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El Libro Del Clima

Este documento presenta una introducción al libro "The Weather Book" que describe los principios básicos del tiempo y el clima. Explica que la historia del tiempo es la historia de la humanidad, ya que ha controlado las actividades humanas fundamentales como la obtención de alimentos y refugio, y ha dictado los patrones de crecimiento de las civilizaciones. Manifiesta extremas como sequías o precipitaciones intensas han destruido sociedades enteras, mientras que climas más equilibrados han permitido el florecimiento de otras. El libro pretende explicar
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El Libro Del Clima

Este documento presenta una introducción al libro "The Weather Book" que describe los principios básicos del tiempo y el clima. Explica que la historia del tiempo es la historia de la humanidad, ya que ha controlado las actividades humanas fundamentales como la obtención de alimentos y refugio, y ha dictado los patrones de crecimiento de las civilizaciones. Manifiesta extremas como sequías o precipitaciones intensas han destruido sociedades enteras, mientras que climas más equilibrados han permitido el florecimiento de otras. El libro pretende explicar
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Ralph Hardy Peter Wright ·

John Gribbin John Kington·

(Volumen 1)

EDICIONES ORBIS, S. A.
Distribución exclusiva para Argentina.
Chile, Paraguay, Perú y Uruguay.

®
tft'SPAMERICA
Titulo original: The we�ther book
Editado, diseñado y producido por Harrow House Editions Limited
Publicado por vez primera en lengua inglesa por Michael Josepl) Limited.

Traducción: Ana María Rubio


Revisión técnica: Benito R. Mallol y Juan Ignacio Lloréns Tena
Correc�ión de estilo: Alberto Jiménez Rioja

Asesor científico de la colección: Pedro Puigdoménech


Dirección editorial: Virgilio Ortega

© Harrow House Editions Limited. 1982


© Hermann Blume Ediciones.l983
©por la presente edición: Ediciones Orbis S.A.
Apartado de Correos 35432. 08080-Barcelona

Distribución exclusiva para


Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay:
HYSPAMERICA EDICIONES ARGENTINA, S.A.
Corrientes 1437,4° piso (1042) Buenos Aires

ISBN: 950-614-553-9
Depósito legal

Impreso en Gráfica Super Press S.A:C.l.


José Ortega y Gasset 1784/6, Buenos Aires.

Impreso en Argentina
CONTENIDO

Volumen 1 (no 39)

Prefacio por Nige/ Calder 9

Introducción 13

¿Qué origina el tiempo? 17


Las estaciones - La atmósfera· - La circulación general - La rotación de la Tierra - Presión
atmosférica - Vientos, tiempo y presión - Agua, hielo y vapor de agua - El ciclo del agua -
Frentes meteorológicos.

Fenómenos naturales 57
Los elementos - El clima y el hombre - Los cambios del tiempo.

Clave de símbolos:

Luz solar 71

Rocío 84

Las nubes 88

La niebla 105

] €iJ Lluvia 115

i e Nieve 135

9 Granizo 152
PREFACIO
Para la mayoña de nosotros, la única manifestación genui­
na de las fuerzas de la naturaleza que ofrece un mundo
donde 1� huella y la presencia del hombre son progresiva y
crecientemente notorias reside en la meteorología, siempre
mutable, a menudo molesta y en ocasiones letal. Quienes
sueñan con ciudades artificiales en órbita alrededor de la
Tietra arguyen ingeniosamente la necesidad de introducir
un factor aleatorio en sus microsistemas climáticos para
librar a los que en ellas vivieran del aburrimiento. Siguien­
do una línea de razonamiento parecida, un meteorólogo de
primera categoría se opone a los esfuerzos encaminados a
lograr el control del clima terrestre en función de que,
según él, tener que habérnoslas con las veleidades del,
tiempo nos ayuda a mantenernos humanos. Pienso tam­
bién en los meteorólogos de Tokio que objetaban los
bienintencionados experimentos norteamericanos cuyo fin
era descubrir formas de domesticar los tifones, causa del
arrasamiento de tantos lugares del Pacífico, alegando que
una buena parte de las precipitaciones caídas sobre el
Japón depende de estas pavorosas tormentas.
Cierto es que la dureza climática de los prolongados
ciclos que fueron las edades de hielo aceleró la implanta:."
ción de nuestra especie y cierto es también que para­
alpinistas, navegantes y tantos otros salir a desafiar los
elementos es algo más digno. de seres humanos que
quedarse en casa viendo la televisión. Cuando estoy en mi
pequeño barco y el cielo se oscurece a mediodí<Y, las
ráfagas se estrellan contra el velamen y las olas se lanzan
contra el casco como bestias enfurecidas, todos mis posi­
bles conocimientos sobre meteorología son barridos por un
saludable temor. Si me hallo en casa, las ventanas me
muestran una película que no concluye jamás, en la que
esos frigoríficos volantes llamados nubes cruzan el paisaje
plácida o precipitadamente. Cuando se aprende algo sobre
sus tipos y significado, las nubes se convierten rápidamente
en fuente de fascina�ión y de pronóstico: hay que aprender
también a no perder de vista lo que mi mujer llama «las
partes traviesas del cielo». Hasta en la clara atmósfera de
un radiante día estival es posible ver las ondulaciones
que, aparentemente, agifan la superficie de la carretera,
donde pequeños remolinos de aire ascendente proyectan
humedad y calor en el aire. Si son bastantes, terminarán
9
por reunirse en un nubarrón de tormenta, capaz todavía de
infundir temor a gentes supersofisticadas. A veces, cuando
se levanta niebla, la ventana-pantalla queda en blanco y el
bullicioso aeropuerto cercano en silencio.
Otros silencios son, sin embargo, mucho más ominosos:
el que envuelve, por ejemplo, las dunas arenosas del
noroeste de la India, región desértica que hace 4.000 años
era fértil asiento de cultivos cerealícolas y .arboledas um­
brías antes de que el clima cambiara y el monzón traiciona­
ra a los pueblos de la civilización del Indo. Una clase bien
distinta de desierto silencioso era Manhattan {de entre
todos los lugares imaginables) tras una copiosa nevada que
cubrió la ciudad y vació las calles. Parecía un adelanto. de
la próxima edad de hielo, en la que el neoyorquino ño
Hudson volverá a ser nuevamente un glaciar {a menos que
los seres humanos consigan -pese a la oposición de mi
amigo meteorólogo- desarrollar a tal punto los sistemas
de control climático que resulte posible mantener los
hielos a raya).
Las ciencias del tiempo y el clima han madurado con
asombrosa rapidez durante los últimos veinte años. Han
experimentado su mayor transformación desde la inven­
ción, en el siglo XVll, del barómetro y el termómetro; este
libro refleja aquello que caracteriza a las épocas de investi­
gación vigorosa: mayor seguridad en el conocimiento,
preguntas más inquisitivas e hipótesis más audaces.
Hombres del tiempo y teóricos cuentan ahora con las
imágenes y los datos de toda índole que proporcionan los
satélites meteorológicos, datos recogidos desde el interior
de las vastas máquinas giratorias de aire y agua donde,
gracias a la energía del Sol, se fabrica el tiempo. Ni siquiera
las computadoras más potentes de que hoy disponemos
son capaces de establecer un modelo adecuado de esta
inmensa estructura o de mantener el ritmo de sus cambios,
si bien abundan las pruebas de la gran iniciativa mostrada
en el uso de las computadoras, tanto para tareas de
.Predicción como para comprender mejor el intrincado
proceso del tiempo y los esquemas de los cambios climato­
lógicos a largo plazo.
El desarrollo de la climatología histórica y el tener que
admitir -de modo reticente en ciertos casos-- que nues­
tra generación no está exenta de las variaciones climáticas
que constituyen su trasfondo característico ha significado
otra revolución. Las razones de los cambios climáticos
entre siglo y siglo son todavía inciertas y, aunque son
varias las teorías al respecto, las investigaciones más
recientes señalan al Sol como máximo responsable.
En cuanto a lapsos más dilatados, el avance más reseña­
ble es que los más conspicuos representantes de las
10
distintas teorías se han puesto por fin de acuerdo en que la
aparición y el retroce�o del hielo se debe a causas astronó­
micas. Si bien según la nueva perspectiva lo normal hoy
sería una glaciación intensa, en ocasiones el hielo retroce­
de durante una temporada, como sucede en nuestro actual
intervalo caluroso. Los repetidos enterramientos de gran­
des extensiones -todo Canadá y la Europa septentrional,
por ejemplo- bajo gruesos campos de hielo como los de
Groenlandia o la Antártida constituyen la peor agresión al
medio natural que registra n'uestro pasado geológico re­
ciente.
Los alimentos mismos que consumimos reflejan la adap­
tación de plantas y animales a diferentes condiciones
climáticas y diez mil años de selección deliberada. Los
agricultores de países prósperos explotan industrias dise­
ñadas científicamente repletas de ayudas mecánicas y
químicas y, sin embargo, dependen tanto de la meteorolo­
gía como el más humilde de los campesinos. Son muchas
las cosas que pueden arruinar completamente una cose­
cha: sequías, inundaciones, tormentas de agua o granizo
fuertes, heladas o cualquiera de las plagas o enfermedades
que un tiempo desacostumbrado puede inducir. Para
quienes viven al borde de la ruina y el hambre, la climato­
logía puede ser un asunto de vida o muerte. Para aquellos
que, en condiciones normales, están separados del tiempo
por una distancia segura, se trata más de algo lleno de
interés y de diversión (con algún chaparrón inesperado de
esos que te ponen perdido de cuando en cuando). La
invitación que el autor y los expertos que han cola­
borado con él en este libro quieren hacer es que pro­
curemos ser más conscientes del cotidiano drama en el
q,ue todos nosotros, nos guste o no, participamos. Se
explican en él los principios básicos y se recorren los
límites del conocimiento actual. Si quieres saber cómo
funcionan las nubes o los sistemas de bajas presiones,
cómo se confeccionan los boletines meteorológicos o cuál
es la diferencia entre una «pequeña glaciación» y una <<gran
glaciación», aquí puedes averiguarlo sin esfuerzo.
Vava, sin mojarte tan siquiera.

NIGEL CALDER, escritor científico,


ha recibido el premio Kalinga de
la UNESCO por su labor· divulgadora.
11
INTRODUCCION

La historia del tiempo es la historia de la Humanidad. Ha


controlado sus actividades básicas ...:_las destinadas a pro­
curarse alimento y refugio-- y ha dictado los patrones de
crecimiento de la civilización. Sus manifestaciones extre­
mas de sequía y precipitaciones han acabado con socieda.­
des enteras, n-iientras que sus formas más equilibradas y
generosas han permitido el florecimiento de otras. El que
una región -la templada- ostente el papel dominante
mientras que otras -denominadas rutinariamente Tercer
Mundo-- languidezcan no se debe a ninguna peculiaridad
genética. La comprensión de la meteorología -de esos
mercuriales cambios del tiempo y de los esquemas, inás
vastos, de los cuales son resultado-- es un gran paso para
entender la historia de la vida y de la Humanidad en la '
Tierra.
La obra está dividida en cinco capítulos. En el primero,
¿Qué origina el tiempo?, la Tierra se muestra como parte
d�l sistema solar, un planeta que describe su órbita.�anual
alrededor del Sol con regularidad mecánica y gira sobre su
eje inclinado cada ·veinticuatro horas para producir las
variaciones estacionales experimentadas entre los trópicos
y los polos. La Tierra, compuesta por capas sucesivas de
elementos rocosos, posee una hidrosfera líquida envuelta
en un manto gaseoso que protege a los seres vivos de la
radiación dañina del Sol y permite sin embargo que sean
alcanzados por el calor que éste genera.
Las propiedades únicas de los componentes de esta
atmósfera interactúan para producir nuestra meteorología.
El calor del Sol inicia los cambios físicos de ciertos estados
de la materia, que, siendo gobernados por las escalas
fundamentales de temperaturas y los cambios universales
de presión interrelacionados con ellas, constituyen las
fuerzas impulsoras que dan cuenta del perpetuo movi­
miento de la atmósfera. Los diferentes tipos de precipita­
ción y las infinitas combinaciones de los demás aconteci­
mientos meteorológicos se ven afectados por la rotación
de la Tierra en el espacio y la distribución de tierras,
montañas y mares.
13
Tras la descripción de los invariables parámetros globa­
les que gobiernan la dinámica del tiempo, el segundo
capítulo, Fenómenos naturales, desvela la teatral belleza
que encierran unas nubes a ras de �;uelo sobre un valle de
montañas en verano o el encanto de las nieblas matinales
con sus iridiscentes gotas de rocío o escarcha como joyas
del amanecer, la experiencia de la tranquila placidez de un
copo de nieve que ·cae o el devastador poder del granizo.
Intenta capturar, por ejemplo, el feérico efecto del «broc­
kenspectre», recompensa que la Naturaleza ofrece a mu­
chos escaladores,o el ondulante fragmento de cielo refleja­
do que centellea en la arena -milagro que ha significado
la desesperación de muchos· viajeros-. En él se explica
cómo y por qué las gotículas de vapor suspendidas en una
nube coalescen para dar lugar a una gota de lluvia, misterio
que ha intrigado. a los científicos durante siglos. Habla
también, empero, de esos otros misterios aún por resolver,
incluso en una época que dispone de métodos para
modificar el tiempo, tales como la creación de lluvia
artificial en épocas de sequía o en zonas áridas, o bien
debilitar el poder de un huracán.
Las maravillas de la atmósfera -sus brillantes espectá­
culos de luminotecnia con amaneceres, crepúsculos y
alguna sorpresa de vez en cuando--, que tan a menudo se
dan por supuestas, forman parte de un esquema global
que, si se contempla desde un período de meses o años,
ofrece un retrato del clima. Este y las zonas climáticas,
descritas en el tercer capítulo; Clima mundial, han afectado
el curs.o de la evolución y de la historia y han jugado un
papel en la configuración de las civilizaciones dirigiendo
los desplazamientos de distintos pueblos desde los comien­
zos del mundo. Las adaptaciones evolutivas al clima han
ayudado al hombre a sobrevivir frente a los rigores, bien
diferentes en algunos casos, de los d�versos entornos, que
habita. El redondeado aspecto de los esquimales {parecido
al de las focas y osos polares que también viven en el
Artico) se debe a una capa especial de grasa que los
mantiene a salvo del intenso frío. Los habitantes de ta
jungla, por el contrario, han desarrollado cuerpos ligeros
que desprenden calor con más facilidad, gracias a lo cual •

se hallan cómodos en ambientes con un grado de hume­


dad que los naturales de latitudes templadas soportan
difícilmente. El clima explica las diferencias entre las
culturas y costumbres de las distintas partes del mundo; los
antiguos hábitos desarrollados para conservar la humedad
o el calor son hoy, además, base de técnicas gracias a las
cuales es posible vivir y trabajar en los yermos helados de
los polos o explorar la enrarecida atmósfera de los picos
himalayos.
14
Aunque las estaciones y los vientos principales son,
dentro de ciertos límites, predecibles, hemos de darnos
cuenta de que la Tierra ha sufrido ya innumerables glacia­
ciones punteadas por breves· intervalos cálidos de vida
floreciente. El cuarto capítulo, Cambio de clima, explica
cómo los esquemas climáticos son función de los cambios
cíclicos que experimentan la inclinación y el bamboleo de
la Tierra en su trayectoria circunsolar. Hay, sin embargo,
factores adicionales: actividad cíclica de las manchas sola­
res, fases de la actividad magnética, conjunciones planeta­
rias y otros, cuya sincronía con el mencionado pudiera bien
ser la causa del comienzo repentino de una glaciación.
Finalmente, el hombre es ya parte principal en este com­
plejo juego de fuerzas porque, durante las últimas décadas,
sus actividades han proyectado ingentes cantidades de
partículas en la atmósfera que, sumadas a las procedentes
de la reciente reactivación volcánica, configuran una panta­
lla cuyos efectos son equiparables a los del cristal de un
invernadero: dificultar la evacuación térmica. Ello podría
�er causa de que . la Tierra, cada vez más caliente, se
precipitara en una nueva «era de los dinosaurios». Lo
cierto es que cualquier modificación de la temperatura
mundial, por pequeña que sea, tiene implicaciones alar­
mantes y representa una amenaza para el precario equili­
brio de la economía global. No parece necesario, pues,
recalcar la creciente importancia del pronóstico a medio y
largo plazo. .
El capítulo final, Pronóstico, se ocupa del cómo de los
cambios climáticos, sean inducidos por el hombre o no. La
predicción meteorológica sigue dependiendo, en última
instancia, de la experiencia que posean quienes la formu­
len: las supercomputadoras y los satélites actuales no han
modificado sustancialmente la naturaleza de una actividad
que tiene tanto de arte como de ciencia. Sin la gradual
acumulación de conocimientos y experiencia producto de
los afanes de incontables filósofos o científicos, o sin los
meticulosos esfuerzos de legiones de meteorólogos aficio­
nados, los boletines que hoy nos parecen rutinarios jamás
hubieran sido posibles.

15
16
lQUE ORIGINA
EL TIEMPO?
«El agua ha manado simplemente del vapor
en su tenue invisibilidad, en la noche
celeste, para darse forma. No hay más razón
lógica para la existencia de un copo de nieve
de la que hay para la evolución. Es una
aparición de ese mundo de misteriosas
sombras más allá de la naturaleza, de ese
mundo último que contiene .[a expliéación de
los hombres y los barbos y las hojas verdes».
Loren Eiseley- The Immense Journey, 1957

La comprensión del tiempo que experimenta­


mos a diario a lo largo de nuestra vida ·requiere
conocer los principios básicos que gobiernan la
atmósfera. Tan. importantes como 'puedan ser
para la meteorología la posición de la Tierra en
el sistema solar o su velocidad y ángulo de
rotación, lo son la composición y la estructura
de la atmósfera. Juntos son los responsables de
las .estaciones del año, de la distribución global
de los climas y de la variación del tiempo, par­
ticularmente perceptibles en las regiones tem­
pladas del mundo. «¿Qué origina el tiempo?» se
ocupa de cómo interaccionan los muchos com­
ponentes meteorológicos para producir las face­
tas, comunes o insólitas, del tiempo mundial.

El Sol de medianoche, visto en


junio desde Rikgransen (Noruega),
dentro del Círculo Polar Artico.

17
A
Inclinación de 23,5•
- B

Solsticio de verano Solsticio de inviemo

Las estaciones existen porque el eje de la Ti�rra está


inclinado con respecto a su p lano de traslación alrededor
del Sol. Cuando el Polo Norte está inclinado hacia_ el So
(A), en el hemisferio norte es verano, mientras que en la
misma época, en el hemisferio sur es invierno. Seis mese
después se produce la situación opuesta (B), cuando el
hemisferio sur está inclinado hacia el Sol. Las flechas,
que representan los rayos solares, indican que la
intensidad solar es igual para A y B, pero, debido a los
diferentes ángulos de incidencia y a la longitud del día,
un área determinada recibe mucha más energía en
verano, como se muestra debajo(C).

Nuestro clima puede considerarse un ex­ Las estaciones


traordinario rompecabezas. Extraordinario
porque las principales piezas -el Sol, la . La causa fundamental del tiempo y, p1
órbita terrestre, los océanos y los continen­ tanto, nuestro lógico punto de partida, es
tes- están cada una compuestas de y entre­ Sol y la posición de la Tierra en el sisten
lazadas por piezas más pequeñas, por las solar. Evidentemente nuestra perspecti·
unidades constructivas básicas de todas las como habitantes de la Tierra está matiza•
sustancias: las moléculas. La peculiar es­ por nuestras experiencjas anteriores y p
tructura de la molécula de agua tiene gran lo que vemos directamente. Hace sólo
influencia en los fenómenos atmosféricos: gunas décadas nos hemos apercibido
el vapor de agua absorbe un calor que, de que vivimos en una delgada capa atmos
otra forma, se perdería en el espacio y, rica sobre un planeta que gira alrededor
además, los cambios de estado de líquido a una estrella bastante modesta -una de
gas y de líquido a hielo son vitales en la miles de millones de una galaxia que, a
redistribución de la energía solar entre los vez, es sólo una entre una cantidad in1
océanos, los continentes y la atmósfera. Sin merable--. Pero nuestro planeta parece
entrar en detalles demasiado complicados único en lo que se refiere a un pur
trataremos de reunir las piezas principales posee vida y no hay ninguna evider
en grado suficiente para tener una visión positiva de vida en cualquier otro lugar
global del complejo pero bello cuadro. universo.
18
Verano

La eclíptica es el plano donde la en la determinación de la el invierno del hemisferio norte.


órbita terrestre traza su trayectoria estaciones; en efecto, estamos en En el afelio, .]a distancia se hace
elíptica alrededor del Sol. La el perihelio -la dist;¡ncia menor máxima, aproximadamente 151,2
distancia desde la Tierra al Sol es al Sol, aproximadamente 146,4 millones de kilómetros.
un factor carente de importancia millones de kilómetros-, durante

La capacidad para mantener la vida de­ La Tierra gira alrededor del Sol una vez
pende de muchos factores. El tamaño de la cada 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46
Tierra es el que determina la fuerza de la segundos: nuestro calendario de 365 días
gravedad y asegura que nuestra atmósfera se hace coincidir con este movimiento in­
ni se desprenda hacia el espacio ni ejerza corporando años bisiestos y algunas adap­
una fuerza opresiva sobre nosotros. La taciones al final del siglo. Todo el mundo
posición de la Tierra en el sistema solar es sabe que . cada cuatro· años hay un año
la adecuada para que el planeta no esté ni bisiesto, excepto en el cambio de siglo1
demasiado caliente ni demasiado frío. pero mucha gente no se da cuenta de que
Nuestro Sol puede ser pequeño en compa­ cada 400 años, el último de un siglo es un
ración con el universo, pero con un diáme­ año bisiesto porque es divisible por 400 y,
tro de 1.390.473 kilómetros, es nueve ve­ por tanto -siguiendo el sistema normal de
ces mayor que la Tierra. La temperatura años bisiestos del calendario gregoriano-,
5Uperficial del Sol, superior a 6.000°C, se el año 2000 ·después de Cristo será un año
mantiene debido a reacciones nucleares bisiesto. La órbita terrestre no es perfecta­
internas, cuya energía se irradia continua­ mente circular ni perfectamente constante
nente hacia el espacio. Pero la Tierra en relación al tiempo. Cálculos recientes
.ntercepta sólo una minúscula fracción de han indicado variaciones cíclicas en ella en
�sta energía; sin ella no habría ni fenóme- . una escala de tiempo de 97.000, 40.000 y
1os atmosféricos ni vida. 21.000 años, variaciones que pueden con-
19
El Sol es la estrella más tomada por el telescopio solar
cercana a nosotros y la fuente del Skylab, ha sido aumentada
de toda la luz y el calor que por computadora, permitiendo
recibimos. Esta fotografía, ver las sutiles diferencias de
luminosidad existentes en la
superficie de la estrella.

20
/
tribuir mucho a explicar las pasadas épocas temperatura, ya que los rayos del Sol inci-
glaciares. Afortunadamente, la variación den con mayor intensidad en determinadas
anual de la energía solar debida a la ligera partes de la Tierra. Además, en las regio­
excentricidad de la órbita terrestre es pe· nes polares,. la atmósfera absorbe buena
queña. Si la órbita fuese más alargada, los parte de la radiación solar.
veranos en el hemisferio austral serían Es interesante especular sobre las gran­
mucho más calurosos y los correspondien­ des diferencias que existirían si el eje de la
tes inviernos más fríos, mientr¡ls que en Tierra estuviese orientado de forma distinta
el hemisferio boreal las diferencias entre con respecto a la eclíptica. Si estuviese
las estaciones serían menos pronunciadas dispuesto en el mismo plano que ésta, los
de lo que son actualmente. polos tendrían unos veranos abrasadores
Las variaciones estacionales que experi­ con el Sol colocado virtualmente encima
mentamos no tienen ninguna relación con noche y día durante semanas consecutivas
la forma de la órbita terrestre; dependen mientras que el hemisferio invernal sería
completamente de la inclinación del eje de mucho más frío. Si, por otro lado, fuera·
rotación de la Tierra en relación con el perpendicular a la eclíptica, habría días de
plano de la órbita circunsolar, conocida doce horas en toda la Tierra, excepto en los
como eclíptica. El eje de la Tierra tiene una polos, donde durarían todo el año y no
inclinación de 23,5 grados, que permanece existirían las estaciones.
estable durante su trayecto en torno al Sol.
Esta inclinación es la responsable de los
cambios mensuales en la cantidad de radia­ La atmósfera
ción solar que alcanza parte de la Tierra y,
por consiguiente, de la variación en la La relación entre la Tierra y el Sol podría
longitud del día a· lo largo del año a dife· considerarse como el corazón de nuestra
rentes latitudes y del ciclo climático de las meteorología y, claro está, de nuestra pro­
estaciones. Las áreas que están cerca de los pia existencia, pero la atmósfera terrestre
polos norte y sur tienen cada año al menos es también fundamental: equivale a los
un período completo de 24 horas de oscu­ pulmones de la Tierra. En comparación
ridad y otro de luz. En teoría, los mismos con el diámetro medio de ésta, 12.640
polos tienen seis meses de oscuridad seguí- kilómetros, la parte inferior de la atmósfera
dos por seis meses de luz durante todo el constituiría una capa de fina piel. Todos los
I día. De hecho, hay una zona crepus<;ular y procesos meteorológicos se producen en
!las noches son ligeramente más cortas de esta capa, denominada troposfera y que
lo que deberían, ya que el Sol no es una varía en grosor, por término medio, desde
fuente de luz puntual, sino un gran disco. menos de 10 kilómetros cerca de los polos
Ello se debe, además, a otro motivo: los hasta 20 kilómetros en los trópicos. La
rayos luminosos tienden a inclinarse hacia zona de contacto entre la troposfera y la
la Tierra cuando atraviesan la atmósfera. capa inmediatamente superior, la estratos­
1 La inclinación de 23,5 grados también fera, se llama trbpopausa. En la troposfera
explica las posiciones de los trópicos -el - hay una disminución de la temperatur&
Trópico de Cáncer, a 23,5 grados al norte, global con la altura, aunque no de forma
y el de Capricornio, a 23,5 grados al sur-. uniforme, mientras en la estratosfera las
En estos lugares el Sol está justo encima en temperaturas son constantes o aumentan
1os solsticios, el 21-22 de junio y el 22-23 con la altura. En lo que se refiere a la
ae diciembre al mediodía, que es cuando anchura, la troposfera es menos gruesa que
el calor solar alcanza su mayor intensidad la estratosfera, pero, si se considera el peso
en el hemisferio norte y en el hemisferio o la cantidad de aire en cada capa en lugar
sur, respectivamente. Otro factor que influ-· de su grosor, se invierte el esquema:
ye en el tiempo es la forma irregular de la aproximadamente el 75 por ciento de la
Tierra, origen de fuertes diferencias de atmósfera total se encuentra debajo de la

21
tropopausa. Esto se debe a que el aire es las cantidades relativas de gases que for­
compresible: por tanto, cerca de la super­ man la atmósfera han cambiado gradual­
ficie es mucho más denso que en las capas mente a lo largo de millones de años, en la
superiores. Como no hay barreras físicas misma medida que ha evolucionado la
que separen las diferentes capas de la geografía terrestre y la vida misma. Sin
atmósfera, existe un continuo trasvase del embargo, y en lo que a nosotros concierne,
aire. el aire puede considerarse constante tanto
El aire es una mezcla de gases y no un a lo largo del tiempo como del espacio,
gas en sentido estricto.. La composición y pero con dos importantes excepciones. En

110
0.00001

100

0.0001

70

Mesosferq

60

50 0.1
Estratopausa

40
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Temperatura en grados centígrados

La atmósfera puede dividirse convenientemente en


capas horizontales �egún sus temperaturas.
El aire es normalmente más cálido en la zona
inferior de la troppsfera que en cualquier otro lugar
dentro de los cien kilómetros inferiores; también
están calientes las enrarecidas capas de la
termosfera.

22
primer lugar, la combustiórÍ que el hombre carbono y, por tanto, estos gases son vitales
realiza de los combustibles fósiles tales para cualquier forma de vida. En la fotosín­
como el petróleo, el carbón y el gas, incre­ tesis, las plantas verdes utilizan la energía
menta lenta pero inexorablemente la pro� de la luz solar, junto con el carbónico
porción de dióxido de carbono en la atmós­ atmosférico y el agua del suelo,y produce_n
fera. En segundo, la concentración del gas oxígeno. En lo que se refiere a los fenóme­
ozono, principalmente en la estratosfera. nos atmosféricos y, especialmente, al clima,
Todos los animales y plantas respiran. el dióxido de carbono· tiene una importan­
tomando oxígeno y expulsando dióxido de cia adicional por su efecto sobre el balance
de la radiación térmica terrestre; dado que
deja pasar la radiación solar que llega a la
Tierra, pero absorbe con gran facilidad la
radiación saliente --es el llamado «efecto
invernadero»--; de esta ·forma, cualqui-er
cambio en su cuantía tiene un importante.
efecto sobre el clima terrestre (la expresión
«efecto invernadero» puede inducir a error,·
ya que, en efecto, una gran parte del calor
que existe en un invernadero se debe a la
obstaculización de que se mezclen corrien­
tes de aire externas y enfríen, así, el aire del
interior).
Cálculos recientes demuestran que la
cantidad de dióxido de carbono de la at­
mósfera terrestre aumenta· aproximada­
mente un 0,5 por ciento de su concentra­
ción actual cada año. No está claro el
efecto de este incremento sobre la tempe­
ratura; algunos experimentos sugieren que
un incremento del 10 por ciento puede
elevar la temperatura media en una pro­
porción de sólo medio grado centígrado.
No obstante, un incremento continuo pue­
de conducir a una modificación eventual de
las zonas climáticas, con consecuencias
provechosas o no, pero en cualquier caso
mucho mayores de lo que sugiere ese
pequeño cambio en la temperatura media.
A diferencia de otros gases, la distribución
del ozono varía considerablemente con la
altura; está prácticamente ausente en las

Los sensores del satélite Meteostat captan imágenes

en tres longitudes de onda diferentes a la vez.


En esta imagen de la Tierra está
representada la zona visible del espectro en verde y
negro; el infrarrojo, que muestra la temperatura
terrestre, se representa en rojo -las superficies más .
frías son las más brillantes-- y el va or de agua de1
la troposfera aparece en azul.

23
das en el aire. Estas partículas .son, princi­
palmente, de humo, sal, arena fina y ceni­
zas volcánicas. Las grandes, con radio su­
perior a las 10 micras (1/100 milímetros),
normalmente no son transportadas por el
viento durante mucho tiempo. Bien se de­
positan lentamente en la superficie por la
simple acción de la gravedad o" son arras­
tradas por la lluvia. Las partículas más
pequefias permanecen suspendidas en la
atmósfera, donde se encuentran en canti­
dades enormes: una concentración de
5.000.000 por litro (5.000 por centímetro
cúbico) no es anormal, pero esta cifra se
reduce en un 90 por ciento sobre un mar
tranquilo, o bien se multiplica hasta 10
veces en un desierto seco y ventoso. Estas
miñadas de minúsculos fragmentos invisi­
bles tienen una función vital en la forma­
ción de las nubes.
En la misma medida .que es una abstrac­
ción hablar de aire puro, lo es hablar de ,
· Las plantas verdes, que gozan de aire seco. Todo el aire contiene agua en
la capacidad única de convertir la
forma de vapor, cuyas propiedades influ­
energía solar en alimento
yen de forma vital en el tiempo y el clima.
mediante el proceso de la
fotosíntesis, son las proveedoras
El vapor de agua, un gas en sí mismo, está
de elementos nutritivos a todas las presente en toda la atmósfera, pero, a
otras formas de la vida. Las hojas diferencia de muchos otros constituyentes
de estos primitivos helechos del aire, su concentración varía considera­
arbóreos hawaianos compiten por blemente con la altura, la temperatura y el ·

atrapar la máxima cantidad de luz lugar. Dos tercios, aproximadamente, de la


solar.
superficie terrestre están cubiertos de agua
y grandes extensiones están húmedas de
modo casi permanente --{;Omo los bosques
tropicales de Asia, Africa y Sudamérica-.
proximidades de la superficie terrestre El vapor de agua se está formando conti­
-afortunadamente, ya que es venenoso-­ nuamente por la evaporación de las plantas
y alcanza su máxima concentración entre y las aguas superficiales, y asciende a la
los 20 y los 25 kilómetros por encima de parte alta de la troposfera por turbulencia.
ella. Su importancia radica en su capacidad Se ha calculado que en un período de un
para absorber las perjudiciales radiaciones año se evaporan más de 200 centímetros ·

ultravioletas que llegan del Sol, proceso que de agua del Pacífico Oriental y del Océa­
ha pasado desapercibido a lo largo de los no Indico Central e, incluso en latitudes
siglos: sólo en los últimos años el hombre templadas, tales como el Reino Unido,
ha llegado a ser consciente de su exis­ la evaporación puede alcanzar 50 centíme­
tencia. tros por año. Como el vapor de agua es
Hasta ahora hemos hablado del aire pu­ muy perm�able a la radiación solar de
ro, posible sólo bajo condiciones controla­ onda corta, pero absorbe algo de la radia­
das de laboratorio. En realidad, es general ción terrestre de onda larga, su variación
la· existencia de partículas de polvo· lo sufi­ con respecto al tiempo y al espacio influye
cientemente pequeñas para estar suspendi- de manera importante en el balance de

24
COMPOSICION OE LA ATMOSFERA El aire está compuesto de una mezcla de nitrógeno;

oxigeno y dióxido de carbono adem s de vestigios de otros [ases.
GAS SIMBOLO VOLUMEN PAPEL
PORCENTAJE

NITROGENO N, 78,08 Reciclado mediante las actividades humanas y por la aceión dé los
microorganismos sobre los desperdicios animales.

OXIGENO o, 20,94 Reciclado principalmente por medio de la respiración de animales y


plantas mediante la acción de la fotoslntesis.

co, 0.03 Reciclado mediante la respiración y la fotosintesis en la dirección


OIOXIDO
opuesta al oxigeno: también es un producto d e la combustión de los
DE CARBONO
combustibles fósiles.

ARGON Ar 0,093

J
NEON Ne . 0.0018 -
HELIO He 0.0005
KRIPTON Kr trazas

XENON Xe trazas "'� '-· ,, ;,.��·

OZONO o, 0.00006 Producto de la escisión de la molécula de oxigeno en átomos


individuales por la acción de la radiación solar. y que se unen a
moléculas intactas.

HIOROGENO H, 0,00005 Sin importancia.

Aerosoles, la heterogénea colección de de sales marinas, polvo, materia orgánica y


partículas microscópicas suspendidas humo procedentes tanto de la acción del
en la atmósfera; se compone principalmente hombre como de fuentes naturales.

25
ENERGIA SOlAR
El Sol es una fuente cada vez más
atractiva de energía limpia, inócua y
abundante, pero es difícil usarla
debido a las variaciones locales y
estacionales del tiempo,
especial'mente en lo que se refiere a
la nubosidad. Se están desarrollando
varios métodos de captar y
transformar la energía solar: las
series de espejos pueden reflejar la
energía a un colector central o, para
evitar los cambios del tiempo,
pueden usarse satélites artificiales
colocados enfrente del Sol con
acumuladores de energía solar que
la pueden transmitir continuamente
de vuelta a la Tierra.

En Odeillo, Pirineos franceses, hay


una importante estación
experimental de energía sol¡'lr
(derecha): se refleja la luz solar
desde un grupo de 63 espejos
planos móviles sobre un inmenso
reflector' parabólico, de 40 metrqs
de alto y compuesto por 9.500
espejos,"que concentran la luz solar
en un «blanco• situado a 18 metros.

radiación entre la Tierra y el Sol; ello hace en lo que se refiere al balance de radiación
que la temperatura aumente o disminuya total. El calor que llega desde el Sol se
en un momento y lugar determinados. concentra principalmente en latitudes ba­
jas, mientras que, por otro lado, la ·radia­
ción que se libera de la Tierra es mucho
Radiación solar y terrestre
más uniforme; este equilibrio es la causa
Todo el mundo está familiarizado con el fundamental de los principales sistemas de
hec-ho de que la luz y el calor solar son los vientos y corrientes oceánicas, que llevan el
responsables de la existencia de la vida, exceso de calor de las regiones tropicales
pero no todo e� mundo sabe que la Tierra y hacia los polos. El sistema global de vientos
su atmósfera irradian hacia el espacio una se conoce como «la circulación general». La
cantidad de calor igual a la recibida. Si e?to corrección del desequilibrio. que se produce
no ocurriese, nuestro planeta se calentaría entre la radiación que entra y sale de la
demasiado y pronto sería estéril. Por su­ Tierra a diferentes latitudes está directa­
puesto que algo del calor llegado a la mente relacionada con el calor. El calor de
superficie terrestre proviene de su interior un objeto se puede transferir por conduc­
por acción de los volcanes y las fuentes ción, convección o radiació[Link]é­
termales, pero su cuantía es despreciable tica. La conducción es una transferencia

26
do, fluctúa entre un amplio margen de
longitudes de onda.
Cualquier objeto absorbe o refleja la:
radiación que le llega, pero la longitud de
onda de esta radiación varía dependiendo
de la temperatura y la composición de su
superficie. Un objeto que, a una temperatu­
ra determinada, irradia en la mayor pro­
porción posible se llama «Cuerpo negro».
Esta expresión puede inducir a error, ya
que, si bien es cierto que normalmente los
colores oscuros absorben y pierden el calor
más fácilmente, esto no es siempre así; por
ejemplo, el Sol es «Un cuerpo negro» ra­
diante, como también lo es la nieve.
Los elementos básicos de construcéión
de la materia son los átomos y las molécu­
las. En un estado de agitación constante, es
el nivel de su energía cinética lo que se
mide como temperatura. Las escalas nor­
males usan el punto de congelación y de
ebullición del agua bajo condiciones especí­
ficas como cotas -por ejemplo, O grados
centígrados y 100 grados centígrados, res­
pectivamente-. Una escala usada con me­
nos frecuencia toma como valor cero el
punto en el que, en teoría, cesa todo movi­
miento molecular y no hay energía interna.
Esto ocurre a -273,16°C, que es el punto
cero de la escala Kelvin (K), llamada así en