LA HISTORIA Y LAS CIENCIAS SOCIALES, Fernand Braudel
Resumen del capítulo “La larga duración”
Entregado por:
Elías Bolívar
Daniel Díaz
Docente: Milton Zambrano
Facultad de Ciencias Humanas
Historia
Atlántico, Barranquilla
2023
Para hablar del capítulo titulado “La larga duración”, Fernand Braudel hace reflexión sobre
el oficio del historiador y la importancia que este tiene a la hora de estudiar el pasado, pues
como figura fundamental de la sociedad moderna tiene la labor vital de entender y
comprender el desarrollo del presente a través de los antecedentes del pasado a través de la
investigación y análisis de los hechos partiendo de datos objetivos, planteado así para evitar
basar sus conclusiones en meras teorías subjetivas; partiendo de la importancia que tiene el
historiador en ese sentido, no se puede dejar atrás la categorización que tiene la historia en
materia, y es que la misma se debe comprender como una ciencia social en constante
evolución que tal y como el área de estudio que abarca, también se encuentra en constante
cambio. En este sentido Braudel también da a entender con certeza que una vista al pasado
no se encamina únicamente hacia una dirección, por el contrario, va a tener diversos puntos
de visa dependiendo desde dónde se visualice pues cada historiador puede y se toma la
libertad de establecer su propia perspectiva y su enfoque conforme lo vea más factible. En
continuidad, Braudel también deja clara una sugerencia o consejo sintetizado que lo
importante para un historiador debe caracterizarse por abarcar una visión amplia y abierta
que permita analizar la historia desde los múltiples puntos de vista que se presenten.
Hablando sobre la calificación de la historia como una ciencia social también se comenta
sobre el cómo los compañeros de otras áreas tales como economistas, sociólogos,
psicólogos, lingüistas y geógrafos entre otros, son los responsables de remolcar hasta cierto
punto la evidencia a estudiar por la historia, ya sea por el factor que se tratase, por lo que
también se plantea que quizá estos resultados sean la mejor forma de devolverles el favor
procesando sus descubrimientos para que sigan utilizándolos después. Del mismo modo la
historia como ciencia social y sus constantes cambios manejan una colección de oficios
desde distintas perspectivas, sin embargo, el hecho de ser una ciencia social también
implica estar contaminada por otras disciplinas, no necesariamente es algo malo, por el
contrario, ayuda a que se entrelacen sus estudios sociales de modo que hay colaboración
mutua.
Braudel también reflexiona del estudio del pasado desde una perspectiva amplia y global
para entender el mundo en el que se vive, analizando la evolución de los movimientos,
corrientes y fuerzas que han moldeado la sociedad de hoy en día, cada situación por
separado pues todo momento histórico tiene su propio contexto de movimientos propios
necesarios para entenderlo, sobre todo en los acontecimientos a largo plazo como los
empujes breves y las fuentes inmediatas. En resumen, el autor destaca que el oficio del
historiador y las ciencias sociales en general están en constante transformación y evolución.
No hay principios verdaderos y límites claros que no estén sujetos a cambios y nuevas
perspectivas. La historia es la suma de todas las historias posibles, una colección de oficios
y puntos de vista que se transforman constantemente. Aunque esto pueda dificultar la tarea
del historiador, es importante reconocer que la ciencia histórica continúa interrogándose y
transformándose, y que todas las ciencias del hombre, incluyendo la historia, están
contaminadas unas por otras.
Braudel toma un apartado por individual para hablar sobre los acontecimientos de corto
tiempo con el subtítulo de “Las controversias del tiempo corto” que aborda en gran medida
la relación entre las ciencias sociales y la historia, siendo que las ciencias sociales tienden a
evadir dar una explicación histórica de sus estudios; Braudel sostiene que tanto la
actualización constante de la sociología empírica así como la formulación matemática
representas las formas en las que las ciencias sociales evaden la explicación histórica en sus
estudios. Del mismo modo establece la crítica a la tendencia de los economistas de
centrarse en el presente a la vez que plantea la importancia de la sociología en las encuestas
y cuestiona si el tiempo de la historia realmente muere y se reconstruye como suele creerse.
Braudel expresa su desconfianza hacia la historia que se enfoca exclusivamente en los
acontecimientos o sucesos, pero también señala que la historia no es la única disciplina
culpable de esto. Según el autor, todas las ciencias sociales, como la economía, la
demografía y la geografía, se dividen entre el pasado y el presente, y muchas veces dan
prioridad al presente en detrimento del pasado. El autor sugiere que las ciencias sociales
deberían equilibrar el peso del pasado y el presente para obtener una comprensión más
completa de los fenómenos sociales. Del mismo modo se presenta que pensamiento
económico está limitado por una restricción temporal que le impide ver más allá de lo
actual y del pasado reciente, lo cual es un grave error ya que se pierde un campo de
observación valioso. Los economistas se han puesto al servicio de los gobiernos y han
descuidado su papel como observadores críticos. Por otro lado, los etnógrafos y etnólogos
tienen una posición menos clara y algunos han rechazado autoritariamente la historia, lo
que ha afectado negativamente la aportación de algunos de ellos, como Malinowski y sus
discípulos.
argumentando que la antropología no puede desentenderse de la historia, ya que en todas
las sociedades, incluso en las más toscas, hay acontecimientos que dejan su huella.
Además, ninguna sociedad ha naufragado por completo en la historia, por lo que no se
puede ignorar su importancia.
La crítica a la sociología viene de las encuestas sobre lo actual, que se centra únicamente en
el tiempo presente, dejando de lado el pasado. Estas encuestas suelen considerar que el
tiempo de la historia está muerto y reconstruido, pero el autor argumenta que esto no es
necesariamente cierto. El pasado puede proporcionar una perspectiva valiosa para entender
el presente, y el historiador se encarga de preparar ese viaje en el tiempo, proporcionando
información valiosa. Las reconstrucciones que hacen los encuestadores del tiempo presente
para entender la fina trama de las estructuras son tan reconstrucciones como las que hace el
historiador. Ambos necesitan desentrañar la complejidad del tiempo y reconstruirlo para
entenderlo mejor. La perspectiva del pasado es necesaria para comprender el presente, ya
que puede proporcionar una visión más amplia y profunda de los rasgos más originales de
una sociedad. En comparación, la cercanía del presente puede dificultar la comprensión de
los fenómenos que están ocurriendo, por lo que la perspectiva histórica puede ser muy
valiosa para entenderlos mejor.
Poco después se reflexiona para cerrar sobre la importancia de comprender los
movimientos sociales y económicos en su contexto histórico y en su evolución a lo largo
del tiempo. Se hace hincapié en la necesidad de no quedarse solo en el análisis de eventos
recientes o ruidosos, sino de tener en cuenta los movimientos más lejanos en el tiempo y los
sectores silenciosos. La historia, como ciencia del pasado y del presente, puede ayudar a
entender la realidad social en su totalidad. La lección de Lucien Febvre es una advertencia
contra el enfoque exclusivo en el acontecimiento y la importancia de considerar la duración
y la evolución en nuestra comprensión del mundo.