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Dinastías Xia, Shang y Zhou: Orígenes y Evolución

La dinastía Xia fue la primera dinastía de China, establecida por Yu el Grande después de controlar las inundaciones del río Amarillo. La dinastía Shang derrocó a la dinastía Xia y estableció un sistema de escritura y religión basado en el culto a los antepasados. La dinastía Zhou luego derrocó a la dinastía Shang y dividió su reinado en los períodos Zhou Occidental y Zhou Oriental, durante los cuales florecieron la filosofía y las artes.

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Dinastías Xia, Shang y Zhou: Orígenes y Evolución

La dinastía Xia fue la primera dinastía de China, establecida por Yu el Grande después de controlar las inundaciones del río Amarillo. La dinastía Shang derrocó a la dinastía Xia y estableció un sistema de escritura y religión basado en el culto a los antepasados. La dinastía Zhou luego derrocó a la dinastía Shang y dividió su reinado en los períodos Zhou Occidental y Zhou Oriental, durante los cuales florecieron la filosofía y las artes.

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Antigua China.

Las primeras dinastías

De estas pequeñas aldeas y comunidades agrícolas nació el gobierno centralizado, cuya primera dinastía fue la dinastía Xia
(aprox. 2070-1600 a.C.). La dinastía Xia fue considerada mayormente mitológica durante muchos años, hasta que las
excavaciones realizadas en las décadas de 1960 y 1970 hallaron sitios que sugieren fuertemente su existencia. Los
artefactos de bronce y las tumbas indican claramente la existencia de un período de desarrollo gradual que llevó de la
presencia de aldeas dispersas en la edad de piedra a la formación de una civilización cohesionada.

Esta dinastía fue fundada por Yu el Grande, quien trabajó arduamente durante trece años para controlar las inundaciones
causadas por el río Amarillo, las cuales a menudo destruían los cultivos de los granjeros. Se dice que estaba tan
ensimismado con su trabajo que no regresó a su casa ni una vez en todos esos años (aunque se dice que lo hizo en al menos
en tres ocasiones), y su dedicación inspiró a que otros lo siguieran.

Luego de controlar la inundación, Yu conquistó las tribus Sanmiao y fue nombrado sucesor por Shun, quien era el
gobernante por ese entonces, tras lo cual reinó hasta su muerte. Yu estableció el sistema de sucesión hereditaria y, por lo
tanto, el concepto de dinastía, conocido hasta el presente. La clase gobernante y la élite vivían en conglomerados urbanos,
mientras que la población campesina, que sostenía el estilo de vida de la élite, era mayormente agraria y vivía en áreas
rurales. El hijo de Yu, Qi, lo sucedió en el gobierno, y el poder permaneció en las manos de la familia, hasta que Jie, el último
gobernante de la dinastía Xia, fue derrocado por Tang, quien estableció la dinastía Shang (1600-1046 a.C.).

Tang pertenecía al reino de Shang. Las fechas en las que se cree que vivó (1675-1646 a.C.) no se corresponden con ningún
evento conocido en el que haya participado, por lo que deben ser consideradas erróneas. Lo que sí se sabe es que fue el
gobernante del reino de Shang, o al menos un personaje de renombre en este, y alrededor del año 1600 a.C. dirigió una
revuelta contra Jie y derrotó a su ejército en la batalla de Mingtiao.

Se cree que la excesiva opulencia de la corte de los Xia y la carga que suponía para su pueblo fueron las causas de este
levantamiento. Entonces, Tang tomó el liderazgo del país, bajó los impuestos, detuvo los extravagantes proyectos de
construcción iniciados por Jie (los cuales estaban agotando los recursos del reino) y gobernó con tal sabiduría y eficiencia
que las artes y la cultura florecieron. Con la dinastía Shang se desarrolló la escritura, así como la metalurgia en bronce, la
arquitectura y la religión.

Antes de la dinastía Shang, el pueblo adoraba a muchos dioses, de los cuales uno, Shangti, era el dios supremo y se
encontraba a la cabeza del panteón (un patrón presente en otras culturas). Shangti era considerado ‘el gran ancestro’,
quien presidía sobre la victoria en la guerra, la agricultura, el clima y el buen gobierno. Sin embargo, parece ser que, debido
al carácter remoto y ocupado de este, el pueblo sintió la necesidad de contar con intercesores más inmediatos que
atendieran a sus necesidades, por lo que comenzó así la práctica del culto a los antepasados.

Según la creencia, cuando alguien moría, adquiría poderes divinos y podía ser invocado para que prestara su ayuda en
tiempos de necesidad (similar a la creencia romana en los parentes). Esta práctica resultó en la aparición de rituales
sofisticados dedicados a apaciguar los espíritus de los antepasados, lo cual a su vez produjo entierros floridos en magníficos
sepulcros repletos de todas las cosas que una persona pudiera necesitar para gozar de una apacible vida después de la
muerte.

El rey, además de poseer deberes seculares, hacía las veces de intermediario principal entre los vivos y los muertos, y se
creía que su gobierno era ordenado por la ley divina. A pesar de que el conocido Mandato del Cielo se desarrolló más tarde,
durante la dinastía Zhou, la idea del vínculo entre un gobernante justo y la voluntad divina tiene sus raíces en las creencias
promovidas por la dinastía Shang.
La dinastía Zhou

Alrededor del año 1046 a.C., el rey Wu (reinado: 1046-1043 a.C.), de la provincia de Zhou, se rebeló contra el rey Zhou de la
dinastía Shang y derrotó a su ejército en la batalla de Muye, tras lo cual estableció la dinastía Zhou (1046-256 a.C.). El
período de la dinastía Zhou occidental va del 1046 al 771 AEC, mientras que el período de la dinastía Zhou oriental va del
771 al 256 a.C. Wu se rebeló contra los gobernantes Shang luego de que el rey de los Shang asesinara a su hermano mayor
de manera injusta. Wu y su familia invocaron el Mandato del Cielo para legitimar su revuelta, argumentando que los reyes
de la dinastía Shang ya no actuaban en el interés del pueblo y, por lo tanto, habían perdido el mandato del dios de la ley, el
orden y la justicia, Shangti.

El Mandato del Cielo fue definido así como la bendición de los dioses a los gobernantes justos y el gobierno de estos por
mandato divino. Cuando un gobierno ya no cumpliera con la voluntad de los dioses, sería derrocado. Además, dictaba que
solo podía existir un gobernante legítimo de China y que su gobierno debía estar legitimado por su recta conducta en
función de garante de las tierras que le hubieren sido confiadas por los cielos. El gobierno podía pasar de padre a hijo, pero
solo si el hijo poseía la virtud necesaria para gobernar. Este mandato terminaría siendo tergiversado por varios
gobernantes, que otorgarían la sucesión a descendientes indignos.

Durante el gobierno de la dinastía Zhou, la cultura floreció y se produjo una expansión de la civilización. Se codificó la
escritura y la metalurgia del hierro se volvió cada vez más sofisticada. Los más célebres y admirables filósofos y poetas
chinos, tales como Confucio, Mencio, Mo Di (Mo Zu), Lao Tze y Tao Chien, y el estratega militar Sun Tzu (si es que existió de
la manera en que es representado), todos vivieron en China durante el período de la dinastía Zhou y durante el período de
las Cien escuelas del pensamiento.

El carro de guerra, que había sido introducido en el país durante el gobierno de la dinastía Shang, se volvió más sofisticado
durante el gobierno de los Zhou. Es necesario mencionar que las fechas de inicio y finalización de estas dinastías y períodos
no son tan exactas como aparecen en los libros de historia; la dinastía Zhou en realidad tuvo muchas características en
común con la dinastía Shang (incluidos el idioma y la religión). A pesar de que los historiadores opinan que es necesario
dividir el período de su reinado para mayor claridad, la dinastía Zhou siguió existiendo a lo largo de los períodos siguientes,
conocidos como el período de las Primaveras y Otoños y el período de los Reinos combatientes.

Períodos de las Primaveras y Otoños y de los Reinos Combatientes

Durante el período de las Primaveras y Otoños (aprox. 772-476 a.C., llamado así por los Anales de Primavera y Otoño, la
crónica oficial del Estado en ese momento y una fuente antigua en la que se menciona al general Sun Tzu), el gobierno de la
dinastía Zhou se descentralizó al mudar la capital a Luoyang, con lo que finalizó el período de la dinastía Zhou occidental y
comenzó el de la dinastía Zhou oriental. Este es un período célebre por los avances en la filosofía, la poesía y las artes,
durante el cual se produjo el auge de las corrientes filosóficas confuciana, taoísta y moísta.

Sin embargo, al mismo tiempo, los diversos estados se estaban liberando del poder central de Luoyang y afirmando su
soberanía. Esto condujo al período de los Reinos Combatientes (aprox. 481-221 a.C.), en el que siete estados lucharon entre
sí. Los siete estados fueron Chu, Han, Qi, Qin, Wei, Yan y Zhao, los cuales afirmaban su soberanía pero no se atrevían a
exigir el Mandato del Cielo que aún poseía la dinastía Zhou de Luoyang. Los siete estados utilizaban las mismas tácticas y
seguían las mismas reglas de conducta en la guerra, por lo que ninguno era capaz de sacar ventaja sobre los demás.

Esta situación fue aprovechada por el filósofo pacifista Mo Ti, un habilidoso ingeniero que se propuso brindarles los mismos
conocimientos sobre fortificaciones y escaleras de asedio a todos los estados con la esperanza de neutralizar las ventajas
que cada uno pudiera obtener sobre los demás y así terminar con la guerra. Sin embargo sus esfuerzos fueron infructuosos,
y entre el 262 y el 260 a.C. el estado de Qin obtuvo la supremacía sobre la dinastía Zhao y finalmente la derrotó en la batalla
de Changping.

Un estadista del estado de Qin, de nombre Shang Yang (muerte: 338 a.C.), convencido promotor de la ley y la eficiencia,
cambió el modo en que la dinastía Qin veía la guerra, haciendo énfasis en obtener la victoria a toda costa. La reforma del
protocolo y la estrategia de la guerra en China puede atribuírsele a Sun Tzu o a Shang Yang, dependiendo de la veracidad de
Sun Tzu como personaje histórico. Independientemente de que Sun Tzu haya existido de la manera en que se cree, es muy
probable que Shang Yang estuviera familiarizado con la famosa obra que lleva su nombre, El arte de la guerra.

Antes de estas reformas, la guerra en China era considerada un juego de habilidades entre miembros de la nobleza, con
reglas rígidas dictadas por la cortesía y la supuesta voluntad del cielo. No se atacaba a los rivales débiles o faltos de
preparación y se debía esperar hasta que el enemigo hubiera movilizado su ejército y formado sus filas antes de atacarlo.
Shang impulsó la guerra total y aconsejó derrotar los ejércitos enemigos por cualesquier medios disponibles. Sus principios
fueron conocidos en Qin y puestos en práctica en Changping (donde más de 450 000 soldados Zhao fueron capturados y
ejecutados luego de la batalla), lo que le dio al estado de Qin la ventaja que necesitaba.

Aun así, no volvieron a utilizar estas tácticas hasta el ascenso de Ying Zheng, rey de Qin. Utilizando las instrucciones de
Shang, y con un ejército de proporciones considerables dotado de armas de hierro y carros de guerra, Ying Zheng emergió
victorioso del conflicto entre los Reinos Combatientes en el 221 a.C. y unió los otros seis reinos bajo su gobierno, tras lo cual
se proclamó ‘Shi Huangdi’, ‘Primer emperador’ de China.

La dinastía Qin

Así, Shi Huangdi estableció la dinastía Qin (221-206 a.C.), dando inicio a la era imperial de China (221 a.C.-1912 d.C.),
durante el cual el país estuvo gobernado por dinastías. Ordenó la destrucción de las fortificaciones amuralladas que habían
separado a los diversos estados entre sí y mandó construir una gran muralla a lo largo de la frontera norte de su reino. A
pesar de que solo permanece en pie una pequeña parte de la muralla original de Shi Huangdi, fue durante su gobierno que
se inició la construcción de la Gran Muralla China.

Shi Huangdi también fortaleció la infraestructura construyendo carreteras que impulsaron el comercio gracias a la facilidad
del desplazamiento.

A pesar de que sus proyectos de construcción y campañas militares lograron grandes avances, su gobierno se fue volviendo
cada vez más autoritario en las cuestiones domésticas. Alegando poseer el Mandato del Cielo, reprimió todas las corrientes
filosóficas excepto el legalismo, que había sido desarrollado por Shang Yang, y, siguiendo el consejo de su principal asesor,
Li Siu, ordenó la destrucción de todos los libros de historia y filosofía que no pertenecieran al legalismo o trataran acerca de
su linaje familiar, del estado de Qin o de él mismo.

Su deseo de asegurarse una vida después de la muerte que se asemejara a su vida terrenal lo llevó a ordenar la construcción
de un palacio como mausoleo y un ejército de más de 8000 soldados de terracota para que lo sirvieran en la eternidad. Este
ejército de terracota, enterrado consigo, también incluía carros de guerra, caballería, un comandante en jefe, diversas aves
y animales. Se dice que murió en el 210 a.C., mientras se encontraba en una misión buscando el elixir de la inmortalidad, y
que Li Siu, para obtener el control del gobierno, mantuvo su muerte en secreto hasta poder alterar su testamento y así
nombrar heredero a su hijo Hu Hai, que era fácilmente manipulable.

Sin embargo, este plan resultó infructuoso, ya que el joven príncipe demostró ser inestable, ejecutando a muchos y
provocando una rebelión generalizada en el país. Poco tiempo después de la muerte de Shi Huangdi, la dinastía Qin cayó
rápidamente debido a la intriga política y la ineptitud de personas como Hu Hai, Li Siu y Zhao Gao, otro consejero. Luego,
con la asunción de Liu Bang, comenzó la dinastía Han (202 a.C.-220 d.C.).

La disputa Chu-Han

Tras la caída de la dinastía Qin, China entró en caos durante el período conocido como ‘la disputa Chu-Han’ (206-202 a.C.).
Dos generales se destacaron entre los ejércitos que se rebelaron contra la dinastía Qin: Liu Bang de Han (aprox. 256-195
a.C.) y el general Xiang Yu de Chu (232-202 a.C.), quienes combatieron por el control del gobierno. Xiang Yu, que había
demostrado ser el más formidable de los oponentes de Qin, concedió el título de Rey de los Han a Liu Bang en
reconocimiento de su victoria decisiva sobre el ejército de Qin en la capital de Xianyang.
Los dos aliados pronto se convirtieron en enemigos durante el conflicto de poder conocido como ‘la disputa Chu-Han’ hasta
que Xiang Yu negoció el Tratado del Canal de Hong y logró una paz temporal. Xiang Yu propuso dividir China: el este
quedaría bajo el gobierno de Chu, mientras que los Han gobernarían la parte oeste. Sin embargo, Liu Bang quería que China
quedara unificada bajo el poder de los Han, por lo que, tras romper el tratado, reanudó las hostilidades. En la batalla de
Gaixia en el 202 a.C., el gran general de Liu Bang, Han Xin, atrapó y derrotó al ejército de Chu comandado por Xiang Yu, tras
lo cual Liu Bang fue proclamado emperador (conocido en la posteridad como el Emperador Gaozu de Han). Xiang Yu se
suicidó, pero se permitió que su familia viviera e incluso se les concedieron puestos en el gobierno a algunos de sus
miembros.

El nuevo emperador, Gaozu, trató a sus antiguos adversarios con respeto y unificó el país bajo su reinado. Repelió a la tribu
nómada de los Xiongnu, que habían estado haciendo incursiones en China, y obtuvo la paz con los demás estados que se
habían alzado en rebelión contra la deteriorada dinastía Qin. La dinastía Han (cuyo nombre deriva del lugar de origen de Liu
Bang, la provincia de Hanzhong) gobernaría China, con un breve interregno, durante los siguientes 400 años, desde el 202
a.C. hasta el 220 d.C. La dinastía Han se divide en dos períodos: dinastía Han occidental (202 a.C.- 9 d.C.) y dinastía Han
oriental (25-220 d.C.).

La dinastía Han

La paz que logró Gaozu produjo la estabilidad necesaria para que la cultura resplandeciera una vez más. Se reanudó el
comercio con Occidente y las artes y la tecnología se volvieron más sofisticadas. Se reconoce a la dinastía Han como la
primera en escribir su propia historia, pero, debido a que Shi Huangdi destruyó tantos documentos escritos de sus
predecesores, no se puede estar seguro de esta afirmación. Sin embargo, sí es seguro que durante el reinado de la dinastía
Han se lograron grandes avances en todas las áreas de la cultura.

El Canon de medicina del Emperador Amarillo, el documento chino más antiguo sobre medicina, fue codificado durante la
dinastía Han. En este período también se inventó el papel, y la escritura se volvió más sofisticada. Gaozu además aceptó el
confucianismo y lo convirtió en la única filosofía del Estado, sentando así un precedente que continúa hasta el presente.

Aun así, a diferencia de Shi Huangdi, practicó la tolerancia hacia las demás corrientes filosóficas, por lo cual la literatura y la
educación florecieron durante su reinado. Bajó los impuestos y disolvió su ejército, el cual de todos modos siguió
reagrupándose sin demoras cada vez que se lo convocó.

Tras su muerte en el año 195 a.C., su esposa, la emperatriz Lu Zhi (241-180 a.C.), instauró una serie de monarcas títere, de
los cuales el primero fue el príncipe heredero Liu Ying (emperador Hui, que reinó del 195 al 188 a.C.). Estos monarcas
cumplieron los propósitos de la emperatriz pero continuaron con las políticas del emperador Gaozu. Estas políticas
mantuvieron los niveles de estabilidad y desarrollo cultural, lo cual hizo posible que Wu Ti, el más grande de los
emperadores de la dinastía Han (conocido como Wu el Grande, que reinó del 141 al 87 a.C.), se embarcara en su misión de
expansión, de realización de obras públicas y de iniciativas culturales. Envió a su emisario Zhang Qian a Occidente en el 138
a.C., lo que resultó en la apertura oficial de la Ruta de la Seda en el 130 a.C..

Además, el confucianismo se convirtió en la doctrina oficial del Estado y Wu Ti construyó escuelas a lo largo del imperio
para fomentar la alfabetización y enseñar las ideas confucianas. También reformó el transporte, las carreteras y el
comercio, y ordenó otros varios proyectos, con lo cual empleó a millones de trabajadores. Luego de Wu Ti, sus sucesores
mantuvieron aproximadamente la misma visión de China y gozaron del mismo éxito.

El crecimiento de la riqueza produjo un aumento de los grandes patrimonios y prosperidad general, pero la vida se fue
convirtiendo cada vez más difícil para los campesinos pobres que labraban la tierra. En el año 9 d.C., el regente Wang Mang
(45 a.C.-23 d.C.) tomó el poder del gobierno por la fuerza reclamando para sí el Mandato del Cielo y puso fin así a la dinastía
Han. Wang Mang fundó la dinastía Xin (9-23 d.C.) sobre la base de profundas reformas agrarias y la redistribución de la
riqueza.
Al principio, recibió un inmenso apoyo del campesinado y la oposición de los terratenientes. Sin embargo, sus proyectos
fueron planificados y ejecutados de manera incorrecta, lo cual derivó en altos niveles de desempleo y frustración. Los
levantamientos y las inundaciones generalizadas del río Amarillo desestabilizaron aún más el gobierno de Wang Mang, y
este finalmente fue asesinado por una turba de campesinos, aquellos por los cuales había tomado el gobierno y había
iniciado sus reformas.

La caída de la dinastía Han y el ascenso de la dinastía Xin

El ascenso de la dinastía Xin terminó con el período de la dinastía Han occidental y su caída condujo al establecimiento de la
dinastía Han oriental. El emperador Guangwu (que reinó del 25 al 57 d.C.) les devolvió la tierra a los terratenientes ricos y
restauró el orden en el imperio, manteniendo las políticas de los gobernantes de la dinastía Han occidental. Para recuperar
las tierras perdidas durante la dinastía Xin, Guangwu se vio obligado a pasar gran parte de su tiempo sofocando rebeliones y
reestableciendo el control chino sobre las regiones de lo que hoy en día son Corea y Vietnam.

La rebelión de las hermanas Trưng del 39 d.C., liderada por dos hermanas, requirió alrededor de diez mil hombres y tardó
cuatro años en ser aplacada, según el registro oficial del Estado de la dinastía Han. Aun así, el emperador consolidó su poder
e incluso expandió las fronteras, lo cual aportó la estabilidad necesaria para que crecieran el comercio y la prosperidad. Al
tiempo del emperador Zhang (reinado: 75-88 d.C.), China era tan próspera que comerciaba con todas las naciones
importantes de su momento, lo cual continuó de esta manera tras su muerte. Durante el reinado de Marco Aurelio, en el
166 d.C., los romanos consideraban la seda china más valiosa que el oro y pagaban a China cualquier precio que se les
pidiera por ella.

Sin embargo, los conflictos entre la aristocracia terrateniente y el campesinado continuaron causando problemas para el
gobierno, como lo demuestran la Rebelión de las Cinco Medidas de Arroz (142 d.C.) y la Rebelión de los Turbantes Amarillos
(184 d.C.). A pesar de que la Rebelión de las Cinco Medidas del Arroz comenzó como un movimiento religioso, reunió a gran
parte del campesinado que se oponía a los ideales confucianos del Estado y de la élite. Ambas revueltas ocurrieron en
respuesta al desinterés del gobierno por el pueblo, agravado por la creciente corrupción e ineficacia de la dinastía Han
tardía. Los líderes de ambas rebeliones afirmaban que la dinastía Han había perdido el Mandato del Cielo y debía abdicar.

El poder del gobierno para controlar a la población comenzó a aminorar, y una revuelta generalizada a lo largo y ancho del
país, conocida como la Rebelión de los Turbantes Amarillos, comenzó a ganar ímpetu. Varios generales Han se encargaron
de sofocar las revueltas, pero no bien se reprimía un foco de la rebelión, surgía otro en otra parte. Finalmente, la rebelión
fue sofocada por el general Cao Cao (155-220 d.C.). Luego, Cao Cao y su antiguo aliado Yuan Shao (muerto en el 202 d.C.)
pelearon entre sí para obtener el control del país, y Cao Cao resultó victorioso en el norte.

Cao entonces intentó unificar toda China invadiendo el sur, pero fue derrotado en la batalla de los Acantilados Rojos en el
208 d.C., con lo cual China quedó dividida en tres reinos separados: el reino de Wei, el reino de Wu y el reino de Han, cada
uno de los cuales reclamaba para sí el Mandato del Cielo. Esta era es conocida como el período de los Tres Reinos (220-280
d.C.), una era de violencia, inestabilidad e incertidumbre que más tarde serviría de inspiración para algunas de las más
grandes obras de la literatura china.

La dinastía Han ya había quedado en el pasado, y otras dinastías se fueron sucediendo fugazmente en el gobierno (como la
Wei y la Jin, la Wu Hu y la Sui) e impulsaron sus propios proyectos aproximadamente entre los años 208 y 618 d.C..
Finalmente, la dinastía Sui (589-618 d.C.) logró reunificar China en el 589 d.C.. La importancia de la dinastía Sui está dada
por la implementación de una burocracia altamente eficaz que rediseñó de manera eficiente las tareas administrativas y
logró una mayor facilidad en la gestión del imperio. Durante el reinado del emperador Wen y de su hijo Yang, se completó
la construcción del Gran Canal, se extendió la Gran Muralla y se reconstruyeron algunas secciones de esta, se expandió el
ejército hasta que se convirtió en el más grande del mundo en su momento del que se tenga registro, y se estandarizó la
moneda a lo largo y ancho del reino.

La literatura floreció, y es posible que en este período se haya desarrollado la leyenda de Hua Mulan, que trata de una
muchacha que ocupó el lugar de su padre en el ejército y salvó a su país (a pesar de que se cree que el poema original fue
redactado durante el período de la dinastía Wei del norte, 386-535 d.C.). Infortunadamente, Wen y Yang no estaban
satisfechos con la estabilidad interna y organizaron expediciones a gran escala en la península de Corea. Wen ya había
agotado los recursos del tesoro con sus proyectos de construcción y campañas militares, y Yang siguió los pasos de su padre
y, al igual que él, fracasó en sus campañas de conquista militar. Yang fue asesinado en el 618 d.C., lo cual desencadenó el
levantamiento de Li Yuan, quien tomó el control del gobierno y se proclamó emperador Gaozu de Tang (reinado: 618-626
d.C.).

La dinastía Tang

La dinastía Tang (618-907) es considerada la ‘edad de oro’ de la civilización china. Gao Tzu tuvo la sensatez de conservar y
mejorar la burocracia establecida por la dinastía Sui al mismo tiempo que se abstuvo de realizar extravagantes operaciones
militares y proyectos de construcción. Con pequeñas modificaciones, el modelo burocrático de la dinastía Tang sigue en uso
en el Estado chino de hoy en día.

A pesar de haber sido un gobernante eficiente, Gao Tzu fue depuesto por su hijo, Li Shimin, en el 626. Luego de asesinar a
su padre, Li Shimin mató a sus hermanos y otros miembros de la casa real y adoptó el título de emperador Taizong (reinado:
626-649). Sin embargo, tras el sangriento golpe de Estado, Taizong ordenó la construcción de templos budistas en los sitios
donde habían tenido lugar las batallas y dispuso que se honrara a los caídos.

Inspirándose en los preceptos del culto a los antepasados y del Mandato del Cielo, Taizong invocó la voluntad divina en sus
acciones y argumentó que aquellos a los que había asesinado eran ahora sus asesores en el más allá. Debido a que
demostró ser un gobernante muy eficiente y un habilidoso guerrero y estratega militar, no encontró oposición al golpe de
Estado y pudo gobernar su vasto imperio.

Taizong continuó la política de su padre de conservar lo bueno de la dinastía Sui y construir sobre ello; evidencia de esto es
el código legal de Taizong, que se basó en gran medida en ideas sentadas por la dinastía Sui, pero que aportó mayor
especificidad en cuanto a los delitos y sus penas. En cambio, se apartó del modelo de política internacional de su padre y se
embarcó en una serie de campañas militares exitosas, con las cuales logró extender y proteger el imperio al mismo tiempo
que pudo difundir su código legal y la cultura china.

Taizong fue sucedido por su hijo Gaozong (reinado: 649-683), cuya esposa, Wu Zetian, se convertiría en la primera (y única)
monarca de China. La emperatriz Wu Zetian (reinado: 690-704) inició una serie de medidas que mejoraron las condiciones
de vida en China y fortalecieron la posición del emperador. También hizo uso de una fuerza policial secreta y canales de
comunicación de gran eficiencia para estar siempre un paso por delante de sus enemigos, tanto externos como internos.

Floreció el comercio dentro del imperio y también con Occidente, gracias a la Ruta de la Seda. Habiéndose ya fragmentado
del Imperio Romano de Occidente, el Imperio Bizantino pasó a ser un comprador importante de la seda china. Durante el
reinado del emperador Xuanzong (reinado: 712-756), China era el país más extenso, más poblado y más próspero del
mundo. Debido a su gran población, era posible reclutar ejércitos de muchos miles de soldados, lo que permitía llevar a
cabo campañas militares veloces y exitosas contra los pueblos túrquicos nómadas o contra rebeldes internos. Durante el
reinado de la dinastía Tang florecieron las artes, la tecnología y la ciencia (aunque se considera que el punto máximo del
desarrollo de las ciencias en China se alcanzó durante la dinastía Song, posterior a la Tang, entre los años 960 y 1234), y en
este período se realizaron algunas de las más impresionantes obras de la escultura y orfebrería chinas.

La caída de la dinastía Tang y el ascenso de la dinastía Song

Aun así, no todos estaban conformes con el gobierno central y las rebeliones regionales eran una preocupación constante.
La más importante de estas fue la rebelión de An Shi (también conocida como la rebelión de An Lushan) del 755. El general
An Lushan, favorito en la corte imperial, se opuso a lo que consideraba un despilfarro excesivo en el gobierno. Con un
ejército de más de 100 000 tropas, se rebeló y se autoproclamó emperador de acuerdo con los preceptos del Mandato del
Cielo.

A pesar de que su revuelta fue sofocada en el 763, las causas subyacentes de la insurrección persistieron, y posteriores
acciones militares continuaron azotando al gobierno hasta el 779. La consecuencia más sensible de la rebelión de An Lushan
fue el drástico descenso de la población de China. Se estima que cerca de 36 millones de personas murieron como resultado
directo de la rebelión, ya sea en batalla, en acciones de represalia, por enfermedades o por falta de recursos.
El comercio fue perjudicado, cayó la recaudación de impuestos, y el gobierno, que había huido de Chang’an al inicio de la
revuelta, no logró mantener una presencia significativa. La dinastía Tang siguió sufriendo de diversas revueltas domésticas
y, tras la rebelión de Huang Chao (874-884), nunca logró recuperarse. El país quedó fragmentado, con lo cual inició el
período de las Cinco Dinastías y Diez Reinos (907-960), en el que cada estado reclamaba para sí la legitimidad, hasta que se
produjo el ascenso de la dinastía Song (también llamada Sung).

Con la dinastía Song, China volvió a ser estable, y las instituciones, las leyes y las costumbres siguieron siendo codificadas e
integradas en la cultura. El neoconfucianismo se convirtió en la corriente filosófica más popular del país y ejerció gran
influencia sobre el derecho y la costumbre, lo cual le dio a la cultura china la forma distintiva que posee hoy en día. No
obstante, a pesar de los avances en todas las áreas de la civilización y la cultura, la lucha milenaria entre los acaudalados
terratenientes y los campesinos que labraban la tierra prosiguió durante los siglos siguientes.

Las ocasionales revueltas campesinas que surgieron con el tiempo fueron reprimidas con la mayor rapidez posible, pero no
se ofreció solución alguna ante los reclamos del pueblo, y las campañas militares siguieron actuando sobre los síntomas de
los conflictos en lugar de atender a la raíz de estos. En el año 1949, Mao Zedong (también llamado Mao Tse Tung) dirigió la
revolución popular en China, derrocó al gobierno e instituyó la República Popular China sobre la base de que todos,
finalmente, pudieran gozar de la misma riqueza.

Educación

No se sabe mucho sobre la educación en la antigua China. Se conoce que durante el reinado de la Dinastía Chu floreció la
educación en China. Durante ese período se hizo hincapié en la educación de abajo hacia arriba. Las escuelas primarias y
secundarias se establecieron en las aldeas, los colegios universitarios se establecieron a nivel de distrito y la única
universidad se estableció en la capital para brindar una educación excelente.

Se impartió educación en el campo de la literatura, las matemáticas, la guerra, la conducción de carruajes, etc. Se motivaba
a los estudiantes a formar en sí mismos una buena conducta moral y llevar una vida sagrada a través de esta educación. No
hay duda de que los chinos estaban decididos a formar una sociedad pacífica, sana y gobernada por la ley a través de la
educación.

Ciencia y Tecnología

La historia de la ciencia y la tecnología en China es larga, rica y llena con muchas contribuciones en estos campos. En la
antigüedad, independientemente de los filósofos griegos y otras civilizaciones, los antiguos filósofos chinos hicieron avances
significativos en las áreas de ciencia, tecnología, matemática y astronomía. Las primeras observaciones registradas de
cometas, eclipses solares y supernovas se realizaron en China. La medicina tradicional china, la acupuntura y la medicina
herbal también eran practicadas.

Entre los primeros inventos chinos se encuentran el ábaco, el reloj solar y las primeras máquinas voladoras como las
cometas y las linternas Kongming. Las Cuatro Grandes Invenciones de la antigua China: la brújula, la pólvora, la fabricación
de papel y la impresión, fueron algunos de los avances tecnológicos más importantes, que sólo fueron conocidos en Europa
a fines de la Edad Media. La Dinastía Tang (d.C. 618 – 906) en particular, fue un momento de gran innovación. Hubo un gran
intercambio entre los descubrimientos occidentales y chinos hasta la Dinastía Qing.

Las misiones de los jesuitas en China de los siglos XVI y XVII introdujeron la ciencia y la astronomía occidentales, que
entonces experimentaban su propia revolución, a China, y el conocimiento de la tecnología china fue llevado a Europa. Gran
parte del trabajo occidental temprano en la historia de la ciencia en China fue realizado por Joseph Needham.

Medicina y Cirugía

Los antiguos chinos conocían bien las diferentes extremidades del cuerpo humano. Ellos conocían completamente la
función del corazón, el hígado y las células biliares. Sabían cómo tratar la fiebre, la diarrea, la debilidad y la ceguera.
Preparaban polvos con los huesos de animales y los usaban para el tratamiento de varias enfermedades.
La mayor contribución de los chinos a la civilización mundial fue la anestesia. A través de este procedimiento colocaban al
paciente en un estado de insensibilidad e inconciencia mientras practicaban operaciones en su cuerpo. Más tarde, este
procedimiento sería usado en los casos de cirugía moderna.

Arte y Arquitectura

Los logros de la cultura china en los campos del arte y la arquitectura son loables. Para proteger a China del ataque de los
Hunas y los Tártaros, el emperador Si-Whang-Ti construyó la Gran Muralla de China. La gran muralla tenía 2250 de longitud,
20 pies de ancho y 22 pies de alto. Se construyó un fuerte de 40 pies de alto a una distancia de 130 yardas desde el
comienzo del muro hasta su final.

Había provisiones para la permanencia de 100 soldados en cada fuerte con sus armas. Por supuesto, Si-Whang-Ti había sido
criticado por la construcción de este muro mediante el uso de los prisioneros de guerra y trabajadores sin pagarles ningún
salario. Aun así, la Gran Muralla China es considerada como una de las Siete Maravillas del Mundo.

Religión

El firmamento religioso de la antigua China era muy extenso. Los chinos rendían culto a la naturaleza. Ellos adoraban la
tierra, el cielo, el sol, la luna, las estrellas y otros aspectos de la naturaleza. El dios de la tierra recibía el nombre de ‘Si’ y el
dios de las cosechas el nombre de ‘Chi’, por los chinos. ‘Shangti’ era otro dios famoso de los chinos. Los chinos rendían culto
a sus antepasados, organizando fiestas familiares.

No ofrecían ninguna oración para ayudar a los muertos; en su lugar creían que los muertos ayudarían a los vivos. Durante
mucho tiempo, estas prácticas religiosas prevalecieron en China. En el siglo VI a.C. se produjeron cambios drásticos en el
campo religioso. Los reformistas como Lao-Tse y Confucio surgieron en China, ellos cambiaron la perspectiva religiosa de los
chinos con sus reformas.

Actividades Militares

La antigua civilización china del valle del río se dedicaba a la actividad militar desde los albores de la guerra. Eran una de las
civilizaciones más antiguas y más grandes del mundo que se formaron alrededor del 6000 a.C. También es la civilización más
larga e ininterrumpida en la Tierra. Las aldeas se formaron en la parte norte de China a lo largo de los Ríos Amarillo y
Yangtze. Eventualmente formaron ciudades y comenzaron a conquistarse entre sí. Sin embargo, la actividad militar
registrada por primera vez, data de la Dinastía Xia (2200 – 1600 a.C.) cuando la escritura se desarrolló con base en la
escritura sumeria. Los antiguos chinos participaron en frecuentes guerras de unificación, expansión y defensa de sus
territorios. Desarrollaron la guerra en un nivel sofisticado que cumplía con sus demandas. China produjo múltiples y masivas
bases de infantería y naval, que lucharon por el control de los grandes ríos de China. Más tarde grandes flotas chinas
llegarían a alta mar, explorando y proyectando el poderío chino. Los ejércitos chinos se beneficiaron de la innovación militar
y la logística cuidadosamente organizada, así como de una rica tradición en teoría militar, comenzando con «El arte de la
guerra» de Sun Tzu, escrito en el siglo VI a.C.

Escritura

Cualquiera sea la oscura fase inicial de la escritura china antigua, su aparición durante la Dinastía Shang ya mostraba signos
de un sistema muy complejo. La forma más antigua de escritura china se conoce como la escritura del hueso oracular,
usado desde 1500 al 1000 a.C. Esta escritura se grababa en conchas de tortuga y huesos de animales, que luego eran
calentados hasta que aparecieran las grietas. Al interpretar el patrón de las grietas, los funcionarios de la corte de Shang
hacían premoniciones de eventos futuros, por lo que se les dio el nombre de reciben el «huesos oraculares» a estos huesos
de animales.

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