Weber
Weber, en su concepción de la sociología, considera que esta disciplina está subordinada a la
historia y se enfoca en la formulación de principios generales y conceptos-tipo en relación con
la acción social humana. A diferencia de la sociología, la historia se enfoca en encontrar el
análisis e imputación causales de las personalidades, estructuras y acciones individuales
consideradas culturalmente importantes.
Para Weber, las sociedades sin escritura son aquellas sociedades que no han desarrollado una
cultura escrita, es decir, que no han creado un sistema de escritura para registrar y transmitir
información y conocimientos. En estas sociedades, la información y el conocimiento se
transmiten de forma oral y a través de la tradición.
Weber sostiene que, en las sociedades sin escritura, el poder y la autoridad se basan en la
tradición y en las creencias religiosas, y que estas sociedades son generalmente más cerradas y
menos propensas a la innovación y al cambio que las sociedades con escritura. Sin embargo,
también reconoce que estas sociedades pueden ser muy complejas y desarrollar sistemas de
organización social y política sofisticados, basados en la autoridad de líderes tribales y en la
creencia en fuerzas sobrenaturales.
Weber también destaca que las ciencias sociales implican la intervención de procesos
mentales y que comprender estos procesos es una tarea específica y distinta de la que se
realiza en las ciencias naturales. Para analizar los fenómenos sociales, es necesario hacer
inteligible la base subjetiva sobre la que descansan, y la posibilidad del análisis objetivo de los
fenómenos históricos y sociales no queda excluida por el hecho de que la actividad humana
tenga un carácter subjetivo.
En resumen, la sociología es una ciencia que busca entender e interpretar la acción social para
explicarla causalmente en sus desarrollos y efectos, y para lograr esto es importante tener en
cuenta la subjetividad y la importancia de comprender los procesos mentales implicados en la
actividad humana.
La acción social se refiere a cualquier actividad humana que tenga un significado subjetivo
para el agente y que esté dirigida a otros individuos o grupos. Esta acción puede analizarse de
dos maneras: por referencia al significado concreto que tiene para un individuo en particular o
por relación a un tipo ideal de significado subjetivo del agente hipotético.
La sociología interpretativa busca entender el sentido subjetivo de la acción y se puede lograr
mediante técnicas de interpretación que se pueden repetir y verificar según los cánones
convencionales del método científico. La comprensión racional es más precisa y completa en el
caso de que el agente se sirva del razonamiento matemático o de la lógica formal, pero
también se puede lograr una comprensión emotiva-simpatizante.
La sociología debe tener en cuenta los objetos y acontecimientos privados de sentido subjetivo
que influyen en la actividad humana, pero que carecen de una relación necesaria con ningún
objetivo humano. En la medida en que estos fenómenos empiezan a estar involucrados con los
fines subjetivos humanos, adquieren sentido y se convierten en elementos de la acción social.
El análisis científico de la acción social avanza por medio de la construcción de tipos ideales,
especialmente en las formas de acción dirigidas por valores o influidas por emociones. Los
tipos ideales son construcciones abstractas y simplificadas que se utilizan para entender las
complejidades de la realidad social y para hacer generalizaciones útiles para la investigación
sociológica.
En su obra, Weber propone una distinción entre dos tipos básicos de comprensión
interpretativa de sentido: la "comprensión directa" y la "comprensión explicativa". La
comprensión directa implica comprender el sentido de una acción mediante la observación
directa, ya sea racional o emocional. Por ejemplo, se puede comprender inmediatamente el
sentido de una operación matemática o de un estallido de ira mediante la observación de la
expresión facial o las reacciones emotivas.
La comprensión explicativa, por otro lado, implica poner en claro el vínculo de motivos que se
interpone entre la actividad observada y su sentido para el agente. Esta segunda clase de
comprensión se subdivide en dos formas: la comprensión racional y la comprensión
emocional. La forma racional implica comprender el proceder de un individuo empeñado en
una actividad que supone el uso de determinados medios para realizar un objetivo concreto.
En este caso, se puede deducir indirectamente los motivos de la acción del otro. La forma
emocional implica comprender la actitud de una persona que muestra una reacción emotiva
irracional, si se sabe que acaba de sufrir una amarga contrariedad.
En la comprensión explicativa, la acción concreta pertinente se sitúa en una secuencia
comprensible de motivaciones o conexiones de sentido, la comprensión de las cuales debe
considerarse como una explicación del desarrollo real de la acción. La interpretación de un
curso de acción determinado es subjetivamente adecuada si la motivación que se le atribuye
está de acuerdo con los modelos normativos admitidos o habituales. Pero esto en sí mismo no
es suficiente para proporcionar una explicación viable de la acción particular. El error básico de
la filosofía idealista consiste, por cierto, en identificar la adecuación subjetiva con la
adecuación causal. La significación explicativa, tiene que haber una generalización empírica
establecida, que relacione el sentido subjetivo del acto con una serie específica de
consecuencias determinables.
Weber no limita la información valiosa para el estudio del comportamiento humano a aquella
que puede ser analizada según el método de la sociología interpretativa. Reconoce que hay
muchos tipos de procesos e influencias relevantes para la vida social que no son
"comprensibles", pero que son importantes. Además, Weber señala que el análisis funcional
en las ciencias sociales puede ser útil, pero no debe ser una barrera para el conocimiento
científico. Weber también advierte contra la hipóstasis de conceptos "holísticos", como la
sociedad, que pueden llevar a la cosificación de una identidad propia distinta. Por último,
Weber rechaza la idea de que las instituciones sociales pueden explicarse mediante
generalizaciones psicológicas y sugiere que la sociología puede aportar más a la psicología que
la psicología a la sociología debido a la influencia sociocultural predominante en la vida
humana.
Las relaciones sociales y la orientación del proceder social
La acción social abarca cualquier tipo de acción humana que se oriente por las acciones de
otros, ya sean pasadas, presentes o esperadas como futuras. Se establece que existe una
relación social dondequiera que hay reciprocidad por parte de dos o más individuos, cada uno
de los cuales refiere su acción a actos (o actos previstos) de otro, pero esto no significa
necesariamente que los sentidos incluidos en la relación sean compartidos mutuamente.
Muchas de las relaciones que integran la vida social tienen carácter transitorio, y están
constantemente en proceso de formación y disolución, y que no todas las interacciones entre
individuos constituyen una relación social según Weber. Además, se mencionan los cuatro
tipos de orientación del proceder social: racional con arreglo a fines, racional con arreglo a
valores, afectiva y tradicional.
• Racional con arreglo a fines: en el pensamiento de Weber es el más racional de todos,
el individuo evalúa los medios que va a utilizar, los fines y las consecuencias.
• Racional con arreglo a valores: el individuo se guía por lo que le indique su moral,
ética, sus valores, etc. No evalúa los fines, sino que lo hace porque lo considera justo.
• Afectiva: es la menos racional de los cuatro tipos ideales, es aquella la cual se orienta
por los sentimientos y las pasiones.
• Tradicional: es aquella que se realiza por costumbre o por tradición, no se reflexiona lo
que proviene de ellas.
Weber argumenta que todas las relaciones sociales se basan en la "probabilidad" con que un
agente o pluralidad de agentes dirigirá su acción de una manera específica. Afirmar el
elemento de contingencia en la conducta humana no es negar su regularidad o posibilidad de
predecirla, sino recalcar el contraste entre el proceder significativo y la respuesta invariable
característica.
Weber también presenta una taxonomía conceptual de los principales tipos de relación social y
de las formas más globales de organización social en términos de probabilidad. Toda relación
social duradera presupone uniformidades de conducta que consisten en lo que Weber
denomina "uso" y "costumbre". Un uso es la probabilidad de una regularidad en la conducta
cuando y en la medida que esa probabilidad de una regularidad dentro de un grupo de
personas no se basa en otra cosa que en su práctica efectiva, mientras que una costumbre es
simplemente un uso que descansa en un arraigo duradero. La conformidad a los usos y
costumbres no está respaldada por ningún tipo de sanciones, sino que es asunto de la
voluntad espontánea del agente.
Weber destaca que la uniformidad de proceder fundada en los usos y costumbres contrasta
con la que se relaciona con el tipo ideal de acción racional, en la que los individuos buscan
subjetivamente sus propios intereses. La actitud del empresario capitalista en un mercado
libre es el caso más típico de esta última. Donde la uniformidad de conducta resulta de
motivos de interés propio, la relación social es generalmente mucho más inestable que la que
se apoya en la costumbre.
Para Weber, una convención es un patrón de conducta que es repetido por un grupo de
individuos y que, por lo tanto, adquiere una cierta normatividad. A diferencia de la ley, que se
aplica a todos los miembros de la sociedad, la convención puede ser específica de un grupo
particular. Además, a diferencia de la costumbre, que se transmite de generación en
generación y puede ser difícil de cambiar, la convención puede ser relativamente nueva y más
flexible en su aplicación. En resumen, para Weber, la convención es una forma de conducta
normativa que se aplica en un contexto social específico.
La afirmación de Weber es que las relaciones sociales más estables son aquellas en las que los
individuos están orientados por la creencia en un orden legítimo. Esta creencia puede ser
entendida como la aceptación y adhesión a los principios y normas que rigen la interacción
social en un grupo o sociedad determinada. Ejemplos de esto son los funcionarios que acuden
regularmente a su oficina a la misma hora debido a la validez de un reglamento de servicios, o
el hecho de que un delincuente reconoce la existencia de las leyes y adapta su
comportamiento para eludir el castigo.
Weber también señala que la conformidad con el orden legítimo puede ser impuesta por el
convencionalismo, donde la sumisión se asegura mediante sanciones informales aplicadas por
el grupo. Este convencionalismo puede estar respaldado por un individuo o grupo que tiene la
capacidad legítima para aplicar sanciones contra los transgresores, lo que puede o no incluir a
los jueces y policías profesionales en una sociedad moderna.
Weber destaca la relación empírica entre las costumbres, los convencionalismos y la ley. Las
costumbres pueden dar lugar a normas que se convierten en leyes, mientras que la
introducción de una nueva ley puede dar lugar a nuevos modos de conducta habitual. En
última instancia, el orden legítimo es una construcción social que puede ser interpretada de
diferentes maneras y puede variar entre diferentes grupos y sociedades.
La definición de "poder" (Macht) según Weber se refiere a la capacidad de un agente para
lograr sus objetivos a pesar de la oposición de otros en una relación social. Por lo tanto,
cualquier relación social implica cierto grado de poder. La "dominación" (Herrschaft), por otro
lado, es un caso específico de ejercicio del poder en el que un agente obedece un mandato
específico de otro. La aceptación de este dominio puede basarse en motivos diversos, desde el
hábito hasta la promoción cínica de las propias prerrogativas, pero la creencia en la legitimidad
de la subordinación es el principal apoyo de cualquier sistema estable de dominación.
Weber distingue tres tipos ideales de legitimidad sobre los cuales puede fundamentarse una
relación de dominio: la tradicional, la carismática y la legal-racional. La autoridad tradicional se
basa en la creencia en la "santidad de las normas y poderes de mando heredados de tiempo
inmemorial". Por ejemplo, en pequeñas comunidades rurales, la autoridad a menudo está en
manos de los ancianos del poblado, quienes se consideran más sabios y, por lo tanto, más
cualificados para ejercer la autoridad. En la forma patriarcal de dominación tradicional, que se
basa en la unidad familiar, el cabeza de familia posee una autoridad que se transmite de
generación en generación mediante reglas de herencia. En el patrimonialismo, que es la forma
de dominación característica de los gobiernos despóticos tradicionales de Oriente y del
Próximo Oriente y de la Europa medieval, existen funcionarios administrativos subordinados a
un jefe por vínculos de lealtad personal.
Por otro lado, la autoridad legal-racional se basa en normas impersonales que no son el
remanente de la tradición, sino que se han establecido conscientemente dentro de un sistema
jurídico formal. En una organización burocrática racional, la incorporación de funcionarios se
basa en criterios objetivos, como la competencia y la formación, y los deberes y privilegios
están claramente definidos en reglas y regulaciones. Cualquier innovación en las normas de
gobierno se presenta como una elaboración racional de las leyes.