INCONSTITUCIONALIDAD DEL DNU 70 (Recuperado Automáticamente)
INCONSTITUCIONALIDAD DEL DNU 70 (Recuperado Automáticamente)
En efecto, el ya mencionado art. 99 inc. 3 de la Constitución Nacional establece que el Poder Ejecutivo
Nacional solamente podrá emitir disposiciones de carácter legislativo “…cuando circunstancias
excepcionales hicieran imposibles seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución
para la sanción de las leyes...”.
También ha sostenido que incumbe al Poder Judicial de la Nación evaluar el presupuesto fáctico que
justificaría la adopción de tal tipología de decretos y analizar las circunstancias invocadas para evaluar si
aparecen como genéricas, dogmáticas o irrazonables (ver Considerando 11 del mencionado caso
“Consumidores Argentinos”).
El Alto Tribunal advirtió, asimismo, que la lectura del debate de los constituyentes de la reforma de 1994
permite inferir de una manera clara que, con sustento en el Núcleo de Coincidencias Básicas, la idea al
introducir los Decretos de Necesidad y Urgencia fue ponerles un límite como práctica generalizada, para
ceñirlos y atenuar el presidencialismo (ver Considerando 5 y Diario de Sesiones de la Convención General
Constituyente, Santa Fe, Paraná, 1994, Secretaría Parlamentaria, T.II, Pags.2020/2021).
La propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, a partir del célebre caso “Verocchi Enzo c/Estado
Nacional” (sentencia del 19 de agosto de 1999), citado en todos los pronunciamientos ulteriores, sostuvo
que:
“para que el Presidente de la Nación pueda ejercer legítimamente las excepcionales facultades
legislativas que, en principio, le son ajenas, es necesaria la concurrencia de algunas de estas dos
circunstancias: 1) Que sea imposible dictar una ley mediante el trámite ordinario previsto por la
Constitución, vale decir que las Cámaras del congreso no puedan reunirse por circunstancias de
fuerza mayor que lo impidan, como ocurriría en el caso de acciones bélicas o desastres naturales
que impidan su reunión o el traslado de los legisladores a la Capital Federal o 2) Que la situación
que requiere solución legislativa sea de una urgencia tal que deba ser solucionada inmediatamente,
en un plazo incompatible con el que demanda el trámite normal de las leyes…”
A la luz de esta doctrina, que ha sido reiterada en numerosos casos (ver, entre muchos otros, “Pino
Seberino y otros c/ Estado Nacional” CSJN, sentencia del 7 /10/2021, etc.) surge de una manera evidente
que no se dan los requisitos de referencia porque no se han alegado con sólido sustento objetivo las
circunstancias de fuerza mayor que impidan la intervención del Poder Legislativo.
En efecto, la lectura de los considerandos del DNU 70/23, revela que solo se ha llevado a cabo una
dogmática y genérica enunciación de un estado de crisis en diferentes ámbitos, que se aspira a remediar
con modificaciones permanentes y no de coyuntura, a normativas legales, y sin efectuar una correlación
precisa de la urgencia y de la necesidad inmediata. La mera alusión a que “se pone en riesgo el normal
funcionamiento del país” y que el tema “no admite dilación alguna” no es suficiente.
Cabe destacar, al respecto, que el Alto Tribunal ha afirmado con énfasis que la simple mención a una
crítica situación por la que se atraviesa y a la emergencia económica y financiera no es idónea para alterar
la forma republicana ya que se trata de apreciaciones subjetivas, de textura abierta que pueden aparecer
vacías si no se acompañan de una argumentación sólida (ver Considerando 15 del citado fallo
“Consumidores Argentinos”).
Por otra parte, el Poder Ejecutivo Nacional, no ha efectuado fundamentación alguna que evidencie el daño
que produciría la dilación de transitar por los carriles previstos por la Constitución Nacional para la sanción
de las leyes y cabe poner de manifiesto que no son atendibles las adjetivaciones sin base, en las que
abundan los considerandos (“situación desesperante”, “genuina situación de emergencia” “agravamiento
de la crisis”; etc.).
Tanto la Corte Suprema de Justicia de La Nación, como la doctrina constitucional, han coincidido en que la
imposibilidad de seguir con los trámites preestablecidos para la sanción de las leyes, debe identificarse
con catástrofes que originan una fuerza mayor que impide la posibilidad de que los legisladores se reúnan
y los ejemplos mencionados por el Alto Tribunal han sido “situaciones bélicas “y “desastres naturales”. La
Corte ha aludido a ejemplos extremos y ha desactivado menciones genéricas de crisis o de emergencias.
Germán Bidart Campos ha sostenido que las excepciones se remiten a hechos excepcionales,
interpretados en forma restrictiva para no desvirtuar la división de poderes y el principio general prohibitivo
que impide al Presidente emitir actos legislativos. Agrega también, está en el Poder Judicial evitar estos
excesos y solo admitir la excepción cuando se basa en circunstancias objetivas que realmente generan
imposibilidad de que las Cámaras actúen. (“Tratado Elemental de Derecho Constitucional” T.II-B,
pags. 213 y sgtes.).
También Miguel Ángel Ekmekdjian advirtió la interpretación restrictiva de las invocaciones a la emergencia
y al caos que tienden a hacer los Poderes Ejecutivos y sostuvo que no debían admitirse, en particular
cuando se pretende introducir modificaciones permanentes a normas legales decantadas (“Tratado de
Derecho Constitucional” T. V, pag. 97).
A la luz de lo expuesto, no se infiere ni una situación bélica ni un desastre natural, ni ninguna circunstancia
de fuerza mayor imaginable que justifique este avance que transgrede las formas republicanas.
Tan clara surge la posibilidad cierta de que el Poder Legislativo se reúna que el propio Poder Ejecutivo
Nacional en el Mensaje N° 6/2023 convocó a Sesiones Extraordinarias al Congreso de La Nación a
partir del 26 de diciembre y hasta el 31 de enero del 2023, lo que implica ADMITIR sin duda alguna
la inexistencia de causas que impidan reunirse.
Lo reseñado revela, a todas luces, que subyace un intento de asumir funciones legislativas que se
torna más patético si se tiene en cuenta que el DNU 70/23 acumula una gran cantidad de contenidos
diversos y no se adecua, ni siquiera mínimamente, a la práctica que solo los ciñe a una sola temática
legislativa.
Esta observación última es relevante porque el exceso de poder en que se incurre aspira a reemplazar al
Congreso en la mayoría de sus competencias constitucionales.
Cabe destacar que los cinco escuetos y superficiales párrafos de los considerandos del DNU 70/23 no
permiten inferir, ni siquiera con buena voluntad de lectura, en que reside la necesidad y la urgencia en
modificar instituciones esenciales del Derecho del Trabajo que se mencionan en el Titulo IV, y por qué
razones es menester soslayar al Poder Legislativo para avanzar en forma peyorativa en los temas que se
mencionan superficialmente y que, por otra parte, no agotan el contenido de la reforma laboral (leyes
14.250, 20.744, 23.551; 24.013; 25.345; 25.877: 26.844, 27.555 y 25.323).
Las menciones genéricas a la idea de generar trabajo y la falta de crecimiento del empleo no se vinculan
con las iniciativas y, en todo caso, si se pretende llevar a cabo una reforma laboral, que se discuta en el
Congreso, como exige la Constitución Nacional.
Ya analizaremos las normas que se pretenden imponer y su antijuridicidad sustancial. Además, cabría
preguntarse en que se vinculan con esa afirmación voluntarista de que en ellas está la solución del
problema que se diagnostica muy linealmente y sin datos cabales.
En síntesis, el DNU 70/2023: 1) No reúne ninguna de las exigencias del art.99 inc. 3), de la Constitución
Nacional; 2) Implica una ilegitima asunción de potestades legislativas; 3) No se configura ningún supuesto
objetivo de “necesidad y urgencia” y, 4) No existe imposibilidad alguna de que se reúna el Congreso.
Prueba cabal es que, como ya fuera señalado, el propio Poder Ejecutivo, convocó a sesiones
extraordinarias para el 26 de diciembre del 2023, que se iniciarían apenas seis días después de dictar la
inconstitucional medida.
La reforma laboral incluida en el DNU 70/23, es una pretensión de modificación global del marco normativo
de las relaciones individuales y colectivas de trabajo que exige ser evaluada como un conjunto
inseparable: en lo individual un retroceso sustancial en el universo protegido por la tutela laboral y en los
niveles de protección; y en inescindible vinculación, un menoscabo mayúsculo de los medios de autotutela,
de acción colectiva y de debilitamiento del sujeto sindical.
Una reforma autoritaria por el modo y regresiva por los contenidos, que incluye a las leyes 20.744, 24.013,
23.545, 23.551, 14.250, 25.877 y el Estatuto del Viajante (ley 14.546). Por lo ambicioso puede calificarse
del intento de reforma laboral más profundo, desde la experiencia de la dictadura militar (1976/1983), con
principios y valores individualistas y de mercado por un lado y, de notoria antisindicalidad por el otro, que
alteran consensos compartidos por la comunidad, la doctrina y la jurisprudencia más actualizada
Un proyecto de reforma que combina la reducción del ámbito de aplicación de la Ley de Contrato de
Trabajo, la individualización de las relaciones de trabajo, una ampliación de los márgenes de ejercicio de
los poderes jerárquicos del empleador, una sensible degradación en los niveles de protección, una
segmentación de tutelas en el conjunto que va desde el período de prueba y que incluso afecta a quienes
lo han superado, la clandestinidad laboral impune y sin consecuencias y, desde la perspectiva de la
representación colectiva un propósito muy visible de retacear medios de acción colectiva, de limitar las
reuniones sindicales y de afectar el funcionamiento de las asociaciones sindicales.
Luego de 40 años de vida en democracia, nadie aventuraba que podría ponerse en debate la necesidad
de ordenar la vida en comunidad a partir de la Justicia Social, sin embargo, ello sucede y se nos obliga a
volver a fundamentar valor político y jurídico. Su condición de principio estructurante junto al protectorio de
las relaciones del trabajo en un Estado Social de Derecho, nunca había sido puesto en entredicho y al
hacerlo se agreden principios básicos del marco de derechos fundamentales: la igualdad ante la ley y la
progresividad de los derechos sociales y laborales.
En la Constitución Nacional se enumera en el art. 75 inc. 19 como atribución del Congreso de la Nación, la
de “proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia social” y, a su
turno, la propia Ley de Contrato de Trabajo en el art. 11 incorpora a los “principios de la justicia social”, en
materia de interpretación y aplicación de la ley. La Corte Suprema ha afirmado, sobre la Justicia Social,
con singular énfasis:
“Por lo contrario, si se produjera alguna duda en el llamado a interpretar el art. 14 bis, sería entonces
aconsejable recordar, además de lo que será expuesto infra (considerando 8°), la decisiva doctrina que
asentó esta Corte en el caso Berçaitz: "tiene categoría constitucional el siguiente principio de
hermenéutica jurídica: in dubio pro justitia socialis. Las leyes, pues, deben ser interpretadas a favor de
quienes al serles aplicadas con este sentido consiguen o tienden a alcanzar el 'bienestar', esto es, las
condiciones de vida mediante las cuales es posible a la persona humana desarrollarse conforme a su
excelsa dignidad" (Fallos: 289: 430, 436; asimismo: Fallos: 293:26, 27, considerando 3°). No fue por azar
que este precedente se originó en el contexto de los derechos sociales de la norma citada; tampoco es por
ese motivo que la justicia social se ha integrado expressis verbis, en 1994, a la Constitución Nacional (art.
75.23; "Aquino", cit., p. 3777/3778)” (Fallos: 330:1989, in re “Madorrán, Marta Cristina c/
Administración Nacional de Aduanas s/ reincorporación”, 3/5/2007).
“Desde otro punto de vista, el ya mencionado principio protectorio del art. 14 bis guarda singular
concierto con una de las tres obligaciones que, según el Comité de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, impone el PIDESC al Estado ante todo derecho humano: la de "proteger", por
cuanto requiere que este último "adopte medidas para velar que las empresas o los particulares"
no priven a las personas de los mentados derechos (v. Observación General N° 12. El derecho a
una alimentación adecuada (art. 11), 1999; N° 13. El derecho a la educación (art. 13), 1999; N° 14. El
derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud (art. 12), 2000, y N° 15. El derecho al agua
(arts. 11 y 12), 2002, HRI/GEN/1/Rev.6, págs. 73 C. párr. 15C, 89 C. párr. 50C, 104 C. párr. 35C y 123
C. párrs. A. 2652. XXXVIII. RECURSO DE HECHO Aquino, Isacio c/ Cargo Servicios Industriales S.A.
s/ accidentes ley 9688. Corte Suprema de Justicia de la Nación -15- 23/24C, respectivamente).”
(Fallos: 327:3753, “Aquino, Isacio c/ Cargo Servicios Industriales S.A. s/ accidentes ley 9688”, 21/9/2004).
Con estas pautas de interpretación de la Constitución, se analiza el Capítulo IV del DNU 70/23, una
Reforma Laboral Integral con cambios sustantivos en el marco normativo tanto de derecho individual como
colectivo, desarrollados en 44 artículos. Una evaluación, que no admite otro modo que efectuarla de
conjunto, permite ordenar las lesiones a garantías constitucionales en tres aspectos:
a) El ámbito de aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo se reduce por doble vía: la referencia a los
contratos del Código Civil y Comercial y la introducción de la categoría del trabajador independiente con
colaboradores; y, además se deroga el Estatuto del Viajante, ley 14.546.
b) La protección legal se reduce en materia de principios, presunciones, niveles de tutela, deja de lado el
mecanismo de sanciones laborales por la elusión de normas imperativas, la protección contra los actos
discriminatorios, disponibilidad en materia de jornada, medios de pago admitidos, para identificar los más
relevantes,
Esta regresión general se expresa en el conjunto normativo de la reforma laboral, de las que se han
seleccionado algunas, paradigmáticas del criterio ordenador que la inspira, para examinar con cierto
detalle la apreciación que se viene de afirmar con alcance general.
Pero, con carácter previo a explicitar dichas precisiones es necesario volver a poner de resalto el
inaceptable punto de partida (que naturalmente se expresa en el resultado, al final del camino) que no es
otro que una exaltación de la libertad en búsqueda de una alegada “certeza de los costos del trabajo” y del
acceso al trabajo para quienes aún no lo tienen. El renovado impulso de tendencias reformistas que
anudan, sin rigor conceptual ni evidencia empírica, sus intentos legislativos con reglas no escritas de la
economía que “imponen” vaciar de contenidos la legislación laboral y de toda representación colectiva a la
clase trabajadora.
Ya el Tribunal Cimero, nos proveyó en un caso señero de una pauta muy ajustada a la hora de
reglamentar “para intervenir por problemas de mercado” en aspectos laborales:
“Consentir que la reglamentación del derecho del trabajo reconocido por la Constitución Nacional,
aduciendo el logro de supuestos frutos futuros, deba resignar el sentido profundamente
humanístico y protectorio del trabajador que aquella le exige; admitir que sean las “leyes” de dicho
mercado el modelo al que deban ajustarse las leyes y su hermenéutica; dar cabida en los estrados
judiciales, en suma, estos pensamientos y otros de análoga procedencia, importaría (aunque se
admitiere la conveniencia de dichas “leyes”), pura y simplemente, invertir la legalidad que nos rige
como Nación organizada y como pueblo esperanzado en las instituciones, derechos, libertades y
garantías que adoptó a través de la Constitución Nacional”. (CSJN, in re “Vizzoti, Carlos Alberto
c/AMSA SA s/Despido”, 14/9/2004)
Nadie debería en la tercera década del siglo 21 aceptar desandar el proceso secular de consolidación de
un robusto ordenamiento de protección y garantías del débil contractual que el propio Código Civil y
Comercial de la Nación ha acentuado y, en nuestra materia el trabajador como sujeto de tutela preferente,
de conformidad con la Constitución Nacional, los tratados de Derechos Humanos y los estándares
extendidos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y de los sistemas de supervisión y control en el
sistema regional interamericano e internacional (Corte Interamericana de Derechos Humanos y la
Organización Internacional del Trabajo). Una acción Estatal siempre ordenada a establecer mejores
niveles de protección y más derechos en un sentido unidireccional.
Al contrario del contenido de reforma incluida en el DNU 70/23, la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, en “Lagos del Campo”, ha puesto el acento en la necesidad de armonizar la “legislación social”,
para la protección de los derechos humanos fundamentales (individuales y colectivos).
No hay razón alguna que, como se afirmara al inicio, autorice a un Presidente de la Nación a imponer una
Reforma Laboral peyorativa. El Alto Tribunal resguarda la valla para que aquello no suceda cuando acude
al principio de progresividad, incorporado en la Constitución Nacional en el ya referido art. 75, inc. 19, en el
Pacto de Derechos Económicos y Sociales (art. 2) y en la Convención Americana de Derechos Humanos
(art. 26) sobre el que ha señalado:
“En ese sentido, la Corte Suprema, ha puesto de relieve que el "impulso a la progresividad en la
plena efectividad de los derechos humanos" sumado al principio pro homine determinan que "el
intérprete deba escoger dentro de lo que la norma posibilita, el resultado que proteja en mayor
medida a la persona humana” (Fallos: 344:1070, “Escalona, Martín Reynaldo y otro c/ Registro Nacional
de Trabajadores y Empleadores Agrarios (RENATEA) y otro s/ amparo ley 16.986”, 13/5/2021).
“Es que, no puede perderse de vista que el trabajador es sujeto de preferente tutela constitucional,
y que, en materia de hermenéutica, con arreglo al principio in dubio pro justitia socialis, la
preceptiva debe ser interpretada a favor de quienes, al serle aplicada con este sentido, tienden a
alcanzar el bienestar, esto es, las condiciones de vida a través de las cuales es posible a la persona
humana desarrollarse según su dignidad (dictamen de la Procuración General de la Nación a cuyos
fundamentos y conclusiones remitió la Corte Suprema en Fallos: 341:954, "Ortiz" y sus citas).”
344:1070, “Escalona, Martín Reynaldo y otro c/ Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores
Agrarios (RENATEA) y otro s/ amparo ley 16.986”, 13/5/2021).
El Máximo Tribunal, no deja hendija alguna que permita habilitar una regresión de alcances tan
vastos del Derecho del Trabajo, como la que se prohíja en el DNU 70/23 y menos aún bajo una
convicción filosófica que desplaza a los principios arquitectónicos de la Justicia Social y de Protección,
para entronizar los valores económicos del mercado. No hay debate, ni aún por los medios legislativos del
sistema democrático, que pueda encauzarse bajo dicha negación, La Corte Suprema, nos orienta en
idéntico sentido:
“Máxime si se tiene en cuenta que en la jurisprudencia de esta Corte se ha dicho que el principio
de progresividad o no regresión, que veda al legislador la posibilidad de adoptar medidas
injustificadamente regresivas, no solo es un principio arquitectónico del Derecho Internacional de
los Derechos Humanos sino también una regla que emerge de las disposiciones de nuestro propio
texto constitucional en la materia (confr. Fallos: 327:3753, voto de los jueces Petracchi y Zaffaroni,
considerando 10; Fallos: 328: 1602, voto -5- del juez Maqueda, considerando 10; Fallos: 331:2006,
voto de los jueces Lorenzetti, Fayt y Zaffaroni, considerando 5°)” (Fallos: 338:134; “Registro Nacional
de Trabajadores Rurales y Empleadores e/ Poder Ejecutivo Nacional y otros/ acción de amparo”,
24/11/2015).
Se presenta en primer lugar, una impugnación a la fuente formal por la que se intenta imponer una
Reforma laboral integral y, en el apartado que finaliza las razones fundadas para hacer el reproche global
del articulado con contenido laboral del DNU 70/23, un todo inescindible que se imbrica y se refuerza en
cada norma (individual y colectiva) y que exige ser considerado en su globalidad. Procuramos que se lo
evalúe de acuerdo a la pauta del Alto Tribunal:
“Cuando se cuestiona una norma de tal magnitud y su proyección sobre el sistema de relaciones
laborales en diferentes y múltiples facetas debe aplicarse un criterio global de potencialidad
dañosa y no ahondar en casuismo” (CSJN: Fallos A-201 LX del 11/11/2009 ,”Asociación de productores
c/ Estado Nacional” y “Procuración General, Dictamen Nro.20460, “Asociación de Trabajadores de la
Industria Lechera c/Estado Nacional, del 16/8/96, etc.)
Los profesores Titulares y Adjuntos regulares, consultos y eméritos de nuestra comunidad académica de
las Universidades Públicas del país, se han expresado con una muy representativa mayoría de manera
inequívoca sobre el contenido de la Reforma Laboral:
“Apelamos a las diversas instancias de control, sea el Congreso Nacional, representante de la soberanía
popular, como el Poder Judicial, como garantía de los derechos en su función de control de
constitucionalidad, a efectos de superar una situación que, en su defecto, pone en entredicho nuestro
régimen constitucional, fundado en la Justicia Social y el principio protectorio, emanado del artículo 14 bis
de la Constitución, como tutela específica de los trabajadores y trabajadoras.” (Una lista extensa que
incluye a los Profesores Eméritos Mario Ackerman y Consulto Juan Carlos Fernández Madrid y los
actuales Profesores Titulares regulares de Cátedra, Héctor Omar García, Amanda Caubet, Guillermo
Gianibelli, Pablo Juan P.Mugnolo, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Cesar
Arese y Carlos Toselli de la Universidad Nacional de Córdoba, Juan Orsini de la Universidad Nacional de
La Plata, Jorge Morresi de la Universidad Nacional del Sur, Abel de Manuele de la Universidad Nacional
del Litoral y Carlos Grillo de la Universidad Nacional del Nordeste).
Es fácil advertir que la aplicación inmediata del Título IV irroga un daño de relevancia tanto en las
entidades sindicales como en los trabajadores porque, como se ha reseñado, cercena los derechos
adquiridos de innegable protección constitucional en el art. 14 bis y en las normas internacionales.
En sus diferentes capítulos materializa daños tangibles al modificar con una pauta regresiva, entre otros
derechos:
1.- Deroga toda la normativa de la Ley 24.013 que sanciona y establece los mecanismos de reclamo
respecto al trabajo no registrado o deficientemente registrado. En consecuencia, no existe más sanción
para el empleador que no registra a los trabajadores o que lo hace de forma deficiente. En este sentido, si
el agravamiento indemnizatorio previsto por la Ley 24.013 no eliminó la existencia de trabajo fuera de todo
registro o el trabajo deficientemente registrado, la solución no es su derogación, ya que el evasor que
evadió durante la vigencia de la Ley 24.013 no va a registrar a los trabajadores por la derogación de ésta,
sino que por el contrario, al no existir una sanción prevista, la evasión será aún mayor. En un sentido
coherente con esta normativa, la Suprema Corte de la Provincia ha dicho: “Tal como se expresó en la
causa "Barone", mediante normas de este tenor el legislador intenta acoger aquellas relaciones informales
e ingresarlas al seno del derecho laboral, de manera que el trabajador goce oportuna y efectivamente de
los derechos que el ordenamiento contempla para quienes prestan servicios en relación de dependencia, a
la vez que lograr que la adquisición de los ingresos de esos trabajadores se realice dentro de las
condiciones que impone el sistema oficial, con la consecuente preservación del sistema de seguridad
social. Se señaló en relación a dichos preceptos de la Ley 24013 -en opinión que vale hacer extensiva
ahora al art. 1, Ley 25323- que no se advierte que este tipo de normas -a mi juicio razonables y adecuadas
para los fines que pretenden alcanzar (art. 28, Constitución Nacional)- vulneren derecho constitucional
alguno del empleador, quien siempre podrá evitar las onerosas consecuencias que las mismas hacen
derivar del incumplimiento de su obligación de registrar acabadamente las relaciones de trabajo. (Por
unanimidad, voto del Dr. Negri, al que adhirieron los Dres. Hitters, Genoud, Soria, Kogan y Pettigiani.)”.
(Segui, Juan Sebastián vs. EMAPI S.A. s. Despido /// SCJ, Buenos Aires; 10/12/2014; Rubinzal
Online; 108023; RC J 20/15). En pocas palabras, el DNU que se ataca viene a cambiar el criterio sentado
por la SCBA en el que se dijo expresamente que, a los fines de reducir o evitar el agravamiento de las
indemnizaciones laborales, el empleador debe cumplir con su obligación de registrar las relaciones
laborales de forma acabada. (Art. 53 del DNU 70/23);
2.- Elimina la sanción agravada prevista por el art. 9 de la Ley 25.013 ante la temeridad y malicia en la que
pudiera incurrir el empleador por el incumplimiento de la obligación al pago de las indemnizaciones por
despido incausado o por incumplimiento de acuerdo rescisorio homologado (Art. 54 del DNU 70/23);
3.- Deroga la Ley 25.323 que duplica las indemnizaciones previstas en la Ley 20.744 cuando, al momento
del despido, la relación laboral se encontraba sin registrar o deficientemente registrada. También elimina la
sanción impuesta al empleador que, ante la negativa a abonar las indemnizaciones previstas, obliga a
iniciar una acción judicial al trabajador a los fines de conseguir su cobro. Nuevamente, el DNU atacado
intenta modificar un criterio fuertemente asentado, esto es, el de sancionar a quien no cumple en término
con una obligación, máxime cuando obliga a su acreedor a iniciar una acción judicial para efectivizar el
cobro. Este es el sentido que le ha dado el legislador a la norma que el DNU deroga. Sobre ello, la SCBA
ha resuelto: “El art. 2, Ley 25323 contempla un agravamiento de las indemnizaciones por despido
injustificado generado por la dilación en el pago de éstas. Es decir, la sanción se vincula con la conducta
morosa del principal que, fehacientemente intimado, no abona en término dichos conceptos, obligando al
trabajador a iniciar acciones judiciales o instancias previas obligatorias para percibirlas, con la
consiguiente pérdida de tiempo y esfuerzo.” (Yotti, María Silvia vs. Camino del Abra S.A.C.V. s.
Indemnización por despido /// SCJ, Buenos Aires; 06/06/2012; Jurisprudencia de la Provincia de
Buenos Aires; 97035; RC J 9301/12). (Art. 55 del DNU 70/23);
4.- En igual sentido que lo referido en el punto anterior, elimina el agravamiento de la indemnización
prevista en el art. 50 de la Ley 26.844 ante la ausencia y/o deficiencia en la registración al momento de
ocurrir el despido. (Art. 58 del DNU 70/23);
5.- Deroga el art. 132 bis de la Ley 20.744 por el cual se sanciona al empleador que retiene aportes
destinados a la seguridad social y omite su integración. Al igual que a lo largo del todo el DNU, en este
supuesto también se intenta dejar impune al empleador que no cumple con sus obligaciones legales. En el
caso puntual del artículo 56 del DNU se elimina la sanción conminatoria que se impone al empleador que
incurre en el delito de evasión fiscal. Como ya lo ha dicho la Corte Suprema en el fallo Flores, Rebeca
Beatriz vs. Asociación Española de Beneficencia de Bahía Blanca s. Indemnización por despido
(SCBA, 25/02/2009; Jurisprudencia de la Provincia de Buenos Aires; L 91407; RC J 2833/10) “El art.
132 bis de la Ley de Contrato de Trabajo (conf. Ley 25345) es una disposición de neto corte sancionatorio,
introducida a la Ley de Contrato de Trabajo por la Ley 25345 de Prevención de la Evasión Fiscal”. (Art. 56
del DNU 70/23);
6.- Elimina la obligación impuesta a la autoridad administrativa o judicial de remitir las actuaciones a AFIP
para que esta última establezca si existen obligaciones omitidas en cuanto al pago de aportes y
contribuciones. En caso de que la autoridad administrativa o judicial omitiera esta remisión, ya no incurre
en incumplimiento de sus deberes como funcionario público. (Art. 56 del DNU 70/23);
7.- Aún más grave, en el supuesto de que un trabajador que se encuentre en estas condiciones, es decir,
sin registración, deficientemente registrado o con aportes retenidos y no integrados, y que haya celebrado
un acuerdo transaccional o conciliatorio con el empleador, dicho acuerdo hace cosa juzgada y será
oponible incluso a los organismos de la seguridad social, quienes ya no podrán reclamar la integración de
dichos aportes. (Art. 56 del DNU 70/23);
8.- Deroga la sanción impuesta al empleador que no hace entrega de los certificados de trabajo y
certificación de servicios previstos en el art. 80 de la Ley 20.744. (Art. 56 del DNU 70/23);
9.- Deroga el art. 50 de la ley 26.844, el cual impone un agravamiento de la indemnización por despido del
personal de casas particulares cuando exista ausencia y/o deficiencia en la registración. Al igual que en
otros puntos del mismo DNU, en este supuesto se intenta reducir el costo de las indemnizaciones por
despido en perjuicio de los trabajadores. En pocas palabras, para el empleador seria igual de costoso
despedir al trabajador o trabajadora que se encuentre perfectamente registrado, que despedir a aquel
trabajador o trabajadora que se encuentre deficientemente registrado o totalmente sin registrar. Es claro
que este tipo de normativa solo generará una mayor tasa de empleo clandestino ya que no existe sanción
alguna para el empleador que no cumple con la registración del personal dependiente. (Art. 58 del DNU
70/23);
10.- Elimina la obligación de registración de la relación laboral por el verdadero empleador. Al modificar el
art. 7 de la Ley 24.013 ya no refiere al empleador que inscribe al trabajador, sino que refiere a que el
trabajador este inscripto en las formas que el mismo Poder Ejecutivo establezca, sin especificar quién
debe registrarlo (Art. 59 del DNU 70/23);
11.- Permite que la registración del trabajador la efectúe “cualquiera de las personas intervinientes” lo que
va en contra de la unánime jurisprudencia desde el Plenario Vázquez de la CNAT que ha resuelto que, a
los fines de evitar situaciones de fraude a la ley laboral y evitar la tercerización, la registración debe
efectuarse por quien resulta ser el real empleador, correspondiendo en consecuencia, las indemnizaciones
agravadas por falta de registración. (Art. 60 del DNU 70/23);
12.- Permite al empleador que, ante la falta o deficiencia en la registración que se confirme mediante
sentencia condenatoria firme, se establezca un sistema de intereses menos gravoso y facilidades de pago.
De esta manera, ya no existe obligación de registrar por el verdadero empleador, no existe penalidad para
el empleador que no registra, no existe obligación de remitir las actuaciones a AFIP por parte de la
autoridad administrativa o judicial que detecte posibles incumplimientos en cuanto a la obligación de
integrar los aportes destinados a la seguridad social. Solo ante la sentencia condenatoria firme se podrá
reclamar al empleador por estos incumplimientos, PERO CON UN SISTEMA MENOS GRAVOSO Y CON
FACILIDADES DE PAGO. (Art. 62 del DNU 70/23);
13.- Promueve la extinción del vinculo por “mutuo acuerdo” al permitirle al trabajador que, frente a la
extinción del contrato de trabajo en los términos del art. 241 de la Ley 20.744, el trabajador pueda acceder
también a la prestación por desempleo, lo que antes estaba vedado al trabajador. En este sentido, se
promueve la utilización de esta figura que, en innumerables casos ha sido utilizada para esconder un
verdadero despido. (Art. 64 del DNU 70/23);
14.- Promueve el fraude a la ley laboral al excluir expresamente del ámbito de aplicación de la Ley 20.744
a las contrataciones de obra, servicios, agencia y todas las reguladas en el Código Civil y Comercial. (Art.
65 del DNU 70/23);
15.- En igual sentido que el punto anterior, dan por tierra las bases que consolidan el derecho laboral y que
reconocen como fundamental el “principio protectorio” al limitar el “in dubio pro operario” mediante el cual
los jueces deben resolver en el sentido mas favorable al trabajador. Esta reforma agrega que lo jueces
deben “agotar todos los medios de investigación a su alcance” y que debe persistir una “duda probatoria
insuperable”, agregando expresamente que “los hechos deben ser probados por quien los invoca” dando
por tierra los principios generales del derecho del trabajo que protegen al trabajador que se encuentra en
una clara situación de disparidad y obligándolo a probar, en muchas ocasiones, hechos que le serán
imposible demostrar o que podrían ser mas fácil de demostrar para el empleador. De esta manera se esta
premiando al empleador incumplidor a quien solo le bastaría con negar los hechos alegados por el
trabajador y esperar a que este demuestre cada uno de los extremos alegados, lo que contraría la doctrina
legal de la Corte Suprema que establece: “El proceso no debe concebirse en términos sacramentales, en
tanto cada pleito nace y se desarrolla con particularidades que lo hacen pasible de un análisis singular,
impidiendo la aplicación automática de las normas. En caso de duda debe propiciarse la interpretación
más favorable al trabajador, conforme al principio hermenéutico de jerarquía constitucional incorporado en
el artículo 39, inciso 3º de la Carta Magna provincial (según el voto del Dr. Hitters)” (SCJBA, 3-11-2004,
“Lione, Adela c/Hospital Interzonal General de Agudos s/Accidente de trabajo”, JUBA,
www.rubinzalonline.com.ar, RC J 9225/07) y “Los artículos 8º y 11 de la ley 24.013 no pueden ser
interpretados con criterio restrictivo en beneficio del evasor, pues ello contraría el propósito de la ley y el
principio sentado en el artículo 9º, 2º párrafo de la Ley de Contrato de Trabajo”. (SCJBA, 27-2-2008,
“Aguirre Cruzado, Othon M. c/Aser y otro s/Despido, etc.”, JUBA, www.rubinzalonline.com.ar, RC J
6340/1). (Art. 66 del DNU 70/23);
16.- Limita el principio de irrenunciabilidad, autorizando a homologar judicial o administrativamente
acuerdos que se celebren para modificar elementos esenciales del contrato de trabajo o su extinción por
“mutuo acuerdo”. A su vez, elimina los derechos adquiridos según los contratos individuales de trabajo. En
este sentido, tiene dicho la Suprema Corte: “En materia laboral, tanto la libertad contractual cuanto la
autonomía de la voluntad se hallan limitadas por la imposición legal de mínimos inderogables que –
dirigidos a proteger al trabajador, que por mandato constitucional es un sujeto de tutela jurídica preferente
(arts. 14 bis, CN y 39 de la Const. Prov.)– resultan irrenunciables para éste. En consecuencia, en el ámbito
de esta clase especial de contratos –los de trabajo– los principios contemplados por los artículos 1137 y
1197 del Código Civil aparecen relativizados por las reglas específicas receptadas en los artículos 12 y 13
de la Ley de Contrato de Trabajo.” (SCJBA, 30-5-2012, “Zitti, Aleramo J. c/Compañía Papelera Sarandí
SA y otro s/Comisiones impagas”, JUBA, www.rubinzalonline. com.ar, RC J 9293/12). (Art. 67 del
DNU 70/23);
17.- Limita la presunción de existencia de la relación laboral establecida en el art. 23 de la Ley 20.744 al
excluir expresamente de la misma las contrataciones de obra, de servicios profesionales o de oficios en los
que se hayan emitido facturas de recibo. Es claro que el artículo atacado viene a facilitar el camino de
aquellos que han disfrazado una verdadera relación de dependencia detrás de locaciones de servicios o
mas bien de falsos autónomos, a quienes se los obliga a inscribirse en un monotributo y emitir factura de
los salarios que perciben. Ergo, los trabajadores que se encuentren en esta situación ya no serán
alcanzados por la presunción del art. 23, lo que resulta totalmente regresivo al igual que la mayoría de los
artículos que en el presente se atacan. Al respecto, la doctrina legal de la Corte Suprema de Buenos Aires
ha expresado: “Una de las aplicaciones del principio protectorio, que emana del artículo 14 bis de la
Constitución Nacional y del artículo 39 de la Constitución provincial, lo constituye la regla de facilitación al
trabajador de la prueba en el proceso y el principio de la realidad, expresado a través de distintas
presunciones contenidas en la Ley de Contrato de Trabajo y en las leyes procesales, con el firme
propósito de excluir las hipótesis de fraude, y de constituir garantías que refuercen los derechos
sustanciales, de allí que, sobre dicha base, deberá ser interpretado y analizado el artículo 23 de la Ley de
Contrato de Trabajo, sin adicionar cuestiones que la ley no impone para su aplicación (del voto del Dr.
Kogan).” (SCJBA, 11-3-2009, “Hourcouripe, Julio A. c/ Hourcouripe, Juan P. s/Despido”, JUBA,
www.rubinzalonline.com.ar, RC J 5289/10). (Art. 68 del DNU 70/23);
18.- Elimina la regla en la que el trabajador será considerado empleado de quien utiliza la prestación de
servicios, agregando que se considerará empleado de aquellos que registren el vínculo, promoviendo
nuevamente los casos de fraude en los que se registran a trabajadores bajo un empleador posiblemente
insolvente, infracapitalizado y que, inclusive, hacen figurar bajo un Convenio Colectivo de Trabajo menos
beneficioso para el trabajador, cuando según la actividad del empleador que utiliza en definitiva los
servicios del trabajador, correspondería un Convenio Colectivo superador. (Art. 69 del DNU 70/23);
19.- Elimina la obligación directa del empleador de retener e integrar cuotas, aportes periódicos o
contribuciones a que estuviesen obligados los trabajadores en virtud de normas legales o provenientes de
las convenciones colectivas de trabajo o que resulte de su carácter de afiliados a asociaciones
profesionales de trabajadores con personería gremial o de miembros de sociedades mutuales o
cooperativas así como por servicios sociales y demás prestaciones que otorguen dichas entidades. A su
vez, Como ya fuera expuesto en el punto 8 del presente, elimina la indemnización prevista en el art. 80 de
la Ley 20.744 por el incumplimiento en cuanto a la entrega del certificado de trabajo y la certificación de
servicios. (Art. 70 del DNU 70/23);
20.- Eleva considerablemente el plazo del período de prueba de 3 a 8 meses. Pero no solo eso, también
cambia las reglas establecidas por el art. 92 bis de la Ley 20.744. El cambio mas grosero en estas reglas
es que elimina el punto 3 del art. 92 bis, el cual establece la obligación del empleador de registrar al
trabajador que comienza su relación laboral por el período de prueba. Es decir, el DNU no solo deja
impune al empleador que no registra una relación laboral, sino que también elimina la obligación de
registrar al trabajador desde la primera hora del primer día de trabajo. También elimina el punto 7 del art.
92 bis, el cual dice que el periodo de prueba se computará como tiempo de servicio a todos los
efectos laborales y de la Seguridad Social. Entonces, no solo eliminan la obligación de registrar desde
el primer día de trabajo sino que también eliminan 8 meses de antigüedad del trabajador, toda vez que el
tiempo de servicios comenzará a contar una vez que se haya vencido ese periodo de prueba (Art. 71 del
DNU 70/23);
21.- Limita las facultades de control que tiene la autoridad de aplicación que determino que se debe
abonar la remuneración del trabajador por depósito bancario en cuenta sueldo abierta a nombre de este.
El artículo del Decreto atacado da la posibilidad al empleador de cumplir con el pago de las
remuneraciones en efectivo, lo que históricamente ha generado controversias, ya que en muchas
ocasiones se ha obligado a los trabajadores a firmar recibos de sueldo por montos que no eran los
percibos realmente. El artículo es retrogrado por donde se lo mire (Art. 72 del DNU 70/23);
22.- Tal como se ha sostenido en otros puntos del presente, mediante el presente artículo, el DNU
promueve la tercerización. Es decir, tomar mano de obra a través de empresas interpuestas. En este
artículo, se faculta a la empresa tomadora de servicios a retener los aportes destinados a la seguridad
social correspondientes a un trabajador que presta servicios en su favor pero colocado por una empresa
intermediaria. Por lo tanto, para que la empresa tomadora no corra riesgos de ser demandado por
eventuales incumplimientos de la empresa intermediaria, el artículo lo faculta a cumplir directamente con
las cargas sociales e incluso con el pago de las remuneraciones. En este sentido, el articulo vuelve a
promover la tercerización, lo que se conjuga con lo que el propio art. 69 del DNU dispone al decir que
“Los trabajadores serán considerados empleados directos de aquellos que registren la relación
laboral, sin perjuicio de haber sido contratados con vistas a utilizar su prestación o de
proporcionarlos a terceras empresas”. En consecuencia, no solo favorece la tercerización, sino que
también limita la responsabilidad de quien utiliza efectivamente la prestación de servicios del trabajador
(Art. 74 del DNU 70/23);
23.-
que reclama las indemnizaciones de leyyes laborales cuando la exclusión del ámbito personal la Ley de
Contrato de Trabajo a personas físicas que podrían ser dependientes (art. 5), la irrenunciabilidad (art. 67),
la presunción de existencia del contrato de trabajo (art.68), la extensión del periodo de prueba (art. 71), la
creación de injurias especificas reñidas con la libertad sindical (art. 80) la reducción de los montos
indemnizatorios (art. 81), la imposición de una moratoria imperativa para el pago de las condenas (art. 85).
En lo que hace al Derecho Colectivo, en su art. 87 afecta, como ya se vio, el derecho de reunión y de
expresión colectiva al limitar las asambleas y congresos y a su vez vulnera la libertad sindical, garantizada
con énfasis tanto por el art.14 bis de la Constitución Nacional, como el Convenio 87, de innegable carácter
superior en la jerarquía normativa, en los términos del art. 75 inc.22 de la Constitución Nacional y con
sustento la actual doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. (Fallos A-201-LX, “Ate c/
Estado Nacional” sent. Del 11/11/2008, entre muchos otros).
Asimismo, limita sin ningún sustento ni jurídico ni normativo, el Derecho de Huelga. Extrapola en forma
irrazonable, como se dijo, el concepto de servicios esenciales y amplía de manera irrazonable el concepto
de servicios de importancia trascendental para reducir al mínimo las medidas de acción directa y la
autotutela de los trabajadores.
Finalmente, al sólo fin de poder dar una idea de la magnitud del proyecto regresivo que se impugna, se
han identificado aspectos y normas paradigmáticas que son analizadas en forma somera al sólo fin de
confirmar la antijuridicidad del mismo y el desprecio por los valores sobre los que se ha construido el
derecho individual y colectivo del Trabajo en la República Argentina.
Con arreglo a los principios señalados, las normas concernidas y los criterios del Alto Tribunal, se analizan
los contenidos antijurídicos más paradigmáticos del derecho individual que se introducen en el decreto
contrarios a la Constitución Nacional y los Tratados de Derechos Humanos.
Y, como se precisa a continuación, con carácter general puede observarse que el eje ordenador en
materia individual es la libertad de calificación del vínculo contractual en línea con el nuevo art. 958 del
CCyC, apartándose de la noción de limitación de la autonomía de la voluntad y del Orden Público Laboral,
manifestados en su forma más extrema en el cambio de la presunción del art. 23, retaceando sus alcances
de modo notorio y con la creación de una categoría del “trabajador independiente” en la sistemática de la
protección del trabajador “dependiente” en una suerte de oxímoron regulatorio.
ÁMBITO DE APLICACIÓN
DNU 70/23. ARTÍCULO 65.- Sustitúyese el artículo 2° de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus modificatorias
por el siguiente:
“ARTÍCULO 2°.- Ámbito de Aplicación. La vigencia de esta Ley quedará condicionada a que la aplicación
de sus disposiciones resulte compatible con la naturaleza y modalidades de la actividad de que se trate y
con el específico régimen jurídico a que se halle sujeta. Las disposiciones de esta Ley no serán aplicables:
b. Al personal de casas particulares, sin perjuicio que las disposiciones de la presente Ley serán de
aplicación en todo lo que resulte compatible y no se oponga a la naturaleza y modalidades propias del
régimen específico o cuando así se lo disponga expresamente.
c. A los trabajadores agrarios, sin perjuicio de las disposiciones de la presente Ley serán de aplicación
supletoria en todo lo que resulte compatible y no se oponga a la naturaleza y modalidades propias del
Régimen de Trabajo Agrario.
d. A las contrataciones de obra, servicios, agencia y todas las reguladas en el Código Civil y Comercial de
la Nación.”
El texto modifica y limita el ámbito de aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo al establecer en sentido
restrictivo y general su inaplicabilidad a “las contrataciones de obra, servicios, agencia y todas las
reguladas en el Código Civil y Comercial de la Nación”.
La limitación se contradice con la previsión del propio Código Civil y Comercial de la Nación que, al regular
los contratos de obra y servicios en el art. 1252, expresamente indica “los servicios prestados en relación
de dependencia se rigen por las normas de derecho laboral”, y con el art. 1479 referido al contrato de
agencia que indica: “Hay contrato de agencia cuando una parte, denominada agente, se obliga a promover
negocios por cuenta de otra denominada proponente o empresario, de manera estable, continuada e
independiente sin que medie relación laboral alguna, mediante una retribución”. Asimismo, el art. 1501
aclara sobre los casos excluidos “Las normas de este Capítulo no se aplican …a los demás grupos
regidos por leyes especiales en cuanto a las operaciones que efectúen”.
En efecto, las cláusulas del Código sustantivo dan cuenta de una preocupación compartida por la Ley de
Contrato de Trabajo que, en el art. 14, cautela sobre aquellas hipótesis en que pudieran utilizarse “normas
contractuales no laborales” para eludir el Orden Público Laboral, que el ordenamiento sanciona con la
nulidad.
En el régimen de tutela, la calificación del vínculo no está disponible para la autonomía individual y, una
calificación legal “imperativa” de autonomía, afectaría la garantía constitucional que en el art. 14 bis,
ordena la protección legal “del trabajo en todas sus formas”. Claro está, en las relaciones que puedan ser
caracterizadas como vínculos dependientes, en los que el “nomen iuris” es irrelevante. Máxime cuando la
primacía de los hechos devela la existencia de una relación de trabajo.
“La naturaleza jurídica de una institución debe ser definida, fundamentalmente, por los elementos que la
constituyen, con independencia del nombre que el legislador, o los particulares, le atribuyan (doctrina de
“Inta Industria Textil Argentina SA s/Apelación”. (Fallos: 329:3680) (“Pérez, Aníbal Raúl c/Disco SA”, 1
de setiembre de 2009).
Además, se vincula a la modificación del art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo la propuesta novatoria del
art 23:
DNU 70/23: ARTÍCULO 68.- Sustitúyese el artículo 23 de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus modificatorias
por el siguiente:
“ARTÍCULO 23.- Presunción de la existencia del contrato de trabajo. El hecho de la prestación de servicios
hace presumir la existencia de un contrato de trabajo, salvo que, por las circunstancias, las relaciones o
causas que lo motiven se demostrase lo contrario.
El propósito no requiere ser aclarado: excluir sin excepciones los supuestos de contrataciones de obra,
servicios profesionales o de oficios. No hay fundamento alguno que pueda justificar con carácter absoluto
un temperamento como el que se adopta. Es privar de antemano de toda protección a quienes bajo estas
modalidades de contratación hayan sido contratados en fraude a la ley.
A contramano de la tradición en materia de protección y de las normas internacionales del trabajo y de los
ordenamientos jurídicos de todo el mundo. Es que la relación de trabajo es un concepto jurídico
reconocido universalmente que proporciona un marco para el funcionamiento del mercado de trabajo en
muchos países y que se tiene en cuenta explícita o implícitamente en varias normas de la OIT.
Entre las normas internacionales del trabajo que regulan las relaciones de trabajo, se destaca la
Recomendación sobre la relación de trabajo N° 198 (2006) que, si bien no es vinculante, su carácter de
instrumento internacional adoptado de forma tripartita específica sobre la materia ofrece orientaciones
políticas autorizadas.
En el párrafo 11, b) de la Recomendación se insta a los Estados Miembros a que consideren la posibilidad
de consagrar una presunción legal de la existencia de una relación de trabajo cuando se dan uno o varios
indicios. La Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT (OIT,
Promover el empleo y el trabajo decente en un panorama cambiante. 2020. Informe de la Comisión
de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (artículos 19, 22, 23 y 35 de la
Constitución) Informe III (Parte B) Para 233.) ha resaltado que son fundamentales estas presunciones
jurídicas que contrarrestan el desigual poder de negociación de las partes y que son consecuencia del
principio «in dubio pro operario», que es fundamental en el Derecho laboral.
A su vez, el órgano de control de la OIT ha advertido que la falta de claridad y el encubrimiento de las
relaciones de trabajo repercuten en la calidad y cantidad de trabajo, los impuestos recaudados y los
sistemas de seguridad social, así como en las políticas económicas y sociales en su conjunto (OIT,
Promover el empleo y el trabajo decente en un panorama cambiante. 2020. Informe de la Comisión
de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones (artículos 19, 22, 23 y 35 de la
Constitución) Informe III (Parte B) Paragrafo 334).
Por último y relacionado con la “aplicación efectiva del sistema tutelar”, el DNU 70/23, deroga todas las
normas de las leyes 24.013, 25.323, 25.345 y 20.744 que promovían el registro de los vínculos, la correcta
registración de las condiciones de trabajo y el cumplimiento de las obligaciones a cargo de los
empleadores. El texto desarma lo existente y DEJA IMPUNE Y SIN CONSECUENCIAS LA
CLANDESTINIDAD LABORAL.
Los cambios en análisis son, como hemos hecho explicito, contrarios a la Constitución Nacional y a las
orientaciones establecidas en los instrumentos internacionales y en sus estándares establecidos de
aplicación.
DNU 70/23. ARTÍCULO 67.- Sustitúyese el artículo 12 de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus modificatorias
por el siguiente: “ARTÍCULO 12 - Protección de los trabajadores. Irrenunciabilidad. Será nula y sin valor
toda convención de partes que suprima o reduzca los derechos previstos en esta ley, los estatutos
profesionales y las convenciones colectivas de trabajo, ya sea al tiempo de su celebración o de su
ejecución, o del ejercicio de derechos provenientes de su extinción.
Cuando se celebren acuerdos relativos a modificaciones de elementos esenciales del contrato de trabajo o
de desvinculación en los términos del artículo 241 de esta Ley, las partes podrán solicitar a la autoridad de
aplicación su homologación en los términos del artículo 15 de la presente Ley.”
El principio de irrenunciabilidad de los derechos del trabajador es una pieza fundamental del sistema de
protección que rige en nuestro país. La limitación a la autonomía de su voluntad tiene como base el
reconocimiento de su inferior capacidad de negociación frente al empleador y, por lo tanto, aún la
prestación de su consentimiento es ineficaz para provocar la pérdida de derechos que son reconocidos en
las normas que rigen la relación entre ambos.
El artículo 12 de la ley citada es claro y preciso al respecto: “Será nula y sin valor toda convención de
partes que suprima o reduzca los derechos previstos en esta ley, los estatutos profesionales, las
convenciones colectivas o los contratos individuales de trabajo, ya sea al tiempo de su celebración o de su
ejecución, o del ejercicio de derechos provenientes de su extinción”.
La precisión de su redacción ha permitido una pacífica aplicación de esta norma sin que a la fecha haya
generado controversias de relevancia que impongan la necesidad de su modificación.
Ahora bien, en el artículo 67 del DNU 70/23 que aquí se impugna, se suprime al contrato individual de
trabajo como fuente generadora de derechos irrenunciables, incorporada por la ley 26.574, al texto original
de la Ley de Contrato de Trabajo, con la finalidad de evitar el debate jurisprudencial en torno a la invalidez
de los acuerdos individuales peyorativos que vaciaba de contenido al principio de irrenunciabilidad.
La supresión es de una gravedad inusitada porque, como es sabido, los derechos emergentes de las
fuentes heterónomas constituyen solo un mínimo imperativo. La modificación que se pretende imponer
implicaría, por ejemplo, la posibilidad de generar acuerdos individuales que disminuyan la remuneración
que los trabajadores perciben hasta los importes mínimos como lo es el mínimo, vital y móvil porque, como
es sabido, las sumas que cobran la mayoría de los trabajadores exceden estos importes en materia
salarial. Como ya se ha señalado, de regir la disposición que cuestionamos, la innegable diferencia del
poder de negociación entre el trabajador y la empleadora, unida a la amenaza tácita y latente del despido,
conllevaría una aceptación viciada que reduciría no solo el salario, sino el conjunto de derechos hasta sus
límites imperativos. Esta observación sería trasladable a todo el contenido del contrato y no solo a lo
remuneratorio y la norma impugnada originaría un ámbito de libre negociación que ignora el fundamento y
la base misma del Derecho del Trabajo: La diferencia ostensible del poder de negociación entre las partes,
que convierte a la autonomía de la voluntad en una ficción.
Una lectura liviana y apresurada puede sugerir que la modificación introducida carece de importancia, pero
no es así.
Hay acuerdo en la doctrina en que toda modificación busca lograr un efecto útil, así que en la identificación
de ese efecto es dónde se observa claramente la afectación al principio de irrenunciabilidad. La referencia
al artículo 15 de la LCT es decisiva para abordar la cuestión. El supuesto fáctico de esa norma es la
existencia de derechos controvertidos y dada esa naturaleza de existencia dudosa es que la propia ley
vuelve a establecer una restricción a la autonomía de la voluntad del trabajador, en el sentido someter la
validez y eficacia de cualquier acuerdo que al respecto se realice, ya sea para terminar un proceso judicial
o un reclamo efectuado en sede administrativa, al análisis y aprobación de la autoridad de que se trate. Es
el sentido de la exigencia de una homologación que evalúe y declare que se ha arribado a “…una justa
composición de los derechos e intereses de las partes…”.
No es ésta la situación de facto prevista en el agregado al artículo 12, no hay allí ninguna duda de la
existencia del derecho del trabajador, en especial, cuando lo que se trata de modificar es un elemento
esencial del contrato de trabajo. La intención es obtener una declaración de validez de esas
modificaciones previa a la existencia de un eventual conflicto. Modifica así en su esencia los alcances del
texto original de la norma, ya que una vez obtenida esta suerte de “bill de indemnidad” quedaría vedado el
derecho del trabajador a efectuar reclamos al respecto.
Igual efecto se produce al incorporar la validación de los acuerdos de extinción regulados en el artículo
241 de la LCT dentro del artículo 12. En este punto el interrogante recae sobre el sentido de esta
modificación, si ya la norma básica prevé la participación de la autoridad administrativa. La única
respuesta posible es relativizar el principio de irrenunciabilidad, es decir, si dicho acuerdo no fuera sino un
“disfraz” de otra forma de extinción del contrato, nuevamente quedaría vedado al trabajador la posibilidad
de un reclamo posterior basado en una violación a sus derechos.
DNU 70/23. ARTÍCULO 66.- Sustitúyese el artículo 9° de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus modificatorias
por el siguiente:
“ARTÍCULO 9°.- El principio de la norma más favorable para el trabajador. En caso de duda sobre la
aplicación de normas legales o convencionales prevalecerá la más favorable al trabajador, considerándose
la norma o conjuntos de normas que rija cada una de las instituciones del derecho del trabajo.
En tal sentido se aplicará la regla general procesal, en virtud de la cual los hechos deben ser probados por
quien los invoca, con plena vigencia de la facultad de los magistrados en la obtención de la verdad objetiva
y el respeto a la seguridad jurídica.”
La Ley 26.428 (BO 26.12.2008) introdujo un segundo párrafo al artículo 9 de la LCT, prescribiendo que “Si
la duda recayese en la interpretación o alcance de la ley, o en apreciación de la prueba en los casos
concretos, los jueces o encargados de aplicarla se decidirán en el sentido más favorable al trabajador”,
norma esta aplicable en los casos de valoración de pruebas en un litigio judicial, y en el momento de fallar,
el juez en caso de duda razonable en la apreciación de la prueba, debe resolver en el sentido más
favorable al trabajador.
Es la aplicación del principio in dubio pro operario, derivación del principio protectorio; de allí que no
resultara lógico reducir su aplicación a la duda en la interpretación de la ley, sino que también debe
proyectarse a los casos en que exista duda razonable del juzgador, una vez valorada con las reglas de la
sana crítica, la totalidad de las pruebas producidas en un litigio.
Su proyección se introduce en la problemática filosófica y social para nivelar desigualdades; tiene su razón
de ser y su sustancia, en la justicia social.
El art. 66 del DNU 70/23 que se ataca, sustituye el artículo 9 de la LCT e incorpora al segundo párrafo un
nuevo texto por el cual la aplicación del principio se supedita a que se “hubieran agotado todos los medios
de investigación a su alcance y persistiera duda probatoria insuperable, valorando los principios de
congruencia y defensa en juicio”, con una redacción que pone una exigencia que está orientada a “que no
se aplique en ninguna circunstancia”.
Además, con la modificación que se introduce, se pretende no solo desterrar el principio in dubio pro
operario en materia probatoria sino soslayar la doctrina y jurisprudencia sobre la carga de la prueba y lo
dispuesto en el Código Civil y Comercial que consagra el “principio de la carga dinámica de la prueba” en
los artículos 710 y 1735.
La prueba en cada caso particular, debe ser impuesta a la parte que pueda hacerlo con menor
inconveniente, esto es con menos demora, menos vejaciones y menos gastos, sin establecerse reglas
procesales fijas (estáticas) como se pretende.
Tiene especial importancia el de des/igualdad: si a una de las partes le resulta imposible o muy difícil
probar mientras que a la otra le es sumamente simple, será ésta última quien debe traer los elementos en
que funde su defensa o excepción.
Cabe recordar que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, al dictar sentencia en la causa “Pellicori,
Liliana S. c. Colegio Público de Abogados de la Capital Federal” se pronunció sobre diversos aspectos
de índole constitucional relativos a la carga de la prueba, señalando, en primer lugar y con cita de sus
precedentes “Siri” y “Kot”, que los derechos esenciales de la persona humana cuentan en la Argentina con
las garantías indispensables para su existencia y plenitud, correspondiendo “a los jueces el deber de
asegurarlas”. Para el Alto Tribunal “no basta con que los recursos existan formalmente, sino es preciso
que sean efectivos”, es decir, se debe brindar a la persona la posibilidad real de interponer un recurso que
permita alcanzar, en su caso, la protección judicial requerida.
Cobra fundamental importancia el concepto de la carga dinámica de la prueba o prueba compartida, que
hace recaer en quien se halla en mejor situación de aportar los elementos tendientes a obtener la verdad
objetiva, el deber de hacerlo, sin aplicar la regla de que los hechos deben ser probados por quien los
invoca, pues dependerá de cada caso particular.
Un proceso basado en la desigualdad de las partes, está muy lejos del falso “garantismo” o “seguridad
jurídica” que se pregona en el artículo 66 del DNU 70/23, y tiene la mala ventura de estar asociado a una
visión que desconoce la asimetría de los vínculos laborales y pone en peligro el principio protectorio.
DNU 70/23. ARTÍCULO 79.- Incorpórase como artículo 197 bis de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus
modificatorias, el siguiente texto:
“ARTÍCULO 197 bis.- Las convenciones colectivas de trabajo, respetando los mínimos indisponibles de 12
horas de descanso entre jornada y jornada por razones de salud y seguridad en el trabajo, así como los
límites legales conforme la naturaleza de cada actividad, podrán establecer regímenes que se adecuen a
los cambios en las modalidades de producción, las condiciones propias de cada actividad, contemplando
especialmente el beneficio e interés de los trabajadores.
A tal efecto, se podrá disponer colectivamente del régimen de horas extras, banco de horas, francos
compensatorios, entre otros institutos relativos a la jornada laboral.”
En materia de jornada de trabajo, se proyecta una modificación en el art. 79 que incorpora, como artículo
197 bis de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976).
Dicha norma prevé que las convenciones colectivas de trabajo, con el sólo respeto de los mínimos
indisponibles de 12 horas de descanso entre jornada y jornada, determinando la posibilidad de disponer
colectivamente del régimen de horas extras, banco de horas, francos compensatorios, entre otros institutos
relativos a la jornada laboral.
La modificación, que va a contramano de los proyectos en debate sobre limitación de la jornada de trabajo,
es inconstitucional porque violenta la ley 11.544 en cuanto a los límites de la jornada, el convenio 1 de la
OIT relativo a las horas de trabajo, el convenio 30 que autoriza una distribución semanal de suerte que el
trabajo de cada día no exceda de diez horas (art. 4), y las horas vinculadas al trabajo extraordinario (art.
201 LCT).
La norma facilita desmedidamente los excesos en la jornada de trabajo, que atentan no solo contra la
salud y la seguridad sino también contra la creación de nuevos puestos de trabajo. So pretexto de la
organización del tiempo de trabajo conforme a los nuevos modos de producción, se legitima la violación a
los límites de la jornada y el no pago del trabajo extraordinario. Así planteada la norma, conforme a la
reforma impulsada por el DNU cuestionado, priva al ordenamiento jurídico de toda forma de tutela sobre la
jornada que deben cumplir trabajadores y trabajadoras.
Apreciándose la realidad social se podrá advertir que desde hace muchos años se ha producido un
incremento progresivo de la actividad y con ello la demanda de trabajadores en relación de dependencia
siendo corriente los casos de excepción al régimen general de descanso semanal a partir de la regulación
contenida en la Ley de Contrato de Trabajo.
La reforma, pretende habilitar a partir de la disponibilidad colectiva la normalización del régimen de
excepción y con ello se pierde de vista el significado que tiene el respeto y mantenimiento de todo el
régimen de jornada y descansos en orden al resguardo de las garantías constitucionales de jornada
limitada y condiciones dignas y equitativas de labor, que se complementan con el art. 75 inc. 22 de la
Constitución Nacional mediante la incorporación de normas internacionales que se refieren al descanso
semanal y el tiempo libre.
Por último, se contraviene el criterio sentado por la CSJN en “Cardone, Lorena de los Ángeles c/ Be
Enterprises S.A. s/ despido” (1/11/2022, MJ-JU-M-139019-AR|MJJ139019|MJJ139019), sobre horas
extraordinarias, que no puede ser soslayado de ninguna manera.
DESPIDOS DISCRIMINATORIOS
DNU 70/23. ARTÍCULO 82.- Incorpórase como artículo 245 bis a la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus
modificatorias, el siguiente:
“ARTÍCULO 245 bis.- Agravamiento indemnizatorio por despido motivado por un acto discriminatorio. Será
considerado despido por un acto de discriminación aquel originado por motivos de etnia, raza,
nacionalidad, sexo, identidad de género, orientación sexual, religión, ideología, u opinión política o gremial.
En este supuesto la prueba estará a cargo de quien invoque la causal, y en caso de sentencia judicial que
corrobore el origen discriminatorio del despido, corresponderá el pago de una indemnización agravada
especial que ascenderá a un monto equivalente al 50% de la establecida por el artículo 245 de la Ley N°
20.744 (t.o. 1976) y sus modificatorias o de la indemnización por antigüedad del régimen especial
aplicable al caso.
Según la gravedad de los hechos, los jueces podrán incrementar esta indemnización hasta el 100%,
conforme los parámetros referidos anteriormente.
La indemnización prevista en el presente artículo no será acumulable con ningún otro régimen especial
que establezca agravamientos indemnizatorios.
El despido dispuesto, en todos los casos, producirá la extinción del vínculo laboral a todos los efectos.”
Una de las manifestaciones más conspicuas de la orientación regresiva de la reforma laboral propuesta es
la regulación en materia de despidos discriminatorios, puesto que consagra una “discriminación en
materia de tutelas para el trabajador en relación de dependencia”. El referido art. 82 del DNU
cuestionado resuelve la incorporación del artículo 245 bis a la Ley de Contrato de Trabajo regulando
concretamente el agravamiento indemnizatorio por despido motivado por un acto discriminatorio,
imponiendo ahora la carga probatoria al trabajador afectado.
No es aventurado afirmar que el propósito del cambio peyorativo es en definitiva eliminar la tutela sindical
consagrada en la Constitución Nacional y en la Ley 23.551.
Asimismo, determina que la indemnización prevista en esa norma no será acumulable con ningún otro
régimen especial que establezca agravamientos indemnizatorios y que el despido dispuesto, en todos los
casos, producirá la extinción del vínculo laboral a todos los efectos.
La reforma es inconstitucional en tanto violenta la igualdad ante la ley (arts. 14, 16 y 75 inc. 22 de la CN)
ya que coloca a un trabajador o trabajadora en un plano de manifiesta desigualdad frente a cualquier otro
ciudadano que podría requerir la aplicación de los términos normados en la ley 23.592.
Si un trabajador es despedido por un acto de discriminación, originado por motivos de etnia, raza,
nacionalidad, sexo, identidad de género, orientación sexual, religión, ideología, u opinión política o gremial,
tiene derecho a una indemnización agravada especial que ascenderá a un monto equivalente al 50% de la
establecida por el artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo, con efectos inamovibles.
Ahora bien, si cualquier persona es víctima de cualquier acto discriminatorio, la Ley antidiscriminatoria
23.592 dispone que ese damnificado puede exigir dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su
realización y peticionar la reparación del daño moral y material ocasionados. Señalamos el carácter
general y enfático que tiene la regulación en análisis, porque no contiene elemento alguno que permita
interpretar, razonablemente, que no rige cuando el acto discriminatorio es un despido.
Es poco menos que irracional pretender sostener que cualquier acto discriminatorio puede ser dejado sin
efecto excepto que se trate de un despido y la víctima sea un trabajador en relación de dependencia. Es
inadmisible pretender que, en el marco del sistema de normas antidiscriminatorias, las personas que
trabajan en relación de dependencia tengan una protección de menor garantía.
La norma cuestionada violenta todos y cada uno de los principios y normas legales citadas en el
precedente de la CSJN “Aquino, Isacio C. Cargo Servicios Industriales S. A.”, y en particular la
situación que venimos analizando: no se puede privar a un trabajador o trabajadora de un derecho del que
goza el resto de la sociedad porque implica un claro acto de trato desigual injustificado.
PERÍODO DE PRUEBA.
DNU 70/23. ARTÍCULO 71.- Sustitúyese el artículo 92 bis de la Ley N° 20.744 (t.o. 1976) y sus
modificatorias, por el siguiente:
“ARTÍCULO 92 bis.- Período de prueba. El contrato de trabajo por tiempo indeterminado, excepto el
referido en el artículo 96, se entenderá celebrado a prueba durante los primeros OCHO (8) meses de
vigencia.
Cualquiera de las partes podrá extinguir la relación durante ese lapso sin expresión de causa, sin derecho
a indemnización con motivo de la extinción, pero con obligación de preavisar según lo establecido en los
artículos 231 y 232.
1. Un empleador no puede contratar a un mismo trabajador, más de una vez, utilizando el período de
prueba. De hacerlo, se considerará de pleno derecho, que el empleador ha renunciado al período de
prueba.
2. El uso abusivo del período de prueba con el objeto de evitar la efectivización de trabajadores será
pasible de las sanciones previstas en los regímenes sobre infracciones a las leyes de trabajo. En especial,
se considerará abusiva la conducta del empleador que contratare sucesivamente a distintos trabajadores
para un mismo puesto de trabajo de naturaleza permanente.
3. Las partes tienen los derechos y las obligaciones propias de la relación laboral, con las excepciones que
se establecen en este artículo. Tal reconocimiento respecto del trabajador incluye los derechos sindicales.
4. Las partes están obligadas al pago de los aportes y contribuciones a la Seguridad Social, con los
beneficios establecidos en cada caso.
5. El trabajador tiene derecho, durante el período de prueba, a las prestaciones por accidente o
enfermedad del trabajo. También por accidente o enfermedad inculpable, que perdurará exclusivamente
hasta la finalización del período de prueba si el empleador rescindiere el contrato de trabajo durante ese
lapso. Queda excluida la aplicación de lo prescripto en el cuarto párrafo del artículo 212.”
Una modificación peyorativa muy notoria es la contenida en este art. 71 que sin ninguna justificación
modifica el plazo de duración y suprime requisitos básicos y esenciales durante el periodo de prueba,
poniendo en entredicho el derecho de protección contra el despido arbitrario (Art. 14 bis de la Constitución
Nacional).
Por DNU 70/23 se modifica el artículo 92 bis de la LCT respecto del plazo de duración del período de
prueba, ampliándolo a ocho meses.
El plazo es exorbitante y carece de sustento fáctico como de razones jurídicas, y excede holgadamente el
tiempo necesario para evaluar el desempeño del trabajador, para apreciar su adaptación a la tarea
comprometida.
Se memora que la norma vigente contenida en la Ley de Contrato de Trabajo, por el contrario, fija un
periodo de prueba de tres meses, acorde con la legislación de los países vecinos, adecuada a la realidad
económico-social. Para tener un panorama de la situación en los países vecinos: Uruguay: el periodo de
prueba es de 90 días; Chile: dos semanas; Brasil: tres meses. Ello demuestra a las claras la
irrazonabilidad de la modificación que se propicia, así como la ausencia de justificación.
La precarización laboral que diseña la norma se conjuga con la supresión, no menor, de dos incisos
sustanciales que regulan este periodo “3. El empleador debe registrar al trabajador que comienza su
relación laboral por el período de prueba. Caso contrario, sin perjuicio de las consecuencias que se
deriven de ese incumplimiento, se entenderá de pleno derecho que ha renunciado a dicho período...” Y el
inciso 7 “El período de prueba, se computará como tiempo de servicio a todos los efectos laborales y de la
Seguridad Social.”
La grave y desmedida ampliación tiene por efecto más significativo privar al universo abarcado de la
protección contra el despido arbitrario (Constitución Nacional art. 14 bis y Ley de Contrato de Trabajo, art.
245) y de instaurar una discriminación irrazonable respecto de los trabajadores que no estén bajo el
precario periodo.
El DNU 70/23 proyecta la derogación de la Ley 14.546 sancionada en el año 1958, denominada y
conocida en nuestro País y por el conjunto de los actores del comercio y los trabajadores como el Estatuto
del Viajante y regula la actividad de los trabajadores vendedores viajantes en relación de dependencia,
estableciendo el marco específico de regulación laboral. La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
sentenciado que resultaba inadmisible la impugnación constitucional de la Ley 14.546, porque las
prestaciones que se otorgan a partir de la misma, no resultan exorbitantes ni exceden facultades del Poder
Legislativo en materia laboral. En términos de relaciones normativas se vincula por complementariedad
con la Ley de Contrato de Trabajo. Por fuera de todo debate al respecto y con más de 60 años de
vigencia, el intento de despojar a la categoría profesional de una norma heterónoma particular, sin causa o
razón, es sólo una expresión autoritaria del texto que se impugna.
El propósito no es otro que horadar el accionar sindical y fortalecer el posicionamiento de las empresas, en
el conflicto permanente de la distribución del ingreso, en una sociedad caracterizada por una desigualdad
social que se profundiza.
Limita y restringe con dos medidas muy concretas la capacidad de financiamiento de las organizaciones
sindicales, dificultando y burocratizando los aportes y contribuciones pactados en uso de las facultades
establecidas en las leyes 14.250 y 23.551, y al amparo de las normas internacionales vigentes en la
materia, con la única intención de provocar la asfixia económica de las organizaciones sindicales.
En nombre de la libertad sindical lesiona uno de los derechos fundamentales de los trabajadores como es
la participación libre en un órgano natural y tan importante de representación sindical.
Del mismo modo al extender la calificación de Servicios Esenciales en forma desmesurada a un universo
de actividades tan vasto, se instaura un principio inverso al de la libertad sindical: todas las huelgas
pueden ser limitadas excepto las que se determinen, todo ello en forma contraria a la protección de
tratados y acuerdos internacionales de carácter supra constitucional. La reforma laboral en materia de
derechos colectivos incluye modificaciones y cambios en la ley 25.877 (huelga en servicios esenciales),
23.551 (asambleas y congresos) y 14.250 (negociación colectiva).
Hay un hilo que anuda las modificaciones en sentido único: disciplinar socialmente al afectar la capacidad
del sujeto colectivo para representar a las categorías profesionales respectivas (retaceando la vigencia de
cláusulas de los convenios colectivos que tienden a asegurar facilidades de ejercicio de la acción colectiva
que se instituyen como cláusulas obligacionales) y menoscabar los ámbitos de actividad económica o
benéfica en los que, en el marco de la representación, se puede ejercer el derecho de huelga por la
extensión del universo considerado esencial y por el desproporcionado porcentaje obligado de prestación
de servicios mínimos en aquellos calificados no sólo como esenciales sino en los “de importancia
trascendental“ que la norma exorbita con una enumeración sin lógica que la explique y, finalmente, con las
severas restricciones (explícitas e implícitas) a ejercicio del derecho de reunión (formal e informal) que se
incorporan en la regulación adicionada a la normativa en materia de asambleas y congresos.
ARTÍCULO 87.- Incorpórase como artículo 20 bis a la Ley N° 23.551, el siguiente: “ARTÍCULO 20 bis.
Derecho de realizar Asambleas, Congresos. Los representantes sindicales dentro de la empresa,
delegados, comisiones internas u organismos similares, así como las autoridades de las distintas
seccionales de las asociaciones sindicales tendrán derecho a convocar a asambleas y congresos de
delegados sin perjudicar las actividades normales de la empresa o afectar a terceros.”
El texto del DNU 70/23 adiciona dos artículos al Título V de la ley 23.551 que regula las asambleas y
congresos. Con una lógica inextricable, se imponen restricciones negativas para su realización: no
perjudicar las actividades normales de la empresa o afectar a terceros.
Las asambleas y congresos, en el marco de la libertad sindical son manifestaciones del derecho de
reunión en el plano individual (Ley 23.551, art. 4 inc. c.) y del reconocido a las asociaciones sindicales en
el plano colectivo (Ley 23.551, art. 5 inc., 16 inc. h., 19 y 20). Cualquier restricción afecta de modo
irreparable la posibilidad de un ejercicio efectivo.
El Comité de Libertad Sindical, ha indicado: “El artículo 2 del Convenio núm. 98 establece la total
independencia de las organizaciones de trabajadores en el ejercicio de sus actividades, con respecto a los
empleadores. (Compilación de Decisiones del Comité de Libertad Sindical, OIT, Ginebra, sexta
edición, 2018, parágrafo 1188).
Y, también desde la perspectiva del derecho internacional de los derechos humanos es un acierto
consultar la Observación del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que es elocuente en
la materia: “El derecho humano fundamental de reunión pacífica permite a las personas expresarse
colectivamente y participar en la configuración de sus sociedades. El derecho de reunión pacífica es
importante por sí mismo, puesto que protege la capacidad de las personas para ejercer su autonomía
individual en solidaridad con los demás.
Junto con otros derechos conexos, constituye también el fundamento mismo de un sistema de gobierno
participativo basado en la democracia, los derechos humanos, el respeto de la ley y el pluralismo. (…).
(Comité de Derechos Humanos Observación general núm. 37 (2020), relativa al derecho de reunión
pacífica (artículo 21) *. Párrafos 1, 2 y 8.).
“ARTÍCULO 20 ter - Acciones prohibidas. Las siguientes conductas están prohibidas y serán consideradas
infracciones muy graves:
a. Afectar la libertad de trabajo de quienes no adhieran a una medida de fuerza, mediante actos, hechos,
intimidaciones o amenazas;
Verificadas dichas acciones como medidas de acción directa sindical, la entidad responsable será pasible
de la aplicación de las sanciones que establezca la reglamentación, una vez cumplimentado el
procedimiento que se disponga al efecto a cargo de la Autoridad de Aplicación, sin perjuicio de las
responsabilidades civiles y/o penales que pudieran corresponder.”
El artículo introduce en un tono inédito en las leyes de asociaciones sindicales desde la ley 23.852
pasando por la ley de facto 22.105 de 1979, una especie de “ilícitos laborales colectivos”, que solo pueden
consumar como sujetos activos trabajadores y organizaciones sindicales. Si el Código Penal contiene tipos
penales que incluyen los bienes protegidos contra todas las formas de daños a las personas o a las cosas
y las conductas intimidatorias, ninguna técnica legislativa podría avalar esta oscura enumeración.
Claro está que todas ellas, a la hora de ser utilizadas pueden ser consideradas prácticas discriminatorias
en cuanto, por lo establecido en el Convenio 98 en el art. 1.1, tiendan a “menoscabar la libertad sindical en
relación a su empleo” y por tanto deberían estar especialmente protegidos los trabajadores cuando la
discriminación es provocada “por su participación en actividades sindicales” (art. 2.b).
HUELGA EN LOS SERVICIOS ESENCIALES.
DNU 70/23. Capítulo IX – Servicios esenciales (Ley N° 25.877) ARTÍCULO 97.- Sustitúyese el artículo 24
de la Ley N° 25.877, por el siguiente:
“ARTÍCULO 24.- Los conflictos colectivos que pudieren afectar la normal prestación de servicios
esenciales o actividades de importancia trascendental, quedan sujetos a las siguientes garantías de
prestación de servicios mínimos.
En lo que respecta a la prestación de servicios mínimos, en el caso de los servicios esenciales, en ningún
caso podrá negociar o imponer a las partes una cobertura menor al SETENTA Y CINCO POR CIENTO
(75%) de la prestación normal del servicio de que se tratare.
En el caso de las actividades o servicios de importancia trascendental, en ningún caso se podrá negociar o
imponer a las partes una cobertura menor al CINCUENTA POR CIENTO (50%).
f. cuidado de menores y educación de niveles guardería, preescolar, primario y secundario, así como la
educación especial.
b. Transporte marítimo, fluvial, terrestre y subterráneo de personas y/o mercaderías a través de los
distintos medios que se utilicen para tal fin;
h. La producción de bienes y/o servicios de toda actividad, que estuvieran afectados a compromisos de
exportación.
Una comisión independiente y autónoma, denominada COMISIÓN DE GARANTÍAS, integrada según se
establezca en la reglamentación, por cinco (5) miembros de reconocida solvencia técnica, profesional o
académica en materia de relaciones del trabajo, del derecho laboral o de derecho constitucional y
destacada trayectoria, podrá, mediante resolución fundada, calificar como servicio esencial o servicio de
importancia trascendental una actividad no incluida en las enumeraciones precedentes, cuando se diere
alguna de las siguientes circunstancias:
c) La interrupción o suspensión del servicio pudiere provocar una situación de crisis nacional aguda que
hiciere peligrar las condiciones normales o de existencia de parte de la población; y
Quizá sea el artículo en análisis el que genere más inquietud por su evidente antijuridicidad y
antisindicalidad. Sólo con leerlo alcanza para advertir el no velado propósito de anular todo mecanismo
“efectivo” de protesta laboral.
Se quiere suprimir la protesta, se procura desactivar la herramienta más poderosa que el derecho colectivo
con alcance universal ha provisto a los sindicatos para “poder realizar todas las actividades lícitas en
interés de los trabajadores” y en especial” el de la huelga y el de adoptar demás medidas de acción
sindical” (art. 5, inc. d, ley 23.551) en el marco de la Constitución Nacional (art. 14 bis).
El Comité de Libertad Sindical, coincide con la legislación actual y reprocha legislaciones que extienden la
lista de servicios esenciales en el sentido estricto del término como la incluida en el DNU 70/23: En tal
sentido el Comité de Libertad sindical de la O.I.T. ha fijado las actividades que no constituyen servicios
esenciales en el sentido estricto del término, entre ellas: la radio-televisión, los sectores del petróleo y las
instalaciones petrolíferas, la distribución de petróleo para el funcionamiento del transporte aéreo, el sector
del gas, el llenado de bombonas de gas y su comercialización, los puertos, los bancos, el Banco Central,
los servicios de seguros, los servicios de informática para la recaudación de aranceles e impuestos, los
grandes almacenes y los parques de atracciones, la metalurgia y el conjunto del sector minero, los
transportes, en general, incluidos los servicios metropolitanos, los pilotos de líneas aéreas, la generación,
transporte y distribución de combustibles, los servicios ferroviarios, los transportes metropolitanos, los
servicios de correos, el servicio de recolección de basuras, las empresas frigoríficas, los servicios de
hotelería, la construcción, la fabricación de automóviles, las actividades agrícolas, el abastecimiento, y la
distribución de productos alimentarios, las plantaciones de té, café y coco, la Casa de la Moneda, la
Agencia Gráfica del Estado y los monopolios estatales del alcohol, de la sal y del tabaco, el sector de la
educación, empresas de embotellamiento de agua mineral, la reparación de aviones los servicios de
ascensores, los servicios, de exportación, los servicios de seguridad privada, excepto los servicios
penitenciarios los aeropuertos, excepto los servicios de control del tráfico aéreo, las farmacias, las
panaderías, la producción de cerveza y la industria del vidrio.
Es difícil imaginar un modo más sencillo de “prohibir la huelga” sin que quien regula lo asuma, pero el texto
avanza aún más, en efecto del texto actual del art. 24 ya mencionado con respecto a los servicios mínimos
(en actividades esenciales o consideradas de “Importancia trascendental”) se impone “garantizar la
prestación de servicios mínimos para evitar su interrupción”, y se pasa en el DNU 70/23 a la obligación de
“en el caso de los servicios esenciales, en ningún caso podrá negociar o imponer a las partes una
cobertura menor al SETENTA Y CINCO POR CIENTO (75%) de la prestación normal del servicio de que
se tratare” y en los de importancias trascendental “en ningún caso se podrá negociar o imponer a las
partes una cobertura menor al CINCUENTA POR CIENTO (50%)”.
En este punto también hay una flagrante contradicción con los estándares establecidos por los órganos
de supervisión y control de la OIT, que sostienen que el servicio mínimo negociado debería al menos
tratarse real y exclusivamente de un servicio mínimo, limitado a las actividades estrictamente necesarias
para cubrir las necesidades básicas de la población o satisfacer las exigencias mínimas del
servicio, sin menoscabar la eficacia de los medios de presión; y las organizaciones de trabajadores
deberían poder participar en el establecimiento de este servicio. (OIT. Informe III (1B) - Dar un rostro
humano a la globalización (Estudio General sobre los convenios fundamentales). Para 137.)
En idéntico sentido se memora que recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)
emitió la Opinión Consultiva 27/21 (O.C. 27/21) sobre “Derechos a la libertad sindical, negociación
colectiva y huelga, y su relación con otros derechos, con perspectiva de género” la cual reconoce que el
servicio mínimo debe limitarse a las operaciones que sean para satisfacer las necesidades básicas de
la población o las exigencias mínimas del servicio garantizando que el alcance del servicio mínimo
no tenga como resultado que la huelga sea inoperante. En ese mismo sentido la Corte recuerda que la
lista de servicios esenciales se determine en el derecho interno de conformidad con las disposiciones
establecidas por la OIT (parágrafos 110 y 104).
El abismo del criterio mencionado del “servicio mínimo que no torne la huelga inoperante” con el 75%
exigido como mínimo por el DNU 70/23 no admite ahorrar adjetivos de reproche.
En todo caso, este Tribunal no debe dejar de considerar, a la hora de juzgar sobre el derecho de huelga,
que las transcripciones que insertamos son pertinentes y porque la propia Corte Suprema de Justicia
acude a dichas fuentes a la hora de determinar los alcances del derecho de huelga, sus alcances y el valor
de las recomendaciones del Comité de Libertad Sindical:
“El Comité de Libertad Sindical, ya en su segunda reunión celebrada en 1952, destacó enfáticamente que
el derecho de huelga "es uno de los 'elementos esenciales del derecho sindical'" y, poco tiempo después,
refirió que en la mayor parte de los países se reconocía que el derecho de huelga constituye "un derecho
legítimo al que pueden recurrir los sindicatos para defender los intereses de sus miembros" (cfr. Libertad
Sindical y Negociación Colectiva. Informe de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y
Recomendaciones, Conferencia Internacional del Trabajo, 81.a reunión 1994, Ginebra, Oficina
Internacional del Trabajo, primera edición, 1994, ~ 146, pág. 69). Y en el mismo sentido se pronunció la
Comisión de Expertos a partir de 1959 precisando, con fundamento en los citados arts. 3 y 10 del
Convenio 87, que la prohibición de la huelga constituye una restricción considerable de las oportunidades
que se ofrecen a los sindicatos para fomentar y defender los intereses de sus miembros y del derecho de
los sindicatos a organizar sus actividades (ídem, ~ 147 Y 148, págs. 69/70). 2 (CSJN, ” RECURSO DE
HECHO Orellano, Francisco Daniel c/ Correo Oficial de la República Argentina S.A. s/ juicio
sumarísimo”, 7/6/2016).
Para concluir, el texto que se replica, introduce en el derecho colectivo del trabajo un principio
inverso a la manda constitucional: la huelga se presume limitada excepto en situaciones excepcionales.
CAMBIOS EN LA ULTRAACTIVIDAD DE LAS NORMAS COLECTIVAS.
DNU 70/23. Capítulo III – Convenciones Colectivas de Trabajo (Ley N° 14.250). ARTÍCULO 86.-
Sustitúyese el artículo 6° de la Ley N° 14.250, por el siguiente:
ARTÍCULO 6°.- Una convención colectiva de trabajo, cuyo término estuviere vencido, solamente
mantendrá subsistentes las normas referidas a las condiciones de trabajo establecidas en virtud de ellas
(cláusulas normativas) y hasta tanto entre en vigencia una nueva convención colectiva o exista un acuerdo
de partes que la prorrogue.
El resto de las cláusulas (obligacionales) podrán mantener su vigencia, solo por acuerdo de partes o por la
específica prórroga dispuesta por el Poder Ejecutivo Nacional.”
El cambio promueve distinguir, en los efectos de las normas de los convenios colectivos, el vencimiento de
los plazos pactados. Este exceso de “contractualismo” pretende desdibujar una de las instituciones
fundamentales del derecho colectivo del trabajo retomando una clasificación que ha quedado superada por
la entrada en escena de los derechos y garantías que han emergido de la conectividad que la Constitución
Nacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos ha tenido en un conjunto de actividades
fundamentales para los ciudadanos.
La nueva redacción propuesta para el artículo 6, desconociendo que todas las cláusulas convencionales
participan de uno y otro aspecto (el contractual y obligacional), limita temporalmente las cláusulas
“obligacionales” pactadas en los convenios colectivos generando un efecto regresivo ya que obliga a las
asociaciones sindicales pactantes la negociación “sin ningún piso establecido” de cláusulas que contienen
obligaciones para los firmantes que tienden a fortalecer las facilidades de la acción sindical y,
eventualmente, a consolidar mediante las cláusulas de solidaridad y de contribución de los empleadores,
el patrimonio de la entidad que es el soporte de la actividad que despliega en ejercicio de su
representación.
De esta manera, se exponen las relaciones laborales a traumáticos cambios periódicos, de naturaleza
peyorativa para los intereses de los trabajadores, estimulando los conflictos colectivos, contrariamente lo
que debe hacer la norma que es instituir facilidades para el ejercicio de la representación colectiva.
Esta disposición se anuda a la exigencia que se agrega el proyecto incluido en el art. 73 del decreto que
se ataca de sustituir el inc. c del artículo 132, por el siguiente: “inciso c).- pago de cuotas, aportes
periódicos o contribuciones a que estuviesen obligados los trabajadores en virtud de normas legales o
provenientes de las convenciones colectivas de trabajo o que resulte de su carácter de afiliados a
asociaciones profesionales de trabajadores con personería gremial o de miembros de sociedades
mutuales o cooperativas así como por servicios sociales y demás prestaciones que otorguen dichas
entidades, solo si existe un consentimiento explícito del empleado autorizando el mismo.”
En sus diferentes capítulos materializa daños tangibles al modificar con una pauta regresiva, entre otros
derechos, la exclusión del ámbito personal la Ley de Contrato de Trabajo a personas físicas que podrían
ser dependientes (art. 5), la irrenunciabilidad (art. 67), la presunción de existencia del contrato de trabajo
(art.68), la extensión del periodo de prueba (art. 71), la creación de injurias especificas reñidas con la
libertad sindical (art. 80) la reducción de los montos indemnizatorios (art. 81), la imposición de una
moratoria imperativa para el pago de las condenas (art. 85).
En lo que hace al Derecho Colectivo, en su art. 87 afecta, como ya se vio, el derecho de reunión y de
expresión colectiva al limitar las asambleas y congresos y a su vez vulnera la libertad sindical, garantizada
con énfasis tanto por el art.14 bis de la Constitución Nacional, como el Convenio 87, de innegable carácter
superior en la jerarquía normativa, en los términos del art. 75 inc.22 de la Constitución Nacional y con
sustento la actual doctrina de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. (Fallos A-201-LX, “Ate c/
Estado Nacional” sent. Del 11/11/2008, entre muchos otros).
Asimismo, limita sin ningún sustento ni jurídico ni normativo, el Derecho de Huelga. Extrapola en forma
irrazonable, como se dijo, el concepto de servicios esenciales y amplía de manera irrazonable el concepto
de servicios de importancia trascendental para reducir al mínimo las medidas de acción directa y la
autotutela de los trabajadores.