0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas20 páginas

El misterio del baúl y las rosas

Marlena tuvo un sueño perturbador sobre un baúl misterioso en el sótano de su casa que contiene recuerdos de sus padres fallecidos. Escuchó a escondidas una discusión entre sus hermanos sobre revelarle la verdad sobre el contenido del baúl y sobre algo extraño que ha estado ocurriendo. Marlena se siente intrigada y asustada por el baúl y los secretos que esconde su familia.

Cargado por

dandelions.glam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
74 vistas20 páginas

El misterio del baúl y las rosas

Marlena tuvo un sueño perturbador sobre un baúl misterioso en el sótano de su casa que contiene recuerdos de sus padres fallecidos. Escuchó a escondidas una discusión entre sus hermanos sobre revelarle la verdad sobre el contenido del baúl y sobre algo extraño que ha estado ocurriendo. Marlena se siente intrigada y asustada por el baúl y los secretos que esconde su familia.

Cargado por

dandelions.glam
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Cuento

Luego de una buena jornada de estudio escolar, Marlena caminaba hacia su casa, alegre y relajada
como siempre, disfrutando del florido camino y el agradable aroma de la primavera. Siendo las
16:30 el brillante sol del día comenzaba a atenuarse poco a poco, aún arriba del cielo,
preparándose para despedirse con un bello atardecer en un par de horas dando paso a la oscura
noche escasa de estrellas, debido a la contaminación lumínica afectando el paisaje.

Estando a solo un par de metros de la puerta de su casa la sensación de una presencia cercana
llamó su atención. Volteo de forma suave encontrándose con un gato negro de brillantes ojos
verdes mirándola fijamente. Marlena se mantuvo observando al gato de la misma manera hasta
que este soltó un desafinado y fuerte maullido, para luego desaparecer tras los grandes
matorrales de rosas que cubrían todo el patio de su casa vecina.

- ¡Gato no! Las rosas tienen espinas, te harás daño.- Dijo Marlena, pero el gato ya había
desaparecido.

Se quedo un momento contemplando las bellas rosas rojas, sorprendida por la abundante
cantidad de estas; recordaba años atrás poco después de que fallecieran sus padres cuando
pasaba horas asomada por la ventana de la cocina, esperando el momento en que llegarán sus
hermanos, desde aquella ventana tenía una maravillosa vista a las rosas, se divertía contándolas y
admirando su belleza hasta quedarse dormida.

Al entrar en su casa fue recibida muy alegremente por su perrita Vainilla. Dedico el resto de la
tarde a ordenar la casa, cuando se percato de que las flores de su patio comenzaban a cerrarse
decidió subir al techo para apreciar el adiós del sol hasta un nuevo día.

Las aves volaban de regreso a sus nidos, las montañas se oscurecían lentamente hasta que la luz
del sol las abandonaba por completo dejando de derretir la nieve de sus cumbres, Marlena
mantuvo su vista fija en el horizonte hasta que no quedó rastro del día y la oscuridad cayó sobre
su mundo cubriéndola por completo.

Rosas y espinas rodeaban un gran baúl de madera pulida, golpes internos lo movían bruscamente
como si algo o alguien dentro de él intentara salir, las rosas crecían y ensanchaban sus tallos llenos
de espinas apretando fuertemente el baúl intentando mantenerlo cerrado, los golpes eran cada
vez más fuerte hasta que uno de ellos logró romper la cerradura y levantar la tapa del baúl unos
cuantos centímetros, los tallos de las rosas crecieron cerrando rápidamente el baúl y haciéndolo
desaparecer.

Marlena despertó con su propio grito, agitada y sudando, bajo a la cocina sin preocuparse por
despertar a sus dos hermanos mayores, a pesar de ser las tres de la mañana sabía que aún no
habían llegado a casa, y de hecho comenzaba a dudar si llegarían antes de que saliera el sol.

Lleno un vaso de vidrio con agua y comenzó a dar un paseo por toda la casa, mientras recorría
cada habitación bebía de apoco el agua del vaso para ir calmando sus pensamientos.
Hace mucho tiempo que no recordaba aquel baúl donde según sabía se hallaban los únicos
recuerdos de sus padres que quedaron en casa. Sus hermanos eran muy sensibles al tema, nunca
le habían permitido ver el interior del baúl y tampoco le revelaban gran información sobre el
contenido, a veces los escuchaba conversar a escondidas sobre este y cada vez que preguntaba le
prometían que el día en que estuviera lista para abrir el baúl y enfrentarse a lo que había dentro le
darían la llave.

Ya habían pasado dos años en los que ella creía haberse olvidado del baúl casi por completo,
desde que recibió la promesa de que algún día tendría la llave en sus manos, decidió esperar a que
ese día llegara.

Sin embargo la noche del miércoles anterior escucho parte de una discusión de sus hermanos,
ellos discutían constantemente por sus muchas diferencias, pero Marlena sabía que de todas
formas se querían, por esto mismo ella solía ignorar sus malentendidos hasta que escucho su
nombre en uno de ellos.

Detuvo su recorrido tomando asiento en los cómodos sillones de la sala de estar intentando
recordar con detalle las palabras de sus hermanos…

- Debemos decirle a Marlena. – Dijo Roan, de forma seria llamando la atención de Matteo.

- ¿Lo de los libros? – Cuestiono Matteo frunciendo el ceño y tomando un sorbo de té de la taza
entre sus manos.

- No solo eso Matt, ella debe saberlo todo. Los libros, nuestros padres, incluso la posibilidad de…

- ¿La posibilidad de qué? – Lo detuvo Matteo de forma amenazadora dejando la taza en el mesón
de la cocina.

Roan guardo silencio armándose de valor para contestar a su hermano mayor, aunque fuera solo
por dos años se sentía como una gran diferencia en ocasiones. Trago saliva como si hubiera
olvidado hacerlo en los últimos minutos y volvió a intentar.

- Sabes a lo que me refiero, lo que ha estado ocurriendo estos últimos años está fuera de lo
normal, se nos está yendo de las manos y creo que ella merece saberlo.

- No está lista, tiene apenas 14 años, no permitiremos que cargue con un peso así. – La paciencia
de Matteo comenzaba a acabarse y Roan lo sabía, pero no pensaba echarse atrás, ya había
hablado.

- Matt, ella no es idiota, tarde o temprano comenzará a sospechar que algo anda mal. Si
conversamos con ella primero y le explicamos podría enfrentarse al contenido del baúl sin
problemas, podríamos hacerlo nosotros…

- ¡Basta! Ella no se acercará a ese baúl. No está lista, como insistas me veré en la obligación de
deshacerme de él y su contenido.

Roan noto que Matteo hablaba enserió aún así dudo de que su hermano tuviera el valor para
deshacerse del baúl, simplemente no podría hacerlo.
- Discutiendo no llegaremos a ninguna parte, vamos a la biblioteca e intentemos resolver todo
antes de que sea demasiado tarde.

- Roan… Antes no respondiste mi pregunta, ¿Descubriste algo?

- Quizás.

- ¿Enserió crees que nos estamos enfrentando a la posibilidad de…?

- Sí Matt, la posibilidad de magia.

Un estruendo devolvió a Marlena al presente, había comenzado a temblar y el vaso de vidrio


resbaló de sus manos.

- Oh mierda. – Maldijo.

Se dirigió a la cocina buscando con que limpiar el desastre mientras pensaba en todo aquello que
había escuchado. ¿Será que la dejarían por fin abrir el baúl? No lo parecía, pero sin duda que su
curiosidad por este había regresado.

¿Libros? Supuso que se referían a la gran biblioteca que antes tenían en casa, sus padres fueron
dos grandes escritores de novelas fantasiosas, y también unos aficionados lectores de estas, antes
de su muerte habían libros en cada rincón de la casa, cosa que a ella le fascinaba, pasaba horas y
horas pasando las páginas y disfrutando de increíbles historias. Tiempo después de que sus padres
fallecieron los libros de la casa habían desaparecido.

Supo que habían sido sus hermanos los responsables ya que tampoco le permitieron seguir
leyendo libros que no fueran escolares.

Marlena se había enojado mucho y ahora que lo pensaba, seguía enojada. Entendía el dolor de sus
hermanos por la pérdida de sus padres, pero creía que era una completa injusticia que le
arrebataran el gusto de la lectura tan abruptamente.

Cuando termino de limpiar fue directamente a enfrentarse aquella pesadilla que la había
despertado, bajo las estrechas escaleras que llegaban hasta el sótano, sin linterna si quiera,
alejándose poco a poco de la luz de luna que entraba por las ventanas de la casa.

Cuando llego al último escalón se detuvo justo antes de que la luz la abandonara por completo.
Sentía gotas frías de sudor recorriendo su frente y bajando por su nuca, su respiración comenzaba
a agitarse estaba claramente asustada, pero ¿Por qué? Realmente le encantaría saberlo, aquel
miedo incontrolable al que le costaba tanto enfrentarse. “¿Cuándo será el día en que pueda
acercarme realmente a ese baúl? ¿Cuándo podre bajar el ultimo escalón? ¿Cuándo dejare de
temer a esta oscuridad?” Se preguntaba cada vez que pensaba en el baúl.

Dejo su vista fija en la oscuridad absoluta que llenaba la habitación, de repente escucho el rechinar
de la madera de tras de ella y un fuerte escalofrío recorrió su espalda.

-No...- Volteo su rostro escaleras arriba y vio como la puerta comenzaba a cerrarse lentamente.
- ¡No! – Exclamó mientras subía corriendo las escaleras, tropezó en el último escalón haciéndose
daño en las rodillas, codos y en su mentón. Logró estirar rápidamente su brazo para detener el
cierre de la puerta.

Se incorporo con cuidado, y salió caminando rápido y derecho dejando que la puerta del sótano se
cerrase de un portazo.

Aceleró aún más el paso casi corriendo llego a su cama, se acurrucó en las sábanas y lloro hasta
caer rendida al sueño y dormir las últimas 2 horas de la madrugada.

- Marleeeeeena - La llamo Matteo desde la cocina.

Ella apenas abrió los ojos, volteo sobre su almohada y siguió durmiendo, aunque no más de 2
minutos hasta que alguien le arrebato su almohada y la golpeó con ella.

- ¡Ah! Oye ya estoy despierta. - Se quejo.

- entonces vístete y baja a desayunar con nosotros, y apresúrate no querrás llegar tarde al colegio,
de nuevo…- Dijo Roan mientras reía.

- sinceramente no me importa mucho.

- Debería. - Dijo Matteo entrando en la habitación.

- ¿A qué hora llegaron? - Pregunto Marlena saludando con su mano a Matteo.

- Apenas hace media hora, dormimos en casa de unos amigos.

Marlena asintió y los echo de su habitación para poder vestirse, desayunaron juntos como una
familia feliz y la llevaron hasta el colegio.

- No podremos venir a buscarte ni yo ni Matt, lo siento, cuídate a la vuelta. - dijo Roan.

- ¿Llevas tus tareas? - Pregunto Matteo.

- Sí, Matt.

- ¿abrigo?

- Estamos en primavera...

- ¿Lo llevas?

- Sí, Matt.

- ¿Nos contarás porque tienes herido tu mentón? - Pregunto esta vez Roan.

- Me caí.- Respondió de forma sencilla, cosa que no era mentira pero si le preguntaban donde
había caído, bueno. Estaría en problemas, no era hábil mintiendo.

- De acuerdo, recuerda si alguien te golpea...

- Le golpeó más fuerte.

- Excelente. - Sonrió Roan.


- Bien, nos vemos en la tarde, cuídate. - Dijo Matteo.

Se despidió de ambos y entró al colegio.

A pesar de tener algo de sueño logró mantenerse despierta y poner atención en las primeras
clases. Ya en el segundo recreo el sol llegaba directo a las ventanas de su sala y se abría paso entre
las cortinas hasta llegar a su puesto, la cálida luz del sol la hacía sentir increíblemente bien, se
alegraba tanto que comenzaba a sonreír involuntariamente, la hacía sentir fuerte y vital. Cerró sus
ojos para disfrutar de la agradable sensación.

- ¿Sueñas despierta Marlena? - Pregunto su mejor y única amiga Giselle.

- A veces - Confesó Marlena y ambas intercambiaron una sonrisa.

Giselle era una chica de oscuros cabellos ondulados y una piel tan blanca como los pétalos de
margarita. Conocía a Marlena hace un par de años y ambas compartían el gusto por la lectura.
Giselle sabía que Marlena no podía tener libros en casa así que le prestaba los suyos para que los
leyera a escondidas.

Para Marlena Giselle era muy importante, la consideraba muy inteligente, simple y amable.
Además de tremendamente atractiva. En sus dos años de amistad siempre se sintió bien y
acompañada en todo momento, no recordaba ningún momento de malestar o incomodidad, junto
a ella todo le parecía agradable.

- ¿Cómo dormiste anoche Marlena?

- De maravilla. - Contestó con una gran sonrisa.

- Tus ojeras te delatan. – Marlena sentía que en ocasiones Giselle se preocupaba en exageración
en cuanto a su bien estar se tratara, pero lo dejaba pasar, aunque Giselle percibía su disgusto.

- Tuve una pequeña pesadilla, eso fue todo.

- Bien, ya no pregunto. - Giselle saco un par de libros y se los entregó a Marlena. - Encontré estos
en casa de mi Abuela, se ven interesantes ¿te parece bien venir a mi casa hoy a leerlos?

- ¡Claro que sí! - Dijo Marlena muy feliz por tener un panorama para la tarde.

Y así horas más tarde llegaron a casa de Giselle que estaba solo a un par de cuadras de la casa de
Marlena.

Pasaron toda la tarde leyendo el libro que resultó tratar de increíbles batallas, dioses, magia e
intensos romances. Ambas satisfechas con la historia se pusieron a charlar sobre diferentes temas
en relación con esta.

- Marlena si tu pudieras pedir tres deseos a los dioses ¿Qué pedirías?

- Creo que pediría vivir dentro de un libro de estos, estas fabulosas novelas fantasiosas, viviría feliz
dentro de ellas.

- ¿No eres feliz viviendo aquí? - Pregunto extrañada Giselle.


- ¡Claro que soy feliz aquí! Es solo que a veces creo que ser una princesa guerrera elegida por los
dioses sería más interesante, incluso ser la bruja de la historia sería más divertido que mi rutina
diaria.

- Entiendo. - Respondió riendo Giselle.

- Aún te quedan dos deseos. -. Dijo sonriendo.

- Pediría estar con mis padres. - Repuso Marlena de forma tranquila y relajada, Giselle asintió
dedicándole una mirada comprensiva.

- último deseo Marlena.

- Una vez con mis padres desearía ir juntos a un campo lleno de hortensias, eran las flores
favoritas de mi madre y también las mías.

Giselle sonrió satisfecha con los deseos de Marlena.

- ¿Qué pedirías tú? - Le pregunto Marlena.

- Pediría tener la capacidad de conceder deseos, nada más.

- Eso, suena interesante. – Dijo Marlena, aunque para ella todo de Giselle lo era.

El sol dejó de entrar por la ventana de Giselle y se dieron cuenta que habían estado juntas hasta
muy tarde.

- Debería volver a casa, se hizo muy tarde. - Dijo Marlena bostezando.

Justo en ese momento un gato negro entró por la ventana de la habitación de Giselle, gato el cual
Marlena reconoció al instante.

- ¿Y ese gato? - Pregunto.

- ¿Qué gato? - respondió Giselle, con una cara de completa confusión.

Marlena se dio vuelta hacia la ventana y se dio cuenta de que el gato había desaparecido.

- Debes estar confundida-. Repuso Giselle.

Marlena no creyó estar confundida en absoluto mas asintió de todos modos.

- Bueno, un gusto como siempre leer contigo Giselle, dale saludos a tu abuela de mi parte cuando
la veas.

- Nos vemos, le daré los saludos. - Se despidió Giselle.

Marlena salió de la casa de su amiga y se dio cuenta de que el gato negro la observaba desde la
ventana. Prefirió ignorarlo y seguir su camino a casa.

Mientras caminaba vio el último rayo de sol desaparecer detrás de las montañas del oeste y sintió
el cansancio en todo su cuerpo.
La noche era bella, ella lo sabía sin embargo no le agradaba. Cada vez que miraba el cielo oscuro
su mente divagaba en temas que acostumbraba a evitar, proporcionándole un gran cansancio,
físico y mental.

Llegando a su casa se fijó una vez más en las rosas del patio vecino, sabía que allí vivía un anciano
escritor que en alguna ocasión trabajó con sus padres. Ella nunca lo había visto y se le hacía muy
misterioso, tampoco había leído sus libros, cuando estaban en casa sus padres le decían que eran
libros aburridos para gente grande, ahora comenzaba a preguntarse de que trataban realmente.

Mirando los matorrales de rosas le daba la sensación de que aumentaban cada año, recordó su
sueño y de inmediato aparto el pensamiento, no quería pensar en eso.

Dentro de su casa alimento a su perrita Vainilla y fue a su cama esperando tener una noche
tranquila.

Se le dificulto mucho dormirse, un pensamiento que admitía haber pasado por alto le daba vueltas
en la cabeza. Aquella discusión que había escuchado por parte de sus hermanos cada vez le daba
más dudas.

Lo único que su mente le repetía una y otra vez mientras intentaba buscar una posición cómoda
para dormir, una sola pregunta que no lograba entender, Roan realmente había dicho ¿Magia?

¡Es él! Matt ya lo tenemos, es el viejo, siempre lo sospechamos. No pueden ser solo coincidencias.
Nuestros padres, ellos es posible que - Matteo golpeó fuertemente la mesa y Roan guardo silencio.

- No cantes victoria Roan, aún debemos descubrir que está haciendo Roger y como lo está
haciendo. - dijo Matt sin apartar la vista del periódico sobre la mesa.

- ¿Cómo? Matt ya hablamos sobre eso, mamá y papá no eran sólo escritores, sabes que ellos se
dedicaron mucho a estudiar las fantasías reales de este mundo, la magia antigua que aún perdura
en la actualidad.

- No estoy negando la existencia de magia o el uso de ella en las desapariciones Roan, solo digo
que nosotros dos no sabemos nada sobre la magia, no podemos identificarla ni revertirla, no aún.
Debemos encontrar la forma. - Dijo Matteo mirando fijamente lo verdes ojos de Roan.

El par de hermanos se encontraba en un departamento que arrendaron en el centro de la ciudad,


ahí estaban todos aquellos libros que anterior mente habían llenado las repisas de su casa.

Matteo trabajaba en una editorial desde hace dos años, y Roan estaba terminando su carrera de
filosofía. A pesar de esto ambos dedicaban mucho tiempo a la investigación acerca de la
desaparición de sus padres.
En los últimos dos años se armó un gran escándalo por la desaparición de gran cantidad de
escritores famosos y también aficionados lectores de todo el país. Muchos de los casos eran
encubiertos con muertes misteriosas de las cuales Roan y Matteo no se fiaban.

Sus padres hace dos años junto con su anciano vecino planearon un viaje a una isla cercana para
buscar inspiración para un nuevo libro que escribirían en conjunto, el libro trataría sobre seres
sobrenaturales marinos, se esperaba que fuera un gran éxito. Llegaron a la isla y cuando fue el
momento de volver Roger, su vecino, decidió quedarse un tiempo más en la isla mientras que
Clara y Soren volverían en un vuelo de avión por la noche.

El avión tubo un inconveniente y cayeron al mar, esa noche fallecieron y la noticia llegó a sus hijos,
Matteo, Roan y Marlena con 20, 18 y 12 años en ese entonces.

Al funeral pocos días después asistieron muchos escritores que los conocían y un par de familiares,
Matteo y Roan a pesar de que les ofrecieron ayuda dijeron que podrían mantener a Marlena, ya
que sus padres habían dejado dinero suficiente y la casa ya estaba pagada.

La noche del funeral Marlena se quedó dormida apenas llegó a casa, había llorado todo el día y
estaba cansada, Matteo abrazaba a Roan que lloraba desconsoladamente en el sillón de la sala de
estar, Matteo no había llorado en todo el día se sentía bloqueado y parte de él no lo sentía real,
como si sus padres aún siguieran con vida, no podrían estar muertos. Sin embargo, el llanto de
Roan comenzaba a afectarle y estaba logrando conectarse con el sentimiento, con la realidad, una
sensación de nudo en la garganta comenzó poco a poco a ahogarlo, y cuando sus ojos estaban
empezando a humedecerse un gato negro entró por la ventana de la sala con un par de rosas en el
hocico.

Matteo se levantó para sacar al gato, este dejó las rosas sobre la alfombra y se fue rápidamente
por la ventana, Roan se quedó dormido en el sillón y el gato volvió esta vez con un libro titulado
"Yara y el cáliz del océano" Matteo reviso el escritor el cual resultó ser Roger Pierce, su vecino.

Matteo no entendía nada, para empezar, estaba tremenda mente extrañado de que un gato
llegara a su casa con 2 rosas y un libro que tratara precisamente de lo que planeaban escribir sus
padres junto a Roger, y que Roger fuera el escritor.

En ese mismo momento había decidido no darle vueltas al asunto, metió las rosas y el libro en un
baúl y al día siguiente se lo contó a Roan, algo extraño pasaba y comenzaron a investigar,
encontrando muchas noticias sobre recientes muertes o desapariciones en el país, se dieron
cuenta de que todas ellas eran de gente que tenía cercanía con el mundo literario y decidieron
proteger a Marlena, sacaron todos los libros de casa y los llevaron al departamento para
investigarlo a excepción de los libros de Roger. No sé les hacía confiable.

Ahora dos años más tarde encontraron coincidencias sobre los desaparecidos, aparentemente
todos tenían algún registro reciente de la compra de algún libro escrito por Roger Pierce.

Sea lo que fuera que estaba ocurriendo Matteo y Roan estaban cada vez más cerca de descubrirlo
y pasaban cada vez más tiempo en el departamento, buscando el misterio de los desaparecidos.

Marlena durmió plácidamente y libre de pesadillas, despertó con su pelirrojo y largo cabello todo
alborotado y se arregló rápido para ir al colegio pues ya era un poco tarde.

Durante toda la jornada se mantuvo tranquila y alegre, sonriendo constantemente y charlando


con Giselle acerca de libros e historias, aunque no aguanto las ganas de sacar el tema con el que se
quedó dormida la noche anterior.

- Giselle, ¿Cres que existe realmente la magia?

- Por supuesto que existe la magia, como lectora deberías saberlo mejor que nadie Marlena.

- Giselle habló enserió. Los libros no son como la vida real.

- No siempre, es verdad. No creo que exista la magia tal cual sale en los libros, pero si debe haber
mucho de este mundo que no sabemos ni vemos.

- Eso es verdad. - Marlena terminó de arreglar su mochila y se preparó para irse a su casa.

- ¿Sabes algo Marlena? Si es que existe la magia, honestamente no se si quiero conocerla...

- ¿Por qué lo dices Giselle?

- Los personajes de los libros que se meten con magia siempre pagan algún precio no se si estoy
dispuesta a un sacrificio tan grande fuera de un libro.

A Marlena se le vinieron muchas preguntas a la cabeza con lo que escucho decir a Giselle, pero se
limitó a asentir e irse a su casa.

Nuevamente la primavera le regalaba un bello día soleado y estaba dispuesta a disfrutarlo, daba
saltitos por la vereda mientras cantaba sus canciones favoritas, paraba a oler las flores y perseguía
mariposas. Ya cerca de su casa no se encontró con ningún gato negro con mirada siniestra y no se
fijó en las peculiares rosas vecinas. Cuando estaba fuera de su casa se sentía preparada para
enfrentarse a la soledad que encontraría dentro, pero entonces la puerta se abrió desde adentro y
Roan la recibió con una gran sonrisa.

- Marlena, llegas un poco tarde para el almuerzo. - La saludo.

Marlena no recordaba cuando había sido la última vez había vuelto a casa y sus hermanos la
estaban esperando, por un momento pensó que se pondría a llorar de felicidad, pero no quería
arruinar el momento con lágrimas.

- Lo siento, me distraje un poco en el camino - Sonrió satisfecha.

Paso junto con Roan al comedor y Matteo los estaba esperando a ambos con el almuerzo servido.

- Matt, hola. - Marlena no sabía muy bien cómo reaccionar sabía que Matteo era un poco más
serio que Roan.

Matteo se levantó y abrazo a ambos.


- Marlena, quizá lo olvidaste, pero hoy se cumplen 2 años de la des-... de que nuestros padres no
están con nosotros. - Dijo Matteo.

Marlena se sorprendió, no tenía idea.

- Oh, Oh vaya no lo sabía, no recordaba la fecha la verdad, lo siento mucho.

- Tranquila, el año pasado no estuvimos en casa en esta fecha y tampoco te avisamos. - Dijo Roan
dedicándole una mirada compasiva.

- No está en mis planes volver a dejarte sola en una fecha tan importante, lo siento. - Dijo Matteo
mirándola de la misma manera, hizo una pausa para ver la reacción de Marlena al ver que no
respondía retomo la palabra. - No haremos de hoy un mal día, estaremos juntos, los tres.

Se abrazaron nuevamente con fuerza y cariño, Vainilla comenzó a saltar sobre de ellos haciéndolos
reír.

Almorzaron y salieron a pasear al parque con Vainilla, al llegar a casa Matteo ayudo a Marlena con
sus tareas y Roan cocino la cena.

Y entonces por un momento todo estuvo bien.

Se fue el día y la paz que sentía Marlena se fue con él.

Al caer la noche y entregarse al más profundo sueño sus pesadillas no tardaron en hacer
presencia, eran cada vez más reales, más cercanas y a la vez más rebuscadas.

Cuando los golpes del baúl rompieron la cerradura la tapa se abrió casi por completo, dentro salió
un montón de agua marina y páginas de libro volaban por todas partes. Las rosas que intentaban
cerrar el baúl cambiaban su objetivo, está vez iban a por ella. El espacio se hacía poco, Marlena
temía ahogarse en el agua que salía del baúl mientras luchaba contra las rosas.

Marlena despertó sudando y con un sabor salado en la boca. Estaba cansada y quería dormir, pero
se negaba a hacerlo por miedo a sus pesadillas. Le hubiera encantado tener un libro con ella para
poder leer y olvidarse de todo lo demás, pero no había libros en casa, su rabia por aquello volvió a
tomar un lugar importante en su pecho.

Intento calmarse recordando cosas lindas que alguna vez le había dicho su padre cuando tenía
pesadillas. Alguna noche fría en el pasado, le dijo que debía vencer sus miedos y ya no la
molestarían más.

Marlena conocía muy bien el miedo, temía a cosas con las que vivía diariamente.

Marlena temía a la oscuridad, a la soledad, a sus impulsos, a la realidad, a la pérdida.


Todos sus miedos se iban con la luz del día, leyendo, bailando, jugando y charlando con Giselle.
Bajo la luz del sol veía cosas maravillosas. En la oscuridad de la noche solo podía ver sus
pensamientos y aquellos la aterraban.

Decidió que sería buena idea seguir el consejo de su Padre y fue a despertar a Matteo, para por fin
saciar su curiosidad y acabar con el miedo.

- Matteo… - Llamó a la puerta, al ver que nadie contesto opto por entrar.

- ¿Marlena? - Pregunto Matteo somnoliento.

- Sí, necesito…

- ¿Qué?

- Te necesito.

Aquellas palabras llamaron la atención de Matteo que se dedicó a escuchar a Marlena.

Marlena le contó sobre sus pesadillas y le pidió que por favor la acompañará al sótano y la dejara
abrir el baúl y ver lo que hay dentro.

- Marlena, te entiendo. Enserió que te entiendo, pero no estas listas para ver lo que hay dentro del
baúl. - le explico Matteo lo más suave posible.

- Pero ¿Por qué?

- No lo entenderías.

- ¿Cómo sabes?

- Marlena basta, ve a dormir.

- No quiero, tendré pesadillas.

- Marlena obedece.

- No pienso hacerlo, quiero ver el baúl.

- ¡No estas lista! -. Matteo alzó la voz y Marlena se quedó helada. Entonces Roan interrumpió
entrando en la habitación.

- Eso no es cierto. - Dijo Roan, tanto Marlena como Matteo lo miraron perplejos.

- ¿Perdón? - Dijo Matteo con tono pesado.

- No es ella quien no esta lista, somos nosotros, no estamos listos para enfrentarnos al real
problema detrás de todo esto. No tienes porqué gritarle, ni mentirle.

Marlena estaba tensa, no entendía del todo a lo que se refería Roan, pero no quería que le
mintieran.

- ¿Mentirme? - Pregunto a Matteo, claramente furiosa.


- Te estoy protegiendo, hay cosas que no tienes por qué saber aún Marlena y tú Roan deberías
entender eso.

- No, tú eres el que tiene que entender.

Marlena salió de la habitación indignada, sabía que comenzarían a discutir y no le interesaba estar
presente. Se encerró en su cuarto, no sabía lo que estaba ocurriendo, pero se aseguraría de
averiguarlo ese mismo día a como dé lugar. Enojada se forzó a dormir para ignorar todo lo que
estaba pasando, durante el resto de la noche para ella la única pesadilla fueron los gritos de sus
hermanos de fondo.

Una vez Marlena se encerró en cuarto Matteo se levantó.

- ¿¡Porqué dijiste esas cosas!?

- ¡Por qué es verdad! -. Roan se mantuvo firme.

- ¿Por qué estás despierto en primer lugar?

- Sabes por qué, estaba tan aterrado como Marlena con aquellas pesadillas y estoy seguro de que
tú también las tienes.

- Fue suficiente. - Matteo empujó a Roan y se dirigió hacia el sótano, Roan lo siguió rápidamente.

- Matt ¿qué haces?

- Voy a deshacerme de ese baúl.

- ¡Matt no!

- ¿Qué punto tiene? No nos ayudará a saber dónde están nuestros padres.

- No lo sabemos.

Roan intento detener a Matt agarrándolo por el brazo, Matteo se zafó bruscamente del agarre de
Roan, empujándolo contra una de las tantas cajas que se encontraban en el sótano.

Al chocar con la caja un libro cayó de ella.

Tanto Matteo como Roan se detuvieron en seco mirando el libro en el suelo. Roan lo recogió,
soplo la capa de polvo de lo cubría y lo abrió en la primera página.

-Es la letra de nuestra madre. - Dijo.

Matteo se acercó y leyeron juntos el contenido. El libro narraba acerca de objetos mágicos
perdidos en la historia. Ojearon el libro encontrando así un marcapáginas en el capítulo 8.

- "Pluma de cuervo y tinta de sangre de sirena " - Leyó Roan.

El capítulo mostraba el dibujo de una pluma de cuervo para escribir junto a un recipiente de tinta
lleno de un líquido dorado.

-Esos dibujos, tienen los trazos de papá. - Menciono Matteo, recordaba de pequeño cuando su
padre le enseñaba a dibujar, conocía su estilo a la perfección.
Leyeron el capítulo completo y por fin todas sus dudas se aclararon.

Las plumas de cuervo eran reliquias mágicas antiguas ya que no eran de cualquier cuervo, si no
que eran de aquellos brujos transformistas de épocas milenarias.

Al escribir con una pluma de cuervo usando sangre de sirena como tinta, los relatos cobraban vida
de forma mágica, usado para diferentes fines. Gente existió que con aquel mágico material
lograba sacar a personajes ficticios y traerlos a la realidad, gente hubo que la uso para cumplir
todos sus sueños escribiéndolos y dándoles vida para traerlos a la realidad. Y así también a la
inversa gente los uso para acabar con sus problemas encerrándolos cada uno entre páginas para
siempre, y de esta forma gente lo uso para llevar a personas reales a formar parte de un libro.

Todo objeto mágico tiene sus limitaciones, todos tienen un precio. Un sacrificio.

Por más que uno quiera utilizar la pluma para hacer el bien, no será permitido.

El efecto de la sangre de sirena tienta a quien la posee a escribir con ella, causa avaricia, y maldad
pura en quien la utiliza.

Mientras que la pluma de cuervo se encarga de que nadie descubra los atroces cometidos de
aquellos que escribieron con la sangre de sirena como su tinta.

El último párrafo del capítulo Roan lo leyó en voz alta.

-"Descubrimos con mapas antiguos la ubicación de sectores donde aún quedan restos de sangre
de sirena, con nuestro fiel compañero Roger, Soren y yo hemos venido a la Isla Nabi. Encontramos
arrecifes donde aún permanecía sangre de sirena y guardamos lo suficiente en una botella.

Queríamos conseguir que el libro que escribiéramos juntos causará un gran impacto al estar
escrito con objetos mágicos.

Más tarde nos hemos enterado de que la sangre de sirena no causa efectos positivos al ser usada
como tinta por lo que decidimos devolverla al mar y emprender el viaje de vuelta a casa bastante
decepcionados ya que tampoco encontramos pluma de cuervo como tal, encontramos más bien la
pluma de una paloma, aunque de todas formas estoy feliz porque al menos sí es la pluma de un
transformista y no la de una paloma común".

Matteo y Roan se miraron a los ojos en absoluto silencio durante unos 15 segundos, luego salieron
corriendo del sótano.

- ¡Es el viejo! ¡tiene la pluma! ¡El robo la tinta y ahora escribe libros con eso y atrapa a la gente! -
Exclamó Roan.

- Debemos ir al departamento, rápido allá están todas nuestras cosas, tendremos tiempo
suficiente para idear un plan -. Dijo Matteo.

- ¿Qué tipo de plan? - Cuestiono Roan.

- Tenemos que encontrar la manera de robarle la pluma a ese viejo.

- ¿Cres que mamá y papá están dentro de uno de sus libros?


- Se perfectamente dentro de que libro están.

Dicho esto, ambos hermanos salieron de casa camino al departamento listos para idear un plan
para traer de vuelta a sus padres.

Mientras Roan aún analizaba el libro Matteo buscaba elementos útiles abriendo cajones de forma
rápida y brusca, parecía desesperado.

- Matt, enserió planeas meterte en esa casa y simplemente, ¿Robar?

- Sí. - Repuso Matteo de forma obvia dedicándole una mirada de confusión a Roan.

Roan frunció el ceño en desacuerdo.

- Roan sé que no parece correcto pero ese viejo ha estado desapareciendo a personas inocentes
por dos años, si le quitamos la pluma podremos recuperar a nuestros padres y sacar a todas las
otras personas, luego destruiremos la pluma.

- Matteo no. Recuerda la advertencia, para empezar, no puedes sacar a nuestros padres solo con
la pluma, necesitaremos la tinta y eso es peligroso, nuestros padres abortaron el plan porque usar
la sangre de sirena les daría problemas y unos bien graves.

Matteo bajo su mirada hacia el libro que Roan había anteriormente dejado en la mesa, se detuvo a
pensar.

- Nuestros padres, ¿Cómo se enteraron de los efectos de la sangre de sirena? Ellos no detenían sus
planes tan fácilmente.

- No lo sé, pero no creo que sea la prioridad del asunto.

- Tienes razón.

- Hay otra cosa más que me preocupa Matt. Si se supone que la pluma oculta los actos de quien la
usa, ¿Cómo es que lo descubrimos realmente?

- Mamá escribió sobre que la pluma que encontraron era de una paloma, eso debe de funcionar
diferente.

- Supongo.

Entonces Matteo se topó con un recuerdo de aquella triste noche de hace dos años atrás.

- Roan, las rosas. Esa noche entró un gato negro a casa con dos rosas, el patio de Roger está
repleto de ellas.

- Entonces cada rosa representa una persona, excelente ¿qué se supone que haremos con eso?

- Honestamente no estoy seguro.


Matteo volvió a mirar el libro, su mirada repasaba cada trazo de los dibujos de su padre con
nostalgia, cuando dio con el dibujo de la sirena se detuvo de golpe.

- ¡Eso es! ¿Cómo no se me ocurrió antes?

- ¿Qué?

- Debe haber algún antídoto, o anti-magia o algo así, otra tinta mágica que revierta el hechizo de la
sangre de sirena.

De inmediato Roan tomó el libro y fue repasando cada capítulo.

- "Cenizas de un fénix", "escamas de dragón", "pelaje de hombre lobo", "colmillos de vampiro",


"ojo de serpiente"... Ew ¿Por qué querrían nuestros padres un ojo de serpiente?

- ¿de todo lo que leíste eso es lo único que te sorprende?

- Bueno, sin duda cuando logremos sacar a nuestros padres del libro en el que estén les tengo
muchas preguntas.

Siguió leyendo y volvió hablar cuando se sorprendió con un ser mágico que le pareció conocido.

- ¡Mira! "Mensajeros de las sombras" Dice que suelen tomar forma de algún animal con oscuro
pelaje, expresan misterio y siempre están fríos, solo salen de noche y suelen entregar confusos
mensajes, generalmente tienen dueño, sus dueños suelen ser magos poderosos.

- Espera, ¿Cres que el gato era un mensajero de un mago?

- Tendría sentido.

- Supongo que lo tiene, ¿Qué más dice?

- Dice que los magos suelen vivir alrededor de 200 años, y pueden cambiar su apariencia a su
gusto.

- Es decir, un señor mágico de 100 años perfectamente puede lucir como un niño de 5 años si así lo
desea.

- Me parece espeluznante.

- Sin duda lo es.

Roan siguió ojeando el libro hasta que Matteo lo detuvo, mientras sacaba un lápiz de su bolsillo.

- Ahí, eso, detente. Vuelve unas páginas atrás, jure haber visto el dibujo de una...

Matteo se quedó quieto con una mano en el bolsillo, su mirada fija en el libro en la página donde
se detuvo Roan, el dibujo de una rosa.

- ¡Sí! -. Exclamó Roan. - Eso es Matteo, las hadas rojas, viven dentro de las rosas porque sus
pétalos las ayudan a ocultarse y camuflarse de manera perfecta ya que tienen muchos
depredadores porque su polvo de hadas es el antídoto más efectivo de casi cualquier hechizo.
Matteo no parecía estar escuchando a Roan, su mano se movía despacio dentro de su bolsillo,
buscando, mientras el resto de su cuerpo permanecía quieto.

Comenzó a temblar y busco en su otro bolsillo. Nada.

Ni un lápiz, ni dinero, ni una llave.

Subió su mirada buscando los ojos de Roan.

- Matt, ¿pasa algo?

- La llave, el baúl. No la tengo.

Los ojos de Roan se abrieron de golpe por la sorpresa.

- Marlena.

Siendo las 5 de la mañana Marlena volvió a despertar extrañada por el silencio de su entorno.

Salió de su cama y se dio cuenta que sus hermanos ya no estaban en casa.

Aburrida y sin entender del todo lo que sentía bajo a la cocina a por un vaso de agua para dar el
recorrido nocturno que ya se le había hecho bastante común en los últimos dos años. Pasando por
la sala de estar vio una chaqueta verde que reconoció de cuando era pequeña y su padre solía
usarla, ahora la usaba Matteo.

Un sentimiento de tristeza y enojo golpeó su pecho y subió hasta su garganta formándole una
abrumadora sensación como un nudo de emociones las cuales amenazaban en salir por sus ojos
en forma de lágrimas. Tomo la chaqueta y la paso por sus hombros, a pesar de no tener frío estaba
temblando. Sintió un peso en el lado derecho de la chaqueta y su mirada bajo al pequeño relieve
en el bolsillo. Curiosa metió su mano entre la cálida tela y un escalofrío recorrió todo su cuerpo de
arriba a abajo cuando sus dedos hicieron contacto con un frío metal de poco peso.

Saco el objeto del bolsillo y una antigua llave brillo ante la luz de luna que entraba por las
ventanas. Reconoció la cerradura y lentamente fue dirigiéndose hacia el sótano no muy segura de
lo que estaba haciendo.

Bajo cada uno de los escalones sin despegar la vista de la llave que se calentaba en su mano,
cuando llego al último escalón no se detuvo y la oscuridad rodeo cada parte de su cuerpo, no se
sintió consumida por ella simplemente se entregó al misterio de aquellas sombras que la
abrazaban.

Siguió adelante, su cuerpo dejó de temblar, llegó al baúl que aparecía en sus pesadillas cada
noche, sin dudarlo empujó la llave contra la cerradura de forma lenta.
Por un momento se mantuvo en silencio percibiendo el entorno buscando aquel miedo que solía
detenerla, pero no encontró nada y giro la llave.

- ¿No que siempre dejas la llave en la chaqueta de papá?

- Dejé la chaqueta en casa, salí con prisa.

- No creo que Marlena este despierta, aún es muy de madrugada, y si lo está dudo que fuera de su
cama.

- Debe estar despierta, nunca duerme lo suficiente, a pesar de su radiante sonrisa y constante
alegría, siempre lleva unas ojeras colgado de sus ojos como un par de bolsas de basura.

Roan asintió mientras bajaban por la escalera de emergencia del edificio saltando los escalones de
dos en dos.

Llegaron al auto, Matteo subió de conductor y Roan de copiloto.

- Matt, aún no estamos seguros de que funcione el polvo de las hadas rojas, tampoco sabemos
cómo usarlo.

- Lo sé, pero antes de todo debemos asegurarnos de que Marlena este bien.

Partieron rumbo a casa.

...

Marlena se asomó al interior del baúl, al inicio le pareció vacío, entonces se sobresaltó cuando su
cabeza choco con una luz que colgaba justo arriba de ella, estiro su mano al frente encontrando un
interruptor.

"Tanto tiempo evitando este lugar por miedo a la oscuridad y resulta que tenía luz... " – Pensó
Marlena y frunció el ceño sintiéndose patética.

Sus pensamientos volaron hacia alguna otra parte cuando dentro del baúl vio solo 1 libro y 2 rosas.
Dos rosas de un rojo intenso y hermoso a pesar de estar cortadas hace quien sabe cuánto tiempo.

Tomo el libro y limpio el poco polvo que tenía sobre la tapa dura, "Yara y el cáliz del océano".

Paso cada una de las páginas del libro entre sus dedos y sintió un aroma familiar y algo encerrado
que le hizo sentido ya que el libro estaba guardado ahí hace bastante tiempo. Allí sentada
comenzó a leer y se topó con un marcapáginas casi a mitad del libro. Reconocía parte de la
narración como la solían escribir sus padres sin embargo el escritor era un sujeto llamado Roger
Pierce y ella no lo conocía.

Leyó las páginas en las que se encontraba el marcador llevándose una sorpresa inesperada.

"Yara" la protagonista del libro, se encontraba en un campo de hortensias conversando con una
bella mujer de largos cabellos pelirrojos y unas cuantas pecas en su rostro, la mujer estaba
sentada al lado de un hombre que dibujaba las hortensias más cercanas.

Mientras Marlena leía su corazón palpitaba fuertemente dentro de ella, su vista comenzó a
nublarse mientras leía las características de los personajes reconociendo aquellos rasgos de sus
padres que tanto extrañaba.

Continúo leyendo hasta que se topó de frente con los nombres de sus padres.

-"Clara y Soren" -. Leyó en voz alta y lágrimas saladas comenzaron a recorrer sus mejillas con tal
desesperación que parecía que se las había estado guardando mucho tiempo, mucho más del que
nunca había soportado.

Sus dedos presionaban con fuerza las páginas del libro, sus lágrimas no cesaban y sus labios se
entreabrían dejando escapar sollozos ahogados que se escapaban de su garganta. Las letras del
libro tomaron un intenso tono dorado brillando de forma amenazante, Marlena observó cada una
de ellas perpleja y sin poder detener el llanto.

Una sola de sus lágrimas resbaló por la punta de su nariz cayendo sobre el nombre escrito de sus
padres y sus tres deseos se hicieron realidad.

Roan abrió la puerta de casa mientras Matteo subía rápido a la habitación de Marlena.

- No está. - Dijo y Roan comenzó a buscar por el resto de la casa.

- ¡Marlena!

La chaqueta tampoco estaba mas no querían acabar con sus esperanzas y así ambos buscaron por
toda la casa, en cada habitación, atrás de cada mueble hasta que inevitablemente se dirigieron al
sótano.

- La puerta está abierta. - Menciono Roan con la garganta seca.

Ambos hermanos bajaron hasta llegar al baúl, encontrándose con una tenue luz encendida que
colgaba sobre este.

El baúl estaba abierto.


Bajaron la mirada al suelo encontrándose con el libro que el misterioso gato negro les entregó
hace dos años atrás.

En la página en que estaba abierto había un dibujo con la tinta aún fresca como si alguien lo
hubiese hecho recientemente, el dibujo mostraba a una mujer en un campo de hortensias
abrazando a una niña ambas con una hermosa cabellera pelirroja y un hombre alto abrazando a
ambas con un lápiz en la mano.

El dibujo transmitía un cariño impresionante.

Matteo y Roan sabían que no debían leer ni una sola palabra del libro y lo cerraron de golpe.

Escucharon un maullido atrás de ellos, voltearon encontrándose con el gato negro que movía su
cola con pocos ánimos, les dedico un último maullido y se deshizo en las sombras. Matteo y Roan
bajaron su vista al suelo encontrándose con lo que ya temían.

Ahora había tres rosas.

Una lagrima resbaló por la mejilla de Matteo y cayó directo al suelo.

Marlena había desaparecido.

Sin decir ni una palabra Matteo y Roan forzaron la cerradura de su casa vecina listos para ir en
busca de polvo de hadas.

Apenas se acercaron a las rosas estas los agarraron como cuerdas, ensanchando sus tallos
atrapándolos y encerrándolos entre sus espinas que se les incrustaban por todo el cuerpo. Matteo
y Roan desesperados agitaban sus brazos y piernas intentando liberarse, pero era inútil,
intentaron gritar, pero por su boca solo salieron rosas y espinas.

Los matorrales de rosas crecieron haciéndolos desaparecer tal cual habían soñado como le ocurría
al baúl una y otra vez.

Los matorrales volvieron a la normalidad y el sol comenzó a salir poco a poco por detrás de la
montaña, dándole color al mundo.

Una paloma se hallaba posada sobre las bellas rosas, en calma.

El gato negro la observaba desde abajo maullando.

La paloma con un intenso brillo se transformó en una chica humana de cabello oscuro.

El gato subió a su hombro ronroneando.

La chica salió de entre los matorrales permitiendo que la luz del sol mañanero tocara cada facción
de su rostro, inspiro una gran bocanada de aire, la contuvo un instante y la soltó con fuerza
dejando caer un poco del peso de la decepción sobre sus hombros. Se enderezo de forma suave y
sus labios formaron una leve sonrisa.

- Se lo advertí a Clara y Soren cuando tomaron mi pluma, se lo advertí a sus hijos con rosas como
mensaje, y también se lo advertí a Marlena. Toda magia requiere un sacrificio. – Dijo Giselle.

También podría gustarte