Ella habita y mora en la peña, en la cumbre del peñasco y de la roca.
Desde allá asecha la
presa; sus ojos observan de muy lejos.» (Job 39:28-29).
El águila, un ave de gran tamaño, posee un pico en forma de gancho y patas cortas,
ocasionalmente emplumadas como las águilas doradas y calvas. Estas características le
permiten agarrar y matar a su presa con facilidad. Además, su belleza imponente y nobleza la
han convertido en un símbolo y emblema de naciones desde tiempos antiguos.
Los ojos del águila, grandes y a cubrir un tercio de su área craneal, limitan su capacidad de
movimiento, por lo que mueve constantemente su cabeza en diferentes posiciones. Su visión
binocular y monocular le proporciona una mirada aguda y profunda, lo que ha originado la
expresión "Mirada de águila" para describir a personas observadoras.
Con un doble párpado, el águila se asegura de proteger sus ojos durante el vuelo y al alimentar
a sus crías. Cuida rigurosamente su visión, ya que depende de ella para sobrevivir.
El águila tiene una visión excepcional que le permite localizar presas desde una gran altura.
Con su aguja visual, puede identificar animales pequeños a kilómetros de distancia y lanzarse
en picada a velocidades impresionantes para atraparlos.
En el ámbito humano, las personas con visión de águila tienen la capacidad de ver soluciones
en lugar de problemas. A menudo enfrentan obstáculos y fracasos, pero persisten y se aferran
a su visión, superando resistencias y críticas.
Estos individuos se centran en lo que es importante, enfocándose en su crecimiento espiritual,
objetivos claros, y son persistentes en su búsqueda de metas. Su clara visión les guía hacia una
vida plena y exitosa.
Como el águila, los creyentes no se alimentan de lo corrupto, sino que buscan lo que está vivo
y les alimenta espiritualmente. Asimismo, se sumergen en la Palabra de Dios, se llenan del
poder del Espíritu Santo y se esfuerzan por vivir una vida santa y agradable a Dios.
Al igual que el águila renueva su nido y cría a sus aguiluchos para volar, los creyentes deben
fortalecer su fe, enfrentar desafíos y crecer en madurez espiritual, confiando en el poder
divino.
En resumen, la visión del águila nos enseña a elevarnos por encima de las circunstancias,
renovar nuestras fuerzas y persistir en la búsqueda de una vida espiritual plena. Así como el
águila se eleva a alturas impresionantes, los creyentes deben buscar las cosas de arriba y
confiar en Dios para alcanzar la plenitud en sus vidas.
Espero que esta redacción corregida sea de utilidad. Si necesitas más ayuda, no dudes en
pedirla.
Por lo general, el águila construye su nido para siempre. Puede ser que construya algún otro
por razones de supervivencia, pero a su nido lo cuida, lo mantiene y lo renueva, ya que es muy
importante. Como dije, en él nacerán sus aguiluchos y allí los criará, les enseñará a desarrollar
sus instintos básicos para sobrevivir y cuando ya estén listos, los padres tomarán la decisión de
hacerlos salir a afrontar el espacio. A veces, Dios tiene que emplear situaciones especiales para
que los hijos inmaduros desarrollen su madurez, venzan sus temores y apliquen la fe que dicen
tener.
Pablo dice en 2 Timoteo 1:7 que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor
y dominio propio. Los aguiluchos no pueden estar toda la vida en el nido; y cuando tengan que
abandonarlo, lo harán con el permiso de sus padres, pues es peligroso abandonar el nido antes
de tiempo sin el apoyo de quienes están a carga.
Como ya lo señalé, otra enseñanza interesante que podemos extraer del estilo de vida de las
águilas es que son monógamas, es decir que no comparten su nido sino solo con su pareja.
¡Hermoso ejemplo en este tiempo tan confuso que se vive hoy! En Hebreos 13:4 dice:
“Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios ya los
adúlteros los juzgará Dios”. Los creyentes también son monógamos. Se casan, se unen como
marido y mujer, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separa. El amor de águila
no cree en el divorcio. El gallo tiene ojos para todas las gallinas y todas las gallinas se pelean
por el mismo gallo, pero el águila macho y la hembra, tienen ojos sólo el uno para el otro. Su
instinto de apareamiento, les lleva a esa unión de por vida. Es necesario que los cristianos
imiten a las águilas en este aspecto, y así honren a Dios ya sus respectivos cónyuges.
En cuanto a los más jóvenes, lo natural es que cada aguilucho crece y se transforma en un
águila madura. Pero, ¿por qué hay tantos creyentes que se contentan toda su vida siendo
aguiluchos? De alguna manera su actitud va contra la naturaleza, siempre dependiendo de los
demás, de que le den la comida espiritual, de que oren por él, que lo comprendan, que le
tengan lástima. Hermano, amigo, si eres hijo de Dios, ¿estás creciendo en tu vida espiritual,
para poder brindar a otros tu vida? ¿Es tiempo de que comiences a participar activamente en
tu iglesia pero tienes temores? Deja que tu buen Padre celestial complete su obra en ti y
cuando te empuje a servir, obedécele con fe.
Pero tal vez en este momento te estés preguntando de qué se trata esto de “ser un águila”; no
lo entiendes muy bien, pero de lo que sí te das cuenta es de que hasta hoy solo te arrastras
desesperado por el mundo buscando una falsa ayuda prometida. Deja de mirar abajo, al suelo,
donde no hay esperanza, y empieza a mirar hacia arriba, a Jesucristo. Él te elevará por encima
de las circunstancias, te dará la vida, esperanza, seguridad, y lo más importante de todo: Él
tiene la salvación que todos los humanos necesitamos. ¡Recurre a Jesucristo en esta misma
hora!
Como las águilas (Isaías 40:31)
Dios nos compara con las águilas. El águila es un ave muy particular. Tiene la capacidad de
volar y anidar en las alturas. Su vuelo es majestuoso y sublime por encima de todas las cosas.
Su visión aguda le permite ver más allá de lo ordinario. Dios nos da la capacidad de levantar
alas como las águilas, dice Isaías. Eso implica elevarnos por encima de las dificultades y esperar
en Él. “Los que esperan a Jehová”. (Isaías 40:31)
El águila enfrenta, en un momento de su vida, la decisión de seguir viviendo o de entregarse a
una muerte agónica. El ave debe enfrentar su rejuvenecimiento. (Salmo 103:5) Este proceso es
difícil y doloroso. Se esconde en el hueco de algún peñasco y allí comienza a sacarse con su
pico y garras las plumas envejecidas y pesadas, que son un último para realizar vuelos. Luego,
con su pico, se arrancan las garras desgastadas y sin poder de agarre. Finaliza su proceso
golpeándose contra la peña para sacarse el pico viejo y desafilado.
En este estado de vulnerabilidad, la confianza absoluta en su creador es su única opción. Pocos
días después, comienzan a crecerle nuevas, livianas y muy delicadas plumas. Sus garras
también se renuevan, y finalmente, le crece un nuevo, poderoso y afilado pico.
Si pudiéramos preguntarle cómo se siente, seguramente se quejaría del dolor que le causa
todo ese proceso. Hablaría del hambre que está experimentando al no poder cazar y
expresaría lo solo que se siente y lo lejos que está de su propósito. Pero, a pesar de todo, él
sabe que al finalizar este proceso recuperará su vigor y podrá realizar nuevamente esos vuelos
únicos y magistrales. Sabe que las cacerías asombrosas que lo caracterizan volverán. Sabe que
tendrá nuevas fuerzas.
Dios diseñó el sufrimiento para rejuvenecernos. Al esperarlo a Él, la prueba se transforma en
nuestro rejuvenecimiento. Nuevas fuerzas vendrán a los que esperan a Jehová; Se levantarán
alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán. El dolor, la
soledad, el hambre y el despropósito son reales, pero el rejuvenecimiento es el objetivo divino.
Dios siempre gana, y
aunque el Diablo quiera destruirte, Dios quiere que levantes alas como el águila y vueles aún
más alto. Quiere que andes en las alturas que Él diseñó para ti. ¡No le temas a los problemas,
solo suceden para rejuvenecerte!
Dios nos llama a los lugares altos de victoria y milagros. Cuántas veces hemos escuchado que
tenemos que ser como las águilas. Situaciones parecidas nos suceden a lo largo de la vida. Hay
momentos en los que parece que hemos dado en nuestro trabajo, familia y comunidad todo lo
que teníamos, y parece como si hubiéramos agotado nuestra creatividad y que ya no tenemos
nada más que aportar. Nuestra vida suele verso gris y envejecida. ¡Estamos en un punto de
quietud! O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir.
La transformación exige, primero, hacer un alto en el camino; Tenemos que resguardarnos por
algún tiempo. Mirar hacia adentro y comenzar un proceso de renovación. Solo así podremos
desprendernos de esas viejas uñas y plumas para continuar un vuelo de renacimiento y de
victoria.
¿Y cuáles son esas plumas y uñas de las que tenemos que desprendernos? Pues cada uno
puede identificarlas fácilmente en sus vidas: son aquellas actitudes, vicios y costumbres que
nos impiden el cambio, que nos atan al pasado, a la mediocridad, a la falta de ánimo para
empezar la lucha. En otros casos, pueden ser resentimientos, complejos, baja o alta
autoestima que nos nublan la vista y la capacidad de desear objetivos con nosotros mismos.
Debemos desprendernos de costumbres, tradiciones, recuerdos que nos causan dolor.
Solamente libres del peso del pasado podremos aprovechar el resultado valioso que una
renovación siempre trae.
En esta hora vengo a decirte que no desmayes en estos caminos, espera en Dios y tendrás
nuevas fuerzas, espera en Dios y levantarás alas espirituales como el águila, espera en Dios y
podrás correr física y espiritualmente y no te cansarás. Espera en Dios y no te fatigarás. “Pero
los que esperan en el SEÑOR tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (Isaías 40:31).
No importa lo grande que sean tus problemas, no importa lo grande que sea tu enfermedad,
no importa cuán grande sea esa dificultad familiar, espera en nuestro Dios. Estarás
“LEVANTANDO ALAS”, y Él te pondrá por encima de los problemas. Dios te guarde.
Dios ayúdanos a renovarnos día tras día ya ser tan valientes como las águilas.
Un águila no quiere ser "rey de las aves", ni emblema nacional, ni "destructor del mal", ni
ejemplo o signo. Un águila simplemente es águila. Y pasa su vida haciendo lo que hacen las
águilas: vuela, busca comida, caza, busca una pareja, tiene descendencia, la cuida… No se anda
preocupando por si el águila del risco vecino tiene un nido más grande o si está cenando
venado. Es más, el águila no se preocupa. Simplemente reacciona instintivamente ante los
estímulos del medio. Y ahí está el "problema": el ser humano no puede simplemente
reaccionar instintivamente ante los estímulos del medio. Debe hacerlo en función de las reglas
sociales del grupo al que pertenece