0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas12 páginas

Agua Chimila

Este documento resume la cultura Chimila y analiza el relato "Cómo los chimila consiguieron el agua". Describe la ubicación y organización de los Chimila, así como aspectos de su estilo de vida como la alimentación, organización social y tradiciones. Luego, presenta un análisis detallado del relato, incluyendo cinco niveles interpretativos para comprender el mensaje transmitido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
55 vistas12 páginas

Agua Chimila

Este documento resume la cultura Chimila y analiza el relato "Cómo los chimila consiguieron el agua". Describe la ubicación y organización de los Chimila, así como aspectos de su estilo de vida como la alimentación, organización social y tradiciones. Luego, presenta un análisis detallado del relato, incluyendo cinco niveles interpretativos para comprender el mensaje transmitido.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNIVERSIDAD DE CARTAGENA

FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS

PROGRAMA DE LINGÜÍSTICA Y LITERATURA

CURSO: NARRATIVA COLOMBIANA: MITOLOGÍA, CONQUISTA Y COLONIA

EL AGUA COMO ELEMENTO CULTURAL Y SIMBÓLICO EN LAS


COMUNIDADES: UN ANÁLISIS DE “CÓMO LOS CHIMILA CONSIGUIERON EL
AGUA”

Integrantes:

Ana María Bermúdez Otero

Sandra Vanessa Rodríguez Hernández

La cultura Chimila se ha configurado como escenario de hazañas mitológicas y


hechos históricos que hoy la confeccionan como una civilización de riqueza simbólica y
cultural muy cargada. Los Chimilas han tejido sus cimientos a través de las luchas y
diferentes eventos que hoy en día encontramos plasmados en su literatura, en estas escrituras
no están representados únicamente sus mitos y leyendas, sino parte de la herencia histórica y
cultural que esconden las cordilleras nororientales colombianas. De dicha riqueza cultural es
nuestro deber destacar la literatura de los ette o chimilas, esta literatura contiene relatos
relacionados con la creación del cosmos, el origen de algunos elementos de la naturaleza
como el fuego y el agua, el origen de los animales, y el sol y la luna, entre otras narrativas
que reflejan la forma de vida de esta población, así como su cosmovisión. Un relato que
podemos destacar de la ya mencionada literatura ette, se titula: “Cómo los chimila
consiguieron el agua”, perteneciente a la literatura indígena localizada en las llanuras del
Caribe y Serranía del Perijá, y a su vez contenida en la antología de literaturas indígenas: El
Sol babea jugo de piña. Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la
Serranía del Perijá, compilada y editada por Miguel Rocha Vivas. Tal como lo indica su
título, el relato nos expone de forma narrativa la manera en cómo según la tradición de los
chimila, estos consiguieron acceder a tan preciado y vital líquido, además de demostrarnos un
poco el valor de ciertos elementos y figuras representativas para ellos. Por tal motivo, en el
presente ensayo llevaremos a cabo una descripción y explicación minuciosa del relato, y
consecuentemente una rigurosa interpretación de la narración, la cual girará en torno a cinco
niveles interpretativos identificados en el relato, no sin antes contextualizar al lector sobre la

1
cultura protagonista de esta narración; por último, presentaremos nuestras conclusiones y
reflexiones finales sobre el proceso de lectura y análisis emprendido. La relevancia de
explorar este relato reside en la imperiosa necesidad de no pasar por alto una cultura que
atesora valiosas lecciones y contribuciones. Aunque este análisis no introduce novedades
desde un enfoque lingüístico o etnológico-antropológico, sí lo hace desde una perspectiva
literaria. Abordar el simbolismo de esta obra implica ir más allá de simplemente enlistar los
elementos representativos, simbólicos o tótems presentes en la narrativa; implica
desentrañarlos minuciosamente hasta fusionarnos con ellos y comprender plenamente el
mensaje que desean transmitir.

Para la entera comprensión del relato, es de suma importancia entender la cultura por
la cual está tejido, entender sus costumbres, tradiciones, organización, lengua, cosmovisión y
cotidianidad. La serranía del Perijá es un complejo montañoso que comparte territorio entre
las repúblicas de Venezuela y Colombia, y se concibe como el punto más septentrional de las
imponentes cordilleras de los andes. Ahí, entre sus escondidas selvas y majestuosas
montañas, se encuentran plenamente organizados como resguardo indígena, la tribu de los
Ette ennaka o chimilas.

Los Ette o chimila, en algunas ocasiones confundidos con los motilones por su
cercanía histórica y territorial, son un resguardo indígena que se extiende desde la sierra
nevada de Santa Marta y Sabanas de San Ángel, hasta las largas montañas tropicales de la
Serranía del Perijá. Ésta comunidad caracterizada por el escaso contacto con la urbe, y
adaptados a las imperiosas montañas de la zona que habitan, contiene una historia que similar
a otras comunidades amerindias, estuvo protagonizada por las luchas ejercidas contra los
colonizadores. Las conquistas militares, contra los motilones y chimilas, comandada por
Ambrosio Alfinger en el siglo XVI causaron que la población chimila se viera forzada a
refugiarse en los territorios que hoy en día continúan habitando. A pesar de ello, los chimila
mantuvieron una resistencia armada que perduró hasta el siglo XVIII, resistencia que
inicialmente estuvo liderada por el cacique Upar, quien fue torturado y asesinado por los
conquistadores españoles. Este evento dio nombre al valle de Upar (Valledupar), hoy en día
la ciudad más cercana a la serranía del Perijá, que, según Zapata (2009): “nombra la
indianidad americana en busca de autonomía y defensa de su cultura” (p.203).

A partir del siglo XVIII gran parte de la población se vio forzada a concentrarse en
pueblos. Ahora bien, en la actualidad, a estas comunidades se les han hecho valer sus

2
derechos, pues están organizadas en resguardos indígenas, lo que implica una delimitación
territorial reconocida legalmente. Hasta este momento histórico se les ha llamado chimilas,
no obstante, esta población prefiere la denominación Ette Takke (gente nueva) o Ette ennaka
(gente verdadera), negando cualquier lazo de consanguinidad con los chimilas bravíos que
lucharon contra los colonos, pues se consideran un pueblo nuevo y diferente a aquellos
chimila que una vez también habitaron sus tierras, por tal razón desde el siglo XX y durante
el presente siglo han sido llamados Ette.

Ahora bien, habiendo repasado un poco sobre su ubicación y el carácter identitario de


la población, a continuación, compartiremos algunos aspectos claves del estilo de vida
adoptado por esta tribu o comunidad, examinaremos detalles referentes a la alimentación, la
organización de la comunidad, la lengua hablada y las tradiciones y ceremonias. Para ello,
tomaremos como referentes a los antropólogos Niño Vargas y Gerad Reichel-Dolmatoff,
quienes hasta la fecha han llevado a cabo el estudio más exhaustivo sobre la cultura Ette.
Dolmatoff dedicó varios años de su vida en el siglo pasado a registrar etnográfica y
lingüísticamente a los ette, sumergiéndose en las profundidades de la selva para obtener de
primera mano la experiencia de la convivencia y la vida cotidiana de la comunidad. Gracias a
ellos concluyó entre otros aspectos del resguardo, los siguientes elementos:

I. Alimentación: los ette se alimentan puramente de productos agrícolas, si bien de


vez en cuando consumen animales, su dieta está mayormente caracterizada por los
recursos vegetales que la selva les ofrece, por lo que según la época pueden
atravesar momentos de escases alimenticia o malnutrición. Los horarios de
alimentación son fijos, corresponden a dos momentos del día establecidos a las 10
a.m. y las 6 p.m. Su dieta suele consistir en maíz, auyama, patata, guineo verde,
ñame, caña dulce, papaya y miel de abejas silvestres; pocas veces consumen
animales en presentación asada o completamente crudos en el caso de caracoles y
gusanos. La razón del escaso consumo alimenticio de origen animal se debe a que
la actividad de la cacería correspondiente a los integrantes hombres, no se toma
con la mayor seriedad o compromiso que estos deberían tener.
II. Organización: las actividades realizadas en las comunidades Ette, están claramente
diferenciadas y distribuidas en dos grupos, entre hombres y mujeres. Las mujeres
se asumen la alimentación de la familia, la cosecha y preparación de los alimentos,
por lo que son ellas quienes cargan con el peso de la deficiente alimentación,

3
también se ocupan de la confección de todos los implementos utilizados por la
tribu a excepción de las armas, que son responsabilidad de los hombres. Respecto
a los hombres, tienen a cargo la actividad de la cacería, sin embargo, esta es
deficiente y poco trabajada, a excepción de las trampas para pájaro que instalan en
diferentes partes de la selva. Según Dolmatoff (1948) la mayor parte del día los
hombres ette comparten tiempo con sus mujeres sin realizar mayor trabajo
doméstico. Pero algo que si destaca por la precisión y el cuidado de fabricación
son las flechas y arcos construidos por los hombres de la tribu. No obstante, según
Niño Vargas, hoy en día las comunidades se dedican no solo a su supervivencia en
la selva, sino que algunos de los integrantes ette, se han visto en la obligación de
realizar trabajos ganaderos y agrícolas asalariados en haciendas.
III. Tradiciones: las costumbres y tradiciones de los ette dejan distinguir el
pensamiento mítico y la cosmovisión que ellos imponen sobre actividades
naturales como la muerte, la guerra o la composición del universo. Para estas
tribus, el proceso funerario representa dos etapas en un proceso extenso que refleja
la esencia de la personalidad y el componente único del difunto. La primera parte
corresponde al viaje que el difunto emprende para encontrarse entre el mundo de
los vivos y los muertos. La segunda parte, según la creencia de los Chimila, posee
un potencial maligno y peligroso. Por lo tanto, las ceremonias generan temor entre
los habitantes, quienes evitan acercarse a la tumba y a las pertenencias del difunto,
también se prohíbe pronunciar su nombre. Esta comunidad realiza un ritual que se
lleva acabo de la siguiente manera: Cuando un indígena motilón se encuentra en
sus últimos momentos, sus familiares lloran hasta su partida, momento en que la
viuda o pariente más cercano elogia en voz alta las cualidades del difunto. El
cuerpo del fallecido se envuelve en una manta que se va cosiendo, dejando solo el
rostro al descubierto. Luego, se procede a ahumar el cuerpo lentamente fuera de la
casa durante tres días y tres noches, mientras los parientes entonan cánticos en
honor al difunto. Finalmente, entierran al difunto en el centro de la casa con sus
pertenencias. Tras tres días, abandonan la casa, llevándose todo menos las
posesiones del fallecido, lo cual se puede interpretar como un acto de respeto. Sin
embargo, para los ette, la muerte es considerada un viaje prolongado. Dos años
después de la partida, se realiza un ritual de baile alrededor de la casa donde
reposa el difunto, con la luz de la luna como guía

4
IV. En cuanto a la guerra, también existen algunas costumbres o rituales que se
exigen, como la declaración formal de la guerra al enemigo, la forma cruzada de
las flechas como signo de respeto a la muerte, la pintura roja en la cara que
representa el color de la guerra y el baile de guerra.
V. Por último, Niño Vargas (2014) expone otra parte de la cosmovisión de los ette,
para quienes el mundo se divide en mundo celeste, mundo humano e inframundo.
Para ellos “la estructura del universo cambia periódicamente por obra de
catástrofes que destruyen regiones completas y aniquilan a sus habitantes, pero
que permiten el surgimiento de nuevas humanidades”. (p.111). Esto se asocia a la
idea del tiempo que acompaña esta visión de mundo, donde el pasado se relaciona
a un referente animal, el presente a un referente humano y el futuro a un
componente divino. De menor a mayor elevación respectivamente.
VI. La lengua: La lengua chimila o Ette taara pertenece a la familia lingüística
Chibcha. Durante mucho tiempo, esta comunidad mantuvo en secreto su idioma
materno debido al temor a la violencia sufrida en el pasado. Sin embargo, gracias
a antropólogos, etnólogos y lingüistas, hoy en día disponemos de información
general sobre su lengua, que podemos resumir de la siguiente manera: el género
gramatical no cobra mucha relevancia en la estructura de la oración, excepto para
designar sustantivos como niños, animales, caciques y chamanes; el plural en el
número gramatical suele reemplazarse por sustantivos colectivo como Kránga,
que indica gente; los adjetivos son invariables y los verbos se conjugan en
transitivos e intransitivos; entre más aspectos gramaticales que se pueden
encontrar detallados en el estudio de “La lengua chimila” realizado por Gerard
Reichel-Dolmatoff.
VII. Ambiente: como se mencionó anteriormente, los ette mantienen escaso contacto
con la urbe y viven en armonía con la naturaleza, “El motilón como indio de la
selva vive completamente adaptado a este medio y se confunde con él
inseparablemente” (Dolmatoff, 1948, p.18). Para los que habitan por las Serranías
del Perijá, en las llanuras adyacentes predomina el clima seco y cálido, rodeados
de riachuelos que desembocan en el río Cesar, esto por el lado occidental de la
serranía. En cambio, en el lado oriental correspondiente a los límites de
Venezuela, las condiciones son más húmedas debido las corrientes que suben del
río Maracaibo. Por esto espacios la fauna es abundante y la vegetación es típica de
las zonas tropicales. Según Dolmatoff: “Este terreno favorece al aislamiento… y

5
constituye una fortaleza inexpugnable en medio de un paisaje” (Dolmatoff, 1948,
p.18). Para los Ette que habitan por Sabanas de San Ángel, al ser este un
municipio, existe una mayor cercanía del resguardo indígena con la urbe, pues no
cuentan con las montañas como protectoras naturales.

Continuando con la información proporcionada anteriormente, a cerca de la cultura


chimila, procedemos a realizar como primer momento, una descripción y explicación
meticulosa del relato titulado: “cómo los chimila consiguieron el agua”. En ésta narración
evidenciamos que su nacimiento se ubica en el momento en que ésta comunidad se asienta a
una tierra, la cual es caracterizada como montañosa, cuyo desperfecto principal es su carencia
del fluido líquido, fuente de la vida. Este acontecimiento produce en los chimila un
desasosiego al no poseer agua en su nuevo hogar, y de manera más caótica por no lograr
detectar fuentes naturales de donde obtener ésta, por lo que su estadía se traduce en una
entramada de tensiones y desconcierto. En las siguientes líneas del relato, evidenciamos no
solo el esfuerzo por cada individuo de la comunidad por solucionar con prontitud este
obstáculo, sino también la participación y ejecución de la “Gran Cacica”, que asume su rol
como figura transcendental, al liderar la toma de medidas que resultan decisivas para la
resolución de este contratiempo. Por lo que ésta como primera medida, empieza a circular la
orden de cavar un conjunto de pozos profundos, con la aspiración que brotaran de estos el
agua que tanto clamaban.
A lo largo de esta narrativa, se continúa describiendo cómo la comunidad en cada
amanecer solo recibía intentos fallidos, por lo que se incrementaba la tensión y la premura
por obtener agua. Por consecuencia de muchos de estos intentos y la alargada espera, la Gran
Cacica toma por segunda medida, la decisión de dirigirse al pozo en la velada de la noche, en
donde frente a este, suelta un par de palabras acompañadas del descenso de su saliva. Luego
de este acto, podemos dar vista del desenlace de la historia, en donde a diferencia de los
anteriores amaneceres, en este nuevo nacimiento del día, el pueblo sí logra visualizar el
líquido que tanto anhelaban, por lo que la felicidad y tranquilad de la comunidad chimila
finalmente se asienta en paz.
Por otro lado, luego de haber realizado la correspondiente descripción y explicación
del relato, avanzamos como segundo momento a la interpretación detallada de la narración, la
cual girará en torno a cinco niveles interpretativos en donde se evidenciará el análisis de los
siguientes elementos: rol de la Gran Cacica, el simbolismo de los pozos, el ritual nocturno de

6
la saliva, el liderazgo femenino y por último la conexión simbólica del agua con las
comunidades.
Para empezar, en el primer nivel interpretativo, podemos evidenciar una serie de
configuraciones que emergen del papel que asume la Gran Cacica, para el restablecimiento
del agua en su comunidad, ésta aparte de encarnar el rol de una simple líder, asume una
connotación espiritual, ya que notamos como su mando no se limita simplemente a los seres
físicos que habitan la nueva tierra hallada, si no que su capacidad logra establecer una
conexión con las fuerzas de la naturaleza que excede el plano tangible, en la cual no solo
consigue consagrar un puente de comunicación, sino también de autoridad, al ordenarle a la
tierra que se brotara de agua. En ésta misma línea, identificamos el papel de la Gran Cacica
como una guardiana, ya que en ella vemos reflejada la preocupación del bienestar de su
comunidad, ejerciendo su iniciativa de cavar pozos como uno de los principales medios para
intentar obtener el gua. En otro orden de ideas, podemos identificar en las acciones de la
Cacica, la puesta en marcha del funcionamiento de una especie de simbolismo en cuanto al
ciclo de renovación, es decir, podemos interpretar que la importancia de dormir y despertar,
sugiere en la historia la necesidad de cerrar y abrir un nuevo comienzo, por ende, podemos
deducir que a causa de esto, la Cacica opta por esperar la llegada de la noche para dirigirse al
pozo e invocar el agua, justamente para que ésta naciera en conjunto con el nuevo día, y así
simbolizar el nuevo renacer del nacimiento para la comunidad. Continuando con lo anterior,
al explorar al autor de “Los ritos de paso” Arnold Van Gennep y sus conceptos de fase de
separación (el individuo se separa de su anterior estado) y fase de agregación, este último lo
podemos relacionar con el ciclo de renovación en el ritual llevado a cabo por la Cacica, ya
que en este observamos una especie de fusión o transición que conlleva a la renovación de la
comunidad. De esta manera, evidenciamos el simbolismo que asume la noche como entidad
enigmática y desconocida, que posibilita la renovación y recuperación, que obtiene gracias al
periodo de descanso ejercido.
En cuanto al segundo nivel interpretativo, tenemos el simbolismo que adquieren los
pozos en la historia, ya que a pesar de que estos sean explorados por el relato de una manera
aparentemente sencilla y sin trasfondo, podemos evidenciar que este adquiere características
míticas al momento de pasar de ser un simple contenedor que reserva agua, a pasar a
mezclarse con elementos como lo son el pasaje nocturno, la conexión de la profundidad
terrestre y terminar completando con la fusión de la saliva que expulsa la Cacica dentro de
este. Por lo anterior, nos valemos del concepto propuesto por Mircea Eliade “Hierofanía”
para denominar el acto de la manifestación de lo sagrado, ya que la autora sostiene que “El

7
hombre entra en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como
algo diferente por completo de lo profano” (Mircea, E, 1981.p.7). Por lo dicho anteriormente,
en este caso podemos considerar al pozo como una Hierofanía, ya que a partir del momento
en que se fusionaron todos estos elementos para que brotara el agua, este lugar de nacimiento,
es decir, el pozo, pasó a convertirse inmediatamente en un lugar sagrado.
Después de esto, proseguimos al tercer nivel interpretativo que distingue al ritual
nocturno de la saliva, cuyo acontecimiento representa un ritual sagrado que se impregna de la
luminosidad de las sombras del mundo terrenal, a la luminosidad de lo profundo que se
conecta con las raíces que emergen de la tierra. Como bien podemos evidenciar en las líneas
del relato, la Gran Cacica deja caer un poco de saliva en el pozo y ordena al agua que se
manifestara. Este acto mágico puede dirigirnos a desentrañar una capa de significados que
giran en torno a la saliva, la cual podemos dotar de fertilidad y creación, es decir, la
representación de ésta como una sustancia sagrada portadora de vida. Por ejemplo, en el libro
del consejo, más conocido como “Popol Vuh”, podemos evidenciar esta función de la saliva
como símbolo de fertilidad, en el momento en que la princesa Ixquic se acerca al árbol donde
reposan las calaveras de Hun- Hunahpú y Vacub- Hunahpú, los cuales le lanzan un chisguete
de saliva que se posiciona en la palma de la mano de la princesa, por lo que acto seguido el
hecho queda marcado como la perpetuación de la descendencia y gestación de Hunahpú e
Ixbalanqué. Por lo que, prosiguiendo en las líneas del relato que nos corresponde, este ritual
realizado en torno al pozo representa la fertilidad, creación y nacimiento del agua para la
comunidad.
Iniciando con el cuarto nivel interpretativo, sobre la figura que asume la Gran Cacica
en cuanto al liderazgo femenino, observamos que, a lo largo de esta trama narrativa, ésta se
erige como un faro de empoderamiento que transciende los roles convencionales. La Cacica
se personifica como la mediadora entre lo humano y lo divino, el cual se ve reflejado de
manera contundente al momento en que ésta logra invocar al agua, rompiendo así todas las
barreras tangibles que impidan conectar con lo espiritual. En este mismo sentido, la Cacica
también asume la habilidad para enlazarse con la tierra y simbolizar la fertilidad, que en
conjunto dejan en evidencia el estado cíclico de la mujer y la naturaleza. Por esto y mucho
más evidenciamos finalmente, la contribución positiva que tiene ésta para la construcción de
la identidad femenina de la comunidad chimila, que alcanza a transcender las expectativas
tradicionales.
Avanzando en consonancia con las líneas exhibidas anteriormente, tenemos como
quinto y último nivel interpretativo, el posicionamiento del análisis del agua como sustancia

8
que profesa un valor simbólico más allá de ser considerada como un elemento dispuesto para
la satisfacción de las necesidades fundamentales de la comunidad. Es decir, su valor no se
simplifica a lo expuesto anteriormente, sino, que, por el contrario, esta adquiere y arraiga un
conjunto de valores simbólicos, espirituales, sagrados y visionarios que entrelaza con las
raíces y creencias ancestrales, que representa así a su vez, al pueblo originario. Por
consecuencia a lo anterior, en este relato al igual que muchos otros que exploraremos
minuciosamente, identificamos ese rol que asume el agua como un conjunto de entramados
que guardan esos aspectos amplios y complejos que nos permiten y nos invitan no solo a
conocer, si no a comprender a cabalidad la importancia de perseverar y salvaguardar estas
tradiciones.
Por otro lado, en consonancia con lo anterior, contamos de manera demostrativa, con
el siguiente texto de la autoría de José Rozo Gauta, titulado “Complejo cultural de sie: el
agua”, el cual permite ofrecernos a nosotros como lectores una visión completa y educativa
acerca del agua como elemento cultural. Partiendo desde una concepción de tipo superficial a
cerca de este texto, advertimos a partir del título mismo la reducción significativa que asume
el autor del agua en la cultura y su conjunta relación establecida con elementos simbólicos
como lo es el sapo y la brujería. Es así como el mencionado texto nos presenta una profunda
exploración de la relación entre el agua, el sapo, la brujería y la cosmovisión muisca en la
región andina de Colombia. Por lo anterior, nos parece pertinente analizar la simbología del
agua, a partir de referentes teóricos como este, debido a que consiguen demostrarnos cómo
elementos cotidianos como el agua pueden estar imbuidos de significados culturales,
simbólicos y espirituales profundos en una comunidad; que nos remiten a su vez a
comprender el cómo la cultura y la historia moldean nuestra percepción de elementos
naturales aparentemente simples y cómo estos elementos pueden seguir desempeñando un
papel significativo en la vida de las comunidades locales a lo largo del tiempo.
Continuando con lo expuesto anteriormente, a lo largo del texto, el autor teje
conexiones entre estos elementos culturales mencionados y presenta interpretaciones
contextualizadas de cómo influyen en la vida y las creencias de la comunidad. El autor se
centra en exponer las creencias de la cultura muisca y su conexión con la brujería, así como la
influencia de la cosmovisión muisca en las prácticas de curanderismo y maleficios que
involucran al sapo como elemento simbólico, el cual a su vez es relacionado con el agua
debido a la sustancia húmeda segregada. La cultura muisca tenía una profunda conexión con
la naturaleza y el entorno, y esta relación se manifestaba en sus creencias sobre el agua y su
simbolismo en la vida cotidiana. De este modo, el texto muestra cómo las creencias culturales

9
y la cosmovisión de una comunidad pueden influir en sus prácticas y en la forma en que se
relacionan con la naturaleza. Por lo que, a su vez, destaca cómo estas creencias pueden
persistir y adaptarse a lo largo del tiempo, incluso en contextos de cambio cultural.
A propósito de lo anterior, resulta imperativo destacar las singularidades que
adquieren las lagunas sagradas, con relación a patentizar el cómo estos cuerpos de agua no
representan especifica y reductoramente un contenedor de líquidos, si no más que todo un
contenedor de leyendas que custodian significados profundos. En relación con esto, resulta
pertinente resaltar la existencia de cinco lagunas sagradas que se consideran centros
ceremoniales, tales como: Guatavita, Guasca, Siecha, Tesuacá y Ubaqué. Todas las lagunas
eran lugares rituales, en la de Guatavita y Siecha, por ejemplo, se realizaban ceremonias de
entronización de caciques, lo cual está datado en piezas de orfebrería llamadas balsas- El
Dorado. Con respecto a esto, en primera instancia, podemos evidenciar dos concepciones que
giran al valor simbólico del agua, la primera, se direcciona hacia la herencia que deja la
cultura de los antiguos muiscas a los campesinos cundiboyacenses, en cuanto se refiere a la
actitud de veneración y respeto a toda manifestación acuática, en especial a las manas,
lagunas y ríos. Es por esto, que se manifiesta la humanización del agua, ya que el respeto
hacia esta era tan profundo, que incluso consideraban que el agua sufría y moría cuando era
hervida. Asimismo, en segunda instancia, se muestra al agua como elemento de castigo, por
ejemplo, en el mito de Chibchachum el agua es un elemento de castigo que inundó la Sabana
de Bogotá, la cual fue desanegada por Bochica. Por consecuencia a esto, la potencia de las
aguas se suele ver ligada al poder de la fertilidad. Por esta era tomada como un ser, una
potencia grande, como lo era Bachué, la hembra fecunda, le energía de la fertilidad.
Por otra parte, en los siguientes relatos, también se puede observar la caracterización
que asume el agua como elemento dual, por ejemplo, en el fragmento de “La leyenda de
Yurupary”, el agua puede ser considerada un elemento puro, y a la vez impuro, ya que como
lo podemos visualizar en el siguiente fragmento, se dice que las aguas quedaron impuras al
momento en que las mujeres fueron desobedientes, y rompieron la prohibición de bañarse en
la laguna, acto seguido, por consecuencia a esto, el payé describe como Seucy jamás volverá
a bañarse en esta. Por tanto, seguidamente, también podemos darle al agua una concepción
pura, al momento en que, dentro de la laguna, el payé logra fecundar a las mujeres, y dar vida
a una nueva generación.
Hace poco tiempo, el Sol me avisó en sueños para que no
permitiera a ninguna mujer aproximarse de noche a las márgenes
de este lago. Les advertí sobre esta prohibición y las encuentro
a todas aquí, maquinando cosas vergonzosas contra nosotros los viejos

10
y desobedeciendo las órdenes de quien gobierna el mundo.

Seucy, señora de este lago, cuyas aguas quedaron impuras debido


a la impureza de ustedes, no volverá a bañarse de aquí en adelante. (p.26)

Como segundo ejemplo, en este fragmento señalado, perteneciente al libro sagrado de


los mayas, más conocido como “Popol Vuh” podemos evidenciar que el agua también asume
una concepción negativa, ya que ésta a través del diluvio, se presenta como una fuente
destructiva, que aniquila los “muñecos de palo”, los primeros hombres. En este contexto, el
agua pasa a ser, un elemento destructor, es decir, un sinónimo de castigo divino. Debido a
que estos, a pesar de que, si hablaban, y poblaron la tierra, no contaban con un alma, por
ende, no se acordaban de su formador, de su creador.

Así, ya no pensaban en el Creador ni en el Formador, en


los que les daban el ser y, cuidaban de ellos.
Estos fueron los primeros hombres que en gran número
existieron sobre la faz de la tierra.
En seguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los
muñecos de palo, y recibieron la muerte.
Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo;
un gran diluvio se formó, que cayó sobre las cabezas de los
muñecos de palo. (p.7)

Finalmente, podemos reflexionar sobre la riqueza literaria que nos proporciona la


cultura ette. Es sorprendente la cantidad de análisis que se puede extraer de un relato que ni
siquiera ocupa una cuartilla completa. Esto evidencia que todo relato y discurso están
impregnados de ideología, y en este caso en particular, de simbolismo. Un discurso que nos
sumerge en un viaje más allá de las palabras, explorando las profundidades de una
civilización cargada de simbolismos y arraigada en tradiciones milenarias, donde el agua se
erige como un elemento significativo que deja una impronta indeleble en la cosmovisión de
esta comunidad.

En la interpretación detallada del relato "Cómo los chimila consiguieron el agua",


desentrañamos diversos niveles de simbolismo que enriquecen nuestra comprensión de esta
narrativa. Elementos como la figura de la Gran Cacica, la función simbólica del agua como
fuente de vida y purificación, la espiritualidad, la conexión con la fertilidad y la creación, y la
figura de los pozos como contenedores de este líquido y fuente sagrada, convergen para

11
ampliar nuestro conocimiento y abrir nuevas perspectivas en torno a un elemento que, aunque
aparentemente cotidiano, se convierte en un objeto de innumerables y complejos significados.

Referencias bibliográficas:
Conde Stradelli, E. (2005). Yuruparí (B. Alzate Ángel, Trad.). Bogotá: Panamericana
Editorial.
Eliade, M., & Fernández, L. G. (1981). Lo sagrado y lo profano (Vol. 3). Barcelona:
Labor.
Niño Vargas, J.C. (2014). El tejido del cosmos. Tiempo, espacio y arte de la hamaca
entre los ette (chimila). Journal de la Société des américanistes, 100(1), 101-130.
https://doi.org/10.4000/jsa.13726

Recinos, A. (2022). Popol Vuh: las antiguas historias del Quiché. Fondo de cultura
económica.
Reichel-Dolmatoff, G. (1947). La lengua chimila. Journal de la Société des
américanistes, 36, 15-50. Recuperado de https://www.persee.fr/doc/jsa_0037-
9174_1947_num_36_1_2358
Reichel-Dolmatoff, G. (1948). Los indios motilones. (Etnografía y lingüística).
Revista del Instituto Etnológico Nacional, vol. II, entrega 1ª, pp.15-115. Recuperado de
https://publicaciones.icanh.gov.co/index.php/picanh/catalog/view/247/271/1633
Rocha Vivas, Miguel (Compilador) (2010). El sol babea jugo de
piña: antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del
Perijá. Colección: Biblioteca básica de los pueblos indígenas. Bogotá: Ministerio de Cultura.
Rozo, J. (1987). Complejo cultural de Sie: el agua
Van Gennep, A. (2008). Los ritos de paso. Alianza.
Zapata, E. (2009). Esbozo autobiográfico. Afro-Hispanic Review, 28(1), 203-213.
https://www.jstor.org/stable/41350904

12

También podría gustarte