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Isaías 25-26

El documento resume pasajes de Isaías 25-26 sobre la esperanza del pueblo de Dios. Señala que Dios destruirá la muerte y enjugará las lágrimas, y que su pueblo celebrará su salvación. También describe cómo Isaías vislumbra un gran banquete en honor a la victoria de Dios sobre la muerte, y cómo el capítulo 26 contiene un himno de alabanza por la paz que Dios brindará a los que confían en él. Finalmente, señala que la esperanza en Dios debe quitar el exceso de triste

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El documento resume pasajes de Isaías 25-26 sobre la esperanza del pueblo de Dios. Señala que Dios destruirá la muerte y enjugará las lágrimas, y que su pueblo celebrará su salvación. También describe cómo Isaías vislumbra un gran banquete en honor a la victoria de Dios sobre la muerte, y cómo el capítulo 26 contiene un himno de alabanza por la paz que Dios brindará a los que confían en él. Finalmente, señala que la esperanza en Dios debe quitar el exceso de triste

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Isaías 25-26

«Él destruirá la muerte para siempre. El Señor DIOS enjugará las lágrimas de todos los
rostros, Y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra, Porque el SEÑOR ha
hablado.
Y en aquel día se dirá: «Este es nuestro Dios a quien hemos esperado para que nos salvara.
Este es el SEÑOR a quien hemos esperado; Regocijémonos y alegrémonos en su
salvación». Isaías 25:8-9

Como conclusión a toda la sección sobre los juicios de las naciones, Isaías señala una vez
más la gran esperanza del remanente en los capítulos 25 a 27, a los cuales da el marco de un
testimonio personal de Dios. Está agradecido que Dios sea soberano sobre las naciones
poderosas (v. 2) y protector de los débiles que confían en él (v. 4, cf. 4:5).

Isaías vislumbra el gran banquete que celebra la victoria de Dios. Por encima de todo, alaba
a Dios porque triunfa sobre la muerte a favor de su pueblo (v. 8), paradójicamente la “boca”
devoradora de la que nadie puede escapar, ella misma será devorada (5:14). Todo lamento
será quitado (30:19; 35:10; 61:2-5; Apocalipsis 7:17; 21:14) incluso la muerte y el pecado,
que es el aguijón de la muerte (1 Corintios 15:54).

El versículo 9 expresa que la verdadera esperanza y la fe en el Señor pueden resumirse en


el concepto de «esperar en el Señor» (cf. 8:17; cap. 12).

El capítulo 26 es un himno para el pueblo de Dios (v. 1). En el himno, el profeta se regocija
en la paz que vendrá a aquellos cuya fe está puesta en el Señor (vv. 3,4,12). También da
testimonio de su propio deseo de buscar al Señor (vv. 8,9).

Celebra los buenos resultados del castigo infligido por Dios a su pueblo para traerlo de
regreso a sí (vv. 16-18). En este lugar se expresa incluso la esperanza de la resurrección
corporal (v. 19; cf. escritos posteriormente como Ezequiel cap. 36,37; Daniel 12:1,2).

El grato recibimiento a los pecadores arrepentidos se suele comparar con una fiesta en el
Nuevo Testamento. Los invitados son toda la gente, gentiles y judíos por igual de toda
tribu, lengua, pueblo y nación.

Hay en el evangelio aquello que fortalece y alegra el corazón y que es bueno para los que
están convictos de pecado y lo lamentan. Dios levantará a la vida espiritual a los que hacía
mucho estaban muertos en delitos y pecados. El mismo Cristo triunfará sobre la muerte en
su resurrección.

La pena desaparecerá; habrá gozo perfecto e infinito. Serán consolados los que se duelen
por el pecado. Tendrán consuelo los que sufren por Cristo. Pero en el gozo del cielo, y no
poco, se cumplirá plenamente este dicho: Dios enjugará toda lágrima.
Esta esperanza debiera, ahora, quitar el exceso de tristeza, y todo llanto que estorbe. A
veces en este mundo, Dios quita el reproche de su pueblo de entre los hombres; sin
embargo, será plenamente cumplido en el gran día. Soportemos ahora el dolor y la
vergüenza con paciencia; ambas serán quitadas dentro de poco.

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