TEOLOGÍA FUNDAMENTAL
CLASE UNIDAD 2-LA REVELACIÓN DIVINA
¡Hola! ¿Cómo han estado? Nos toca adentrarnos un poco en aquello que sólo de modo
conceptual y muy abstracto presenta la unidad primera de nuestra ciencia teológica:
hablaremos de la Revelación divina.
Revelación no debería ser un concepto tan ajeno a ustedes, porque desde la Filosofía
nos hemos aproximado, someramente, a la idea de un conocimiento de Dios a través de
la razón y gracias a las cosas creadas que nuestro intelecto capta, percibiendo en ellas
una fuente de su existencia. ¿Recuerdan el principio de causalidad? A la luz de este
principio lógico afirmábamos que todo efecto reconoce una causa, y que lo que existe
en el mundo creado y no tiene al hombre como autor, admite una causa eficiente
distinta. Bueno, ahora, desde la Teología, avanzaremos a punto de trascender (ir más
allá) de lo que denominamos una revelación natural, para alcanzar la noción de
Revelación divina sobrenatural.
A todo esto, ¿cómo definimos Revelación? Etimológicamente el término indica “remover
el velo”, quitar aquello que nos oculta una realidad para que podamos conocerla. Eso
ha querido hacer Dios con nosotros: se ha mostrado, se ha manifestado para que
lleguemos al conocimiento de aquellas verdades que hacen a nuestra salvación.
La Revelación sobrenatural la realiza Dios por medio de su Palabra. Sí, Dios nos ha
hablado, y su Palabra la encontramos por escrito y en su transmisión oral, perpetuada a
través de los tiempos. Lo primero lo hallamos en la Sagrada Escritura; la palabra de Dios
comunicada oralmente por transmisión apostólica es denominada Sagrada Tradición. He
aquí las fuentes de la revelación sobrenatural. En ellas tenemos un Depósito de la fe o
conjunto de verdades reveladas que son confiadas a la Iglesia para que, a través de su
Magisterio, las conserven en el tiempo, las preserven de error y las transmitan a todos
los pueblos, según el mandato de Jesucristo.
Esta divina revelación se ha dado en el curso de la historia a través de hechos y palabras,
intrínsecamente unidos entre sí, que van mostrando el misterio de Dios de acuerdo a su
suprema sabiduría, que se adapta a la realidad humana en una extraordinaria
pedagogía: a veces de modo implícito, a veces en forma expresa, dosificadamente…
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Decimos que Dios nos ha hablado y su Palabra no comunica verdad y vida. Nos habló a
través de hechos, de las palabras de los profetas, de la ley entregada a su pueblo, es
decir, de muchas y variadas maneras. Pero su revelación llega al punto culmen con
Jesucristo. Veremos más adelante que Cristo, Hijo eterno de Dios Padre, es su Palabra
hecha hombre. Ya no se conformó sólo con hablarnos, sino que su Palabra asumió
nuestra naturaleza, adquirió rostro, se hizo cercano al hombre y su historia. Por eso
Jesucristo, con su obra salvadora será el hito máximo de la revelación divina. Toda su
vida lo es, pero de modo especial, su Pasión, Muerte y Resurrección redentoras.
En Cristo y su Iglesia encontramos los dos más importantes signos de credibilidad que
comunicados al hombre respaldan la revelación, le dan sentido y continuidad en la
historia humana.
Hablamos de continuidad, que lleva a pensar en actualización y dinamismo. Y no está
mal que así sea, pero con una advertencia: lo que Dios ha revelado lo ha hecho para
siempre, es un Depósito inmutable de la fe. La verdad que Dios nos da no cambia. A esto
llamamos inmutabilidad de la revelación. No obstante, por la tarea de la Iglesia,
depositaria de esa fe, las verdades inmutables se van haciendo de lenguaje cercano y
accesible a los pueblos, se van explicitando para que todos, aun los más pequeños,
puedan conocer la verdad y alcanzar la salvación, según el plan de Dios y el llamado
universal a la santidad (“Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad” enseña San Pablo-1 Tim 2:4).
Las fuentes de la Revelación sobrenatural
Profundicemos un poco en las fuentes de la Revelación, más allá de que deban
abordarlas desde la bibliografía y las actividades que les vayamos proponiendo.
SAGRADA ESCRITURA: Es la Palabra de Dios puesta por escrito por inspiración del
Espíritu Santo. Es también llamada Biblia y contiene la verdad salvífica de Dios en dos
grandes partes: Antiguo y Nuevo Testamento. En el primero se nos narra el plan divino
desde la creación del mundo, la promesa del Salvador, y la elección del pueblo de Israel
como depositario de las promesas de Dios, hasta antes de la venida de Cristo; el Nuevo
Testamento, contiene el cumplimiento de esa promesa con la venida de Cristo al mundo,
su vida, obra, los primeros pasos de la Iglesia fundada por Cristo y en un libro profético,
el Apocalipsis al final de los tiempos.
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La Biblia es el libro sagrado por excelencia. Es obra de Dios, como causa principal, que
se ha valido de los hombres para poner por escrito sólo y lo que Él ha querido.
SAGRADA TRADICIÓN: Decíamos que es la Palabra de Dios que no ha sido puesta por
escrito, sino que se ha transmitido verbalmente por tradición apostólica. Es anterior a la
Escritura en sí misma y tiene el mismo valor de ésta. No puede entenderse la revelación
sin la riqueza de la Tradición que muestra el patrimonio orante de la Iglesia, custodio del
Misterio revelado.
Por su parte, el Magisterio de la Iglesia, puede definirse como el oficio divino que la
Iglesia ha recibido de Cristo para preservar el Depósito de la fe y enseñarlo a todas las
gentes. Es a la luz de su enseñanza, encabezada por el Papa y los Obispos unidos a él,
que debemos recibir la Revelación.
Como pueden ver la bondad de Dios ha querido trascender el plano de la revelación
simplemente natural, para que el hombre se haga partícipe de su misterio más
profundamente. Para que conociendo, ame y amando llegue a la felicidad verdadera que
tanto anhela su alma.