todo salió bien —me dice.
—Tan bien como me esperaba —lloriqueo.
—Lamento que mi hermano sea un idiota a veces. ¿Quieres
que tenga una severa conversación de hermana a hermano con él?
O mejor aún, puedo decirle a la tía Doreen y la tía Ria y dejar que se
ocupen de él —sugiere.
Eso me hace reír.
—Gracias por la oferta, pero es mi esposo y puedo manejarlo
sola. Creo que estas hormonas posparto me han sacado de mi
juego. Me repondré antes de que él llegue a casa esta noche, y lo
aclararé. No te preocupes —le digo.
—Esa es mi chica —ella dice mientras rebota a Lily Claire.
Ella le susurra—: Nosotras las mujeres tenemos que mantenernos
unidas y mostrarles a los chicos quién manda.
Suena el teléfono y me dirijo a la cocina a buscarlo.
—¿Hola?
—Hola, mamacita. —La voz alegre de Charlotte llega a la
línea.
—Hola, Char —saludo a mi socia comercial y a una de mis
mejores amigas.
—¿Cómo está mi ahijada hoy?
—Perfecta. Actualmente está acurrucada en los brazos de su
tía Elle, cargando baterías.
—Dios, desearía estar allí. Odio que pase otro mes antes de
poder conocerla. Dallas la convencerá de que es su favorita antes
de que yo tenga la oportunidad de malcriarla.
—Dallas tiene las manos ocupadas con su propia bebé en
este momento. Creo que estás a salvo —le aseguro.
Mi mejor amiga, Dallas Wilson, dio a luz a su hija, Faith, un
par de meses antes de que llegara Lily Claire.
—Está bien. Puedo competir. Sacaré la artillería pesada una
vez que ella sea un poco mayor.
No me atrevo a adivinar qué considera Charlotte la artillería
pesada.
—De todos modos, te estaba llamando para decirte que
concerté una reunión con la nueva empresa de marketing el
miércoles antes de que cerremos el negocio por las vacaciones.
Será una videoconferencia, así que asegúrate de cepillarte el
cabello y ponerte ropa de verdad.
—Uf, creo que puedo hacer eso, pero llámame una hora
antes y asegúrate de que no estoy tomando una siesta. Lily Claire
tiene los días y las noches mezcladas, quiere divertirse como una
estrella de rock toda la noche y dormir su resaca todo el día.
Ella se ríe.
—Ella me va a querer mucho, ya somos almas gemelas.
—Te hablaré por FaceTime esta noche, para que puedas
verla cuando encienda el árbol por primera vez —le ofrezco.
—Sí, por favor hazlo. Los extraño, chicos. Ojalá no estuvieras
a tres horas de viaje en avión —se queja.
—Yo también, pero estarás aquí en febrero, y eso no está tan
lejos.
—Está bien, estoy en la clase de spinning, así que voy a
colgar. Dale a esa niña un abrazo de mi parte y te llamaré el
miércoles.
—Suena bien.
Cuelgo el teléfono y sonrío para mis adentros. Tengo una
sorpresa secreta para Charlotte que no se espera. Llegará el
miércoles por la noche y no puedo esperar a que descubra qué es.
Ella va a enloquecer.
Me uno a Elle en la sala.
—La voy a acostar en su cuna y vendré a ayudarte. ¿Qué
necesitamos hacer primero? —me pregunta.
Miro a mi alrededor.
—Tengo que ordenar estas decoraciones, tener la casa semi-
limpia, y bañarme antes de que mi madre y Stanhope lleguen.
—¿Cuánto tiempo tenemos?
—Aterrizan en Denver en tres horas —le digo.
—¡Excelente! Luego, está el viaje en carro a Poplar Falls, por
lo que nos da unas cinco horas. Mucho tiempo para tener todo listo.
—Gracias, Elle. Te agradezco que hayas pasado el domingo
con nosotras.
—No hay ningún otro lugar en el que prefiera estar.
Capítulo Dos
Braxton
Walker y yo conducimos en silencio hasta el rancho. Él se
detiene frente a la casa principal y se estaciona justo cuando
Doreen, Ria y el abuelo salen al porche.
—Oh, esperábamos que llegaran aquí antes —dice Ria
mientras desciende los escalones hacia el camino de entrada.
Walker y yo salimos de la cabina de la camioneta, caminamos
y nos encontramos con ella en la parte de atrás, donde quedan tres
árboles.
—Estos son preciosos. Son los mejores, chicos —chilla ella.
—¿Cuál quieres? —Walker le pregunta.
—A ver, déjame ver. Este se ve bonito y muy pachoncito. Oh,
pero ese es más alto. Dios mío, Doreen, ven y decide —Ria dice
mientras reflexiona sobre las opciones.
Doreen se une a nosotros y los evalúa.
—Los otros dos son para… —pregunta ella mientras nos
mira.
—Mi mamá y el otro es para mi casa —responde Walker.
—Bueno, el techo de tu madre no es tan alto como el nuestro,
así que creo que tomaremos el más alto. Tú y Edith pueden pelear
por quién obtiene el más frondoso —dice con una sonrisa mientras
me mira.
—El más alto será— digo mientras me pongo los guantes y
desabrocho la cuerda elástica que sujeta los árboles.
Las mujeres retroceden mientras Walker y yo cargamos su
árbol sobre nuestros hombros y lo guiamos hacia los escalones.
El abuelo mantiene la puerta abierta de par en par y llevamos
el árbol al lugar habitual en los ventanales que dan al frente de la
casa.
Aseguramos el árbol y me quito los guantes antes de caminar
de regreso afuera.
Doreen está parada allí con las manos en las caderas,
mirándome.
—¿Qué ocurre? —ella pregunta.
—Nada.
—Oh, por favor, Braxton Young. Sé cuándo algo te ha
agitado. ¿Es el entregar árboles? Podría haber enviado a Jefferson
y Emmett a buscarlo.
—No, señora. No es eso.
—¿Entonces que es? —pregunta mientras ella, Ria y el
abuelo me miran, esperando.
La puerta mosquitera se abre y Walker entra detrás de mí,
abriendo la tapa de una cerveza fría.
—Tiene sus bragas en un fajo porque la mamá y el padrastro
de Sophie vienen para navidad —él dice.
—¿Eso es todo? —pregunta Ria, confundida.
—Sí, él está siendo un quejica con todo esto. Hasta hizo
llorar a Sophie.
—Braxton —me regaña Doreen.
Miro a Walker y le lanzo una mirada furiosa, y el imbécil me
sonríe.
—No estoy de humor para aguantar a Vivian. Sophie está
exhausta y ser anfitriona la va a dejar peor, y apenas tengo tiempo
con mis chicas. Habíamos acordado que nuestra primera navidad
juntos fuera especial, relajada, sólo los tres disfrutando el uno del
otro —me defiendo.
—¿Braxton, no crees que estás siendo un poco egoísta? —
pregunta Ria.
—¿Egoísta? No —respondo.
—No puedes esperar que Sophie rechace a sus padres.
Especialmente ahora. Hijo, cuando una mujer tiene un bebé, quiere
y necesita a su madre —añade Doreen.
—¿Por qué? Las tiene a ustedes, Madeline y Elle. Y a Dallas,
que es una experta.
—Eso no es lo mismo. Ella quiere a su madre. Al igual que un
niño quiere a su madre cuando está enfermo o abrumado. Vivian
puede ser un poco autoritaria, pero ama a Sophie, y Sophie la ama y
quiere compartir este precioso tiempo con ella. Es una experiencia
que las va a unir para siempre. Además, es la primera navidad de
Lily Claire y Sophie quiere que su abuela sea parte de ella, al igual
que la abuela fue parte de todos sus recuerdos navideños —explica
Doreen.
Cuelgo la cabeza derrotado.
—Mierda, soy un idiota.
Doreen pone su mano en mi hombro.
—Eres nuevo en este asunto de ser esposo y padre. Lo
entenderás. Ve y habla con ella y discúlpate por reaccionar
exageradamente y cualquier otra cosa tonta que puedas haber
dicho. Entonces, ofrece un punto medio. Por ejemplo, después de
que todo se arregle el día de navidad, tú y tus chicas se van a casa
juntos para pasar la noche a solas. Vivian y Stan pueden quedarse
con nosotros o en la ciudad. Estoy segura de que no les importaría
pasar una noche en el hotel.
La miro y luego vuelvo a subir al porche hacia Ria y el abuelo.
—¿No estoy ni cerca de ser el mejor esposo del mundo,
verdad? —pregunto.
El abuelo se echa a reír y todos los ojos se vuelven hacia él.
—Hijo, no existe tal cosa. La abuela y yo estuvimos casados
durante más de sesenta años, así qué sé un par de cosas.
—Si no consigo arreglar esto, no creo que Sophie me
aguante durante sesenta años.
—Fíjate que no dije, estuve felizmente casado durante
sesenta años, hijo. Cualquiera que diga eso es un maldito
mentiroso. Nadie ha sido feliz todos los días durante sesenta años.
Amaba a la abuela con todo mi ser, pero había algunos días en que
apenas podíamos vernos. Esa mujer podría hacerme enojar más
que un avispón y nunca tuvo problemas para hacerme saber que yo
podía hacer lo mismo. Me dejó fuera de la casa y me hizo dormir en
el granero en más de una ocasión a lo largo de los años. Esa mujer
tenía mal genio. Pero nos amábamos y amamos a nuestra familia.
Las peleas fueron temporales y la reconciliación fue divina.
—¿Es así, viejo? —pregunto.
—Sí, no existe una unión perfecta. El matrimonio son solo
dos personas imperfectas que cada día toman la decisión de no
darse por vencidos. Esa es la belleza del amor. Descubrirás que
tienes más fallas que ella, y ella será la que no se rinda más porque
esa es la manera de una mujer enamorada de un vaquero. Así que
cómprale flores y aprende a rogar.
—Lo arruiné.
—Entonces, sé lo suficientemente hombre para decirle que lo
sientes y decirlo en serio. Las mujeres se construyen de manera
diferente a los hombres. Podemos enojarnos, gritar y maldecir un
rato, y luego lo superamos y todo está bien. Pero las hembras, se
infecta con ellas y se instala como pequeñas grietas en sus almas.
Necesitan las palabras. Entonces, tenemos que ser lo
suficientemente hombres para humillarnos y darles las palabras.
Recuerda eso y serás un buen marido durante los próximos sesenta
años.
—Maldita sea, necesito estar tomando notas, ¿no? —Walker
dice—. ¿Puedes repetir esa parte sobre las personas imperfectas?
Él saca su teléfono del bolsillo trasero y toca la pantalla.
El abuelo le da una palmada en la espalda.
—No creo que haya muchas esperanzas para ti, hijo. Será
mejor que reces para que Elle tenga la paciencia de un santo, y no
estaría de más esconderte una almohada en el granero.
—Ese es un buen consejo, abuelo —coincide Walker.
Doreen simplemente niega con la cabeza y luego se gira
hacia mí.
—¿Estás más tranquilo?
—Sí, señora. —Me rindo antes de besar su mejilla.
—Maravilloso. Ahora, entremos y envolvamos ese árbol en
luces —ella insta a la tía Ria.
Entran emocionadas en la casa y el abuelo las sigue. Cierro
la puerta trasera y Walker y yo subimos a la camioneta para
dirigirnos a la casa de su madre.
♥♥♥
Llego a casa y encuentro a Elle en el sofá, mirando televisión.
—Hola, hermano mayor —me saluda mientras se estira.
Miro a mi alrededor y veo que la casa está en orden. Puedo
oler la cena que se está cocinando y todos los adornos y la
decoración están colocados frente al árbol, esperando para cubrir
los pasillos.
—Se ve bien aquí —digo mientras lo asimilo todo.
—Sí, trabajamos a fondo, tratando de hacer todo antes de
que llegaran Vivian y Stanhope. Sophie quería que todo saliera bien.
Estaba agotada.
—¿Está en la cocina? —pregunto.
—No. La bebé se despertó con hambre hace unos veinte
minutos y fue a alimentarla. Estoy vigilando el asado en el horno. Ve
y búscalas y empieza a arrastrarte.
Le pongo los ojos en blanco.
—En serio, Braxton. La lastimaste hoy.
Suspiro, derrotado—: Lo sé, lo arreglaré.
—Será mejor que lo hagas. O todas las mujeres de tu vida se
enfadarán contigo.
Le revuelvo el cabello y ella me gruñe mientras camino por el
pasillo en busca de mis chicas.
Las encuentro en el cuarto de la bebé. Sophie está en la
mecedora con Lily Claire en sus brazos. La bebé está pegada al
pecho de su mamá y la cabeza de Sophie está arrullada hacia un
lado. Ambas están profundamente dormidas.
Ella es muy hermosa; me quita el aliento. ¿Cómo diablos tuve
tanta suerte?
Me acerco de puntillas a ellas y me inclino para besar la
cabeza de Sophie y luego la de la bebé. Lily Claire se mueve y
comienza a succionar de nuevo, lo que hace que uno de los ojos de
Sophie se abra.
—Hola —susurra.
—Hola.
—¿Qué hora es?
—Son alrededor de las tres. Acabo de llegar a casa.
—Oh, necesito levantarme. Mi madre y Stanhope estarán
aquí pronto —dice mientras comienza a pararse.
—No, relájate. Ayudaré a Elle a terminar cualquier otra cosa
que deba hacerse.
Ella deja escapar un suspiro y se deja caer de nuevo en la
mecedora. Sé que está exhausta.
Me arrodillo frente a ella.
—Lamento la forma en que actué —comienzo.
Mi esposa me mira con sospecha.
—¿Te estás disculpando?
Asiento.
—Sé que fui un idiota, y no te merecías eso. Nada de eso.
¿Es importante para ti tener a tu mamá aquí, verdad? —pregunto.
Sus ojos están llenos de lágrimas y solloza cuando responde
—: Sí, sé que ella puede ser inaguantable a veces, pero algo sobre
su presencia simplemente me calma. Estos días necesito a mi
madre conmigo, que me consienta, aunque a veces me sofoque. Sé
que no tiene ningún sentido, pero la necesito.
Levanto la mano y le limpio las lágrimas.
—Oye, no hay necesidad de estas. Entiendo. Lamento
haberme enojado. Tus padres son bienvenidos aquí. Prometo ser
encantador.
Eso la hace reír.
—Ay Dios, no puedo esperar a ver eso.
—Solo espera, princesa. Te apuesto que tendré a Vivian
comiendo de la palma de mi mano antes del próximo fin de semana
—le informo.
Ella me da una amplia sonrisa y me da un tirón en el corazón.
—¿No más señor Grinch?
—No más señor Grinch. Tienes mi palabra, vamos a tener la
mejor navidad de todas.
—¿Esto viene con engaños?
—Nada de eso, pero tengo algo que pedirte. Un punto medio.
En nochebuena, tú y yo le leeremos La noche antes de navidad a
Lily Claire antes de dejarla en la cama, y por la mañana, todos nos
levantaremos y bajaremos para ver lo que dejó Santa antes de
dirigirnos al rancho para el desayuno. Walker y yo terminaremos el
trabajo con Jefferson y Emmett antes de regresar, abrir los regalos
de la familia y pasar el día con todos. Tu mamá y Stanhope
incluidos, pero después de nuestro tiempo con toda la familia,
nosotros, solo nosotros tres, regresaremos aquí y tendremos una
noche tranquila con la fogata encendida y el árbol iluminado con
nosotros y Hawk en el sofá, viendo películas cursis de las
festividades.
Ella se ríe.
—¿Sabes que tu hija tiene dos meses, verdad?
—No me importa. Esa será nuestra tradición y comenzará
este año.
Sus lágrimas comienzan a caer de nuevo.
—¿Es eso un no?
—¡No! Quiero decir, sí, suena como un plan. Haré los
arreglos necesarios para que mi mamá y Stan se queden en el
pueblo la noche de navidad.
—¿Entonces, por qué lloras? —Le pregunto mientras le quito
el cabello de la cara.
—Estoy tan feliz de pensar en Lily Claire rodeada por una
familia grande, ruidosa y amorosa cada navidad. Tenemos a una
pequeña bendecida por tener tanta gente que la ama.
—Sí, eso es cierto. Muy amada de verdad.
—¿Sophie? —escuchamos a Elle llamar por el pasillo.
—¿Sí, Elle?
—¿Quieres que agregue las patatas y las zanahorias al
estofado?
—Oh, ya voy. Un segundo —ella responde mientras tira
suavemente al bebé de su pecho.
Lily Claire gruñe en protesta.
—Ya comiste lo suficiente. Mamá tiene que ir a preparar la
cena de todos los demás también, niña codiciosa —la arrulla antes
de separarla de su cuerpo y pasármela.
—Yo me encargo —le aseguro mientras se pone de pie y se
dirige hacia la puerta.
Extiendo la mano y la agarro por la cintura con un brazo
mientras acuno a nuestra hija en mi otro brazo.
Ella se gira, la atraigo y la beso profundamente.
—Te amo, Sophia Doreen Young —murmuro contra sus
labios.
—Te amo más —me dice antes de que la suelte, y se
apresura a ir a la cocina.
Miro a Lily Claire y sus grandes ojos azules me miran.
—Oye, preciosa. Papá también te ama —le digo y ella
parpadea antes de pujar con fuerza.
—¿Qué fue eso? ¿Son esos los modales de una señorita?
Ahora estás actuando como tu tío Walker —le digo mientras me
hago cargo y la pongo en la mesa para cambiar pañales para revisar
su pañal—. Vaya, lo hiciste estallar. ¿Cómo hiciste eso?
Ella solo gorgotea y balbucea mientras patea sus fornidas
piernecitas.
La limpio y le cambio el pañal, y luego me quito la camisa
antes de levantarla y ponerla contra mi pecho, piel con piel. Luego,
comienzo a caminar con ella por la habitación, cantándole
suavemente.
Cada vez que miro tus hermosos ojos, veo un amor que el
dinero no puede comprar. Con una mirada tuya, me aleja. Rezo para
que estés aquí para quedarte. Lo que quieras, lo tienes. Todo lo que
necesites, lo tienes. Lo que sea, lo tienes, cariño…
No sé el resto de la letra, así que tarareo y me balanceo
hasta que sus ojos se vuelven pesados y finalmente se rinde.
No estoy listo para acostarla. Quiero abrazarla un poco más,
así que cierro los ojos y sigo tarareando. Cuando los abro de nuevo,
veo a Sophie apoyada contra el marco de la puerta, mirándonos.
—¿Roy Orbison, eh? —pregunta suavemente.
Me encojo de hombros.
—Sé que no es una nana, pero el viejo Roy tenía unas
canciones muy buenas. Ella me tiene comiendo de la palma de su
mano, y cualquier cosa que ella quiera, cualquier cosa, me esforzaré
para asegurarme de que lo tenga —lo admito.
—Creo que ella lo tiene todo aquí. No hay nada mejor que ser
abrazada por tu papá y sentirte segura y protegida. Eso es todo lo
que ella necesita. Al menos, hasta que sea una adolescente.
—Mierda, no quiero pensar en eso.
Ella camina hacia nosotros y nos abraza a los dos.
—No nos adelantemos al tiempo.
La acerco más y ella apoya la cabeza en mi pecho, al lado de
Lily Claire.
—Sabes, estaba preocupado por cómo te iría cuando
descubrimos que ella era una niña en lugar de un niño.
—¿Por qué? ¿No sabes, amar a las chicas es mi
especialidad?
Ella se ríe cuando empiezo a bailar con nosotros por la
habitación.
—Siento mucho haber sido un gilipollas en la mañana,
princesa. Todavía estoy aprendiendo este asunto de ser esposo y
padre.
—Creo que estás haciendo un trabajo maravilloso —susurra.
Beso su cabeza y empiezo a tararear de nuevo mientras bailo
con mis dos chicas en la oscuridad.
Capítulo Tres
Dallas
—¡Mamá! —Beau me grita desde arriba.
—¡Ya voy! —contesto.
Miro a Myer, que está cargando cajas desde el cobertizo.
—¿Cuándo pasé de mami a mamá? —pregunto.
—Hace un par de semanas.
—Esto no me gusta. Pronto, será madre, y luego, un día,
será, ¿Dal, puedes empacar mis bocadillos para la práctica de
fútbol?
Él se ríe mientras deja la caja en el piso de la sala.
—No es gracioso —yo insisto.
—¿Mamá, vienes? Necesito ayuda. No encuentro mis botas.
—Mira, ahí lo tienes. No tienes que preocuparte de que
crezca demasiado pronto. Todavía te necesita —me asegura Myer.
—Sí, como si aún no me necesitaras para encontrar tus botas
—bromeo.
Él se acerca y me levanta.
—Eso es correcto, todos te necesitamos —me dice antes de
acercar sus labios a los míos.
—Qué asco, dejen de besuquearse, tengo que alistarme.
Nana estará aquí en un minuto para recogerme.
Myer me suelta, y ambos miramos hacia lo alto de las
escaleras, donde se encuentra un Beau molesto y a medio vestir.
—Lo siento, amigo, conoces las reglas —dice Myer mientras
señala el muérdago que cuelga sobre nosotros.
Beau resopla y baja corriendo las escaleras, dirigiéndose
directamente hacia nosotros. Cuando patina hasta detenerse, estira
la mano y Myer lo tira del suelo. Beau envuelve sus brazos
alrededor de mi cuello y lo tomo en mis brazos mientras él lanza un
beso en mis labios.
—¿Podemos encontrar mis botas? ¡No quiero perderme a los
elfos! —chilla.
—Sí, cariño, encontraré tus botas. Deja que papá te peine.
Quiero que te veas guapo en las fotos.
Lo dejo de pie descalzo y me dirijo hacia arriba para
encontrar sus botas favoritas. Saco una de la parte de atrás de su
armario y la otra de debajo de su cama.
Cuando bajo las escaleras, mi madre ya está parada en la
puerta, esperándolo. Esta noche comerán galletas y leche con
algunos elfos en la iglesia. Odio enviar a Beau sin nosotros, pero es
la oportunidad perfecta para envolver y esconder algunos regalos.
Además, todavía tenemos la ceremonia de encendido del árbol de
Poplar Falls este fin de semana, y Santa estará allí, así que
entonces sacaré fotos de Beau y su hermanita con él.
—Aquí tienes. Ya sabes, si los pones en tu zapatero, donde
pertenecen, cuando te los quitas, no tendríamos que buscarlos
como locos —digo mientras se los entrego a Myer, y él ayuda a
Beau a ponérselos.
—Lo sé, mami. Lo siento —contesta.
Los ojos de Myer se posan en los míos y sonríe.
Obtuve un mami. Todavía se le escapa de vez en cuando, y
tengo que saborear cada uno de ellos cuando lo hacen.
—Está bien hijo. La próxima vez, lo recordarás —digo antes
de agarrar su abrigo y su sombrero.
Se lo pongo y lo abrocho antes de acercarlo a mí para
abrazarlo.
—Te diviertes y obedeces a Nana y Tata. Te veré en la
mañana antes de la escuela.
—Está bien, te amo —nos grita antes de tomar la mano de mi
mamá.
—Nos levantaremos temprano y pasaremos por la pastelería
para desayunar antes de que lo deje —mi madre nos informa
mientras lo lleva a la camioneta, donde mi padre está esperando.
Me paro en la puerta abierta y los despido con la mano hasta
que se pierden de vista.
Unos brazos me rodean por detrás y la barbilla de Myer
descansa sobre mi cabeza.
—No quiero que crezca. Está sucediendo demasiado rápido.
Ayer era un bebé y ahora tiene ocho años. Parpadeé y se convirtió
en un hombrecito.
—No puedes detener el tiempo —mi esposo susurra en mi
cabello.
—No quiero detenerlo. Solo quiero que disminuya la
velocidad —me quejo.
Los faros bajan la velocidad del camino.
—Ese es Payne. Me va a ayudar a armar la cama.
Estamos redecorando el dormitorio más grande del piso de
arriba para Beau. Le pedimos un nuevo armazón de metal negro
con escalones para que él se suba y se meta en la cama y su propia
baticueva debajo, que tiene un escritorio y un televisor con un sillón
de Loki. El escudo del Capitán América está pintado en el techo con
una lámpara en forma de estrella en el centro. La pared opuesta de
la cama empotrada está pintada para que parezcan ladrillos con un
enorme puño de Hulk atravesándola. Hice letras de metal que
deletrearan su nombre y las palabras Aquí vive un Héroe. Además,
Santa le traerá ropa de cama nueva de los Vengadores. Él va a
enloquecer. El truco consiste en evitar que lo vea antes de navidad.
Nunca entra allí, pero me aterroriza que entre por alguna razón
entre ahora y entonces.
—¿Se ha ido el hombrecito? —Payne pregunta mientras
sube los escalones del porche.
—Sí, mamá y papá lo acaban de recoger.
—Vamos a hacerlo, entonces —dice mientras me sigue al
interior.
—Ya traje las cajas. Parece que esta cosa está en un millón
de piezas, por lo que debería ser muy divertido armarlo —le dice
Myer con sarcasmo.
—Dale, me encantan los desafíos.
—Voy a terminar la cena mientras todos ustedes trabajan —
les digo antes de dirigirme a la cocina.
Tres horas después, bajan las escaleras.
—Preguntaría cómo les fue, pero escuché una plétora de
groserías viniendo de allí —digo mientras los dos se acomodan en
los taburetes de la barra.
—Por Dios, no podrían haber hecho que esa cosa fuera más
difícil de armar. Pero finalmente ganamos la partida. Se ve bien. A
Beau le va a encantar —informa Payne.
—Iré a verlo y cerraré la puerta antes de irme a la cama. No
quiero que Beau lo vea y arruine la sorpresa. Por cierto, ¿quieres
que esperemos a que llegues la mañana de navidad antes de
mostrárselo? Deberías poder ver su rostro ya que trabajaste tan
duro en él a pesar de que Santa se lleva todo el crédito.
—Quería hablar contigo sobre eso —me contesta.
Sirvo lasaña y amontono sus platos y agrego un trozo de pan
de ajo antes de deslizarlo frente a ellos.
—Está bien, suéltalo —le digo.
—Me voy a Nueva York por navidad —él dice.
—¿Qué?
—Quiero sorprender a Charlotte. Ella sigue insinuando que
quiere algo grande para navidad y no puedo pensar en nada para
conseguirle, así que supongo que me daré como regalo.
—¿Tú, en Nueva York en navidad? —Me echo a reír.
—Vaya ánimos que me das —se queja.
—Lo siento, es que estoy tratando de imaginarlo —digo
mientras continúo riendo.
Él se sienta y espera a que me tranquilice.
—¿Terminaste? —pregunta con impaciencia.
Respiro hondo.
—Sí, eso creo.
—Sé que mamá me va a hacer pasar un mal rato, pero el fin
de semana de navidad es el único momento en que puedo estar
fuera de la granja por unos días. Regresaré el día después de y
entonces podremos reunirnos todos —él sugiere.
—Funciona para mí, pero no puedo esperar a que le
muestres a Beau su habitación. Sin embargo, lo grabaré para ti, o
puedes llamar, y tú y Charlotte pueden verlo en FaceTime.
Oímos un gemido a través del monitor y me dirijo a nuestra
habitación, pero Myer se pone de pie.
—La traeré —él dice.
Me vuelvo hacia mi hermano.
—Entonces, Nueva York… ¿eso es algo grande, no crees?
—No es más grande que cada vez que ella viene.
—Oh sí lo es. Ella viene aquí para vernos a Sophie, a mí y a
Elle, y tú estás en algún lugar de la mezcla. ¿Pero vas a Nueva
York, donde no conoces ni a un alma? Es muy diferente.
—La echo de menos muchísimo. No la he visto desde el fin
de semana en que nació Faith. Ella ha estado tan ocupada con
todas las ventas navideñas y esas cosas, y como Sophie no puede
volar allí, ella no puede escapar. Supongo que ella es la que
siempre se toma las molestias y los gastos para acudir a mí. Es
justo que haga un esfuerzo y vaya hacia ella.
—Cierto —digo mientras tomo un sorbo de mi vaso de té.
Él sacude la cabeza ante el escrutinio.
—Ayúdame con mamá, ¿quieres? ¿Bastante, por favor,
hermana?
—Está bien, me ocuparé de ella. Charlotte le cae bien,
aunque piensa que es un poco excéntrica. Ella estará bien.
—Gracias.
Myer regresa con Faith en brazos y Vaquero, el perro de
Beau, pisándole los talones.
—Bueno, hola, bella durmiente. Me preguntaba si planeabas
unirte a nosotros esta noche. —La alcanzo—. Déjame tenerla. Le
daré de comer mientras terminas de comer.
Él me pasa a nuestra hija y yo camino a la sala para darle de
comer.
Volví a trabajar en la pastelería que tengo con mi madre la
semana pasada, me ha matado dejarla con mi suegra todas las
mañanas. Sé que está en buenas manos, pero la extraño. Lidiar con
esas emociones probablemente está contribuyendo a que esté tan
sensible sobre todo esto de Beau haciéndose mayor. No quiero
perderme nada. El tiempo realmente es como arena a través del
reloj de arena.
Los chicos terminan de comer y, después de despedir a
Payne, Myer se une a nosotros en el sofá.
Le entrego el bebé a su papá y luego levanto los pies y me
acurruco en su costado.
—Está empezando a nevar —me informa.
—Eso es bueno. Beau estará feliz si se queda. Se moría por
ir en trineo.
—¿Tú qué tal? Me parece recordar que te emocionaste
muchísimo por montar en trineo.
—No este año. Faith es muy pequeña y lo último que
necesitamos es que uno de nosotros se enferme ahora mismo. El
único trineo para el que estaría preparada es un paseo en el trineo
de Santa —me las arreglo para decir antes de que se me escape un
gran bostezo.
—¿Lista para dormir? —me pregunta.
Niego con la cabeza.
—No. Solo quiero acostarme aquí frente al fuego y ver el
árbol brillar un poco más.
Él me acerca más y yo apoyo la cabeza en su regazo
mientras sostiene a Faith durmiendo metida en el lado opuesto.
Vaquero se levanta y se echa en mis pies.
Me quedo dormida cinco minutos después.
Capítulo Cuatro
Myer
—Siento llegar tarde. Me quedé dormida y Faith acaba de
terminar de comer. Estaré allí en quince —dice Dallas en el teléfono.
Aseguro a Faith en su asiento de seguridad mientras ella
agarra su abrigo y las llaves.
Salimos juntos y aseguro el asiento del automóvil a la base
de mi camioneta. Dallas está detrás de mí para darle un último beso
a la bebé antes de que cierre la puerta.
Me doy la vuelta y la envuelvo en mis brazos.
—Se volverá más fácil en algún momento—le aseguro
mientras ella está parada allí, a punto de llorar.
—¿Lo crees? —me pregunta.
—Lo prometo. La niña sólo tiene cuatro meses y hace menos
de un mes que has vuelto a trabajar.
—La extraño cuando estoy allí —ella dice—. Cuando Beau
era tan pequeño, vivíamos con mis padres y estuve en casa con él
hasta que comenzó el preescolar. Por eso me siento tan mal.
Es la misma conversación que tenemos todas las mañanas.
—Dal, cariño, si quieres quedarte en casa hasta que ella vaya
a la escuela o simplemente hasta que estés lista, puedes hacerlo.
No tienes que trabajar. Lo resolveremos. ¿Lo sabes bien, verdad?
Ella asiente.
—Es mi pastelería. Tengo que estar ahí —responde.
—Estoy seguro de que tu mamá podría manejarla unos
meses más.
—No, eso no es justo. Faith está perfectamente feliz y bien
cuidada por tu mamá. Estoy armando una tormenta en un vaso con
agua —declara mientras se seca los ojos y encuentra su
determinación.
—Está bien, entonces mete tu trasero en tu camioneta y ve a
abrir tu tienda antes de que tus clientes buscando de su café y
muffins organicen un motín —le digo mientras la suelto y le doy un
pequeño empujón.
Se da vuelta, va hasta la puerta del conductor y la abro para
que se suba.
—Te traeré el almuerzo durante mi descanso —me ofrece.
—Suena bien. Ten cuidado al conducir con la nieve —le
recuerdo antes de inclinarme hacia la puerta y besarla.
Espero a que se haya marchado y luego subo a mi
camioneta, para que Faith y yo podamos dirigirnos a El Peñón.
♥♥♥
Entro en la casa de mis padres, sosteniendo el asiento de
seguridad de Faith en una mano y la bolsa de pañales que Dallas
empacó en la otra.
Mi papá viene por el pasillo.
—¿Esa es mi nieta? —me pregunta.
Es lo mismo todas las mañanas.
—La misma que viste y calza —le digo mientras la
desabrocho y la levanto.
Se la entrego, y mi papá se acerca al sillón mecedor y se
sienta con ella. Conecta la televisión a su canal de noticias y mece a
Faith mientras lo ve.
Desembalo la bolsa y guardo las botellas en el refrigerador.
—Buenos días, cariño —dice mamá mientras entra, todavía
en bata.
—Buenos días.
—Veo que tu padre ya está acaparando a la bebé de nuevo
—refunfuña.
—Le está enseñando temas de actualidad.
Ella enciende la cafetera y se gira hacia mí.
—¿Te gustaría que te preparara unos huevos antes de que te
pongas manos a la obra?
—Dallas me dio de comer antes de venir. Aunque me vendría
bien tu ayuda con algo.
—¿Qué cosa, hijo?
—¿Todavía tienes ese viejo carruaje guardado en algún
lugar?
—¿El que tu tío solía usar como adorno cuando manejaba el
lote de árboles de navidad?
—Sí, ese mismo. ¿Sabes dónde está?
—Creo que todavía está en la bodega. ¿Qué demonios te
hizo pensar en esa cosa?
—Quiero arreglarlo. Lijarlo, pintarlo y ajustarlo con un
enganche, para que un par de nuestros caballos puedan tirar de él
en la nieve. Tal vez agregue algunas campanas.
—¿Para qué?
—Dallas mencionó que le gustaría dar un paseo en el trineo
de Santa. Pensé que podía hacer lo mejor como una sorpresa para
ella y Beau.
—Es una idea maravillosa. Esa cosa vieja está ahí sentada,
pudriéndose —mi madre chilla.
—Te ayudaré, hijo. Foster y Truett pueden llevarlo al granero
y nosotros podemos ponerlo en la parte de atrás. Apuesto a que con
nosotros cuatro, no tomará mucho tiempo —ofrece mi papá.
—Te lo agradeceré mucho. Me gustaría sorprenderlos antes
de que vengamos a cenar aquí en nochebuena.
—Entonces, supongo que deberían entregar a ese bebé, para
que puedan seguir adelante —dice mamá mientras se apresura
hacia papá con las manos extendidas.
—Ella no quiere irse contigo. Ella quiere quedarse con su
abuelo —dice mi papá mientras sostiene a Faith fuera de su
alcance.
—Winston Wilson, déjala en este instante —resopla mamá.
Él mira a Faith, que está haciendo burbujas mientras las
arrulla.
—Voy a darle un turno a tu abuela, para que no empiece a
llorar, pero abuelito volverá pronto y veremos las noticias de la
noche juntos.
Mamá me mira y pone los ojos en blanco.
♥♥♥
Pasamos el día trasladando el ganado a los pastos de invierno.
La mayoría de nuestro personal a tiempo parcial está de licencia
durante los meses de diciembre a marzo, por lo que sólo estamos
mi padre, Foster, Truett y yo. Perdemos la luz del sol bastante
temprano en esta época del año, por lo que nuestros días de trabajo
son mucho más cortos.
Una vez que terminamos, Foster y yo nos dirigimos a la
propiedad de mi tío; se la dejó a mamá. Cargamos el carruaje en
uno de nuestros remolques.
—Seguro que esta cosa ha tenido mejores días —reflexiona
Foster.
Está en mal estado. Esto pudo haber sido una mala idea.
—Quizás superé mis expectativas. Era sólo un accesorio
antiguo, no un carruaje de trabajo —lo admito.
—No, tiene los huesos. Podemos hacer una adición. Agregar
algunos asientos y el enganche. Un poco de lijado, un poco de
pintura de calidad y podemos convertirlo en una belleza. Podríamos
necesitar algunas manos más si lo quieres para la víspera de
navidad.
—Regresemos al rancho y echemos un vistazo mejor. Si
creemos que es posible, hablaré con algunos de los otros
muchachos y veré si tienen tiempo para echar una mano. No está
de más preguntar —yo estoy de acuerdo.
Cuando regresemos, mi padre y Truett nos están esperando.
Nos ayudan a descargarlo y llevarlo a la parte trasera del granero.
—Qué pedazo de basura —proclama Truett.
—Tienes que ver su potencial, hijo —responde mi papá.
Truett deja escapar un silbido lento.
—Estaríamos mejor si comenzáramos de cero y
construyéramos uno nosotros mismos.
—No, este tiene historia y solo necesita un poco de cariño —
declara Foster.
—Está bien, si tú lo dices. Vamos a intentarlo. —Truett cede.
Explico cómo me gustaría agregar dos bancos uno frente al
otro con asientos acolchados, para que sean cómodos. Un asiento
del conductor con un enganche resistente para sostener al menos
un par de caballos.
—Quiero pintarlo de un rojo y adornarlo con dorado o
plateado. A Dallas y Beau les encantará —les explico.
—Está bien, está bien, puedo verlo. Tendremos que cortarlo
en dos y extenderlo para colocar los asientos. Foster y yo
deberíamos poder armar un enganche. Tenemos un soldador con el
abuelo y él tiene un montón de chatarra. Estoy seguro de que no le
importará si usamos un poco —dice Truett mientras camina
alrededor del carruaje y mira debajo de la parte delantera.
Oímos que un vehículo se detiene en el camino y mi padre
mira hacia afuera.
—Tu chica acaba de llegar.
Miro mi reloj. Son más de las siete.
—Maldita sea, perdí la noción del tiempo. Se supone que yo
ya debería de estar en casa —confieso mientras agarro un trapo y
me limpio las manos.
—Continúa, antes de que venga a buscarte. Cubriremos este
asunto y comenzaremos a trabajar en ello mañana —insiste mi
papá.
—Comenzaremos con la soldadura esta noche —dice Foster.
—Gracias, chicos. Realmente se los agradezco.
Salgo corriendo para saludar a Dallas y Beau, y ellos se
dirigen a la casa.
—Lo siento, Dal. Empezamos a trabajar en uno de los
tractores y perdí la noción del tiempo.
—Está bien. Llamé a Beverly y se estaba quedando sin
biberones, probablemente debería empezar a bombear más y
congelarlo.
—¿Puedo montar a Bolt? —Beau pregunta.
—Esta noche no, cariño —dice Dallas.
—¿Por favor, mamá?
—Tenemos que llegar a casa, cenar y hacer los deberes
antes de tu ducha y la hora de dormir —le dice.
—No tengo hambre —se queja.
—No le respondas así a tu madre —lo corrijo.
—Lo siento, mamá —se disculpa.
—Lo siento cariño. Sé que hemos estado muy ocupados los
últimos meses y yo he estado muy cansada por culpa de tu
hermana. —Ella lo calma mientras pasa sus dedos por su cabello.
—Está bien —le dice.
Él adora a su hermanita, ha sido muy paciente y una gran
ayuda en la casa.
—Te diré una cosa, amigo. Tienes dos semanas libres por las
vacaciones de navidad y puedes venir a trabajar conmigo si quieres.
Puedes ayudarme a mí y a tu abuelo en el rancho, y tú y yo
tendremos tanto tiempo de montar como sea posible. Si Santa llega
con esa nueva moto de cross que pusiste en tu lista, incluso
podemos despejar un corral, para que puedas practicar montarla.
—¿De verdad? ¿Puede venir el tío Payne?
—Seguro.
—Genial. Gracias, papá! —él exclama antes de subir
corriendo al porche.
—Tenías razón —le digo a Dallas mientras engancho mi
brazo alrededor de su cuello y la llevo a la casa.
—¿Acerca de?
—Pasé de papi a papá de la noche a la mañana, y duele —lo
admito.
—¡¿Lo sé, verdad?!
—Al menos tenemos a Faith en quien confiar para que nos
sintamos jóvenes e importantes —le digo y ella se ríe.
—¿Estás diciendo que voy a tener que seguir sacando bebés
hasta nuevo aviso? —me pregunta.
La acurruco contra mí.
—Eso suena como un buen plan.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura.
—Apuesto a que te parece lo mejor del mundo. Tu parte en el
trato es muy divertida y sin tobillos hinchados, ni estrías.
—Puedo hacerlo divertido para ti también —le digo antes de
besar su cuello.
Ella suspira, entonces le digo—: Y esas estrías son muy
sexys.
La puerta se abre de par en par.
—¿Están besándose de nuevo? —Beau pregunta.
—Tú conoces las reglas, amigo —le digo.
Él mira hacia arriba.
—No veo muérdago —protesta.
—No veo ningún muérdago —corrige Dallas.
Busco en el bolsillo de mi camisa la ramita de muérdago que
guardo allí y la sostengo sobre la cabeza de Dallas.
Beau exhala un suspiro exasperado y sale al porche.
Extiende los brazos y lo agarro. Planta un beso en los labios de su
mamá y luego se vuelve hacia mí.
—Será mejor que escondas esas cosas antes de la víspera
de navidad. La señora Gaddis nos enseñó una canción hoy. A Santa
le gusta besar a las mamás si hay muérdago colgando, y lo tienes
por todas partes. Si él está en la casa y mamá se levanta para darle
de comer a Faith, seguro que le dará uno.
Con eso, se desliza hacia abajo y corre hacia adentro.
Dallas va a seguirlo y le susurro al oído—: Oh, Santa planea
besar cada centímetro de mamá en la noche de navidad.
Capítulo Cinco
Elowyn
—Elle, este lugar es increíblemente genial —dice Bellamy
mientras mira a su alrededor.
Walker y los chicos completaron la construcción de nuestra
casa el mes pasado. Él y yo comenzamos a amueblarlo, y él se está
instalando. Todavía estoy en el rancho hasta nuestra boda esta
primavera, para su disgusto. Si fuera por él, ya me habría mudado
hace mucho tiempo, pero quiero esperar. Simplemente agrega
mucha más emoción al día de nuestra boda.
Bellamy y Sonia están aquí hoy, ayudándome a desempacar
algunas de las cosas que la tía Doreen y la tía Ria nos regalaron
para la cocina. Luego, reorganizaremos los muebles que Walker y
Braxton esparcieron al azar por el amplio y abierto espacio.
—Es asombroso. Mejor de lo que imaginé cuando se nos
ocurrieron los planes —estoy de acuerdo.
—No voy a mentir. Estoy un poco celosa —admite Bellamy
mientras comienza a colgar las ollas de cobre sobre la isla de la
cocina.
—¿Tú? Estás viviendo en la casa de nuestros sueños —
interviene Sonia.
Bellamy se mudó a la antigua mansión de la familia
Sugarman en las afueras del centro de la ciudad con su prometido,
el doctor Brandt Haralson, el nuevo veterinario de Poplar Falls. Es
una antigua mansión histórica que compró y renovó. Habíamos
fantaseado con vivir en la gigantesca casa desde que éramos niñas.
Brandt la convirtió en una casa de ensueño, elegante y moderna
para ella.
—Si alguien debería estar celosa, esa soy yo. Yo soy la que
todavía vive en un apartamento de sesenta metros cuadrados
encima de la tienda de mi madre —agrega Sonia.
—Ese apartamento es súper bonito y se adapta
perfectamente a tu estilo de vida. Estás en la calle principal, a pocos
pasos de las tiendas, el café, pastelerías y restaurantes. Todo lo que
necesita una chica —le digo.
—Sí, es un verdadero sueño hecho realidad —responde
Sonia mientras pone los ojos en blanco.
—Cállate la boca. Te emocionaste cuando tu madre te
permitió mudarte a ese apartamento. Todas nos alegramos
muchísimo por ti, mientras seguíamos viviendo en casa y tú tenías
tu propio espacio —dice Bellamy.
Sonia suspira.
—Lo sé. Supongo que todavía estoy amargada porque Ricky
y yo estábamos mirando casas, y yo tenía mi corazón puesto en esa
encantadora cabaña de El Peñón. Era perfecta y me hice ilusiones
—ella admite.
—¿Por qué no intentas comprarla tú sola? Tienes un buen
trabajo y ganas tu propio dinero. No es como si Ricky estuviera
contribuyendo económicamente tanto —le sugiero.
—No puedo hacer nada hasta que el divorcio sea definitivo.
No quiero comprar algo, sólo para tener que compartirlo con él.
Quiero decir, no creo que caiga tan bajo, pero no quiero asumir nada
y dudo que el lugar siga disponible el próximo verano —reconoce, la
decepción se apodera de ella.
Odio que su matrimonio se viniera abajo en menos de un
año. Ella había estado tan feliz el día de su boda, y aunque ninguna
de nosotras era la mayor admiradora de Ricky, todos esperábamos
que él estuviera casi besándole los pies.
—Eso solo significa que hay otra casa para ti y te va a
encantar aún más —anima Bellamy.
—Sí, tal vez —dice Sonia mientras se da la vuelta y camina
hacia la sala, donde comienza a revisar otra caja.
Miro a Bellamy y ella asiente levemente. No nos gusta ver a
nuestra alegre y optimista amiga tan deprimida. Ella es la mejor de
nosotras. Una maravillosa amiga y enfermera. Cómo desearíamos
que tuviera a alguien en su vida que la cuidara de la misma manera
que ella se preocupa por los demás.
—¿Cómo va la planificación de la fiesta? —le pregunto a
Bellamy.
—Ya casi hemos terminado. Las renovaciones están
completas, gracias a Dios, y mis padres vendrán para ayudarnos a
decorar mañana por la noche. Así que, salvo algo importante,
deberíamos estar listos para el jueves.
—¿Necesitas ayuda? —le ofrezco.
—No. No quiero que nadie mueva un dedo. Sin cocinar, sin
limpiar, y no quiero que traigan ni una sola cosa. Tenemos un bar
bien surtido y Dallas y su madre están preparando comida.
Contratamos a un equipo de limpieza para la mañana siguiente. Si
beben demasiado, tenemos tres habitaciones vacías en las que se
pueden acomodar sin problema —contesta.
—¿Está segura? Estaría más que feliz de llevar algo.
Ella niega con la cabeza.
—Es nuestro regalo de navidad para todos nuestros amigos.
Sólo queremos que todos se pongan elegantes y disfruten de la
noche.
—Está bien, si insistes. —Me rindo.
—Eso va para ti también. Ya reclamé una de las habitaciones
para ti. Te quedas a pasar la noche —le dice a Sonia.
—Me suena bien, especialmente si la mamá de Dallas está
preparando su famoso ponche. Estaré feliz de no tener que
conducir.
—Oh, seguro que habrá ponche.
Seguimos trabajando, y una vez guardado todo en la cocina,
pasamos al mueble.
—Creo que el sofá de cuero debería ir aquí, frente a la
chimenea. Quería colgar un cuadro encima, pero Walker compró
ese televisor increíblemente grande, y no hay ningún otro lugar
donde ponerlo, excepto encima de la repisa de la chimenea.
Entonces, todos los espacios para sentarse deben ser de frente —
instruyo.
—Primero bajemos la alfombra de piel de vaca y luego
movamos el sofá. ¿Vas a poner una mesa de centro? —pregunta
Bellamy.
—Sí, el tío Jefferson y el abuelo me están preparando una
para combinar con la mesa del comedor que están haciendo como
nuestro regalo de bodas. Entonces, eso tardará un rato.
Colocamos la alfombra y todas nos agarramos a un borde del
sofá para comenzar a moverlo.
Bellamy gruñe mientras trata de manejar bien el cuero y lo
levanta.
Sonia deja caer su extremo justo cuando levanto mi esquina.
—Lo siento —ella dice antes de agacharse para recogerlo de
nuevo—. Es una parte resbaladiza.
Lo movemos un par de pasos cuando la puerta principal se
abre.
—¿Vaya, qué están haciendo las mujeres? —Walker
pregunta mientras él y Silas entran, cargando un árbol de navidad.
—Decorando —digo mientras me quito un mechón de cabello
de la cara.
—Deja esa cosa —me ordena.
Lo bajamos lentamente y lo dejamos caer al suelo.
—¿Qué? —le pregunto mientras él y Silas colocan el árbol en
el soporte junto a la ventana delantera, y él camina hacia mí.
—Se van a hacer daño. Es pesado, Si y yo lo moveremos —
me dice antes de agarrarme y besarme con fuerza.
—Asqueroso —exclama Bellamy.
Él me suelta, gira la cabeza y la señala.
—No me hagas venir a echarte uno encima, mujer —la
amenaza.
Bellamy lanza sus manos al aire y retrocede.
—¿Terminaste por el día? —le pregunto.
—Sí, esta fue la última parada. Entonces, si quieres decorar
el árbol esta noche, podemos. Puedo echar algunos bistecs al
asador para la cena —sugiere.
—Podemos colgar las luces, pero tenía planeado comprar
todos los adornos y cosas que necesitamos en el bazar de navidad
este fin de semana durante la iluminación del árbol. Solo tengo un
par de ornamentos que tía Madeline me guardó de la colección de
mamá cuando empacaron las cosas de la casa, y supongo que tú no
tienes ninguno.
—No, este es mi primer árbol de navidad. —Él sonríe.
—Nuestro primer árbol oficial, quieres decir —le corrijo.
El niega con la cabeza.
—No, es mío. Si quieres reclamar el árbol, tienes que
mudarte —bromea.
Finjo hacer un puchero.
—Eso no va a funcionar, mujer. Deja de hacer pucheros.
—Pero…
—Pero nada —él me interrumpe—. Te mudas o es todo mío.
—Te lo dije, no me mudaré hasta…
—Hasta la boda, lo sé. Entonces, vayamos al juzgado y
obtengamos una licencia y nos casaremos este fin de semana.
Podemos casarnos en medio del bazar de navidad. Todos estarán
ahí. Es perfecto.
Empujo contra su pecho, pero no me deja escapar.
—Lo digo en serio. Puedo tener al reverendo Burr allí, y
diremos que sí frente a todo el pueblo —me dice, bromeando a un
lado.
—Te lo dije, quiero una boda en la iglesia. No tiene por qué
ser grande. Siempre quise casarme en la misma pequeña iglesia
donde mis padres se casaron. Con el mismo vestido y Braxton
llevándome por el pasillo.
Sus ojos se suavizan y él apoya su frente contra la mía.
—Siempre ha sido mi sueño —susurro contra sus labios.
—Mujer, me casaría contigo en cualquier lugar, en cualquier
momento, y si quieres casarte en esa iglesia, entonces nos
casaremos en esa iglesia. Sin embargo, será mejor que sea pronto;
un hombre no tiene mucha paciencia cuando espera que una mujer
hermosa comience a dormir a su lado todas las noches.
Niego con la cabeza mientras las lágrimas de decepción
comienzan a brotar de mis ojos.
—Ah, no, no, no llores. Sólo estaba bromeando, tengo la
paciencia de un santo cuando se trata de ti. Puedo esperar todo el
tiempo que quieras —se retracta.
Niego con la cabeza.
—No es eso. Sonia y yo conducimos hasta allí la semana
pasada. A la iglesia, quiero decir. Parece estar en muy mal estado.
Hablé con uno de los tipos que vive al otro lado de la calle y me dijo
que la iglesia se quedó pequeña. Compraron una propiedad a un
par de millas más adelante y construyeron una instalación más
grande hace unos años. Donaron el terreno, donde estaba el
original, a la comunidad. La capilla fue asaltada por vándalos, por lo
que tuvieron que cercarla. Están planeando derribarla y construir un
patio de juegos para el vecindario circundante.
Él suspira.
—Lo siento, Elle. Siempre podemos casarnos en su nuevo
edificio. Es la misma iglesia, sólo una dirección diferente. —Él da
una alternativa.
Lo miro, asiento y me limpio las mejillas.
—¿No es lo mismo, verdad? —él pregunta mientras besa la
parte superior de mi cabeza.
—Está lo suficientemente cerca. Llamé para ver cómo se ve
su horario para la primavera en la nueva ubicación y están
completos hasta noviembre.
—¿El final del año? No puedo esperar tanto. ¿Por qué no me
dejas visitarlos y ver qué puedo hacer? —el ofrece.
Me aparto y le doy una mirada de sí, claro.
—Oye, tienes que preocuparte por los finales y estás
ayudando a Doe y Ria con la comida de navidad y a Bells con esa
cosa de gala, así que tienes muchísimo qué hacer. Puedo manejar
esto. Lo prometo. —Él hace una cruz sobre su pecho.
Lo medito por un momento.
—Okey. Es la capilla de Santa María, pero creo que ahora se
llama iglesia bautista de Santa María. Nada más asegúrate de
hacerles saber que tendremos nuestro propio oficiante y que
llevaremos los músicos y que nos gustaría simplemente alquilar el
lugar. Cualquier sábado de febrero o principios de marzo sería ideal,
pero la mayoría de las iglesias reservan con mucha anticipación, por
lo que podrían estar llenas hasta más tarde en el año. Si es así,
tendremos que pensar en algo más, o simplemente tendrás que
esperar.
—Ellos tendrán algo en febrero —gruñe.
Le meto el dedo en el pecho y toco mientras hablo.
—No intimides a la gente de la iglesia, Walker Reid. Estoy
confiando en ti.
Él sonríe.
—¡Lo digo en serio!
—Sí, señora —él dice antes de golpearme el trasero—. Ahora
que eso está arreglado, ve a traerme una cerveza, mujer, para que
podamos mover este sofá.
Le doy una mirada de reojo. Luego, paso lentamente junto a
él.
—Te voy a traer una cerveza sólo porque quiero y porque
Silas parece tener sed —le digo.
Hago un gesto con la cabeza hacia la cocina y las chicas me
siguen.
—Me alegro de que aparecieran cuando lo hicieron. Él tiene
razón; esa cosa es pesada —dice Sonia antes de que ella y Bellamy
se dejen caer en los asientos de la isla.
Saco un abrebotellas y quito la tapa de dos cervezas antes
de regresar a la sala y dejarlas sobre la repisa de la chimenea.
Luego, les muestro a los chicos exactamente dónde quiero el sofá
antes de volver a la cocina y abrir las botellas para las chicas.
—No puedo creer que dejes que Walker se encargue de
alguna parte de la boda —dice Bellamy.
—Eh, si falla, no es gran cosa. Tal vez debería casarme en la
iglesia de la abuela y ser feliz. No es como si mis padres estuvieran
aquí para que les importara dónde sea.
Bellamy pone su mano sobre la mía.
—Te importa a ti y es tu día. Odio que tengas que ceder.
—Yo también, pero al menos me voy a casar con un hombre
al que amo más que a nada, y eso es algo que tengo en común con
mi madre.
—Brindaremos por eso —dice Bellamy mientras levantamos
nuestras botellas en el aire y brindamos.
Capítulo Seis
Walker
—Me iré temprano hoy —les grito a Jefferson y Braxton mientras
me quito las botas de trabajo embarradas en el granero.
—Vago —llama Braxton.
—Hice todo mil veces más rápido que tú hoy, papá. ¿Esa
bebé te mantiene despierto toda la noche o qué?
—En tus sueños, Walk.
Jefferson lleva su caballo a la estación de cepillado.
—¿A dónde vas, hijo? —él pregunta mientras comienza a
quitarse la silla.
—A Elle se le ha metido en la cabeza cierta iglesia para la
boda. Voy a ir a hablar con el predicador y ver si puedo conseguir un
fin de semana antes de la próxima navidad —le digo.
—¿La próxima navidad?
—Sí, señor. Aparentemente, ella llamó y están llenos. Espero
que mi encanto los convenza de que nos encuentren un espacio.
Él se detiene y me mira.
—¿Crees que vas a convencer a un pastor de que te haga
pasar el día de la boda de otra persona? Eso es algo difícil, hijo.
Yo suspiro.
—Demonios, sé que lo es, pero eso es lo que quiere Elle, y al
menos tengo que intentarlo por ella. Deberías haber visto la
expresión de su rostro cuando me lo dijo. Me humillaría ante
cualquiera para que no volviera a verla tan destrozada.
Él asiente.
—Bueno, buena suerte. Espero que Dios ponga las palabras
precisas en tu boca.
De camino a la camioneta, digo una pequeña oración—:
Señor, soy yo. Sé que soy tu hijo problemático, y desearías que no
me metiera en líos… ya sabes. Lo estoy intentando, sabes que es
así. Odio pedirte favores, probablemente pienses que es la única
vez que tiene noticias mías. Pero este no es para mí. Es para Elle y
ambos sabemos que tal vez yo no merezca tu ayuda, pero ella sí la
merece. Si hay algo que puedas hacer para conseguirnos una boda
en esta iglesia lo antes posible, estaré eternamente agradecido.
Me tardo veinte minutos en llegar a Santa María. Todo el
tiempo practico lo que voy a decir. Quiero sonar sincero y no
exigente, pero incluso yo puedo ver que esto termina conmigo
rogando o alejándome, maldiciendo una tormenta.
Me estaciono frente al edificio de oficinas al lado del santuario
y salgo. Seguro que es una hermosa iglesia, y los jardines son
preciosos. Apuesto a que en primavera será impresionante. Puedo
imaginarme a Elle con su vestido, subiendo esos escalones y
sonriendo de oreja a oreja con Sonia y Bellamy atrás de ella
cuidando cada detalle.
Me acerco a la puerta que dice Oficinas pastorales y llamo.
Un hombre de cabello plateado y ojos amables la abre.
—Usted debe ser el señor Reid —me saluda.
—Sí, señor, puede llamarme Walker.
—Encantado de conocerte, Walker. Por favor entra —me
invita mientras se hace a un lado.
Caminamos por un pasillo estrecho hasta su oficina y, en
lugar de sentarse detrás de su escritorio, nos lleva a un sofá en la
pared del fondo y ambos nos sentamos.
—¿En qué te puedo ayudar, hijo? —él pregunta.
—Estoy buscando reservar tu iglesia para mi boda.
Sus cejas se levantan con sorpresa.
—¿Eso es todo? Podría haberse puesto en contacto con la
secretaria de la iglesia y hacer esos arreglos.
Niego con la cabeza.
—Mi futura esposa ya probó esa ruta. Parece que estás lleno
hasta el próximo noviembre.
—Ya veo —él dice vacilante.
—Mire, sé que es una posibilidad remota, pero los padres de
mi chica se casaron en su iglesia hace más de cuarenta años y ellos
ya no están aquí con nosotros. A mi prometida le encantaría casarse
en el mismo lugar. Es importante para ella y eso lo hace importante
para mí.
—¿Cuarenta años? Eso debe haber sido en la otra capilla.
—Así es. Ahí es donde realmente quiere casarse, pero
sabemos que está cerrada. Esta ubicación es la mejor opción.
Él se sienta y me considera.
—¿Estás dispuesto a hacer una ceremonia entre semana?
—Preferimos el sábado. Trabajo en un rancho ganadero y así
como el ochenta por ciento de la lista de invitados. Un sábado por la
noche lo haría mucho más fácil.
—Lo siento, Walker, pero no puedo simplemente quitarle el
día a otra pareja y dártelo. Ojalá pudiera. Si los deseos de tu novia
son tan importantes para ti, ¿por qué no los pospone hasta fin de
año?
Cuelgo la cabeza, sintiéndome derrotado.
Señor, realmente podría usar tu respaldo ahora.
—No creo que pueda esperar tanto, pastor.
—Es una lástima que la vieja capilla esté en tan mal estado
—comenta.
Levanto la cabeza cuando se me ocurre una idea loca.
—¿Qué tan mal estamos hablando? El estado de la antigua
capilla, quiero decir —pregunto.
—Fue vandalizada hace unos meses. Rompieron una de las
vidrieras. Pintaron con aerosol la pared detrás del altar. Tapamos
todo después de eso. Donamos los bancos a una nueva iglesia en
Aurora y el piso se dañó cuando los quitaron. Planeamos salvar las
vidrieras restantes y el altar antes de que sea demolido —me
explica.
—¿Cuándo está programado?
—Tan pronto como recaudemos fondos. La cuenta se está
construyendo, pero no queremos comenzar el proyecto y tener a los
niños esperando que se complete para siempre, por lo que no
comenzaremos hasta que tengamos todo lo que necesitamos.
Dejo que la información ruede en mi cabeza por un momento
y luego formo un plan.
—¿Y si no lo derribaras?
—¿Cómo dices?
—Escúcheme, pastor. ¿Qué pasa si entro, rehago el piso,
pinto las paredes, reparo la ventana y, a cambio, nos deja usar la
capilla para nuestra boda? Posteriormente, la comunidad puede
utilizarlo como sala de recreación o de descanso mientras los niños
están en el parque o como espacio que se puede alquilar para
fiestas u otras ceremonias. Incluso les construiré algunas mesas de
picnic para el interior —le ofrezco.
—Nunca pensé en eso —él admite.
—El alquiler podría ayudar a mantener el parque. El
mantenimiento y el cuidado del césped pueden resultar costosos.
Incluso conseguiré que algunos de mis amigos ofrezcan su tiempo
como voluntarios y conseguiremos algunos tractores para limpiar el
terreno para el equipo del patio de juegos.
Él reflexiona sobre mis sugerencias.
—Esa no es una idea terrible. La capilla tiene baños y una
pequeña cocina. Eso podría evitar que tengamos que construir
nuevos baños. ¿Cuándo podrías empezar a trabajar en este
proyecto?
—Justo después de navidad. Trabajaremos por las noches y
los fines de semana.
—Supongo que podríamos reconectar el servicio eléctrico y el
agua a principios de año. También hay una gotera en el techo cerca
del campanario —dice levantando una ceja.
Yo me río.
—Nosotros también podemos encargarnos de eso —
respondo.
Él se pone de pie.
—Tengo que hacer algunas llamadas telefónicas antes de
poder cerrar el trato. Todos los miembros de la junta de la iglesia
tienen que dar su aprobación.
—Una cosa más, pastor. Si pudiera colgar una placa en la
capilla que diga Dedicado a la memoria de Tyrone y Lily Young,
incluso donaré todos los materiales que necesitamos para el
proyecto. Sin costo para la iglesia. Puede usar todo el dinero que ha
recaudado para el equipo del patio de juegos.
—¿Tyrone y Lily? —Él vuelve a sentarse—. ¿Hijo, te vas a
casar con la pequeña de Lily, Elowyn?
—Sí, señor.
—Yo casé a sus padres. En ese entonces yo era un pastor
nuevo. Su boda fue la primera que oficié. Muy trágico, lo que les
pasó. No puedo creer que la pequeña Elowyn se vaya a casar.
¿Cuáles son las probabilidades?
—Tenemos a nuestro reverendo, pero si pudiera, significaría
mucho para Elle y Braxton si fuera parte de la ceremonia —digo
esperanzado.
—Me sentiría honrado. —Él se pone de pie de nuevo—.
Ahora, déjame que todos se unan a esto. Tu novia cumplirá su
deseo.
Y con eso se despide antes de caminar hacia el escritorio y
agarrar el teléfono.
♥♥♥
Cuando llego a casa, las luces están encendidas y sé que Elle
está allí. Me gusta esto, volver a casa y saber que ella está ahí.
Estaciono la camioneta y subo al porche, Woof está
encaramado detrás del árbol con la nariz pegada a la ventana.
Abro la puerta y viene corriendo a saludarme. Me inclino para
rascarle detrás de la oreja.
—Será mejor que tengas cuidado, amigo. Vas a derribar ese
árbol y tu mamá te va a dar una buena.
Me paro y voy en busca de mi chica. Sigo el sonido del agua
y subo la escalera hasta el desván. Una cosita roja y sedosa cuelga
en la parte trasera de la puerta del dormitorio, mientras vapor sale
del baño.
Me quito las botas y me quito la camiseta mientras me acerco
a ella.
El vidrio está empañado, pero me brinda el placer de una
pequeña ventana transparente, por lo que puedo apreciar su
trasero. Elle está en la ducha, de pie bajo el chorro de agua,
lavándose el cabello.
Abro la puerta y entro detrás de ella. Ella deja escapar un
grito de sorpresa mientras paso mis manos por sus lados
resbaladizos y enjabonados. Ella se relaja y retrocede un paso hacia
mí.
—Hola —le digo al oído.
—Hola. Me preocupaba que llegaras tarde —contesta.
—Es por eso por lo que estoy aquí. Ducharnos juntos nos
ahorrará algo de tiempo.
Ella se ríe.
—No es así como suele funcionar —murmura mientras me
mira por encima del hombro.
—Me portaré bien —le prometo, incluso cuando mi creciente
erección la presiona.
—No lo hagas —dice mientras su mano serpentea y me
acaricia.
Gruño en respuesta.
—Está bien, mujer, pero recuerda que lo empezaste cuando
nos apresuramos a ir a la fiesta. —La giro para que me enfrente y
pongo mi mano en su cabello mojado.
—Tú eres quien invadió mi ducha —señala.
—Bien —digo antes de guiar su boca hacia la mía.
Sus manos llegan a mis hombros y se pone de puntillas para
recibir mis besos. Sus pezones tensos rozan mi pecho y aparto mi
boca de la de ella para lamer un rastro hasta un capullo rosado. Lo
tomo entre mis dientes y muerdo.
Salta a mis brazos y mi lengua se lanza para calmar el pico
antes de que lo vuelva a chupar. Le doy la misma atención a su otro
seno antes de que agarre un puñado de mi cabello y me levante.
Empuja contra mí para sacarme del agua y luego nos gira, de modo
que su espalda está contra el vidrio liso. Lo tomo como una
invitación a recogerla, pero ella me detiene. Mirando hacia abajo
entre nosotros, toma mi erección en su mano y comienza a bombear
su puño a mi alrededor. Planto mis manos sobre su cabeza y apoyo
mi frente contra el cristal. Entonces, mi chica se desliza lentamente
hasta ponerse de rodillas. Envuelve sus labios alrededor de la
cabeza de mi polla palpitante y lentamente me lleva a su boca. Sus
ojos nunca dejan los míos. Maldita sea, esta mujer puede hacerme
caer de rodillas. Gimo mientras sus dientes muerden mi piel
sensible. Su mano me trabaja mientras me chupa más y más
profundamente.
—Nena —me las arreglo para murmurar mientras el ritmo de
su mano y boca me lleva al borde.
Cierro los ojos y dejo que la sensación recorra mi espina
dorsal, apretando mis bolas.
—Elle, me voy a venir, cariño —le advierto, pero ella no se
calma.
En cambio, ella acelera su paso y trato de aguantar. No estoy
listo para terminar con esto, pero no puedo controlarlo. Grito su
nombre con un rugido mientras me derramo en su boca. Ella
permanece de rodillas hasta que estoy completamente acabado. Me
agacho, la levanto y la beso profundamente.
—Me vuelves loco —le digo mientras beso sus mejillas, sus
ojos, su nariz.
—Vamos, tenemos que arreglarnos o llegaremos tarde. —Ella
intenta correr a mi alrededor, volver al chorro y la detengo.
—Es tu turno —le digo antes de darle la vuelta para mirar
hacia la parte de atrás de la ducha y presionarla contra el vidrio.
—Walker, no tenemos tiempo —ella comienza mientras tiro
de sus caderas hacia adelante y uso mi pie para abrir sus piernas.
Tan pronto como mis dedos se deslizan para encontrarla
resbaladiza y lista, sus palabras mueren y echa la cabeza hacia
atrás contra mí.
Le pellizco el clítoris y su cuerpo se contrae.
—Esa es mi buena chica —le digo mientras hundo los dientes
en su cuello.
La encuentro abriéndose y empiezo a meter y sacar un dedo.
Lo doblo dentro de ella y encuentro ese punto que sé que la vuelve
loca. Siento sus espasmos y sé que ella está cerca.
—Sí, Walker, ahí mismo —me anima.
Agrego otro dedo y levanto mi pulgar para presionar y correr
círculos alrededor de su clítoris. Ella se apoya contra la ducha y
comienza a montar mi mano hasta que explota. La sostengo
mientras su cuerpo tiembla por su liberación. Cuando el último
temblor la atraviesa, se relaja contra mi pecho.
—Dame lo que quiero y apúrate, nuestros amigos nos están
esperando —le digo mientras la meto en el agua—. Vas a hacernos
llegar tarde, mujer.
Capítulo Siete
Bellamy
—¿Como me veo? —pregunto mientras giro para ver a Brandt
de frente.
—Como si quisiera cerrar la puerta con llave, apagar todas
las luces para que todos piensen que no estamos en casa y quitarte
ese vestido.
—Qué maravilla, eso es justo lo que estaba buscando —
murmuro mientras envuelvo mis brazos alrededor de él.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —me pregunta.
—Aproximadamente media hora —respondo.
Él empieza a caminar hacia atrás hacia la cama.
—Brandt, no es suficiente tiempo.
—Claro que lo es —dice mientras aparta mi cabello de un
hombro y comienza a pasar su boca por mi garganta.
Él sabe cuánto me gusta eso.
—Vas a estropear mi maquillaje —me quejo.
—No me importa —contesta mientras se acerca a mi boca.
Sus manos recorren mi cabello mientras inclina mi cabeza
para tener un mejor acceso.
—Y mi cabello —vuelvo a protestar.
Él me besa profundamente y me derrito en él. Todos los
pensamientos sobre mi apariencia salen volando de mi mente
cuando su mano se desliza por mi muslo, tocando el cordón en la
parte superior de mis ligas.
—Me gustan estas —él gruñe.
—Sé. Por eso me las puse.
—¿Para provocarme toda la noche?
—Sí— digo mientras me arqueo ante su toque—. Pero hasta
que todos se vayan. Entonces, puedes quitármelas o no. Lo que
prefieras, Doc.
—Necesito un adelanto —exige mientras se sienta en el
borde de la cama y tira de mis caderas hacia él.
Me pongo a horcajadas sobre sus piernas, y él levanta el
dobladillo de mi vestido y besa el interior de mi muslo mientras sus
manos se acercan y palmean mi trasero.
Enredo mis dedos en su cabello mientras me besa a través
del encaje de mis bragas.
Un gemido sale de mi boca.
Ahí es cuando suena el timbre.
—Uf —él murmura mientras me baja el dobladillo.
—Continuará —le digo—. ¡Vístete!
Me alejo y me ajusto el vestido antes de dirigirme a abrir la
puerta.
—¿Tengo que llevar corbata?
—No, Walker y Myer probablemente aparecerán en jeans y
botas.
—Solo pensé, con tu aspecto tan deslumbrante, podrías estar
esperando que todos se vistan de punta en blanco.
Me encojo de hombros antes de decir—: No tenemos muchas
ocasiones para sacar nuestros trapos elegantes, así que las chicas
decidimos vestirnos.
—Vaya suerte —dice mientras cruza la habitación y me
atrapa. Deja un último beso en ese lugar justo debajo de mi oreja
que sabe que me vuelve loca.
Le doy una palmada en el pecho.
—No, no, no esa no fue la idea.
Escuchamos el timbre de la puerta de nuevo.
—Serán Dottie y Marvin con la comida. Iré a dejarlos entrar y
tú terminarás de prepararte —yo ordeno mientras paso corriendo
junto a él y bajo las escaleras.
Cuando solo éramos amigos y descubrí que Brandt había
comprado esta casa, me prometió en broma que agregaría un salón
para que las chicas hiciéramos elegantes fiestas navideñas.
Apuesto a que se arrepiente de eso ahora mismo porque lo he
planeado. Esta casa fue hecha para tener fiestas y me muero por
hacer de anfitriona desde que nos mudamos.
Miro afuera y veo a los padres de Dallas descargar. Abro la
puerta y salgo para recibirlos.
—Hola, Dottie. Llegas justo a tiempo.
Ella tiene los brazos llenos mientras sube los escalones, así
que mantengo la puerta abierta y me apresuro a ayudarla.
—Gracias, Bellamy —me dice mientras tomo una caja de la
parte superior de su pila.
Ella entra y la guío a la cocina, donde comienza a
acomodarse mientras Marvin lleva el resto de las cosas.
—¿Necesitas que me quede y sirva? —pregunta.
—No, señora. Contraté a Pete, uno de los barman de la
taberna de Butch, para que se encargue del bar, y su novia y su
hermana vendrán para mantener todo abastecido y rellenado en el
buffet. También están haciendo limpieza.
—¡Bells! —escuchamos la voz de Sonia desde el vestíbulo.
—En la cocina —la llamo.
Ella entra, luciendo un hermoso vestido de cóctel verde
esmeralda, y su cabello está en rizos largos y sueltos.
—Vaya, luces increíble. —Dottie la admira.
—Gracias. Mi madre me hizo el vestido, me encanta cómo
flota —dice ella mientras gira, y el dobladillo del vestido fluye a su
alrededor. —Voy a dejar mi bolso arriba, y luego vendré a ayudar.
¿Qué habitación es la mía para pasar la noche?
—La primera a la derecha. La habitación gris y blanca.
Brandt sigue a Marvin con otra carga.
—Bellamy, esos deben refrigerarse, querida, y agregarlos a
estos platos aquí justo antes de que la gente comience a llegar.
También hay camarones extra en la hielera. La salsa de cóctel para
los camarones y la crema de rábano picante para el estofado
también están ahí. Corté rodajas de limón para ti y están en una
bolsa Ziplock. Hice más en caso de que tu barman los necesite
también —instruye Dottie.
—¿Puedes quedarte hasta que lleguen los meseros? No
quiero olvidar nada, así que quiero que ellos también escuchen esto.
Deberían estar aquí en unos diez minutos más o menos.
—Por supuesto —concede.
Sonia reaparece.
—¿Qué puedo hacer para ayudar? —pregunta ella.
—Puedes ayudarme a encender todas las luces de los
arbolitos y las velas, por favor. —Acepto su oferta.
Tenemos seis árboles de navidad. Uno en casi todas las
habitaciones. El exterior de la casa está adornado con luces de
carámbano y todos los árboles que bordean el largo camino de
entrada también están iluminados.
—La banda llegará pronto y se instalarán en la veranda.
Espero que los calentadores que tenemos nos mantengan calientes.
No me di cuenta de que hoy tendríamos ráfagas. Los movería
adentro, pero quiero que todos podamos hablar a gusto. Si
empeora, podemos trasladarlos a la terraza acristalada. También
podemos bailar ahí fuera. —Le doy el resumen a medida que
recorremos cada habitación, iluminándola.
—Vaya que sí tiraron la casa por la ventana.
—Quiero que esta sea nuestra nueva tradición cada año, algo
que todos nuestros amigos y nosotros esperemos con ansias —lo
admito.
—Me encanta esa idea —ella asiente.
—¿Oye, alguien pidió hielo? —La voz de Myer viene de
abajo.
—¡Sí, ya voy! —le grito.
Terminamos en las habitaciones de invitados y bajamos las
escaleras, y él y Braxton están parados allí, cada uno con cuatro
bolsas apiladas en sus brazos.
—Dejémoslos en el bar. Brandt y Pete pueden decidir dónde
ponerlo todo —les digo.
Entran en el estudio y dejan las bolsas en la barra.
—Gracias. Me salvaste la vida —le digo a mi hermano mayor
mientras le doy un abrazo, agradecida—. Tú también, Braxton. No
pensé que tú y Sophie pudieran venir.
—Dejé a Sophie, Lily Claire y Vivian en casa de Myer con
Dallas y los niños. Pasarán la noche haciendo galletas de navidad
con Beau. Ella necesitaba salir de casa, y yo necesitaba algo de
tiempo libre de mi suegra, así que me convenció para que fuera con
Myer. Ella lamenta no poder venir.
—Bueno, me alegra tenerlos a los dos aquí, y sé que Brandt
también lo estará. Entiendo completamente por qué las nuevas
mamás no pueden. Siempre habrá el año que viene, si ustedes dos
sementales no lo vuelven a arruinar —les aseguro.
—No hago promesas —repite Myer.
Braxton se ríe.
—¿Algo más con lo que necesites ayuda antes de que esto
se ponga en marcha, hermana?
Miro a mi alrededor. Todo parece listo.
—No lo creo. Tómate una cerveza y sal a buscar a Brandt. La
gente debería empezar a llegar en la siguiente hora.
Ellos hacen precisamente eso cuando llegan el barman y los
meseros. Le muestro a Pete el estudio y Dottie repasa las
instrucciones de comida con las chicas. Luego, ella y Marvin se
dirigen a casa.
La banda se prepara y comienza a tocar cuando comienzan a
llegar los invitados.
Elle y Walker son los siguientes en aparecer, y en poco
tiempo, la casa está llena de risas y conversaciones.
Todo el mundo parece estar disfrutando de los cócteles y la
comida. La gente está bailando y finalmente me relajo y disfruto de
la alegría de estar en mi nuevo hogar con mi amor y nuestra gente.
Es pura felicidad.
Capítulo Ocho
Brandt
—La casa se ve muy bien —elogia Braxton mientras contempla
el solárium de vidrio que agregué a la terraza para Bellamy.
—Así es y se siente bien, sabiendo que hice la mayor parte
con mis propias manos. Con mucha ayuda de todas sus manos
también. Gracias, si no lo dije lo suficiente en ese momento —les
digo mientras miro al grupo de Myer, Walker y Braxton.
Walker me da una palmada en la espalda.
—De nada, Doc. Además, estás a punto de tener la
oportunidad de pagarlo. Quería hablar con todos ustedes. Necesito
ayuda con una sorpresa para Elle —él comienza.
—Somos todo oídos —ofrece Braxton.
—¿Conoces esa capilla donde se casaron tus padres? Elle
quiere que nosotros también nos casemos allí, pero la iglesia se
cambió de ubicación hace unos años y dejó que esa pequeña capilla
se arruinara. El terreno en el que se encuentra se convertirá en un
parque para el vecindario, pero el pastor de la iglesia, quien es el
propietario, accedió a dejarnos donar nuestro tiempo para hacer los
arreglos, para que podamos usarlo para nuestra ceremonia.
Posteriormente, servirá como un espacio para eventos y una
instalación de baños para el parque.
—¿De qué tipo de reparaciones estamos hablando? —le
pregunta Myer.
—Nada mayor. Pintar, colocar un piso nuevo donde
arrancaron los bancos, arreglar una gotera en el techo y tal vez
algunos problemas de plomería. También dije que sacaríamos
algunos tractores y limpiaríamos parte del terreno para el equipo del
patio de juegos cuando llegue el momento —él nos da la lista
mientras suplica con sus ojos.
—Cuenten conmigo —acepta Braxton.
—Sí, conmigo también. —Myer es el siguiente en intervenir.
—Que sean tres. Estaré feliz de ayudar —agrego.
—Gracias, chicos. Va a significar mucho para Elle. ¿Pero,
pueden guardarme el secreto? El pastor me dio una llave y voy a
escabullirme hasta allí en nochebuena y cubrir el lugar con luces y a
llenarlo de flores, para poder llevar a mi chica allí la mañana de
navidad y contarle las buenas noticias. Él fue quien casó a tus
padres, Brax. Los recuerda con cariño y aceptó ser parte de nuestra
boda —le dice.
El temblor en la mandíbula de Braxton cuando estira la mano
y agarra el hombro de Walker dice todo lo que necesita.
Obviamente, también significa mucho para él.
—Ya que estamos en el tema, estoy trabajando en mi propia
sorpresa navideña para Dallas. Estoy arreglando el viejo carruaje de
mi tío y convirtiéndolo en un trineo de trabajo. Quiero extender el
vagón y agregar bancos tapizados que estén uno frente al otro.
Foster y Truett construyeron un enganche que puede sujetar a
cuatro caballos al frente. Espero que, si conseguimos otra buena
nevada antes de nochebuena, pueda tenerlo listo y llevarla a ella y a
los niños a dar un paseo en trineo por el bosque hasta la casa de
mis padres. Podemos conservarlo y almacenarlo, y a medida que
nuestras familias crezcan y así como todos nuestros niños,
podemos sacarlo cada año —nos dice.
—Podríamos agregar ruedas retráctiles para que se pueda
usar como trineo o carruaje. De esa manera, incluso si no neva,
puedes usarlo —sugiere Walker.
—Y Doreen encontró estas grandes campanas de bronce en
la tienda de antigüedades. Ella ha estado tratando de averiguar qué
hacer con ellas. Serían excelentes para el trineo —sugiere Braxton.
—Estoy disponible las próximas noches una vez que cierre la
clínica —agrego.
Él asiente.
—Sophie quiere una bañera de hidromasaje. Lo que significa
que necesito reforzar el piso. También quiere un techo de lámina
encima, para poder sumergirse en él cuando llueva y disfrutar del
sonido que golpea el techo —comienza Braxton.
—Estamos dentro —decimos todos antes de que él siquiera
pregunte.
—Gracias, chicos —él ofrece.
—Bueno, Doc, ¿y tú? ¿Necesitas ayuda con algo para Bells
para navidad?
—No. Le compré aretes de diamantes— digo.
—Hombre inteligente —elogia Walker.
—Sin embargo, tomaré su palabra sobre la ayuda muy
pronto. Ella quiere que el jardín de la parte de atrás recupere su
antiguo esplendor con una fuente en funcionamiento y una glorieta.
Quiere celebrar nuestra boda ahí.
—¿Cuándo estás pensando? —pregunta Myer.
—La próxima primavera será el mejor momento para trabajar
en ello. No estamos planeando casarnos hasta que ella termine la
escuela en Denver, así que no será hasta dentro de un par de años.
Entonces, no hay prisa.
—Simplemente nos avisas cuándo estés listo para empezar,
Doc —dice Walker.
Asiento agradecido, es bueno ser parte de una especie de
hermandad. Estos chicos no son solo amigos; se tratan unos a otros
como familia. No tenía eso antes de mudarme de Portland a Poplar
Falls. Ni siquiera sabía que existía.
—¿Oye, qué están haciendo aquí, viéndose tan serios? —
pregunta Elle.
—No es de tu incumbencia, mujer. Si ustedes chicas pueden
tener sus conversaciones secretas, nosotros también podemos —le
dice Walker.
—¿Has terminado? Quiero bailar y si no vienes a
balancearme por esta pista de baile, me veré obligada a dejar que lo
haga uno de los apuestos primos de Bells —ella se atreve a decir.
—Tengo que irme, muchachos —dice antes de tomar el
último trago de su botella y dejarlo en la barandilla.
—Te tienen dominado —grita Braxton tras él, y los dedos
medios de Walker nos saludan desde detrás de su espalda mientras
sigue a Elle.
—Creo que esa es mi señal para ir a buscar a Bells. Ella ha
estado revoloteando, asegurándose de que todos los demás se
divierten. Quiero estar seguro de que ella está haciendo lo mismo —
les digo a Braxton y a Myer.
—Ve a buscar a tu chica, Doc. Vamos a pasar el rato un rato
más hasta que Sophie llame y me avise que ella y su madre están
listas para volver a casa. Nos pondremos al día contigo antes de
salir.
Poco después la encuentro, apoyada contra la parte trasera
de la casa, copa de vino en mano.
La vista de ella iluminada por la luz de la luna, viendo a los
invitados bailar mientras toca la banda, me deja sin aliento.
Me acerco y le ofrezco mi mano.
Ella mira hacia arriba y sonríe.
—Pensé que no te gustaba bailar.
Yo me encojo de hombros.
—Me estás cambiando —le digo mientras deja su copa a un
lado y toma mi mano.
La guío hacia la multitud y la acerco.
—La fiesta resultó increíble. Como tú —la alabo.
—Sí, todo salió muy bien, gracias por consentirme.
Planeo pasar el resto de mi vida complaciéndola.
Capítulo Nueve
Sonia
La fiesta empieza a menguar. Todos estamos un poco cansados
y muy tambaleantes de pie. Me tomo un descanso de la pista de
baile y camino hasta el porche para tomar un poco de aire fresco.
El aire frío del invierno golpea mi piel húmeda y me enfría
instantáneamente. Bellamy hizo que trajeran grandes calentadores
de propano para cubrir el porche y la terraza, así que me acerco al
de mi izquierda y coloco las manos en la barandilla. Es una noche
hermosa. Las estrellas son tan brillantes. La música se filtra por la
ventana, cierro los ojos y me empapo de la alegría navideña.
Espero mientras algunos invitados deambulan hacia sus
carros. Cuando se levanta una ligera brisa, me doy la vuelta para
volver a entrar cuando escucho que me llaman por mi nombre.
Miro hacia el patio y busco en la oscuridad.
Finalmente, una figura sale de las sombras hacia la luz.
Ricky.
Miro a mi alrededor para ver si hay alguien más ahí fuera.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunto mientras mis ojos
vuelven a él.
—Quería hablar contigo. Supuse que estarías en esta fiesta.
—No creo que seas bienvenido. No deberías haber venido
aquí.
—Lo sé. No me quedaré. Solo quería verte y desearte una
feliz navidad. Te extraño —él dice, y mi estúpido y traidor corazón da
un vuelco.
Da unos pasos vacilantes hacia adelante y yo retrocedo. Se
detiene, se mete las manos en los bolsillos y agacha la cabeza.
—Quería disculparme. Estaba enojado y no quise decir todas
esas cosas que dije en la fiesta de Doreen.
Él mira hacia arriba, sin duda esperando mi reacción. Me
quedo callada, así que él continúa—: Yo soy un desastre, pero me
estoy recuperando, quiero ser un buen esposo. Quiero cuidarte y
comprarte esa casa. Quiero tener bebés contigo y ser una familia.
Yo sería un buen padre. Sé que lo haría, nada más necesito que
vuelvas a creer en mí. Que vuelvas a creer en nosotros.
Él está diciendo todas las cosas que quería escuchar hace
dos meses. Todas las cosas que me convencí de que él podía ser.
—Di algo —me suplica.
—No sé qué decir —susurro.
—Dime que me darás una oportunidad, dale a nuestro
matrimonio una segunda oportunidad. Deberíamos pasar mañana
por la noche juntos. Será nuestra primera navidad. ¿No estás
siempre predicando sobre el perdón? Todo lo que te pido es que me
lo concedas a mí, tu esposo.
—Te perdono, Ricky.
Él sonríe ante eso y comienza a avanzar, pero levanto mi
mano para detenerlo.
—Estás diciendo todas las cosas que siempre quise
escuchar. Todo lo que me prometiste cuando acepté ser tu esposa y
todavía tienes el potencial de ser todo eso. Pero el problema es que
me enamoré de quién podrías ser y no de quién eres. Te di todo de
mí, el verdadero yo, pero tú nunca me diste el verdadero tú.
Necesitaba que fueras ese hombre, no que tuvieras el potencial
para ser él —yo confieso.
Él deja caer la cabeza.
—Dejaste que esas chicas te metieran ideas en la cabeza y
te pusieran en mi contra. Ahora, nada de lo que diga o haga va a
marcar la diferencia, ¿verdad?
—Esto no es culpa de nadie, excepto tuya y mía. Yo estaba
contenta de tener parte de ti, y tú estabas contento con dejarme. He
visto cómo se ve el amor real y lo que teníamos no se compara.
Quiero algo real. Me lo merezco.
—Correcto —masculla.
Antes de que él pueda continuar, se abre la puerta principal y
Elle, que se ríe tontamente, sale a trompicones con Walker detrás,
guiándola.
—¿Qué estás haciendo aquí sola? —pregunta ella cuando
me ve.
—Tienes que estar de joda —sisea Walker.
Elle lo mira confundida.
—¿Qué? —le pregunta.
—Si no es mi mejor amigo, Walker Reid. —Ricky pica al
avispón.
—Braxton —grita Walker.
La puerta se abre y Braxton sale, seguido por Brandt.
—¿Me llamaste? —Braxton dice inexpresivamente antes de
que su mirada siga la de Walker y haga una mueca.
—Ven aquí, agarra a Elle, ¿quieres? —Walker dice mientras
se la pasa a su hermano sin apartar los ojos de Ricky.
No tiene la oportunidad de ir más allá porque, en un abrir y
cerrar de ojos, Brandt está fuera del porche y tiene a Ricky por el
cuello.
—Tienes muchos huevos por aparecerte en mi casa. Bellamy
todavía tiene una cicatriz en su brazo por las marcas de tus dientes
—él escupe en la cara de Ricky.
Ricky le sonríe imprudentemente y dice—: Bien.
Ahí es cuando Brandt se desata y lo golpea con tanta fuerza
que su cabeza vuela y la sangre salpica por toda la parte delantera
de la camisa de Brandt.
Elle grita, y eso hace que todos los que quedan de la fiesta
salgan al porche.
Ricky se tambalea hacia atrás, se levanta y corre hacia
Brandt.
—Ricky, detente —grito.
—¡Él me golpeó primero, Sonia!
—Brandt, no lo hagas; no vale la pena —dice Braxton
mientras deja ir a Elle y salta del porche. Bloquea sus brazos
alrededor del pecho de Brandt y lo obliga a retroceder.
—Sal de mi jardín y no vuelvas a poner un pie aquí, en la
clínica o en ningún otro lugar cerca de Bellamy —le advierte Brandt.
Ricky me mira a los ojos mientras se tapa la nariz. Luego,
vuelve a mirar a Brandt.
—Joder, lo siento, no quise decir eso. Estaba borracho esa
noche. Nunca lastimaría a una mujer en mi sano juicio —trata de
explicar Ricky.
Braxton es quien le responde—: La excusa del borracho no
es suficiente, hombre. Todos hemos estado super borrachos antes.
Demonios, todos hemos estado cabreados y borrachos como la
mierda antes, pero incluso en ese estado, jamás le pondríamos una
mano encima a una mujer. Una disculpa está bien y todo, pero si
quieres ganarte algo de nuestro respeto o, diablos, incluso tu propio
respeto, entonces necesitas ayuda. Ayuda, alcohólicos anónimos,
manejo de la ira… algo.
—¿Algo de eso haría una diferencia? —Ricky me dirige su
pregunta.
—No para mí, pero sí para la futura mujer en tu vida —le
digo, y el dolor me atraviesa cuando veo que ha asimilado lo que le
he dicho.
Él empieza a caminar hacia atrás, y sin otra palabra, se
vuelve y se pavonea fuera de la vista.
Elle está a mi lado en un instante.
—¿Estás bien? —me pregunta.
Asiento.
—Estoy bien —le digo.
Ella envuelve sus brazos alrededor de mí de todos modos y
se aferra a mí.
—¿Quieres venir a dormir conmigo esta noche?
—Bells ya me reclamó por esta noche.
—Esa perra astuta —refunfuña.
—Te veré en el festival mañana por la noche. Nos vas a
ayudar a mi madre y a mí en su puesto de coronas, ¿recuerdas?
—Estaré allí —me asegura.
—¿Qué me perdí?
Nos volvemos para ver a Bells en la puerta, mirando la
sangre en la camisa de Brandt.
—Walker se puso bocón y tuve que darle una lección. —Él se
encoge de hombros.
—¿Oye, por qué no pudo haber sido Braxton? —Walker se
queja.
—Como si ella se lo fuera a creer —responde Braxton.
Walker lo mira.
—Haré que sepas que de hecho eres el idiota más grande de
nosotros dos. ¿Verdad, nena? —llama a Elle.
—Tal vez, pero definitivamente eres el más tonto.
—Eso es todo; no te amo esta noche —la amenaza.
—Está bien. De todos modos, me quedaré a pasar la noche
aquí con Sonia —responde Elle.
—¿En serio? —pregunto.
—Sí, Walker tiene que levantarse temprano para ir a trabajar,
y no hemos tenido una pijamada en un tiempo —ella dice y luego se
vuelve hacia Bells—. ¿Puedes prestarme algo para dormir, verdad?
—Por supuesto —responde Bells.
—¿Ves lo que hiciste? —Walker le dice a Braxton.
—No puedo evitar que ella prefiera quedarse aquí que en tu
casa.
—A ella le encanta mi casa. Díselo, Elle. Es como estar en un
hotel de cinco estrellas —apunta Walker.
—Sí. Un hotel de cinco estrellas con un servicio de
habitaciones regular —ella asiente.
—¡Esa es la última vez que te sirvo un desayuno de cecina
de ciervo en la cama, mujer! —Él finge estar herido.
—Vamos; hace frío aquí. Entremos y pongámonos unos
pijamas calientes —llama Bells.
♥♥♥
Nos acurrucamos en la cama con un tazón de palomitas de maíz
para ver The Santa Clause mientras Brandt acompaña al último de
los invitados y cierra la puerta.
—¿Estás segura de que estás bien? —Bells me pregunta.
—Sí, todo bien. Es extraño, pero creo que necesitaba
escuchar su disculpa para dejarlo ir. Me dio una especie de cierre o
algo así —lo admito.
—Bien. Ahora, eres libre de encontrar tu felices por siempre
—declara Bells.
—No sé nada de eso, pero me siento un poco más libre.
—¿Recuerdan cuando estábamos en la secundaria y Dusty
Owensby rompió conmigo? Yo estaba tan devastada y juré que
nunca amaría a nadie tanto como lo amaba a él. Pensé que mi
corazón no podría recuperarse —dice Elle.
Nosotras asentimos. ¿Cómo podríamos olvidarlo?
—¿Recuerdas lo que nos dijo la abuela? Que Dios tenía a
nuestros esposos escondidos en un arbusto en algún lugar y que no
deberíamos estar preocupadas porque alguien nos rompió el
corazón, sino agradecidas porque esa persona se interpuso en
nuestro camino.
—Sí, vagamente. Recuerdo que pensábamos que eran
plátanos, hablábamos de ese arbusto —respondo.
—Ella dijo que se le dijo a Abraham que llevara a su hijo,
Isaac, al monte Moriah y lo ofreciera como sacrificio. Él estaba
confundido acerca de por qué Dios le pediría esto cuando le
prometió este hijo, pero fue obediente, aunque no entendió. En el
último momento antes de que bajara el cuchillo, Dios lo detuvo. Él
tenía una cabra atrapada en un arbusto para el sacrificio. Solo
quería saber que Abraham confiaba en él. Luego, dijo que
deberíamos confiar en que, si un chico sale de nuestra vida,
entonces él no era el indicado. Que Dios tenía a nuestro esposo en
un arbusto en algún lugar, por lo que deberíamos vivir nuestras
vidas, encontrarnos a nosotros mismos, y cuando fuera el momento
adecuado, Dios lo soltaría por nosotros.
—¿Crees que es verdad? —le pregunto.
—No lo hice hasta que me soltó a Walker. Walker Reid,
¿quién lo hubiera adivinado?
—Eso es tan cierto —Bellamy agrega.
—Tenía a Brandt atrapado en un arbusto mientras yo perdía
el tiempo con Derrick.
—Bueno, si tiene el mío atrapado en alguna parte, tal vez
finalmente lo deje suelto ahora que Ricky está fuera del camino.
Lástima que tuviera que casarme con él antes de darme cuenta de
que él no era el indicado. Vaya gafe que voy a ser una divorciada de
veinticuatro años. Brutal.
—Quizás no eres tú quien no está lista. Tal vez él tenga que
ordenar al que eligió para ti antes de que esté listo para ser liberado.
Ese fue el caso de Walker —reflexiona Elle.
Ese es un buen punto.
—Esto… puede que tengas razón. Supongo que simplemente
viviré mi vida y dejaré que se resuelva por sí sola.
—Esa es mi chica —dice Bells.
Oímos que alguien se aclara la garganta y nuestros ojos se
mueven hacia la puerta. Brandt está parado allí, sonriéndonos.
—Ustedes chicas se ven cómodas. ¿Eesto significa que
estoy solo esta noche, eh? — le pregunta a Bells.
—Eso parece a menos que llegue al final de la película,
todavía despierta. Puede que me cuele contigo, pero no esperes
despierto porque no hago promesas —ella le dice antes de meterse
la mano llena de palomitas de maíz en la boca y presionar play en el
control remoto.
Pongo mi cabeza en su hombro.
—Ustedes, chicas, disfruten de su noche. Y solo griten si
necesitan algo.
—Otra botella de vino sería genial —dice Bells.
—¿Tinto o blanco?
—Tinto —decimos ella y yo.
—Viene en camino —dice él antes de alejarse.
—Sí, vale la pena esperar —digo.
Capítulo Diez
Charlotte
—Tenemos este diseño que aún no hemos lanzado; podríamos
hacerlo exclusivamente para ti —le digo.
La hermosa mujer muerta frente a mí inspecciona el anillo. Lo
levanta, lo gira y lo acerca a la luz. Luego, se lo prueba.
Valentina Demperio es una de nuestras clientas consentidas.
Es una mujer que sabe lo que quiere y va tras ello. Gasta mucho
dinero en su colección de joyas y le encanta dar obsequios costosos
a sus amigos, familiares y personal. Se enamoró de los diseños de
Sophie el año pasado y es una compradora frecuente de alto nivel
con nosotros. Todo lo que compre tiene que ser único y nunca
reproducirse. Sophie incluso diseña según sus especificaciones a
petición suya de vez en cuando.
—Me lo llevo. Sin embargo, quiero que el zafiro sea
reemplazado por una esmeralda. También me gustaría la pulsera
envolvente. Una en oro blanco y dos en oro amarillo. Ambas de
catorce quilates. ¿Cuándo estará listo el collar de rubíes para mi
madre?
Miro mi tablet.
—El collar estará listo la semana que viene. Puedo
reemplazar el zafiro, y el anillo y las pulseras pueden estar listas
para ser recogidas con el collar, si eso funciona para ti.
—Sí, está bien. ¿Puedes hacerme un collar a juego para mí?
Un poco menos ostentoso que el de mi madre. Los usaremos con
nuestros vestidos para el baile de navidad de este año. Ah, y agrega
peinetas de diamantes también. Sin otras piedras, sólo diamantes.
Las cintas para la cabeza son demasiado exageradas. Quiero
ponerme algo más sobrio este año.
—Yo me encargo. Puedo enviar los diseños por correo
electrónico para tu aprobación tan pronto como Sophie los envíe y
también nos aseguraremos de tenerlos listos a tiempo.
Voy a tener que visitar el almacén yo misma para que hagan
este pedido antes que todos los demás pedidos de vacaciones. No
conozco muy bien a Valentina, pero sé lo suficientemente bien como
para ser cautelosa, y lo último que quieres hacer es cabrear a un
Demperio.
—Eso será fantástico. Haré que se transfiera el dinero tan
pronto como reciba tu factura. Oh, por cierto, ¿ustedes hacen anillos
de compromiso? —me pregunta.
La miro y sonrío.
—Ciertamente podemos. ¿Debo felicitarte?
—Todavía no, pero muy pronto. Le daré a mi novio tu tarjeta.
Me conoces tan bien. Estoy segura de que puedes ayudarlo a
diseñar algo perfecto para mí. Algo de al menos siete quilates —
dice.
—Podemos guiarlo absolutamente en la dirección correcta —
concedo.
—Gracias, Charlotte —afirma mientras se pone de pie.
La campana suena sobre la puerta del café y sus ojos se
dirigen al frente.
—Hablando del diablo, aquí viene mi amor —dice mientras un
hombre increíblemente hermoso se acerca a nosotros.
—Charlotte, me gustaría que conocieras a mi novio, Nicco
Mastreoni, Nicco, ella es mi joyera privada, Charlotte Claiborne.
—Encantado de conocerte, Charlotte —él dice mientras
coloca una mano en la parte baja de la espalda de Valentina.
—El gusto es mío —lo saludo.
Cuando se vuelve para hablar con ella, le digo: Felicitaciones,
mientras me abanico.
Ella me guiña un ojo.
—¿Estás lista para irte, cariño? —él le pregunta.
—Sí, acabamos de terminar. Gracias de nuevo, Charlotte.
Estaré atenta a tu correo electrónico.
Con eso, ellos caminan de la mano. Vaya, ella es una tipa
afortunada.
Agarro mis cosas, pago la cuenta y me apresuro a regresar a
la oficina. Esta reunión nos ha tomado más tiempo de lo que
esperaba, y tengo que volver para mi cita de las tres.
♥♥♥
—Gracias de nuevo por venir. Esperamos ver sus nuevas ideas
de marketing a principios de año.
Dirijo a los ejecutivos de la nueva firma con la que firmó
nuestra compañía desde la sala de conferencias hasta el ascensor.
—Fue un placer —dice el alto, moreno y guapo con un guiño
mientras las puertas se abren y entran.
Qué coqueto.
Le doy un pequeño saludo mientras las puertas se cierran y
luego me dirijo a mi oficina para agarrar mi bolso y dar por
terminado el día.
—Charlotte, tienes una llamada en la línea dos —me informa
mi asistente, Sara, cuando paso por su escritorio.
—Gracias. La tomaré en mi escritorio. Puedes seguir
adelante y regresar a casa. Yo cerraré.
—Perfecto. Puedo llegar a la tienda de delicatessen antes de
que cierren. Que tengas un gran fin de semana —me llama mientras
cierra su computadora portátil y la guarda en su bolso.
Cuando llego a mi oficina, me quito los tacones y me deslizo
en mi silla. Ha sido una semana loca con las rebajas navideñas y
estoy agotada.
Presiono la luz parpadeante del teléfono y me acomodo.
—Diseños de Sophia Doreen. ¿Con quién hablo? —Digo con
falso entusiasmo.
—Hola, guapa.
—Lo siento, pero no entendí tu nombre —digo mientras una
sonrisa se cuela en mi niebla mental.
—Soy tu adicción favorita —dice arrastrando las palabras.
—Hmm, lo siento no me suena. Tendrás que ser más
específico —bromeo.
—Oh, puedo ser más específico, cariño. ¿Estás sola?
Me río.
—Mierda, más despacio, hombre. No estamos en una carrera
—me dice.
—No lo entiendo. ¿Estamos jugando a roles? —pregunto.
—¿Disculpa qué? —pregunta.
—¿Pensé que me estabas acelerando para tener sexo
telefónico?
—Vaya, eso estuvo cerca. Manténgase en su carril —grita.
Escucho maldiciones ahogadas y una sinfonía de fuertes
explosiones.
—¿Payne, dónde estás? —busco saber.
—Estoy en una trampa mortal. Ahí es donde estoy —gruñe.
Una voz ofendida en el fondo lo maldice y él se ríe.
—¿Payne Henderson, dónde estás? —pregunto mientras la
sospecha y la esperanza comienzan a burbujear.
—Estoy en la parte trasera de un taxi, de camino desde JFK
a Manhattan, viendo mi vida pasar ante mis ojos. En serio, ¿por qué
alguno de ustedes se molesta en tocar la bocina cuando todos están
acostados sobre ellas a la vez? No es así como funcionan.
Me pongo de pie de un salto.
—Estás aquí. ¿En Nueva York?
—Sí, señorita. Decidí sorprender a mi chica favorita en
navidad.
Grito de emoción.
—Maldita sea, espero que haya sido un buen chillido y no un
chillido en qué demonios estabas pensando al venir aquí.
—Oh, Dios mío, no puedo creer que hayas subido a un avión.
¿Dónde estás o a dónde te diriges?
—Sophie me dio tu dirección —responde.
—Oh no, dale a tu conductor el teléfono —le exijo.
—No creo que necesite la distracción.
—Oh, por favor, los taxistas de Nueva York pueden conducir
con los ojos cerrados. Dale el teléfono —insisto.
—¿Hola? —una voz desconocida llega a través de la línea.
—Hola, redirecciona. Trae a ese vaquero sexy directamente a
mi oficina en la esquina de la treinta y seis y Park.
Escucho una sarta de groserías antes de que vuelva a sonar
la voz de Payne.
—Estaré allí en veinte.
—Estaré esperando —digo antes de salir de la línea.
Descuelgo el auricular y marco el número de Sophie.
—De nada —dice Sophie en lugar de un saludo.
—Listilla. ¡No puedo creer que no me hayas advertido!
—Quería sorprenderte. Le dije que te fastidiaba que no
pudieras venir a Colorado antes de las vacaciones para conocer a
Lily Claire y vernos a todos. Obviamente, no puedo viajar en este
momento, así que me pidió que lo ayudara. Lo subí a un vuelo y lo
ayudé a navegar por JFK y las líneas de taxi.
—Bueno, estoy sorprendida. Ahora él está de camino a la
oficina. Tengo que dejarte. Necesito arreglarme, echar agua en mis
partes y rociarme un poco de perfume o algo así.
—Es Payne, ¿recuerdas? El tipo con el que fuiste a acampar,
montó en cuatro ruedas en el barro y se quedó fuera toda la noche,
bailando y bebiendo. Él sabe a qué huelen todas tus partes —
contesta, divertida.
—Han pasado meses desde que estuvo de visita en mis
partecitas y las quiero en plena forma cuando las vuelva a ver.
Ahora adiós. Te llamaré mañana —digo antes de colgar, y puedo
escuchar su risa antes de hacer clic fuera de la línea.
Corro a mi baño privado y hago lo mejor que puedo. Solo
estoy dándome una pasada con mi brillo de labios cuando escucho
el timbre. Corro hacia mi escritorio y veo que el portero está
llamando.
Golpeo el altavoz.
—¿Sí?
—Señorita Claiborne, hay un Payne Henderson aquí para
verla. Le expliqué que es después de horas y no puedo dejarlo
entrar al edificio, pero está un poco impaciente.
—Está bien, Barry. Es un amigo mío, puedes dejarlo subir.
—Sí, señorita. Inmediatamente.
Cuelgo y mi estómago se llena de anticipación.
Cinco minutos más tarde, las puertas del ascensor se abren y
Payne entra en nuestro vestíbulo, luciendo como un sueño. No digo
una palabra; solo salgo corriendo por él. Él deja caer su maleta de
mano y me atrapa justo cuando me arrojo en sus brazos y aplasto
mi boca contra la suya.
Sus manos se deslizan desde mi cintura y se posan en la
curva de mi trasero antes de que me levante y comience a llevarme
hacia adelante. Continúo asaltando su boca cuando pasamos por el
escritorio de mi secretaria. Cuando llega a la abertura del pasillo, él
se detiene.
Salgo de sus labios el tiempo suficiente para decir—: La
última puerta a la derecha.
Nos apresura hasta la puerta de mi oficina, y yo alcanzo
detrás de mí y palpo frenéticamente el picaporte. Finalmente lo
encuentro, y avanzamos dando bandazos mientras me giro,
irrumpiendo en el espacio.
Me lleva a mi escritorio y me pone al borde. Me aparto y tiro
de su camisa de la pretina de sus jeans y comienzo a
desabotonarlos. Mis dedos no pueden moverse lo suficientemente
rápido. Una vez que llego a la cima, se quita la camisa de los
hombros y se inclina hacia atrás para quitarse la camiseta blanca
antes de dejarla caer al suelo.
Paso las uñas por su mechón de pelo oscuro en el pecho y
por sus abdominales ondulados hasta el botón de sus jeans y lo
abro. Estoy demasiado impaciente para esperar a que los deslice
hacia abajo, por lo que mi mano pesca en el frente hasta encontrar
lo que estoy buscando. Duro y listo. Envuelvo mis dedos alrededor
de él y tiro suavemente, y él gime.
—Siempre he querido tener sexo en la oficina —confieso.
—Feliz de complacerte, señorita.
Ese acento y esas amables palabras suyas me excitan
mucho.
—He estado mojada desde que me llamaste. Pensé que
nunca llegarías aquí —le digo mientras deslizo mi mano lo más lejos
que puedo y retrocedo.
—Sí, bueno, he estado en un avión durante tres horas,
tratando sin éxito de ocultar una erección dolorosa de una asistente
de vuelo muy atenta —me dice entre dientes.
—Será mejor que ella no haya sido la que te puso duro,
vaquero —le digo mientras lo aprieto con fuerza.
Él gime—: No, señorita.
Sus manos están frotando círculos en la parte superior de mis
muslos, y lentamente las mueve hacia arriba para llevar el dobladillo
de mi falda con ellas. Lo sostengo, para que pueda deslizarlo hasta
mi cintura. Luego, toma el dorso de la mano y pasa los nudillos por
el frente de mis bragas de encaje negro, y mis piernas comienzan a
temblar cuando él roza mi clítoris. Él sonríe ante mi reacción y luego
desliza un dedo debajo del encaje y me acaricia a través de mi
humedad antes de bombearlo dentro de mí.
—Oh, sí —chillo mientras quito mi mano de dónde estaba y
llevo mis brazos hacia atrás para apoyarme contra la fría madera de
mi escritorio.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás mientras él
agrega otro dedo y comienza un delicioso remolino. Juega solo unos
momentos antes de perder la paciencia y retirarse, rasgando mis
bragas por mis piernas. Abro los ojos justo cuando deja caer sus
jeans al suelo y se los quita antes de agarrar mis caderas y tirarme
hacia adelante. Dejo escapar un grito de sorpresa y luego miro
mientras abre mis piernas para tener un mejor acceso. Luego,
alcanza la silla que está frente a mi escritorio y la acerca para poder
sentarse frente a mí. Sus dedos encuentran el camino de regreso a
mi abertura. Usa su dedo índice y pulgar para hacerme entrar en un
frenesí, y luego lleva su boca a mi centro y comienza a lamerme
salvajemente.
—Oh, eso es todo, vaquero. Justo ahí —me las arreglo para
exhalar mientras agarro su cabello y lo sostengo.
Chupa mi clítoris entre los dientes y lo muerde ligeramente, y
yo me tiro del escritorio.
Ahí es cuando desliza la silla hacia atrás y lejos de mí.
Expreso mi protesta, él se pone de pie y me levanta del
escritorio y me pone de pie.
Me da la vuelta, me inclina sobre el escritorio y me sube la
falda. Palmea mi nalga y luego le da una bofetada rápida antes de
inclinarse sobre mí y decirme al oído—: ¿Ha sido buena o traviesa
este año, señorita Claiborne?
—Traviesa. Muy, muy traviesa —respondo.
Él me da otra nalgada rápida y gimo.
—¿Vas a ser buena el resto del año? —me pregunta.
—Probablemente no.
Eso me da otra lamida y puedo sentir el calor irradiando mi
piel. Con dulzura acaricia su mano sobre el lugar justo antes de
plantar un suave beso allí.
Luego, toma su rodilla y abre mis piernas antes de inclinarse
hacia mi oído. Soy todo sensación. Siento su calor y el subir y bajar
de su pecho contra mi espalda y el acabado resbaladizo del
escritorio contra mis apretados pezones. El sonido de nuestras
respiraciones profundas se mezcla con el sonido de la ciudad fuera
de la ventana.
Me chupa el lóbulo de la oreja con la boca y le hunde los
dientes.
Un escalofrío recorre mi espalda.
—¿Te gusta eso? —él pregunta.
—Deja de burlarte de mí, Payne. Te necesito dentro de mí
ahora —le exijo.
—¿Estás segura de que estás lista? —él pregunta mientras
vuelve a deslizar su mano entre mis piernas. —Oh, sí, estás
goteando.
No hay necesidad de que me diga eso, ya lo sé.
—Payne, te juro que si no…
Mi réplica muere en mis labios cuando empuja dentro de mí
por detrás.
Finalmente.
Aguanto para darle bastante acceso y él aprovecha la
oportunidad para mover sus manos y quitarme la blusa. Luego,
desabrocha el broche delantero de mi sostén con una facilidad
experta, y cae hacia los lados. Toma mis pechos mientras bombea
dentro de mí, y sus pulgares rodean mis adoloridos pezones.
La calefacción se enciende y la ventila sobre nosotros sopla a
través de nuestra piel resbaladiza por el sudor. La piel de mi espalda
se me pone de gallina e intensifica la creciente ola de placer que
burbujea hacia la superficie.
Empiezo a empujar hacia arriba sobre la punta de mis pies
para encontrarme con su movimiento y balancearme hacia él. Puedo
sentir el calor extendiéndose por mi columna hasta mi núcleo. Payne
suelta uno de mis senos y su pulgar encuentra mi clítoris. Presiona
contra mí con la presión perfecta que mi cuerpo necesita para
soltarse, y golpeo mis manos contra la parte superior del escritorio,
enviando papeles volando mientras mis piernas tiemblan por el
orgasmo que me atraviesa. Agarro el objeto a mi lado y lo lanzo a
través de la habitación mientras grito.
—Sí, Payne. Sí, sí, sí— yo canto mientras la euforia se
apodera de mis miembros y me derrito en la madera.
Continúa bombeando hasta que sus rodillas se doblan y se
libera en mí con un gemido. Agotado, él cae contra mi espalda, y
nos quedamos allí acostados hasta que nuestro ritmo cardíaco se
ralentiza. Luego, besa mi cuello y se pone de pie.
Yo me pongo de pie, un poco temblorosa sobre los talones, y
me giro para mirarlo.
Me envuelve en sus brazos y me besa suavemente.
—Hola, guapa. Es bueno verte —susurra.
Ato mis brazos alrededor de su cuello.
—¿De verdad? No me lo habría imaginado.
Gruñe y comienza a retroceder hasta que mis muslos
golpean el escritorio de nuevo.
—Estoy bromeando. Estoy bromeando. Me has agotado por
completo y ahora estoy hambrienta. Aliméntame antes de que me
ponga de mal humor —le exijo.
—Mujer, acabo de hacerte correrte con tanta fuerza, que
arrojaste una grapadora y derribaste una planta, ¿y estás
amenazando con ponerte de mal humor?
Me pongo de pie, me aliso la falda sobre las caderas y
abrocho el sujetador.
—Sí.
—Maldita sea, te extrañé —él dice mientras alcanza su
camiseta.
Nos vestimos y llamo a mi servicio de carro para que venga a
recogernos. En el camino, ordeno la entrega de comida para llevar
de mi restaurante chino favorito. Tengo la sensación de que nos
quedaremos despiertos hasta muy tarde.
Capítulo Once
Payne
Me muevo al oír los golpes que suenan como un martillo
neumático tratando de abrirse camino a través de la pared hacia el
dormitorio de Charlotte. Siento su cuerpo sacudirse, y sé que
también la despertó.
—¿Qué diablos es eso? —pregunto sin abrir los ojos.
Ella rueda hacia mi costado y pasa su brazo por mi cintura.
—Están construyendo el edificio contiguo a éste, y comienzan
con ese alboroto todas las mañanas a las siete en punto —ella
resopla.
—¿Cada mañana? Mierda, ¿por cuánto tiempo?
—Llevan seis meses. Se suponía que debían estar
terminados a fines de noviembre, pero no tuvimos tanta suerte. No
es tan importante durante la semana porque normalmente a esta
hora estoy despierta y trabajando.
Abro un ojo y la miro.
—¿Entras a la oficina antes de las siete de la mañana?
Eso me sorprende. Cuando está en Poplar Falls, la mujer
nunca se levanta de la cama hasta que la hago levantarse a la
fuerza.
—No, voy a mi clase de spinning a las seis, pero cuando no
lo hago, suelo esperar hasta las ocho de la mañana —responde.
—¿Qué diablos es Spinning?
—Es una clase en la que montamos bicicletas estáticas y
seguimos las instrucciones de un tirano que se jura sargento de
infantería que intenta matarnos antes de que acabe la hora. Es
divertido. ¿Quieres probarlo? Puedo traer un visitante por sesión.
—¿Quieres que me suba a una bicicleta y finja que la estoy
montando, pero no se mueve?
—Bueno, sí. Es un buen ejercicio y hay una pantalla en cada
bicicleta que te muestra si vas conduciendo por un sendero o en la
playa.
Yo solo la miro como si le hubiera crecido una segunda
cabeza.
—¿Qué tal si compramos un par de bicicletas de esa cosa de
afuera que las tiene todas amontonadas y las paseamos por ese
gran y hermoso parque del que me sigues hablando? —sugiero.
Ella arruga la nariz.
—Pago mucho por esas clases, así que puedo comer lo que
quiera y mi trasero se mantiene firme.
Inclino la cabeza mientras tiro de la sábana que la cubre
hasta la parte superior de sus muslos y miro la curva perfecta de
ella.
—Me gusta tu trasero exactamente como está, y puedo
pensar en formas mucho más divertidas de mantenerlo tonificado —
le digo mientras la levanto y la pongo encima de mí.
Ella apoya la barbilla en mi pecho y me mira enarcando una
ceja.
—Está bien, vaquero, ganas esta ronda. No voy a mi clase,
pero no creas que vas a escapar de salir de cenar con mis amigos
esta noche. Ninguna cantidad de sexo me va a convencer de
cancelar. Han estado muriendo por ver qué me mantiene volando y
volando hacia el medio de la nada, y voy a presumir de ti.
—Haré un trato contigo. Sácame de esta ruidosa zona de
construcción y pasa la tarde mostrándome qué es lo que amas de
esta ciudad ruidosa y llena de gente, y estaré feliz de dejarte
presumirme frente a tus amigos esta noche.
—Trato hecho. Por cierto, ¿cuánto tiempo te vas a quedar?
—Hasta la noche de navidad. Tengo un vuelo nocturno de
regreso a Denver.
—Eso significa que vendrás a la casa de mis padres en
navidad. No puedo esperar a que mi madre te eche un vistazo.
¿Crees que Vivian Marshall es un torbellino? Mi madre le enseñó
todo lo que sabe.
La rodeo con mis brazos y la levanto hasta que estamos nariz
con nariz.
—Puedo manejar a tu mamá —le digo antes de tomar su
boca, y luego me recuesto y bloqueo la conmoción afuera mientras
ella usa esa boca en mí.
♥♥♥
Pasamos la tarde codo a codo entre la multitud. Todos tienen
prisa por llegar a algún lugar y a nadie le importa si están en tu
espacio. Intento prestarle toda mi atención mientras me cuenta
animadamente la historia de cada lugar que visitamos. Puede que
no disfrute todo el caminar, todo el ruido o toda la gente grosera,
pero me encanta cada segundo de verla actuar con entusiasmo
como mi guía turística personal a través de Nueva York de punta a
punta. La comida tampoco está mal. Comemos a lo largo de la
ciudad, y tengo que admitir que los bagels y la pizza son superiores
a los que puedes conseguir en Colorado.
—Te dije. Nada se compara con una rebanada de pastel en la
ciudad —ella dice mientras doblamos otra esquina—. Estamos aquí.
Un chillido sale de sus dulces labios mientras se vuelve hacia
mí y toma mi mano, llevándome a una plaza llena de gente.
Lo que tienen que ser miles de personas se apiñan en el
patio entre dos edificios. Empiezo a sentir claustrofobia cuando se
detiene y señala hacia arriba. Sigo su mirada hacia un enorme árbol
de navidad cubierto de luces. Es tan alto como un edificio.
—¡Ta-da! El árbol de navidad del Rockefeller Center —grita
mientras mira las ramas centelleantes—. ¿No es una vista
impresionante?
Mantengo mis ojos firmemente en la mujer frente a mí
mientras respondo—: Seguro que lo es.
En ese momento, un hombre grande mirando su teléfono se
estrella contra nosotros. Él mira hacia arriba como si acabara de
darse cuenta de que está caminando y da un paso a nuestro
alrededor.
—Estás disculpado, gilipollas —le grito.
Charlotte me agarra la cara con las manos.
—Ya has tenido suficiente, ¿no es así?
—Estoy bien —respondo.
—Vamos, vaquero. Vamos a llevarte a un lugar menos
congestionado antes de que te enojes.
Ella aprieta mi camisa y me arrastra a través de la telaraña de
gente y por otra calle que se ve igual que todas las demás.
Luego, ella se lanza a una puerta lateral que lleva a la
entrada de un hotel y nos lleva a través del vestíbulo, hacia la parte
de atrás, y hacia lo que parece ser la entrada de un restaurante.
Paramos en la anfitriona.
—Hola, Brit. ¿Están los demás aquí? —ella le pregunta a la
mujer que está detrás del podio.
—Hola, señorita Claiborne. Sí, tu gente llegó hace unos
minutos. Están esperando en el bar hasta que tengamos lista su
mesa habitual.
—Gracias —le contesta mientras toma mi mano y me lleva
más allá de la dama y hacia un salón tenuemente iluminado con
mesas pequeñas y una gran barra de caoba.
Mis oídos y mi cabeza aprecian el silencio mientras
caminamos para unirnos a una pequeña multitud de pie en una
mesa a la izquierda de la barra.
—¡Charlotte! —Una de las chicas llama mientras nos
acercamos—. Ya te pedí un spritzer de vino blanco, perra.
—Gracias, cariño —responde mientras llegamos a su amiga,
y se besan al aire en las mejillas.
—Vaya, vaya, ¿quién es tu amigo? —pregunta la chica
mientras mira alrededor de Charlotte hacia mí.
—Este es mi hombre de las montañas de Colorado del que
les he estado hablando, Payne Henderson. Esta es Cora McDaniels.
Ella es una de mis amigas de toda la vida. Fuimos juntas a la
universidad —me la presenta Charlotte.
La chica me tiende la mano con la palma hacia abajo. Miro su
mano y, sin saber lo que está buscando, aprieto sus dedos y la
estrecho.
Ella y Charlotte se ríen mientras la suelto.
Una mesera con corbata negra se acerca con una bandeja y
le da a Charlotte una copa de vino.
—¿Puedo traerle algo, señor? —me pregunta.
—¿Qué tienes de barril?
—¿Barril? —ella me repite, claramente confundida.
—Sí, cerveza. ¿Cerveza de barril?
—Oh. —Ella se recupera—. Tenemos varias cervezas
artesanales disponibles. Déjame traerte un menú de cervezas.
Vuelvo enseguida.
Con eso, ella se va al bar.
—¿Un menú de cerveza? —Le pregunto a Charlotte.
Antes de que pueda decir algo, una voz pomposa desde atrás
responde—: Lo siento, aquí no sirven Bud Light.
Me vuelvo para ver a un chico de cabello oscuro con un traje
azul marino. Me ofrece su mano y yo sólo la miro.
Él se la guarda en el bolsillo y se aclara la garganta.
—Sugiero la Kentucky Vanilla Barrel Ale —me ofrece
mientras se lleva su vaso de líquido ámbar a los labios.
La mesera regresa con la tarjeta en la mano.
La despido con la mano.
—Solo tráeme una Maker’s Mark.
—En seguida, señor.
—Y deja el señor. Me llamo Payne —le digo.
Ella se sonroja mientras repite mi nombre—: Payne.
Entiendo. Ya viene.
Ella se apresura de nuevo, y Charlotte me mira con los ojos
entrecerrados.
—No puedes simplemente empezar a arrojar todo ese
carisma de vaquero y lanzarlo sobre las desprevenidas mujeres de
Nueva York. Estas hembras no están preparadas. Es injusto.
—Estás loca —yo le digo mientras la atraigo hacia mí.
—Charlotte, mi madre quería que te preguntara si ya habías
recibido su invitación de nochebuena. No ha recibido tu confirmación
de asistencia —le pregunta otro de traje gris.
—Oh, debí haberlo olvidado —ella dice y luego me mira—.
¿Trajiste algo más que jeans?
—No.
—Hmm —ella dice, evaluándome—. No querrías ir a una
fiesta de caridad conmigo, ¿verdad?
Niego con la cabeza.
—Tyler, dile a tu madre que no podré asistir este año. Tengo
compañía de fuera de la ciudad.
—Tu madre no va a estar feliz —dice Cora, y se vuelve hacia
ella.
—A mi madre no le importará si me pierdo un año —no está
de acuerdo Charlotte.
—Si tú lo dices. ¿Quieres otra? —le pregunta mientras
balancea su copa vacía.
—Por supuesto —dice Charlotte mientras bebe la última gota
de su copa.
La mesera regresa con mi bebida y se apresura a marcharse
para tomar dos bebidas más para las chicas. Una tercera mujer se
une a ellas y comienzan a charlar sobre la inauguración de una
nueva boutique.
—Entonces, ¿qué haces, Payne? —pregunta el trajeado
número uno.
Le dirijo los ojos.
—Lo siento, pero no entendí tu nombre.
—Blake Thornton, y este es mi socio Tyler McMann —el
trajeado de azul marino me presenta a su amigo.
—Socio. ¿Es así como llamas a tus amigos en Nueva York?
—pregunto.
—No, somos socios comerciales —él aclara.
—Entonces, ¿no son amigos?
—Sí, amigos también.
¿Por qué no dijo eso?
—Soy un granjero —les digo, y la expresión de sus rostros es
de confusión.
—¿Un granjero? ¿Como en arar campos y cultivar cosas
como verduras?
—Si algo como eso.
—Eso es … interesante —dice Blake a falta de una mejor
respuesta.
—Puede ser —contesto mientras bebo el resto de mi bebida
y le indico a la mesera que me traiga otra.
Ella asiente y yo me concentro en los asociados.
—Somos corredores —me dice.
—¿Corredores?
—Sí, de bolsa en Wall Street. Compramos y vendemos
acciones para nuestros clientes —me explica.
—Suena fascinante —yo comento.
—Bastante. Apuesto a que hacer cosas agrícolas también lo
es —añade Tyler.
—Sí.
Nos quedamos allí en un incómodo silencio mientras las
chicas hablan sin parar.
Charlotte aparta a otra chica y la acompaña hasta donde
estoy.
—Payne, esta es Mila; ella es mi hermana pequeña. Está
tomando unas copas con nosotros, pero no cenando. Ella es
modelo, por lo que solo come cuando es absolutamente necesario
—ella me la presenta.
—Eres una perra —dice Mila antes de volverse hacia mí—.
Es un placer conocerte, Payne.
—El placer es mío.
—Maldita sea, ese acento es sexy. Apuesto a que mi chica te
encadena a la cama y te hace hablar con ella toda la noche.
—¿Qué, y desperdiciar todo esto? —Charlotte dice mientras
me hace un gesto salvaje de la cabeza a los pies.
—Sí, veo tu punto.
Charlotte se vuelve y me tiende su tercera copa vacía.
—Será mejor que disminuyas la velocidad. No dejaré que te
desmayes esta noche —susurro en su cabello.
Blake nos mira desde un agujero más allá de Tyler, y si las
miradas pudieran encenderse, estallaría en una bola de fuego. El
trajeado azul marino obviamente tiene una erección por Charlotte.
Apesta ser él.
—No va a pasar —me dice, ajena a su atención.
—¿Cuánto tiempo hemos estado esperando? Voy a
preguntarle a Brit cuánto tiempo más antes de sentarnos —anuncia
Cora antes de alejarse.
—Te acompaño. Tengo que empolvarme la nariz —la llama
Charlotte—. Vuelvo enseguida.
La miro mientras se pierde de vista, y cada hombre en el bar
entrena sus ojos para enfocarse en su trasero con ese vestido que
abraza la figura.
—¿Impresionante, no es así? —Blake pregunta mientras él
también la ve irse.
Le miro a los ojos y no reacciono a su pregunta.
—¿Otra ronda, muchachos? —Ofrezco en su lugar.
—Claro —dice Tyler, y no espero a que Blake responda antes
de dirigirme al bar.
Estoy charlando con el barman cuando regresan Charlotte y
Cora. Ella no me ve cuando pasan y continúa hacia los chicos.
Agarro los tres vasos que tengo delante y los sigo. Cuando llego al
grupo, escucho la voz enojada de Charlotte.
—¿Que acabas de decir?
Los chicos se dan la vuelta y miran a Charlotte. Tiene los
brazos cruzados sobre el pecho y los mira con el ceño fruncido.
—¿Charlotte, averiguaste cuánto más tardará la mesa? —
Tyler se desvía.
—Te hice una pregunta.
Blake se aclara la garganta.
—Estábamos hablando de trabajo.
—Mentiroso, escuché lo que dijiste. Deja de hablar mierda.
Él mira a su alrededor con nerviosismo. Obviamente sabe
cómo es Charlotte borracha y cabreada.
—Charlotte, no hagamos una escena.
—¿Una escena? Oh, todavía no he comenzado a hacer una
escena. ¿Por qué no le repites lo que le acabas de decir a Tyler?
—Char, cálmate.
Puedo ver que esto está a punto de ser malo, así que lo
interrumpo.
—Amigos, sus bebidas —digo y le entrego los vasos que
tengo en la mano.
—Gracias —dice Tyler mientras toma el suyo.
—¿Cuándo te volviste tan petulante, Blake? —Charlotte
continúa.
Eso claramente lo irrita porque pierde la fachada falsa y su
expresión se vuelve gélida.
—¿Petulante? Eso es un alago, Charlotte. Tú y yo venimos
de la misma raza.
—¿Qué significa eso?
—Mira, si quieres ir a vivir en una casucha con el granjero,
está bien, pero eso no significa que yo tenga que fingir que me
gusta —él escupe.
—¿Escuchaste lo que salió de tu boca? ¿Crees que, por ser
granjero, eres de alguna manera superior a él?
—Charlotte, por favor —espeta él como si fuera una pregunta
tonta.
Me acerco para intervenir y ella extiende el brazo para
detenerme.
—Este agricultor tiene su propio huerto de cuatrocientos
acres. Lo posee y lo maneja como una máquina bien engrasada.
Vive en una casa que construyó con sus propias manos. ¿Sabes
siquiera cómo usar un martillo? Conduce un John Deere, una
camioneta enorme y una lancha rápida. Puede montar a caballo y
en toro. Tienes que pagarle a alguien para que te lleve por la ciudad
porque ni siquiera tienes una licencia.
Ella se inclina más cerca.
—¿Quieres saber qué más puede montar realmente bien que
tú nunca sabrás? A mí.
Me acerco y le rodeo la cintura con un brazo.
—Está bien, abajo, tigre.
Ella se encoge de hombros y se pone en su cara.
—Ese granjero es más hombre de lo que tú jamás serás. Si
no me crees, pregúntale a cualquier mujer aquí a quién preferiría
llevar a casa, a él o a ti.
Después de dar ese último puñetazo, ella se gira hacia mí.
—Vámonos. Nuestros tragos corren a cuenta de Blake esta
noche —él exige mientras pisa fuerte hacia la salida.
Miro al grupo y sonrío.
—Señoritas, fue un placer —digo antes de sacar mi billetera
de mi bolsillo trasero y dejar caer un fajo de billetes sobre la mesa.
Luego, sigo a mi luchadora a través del vestíbulo, hasta que
llegamos a la acera.
Ella está parada allí, tocando la pantalla de su teléfono.
—Sabes que esos tipos no me molestaron. Podríamos
habernos quedado y cenar con tus amigas —digo mientras me
acerco por detrás de ella y le rodeo el cuello con un brazo.
—Diablos, no. Nadie puede hablar de ti de esa manera y
salirse con la suya. Nunca me di cuenta de lo gilipollas que es.
—Él siente algo por ti, nena.
Ella mira hacia arriba.
—¿Qué?
—Sí, lo llevas por la calle de la amargura.
—Es el hijo empollón de una de las amigas de mi madre.
Él parece un poco estirado y definitivamente orgulloso de sí
mismo, pero no me pareció particularmente un empollón.
Así que como no puedo decir nada, me encojo de hombros.
—Acabo de ordenarnos que un Uber nos lleve a casa —me
informa.
—¿Pensé que tu apartamento estaba cerca?
—Lo está. No me refiero a mi apartamento. Me refiero a tu
casa. Nos reservé un vuelo a Denver para esta noche.
—Charlotte, cariño, volvamos a tu casa. Pediremos comida y
te sentirás mejor por la mañana.
Ella niega con la cabeza.
—Prefiero estar en Poplar Falls. Ni siquiera he visto a Lily
Claire en persona todavía. Es navidad, y aunque te agradezco por
venir hasta aquí, sé que preferirías estar en casa, pasando navidad
con Dallas, Beau y Faith. Y, sinceramente, también yo lo haría.
—¿Qué hay de tu madre?
Ella suspira.
—Ella lo superará. Tendré que volver antes de la víspera de
año nuevo. Ella tendrá un ataque si me pierdo ambos.
Un automóvil negro se detiene junto a la acera y baja la
ventanilla.
—Ese es nuestro viaje —me dice, y el brillo vuelve a sus ojos.
—¿Estás segura? —pregunto.
—Llévame a casa, vaquero.
La guío hacia el vehículo que espera por nosotros.
—Sí, señorita.
Capítulo Doce
Foster
—¿Son todos estos? —Truett pregunta mientras llevamos la
última de las flores de nochebuena de la camioneta.
La madre de Myer nos pidió que los recogiéramos en un
vivero en Aurora esta tarde. La gente los ordenó en la iglesia y
vendrá a buscarlos a su mesa en el mercado durante la iluminación
del árbol de Poplar Falls y el festival de navidad de esta noche.
—Esto es todo —le informo.
—Excelente. Estoy hambriento. Hagamos fila antes de que
haya demasiada gente —él sugiere.
Todos los restaurantes de la ciudad han instalado puestos
para servir en el festival. Entonces, entregamos las últimas plantas a
Beverly y partimos en busca de comida.
Tomamos un par de filetes con queso y damos un paseo por
la calle principal para ver lo que todos los vendedores tienen para
ofrecer.
Se vende de todo, desde bufandas y guantes hechos a mano,
adornos, árboles de navidad, cestas de regalo de vino, edredones,
jabones y lociones, tablas de juegos, hasta tartas caseras, pasteles
y galletas.
Los niños hacen fila para ver a Santa. Vemos a Myer y Dallas
esperando su turno con Beau y Faith. Myer sostiene a su bebé y
Dallas tiene la mano de Beau.
—Hola chicos. ¿Dónde consiguieron esos? —pregunta Myer.
—Butch tiene un puesto más allá de la ferretería —le dice
Truett.
—Impresionante. Beau y yo queremos uno. —Él hace un
gesto hacia su hijo.
Él está revisando su lista de navidad con Dallas porque no
quiere olvidar nada una vez que llegue a Santa.
—…Y un caballo propio —él finaliza.
—¿Un caballo y una moto de cross? Cariño, tal vez deberías
pedir solo uno. Eso es mucho para Santa —trata de persuadirlo
Dallas.
—He sido muy bueno este año y soy el mejor hermano mayor
—él defiende su caso.
—Eso es verdad —dice Dallas, claramente derrotada.
Ella le da a Myer una mirada y él le sonríe. Hemos tenido el
nuevo castrado de Beau desde hace unos meses, y Myer ha estado
trabajando con él para asegurarse de que esté listo para su hijo. Ya
ideamos la solución con respecto a la moto de cross, para la que
Dallas cree que todavía es muy chico. Estoy llevando al caballo
castrado a escondidas a su casa en las primeras horas de la
mañana de navidad y atándolo al árbol en su jardín con una nota de
Santa, explicando que no podía meter tanto el caballo como una
moto de cross en su trineo, por lo que tendría que esperar hasta el
próximo año y que él espera que el nuevo dormitorio sea suficiente
esta vez.
—Sonia —grita Dallas, ella se detiene y camina hacia
nosotros.
—¿Tu mamá está vendiendo pies de árbol este año? —le
pregunta ella.
—Sí, señora.
—¿Puedes decirle que me guarde uno de los blancos con la
escena del pesebre bordada si le queda alguno? Iré directamente
después de nuestras fotos con Santa —dice Dallas.
—Me dirijo allí ahora para ayudarla. Yo lo agarraré por ti.
—¡Gracias!
Ella me mira y sonríe antes de caminar en dirección al
mercado.
—Regresaré en un segundo —le digo a Truett mientras le
entrego mi sándwich a medio comer.
Me apresuro a alcanzar a Sonia.
Lo hago justo cuando ella camina detrás de un stand lleno de
todo tipo de decoración navideña. Me acerco al frente y empiezo a
mirar la mercadería mientras ella charla con su madre antes de
verme.
—Hola, Foster. ¿Está buscando algo en particular? —me
pregunta.
—Esto… estoy buscando un regalo para mi mamá. Es difícil
elegir algo para ella.
—Tenemos una estación para hacer coronas. Podrías hacerle
una con tus propias manos. A las madres le encantan los regalos
hechos a mano —susurra fuera del alcance del oído de su propia
madre.
—Me temo que no tengo mucho talento para esas cosas —
confieso.
—Es por eso por lo que estoy aquí. Para ayudar a hacer las
cosas hermosas.
—Oh, creo que estás haciendo un buen trabajo en eso —digo
en voz alta.
Ella se sonroja.
—¿Quieres intentarlo?
—Sí, sí quiero —concedo.
—Sígueme —me instruye mientras se da la vuelta y se
acerca a una mesa grande a un lado de la cabina. Está cubierto con
cintas de todos los tamaños y colores, pequeñas piñas, ramitas de
bayas y adornos brillantes.
—Primero elige el tamaño de su corona y luego crearemos un
diseño para ti.
Hago lo que ella me indica, y luego nos quedamos uno al
lado del otro mientras ella hace sugerencias sobre qué incluir y
dónde colocarlo. Ella se inclina y apoya la mano en el hueco de mi
brazo mientras me guía mientras me obliga a hacerlo todo yo
mismo. Sus ojos brillan en las luces alrededor de la mesa,
distrayéndome.
—Te vas a quemar con esa pistola de pegamento —me grita,
y eso me devuelve a la tarea en cuestión.
—Te dije que no soy bueno en este tipo de cosas.
—Lo estás haciendo muy bien, mira cómo va quedando. A
ella le va a encantar.
Miro la corona y ella tiene razón. A mamá le encantará.
Una vez que terminamos, le pago a su mamá mientras Sonia
lo envuelve con cuidado.
—Aquí tienes. Dime lo que piensa cuando se la des —me
dice mientras me entrega el paquete.
—¿Puedo ayudarte? —No tengo idea de por qué digo eso.
—¿Eh?
—Quiero decir, ¿necesitan ayuda para acomodar todo
después del festival?
—La tienda de mamá está ahí. —Hace un gesto hacia la
tienda directamente detrás de ellos.
—Oh —digo torpemente.
—Aun así nos vendría bien que nos ayudaran a llevar todo
adentro —responde su madre detrás de ella.
—¿Nos vendría? —ella le pregunta a su madre.
—Sí, son muchas cosas. Entre más manos, más rápido
habremos terminado.
—Está bien, supongo que necesitamos ayuda.
—Regresaré después del desfile, entonces.
—Sonia, querida, yo me encargo de esto. ¿Por qué no vas a
ver el desfile también? —sugiere su madre.
—¿No dijiste que querías que administrara la estación de
manualidades por ti mientras vendías las otras cosas?
—Ya casi se me acaban los pies de árbol, y creo que puedo
manejarlo ahora.
—¿Estás segura?
—Sí, ve a divertirte. —Su madre la corre.
—Asegúrate de que Dallas agarre el pie de árbol que aparte
para ella —chilla ella mientras se une a mí.
Caminamos en silencio durante unos minutos cuando Elle
nos ve.
—¿Puedo esconder algo en tu apartamento? —le pregunta a
Sonia.
—¿Qué cosa?
—Hola, Foster —ella me llama antes de continuar—. Tenía un
objetivo de lanzamiento de hacha hecho para Walker para navidad y
un mango de hacha personalizado que dice Bestia Sext. No quiero
que lo vea, y se reunirá conmigo aquí cuando salga del rancho.
—¿Le compraste qué? ¿Estás loca? Va a lastimar a alguien
—regaña Sonia.
—Probablemente, pero sé que quiere uno, y es la persona
más difícil de regalarle algo. Le encantará.
—Eso creo. Recuérdame que use equipo de protección
cuando me invites a tu casa —ella dice mientras saca las llaves del
bolsillo.
—¿Te importaría ayudarme a cargarlo? Es un poco pesado.
—Para nada —respondo.
La seguimos hasta el vendedor que hizo la tabla y las
hachas, y los tres lo recogemos y lo llevamos al apartamento de
Sonia y lo ponemos en su sala.
Elle usa el baño antes de regresar.
—Me encanta este espacio —le digo.
Es un pequeño apartamento encima de la tienda de su
madre. Tiene un dormitorio de buen tamaño y una cocina y sala
abiertas.
—No es mucho —ella comienza.
—Es acogedor —le interrumpo.
—Supongo que es eso. ¿Y tú? ¿Sigues en casa de tu
madre?
Me estuve quedando en el sofá de mi madre durante un par
de meses después de que mi esposa y yo nos separamos.
—No. Le estoy alquilando el apartamento donde vivía Dallas
detrás de la casa de sus papás.
—¿De verdad? Me encanta ese lugar. Cuando Dallas se
mudó allí, pensé que era lo mejor del mundo —afirma.
—Lo es. Tendrás que venir a verlo ahora que lo he estado
renovando. Rehíce el piso y agregaré una chimenea.
—Tendré que hacer eso —asiente.
—Podría hacer la cena —yo ofrezco.
—¿Cena?
—Sí, quiero decir, si vienes, avísame que vas a venir y haré
lo suficiente para dos.
—¿Cocinas?
—Sí, señorita, me encanta cocinar —lo admito.
—A mí, no tanto. Ayudo a mis pacientes a cocinar todo el día,
así que cuando llego a casa, simplemente no tengo ganas.
—Entonces, está decidido. Yo cocinaré para ti.
Elle regresa antes de que Sonia acepte o rechace.
Regresamos y lo hacemos justo cuando el desfile está a punto de
comenzar.
—¡Oh, ya te tengo! —escuchamos mientras buscamos un
lugar para sentarnos a lo largo de la ruta.
Al otro lado de la calle se sienta un anciano con una caña de
pescar. Miramos hacia arriba, y colgando de su línea hay muérdago,
y lo tiene posado sobre la cabeza de Sonia.
—¿Qué está haciendo, señor Hinson? —Ella llama.
—Pescando besos. —Él sonríe.
Elle me mira y me insta a seguir adelante con la mirada.
Dudo por un momento y luego decido simplemente hacerlo.
Ella todavía está concentrada en el anciano cuando presiono
mi mano en su espalda baja y la giro para mirarme.
Ella mira hacia arriba con sorpresa cuando entro para besar
su mejilla, pero se pone de puntillas y se encuentra conmigo, sus
labios plantando los míos.
La acerco más y nos separamos mientras ambos estamos
conmocionados por la corriente que corre entre nosotros. Me inclino
hacia atrás y la beso suavemente de nuevo. Tengo tantas ganas de
profundizar y besarla como he deseado desde hace tanto tiempo,
pero no creo que este sea el momento adecuado.
Ella parpadea mientras la dejo ir.
Elle me da un puñetazo detrás de ella.
—¡Oye, me robaste el beso! —El señor Hinson se queja.
—Te daré tu beso —dice Elle mientras cruza la calle y le da
un beso en la mejilla al anciano.
—Eso está mejor. —Él le sonríe.
Ella se reúne con nosotros y observamos cómo lanza su línea
de nuevo. Esta vez, se detiene sobre la cabeza de Doreen. Emmett
sigue luchando, pero el hombre es persistente. Ella finalmente se
rinde y besa su mejilla también.
Caminamos hasta que encontramos a Brandt, Bellamy, su
mamá, la señora Elaine y el abuelo Lancaster. Tienen un puesto de
adopción de mascotas y ofrecen visitas iniciales gratuitas y seis
meses de atención a los nuevos propietarios, mientras que Elaine
vende sus jabones de leche de cabra hechos a mano para
beneficiar al Corazón de Annie, la organización benéfica que
establecieron en honor a la difunta esposa de Brandt. Las chicas
compran un par de barras y luego el abuelo nos trae una manta para
que podamos sentarnos a ver el desfile.
Truett está frente a nosotros y puedo ver la confusión en su
rostro cuando me ve sentado con el grupo.
Me encojo de hombros y él cruza la calle al galope para
unirse a nosotros justo antes de que llegue la primera carroza.
—Tú me dejaste abandonado. No está bien, amigo.
—Encontré una mejor compañía —bromeo con él.
—Puedo ver eso. No te culpo, pero todavía me duele, hombre
—me reprende mientras toma asiento.
Vemos el desfile, y luego todos se reúnen alrededor del gran
árbol al lado de la glorieta fuera del ayuntamiento justo cuando cae
el sol. Cantamos un par de villancicos antes de que el reverendo
Burr diga algunas palabras sobre el verdadero significado de la
navidad, recordándonos a todos que estamos celebrando más que
una fiesta familiar, sino el nacimiento de nuestro Señor. Nos urge a
todos a estar en servicio este domingo para ver la obra de teatro
navideña de los niños y celebrar juntos en la casa del Señor antes
de que él rece una oración por el pueblo. Entonces, el abuelo
Lancaster se acerca para hacer la cuenta regresiva. Le hace un
gesto a Beau para que se una a él, y todos contamos en voz alta.
Cuando llegamos a cero, presionan el botón a la vez para iluminar el
árbol gigantesco. Todos comienzan a animar.
Sonia nos lleva al lote de árboles. Todo está escogido, y ella
encuentra el arbolito más escuálido y decide comprarlo.
—Recibiré un nuevo lote mañana y puedo traerles uno en
mucho mejor estado —ofrece el propietario.
—No, gracias. Parece que ha sido golpeado por el viento y
todo lo que necesita es un poco de amor para florecer. Si no es así,
me encantará de todos modos —ella le dice.
—Me gusta esa forma de pensar —confieso.
—Sí, bueno, algunos de nosotros sabemos lo que se siente
maltratado más que otros —ella dice mientras me mira a los ojos.
Elle sonríe y declara, extrañamente—: Hm, creo que acabo
de escuchar una cabra.
Sonia le da una mirada de sorpresa antes de que Elle sonríe
y nos deja cuando ve a su hermano, Braxton, y su esposa.
Sonia se despide de mí para volver a ayudar a su madre por
el resto de la noche, pero antes de separarnos le recuerdo mi
promesa de hacerle una comida.
—Avísame cuando quieras venir a cenar.
—Está bien —contesta ella tímidamente antes de alejarse.
Truett y yo nos quedamos y comemos todas las cosas hasta
que llega el momento de ayudarlos a cerrar su puesto.
Es una noche asombrosa.
Capítulo Trece
Vivian
—Bombeé un par de biberones y están en el refrigerador. Ella
debería dormir hasta que volvamos, pero si se despierta, prueba con
el biberón. Caliéntalo en una olla en la estufa, no en el microondas.
El microondas puede calentarlo demasiado. Es posible que desees
abrazarla muy cerca cuando se lo des. Ella no ha tomado un biberón
antes, por lo que es posible que tengas que engañarla para que lo
tome acunándola contra tu pecho. Escribí los números de teléfono
de Braxton y el mío, y están en el tablero de corcho junto al teléfono
en la cocina.
—Sophie, cariño, tengo sus números de teléfono —le
recuerdo.
—Lo sé, pero ¿qué pasa si tu teléfono se apaga y nos
necesita y no puedes recordarlos?
Escucho mientras repite sus instrucciones una vez más. Ella
tiene miedo de estar olvidando algo.
—Estaremos bien, Sophie. Te cuidé cuando eras una recién
nacida y sobreviviste —bromeo.
—Pero eso fue hace mucho tiempo y tenías a la abuela en
casa —continúa.
—Créeme, es como andar en bicicleta. Todo vuelve. Además,
Stanhope debería regresar de su viaje a Denver en cualquier
momento. Si mi teléfono muere, Stan tiene tres.
—Lo sé; tienes razón. Simplemente no la había dejado antes.
Se siente mal —ella dice.
—Oh, cariño, todas las madres tienen los mismos
pensamientos la primera vez que dejan a su bebé al cuidado de otra
persona —yo le aseguro.
Braxton nos mira desde la puerta, esperando pacientemente
a que ella termine de preocuparse.
—Princesa, si llegamos al festival y decides que quieres darte
la vuelta y volver después de cinco minutos, te traeré a casa.
—¿Lo dices en serio?
Él asiente en respuesta.
—Sophie— digo mientras pongo mis manos sobre sus
hombros y la obligo a mirarme.
Ella comienza a calmarse.
—Yo cuidare a la bebé. Ella estará bien. Tengo muchas
ganas de mecerla desde el momento en que salgas por esa puerta
hasta que vuelvas a entrar. Deja de preocuparte por nosotras y ve a
disfrutar del encendido del árbol con tu esposo.
Ella toma una respiración profunda.
—Está bien —concede finalmente.
Camina rápidamente hacia Braxton y deja que él la ayude
con su abrigo.
Braxton me mira mientras la conduce hacia la puerta.
—Gracias, Vivian —me dice.
Me paro y miro mientras la sube en la camioneta, y los
despido mientras se alejan. Luego, cierro y aseguro la puerta detrás
de ellos.
Me preparo una taza de té y camino al cuarto de la bebé. Lily
Claire está boca arriba, durmiendo plácidamente.
Ella es muy hermosa. Se parece muchísimo a Sophie cuando
nació. Como un ángel.
Lucho contra el impulso de levantarla y perturbar su sueño
tranquilo, y camino de regreso a la sala, llevando el monitor
conmigo. Lo dejo en la mesa de café y agarro el libro que estaba
leyendo en el avión. Consigo un capítulo antes de escuchar un
golpe en la puerta.
Oh no, espero que Sophie no haya tenido un ataque de
ansiedad y obligue a Braxton a traerla a casa ya.
Dejo el libro, camino hacia la puerta y miro por la mirilla.
Jefferson está de pie en el porche.
Deshago la cerradura de la cadena y abro la puerta.
—¿Jeff?
—Hola, Viv —me saluda.
—Sophie no está aquí. Ella y Braxton fueron al centro para el
desfile —le informo.
—Si lo sé. Los dejé allí. Tuve que ayudar a Doreen y Ria a
montar su stand. Vine a echar un vistazo a la chimenea. Sophie dijo
que el humo entraba en la casa cuando encendió el fuego esta
mañana. A ella le preocupa.
—Oh, bueno, entra. Yo estaba a punto de encender la
chimenea —digo mientras abro la puerta de par en par.
Él entra y se quita el sombrero. Lo coloca en uno de los
ganchos en el vestíbulo de la izquierda y luego se quita el abrigo y lo
cuelga también.
Lo sigo hasta la enorme chimenea de piedra de la sala.
Juega con las palancas y la pantalla, y luego se pone de
rodillas y mete prácticamente todo el torso en la chimenea.
—Jeff, ten cuidado. No te quedes atascado ahí —digo
mientras lo veo girarse para mirar hacia la chimenea.
—¿Viv, puedes sacar la linterna del bolsillo de mi abrigo? —él
pregunta.
Regreso rápidamente al vestíbulo, encuentro la pequeña
linterna negra y se la llevo.
—Aquí tienes.
Se acerca a mí y la pongo en su mano. Veo que la luz
brillante parpadea y luego sale de la chimenea. Su rostro está
manchado de hollín.
—¿Y bien? —pregunto mientras se pone de pie.
—Parece que es el filtro. Hay humedad en la chimenea. Eso
es lo que está causando que el humo regrese a la casa.
—¿Se puede arreglar eso?
—Sí, sólo tenemos que conseguir uno nuevo.
—Oh, gracias a Dios.
Levanto la mano y limpio la línea negra de su mejilla. Cuando
me doy cuenta de lo que estoy haciendo, retiro mi mano al instante.
Un grito agudo llega por el monitor y nos asusta a los dos.
—Lily Claire está despierta. —Sonrío y luego me apresuro a ir
a su habitación para sacarla de su cuna.
—Tranquila, deja el alboroto. Aquí está tu nina, bebé. —La
calmo mientras la coloco contra mi pecho y la llevo a la sala.
Jefferson está de pie en la entrada de la cocina, secándose la
cara con una toalla de papel húmeda. Cuando ve al bebé en mis
brazos, sonríe.
—¿Puedes cargarla mientras preparo su biberón?
—Con gusto —responde mientras lanza la toalla de papel en
la isla detrás de él y se acerca para quitármela.
Mi nieta deja escapar un gemido, pero se tranquiliza tan
pronto como su abuelo la tiene en sus grandes manos.
—Hola, niña —él le balbucea.
La lleva al sofá y se sienta mientras coloco una olla de agua
en la estufa para calentar el biberón. Escucho mientras le habla en
voz baja. Me remonta a cuando trajimos a Sophie a casa desde el
hospital y él tenía tanto miedo de abrazarla, miedo de romperla. Me
tomó días lograr que finalmente la levantara y la sostuviera. Eso es
todo lo que hizo falta. A partir de ese momento, ella se aferró a él de
alguna forma o modo.
La culpa me golpea. Lo he sentido en los últimos veinte años,
pero nunca tan fuerte como ha aterrizado en este momento.
Verifico la temperatura de la leche contra mi muñeca, apago
el quemador y vuelvo hacia ellos.
Lily Claire está mirando a Jefferson mientras él le canta You
Are My Sunshine en un tono bajo. Hipnotizada.
Me siento a su lado y levanto el biberón.
—¿Quieres darle de comer? —le pregunto.
Él me mira a los ojos.
—Puedo intentarlo.
Le paso el biberón y él coloca a la bebé en el hueco de su
brazo y se lo lleva a la boca.
Saca la lengua y mueve la cara de un lado a otro, abriendo y
cerrando la boca.
—¿Lo estoy haciendo mal? —me pregunta.
—No, es que Sophie la ha amamantado todo el tiempo, así
que no está acostumbrada al biberón. Dale un minuto. Mantenlo
quieto y eventualmente se agarrará a él.
Él sostiene la botella firmemente mientras ella continúa
buscando con frustración. Finalmente, envuelve su boca alrededor
del chupón y comienza a succionar.
—Ahí va.
Lo escupe y arruga la nariz, pero luego lo vuelve a tomar.
—¿No es lo mismo que hacer que tu mamá te alimente,
verdad, pequeña? —dice mientras se ríe de ella.
Me mira con ojos divertidos y sonríe.
—¿No hay nada como eso, verdad?
—Nada —estoy de acuerdo.
Trago saliva y luego hablo—: Lo siento mucho, Jeff.
—¿Por qué? —pregunta mientras Lily Claire continúa
manteniendo su absorta atención.
—Por romper nuestros votos. Dejarte en la forma en que lo
hice. Alejando a Sophie de ti. Todo ello.
Él trae sus ojos a los míos.
—Lo sé.
—¿Lo sabes? Porque no creo que alguna vez me disculpé
contigo. Con Sophie, sí, pero contigo no.
—Aun así lo sé.
—¿Cómo?
—Porque te conozco, Viv. Probablemente mejor que nadie.
Sé que no querías lastimarme. Solo estabas corriendo. Huyendo de
esta vida en la que te sentías atrapada.
Hago una pausa mientras veo el dolor pasar por su rostro
fugazmente.
—Fui estúpida y egoísta. Todo lo que pensaba era en lo que
quería y no consideraba lo que les estaba haciendo a los demás. Me
convencí de que Sophie también llegaría a sentirse prisionera aquí.
Me convencí de que le estaba salvando de mi vida. Nunca se me
ocurrió que ella perteneciera aquí. Solo pensé que ella me
pertenecía.
—Bueno, no podemos hacer nada para cambiar el pasado.
—Ojalá me gritaras, ojalá fueras un patán conmigo. Que me
dijeras que soy una madre horrible —digo.
—Eres una buena madre —responde con total naturalidad.
Niego con la cabeza.
—Lo eres. Cualquiera que conozca a Sophie lo sabe. Ella es
inteligente, divertida, talentosa y tiene un gran corazón. Ella es leal y
ama mucho. Ella ya es una madre maravillosa. Todo eso es un
testimonio de cómo la criaste. Y estoy agradecido por eso.
Él mira a la bebé y luego a mí.
—Ambos cometimos muchos errores y estuve enojado
durante mucho tiempo. Enfadado contigo y enfadado conmigo
mismo, pero nos perdoné a los dos.
—¿En serio?
—A mi modo de ver, las cosas salieron exactamente como
deberían. Si hubiéramos hecho las cosas de otra manera, esta
preciosa niña no estaría aquí en mis brazos, y ella debía estar.
Miro el rostro de nuestra nieta.
—Ella es perfecta, ¿no es así?
—Ella es una bendición y una prueba de que Dios puede
tomar nuestro destrozado lío de errores y crear belleza a partir de
las cenizas.
—Suenas como la abuela —le digo.
—Sí, supongo que me contagió un poco antes de dejar este
mundo.
Creo que nos contagió a todos.
Él se sienta con nosotras un rato más. Alimentando a la bebé
y haciéndola eructar, ayudándome a bañarla antes de ponerle el
pijama.
Una vez que la bebé se tranquiliza, él se despide y regresa a
la ciudad.
Yo me paro en la puerta y miro mientras él se aleja.
Eres un buen hombre, Jefferson Lancaster. Siempre te querré
como al padre de mi hija, ambos somos muy diferentes.
Capítulo Catorce
Doreen
—¿Dónde está todo el mundo? —Ria dice mientras mira por la
ventana de la cocina.
La miro por encima del hombro.
—Estarán aquí —le aseguro.
—Pero son casi las diez. Se supone que debían estar aquí a
las nueve —se queja.
Me sonrío a mí misma.
—Es la mañana de navidad. Todos pasan tiempo juntos, ellos
vendrán.
—Recuerdo una época en la que teníamos que levantarnos al
amanecer para tratar de preparar el desayuno antes de que
pudieran bajar las escaleras y echar un vistazo en sus botas —
murmura.
—Me temo que esos días ya pasaron. Ahora, están en sus
propias casas, jugando a Santa.
—Los extraño —dice mientras continúa mirando por la
ventana.
—Yo también —admito.
—¿Qué pasa si, un día, solo somos nosotros mirándonos el
uno al otro a través de la mesa? —pregunta con tristeza.
Jefferson, Madeline, Ria, el abuelo y yo nos levantamos y
tomamos una taza de chocolate e intercambiamos regalos antes de
que Emmett llegara y él y Jefferson se fueran a trabajar. El abuelo
los siguió después de tomar una segunda taza de chocolate.
Entonces, Ria y yo comenzamos a preparar el desayuno para
cuando finalmente aparecieran los chicos.
Tan pronto como las palabras salen de sus labios, la puerta
trasera se abre de par en par. Braxton llega con los brazos cargados
de regalos.
—Dios mío —digo mientras me limpio las manos en el
delantal y me apresuro a ayudarlo—. Aquí, déjame tener algunos de
esos.
Él me deja quitarle un par de la curva de su brazo, y Ria toma
un par de la parte superior. Luego, nos sigue a la sala para
colocarlos debajo del árbol. Me aparto mientras él coloca con
cuidado las cajas envueltas en el suelo, y cuando se levanta, se
vuelve hacia nosotros y nos besa a cada uno en la mejilla.
—Feliz navidad a mis tías favoritas —le dice.
—Oh. —Ria comienza a llorar.
—Ahora, no hagas eso, o me ayudarás a empezar —le digo.
Él se ríe y pone un brazo alrededor de cada uno de nuestros
cuellos y nos lleva de regreso a la cocina.
—Tengo que ir a sacar a mis chicas de la camioneta. Está
resbaladizo y le dije a Sophie que se quedara hasta que yo
regresara.
Nos deja ir y se apresura a salir. Ria corre hacia la ventana
de nuevo y observa cómo él ayuda a Sophie a salir de la camioneta
antes de quitar con cuidado el asiento de seguridad de Lily Claire y
cubrirla con una manta.
—Él es bueno en esto —comenta Ria.
—Sabíamos que lo sería —estoy de acuerdo.
Mientras caminan hacia la cubierta trasera, la camioneta de
Walker viene corriendo por el camino. Toca la bocina con un
villancico a todo volumen en los altavoces. Elle está colgando de la
ventana del pasajero, saludando. Sophie se detiene para devolver el
saludo y espera a que se estacionen. Elle salta, corre y abraza a
Sophie, y las dos comienzan a charlar mientras Walker carga sus
brazos llenos de paquetes desde la parte de atrás.
Braxton entra con la bebé.
—¿Quién la quiere primero?
—¡Yo! —Ria y yo gritamos al unísono.
La coloca sobre la mesa.
—Las dejaré pelear mientras yo ayudo a Walker.
Madeline regresa de dar de comer a los caballos en el
establo.
—¿Escuché que mi nieta está aquí? —pregunta.
—Yo dije primero —protesto mientras bloqueo su camino
hacia la bebé.
Ella hace pucheros.
Sophie y Elle se limpian los pies y se quitan los abrigos y los
guantes junto a la puerta.
—Estaremos aquí todo el día. Tendrás la oportunidad de
consentir a la bebé. Está muy contentita de que la carguen las
veinticuatro horas del día —dice Sophie.
—Huele tan bien aquí. Me muero de hambre —dice Elle
mientras se desliza a mi lado y roba un trozo de tocino de la estufa
—. ¿Hiciste mis wafles favoritos?
—Por supuesto que sí. No puedes desayunar en navidad sin
wafles de jengibre —le responde Ria.
—Oh, gracias a Dios. Temía que lo olvidaras.
—Nunca —Ria jadea.
—Lamento que llegáramos tarde. Walker hizo un desvío en el
camino para darme mi último regalo —nos dice Elle.
—¿Un desvío? ¿Qué era? —pregunto.
Ella sonríe tan grande que podemos sentir la alegría que
emana de ella.
—Me llevó a la iglesia donde mis padres se casaron.
¿Recuerdas que te dije que no podíamos casarnos allí? Bueno,
llegamos allí, y saca una llave de su bolsillo y abre la puerta. Estaba
llena de rosas y luces navideñas colgadas del techo. Me dijo que
tenía permiso para arreglarla y celebrar nuestra boda allí. Nos
casaremos allí el fin de semana de San Valentín, como lo hicieron
ellos. ¿Puedes creerlo?
Las lágrimas corren por su rostro y todos nos ahogamos.
—No puedo creerlo. Ese chico movería cielo y tierra por ti —
le digo mientras la abrazo con fuerza.
—Sí —concede ella.
Desabrocho las correas y levanto a Lily Claire de su asiento
de seguridad.
La sostengo para poder verla bien. Lleva un mameluco
diminuto que dice La favorita de Santa con un tutú rojo y una
diadema a juego.
—Mírate —lloro.
Y la acerco a mi cara y entierro la barbilla en su cuello y la
beso hasta que chilla.
—¿Dios, ese gran ruido salió de ti? —Le pregunto mientras la
acuno contra mi pecho y comienzo a rebotarla.
Ella me mira y hace un gorgojeo.
—Te juro que está mucho más alerta que la semana pasada.
Sophie se sirve una taza de café y se sienta a la mesa frente
a nosotros.
—Es cierto. Por supuesto, durmió desde la medianoche hasta
las cinco de esta mañana. Me desperté en pánico, pensé me he de
haber dormido mientras lloraba y que ella había estado acostada en
su cuna, muriendo de hambre. Pero Braxton y mi madre dijeron que
ella no hizo ni pío. La revisaron varias veces mientras yo estaba
fuera, y ella descansaba tranquilamente. Espero que eso sea lo
nuevo, pero probablemente sea solo su regalo de navidad para su
mamá.
—Siempre que necesites descansar, simplemente tráela aquí.
A Ria y a mí nos encantaría pasar la noche con ella —yo le ofrezco.
—Cuidado. Podría aceptarte eso.
—¿Dónde están Vivian y Stanhope? —pregunta Ria.
—Todavía están en la casa. Mi mamá estaba limpiando los
escombros de Santa e iba a preparar el desayuno para los dos.
—Eso es tonto. Tenemos mucho. Llámala y diles que vengan
aquí —sugiere Ria.
—No sé. No quiero que las cosas sean incómodas —dice.
—Son bienvenidos aquí, Sophie. Todo en la ciudad está
cerrado y no necesitan sentarse en tu casa, solos, todo el día —
insiste Madeline.
Sophie nos mira a todos con ojos esperanzados. Ella
obviamente quiere que su madre y su padrastro pasen el día con
nosotros.
—¿Están seguros?
—Sí —respondemos todos a la vez.
—¡Okey! —Ella salta y entra en la otra habitación para llamar
a Vivian.
—Eso fue genial de su parte —dice Elle mientras se sienta
con otro trozo de tocino.
La cabeza de Sophie asoma por la puerta.
—¿Tienes suficiente para dos más?
—Estoy segura de que lo hacemos —respondo.
—Voy a pedirle a Payne que traiga a Charlotte una vez que
hayan terminado en casa de Dallas —ella explica.
—Eso sería encantador. Dile a Myer y Dallas que traigan a
Beau y Faith también. Tenemos regalos para ellos —sugiere Ria.
—Entiendo.
—Oh, me olvidé de decirles que invité a Sonia, y ella se
detendrá y recogerá a la madre de Walker en el camino. Espero que
eso también esté bien —agrega Elle.
—Iba a sugerirles que trajeran a Edith, y saben que Sonia
siempre es bienvenida —respondo.
Ria está de pie con las manos en las caderas, mirando
alrededor de la cocina.
—Tendremos que traer algunas sillas plegables del cobertizo
de almacenamiento. Enviaré un mensaje de texto a Jefferson y
Emmett y les pediré que traigan algunas.
Braxton y Walker finalmente descargan su camioneta, la sala
está llena de regalos que brotan de debajo del árbol.
—Ustedes dos necesitan sentarse y comer —insiste Ria.
—¿Puedes envolvernos un par de sándwiches de tocino y
huevo para llevar? Queremos salir y ayudar al tío Jefferson y
Emmett, para que podamos volver aquí lo antes posible. Silas va a
dejar a Chloe, y luego él y Walker van a traer un montón de leña del
cobertizo. Supongo que la chimenea estará encendida todo el día y
también queremos construir una en la terraza—agrega Braxton.
—Les prepararemos algunos —asiente Ria.
El abuelo da la vuelta a la esquina y sus ojos escudriñan el
lugar. Aterrizan en Madeline.
—¿Todavía tienes las llaves de mi camioneta? Me voy a la
ciudad a recoger a la señora Elaine. Ella vendrá a almorzar con
nosotros —dice él.
—Las conseguiré —ella dice antes de pasar por la mesa y
desaparecer.
—Si Elaine viene, deberías decirles a Brandt y Bellamy que
pasen por aquí —sugiero.
—Le diré que los llame —él dice.
Yo me paro.
—¿Quién es el siguiente? Necesito meter otro jamón al
horno. No estoy segura de que tengamos suficiente cocina —digo.
—¡Yo! —Elle dice mientras abre los brazos para tomar a Lily
Claire.
Sophie se une a nosotros nuevamente.
—Tengo a Dallas en el teléfono, están en la casa de los
padres de Myer. Vendrán más tarde. La señora Wilson ha estado
cocinando toda la mañana y el señor Wilson frio un pavo. Están
esperando a Bellamy, a Brandt y a su madre.
—¿Pensé que el abuelo estaba en camino a buscar a la
señora Elaine? —digo.
—¿Él lo está? No deben saber eso. Debería devolverle la
llamada— dice Sophie.
—No, no. Llamaré a Beverly y les diré a ella y a Winston que
vengan con todos los chicos. Winston puede empacar toda su
comida y traerla aquí.
—En ese caso, dile a Dallas que invite a sus padres porque
Dottie se enojará si tanto Payne como Dallas están aquí —llama
Sophie.
Agarro el teléfono y llamo a la casa de Beverly.
—Terminaremos en breve. Dottie y Marvin acaban de llegar.
Dottie trajo un montón de pasteles y galletas. Iba a enviarte algunos
de todos modos. Todos apilaremos nuestros regalos en la camioneta
y nos dirigiremos al rancho de ustedes —coincide Beverly.
Ria está entregando sándwiches envueltos en papel de
aluminio a Braxton mientras él y Walker se dirigen al patio.
—Diles que agreguen más sillas a la lista y que sigan
adelante y tomen un par de mesas plegables. Subiré y buscaré
algunos manteles más —instruyo a Ria.
Myer y Dallas se detienen con los niños en un hermoso trineo
tirado por caballos que él restauró para ella. Ella está radiante
mientras nos lo cuenta y Beau sugiere con entusiasmo que todos
vayamos a dar un paseo en él más tarde.
A medida que todos los demás comienzan a llegar y más
paquetes entran por la puerta, se produce el caos. Los bebés pasan
de un lado a otro, los perros corren bajo los pies y las voces hablan
entre sí. Y la risa, oh, la risa.
Los chicos terminan su día y luego encienden un fuego en los
pozos de la terraza trasera. Colocan mesas y sillas para relajarse
con una cerveza mientras todas las chicas se sientan en la sala,
platicando y disfrutando de la compañía del otro.
Ria, Beverly, Dottie, Vivian, Madeline, la señora Elaine y yo
escuchamos a las chicas hablar de los chicos. Damos nuestros
consejos sobre cómo manejar a los hombres en sus vidas mientras
bebemos ponche o vino caliente.
—Es mejor pedir perdón que permiso. Nunca olvidaré el
consejo que la abuela nos dio a todos al principio de nuestro
matrimonio. Dijo que la mejor manera de hacer que un hombre esté
de acuerdo con cualquier cosa es preguntárselo sin la blusa.
¿Quieres remodelar la cocina? Pregúntale sin la blusa. ¿Quieres un
nuevo par de botas? Pregúntale sin la blusa. ¿Quieres probar con el
bebé número dos? Pregúntale sin la blusa —relata Dottie.
—¿De verdad, mamá? —Dallas exclama.
—No dejes que este cabello plateado y estas arrugas te
engañen. Todos hemos peleado con algunos vaqueros en nuestros
días. ¿Crees que no sabemos lo que se necesita?
Ria los mira por encima de su taza.
—Algunos de ustedes ni siquiera estarían con sus vaqueros
si no hubiera sido por el pequeño empujón que les dimos.
Nos regalamos sonrisas de complicidad mientras intentan
protestar, pero todos sabemos la verdad. La generación de la abuela
se entrometió en nuestras vidas y nos dio una base de fe, ya que
compartieron su sabiduría y nos ayudaron a navegar
convirtiéndonos en esposas y madres. Nos pasaron la antorcha, y
pronto, se la pasaremos a estas mujeres hermosas y fuertes, para
que puedan hacer lo mismo con la próxima generación, tal como
debe ser.
Comemos, bebemos y abrimos regalos toda la tarde. Nos
turnamos entre abrazar a los nuevos bebés y jugar con Beau. De
fondo se reproducen viejas películas navideñas favoritas. Es una de
las mejores navidades que puedo recordar.
Finalmente, el sol comienza a ponerse. Ria y yo cargamos a
todos con las sobras cuando comienzan a dispersarse, dirigiéndose
a casa con sus pequeñas familias. Cuando se van los últimos, me
detengo y miro la sala llena de papeles con mantas y cojines tirados,
y empiezo a ordenar.
Ria entra con dos tazas llenas.
—Déjalo y tira otro leño al fuego. Quiero sentarme y disfrutar
del lío contigo un rato más —ella dice.
—¿It’s A Wonderful Life? —pregunto.
—Ponla —dice ella.
Cargo la película en el reproductor de DVD y nos
acurrucamos en el sofá.
—No creo que tengas que preocuparte de que terminemos
solas tú y yo, mirándonos la una a la otra en la mesa del comedor,
hermana —le digo, recordándole nuestra conversación de esta
mañana.
—No, no en Poplar Falls.
Capítulo Quince
Abuelo Lancaster
Jefferson y yo aparcamos el coche en el estacionamiento de la
iglesia. La iglesia bautista de Poplar Falls es una parte tan
importante de nosotros como el rancho El Toro Valiente. Betty Sue y
yo nos unimos a la congregación de quince personas antes de
nuestra boda hace tantos años. Todavía puedo ver las lágrimas en
sus ojos cuando entró del brazo de su padre y vino por el pasillo
hacia mí. Yo estaba hecho un manojo de nervios hasta que la vi
sonreír. Ella era una belleza y yo era el hombre más afortunado del
mundo porque ella me había elegido.
—¿Estás bien, papá? —Jefferson pregunta mientras miro
hacia la colina cubierta de nieve detrás de la capilla.
—Aquí recordando —le digo mientras le doy una palmada en
la mano en el asiento a mi lado.
Me suelto el cinturón de seguridad y él estira la mano detrás
de nosotros para agarrar la flor de nochebuena del asiento trasero.
—¿Quieres que vaya contigo? —él pregunta mientras me lo
pasa.
—Me gustaría un par de minutos a solas primero, si no te
importa, hijo.
Él asiente y yo envuelvo los extremos de mi bufanda para
protegerme del frío. Subo la colina. Afortunadamente, la nieve es un
polvo fino y mis botas se agarran al suelo. Camino por el campo
sembrado de piedras grises y blancas, cada una anunciando con
orgullo la vida y la muerte de uno de los preciosos hijos de Dios.
Cuando llego al sauce, camino hacia el lugar donde mi amada fue
enterrada. Dejo la maceta y me quito los guantes. Luego, saco mi
pañuelo de mi bolsillo y limpio la nieve de su lápida.
Aquí yace Betty Sue (Abuelita) Lancaster.
Querida hija, hermana, esposa, madre, abuela y amiga. Ella
finalmente lo sabe.
—Hola cariño. Te traje tu flor nochebuena. Apuesto a que
pensaste que lo olvidaría. Lamento no haberla traído antes. Este
año la navidad ha estado llena de acontecimientos. Como sabes,
Braxton y Sophie se casaron y le dieron la bienvenida a nuestra
bisnieta este otoño. Ella es tan preciosa como una rosa. Se parece a
Sophie, lo que significa que se parece a ti. Ojalá pudieras haberla
conocido. Por supuesto, probablemente la conociste antes que
cualquiera de nosotros, ¿no es así? Vi al ángel débil besar su nuca.
Walker terminó su casa, y va a caserse con Elle en un par de
meses. Y nuestra chica, Doreen, finalmente aceptó el anillo de
Emmett. Sé que esperaste pacientemente por eso. Incluso tengo
una nueva amiga. La señora Elaine, la madre del nuevo veterinario.
Es bonita, de voz suave, temerosa de Dios y le gusta jugar al bingo.
Creo que te caería bien. Ella nunca ocupará tu lugar en nuestra
casa o en mi corazón, pero es bueno tener la mano de alguien con
quien compartir una comida. Quizás un beso o dos en la mejilla. La
familia crece y yo envejezco. Espero verte pronto. Seguro que te
extraño, cariño.
Escucho las pisadas de Jefferson detrás de mí y me limpio
las lágrimas de los ojos.
Pone su mano en mi hombro.
—Hola, mamá. Feliz navidad.
Tomo su mano y me ayuda a ponerme de pie.
—Salgamos del frío, hijo. Un fuego y un ponche nos esperan.
Tu madre se reiría de nosotros de todos modos, parados aquí,
congelados, hablando al suelo. Ella no está aquí. Está celebrando
con Jesús— digo mientras comienzo a bajar la colina.
Él se detiene y se vuelve.
—Todavía estás aquí. Sé que lo estás. Te veo cuando miro a
las chicas a los ojos. Te escucho cuando el coro canta Amazing
Grace los domingos por la mañana. Te siento en la brisa y te huelo
cuando entro a nuestra cocina. Estas en todas partes. Feliz navidad,
mamá.
Agradecimientos
Este libro es una carta de amor para los fanáticos de esta serie.
Ustedes son increíbles y me encanta recibir un solo mensaje sobre
sus personajes favoritos y sus solicitudes de más libros sobre
nuestro variopinto grupo de ganaderos. Puede que haya más
historias que contar sobre Poplar Falls en el futuro y los mantendré
informados. Como siempre, tengo que agradecer a mi maravilloso
equipo de profesionales por hacerme lucir bien. Jovana Shirley es
un regalo del cielo… Judy Zweifel también. Sus ojos de águila y su
dominio de la literatura no tienen precio. Stacey Blake, gracias por
hacer que el interior de mis libros sea tan hermoso. Sommer Stein,
eres una artista y adoro tu trabajo. Autumn Gantz, eres un
salvavidas para mí en los negocios y personalmente. Te amo. Por
último, pero ciertamente no menos importante, mi Miller. Eres la
razón por la que puedo escribir felices para siempre. Gracias por
amarme como lo haces.
Sobre la autora
Amber Kelly es una autora de romance que llama hogar a
Carolina del Norte. Ella ha sido una ávida lectora desde muy joven y
siempre puedes encontrarla con la nariz en un libro completamente
cautivada en una aventura. Con el apoyo de su esposo y su familia,
en el dos mil dieciocho, decidió finalmente dar voz a las historias en
su cabeza y su novela debut,
Both of Me nació.
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