DOLLY AMPARO CAGUASANGO VILLOTA
Magistrada ponente
SL1462-2023
Radicación n.° 68397
Acta 21
Bogotá, D. C., veintiuno (21) de junio de dos mil
veintitrés (2023).
La Sala decide los recursos de casación formulados
por AGUAS DEL HUILA S. A. ESP y por los demandantes
LINDA SARID ALARCÓN ARTUNDUAGA representada
legalmente por Natali Artunduaga Vega; RUBY SANDOVAL
SOLIS en nombre propio y en representación de sus hijos
CRISTIAN ENRIQUE, YULY VANESSA y MICHELLE
DAYANNA ZAMBRANO SANDOVAL; LUZ YANETH
HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, en nombre propio y en
representación de sus hijos JESÚS ALBERTO, CRISTIAN
ANDRÉS, YOJAN y DERLY DAYANA DAZA HERNÁNDEZ y
FARID RICARDO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ; INÉS TOLEDO
ORTÍZ y REINALDO VACA CUELLAR; y EXILDA
PENAGOS TOVAR en nombre propio y en representación de
sus hijos LUIS ERNEY, EDNA YULIETH y ROSA ICELA
TRUJILLO PENAGOS contra la sentencia proferida por la
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Sala Laboral de Descongestión del Tribunal Superior de Cali
el 29 de noviembre de 2013, en el proceso ordinario laboral
seguido por los recurrentes y MARÍA DE JESÚS ALARCÓN
contra LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA y el
CONSORCIO RP 2006; y solidariamente contra HÉCTOR
WILLIAM ROJAS DURÁN y LEONEL RAÚL POVEDA
HERNÁNDEZ, en calidad de socios del CONSORCIO RP
2006, la CORPORACIÓN AUTÓNOMA REGIONAL DEL
ALTO MAGDALENA, el DEPARTAMENTO DEL HUILA, el
MUNICIPIO DE SUAZA y la entidad también recurrente.
Trámite al que se vinculó como llamada en garantía a la
COMPAÑÍA ASEGURADORA DE FIANZAS CONFIANZA
S.A.
I. ANTECEDENTES
Las siguientes personas llamaron a juicio a los
demandados a través de diferentes procesos, así:
i) Natali Artunduaga Vega en nombre y en
representación de la menor Linda Sarid Alarcón
Artunduaga, en calidad de causahabiente de Rafael Antonio
Alarcón Oviedo. (2008-00355); ii) María de Jesús Alarcón,
como causahabiente de Rafael Antonio Alarcón Oviedo.
(2009-0068); iii) Luz Yaneth Hernández Sánchez en nombre
propio y en representación de los menores Jesús Alberto,
Cristian Andrés, Yojan, Derly Dayana Daza Hernández y
Farid Ricardo Hernández Sánchez como beneficiarios de
Jesús Gregorio Daza. (2008-00382); iv) Inés Toledo Ortiz y
Reinaldo Vaca Cuellar, causahabientes de Jorge Luis Vaca
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Toledo. (2008-00343); v) Ruby Sandoval Solis en nombre
propio y en representación de los menores Cristian Enrique,
Yuly y Michelle Zambrano Sandoval causahabientes de Luis
Carlos Zambrano Perdomo (2008-00478) y, vi) Exilda
Penagos Tovar en nombre propio y en representación de los
menores Luis Erney, Edna Yulieth y Rosa Icela Trujillo
Penagos beneficiarios de Dumar Trujillo Núñez (2008-
00360).
Cada grupo de causahabientes presentó demanda de
manera separada. Mediante auto del 5 de abril de 2010, el
Juzgado Primero Laboral de Neiva dispuso acumular al
proceso 2008-355, los procesos radicados bajo los números
2009-068, 2008-382, 2008-343, 2008-478 y 2008-360,
adelantados por los demás demandantes ya referidos, en
contra de las mismas demandadas (folio 665 y 666 cuad.
4).
Igualmente, cada uno de los accionantes solicitó que
se declare que entre los causantes Rafael Antonio Alarcón
Oviedo, Jesús Gregorio Daza, Jorge Luis Vaca Toledo, Luis
Carlos Zambrano Perdomo, Dumar Trujillo Núñez y el
demandado Luis Erney Castro Valenzuela existió un
contrato de trabajo, que terminó por la muerte de los
trabajadores el 25 de abril de 2008, generada por un
accidente de trabajo que ocurrió por culpa del empleador,
por cuanto no adoptó las medidas de prevención y no
suministró los elementos de seguridad para el desarrollo de
la labor.
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Como consecuencia de lo anterior, la actora María de
Jesús Alarcón únicamente solicitó que se condene a Luis
Erney Castro Valenzuela, y a los demás accionados como
responsables solidarios, a pagar a su favor la indemnización
plena de perjuicios consistente en los daños morales y en la
vida de relación.
Los demás demandantes solicitaron que se condene a
Luis Erney Castro Valenzuela, a pagar a su favor la
indemnización plena y ordinaria de perjuicios, así: lucro
cesante consolidado y futuro, perjuicios morales y los daños
a la vida de relación, la indexación y los intereses legales; el
reconocimiento y pago de la pensión de sobrevivientes, los
intereses moratorios y la indexación. Igualmente
reclamaron declarar que los demás demandados son
solidariamente responsables por las condenas que se
impongan al empleador Luis Erney Castro Valenzuela.
Los hechos en que los accionantes sustentaron sus
pretensiones resultan similares, dado que todos
coincidieron en señalar que los causantes trabajaron al
servicio de Luis Erney Castro Valenzuela, mediante contrato
verbal, percibiendo como contraprestación un salario
mínimo legal mensual vigente, entre los siguientes extremos
temporales:
Trabajador Desde Hasta
Rafael Antonio Alarcón Oviedo 13 y/o 21 de marzo 25 abril de 2008
de 2008
Jesús Gregorio Daza 13 de marzo de 2008 25 abril de 2008
Jorge Luis Vaca Toledo 22 de abril de 2008 25 abril de 2008
Luis Carlos Zambrano Perdomo 13 de marzo de 2008 25 abril de 2008
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Dumar Trujillo Núñez 22 abril de 2008 25 abril de 2008
Señalaron que durante la relación laboral no fueron
afiliados al sistema de seguridad social integral ni a un
fondo de cesantías. Explicaron que mediante convenio
interadministrativo 1146 del 28 de noviembre de 2005, el
Departamento del Huila, la Corporación Autónoma Regional
del Alto Magdalena, Aguas del Huila S. A. ESP y el
municipio de Suaza en «calidad de dueños de la obra»,
ordenaron la construcción de la planta de tratamiento de
aguas residuales de la zona urbana del municipio de Suaza,
y se encargó su gestión a Aguas del Huila S. A. ESP. En
virtud de ello, esta entidad suscribió el contrato de obra
civil 443 del 3 de noviembre de 2006 con el Consorcio RP
2006 a quien se le adjudicó la obra el 20 de octubre de
2006.
Afirmaron que el 13 de marzo de 2008, el mencionado
consorcio subcontrató a Luis Erney Castro Valenzuela para
la terminación de la planta de tratamiento de aguas
residuales del municipio de Suaza. El 25 de abril de 2008
los trabajadores Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Dumar
Trujillo Núñez, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio
Daza y Luis Carlos Zambrano, se encontraban laborando en
las instalaciones de la mencionada planta de tratamiento,
bajo las órdenes y subordinación de Luis Erney Castro
Valenzuela, en desarrollo del convenio celebrado por este
subcontratista con el Consorcio RP 2006.
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Mencionaron que en dicha oportunidad el empleador
les ordenó a los trabajadores desocupar el tanque de agua,
que estaba inundado 1,5 metros aproximadamente, y sacar
un tapón de la cañería, para lo cual les indicó que debían
ubicar una escalera de «guadua hechiza» e introducir una
motobomba para sacar el agua del tanque. Precisaron que
dicha motobomba estuvo prendida dentro del tanque cerca
de una hora hasta cuando se apagó y tras expedir
monóxido de carbono que se acumuló en ese lugar
ocasionando que los trabajadores resultaran intoxicados
produciéndose su muerte «al caer por ahogamiento».
Indicaron que para cuando ocurrió el accidente ni el
subcontratista ni el contratista tenían un programa de
salud ocupacional; no informaron ni capacitaron al
personal sobre los posibles riesgos laborales y tampoco
suministraron los elementos necesarios para desempeñar la
actividad de limpieza del tanque. A los trabajadores
tampoco les suministraron overoles, gafas, máscaras para
gases, casco, botas, arnés, cuerdas de línea de vida, entre
otros elementos de labor. Informaron que según la
investigación adelantada por la Fiscalía 21 Seccional de
Garzón-Huila, los causantes fallecieron por «ahogamiento
por inmersión. Secundario a inhalación de monóxido de
carbono».
Afirmaron que el grave accidente y posterior
fallecimiento padecido por los causantes generó en sus
familiares, hoy demandantes, un estado de shock, tristeza e
incertidumbre y un gran sufrimiento que desencadenó en
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«problemas de respiración, taquicardia, sudoración,
trastornos de sueño y pérdida de apetito » que han
deteriorado su salud física y mental. Relataron que los
trabajadores destinaban sus ingresos a sufragar los gastos
de alimentación, vestido, vivienda y salud de ellos y de sus
causahabientes. Por último, aseguraron que agotaron la
«vía gubernativa» ante el Departamento del Huila, la
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, la
Sociedad de Acueducto, Alcantarillado y Aseo Aguas del
Huila SA ESP y el municipio de Suaza.
Cada una de las demandas fue contestada por los
accionados en similares términos, que se condensan así:
Luis Erney Castro Valenzuela, se pronunció frente a
las demandas, salvo a la presentada por María de Jesús
Alarcón (2009-068) según auto del 28 de julio de 2009 (folio
263 del cuaderno 17). Se opuso a las pretensiones y en
cuanto a los hechos aceptó la vinculación laboral de los
causantes, el monto del salario, el convenio
interadministrativo y las contrataciones de obra civil
celebradas entre las entidades demandadas, así como el
contrato celebrado por él con el Consorcio RP 2006; que el
25 de abril de 2008 los trabajadores laboraban bajo sus
órdenes en desarrollo del mencionado contrato de obra civil;
la causa de la muerte determinada en la investigación de la
Fiscalía; la no afiliación de esos servidores al sistema
general de seguridad social y al fondo de cesantías y la
reclamación administrativa; de los demás indicó que no
eran ciertos.
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En su defensa, reconoció que los causantes laboraron
a su servicio en trabajos varios en la Planta de Aguas
Residuales del Municipio de Suaza. Dijo que no les ordenó
que desocuparan el tanque de agua, o que colocaran una
escalera en su interior ni que introdujeran una motobomba
o quitaran el tapón de la cañería, pues no eran labores para
las que hubiesen sido contratados. Por tanto, si se
intoxicaron, fue porque ingresaron al tanque bajo su propia
cuenta y riesgo, no porque se les hubiese ordenado como
parte de las actividades asignadas o porque contaran con
autorización.
Frente a la demanda presentada por Dumar Trujillo
Núñez, explicó adicionalmente, que a este trabajador
solamente le pidió el favor de prender la motobomba, quien
luego de hacerlo volvió a sus labores habituales. Sin
embargo, este operario regresó a apagar dicha máquina, y
aunque el demandado le insistió en que saliera del tanque,
el trabajador permaneció allí, intentando sacar el tapón, se
cayó y los demás trabajadores acudieron a auxiliarlo.
Propuso como excepción de mérito la que denominó
inexistencia de responsabilidad imputable al patrono.
Héctor William Rojas Durán, en su calidad de socio del
Consorcio RP 2006, se opuso a las pretensiones. Frente a
los hechos, aceptó la suscripción del contrato de obra civil
con Aguas del Huila S. A. ESP, la subcontratación con Luis
Erney Poveda Hernández y la causa de la muerte de los
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trabajadores; de los demás indicó que no eran ciertos o no
le constaban.
En su defensa señaló que el Consorcio RP 2006 se
conformó con Leonel Raúl Poveda Hernández, quien asumió
su representación legal, dirección y la responsabilidad en el
desarrollo del objeto contractual.
Como excepciones propuso las que denominó
«subrogación de las obligaciones derivadas de reclamaciones
laborales y de responsabilidad civil como desarrollo del
contrato de obra civil n° 443/06 en cabeza del representante
legal del consorcio RP-2006 y/o Leonel Raúl Poveda
Hernández» e inexistencia de las obligaciones derivadas del
contrato de obra civil n° 443/06 por reclamación del orden
laboral o de responsabilidad civil en cabeza del consorciado
Héctor William Rojas Durán.
Leonel Raúl Poveda como integrante del Consorcio RP
2006 y éste, dieron respuesta a las demandas en un solo
escrito, salvo en el proceso 2009-0068 (folio 263, cuaderno
17) con oposición a las pretensiones. En cuanto a los
hechos aceptaron la celebración del convenio
interadministrativo, el contrato de obra civil con Aguas del
Huila y el contrato de mano de obra con Luis Erney Castro
Valenzuela, la reclamación administrativa y la falta de
afiliación de los trabajadores al sistema de seguridad social.
Como defensa argumentaron que el subcontrato
firmado con Luis Erney Castro Valenzuela tenía como
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objeto la construcción de andenes de cemento y de
andamios y colocación de tubería, no la limpieza de
tanques, labor que tampoco fue autorizada a los
trabajadores que fallecieron. Argumentaron que el
contratista podía responder solidariamente por el pago de
salarios y prestaciones sociales, pero no por
indemnizaciones por accidente de trabajo, más cuando, en
este caso, no existió culpa del empleador. Como
excepciones propusieron las de inexistencia de la obligación
reclamada respecto del contratista, cobro de lo no debido y
falta de legitimación en la causa por pasiva.
La Corporación Autónoma Regional del Alto
Magdalena, también se opuso a las pretensiones. Aceptó la
suscripción del convenio interadministrativo 1146 de 2005
y la reclamación administrativa; de los demás dijo que no
eran ciertos o no le constaban. En su favor afirmó que no
tuvo la calidad de dueño de la obra y que fue Aguas del
Huila la encargada de ejecutar las obras y, por ende, la
beneficiaria de la obra, no la Corporación, por lo que no es
dable predicar la responsabilidad solidaria.
Planteó como excepciones las de inexistencia de los
presupuestos legales para que opere la responsabilidad e
inexistencia de relación de causalidad entre el daño
reclamado y la suscripción del convenio n° 1146 de 2005
por parte de la CAM.
El municipio de Suaza dio respuesta a las demandas,
salvo la correspondiente al proceso 2008-00478. Objetó lo
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pretendido y frente a los hechos admitió los contratos
celebrados entre Aguas del Huila S. A. ESP y el Consorcio
RP 2006 y entre este y Luis Erney Castro Valenzuela, y que
para el día del accidente los trabajadores laboraban al
servicio del municipio; de los demás indicó que no le
constaban o no eran ciertos.
Para sustentar su oposición, señaló que no existió
vínculo laboral con los operarios ya fallecidos, y de llegar a
existir tal relación, lo sería con los demandados Luis Erney
Castro Valenzuela, Consorcio RP 2006 y Aguas del Huila S.
[Link], encargados de vincular el personal para la
construcción de la planta de tratamiento de aguas
residuales del municipio.
Frente a la demandante María de Jesús Alarcón
propuso como excepciones las de inexistencia de
solidaridad por parte del municipio de Suaza e
improcedencia de las pretensiones. En relación con las
demás demandas formuló las excepciones de inexistencia
del contrato de trabajo y de vínculo laboral entre las partes
y falta de legitimación en la causa por pasiva respecto del
municipio.
El Departamento del Huila se opuso a las
pretensiones. En cuanto a los hechos, aceptó la celebración
del convenio interadministrativo 1146 de 2005 y del
contrato de obra civil n.° 443 de 2006, de los demás indicó
que no le constaban. En relación con la demanda formulada
en el proceso 2008-00382 adujo que no le constaba ningún
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hecho. Sostuvo que no tuvo ningún vínculo contractual con
los trabajadores que fallecieron, ni con Luis Erney Castro o
con el Consorcio RP 2006, por lo que la eventual
responsabilidad perseguida debe ser asumida por Aguas del
Huila S. A. ESP y el municipio de Suaza, por ser las
entidades que se beneficiaron de la obra.
Frente a las demandas presentadas en los procesos
2008-00355 y 2008-00478, propuso las excepciones de
indebida acumulación de pretensiones y trámite
inadecuado; frente a las demás acciones presentó las
excepciones de inexistencia de la relación laboral, falta de
legitimación en la causa por pasiva e inexistencia de
solidaridad del Departamento del Huila.
La Sociedad de Acueducto, Alcantarillado y Aseo
Aguas del Huila S. A. ESP se opuso a las pretensiones. En
relación con los hechos, aceptó la suscripción de convenio
Interadministrativo y el contrato de obra civil con el
Consorcio; de los demás afirmó que no eran ciertos o no le
constaban.
En su favor alegó que, en desarrollo del convenio
interadministrativo, el 3 de noviembre de 2006 celebró un
contrato de obra civil con el Consorcio RP 2006 que tenía
por objeto la «construcción del sistema de manejo y
tratamiento de aguas residuales zona urbana del Municipio
de Suaza - Departamento del Huila ». Sin embargo, aclaró
que este contrato de obra civil fue suspendido por
incumplimientos del contratista, por lo que, a partir del 26
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de febrero de 2008 no existía autorización alguna para
seguir realizando las obras. Por tanto, el contrato de mano
de obra con Luis Herney Castro Valenzuela fue suscrito sin
su aprobación.
Formuló la excepción previa la de falta de competencia
y/o jurisdicción, y de mérito las que denominó de
«inexistencia relativa a responsabilizar a la Sociedad Aguas
del Huila S. A. ESP por los perjuicios que reclaman los
actores, por vía de la solidaridad contemplada en el Art. 34
del CST»; causa extraña que se deriva de la fuerza mayor
por los hechos que originaron el suceso que se predica en la
presente acción; inexistencia de las obligaciones
reclamadas; cobro de lo no debido; falta de causa para
pedir; buena fe y prescripción.
La Sociedad de Acueducto, Alcantarillado y Aseo
Aguas del Huila S. A. ESP llamó en garantía a la Compañía
Aseguradora de Fianzas S. A. Confianza S. A., con
fundamento en que, por la suscripción del contrato de obra
civil n.° 443 de 2006 con el Consorcio RP 2006, este grupo y
la llamada en garantía el 11 de noviembre de 2006
celebraron unos contratos de seguro de responsabilidad
civil extracontractual y de cumplimiento, por lo que la
aseguradora expidió las respectivas pólizas en las que figura
Aguas del Huila como asegurada, y que los beneficiarios
«pueden ser los accionantes».
Esta petición fue admitida por el a quo, únicamente en
los procesos 2008-00355 (causahabientes de Rafael Antonio
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Alarcón) y 2008-00478 (beneficiarios de Luis Carlos
Zambrano) y denegada en los trámites 2008-00382
(causante Jesús Gregorio Daza Méndez) y 2008-00343
(causante Jorge Luis Vaca Toledo). Así se evidencia a folios
298 cuaderno 2; 312 cuaderno 14; 386 cuaderno 37; 367 y
389 cuaderno 8 y 26 a 34 cuaderno 12.
Una vez vinculada en debida forma en los dos
primeros procesos, Confianza S. A. se opuso a las
pretensiones de las demandas principales, adujo que no le
constaban los hechos, y aclaró que no había tenido una
relación de tipo comercial o civil con los demandantes o con
los trabajadores fallecidos.
Se opuso al llamamiento en garantía, aceptó los
hechos en que se sustentaba y explicó que la obligación
indemnizatoria no es automática y que las pólizas no eran
exigibles, toda vez que no se pretendía amparar la
responsabilidad civil por daños a terceros o
incumplimientos de la obra, sino la indemnización por un
accidente de trabajo. Además, los perjuicios morales
estaban expresamente excluidos del aseguramiento
convenido.
II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA
El Juzgado Primero Laboral del Circuito de Neiva,
mediante sentencia del 27 de octubre de 2010, resolvió:
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PRIMERO: DECLARAR que entre los señores RAFAEL ANTONIO
ALARCÓN OVIEDO, DUMAR TRUJILLO NUÑEZ, JORGE LUIS
VACA TOLEDO, JESÚS GREGORIO DAZA y LUIS CARLOS
ZAMBRANO PERDOMO, como trabajadores y LUIS ERNEY
CASTRO VALENZUELA, como empleador, se verificaron sendos
contratos de trabajo verbales de duración indefinida que rigieron
así:
Rafael Antonio Alarcón Oviedo: del 13 al 25 de abril del 2008.
Dumar Trujillo Núñez: del 22 al 25 de abril del 2008.
Jorge Luis Vaca Toledo: del 22 al 25 de abril del 2008.
Jesús Gregorio Daza: del 13 al 25 de abril del 2008.
Luis Carlos Zambrano Perdomo: del 13 al 25 de abril del 2008.
SEGUNDO. DECLARAR que Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo, fallecieron por riesgo común el día 25 de
abril del 2008.
TERCERO. NEGAR todas las restantes pretensiones de los
causahabientes demandantes de Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo.
CUARTO: DECLARAR que Dumar Trujillo Núñez falleció en
accidente de trabajo ocurrido el 25 de abril del 2008, estando
laborando para el señor LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA
quien tuvo culpa en su ocurrencia.
QUINTO: CONDENAR al señor LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA a pagarle a los hijos del señor Dumar Trujillo
Nuñez, a saber: Luis Erney Trujillo Penagos, Edna Yulieth
Trujillo Penagos y Rosa Icela Trujillo Penagos, a cuenta de
indemnización plena de perjuicios por su culpa patronal en la
ocurrencia del mentado accidente de trabajo los siguientes
valores:
a. LUIS ERNEY TRUJILLO PENAGOS.
-. Por perjuicios morales 50 salarios mínimos
-. Por perjuicios de vida de relación 50 salarios mínimos.
b. A EDNA YULIETH TRUJILLO PENAGOS
- Por perjuicios morales 50 salarios mínimos
- Por perjuicios de vida de relación 50 salarios mínimos.
c. A ROSA ICELA TRUJILLO PENAGOS:
- Por perjuicios morales 50 salarios mínimos.
- Por perjuicios de vida de relación 50 salarios mínimos.
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SEXTO: CONDENAR al señor LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA, a pagarle a los hijos del señor Dumar Trujillo
Núñez, a saber: Luis Erney Trujillo Penagos, Edna Yulieth
Trujillo Penagos y Rosa Icela Trujillo Penagos, una pensión de
sobrevivientes por el equivalente al smlmv, dividida en partes
iguales, exigible desde el día 25 de abril del 2008 y hasta cuando
completen 18 años de edad o 25 años si acreditan estudios. Tal
pensión se incrementará con dos mesadas, una en junio y otra
en diciembre de cada año y será objeto de actualización anual
sin que sea inferior al salario mínimo legal.
SÉPTIMO: CONDENAR al señor LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA, a afiliar para salud a los hijos del señor Dumar
Trujillo Núñez, a saber, Luis Erney Trujillo Penagos, Edna
Yulieth Trujillo Penagos y Rosa Icela Trujillo Penagos, para el
efecto se descontará el porcentaje de ley para pensión, esto desde
la ejecutoria de este fallo.
OCTAVO: ABSOLVER al señor LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA, de los intereses de mora reclamados a cuenta de
la pensión de sobreviviente del señor DUMAR TRUJILLO NÚÑEZ,
y condenarlo al pago indexado de las mesadas insolutas.
NOVENO: CONDENAR a responder en forma solidaria con las
anteriores condenas ordenadas en contra del señor LUIS ERNEY
CASTRO VALENZUELA, a los señores HÉCTOR WILLIAM ROJAS
DURÁN y LEONEL RAÚL POVEDA HERNÁNDEZ.
DÉCIMO: ABSOLVER a la SOCIEDAD DE ACUEDUCTO
ALCANTARILLADO Y ASEO -AGUAS DEL HUILA SA ESP-, al
DEPARTAMENTO DEL HUILA, a la CORPORACIÓN AUTÓNOMA
REGIONAL DEL ALTO MAGDALENA -CAM-, al DEPARTAMENTO
DEL HUILA y al MUNICIPIO DE SUAZA de todas las pretensiones
de los demandantes y por no ser necesario no decidir sus
excepciones.
DECIMOPRIMERO: ABSOLVER a la COMPAÑÍA ASEGURADORA
DE FIANZAS S.A. de su llamado en garantía, y por no ser
necesario no decidir sus excepciones.
DECIMOSEGUNDO: CONDENAR solidariamente HÉCTOR
WILLIAM ROJAS DURÁN, LEONEL RAÚL POVEDA HERNÁNDEZ
Y LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA a pagar las costas del
proceso a los causahabientes del señor DUMAR TRUJILLO
HERNÁNDEZ al resultar favorables sus pretensiones.
DECIMOTERCERO: CONDENAR a los restantes demandantes a
pagarles las costas del proceso a Héctor William Rojas Durán,
Leonel Raúl Poveda Hernández y Luis Erney Castro Valenzuela, a
la Compañía Aseguradora de Fianzas S.A Confianza S.A, a la
Sociedad de Acueducto, Alcantarillado y Aseo – Aguas del Huila
S. A. ESP-, al Departamento del Huila, a la Corporación
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Autónoma Regional del Alto Magdalena – CAM, y al Municipio de
Suaza.
DECIMOCUARTO: CONDENAR a los causahabientes del señor
DUMAR TRUJILLO HERNÁNDEZ, al resultar desfavorables sus
pretensiones, a pagarles las costas del proceso a la Sociedad de
Acueducto Alcantarillado y Aseo – Aguas Del Huila S. A. ESP-, al
Departamento del Huila, a la Corporación Autónoma Regional del
Alto Magdalena – CAM, y al Municipio de Suaza.
III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA
La Sala Laboral de Descongestión del Tribunal
Superior de Cali, conoció el recurso de apelación de la parte
actora, y mediante sentencia proferida el 29 de noviembre
de 2013, resolvió:
PRIMERO: REVOCAR parcialmente, por las razones expuestas
en precedencia, el numeral DÉCIMO de la parte resolutiva de la
sentencia del 27 de octubre de 2010, emitida por el Juzgado
Primero Laboral del Circuito de Neiva, en el proceso ordinario
laboral acumulado que NATALI ARTUNDUAGA VEGA Y OTROS,
adelantaron en contra de LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA Y
OTROS, en cuanto a la absolución que allí se dispuso para
AGUAS DEL HUILA SA ESP. En su lugar, se dispone que la
SOCIEDAD DE ACUEDUCTO, ALCANTARILLADOS Y ASEO
AGUAS DEL HUILA SA ESP, responda solidariamente por todas
las condenas impuestas en la sentencia de primer grado.
SEGUNDO: CONFIRMAR en todo lo demás la referida sentencia,
objeto de apelación.
TERCERO: Sin costas en esta instancia, por no haberse
causado.
Identificó tres problemas jurídicos a resolver: i)
determinar si el accidente sufrido por Rafael Antonio
Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio
Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo, se podía catalogar
como accidente de trabajo ocasionado por culpa del
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empleador, al haber dado voz de auxilio; ii) establecer si la
condena por perjuicios a raíz del fallecimiento de Dumar
Trujillo Núñez debía ser incrementada a 100 SMLMV para
cada uno de sus causahabientes demandantes y; iii) definir
si las condenas debían extenderse solidariamente a las
demás accionadas. Así razonó el Tribunal:
Accidente de trabajo: Adujo que le incumbía
determinar el origen del accidente sufrido por Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo, ante el
llamado de auxilio de un compañero de trabajo que se
estaba ahogando.
Explicó que según la «ley y la jurisprudencia», es
accidente de trabajo: i) todo suceso repentino que
sobrevenga por causa o con ocasión del trabajo, y que
produzca en el trabajador una lesión orgánica, perturbación
funcional o psíquica, invalidez o la muerte; ii) aquel que se
produce durante la ejecución de órdenes del empleador o
contratante o la realización de una labor bajo su autoridad,
aún fuera del lugar y horas de trabajo; iii) el que se
produzca durante el traslado de los trabajadores o
contratistas desde su residencia a los lugares de trabajo y
viceversa; iv) el ocurrido durante el ejercicio de la función
sindical, siempre que se produzca en cumplimiento de tal
labor; y v) el que se presente en desarrollo de actividades
recreativas, deportivas o culturales, cuando se actúe en
representación del empleador.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Encontró que según las pruebas allegadas, el
fallecimiento de Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis
Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano
Perdomo, obedeció a las «circunstancias de auxilio» que ellos
prestaron, uno tras otro, ante el ahogamiento que estaba
presentando su compañero de trabajo, Dumar Trujillo
Núñez (folios 510, 511, 575 a 577), «comportamientos que se
consideran atinentes a sus propios riesgos», dado que la
actividad de estos trabajadores no era la de socorristas y no
estaban formados para ello, o al menos no se demostró.
Afirmó que la voz de auxilio expresada por el
empleador, de haber tenido lugar, no implica una orden de
realizar una labor; ese llamado de ayuda se presentó en
circunstancias especiales, ante una situación impactante
como la ocurrida al trabajador Dumar Trujillo Núñez, y por
su carácter imprevisto no conllevaba el ejercicio de la
potestad subordinante. De hecho, si alguno de los
causantes se hubiese negado a prestar la ayuda, no hubiese
surgido ningún reproche para él, por lo menos en el ámbito
laboral, salvo que fuese integrante de la brigada de atención
de emergencias, para lo cual debía estar entrenado y contar
con los elementos necesarios; solo en este último evento
podría establecerse la obligación de atender la situación
urgente para la vida de su compañero de labores.
Así, consideró que no estaban demostrados los
elementos que establecieran que existió una orden del
empleador, quien estaba presente en el lugar de los hechos,
por lo que no se podía concluir que el accidente ocurrió en
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Radicación n.° 68397
atención a una actividad de obligatorio cumplimiento. Por
tanto, el accidente sufrido por Rafael Antonio Alarcón
Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis
Carlos Zambrano Perdomo en el que perdieron la vida no se
dio con ocasión o a causa del trabajo o por la ejecución de
órdenes del empleador, sino como producto de la voluntad
de ayudar sucesivamente, a los compañeros que fueron
cayendo en el pozo al que sí fue enviado el primero de los
trabajadores accidentados.
Aclaró que, aunque se encontraban en el horario y
lugar de labor, el comportamiento de los operarios obedeció
al riesgo en que estaba su compañero Dumar Trujillo
Núñez; razón por la cual, el a quo no se equivocó al
establecer que la muerte de aquellos no se originó en un
accidente laboral. Así, explicó que Rafael Antonio Alarcón
Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis
Carlos Zambrano Perdomo se separaron de sus funciones,
que no tenían que ver con el pozo en donde cayeron, para
acudir al lugar de los hechos y brindar socorro a su
compañero, quien sí estaba trabajando en el sitio del
siniestro. De ahí que, al dejar sus labores y asumir un
riesgo propio en un rescate, para el que no tenían orden, el
cuestionamiento de los apelantes no prosperaba.
Perjuicios morales y daño en vida de relación de
los causahabientes de Dumar Trujillo: Precisó que según
lo expuesto en sentencia CC T-212-2012, debe haber
prueba suficiente de la existencia del daño moral y del daño
en la vida de relación; y, en este caso, encontró acreditado
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Radicación n.° 68397
el primero de ellos respecto de los beneficiarios de Dumar
Trujillo Núñez. Aclaró que para su tasación el juez puede
«practicar libremente la crítica probatoria » y utilizar su
prudente arbitrio en el marco de la equidad y la reparación
integral, siguiendo el criterio jurisprudencial sobre la
materia que ha previsto un tope, al menos de 100 SMLMV.
Adujo que ese era un parámetro indicativo, del que el
juzgador podía separarse y disminuir ese monto si a partir
de los criterios indicados encontraba razones que lo
justificara, y debiéndose sustentar de manera transparente
y suficiente. Sin embargo, no se apartaría de la
jurisprudencia del Consejo de Estado y atendería su deber
constitucional de motivar las decisiones.
Resaltó, que en la decisión CC T212-2012 se consideró
que en la liquidación de los perjuicios morales es dable
aplicar el test de proporcionalidad, el cual no solo exige una
prueba mínima de la intensidad del perjuicio, sino que
establece criterios objetivos en los que el fallador puede
apoyarse para evitar un excesivo arbitrio juris.
Refirió que esos criterios, a los que también alude la
jurisprudencia del Consejo de Estado, se refieren al dolor
sufrido, la intensidad de la congoja, la cercanía con el ser
fallecido, los derechos vulnerados, la conformación del
núcleo familiar, las diversas relaciones y la valoración
ponderada de lo que representa moralmente la angustia,
tristeza y aflicción de los familiares del fallecido.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Insistió en que en el ejercicio de la discrecionalidad
otorgada por la ley al juzgador se emplea el test de
proporcionalidad, el cual tiene como fin: i) la demostración
mínima del perjuicio moral de los demandantes, sin que
pueda ser suplida con una presunción jurisprudencial de
aflicción o por reglas de la experiencia (insuficientes para la
tasación y liquidación del perjuicio); ii) aplicar el principio
de proporcionalidad, que le permite al juez tasar los
perjuicios desde una perspectiva jurídica y con unos
criterios objetivos mínimos.
Consideró que el reparo de los apelantes no era
procedente, dado que no se acreditaron elementos que
permitieran, en ejercicio del test de proporcionalidad,
modificar las consideraciones del juez en torno al dolor
sufrido por los causahabientes de Dumar Trujillo Núñez, y,
por ende, incrementar la cuantía de la condena. Encontró
que la liquidación realizada por el a quo correspondía a una
valoración ponderada, sin evidenciar excesos de «máximos y
mínimos» en la proporción otorgada a cada demandante.
Igual ocurrió con el «daño material deprecado», pues, señaló
que no existían mayores elementos de prueba sobre la
desmejora en la condición económica de la familia del
causante que ameritasen establecer una condena superior a
la fijada en primer grado.
Solidaridad: Indicó que de acuerdo con el artículo 34
del CST y lo expuesto en decisiones CSJ SL 23 sep. 1960,
CSJ SL 30 nov. 2000 y CSJ SL 12 jun. 2002, sin indicar
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
número de radicación, para que exista solidaridad entre los
demandados deben estar acreditados los siguientes hechos:
i) la relación de trabajo del causante con el contratista
independiente, en este caso, «con los integrantes del
Consorcio RP2006»; ii) un contrato de obra o prestación de
servicios entre la contratante Aguas del Huila S. A. ESP y el
contratista Consorcio RP2006 y; iii) la relación de
causalidad entre la actividad ordinaria que desarrolla la
contratante, beneficiaria de la obra, y la que ejecuta el
contratista independiente a través de su trabajador.
En cuanto al primer requisito, adujo que en el proceso
se estableció que Dumar Trujillo Núñez trabajó como
obrero, a través del subcontratista Luis Erney Castro
Valenzuela, para el Consorcio RP2006, integrado por Héctor
William Rojas Durán y Leonel Raúl Poveda Hernández.
Frente a la segunda exigencia, refirió que se demostró el
contrato de obra pública n.° 443 del 3 de noviembre de
2006, suscrito entre el Consorcio RP 2006 y Aguas del
Huila S. A. ESP, para ejecutar labores de limpieza y
remodelación de la planta de aguas residuales ubicada en el
municipio de Suaza.
Aclaró que este contrato tuvo como base el Convenio
Interadministrativo n.° 1146 de 2005 celebrado entre la
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena – CAM,
el Departamento del Huila y Aguas del Huila S. A. ESP, el
cual previó que el municipio de Suaza participaba de los
proyectos que ordenaba el convenio, por haber aportado
para ello recursos financieros propios.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
En relación con el tercer elemento de la solidaridad,
precisó que no existía duda de que los integrantes del
Consorcio demandado se dedicaron a la construcción de la
obra descrita en el contrato de ejecución de obra n.° 443 de
2006 y que Aguas del Huila S. A. ESP es una empresa de
servicios públicos, capaz de llevar a cabo las obras
contratadas, como se indicaba en dicho convenio. Resaltó
que en la cláusula primera del contrato 443 se estableció
que esta empresa asumía las obligaciones y
responsabilidades de ente ejecutor de los recursos
aportados en el convenio y que tenía la capacidad técnica,
administrativa y financiera para adelantar procesos de
contratación y ejecución de las obras.
Afirmó que, en desarrollo de su objeto, la empresa de
servicios públicos contratante tiene como función la
construcción y adecuación de obras de descontaminación
de fuentes hídricas y mejorar la calidad del agua en el
Departamento del Huila y para ello contrató al Consorcio
RP2006, quien ejercería esta actividad en el municipio de
Suaza. Por tanto, surgía la responsabilidad solidaria del
artículo 34 del CST, dado que se trataba de una labor
propia de su objeto social, en la que laboró Dumar Trujillo
Núñez como obrero de la construcción de las obras.
Manifestó que dicha solidaridad no se presentaba
respecto del municipio de Suaza y de los demás
demandados, como quiera que no hubo un contrato de obra
que permitiera establecer la relación jurídica entre las
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
entidades del orden territorial y el Consorcio RP2006 y del
cual pudiese derivarse dicha responsabilidad. Resaltó que
las entidades que suscribieron el convenio
interadministrativo que dio lugar al contrato que celebró el
Consorcio demandado, no eran directas beneficiarias de las
obras. Esto, dado que su labor se limitó a destinar los
recursos y entregarlos a la entidad a cargo de la gestión y
desarrollo de los proyectos relacionados con el manejo de
aguas en el Departamento del Huila; de ahí que su
participación fuera tangencial en relación con la
contratación que debía desarrollarse para poner en marcha
y construir los proyectos asumidos por Aguas del Huila S.
A. ESP.
IV. RECURSO DE CASACIÓN
Los recursos extraordinarios fueron presentados por la
parte actora, salvo María de Jesús Alarcón, y por la
demandada Aguas del Huila S. A. ESP, concedidos por el
Tribunal y admitidos por la Corte, por lo que se pasan a
resolver. Primero se estudiará el de la entidad demandada y
luego el de la parte actora.
V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN DEL RECURSO
DE LA DEMANDADA AGUAS DEL HUILA S. A. ESP
Dicha entidad pretende que esta corporación case
parcialmente la decisión de segundo grado en cuanto la
condenó a responder de manera solidaria por todas las
condenas impuestas por el a quo. En sede de instancia,
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Radicación n.° 68397
solicita confirmar el numeral décimo de la sentencia de
primer grado, mediante el cual se absolvió de las
pretensiones de la demanda inicial.
Con tal propósito formula un cargo por la causal
primera de casación, el que es replicado por la parte
demandante.
VI. CARGO ÚNICO
Acusa la sentencia del colegiado «por infracción
indirecta proveniente de la falta de apreciación de la prueba
documental que adelante se indica, que hizo incurrir al
Tribunal en error de hecho que aparece de modo manifiesto y
que lo llevó indirectamente a la violación legal referida, por
falta de aplicación. La violación sustancial violada por el
Tribunal fue el artículo 3 del D. L. 2351 de 1965 que subrogó
el artículo 34 del CST».
Refiere que el juez de la alzada dejó de valorar las
siguientes pruebas:
1. Oficio del 26 de febrero de 2008 mediante el cual el
interventor del contrato de la obra civil designado por Aguas del
Huila S. A. comunicó a la Aseguradora Confianza S. A. el
incumplimiento del contrato 443 de 2008 celebrado con el
Consorcio R.P. 2006, el cual terminó el 26 de febrero de 2008,
conforme se dispuso en el «acta de reinicio» n.° 02 del 21 de
febrero de 2008. Además, se solicitó tomar de manera
inmediata las acciones pertinentes del caso con el fin de hacer
efectiva la cláusula de cumplimiento del contrato (folios 553 a
558 cuaderno de pruebas proceso 2009-0068).
2. Oficio del 29 de febrero de 2008 a través del cual el Gerente
de Aguas del Huila S. A. le comunica a Leonel Raúl Poveda
Hernández, representante legal del Consorcio RP 2006, que el
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26
Radicación n.° 68397
26 de febrero de 2008 terminó el contrato por vencimiento del
plazo y que por incumplimiento del contratista no es posible
adicionar tal plazo; además, se manifiesta que el
incumplimiento de la ejecución fue reportado por el interventor
de la aseguradora y que se dio traslado al abogado externo para
adelantar el trámite legal de sanción y cobro del siniestro (folio
521 cuaderno de pruebas proceso 2008-0068).
3. Oficio del 7 de abril de 2008 en que el Subgerente Técnico de
Aguas del Huila S. A. le informó al representante legal del
Consorcio RP 2006, que se había detectado la realización de
obras luego del 26 de febrero de 2008, sin autorización, pues
para esa fecha se reportó el incumplimiento a la aseguradora
(folio 522 cuaderno de pruebas proceso 2009-0068).
4. Contrato de obra celebrado entre Luis Erney Castro
Valenzuela y el Consorcio RP 2006 (folios 59 y 60 proceso 2008-
0355).
Precisa que el artículo 34 del CST establece la
solidaridad del beneficiario de la obra respecto del valor de
los salarios, prestaciones e indemnizaciones a que tengan
derecho los trabajadores del contratista independiente o del
subcontratista. Para que opere tal responsabilidad es
necesario que se cumplan dos requisitos: i) la existencia de
un contrato de ejecución de obra entre un contratista
independiente y el dueño o beneficiario de la obra y ii) que
la obra no corresponda a labores extrañas a las actividades
normales de la empresa o negocio del beneficiario de la
obra.
Asegura que el Tribunal dejó de apreciar la prueba
documental denunciada, que sí fue valorada por el a quo, la
cual demuestra que el contrato de civil de obra 443 del 3 de
noviembre de 2006, celebrado entre Aguas del Huila S. A.
ESP y el Consorcio RP 2006, terminó el 26 de febrero de
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Radicación n.° 68397
2008 por vencimiento del plazo y no fue adicionado debido
al incumplimiento del contratista.
Indica que la voluntad de finalizar el mencionado
contrato se aprecia en los oficios dirigidos por el interventor
a Confianza S. A. con copia al Ccnsorcio, y con el oficio
dirigido a este último, documentos que se allegaron a folios
554 a 558 y 521 del cuaderno de pruebas del proceso 2009-
0068. Además, la comunicación de folio 522 del proceso
2009-0068 da cuenta de que el contratista no estaba
autorizado para continuar las obras en desarrollo del
contrato que ya había sido terminado, como de manera
expresa y perentoria se lo manifestó el subgerente técnico
de Aguas del Huila, al precisarle que tales actividades no
serían reconocidas porque no estaban avaladas.
Afirma que lo anterior permite concluir que para la
fecha en que se celebró el contrato de obra entre Luis Erney
Castro Valenzuela y el Consorcio RP 2006, esto es, 13 de
marzo de 2008 (folios 59 y 60), el convenio civil entre este
último y Aguas del Huila S. A. ESP ya no estaba vigente, y
tampoco había autorización para continuar con la ejecución
de las obras. Por tanto, es evidente que los hechos que
ocasionaron el fallecimiento de los trabajadores al servicio
de Luis Erney Castro Valenzuela se presentaron después de
la terminación de la relación contractual del contratista
Consorcio RP 2006 con Aguas del Huila S. A. ESP.
Así, estima que las acciones del mencionado
contratista no vinculan ni comprometen a la recurrente,
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Radicación n.° 68397
pues obró a mutuo proprio y sin que hubiera una
vinculación contractual vigente, lo que impide establecer la
solidaridad de Aguas del Huila S. A. según lo previsto en el
artículo 34 del CST.
VII. RÉPLICA
La parte actora presenta oposición. Refiere que la
proposición jurídica no se plantea en debida forma, dado
que no acusa la transgresión de una norma jurídica de
carácter sustancial, sin que para ello sea suficiente la
alusión al artículo 34 del CST, porque no se puede
considerar como atributiva de los derechos sustanciales
debatidos. En todo caso, advierte que ninguno de los
documentos denunciados demuestra que el contrato entre
Aguas del Huila S. A. ESP y el Consorcio RP 2006 hubiese
terminado para la fecha en que ocurrió el accidente. Por el
contrario, el oficio del 26 de febrero de 2008 evidencia que
se suscribió un acta de reinicio de actividades el 21 de
febrero de 2008, por lo que el convenio no había finalizado,
sino que permanecía vigente.
Lo que se establece de las pruebas allegadas es que el
26 de febrero de 2008 fue la fecha en que se reportó el
incumplimiento del contrato, cosa distinta a que se hubiese
dispuesto su extinción.
VIII. CONSIDERACIONES
SCLAJPT-10 V.00
29
Radicación n.° 68397
Contrario a lo señalado por la parte opositora, en este
caso el artículo 34 del CST sí conforma correctamente la
proposición jurídica, como quiera que se trata de una
norma sustancial del orden nacional que regula
precisamente la responsabilidad solidaria como la que
declaró el Tribunal respecto de Aguas del Huila S. A. ESP.
Ahora, según lo resuelto por el colegiado y el
cuestionamiento planteado por la empresa recurrente, le
corresponde a la Sala determinar si el juez de la alzada
incurrió en error al considerar que Aguas del Huila S. A.
ESP era solidariamente responsable de las condenas
impuestas en este asunto, en virtud del contrato que
celebró con el Consorcio RP 2006, el cual, según se
cuestiona, ya no estaba vigente para el momento en que
ocurrieron los hechos debatidos.
Se debe aclarar que la censura no controvierte las
conclusiones del colegiado referidas a que: i) la empresa
Aguas del Huila S. A. ESP tenía la capacidad para ejecutar
la obra que contrató con el Consorcio RP 2006 y ii) que las
labores realizadas por el trabajador que falleció eran
propias del objeto social de la referida entidad. Únicamente
discute la improcedencia de la responsabilidad solidaria,
partiendo de que el vínculo contractual que sostenía con el
mencionado Consorcio ya no estaba vigente para el
momento de los hechos, aspecto al que se referirá esta
corporación al analizar las pruebas denunciadas.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
1. Oficio del 26 de febrero de 2008 (folio 553 a 558,
cuaderno 19)
El asunto descrito en esta comunicación es el «Aviso
de incumplimiento contrato 443 de 2006», por parte del
interventor de dicho convenio y dirigido a la Compañía
Aseguradora de Fianzas S. A. Confianza. Allí se explica que,
según la última inspección de obra realizada el 22 de
febrero de 2008 con la comisión conformada por
representantes de la Corporación Autónoma Regional del
Alto Magdalena, el Municipio de Suaza y Aguas del Huila
S.A. ESP, así como el residente de la obra, se evidenció la
falta de ejecución de las siguientes actividades:
Construcción de la estructura de pretratamiento, para lo cual
no se ha hecho ni siquiera la excavación para la instalación en
el RAFA, falta la adecuación de las tolvas de fondo, pintura
epóxica interna, viga triangular interna, campanas, losa de
cubiertas, canaleta y compartimientos para repartición de agua
en el RAFA, instalación de tubería interna del RAFA de
alimentación de agua; extracción de lodos, válvulas, estructura
de cubiertas de los lechos de lodos y todo el alcantarillado
interno de la planta de interconexión de las diferentes
estructuras y evacuación de las aguas, además la tubería de
gases y el quemado, finalmente las obras externas de
cerramiento y adecuación de zonas verdes y faltaría definir un
sistema de evacuación de aguas lluvias.
Se explicó que en el «acta de reinicio» del 21 de febrero
de 2008 se estableció como fecha de terminación el 26 de
febrero de 2008, por lo que se consideraba imposible el
cumplimiento del contrato, pues para la ejecución de las
actividades faltantes se requerían al menos 60 días.
Además, se resaltó que, teniendo en cuenta el informe
presentado ante Aguas del Huila S.A. ESP el 16 de octubre
SCLAJPT-10 V.00
31
Radicación n.° 68397
de 2007, las cantidades ejecutadas a partir de esa fecha
hasta el momento no presentaban diferencia significativa.
Con base en lo anterior, el interventor solicitó a la
aseguradora tomar las medidas pertinentes de manera
inmediata, para hacer efectiva la cláusula de cumplimiento
establecida en el contrato 443 de 2006.
El contenido de este documento da cuenta del aviso
dado a la aseguradora respectiva, en cuanto al
incumplimiento del contrato por parte del Consorcio 443 de
2006 para lo de su cargo; circunstancia que difiere de la
efectiva finalización de dicho convenio de obra. Nótese que
lo descrito en este oficio es la constatación de las labores
pendientes de realizar a cargo del contratista, y que se
consideró, era imposible culminarlas entre el 22 y el 26 de
febrero de 2008, según el interventor de la obra, pero no
acredita la manifestación de una de las partes contratantes
a la otra, de su decisión de extinguir la relación contractual
y de que, en efecto, así se hubiese procedido.
Es cierto que se alude a que la última data
mencionada correspondía al plazo fijado para la ejecución
del contrato, pero a pesar de que se avisa el incumplimiento
de las obras, de este documento no se deriva que en verdad
el 26 de febrero de 2008 se hubiese terminado la relación
contractual entre Aguas del Huila S. A. ESP y el Consorcio
RP 2006.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Se trata tan solo de una etapa previa a esa eventual
culminación del convenio, pero que no da cuenta de si esta
última finalmente tuvo lugar. Por tanto, aunque el
colegiado no valoró este documento, su omisión no genera
un yerro ostensible, pues aún de haberlo apreciado, sus
conclusiones no hubiesen cambiado, máxime cuando las
demás pruebas denunciadas sugieren que la relación
contractual continuó, como se pasa a explicar.
2. Oficio del 28 de febrero de 2008 (folio 521,
cuaderno19 proceso 2009-0068)
A través de esta comunicación, la gerente de Aguas del
Huila S. A. ESP le manifestó al representante del Consorcio
RP 2006, que la entidad le ha dado todas las oportunidades
posibles, para que cumpliera con la construcción del
sistema de tratamiento de Aguas Residuales del municipio
de Suaza. Sin embargo, por muchas razones, entre ellas, la
falta de compromiso del contratista, ello no ha sido posible
dentro de los plazos legales acordados, sin que fuese dable
concederle otro término adicional; más cuando los motivos
de suspensión fueron superados y no se advertía un ritmo
de construcción que asegurara la terminación de la obra
antes de un mes.
Se aclaró que las dudas de orden técnico fueron
resueltas en los comités de obra y que, si aún subsistían,
«estamos en la disposición de atender la duda y resolverla en
reunión de comité o instancia similar ». Finalmente, se le
informó que el 26 de febrero de 2008, «fecha de terminación
SCLAJPT-10 V.00
33
Radicación n.° 68397
del contrato», fue reportado su incumplimiento por parte del
interventor y se dio traslado al abogado para adelantar el
trámite legal de sanción y cobro del siniestro.
Aunque la recurrente afirma que el 26 de febrero de
2008 era la fecha de terminación del contrato celebrado con
el Consorcio RP 2006, se trata de su propio dicho sin
sustento alguno, pues esta data corresponde al momento en
que se reportó el incumplimiento del convenio (folio 553 a
558, cuaderno 19 proceso 2009-0068), no a su finalización.
En todo caso, debe tenerse en cuenta que aun cuando
la entidad le advierte al contratista que no le puede otorgar
más plazos adicionales para cumplir con las obras
encomendadas, también le dice que las dudas de orden
técnico que pudiesen subsistir para ese momento, 28 de
febrero de 2008 cuando se emite la comunicación
denunciada, podían ser resueltas en los comités
respectivos; es decir, la misma empresa da a entender que
aún para esta última data, posterior a la supuesta
finalización del convenio que se alega, se mantenía una
relación contractual en virtud de la cual, podían darse
acuerdos en aspectos técnicos de ejecución del proyecto o
de la obra.
Entonces, el contenido de esta comunicación, en
armonía con la anteriormente analizada de fecha 26 de
febrero de 2008, muestran que tan solo se habían iniciado
los trámites ante la aseguradora para declarar el
incumplimiento del contrato 443 de 2006, y que, en la
SCLAJPT-10 V.00
34
Radicación n.° 68397
práctica, se continuaba con la actividad contractual, al
punto que se destacó la disposición para aclarar las dudas
técnicas que tuviese el Consorcio para la ejecución de las
labores encomendadas. Ello impide concluir que el
mencionado convenio de obra hubiese finalizado en la fecha
mencionada por la censura.
3. Oficio del 7 de abril de 2008 (folio 522, cuaderno 19,
proceso 2009-0068)
Corresponde a una comunicación del subgerente
técnico de Aguas del Huila S.A. ESP al Consorcio RP2006,
bajo el asunto: «Ejecución de obra, sin autorización». En ella
se le informa que en visitas esporádicas a la obra se pudo
detectar que «usted» ha realizado actividades después del 26
de febrero de 2008, «fecha de reporte de incumplimiento a la
aseguradora», y se le manifestó que «la ejecución de estas
obras debe hacerse bajo la vigilancia y acompañamiento de
la interventoría contratada por Aguas del Huila para el
efecto».
Pese a que el motivo de esta misiva es advertir la
realización de actividades sin autorización por parte del
Consorcio, lo cierto es que del contenido del documento no
se aprecia que ello obedeciera a la imposibilidad de ejecutar
las obras en razón a la finalización del contrato de obra 443
de 2006 en alguna fecha o al menos, para el 26 de febrero
de 2008 como se alega en el cargo. Es más, con esta misiva
se ratifica que en esta calenda se reportó el incumplimiento
del convenio ante la aseguradora, aspecto que es diferente a
SCLAJPT-10 V.00
35
Radicación n.° 68397
la efectiva culminación de la relación contractual entre las
partes, como lo quiere hacer ver la censura.
Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que en este
escrito Aguas del Huila S. A. ESP no se refiere a una
prohibición de ejecutar actividades después de reportar el
incumplimiento, sino que tan solo recuerda que ello debe
hacerse bajo la vigilancia o supervisión de la interventoría,
lo cual lejos está de comportar una finalización del contrato.
No se trata, como lo dice la recurrente, de una advertencia
perentoria de la imposibilidad de realizar las obras por la
extinción del vínculo contractual o de que por esta razón las
labores ya desarrolladas o las que se continuaran
ejerciendo no serían reconocidas o remuneradas por no
estar autorizadas, pues ello no se desprende del texto de la
comunicación denunciada, la que, como quedó precisado,
solo se refiere a la necesidad de que las actividades a
ejecutar se hagan con el acompañamiento del interventor.
Es más, si Aguas del Huila S. A. ESP efectuó tal
requerimiento de supervisión y acompañamiento para poder
ejecutar las obras, no es posible considerar que a través de
este documento emitido el 7 de abril de 2008, se acredite la
terminación del contrato 443 de 2006 a partir del 26 de
febrero de 2008 como se aduce en el recurso, y en virtud del
cual el Consorcio RP 2006 tenía a su cargo la ejecución de
la obra. En el texto no hay referencia alguna a la extinción
de la relación contractual, sino al incumplimiento del
convenio y la necesidad de contar con el interventor para
SCLAJPT-10 V.00
36
Radicación n.° 68397
realizar las actividades, aspectos que distan de lo alegado
en el cargo.
4. Contrato de obra civil (folios 59 a 60 cuad. 1 proceso
2009-0068)
Corresponde al contrato de mano de obra celebrado el
13 de marzo de 2008 entre el Consorcio RP2006 y Luis
Herney Castro Valenzuela, en virtud del cual, este último se
obligó a «ejecutar y entregar al contratante la terminación de
la planta de aguas residuales del Municipio de Suaza –
Huila. se rigen por los siguientes ítems»:
Descripción UN V. Unitario
Concreto M3 $120.000
Piso andén e=0,10 M2 $ 7.000
Armado de Hierro Kilo $ 150
Instalación Tubería PVC 4” ML $ 2.000
El plazo previsto para el cumplimiento de este objeto
contractual fue de 15 días calendario.
Aunque la casacionista asegura que, para el 13 de
marzo de 2008, cuando se celebró este contrato de mano de
obra, ya no existía el contrato 443 de 2006 pactado entre
Aguas del Huila S. A. ESP y el Consorcio RP 2006, lo cierto
es que tal afirmación no se demostró con las pruebas
denunciadas. Siendo ello así, la Sala no encuentra que el
colegiado hubiese incurrido en error al imponer la
responsabilidad solidaria a la recurrente con fundamento
en el mencionado contrato de obra civil, vigente no solo
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Radicación n.° 68397
para cuando el Consorcio vinculó a Luis Erney Castro
Valenzuela, empleador de los trabajadores ahora fallecidos,
sino para cuando tuvo lugar el accidente (25 de abril de
2008). Esto, porque ninguna de las pruebas denunciadas
demostró lo contrario, esto es, que el convenio 443 de 2006
se hubiese extinguido efectivamente para esa data.
Además, aunque en el contrato de mano de obra se
previó un plazo inicial de 15 días, aspecto que ni siquiera
advierte la censura, lo cierto es que no se demostró que
hubiese finalizado en dicho término.
Por las razones expuestas, el cargo no prospera.
Las costas en casación estarán a cargo de la
recurrente Aguas del Huila S. A. ESP y a favor de la parte
demandante opositora, en partes iguales. Como agencias en
derecho, se fija la suma única de $10.600.000 que se
incluirán en la liquidación con arreglo a lo dispuesto en el
artículo 366 del Código General del Proceso.
IX. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN DEL
RECURSO PRESENTADO POR LA PARTE ACTORA
La parte demandante, salvo María de Jesús Alarcón
Murcia quien no recurrió en casación (proceso 2009-0068),
lo formula en los siguientes términos:
i) Con los dos primeros cargos, solicita que se case
parcialmente la sentencia impugnada, en cuanto confirmó
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Radicación n.° 68397
la decisión de declarar que Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo fallecieron por un accidente de origen
común y por la absolución respecto de las pretensiones
incoadas por los causahabientes de estos trabajadores. En
sede de instancia, solicita que se acceda a todas las
peticiones formuladas en la demanda inicial.
ii) Con el cargo tercero pretende que se case
parcialmente la decisión de la alzada, en cuanto confirmó la
absolución frente a la pensión de sobrevivientes formulada
por los causahabientes de Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo; de igual forma, para que se case la
decisión en cuanto confirmó la absolución sobre la
indemnización de perjuicios materiales respecto de los
causahabientes de Dumar Trujillo Núñez. En sede de
instancia, solicita que se acceda a estas pretensiones.
iii) Con el cuarto cargo busca que se case la decisión
de segunda instancia que confirmó la cuantía de la condena
por la indemnización por perjuicios morales y por daño en
vida de relación a favor de los beneficiarios de Dumar
Trujillo Núñez. En sede de instancia, pide modificarlos a la
suma de 100 SMLMV por cada una de estas
indemnizaciones a favor de cada demandante.
iv) Con los dos últimos cargos aspira que se case la
sentencia impugnada, por haber confirmado la absolución
respecto de las demandadas Corporación Autónoma
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Radicación n.° 68397
Regional del Alto Magdalena, el Departamento del Huila y el
Municipio de Suaza. En sede de instancia, solicita que se
condene a estas accionadas por ser solidariamente
responsables.
Para lo anterior plantea seis cargos por la causal
primera de casación. Frente a ellos, solamente Aguas del
Huila S. A. ESP presenta réplica a las cuatro primeras
acusaciones, por lo que se pasan a resolver. Las dos
primeras acusaciones se estudiarán de manera conjunta
dado que persiguen la misma finalidad y su argumentación
de complementa; las restantes se abordarán en el orden
propuesto.
X. CARGO PRIMERO
Acusa la decisión del Tribunal por ser violatoria de la
ley sustancial por la senda directa en la modalidad de
aplicación indebida del artículo 9 del Decreto 1295 de 1994
y la consecuente infracción directa del artículo 199 del CST.
Precisa que, aunque no lo hizo de manera expresa, el
Tribunal, al referirse al concepto de accidente de trabajo, sí
se apoyó en lo dispuesto en el artículo 9 del Decreto 1295
de 1994. Aclara que así lo afirma porque tanto la definición
como los eventos en que se considera que existió esta clase
de accidente, a los que aludió el colegiado, son exactamente
los mismos a los que se refería la norma denunciada; por
tanto, concluye que el presente asunto se resolvió a la luz
de dicha disposición legal.
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Partiendo de ello, dice que esta norma fue aplicada de
manera indebida porque no estaba vigente para la fecha en
que ocurrió el accidente en que fallecieron los causantes
(«enero» de 2008) y menos para cuando se profirió la
sentencia impugnada, pues tal disposición fue retirada del
ordenamiento jurídico el 20 de junio de 2007, cuando fue
declarada inexequible mediante sentencia CC C858-2006.
Así, si el precepto legal que aplicó el colegiado no existía y
no podía regular las consecuencias de los hechos debatidos.
Indica que la norma que resulta aplicable en este
asunto es el artículo 199 del CST que temporalmente
recobró vigencia, tal como se explicó en decisión CSJ SL 24
abr. 2012, rad. 38070. Manifiesta que de haber tenido en
cuenta el criterio jurisprudencial emitido en la sentencia
citada, bajo la definición de accidente de trabajo contenida
en el artículo 199 del CST, el colegiado habría concluido
que todos los causantes fallecieron en un accidente de
trabajo y, por ende, eran procedentes las condenas
solicitadas.
Aclara que hace tal afirmación, como quiera que, bajo
la vigencia de esta disposición legal, la jurisprudencia de la
Sala Laboral de la Corte Suprema de Justicia consideraba
que cuando el accidente del trabajador ocurría mientras
auxiliaba a un compañero en grave estado de peligro, tal
infortunio era de origen profesional.
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XI. RÉPLICA
Aguas del Huila S. A. ESP se opone al cargo porque
considera que en este caso no existió un accidente de
trabajo, dado que, aunque los causantes estaban en su
horario y lugar de trabajo realizando una tarea específica
para la que fueron contratados, que nada tenía que ver con
el pozo donde ocurrió el siniestro, decidieron separarse de
sus labores y asumir el riesgo propio de un rescate, para lo
cual no estaban preparados ni habían recibido instrucción
de su empleador.
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XII. CARGO SEGUNDO
Acusa la sentencia de segunda instancia por ser
violatoria de la ley sustancial por la vía directa en la
modalidad de infracción directa de los artículos 23, 55 y 56
del CST, numerales 1 y 6 del artículo 58 del CST y numeral
2 del artículo 95 de la Constitución Política, y por la
interpretación errónea del artículo 9 del Decreto 1295 de
1994 (199 del CST), en relación con el artículo 216 del CST.
Refiere que no cuestiona las siguientes conclusiones
fácticas del Tribunal: i) Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo, tenían una relación laboral con el
demandado Luis Erney Castro Valenzuela; ii) los
trabajadores mencionados fallecieron mientras se
encontraban en su lugar y horario de labor; iii) su muerte se
produjo cuando acudieron a prestar auxilio a su compañero
Dumar Trujillo Núñez, quien se estaba ahogando y iv) el
empleador expresó una voz de auxilio para que ayudaran a
dicho compañero.
Afirma que desde el punto de vista estrictamente
jurídico discute que, el Tribunal, a pesar de los hechos que
tuvo por acreditados, hubiera concluido que dichos
trabajadores no fallecieron a causa de un accidente de
carácter laboral, cuando era evidente que estaban en
desarrollo de su horario de trabajo, atendiendo una
instrucción de su empleador y auxiliando a un compañero
de labores que estaba en grave peligro.
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Deber del trabajador de prestar auxilio a sus
compañeros: Aduce que no es posible considerar que Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo hubiesen
asumido un riesgo propio, pues tal consideración desconoce
la obligación de todo trabajador de prestar socorro y auxilio
a sus compañeros y el deber constitucional de solidaridad
contenido en el artículo 95 superior. Así, el numeral 6 del
artículo 58 del CST prevé como una obligación especial la
de colaborar en caso de siniestro o de riesgo inminente que
amenace a las personas, sin que este deber se limite
únicamente a quienes cumplan actividades como
socorristas, tal como lo resaltó de manera equivocada el
colegiado. Este deber les asiste a todos los trabajadores, no
solo a quienes sean brigadistas.
Considera que el razonamiento del juzgador
desatendió la regulación normativa que destaca la especial
naturaleza de las relaciones laborales surgidas entre seres
humanos y que generan evidentes lazos de solidaridad y
compañerismo, por lo que no resulta extraño que, ante una
emergencia, los compañeros del trabajador afectado acudan
en su auxilio. En ese orden, es claro que los causantes
antes mencionados fallecieron mientras cumplían con una
obligación laboral, como trabajadores dependientes,
directamente relacionada con su trabajo o por causa de
este, y no por asumir un riesgo propio.
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Obligación de atender las voces de auxilio de su
superior: Refiere que también es equivocado considerar que
los causantes no estaban obligados a atender el llamado de
auxilio que hizo su empleador. Esto, dado que, en todo
caso, aún si no se les hubiese solicitado, era su obligación
acudir a ayudar a su compañero, de modo que, con mayor
razón debían hacerlo si les fue ordenado, pues constituye
una obligación del trabajador en los términos del numeral 1
del artículo 58 del CST.
En virtud de esta norma, todo trabajador debe cumplir
las órdenes de su empleador, sin que se establezca alguna
restricción dependiendo de las circunstancias en que se
produzcan, lo cual guarda relación con la facultad de
subordinación contemplada en el artículo 23 del CST. De
ahí que debe concluirse que la instrucción de brindar
auxilio, emitida por el empleador, tiene relación directa con
el trabajo.
Prestar auxilio a un compañero de labores, es una
actividad directamente relacionada con el trabajo, esto es,
se efectúa por causa de este. Explica que tanto el artículo 9
del Decreto 1295 de 1994, que aplicó el Tribunal, como el
artículo 199 del CST, que ha debido aplicar, consagran
como accidente laboral, aquel ocurrido por causa o con
ocasión del trabajo. Sin embargo, en la sentencia
impugnada se adujo, de manera equivocada, que para que
el infortunio tuviese tal carácter, ha debido ocurrir en
cumplimiento de las funciones del trabajador, entre las
cuales no estaba la de socorrer a un compañero.
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Radicación n.° 68397
Refiere que tal consideración desconoce que el
accidente de trabajo no solo tiene lugar en ejercicio de las
actividades a cargo, sino que involucra todo lo que se
encuentre dentro del espectro de la prestación de servicios
subordinados que deba realizar el trabajador, tal como se
precisó en las sentencias CSJ SL 20 sep. 1993, rad. 5911 y
CSJ SL 18 sep. 1995, rad. 7633. En esta última decisión,
se hace referencia a actividades extraordinarias exigibles al
trabajador, dentro de las cuales, sin duda, se debe incluir el
auxilio a un compañero en grave riesgo; esto, dado que,
aunque es una situación excepcional, corresponde a una
obligación especial del trabajador que, por su trascendencia
social, encaja dentro de los deberes que surgen del artículo
55 del CST.
Agrega que, contrario a lo afirmado por el colegiado, la
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia ha sido
explícita al señalar que si un trabajador se accidenta
mientras ayuda a un compañero en riesgo, tal suceso es de
origen laboral, para todos los efectos legales; así se indicó
en decisión CSJ SL 20 sep. 1993, rad. 5911.
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Manifiesta que según las normas denunciadas, el
Tribunal ha debido arribar a las siguientes conclusiones
jurídicas: i) la conducta del trabajador que se lesiona o
muere al ayudar a un compañero, no es provocada
deliberadamente o por su culpa y no escapa a la definición
de accidente laboral; ii) prestar ayuda a quien se encuentra
en inminente peligro es un deber especial del trabajador, y
su incumplimiento puede generar su despido con justa
causa; iii) si el trabajador obra en cumplimiento de esta
obligación, no está realizando actividades ajenas a las que
de buena fe se derivan de la ejecución del contrato de
trabajo; iv) no se puede desamparar al servidor que,
intentando salvar a sus compañeros en peligro, pierde la
vida o se lesiona; v) no es razonable exigir la previa orden o
autorización expresa del empleador, para que surja la
obligación especial del trabajador de prestar auxilio a su
compañero de labores.
XIII. RÉPLICA
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Aguas del Huila S. A. ESP se opone al cargo y resalta
que los jueces de instancia no encontraron prueba que
permitiera inferir que las funciones que cumplían los
trabajadores que fallecieron tuviesen relación con el manejo
de motobombas o ingreso y egreso del tanque de aguas
residuales del municipio de Suaza.
XIV. CONSIDERACIONES
Dada la senda de ataque elegida, no son materia de
debate los siguientes hechos establecidos en la sentencia
impugnada y admitidos por las partes: i) Rafael Antonio
Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio
Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo trabajaban al
servicio de Luis Erney Castro Valenzuela, en la planta de
tratamiento de aguas residuales de Suaza; ii) estos
trabajadores fallecieron a raíz de un accidente ocurrido
mientras prestaban auxilio, uno tras otro, ante el
ahogamiento que estaba presentando su compañero de
trabajo Dumar Trujillo Nuñez, en un tanque ubicado en
dicha planta; iii) este evento ocurrió el 25 de abril de 2008,
mientras los referidos trabajadores se encontraban en su
horario y lugar de trabajo y a disposición del empleador.
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Radicación n.° 68397
Partiendo de estas premisas, las consideraciones del
colegiado y la inconformidad de orden jurídico planteada
por la parte recurrente, a la Sala le corresponde determinar
si el juez de la alzada se equivocó al establecer la fuente
normativa aplicable en este asunto, respecto a la definición
de accidente de trabajo, y al resolver, a partir de ella, que el
siniestro en que fallecieron Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo, no fue de origen profesional, pese a
que ocurrió mientras auxiliaban a un compañero de
trabajo, en su sitio y jornada laboral.
Sobre la norma aplicable: El artículo 9 del Decreto
1295 de 1994 fue declarado inexequible por la Corte
Constitucional mediante sentencia CC 858-2006, con
efectos diferidos hasta el 20 de junio de 2007. Por tanto, al
ser retirado del ordenamiento desde esta última data, no es
posible que sea aplicado en este asunto, dado que no se
discute que el accidente de trabajo ocurrió el 25 de abril de
2008. Precisamente en razón a esta inexequibilidad, esta
corporación ha aclarado que, desde el 20 de junio de 2007 y
hasta el 11 de julio de 2012, fecha de expedición de la Ley
1562 de ese año, «debe acudirse a la definición de accidente
de trabajo prevista en la Decisión 584 de 2004, de la
Comunidad Andina de Naciones - CAN, pues sus mandatos
no contrarían la reglamentación interna (CSJ SL4318-2021)».
En esta sentencia se reiteró lo expuesto en decisión
CSJ SL2582-2019, que explicó lo siguiente:
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Radicación n.° 68397
Ahora, en lo que sí tiene razón la censura es en la acusación
sobre la aplicación indebida del artículo 9.º del Decreto 1295 de
1994, en cuanto el precepto que regula tal situación fáctica y
que debe emplearse, es aquel que se encuentre vigente al
momento de la ocurrencia del siniestro laboral, esto es, al 13 de
septiembre de 2007. Sin embargo, el artículo 9.° del Decreto
1295 de 1994, que regulaba dicho asunto, fue declarado
inexequible por la Corte Constitucional a través de la C-858-
2006, que difirió sus efectos al 20 de junio de 2007.
Ante el vacío normativo que se originó en la decisión del
Tribunal constitucional, esta Corporación ha acudido a la
Decisión 584 de 2004 de la Comunidad Andina de Naciones y al
respecto ha tenido dos posturas. La primera, que volvía a tener
vigencia el artículo 200 del Código Sustantivo del Trabajo (CSJ
SL 38070, 24 abr. 2012), puesto que dicha normativa opera
respecto a materias reservadas al derecho comunitario, pero no
en lo que concierne a los temas materia de regulación
contenidas en la misma, de modo que tal instrumento
internacional puede usarse en lo que no se oponga a lo
establecido en el ordenamiento jurídico local y deben primar las
normativas nacionales.
Por su parte, el otro criterio señala que tal disposición andina
tuvo efectos de coadyuvancia regulatoria hasta la declaratoria
de inexequibilidad del artículo 9.º del Decreto 1295 de 1994 y
plena fuerza jurídica hasta la expedición de la Ley 1562 de
2012, toda vez que sus mandatos no eran contrarios a la
reglamentación interna (CSJ SL654-2018).
Como se puede advertir, ambas posiciones doctrinarias no son
contradictorias, en la medida en que la definición de accidente
de trabajo ha sido muy similar desde su consagración por
primera vez en el ordenamiento jurídico colombiano y en las
regulaciones posteriores, incluida la Decisión 584 en comento,
pues básicamente, en todas ellas, se ha estipulado que es
accidente de trabajo todo suceso repentino por causa o con
ocasión del trabajo, que genera al trabajador una lesión
orgánica, perturbación funcional, la invalidez o la muerte,
incluso cuando se produce durante la ejecución de una labor
bajo su autoridad fuera del lugar y horas de trabajo y en el caso
del denominado accidente de trabajo in itinere.
El colegiado no fue explícito en cuanto a la norma que
llamó a operar en este asunto, de hecho, refirió que la
definición de accidente de trabajo aplicable correspondía a
lo dispuesto en la «ley y la jurisprudencia». Sin embargo, si
se parte del contenido legal tenido en cuenta por el
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Radicación n.° 68397
juzgador, sería razonable entender que sí pudo haber
aludido a la norma denunciada y declarada inexequible a
partir del 20 de junio de 2007, dado que al definir el
concepto de accidente de trabajo, dijo que era «i) todo
suceso repentino que sobrevenga por causa o con ocasión del
trabajo, y que produzca en el trabajador una lesión orgánica,
perturbación funcional o psíquica, invalidez o la muerte; ii)
aquel que se produce durante la ejecución de órdenes del
empleador o contratante o la ejecución de una labor bajo su
autoridad» […], definición contenida en el texto del entonces
artículo 9 del Decreto 1295 de 1994.
Pero también podría colegirse que se refirió a la
Decisión 584 de 2004, dada la similitud de la regulación en
la materia, pues esta disposición consagra el accidente de
trabajo de manera muy similar, al señalar como tal:
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Radicación n.° 68397
«[…] todo suceso repentino que sobrevenga por causa o con
ocasión del trabajo, y que produzca en el trabajador una lesión
orgánica, una perturbación funcional, una invalidez o la
muerte. Es también accidente de trabajo aquel que se produce
durante la ejecución de órdenes del empleador, o durante la
ejecución de una labor bajo su autoridad, aun fuera del lugar y
horas de trabajo. Las legislaciones de cada país podrán definir
lo que se considere accidente de trabajo respecto al que se
produzca durante el traslado de los trabajadores desde su
residencia a los lugares de trabajo o viceversa».
Así entonces, la Sala no advierte un yerro jurídico
protuberante del Tribunal, dado que, aunque no precisó
cuál fue la fuente normativa a la que acudió, acertó al
precisar lo relevante en este asunto, esto es, que el
accidente de trabajo es aquel que ocurre por causa o con
ocasión del trabajo o durante el desarrollo de órdenes del
empleador, pues así está previsto en la norma aplicable a
este asunto, y que corresponde a la Decisión 584 de 2004
de la Comunidad Andina de Naciones. Cosa distinta es si, a
partir de tal definición normativa, el colegiado se equivocó o
no al establecer el origen del accidente sufrido por Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo, tema que
se pasa a analizar.
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Radicación n.° 68397
Naturaleza del accidente: Esta Corte ha precisado
que la causalidad que debe existir entre el accidente y la
actividad laboral contratada puede ser directa (por causa
del trabajo) o indirecta (con ocasión del trabajo). El
siniestro que ocurre por causa del trabajo se refiere a una
relación directa derivada del desarrollo de la labor para la
cual se contrató al trabajador y las actividades relacionadas
con la misma; mientras que «con ocasión del trabajo» plantea
una causalidad indirecta, es decir, un vínculo de
oportunidad o de circunstancias, entre el hecho y las
funciones que desempeña el empleado (CSJ SL2582-2019).
Ahora, el trabajo, cuya ejecución puede generar un
accidente en los términos antes señalados, es decir, por
causa o con ocasión de este, no corresponde únicamente a
la labor puntual encomendada por el empleador o a las
funciones propias de su cargo; sino que se debe entender en
un concepto más amplio, concerniente a todos los
comportamientos y acciones inherentes al cumplimiento de
la actividad laboral, incluidas aquellas tareas
extraordinarias que pueden resultar exigibles en eventos
excepcionales, y que, aunque no son usuales en el
desarrollo de la labor asignada, sí están relacionadas con
ella, y por ende, pueden dar lugar a riesgos profesionales.
Así lo explicó esta corporación en sentencia CSJ SL 29 ag.
2005, rad. 23202, reiterada, entre otras, en CSJ SL 16 mar.
2010, rad. 36922:
Pues bien, en los términos normativos actuales, es elemento
integrante del accidente laboral el “suceso repentino que
sobrevenga por causa o con ocasión del trabajo”. ‘Trabajo’ que
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Radicación n.° 68397
debe entenderse en un sentido humano y progresista, con total
amplitud y flexibilidad, debido a que no se debe circunscribir
exclusivamente a la actividad o tarea laboral desplegada por la
persona, pues, como bien lo ha dicho la Corte, “no está por
demás anotar que si se considerara que únicamente queda
cobijado como accidente de trabajo el suceso imprevisto y
repentino, no querido por la víctima ni tampoco provocado por
grave culpa suya, que ocurre de modo exclusivo cuando el
trabajador se encuentra "dedicado a sus actividades normales"
o a las "funciones propias de su empleo", bastaría entonces que
el trabajador no obstante hallarse a disposición del patrono
estuviese ocupado en una faena distinta a la suya propia, o en
cualquier actividad que estrictamente no pudiera considerarse
como una de "sus actividades normales" o "funciones propias de
su empleo", como, por ejemplo, entrando en la empresa o
saliendo de ella, bajando o subiendo unas escaleras después de
terminada su labor habitual, o en fin ejecutando cualquier otra
acción diferente a la labor para la cual fue contratado, para que
dejara de considerársele como dedicado a una de "sus activi-
dades normales", desapareciendo, por ende, el accidente de
trabajo por faltar uno de los elementos que lo configuran”
(sentencia de septiembre 20 de 1993, Radicación 5911).
Es de importancia memorar que esta Sala de casación, en
sentencia de septiembre 18 de 1995 (Radicación 7.633), sobre el
punto precisó: “Acerca del alcance que deba darse dentro de la
definición al término "trabajo", es claro que no sólo se refiere a
la actitud misma de realizar la labor prometida, sino a todos los
comportamientos inherentes al cumplimiento de la obligación
laboral por parte del operario sin los cuales ésta no podría
llevarse a cabo como la locomoción de un sitio a otro dentro del
establecimiento, o también a actividades de capacitación o de
otra índole impuestas en ejercicio de la potestad subordinante.
Y en este orden de ideas tampoco ha de perderse de vista que el
vínculo contractual laboral lo deben ejecutar las partes de
buena fe y por ende no obliga sólo a lo que en el acuerdo formal
se expresa, sino también, en lo que hace al trabajador, a todas
las cosas que emanan precisamente de la prestación de los
servicios, verbigracia el desarrollo de actividades
extraordinarias exigibles en circunstancias excepcionales; las
cuales, si bien no hacen parte usual del trabajo comprometido,
si están ligadas con éste, de modo que son generadoras de
riesgos profesionales”.
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Radicación n.° 68397
En esa medida, el colegiado no podía descartar el
origen laboral del siniestro ocurrido el 25 de abril de 2008,
bajo el argumento de que los trabajadores se «separaron de
sus tareas» para brindar socorro a uno de sus compañeros
de trabajo, con independencia de que estas personas
tuvieran o no que desarrollar sus funciones puntuales en el
pozo en que se encontraba Dumar Trujillo y en el que
finalmente se accidentaron y murieron. Lo cierto es que en
este caso, se dio por establecido que el accidente ocurrió en
el sitio y jornada de trabajo donde todos los obreros estaban
laborando, aunque en tareas diferentes; estando a
disposición del mismo empleador, calidad que precisamente
legitimó a este para pedirles a los cuatro trabajadores que
acudieran en ayuda de su otro compañero y que al socorrer
a dicho obrero ocurrió el infortunio, por lo que se trata de
un comportamiento acaecido en el marco del trabajo y con
ocasión de este, como lo prevé la Decisión 584 de 2004, ya
que se presentó un vínculo de oportunidad entre el hecho
(brindar socorro al compañero en riesgo) y las funciones
asignadas (actividad de obreros en la Planta de Tratamiento
de Aguas Residuales del Municipio de Suaza).
Esto último pone de relieve que deberán ser las
circunstancias particulares de cada caso las que
determinen si se está frente a un accidente de trabajo o no,
en la medida que es determinante que, en esta situación de
auxilio, esté presente, entre otros, el vínculo de
oportunidad, como ocurre en este caso.
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El solo hecho de que el día del accidente Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo, no
tuviesen asignada alguna tarea específica para realizar en el
pozo donde finalmente ocurrió el accidente, sino en áreas
colindantes y pertenecientes todas a la Planta de
Tratamiento de Aguas Residuales del municipio de Suaza,
no permite siquiera considerar que el auxilio que prestaron
en ese tanque a su compañero fuese ajeno a su trabajo.
Todo lo contrario, obedeció al cumplimiento de una
obligación laboral especial a cargo de los trabajadores,
como es «prestar la colaboración posible en casos de
siniestro o de riesgo inminente que afecten o amenacen a las
personas o cosas de la empresa o establecimiento », prevista
en el numeral 6 del artículo 58 del CST, como lo resalta la
censura con acierto.
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Así entonces, al auxiliar a su compañero Dumar
Trujillo Núñez, ante el riesgo fatal en que se encontraba al
haber caído al tanque, los trabajadores actuaron no solo
con sentido humano, solidario y hasta heroico, sino en
desarrollo de su deber legal de socorrer a su compañero de
labor dado el riesgo inminente hacia su vida. Por ello no se
comprende cómo pudo afirmarse por el Tribunal que la
reacción de los compañeros de trabajo al pretender salvar la
vida del primer accidentado, luego del segundo, después del
tercero y así sucesivamente, se calificara como la simple
asunción de un riesgo propio, dejándolos desprotegidos y
considerando que no se estaba ante un accidente de trabajo
cuyo riesgo se encuentra objetivamente amparado por la
legislación laboral.
Con ello, el colegiado castigó el comportamiento
generoso de los compañeros de trabajo, quienes, al tratar de
salvarle la vida no solo al primero sino a los siguientes
compañeros de infortunio laboral, terminaron todos
perdiendo su propia vida cuando estaban desarrollando
una de sus obligaciones legales en los términos del numeral
6 del artículo 58 del CST.
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Radicación n.° 68397
Menos aún es factible considerar que ellos al intentar
salvar al primer trabajador y luego a los sucesivos
operarios, hubieran desatendido o se hubieran separado de
su trabajo, como se dice en la sentencia confutada, pues no
cabe la menor duda de que su actuar no fue ajeno a la
actividad laboral como con evidente desacierto lo estimó el
Tribunal cuando sugirió que para que ese rescate fuera
considerado de origen laboral se precisaba además, de una
orden de su empleador, pero que en este caso no la hubo.
Por el contrario, fue con ocasión de ese trabajo, que los
obreros Rafael Antonio, Jorge Luis, Jesús Gregorio y Luis
Carlos se encontraban en el mismo sitio que su compañero
Dumar, pues laboraban en la misma jornada de trabajo;
todos estaban dedicados en la obra de la planta de
tratamiento de aguas residuales y en labores varias;
estando a disposición del mismo empleador pues fue éste
quien los contrató a todos para dicho menester; la ayuda y
el auxilio que prestaron los cuatro trabajadores se desplegó
en cumplimiento de la voz de ayuda que emitió dicho
empleador, de ahí que se hubiera tratado de un actuar
presentado en el marco del trabajo y con ocasión de este,
como lo prevé la Decisión 584 de 2004, máxime que,
además, como se dijo, se presentó el vínculo de oportunidad
entre el siniestro del que fue víctima Dumar y la presencia
de los trabajadores que acudieron a tratar de salvarle la
vida, quienes se encontraban allí, precisamente por
compartir su fuerza laboral en la terminación de la misma
obra, con el trágico resultado de que en ese intento
resultaron los cinco operarios fallecidos.
SCLAJPT-10 V.00
58
Radicación n.° 68397
No puede perderse de vista que la relación laboral,
como relación humana, implica la convivencia y
relacionamiento con los compañeros de trabajo, lo que hace
que surjan conductas de ayuda, solidaridad y socorro
mutuo, entre otras, sin que pueda considerarse que al
ejercer alguna de ellas, con ocasión precisamente del
trabajo, se esté ante actividades ajenas a este. Tan es así,
que el legislador, consciente de ello y en aras de reforzar el
comportamiento ideal y de buena fe del trabajador en la
ejecución del contrato, previó una especial obligación
consistente en prestar socorro o auxilio en casos de riesgo
inminente que amenace a los seres humanos, entre ellos,
los que laboran con él.
Por tanto, si no es posible desconocer las relaciones y
comportamientos de solidaridad y ayuda mutua que se
originan al ejercer una actividad humana como el trabajo,
al punto que fueron tenidas en cuenta por el mismo
legislador al consagrar tal socorro como una obligación
especial para quienes prestan su concurso laboral, no
podría afirmarse válidamente que, si en el desarrollo de
ellas o con ocasión de estas, el trabajador sufre una lesión
orgánica, una perturbación funcional, una invalidez o la
muerte, tal siniestro resulte ajeno a la actividad laboral.
SCLAJPT-10 V.00
59
Radicación n.° 68397
No resulta acorde con los principios del derecho
laboral, desamparar a quien sufre un accidente al prestar
auxilio a un compañero en inminente peligro, no solo
porque ello se deriva de la misma condición humana de
quienes prestan su fuerza laboral, sino porque fue
calificada como una obligación legal en los términos del
numeral 6 del artículo 58 del CST.
En estos eventos, tampoco es acertado exigir la orden
previa del empleador para socorrer a los compañeros en
peligro, dado que la misma naturaleza excepcional o
extraordinaria de la situación genera reacciones inmediatas
y espontáneas que no dan espera a contar con la
autorización de quien esté a cargo de la obra o trabajo.
En un asunto muy similar, en el que también se
cuestionaba el origen de un accidente ocurrido mientras se
auxiliaba a compañeros de trabajo que habían caído en un
tanque con sustancias tóxicas, esta Sala, mediante
sentencia CSJ SL 20 sep. 1993, rad. 5911, reiterada entre
otras, en providencias CSJ SL 29 ag. 2005, rad. 23202, CSJ
SL 16 mar. 2010, rad. 36922, CSJ SL 4 dic. 2012, rad.
39436, aseguró que tal comportamiento debía considerarse
ejercido con ocasión del trabajo y en virtud de la obligación
especial prevista en el numeral 6 del artículo 58 del CST,
por lo que el siniestro ocurrido en estas condiciones era
laboral:
Con este entendimiento puede decirse que el Tribunal no aplicó
indebidamente ni el artículo 216 del C. S. del T., ni tampoco los
artículos 58 ordinal 6 y 199 ibídem, ni ningún otro de los
preceptos legales con los cuales se integra la proposición
SCLAJPT-10 V.00
60
Radicación n.° 68397
jurídica del cargo, puesto que la correcta comprensión de las
normas legales que gobiernan lo relativo al accidente de trabajo
y las consecuencias para el patrono cuando la ocurrencia del
mismo es debida a culpa suya y de la que dispone al trabajador
como obligación especial la de "prestar la colaboración posible
en caso de Siniestro o riesgo inminente que afecten o amenacen
las personas o las cosas de la empresa o establecimiento, es
exactamente la que el Tribunal de Medellín le dio tales
preceptos al hacerles producir los efectos queridos en las
normas, sin excederlas ni tampoco recortar el contenido de las
mismas.
En efecto, no podría considerarse que al mismo tiempo que la
ley establece como obligación especial del trabajador colaborar
en los casos de siniestro o riesgos inminentes que afecten o
amenacen a las personas o las cosas de la empresa.
simultáneamente, y contrariando el mismo deber que le impone
al trabajador, lo desampara a tal extremo que si al llevar a cabo
el acto de colaboración se le ocasionara una lesión orgánica o
perturbación personal permanente o pasajera, o inclusive y en
el caso más extremo la propia muerte, este suceso imprevisto y
repentino, desde luego no provocado deliberadamente por la
víctima y el cual muchísimo menos puede serle reprochado
como una culpa grave suya, escapara a la definición de
accidente de trabajo.
Es apenas obvio entender que el legislador cuando contempla
los supuestos de hecho que le sirven de hipótesis para
imputarles una consecuencia determinada, no se aparta de
aquellos impulsos nobles y generosos que constituyen el ideal
de comportamiento de los seres humanos; y que en este caso
para reforzar el natural impulso del ser humano de prestar
ayuda a quien ve en inminente peligro, lo consagró como uno de
los deberes especiales a cargo del trabajador, deber especial
éste que al igual que los demás de su especie puede inclusive
generar la germinación (sic) del contrato de trabajo por justa
causa cuando se viola gravemente la obligación. Por esto, si la
propia ley impone como obligación para el trabajador el
colaborar en cuanto le sea posible en caso de siniestro o riesgo
inminente que afecten o que dañen a las personas o las cosas
de la empresa, hay que armonizar este deber con las restantes
normas laborales de forma tal que se entienda que si el
trabajador actúa en cumplimiento del mismo no está por ello
realizando actividades que puedan considerarse ajenas a las
que de buena fe se desprenden de la ejecución de un contrato
que, como el de trabajo, exige la convivencia no sólo con el
patrono, cuando éste es persona natural, sino con otros
trabajadores con los cuales por la misma relación de
compañerismo es dable suponer que surgen sentimientos de
afecto, de amistad, de ayuda y de socorro mutuo.
SCLAJPT-10 V.00
61
Radicación n.° 68397
La comunidad de trabajo que es propia de toda empresa
entendida ella como una explotación en la que concurren, por
un lado, el factor del capital y, por el otro, el factor humano de
los trabajadores que se colocan al servicio de la explotación
económica, hace que surjan de modo natural lazos de
solidaridad entre quienes durante un tiempo más o menos largo
de su vida deben relacionarse en orden a lograr el éxito de las
actividades propias de la empresa o establecimiento. Y si esto es
así, no podría desampararse a quien, intentando salvar a
compañeros suyos que sabe en inminente peligro, pierde su
vida o resulta por el acto generoso y heroico lesionado
orgánicamente o con perturbaciones funcionales, castigando su
desprendido comportamiento al procurar socorrer al
infortunado que demanda auxilio, que es una de sus
obligaciones legales en los términos del ordinal 6º del artículo
58 del C. S. del T., dejándolo a la vez desprotegido y
considerando que ni siquiera se está ante un accidente de
trabajo cuyos riesgos se encuentran objetivamente amparados
por la legislación social.
Tampoco se muestra razonable exigir que siempre y en todo
caso para que opere la obligación especial que tiene el
trabajador de prestar auxilio a sus compañeros en peligro, fuera
necesaria la previa orden del patrono o su autorización expresa.
Las situaciones de inminente peligro no dan normalmente
espera y por ello es común se obre en tales casos de manera
instintiva y espontánea; pero impulsado quien actúa por el
laudable propósito de intentar salvar la vida del prójimo que se
encuentra amenazada.
SCLAJPT-10 V.00
62
Radicación n.° 68397
Por tanto, no se compadece con quien presta su fuerza
de trabajo, el que, de una parte se haya elevado a deber
legal especial, el acto humano de colaborar o prestar
socorro a quien se encuentre en riesgo inminente, pero que,
de otra, se considere que de presentarse un siniestro en
cumplimiento de tal obligación, se desconozca su origen
laboral, y con ello, la responsabilidad tanto del empleador e
incluso del sistema de riesgos profesionales, frente a las
contingencias que ello le genere al trabajador. No es
proporcional que el legislador le hubiese impuesto una
obligación especial, pero que se desligue al empleador de los
eventuales efectos negativos que puedan surgir en ejercicio
de ella.
De ahí que la consideración del Tribunal al decir que
Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo,
Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo,
asumieron un riesgo propio ajeno a su trabajo, resulta
contraria a las normas denunciadas y a la finalidad del
derecho laboral, lo que evidencia un entendimiento limitado
del concepto de trabajo y de las dinámicas sociales y
humanas que este implica y que no se reducen a la
realización de una tarea o función específica a cambio de
una contraprestación.
En esa medida, le asiste razón a la parte actora
recurrente, y al encontrarse probados los yerros jurídicos
en que el incurrió el juez de la alzada los cargos prosperan y
deberá casarse la sentencia en este aspecto.
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Radicación n.° 68397
XV. CARGO TERCERO
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Radicación n.° 68397
Acusa la sentencia del Tribunal por la vía indirecta en
la modalidad de aplicación indebida de los artículos 66 A
del CPTSS, 305 del CPC en relación con el artículo 145 del
CPTSS, violación medio para la aplicación indebida de los
artículos 216 del CST y 16 de la Ley 446 de 1998, 15, 46
modificado por el artículo 12 de la Ley 797 de 2003, 73 y
141 de la Ley 100 de 1993 y 8 del Decreto 1642 de 1995.
Señala que el juez de la alzada incurrió en los
siguientes errores de hecho:
1. No dar por probado, estándolo, que en los procesos instaurados
por los actores se demandó el reconocimiento y pago de la
pensión de sobrevivientes por no haber afiliado el empleador a
los causantes a un fondo de pensiones o a una administradora
de riesgos profesionales.
2. No dar por demostrado, a pesar de estarlo, que la absolución a
los demandados de la pensión de sobrevivientes a los
causahabientes de los cinco trabajadores fallecidos formó parte
de los temas del recurso de apelación.
3. No dar por acreditado, a pesar de que lo está, que fue materia
del recurso de apelación interpuesto contra la sentencia de
primer grado, la absolución respecto de la indemnización de
perjuicios materiales causados a los causahabientes de Dumar
Trujillo Núñez.
Menciona que estos errores fueron producto de la falta
de valoración de los alegatos de conclusión presentados por
la parte actora ante el Tribunal (folios 9 a 39 del cuaderno
de segunda instancia) y por la equivocada apreciación de:
1. Las demandas presentadas en cada uno de los procesos
acumulados.
2. Escrito mediante el cual la parte accionante sustentó el recurso
de apelación contra la sentencia de primer grado.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Indica que el colegiado entendió que el litigio giraba
solamente en torno a las consecuencias del accidente en
que fallecieron los causantes y circunscribió su análisis
exclusivamente a los puntos que resumió de la sustentación
del recurso de alzada formulado por los actores, que, a su
juicio, se referían a: i) la existencia del accidente de trabajo
en que fallecieron los causantes; ii) la cuantía de la
indemnización por perjuicios morales a favor de los
causahabientes de Dumar Trujillo Núñez y iii) si las
condenas debían extenderse a todos los demandados. Solo
frente a estos aspectos se pronunció.
Sin embargo, no tuvo en cuenta que en las demandas
iniciales se solicitó el reconocimiento de la pensión de
sobrevivientes y los intereses moratorios. Tampoco advirtió
que la decisión absolutoria respecto de estas pretensiones
fue expresamente cuestionada en la sustentación del
recurso de apelación presentado por la parte actora, por
ende, era parte de las materias que ha debido estudiar el
Tribunal. En los alegatos de conclusión presentados en
segunda instancia, también se insistió en el reconocimiento
de la pensión.
Agrega que el juzgador igualmente ignoró que en la
sustentación de la alzada se hizo alusión a la decisión
absolutoria respecto de la indemnización de perjuicios
materiales a favor de los causahabientes de Dumar Trujillo
Núñez, como uno de los temas materia de inconformidad
que debían ser resueltos por el colegiado.
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Radicación n.° 68397
Explica que la indebida apreciación de las piezas
procesales denunciadas dejó sin resolución dos cuestiones
esenciales del proceso y del recurso de alzada, pues el
Tribunal no se pronunció frente al reconocimiento de la
pensión de sobrevivientes, salvo lo atinente a los
causahabientes de Dumar Trujillo Núñez, ni respecto a la
indemnización de perjuicios materiales reclamados por
ellos. Afirma que al estar acreditado que todos los
causantes estuvieron vinculados mediante un contrato de
trabajo, y ante la falta de afiliación a una administradora de
pensiones o de riesgos profesionales, se ha debido ordenar
el reconocimiento de la pensión de sobrevivientes, lo que no
impide el pago de la indemnización de los perjuicios
materiales, en especial, el lucro cesante.
Considera que, de manera equivocada, el Tribunal
absolvió de las pretensiones de pensión de sobrevivientes e
intereses moratorios, pese a estar acreditados los supuestos
para su causación; y no resarció de manera los perjuicios
causados a los beneficiarios de Dumar Trujillo Núñez, lo
que evidencia la transgresión de las normas denunciadas.
XVI. RÉPLICA
La única opositora Aguas del Huila S. A. ESP refiere
que el tema de la pensión de sobrevivientes no fue objeto de
inconformidad en el recurso de apelación formulado por la
parte actora, por lo que mal podía el Tribunal pronunciarse
al respecto.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
XVII. CONSIDERACIONES
La parte recurrente reprocha que, pese a que fue
materia de la alzada, en la sentencia de segunda instancia
no se hubiese efectuado pronunciamiento alguno frente a la
decisión absolutoria respecto de: i) la indemnización por
perjuicios materiales a favor de los causahabientes de
Dumar Trujillo Núñez y ii) la pensión de sobrevivientes e
intereses moratorios en relación con los beneficiarios de
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano.
En primera medida, debe indicarse que, revisada la
sentencia impugnada, en verdad no se evidencia que el
colegiado hubiese resuelto el primero de los asuntos que
echa de menos la censura. De hecho, su pronunciamiento
se limitó a analizar tres aspectos puntuales: i) el origen del
accidente sufrido por Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge
Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano; ii) la posibilidad de incrementar el monto de las
condenas impartidas por concepto de perjuicios a favor de
los beneficiarios de Dumar Trujillo Núñez, y iii) la
responsabilidad solidaria de las demandadas.
A lo anterior se contrajo la decisión del Tribunal, sin
que se hubiese referido a los perjuicios materiales en los
términos señalados en este cargo y que fueron sustentados
en la alzada. Sin embargo, esta omisión del juzgador no
puede ser enmendada a través del recurso de casación,
como quiera que el legislador estableció los mecanismos
SCLAJPT-10 V.00
68
Radicación n.° 68397
ordinarios en sede de instancia para que se obtuviera la
solución adecuada, y lo cierto es que, en este caso, la parte
no hizo uso de ellos, en especial la solicitud de adición o
complementación de la sentencia, tal como se evidencia de
la revisión del trámite procesal respectivo.
En efecto, una vez proferida y notificada la sentencia
de segunda instancia, la Secretaría del Tribunal hizo
constar que, en el término para solicitar aclaración, adición
y/o complementación del fallo las partes guardaron silencio
(folio 207 cuaderno 6 proceso 2008-00355). Por tanto, no es
procedente que se acuda al recurso extraordinario para
reprochar tal omisión del juez de segundo grado, si
previamente no se acudió a los remedios procesales en los
términos de los artículos 309 a 311 del CPC, hoy 285 a 287
del CGP. Así se explicó en decisión CSJ SL, 29 jun. 2001,
rad. 15456, reiterada en CSJ SL 488-2023:
En reiteradas oportunidades ha sostenido la Corte que el
recurso de casación, dada su propia naturaleza de ser
extraordinario, no está instituido como sucedáneo para corregir
yerros que pueden ser subsanados en las instancias mediante
otros mecanismos jurídicos especialmente previstos para el
caso, como son la aclaración, corrección y adición de las
sentencias, consagrados en los artículos 309, 310 y 311 del
Código de Procedimiento Civil, aplicables en lo laboral por la
remisión expresa del artículo 145 del C. de P. L.
Igualmente, en providencia CSJ SL2002-2022 al
resolver un cuestionamiento similar en cuanto a la falta de
resolución de un tema apelado, se reparó en la carga de la
parte de agotar previamente todos los medios y recursos
legalmente definidos para subsanar falencias como la
planteada en este cargo:
SCLAJPT-10 V.00
69
Radicación n.° 68397
En el fondo, de lo que se duele la censura es que, el Tribunal no
se hubiese pronunciado respecto de todos los aspectos
pretendidos y apelados, por lo que los aquí recurrentes, han
debido hacer uso de los remedios procesales consagrados en
nuestra legislación, que para el efecto tenían, esto es, la
adición, complementación o aclaración de la providencia; lo
anterior, por cuanto, como se ha sostenido en innumerables
oportunidades, el recurso de casación no está instituido para
corregir este tipo de falencias, omisiones o desidias de las
partes, pudiendo traerse a colación la sentencia CSJ SL3721-
2021, que memoró la CSJ SL16786-2017, en la que se
puntualizó:
Por lo anterior, la entidad demandada debió agotar los
remedios procesales establecidos en la legislación procesal para
obtener un pronunciamiento de fondo por parte del Tribunal, a
través de la solicitud de adición de la sentencia, de
conformidad con lo establecido en el entonces vigente artículo
311 del Código de Procedimiento Civil.
En este sentido, es importante reiterar que la normativa
jurídica procesal está configurada para que quien acude al
recurso extraordinario de casación haya agotado todos los
recursos e instrumentos procesales consagrados a su favor. En
un asunto similar, a través de la sentencia CSJ SL-2949-2015,
la Sala adujo lo siguiente:
En cuanto a la segunda razón, es palmario que el demandante
tenía a su alcance una herramienta eficaz para obtener un
pronunciamiento por parte del Tribunal respecto a la
pretensión de la indemnización moratoria de que trata el art. 1º
del D. 797/1949, cuál era la adición de la sentencia conforme
lo establecido en el artículo 311 del C.P.C. aplicable por
remisión expresa del artículo 145 del C.P.T. y S.S., instrumento
que dejó precluir.
Este mecanismo que encuadra dentro de lo que la doctrina
jurídico-procesal ha denominado remedios procesales, era la
vía adecuada para que el Tribunal corrigiera los defectos de su
sentencia cuando en la misma se hubiere omitido decidir sobre
alguna de las pretensiones, no siendo el recurso extraordinario
el escenario propicio para enmendar estos errores para los
cuales el legislador ha previsto una solución. Además, se
supone que quien acude al recurso de casación es porque ha
agotado todos los recursos y los instrumentos procesales que la
ley ha dispuesto a su favor.
Sobre el tema, valga reiterar lo que esta Corporación expuso en
la sentencia CSJ SL, 11 feb. 1998, rad. 10115: [...] resulta
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Radicación n.° 68397
pertinente reiterar que el recurso extraordinario no puede
servir de mecanismo alternativo para subsanar irregularidades
en que pudo haber incurrido el fallador al momento de decidir
el litigio, y que eran viables remediar a través de las
herramientas jurídicas previstas para el efecto, que es lo que
ocurre en este caso, cuyo conducto procesal pertinente era el
solicitar la adición de la sentencia a fin de que se dictara una
complementaria en donde se pronunciara sobre el punto no
resuelto.
(…) Y es por lo anterior que cuando se dan algunas de las
referidas falencias, el mismo artículo 311 del C.P.C., modificado
por el artículo 1° numeral 141 del Dcto 2282 de 1989, prevé el
mecanismo tendiente a conjurar tales irregularidades bien por
actuación de oficio del juez o en virtud de solicitud de parte, a
través de una sentencia complementaria donde se resuelva
sobre la pretensión o excepción cuyo pronunciamiento fue
omitido; instrumento éste que no fue utilizado por el
impugnante dentro del término que allí mismo se establece y
que ahora pretende revivir a través de un recurso restringido y
extraordinario, que supone en quien lo ejerce, haber agotado
sin éxito ante las instancias todos los medios de impugnación e
instrumentos que el procedimiento establece. Así lo ha
precisado ya esta Sala de la Corte, entre otros, en el fallo de
octubre 29 de 1997, radicación 9895.
En esa medida, la Sala desestima la acusación
relativa a la falta de resolución frente a la indemnización
por los perjuicios materiales a favor de los beneficiarios del
trabajador Dumar Trujillo Núñez, como quiera que no es «el
recurso extraordinario el escenario propicio para enmendar
estos errores para los cuales el legislador ha previsto una
solución», máxime que quien acude al recurso de casación
es porque ha agotado todos los recursos y los instrumentos
procesales que la ley ha dispuesto a su favor (CSJ SL2949-
2015).
Ahora, se aclara que lo relativo a la pretensión de
pensión de sobrevivientes e intereses moratorios en relación
con los demandantes causahabientes de Rafael Antonio
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71
Radicación n.° 68397
Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio
Daza y Luis Carlos Zambrano, a la que también se alude en
este cargo, dada la prosperidad de las dos primeras
acusaciones referidas al origen profesional del accidente
sufrido por estos trabajadores, y que es precisamente la
causa en que se sustenta la prestación pensional, será
objeto de pronunciamiento en sede de instancia, en razón a
la casación parcial referida.
XVIII. CARGO CUARTO
Acusa la decisión de segundo grado por la senda
directa en la modalidad de interpretación errónea de los
artículos 2341, 2342, 2343, 2356 del CC, 1 y 5 de la
Constitución Política, 16 de la Ley 446 de 1998, lo que
condujo a la aplicación indebida del artículo 216 del CST.
Afirma que el Tribunal interpretó con error las normas
y la jurisprudencia relativas al arbitrio juris para tasar las
indemnizaciones por los perjuicios morales y por daño en la
vida de relación y fijó una suma exigua que no resarce los
perjuicios sufridos y no atiende los criterios que
actualmente orientan la jurisprudencia. Aclara que el
juzgador entendió correctamente que el daño moral debía
resarcirse y que para ello debía acudir al arbitrio juris; sin
embargo, se equivocó al considerar que el tope máximo para
su tasación era la suma de 100 SMLMV, y no que esta era
la cuantía mínima, que puede ser aumentada en casos
excepcionales.
SCLAJPT-10 V.00
72
Radicación n.° 68397
Precisa que los más recientes criterios
jurisprudenciales indican que para una verdadera
reparación del perjuicio moral en caso de muerte de un
familiar cercano, como el padre, el monto indemnizatorio
que debe fijar el juzgador equivale al menos, a 100 SMLMV.
Afirma que así se planteó en una decisión del Consejo de
Estado de la cual cita algunos apartes, pero que no
identifica. Agrega que según la jurisprudencia civil y laboral
la intensidad del perjuicio moral por la muerte de una
persona es proporcional al grado de parentesco; de ahí que
cuando se trata de un familiar cercano ni siquiera es
necesario demostrar el daño.
Refiere que el fallecimiento del padre y compañero
permanente genera en sus hijos menores y compañera
sentimientos de angustia, tristeza, amargura, aflicción, por
lo que los efectos de ello deben ponderarse de manera que
en verdad se resarza el grave daño causado. Resalta que, en
un asunto similar, la Sala Laboral de la Corte Suprema de
Justicia consideró, según su prudente arbitrio, que el
monto del perjuicio moral ascendía a $50.000.000 y el
Consejo de Estado, en eventos como este, ha condenado a
sumas equivalente hasta de 100 SMLMV, según un test de
proporcionalidad elaborado por esa corporación respecto de
familiares inmediatos que vivían con el causante. Lo
anterior evidencia la grave equivocación interpretativa del
Tribunal.
Indica que, tal como se precisó en decisión CSJ SL 30
oct. 2012, rad. 39631, la cuantificación de los daños en la
SCLAJPT-10 V.00
73
Radicación n.° 68397
vida de relación también está sujeta al arbitrio judicial, y
los hijos están legitimados para reclamar su indemnización,
para lo cual debe tenerse en cuenta el entorno social de la
familia y las limitaciones del hijo en materia de educación,
vivienda etc. Además, para su tasación deben seguirse
criterios similares a los del daño moral. En esa medida,
concluye que el colegiado se equivocó al establecer los
criterios para aplicar el arbitrio judicial en la estimación de
los perjuicios referidos, por lo que su reparación no fue
plena.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
XIX. RÉPLICA
La parte opositora Aguas del Huila S. A. ESP precisa
que lo pretendido por la censura es una apreciación
subjetiva, sin que hubiese demostrado que el Tribunal se
haya desviado de los parámetros legales para fijar el monto
de las indemnizaciones discutidas o que su interpretación
de las normas fuese arbitraria e inequitativa.
XX. CONSIDERACIONES
Partiendo de los argumentos del colegiado y del
cuestionamiento formulado por la censura, a la Sala le
incumbe establecer si el juez de la alzada se equivocó al
considerar que la tasación de los perjuicios ordenados
pagar en primera instancia atendió los criterios del arbitrio
iuris y que no existían elementos de juicio para
incrementarlos.
Esta Corte ha precisado que los perjuicios morales se
dividen en objetivados y subjetivados. Los primeros, son
aquellos daños resultantes de las repercusiones económicas
de la angustia o trastornos síquicos que se sufren a
consecuencia de un hecho dañoso; y, los segundos,
lesionan exclusivamente aspectos sentimentales, afectivos,
y emocionales que originan angustia, dolores internos,
síquicos, que lógicamente no son fáciles de describir o de
definir (CSJ SL 30 oct. 2012, rad. 39631).
SCLAJPT-10 V.00
75
Radicación n.° 68397
En cuanto al daño a la vida en relación se ha
entendido que corresponde a una afectación a la aptitud y
disposición para disfrutar de la dimensión de la vida en
cualquiera de sus escenarios sociales, que implica que
algunas actividades ya no se puedan realizar o que
requieren de un esfuerzo o genera incomodidades y
dificultades.
En sentencia CSJ SL4570-2019, se precisó que este
tipo de daño ha sido definido por la Sala de Casación Civil
de esta Corte como la afectación en la esfera externa del
comportamiento del individuo, esto es:
«en las situaciones de la vida práctica o en el desenvolvimiento
que el afectado tiene en el entorno personal, familiar o social se
manifiesta en impedimentos, exigencias, dificultades,
privaciones, vicisitudes, limitaciones o alteraciones, temporales
o definitivas, de mayor o menor grado, que él debe soportar o
padecer, las cuales, en todo caso, no poseen un significado o
contenido monetario, productivo o económico […]» (CSJ SC665-
2019).
La Corte también ha precisado que la tasación de los
perjuicios morales queda a discreción o arbitrio del
juzgador, para lo cual, debe tenerse en cuenta el principio
de dignidad humana consagrado en los artículos 1 y 5 de la
Constitución Política, ya que, «para ello deberán evaluarse
las consecuencias sicológicas y personales, así como las
posibles angustias o trastornos emocionales que las
personas sufran como consecuencia del daño» (CSJ SL255-
2023). Este arbitrio judicial también ha sido admitido para
cuantificar el daño en la vida de relación, tal como se indicó
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
en decisiones CSJ SL 30 oct. 2012, rad. 39631 y CSJ
SL5195-2019.
Por tanto, aunque el legislador facultó a los jueces
para tasar estos daños, este arbitrio no equivale a un obrar
caprichoso, pues debe seguir algunos lineamientos al
respecto, y en todo caso, se debe motivar la decisión. Así,
para la fijación de la cuantía de los perjuicios que se
pretenden reparar, el juez debe valorar las pruebas de
manera integral y racional, con base en la sana crítica, con
argumentos lógicos y con apego a las reglas de la
experiencia; debe exponer expresamente sus conclusiones
probatorias y los criterios bajo los cuales adopta la decisión.
Además, también le incumbe tener en cuenta los principios
de reparación integral, equidad, así como criterios técnicos
actuariales como lo prevé el artículo 16 de la Ley 446 de
1998. Así lo explicó esta corporación en decisión CSJ
SL5195-2019:
Entonces, el epicentro de la discusión en el recurso
extraordinario, estriba, exclusivamente, en elucidar si el
juzgador se equivocó en la tasación de «la indemnización por los
perjuicios fisiológicos», pues, en sentir de la recurrente, se
exhibe carente de criterio objetivo, lo que condujo a que se
impusiera una condena excesiva por tal concepto, contrariando
la jurisprudencia de esta Corporación y los preceptos
denunciados en la proposición jurídica.
Pues bien, en aras de dar respuesta a lo anterior, se impone
memorar la línea de pensamiento de esta Corte atinente a que
la tasación de los perjuicios morales y los llamados daños en la
vida de relación queda a discreción del Juzgador, siguiendo, eso
sí, la jurisprudencia nacional y teniendo en cuenta la
consideración humana y, con ella, su dignidad, al amparo de
los artículos 1º y 5º de la Carta Política, con el fin de
garantizarle al afectado sus derechos y satisfacerlos de alguna
manera. De suerte que aunque la ley le otorga a los
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Radicación n.° 68397
sentenciadores la facultad de cuantificarlos, ello de manera
alguna se traduce en que sea caprichosa.
En ese contexto, precisamente para evitar la arbitrariedad y
respetar el derecho fundamental al debido proceso, el juez-
director no solo debe analizar los diferentes elementos de
persuasión, individual y en conjunto, legales y oportunamente
producidos en el juicio, teniendo como báculo las reglas de la
sana crítica, esto es, según los argumentos lógicos, la
experiencia, los estándares científicos y los procedimientos
admitidos por los distintos ámbitos profesionales o técnicos
(artículos 60 y 61 del Código Procesal del Trabajo y de la
Seguridad Social) sino también le es imperativo expresar lo que
infiere de la valoración de la plataforma probatoria y sus
méritos, los criterios, razones o fundamentos legales,
jurisprudenciales, de equidad y doctrinarios que lo condujeron
a adoptar la decisión (artículos 303 y 304 del Código de
Procedimiento Civil y 55 de la Ley 270 de 1996).
Así mismo, para calcularlo es pertinente tener presente el
artículo 16 de la Ley 446 de 1998, que dispone: «VALORACION
DE DAÑOS. Dentro de cualquier proceso que se surta ante la
Administración de Justicia, la valoración de daños irrogados a
las personas y a las cosas, atenderá los principios de reparación
integral y equidad y observará los criterios técnicos actuariales».
Ahora bien, en el asunto bajo examen la Corte observa que el
Tribunal tuvo ante sus ojos, a tal punto que se basó en ella
para su decisión, la sentencia proferida por esta Corporación el
30 de junio de 2012, rad. n° 39631, en la que, además de
hacerse referencia a la tasación de los perjuicios según el
prudente juicio, la Sala, con apoyo en la misión unificadora que
por ley le corresponde, rememoró en forma patente algunos
parámetros a tener en consideración al momento de
establecerlos, por lo que, aunque el fallador no plasmó de
manera clara las razones para concretarlos, puede entenderse
que hizo suyos los asentados en dicha providencia, tales como,
las condiciones de la lesión y el entorno social de la actora.
Los anteriores parámetros no fueron desestimados por
el Tribunal, por el contrario, en su análisis advirtió que el
juez podía establecer la tasación de los perjuicios discutidos
a su arbitrio, bajo una libre crítica probatoria, en el marco
de la equidad, razonabilidad, proporcionalidad y reparación
integral, indicadores que son precisamente los que se han
previsto para evitar que el arbitrio iuris derive en
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Radicación n.° 68397
arbitrariedad o capricho. Incluso, el colegiado acudió a un
test de proporcionalidad, en aras de establecer la intensidad
del perjuicio causado con base en variables que consideró
objetivas, y adujo que, en la liquidación cuestionada,
debían tenerse en cuenta aspectos como el dolor sufrido, la
intensidad de la congoja, los derechos vulnerados, la
conformación del núcleo familiar, las diversas relaciones y
la valoración ponderada de lo que representa moralmente la
angustia, tristeza y aflicción de los familiares.
La Sala colige que tal análisis tuvo como propósito
constatar que se hubiese efectuado una tasación de
perjuicios lo más ponderada y objetiva posible, y que
limitara el simple capricho del juez. Partiendo de ello,
consideró que no existían elementos que permitieran
incrementar la liquidación de perjuicios, como lo reclamaba
la parte actora. De ahí que, para la Sala no existe reparo
alguno frente al razonamiento del juez de segundo grado,
puesto que no solo acogió los postulados de la
jurisprudencia para efectos de obrar conforme al arbitrio
iuris en la estimación de los daños morales y vida en
relación, sino que incluso, acudió a otras herramientas
como el test de proporcionalidad, con miras a definir con
criterios de objetividad, su determinación.
De hecho, contrario a lo afirmado en el cargo, el
Tribunal precisó que el monto de 100 SMLMV era
meramente indicativo, no un límite máximo, sin que el
juzgador tuviese que ceñirse a él, pues insistió en que la
tasación de perjuicios dependía de los parámetros antes
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Radicación n.° 68397
señalados; razonamiento que es acertado, tal como lo indicó
esta Sala en sentencia CSJ SL5195-2019, al aclarar que no
existe norma alguna que establezca una fijación
cuantitativa de los perjuicios, por lo que no se han previsto
topes para ello:
De lo discurrido se puede concluir que probada la magnitud del
daño en la vida de relación, en esa medida o proporción debe
determinarse el monto de la indemnización, ya que no existe en
el ordenamiento jurídico colombiano una disposición que regule
su fijación cuantitativa, por ende, no es dable pregonar la
existencia de unos mínimos, máximos, ni baremos.
En el horizonte trazado, juzga conveniente la Corte advertir que si
en algunas ocasiones se ha fijado un tope máximo de 100
salarios mínimos legales mensuales vigentes, debe entenderse
como un criterio orientador, pues, como ya se explicó, el monto
de la indemnización por el daño en la vida de relación, depende
de la demostración de la intensidad del perjuicio.
En conclusión, en sentir de la Corporación la indemnización
tasada por el juzgador está acorde con la dimensión del daño
que causó la entidad financiera demandada.
Valga precisar, que los montos tasados por el juzgador, buscan,
como lo ha dicho de antaño esta Corporación, más que obtener
una reparación económica exacta, mitigar, paliar o atenuar,
en la medida de lo posible, los padecimientos de la enfermedad
de la accionante por la culpa suficientemente comprobada del
dador del laborío. (negrilla del texto original)
Este mismo criterio fue expuesto en decisiones CSJ SL
1361-2019, CSJ SL2665-2021 y CSJ SL4223-2022.
Así, la Sala colige que no se probó el error jurídico
endilgado al colegiado, por ende, el cargo no prospera.
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XXI. CARGO QUINTO
Acusa la decisión del Tribunal por ser violatoria de la
ley sustancial por la senda indirecta en la modalidad de
aplicación indebida de los artículos 34 y 216 del CST, 2341,
2342, 2343, 2356 del CC y 1 y 5 de la Constitución Política,
16 de la Ley 446 de 1998, 9 del Decreto 1295 de 1994, 15,
46, modificado por el artículo 12 de la Ley 797 de 2003, 73,
141 de la Ley 100 de 1993 y 8 del Decreto 1642 de 1995.
Afirma que el juez de la alzada incurrió en los
siguientes errores de hecho:
1. Dar por demostrado, a pesar de no estarlo, que la participación
de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, el
Departamento del Huila y el Municipio de Suaza en la obra en
la que fallecieron los causantes, fue tangencial.
2. No dar por probado, estándolo, que la Corporación Autónoma
Regional del Alto Magdalena, el Departamento del Huila y el
Municipio de Suaza fueron autores y financiadores del proyecto
en el marco del cual se adelantó la obra en la que fallecieron los
causantes.
3. No dar por acreditado, pese a que lo está, que la Corporación
Autónoma Regional del Alto Magdalena, el Departamento del
Huila y el Municipio de Suaza fueron directamente beneficiarios
de la obra en la que fallecieron los causantes.
Aduce que en la sentencia impugnada se valoraron
equivocadamente las siguientes pruebas:
1. Convenio Interadministrativo n.° 1146 de 2005 celebrado entre
la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, el
Departamento del Huila y la Sociedad de Acueductos y
Alcantarillados del Huila – Aguas del Huila (folios 39 a 45 del
cuaderno n-° 1 del proceso seguido por Inés Toledo de Ortiz y
otros. Folio 693 n.° 00343 folio 459 tomo VIII).
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2. Contrato de obra civil celebrado entre la Sociedad de
Acueductos y Alcantarillados del Huila – Aguas del Huila y el
Consorcio RP 2006 (folio 46 a 48 del cuaderno n.° 1 del proceso
instaurado por Inés Toledo de Ortiz y otros. Folio 693 n.° 00343
folio 459 tomo VIII)
3. Contrato de mano de obra celebrado entre el Consorcio RP y
Luis Erney Castro Valenzuela (folio 50 cuaderno 1 del proceso
instaurado por Inés Toledo de Ortiz y otros.)
Considera que la decisión del Tribunal de absolver a la
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, al
Departamento del Huila y al municipio de Suaza, es
contraria a lo que acreditan las pruebas. Aduce que está
demostrado que dichas accionadas eran beneficiarias de la
obra adelantada por Luis Erney Castro Valenzuela, pues
financiaron el proyecto que le dio origen y tenían interés
directo en su resultado; por tanto, no eran indiferentes a su
ejecución.
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Señala que, del contrato interadministrativo 1146 de
2005 celebrado entre la Corporación Autónoma Regional del
Alto Magdalena, el Departamento del Huila y Aguas del
Huila S. A., en especial sus antecedentes y cláusulas
primera, segunda, octava y decimoquinta, es dable concluir
que: i) las dos primeras entidades celebraron el convenio
que dio origen a la obra en que fallecieron los trabajadores,
con el fin de cumplir actividades directamente relacionadas
con sus funciones; ii) el convenio, y en consecuencia la obra
adelantada por el Consorcio que contrató al empleador de
los causantes, beneficia directamente al Departamento del
Huila, pues su objeto era mejorar la calidad de agua de ese
ente territorial; iii) la Corporación Autónoma Regional del
Alto Magdalena y el Departamento del Huila eran
cofinanciadores del proyecto, y, en consecuencia, de la obra
en cuya construcción fallecieron los trabajadores y iv) el
Municipio de Suaza también financió el proyecto y se
benefició directamente de él.
En esa medida, las tres entidades demandadas a las
que se alude en el cargo eran beneficiarias y dueñas del
proyecto y de la obra en cuya ejecución ocurrió el accidente
de trabajo, además, se desarrolló en cumplimiento de las
funciones de la Corporación accionada.
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Resalta que de los numerales 1 y 8 de la cláusula
primera del contrato de obra celebrado entre Aguas del
Huila S. A. ESP y el Consorcio RP 2006, se puede establecer
que: i) este convenio tuvo su fuente en el contrato
interadministrativo 1146 de 2005; ii) su objeto era
beneficiar tanto al Departamento del Huila como al
municipio de Suaza y iii) la obra contratada fue la
construcción del sistema de manejo y tratamiento de aguas
residuales de la zona urbana del municipio de Suaza. En
esa medida, es evidente que los entes territoriales
demandados, eran beneficiarios de la obra en cuya
ejecución fallecieron los trabajadores.
Lo anterior se corrobora con el contrato de mano de
obra pactado entre el Consorcio RP 2006 y Luis Erney
Castro Valenzuela, cuyo objeto era la terminación de la
planta de aguas residuales del municipio de Suaza. En ese
orden, es evidente que la Corporación Autónoma Regional
del Alto Magdalena, el Departamento del Huila y el
mencionado municipio, no solo se beneficiaron de la obra,
sino que al ser quienes lo financiaban podían ser
considerados como sus propietarios, por lo que deben
responder solidariamente por las consecuencias del
accidente de trabajo.
XXII. CONSIDERACIONES
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Según el cuestionamiento de los recurrentes y las
razones expuestas por el colegiado, le corresponde a la Sala
establecer si el ad quem se equivocó al concluir que la
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, el
Departamento del Huila y el Municipio de Suaza no eran
solidariamente responsables en los términos del artículo 34
del CST, con fundamento en que no eran beneficiarios de
las obras en que trabajaron los causantes, ni celebraron los
contratos de obra con el Consorcio RP 2006.
Revisados los diferentes contratos y convenios
denunciados por la censura, la Sala encuentra acreditadas
las siguientes relaciones contractuales entre las partes:
1. Convenio interadministrativo n.° 1146 de 2005. (folios
39 a 45 cuaderno 7, proceso 2008-00343)
Este acuerdo fue suscrito el 28 de noviembre de 2005
por la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena,
CAM, el Departamento del Huila, la Sociedad de Acueducto
y Alcantarillado del Huila -Aguas del Huila S. A. ESP-, y,
además, por varios municipios del referido Departamento,
entre ellos, el municipio de Suaza, en calidad de «Otros
Aportantes».
En la cláusula 15 se indica que, a fin de resultar
favorecidos y contribuir en la ejecución de los proyectos,
fueron involucrados al convenio algunos municipios, entre
otros, el municipio de Suaza, quien, en virtud de ello, se
comprometió a efectuar un aporte económico.
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Como antecedentes de esta contratación se mencionó
que la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena
incluyó en su Plan de Acción Trienal 2004 – 2006, el
Programa II: «Manejo Integral del Recurso Hídrico», dentro
del cual se previó el proyecto 4: «Descontaminación de
fuentes Hídricas y mejoramiento de la calidad del Agua »; y se
dijo que esta Corporación tenía, como mandato legal, en
razón a su condición de autoridad ambiental regional,
realizar acciones tendientes a reducir los niveles de
contaminación de las fuentes hídricas. En virtud de ello, se
previó la ejecución de los recursos disponibles del Fondo
Regional de Descontaminación Hídrica de esa entidad, para
la construcción y optimización de Plantas de Tratamiento de
Aguas Residuales PTRA.
Para justificar esta contratación se tuvo en
consideración que el Departamento del Huila consagró en
su plan de desarrollo 2004-2007, los proyectos de
optimización de los sistemas de tratamiento de aguas
residuales. En ese marco, el objeto del contrato fue definido
en su cláusula primera, así:
Aunar esfuerzos técnicos, administrativos y financieros para
ejecutar proyectos tendientes a lograr la descontaminación de
las fuentes hídricas y mejorar la calidad del agua en el
Departamento del Huila, de conformidad con el plan operativo
que se aprueba para el presente convenio, a ejecutarse en dos
etapas, la de ajuste o rediseño y la de ejecución propiamente
dicha, conforme queda pactado. Parágrafo: el ejecutor de la
primera etapa será la CORPORACIÓN y el ejecutor de la
segunda etapa será AGUAS DEL HUILA S. A. (Subraya la Sala).
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Para cumplir este objeto, la cláusula segunda estipuló
las obligaciones a cargo de cada una de las partes, así:
i) la Corporación Autónoma Regional del Alto
Magdalena, entre otras, debe suministrar los recursos
económicos comprometidos para la ejecución del proyecto y
girarlos a Aguas del Huila S. A.; designar y/o contratar las
labores de seguimiento, coordinación e interventoría
derivadas de este convenio y contratar la revisión, ajuste o
rediseño de los proyectos presentados por los municipios.
ii) El Departamento del Huila: girar a Aguas del Huila
S. A. ESP los recursos comprometidos para la etapa de
ejecución del proyecto y designar al supervisor que hará
parte del Comité operativo. iii) Aguas del Huila S. A. ESP:
cumplir todas las obligaciones como ente ejecutor de los
recursos del proyecto y administrarlos; contratar la
interventoría técnica y administrativa y «dar crédito a la
Corporación y al Departamento como cofinanciadores del
convenio en todas las actividades ejecutadas en desarrollo
del mismo».
Además, se previó que cada entidad tendría un
delegado en el comité operativo y en la cláusula octava se
precisó que la supervisión e interventoría sería adelantada
por la Corporación y el Departamento del Huila, a través de
sus delegados, quienes deberían constatar el cumplimiento
de las metas fijadas y las obligaciones por parte de Aguas
del Huila S. A. ESP.
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Radicación n.° 68397
Así entonces, es evidente que a través de este convenio
las entidades absueltas por el Tribunal acordaron la
ejecución de proyectos para descontaminar las fuentes
hídricas y mejorar la calidad del agua del Departamento del
Huila; para lo cual, cada una de las partes integrantes
adquirió compromisos de índole económica, de
intervención, supervisión, diseño y ejecución.
No es cierto que la participación del Departamento del
Huila y de la Corporación Autónoma Regional, fuese
únicamente de financiación. Nótese que además tenían
tareas de interventoría y supervisión, participaban en el
comité operativo y adicionalmente, la Corporación estaba
encargada de la primera etapa de ajuste o rediseño de los
proyectos a realizar.
Esto pone en evidencia que las obras a ejecutarse en
virtud de los proyectos avalados en el convenio
interadministrativo beneficiarían no solo a los municipios
favorecidos con ellas, sino a las demás partes firmantes,
pues su finalidad era lograr la optimización de la calidad del
agua del Departamento del Huila, lo que a su vez daría
cumplimiento al proyecto de descontaminación de fuentes
hídricas contemplado como parte del plan de acción trienal
de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena.
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Además, tampoco hay duda de que el municipio de
Suaza hizo parte del convenio como entidad favorecida y,
por tanto, aportante respecto de los proyectos para la
descontaminación y mejoría de la calidad de sus fuentes
hídricas; de ahí que no podría negarse su condición de
beneficiaria de las obras que materializaran el
cumplimiento del objeto de este convenio
interadministrativo, como a la que se refiere el contrato 443
de 2006, como se pasa a estudiar.
2. Contrato de obra civil n.° 443 de 2006 (folios 46 a 49,
cuaderno 7, proceso 2008-00343)
Este acuerdo celebrado entre Aguas del Huila S. A.
ESP y el Consorcio RP 2006, conformado por Héctor William
Rojas Durán y Leonel Raúl Poveda Hernández, el 3 de
noviembre de 2006, en desarrollo de las obligaciones
contraídas por la primera entidad mencionada en virtud del
convenio interadministrativo 1146 de 2006, esto es, en su
condición de ejecutor de la segunda etapa allí prevista.
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Como antecedentes se indicó que era necesario
cumplir la etapa de ejecución de las obras acordada por el
Departamento del Huila, la Corporación Autónoma Regional
del Alto Magdalena y Aguas del Huila S. A. ESP en el
mencionado convenio, del cual resultó favorecido el
municipio de Suaza, y en virtud del cual, la referida
Corporación ya había realizado un nuevo diseño para la
construcción del sistema de manejo y tratamiento de aguas
residuales urbanas de este municipio. Se agregó que, Aguas
del Huila S. A. ESP como «ente rector» del sector de agua
potable y saneamiento básico en el departamento, contaba
con «la infraestructura técnica y administrativa necesaria
para ejecutar los recursos y obras objeto del presente
convenio», y que, por ello hizo la solicitud pública de oferta a
la cual se presentó el Consorcio RP 2006.
A través de este contrato de obra civil se convino la
construcción de las obras del sistema de manejo y
tratamiento de aguas residuales urbanas del Municipio de
Suaza – Departamento del Huila (cláusula segunda) y se
previó que la interventoría de esta obra sería ejercida por la
persona que Aguas del Huila S. A. ESP contratara para tal
efecto.
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El objeto de este contrato de obra evidentemente tuvo
como propósito dar cumplimiento al proyecto o plan
operativo de descontaminación y mejoría de la calidad del
agua en el Departamento del Huila, previsto en el convenio
interadministrativo 1146 de 2005. Así se dejó expresamente
consagrado al explicar la justificación para esta
contratación y la calidad en la que actuaba el contratante,
Aguas del Huila S. A. ESP, esto es, como ejecutor de la
segunda etapa del convenio firmado por esta, el
Departamento del Huila, la Corporación Autónoma Regional
del Alto Magdalena y el municipio de Suaza. Además, no
puede negarse que la construcción de obras del sistema de
manejo y tratamiento de aguas residuales de este último
ente territorial, para lo que fue contratado el Consorcio RP
2006, guardaba estrecha relación con el objeto del
mencionado convenio interadministrativo, pues, de hecho,
lo materializaba.
Siendo ello así, no puede desconocerse que las
entidades absueltas por el colegiado y suscriptoras del
convenio 1146 de 2005, necesariamente resultaban
beneficiarias de las tareas ejecutadas en virtud del contrato
443 de 2006, pues este último tenía como fuente y soporte
el primero de los contratos mencionados, y precisamente lo
desarrollaba.
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Ahora, dado que el Consorcio RP 2006 fue contratado
por Aguas del Huila S. A. ESP, para la construcción de
obras del sistema de manejo y tratamiento de aguas
residuales del municipio de Suaza, se colige que el contrato
de mano de obra que dicho consorcio celebró
posteriormente con Luis Erney Castro Valenzuela, lo fue
para cumplir con la tarea encomendada por Aguas del Huila
S. A. ESP, quien se recuerda, obró en calidad de ejecutora
de la segunda etapa del convenio interadministrativo 1146
de 2005. Lo anterior, dado el objeto contractual del
acuerdo de mano de obra pactado, como pasa a verse:
3. Contrato de mano de obra (folio 50 y 51, cuaderno 7,
proceso 2008-00343).
Este contrato fue pactado por el Consorcio RP 2006 y
Luis Herney Castro Valenzuela el 13 de marzo de 2008, con
el objeto de que el subcontratista ejecutara y entregara al
contratante la terminación de la planta de aguas residuales
del municipio de Suaza – Huila, en un plazo de 15 días,
bajo los siguientes parámetros:
Descripción UN V. Unitario
Concreto M3 $120.000
Piso andén e=0,10 M2 $ 7.000
Armado de Hierro Kilo $ 150
Instalación Tubería PVC 4” ML $ 2.000
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Así entonces, la similitud y relación entre los objetos
contractuales de este acuerdo de mano de obra:
terminación de la planta de aguas residuales del sector
urbano del Municipio de Suaza, y del convenio 443 de
2006: construcción de obras del sistema de manejo y
tratamiento de aguas residuales del mismo municipio,
ponen en evidencia que las obras encomendadas al
subcontratista Luis Erney Castro Valenzuela, hacían parte
de las encargadas igualmente al Consorcio, en desarrollo
del convenio interadministrativo 1146 de 2005.
Finalmente, debe aclararse que no es objeto de
discusión que los causantes fueron vinculados
laboralmente por Luis Erney Castro Valenzuela para la
ejecución del mencionado contrato de mano de obra y que
el día del accidente estaban cumpliendo labores propias de
este convenio, tal como lo aceptó dicho empleador al dar
respuesta a las demandas.
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Radicación n.° 68397
Así las cosas, se trató de una cadena de
contrataciones y subcontrataciones dirigida a cumplir este
último convenio, en el que hicieron parte las entidades
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, el
Departamento del Huila y el Municipio de Suaza, no solo
como financiadoras sino como verdaderas beneficiarias de
las obras a desarrollar para cumplir con el propósito de su
relación contractual: la descontaminación de las fuentes
hídricas y la mejoría de la calidad del agua en el
Departamento del Huila, en este caso, en el municipio de
Suaza – Huila.
En virtud de ello y de cara a la solidaridad discutida,
en nada afecta que Aguas del Huila S. A. ESP hubiese sido
quien celebró el contrato civil con el Consorcio RP 2006 y
este a su vez, quien contrató la mano de obra con el
empleador de los trabajadores que fallecieron, dado que, en
últimas, lo que buscaban todas las contrataciones era
cumplir el proyecto convenido entre las entidades absueltas
erróneamente por el colegiado y, por ende, beneficiarias de
las obras en cuya ejecución murieron los operarios.
Cabe aclarar que la responsabilidad solidaria consagrada
en el artículo 34 del CST también se predica del contratista
independiente y del subcontratista, como quiera que estos
deben ser mirados, como beneficiarios de los servicios
prestados por el trabajador, así sea de manera indirecta,
dado el carácter tuitivo o proteccionista del derecho laboral
(CSJ SL3247-2020). En esta última decisión se hizo alusión
a lo expuesto al respecto en sentencia CSJ SL, 27 oct. 1989,
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Radicación n.° 68397
rad. 3321, reiterada en la CSL SL869-2019:
La acusación que se le hace al ad-quem de interpretar con error
el Artículo 3º del Decreto 2351/65, que modificó al 34 del CS T.,
se hace consistir en que tal precepto sólo hace solidariamente
responsable de los derechos laborales del trabajador al dueño de
la obra y al contratista o a aquél y el sub-contratista, mas no al
contratista y al subcontratista.
La Sala se permite observar que el Tribunal no equivocó la
inteligencia de dicha norma cuando dedujo responsabilidad
solidaria del contratista y subcontratista demandados porque
analizada detenidamente esa normatividad y desentrañando su
espíritu, es necesario concluir que para eventos como el aquí
ocurrido, el contratista debe ser mirado, pues realmente lo es,
como un beneficiario de los servicios prestados por el trabajador a
través del subcontratista ya que no debe perderse de vista el
sentido proteccionista que corresponde al derecho laboral; por
consiguiente. lo que se predique del contrato entre el dueño de la
obra y el beneficiario del trabajo o de la prestación del servicio, en
este caso A. l. C. LTDA., no puede perjudicar al trabajador del
subcontratista, pues frente a aquél, se repite, el contratista tiene
que ser considerado como beneficiario del servicio personal que
presta el trabajador como que a la postre se aprovecha, aunque
sea indirectamente, de la labor ejecutada por el trabajador,
máxime, como se desprende del infolio, la actividad normal de A.
l . C. Ltda. pertenece a las normales del codemandado José Darío
Mora T aborda. (subrayado fuera de texto).
Como bien se recordó en sentencia CSJ SL845-2021,
el artículo 34 del CST consagra que el beneficiario del
trabajo o dueño de la obra, a menos que se trate de labores
extrañas a las actividades normales de su empresa o
negocio, será solidariamente responsable con el contratista
por el valor de los salarios y de las prestaciones e
indemnizaciones a que tengan derecho los trabajadores.
Asimismo, el inciso segundo de dicha disposición establece
que «el beneficiario del trabajo o dueño de la obra también
será solidariamente responsable, en las condiciones fijadas
en el inciso anterior, de las obligaciones de los
subcontratistas frente a sus trabajadores, aún en el caso de
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que los contratistas no estén autorizados para contratar los
servicios de subcontratistas».
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En esa medida, el hecho de que Luis Erney Castro
Valenzuela o el Consorcio RP 2006 no hubiesen celebrado
un contrato de obra directamente con la Corporación
Autónoma Regional del Alto Magdalena, el Departamento
del Huila y el Municipio de Suaza, no impide calificar a
estas entidades como beneficiarias de los trabajos
realizados por estos subcontratistas y, por ende, asignar a
ellas la responsabilidad solidaria prevista en el artículo 34
del CST. Pues, se itera, esta norma también prevé la
solidaridad respecto de las obligaciones de los
subcontratistas, más cuando, es evidente que la cadena de
contratos antes analizada, y que dio lugar a la prestación de
los servicios por parte de los trabajadores, tenía como
objeto desarrollar el proyecto pactado en el convenio
interadministrativo en que las entidades absueltas por el
colegiado fueron parte.
Debe tenerse presente, además, que en dicho convenio
se facultó expresamente a Aguas del Huila S. A. ESP para
que ejecutara la segunda etapa del proyecto, y fue en virtud
de ello que esta empresa de servicios públicos contrató al
Consorcio RP 2006 y este a su vez a Luis Erney Castro
Valenzuela, empleador de los causantes.
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De ahí que, como artífices del proyecto en virtud del
cual se desarrollaron las contrataciones subsiguientes, es
evidente su condición de beneficiarias de las obras y
trabajos realizados para su cumplimiento, pues como se
recordó en sentencia CSJ SL 10 may. 2000, rad. 13157, «en
la figura del contratista o subcontratista, la dueña de la obra
siempre se beneficia de su ejecución dada su condición de
tal», cosa distinta es que las actividades contratadas sean o
no, ajenas al objeto de las entidades beneficiarias, aspecto
que no abordó el colegiado y que no fue materia de
controversia entre las partes.
En ese orden, las pruebas denunciadas acreditan los
errores fácticos endilgados al colegiado, como quiera que,
contrario a lo concluido en la sentencia impugnada, la
Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, el
Departamento del Huila y el Municipio de Suaza, sí se
beneficiaron de los trabajos realizados por los causantes en
virtud de la contratación celebrada entre ellos y Luis Erney
Castro Valenzuela, entre este y el Consorcio RP 2006 y
finalmente entre éste y Aguas del Huila S. A. ESP entidad
encargada de la ejecución del convenio interadministrativo
pactado con aquellas entidades, que fueron absueltas por el
Tribunal.
Por tanto, el cargo es próspero, por lo que también se
casará la sentencia en este asunto.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Como quiera que el cargo sexto se formuló de manera
subsidiaria a esta acusación, resulta inane abordar su
estudio.
Sin costas en casación dada la prosperidad parcial del
recurso.
XXIII. SENTENCIA DE INSTANCIA
Teniendo en cuenta lo resuelto en sede extraordinaria,
la competencia de la Corte, como tribunal de instancia, se
limita a los asuntos respecto de los cuales se casó la
decisión de segundo grado, esto es: i) la naturaleza del
accidente sufrido por Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge
Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo producto del cual perdieron la vida, y,
en consecuencia, las pretensiones derivadas de ello y ii) la
responsabilidad solidaria de los demandados.
El a quo dio por acreditada la relación de trabajo entre
los causantes y Luis Erney Castro Valenzuela, así como el
accidente ocurrido el 25 de abril de 2008 y que les ocasionó
la muerte a los trabajadores.
SCLAJPT-10 V.00
99
Radicación n.° 68397
Sin embargo, consideró que solamente en el caso de
Dumar Trujillo Núñez, esto es, el primer trabajador
accidentado, se podía entender que se trató de un accidente
de trabajo, pues falleció mientras ejecutaba una orden de
su empleador. Por el contrario, adujo que la muerte de los
restantes cuatro trabajadores se generó por una actuación
propia y bajo su propio riesgo, al decidir voluntariamente,
acudir al rescate de su compañero de trabajo, sin que
mediara orden del empleador o cumplimiento de alguna
obligación laboral.
Encontró, además, que en el accidente laboral sufrido
por Dumar Trujillo Núñez, medió la culpa comprobada del
empleador, y, por ende, consideró procedente la condena
por indemnización de perjuicios morales y daño en vida de
relación, pero negó el pago de perjuicios materiales.
También condenó al pago de la pensión de
sobrevivientes a favor de los causahabientes del referido
trabajador, pero la negó frente a los beneficiarios de Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo, como
quiera que, al no haberse originado su muerte en un riesgo
profesional, debían acreditar al menos 50 semanas dentro
de los tres años anteriores al fallecimiento, como se exige en
el régimen común, supuesto que no se probó, dado que
estos trabajadores laboraron «por unos pocos días».
SCLAJPT-10 V.00
100
Radicación n.° 68397
El juez unipersonal estableció que los demandados
Leonel Raúl Poveda Hernández y Héctor William Rojas
Durán, como integrantes del Consorcio RP 2006, resultaban
solidariamente responsables de las condenas a cargo del
empleador, en su condición de «contratantes». En relación
con los demás accionados consideró improcedente esta
responsabilidad, por cuanto: i) Aguas del Huila S. A. ESP ya
había finalizado la relación contractual con el Consorcio RP
2006 para el momento en que ocurrió el accidente de
trabajo, y ii) no se probó que el Municipio de Suaza,
Departamento del Huila y Corporación Autónoma Regional
del Alto Magdalena fuesen contratantes ni beneficiarios de
la obra en cuya ejecución fallecieron los trabajadores.
Esta decisión fue apelada por la parte demandante,
quien sustentó su inconformidad respecto de varias
materias, de las cuales, la Corte tiene competencia para
definir las siguientes, según lo resuelto en casación:
i) Sobre el carácter laboral del accidente sufrido por
Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo,
Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo,
para lo cual el apelante sustenta que ocurrió en el horario y
lugar de trabajo y en cumplimiento de una orden de su
empleador.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
ii) Sobre la culpa comprobada del empleador en el
accidente de trabajo sufrido por los cuatro operarios. Frente
a lo cual, dice que el empleador no les brindó ningún
elemento de protección para ingresar al tanque a auxiliar a
su compañero, no les dio capacitación, no los afilió al
sistema de seguridad social integral ni contaba con un
programa de seguridad industrial y salud ocupacional, por
lo que faltó a su deber de vigilancia, cuidado y protección.
iii) En cuanto a la pensión de sobrevivientes de origen
laboral e intereses moratorios: indica que esta prestación
debe ser asumida por el empleador respecto de los
beneficiarios de los trabajadores fallecidos, como quiera que
no los afilió a una ARL.
iv) Frente a la responsabilidad solidaria: pues afirma que
el contrato entre el Consorcio RP 2006 y Aguas del Huila S.
A. ESP sí estaba vigente al momento en que se presentó el
accidente de trabajo y que el Municipio de Suaza,
Departamento del Huila y la Corporación Autónoma
Regional del Alto Magdalena CAM, son solidariamente
responsables en los términos del artículo 34 del CST, en
virtud de la relación contractual existente entre estas
entidades y los demás accionados.
SCLAJPT-10 V.00
102
Radicación n.° 68397
Aunque en la alzada se cuestionó la decisión
absolutoria frente a los perjuicios materiales y el monto de
los morales y daño en la vida de relación respecto de los
demandantes beneficiarios de Dumar Trujillo Núñez, tales
materias fueron definidas por el Tribunal y se mantuvieron
incólumes en casación, por lo que la Sala no las abordará.
En relación con las materias i) naturaleza laboral del
siniestro y iv) solidaridad de las accionadas, resulta
suficiente lo ya expuesto en sede extraordinaria, para
concluir que el accidente en el que fallecieron Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano también fue de
origen laboral; y que las demandadas que suscribieron el
convenio interadministrativo 1146 de 2005, que generó la
cadena de contrataciones que llevó a la prestación de los
servicios por parte de los trabajadores mencionados, son
beneficiarias de la obra y por tanto, responden
solidariamente.
SCLAJPT-10 V.00
103
Radicación n.° 68397
Precisamente en esa serie de contratos también se
involucró el Consorcio RP 2006, pues fungió como
contratista de Aguas del Huila S. A. ESP para la
construcción de obras del sistema de manejo y tratamiento
de aguas residuales del municipio de Suaza, y a su vez,
obró como contratante de Luis Erney Castro Valenzuela, -
empleador de los causantes-, para terminar la Planta de
Aguas Residuales. Por ende, es evidente que también
resultan beneficiarios de las obras en que prestaban sus
servicios los trabajadores al momento del accidente, y por
ello, sus integrantes Héctor William Rojas Durán y Leonel
Raúl Poveda deben responder solidariamente en los
términos del artículo 34 del CST, tal como lo definió el a
quo. Responsabilidad que se extiende a todas las condenas
impuestas en este proceso y derivadas del accidente de
trabajo de los cinco trabajadores fallecidos.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Solamente es dable agregar, en instancia, que la
actividad de terminación de la Planta de Tratamiento de
Aguas Residuales en el municipio de Suaza, no es ajena al
objeto de los entes demandados, puesto que la Corporación
Autónoma Regional del Alto Magdalena es la autoridad
ambiental regional, y entre sus fines está realizar acciones
tendientes a reducir los niveles de contaminación de las
fuentes hídricas (convenio interadministrativo 1146 de
2005); además, tanto el Departamento del Huila como el
referido municipio de Suaza, tienen dentro de sus
competencias las relativas a la garantía de la prestación de
los servicios públicos como el de agua potable, acueducto y
alcantarillado en su territorio y la ejecución de las obras
públicas necesarias para ello (artículos 298, 311, 365 y 367
de la Constitución Política, 5 y 7 de la Ley 142 de 1994)
Aspecto que no es discutido por las partes.
Y similar situación acontece frente a los integrantes
del Consorcio RP 2006, dado que la creación de este tipo de
asociación entre Héctor William Rojas y Leonel Raúl Poveda
tuvo como objeto participar en el proceso de contratación
para «la construcción del sistema de manejo y tratamiento de
aguas residuales de la zona urbana del Municipio de Suaza
–Departamento del Huila». (folios 159 a 161 cuaderno 1)
Además, contrario a lo afirmado por estas personas
naturales al contestar la demanda, su responsabilidad
solidaria opera por ministerio de la ley (artículo 34 del CST),
y no porque se predique su culpa comprobada en el
accidente de trabajo; de ahí que no prospera la excepción
planteada de falta de legitimación en la causa por pasiva.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Pensión de sobrevivientes de origen laboral: Como
se estableció, el accidente ocurrido el 25 de abril de 2008 y
que causó la muerte a Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge
Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza, Luis Carlos
Zambrano, es de origen laboral; por tanto, da lugar a las
prestaciones económicas por riesgos laborales regladas en
la Ley 776 de 2002, y que, en principio, están a cargo de la
ARL.
Sin embargo, el empleador Luis Erney Castro
Valenzuela admitió que no los afilió al sistema de seguridad
social integral, tal como lo dijo al dar respuesta a las
demandas y en los interrogatorios de parte absueltos,
omisión que transgrede lo dispuesto en el artículo 13 del
Decreto 1295 de 1994 en cuanto al deber de afiliación de
los trabajadores dependientes al sistema de riesgos
profesionales.
En esa medida, como quiera que no subrogó la
obligación laboral en una ARL, le incumbe asumir las
prestaciones económicas que hubiese otorgado el sistema
de haber cumplido con la referida afiliación; en este caso, la
pensión de sobrevivientes de origen laboral reclamada por
los causahabientes de los trabajadores fallecidos. Partiendo
de lo anterior, pasa la Sala a establecer la calidad de
beneficiarios de esta prestación en los términos de la Ley
776 de 2002.
SCLAJPT-10 V.00
106
Radicación n.° 68397
Hijos: Revisados los registros civiles de nacimiento de los
siguientes demandantes, se advierte que cumplen con las
exigencias del literal c) del artículo 47 de la Ley 100 de
1993 modificado por el artículo 13 de la Ley 797 de 2003, al
que se remite el artículo 11 de la Ley 776 de 2002, en
calidad de hijos menores de edad de los causantes, así:
Causante Beneficiario Parentesco Fecha de nacimiento
Rafael Antonio Linda Sarid Alarcón Hija 31 diciembre de 2003
Alarcón Oviedo Artunduaga
Luis Carlos Cristian Enrique Hijo 6 junio de 1996
Zambrano Perdomo Zambrano Sandoval
Yuly Vanessa Hija 18 febrero de 1998
Zambrano Sandoval
Michelle Dayana Hija 24 octubre de 2001
Zambrano Sandoval
Jesús Gregorio Daza Jesús Alberto Daza Hijo 21 febrero de 1997
Méndez Hernández
Cristian Andrés Hijo 22 julio de 1998
Daza Hernández
Yojan Daza Hijo 1 octubre 1999
Hernández
Derly Dayana Daza Hija 6 marzo 2003
Hernández
Ahora, el registro civil de nacimiento del demandante
Farid Ricardo Hernández Sánchez muestra que nació el 17
de junio de 1993, por lo tanto, era menor de edad para el
momento del accidente (25 de abril de 2008); sin embargo,
no acredita su relación de parentesco con Jesús Gregorio
Daza Méndez, pues en dicho documento no se consigna el
nombre del padre. A pesar de ello, lo cierto es que los
testigos escuchados en juicio dieron cuenta de que se trató
de un hijo de crianza de este trabajador, lo que le permite
adquirir la calidad de beneficiario de la prestación, en los
términos precisados por la jurisprudencia actual de esta
corporación, a partir de la sentencia CSJ SL1939-2020:
Por ende, ante la defensa de un concepto amplio de la familia, y
su protección sin lugar a discriminaciones por razón de su
conformación, para la Corte no cabe duda de que la pensión de
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
sobrevivientes con los requisitos previstos originalmente por el
artículo 47 de la Ley 100 de 1993, así como la que introdujo la
Ley 797 de 2003, se extiende a la familia de crianza, es decir, se
repite, aquella en donde la convivencia continua, el afecto, la
protección, el auxilio y respeto mutuos van consolidando
núcleos familiares de hecho, que por esa razón, el derecho no
puede desconocer ni discriminar cuando se trata del
reconocimiento de una prestación que implica mantener la
protección económica que le brindó la persona que asumió
responsablemente y por solidaridad, la paternidad.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Y para ello, así como en la sentencia con radicación 17607 del 6
de mayo de 2002, la Sala precisó que esa relación paterno-filial
debe ser contundente para merecer la protección de la
seguridad social, de forma tal que no sea el producto de un
fraude o un aprovechamiento ilegítimo de quien reclama, en
esta ocasión es necesario reiterar, que para establecer esa
calidad, se requiere demostrar: i) el reemplazo de la familia de
origen, esto es, la relación de facto que se genera con otra
persona por fuera del vínculo consanguíneo o civil, incluso,
puede ser un pariente o familiar que asumió ese rol; ii) los
vínculos de afecto, protección, comprensión y protección, que se
asimilan a las obligaciones previstas en el artículo 39 de la Ley
1098 de 2006 –CIA- que permiten distinguir la interacción
familiar entre sus miembros; iii) el reconocimiento de la relación
de padre y/o madre e hijo, en el sentido que no sólo basta el
desarrollo de las manifestaciones de protección integral a quien
se sumó al nuevo núcleo familiar, pues puede darse el caso que
a pesar de que quien fue acogido en dicho entorno, no
necesariamente vea a sus protectores como padres, por lo que
se requiere que ante la sociedad, incluso en el ámbito familiar,
se pueda exhibir esa condición; iv) el carácter de indiscutible
permanencia, que no significa establecer un límite de tiempo
específico y arbitrario de verificación de esos lazos afectivos,
sino como lo ha explicado la jurisprudencia constitucional, un
término razonable en el cual se pueda identificar el surgimiento
de la familia de crianza y su desarrollo, al punto de que
verdaderamente se hayan forjado los vínculos afectivos, y; v) la
dependencia económica, como requisito esencial no sólo para
acceder a la prestación pensional de sobrevivientes, sino como
elemento indispensable de identificación de quien se exhibe
como padre o madre y su relación con un hijo, a efectos de
proporcionarle a éste último la calidad de vida esencial para el
desarrollo integral, que al desaparecer la persona que hacía
posible ese cometido de la paternidad responsable, el
beneficiario se ve afectado.
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Radicación n.° 68397
El testigo Orlando Murcia Ibáñez, residente y líder
comunitario del municipio de Suaza – Huila, manifestó que
conoció a Jesús Gregorio Daza y su familia, y por ello sabía
que «de la unión de Luz Yaneth y Gregorio tenían cuatro
hijos, son menores de edad, y dos de Luz Yaneth, que él los
estaba criando, vivían todos bajo el mismo techo y bajo la
misma protección». Además, agregó que el causante era la
persona que «llevaba a su casa el sustento familiar» y que
ante su deceso «el dolor de perder un familiar es
incomparable y los niños carecen de alimento, carecen de
afecto y, por ende, de dirección porque el padre es la cabeza
visible de la familia…» (folio 501 cuaderno 38).
Más adelante, este declarante precisó que los hijos del
causante y Luz Yaneth Hernández eran Jesús Albeiro,
Cristian Andrés, Yojan y Darly Dayana Daza Hernández, y,
además, «con dos hijos más que son de Luz Yaneth, que son
Farid Ricardo y Jeferson Andrés», y explicó que estos
últimos son hijos solamente de Luz Yaneth y viven con ella
y estaban bajo la protección de Jesús Gregorio Daza hasta
el día de su deceso, y que él era quien respondía por ellos
(folio 575 y 576 cuaderno 38). Se aclara que Jeferson
Andrés no incoó acción judicial.
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Radicación n.° 68397
La testigo Graciela Trujillo Núñez, igualmente vecina
del municipio de Suaza y hermana de Dumar Trujillo
Núñez, quien fue el primer trabajador que se accidentó y
murió el 25 de abril de 2008, informó que conoció a Jesús
Gregorio Daza Méndez durante al menos 13 años porque
trabajaba con un hermano de ella, y que por esta razón le
constaba que había convivido con Luz Yaneth Hernández,
quien era su esposa y «vivían en arriendo, son seis hijos,
todos menores de edad» (folio 505 y 506 cuaderno 38).
De lo expuesto por estos declarantes, resulta evidente
que en verdad existió una relación de facto como padre e
hijo entre Jesús Gregorio Daza Méndez y Farid Ricardo
Hernández Sánchez, pues el causante lo acogió en su
hogar, veló por su protección y era reconocido socialmente
como su padre, pues como lo afirmó la testigo Trujillo
Núñez, eran «seis hijos» en la familia; así, aunque los
declarantes distinguieron entre los hijos comunes y los de
Luz Yaneth, coincidieron en afirmar que vivían juntos, y el
causante cuidaba de ellos al igual que de sus propios hijos
consanguíneos, y los «estaba criando», como dijo el señor
Murcia Ibáñez, lo que denota además, el reconocimiento
social como padre del demandante Hernández Sánchez;
vínculo que surgió en virtud de la convivencia de Luz
Yaneth y el causante.
SCLAJPT-10 V.00
111
Radicación n.° 68397
Este mismo ánimo de amparo hacia todos los hijos,
incluido Farid Ricardo Hernández Sánchez, da cuenta
precisamente de los lazos de afecto, protección y
comprensión entre él y el causante. Además, al describir la
afectación causada por la muerte del señor Daza Méndez, el
testigo Orlando Murcia no distinguió entre los hijos
comunes y los de Luz Yaneth, como el accionante, por el
contrario, fue enfático en señalar que adicional al dolor de
perder un familiar, «todos los niños» perdieron el alimento, el
afecto y la dirección de su padre, circunstancias que
acreditan verdaderos lazos familiares y que así eran
entendidos por la comunidad.
En relación con la existencia de un vínculo
indiscutible de permanencia, los mismos declarantes,
vecinos del hogar de crianza, explicaron que Jesús Gregorio
y Farid Ricardo mantuvieron la relación de crianza durante
al menos 12 o 13 años, en razón a la convivencia del
primero con Luz Yaneth Hernández, mamá de este
demandante, e insistieron en que, durante todo este tiempo,
el causante veló por su protección y subsistencia. Estas
mismas expresiones, dan cuenta de la dependencia
económica, pues indicaron que era el trabajador quien
falleció en el accidente aquí estudiado, quien se encargaba
del sustento familiar, reconociendo como miembro de la
familia a Farid Ricardo Hernández Sánchez, en calidad de
hijo.
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
Así las cosas, al establecerse los presupuestos para la
causación del derecho pensional reclamado, es dable
considerar que este accionante también es beneficiario de la
pensión de sobrevivientes en los términos señalados en el
literal c) del artículo 47 de la Ley 797 de 2003, modificado
por el artículo 12 de la Ley 797 de 2003, al que remite el
artículo 11 de la Ley 776 de 2002, en concordancia con lo
expuesto en sentencia CSJ SL1939-2020.
Por tanto, la Sala revocará la sentencia apelada, y en
su lugar, condenará al pago de la pensión de sobrevivientes
a favor de los hijos menores de edad antes referidos, a
partir del momento del fallecimiento de sus padres, 25 de
abril de 2008 y hasta cuando cumplan 18 años de edad o
25 años si acreditan estar incapacitados para trabajar por
razón de sus estudios. Condena que debe ser asumida por
el empleador, y solidariamente por los demás accionados.
Compañeras permanentes: las demandantes Luz
Yaneth Hernández Sánchez y Ruby Sandoval Solis reclaman
la prestación pensional en calidad de compañeras
permanentes de los trabajadores fallecidos Jesús Gregorio
Daza Méndez y Luis Carlos Zambrano Perdomo,
respectivamente.
SCLAJPT-10 V.00
113
Radicación n.° 68397
En los términos del artículo 47 de la Ley 100 de 1993,
al que se remite el artículo 11 de la Ley 776 de 2002, para
ser beneficiaria de la pensión de sobrevivientes, la
compañera permanente debe acreditar haber convivido con
el causante al menos durante los últimos cinco años previos
a la muerte y hasta este último momento, carga probatoria
que fue cumplida por las accionantes, como se pasa a
explicar:
-Respecto de la convivencia entre Luz Yaneth
Hernández Sánchez y Jesús Gregorio Daza Méndez, los
testigos antes mencionados, Orlando Murcia Ibáñez y
Graciela Trujillo Núñez, manifestaron en declaración
rendida en el trámite del proceso 2008-00382 que, como
vecinos de la pareja en el municipio de Suaza – Huila, les
constaba que ellos habían sostenido una unión marital por
más de los cinco años exigidos legalmente. Esta última
declarante indicó que conoció al causante durante al menos
13 años, como compañero de trabajo de su hermano Dumar
Trujillo Núñez en diferentes obras, y porque ella vendía
productos Ebel y Luz Yaneth, la «esposa» del señor Daza
Méndez, le compraba; por eso sabe que durante el tiempo
que los conoció, vivieron juntos.
SCLAJPT-10 V.00
114
Radicación n.° 68397
Esta convivencia es corroborada por Orlando Murcia
Ibáñez, quien explicó que conoció al causante «de toda la
vida» porque era alguien conocido en el pueblo y porque el
declarante lideraba un grupo político en ese lugar. Por ello,
al indagársele si le constaba la comunidad de vida entre la
actora y el señor Daza Méndez, adujo que «desde que lo
distinguí él convivía con esta pelada», que vivieron juntos en
el municipio de Suaza, en diferentes lugares, y que el último
de ellos fue en el Barrio La Quebrada «al otro lado de la
Quebrada Satía», hasta el momento de su fallecimiento.
Estas manifestaciones, de quienes conocieron a la
pareja por ser paisanos y vecinos en el mismo municipio,
prueban que, en verdad, Jesús Gregorio Daza Méndez y Luz
Yaneth Hernández Sánchez sostuvieron una convivencia
continua hasta el momento del fallecimiento del causante, y
durante al menos cinco años. Se trata de testimonios que
dan cuenta de su dicho, explican las razones por las que
conocen los hechos informados y las situaciones de modo,
tiempo y lugar en que se enteraron de ellos. Son personas
cercanas en razón a la vecindad en el mismo municipio, y
por ello conocen la dinámica familiar y social de estas
personas, e incluso se refirieron a los hijos que tenían,
como ya se explicó.
SCLAJPT-10 V.00
115
Radicación n.° 68397
-Ruby Sandoval Solis: El mismo testigo Orlando Murcia
Ibáñez, en declaración rendida en el trámite del proceso
2008-00478 manifestó que pudo presenciar el sufrimiento
de la señora Sandoval Solis con ocasión del fallecimiento de
su «esposo» Luis Carlos Zambrano Perdomo, que ellos vivían
juntos en el Barrio La Quebrada con sus tres hijos Cristian,
Yuly y Michelle. Explicó, además, que conoció al causante
durante al menos 10 años, pues el declarante señaló que
fue alcalde del municipio de Suaza, y es natural que se
conozca a quienes viven en la población, y que incluso el
trabajador Zambrano Perdomo le pidió ayuda «para lo que
tenía que ver con vivienda» y que desde el momento en que
el testigo se radicó en Suaza, «que es hace doce años, él
convivía con la señora» (folio 491 y 492 cuaderno 15).
Graciela Trujillo Núñez también declaró en el proceso
2008-00478, e informó que le constaba que Luis Carlos
Zambrano Perdomo convivía con Ruby Sandoval y sus tres
hijos, que era él quien trabajaba para el sustento de esta
familia y que la pareja «vivía en unión libre y el tiempo en el
que yo estoy viviendo acá en Suaza, unos doce o trece años
siempre los vi en pareja» (folios 500 y 501 cuaderno 15).
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116
Radicación n.° 68397
Esas declaraciones son acogidas por la Sala para
establecer el hecho debatido, como quiera que dan cuenta
de la razón de su dicho e informan las circunstancias en
que conocieron los hechos, explican que, por residir en la
misma población, era posible conocer situaciones como la
convivencia y la describen, por lo que con estas pruebas es
dable tener a Ruby Sandoval Solis como beneficiaria de la
pensión de sobrevivientes pretendida.
En ese orden, la Sala revocará la decisión apelada y en
su lugar, condenará al empleador Luis Erney Castro
Valenzuela, y solidariamente a los demás accionados, a
reconocer y pagar la pensión de sobrevivientes a favor de
estas dos beneficiarias a partir del 25 de abril de 2008, en
calidad de compañeras permanentes de Jesús Gregorio
Daza Méndez y Luis Carlos Zambrano Perdomo,
respectivamente. La mesada pensional de estas dos
beneficiarias, como compañeras permanentes, se irá
acrecentando en la medida en que los hijos de estos
causantes vayan cumpliendo la mayoría de edad o los 25
años si acreditan su incapacidad para trabajar por razón de
sus estudios.
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Radicación n.° 68397
Padres: Inés Toledo Ortiz y Reinaldo Vaca Cuellar
acudieron al proceso en calidad de padres del causante
Jorge Luis Vaca Toledo, y bajo este supuesto solicitan el
reconocimiento pensional. Como quiera que respecto de
este causante no concurren cónyuge, compañera
permanente ni hijos a reclamar la prestación, es dable
analizar la calidad de beneficiarios de los actores en los
términos del literal d) del artículo 47 de la Ley 100 de 1993,
modificado por la Ley 797 de 2003, que exige demostrar la
dependencia económica respecto del trabajador fallecido.
Con el registro civil de nacimiento de Jorge Luis Vaca
Toledo se establece que los accionantes eran sus padres
(folio 28 del cuaderno 7). Y con los testimonios rendidos en
el trámite 2008-00343 se determina que ellos dependían
económicamente del causante.
En efecto, se afirma lo anterior, como quiera que los
declarantes Graciela Trujillo Núñez y Orlando Murcia
Ibáñez, -quienes también rindieron testimonio en los otros
procesos acumulados-, manifestaron que conocieron a los
demandantes y al trabajador fallecido por ser vecinos y
paisanos en el municipio de Suaza-Huila, y por ello tuvieron
noticia de que el joven Vaca Toledo vivía con sus padres y
su hermana menor en el barrio La Quebrada, y que era él
quien se encargaba de sufragar los gastos de esa familia. El
señor Murcia Ibáñez agregó que el causante asumía en un
cien por ciento el sostenimiento del hogar y que los recursos
para ello los derivaba de su trabajo (folios 631 a 635
cuaderno 10).
SCLAJPT-10 V.00
118
Radicación n.° 68397
Además, el testigo Luis Carlos Tavera Cruz, residente
del municipio de Suaza, amigo del trabajador fallecido,
informó que por esta relación de amistad pudo percibir que
el señor Vaca Toledo «le colaboraba mucho a la mamá y al
papá, muy trabajador, tenía una hermana llamada Sindy,
estaba estudiando y le ayudaba mucho a ella». Y aunque
aclaró que el papá «trabajaba al jornal», era Jorge Luis Vaca
Toledo quien «aportaba más para la casa», para la
alimentación y los servicios (folios 635 a 637 cuaderno 10).
Así las cosas, estas declaraciones evidencian el aporte
económico cierto del causante a favor de sus padres, de
forma permanente y además relevante, pues como lo refirió
el último testigo, el padre tan solo recibía un jornal, por lo
que, los gastos esenciales como la alimentación y los
servicios públicos debían ser cubiertos con los recursos
obtenidos por el causante. Con fundamento en ello, es
dable considerar a los actores referidos como beneficiarios
de la prestación de sobrevivientes a cargo del empleador, y
solidariamente de los demás demandados.
En consecuencia, la Sala revocará la decisión
absolutoria de primer grado, y en su lugar, condenará al
pago de la pensión reclamada a partir del 25 de abril de
2008 a favor de Inés Toledo Ortiz y Reinaldo Vaca Cuellar.
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Radicación n.° 68397
Monto de la pensión de sobrevivientes: la prestación de
sobrevivientes que aquí se ordenará pagar, lo será en una
suma equivalente a un salario mínimo, pues aunque el
artículo 12 de la Ley 776 de 2002 prevé un monto del 75%
del IBC, el artículo 13 ibídem prohíbe el reconocimiento de
prestaciones como la ordenada, en suma inferior al salario
mínimo, que era la cuantía de la remuneración de los
causantes, según lo aceptó el empleador demandado Luis
Erney Castro Valenzuela al absolver interrogatorio de parte,
así como la dar contestación a cada una de las demandas.
Dicha mesada se distribuirá así: i) beneficiaria de
Rafael Antonio Alarcón Oviedo: 100% de la prestación a
favor de Linda Sarid Alarcón Artunduaga; ii)
causahabientes de Jesús Gregorio Daza Méndez: 50% a
favor de Luz Yaneth Hernández Sánchez, en calidad de
compañera permanente y 50% en partes iguales entre sus
hijos Jesús Alberto, Cristian Andrés, Yojan y Derly Daza
Hernández, y Farid Ricardo Hernández Sánchez; iii)
causahabientes de Luis Carlos Zambrano Perdomo: 50% a
favor de Ruby Sandoval Solis, como compañera permanente
y 50% en partes iguales entre sus hijos Cristian Enrique,
Yuly Vanessa y Michelle Zambrano Sandoval y iv)
beneficiarios de Jorge Luis Vaca Toledo: 50% para cada uno
de los padres.
En los términos del parágrafo 6 del artículo 1 del Acto
Legislativo 01 de 2005, la pensión se reconocerá en 14
mesadas al año, y aplicarán los reajustes legales anuales.
SCLAJPT-10 V.00
120
Radicación n.° 68397
En cuanto al reconocimiento y pago de los intereses
moratorios contemplados en el artículo 141 de la Ley 100 de
1993, la Sala los negará, toda vez que, en este caso, dadas
sus especiales particularidades, existían serias y fundadas
dudas sobre la titularidad del derecho pensional e incluso
sobre los deudores del mismo.
En efecto, es evidente que en este caso estaban en
seria discusión presupuestos esenciales para la causación
de la pensión de sobrevivientes como el origen del accidente
en que fallecieron uno a uno los trabajadores causantes de
la prestación, precisamente por las circunstancias en que
tuvo lugar el siniestro, cuando cada uno de los empleados
intentó acudir uno tras otro en auxilio de su compañero de
labores. Además, había incertidumbre justificada en cuanto
a la calidad de beneficiarios de los accionantes, en especial,
respecto de quien se concluyó judicialmente que fue hijo de
crianza de uno de los fallecidos, aspecto que se dirimió con
base en reciente jurisprudencia de esta Corte; situación que
resultaba difícil de definir para el empleador persona
natural y que solo podía ser dilucidada a través del debate
probatorio. Incluso la calidad de beneficiarios de la obra de
cada uno de los demandados y, por ende, la de su condición
de deudores solidarios de esta prestación, no fue un tema
pacífico en el proceso y requirió de un pronunciamiento
definitivo en sede extraordinaria, precisamente a raíz de la
cadena de relaciones contractuales que se evidenciaron.
Estos aspectos particulares, especiales y excepcionales
de este caso en concreto, llevan a la Sala a desestimar la
SCLAJPT-10 V.00
121
Radicación n.° 68397
condena por intereses de mora con fundamento en lo
expuesto, entre otras, en decisión CSJ SL, 21 sep. 2010,
rad. 33399, en la que se explicó:
«Sin embargo, con posterioridad, y al analizar nuevamente el
surgimiento de la obligación de reconocimiento de los intereses
moratorios en el caso de controversias entre beneficiarios sobre
el derecho al pago de una pensión, tuvo la Sala oportunidad de
revisar el discernimiento contenido en la sentencia antes
trascrita y fijar su nuevo criterio sobre el tema, considerando
que en situaciones excepcionales en las que existe un real
motivo de duda sobre el beneficiario a la prestación, el hecho de
que no se reconozca, en espera de que la justicia defina quien
es el titular del derecho, es razón para que no proceda la
imposición de los intereses de mora del artículo 141 de la Ley
100 de 1993.
[…]
Debe la Corte precisar el criterio jurídico expuesto en la
sentencia antes trascrita, señalando que las razones que
aduzca la entidad de seguridad social o el empleador obligados
al pago de las mesadas, para no conferir el derecho a ninguno
de los beneficiarios, deben ser serias y jurídicamente atendibles,
esto es, que exista un real motivo de duda acerca del titular del
derecho a la prestación, de suerte que la cuestión deba ser
elucidada por la justicia.
En esa medida, como acuden serios y fundados
motivos para negar la condena por intereses de mora, la
Sala, en su lugar, ordenará la indexación de las mesadas
adeudadas.
Finalmente, se autorizará a la parte demandada para
que efectúe los respectivos descuentos por aportes a la
seguridad social en salud del retroactivo pensional, los que
deben ser girados a la EPS a la que se encuentren afiliados
los demandantes o a la que escojan si no están asegurados,
pues tales cotizaciones están a cargo de los pensionados
SCLAJPT-10 V.00
122
Radicación n.° 68397
(CSJ SL12037-2017, CSJ SL2376-2018, CSJ SL356-2019 y
CSJ SL2557-2020).
SCLAJPT-10 V.00
123
Radicación n.° 68397
Indemnización plena de perjuicios - Culpa
comprobada del empleador: Para que opere esta
indemnización prevista en el artículo 216 del CST, debe
acreditarse, además de la ocurrencia del accidente de origen
laboral, la culpa suficientemente comprobada del
empleador, responsabilidad de naturaleza eminentemente
subjetiva.
Por tanto, al trabajador demandante o a sus
beneficiarios les corresponde asumir la carga de acreditar,
de manera suficiente, la culpa del empleador en la
producción del accidente, según las reglas probatorias, lo
que significa que demostrada en concreto la omisión del
empleador en el cumplimiento de sus deberes de protección
y seguridad, se genera la obligación de indemnizar al
trabajador o causahabientes los perjuicios causados, y
teniendo en cuenta que de conformidad con lo consagrado
en el artículo 1604 del Código Civil, la prueba de la
«diligencia o cuidado incumbe al que ha debido emplearlo», si
el empleador pretende cesar o desvirtuar su
responsabilidad, debe asumir la carga de probar la causa
de la extinción de aquélla, tal como lo dispone el artículo
1757 ibídem.
SCLAJPT-10 V.00
124
Radicación n.° 68397
Ahora, esta Sala también ha precisado que la carga de
la prueba se invierte cuando se le endilga al empleador la
culpa por un comportamiento omisivo, esto es, por no
cumplir sus deberes de prevención, cuidado y diligencia
(CSJ SL13653-2015, CSJ SL7181-2015, CSJ SL 7056-
2016, CSJ SL12707-2017, CSJ SL2206-2019, CSJ SL2168-
2019, CSJ SL2336-2020 y CSJ SL5154-2020). En esta
hipótesis, a la parte actora únicamente le basta alegar e
identificar las conductas omisivas que ocasionaron el
suceso para que el peso se traslade a quien ha debido obrar
con diligencia (artículo 1604 del Código Civil), mientras el
empleador tendrá que acreditar el acatamiento a las
obligaciones en mención.
En el presente asunto, la parte actora sostuvo que el
accidente laboral ocurrió por negligencia del empleador Luis
Erney Castro Valenzuela, quien no cumplió con sus
obligaciones de cuidado y protección a sus trabajadores, no
les brindó capacitación sobre los posibles riesgos a que
estaban sometidos en el ejercicio de sus labores, no les
suministró los elementos requeridos para realizarlas, ni
para su protección personal y tampoco supervisó los
trabajos en la obra. Razón por la cual, a dicho demandado
le correspondía acreditar la diligencia y cuidado que empleó
en el ejercicio de las actividades que desarrollaban sus
trabajadores el día del accidente.
SCLAJPT-10 V.00
125
Radicación n.° 68397
Para constatar el cumplimiento de esta carga
probatoria, la Sala debe partir de las circunstancias
particulares en que se produjo el accidente de trabajo, que
no fueron discutidas por las partes y que se encuentran
acreditadas.
En efecto, no se controvierte que el 25 de abril de
2008, Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca
Toledo, Jesús Gregorio Daza, Luis Carlos Zambrano y
Dumar Trujillo Núñez se encontraban trabajando al servicio
de Luis Erney Castro Valenzuela en oficios varios en la
planta de tratamiento de aguas residuales del municipio de
Suaza; que en desarrollo de tal actividad, el empleador
solicitó a Dumar Trujillo Núñez que encendiera una
motobomba dentro de un tanque de agua; que
posteriormente, este trabajador acudió a apagar la
motobomba y en tal operación cayó al tanque y presentó
ahogamiento por inmersión secundaria a inhalación de
monóxido de carbono, que le produjo la muerte. Estos
hechos fueron admitidos por el señor Castro Valenzuela al
dar respuesta a la demanda, y en cuanto a la causa de la
muerte, esta también se evidencia con el documento de
protocolo de necropsia visible a folios 19 a 23 del cuaderno
27.
SCLAJPT-10 V.00
126
Radicación n.° 68397
Tampoco se debate que ante el riesgo inminente en
que estaba el trabajador Dumar Trujillo Núñez al caer al
tanque, su empleador dio voces de auxilio, -como este lo
admitió en su interrogatorio de parte (folio 508 cuaderno
38)-, y los demás trabajadores Rafael Antonio Alarcón
Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis
Carlos Zambrano acudieron a prestar su colaboración, y en
tal maniobra cayeron igualmente al tanque y sufrieron la
misma afección de ahogamiento por inmersión secundario a
inhalación de monóxido de carbono que también les
ocasionó la muerte. (Protocolos de Necropsia folios 80 a 83
cuaderno 13, 33 a 36 cuaderno 7, 47 a 50 cuaderno 36, 44
a 47 cuaderno 1).
Ahora, la Sala aprecia que en el interrogatorio de parte
absuelto en el proceso 2008-00360 el señor Castro
Valenzuela aceptó que ante el riesgo en que se encontraba
Dumar Trujillo Núñez, él pidió auxilio a los demás
trabajadores, que uno a uno acudió para brindar ayuda, y
también cayeron en el pozo, y que no tomó alguna medida
de seguridad para evitar el accidente en el que fallecieron
los cinco trabajadores, «porque no era rutinario» (folio 567 a
569 cuaderno 29 y 576 y 577 cuaderno 30).
SCLAJPT-10 V.00
127
Radicación n.° 68397
Además, en el interrogatorio de parte que rindió este
mismo absolvente en el proceso 2008-00382 aceptó que la
motobomba duró prendida cerca de 50 minutos dentro del
tanque de agua, luego de lo cual pidió a Dumar Trujillo que
fuera a apagarla, que a sus trabajadores tan solo les
suministró guantes y cascos como elementos de protección
y que no tomó ninguna medida para evitar que Rafael
Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús
Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo ingresaran
al tanque por «la solidaridad entre ellos porque eran
compañeros todos» (folio 509 y 510 cuaderno 38).
De estos interrogatorios se aprecia que fue el
empleador quien solicitó la ayuda de estos operarios para
auxiliar a su compañero de trabajo, y aun así, no adoptó
ninguna medida de seguridad para evitar que sufrieran el
mismo percance que el señor Trujillo Núñez, pues se
trataba de un pozo de aproximadamente 5,50 a 5,90 metros
de profundidad, como lo acepta igualmente el absolvente y
se describe en el informe rendido por el perito designado
dentro de la práctica de inspección judicial al lugar donde
ocurrió el siniestro (folio 677 a 689 cuaderno 4), lo que
ameritaba cierto tipo de elementos de seguridad y
protección para descender en ese pozo y no simplemente
guantes y cascos como lo afirmó el absolvente.
SCLAJPT-10 V.00
128
Radicación n.° 68397
De hecho, además de dar cuenta de la profundidad, en
este informe pericial se señala que el referido tanque no
contaba con medios adecuados para el descenso de una
persona, lo que permite colegir a la Sala que haber
suministrado únicamente guantes y casco no resultaba
adecuado para realizar la maniobra relatada en el tanque de
agua. Así, no puede admitirse que el hecho de que fuera
una actividad excepcional o no rutinaria, como dijo el
empleador, lo eximiera de brindar las medidas de seguridad
pertinentes para ingresar al tanque, como cuerdas, líneas
de vida u otro soporte para descender de manera segura,
más cuando advirtió que el primer trabajador Dumar
Trujillo ya había sufrido un percance y había caído en ese
lugar.
Si bien, el auxilio para el compañero en peligro fue
una situación imprevista, ello no justifica que no se hubiera
suministrado los medios adecuados para permitir su
rescate y con ello evitar que los demás trabajadores
corrieran la misma suerte, máxime que dadas las
circunstancias en que ocurrieron los hechos, el peligro en
que se puso a todos los trabajadores fue evidente.
SCLAJPT-10 V.00
129
Radicación n.° 68397
Y es que la actividad encomendada al primero de los
operarios de por sí, se ordenó realizar sin contar con los
elementos mínimos de protección, e ignorando el peligro
que ello implicaba dada la profundidad del tanque donde
debía hacer funcionar una motobomba con combustible:
nótese que el empleador designó a Dumar Trujillo Núñez
para que maniobrara dicha motobomba dentro del referido
pozo que superaba los cinco metros de profundidad, lo que
evidencia la falta de cuidado y diligencia mínima que le
incumbía como empleador.
Si no existían condiciones seguras para ingresar al
tanque, era negligente solicitar a uno de sus trabajadores
que lo hiciera en similar forma, así fuese
momentáneamente. Y si bien trató de auxiliar a su
trabajador, al hacerlo en las condiciones con los demás
operarios, solo implicó agravar la situación en desmedro de
la integridad de aquellos, pues el empleador no tuvo en
cuenta que todos se verían avocados al mismo riesgo que
generó el accidente de Trujillo Núñez y su posterior
fallecimiento. Esa situación de peligro inminente fue tan
grave, que incluso los vecinos que acudieron después a
prestar auxilio también perdieron el conocimiento y por
fortuna, no la vida, como se verá más adelante.
SCLAJPT-10 V.00
130
Radicación n.° 68397
El señor Castro Valenzuela tampoco tuvo en cuenta
que la utilización de una motobomba que funcionaba con
combustible, genera «óxido de carbono también denominado
monóxido de carbono, […] que es un gas inodoro, incoloro,
inflamable y altamente tóxico, que puede causar la muerte
cuando se respira en niveles elevados», como lo concluyó el
informe del perito (folio 684 y 685 cuaderno 4) y cuya
exposición por parte de los trabajadores fue la causa de su
muerte, como se concluyó en los protocolos de necropsia.
Este riesgo se vio incrementado, además, por el hecho
de que la motobomba estuvo prendida durante
aproximadamente una hora dentro de un tanque de agua
de una profundidad de entre 5,50 metros, 1,95 metros de
ancho y 2,80 metros de largo, como lo describe el perito,
con un nivel de agua de 5 metros y una sola entrada de 50
x 50 centímetros, como lo señala el informe fotográfico de la
Fiscalía Local 30 sobre la inspección a la Planta de Aguas
Residuales del municipio de Suaza (folios 452 anverso y 453
cuaderno 3). Es decir, un lugar cerrado, sin entradas de
aire y sin ventilación adecuada, «pues la entrada por la tapa
no representa un flujo normal de aire», como lo explicó el
perito en la diligencia de inspección judicial (folio 739
cuaderno 4), lo que sin duda potencializó el peligro al que
fueron expuestos los trabajadores.
SCLAJPT-10 V.00
131
Radicación n.° 68397
En el trámite de los procesos acumulados, se escuchó
la versión de los testigos Orlando Murcia Ibáñez, Graciela
Trujillo Núñez, Mauricio Muñoz y Luis Carlos Tavera, todos
vecinos del municipio de Suaza y quienes se expresaron en
torno a las circunstancias del accidente de trabajo. Esta
última persona informó que acudió al lugar de los hechos,
ante las voces de auxilio «porque se estaban ahogando unos
muchachos» e ingresó al pozo para intentar rescatarlos.
Narró que los trabajadores estaban en ese lugar bajo el
agua, que al entrar a ese sitio, el testigo encontró «una
pequeña escalera partida, en ese instante percibí un fuerte
olor a gasolina», y así se lo advirtió a los otros rescatistas
para que salieran inmediatamente, pues observó que a
«determinada altura del pozo estaba la motobomba
amarrada con unos lazos, la cual había estado prendida
antes de que ellos ingresaran, de que los empleados
ingresaran» y explicó que el funcionamiento de esa máquina
con gasolina generaba monóxido de carbono y fue utilizada
en un sitio cerrado.
SCLAJPT-10 V.00
132
Radicación n.° 68397
De hecho, este testigo relató que él pudo salir del
tanque porque estaba amarrado a una manila que sujetó a
su correa y que le fue suministrada por los vecinos, pero
que empezó a perder el conocimiento y «hasta ahí me
acuerdo, cuando desperté ya estaba en el hospital», pues
también se vio afectado por la sustancia que había en ese
sitio. Explicó que no tenían ningún modo de acceso al pozo,
no habían escaleras adecuadas para ingresar, pese a que
era requerido «bajar y subir constantemente para el
mantenimiento», que por ello, los vecinos que acudieron a
socorrer a los trabajadores tuvieron que conseguir lazos
para entrar y que pudo observar que los trabajadores que
se ahogaron en el tanque, no tenían equipos de protección
ni dotación, que lo único que existía era una «escalera
viejita de madera toda partida, no era más lo que tenían
porque nosotros bajamos por medio de manilas».
En otra de sus declaraciones indicó que solo había
«una pequeña escalera toda podrida» e insistió en el riesgo
mortal que implicaba el uso de una motobomba en un sitio
cerrado, como el tanque de agua. Esta declaración, de quien
acudió al lugar de los hechos para socorrer a los causantes,
evidencia la ausencia de elementos de protección personal y
de seguridad para ingresar al pozo donde finalmente
fallecieron los cinco trabajadores, omisión que permite
colegir que el empleador no cumplió con sus obligaciones de
protección y cuidado mínimo para con sus subalternos.
SCLAJPT-10 V.00
133
Radicación n.° 68397
Esa falta de cuidado fue determinante en la ocurrencia
del siniestro, más aún, al permitir que los operarios que
iban a socorrer a su compañero ingresaran en esas
condiciones de riesgo y de precariedad en seguridad,
exponiéndolos a todos ellos a un ambiente tóxico por la
presencia de monóxido de carbono sin los elementos de
protección necesarios; además, ese lugar tampoco contaba
con medidas adecuadas para el ingreso y salida, pues como
lo narra el testigo, ello impidió rescatarlos con vida, ya que
era difícil el descenso al sitio y por tanto, también la salida.
Mauricio Muñoz también acudió a rescatar a los
trabajadores, e igualmente describió que, aunque se intentó
sacar a los trabajadores, «no había lazos, no había un arnés,
no había una careta ni una pipeta de oxígeno, no había nada
que utilizar para sacar a Luis Carlos que era el que todavía
se miraba» y que cuando al fin consiguieron unos lazos, el
testigo ingresó al pozo, pero también salió desmayado
«debido al monóxido de carbono que había allí ». También
explicó que era un pozo oscuro, profundo, sin visibilidad,
por lo que tenían que buscar a los trabajadores «mediante el
tacto», y que cuando entró la motobomba estaba apagada,
pero «se sentía el olor a gasolina dentro del tanque y no tenía
ninguna ventilación». (folio 580 cuaderno 3).
SCLAJPT-10 V.00
134
Radicación n.° 68397
Similares circunstancias fueron descritas por Orlando
Murcia y Graciela Trujillo. Aunque ellos acudieron al lugar
ante las voces de auxilio de los vecinos, no ingresaron al
pozo como lo hicieron los otros declarantes. Sin embargo,
informaron que pudieron apreciar que había muchas
personas tratando de rescatar a los trabajadores, pero que
«no se podía hacer ya nada, no contaban con las cosas
necesarias para sacarlos», y que para los rescatistas fue
difícil ingresar al sitio, que lo hicieron con manilas pero que
«no se aguantaban nada porque no podían respirar », como lo
describió la señora Trujillo Núñez, quien agregó que los
causantes, entre los que se encontraba su hermano Dumar,
no tenían elementos de protección ni de seguridad, «ni
siquiera un bendito lazo, porque el día del accidente hubiera
un lazo habían sacado de una vez a mi hermano que fue el
primero que cayó, ni una escalera, no había absolutamente
nada.» (folio 632 cuaderno 10) y que a «los sacaron a ellos
fue porque la gente había llevado con qué sacarlos » (folio 576
cuaderno 3, folio 499 cuaderno 15, folio 631 cuaderno 10,
folio 504 cuaderno 38).
En igual sentido, Orlando Murcia narró que pudo
observar que no había ningún medio que facilitara el acceso
rápido al tanque, que había una escalera podrida por el
agua, «porque el tanque tenía harta cantidad de agua » (folio
578 cuaderno 3, folio 540 cuaderno 29, folio 490 cuaderno
15, folio 499 cuaderno 38).
SCLAJPT-10 V.00
135
Radicación n.° 68397
De esa manera, la Sala identifica al menos tres
omisiones del empleador, que resultaron determinantes en
la ocurrencia del accidente de trabajo en el que fallecieron
Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo,
Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano:
i) no brindó medios de seguridad mínimos para que los
trabajadores pudieran entrar y salir del tanque de agua
profundo y oscuro al que tuvieron que ingresar, no
proporcionó una escalera en buen estado, ni líneas de vida,
arnés etc.; ii) para el momento en que los mencionados
trabajadores se introdujeron en ese estanque, no advirtió la
presencia en el ambiente de una sustancia tóxica,
monóxido de carbono, ni propició la ventilación del lugar,
exponiéndolos fatalmente a la contaminación del sitio dado
que el lugar era cerrado, no tenía ventilación, había un
nivel de agua considerable y en su interior había estado
funcionando una motobomba con gasolina por cerca de una
hora; iii) ante el percance sufrido por los trabajadores,
ninguna ayuda resultó efectiva, puesto que no tenía ningún
elemento para ello. Nótese que fueron los vecinos del
municipio quienes acudieron a socorrer a los causantes y
consiguieron las cuerdas o manilas con las que finalmente
pudieron ingresar al lugar y ya solo a rescatar los cuerpos.
SCLAJPT-10 V.00
136
Radicación n.° 68397
Si estas fueron las circunstancias en que los señores
Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo,
Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano Perdomo
debieron cumplir su obligación especial de brindar
colaboración en caso de riesgo inminente que ponía en
peligro a su compañero Dumar Trujillo (numeral 6 del
artículo 58 del CST), es evidente que medió la negligencia
del empleador en la ocurrencia del accidente, tal como
quedó explicado en párrafos anteriores.
Esto sin duda, acredita i) el incumplimiento de las
obligaciones de protección y de seguridad que le incumben
al empleador, como lo dispone el artículo 56 del CST; ii) el
desconocimiento del deber especial de procurar a los
trabajadores locales apropiados y elementos adecuados de
protección que garanticen razonablemente su seguridad y
salud (numeral 2 del artículo 57 del CST) y iii) la
transgresión a su obligación de prestar inmediatamente los
primeros auxilios en caso de accidente (numeral 3 artículo
57 ibídem). Pues a pesar de que pidió ayuda para socorrer a
los operarios, al no tener el más mínimo elemento para su
rescate, su actuar quedó en la mera intención.
SCLAJPT-10 V.00
137
Radicación n.° 68397
En ese orden, la Sala concluye que el accidente de
trabajo en el que fallecieron Rafael Antonio Alarcón Oviedo,
Jorge Luis Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos
Zambrano Perdomo si ocurrió por culpa comprobada del
empleador Luis Erney Castro Valenzuela, toda vez que la
causa eficiente de tal siniestro fue precisamente su omisión
en el cumplimiento de sus obligaciones generales y
especiales de diligencia, prevención, cuidado y auxilio. Por
tanto, resulta procedente el reconocimiento y pago de la
indemnización plena de perjuicios reglada en el artículo 216
del CST.
Liquidación de la indemnización de perjuicios:
Daño Moral: Para la Sala no existe duda de que el
fallecimiento de Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Luis Carlos
Zambrano Sandoval, Jorge Luis Vaca y Jesús Gregorio Daza
Méndez, generó aflicción e impacto emocional en sus
causahabientes y, por tanto, hay lugar a su reconocimiento.
Para ello, es pertinente recordar que la tasación del
precio del dolor queda a discreción del juzgador, teniendo
en cuenta el principio de dignidad humana consagrado en
los artículos 1 y 5 de la Constitución Política, ya que según
lo ha sostenido esta corporación, «para ello deberán
evaluarse las consecuencias sicológicas y personales, así
como las posibles angustias o trastornos emocionales que las
personas sufran como consecuencia del daño» (CSJ SL 215
oct. 2008, rad. 32720 reiterada en CSJ SL4665-2018).
SCLAJPT-10 V.00
138
Radicación n.° 68397
Así, con el apoyo del «arbitrio iudicis», la Sala estima los
perjuicios morales en 50 salarios mínimos legales vigentes
al momento de su pago efectivo, para cada uno de los
siguientes accionantes: i) Linda Sarid Alarcón Artunduaga,
hija de Rafael Antonio Alarcón Oviedo; ii) Ruby Sandoval
Solis, compañera permanente, y Cristian Enrique, Yuly
Vanessa y Michelle Dayana Zambrano Sandoval, hijos, de
Luis Carlos Zambrano Sandoval; iii) Luz Yaneth Hernández
Sánchez, compañera permanente, Jesús Alberto, Cristian
Andrés, Yojan y Derly Daza Hernández, y Farid Ricardo
Hernández Sánchez, hijos de Jesús Gregorio Daza Méndez e
iv) Inés Toledo Ortiz y Reinaldo Vaca Cuellar, padres de
Jorge Luis Vaca Toledo.
Daño en vida de relación: Como se explicó en sede
extraordinaria, este daño se expresa en la esfera externa del
comportamiento del individuo, en las limitaciones,
dificultades o privaciones que surgen en su
desenvolvimiento en la vida y en su entorno personal,
familiar y social. Y, al igual que los perjuicios morales, no
son estimables objetivamente y su tasación está sujeta al
criterio judicial.
Conforme lo anterior, se presume que, al hacer parte
del grupo primario de los causantes, los demandantes se
vieron privados de realizar actividades placenteras de tipo
social, personal y familiar con su compañero y padre, tal
como se precisó en sentencia CSJ SL492-2021. Se aclara
que el grupo primario familiar de Jorge Luis Vaca Toledo
SCLAJPT-10 V.00
139
Radicación n.° 68397
estaba integrado por sus padres, hoy accionantes, pues
como lo afirmaron los testigos Orlando Murcia Ibáñez,
Graciela Trujillo Núñez y Luis Carlos Tavera, vivían juntos
en el mismo hogar, de ahí que también les asiste el derecho
a percibir perjuicios por concepto de daño en la vida de
relación, en su condición de padres. (folios 631 a 637
cuaderno 10). En consecuencia, la Sala reconocerá la suma
de 50 salarios mínimos legales vigentes al momento de su
pago efectivo, para cada uno de los demandantes.
No hay lugar a condenar a la indexación de la condena
por perjuicios morales y por daño en la vida de relación,
toda vez que al estar tasada en salarios mínimos legales
vigentes, su valor se actualiza anualmente (CSJ SL570-
2020 y CSJ SL3860-2020).
Lucro cesante consolidado y futuro: En cuanto a los
perjuicios materiales por lucro cesante, dado que cada uno
de los causantes tenía constituido un hogar al momento de
su fallecimiento, la Corte los otorgaráa sus compañeras
permanentes, hijos y padres respectivamente, puesto que
son los parientes más cercanos de cada uno de los
trabajadores fallecidos o que hacen parte de su núcleo
familiar primario, y que acreditaron tal calidad y tuvieron
una afectación con el fallecimiento de aquellos (CSJ SL 492-
2021).
Para liquidar el lucro cesante pasado, se tomará como
fecha inicial la del fallecimiento de los trabajadores, 25 de
abril de 2008, hasta el mes anterior a la fecha de esta
SCLAJPT-10 V.00
140
Radicación n.° 68397
sentencia, con base en el salario que devengaron los
causantes y que correspondió al salario mínimo legal
mensual vigente.
A fin de establecer el lucro cesante futuro, se tomará
igualmente el salario que devengaban los trabajadores y,
como extremos de causación, desde la fecha de esta
providencia hasta la calenda en que se hubiera cumplido la
expectativa de vida probable de los causantes, teniendo en
cuenta la fecha de nacimiento de cada uno de ellos.
Respecto de los hijos, se calculará hasta la edad de los 25
años, siempre que se cumpla esa edad después de la
presente sentencia. En el caso de los hijos que cumplieron
la edad de 25 años con antelación a esta decisión, su lucro
cesante futuro es cero, y el consolidado va hasta ese
momento, actualizado a la fecha de esta decisión. En el
caso de los beneficiarios de Luis Jorge Vaca Trujillo, se
tomará la vida probable de aquellos por ser la más corta.
Para el cálculo se tomará la tasa del 6% que es la legal,
artículo 1617 del CC.
SCLAJPT-10 V.00
141
Radicación n.° 68397
Los anteriores parámetros han sido acogidos en decisión
CSJ SL2513-2021 que reiteró lo expuesto en CSJ SC 5 oct.
2004, rad. 6475, CSJSL492-2021, CSJ SL4570-2019 y CSJ
SL633-2020. Y que se especifican de la siguiente manera:
Causante Rafael Antonio Alarcón Oviedo:
Causante Luis Carlos Zambrano Perdomo:
SCLAJPT-10 V.00
142
Radicación n.° 68397
SCLAJPT-10 V.00
143
Radicación n.° 68397
SCLAJPT-10 V.00
144
Radicación n.° 68397
Causante Jesús Gregorio Daza Méndez:
SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 68397
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Causante Jorge Luis Vaca Toledo:
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150
Radicación n.° 68397
Llamamiento en garantía a la Compañía
Aseguradora de Fianzas S. A. - Confianza.
En los procesos 2008-00355 y 2008-00478, Aguas del
Huila S. A. ESP sustentó este llamamiento en el
otorgamiento de dos pólizas por parte del Consorcio RP
2006, las cuales obran a folios 316 a 330 del cuaderno 2 y
179 a 186 cuaderno 13.
La primera póliza RO002541 corresponde al seguro de
responsabilidad civil extracontractual expedida el 8 de
noviembre de 2006, tomada por el mencionado Consorcio a
favor de Aguas del Huila S. A. ESP. El objeto de este
aseguramiento fue: «indemnizar los daños y/o perjuicios
patrimoniales ocasionados a terceras personas y derivados
de la ejecución del contrato de obra civil n.° 443 de 2006 por
parte del tomador relacionado con la construcción de las
obras del sistema de manejo y tratamiento de las aguas
residuales urbanas del Municipio de Suaza Departamento
del Huila».
Siendo ello así, es evidente que esta póliza no resulta
exigible en el presente asunto, puesto que las condenas que
se impondrán a cargo de Aguas del Huila S. A. ESP no se
derivan de su responsabilidad civil extracontractual, sino de
su obligación solidaria en materia laboral prevista en el
artículo 34 del CST y en virtud de su relación contractual
con el Consorcio RP 2006. La falta de exigibilidad de esta
póliza se corrobora con lo descrito en la cláusula segunda
SCLAJPT-10 V.00
151
Radicación n.° 68397
del documento anexo, en el cual se identifican los hechos
excluidos del aseguramiento, entre ellos:
[…] 10. Las obligaciones a cargo del asegurado provenientes de
la aplicación de las normas del derecho laboral y aquellas que
sean consecuencia de reclamaciones según el artículo 216 del
Código Sustantivo del Trabajo.
[…] 20. daños y perjuicios morales.
Así, no solo por tratarse de un seguro por
responsabilidad civil extracontractual, sino porque
expresamente fueron excluidas del amparo las obligaciones
de naturaleza laboral en particular las derivadas del
artículo 216 del CST no es posible hacer efectiva dicha
póliza.
Ahora, la segunda póliza invocada SP000869 expedida
el 8 de noviembre de 2006 corresponde al seguro de
cumplimiento en favor de entidades de servicios públicos,
tomada igualmente por el Consorcio RP 2006, siendo Aguas
del Huila S. A. ESP la entidad asegurada y beneficiaria. Su
vigencia se pactó desde el 3 de noviembre de 2006 hasta el
3 de noviembre de 2011, y en ella se previó como objeto:
«amparar el pago de los perjuicios derivados del
incumplimiento de las obligaciones contenidas en el contrato
de obra civil 443 de 2005 […].»
Dentro de los diferentes amparos pactados se previó el
«pago salarios, prestaciones sociales, inde», con vigencia del
3 de noviembre de 2006 al 3 de abril de 2010, modificada
en varias ocasiones, siendo la última la modificación del 20
de junio de 2007 en la que se extendió esta vigencia hasta
SCLAJPT-10 V.00
152
Radicación n.° 68397
el 2 de agosto de 2010. En documento anexo a esta póliza
se establecieron diferentes cláusulas de amparos y
exclusiones. En el numeral 1.5. de tal escrito se contempló:
1.5 AMPARO DE PAGO DE SALARIOS, PRESTACIONES
SOCIALES E INDEMNIZACIONES.
El amparo de pago de salarios, prestaciones sociales e
indemnizaciones a que hace referencia el artículo 64 del código
sustantivo de trabajo, cubre a las entidades estatales
contratantes contra el riesgo de incumplimiento de las
obligaciones laborales a que está obligado el contratista,
únicamente relacionadas con el personal utilizado para la
ejecución del contrato amparado en la póliza, en los casos en
los cuales pueda predicarse de la entidad estatal la solidaridad
patronal a la que hace referencia el artículo 34 del código
sustantivo de trabajo y se otorga bajo la garantía de que la
entidad estatal ha verificado que el contratista se encuentra
cumpliendo con sus obligaciones patronales relativas al sistema
integral de seguridad social del que trata la Ley 100 de 1993.
SCLAJPT-10 V.00
153
Radicación n.° 68397
Adicionalmente, en el numeral 2 se estableció que la
póliza no se extiende para cubrir entre otros, los siguientes:
[…]
2.7. Los perjuicios diferentes a los directos sufridos por la
entidad contratante como consecuencia del incumplimiento del
contratista, tales como los perjuicios indirectos, morales,
inciertos, futuros, consecuenciales o subjetivos.
2.13 El amparo de salarios y prestaciones sociales en ningún
caso se extiende a cubrir al personal de los subcontratistas o a
aquellas personas vinculadas al contratista bajo modalidades
diferentes al contrato de trabajo.
Así las cosas, tal como lo adujo la llamada en garantía,
en los términos previstos anteriormente, esta póliza
tampoco resulta exigible en el presente asunto, como quiera
que el ámbito de amparo, en tratándose de indemnizaciones
de orden laboral se restringió a la contenida en el artículo
64 del CST, sin que se hubiese convenido un seguro
derivado de otras indemnizaciones, por ejemplo, la surgida
por la culpa comprobada del empleador al tenor de lo
dispuesto en el artículo 216 del CST.
Además, según la causal de exclusión prevista en el
numeral 2.7 antes citado, expresamente se estableció la
improcedencia de hacer efectiva la póliza por concepto de
perjuicios morales, como los que se reclaman como parte de
la indemnización plena de perjuicios consagrada en la
norma referida. Y, en todo caso, según la cláusula de
exclusión 2.13. ninguna obligación laboral a cargo de un
subcontratista podría ser amparada por el seguro que
invoca Aguas del Huila S. A. ESP.
SCLAJPT-10 V.00
154
Radicación n.° 68397
En efecto, debe recordarse que las obligaciones
laborales y pensionales que se ordenan reconocer y pagar
en este asunto, corresponden a aquellas surgidas de la
relación laboral entre Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Luis
Carlos Zambrano con su empleador Luis Erney Castro
Valenzuela, quien, a su vez, funge como contratista del
Consorcio RP 2006 y este último, igualmente obra como
contratista de la asegurada Aguas del Huila S. A. ESP. En
ese entendido, dada la cadena de contrataciones entre estas
entidades, es evidente que, respecto de esta última
empresa, el señor Luis Erney Castro Valenzuela tiene la
condición de subcontratista, por lo que resulta aplicable la
causal de exclusión 2.13 antes transcrita.
En esa medida, la Sala advierte la improcedencia de
acceder a condenar a la Aseguradora de Fianzas Confianza
S. A. en virtud del llamamiento en garantía efectuado por
Aguas del Huila S. A. ESP en los procesos 2008-00355 y
2008-00478, por lo que deberá absolverla.
SCLAJPT-10 V.00
155
Radicación n.° 68397
Finalmente, en cuanto a la prescripción alegada por la
demandada Aguas del Huila S. A. ESP no resulta
procedente, como quiera que las obligaciones aquí
impuestas se hicieron exigibles el 25 de abril de 2008, fecha
del accidente de trabajo, y las demandas analizadas
(procesos 2008-355, 2008-00343, 2008-382 y 2008-478), se
instauraron dentro de los tres años siguientes como lo
prevén los artículos 488 del CST y 151 del CPTSS, esto es,
los días 31 de julio de 2008, 14 de julio de 2008, 1 de
agosto de 2008 y 23 de octubre de 2008 (folio 93 cuad. 1,
folio 1 cuad 7, folio 1 cuad.36 y folio 94 cuad. 13).
En consecuencia, se revocarán los numerales segundo y
tercero de la sentencia de primer grado, y en su lugar, se
declarará que el accidente sufrido el 25 de abril de 2008 por
Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca Toledo,
Jesús Gregorio Daza, Luis Carlos Zambrano, fue de origen
laboral, y por tanto, se condenará a los demandados en los
términos antedichos y por las súplicas referidas; se
revocará el numeral décimo de la sentencia, para en su
lugar, declarar solidariamente responsables a Aguas del
Huila S. A. ESP, Corporación Autónoma Regional del Alto
Magdalena, Departamento del Huila y Municipio de Suaza –
Huila, y se adicionará el numeral noveno en el sentido de
condenar a Héctor William Rojas Durán y Leonel Raúl
Poveda Hernández, como miembros del Consorcio RP 2006,
al pago solidario de todas clase condenas impuestas en este
proceso en contra de Luis Erney Castro Valenzuela y
derivadas del accidente de trabajo de los cinco trabajadores
fallecidos.
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156
Radicación n.° 68397
Se exonerará del pago de los intereses moratorios y en
su lugar, se ordenará que el retroactivo de las mesadas por
la pensión de sobrevivientes se otorgue de manera indexada
a la fecha de su pago.
Sin costas en la alzada, las de primera instancia
estarán a cargo de todos los demandados que fueron
vencidos en juicio y a favor de la parte actora según la
liquidación que efectúe el juez de primer grado conforme al
artículo 366 del CGP.
XXIV. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley, CASA
la sentencia proferida por la Sala Laboral de Descongestión
del Tribunal Superior de Cali el 29 de noviembre de 2013,
en el proceso ordinario laboral seguido por LINDA SARID
ALARCÓN ARTUNDUAGA representada legalmente por
Natali Artunduaga Vega; RUBY SANDOVAL SOLIS en
nombre propio y en representación de sus hijos CRISTIAN
ENRIQUE, YULY VANESSA y MICHELLE DAYANNA
ZAMBRANO SANDOVAL; LUZ YANETH HERNÁNDEZ
SÁNCHEZ, en nombre propio y en representación de sus
hijos JESÚS ALBERTO, CRISTIAN ANDRÉS, YOJAN y
DERLY DAYANA DAZA HERNÁNDEZ y FARID RICARDO
HERNÁNDEZ SÁNCHEZ; INÉS TOLEDO ORTÍZ y
SCLAJPT-10 V.00
157
Radicación n.° 68397
REINALDO VACA CUELLAR; EXILDA PENAGOS TOVAR
en nombre propio y en representación de sus hijos LUIS
ERNEY, EDNA YULIETH y ROSA ICELA TRUJILLO
PENAGOS; y por MARÍA DE JESÚS ALARCÓN contra
LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA y el CONSORCIO RP
2006; y solidariamente contra HÉCTOR WILLIAM ROJAS
DURÁN y LEONEL RAÚL POVEDA HERNÁNDEZ, en
calidad de socios del CONSORCIO RP 2006, AGUAS DEL
HUILA S. A. ESP, la CORPORACIÓN AUTÓNOMA
REGIONAL DEL ALTO MAGDALENA, el DEPARTAMENTO
DEL HUILA, el MUNICIPIO DE SUAZA, en cuanto i) no
declaró la responsabilidad solidaria de estas últimas tres
demandadas y ii) no declaró el origen laboral del accidente
sufrido por Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis Vaca
Toledo, Jesús Gregorio Daza y Luis Carlos Zambrano
Perdomo, el 25 de abril de 2008. NO LA CASA en lo demás.
Costas como se dijo en la parte motiva.
En sede de instancia, RESUELVE:
PRIMERO: REVOCAR el numeral segundo de la
sentencia proferida por el Juzgado Primero Laboral del
Circuito de Neiva el 27 de octubre de 2010, y en su lugar
DECLARAR que Rafael Antonio Alarcón Oviedo, Jorge Luis
Vaca Toledo, Jesús Gregorio Daza, Luis Carlos Zambrano
fallecieron el día 25 de abril de 2008 como consecuencia de
un accidente de naturaleza laboral ocurrido por culpa del
empleador LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA.
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158
Radicación n.° 68397
SEGUNDO: REVOCAR el numeral tercero de la
sentencia apelada, y en su lugar, CONDENAR al
demandado LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA como
empleador, a reconocer y pagar las siguientes sumas y
conceptos:
[Link]ón de sobrevivientes a partir del 25 de abril de
2008 en cuantía equivalente a un salario mínimo legal
mensual vigente con los reajustes legales, y 14 mesadas al
año, a favor de:
Causante Beneficiario Parentesco Cuantía 1
SMLMV
Rafael Antonio Alarcón Linda Sarid Alarcón Artunduaga Hija 100%
Oviedo
Luis Carlos Zambrano Ruby Sandoval Solis Compañera 50%
Perdomo
Cristian Enrique Zambrano Sandoval Hijo 50%
Yuly Vanessa Zambrano Sandoval Hija
Michelle Dayanna Zambrano Hija
Sandoval
Jesús Gregorio Daza Luz Yaneth Hernández Sánchez Compañera 50%
Méndez
Jesús Alberto Daza Hernández Hijo 50%
Cristian Andrés Daza Hernández Hijo
Yojan Daza Hernández Hijo
Derly Dayana Daza Hernández Hija
Farid Ricardo Hernández Sánchez. Hijo de crianza
Jorge Luis Vaca Toledo Inés Toledo Ortiz Mamá 50%
Reinaldo Vaca Cuellar Papá 50%
1.1) En el caso de los hijos menores de edad, la
prestación se ordena pagar hasta cuando cumplan 18 años
de edad o 25 años si acreditan estar incapacitados para
trabajar por razón de sus estudios.
SCLAJPT-10 V.00
159
Radicación n.° 68397
1.2) La mesada pensional de Ruby Sandoval Solís y
Luz Yaneth Hernández Sánchez, como compañeras
permanentes, se irá acrecentando en la medida en que los
hijos de los causantes Luis Carlos Zambrano Perdomo y
Jesús Gregorio Daza Méndez, respectivamente, vayan
cumpliendo la mayoría de edad o los 25 años si acreditan
su incapacidad para trabajar por razón de sus estudios.
1.3) Se autoriza a la parte demandada para que
efectúe los respectivos descuentos por aportes en salud,
sobre el retroactivo pensional generado, a partir de la fecha
en que se causó el derecho, con destino a la EPS a la que
estén afiliados los demandantes o a la que se afilien, pues
los mismos están a cargo de los pensionados.
1.4) Se absuelve al demandado LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA del pago de los intereses moratorios y en su
lugar, se ordena que el retroactivo de las mesadas por la
pensión de sobrevivientes se otorgue de manera INDEXADA
a la fecha de su pago.
2. La Indemnización plena de perjuicios: Los valores
que el demandado LUIS ERNEY CASTRO
VALENZUELA deberá cancelar en solidaridad con los
demás demandados, son los siguientes.
SCLAJPT-10 V.00
160
Radicación n.° 68397
2.1. Causante Rafael Antonio Alarcón Oviedo:
Beneficiario Parentesco Daño moral Daño vida Lucro cesante Lucro cesante
relación consolidado futuro
Linda Sarid Hija 50 SMLMV 50 SMLMV $255.485.894 $49.446.369
Alarcón Oviedo
2.2. Causante Luis Carlos Zambrano Perdomo:
Beneficiario Parentesco Daño moral Daño vida Lucro cesante Lucro cesante
relación consolidado futuro
Ruby Sadoval Compañera 50 SMLMV 50 SMLMV $127.742.947 $75.898.825
Solis
Michelle Hija 50 SMLMV 50 SMLMV $42.580.982 $5.344.995
Dayanna
Zambrano
Sandoval
Yuly Vannesa Hija 50 SMLMV 50 SMLMV $42.159.327 0
Zambrano
Sandoval
Cristian Hijo 50 SMLMV 50 SMLMV $33.059.928 0
Zambrano
Sandoval
2.3. Causante Jesús Gregorio Daza Méndez:
Beneficiario Parentesco Daño moral Daño vida Lucro cesante Lucro cesante
relación consolidado futuro
Luz Yaneth Compañera 50 SMLMV 50 SMLMV $127.742.947 $75.898.825
Hernández
Sánchez
Derly Dayana Hija 50 SMLMV 50 SMLMV $25.548.589 $4.319.194
Daza
Hernández
Yojan Daza Hijo 50 SMLMV 50 SMLMV $25.548.589 $1.340.496
Hernández
Cristian Daza Hijo 50 SMLMV 50 SMLMV $25.548.589 $ 151.166
Hernández
Jesús Alberto Hijo 50 SMLMV 50 SMLMV $22.283.721 0
Daza
Hernández
Farid hijo 50 SMLMV 50 SMLMV $13.087.836 0
Hernández
Sánchez
2.4. Causante Jorge Luis Vaca Toledo:
Beneficiario Parentesco Daño moral Daño vida Lucro cesante Lucro cesante
relación consolidado futuro
Inés Toledo Mamá 50 SMLMV 50 SMLMV $127.742.947 $72.292.636
Ortiz
Reinaldo Vaca Papá 50 SMLMV 50 SMLMV $127.742.947 $68.089.442
Cuellar
TERCERO: REVOCAR el numeral décimo de la parte
resolutiva de la decisión de primer grado, y en su lugar
SCLAJPT-10 V.00
161
Radicación n.° 68397
DECLARAR que las demandadas AGUAS DEL HUILA S. A.
ESP, CORPORACIÓN AUTÓNOMA REGIONAL DEL ALTO
MAGDALENA, DEPARTAMENTO DEL HUILA y
MUNICIPIO DE SUAZA – HUILA, deben responder
solidariamente frente a todas las condenas impuestas al
empleador LUIS ERNEY CASTRO VALENZUELA, en los
términos del artículo 34 del CST.
CUARTO: ADICIONAR el numeral noveno de la
sentencia de primera instancia, en el sentido de
CONDENAR solidariamente a HÉCTOR WILLIAM ROJAS
DURÁN y LEONEL RAÚL POVEDA HERNÁNDEZ, como
miembros del Consorcio RP 2006, al pago de todas las
condenas impuestas en este proceso en contra de LUIS
ERNEY CASTRO VALENZUELA derivadas del accidente de
trabajo de los cinco trabajadores fallecidos.
QUINTO: CONFIRMAR en lo demás la sentencia
apelada según lo dispuso el Tribunal y no fue materia de
casación.
SEXTO: COSTAS en primera instancia a cargo de
todos los demandados en favor de la parte actora. Sin
costas en la alzada.
Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el
expediente al tribunal de origen.
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162
Radicación n.° 68397
MARTÍN EMILIO BELTRÁN QUINTERO
DOLLY AMPARO CAGUASANGO VILLOTA
OLGA YINETH MERCHÁN CALDERÓN
SCLAJPT-10 V.00
163