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S: I. Introducción. II. El Estado de Occidente. III. Estado Libre

Este documento presenta un resumen de la introducción del libro "Historia Constitucional Sinaloense". Explica que la historia del constitucionalismo en Sinaloa tiene sus orígenes en la Constitución que rigió al Estado Interno de Occidente entre 1825 a 1831. Después de la independencia de México, el Congreso Constituyente creó una Constitución Federal en 1824 y designó a Sinaloa y Sonora como un solo estado. Más tarde, en 1825 el Estado de Occidente, compuesto por Sinaloa y Sonora, adoptó su

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S: I. Introducción. II. El Estado de Occidente. III. Estado Libre

Este documento presenta un resumen de la introducción del libro "Historia Constitucional Sinaloense". Explica que la historia del constitucionalismo en Sinaloa tiene sus orígenes en la Constitución que rigió al Estado Interno de Occidente entre 1825 a 1831. Después de la independencia de México, el Congreso Constituyente creó una Constitución Federal en 1824 y designó a Sinaloa y Sonora como un solo estado. Más tarde, en 1825 el Estado de Occidente, compuesto por Sinaloa y Sonora, adoptó su

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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE

José Antonio GARCÍA BECERRA


Luis Javier ALGORRI FRANCO

SUMARIO: I. Introducción. II. El Estado de Occidente. III. Estado libre


y soberano de Sinaloa en el siglo XIX. IV. Las Constituciones de Sina-
loa en el siglo XX y sus reformas. V. Conclusiones. VI. Bibliografía.

I. INTRODUCCIÓN

La historia del constitucionalismo sinaloense tiene su antecedente más


remoto, en el texto constitucional que rigió la vida política del Estado
Interno de Occidente de 1825 a 1831. La erección de éste, como tal, se
debió al triunfo de las ideas federalistas sobre las centralistas en el primer
Congreso Constituyente del México independiente.
Una vez proclamada la independencia, en septiembre de 1821, el go-
bierno provisional se dio a la tarea de crear un orden constitucional, para
lo cual, se instaló en febrero del siguiente año el Congreso. Los diputados
ahí congregados, declararon ser los representantes de la nación y estar
legitimados para decidir el devenir del pueblo mexicano, al residir en
ellos la soberanía nacional. Con base a esto, aprobaron que la religión
católica fuera la única en el estado, y que el régimen monárquico-cons-
titucional, representativo y hereditario fuera la forma de gobierno, deno-
minándolo Imperio mexicano, llamando al trono a Agustín de Iturbide,
tal y como lo señalaba el Tratado de Córdoba. También fue aprobado por
el Congreso el Reglamento Provisional Político del Imperio Mexicano.
Este documento declaró abolida la Constitución española en toda la ex-
tensión del Imperio, y se erigió como el sustento de la organización po-
lítica mexicana hasta en tanto el Congreso Constituyente expidiera la car-
ta fundamental.

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Sin embargo, el levantamiento en armas de Antonio López de Santa


Anna, y su proclama de desconocer el Imperio de Iturbide, así como su
insistencia en la reinstalación del Congreso Constituyente, tuvo como
consecuencia, que a principios de marzo de 1823, Iturbide reinstalara al
disuelto Congreso y abdicara ante él.
El Congreso consideró, el 8 de abril, que no había lugar a discutir la
abdicación por haber sido nula la coronación, y declaró ilegales los actos
realizados desde la proclamación del Imperio, e insubsistente la forma
de gobierno establecida en el Tratado de Córdoba y el decreto de fe-
brero de 1822, por el que se aprobó el Reglamento Provisional Político
del Imperio Mexicano.
El nuevo Congreso Constituyente, que remplazaba al anterior en su
tarea de elaborar el texto constitucional, se reunió el 5 de noviembre de
1823 y dos días después llevó a cabo su sesión solemne.
Miguel Ramos Arizpe, uno de los constituyentes más avezados en las
lides parlamentarías, y quien había representado a la otrora Nueva España
en las Cortes de Cádiz, se puso a la cabeza del partido federal y fue
nombrado presidente de la Comisión de Constitución.
El 20 de noviembre dicha Comisión presentó el Acta Constitucional
anticipo de la Constitución, la discusión de ésta se efectuó del 3 de di-
ciembre de 1823 al 31 de enero de 1824. Tal propuesta fue aprobada casi
sin variantes, denominándosele Acta Constitutiva de la Federación Me-
xicana.
Hasta el 1o. de abril fue cuando el Congreso comenzó a discutir el
proyecto de Constitución, la cual fue aprobada con algunas modificacio-
nes por la asamblea el 3 de octubre del mismo año, con el título de Cons-
titución de los Estados Unidos Mexicanos, firmada el 4 de octubre y pu-
blicada al día siguiente por el Ejecutivo, con el nombre de Constitución
Federal de los Estados Unidos Mexicanos.
El Acta Constitutiva de la Federación enunció en su artículo 7o. a los
estados integrantes de la Federación, entre los cuales se encontraba el
Interno de Occidente, compuesto por las provincias de Sonora y Sinaloa.
Por su parte, el texto final de la Constitución Federal de los Estados
Unidos Mexicanos de 1824, comprendió en su artículo 5o. las partes de
la Federación, considerando a los estados de Sonora y Sinaloa como uno
solo.

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II. EL ESTADO DE OCCIDENTE

El Estado de Occidente inició su labor constitucional el 12 de septiem-


bre de 1824, al instalarse el primer Congreso Constituyente en la Villa
de El Fuerte, que había sido designada capital del estado. Su primer acto
fue nombrar gobernador a Juan Manuel Riesgo, quien ejercía el cargo
de intendente provisional; amén de otros 42 decretos que expidió, antes de
sancionar la Constitución Política del Estado Libre de Occidente, el 31
de octubre de 1825, y publicarla el 2 de noviembre del mismo año.
El texto de la Constitución del Estado de Occidente, fue de gran avan-
zada para su época en varias de sus disposiciones. Sin embargo, su es-
píritu fue más bien de corte liberal, al tenor de la Constitución Federal
de 1824. No muy congruente resulta, por su tendencia liberal, encon-
trar en su contenido la intolerancia religiosa, al elevar a la religión
católica como religión de estado, siguiendo en ese sentido, la corriente
conservadora del Reglamento Provisional Político del Imperio Mexi-
cano de Iturbide.
La carta fundamental del estado de Occidente, estatuyó como forma
de gobierno, el régimen republicano, representativo, popular y federado.
También decretó la división del poder político en Legislativo, Ejecutivo
y Judicial, de acuerdo con la Constitución Federal de los Estados Unidos
Mexicanos, la que a su vez tomó la teoría de Montesquieu de la división
del poder, de las ideas de los constituyentes mexicanos partidarios del
sistema federal, asiduos lectores de la Constitución norteamericana de
1787 y de la teoría de los pesos y contrapesos en el ejercicio del poder
de los federalistas Hamilton, Madison y Jay. No es óbice de lo anterior
señalar que la Constitución española de Cádiz en 1812, texto en el cual
varios constituyentes mexicanos participaron en representación de la
Nueva España, contempló la división del poder político, retomando las
ideas del barón de la Bredé y de Montesquieu de la Asamblea Nacional
Francesa y de su Constitución de 1791.
El Poder Legislativo se constituyó en forma unicameral, con un Con-
greso compuesto de 11 diputados electos popularmente cada 2 años. El
Ejecutivo por su parte, estuvo a cargo del gobernador del estado. Su pe-
riodo de gobierno era de 4 años, y tenía la posibilidad de ser electo nue-
vamente, una vez transcurrido un lapso igual. Se nombraba un vicego-
bernador para suplir las faltas del gobernador.

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La Constitución del Estado Interno de Occidente, preveía la existencia


de un Consejo de Gobierno con el carácter de cuerpo consultivo, para todos
los casos de gravedad, que demandaran ilustración y consejo para el ti-
tular del Ejecutivo. El Judicial tenía bajo su responsabilidad los tribunales
del estado, con una Corte de Justicia como órgano máximo, compuesta
por 9 ministros y un fiscal, cuyo nombramiento correspondía al gober-
nador a propuesta del Consejo de Gobierno.
La Constitución en comento otorgó la facultad de votar, y también la
de ser votados, a todos los ciudadanos en las elecciones locales. Por ello
se reconoció la ciudadanía a los 21 años siendo solteros, y a los 18 siendo
casados. Sin embargo, los procesos para elegir a las autoridades estatales
no eran directos, aún y cuando se preveía que los diputados, gobernador,
vicegobernador y los integrantes del Consejo de Gobierno serían electos
popularmente, éstos eran en forma indirecta. Las elecciones se realizaban
por medio de juntas electorales, primarias, secundarias y de departamen-
to. Las primarias se celebraban a nivel municipal, las secundarias a nivel
de cabecera de partido y las de departamento se verificaban en la cabe-
cera departamental. En el artículo 3o., el texto constitucional contempló,
que el Estado Interno de Occidente se dividiera en 5 circunscripciones
administrativas, lo cual servía también para los procesos electorales, sien-
do éstas: Arizpe, Horcasitas, El Fuerte, Culiacán y San Sebastián.
En resumen, podemos señalar, que las juntas primarias y secundarias
sólo nombraban electores y los nominados en las secundarias conforma-
ban la Junta de Departamento que era en realidad la que iba a decidir
quiénes desempeñarían cada uno de los cargos políticos del estado. Cabe
destacar, que para ser elector se requería, entre otras cosas, saber leer y
escribir, con lo cual, la elección quedaba en pocas manos, pues sólo unos
cuantos tenían acceso a la educación y en general eran los miembros de
las familias prominentes.
La parte más destacada de la Constitución occidental, y en la cual se
ubicó a la vanguardia nacional, es en el hecho de prescribir una serie de
derechos para los ciudadanos. En este sentido el Constituyente de occi-
dente fue más allá de lo previsto en la carta magna federal. Hasta el Cons-
tituyente de 1836 fue cuando se incluyeron muchas de estas prerrogativas
en el texto fundamental de la nación mexicana.
Dentro de las garantías más importantes encontramos: igualdad ante
la ley; libertad de escribir e imprimir sus ideas políticas; libertad para
ejercer cualquier industria o cultivo; seguridad jurídica en cuanto a su
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persona, domicilio y propiedades; así como acción popular para reclamar


la observancia de la Constitución.
La realidad que imperaba en el Estado Interno de Occidente, con serios
problemas y reacomodos en lo político, en lo económico y en el propio
entorno social; así como las grandes distancias entre las comunidades y
la capital del estado, hacía que estos postulados tan benéficos para la
población, no fueran aplicados a plenitud. Esta situación, además, del
cambio de la sede capital al partido de Alamos, ocasionó que los dipu-
tados sinaloenses pidieran la división del Estado de Occidente para que
Sinaloa fuera un estado autónomo. Tal petición se remitió al Congreso
nacional, el cual se vio impedido para discutirla y en su caso pronunciar-
se, toda vez que el artículo 166 de la Constitución Federal de los Estados
Unidos Mexicanos señalaba claramente la imposibilidad de realizar re-
forma alguna a la carta magna hasta 1830.
El movimiento separatista sinaloense fructificó el 14 de octubre de
1830, fecha en que el Congreso de la nación, decretó que Sonora y Si-
naloa quedarían cada uno como estados de la Federación. El 30 de enero
de 1831 se verificó en Culiacán la elección para diputados que habrían de
integrar el primer Congreso Constituyente sinaloense propiamente dicho.
La erección de Sinaloa como entidad federativa tuvo sus costos. Poco
antes de decretarse la división del Estado de Occidente, la legislatura lo-
cal aprobó que el partido de Alamos, que había pertenecido a El Fuerte
por siglos, pasará a formar parte del distrito de Horcasitas. Los políticos
sinaloenses en su euforia por la separación no repararon en este hecho.
El primer Congreso Constituyente de sinaloa, siguió considerándolo
como parte integrante del territorio sinaloense, pero el Congreso de la
nación dio validez al decreto que lo había agregado al distrito de Horca-
sitas, perdiendo con ello Sinaloa una parte importante de su territorio.

III. ESTADO LIBRE Y SOBERANO DE SINALOA


EN EL SIGLO XIX

1. Constitución de 1831

En marzo se instaló el primer Congreso Constituyente sinaloense en


su capital Culiacán, nombrando como gobernador a Francisco Iriarte y
como vicegobernador a Fernando Escudero. Además de la elección del
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titular del Ejecutivo estatal, el Congreso realizó una amplia labor legis-
lativa en el lapso de un año que duró su gestión. Su tarea incluyó, la
división territorial del estado de Sinaloa en los siguientes partidos: El
Rosario, Concordia, Villa de la Unión, San Ignacio, Cosalá, Culiacán,
Badiraguato, Mocorito, Sinaloa, El Fuerte y Choix. Sin embargo, no fue,
sino hasta el 12 de diciembre, cuando después de una serie de debates,
se expidió la primer Constitución del Estado Libre y Soberano de Sinaloa.
Esta Constitución contenía preceptos jurídicos de gran valía, entre
otros el artículo 10, que establecía que las manos muertas no podían ad-
quirir bienes raíces en el estado. Esta disposición se adelantó a lo que
con posterioridad dispondría la Constitución federal de 1856, al prescribir
la desamortización de las fincas rústicas y urbanas de las corporaciones
civiles y religiosas.
Encontramos también en este texto constitucional, la proscripción de
la esclavitud y el desconocimiento de los títulos de nobleza. También
abolió los empleos hereditarios y las vinculaciones de sangre, así como
la aplicación de tormentos y la confiscación de bienes.
Otro artículo de gran relevancia fue el 108, el cual explícitamente de-
cía que nadie podía ser detenido más de 60 horas, toda vez que si se
excedía de ese término sin darse auto de prisión, se le pondría inmedia-
tamente en libertad.
Un precepto interesante y que demuestra una gran solidaridad, es aquél
que concedió la ciudadanía sinaloense a los nacidos en los países iberoa-
mericanos después de 1810.
Por otro lado, los derechos ciudadanos se suspendían entre otros mo-
tivos, por quiebra fraudulenta en los caudales públicos o de particulares.
Una de las causas de la pérdida de la ciudadanía sinaloense fue la de
vender el voto o comprar el ajeno en las juntas electorales.
La guerra con los Estados Unidos y la lucha por el poder político de
los actores de la vida sinaloense, hizo que los gobernadores desfilaran
sin tener una continuidad en sus proyectos, ni rendir cuentas de sus actos,
tal y como lo ordenaba el texto constitucional. Hasta enero de 1850 fue
José María Gaxiola se hizo cargo del gobierno estatal, quién el 20 de
enero de 1851 se presentó ante la Asamblea Legislativa para rendir el
informe de la situación que guardaba la administración durante el año
que había estado gobernando, siendo el primer gobernador en hacerlo.
En septiembre de 1851 se efectuaron las elecciones para gobernador,
vicegobernador y diputados a la Asamblea Legislativa, la que tendría el
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carácter de constituyente. La elección para el poder Ejecutivo recayó en


la persona del coronel Francisco de la Vega, quién se hizo cargo el 11
de enero de 1852.

2. Constitución de 1852

El 31 de enero de 1852 se sancionó la nueva Constitución, en la cual


se encontraban muchas de las garantías que después se consignaron en
la Constitución Federal de 1857. Entre los artículos de la Constitución
de 1831 que continuaron vigentes se encontraban la proscripción de la
esclavitud, la negación de reconocer títulos de nobleza, la prohibición de
aplicación de tormentos y la imposibilidad legal de las manos muertas
para adquirir bienes raíces.
El gobernador Francisco de la Vega nombró como su secretario de
gobierno al licenciado Ignacio Ramírez, el nigromante, quién dio a la ad-
ministración estatal una orientación liberal, que en mucho ayudó a la po-
blación. Se introdujeron reformas sociales y administrativas que dadas
las circunstancias que privaban en el país resultaron bastante adelantadas.
Esto no cayó bien a ciertos sectores productivos, especialmente a los co-
merciantes extranjeros radicados en Mazatlán.
La Constitución de 1852 continuó estatuyendo un gobierno popular,
representativo, republicano y federal, así como la división del poder po-
lítico en forma tripartita. El Poder Legislativo recaía en la Asamblea Le-
gislativa compuesta de diputados que se renovaban cada 2 años. El Poder
Ejecutivo lo formaban el gobernador, el vicegobernador, el secretario de
gobierno y el consejero de gobierno. El gobernador y el vicegobernador
eran nombrados cada cuatrienio por los colegios electorales y no podían
ser electos nuevamente, sino hasta pasados 4 años. El Poder Judicial, por
su parte, estaba conformado por el Tribunal Superior y los jueces letrados
inferiores cuyas funciones se encontraban reguladas por una ley especial.
La capital del estado siguió siendo la ciudad de Culiacán, residencia fija
de los supremos poderes.
El 20 de abril de 1853, asumió la Presidencia de la República, por
undécima ocasión, Antonio López de Santa Anna. Dicho gobierno sería
a la postre el último y el de más larga duración. Sin embargo, el Plan de
Ayutla y su objetivo de instaurar un gobierno interino y convocar a un
Congreso Constituyente para dar a la nación una estabilidad y un gobier-
no duradero bajo la forma de República representativa y popular rendiría
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frutos. Es así como en agosto de 1855 Santa Anna se vio obligado a


abandonar la capital de la República.
El 18 de febrero de 1856 se realizó la apertura solemne del Congreso
Constituyente, conformado por 78 diputados representantes de todos los
estados y territorios de acuerdo a su población, los cuales tenían el loable
encargo de elaborar el texto constitucional.
El 5 de febrero de 1857 fue sancionada y jurada por el octavo Con-
greso Constituyente nacional de nuestra historia, la carta magna, docu-
mento fundamental que regiría la vida política mexicana a lo largo de 60
años.
En Sinaloa, mientras tanto, se expidió con fecha 3 de enero de 1856
el Estatuto Orgánico del Estado, que debería regir mientras no se expi-
diese la nueva Constitución del país, esto de acuerdo con las facultades
que le concedía el Plan de Ayutla. En agosto de 1857 se instauró el Con-
greso local con el doble carácter de Constituyente y de constitucional,
con la encomienda de elaborar una Constitución estatal de acuerdo con
los lineamientos establecidos en la reciente Constitución general de la
República.

3. Constitución de 1861

La nueva Constitución, expedida el 1o. de abril de 1861 y sancionada


el 3, se redactó bajo las bases de los principios reformistas y en ella se
vieron preceptos más avanzados, como el de la elección popular directa
de los funcionarios públicos en lugar de los consejos electorales de an-
taño. Por ello se expidió la Ley Orgánica Electoral del estado de Sinaloa,
por el mismo Congreso Constituyente el 17 de abril de 1861.
También encontramos en este texto, la reducción de las instancias en
los juicios que eran muchas, y quedando en solo dos, debiendo conocer
de la segunda el tribunal de justicia. Además se consignó la inde-
pendencia de los ayuntamientos en ciertas funciones del ramo municipal.
Todo lo referente a los tres poderes, así como las instancias judiciales,
entrarían en vigor a partir del 15 de septiembre siguiente en que aquellos
quedarían instalados.
La Constitución de Sinaloa declaró a la entidad como soberana e in-
dependiente en todo lo concerniente a su administración interior. Para su
demarcación territorial, el artículo 3o. remitía a lo preceptuado por la
Constitución federal del 5 de febrero de 1857. El Poder Legislativo se
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depositó en un Congreso compuesto de diputados electos popularmente


por cada uno de los distritos en que se dividió el estado, renovándose
cada 2 años por medio de elección popular directa. El Poder Ejecutivo
continuó depositado en un gobernador, electo ahora en forma popular y
directa, el cual no podía ser reelecto sino 4 años después de haber cesado
en sus funciones. El Poder Judicial se depositó en un Supremo Tribunal,
compuesto de 3 ministros y un fiscal, de jueces de primera instancia y
de alcaldes.

4. Constitución de 1870

El 18 de octubre de 1869 se reunió el cuarto Congreso Constituyente


en el puerto de Mazatlán para realizar las reformas necesarias a la Cons-
titución de 1861. El presidente de la Asamblea Constituyente fue por se-
gunda vez Eustaquio Buelna. El texto de la Constitución reformada fue
enviado al gobernador Domingo Rubí, el cual ordenó su impresión y pu-
blicación el 11 de enero de 1870.
La nueva Constitución reformada continuó estableciendo la división
tripartita del poder político y la no reelección del gobernador para un
periodo inmediato. En este nuevo orden constitucional se le impuso la
obligación al Ejecutivo de visitar el territorio del estado por lo menos
una vez por año, además de sancionar y publicar las leyes aprobadas por
el Legislativo. En materia de hacienda se prohibió realizar gasto alguno
que no estuviese previamente en el presupuesto o autorizado por el Con-
greso. En su título XIII vuelve a fijar la responsabilidad de los funcio-
narios públicos: gobernador, secretario del despacho, diputados, magis-
trados del Tribunal, tesorero, contador y todos los empleados sin
excepción, conociendo en primera instancia el Congreso para analizar la
culpabilidad del acusado, y el Supremo Tribunal como jurado de senten-
cia para imponer la pena. Una de las reformas principales que tuvo la
Constitución de 1870 fue la declaración de su artículo 5o., por la cual
quedaba abolida en el estado la pena de muerte.
A principios de 1871 empezó la campaña electoral para los comicios
locales y federales, con dos partidos contendientes; uno apoyaba a Benito
Juárez para la Presidencia y a Eustaquio Buelna para la gubernatura,
mientras que el otro tenía a Porfirio Díaz y a Manuel Márquez de León,
para presidente y gobernador respectivamente. El 2 de julio Buelna triun-

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fó abrumadoramente, y una semana después Juárez le ganó a Porfirio


Díaz con 88 votos contra 58.
El gobierno de Buelna fue uno de las más difíciles que se presentaron en
el siglo XIX. El enfrentamiento con la casta militar que se sublevaba
continuamente, así como la tremenda fuerza económica y política de los
comerciantes extranjeros, fueron dos de los principales problemas a los que
se enfrentó. Con todo ello, su gestión rindió un balance positivo: la ha-
cienda pública entró en vías de arreglo; dio un gran impulso a la educa-
ción, tanto elemental como superior, prueba de ello fue la creación del
Liceo Rosales en Mazatlán y posteriormente el Colegio Rosales en Cu-
liacán, pilares de la Universidad Autónoma de Sinaloa, alma máter de la
entidad. Es de destacar también que durante su gobierno los ciudadanos
gozaron de garantías, y la prensa no tuvo más restricciones que las mar-
cadas por la ley.

5. Constitución de 1880

Por esta época, se inició lo que a la postre sería un largo gobierno


dictatorial a cargo de Porfirio Díaz en el Ejecutivo Federal. Mientras que
en Sinaloa, ocurría algo muy parecido con Francisco Cañedo, quién se-
cundó el Plan de Tuxtepec de Díaz, lo cual le valió para obtener la titu-
laridad del gobierno estatal, tomando posesión el día 4 de junio de 1877.
En el primer gobierno de Cañedo, de los 7 que ejercería entre 1877 y
1909, la represión en contra de sus adversarios políticos y opositores a
su gobierno sería de grandes dimensiones. Dentro de las víctimas que
sobresalen en el régimen cañedista encontramos a dos personajes de la
vida política sinaloense: el periodista José Cayetano Valadés y el general
Jesús Ramírez Terrón. El primero de éstos, se trató de un combativo pe-
riodista mazatleco redactor de La Tarántula, quién a través de sus artículos
denunciaba las arbitrariedades de Cañedo y la corrupción de su régimen.
Valadés fue asesinado en Mazatlán el 27 de enero de 1879 y la indigna-
ción popular estalló en un motín de grandes proporciones en la cual parti-
cipó buena parte de la población del puerto. Cañedo tuvo que someterse
a un juicio ante el Congreso local del cual fue absuelto. El general Ra-
mírez Terrón fue dirigente militar en la revuelta tuxtepecana en Sinaloa,
y sin embargo, fue excluido de las recompensas al triunfo del movimien-
to. El general se levantó en armas en contra del gobierno de Cañedo,
quién recurrió entonces a la traición y logró que Ramírez Terrón fuera
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 367

delatado y muerto en El Salto, cerca de Mazatlán, el 22 de septiembre


de 1880.
El gobernador Cañedo le hizo entrega del gobierno al vicegobernador
electo, general Cleofas Salmón, por ausencia del gobernador constitucio-
nal, Ingeniero Mariano Martínez de Castro, el 27 de septiembre de 1880.
Fue a Martínez de Castro a quién le correspondió promulgar la Consti-
tución política del estado con algunas reformas el 2 de noviembre de
1880.
La Constitución elaborada por los cañedistas fue uno de los instrumen-
tos utilizados por ese régimen para acallar la inconformidad. La manipu-
lación de las elecciones y la supresión de los puestos de elección popular
fueron otros medios de control. La regresión en materia electoral del tex-
to constitucional reformado en octubre de 1880 se aprecia claramente; se
estableció que los prefectos y los directores políticos serían nombrados
por el gobernador, y los alcaldes serían designados por el tribunal de justi-
cia. Estos funcionarios públicos eran de elección popular antes de 1880.
Las reformas a la Constitución no fueron de gran cantidad ni intensi-
dad. Sinaloa continuó con la misma división política, la misma forma de
gobierno interno, excepción mencionada en líneas arriba. Los poderes
Ejecutivo, Legislativo y Judicial no sufrieron modificaciones sustancia-
les, y en general, se trata de un texto constitucional con nulos avances.

6. Constitución de 1894

Durante el tercer periodo de gobierno de Francisco Cañedo, se reunió


en Culiacán la XVII Legislatura para integrar el sexto Congreso Consti-
tuyente, que expidió la Constitución Política del Estado de Sinaloa, re-
formada y sancionada, el día 22 de septiembre de 1894.
El texto en comento cambió su organización territorial al incluir en su
división política al nuevo distrito de Badiraguato. Con ello, el número de
distritos aumentó a 10. Sin embargo, lo que no cambió, fueron los nom-
bramiento del prefecto, autoridad ejecutiva en el distrito, así como de los
directores políticos, autoridad en las direcciones, división administrativa
de los distritos, los cuales seguían recayendo en el titular del Ejecutivo
estatal.
La Constitución de 1894 fue la primera que reguló la existencia y ac-
tuación del Ministerio Público. En el título XI, artículo 66, se señaló que
el Ministerio Público dependería del gobernador, y que se compondría
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368 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

de un procurador general que integraría el Tribunal Pleno con voz y sin


voto, y de los agentes que le estarían subordinados. Para regular su ac-
tuación y competencia se puso en vigor el Código de Procedimientos Pe-
nales el 4 de febrero de 1895, y años después, el Código de Procedimien-
tos Civiles en 1903.
Las reformas que tuvo el texto constitucional de 1894 fueron en el
tenor de un gobierno dictatorial como el del general Francisco Cañedo.
Hasta el curso de la primera década del siglo XX hubo señales de que
el régimen porfiriano-cañedista llegaba a su fin. Aparecieron brotes de
lucha social que aún pudieron ser reprimidos, pero a costa de agudizar
la explotación y despotismo que pesaba sobre la mayor parte de la po-
blación. Hubo también un despertar de la conciencia política, lo cual de-
sembocó en la formación de agrupaciones opositoras al régimen, que
denunciaban los graves problemas y exigían soluciones. En medio de ese
ambiente, ocurrió la muerte del general Francisco Cañedo, el 2 de junio
de 1909. Se abrió entonces en Sinaloa una coyuntura favorable a la ex-
presión y movilización política, pues debía elegirse al sucesor a la gu-
bernatura.

IV. LAS CONSTITUCIONES DE SINALOA EN EL SIGLO XX


Y SUS REFORMAS

Dos fueron las Constituciones expedidas durante el siglo XX en Sina-


loa, bajo la influencia del constitucionalismo social iniciado por la Cons-
titución federal de 1917. Lo anterior coincidiendo con la caída de Cañedo
y el fin de su gobierno dictatorial y la celebración de elecciones populares
con mayor libertad.

1. Constitución de 1917

La Constitución de 1917, reformando la del 22 de septiembre de 1894,


fue decretada por la XXVI Legislatura constitucional, con carácter de
constituyente en virtud del artículo 4o. del decreto número 71, del 19
mayo del mismo año, expedido por el gobernador provisional del estado
Ramón F. Iturbe. Esta Constitución responde en principio al triunfo de
la fracción constitucionalista en Sinaloa y a la consolidación jurídica del

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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 369

triunfo electoral de Iturbe, que fue cuestionado por sus adversarios como
violatorio de las disposiciones de la carta local de 1894.
Inspirada en la aprobada por el Constituyente nacional de 1916-1917,
la Constitución sinaloense de 1917, si bien mantiene en la organización
política de la entidad el esquema seguido desde las anteriores, en relación
a la división y estructura de los poderes estatales, tiene una mayor am-
plitud en sus regulaciones.
En efecto, en tanto la Constitución de 1894 consta de 76 artículos, la
de 1917 se compone de 123 artículos. La ampliación se da, principal-
mente, en lo relativo al régimen municipal, a la responsabilidad de los
servidores públicos, regulación de la hacienda pública y el título X de
prevenciones generales.
Esta Constitución divide el territorio del estado en 16 municipalidades:
Choix, Fuerte, Ahome, Sinaloa, Guasave, Angostura, Mocorito, Badira-
guato, Culiacán, Cosalá, Elota, San Ignacio, Mazatlán, Concordia, Rosa-
rio y Escuinapa; configurando la división territorial que con la adición
de los municipios de Salvador Alvarado y Navolato subsiste hasta la ac-
tualidad.
Por primera vez instituye con rango constitucional la Defensoría de
Oficio cuya misión era procurar por los reos en los asuntos penales que
les fueren encomendados, dejando a la ley secundaria la organización de
la institución.
En materia hacendaria, establece la facultad exclusiva del Congreso
del estado para legislar en materia de contribuciones, estatuyendo que no
podrá el Legislativo “ abandonar, renunciar, suspender o delegar esta fa-
cultad”, para evitar que el Ejecutivo pudiera decretar impuestos, derechos
o cualesquier otra contribución como se daba en ocasiones. También dis-
puso que ninguna contribución podía imponerse que no estuviera desti-
nada a las atenciones del servicio público.
Como una expresión de la indefinición y confusión de atribuciones
entre los poderes prevaleciente en el siglo XIX, se instituye, en el título
VIII de la Hacienda Pública, la Contaduría Mayor de Hacienda, sin ubi-
carla con precisión dentro del Poder Legislativo.
Sobre responsabilidad de funcionarios públicos concede acción popu-
lar para exigirla y dispone la obligación para el Congreso de expedir a
la mayor brevedad una ley sobre responsabilidad de todos los funciona-
rios y empleados del estado y los procedimientos para exigirla, dictando
expresamente que deberían determinarse como “ faltas oficiales, todos los
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370 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

actos u omisiones que puedan redundar en perjuicio de los intereses pú-


blicos y del buen despacho” . Dispuso que fincada mediente sentencia la
responsabilidad por delitos oficiales no podría concederse al inculpado
la gracia del indulto.
Entre las disposiciones del título X, “ Prevenciones generales” , destaca
lo previsto en el artículo 120, que estatuye un mecanismo de iniciativa
popular para recusar el nombramiento de autoridades administrativas y
judiciales, tanto estatales como municipales, que hubieren hecho el Eje-
cutivo del estado, el Supremo Tribunal de Justicia y los ayuntamientos.
En dicho artículo está previsto que el 51% de los ciudadanos de un pue-
blo o región en ejercicio pleno de sus derechos, podrá recusar el nom-
bramiento de autoridades mediante petición que debería presentarse ante
la autoridad de quien haya emanado el nombramiento, y en caso de no
ser satisfechos en sus demandas, podrían acudir al Congreso del estado,
órgano al cual correspondía, oyendo a las partes, resolver en última ins-
tancia, pudiendo determinar favorablemente a los peticionarios, debiendo
la autoridad designar nuevos funcionarios.
Como una medida de protección tendente a evitar los despojos que
fuera de todo procedimiento se hacían, en el artículo 121 se dispuso: “ se
impone a las autoridades políticas del estado, la obligación de mantener
en posesión de cosas y personas al que materialmente las tenga, contra
cualquiera que intente perturbarlo en ella, mientras no presente orden ju-
dicial en contrario” .
En cuanto a la reforma constitucional, esta Constitución diseñó un pro-
cedimiento especial, con tintes democráticos pues daba cabida a la par-
ticipación y consulta ciudadana en la determinación de la reforma. En
efecto, dispuso como requisitos y mecanismo, el siguiente:

a) la iniciativa de reforma debía presentarse por escrito por cinco diputados


o por el gobernador en cualesquier materia; y por el Supremo Tribunal de
Justicia o la tercera parte de los ayuntamientos, en asuntos de su ramo; b)
las dos terceras partes de los diputados deberían aprobar la reforma o adi-
ción propuesta; c) los diputados debían comunicar al Ejecutivo, quien tenía
la obligación de hacerla circular para conocimiento de los habitantes del
estado; d) las adiciones o reformas propuestas sólo podían ser aprobadas
por la siguiente Legislatura mediante el voto de las dos terceras partes de
sus miembros; e) se estableció que la convocatoria a elecciones de la Le-
gislatura a quien debía corresponder votar la reforma constitucional, debía
contener “ una referencia detallada de la cuestión, y el Ejecutivo distribuirá
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 371

dos semanas antes de la elección entre los ciudadanos capaces de votar las
porciones de la Constitución que se proponga reformar así como el pro-
yecto y los argumentos que existan en pro y en contra.

La Constitución de 1917 tuvo una vigencia efímera, de coyuntura,


pues fue sustituida por la de 1922.

2. Constitución de 1922

El 22 de junio de 1922 se expidió la octava Constitución en la historia


de Sinaloa, reformando la anterior de 1917. Esta Constitución con sus
reformas, es la actualmente vigente en la actualidad. Hasta abril de 2001,
se han expedido 104 decretos reformatorios de la Constitución, de ellos,
uno de agosto de 1962 no se publicó y quedó sin efectos, mediante de-
creto posterior. Estos decretos contienen 416 reformas, contabilizando
como tales las modificaciones a artículos, independientemente de que
comprenda, en su caso, más de alguna fracción o párrafo. Por la extensión
de este trabajo y su objetivo panorámico, no es posible comentar cada
una de ellas. Por lo cual nos concretaremos a dar a conocer los linea-
mientos generales en relación a los diversos títulos que integran la Cons-
titución, haciendo referencia a su texto original y el vigente. Destacando,
aun y cuando someramente, en un apartado especial, las instituciones de
mayor interés que como rasgos específicos distinguen al constituciona-
lismo sinaloense del siglo XX.
Esta Constitución llama la atención desde el propio mecanismo segui-
do para investir de facultades constituyentes al Congreso, lo cual se realizó
mediante un plebiscito a que fue convocado el pueblo de Sinaloa, me-
diante decreto número 83, del 20 de octubre de 1921; plebiscito a través
del cual expresamente se otorgó facultades a la XXIX Legislatura para
actuar como Constituyente.
El texto original de esta Constitución consta de 159 artículos y 7 tran-
sitorios, organizados en 7 títulos a saber: título I; Disposiciones prelimi-
nares; título II, De los sinaloenses, de los ciudadanos sinaloenses y las
elecciones; título III, De la forma de gobierno y división territorial; título
IV, De la división del poder público; título V, Del régimen municipal;
título VI, De la responsabilidad de los funcionarios públicos; y título VII,
Disposiciones diversas y de la inviolabilidad y reforma constitucional.

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Considera como sinaloenses a todos los nacidos en el estado o resi-


dentes en él por más de 2 años consecutivos. Los requisitos para la ciu-
dadanía los remite, de manera tácita, a la Constitución general pues re-
conoce como ciudadanos sinaloenses a los ciudadanos mexicanos nacidos
en la entidad o residentes en ella durante más de 2 años.
Entre las prerrogativas de los ciudadanos sinaloenses está la de ser
votado para los cargos de elección popular, estatuyendo entre los requi-
sitos el poseer mínimamente un grado de instrucción, en el siguiente te-
nor: para gobernador del estado, instrucción primaria superior; para di-
putados y regidores municipales, primaria elemental; y para síndicos y
comisarios municipales, al menos saber leer y escribir.
Las elecciones populares se dispone que sean directas y a mayoría de
sufragios, dejando a la ley electoral la regulación de los procesos corres-
pondientes; ninguna autoridad podrá impedir ni estorbar la verificación
de las elecciones, previéndose que todo acto ilegal de parte de cualquier
autoridad en materia de elecciones populares será causa de grave respon-
sabilidad.
Como forma de gobierno se adopta el republicano, representativo y
popular, teniendo como base de su división territorial y organización po-
lítica y administrativa el municipio libre, en estricto cumplimiento de lo
preceptuado en esta materia por la Constitución federal.
El poder público se divide para su ejercicio en la clásica fórmula tri-
partita. El Poder Legislativo se deposita en una asamblea denominada
Congreso del estado, integrada por no menos de 15 diputados, electos
para un periodo de 4 años, renovándose por mitad alternada cada dos,
eligiéndose un diputado propietario y un suplente por cada distrito elec-
toral, conformando estos por cada 24 mil habitantes o fracción que ex-
ceda de 7 mil. Cabe señalar que es en esta Constitución donde por pri-
mera vez se establece un periodo de 4 años para la Legislatura, pues
anteriormente había sido de 2. Este periodo sufrió modificaciones poste-
riores para quedar en los 3 años actuales.
Existe la autocalificación de la elección de los diputados, establecién-
dose como quorum ordinario la asistencia de más de la mitad de los in-
tegrantes. El Congreso tendrá dos periodos ordinarios de sesiones, los
cuales se mantienen hasta la actualidad, modificándose sólo las fechas
de ambos. Inicialmente se estatuyó que el primero comenzaría el 15 de sep-
tiembre y concluiría el 15 de enero siguiente; y el segundo principiaría
el 15 de marzo para concluir el 15 de mayo inmediato. Actualmente el
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 373

primero inicia el 1o. de diciembre y concluye el 1o. de abril, en tanto el


segundo comprende del 1o. de junio al 1o. de agosto. Sumando un total
de 6 meses de desempeño sumando ambos periodos, quedando en fun-
ciones una diputación permanente, integrada originalmente por 3 diputa-
dos propietarios y 2 suplentes; en la actualidad por 7 propietarios y 4
suplentes generales.
Entre las facultades del Congreso del estado, figuran las legislativas
en todos los ramos de la administración pública y las necesarias para
hacer efectivas todas sus facultades y las que correspondan a los poderes
del estado; las administrativas, como la creación de municipalidades y
decretar la fundación de poblaciones, fijando la categoría de pueblo, villa
o ciudad; las de nombramiento de gobernador sustituto o interino, de ma-
gistrados del Supremo Tribunal de Justicia, de regidores sustitutos; las
de fiscalización, mediante la revisión de la cuenta pública, inicialmente
sólo del gobierno estatal y posteriormente, como lo comentaremos más
adelante, de los gobiernos municipales; las electorales, como la expedi-
ción de convocatoria a elecciones, la calificación de las elecciones de
gobernador y las de diputados; entre las más sobresalientes. Atribuciones
que en lo general conserva hasta el texto vigente, con excepción de la
calificación de las elecciones que corresponde a organismos electorales
autónomos.
Uno de los aspectos sobresalientes de esta octava Constitución sina-
loense es sin duda el relativo a los sujetos legitimados para presentar
iniciativas de ley o decreto ante el Congreso del estado. Podemos decir
que se da una especie de “ democratización” de este derecho en al menos
2 vertientes: por un lado, mediante la ampliación del derecho del Supre-
mo Tribunal de Justicia y de los ayuntamientos del estado no limitándolo
a los rubros atingentes a los asuntos de su competencia, como sucedía
con las Constituciones anteriores, esto es, se reconoce la facultad de estas
instancias de presentar iniciativas en cualesquier materia cuyo conoci-
miento sea competencia de la Legislatura estatal; y por otro lado, al otor-
gar el mismo derecho amplio de iniciativa a todo los ciudadanos sina-
loenses en las mismas condiciones que el resto de los facultados,
mediante reforma posterior, se incluye como legitimados para el mismo
objeto a los grupos legalmente organizados en el estado.
De la redacción original de la Constitución, provienen dos facultades
del Congreso del estado que nos indican pervivencias de un régimen de
confusión e indefinición acorde a la naturaleza de cada uno de los pode-
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374 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

res. A manera de ejemplo, podemos citar las facultades concedidas al


Congreso para “ expedir, interpretar, reformar y abrogar leyes y decre-
tos” y para conceder “ indultos y conmutación de penas” por delitos del
fuero común.
En efecto, en un régimen moderno de distribución de atribuciones, la
interpretación de las leyes, para su aplicación, corresponde al Poder Ju-
dicial, pero en razón de la falta de precisión y claridad, se ha entendido
que corresponde al Poder Legislativo resolver consultas referentes al al-
cance y significado de una disposición legal, siendo en múltiples ocasio-
nes que ciudadanos, organizaciones sociales e incluso órganos públicos,
han acudido al Congreso solicitando fije criterios interpretativos. Cierta-
mente, en el único significado que se le puede dar a esa facultad inter-
pretativa es la referida a la llamada por la doctrina interpretación autén-
tica, que es la realizada por el legislador en el propio texto de la disposición
jurídica y que forma parte integrante del texto de la ley. Por lo que res-
pecta a la facultad de otorgar indulto, se reconoce como facultad propia
del Ejecutivo, que es el responsable de la ejecución de las sentencias
judiciales en la aplicación de sanciones.
En la Constitución de 1922 que nos ocupa, ya se contempla a la Con-
taduría Mayor de Hacienda como un órgano técnico bajo la inmediata y
exclusiva supervisión del Congreso, a diferencia de la Constitución de
1917 que la contemplaba dentro del título relativo a la hacienda pública
estatal.
En cuanto al Poder Ejecutivo, la Constitución que nos ocupa lo esta-
blece unipersonal al depositar su ejercicio en un solo individuo que de-
nomina gobernador constitucional del estado, electo popularmente para
un periodo de 4 años, sin poder ser reelecto. A tono con las reformas a
la Constitución general de la República respecto del periodo presidencial,
se estableció el periodo de 6 años vigente. En caso de falta del titular del
Ejecutivo, se establece un sistema de nombramiento de provisional, sus-
tituto o interino por el Congreso del estado, y en su caso la diputación
permanente, y cuando por cualquier motivo no pudiera el Congreso o la
diputación permanente hacer la designación de que se trate, entrará a ocu-
par el cargo el presidente del Supremo Tribunal de Justicia.
Entre las atribuciones del Ejecutivo, se contemplan las que correspon-
den a por su naturaleza a este poder: la sanción, promulgación y ejecu-
ción de las leyes y decretos expedidos por el Congreso, proveyendo en
la esfera administrativa a su exacta observancia; facultades de nombrar
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 375

y remover a los empleados de su dependencia; tener el mando de la fuer-


za pública en el estado; facilitar los apoyos necesarios para las autorida-
des judiciales; manejar la hacienda pública estatal, iniciar leyes y decre-
tos; otorgamiento de concesiones y expedición de títulos profesionales y
fiats para el ejercicio del notariado.
Para el estudio y despacho de los asuntos cuyo conocimiento corres-
ponda al Ejecutivo, se establecieron originalmente instancias denomina-
das departamentos gubernativos, cuyos titulares serán nombrados y re-
movidos por el gobernador. En relación a estos departamentos gubernativos,
llama la atención lo preceptuado en los artículos 69 al 72 que establecen,
por un lado, que los jefes de estos departamentos serán solidariamente
responsables con el gobernador por los decretos, reglamentos, circulares
o acuerdos que con él firmen; disponiendo el artículo 72 que, cuando un
jefe de departamento gubernativo “estimare ilegal autorizar un acto con
su firma, dirigirá por escrito al gobernador las observaciones necesarias
y si éste insistiere, el jefe del departamento obrará según su propio arbi-
trio, remitiendo al Congreso en todo caso, la copia del expediente que
sobre el asunto se forme” . Esto evidentemente no corresponde con pro-
piedad a un régimen presidencial como el diseñado constitucionalmente,
pues rompe la unidad de mando del Ejecutivo y hace intervenir al Le-
gislativo en un conflicto entre el gobernador y uno de sus subordinados.
Sin embargo, en un estudio específico de la historia de la relación entre
los poderes Legislativo y Ejecutivo estas disposiciones merecen un lugar
importante. En el texto vigente, estas disposiciones ya no existen.
En el capítulo relativo al Poder Ejecutivo, la sección V se destina a la
enseñanza pública. Se establece como obligación del estado fomentarla
e impartir la primaria “ en su doble forma de elemental y superior”, con
el carácter de gratuitas, uniformes, laicas y obligatorias, disponiendo ade-
más, que la enseñanza preparatoria y normal se impartirán gratuítamente
en los establecimientos oficiales del estado.
En lo referido al Poder Judicial, la Constitución en este apartado es-
tudiada, deposita su ejercicio en un Supremo Tribunal de Justicia, en jue-
ces de primera instancia y en jueces menores. El Supremo Tribunal de
Justicia se integra por magistrados electos por el Congreso del estado.
Originariamente se estableció que el nombramiento sería por 6 años, pe-
riodo durante el cual serían inamovibles; mediante reformas posteriores
se estatuyó el nombramiento a propuesta del gobernador del estado por
tiempo indefinido con inamovilidad, hasta llegar al sistema actual, que
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376 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

el nombramiento lo hace el Congreso a propuesta en terna del Consejo


de la Judicatura, por un periodo máximo de 15 años, con inamovilidad
desde su designación.
El artículo 105 original, dispuso la supremacía de la Constitución ge-
neral de la República y de la particular del estado y la obligación del
Poder Judicial de juzgar en todos los asuntos de su competencia conforme
a las disposiciones constitucionales, a pesar de disposiciones de leyes se-
cundarias aun cuando fueran posteriores. En una disposición como ésta,
siguiendo el sistema norteamericano, pudiéramos haber proseguido un
control difuso local de la constitucionalidad. Lo anterior, en razón de no
existir un medio de control de la constitucionalidad local. Sin embargo,
siguiendo la tendencia nacional, no se ha dado pauta para desarrollarlo,
quedando lamentablemente los actos de los poderes sin poderse combatir
por contravención de las disposiciones de la Constitución política del es-
tado de Sinaloa.
La Constitución de 1922, es la norma fundamental de Sinaloa que con
mayor amplitud regula el régimen municipal dedicándole del artículo 110
al 129. Refleja la fórmula federal del municipio libre. Cada municipali-
dad representada y administrada por un ayuntamiento de elección popular
directa verificadas cada 2 años. Los ayuntamientos estaban integrados
por regidores, encabezado por un presidente electo por el ayuntamiento
de entre sus propios miembros. Esto es, la ciudadanía elegía a los regi-
dores integrantes del ayuntamiento, correspondiendo a éstos, de entre ellos,
elegir a quien fungiría como presidente, como un primero entre pares,
por un periodo de un año, pudiendo ser nuevamente electo para el otro
año. Fórmula no aplicada en el texto vigente en la cual se elige popular-
mente al presidente municipal y a los regidores integrantes del ayunta-
miento.
Es de destacarse, que antes de que los partidos políticos aparecieran
en la Constitución federal, el artículo 114 de la Constitución sinaloense
de 1922, establecía la participación de los partidos políticos en el pro-
ceso de calificación de las elecciones de los ayuntamientos, al disponer:
“ los ayuntamientos, en unión de un representante, con voz, pero sin voto,
por cada partido político, harán la calificación de las elecciones de fun-
cionarios municipales en su jurisdicción y expedirán la declaratoria respec-
tiva. Su fallo será inapelable”. En esta disposición, encontramos embriona-
riamente la participación de los partidos políticos, como organizaciones

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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 377

ciudadanas de interés público, en los organismos encargados de la cali-


ficación de las elecciones municipales.
Una de las atribuciones originales de los ayuntamientos en el estado,
conforme al artículo 112 de la Constitución de 1922 lo fue “ el ejercicio
del Poder Legislativo municipal, con las limitaciones que las leyes seña-
len” ; en tanto que el diverso artículo 119 en su fracción I establece como
atribución de los ayuntamientos la de legislar “ en todo lo concerniente
al interés propio de su municipalidad” . En este sentido, el diseño cons-
titucional del municipio comprende la dotación de facultades propiamen-
te legislativas, fortaleciendo el ámbito de competencias de la instancia
de gobierno municipal.
Aunado a lo anterior, el propio artículo 119 en su fracción V, invistió
a los ayuntamientos de la facultad de: “ administrar libremente su hacien-
da para lo cual ellos mismos fijarán los impuestos sobre los ramos que
el Congreso del estado les designe, de manera de proveer suficientemente
a sus gastos”. Prescripción constitucional ésta que sin duda corresponde
mejor al fortalecimiento municipal a través de su autonomía hacendaria.
Paradójicamente, en el proceso posterior de “fortalecimiento municipal” ,
el ayuntamiento ha perdido esas atribuciones originarias que lo conver-
tían en una verdadera instancia de gobierno.
Es de comentarse el sistema originalmente previsto en la Constitución
en estudio, respecto de la revisión de las cuentas públicas municipales,
estableciendo en su artículo 123 que las “cuentas de un ayuntamiento
serán glosadas por el sucesor, durante los primeros 6 meses de su ejer-
cicio. Éste exigirá las responsabilidades que resulten o expedirá en su
caso el finiquito correspondiente, dentro de los seis meses siguientes” .
Esto nos evidencia que la intervención del Congreso del estado en la revi-
sión y aprobación de las cuentas públicas municipales, a través de la Con-
taduría Mayor de Hacienda, responde a mecanismos posteriores que se
han traducido en limitaciones a la autonomía municipal.
En materia de responsabilidad de funcionarios públicos, esta Consti-
tución, regula un sistema que parte de considerar que todo funcionario o
empleado del estado o municipios, cualquiera que sea su categoría, sería
responsable en el tiempo de su encargo, por los delitos del orden común
que cometiera antes o durante él, así como de los delitos y faltas u omi-
siones en que incurriere al ejercer sus funciones. Se concede acción po-
pular para denunciar los delitos y faltas oficiales y el sentenciado por
delito o falta oficial no podrá ser indultado.
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378 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

Se inviste de fuero, en el artículo 133 original, únicamente al gober-


nador del estado, a los diputados y a los magistrados del Supremo Tri-
bunal de Justicia. En reformas posteriores, se ha ampliado considerablemente
los servidores públicos que gozan de esta protección constitucional.
Es en el título VII de la Constitución, agrupadas bajo el rubro de dis-
posiciones diversas, tanto en su texto original como en sus modificacio-
nes posteriores, donde encontramos algunas instituciones de interés y que
muchas de ellas o se adelantaron a lo dispuesto en la Constitución na-
cional, o no se encuentran en ella o bien consagran derechos para la ciu-
dadanía de mayor alcance que los contemplados en nuestra carta magna; de
igual forma, en diferentes lugares se localizan también disposiciones de in-
terés. A continuación nos referiremos a algunas de ellas.

A) Mecanismos de participación popular semidirecta. En primer tér-


mino, como ya lo mencionamos, está el derecho de iniciativa ante
el Congreso del estado respecto de propuestas de leyes, de decretos
e inclusive de reformas constitucionales que tienen los ciudadanos
sinaloenses y los grupos legalmente organizados en la entidad (ar-
tículo 45); en segundo término, tenemos una forma de iniciativa
popular a través de la cual, la mayoría absoluta de los ciudadanos
o habitantes de un pueblo o región tienen derecho para recusar el
nombramiento de autoridades hecho por el gobernador, por el Su-
premo Tribunal de Justicia o por los ayuntamientos, pudiendo ob-
tener en una primera instancia de la propia autoridad la revocación
del nombramiento impugnado, o, del Congreso del estado, en una
segunda instancia (artículo 150).
B) Derechos de los gobernados. En este rubro, encontramos una serie
de derechos que vienen a consolidar la esfera jurídicas del gober-
nado con protección a nivel constitucional, entre los cuales encon-
tramos los siguientes:
a) Una especie de ampliación del derecho de petición consagrado en
el artículo 8 de la ley fundamental de la nación, pues en tanto ésta
estatuye que las autoridades respetarán el derecho de petición dan-
do respuesta en breve término al peticionario, la Constitución local
dispone que cuando las leyes no señalen término, se entenderá el
de 10 días para que la autoridad ante quien se ejerza el derecho de
petición dicte el proveído respectivo dándolo a conocer de inme-
diato al promovente (artículo 142).
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 379

b) La ampliación de la protección del derecho a la vida mediante la


abolición absoluta de la pena de muerte en el estado de Sinaloa,
fórmula superior para la protección de este derecho fundamental
y primario, que es más amplio que la contemplada en el artículo
22 de la Constitución federal, donde existe una abolición parcial
de la pena de muerte, prohibiéndola para los delitos políticos y la
autorización existente para su aplicación a los delitos enumerados,
tales como secuestro, piratería, homicidio calificado, asalto en ca-
minos, entre otros (artículo 157).
c) La protección del patrimonio familiar, por un lado, mediante la
enumeración de los bienes que constituyen el patrimonio de la fa-
milia y la determinación de su transmisión mediante fórmulas sen-
cillas y su inembargabilidad, incluyendo la casa habitada por la
familia y el terreno sobre el cual esté construida; en el medio rural
el terreno y los animales de que dependa la subsistencia de la fa-
milia; los bienes indispensables para el normal funcionamiento del
hogar o por las condiciones climatológicas de la región, así como
los estrictamente necesarios para la información y el esparcimiento
familiar; los libros, útiles, enseres y herramientas del taller u ofi-
cina de los que dependa la subsistencia familiar; por otro lado, esta
protección se da través de la prohibición del establecimiento de
limitaciones a la libertad de los herederos, legatarios y demás par-
tícipes de una sucesión para disponer de sus derechos en cualquier
tiempo (artículos 152 y 153).
d) Una mayor seguridad jurídica para la protección del derecho de
propiedad, elevando a rango constitucional limitativamente los ca-
sos en los cuales se puede expropiar la propiedad privada mediante
indemnización, al enumerar al mayor rango jurídico cuándo y en
que casos se puede ocupar los bienes del gobernado por la autori-
dad se amplía su protección (artículo 154), y
e) El reconocimiento de capacidad y personalidad jurídica a las co-
munidades agrarias o núcleos de población que guarden el estado
comunal, respetando su forma de organización y preservando sus
tierras (artículo 151).

C) Fortalecimiento del Poder Judicial, la administración de justicia


tiene en la Constitución mecanismos que permiten mejores condi-

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380 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

ciones en su desempeño, ello fundamentalmente a través de lo si-


guiente:
a) La inamovilidad de los magistrados del Supremo Tribunal de Jus-
ticia, desde el momento en que son nombrados, aclarando que ini-
cialmente se estableció un periodo de 6 años, después fue por tiem-
po indefinido y por reformas más recientes por un periodo de hasta
15 años; con esta disposición se apuntala la garantía de una mayor
independencia en su funcionamiento y en sus decisiones de los in-
tegrantes del máximo órgano de justicia en la entidad, y
b) La instauración del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial,
Sinaloa fue la primera entidad federativa de la República en esta-
tuir un Consejo de la Judicatura como órgano de administración y
gobierno del Poder Judicial, haciéndolo con mucha anterioridad a
la Constitución federal. Dicha figura era ya conocida en muchos
países de Europa y de Latinoamérica, en los que fue cobrando cada
vez mayor importancia a merced de la complejidad social que co-
menzó a acentuarse de manera progresiva a partir de la segunda
posguerra, cuya impronta se ha proyectado prácticamente en toda
la vida institucional, a la cual el sistema de impartición de justicia
no ha permanecido ajeno.

El Consejo de la Judicatura del Poder Judicial del estado de Sinaloa


fue creado según decreto número 433, publicado en el periódico oficial,
El estado de Sinaloa, número 37, del 25 marzo de 1988, en virtud de ini-
ciativa presentada al Congreso del estado por el Supremo Tribunal de
Justicia, en los términos de la facultad que confiere a dicho cuerpo judi-
cial colegiado el artículo 45, fracción III, del Código político estadual.
Es bien conocido que los orígenes de la figura del Consejo como or-
ganismo de gobierno y administración de los tribunales, en sentido mo-
derno, se encuentran en la Constitución francesa del 27 de octubre de
1946, la cual lo estableció en su título IX, bajo la denominación de “ Con-
sejo de la Magistratura” , así como en la del Consiglio Superiore della
Magistratura que, con influencia de aquélla, la Constitución italiana de
enero de 1948 consagró en sus artículos 104 y 105. Casi tres décadas
después, en el propio ámbito europeo, es recogido en la Constitución
griega de 1975, la portuguesa de 1976 y en la Constitución democrática
española de 1978, en esta última bajo la denominación de Consejo Ge-
neral del Poder Judicial.
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HISTORIA CONSTITUCIONAL SINALOENSE 381

En América Latina encontramos ensayos tempranos de esta figura en


Perú (decreto ley número 18.060 del 23 de diciembre de 1969), Vene-
zuela (artículo 217 de la Constitución del 23 de enero de 1961), Brasil
(enmienda constitucional número 7 de 1977 y Ley Orgánica de la Ma-
gistratura Nacional del 14 de marzo de 1979), Uruguay (decreto consti-
tucional número 12 del 10 de noviembre de 1981), entre otros países de
la región .
El Consejo de la Judicatura de la entidad, según las consideraciones
de la iniciativa de reformas a la Constitución Política del Estado de Si-
naloa que le dio origen, se alentó en la reforma al artículo 116, fracción
III, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, publi-
cada en el Diario Oficial de la Federación del 17 de marzo de 1987, en
la cual se establecieron las bases para fortalecer la independencia de los
magistrados y jueces en el desempeño de sus funciones, así como las
condiciones para el ingreso, formación y permanencia de los servidores
de los poderes judiciales de los estados.
Aunque parezca curioso, no se hace en ella referencia a alguno de los
modelos adoptados por los países que ya lo consagraban. Esta omisión,
claro está, no autoriza a suponer que no haya recibido influencia por parte
de éstos, ya que, al menos en el ámbito académico nacional, eran bastante
conocidas las propuestas que sugerían, considerando la experiencia de
dichos organismos en otras latitudes, su institución en el orden jurídico
mexicano.
En rasgos generales, éstas son algunas instituciones constitucionales
sinaloenses de especial importancia por las razones ya previamente ex-
presadas.

V. CONCLUSIONES

Del estudio de la evolución histórica del constitucionalismo sinaloen-


se, encontramos la existencia de instituciones que se adelantaron a las
Constituciones nacionales durante el siglo XIX en materias tan impor-
tantes como consagración de un amplio catálago de derechos fundamen-
tales del gobernado frente al estado y una amplia regulación del munici-
pio, con importantes facultades como instancia de gobierno, en la
Constitución de 1825; la prohibición para la adquisición de manos muer-
tas de adquirir bienes raíces en el estado, en la Constitución de 1831; la
instauración de la elección popular directa del gobernador, los diputados
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382 JOSÉ GARCÍA BECERRA/LUIS ALGORRI FRANCO

al Congreso del estado y los integrantes de los ayuntamientos, en la Cons-


titución de 1861; la abolición de la pena de muerte, en la Constitución
de 1870; la existencia y regulación constitucional de la institución del
Ministerio Público, en la Constitución de 1894; la elevación a rango
constitucional de la Defensoría de Oficio y la recusación popular de nom-
bramientos, en la Constitución de 1917; la iniciativa popular de propues-
tas legislativas ante el Congreso por todo ciudadano o grupo legalmente
organizado en el estado y el Consejo de la Judicatura, en la Constitución
de 1922 vigente.
El estudio del constitucionalismo local en todo el país, sin duda puede
convertirse en una rica veta institucional que permita el diseño constitu-
cional de nuevas y ricas opciones en el constitucionalismo nacional, los
ejemplos señalados en el caso de Sinaloa, son una muestra de ello.

VI. BIBLIOGRAFÍA

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1917, Culiacán, Imprenta del Periódico Oficial, 1917.
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