TEMA 10
EL Derecho Mercantil.
Ius Mercatorum
El Derecho mercantil surge en la Edad Media, frente a la rigidez y
formalismo del Derecho civil, pues los comerciantes sienten la
necesidad de unas normas que se adapten mejor a los requisitos del
comercio. Dejan de aplicar entre sí la normativa rígida del derecho
civil, y crean un derecho autónomo, que no surge por imposición
del Estado, sino por su aceptación social y que se plasma en
costumbres recogidas por recopilaciones hechas por asociaciones de
comerciantes.
El Derecho mercantil evoluciona progresivamente y sus características no
se presentan todas de la misma manera ni con la misma intensidad en
una misma época y lugar.
La caída del imperio romano de occidente tuvo para Europa importantes
repercusiones en el orden socio-económico. Sucesivas invasiones
asolan Europa, desaparecen villas y ciudades y, con ellas, las
actividades urbanas, comerciales y artesanales.
En la Alta Edad Media, la Iglesia está presente en todos los aspectos de la
vida medieval y su teología moral desalentaba a aquellos que querían
mejorar su situación.
La condena por la Iglesia de la codicia (el camello y el ojo de la aguja de
los que nos habla la Biblia) y su énfasis en la bendición de los pobres,
no favorecía el desarrollo económico. Se condenaba la avaricia en
todas sus manifestaciones, llegándose a considerar pecado, por
ejemplo, escalar posiciones sociales u obtener ganancias por encima
de la mera subsistencia
Se entiende, por tanto, que el comercio y los comerciantes estuviesen
especialmente mal vistos en esta época.
1
Por otra parte, hasta mediados del siglo X la utilización de monedas en la
vida cotidiana era bastante escasa. Esto se debía, de un lado a la falta
de materiales preciosos y, de otro, a la posesión por parte de los
señores feudales de la mayor parte de las monedas, por lo que la
economía local funcionaba con una mezcla de autosuficiencia, el
trueque y algunos pagos en dinero. Pero es a partir de este siglo X
cuando hubo una serie de circunstancias que transformaron la
economía europea de una manera espectacular y se inicia un periodo
denominado revolución comercial.
Otro motivo de esta revolución comercial se encuentra en el aumento de
la cantidad de dinero en circulación y en factores monetarios, siendo
un punto de inflexión importante la creación en Florencia a mediados
del siglo XIII del Florín de oro, que fue la primera moneda realmente
estable en Europa.
Paralelamente con el desarrollo de las relaciones comerciales se produce
el de la profesionalización de las personas que realizan ese tráfico. En
un primer momento el renacer del tráfico europeo dará lugar a la
aparición de mercaderes nómadas o ambulantes, que acompañan a las
mercancías hasta su destino e intervienen personalmente en todas las
negociaciones, que viajaban en caravanas y que traficaba entre las
diversas cortes señoriales o entre éstas y las nuevas rutas comerciales
abiertas con el exterior, adquiriendo y revendiendo, y que obtienen
grandes beneficios derivados de la gran desproporción entre el precio
de los productos en los lugares de producción y el precio de éstos en
su lugar de consumo.
También en esta época se desarrollan las ferias, primero en la campiña
francesa y luego por toda Europa, que se presenta como la primera
forma de comercio de comerciantes con comerciantes, y en la Edad
Media se constituyen como la forma más importante de comercio
interlocal con una importancia vital en el desarrollo uniforme
de Derecho mercantil.
Ante la fragmentación del poder y con objeto de defender sus propios
intereses, los comerciantes, como los banqueros y artesanos, se
agrupan en distintas organizaciones o asociaciones profesionales.
Entre estas organizaciones cabe distinguir dos tipos básicos:
las corporaciones mercantiles, en las que los grandes comerciantes se
asocian,
2
y los gremios locales (corporaciones menores), que responden a las
necesidades del modesto comercio local. Ahora bien, estos dos tipos
de comercio no fueron sólo dos formas sucesivas de actividad
mercantil, sino también dimensiones del comercio que coexistieron
durante siglos, quedando paulatinamente las segundas subsumidas
bajo el control de las primeras.
Las corporaciones de comerciantes de las grandes ciudades o de ligas de
ellas, que servían de instrumento del comercio a gran escala, se
denominaban en el área del comercio germánico hansas, y en las
ciudades mediterráneas, Universidades de comerciantes
(universitates mercatorum) y Consulados, término éste que se
generalizó posteriormente por toda España.
Estas corporaciones, en cuanto agrupación constituida para la defensa de
los intereses económicos, protegía a todos ellos, dictando reglamentos,
estableciendo cónsules en las plazas en que sus miembros tienen su
tráfico, y llegan a tener autonomía normativa y jurisdicción
especial para aplicarla.
Pero son aquellas corporaciones creadas por los comerciantes para el
desarrollo del comercio al por mayor de exportación e importación
entre ciudades y áreas económicas, muy distintas en sus ansias de
libertad, autonomía e independencia, donde se encuentra el germen
del Derecho mercantil. Autonomía que no quita que estas
corporaciones mantuvieran vínculos muy estrechos con las autoridades
municipales y participaran activamente en el gobierno de muchas
ciudades.En algunas ciudades mediterráneas, especialmente en Italia,
las instituciones de la ciudad son en ocasiones producto directo de las
corporaciones mercantiles, que eligen en su seno el gobierno
municipal. Por ejemplo, en algunas ciudades del norte de Italia estas
agrupaciones acabaron convirtiéndose en verdaderos gobiernos
municipales.
El Derecho mercantil surge en la Edad Media, ante la inadecuación de
contenido y procedimiento del ius commune (integrado por elementos
del Derecho romano y germánico, y del Derecho canónico) para
satisfacer las necesidades del dinámico tráfico comercial.
El Derecho germánico se presentaba demasiado simple y primitivo;
El Derecho romano clásico, aunque si tuvo cierta influencia en el
Derecho mercantil, pero no era suficiente en lo que se refiere al rigor
de los principios y a la tutela de la buena fe, y en que no prestaba
3
apenas atención a los bienes muebles, que son precisamente sobre los
que se realiza el tráfico comercial.
El Derecho canónico estaba inspirado en unos principios incompatibles
con el desarrollo comercial.
Surge así, para dar respuesta a las necesidades del tráfico, un Derecho
nuevo, ágil y flexible, aplicable a los comerciantes en el ejercicio de su
actividad profesional que se conoce como ius mercatorum o lex
mercatoria, basado en la equidad, la seguridad del tráfico, el crédito y la
tutela de la buena fe.
Este Derecho basado en las exigencias del tráfico y destinado a regir en
las transacciones comerciales, surge como un Derecho distinto, dotado
de sus propios principios, de sus propias fuentes normativas y de su
propio orden jurisdiccional y en el que sea crean instituciones jurídicas
completamente nuevas.
Las fuentes del derecho mercantil en la Edad Moderna:
Las Ordenanzas de los Consulados
Este nuevo Derecho se caracteriza por una serie de rasgos que vamos a
comentar.
En primer lugar, existe una gran dispersión en cuanto a las fuentes
materiales de este Derecho.
De un lado existe un Derecho de producción autónoma, hecho por y para
los comerciantes, en el que hay que distinguir varios grupos de fuentes:
* el Derecho estatutario que producen las corporaciones a través de sus
estatutos u ordenanzas (statuti o brevi), con una indudable importancia
en el origen del Derecho mercantil;
* la producción a través de documentos notariales, formularios,
tratados de carácter internacional e interlocal que se conciertan con
ocasión de las ferias y mercados permanentes;
* por medio de las decisiones de una jurisdicción mercantil especial que
es la jurisdicción consular.
* Y sobre todo la costumbre como fuente básica de ese primer
Derecho mercantil, y no sin razón, se dice que éste es un Derecho de
carácter eminentemente consuetudinario.
Los Estatutos de las corporaciones mercantiles estaban formados en un
primer momento por los juramentos de los cónsules, que junto a las
resoluciones de los Consejos (constituidos por lo comerciantes más
4
ancianos) y de la asamblea, son transcritos en volúmenes, sin otro criterio
que el orden cronológico.
Después, para poner algún orden se instituyó una magistratura especial,
nombrada entre los mejores comerciantes que se llamaron statutari, con
lo que los Estatutos ganaron sistemática.
Estos magistrados o jueces, que aparecen en principio ocasionalmente,
adquieren luego permanencia, y a través de sus decisiones, jugarán un
papel decisivo en la fijación y extensión del nuevo Derecho.
Los conflictos se resolvían atendiendo principalmente a la famosa aequitas
mercatoria y a las costumbres de los comerciantes.
Entre los primeros textos que recogieron el más antiguo fondo tradicional
del Derecho consuetudinario comercial medieval, se conservan
recopilaciones de Derecho marítimo se cuenta el Constitutum usus de
Pisa dado en 1161 y la famosa Tabla Amalfitana siglo XI).
Pero estas fuentes, poco tienen que ver con la más madura y completa
recopilación de costumbres conocidas como Costums de la Mar,
contenidas en el Llibre del Consolat de Mar (siglo XIII) , principal
fuente del Derecho marítimo medieval de gran difusión en espacio y
tiempo, ya que su observancia se prolongó hasta el siglo XVIII.
el “Llibre del Consolat” recopila costumbres y normas de las “Costums
de la mar”, del Reglamento del Consulado de Valencia (el primero
establecido en la Península), de las Ordenanzas Reales y de algunos
capítulos o disposiciones de Pedro IV.
Esta fuente jurídica es la principal de Derecho marítimo medieval,
denominándose así a partir de 1370 y aplicándose por primera vez al
Consulado de Barcelona en 1347. Existen diez manuscritos conservados
con algunos añadidos (generalmente juramentos de abogados),
imprimiéndose por primera vez en 1484 y siendo traducido (lo que da una
idea de su difusión) a idiomas como el castellano, el italiano, el holandés,
el francés, el alemán y el inglés. Su influencia en la navegación y el
comercio peninsular, e incluso americano, perdurará hasta el siglo XIX.
El Consulado del Mar es un conjunto de reglas a que los cónsules, o sea
los jueces en asuntos marítimos debían ajustar sus decisiones, esta
compilación alcanzó una autoridad célebre. No se conoce a punto fijo la
fecha en que esta colección fue redactada, aunque los más suponen que lo
fue en el siglo XIII. Marsella y Barcelona se disputan el lugar de su
nacimiento, pero es muy probable que su origen sea barcelonés; esta obra
en definitiva fue una reproducción de las costumbres vigentes en todos los
5
países ribereños del Mediterráneo y por esto fue aplicado por largos años
en los puertos del Mediterráneo occidental.
Si el Consulado del Mar contenía el Derecho vigente en el Mediterráneo, el
del Océano Atlántico y el Cantábrico se consignó en los Juicios o Rooles
de Olerón, escritos al parecer en el siglo XII por un escribano del tribunal
marítimo de la isla de Olerón que tenía a su cargo registrar las sentencias
del tribunal en rollos de pergamino (de ahí viene el nombre de rooles con
que esta colección es designada) y aunque si regularon el comercio
marítimo, sobre todo en la costa atlántica francesa, dista mucho en
importancia con el Consulado del Mar.
En España surgieron legislaciones en esta materia a manera de
ordenanzas, como son las de Burgos (1494), Sevilla (1543) y más tarde
las de Bilbao (1737). Existieron muchas ordenanzas , pero estas son las
más importante
El Consulado de Burgos
Se trata de una Institución creada por la Reina Isabel en 1494, siguiendo
el modelo del Consulado del Mar. Se trataba de una asociación de
comerciantes dedicados a la exportación de la lana castellana y a la
importación de paños y telas procedentes de Flandes. Los comerciantes
controlaban el Consulado, una institución que les garantizaba
el monopolio de su actividad y asegurado por la corona. Los comerciantes
del Consulado canalizaban la producción ganadera, compraban la lana a
los propietarios de rebaños mesteños, la dirigían hasta el Consulado desde
donde era enviada a Laredo o Bilbao para exportarla a Flandes, en barcos
organizados por el consorcio del Consulado. El Consulado también
monopolizaba la entrada en Castilla de los textiles de Flandes. La actividad
económica de importación y exportación que llevaba a cabo fue conocida
también como el Eje Norte-Sur, por las relaciones que estableció entre
Castilla y Flandes, de extrema importancia en la época.
El Consulado de Sevilla
En 1503 se estableció por decreto real la Casa de Contratación de Indias
en Sevilla, creada para fomentar y regular el comercio y la navegación con
el Nuevo Mundo. Su denominación oficial era Casa y Audiencia de Indias
Su funcionamiento quedó regulado en las Ordenanzas expedidas en Alcalá
de Henares en el momento de su creación, y entre sus finalidades se
especificaban las de "recoger y tener en ella, todo el tiempo necesario,
cuantas mercaderías, mantenimientos y otros aparejos fuesen menester
para proveer todas las cosas necesarias para la contratación de las Indias;
6
para enviar allá todo lo que conviniera; para recibir todas las mercaderías
e otras cosas que de allí se vendiese dello todo lo que hubiese de vender o
se enviase a vender e contratar a otras parte donde fuese necesario". Su
reglamento fue modificado por las Ordenanzas expedidas en Monzón en
1510 y toda la legislación referente a este organismo se imprimió en
1522.
Paralelamente a la Casa de la Contratación, en 1543 se crea en Sevilla
el Consulado de mercaderes, la Casa Lonja como la llamaban en los
antiguos documentos sevillanos, la Bolsa como la denominan los viajeros
de los siglos XVI-XVIII, o el Consulado como se le llamará en el siglo
XIX. Era una asociación comercial que protegía el comercio de la ciudad
contra los "no burgueses", que mermó algunas de las facultades a la Casa
de la Contratación.
El Consulado asumió una parte considerable de la jurisdicción civil sobre
sus miembros, que antes ejercía la Casa de Contratación. Hasta esa fecha,
los juicios y pleitos entre mercaderes se celebraban en la Casa, pero los
mercaderes, deseosos que se les reconociera su jurisdicción, solicitaron
permiso para constituir una asociación similar a la de Burgos o Valencia.
Sus principales ordenanzas son de 1556.
En el Consulado estaban representados todos los tratantes con Indias que
no fueran extranjeros ni dependientes o subordinados suyos. Sus ingresos
procedían de la avería o seguro marítimo, obligatoria para todo el que
llevase más de un año negociando o el que cargase en una o dos veces
mercancías por valor superior a 1.000 ducados.
Este impuesto o contribución permitía sufragar la organización de una
Armada que defendiera los buques del ataque corsario, en particular de
los franceses.
Como la piratería seguía siendo una continua amenaza para el comercio
con América, el Consulado consiguió una ordenanza real obligando a todos
los vasallos que marchaban o que venían de las Indias a que se uniesen a
la flota oficialmente organizada a este efecto.
Es decir,impuso el sistema de flotas, que sustitutía al llamado de navío
suelto. El uso de este recurso ya había sido experimentado por los
navegantes mediterráneos de la antigüedad, y seguía siendo utilizado
tanto ahí como en el Mar del Norte.
Entre 1585 y 1598 se construyó un magnífico edificio, junto a la fachada
sur de la Catedral, para alojar a esta institución de la Lonja de
mercaderes. ( Lo que en la actualidad se le llama el Archivo de Indias)
A medida que la estructura del comercio fue cambiando y Sevilla se dedicó
a exportar productos manufacturados, no fabricados en Andalucía, sino
traídos en su mayor parte desde el extranjero, los miembros del
Consulado sevillano fueron ejerciendo más que nada un negocio de
7
representación y comisión, en representación de todas las casas
mercantiles de Europa
El Consulado de Bilbao
El Consulado de Bilbao y sus ordenanzas. Ordenanzas manuscritas e
impresas. Casi desde su misma fundación a comienzos del siglo XIV,
Bilbao intentó absorber todo el comercio del Reino de Castilla con el norte
europeo. A finales de la siguiente centuria, se había convertido ya en la
plaza marítima más importante desde Bayona de Francia hasta Bayona de
Vigo, después de haberse sacudido de la tutela del emporio burgalés.
Y fue en Sevilla, un 22 de junio de 1511, cuando la Reina Doña Juana
marcaría esta nueva etapa en el porvenir de la villa, al otorgar mediante
una Real Cédula la fundación del Consulado bilbaíno. En ella se reproduce
la carta que había sido dada anteriormente por los Reyes Católicos para la
constitución del Consulado de la ciudad de Burgos, completándola con los
usos y costumbres que desde tiempos remotos tenían los mercaderes
bilbaínos.
La Universidad y Casa de Contratación de Bilbao gozó desde sus
principios de la facultad de hacer ordenanzas referidas a su propio
régimen, siempre que éstas fueran confirmadas por el Rey de Castilla.
Estas Ordenanzas determinaban las reglas por las que se debía regir la
Comunidad, regulando lo referente a las personas, actos e instituciones
mercantiles y al ejercicio de las acciones judiciales ante el Tribunal del
Consulado.
La jurisdicción concedida afectaba a los pleitos entre mercaderes,
factores y maeses de naves, mercaderías, compras, ventas, cambios,
seguros, cuentas, compañías, fletamentos y averías, siempre con el
objetivo de aligerar la resolución de conflictos para favorecer el comercio.
El Consulado de Bilbao, tuvo tres cuerpos de Ordenanzas, denominadas
por muchos tratadistas del Derecho como “primitivas”, “antiguas” y
“nuevas”.
Las llamadas “primitivas” son en realidad disposiciones aisladas e
inconexas. La primera Ordenanza es la de 11 de agosto de 1447 y está
transcrita literalmente en la Carta Ejecutoria del Rey D. Felipe II, de 2 de
abril de 1563. Se habla de unas ordenanzas de 1459 que no son conocidas
actualmente. Tras las ordenanzas de 1447, vinieron las de 1489, 1490 y
1517.
8
Las denominadas “antiguas”, confirmadas por Felipe II el 15 de
diciembre de 1560, constituyen un cuerpo de ley en 74 capítulos que
regulan aspectos variados, tales como las elecciones para cargos de la
Universidad, la administración de justicia consular e importantísimos
aspectos relacionados con el comercio.
A éstas le siguen las hechas por el Consulado el 22 de octubre de 1561
confirmadas el 15 de mayo de 1562 que estaban referidas a los “pilotos
lemanes”. El 10 de octubre de 1669 y el 7 de agosto de 1674, el
Consulado de Bilbao dictó algunas disposiciones de poca importancia
sobre letras de cambio y elecciones que fueron confirmadas por Carlos II.
Mucho más importantes que éstas, resultaron las Ordenanzas de 1675,
1687 y 1730, que versan sobre las letras de cambio, libranzas de
comercio, jurisdicción y elecciones y régimen de la Comunidad y
Casa de Contratación de la Villa, constituyendo ya una preparación de
las que se desarrollaron con posterioridad en el año 1737.
Las denominadas ordenanzas “nuevas” comenzaron a elaborarse por
Junta General del año 1725 para “determinación de los pleitos y
diferencias que se ofrecen en el Tribunal del Consulado, en punto de letras
y otras cosas de comercio y navegación”. En cumplimiento de este
acuerdo, el 4 de noviembre de 1730 se hicieron unas ordenanzas que tan
solo trataban del régimen de la comunidad. Ahora bien, estas ordenanzas
no satisfacían las aspiraciones de la Casa de Contratación, por lo que a
petición de la Junta General, se reunieron seis comisionados para recopilar
“las ordenanzas antecedentes” (15 de diciembre de 1560, 19 de
febrero de 1672, 28 de junio de 1675, 6 de marzo de 1677, 20 de julio de
1688 y 7 de mayo de 1731), dando lugar a las famosas “Ordenanzas de
la Ilustre Universidad y Casa de Contratación de la M.N. y M. L.
Villa de Bilbao”, que representan el momento culminante de toda la
actividad legislativa relativa al comercio de Bilbao en el siglo XVIII.
Aprobadas y confirmadas por Felipe V el 2 de diciembre de 1737,
estuvieron en vigor hasta la aprobación del Código de Comercio de 1829,
llevando la fama del Consulado de Bilbao y haciendo célebre el próspero
comercio bilbaíno en todo el mundo.