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Oraciones Segunda Parte

GUIA DE ORACIONES

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Décima estacién JESUS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS Llegados al lugar llamado Gélgota le dieron a beber a Jestis vino mezclado con hiel, pero él, habiéndolo probado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartie- ron sus vestidos a suertes (Mateo 27,33). Jesus termina de recorrer el camino que lo conduce hasta el lugar de su martirio final. Al llegar, es despojado de sus vestidu- ras ante la mirada angustiada e impotente de su madre. Jesus calla. No se queja ni se altera. Ha aceptado todo esto y por amor. Nosotros en cambio, a veces aceptamos el dolor con los labios y cuando llega nos asustamos y nos volvemos atras. Nos que- jamos, nos alteramos y ponemos el grito en el cielo. Jesus nos dice: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Sefior, cuando el dolor nos toque y nos despoje de nuestro egoismo y orgullo, que sepamos llenarnos de tu amor. 138 Undécima estacién JESUS ES CLAVADO EN LA CRUZ Cuando Ilegaron al lugar llamado Cal- vario, crucificaron alli a Jess y a dos malhechores, uno a la derecha y otro ala izquierda (Lucas 23,34). Ha llegado el momento mas doloroso de Cristo, ser clavado en la cruz. A pesar de todo el odio y el desprecio, Jesus encuen- tra palabras de perdén para los responsables de su muerte: “Padre, perdénalos, porque no saben lo que hacen”. Y para hacer mas palpable su perdén y amor nos regala a su Madre, para que ella nos guie hacia Dios. “He ahi a tu Madre”. Una herencia de perd6n y de amor. Cristo perdona, disculpa y dona lo mejor que tiene: su Santa Madre. No hay otro camino. El que ama de verdad, sabe perdonar, disculpat... Cristo perdond porque amo. Esa es nuestra vida si nos con- sideramos hijos de Dios, unos cristianos. Sefior, que tengamos el valor de saber perdonar siempre ya todos. 139 Duodécima estacién JESUS MUERE EN LA CRUZ Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrie- von la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipso y el velo del Templo se rasgo por en medio. Y Jesus, con fuerte voz dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espiritu”. Y al decir esto, expird (Lucas 23,44-46). Jesus finaliza su misién. Muere para sal- varnos, para quitar de nosotros la muerte eterna merecida por el pecado. Ahora, la muerte y el dolor se hacen llevaderos porque Cristo los vencid. Después de la cruz llega la gloria. El! dolor de Cristo nos redime, nos hace mas humanos y nos lleva a comprender mejor ¢1 misterio de Dios. Seftor, ayudanos a comprender que morir no es quedar muertos, sino vivir ple- namente. 140 Decimotercera estacion JESUS EN LOS BRAZOS DE MARIA SANTISIMA Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Ari- matea, ciudad judia, quien esperaba tam- bién el Reino de Dios, que no habia estado de acuerdo en la resolucion de ellos, en sus actos, fue aver a Pilato y le pidio el cuerpo de Jess. Después lo bajo, y lo amortajo en una sabana (Lucas 23, 50-53). Jesus es descolgado de la cruz. Maria lo recibe en sus brazos. El Hijo inocente muere para dar vida y salvar al hijo que estaba perdido. Cristo nos salva muriendo por nosotros. Maria acepta el dolor de reci- bir muerto a su Hijo. Y en su Hijo, nace- mos 0 volvemos a Vivir todos nosotros. Seftor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender y aamar a aquellos que estan lejos de nosotros. 141 Decimocuarta estacién JESUS ES PUESTO EN EL SEPULCRO José tomé el cuerpo de Jestis, lo envolvid en una sdbana limpia, y lo depositd en su propio sepulcro nuevo, que habia hecho cavar en la roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiré (Mateo 27, 59-60). Jess no tuvo ni siquiera un sepulcro dénde descansar. Necesité de sus amigos para que le prestaran una tumba. Alli fue enterrado esperando la gloriosa resurrec- cién, el final de todo camino doloroso. Pero Jesiis, como lo habia prometido, no se queda en la tumba fria. Resucita glorioso, dando asi un sentido de esperanza a toda muerte, Como Jesiis, no estamos condena- dos a permanecer muertos sino a vivir para siempre porque Cristo resucit6 y nosotros un dia también resucitaremos como él. Seftor, que no tengamos miedo de morir porque la muerte es un paso a la Vida que eres tt. 142 UNUA Cotauun LA RESURRECCION DE JESUS gPor qué buscdis entre los muertos al que vive? No esta aqui, ha resucitado (Lucas 24,5). “Cristo resucitado de entre los muertos ya no muere”. En la mafiana de Pascua, ia tristeza se ha tornado en alegria: para la Madre, para los discipulos, para todos nosotros los cristianos. “Si padecemos con Cristo, seremos glorificados con él”. “Jess ha Resucitado!” Que todos viva- mos intensamente este misterio pascual. Sefior, haz que conozcamos mejor a Jesucristo, que comprendamos su Resu- rreccion, que participemos de sus dolores e imitemos su muerte para llegar un diaa vivir eternamente con él. 143 Oracién final Sefior, hemos llegado al final de este camino doloroso que Tu recorriste. No sabemos, Sefior, si admirar mas tus dolo- res o el grande amor que has tenido con nosotros los hombres. Ta nos conoces. Sabes cémo somos. Ti conoces el camino que llevamos recorrido. Ta ves nuestros esfuerzos por querer hacer el bien a pesar de nuestras debilidades. Sélo queremos decirte una cosa: En nuestro Via Crucis necesitamos contar contigo. Queremos ser fieles a la voluntad de Dios sobre cada uno de nosotros. Aceptamnos las alegrias y las cruces que nos ofreces, pero bien sabes que solos nada podemos. Sefior, queremos que ti cuentes con nosotros. Pero sobre todas las cosas quere- mos r contigo, Sefior. Y queremos recordar las palabras de tu Evangelio: “No busquéis entre los muer- tos al que esta vivo”. No busquemos en el pasado lo que debemos construir para el future. Te lo pedimos por los dolores de tu Madre la Virgen Maria. Amén. 144 Oracién a Jesucristo crucimcaue Mirame, mi amado y buen Jess, pos- trado en tu presencia. Te ruego con el mayor fervor imprimas en mi vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad; verdadero dolor de mis pecados, propésito firmisimo de jamas ofenderte; mientras yo, con todo el amor y compa- sién de que soy capaz, contemplo tus cinco Ilagas, viendo lo que decia por ti el profeta David: “Jan taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”. Oraci6n a la santa Cruz Por los caminos en que penamos, jqué paz se siente, Sefior, Dios mio, cuando avistamos tu santa Cruz! Cuando las altas cumbres pisamos, siempre sabemos, Sefior, Dios mio, que encontraremos tu santa Cruz. Mas cuando al cielo, por fin, vayamos, entre esplendores, Sefior, Dios mio, comprenderemos tu santa Cruz. (L. Asragon) 145 Oracién a Cristo doliente No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Ta me mueves, Sefior, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme el ver tu cuerpo tan herido, muévanme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera. : No me tienes que dar porque te quiera; pues, aunque cuanto espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Amén. (Fray Miguel de Guevara) Promesas del Sagrado Corazén de Jess para quienes viven su espiritualidad |. Les daré todas las gracias necesarias a su estado. 2.Daré paz a sus familias. 3.Los consolaré en todas sus aflicciones. 146 4. Seré refugio seguro durante la vida y principalmente a la hora de la muerte. 5. Hallaran las bendiciones del cielo en todas sus empresas. 6. Los pecadores hallaran en mi Corazon el manantial y el océano infinito de la misericordia. 7. Las almas tibias se haran fervorosas. 8. Las almas fervorosas se elevaran rapi- damente a la mas alta perfeccién. 9. Bendeciré los sitios en que sea vene- rada la Imagen de mi Divino Corazon. 10.Daré a los sacerdotes el don de mover los corazones mas empedernidos. ll. Las personas que propaguen esta devocién, tendran escrito su nombre en mi Corazon y no sera borrado jamas. \2.Te prometo, en la excesiva misericor- dia de mi Coraz6n, que su amor omnipo- tente concedera a todos los que comuiguen nueve primeros viernes del mes seguidos, la gracia de la penitencia final; no moriran en mi desgracia y sin haber recibido los sacramentos: mi Corazon sera su asilo en el ultimo momento. 147

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