Elementos Maravillosos en Los Cuentos de Hadas
Elementos Maravillosos en Los Cuentos de Hadas
ELEMENTOS MARAVILLOSOS
EN LOS
CUENTOS DE HADAS
AUTORA
TUTOR
DECLARACIÓN DE AUTORÍA
ÍNDICE
1. Introducción 5
1.1.Importancia y justificación del tema elegido 5
1.2.Metodología y fuentes 7
2. Objetivos 9
3. Desarrollo 10
3.1.El cuento 10
3.1.1. Qué es el cuento 10
3.1.2. Clasificación de los cuentos:
cuento tradicional o popular y cuento literario 11
3.1.3. Los cuentos tradicionales: un camino empezado hace siglos 12
3.2.El cuento de hadas 13
3.2.1. El mundo fantástico y el mundo maravilloso 13
3.2.2. El cuento de hadas o maravilloso 16
3.3.Elementos maravillosos en los cuentos de hadas 19
3.3.1. La atmósfera creada: el tiempo 20
3.3.2. La atmósfera creada: el espacio 22
3.3.3. Los personajes 24
3.3.4. Los objetos mágicos 29
3.3.5. Las situaciones concretas 32
3.4.Influencia de esta literatura en el desarrollo de los niños 35
4. Aplicaciones didácticas: posibilidades insospechadas 39
5. Conclusiones 44
6. Referencias bibliográficas 46
7. Anexos 51
Gracias a mi tutor, José del Canto, por su tiempo, dedicación, paciencia y ayuda.
Y gracias a mis padres y a mis abuelos, por haberme leído y contado tantos cuentos.
“Los cuentos de hadas son más que reales, no porque nos digan que los dragones
existen, sino porque nos dicen que los dragones pueden ser derrotados.”
1. INTRODUCCIÓN
“Erase una vez, hace muchos, muchos años…”. Estas palabras, con seguridad, le
resultan familiares a todo el mundo. Son palabras que tenemos grabadas en nuestra
mente, y también en nuestro corazón. Porque evocan momentos de la infancia,
recuerdos de predisposición a escuchar un relato lleno de aventuras y magia, momentos
entrañables que conducían a un mundo donde los animales hablaban y donde las hadas,
los ogros o las brujas eran los protagonistas, un mundo maravilloso donde todo era
posible.
Si algo hay claro respecto a los cuentos, es que están presentes en nuestra vida.
Siempre ha sido así y lo seguirá siendo. Durante años y siglos, los cuentos se han ido
transmitiendo, con diferentes entramados, personajes, e incluso finalidades. Pero han
permanecido entre nosotros.
Es por esto por lo que los cuentos, y su posición dentro de la literatura –y más
concretamente de la literatura infantil-, han sido objeto de estudio y análisis para
numerosos autores.
a la mente del niño realidades inefables que le son absolutamente necesarias” (1991,
348).
Hay mucha bibliografía sobre los cuentos de hadas, que abarca los más conocidos
aspectos: origen, características, estructuras, conveniencia educativa, etc. Nosotros, en
el presente trabajo, hemos querido centrarnos en uno que nos parece interesante: el
análisis de los componentes que otorgan a estos cuentos el nombre de cuentos
maravillosos, por el que también se los conoce.
1.2.Metodología y fuentes
Los pasos que se han seguido para la elaboración del trabajo, han sido los
siguientes:
Andersen, Hans Christian (edición de Payarols, F., & Valentí Fiol, E. 1974)
El intrépido soldadito de plomo La princesa del guisante
El patito feo La sirenita
El ruiseñor Pulgarcita
Anónimo (edición de Arán, P., Maure, M., & Bullich, L. 1991)
Ali-Babá y los cuarenta ladrones. De Las mil y una noches
Browning, Robert (edición de Montes, G. 1977)
El flautista de Hamelin
Caballero, Fernán (edición de López García-Berdoy, M. T., & Andrada, C. 1986)
El pájaro de la verdad
La niña de los tres maridos
Los caballeros del pez
Grimm, Jakob y Wilhelm (edición de Seijo Castroviejo, M. A., & Adamo, M. 1987)
Blancanieves La luz azul
El pobre y el rico Las tres plumas
El rey de la montaña de oro Rapónchigo
Hänsel y Gretel
Perrault, Charles (edición de Peyrou, O., Eyheramonno, J., Pascual, E., & Doré, G.
1983)
Caperucita Roja La Bella Durmiente del Bosque
Cenicienta o el zapatito de cristal Piel de Asno
El Gato con Botas Pulgarcito
2. OBJETIVOS
3. DESARROLLO
3.1.El cuento
El cuento, como género literario que hoy se conoce, no siempre fue concebido como
tal, y “todavía a mediados del siglo XIX, no había alcanzado este el suficiente rango
literario para designar un género creacional” (Baquero Goyanes, 1998, 109).
El cuento, por tanto, es una narración en prosa, cuya característica principal y que lo
diferencia de otros géneros literarios, como puede ser la novela, es la brevedad.
Pretende deleitar y entretener antes que instruir, aunque frecuentemente encierra alguna
enseñanza.
Si bien es cierto que el cuento infantil debe su origen histórico a la tradición oral,
existe una diferencia entre los cuentos tradicionales o populares y los cuentos literarios,
a pesar de que éstos últimos parecen tener una clara inspiración popular.
Hablando grosso modo, los cuentos tradicionales o populares son aquellos que
proceden de la colectividad, del folclore, que se han transmitido oralmente a lo largo de
la historia y que son anónimos –aunque se hayan recopilado-. Son también conocidos
como universales. Los cuentos literarios, por su parte, son aquellos que pertenecen a un
autor, tienen un origen individual porque deben su invención a alguien concreto.
A partir de ahora me centraré en los cuentos populares, ya que, como expondré más
adelante, es donde se encuadran los cuentos de hadas o cuentos maravillosos, tema
central del presente trabajo.
El cuento tradicional o popular es el género literario más adecuado para los niños.
Según Díez-Taboada y Díez Rodríguez (1998), pertenece al saber tradicional del
pueblo, y se sitúa dentro de la misma cultura que los mitos, las leyendas, los romances,
las coplas y los cantares. Su transmisión ha sido oral durante muchos años, de abuelos a
hijos y a nietos. Durante mucho tiempo, la palabra era el único modo de difundir y pasar
los conocimientos y el saber, y los cuentos no fueron menos, permaneciendo en la
memoria de los más mayores, y transmitiéndose de este modo de generación en
generación, de unos pueblos y culturas a otros.
Todo tiene un comienzo y un final. Para que algo exista, tiene que haber un punto de
partida. Los cuentos también lo tienen. Su origen. Pero es esta una cuestión muy
compleja, por las diferentes hipótesis que se han propuesto sobre ello; si bien no hay
ninguna completamente verdadera o segura. Por ese motivo, en este apartado, más que
intentar abordar el origen de los cuentos tradicionales, voy a realizar un breve recorrido
por su historia.
Graciela Montes ya dijo que “es difícil rastrear los orígenes de un material tan
difundido, tan recreado y tan vuelto a nacer tantas veces”. (Montes, 1977, 7). Haciendo
referencia a las dos hipótesis quizás más generales, y siguiendo a Díez-Taboada y Díez
Rodríguez (1998), se podría hablar de la teoría monogenética y de la teoría poligenética.
La primera de ellas defiende un origen común de los cuentos, con un proceso de
difusión posterior. La segunda de ellas propone un origen múltiple, que daría lugar a
“diversos nacimientos independientes en diferentes lugares y tiempos” (1998, 117).
Son muchos los autores dedicados a este tema, pero cabe destacar el trabajo del
finlandés Antii Aarne, publicado en 1910, sobre la clasificación de cuentos de hadas.
Fue ampliado y completado por el estadounidense Stith Thompson, publicando en 1961
la clasificación sobre cuentos universales Aarne-Thompson, mundialmente conocida y
aceptada, y basada en la constancia de uno o varios motivos. Propone cinco categorías
de cuentos: cuentos de animales, cuentos comunes u ordinarios, cuentos humorísticos,
cuentos de fórmula y cuentos no clasificados. Cada categoría a su vez se subdivide en
grupos, perteneciendo los cuentos maravillosos a la de cuentos comunes u ordinarios.
Lo fantástico
Fantástico-extraño-maravilloso
Como se ha visto, una vez que se opta por una respuesta o una solución u otra, nos
salimos de lo fantástico: estaremos en el género de lo extraño “si se decide que las leyes
“Pasemos ahora del otro lado de esta línea media que llamamos lo fantástico. Nos encontramos
en el campo de lo fantástico-maravilloso, o, dicho de otra manera, dentro de la clase de relatos
que se presentan como fantásticos y que terminan con la aceptación de lo sobrenatural. Estos
relatos son los que más se acercan a lo fantástico puro, pues éste, por el hecho mismo de quedar
inexplicado, no racionalizado, nos sugiere, en efecto, la existencia de lo sobrenatural. El límite
entre ambos será, pues, incierto; sin embargo, la presencia o ausencia de ciertos detalles
permitirá siempre tomar una decisión” (Todorov, 1982, 65-66).
Por último, para cerrar este punto, y disipar, si aún quedara, toda duda entre la
relación analizada, me gustaría comentar brevemente en qué consiste el género de lo
maravilloso puro, puesto que con el presente trabajo pretendo analizar los elementos
maravillosos en este tipo de cuentos. En estas narraciones, los elementos o sucesos
sobrenaturales no producen reacción ninguna, ni en los personajes ni en el lector. “La
característica de lo maravilloso no es una actitud hacia los acontecimientos relatados
sino la naturaleza misma de esos acontecimientos” (Todorov, 1982, 68). Así, no es
sorprendente que Cenicienta calzara zapatos de cristal, ni que un lobo le hablase a
Caperucita, ni que Aurora durmiera durante cien años, ni que la madrastra de
Blancanieves hablase con el espejo para preguntarle quién era la más bella del reino. Al
fin y al cabo, aquí se ha conformado un mundo irreal desde el principio, donde las
sorpresas debidas a hechos sobrenaturales no tienen cabida.
Según Todorov (1982), en este tipo de cuentos está presente lo que él llama el
“pandeterminismo”, es decir, que todo lo que ocurre en ellos tiene una causa,
normalmente sobrenatural –aunque también puede ser natural- definitiva. Como
consecuencia de ello, las metamorfosis y transformaciones, la comunicación entre todos
los seres y personajes de la historia, los juegos en el tiempo (anticipación, retroceso y
suspensión del mismo) y las cualidades especiales del espacio (invisibilidad, bilocación,
poder sobre la muerte, aparición-desaparición de elementos, etc.) tienen una presencia
significativa.
Según este mismo autor, otra característica de este subgénero son las expresiones o
recursos semánticos que presenta, conformando estos una parte esencial de lo
maravilloso, ya que provocan asombro en el niño. La lengua empleada destaca por su
sencillez, por lo que suelen considerarse adecuados para los más pequeños. Según Díez-
Taboada y Díez Rodríguez (1988), han conservado el estilo de la transmisión oral,
repleta de refranes, proverbios, comparaciones, hipérboles, etc. El uso del estilo directo,
de palabras –incluso de algunas que ya no se utilizan-, y de palabras-expresiones
inventadas e inexistentes, intensifican los retoques literarios. También son frecuentes e
Según Zapata Ruiz (2007), un rasgo identificador de los cuentos de hadas sería su
construcción a partir de la imaginación poética. La imaginación, esa capacidad humana
que nos permite atravesar la línea al mundo de lo imposible, creando situaciones,
argumentos, personajes y visiones deseadas o nuevas, que van más allá de la realidad,
dejando que todo ocurra. Pero en los cuentos de hadas, esta imaginación es poética,
estética, tinta de una belleza especial los escenarios y contextos que aparecen, creando
estampas que cautivan.
Es Vladimir Propp quien hace una de las más grandes aportaciones referidas a los
cuentos maravillosos. En su conocida obra Morfología del cuento, Propp propone que
este tipo de cuentos son iguales en cuanto a su estructura. Analiza y organiza las
diferentes situaciones que se dan, repetida y constantemente, en todos los cuentos
maravillosos, y las denomina “funciones”, estableciendo treinta y una distintas (ver
anexo I). Estas funciones, pueden no darse todas, pero conforman los límites de las
acciones en estos relatos, permaneciendo invariables. López Tamés, en Introducción a
la literatura infantil, cita a Propp para explicar que el cuento maravilloso tiene un doble
aspecto: “por una parte su extraordinaria diversidad, su abigarrado pintoresquismo, y
por otra, su uniformidad no menos extraordinaria, su monotonía” (1985, 35) y también
para definir el cuento maravilloso como “narración que parte de una transgresión y pasa
por funciones intermedias hasta llegar al matrimonio o a otras funciones utilizadas
como desenlace” (1985, 37).
Todas estas características hacen que los niños sean los lectores y oyentes ideales de
los cuentos de hadas, ya que permanecen embrujados por el encanto del relato durante
toda la narración, sin preguntarse ni dudar acerca de los hechos que tienen lugar. Zapata
Ruiz establece cuatro criterios que, según ella, son los que producen el encanto por
escuchar estos cuentos: “el placer generado por la belleza contenida en el relato, los
múltiples sentidos que el cuento sugiere, las peculiaridades de los personajes, y que
desde su origen estos cuentos maravillosos fueron creados para el deleite tanto de los
adultos como de los niños” (2007, 111).
Si bien, inicialmente, muchos de estos cuentos fueron creados para el oído de los
adultos, desde hace ya décadas, son considerados como un género narrativo dirigido a
los niños. Incluso se piensa que los adultos no tienen nada que aprender o “sacar” de
estos cuentos. Frente a esto, Bettelheim apunta que, de entre los diferentes géneros de la
literatura infantil, “no hay nada que enriquezca y satisfaga tanto, al niño y al adulto,
como los cuentos populares de hadas” (1990, 11). Así también, Zapata Ruiz, autora que
hemos mencionado más arriba, cita en su obra a Tolkien, quien dice que “no hay ningún
motivo particular por el que los adultos deban abandonar el cuento” (2007, 144). En
definitiva, y usando palabras de Pisanty, “al adulto que lee un cuento, el texto le pide,
entre otras cosas, que se esfuerce por ser tan ingenuo como es, instintivamente, el niño”
(1995, 51). Y el niño, con esa predisposición inconsciente, recibe la influencia de este
género, que veremos más adelante.
Por último, y como preámbulo para presentar el siguiente apartado, Zapata Ruiz
establece los siguientes dispositivos formales de los cuentos de hadas que nos permiten
entrar en el mundo de la ficción (2007, 152):
El placer del cuento, según Pisanty, sería el resultado combinado de dos acciones, a
saber, “de la exigencia de seguridad por un lado (la seguridad de lo ya conocido) y del
impulso hacia lo desconocido por el otro” (1995, 30-31).
Si preguntamos a varios niños o incluso adultos cómo era el mundo donde ocurría la
historia de La Bella Durmiente, seguramente obtendremos diversas respuestas. En cada
mente, el ambiente y la atmósfera que envuelven cada cuento son diferentes. Y todas las
opciones son válidas.
La determinación temporal es incierta e imprecisa. Se dice así que estos cuentos son
ucrónicos, ya que no podemos decir cuándo ocurren, no existe cronología. Se producen
juegos en el tiempo, ya que las coordenadas temporales son abstractas y en muchas
ocasiones se dan saltos notables, como los cien años que estuvieron durmiendo en el
castillo de Aurora.
El elemento principal que nos hace entrar de lleno en esta atmósfera son las
fórmulas introductorias de los cuentos: “Érase una vez…”, “Hace más de mil años…”,
“Hace mucho, mucho tiempo…”. Según Pisanty (1995) son estas fórmulas las que
hacen que el oyente identifique el género ante el que está, y se predisponga para
interpretar correctamente la acción, sabiendo cómo es el esquema de este tipo de
cuentos. Suponen el abandono del mundo concreto. El hecho de que estas fórmulas se
expresen en el tiempo del pretérito imperfecto, hace que nuestra mente viaje a tiempos
remotos, además de añadir un cierto valor poético (Pérez, 2006). Estos cuentos,
narrados en tercera persona, y como acabamos de decir, en pasado, hacen que el oyente
acepte lo que ocurre sin dudar, ya que no hay un narrador que se involucre en la acción.
“Erase una vez un Rey y un Reina que, por no tener hijos, estaban tan afligidos, tan
afligidos, que no hay palabras para decirlo”. Y en el mismo cuento: “La Princesa se atravesará la
mano con un huso; pero, en vez de morir, caerá sólo en un profundo sueño, que durará cien años,
al cabo de los cuales vendrá a despertarla el hijo de un Rey.” (Perrault, C. La Bella Durmiente
del Bosque.)
“En China, como sabes muy bien, el Emperador es chino, y chinos son todos los que lo
rodean. Hace ya muchos años de lo que voy a contar, mas por eso precisamente vale la pena que
lo oigáis, antes de que la historia se haya olvidado.” (Andersen, H. C. El ruiseñor.)
“Una vez en medio del invierno, cuando los copos de nieve caían como plumas, estaba
sentada una reina cosiendo junto a una ventana que tenía un marco de negra caoba.” (Grimm, J.
y W. Blancanieves.)
“Hace ya mucho tiempo, cuando Dios andaba todavía por la tierra entre los hombres,
sucedió que una tarde estaba cansado, y la noche le sorprendió antes de que pudiera llegar a una
posada.” (Grimm, J. y W. El pobre y el rico.)
“Pusiéronse en camino, cada cual por su lado, y al cabo de mucho tiempo se volvieron a
reunir allende los mares, en lejanas tierras, sin que ninguno hubiese hallado cosa hermosa y
única en su especie.” (Caballero, F. La niña de los tres maridos.)
Los cuentos nos transportan a otro mundo, alejado del nuestro, del que conocemos.
Al igual que ocurre con el tiempo, los cuentos nos introducen en un mundo donde el
espacio y los lugares son utópicos, indefinidos. No sabemos dónde están realmente, y es
imposible situarlos geográficamente en los mapas que conocemos. El cuento
maravilloso “carece de descripciones detalladas de ambientes y paisajes” (Díez-
Taboada y Díez Rodríguez, 1998, 124), y estos mismos autores citan a Tolkien cuando
dice que este tipo de cuentos se refieren a “las aventuras de los hombres en un reino
peligroso de límites sombríos” (1998, 124).
Según Savater (1982), los espacios y los paisajes son fundamentales en los cuentos.
Son ellos los que dotan de aventura al relato, haciéndolo más deseado. Este autor
defiende que uno de los puntos clave que “enganchan” al escuchar un cuento, es el
alejamiento del protagonista del punto de origen -por ejemplo, la casa paterna- para salir
en busca de aventuras, resolver un problema, buscar algo importante, etc. Nos
adentramos así en paisajes desconocidos, exóticos, misteriosos, donde no se sabe qué
hay ni qué puede aparecer u ocurrir. Dice este autor que la lección de los cuentos es que
“sin noticia del miedo ni de la nostalgia, nada se podrá saber tampoco de la forma
humana de habitar un hogar, que supone, ante todo, haber vuelto” (1982, 5).
Además de estos escenarios abiertos, son importantes en los cuentos lo que podría
llamarse los interiores, donde tienen lugar muchas de las acciones y situaciones: las
casas –ya sean de condición humilde, de clase media, o de chocolate-, los palacios, los
castillos –también los encantados-, los barcos, etc.
Quizás el escenario que cabe mencionar más detenidamente es el bosque, por ser
uno de los más comunes en los cuentos de hadas. El bosque simboliza lo desconocido,
lo misterioso, la perdición, lo secreto. Son paisajes oscuros, densos, inmensos, donde
los lobos salen al encuentro de los personajes y donde los caminos conducen a casas de
brujas malvadas. Frecuentemente, los animalitos que allí habitan son los personajes
bondadosos que ayudan al protagonista a encontrar la salida, o a contactar con alguien
para pedir auxilio.
Sea como sea, los escenarios y paisajes, los espacios donde se desarrolla la trama y
la acción, al no presentar descripciones detalladas, hacen que el niño viaje e imagine
lugares inéditos, al igual que tampoco puede situarse en tiempos concretos.
“Caperucita Roja salió en seguida para ir a casa de su abuela, que vivía en otro Pueblo.
Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre Lobo, que tuvo muchas ganas de
comérsela, pero no se atrevió, porque andaban por el Monte algunos Leñadores.” (Perrault, C.
Caperucita Roja.)
“Estuvieron toda la noche andando y todo el día siguiente, de la mañana a la tarde, pero
no lograron salir del bosque y estaban muy hambrientos, pues no tenían nada más que las pocas
bayas que había en el suelo. Y como estaban muy cansados y ya no podían tenerse en pie, se
tumbaron bajo un árbol y se durmieron. (…) Los niños lo siguieron hasta que llegaron a una
pequeña casa, en cuyo tejado se posó el pajarillo, y cuando se acercaron a ella vieron que la
casita estaba hecha de pan y recubierta de pastel, y las ventanas eran de azúcar.” (Grimm, J. y W.
Hansel y Gretel.)
“Erase una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero que fuese una
princesa de verdad. En su busca recorrió todo el mundo, mas siempre había algún pero. Princesas
había muchas, mas nunca lograba asegurarse de que lo fueran de veras; cada vez encontraba algo
que le parecía sospechoso. Así regresó a su casa muy triste, pues estaba empeñado en encontrar
a una princesa auténtica.” (Andersen, H. C. La princesa del guisante.)
“¡Qué hermosa estaba la campiña! Había llegado el verano: el trigo estaba amarillo; la
avena, verde; la hierba de los prados, cortada ya, quedaba recogida en los pajares, en cuyos
tejados se paseaba la cigüeña. (…) Rodeaban los campos y prados grandes bosques, y entre los
bosques se escondían lagos profundos.” (Andersen, H. C. El patito feo.)
“En alta mar el agua es azul como los pétalos de la más hermosa centaura, y clara como el
cristal más puro; pero es tan profunda, que sería inútil echar el ancla, pues jamás podría ésta
alcanzar el fondo. (…) Pero no creáis que el fondo sea todo de arena blanca y helada; en él
crecen también árboles y plantas maravillosas, de tallo y hojas tan flexibles, que al menos
movimiento de agua se mueven y agitan como dotadas de vida. Toda clase de peces, grandes y
chicos, se deslizan por entre las ramas, exactamente como hacen las aves en el aire. En el punto
de mayor profundidad se alza el palacio del rey del mar; las paredes son de coral, y las largas
ventanas puntiagudas, del ámbar más transparente; y el tejado está hecho de conchas, que se
abren y se cierran según la corriente del agua. (…) Frente al palacio había un gran jardín, con
árboles de color rojo de fuego y azul oscuro; sus frutos brillaban como oro y las flores parecían
llamas. El suelo lo formaba arena finísima. De arriba descendía un maravilloso resplandor azul;
más que estar en el fondo del mar, se tenía la impresión de estar en las capas de la atmósfera, con
el cielo por encima y por debajo.” (Andersen, H. C. La sirenita.)
Héroes y heroínas
Según López Tamés (1985), los personajes de los cuentos no poseen ambigüedad, es
decir, se sitúan en un extremo o en otro: son buenos o malos, guapos o feos, ricos o
pobres. El bueno siempre vence y triunfa sobre el malo, que suele recibir un castigo,
desembocando así en un final feliz para los héroes, que alcanzan su recompensa final
materializada en la boda con la princesa, el perdón de los enemigos, el reconocimiento o
el restablecimiento de la situación inicial, entre otros.
los cuentos de los primeros, los reyes se muestran como personas justicieras que
eliminan a los rivales, y también aparecen a veces como viejos, enfermos, que antes que
el poder prefieren la vida. Por el contrario, Perrault ofrece una imagen de rey muy “al
estilo de Luis XIV”. En cuanto a los pobres, estos se presentan en muchos cuentos en
contextos míseros, desprovistos de categoría social alguna, aunque generalmente al final
su condición cambia. Son familias pobres, pastores, leñadores, etc. Ambos personajes
quedan presentados en muchas ocasiones al inicio de los cuentos.
“Erase una vez un Gentilhombre que se casó en segundas nupcias con la mujer más
altiva y orgullosa que se pude ver jamás. Tenía dos hijas de idéntico carácter y que se parecían a
ella en todo. El Marido tenía por su parte una hija joven, pero de una dulzura y bondad sin igual;
esto le venía de su Madre, que era la mejor persona del mundo.” (Perrault, C. Cenicienta o el
zapatito de cristal.)
“Todos eran exactamente iguales, excepto uno, que se distinguía un poquito de los
demás: le faltaba una pierna, pues había sido fundido el último, y el plomo no bastaba. Pero con
una pierna se sostenía tan firme como los otros con dos, y de él precisamente vamos a hablar
aquí.” (Andersen, H. C. El intrépido soldadito de plomo.)
“Luego se hizo visible, fue a la sala y dijo: -La boda se ha acabado, el verdadero rey ha
vuelto.- Los reyes, príncipes y consejeros que estaban allí reunidos se burlaron y rieron de él. Él
habló brevemente: -¿Queréis marcharos, sí o no?- Entonces quisieron apresarlo y se dirigieron
hacia él. Él, sin embargo, sacó su espada, y dijo: -Todas las cabezas al suelo menos la mía.-
Todas las cabezas rodaron por el suelo y él siguió siendo el único señor y fue otra vez el rey de la
montaña de oro.” (Grimm, J. y W. El rey de la montaña de oro.)
“Erase una vez un soldado que durante muchos años había servido con fidelidad al rey”.
Y al final del mismo cuento: “Al rey le entró miedo, se puso a rogar, y con tal de conservar su
vida, le dio al soldado su reino y a su hija por esposa.” (Grimm, J. y w. La luz azul.)
“Erase una vez un Leñador y una Leñadora que tenían siete hijos y todos Chicos. El
mayor no tenía más de diez años y el menor no tenía más que siete. Puede sorprender que el
Leñador tuviera tantos hijos en tan poco tiempo; pero es que su mujer trabajaba a destajo y los
hacía nada menos que de dos en dos. Eran muy pobres y sus siete hijos los empobrecían aún
más, porque ninguno de ellos podía ganarse la vida.” (Perrault, C. Pulgarcito.)
Personajes sobrenaturales
Según esta misma autora, ambos tipos de personajes son maravillosos, ya sea su
condición dirigida a ayudar o a obstaculizar. Cita ella misma a Agustín Nieto Caballero,
que hace una interesante comparación entre las figuras antagónicas de la bruja y del
hada:
“El espíritu del bien y del mal quedaron representados en dos tipos de mujeres; la una horrenda
en su vejez, surcado el rostro de rugosos arabescos, desdentada, con dos colmillos protuberantes,
con los ojos saltones y vengativos, nariz de pájaro de presa, cabellos alborotados, sayal andrajoso
y sucio y mala intención en todos sus ademanes. La otra, mujer de deslumbradora y juvenil
belleza, ojos de azul marino, mirada de infinita dulzura, trenzas de oro para iluminar el rostro
extraterreno, túnica de purísima blancura y sólo bondad en sus palabras. La una monta en una
escoba desmirriada y parece surgir del fondo del averno en medio de la tormenta. Trae
maldiciones. La otra llega en un rayo de sol, brota como uno de sus destellos. Su aporte son los
dones de la felicidad”. (Volosky, L. 1995, 111-112)
También Caterina Valriu, en su artículo Els personatges fantàstics: les bruixes, els
mags, les fades…, en el libro de Gemma Lluch De la narrativa oral a la literatura per a
infants: Invenció d’una tradició literaria (2007), realiza un interesante análisis de los
personajes fantásticos: las brujas, los magos, brujos y astrólogos, las hadas, los ogros y
gigantes y los seres diminutos; especificando sus atributos, sus cualidades, los espacios
donde viven y actúan, sus ayudantes, sus poderes, etc.
Estos personajes son, si cabe, los que más llaman la atención del niño, los que traen
la magia a la mente, sus transformaciones y metamorfosis -que ellos mismos sufren o
hacen padecer a otros-. Están fuera de la realidad, de lo normal, no existen en esta vida.
Y sin embargo, son los que dan ese punto de misterio, de toque maravilloso a la vida del
personaje principal.
“Con el alma cargada de penas, fue a buscar a su Madrina, muy lejos, a una cueva
retirada, que en Nácar y Coral era una mina de tan profusamente engalanada. Se trataba de un
Hada admirable, sin duda un Hada aparte, que no tuvo rival nunca en su Arte.” (Perrault, C. Piel
de asno.)
“Entre tanto, las Hadas empezaron a conceder sus dones a la Princesa. La más joven le
otorgó el don de ser la persona más bella del mundo; la siguiente, el de tener ingenio como un
Ángel; la tercera, el de mostrar una gracia admirable en todo lo que hiciera; la cuarta, el de bailar
perfectamente; la quinta, el de cantar como un ruiseñor, y la sexta, el de tocar con suma
perfección toda clase de instrumentos.” (Perrault, C. La Bella Durmiente del Bosque.)
“La Reina, para obligarlo a hablar con claridad, le dijo varias veces a su hijo que en la
vida había que pasarlo bien, pero él nunca se atrevió a confiarle su secreto; aunque la quería, la
temía, porque era de raza de Ogros, y el Rey sólo se había casado con ella por sus muchas
riquezas; hasta decían bajito en la Corte que tenía las inclinaciones de los Ogros, y que al ver
pasar a los niños pequeños, le costaba todo el trabajo del mundo contenerse para no lanzarse
sobre ellos.” (Perrault, C. La Bella Durmiente del Bosque.)
“Y con las artes de bruja que ella conocía hizo un peine envenenado. Luego se disfrazó
y tomó la apariencia de otra anciana. (…) Después de esto se fue a una cámara escondida y
solitaria, donde no podía entrar nadie, y preparó una manzana envenenada. Externamente tenía
un aspecto muy hermoso, con una parte blanca y otra roja, de tal manera que a todo el que la
viera le apetecería, pero tan pronto como comiera un trocito, moriría.” (Grimm, J. y W.
Blancanieves.)
“Ese pájaro está en el castillo de Irás y no volverás; ese castillo lo guarda un gigante
feroz, que no duerme sino un cuarto de hora en las veinticuatro. (…) No lejos del castillo hay
una torre, en la que vive una pícara bruja, que es la que sabe el camino, y que lo enseña con tal
de que le traigan de la fuente que corre allí el agua de mil colores que sirve para sus encantos.”
(Caballero, F. El pájaro de la verdad.)
Animales parlantes
Este último hecho, el que los animales hablen, hace que su cercanía con los
personajes aumente, ya que son capaces de usar el mismo lenguaje y comunicarse sin
problemas. Se establece una unión entre animales y humanos. Para los niños, esta
cercanía conforma la parte maravillosa de los cuentos, ya que en la vida real y cotidiana
esto no ocurre. Muchas veces, a través de esta estrecha relación, los animales muestran
algunos rasgos con los que los niños se identifican, llegando así a representar de forma
Según Held (1987), la inclusión de los animales parlantes en los cuentos se ha visto
necesaria por su relación con la infancia de los niños y el conocimiento de los mismos,
aunque algunos autores no supieran ver la relación con lo maravillo o lo fantástico. Pero
la realidad es que el encanto de hablar con los animales, dialogar con ellos, entender su
lenguaje e incluso vislumbrar algo de su vida interior, hace que el niño alcance en los
cuentos su sueño de mantener esta relación con estos seres, propio de su pensamiento
animista. Algunos animales concretamente parecen ser más cercanos a los niños, como
los mamíferos de cuatro patas, o los pájaros, que además encierran esa nostalgia de
volar.
Con esto y todo, la presencia de animales que hablan en los cuentos de hadas forma
parte de lo sobrenatural de los mismos, y muchas veces son estos personajes los
ayudantes de los protagonistas o héroes, sus amigos, aunque también pueden ser los
peores enemigos que intenten conducir por el camino equivocado.
“Le preguntó adónde iba; la pobre niña, que no sabía que es peligroso pararse a
escuchar a un Lobo, le dijo: -Voy a ver a mi Abuela, y a llevarle una torta con un tarrito de
mantequilla que le envía mi madre. –¿Vive muy lejos?- le dijo el Lobo. -¡Oh, sí! –dijo
Caperucita Roja-. ¿Ve aquel molino lejos, lejos? Pues, nada más pasarlo, es la primera casa del
Pueblo. –Pues mira –dijo el Lobo-, yo también quiero ir a verla; yo voy a ir por este camino y tú
por aquel, a ver quién llega antes.” (Perrault, C. Caperucita Roja.)
“El Gato, que estaba oyendo aquellas palabras, pero que se hacía el desentendido, le
dijo con aire sosegado y serio: -No os alijáis, mi amo: no tenéis más que darme un Saco y
hacerme un par de Botas para ir a los zarzales, y veréis cómo vuestra parte no es tan mala como
creéis.” (Perrault, C. El gato con botas.)
“Conforme tuvo en su mano el remendón al hermoso pez, le dijo éste (que por lo visto
no era tan callado como suelen serlo los de su especie): -Llévame a tu casa; córtame en ocho
pedazos y guísame con sal y pimienta, canela y clavo, hojas de laurel y hierbabuena. Dale a
comer dos pedazos a tu mujer, dos a tu yegua, dos a tu perra y los otros dos los sembrarás en tu
jardín.- El remendón hizo al pie de la letra cuanto le dijo el pescado; tal fue la fe que le
inspiraron sus palabras.” (Caballero, F. Los caballeros del pez.)
“¡Ya me has recompensado! –Dijo el ruiseñor.- Arranqué lágrimas a tus ojos la primera
vez que canté para ti. Nunca lo olvidaré, pues esto son las joyas que contentan al corazón de un
cantor. Pero ahora duerme y recupera fuerzas. Yo seguiré cantando para ti. ” (Andersen, H. C. El
ruiseñor.)
“La rana le preguntó qué deseaba. Él contestó: -Me gustaría tener la alfombra más fina y
más hermosa.- Entonces ella llamó a una rana joven y dijo: Ranita portera, ranita guardiana,
rana mensajera, tráeme la caja. La ranita trajo la caja y la rana grande la abrió y le dio a
Bobalicón un tapiz tan hermoso y fino como no podía ser tejido otro igual en la tierra.” (Grimm,
J. y W. Las tres plumas.)
“Los objetos mágicos pueden ser: 1º, animales (caballo, águila, etc.); 2º, objetos de los que
surgen auxiliares (el anillo y los jóvenes); 3º, objetos que tienen propiedades mágicas, como la
espada y el violín; 4º, cualidades recibidas directamente, como por ejemplo la fuerza o la
capacidad para transformarse en animal. Llamamos objetos mágicos a todos los que se
transmiten de este modo. Las formas de transmisión son las siguientes: 1º, el objeto se transmite
directamente; 2º, el objeto se halla en un lugar indicado; 3º, el objeto se fabrica; 4º, el objeto se
vende y se compra; 5º, el objeto cae por azar en las manos del héroe; 6º, a veces el objeto
aparece espontáneamente; 7º, el objeto se come o se bebe; 8º, se roba el objeto; 9º, diferentes
personajes se ponen a disposición del héroe”. (Propp, 1981, 53-55).
Los objetos mágicos, según Volosky (1995), poseen cualidades mágicas por haber
estado en posesión, de alguna forma, por seres sobrenaturales. Sus usos pueden ser
diferentes y variados, y no son fáciles de encontrar, ya que suelen ser únicos. El héroe o
heroína los encuentra con mucho trabajo, gracias, generalmente, al encuentro con un
personaje especial que le indica la existencia del objeto concreto.
- Vegetales. Quizás, los más importantes. Hay muchos objetos mágicos de origen
vegetal. Las flores, hojas, pueden servir como cura y remedio para males y
enfermedades, o como elementos para pócimas y conjuros. Las semillas
mágicas, muy presentes en los cuentos maravillosos, hacen crecer plantas que
poseen cualidades mágicas, y cuyos frutos son maravillosos o permiten la
entrada a otro mundo. Las raíces de la varita mágica también son vegetales, y no
hace falta mencionar los poderes sobrenaturales que contiene, casi siempre
conocidos por los personajes, que o bien la poseen o desean poseerla.
- Minerales. El valor de las piedras queda recogido en la fuerza y la unidad que
éstas representan, ya que tradicionalmente han sido objeto de adoración, por
poseer cualidades mágicas.
- Construidos por el hombre. Estos objetos son construidos para conseguir algún
beneficio, para ayudar a alcanzar los objetivos. Pueden ser a su vez de diversos
tipos, desde joyas, sobre todo anillos, símbolo de continuidad y dotado de
cualidades mágicas que proporcionan al que lo posee algo maravilloso; pasando
por recipientes cerrados, en cuyo interior habitan genios, hombrecillos o
espíritus que conceden deseos; escobas voladoras, capas y alfombras mágicas; e
incluso instrumentos musicales, que tienen el poder de otorgar deseos o de hacer
seguir el camino del músico.
- Relacionados con la tierra, el fuego, el aire y el agua. Es común que aparezcan
objetos relacionados con los cuatro elementos de la naturaleza. Normalmente
también poseen propiedades mágicas, y proporcionan a quien los conserva
cualidades tales como sabiduría, invisibilidad o vuelta a la vida, tras beber, por
ejemplo, un agua determinada.
Decir por último, siguiendo a la autora mencionada, que el uso de estos objetos
puede darse asimismo de distintas formas, ya sea por el simple hecho de poseerlos, o
haya que decir unas palabras mágicas para que funcionen, o sea necesario quemarlos o
introducirlos en el agua para ver su poder. Y que, es tradicionalmente sabido, que al
igual que los cuentos maravillosos están repletos de objetos mágicos, aquellos que se
atrevan a abusar de su poder, serán castigados.
“Su Madrina la vació, dejando sólo la corteza, la tocó con su varita mágica, y la
calabaza se convirtió en seguida en una hermosa carroza dorada. (…) Su Madrina no hizo más
que tocarla con su varita mágica y al instante sus vestidos se convirtieron en paño de oro y plata,
recamados de piedras preciosas; después le dio un par de zapatos de cristal, los más bonitos del
mundo.” (Perrault, C. Cenicienta o el zapatito de cristal.)
“Se puso delante de su espejo y dijo: -Espejo, espejito, dime una cosa: ¿Quién es de
estos contornos la más hermosa?- El espejo respondió: -La más bella de aquí sois vos, señora,
pero aún Blancanieves es más hermosa. Vive allá abajo, cuidando la casita de los enanos.- Se
asustó ante esto, pues sabía que el espejo no decía mentiras, y se dio cuenta de que el cazador la
había engañado y que Blancanieves estaba viva todavía.” (Grimm, J. y W. Blancanieves.)
“Y sólo entonces notaron que alrededor del cuello tenía una banda roja y amarilla (para
hacer juego con el saco), de cuyo extremo colgaba una flauta. También notaron que los dedos se
le escapaban, como si estuvieran ansiosos por tocar esa flauta que se bamboleaba sobre el
anticuado traje. (…) Y antes de que la flauta hubiese emitido tres notas agudas, se oyó algo que
recordaba un ejército en marcha. El murmullo se convirtió en gruñido, el gruñido en rugido y las
ratas comenzaron a precipitarse atropelladamente a la calle”. Y más adelante: “Pero sucedió que,
al llegar al pie de la montaña, se abrió de par en par un portal maravilloso, como si de pronto
hubiese surgida una caverna.” (Browning, R. El flautista de Hamelin.)
“Cuando entró allí vio que todo estaba encantado: recorrió todas las habitaciones y
todas estaban vacías, hasta que llegó a la última de las cámaras, donde había una serpiente
enroscándose. La serpiente era una doncella encantada. (…) –Si soportas todo esto sin decir la
menor palabra, entonces estaré liberada. Iré a tu lado y, como tengo el agua de la vida, con ella te
rociaré y volverás a vivir y a estar tan sano como antes”. Y más adelante, en el mismo cuento:
“Toma este anillo; cuando te lo pongas podrás trasladarte adonde desees.” (Grimm, J. y W. El
rey de la montaña de oro.)
“El vendedor le dijo que tenía aquel espejo una virtud, y era que se veían en él las personas
que su dueño deseaba ver. (…) Este bálsamo tiene una gran virtud, que es la de hacer resucitar a
los muertos. (…) Esta arca posee una gran virtud, pues en pocas horas lleva a su dueño y a los
que con él se embarcan a donde apetecen ir y donde deseen.” (Caballero, F. La niña de los tres
maridos.)
El oyente sabe –su mente está preparada para ello- que lo que va a escuchar en los
cuentos maravillosos no es compatible con el mundo real, y asimila este hecho. Los
niños, incluso, ni siquiera piensan que lo que sucede en los cuentos no pueda suceder
también en la vida real, simplemente creen lo que se les cuenta.
“Alí-Babá los vio pasar, uno tras otro, bajo el árbol, así pudo contarlos fácilmente. Eran
cuarenta, ni uno más ni uno menos. Se acercaron a una roca, al pie de la colina, y el que parecía
el jefe gritó: -¡Ábrete, Sésamo!- De repente, la roca se abrió en dos mitades y los ladrones se
introdujeron en una gruta. En cuanto hubo entrado el jefe dijo: -¡Ciérrate, Sésamo!- Y la roca se
cerró.” (Anónimo. Alí-Babá y los cuarenta ladrones. De Las mil y una noches.)
Aquí se entremezcla en la historia una parte realista, ladrones que guardan un tesoro
y un hombre pobre que lo encuentra, y una parte maravillosa, la entrada a la cueva
mediante una fórmula mágica. La cueva como lugar de escondite es algo cotidiano, pero
sin embargo, aparece un elemento maravilloso, sin el cual el acceso a dicho lugar no es
posible. Además, la importancia de esta fórmula es esencial, ya que si no se utiliza
correctamente, no funciona –como le pasa a Casim en la historia, que no recuerda el
nombre exacto y prueba con otros nombres de cereales y granos, sin éxito-.
“Se la llevó a su Madrina, sin lograr entender cómo aquella calabaza podría hacerla ir al
Baile. Su Madrina la vació, dejando sólo la corteza, la tocó con su varita mágica, y la calabaza se
convirtió en seguida en una hermosa carroza dorada”. Y más adelante en el mismo cuento: “Lo
llevaron a casa de las dos hermanas, que hicieron todo lo posible para que su pie entrara en el
zapato, pero no lo consiguieron. (…) El Gentilhombre que hacía la prueba del zapato, habiendo
mirado atentamente a Cenicienta, y habiéndola encontrado muy hermosa, dijo que era justo, y
que tenía orden de probárselo a todas las jóvenes. Mandó a Cenicienta sentarse y, acercando el
zapato a su piececito, vio que entraba sin esfuerzo y que le caía como un guante.” (Perrault, C.
Cenicienta o el zapatito de cristal.)
“Cuando cumplió doce años, la hechicera la encerró en una torre que estaba en el
bosque y no tenía puerta ni escaleras, solamente arriba una pequeña ventana. Cuando la bruja
quería entrar, gritaba desde abajo: -¡Rapónchigo, Rapónchigo, deja caer tus cabellos!-
Rapónchigo tenía unos cabellos muy hermosos, finos como si fueran de oro hilado. Cuando oía
la voz de la hechicera, desataba sus trenzas, las enrollaba en un gancho en la ventana y los
cabellos le caían cincuenta codos y la hechicera trepaba por ellos.” (Grimm, J. y W. Rapónchigo
–Rapunzel-.)
En este cuento, como en muchos otros, la figura de las torres altas, o de los
castillos, puede tener cabida en la realidad. Incluso se puede comprender que no tengan
puertas ni escaleras. Pero el hecho de que sea el cabello –que se intuye extremadamente
largo- el elemento mediante el cual se accede al interior, es lo que impregna de
maravilloso al relato, produciéndose la fusión entre las dos naturalezas.
“De manera que cuando esos niño sean mayores podrán recuperar su puesto al lado de
su padre y libertar a su madre. Aunque esto no es tan fácil, porque no podrán identificar su
persona, ni probar así la inocencia de su madre, ni la maldad de los ministros, pues sólo hay un
medio por el que podrán desengañar al rey. (…) El único que puede persuadir al rey es el Pájaro
de la verdad, que habla la lengua de los hombres, aunque ellos las más veces no saben o no
quieren entenderle. Ese pájaro está en el castillo de Irás y no volverás.” (Caballero, F. El pájaro
de la verdad.)
Por último, la situación concreta que recojo de este cuento es muy típica. El héroe –
en este caso, dos hermanos- tienen un encuentro fortuito con alguien –en este caso, una
golondrina- a través de quien descubren qué tienen que hacer para conseguir lo que
quieren –en este caso, encontrar al Pájaro de la verdad para demostrar su identidad-.
Esta situación que puede darse en este mundo, en la vida cotidiana, tiene influencias
maravillosas en cuanto a que quienes revelan lo que se desea conocer pueden ser seres
sobrenaturales o animales, inexistentes en el mundo que conocemos, y normalmente, el
fin es un objeto mágico, o en este caso, un pájaro que los salvará gracias a que habla el
lenguaje humano y solo dice la verdad.
Pero antes de analizar esta influencia, veremos qué papel juega la narrativa en la
enseñanza. Para todo ello voy a basarme en dos autores, Carmen Caamaño y Bruno
Bettelheim.
Según Caamaño, la narrativa es realmente una capacidad de cada ser humano, que
también tiene incidencia a nivel social. Es algo muy profundo que permite la
construcción del mundo y de la humanidad. Quizás por esto es considerada como
fundamental en la enseñanza. Formar el esquema narrativo en la mente desde que somos
pequeños, nos permite conformar estructuras mentales que después nos abren paso a
pensar en otros mundos posibles, alternos al nuestro, y a ser capaces de relatar y contar,
nuestras experiencias, nuestras historias, desde nuestro punto de vista y nuestro
subjetivismo.
“Somos fabricantes de historias. Narramos para darle sentido a nuestras vidas, para comprender
lo extraño de nuestra condición humana. Los relatos nos ayudan a dominar los errores y las
sorpresas. Vuelven menos extraordinarios los sucesos imprevistos al derivarlos del mundo
habitual. La narrativa es una dialéctica entre lo que se esperaba y lo que sucedió, entre lo
previsto y lo excitante, entre lo canónico y lo posible, entre la memoria y la imaginación. Y
nunca es inocente” (Bruner, 2003, contratapa).
Según Piaget, entre estos años, el niño se encuentra en la etapa del estadio
preoperacional, caracterizada por el acceso a la función simbólica, por el pensamiento
preconceptual (que conlleva un razonamiento transductivo que va de lo particular a lo
particular) y por el pensamiento intuitivo, cuyo rasgo principal es el egocentrismo. De
este egocentrismo se deriva el animismo, por el que el niño atribuye vida a todos los
objetos. Esto explicaría la aceptación por parte del niño de los aspectos irreales,
fantásticos, sobrenaturales y maravillosos de la literatura.
Es además en este período –concretamente entre los cuatro y los siete años-,
cuando, según Gómez del Manzano, los niños pasan a ser lectores, y “están alojados en
el enigma de la palabra. De la palabra extraen, necesariamente, en el momento
apropiado, la potencialidad lúdica y creativa del texto” (1985, 36).
Para Bettelheim (1990), los mitos, las historias bíblicas y los cuentos de hadas
conforman la literatura que a lo largo de todos los siglos ha educado tanto a adultos
como a niños. De entre toda la literatura infantil, y de entre todos los cuentos, los de
hadas, sostiene este autor, son los que más gustan y más influencia tienen en los niños.
Éstos, leyendo o escuchando este tipo de historias, se ven reflejados en las situaciones
que ocurren, y comprenden los sentimientos y acciones de los personajes, aunque sea de
manera inconsciente, convirtiéndose los cuentos en ejemplos de situaciones de su vida,
con soluciones que puede imitar para resolver sus problemas y dificultades.
parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las
privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos
alzándose, al fin, victorioso” (1990, 15).
Así pues, los cuentos de hadas suelen plantear, de una u otra manera, un problema
existencial, que será resuelto al final de la historia. Pero para ello, se entrelazan
numerosos elementos, acciones, personajes, que harán que el niño en su interior vaya
formando una idea y una moralidad concretas. El maniqueísmo es un hecho que tiene
como finalidad que el niño diferencie bien ambas conductas y comportamientos,
esperando de él que sepa elegir lo bueno. Observando los rasgos y las actitudes de
ambos tipos de personajes, los buenos y los malos, el niño realiza sus propias
conjeturas, y comprende que esta dualidad está también presente en la vida real.
También aprende que si hay algo que se quiere conseguir, por difícil que sea, puede
alcanzarse, sin importar las circunstancias y condiciones. Por ejemplo, vemos en
muchos cuentos de hadas que son los pobres o humildes aquellos que triunfan y llegan
lejos, siendo capaces de salir adelante en sus proyectos.
Por último, las soluciones que se ofrecen el niño puede comprenderlas bien,
entendiendo los dilemas que se plantean. Y muy importante: la soledad que suele
experimentar el héroe o protagonista en este tipo de historias, ayuda al niño a verse
reflejado, a ver que en la vida muchas veces nos sentimos solos, abandonados, perdidos,
sin saber qué hacer o qué camino tomar. Pero que esa soledad e incertidumbre es
necesaria para salir adelante, y que tarde o temprano, hay quien nos ayuda y nos va
guiando.
Aparte de todo esto, el cuento de hadas gusta al niño, le satisface, le divierte. El niño
se encuentra a gusto, fascinado por estas historias. Le permiten dejar volar su
imaginación, adentrarse en mundos nuevos, desconocidos, exóticos. El querer escuchar
una y otra vez estos relatos, los mismos durante años, le va haciendo conformar su
personalidad. Y es que el niño no se cansa de escuchar un mismo cuento, ya sea con
cuatro, seis o nueve años; pero, en cada momento, el cuento influirá de forma diferente
en él. Aunque no se dé cuenta de esto, el niño va fijándose en diferentes aspectos,
tomando ideas según el momento y la situación en la que se encuentre cuando lo
escucha. Siempre hay una influencia psicológica, y por eso los niños prefieren unos u
otros cuentos, aunque vayan cambiando de parecer con el tiempo. Según Bettelheim, la
vida del niño siempre se ve enriquecida por los cuentos de hadas.
Además del placer y el deleite que le procura, son muchos los puntos positivos y los
beneficios que el cuento aporta en su desarrollo. Así lo defienden varios autores, ya
mencionados, como Bettelheim, Gómez del Manzano y Jean, entre otros.
4. APLICACIONES DIDÁCTICAS:
POSIBILIDADES INSOSPECHADAS
Gómez del Manzano (1979), en el capítulo Los libros no son sólo para leer de su
libro El niño y los libros, propone diferentes posibilidades que estos ofrecen. Según esta
autora, lo primero que suele hacerse tras leer un libro –o en este caso, un cuento-, es
comentarlo, dialogar y conversar sobre él: las opiniones, las críticas, lo que más nos ha
gustado, etc. Incluso esto da pie a releer pasajes concretos por su interés o para aclarar
cuestiones. Este siempre es un buen ejercicio para trabajar con los niños, ya que
desarrolla la expresión verbal, activa la memoria y la concentración y ayuda en la
comprensión del cuento o de determinados detalles.
Pero también son interesantes las “posibilidades de transformar los cuentos” (1979,
20). Basándome en el capítulo mencionado, comentaré algunas.
La expresión plástica es un medio muy oportuno para que el niño manifieste sus
emociones. A través del dibujo, el niño refleja su percepción del mundo, su visión de la
realidad y plasma ideas de su imaginación.
Gómez del Manzano hace una sugestiva aportación cuando dice que además, la
pintura es un medio para librar a la mente del niño de determinados aspectos que no le
gustan del cuento, o que le causan miedo. Por ejemplo, es bien sabido que muchos niños
tienen pesadillas con “los malos”, los villanos de las historias. El dibujarlos es una
forma de sacarlos de su cabeza y dejarlos en el papel para siempre. (1979, 20)
Aquí la pintura vuelve a ser la protagonista. Tras leer un cuento, se puede proponer
a los niños recrear dicho cuento con sus propios dibujos. Así, cada uno representará una
escena del cuento, reflejando cómo la entienden ellos. Es interesante porque cada uno
asimilará la acción de una u otra forma, y cuando se vea el cuento recreado terminado,
podrán ir explicando qué han dibujado y por qué.
Habrá diferentes puntos de vista y diferentes conclusiones extraídas del mensaje del
cuento, y de las actitudes de los personajes.
3. Representando el cuento.
También mediante la representación se puede conocer qué opinión tiene el niño del
cuento, cómo y para qué le ha servido, y si se ha visto reflejado con algún personaje o
situación concreta.
4. Continuando la historia.
Rodari (1985) propone algunas técnicas para conseguir esto. Recojo, entre otras, las
siguientes:
5. Reflexionando el dilema.
Como ya hemos visto, Bettelheim (1990) expone que en los cuentos de hadas se
manifiestan dilemas ante los que el niño reflexiona y decide interiormente,
desarrollando así su moralidad. Es por tanto importante trabajar con ellos, sin
imposiciones, para guiarlos por el camino adecuado. Borrego de Dios (1994) defiende
que el cuento, indirectamente, suscita el razonamiento moral. Si bien los niños pueden
disfrutar de la lectura del cuento en cualquier momento y lugar, sin necesidad de ser
exclusivamente en la escuela, dentro del contexto de la moral y de la educación social y
personal, “la lectura del cuento se realiza con una intención educativa en la que al
interés literario del texto se une la finalidad de promover una serie de objetivos propios
del ámbito” (1994, 7).
Hoy en día vivimos en una sociedad muy diferente a la de hace unas décadas, y no
digamos a la de hace siglos. Los cambios, la evolución y el avance en muchos aspectos
y ámbitos son indudables. Quizás uno de los giros más vertiginosos haya sido la era
tecnológica en la que nos encontramos inmersos.
Por tanto, para concluir este apartado, y a modo de resumen, decir que la
importancia del cuento de hadas dentro de la educación es notable, y que ofrece unas
implicaciones considerables:
5. CONCLUSIONES
Los cuentos han estado siempre presentes en la vida del hombre. Desde sus orígenes
más antiguos fueron creados para el entretenimiento, el deleite y la transmisión de
valores. Y así han ido pasando de generación en generación, de forma oral al principio,
hasta llegar a nuestros días.
Con el paso del tiempo, los cuentos han ido adquiriendo elementos de las diferentes
épocas históricas. Así, vemos una evolución en los cuentos populares del Renacimiento,
del Romanticismo, etc., donde van cambiando aspectos de la sociedad, de la familia, de
la figura del hombre y la mujer… Vemos, por ejemplo, diferencias entre la sociedad
burguesa del siglo XVII y la sociedad moderna del siglo XIX.
A pesar de estos cambios, que van de la mano del avance histórico, existen unos
elementos presentes en todos los cuentos que permanecen inmutables, naturalmente
también en los cuentos de hadas. Estos elementos son la atmósfera creada, tanto del
tiempo como del espacio, los personajes, los objetos mágicos y las situaciones concretas
que tienen lugar en el relato. Son ellos los que otorgan a este tipo de cuentos ese
carácter único y especial.
Así, hemos advertido en nuestro trabajo que los personajes de estos relatos viven sus
aventuras en lugares y tiempos que desconocemos, en los que cualquier cosa, por
extraña que parezca, puede ocurrir de repente. Para alcanzar sus metas y objetivos, tanto
los héroes como los villanos hacen uso de las virtudes o cualidades sobrenaturales que
normalmente poseen, impregnando así las aparentes situaciones cotidianas con un toque
maravilloso. Pero lo que realmente dota a los cuentos de hadas de ese carácter singular y
encantador es la presencia de los objetos mágicos. Ese anillo, esa agua, esa flor, esa
varita que los personajes siempre anhelan y que son necesarios en la trama de la historia
para lograr lo que se quiere. La magia, al fin y al cabo, es misteriosa, inesperada y
permite llegar, tanto a los personajes como al lector, a límites insospechados.
de las actuaciones de los personajes, el niño se identifica con ellos, con sus
enfrentamientos a problemas existenciales que él mismo puede sufrir. Pero también se
le ofrecen soluciones, que puede percibir y llevar fácilmente a su vida.
Para finalizar, recojo un fragmento de Peter Pan, en el que se refleja toda esta
magia, este encanto y deleite que despierta en los niños el interés y el disfrute, y en
definitiva, este mundo maravilloso del que todos hemos formado parte alguna vez.
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7. ANEXOS