0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 236 vistas41 páginasUn Esqueleto en Vacaciones
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Un esqueleto
en vacaciones
Ana Maria del RioUn esqueleto
en vacaciones
Ana Maria del Rio
ustrachones de
Fabiola Solana
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ee.
0) Moy in a ae
Oeifie ale Calor
LS.BIN2 974-958-12-7933-2,
2 edicain: junio 2012
Obras Srecgiakes
[Link].: 978-956-12-2344-9,
3" edicitw: juno de 2002.
dreccian editorial: lost Manel Enact.
Ofrenci¢n ae arte: Joan Manuel Meira.
Oireceién ade pradveciin: Franco Giordana.
©2011 por Ana Marla de] Rie Corea.
Tnseripchia N° 208742. Saritiage de Chile.
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Santiago de Chile
= Un esqueleto en vacaciones
Pag. 7
= Blu
Pag. 63Un esqueleto
en vacacionesUn esqueleto en vacaciones
-
FE ase un esqueleto que se llamaba
Ostos. Era de verdad y estaba hecho de
huesos de verdad.
Ostos vivia en el laboratorio de un gran
colegio antiguo, en las afueras de la ciudad.
Se mantenia en pie, afirmado por un largo
tubo de metal y una especie de cordel muy
delgado y resistente, que sostenia unidos
todos sus hucsos. Ostos encontraba que
lo del tubo era muy tonto, puesto que él
podia perfectamente mantenerse en pie,
pero todos parecian encontrar muy naturalAna Maria dal Rio
que un esqueleto estuviera ahi, atado al
tubo, como una marioneta.
Ostos vivia entre frascos de cristal
muy grandes, probetas, tubos de ensayo,
alambiques, retortas y muchas sustancias
quimicas. Cuando estaba demasiado abu-
rrido, Ostos se desamatraba del tubo que
lo sostenia y caminabaFhe eee er ned ed ee ed eee
_No se lo habia dicho a nadie, pero sabia
caminar perfectamente, Le gustaba mucho
dar caminatas en las noches por los corre-
dores del colegio, muy anchos. Entraba a
las salas de clase. Primero se paraba en
el lugar del profesor. Luego se sentaba
~ en los escritorios, pintados con nombres
y corazones. ¥ luego, con el pasar de las
horas, a veces se iba quedando dormido
sobre el pupitre.
Lo que le gustaba era mirar el laborato-
rio. Habia grandes mesones altos, Ilenos
de tubos y retortas de vidrio, liquidos de
colores en diversos recipientes, lavatorios,
llaves de largo cuello, como jirafas; y mas
alla, quietos y silenciosos, se hallaban unos
pequenos cuadrupedos embalsamados: un
pudu, un huemul y dos pequefios halcones
chilenos. Animales de Chile en extincién,
decia un letrero.
Ostos se aburria un poco, encerrado todo
el dia entre seres tan silenciosos, y rodeado
de paredes de madera oscura, muy inglesa,
ra naieinrialeaidei RRP belie gir cesiaiihi in ee
et A ee etn psn
[etn ti one te te
Un esqueleto en vacaciones
porque era un colegio inglés, Habia olor a
encierro y a tiempo que no pasaba.
Pero cuando mas se aburria Ostos era
cuando se acercaban las vacaciones de
verano. Al llegar diciembre, los nifios
del colegio se iban poniendo mas y mas
felices y sacaban la cuenta con los dedos
de cuantos dias faltaban para salir de va-
caciones. Entretanto Ostos, el esqueleto,
se iba poniendo mas y mas triste, porque
sabia que pasaria todas las vacaciones solo,
encerrado en el laboratorio de paredes de
madera oscura, entre los tubos de ensayo
y aquellos animales quietos como estatuas.
Muy solo
A veces, en las noches, Ostos se tendia
en las mesas del laboratorio cuan largo
era, y era muy largo. Y se quedaba dormido
ahi, sobre los mesones duros. Fl no nece-
sitaba colch6n, porque era de puro hueso.Ana Maria del Ria
Luego, cuando despertaba, paseaba entre
los armarios con animales disecados y a
veces, de puro aburrido, dejaba correr las
llaves de los inmensos lavatorios con Ilaves
de largo cuello, como jirafas. Se armaban
inundaciones, como pequefos lagos dentro
del laboratorio, que luego se secaban solos
en la calurosa soledad de las vacaciones
de verano.
Ese aio, como todos los afios, llegé di-
clembre y los nifios se fueron a vacaciones,
Se despidieron alegremente de Ostos, es-
trechandole su huesuda mano y diciéndole
“Hasta marzo!”, y riendo.
Ostos se quedé solo en la oscuridad del
laboratorio, paseandose de alto a bajo, por
entre los polvorientos estantes y retortas.
De repente se detuvo. Se le habia ocu-
trido una idea.
14Ana Maria del Rio
aba ccee cr nbd beeen rend bebo ee ree
La decisién
Esta vez, decidid, él no se quedaria toda
lateado en el:laboratorio durante las va-
caciones, bostezando y sacando la cuenta
con los dedos de cuanto faltaba para que
llegara marzo.
Esta vez, él, el esqueleto Ostos, saldria
a vacaciones.
Cuando lo decidié se puso muy contento.
En puntillas fue al guardarropa ¥ sacé un
abrigo de pelo de camello que se le habia
quedado a un profesor francés de cien-
cias, distraido y friolento. Luego sacé un
sombrero, que habia perdido el profesor
de musica, un curioso sombrero de copa.
Pero habia un problema. on
Para salir a vacaciones hace falta dinero,
Todos los nifios comentaban que salir de
vacaciones era muy caro. Ostos se quedé
pensando.
¥ luego, se le ocurrié otra idea. Fue a la
sala de historia también en puntillas. Abrié
la tapa de cristal del armario de muestras
16
Se ee el eee etn nr
Un esquetete en vacaciones
histéricas y sacé algunas monedas muy
antiguas, que tenian dibujada la cabeza
de gente, como emperadores y cosas asi.
Ya estaba solucionada la cuestion dinero,
penso.
Sabia que no estaba muy bien lo de sacar
dinero sin permiso, pero él necesitaba con
urgencia salir a vacaciones. Cuando estu-
viera por volver al colegio, pensd, venderia
el abrigo y devolveria el dinero.
Dejo todas sus cosas listas. Partiria al dia
siguiente, al alba.
Esa noche, casi no pudo dormir. Miraba
la luna, con los ojos abiertos, pensando en
que era la primera vez que salia a vacacio-
nes en su vida.
Esa mafiana muy temprano, Ostos camino
hacia el parton del colegio. Iba con su abrigo
y su sombrero de copa. En ese momento,
se dio cuenta del segundo problema.
17teeter ee Ed EE Raa ha hee hee ee
No tenia zapates
Fens6 un momento y encontré la solucién.
Dio media vuelta y entré al gimnasio. Alli
se fue al armario de las cosas perdidas y
seleccioné un par de zapatillas olvidadas.
Luego se miré en un espejo grande, que
habia en la sala de disfraces. 5e veia un
poco raro, con abrigo, sombrero de copa
y zapatillas, pero peor era salir a hueso
pelado. ¥Y muy contento, salié del colegio
y comenzo sus vacaciones.
Olor a aire fresco
Ostos iba feliz. Habian comenzado sus
vacaciones. Las primeras que tomaba en
su vida. Por donde pasaba, sentia el olor a
aire fresco, muy distinto del olor a encierro
del colegio. También veia un sol brillante,
amarillo, como en los dibujos que hacian
los ninos a vuelta de vacaciones. Todo
estaba lleno de flores y abejas y eucaliptus
Un esquelate en vacaciones
y alamos y pinos llenos de agujas verdes.
Ostos respir6é a pleno costillar.
A poco andar, llegé a la ciudad. Se Ila-
maba Santiago de Chile y estaba Ilena de
calles y de gente.
Al comienzo, la gente lo miraba por las
calles, extranada de verlo con abrigo, tan
abrigado en pleno verano. Pero Ostos iba
muy digno y serio y después se acostum-
braron y no lo miraron tanto.
Alentrar en Santiago, al comienzo, Ostos
se quedd con la boca abierta. Habia casas
inmensas, con cientos de ventanas, todas
iguales. Habia puentes gigantescos y bajo
ellos, en vez de agua, corria un rio de autos
y mas autos. Eran carreteras y edificios,
solo que Ostos no los conocia. Habia gente
por miles en la ciudad. Gente apuradisima,
corriendo por las calles. Gente gordisima,
con los huesos muy por debajo de la carne.
Gente enojadisima, almorzando a toda ca-
rrera, gente gesticulando, gente bostezando,
Horando, riendo, viviendo a toda carrera.
19Entonces, Ostos lleg6 ala Plaza de Armas
y se senté en uno de los bancos. Ahi nadie
lo miraba. Habia mucha gente parecida a
él, con abrigo y sombrero. Habia muchos
viejitos jugando partidos de ajedrez en
tableros de madera, entonando valses y
marchas militares muy ceremoniosas y
solemnes,
Ostos pased por la plaza y entré a la cate-
dral. Un lustrabotas le, miré las zapatillas y
meneé la cabeza. No era un cliente. Las za-
patillas no se lustraban. Adentro Ostos miré
durante mucho rato los vitrales y las inmensas
columnas y techos pintados, que parecian
un cielo de verdad alla a lo lejos. Miré hacia
arriba, hasta que le dio hambre, y entonces
se acordé de que no habia almorzado.
71Ana Maria del Rio
CT 6 see ed eo 6 hoe oo ees hoee eee
~ Entré en una farmacia. Lo miraron un
poco raro cuando pidio un sobre de calcio,
Siempre Ostos habia almorzado eso. Era
lo unico que necesitaba para su cuerpo de
esqueleto. Cuando Ostos pagé con una de
las monedas antiguas, el cajero, distraido,
la guardo en el cajén de la maquina regis-
-tradora, que se cerré automaticamente al
expedir la boleta. Ostos se eché el calcio
de un golpe por el créneo para adentro y
se sintié teanimado. ;Qué haria ahora?
El hotel
Ostos miraba a todos lados. Se dio cuenta
de que se hallaba de vacaciones en una
ciudad en la que todos pasaban corriendo
cerca de él, sin hablarle, sin mirarlo, sin
detenerse un solo segundo. El no existia
para nadie.
A-veces, un grupo de gente era detenido
por la luz roja de un semaforo. Todos se
22
Un esqualeto en vacaciones
detenian y miraban el celular o el diario.
Pero nadie miraba a nadie. Toda la gente
andaba muy rapido, sin siquiera respirar,
como si el mundo se estuviera acabando.
Poco a poco, cayé la tarde en la ciudad.
Ostos comenzé a preocuparse. ;Dénde
dormiria? Entré a un hotel y se sacé el som-
brero. Al verlo, la sefiorita de la recepcién
lanz6 un grito horroroso y cayé desmayada.
Asustado, Ostos sali, apurado, alejandose
de ahi, antes que alguien llegara.
Después de caminar un rato, pensando,
Ostos, algo cansado, entré en otro hotel
del centro. En este habia un empleado,
un joven chasc6n que comia chicle con
una rapidez increible y hacia unos globos
como nubarrones rosados, que le tapaban
la cara completa.
~Quiero una pieza —dijo Ostos, cortés-
mente. El] otro no contestd.
—Quiero una pieza —repitis.
—Carnet —dijo el joven, sin dejar de hacer
globos con su chicle.Ana Maria del Rio
~{ Qué? ~dijo Ostos.
—Carnet -repitié el joven—, Sin carnet no
hay pieza. Ademas, no se admiten disfra-
zados —afadio. Abrio el diario y su globo
desaparecié detras de los titulares.
-No estoy disfrazado —dijo Ostos.
El joven no contesté, Ostos se dio cuenta
de que no le daria ninguna pieza, aunque
le pagara todas las monedas antiguas de
la coleceién del colegio.
valio del hotel y se percaté entonces que
no era como los demas. Su aspecto era raro
y habia hecho desmayarse a la senorita del
hotel.
Sin saber qué hacer, Ostos caminé mucho
rato por calles, aceras, veredas, pasajes y
avenidas de la gran ciudad.
Echaba de menos el colegio. A esta hora,
él ya se estaba arrimando a la pared de los
mapas, donde se acurrucaba para dormir.
Echaba de menos a los nifios, cuando
iban entrando al laboratorio, a clase de
ciencias. Entraban en grupos, riendo. Le
24
Un esqueleto en vacaciones
daban la mano y le decian: “Hola Ostos,
como estas viejo amigo”.
Y lo empujaban un poco, haciéndolo
bambolearse.
Les encantaba comentar:
-iTe imaginas que Ostos saliera cami-
nando un dia?
—Uh, seria fantastico, pero es solo un
esqueleto de colegio.
Si me vieran ahora, pens6 Ostos, son-
rienda.
Aqui en la ciudad nadie le decia* Ostos,
viejo amigo”. Nadie le decia nada, en rea-
lidad.
La neche
Cay6 la noche y Ostos comenz6 a tener
frio. Soplaba un aire helado. Estaba acos-
tumbrado al laboratorio del colegio, donde
nunca sentia frio, gracias a la madera de
caoba oscura que cubria las paredes.
Pi). Te Ai
Sa A
Ana Maria del Ria
Ostos camino y caminé hasta que sus
rotulas y los huesitos de sus brazos crujieron
como maquinas en desuso,
—Me estoy cansando mucho -se dijo-.
Estas no son las vacaciones que yo espe-
taba. Muerto de cansancio, helado de frio,
sin un lugar para pasar la noche.
Entonces llegs hasta las rejas de un parque
sumergido en la oscuridad. Por supuesto,
el parque estaba cerrado, pero a Ostos no
le importé. El era tan flaquito, que cabia
por entre los barrotes de cualquier reja, por
estrecha que esta fuera. Pas6 al otro lado.
Entonces, ante los ojos, es decir, ante las
cuencas de los ojos maravillados de Ostos,
se abrid un mundo encantado, que no habia
visto jamas.
Un barco pirata vacio se balanceaba len-
tamente bajo la plateada luz de la noche.
Ostos se acercé despacio, maravillado.
Y¥ lentamente se subidé al barco. No habia
nadie. Solo la luz de la luna.
26Ana Maria del Rho
Un asqueiete en vacaciones
i | oc 4: ==
El barco empezé a navegar por el aire,
balanceandose lentamente, con Ostos en
la punta de la proa, afirmado con los hue-
sos de sus manos en el timdén de madera,
mirando, mirando hacia la noche oscura,
oscura como las mismas cuencas de sus ojos.
Parecia que iba sobre el mar de la noche.
—Qué fantastico —dijo Ostos en voz alta,
en medio del barco.
Y pens6 que recién entonces habjan co-
menzado sus vacaciones. Sus verdaderas
vacaciones en la noche bajo la luz de la luna.
De pronto el barco pirata se detuvo ¥
Ostos salté a tierra, Siguid caminando por
el camino de maicillo blanco de los sende-
ros de aquel parque nocturno, en busca de
mas maravillas.
Llegé hasta un artefacto muy extrafio,
que se levantaba en medio de los arboles,
Parecia una montafia, pero no era una
montana. Parecia un camino encabritado
de rieles por una montaiia. En el centro, un
gtueso arbol de metal sostenia la armazén,
Mirado de lejos, parecia el esqueleto de un
animal prehistorico, pensd Ostos, que co-
nocia los animales prehistoricos muy bien,
porque se sabia de memoria las laminas que
habia de ellos en el laboratorio del colegio.
Ostos se acerco interesado y lo tocd. No.
No era el esqueleta de un animal prehis-
torico. No era de hueso. Era de todo un
poco: montana, camino encabritado, riel,
Arbol, esqueleto.
La seferita Taisa
Ostos trepd a aquella armazon de metal.
En lo alto habia un carro rojo de dos asien-
tos, parado justo en la cumbre de aquella
extrafia montana, con las ruedas sobre el
estrecho riel.
Ostos se sento en el carrito rojo. Y en-
tonces sucedio aleo muy extrano. Ostos
mirdé el asiento vacio que habia a su lado.
Y¥ de pronto se sintié muy solo y le dio un
29Ana Maria del Rio
poco de pena. Estaba solo, de vacaciones.
No tenia a nadie en el mundo que fuera
parecido a él. Ni siquiera un poco.
Records lo que le habia sucedido en
el colegio el afio pasado, con la sefiorita
Taisa Bailova, la delgadisima profesora de
ballet clasico. Ostos se habia enamorado
de ella a pesar de que todos decian que la
senorita Taisa no era bonita. Pero Ostos la
encontraba preciosa.
—-Es tan flaca, que parece un esqueleta
—decian los nifios.
Por eso mismo, Ostos la encontraba
lindisima. Casi sin carne, con sus huesas
rusos de bailarina rusa, la senorita Taisa se
deslizaba como un trompo por el gimnasio,
bailando con su delgadisima cintura como
una mariposa girando a gran velocidad,
Ostos habia sofiado varias noches que
bailaba con ella, los dos, solos en un gran
teatro ruso, un gran pas de dewx, como decia
la senorita Taisa.Y al terminar los aplaudian
mucho y la senorita Taisa se enamoraba
32
4
Un esquelete en vacaciones
de él y los dos se iban en gira por el mun-
do, arropados en gruesos abrigos de pelo
de fu y manguitos de vis6én, recorriendo
grandes ciudades y viendo a emperadores
y¥ presidentes.
Pero una vez, la senorita Taisa habia e
entrado al laboratorio a buscar un puntero
para corregir las posturas de los pies de
sus alummnos. Ostos se atrevid, entonces, y
dio unos pasos hacia ella, con los brazos
abiertos para invitarla a bailar y cumplir
su sueno. Ojala no se hubiera atrevido. La
sefiorita laisa se asusto mucho cuando vio
venir hacia ella al esqueleto del laboratorio
con los brazos abiertos y sonriendo. Salida
huyendo y gritando que el esqueleto la
habia atacado. Los profesores la miraron
y cuando la sefiorita Taisa explico lo que
habia pasado, la creyeron loca.
Los nifios, riendo, trataron de explicarle
a la senorita Taisa que Ostos la amaba y la
admiraba mucho y que solo habia querido
invitarla a bailar.
33Un esquelote en vecadones
= Anvitarme a bailar un esqueleto que ni
“iquiera tiene corazon? —chillé la sefiorita
“Taisa—. 2A mi, la prima ballerina del Teatro
e Municipal de Vladivostok? Y se fue muy
digna del colegio, dando un portazo y
diciendo que todo aquello era una falta de
respeto con el arte de la danza.
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