El Conoc. Hno.
El Conoc. Hno.
En una Filosofía del hombre no podemos menos de inquirir cuáles son las facultades o potencias que
permiten al hombre realizar actos de conocimientos sensitivo, recordativo, intelectual, racional, o actos
volitivos. Porque si realiza estos actos es que la facultad o potencia de realizarlos. Debemos preguntarnos
qué es esa facultad o qué son esas facultades.
Podemos concebir la facultad, con los escolásticos, como un principio próximo de operación. Sin entrar
en discusiones importantes pero minuciosas sobre las facultades que aquí no es posible, nos basta afirmar
que la persona humana está efectivamente dotada de actividades diversas, sea experienciales presentativas
o cognoscitivas de un objeto (ver, oír, imaginar, recordar, entender, razonar) sea experienciales 1
tendenciales o apetitivas, es decir, que tienden hacia un objeto o a retirarse de él, (el deseo, la
complacencia, la irritabilidad, el temor, etc.). Pueden ser, dicho de otra manera, actividades de los
sentidos (o datos de experiencia sensible), actividades intelectivas (simples aprehensiones, juicios),
racionales (raciocinios, deducción, inducción), volitivas (decisiones, mandos, amor, amistad, sacrificio
por los demás, odio, etc.). Es indudable, pues, que el hombre existen, como quiera que se interprete,
potencias o facultades con las cuales realiza los actos de su vida.
Más allá de estas disquisiciones sutiles y discutibles, consideramos más importante atender a lo que
también enseña santo Tomás:«Non enim proprie loquendo sensus aut intellectus cognoscit sed homo per
utrumque» (hablando con propiedad no son los sentidos ni el entendimiento los que conocen sino el
hombre por ellos). Y en otro sitio afirma categóricamente Santo Tomás:«Manifestum est enim quod hic
homo singularis intelligit» (Es evidente que este hombre singular es el que entiende). A puntaba ya a la
concepción unitaria del hombre que hoy es uno de los fundamentos de la Antropología filosófica. Como
ya hemos dicho, estrictamente hablando no son los ojos los que ven, ni los oídos los que oyen, ni la
memoria la que recuerda, ni el entendimiento el que piensa, ni la razón la que discurre. Es el hombre
entero el que ve, el que oye, el que recuerda, el que piensa, el que discurre distintos de la persona entera.
No existe la razón pura, existe el hombre, una substancia completa individual que es capaz de razonar.
Eso sí. Dividimos para comprender, podemos utilizar los términos memoria, entendimiento, razón o
voluntad porque son cómodos para la interpretación, pero concientes de que no son entidades en sí
distintas sino modos de expresarse y actuar un ser único y unificado que se llama persona humana.
Es demasiado evidente que el hombre es un ser abierto y orientado hacia el entorno en un sentido muy
amplio. La autoexperiencia humana nos dice que nos hallamos en medio de una realidad conocida, en
medio de otras personas y de infinidad de cosas con las que nos relacionamos y entre las que realizamos
nuestra compleja existencia. Es una experiencia inmediata.
Un entrono que podemos definir como la totalidad de nuestro espacio vital y de nuestro horizonte
cognoscitivo. Esta realidad evidente está suponiendo que conocemos a los demás, al mundo y a nosotros
mismos como objetos reales. Si no, no se explicaría el modo humano de la acción, y la colaboración de
todos en las mismas tareas o en objetivos diversos.
1. Una actividad vital, en el sentido de que conocer no es meramente reflejar una realidad como un
espejo refleja pasivamente el objeto que se le pone delante. Así lo creía Descartes. Es más bien
una respuesta vital u original de nuestras facultades cognoscitivas que reaccionan ante la realidad
y, de manera intencional se apoderan de ella. Esto significa que, fundamentalmente, el
conocimiento es una actividad inmanente, hecho que crea no poca dificultad para explicar la
causalidad de la realidad exterior y sensible en las facultades intelectuales.
2. El conocimiento es una relación entre sujeto cognoscente y objeto conocido. No existe uno sin
otro. Husserl, inspirándose en Bretano, insistió en que cualquier vivencia de la conciencia, y
mucho más si es cognoscitiva, está dirigida intencionalmente a un objeto, el objeto no es la
conciencia pero es un correlato esencial a ella. Es así efectivamente. La diferencia entre el
conocimiento animal y el humano consiste en que el hombre distingue reflejamente el objeto
como realidad distinta del yo sujeto, aun cuando el objeto conocido sea inmanente al sujeto. El
sujeto hace presente intencionalmente al objeto como algo distinto de él mismo La prueba es
que las ciencias nos posibilitan la interpretación y el dominio de lo real, no sólo de lo real
sensible, sino de lo real inteligible, como son los derechos humanos, o las definiciones de
realidades como ley, derecho, justicia, sociedad, Estado, etc. y todos los conceptos universales,
que son la base de las ciencias.
3. El conocimiento es una unión intencional. Esta unión es de tal naturaleza que el acto de conocer,
el cognoscente y lo conocido son una misteriosa unidad en la que, sin embargo, permanece
siempre una alteridad entre sujeto y objeto.
Es claro que en esta simbiosis de sujeto el objeto del conocimiento puede experimentar alguna
modificación, tanto más que, como hemos dicho, nuestro conocimiento no es pasivo y espectacular, sino 2
vital y activo., podemos ignorar, y frecuentemente ignoramos otros. Siempre será posible adquirir nuevos
datos de He aquí por qué el hombre debe mantenerse en una constante apertura a la realidad para dejarse
guiar y enriquecer por ella porque, de hecho, conocer no es otra cosa que el abrirse de la realidad a la
conciencia humana. La persona es tanto más normal, equilibrada y sabia cuanto más se deja guiar por lo
real. Son sujetos neuróticos o psicópatas aquellos que en uno o en muchos aspectos han perdido el sentido
de la realidad.
El conocimiento nos convierte en sujetos conscientes, aptos para la comunicación con el mundo de las
cosas y de las personas, y por ello, aptos para el progreso. Nos abre a posibilidades de suyo indefinidas
porque es impensable que haya algo impensable.
3. El conocimiento sensible
Una de las constantes vitales que aparecen en toda persona es lo que llamamos conocimiento sensación.
El término «sensación» ha tenido, en la tradición aristotélica, y tiene todavía hoy, un contenido tan amplio
y variado que impide una definición muy precisa. Con Szaszkiewicz, que se inspira en la moderna
psicología científica, podemos entender por sensación, de manera general, la presencia en la conciencia
humana de las cualidades sensibles singulares como un color, un sonido, un perfume de perder el
equilibrio, una tensión muscular, etc. los que llamamos «mundo», o mejor «nuestro mundo» se nos hace
presente, en un primer momento, por la experiencia sensible sea externa, sea interna. Schelling y Hegel, y
también Huessrl, utilizan el término «experiencia» en un sentido más general aún, porque incluyendo en
él las «experiencias del espíritu», pero aquí queremos limitarnos a las experiencias sensibles.
Los animales, según las investigaciones de Von Uexküll, sólo perciben, como conjuntos significativos,
aquellos conjuntos de estímulos que pueden tener interés para su conservación y su reproducción, es
decir, lo que responde a sus instintos básicos.
El animal siente el estímulo, el hombre siente este estímulo como realidad. Ese acto de aprehender la
realidad, en cuanto tal, es lo propio de la inteligencia que actúa con el sentido humano. En un único acto
se experimenta el estímulo y se entiende la realidad. Es un sentir interactivo o lo que es lo mismo una
intelección sentiente. Es la diferencia esencial entre la sensación animal y la sensación humana. No por
razón de su objeto sino por su estructura formal como facultad, inteligencia y sensibilidad constituyen una
facultad una y única en cuanto facultad. La teoría nos parece acertada.
Si pasamos ahora a la clasificación de los sentidos humanos, nos encontramos un tanto confusos. Es
tradicional la división escolástica entre sentidos externos e internos. Aquellos serían la vista, el oído, el
gusto, el olfato y el tacto. Ya santo Tomás advirtió que el sentido del tacto es genérico y se subdivide en
muchos modos específicos. Entre los sentidos internos, los escolásticos enumeraban el sentido común que
recoge y discierne el material de las sensaciones externas, la imaginación, la estimativa o cogitativa y la
memoria. No se llaman externos e internos porque aquéllos perciban las cosas externas y éstos las
internas, ni porque los órganos de los sentidos externos sean extrínsecos y los de los sentidos internos
interiores al cuerpo. La distinción más bien se pone en que los externos siempre se excitan
inmediatamente por algún estímulo de orden físico, químico o mecánico, mientras que los internos no se
ponen en acto sino con posterioridad a la operación de los sentido externos. Es propio de los sentidos
externos transformar la energía física en energía fisiológica y psíquica y producir inmediatamente un 3
objetos intencional. En cambio, lo propio de los sentidos internos es elaborar ulteriormente y perfeccionar
aquella energía ya transformada.
En resumen, que la sensación es un modo inicial del conocimiento humano, que en sí misma es muy
diversa de las sensaciones animales, que el hombre en las sensaciones capta lo real como real no sólo
como estímulo, que las sensaciones humanas pueden clasificarse de diversas maneras pero que en
realidad lo que más nos importa no son las sensaciones puras sino las percepciones que son los momentos
en que, en verdad, conocemos los sensible, en fin que se da una verdadera causalidad de los estímulos
materiales en los órganos de los sentidos y que de ahí resulta un conocimiento psíquico de lo sensible,
apto para ser elevado después a pensamiento.
4. La imaginación y la memoria.
Los autores distinguen de diversas maneras los actos imaginativos. Hay imágenes provenientes de todos
los dominios sensoriales: visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles, cinestésicas, etc. Los actos
imaginativos pueden ser voluntarios, es decir provocados libremente, como si queremos representarnos la
catedral de Colonia o las riberas del Sena que en otro tiempo visitamos, o nos recreamos imaginando que
oímos de nuevo la música de la opera Aida. Pueden ser actos pasivos, como cuando al ver una persona
nos vienen asociada la imagen de su casa. Sobre la imaginación no tenemos dominio absoluto. Por
motivos subconscientes, asociativos, biológicos, sociales, culturales, etc. nos pueden asaltar
frecuentemente imágenes sin que intervengas para nada nuestra libertad.
Estas imágenes de las que hemos hablado, son casi siempre reproductivas, es decir re-presentan imágenes
ya vividas anteriormente. Pero el hombre puede también crear caprichosamente toda clase de imágenes,
asociando a prolongando, o variando fenómenos ya vividos. Esta creatividad puede ser libre y puede ser
involuntaria. Se me pueden ocurrir nuevas imágenes melancólicas, angustiosas, sensuales, fantasías de
viajes, de situaciones, etc, que en movimientos inesperados o imprevistos, se presenta a mi conciencia.
El acto imaginativo tiene rasgos del acto perspectivo, es consciente, es intencional, es presentativo no
tendencial. Sin embargo, no necesariamente obedece a estímulos actuales y, por eso, las representaciones
imaginativas, excepto en casos de alucinaciones anormales, tienen menos relieve y viveza que las
sensaciones o percepciones directas. Ante las imaginaciones somos normalmente conscientes de que no
son realidades físicas presentes, por ello, por lo general, son más pobres que la percepción.
La fantasía creadora ha jugado un papel de excepcional importancia en el arte sea literario, sea pictórico,
sea escultórico, sea arquitectónico, e incluso en algunos descubrimientos científicos. Las aventuras de
Don Quijote son una serie de fantasías por Miguel de Cervantes en la cabeza de un loco-cuerdo que
reflejan perfectamente realidades más o menos conscientes de una sociedad y el esfuerzo por
transcenderla hacia un ideal.
Es verdad que también la imaginación puede ser y es, de hecho, en ocasiones, una facultad turbadora para
el conocimiento de lo real, causa de muchos errores. Con frecuencia su fuerza es tan poderosa que se
interpone entre la realidad y la mente y obstaculiza la presencia limpia de lo real en la conciencia humana
que es el conocimiento verdadero; de ahí que haya personas que tomen la imaginado, sean temores, sean
esperanzas, sena valoraciones, por real y formen así juicios equivocados, es decir, no reales. sí es verdad
que las imágenes, sean reproductivas, sean creativas, sean anticipativas, turban muy frecuentemente no
sólo nuestra razón sino nuestra vida humana en general.
Donde sí ha ejercido la imaginación una función importante ha sido en la creación de los mitos. El mito
no es, hablado con propiedad, una teoría sino una imagen o conjunto de imágenes que esconden un
significado y un valor lógico. Corresponde al análisis científico determinar cuáles son los contenidos
racionales a los que el mito ha servido de vehículos, y como el mito se ha trasformado en logos. La
necesidad y la importancia de resistir a la seducción de las pasiones, por ejemplo, queda perfectamente
expresada en el mito griego de las sirenas. Con su canto atraían hacia sí a los navegantes que luego 4
naufragaban en los bajíos de Silla y Caribdis. Sólo Ulises resistió al atractivo y se liberó de la seducción.
El poder de la fantasía es grande y, a veces, más extenso que el de nuestra misma libertad. Sin embargo,
no existe ninguna representación imaginativa que, por lo menos en aspectos parciales, no dependa de la
memoria. También la facultad intelectiva y la facultad racional depende en buena parte, de la capacidad
rememorativa que llamamos memoria. Por ello, debemos detenernos, siquiera brevemente, en su estudio.
Si se quiere, se la puede considerar como una de las facultades de la sensibilidad interna, según decíamos
al principio de este apartado, pero en cualquier caso es una de las posibilidades ciertas que tiene
psiquismo humano. Se suele entender por memoria aquella facultad del sujeto humano que es capaz de
conservar, reproducir y reconocer como propias representaciones de conocimientos o de vivencias tenidas
anteriormente. La diferencia específica con la imaginación consiste en el reconocimiento, es decir, en la
capacidad de tomar conciencia más o menos clara, de que fenómeno ha sucedido y de que se vuelve a
presentar como ya sucedió.
Se habla también de una memoria motora, una memoria mental y una memoria pura. La primera es la
memoria del cuerpo viviente en movimiento, acumula y conserva actos repetidos en una determinada
secuencia, de forma que luego esas sucesiones se torna casi automáticamente. Muchos de nuestros actos
de la vida ordinaria (el lenguaje, los actos vitales, las reacciones, la conducción de un automóvil, la
orientación por la ciudad, et.) son efectos de la memoria motora. También muchos animales poseen esta
memoria, auque no de manera refleja, y gracias a ella puede ser domesticados. La memoria mental
acumula imágenes ideas, juicios, conclusiones, conocimientos culturales, en general, que forman el
acervo científico y humando de una persona. La memoria pura, nos recuerda hechos propios,
acontecimientos o experiencias que se ha grabado en nosotros y se trasforman en componentes de nuestra
vida. Esta memoria es de carácter más personal y concreto.
Las vivencias que tenemos a lo largo de la vida remansa en el psiquismo y forman parte de nuestra
personalidad empírica. Muchas quedarán en el fondo del inconsciente o del subconsciente y no volverán a
ser reproducidas en un conocimiento reflejo. Desde allí seguirán teniendo una gran influjo en el
psiquismo, como vio acertadamente Freud. Pero otras muchas, gracias a la memoria, constituirá un
patrimonio riquísimo de la persona que le posibilitarán las relaciones humanas, el estudio, la erudición, el
desarrollo psicológico, el progreso científico, etc. Hasta cierto punto, lo que somos depende de los que
hemos vivido y de lo que recordamos. Sin memoria la vida humana se hace imposible. Por eso, si pierde
la memoria, la persona retorna a la infancia. Es la amnesia que estudia la Psicología clínica. También las
colectividades sociales viven de la memoria que llamamos tradición o acumulación de hechos históricos y
culturales que constituyen la identidad de un pueblo. Cuando un pueblo pierde la memoria de sus mejores
hechos y olvida su tradición también recae en un mimetismo infantil. Es desde una tradición bien
entendida y purificada desde donde se puede producir un verdadero progreso.
5. El conocimiento intelectual
Pero antes de entrar en el estudio del conocimiento intelectual, que es uno de los más controvertidos,
tenemos que precisar qué queremos decir cuando hablamos de entendimiento e inteligencia. Los griegos
utilizaron el término __ y el termino ____ que los latinos y los escolásticos tradujeron indistintamente por
intellectus o por ratio.
La distinción entre inteligencia y razón se encuentra, sin embargo, ya insinuada en santo Tomás. Escribe:
«La razón y el entendimiento en el hombre pueden ser potencias diversas. Lo cual se hace evidente si se
consideran los actos de cada una: entender es sencillamente aprehender la verdad inteligible, razonar es
proceder de una cosa entendida a otra, a conocer la verdad inteligible [...]. Los hombres llegan a conocer
la verdad inteligible procediendo de uno en otro y por eso se llaman racionales». Así pues, la razón para
los escolásticos, vienen a ser el mismo entendimiento en cuanto avanzada de lo conocido a lo no
conocido. Al hablar de lo que podemos llamar conocimiento racional volveremos sobre este tema.
En medio de una gran variedad de opiniones, como se ve, entendimiento significa preferentemente el
conocer que parte fundamentalmente de las sensaciones, abstrae, forma los conceptos, los compara y
articula en juicios, mientras que razón sería la actividad intelectual superior que tiene a la conexión y
unidad definitiva de los juicios y de los saberes y avanza mediante el discurso deductivo o inductivo de
los que hablamos.
5
Pero más que con una definición clarificaremos lo que es la facultad humana de entender si describimos
sus tres funciones principales, aquellas que de tal manera son características y especificas de la persona
inteligente que sólo ella las posee formalmente. Son éstas: a) la capacidad de conocer y expresar lo real
como real, b) la capacidad de estar presente a sí misma que santo Tomás llama reditio completa subiecti
in seipsum, y c) la capacidad de abstraer y formar conceptos universales partiendo de realidades
individuales y concretas y de relacionarlos. Hablamos de cada una de ellas.
La inteligencia humana por estar inmersa en la sensibilidad corpórea no puede tener acceso a la realidad
si no es en y con los sentidos. Pero ahí lo tiene. Entender («inteligir», dice Zubiri) es la actualización de lo
real como real en la inteligencia sentiende. Aprehender lo real significa que caemos reflejamente en la
cuanta de que hay seres que tiene una «suidad» - sit venia verbo es decir un ser «de suyo», con
independencia de mi subjetividad. Conocer intelectualmente es dejar que las estructuras de lo real se
hagan presentes en nuestras conciencias. Entonces conocemos intelectualmente cuando captamos las
cosas como reales, y tanto más conocemos intelectualmente cuanto más realidad se nos presente; por eso,
la aprehensión de la realidad es el acto elemental radical y exclusivo de la inteligencia.
En el único acto sentiente-inteligente captamos no sólo los colores, la forma, el volumen, lo agradable o
desagradable, sino lo que la cosa es. Por eso, inmediatamente podemos responder: es un árbol, es un
automóvil. Sólo los sentidos no podrían dar esa respuesta. Así pues, en rigor, no es que la sensibilidad
«proporcione» a la inteligencia los que tiene que trabajar, - dualismo aristotélico sino que la impresión
de realidad es un solo y único acto que es un sentir intelectivo o intelección sentiente. El objeto no está
dado por los sentidos a la inteligencia sino que el objeto es dado por los sentidos en la inteligencia misma.
Por eso es incorrecto hablar de «inteligencias artificiales», como se habla hoy día. Los ordenadores y las
computadoras, por muy sofisticadas que sean atienden sólo al contenido formal de lo que se les trasmite,
pero nunca a su valor de realidad que es lo específico de la inteligencia humana. No hay, pues, verdadera
«inteligencia artificial».
Quedará más completo cuanto hemos dicho si añadimos que es también propio del entendimiento humano
conocer la estructura inteligible de la realidad sensible. Es evidente que nos llegan datos sensoriales, por
ejemplo de la mesa sobre la que escribo. Mis ojos y mis manos me dan a conocer su realidad material.
Pero el sujeto cognoscente humano no se detienen ahí. Inmediatamente y, con mayor o menor reflexión
consciente, caigo en la cuenta de que la mesa encierra una finalidad, la de poder escribir sobre ella, está
hecha para ese fin. Caigo también en la cuenta de que la mesa ha sido productiva por un artífice, es decir,
que es causada eficientemente. Aún más: caigo en la cuenta de que la mesa es contingente, no existía hace
mil años y por tanto no tiene e sí su razón de ser. He ahí, pues, que en el mismo acto de conocer la mesa
aprehendo realidades metasensibles, metafísicas, la finalidad, la causalidad eficiente, la contingencia.
Pasamos ya a exponer la segunda de las funciones singulares y específicas de la inteligencia humana que
es la capacidad de estar presente así misma, y que se suele denominar con la expresión tomista reditio
compelta subiecti in seipsum. Podemos llamarla también, con Hegel, autoconciencia o autorreflexión
Es esencial al espíritu reflexionar sobre sí mismo, ser-en-sí y para sí. ¿Cómo es esto posible? También
aquí tenemos que partir de una experiencia: la experiencia de la propia conciencia, de la conciencia de la
actividad mental humana tal como la vivimos cada uno. Decimos: yo pienso, yo rectifico, yo proyecto, yo
estoy alegre, etc. es decir, son actos humanos en los que reflejamente caigo en la cuenta de qué son, de
cómo son, de su concatenación y sus relaciones, de su lógica o su sinrazón, de que son míos, es decir, de
mi propio yo, de un único yo que conozco precisamente en esos actos y del que no puedo dudar. En ellos
y por ellos, mi propio yo se hace presente, y en ellos y por ellos me poseo a mí mismo, y tomo conciencia
de mi ser y de mi permanencia en el ser.
La actividad intelectiva es dinámica, esto significa que partiendo de los datos inmediatos de la conciencia,
incluso de los sensibles, tengo una experiencia no sólo de esos datos sino de mi conocimiento de esos
datos y, más aún, de mi propio yo, como un ser-en-sí y para sí, capaz de estar presente a sí mismo, y
sujeto permanente de todos esos conocimientos.
Esta propiedad del espíritu humano de poder volver sobre los propios actos es la que hace el progreso. El
hombre, porque está presente a sí mismo puede caer en la cuenta de sus errores o insuficiencias en la
apreciación de la realidad, de las dificultades que experimenta ante ella, y así buscar nuevas posibilidades,
nuevas dimensiones, nuevos secretos de la realidad para perfeccionarla y perfeccionarse con ella. Los 6
animales no progresan porque no rectifican y no rectifican porque no vuelven ni puede volver sobre sus
propios actos, ni tomar conciencia de sus propio yo como un ser subsistente y sujeto responsable de sus
actos. Esta capacidad es propia y exclusiva de los seres inmateriales, espirituales.
Nos queda por exponer la capacidad de la inteligencia humana para formar conceptos universales con
valor objetivo y real, partiendo de realidades singulares y concretas. El tema es de la máxima importancia
porque sea con frecuencia en la conversación ordinaria, sea sobre todo en las construcciones científicas
sobre la Naturaleza o sobre el hombre, hablamos con conceptos universales que encierran un indudable
contenido de realidad. Las ciencias siempre son de los universal. Pero hay otra consideración
antropológica que es ésta: Si los conceptos universales encierran y expresan realidades objetivas entonces
quedan justificadas las verdades objetivas universales para todos los hombres, los valores, las normas
éticas universales, los derechos humanos, las leyes obligatorias para todos.
Por concepto universal entendemos aquel que siendo uno es apto para predicarse de muchos individuos de
manera unívoca y dividida (uno por uno) y según todo lo que el concepto expresa. Los ejemplos son
infinitos, mesa, árbol, libro, hombre, etc.
La pregunta más difícil es cómo pasa el hombre del conocimiento sensitivo o intelectivo de lo singular a
la formación de un concepto abstracto y universal y, sin embargo, de validez real. Antiguos, modernos y
contemporáneos han discutido sobre este problema. No podemos entrar en diálogo con tantas tesis más
propias de un tratado de Teoría del conocimiento. Nos basta aquí decir que la inteligencia humana tiene la
facultad de abstraer. Abstracción, etimológicamente, significa separación, pero no se da el nombre de
abstracción a cualquier separación, como lo hacen los empiristas, sino a aquella operación por la cual la
inteligencia abstrae de los individuos singulares, aquellas notas que son comunes y esenciales a la
realidad de todos los individuos de una misma especie y forma el concepto universal. La inteligencia
humana al leer la realidad, cae primero en la cuenta de que existen o pueden existir individuos semejantes
en la naturaleza y distintos en la individualización. Después abstrae. Pero la abstracción intelectual no es
un simple separar una nota sensible de un todo que también lo es, sino un proceso por el que se capta la
naturaleza esencial y luego se la libera de lo concreto
Podría parecer que el concepto universal es más pobre que la realidad ya que no la expresa toda como es
en su singularidad. Pero este empobrecimiento queda compensado con el amplísimo contenido que
adquiere. Así, por ejemplo, cuando digo el universal agua incluyo en él a toda el agua que ha habido, que
hay y que habrá, o cuando digo árbol enuncio una realidad que se verifica en todos los árboles.
En cualquier caso lo que queda muy claro es que los conceptos universales hablan de realidades aunque
no de toda la realidad de los individuos concretos. Por eso está plenamente justificado el valor de las
ciencias que tiene por objeto lo universal, sea sobre las realidades de la Naturaleza, sea sobre las
realidades del hombre. Todo se debe a la maravillosa facultad que llamamos inteligencia humana.
6. El conocimiento racional
Tenemos que hablar ahora de otra potencia cognoscitiva humana que suele llamarse razón. No es siempre
fácil establecer una frontera entre lo que son actos intelectuales y lo que son actos racionales y, de hecho,
en los diversos autores y escuelas se encuentran acepciones y atribuciones muy diversas. De ahí la gran
variedad de teorías sobre qué es entendimiento y qué es razón y cuáles son sus funciones específicas.
En general el término razón designa la actividad intelectual superior que entiende a la conexión y unidad
definitiva del saber y del obrar. Por eso, se entiende también, a veces, por razón «la facultad de los
principios» en el sentido del juicio fundamentales y últimos. Pero también aquí, más que pretender definir
la razón como si pudiese contraponerse al entendimiento, será mejor que intentemos una aproximación a
las funciones cognoscitivas del sujeto humano que más que superiores podemos llamar ulteriores, porque
se apoyan en los conocimientos intelectivos que ya hemos estudiado y llegan a estructuras más profundas
de lo real. 7
Zibiri advierte, acertadamente, que lo que llamamos razonar es un modo de intelección, en cuanto que es
un modo de aproximarse a la realidad, lo más característico de este nuevo modo es que aprehende la
realidad de manera más profunda. Si la realidad estuviera total y completamente ya aprehendida en la
intelección primordial no había lugar de razón no habría lugar a hablar de razón. Pero las realidades
tienen una profundidad que no nos viene dada en el primer momento en que se hacen presentes en el
entendimiento. En ese sentido puede decirse que la razón es intellectus quaerens, una intelección que
busca más. Busca más porque la realidad ofrece siempre más y así atrae a la mente siempre a más
conocimiento y a más verdad. La razón no tiene otro fundamento ni otro principio mensurante que lo real.
No es generadora de ideas puras ni combinación de previos actos de intelección, sino presencia o toma de
conciencia de más realidad. La razón no reposa sobre sí misma sino que es un modo nuevo de intelección
de la realidad.
Es verdad que la razón puede ser creativa y que tiene un margen de organización libre de lo entendido.
Puede, en primer lugar, crear modelos o paradigmas con el intento de organizar y sintetizar los datos de la
realidad, por ejemplo el modelo de átomo como un minúsculo sistema solar, con un núcleo central
positivamente cargado y una serie de electrones girando en órbitas elípticas a su alrededor; así lo propuso
Rutherford en 1913, puede también construir hipótesis racionales por homologación con otros campos de
la realidad , por ejemplo si se intenta explicar la realidad social por homologación con los organismos
vivos. Fue el organicismo sociológico.
Puede la razón crear también ciencias metaempíricas, como la ciencias jurídicas, confiriendo una
estructura racional, sistemática general y profunda a los deberes y derechos reales de las personas
humanas. Las ciencias humanas como el Derecho, la Política, la Metafísica, etc. hacen ver con evidencia
que lo real profundo alcanzado por la razón no siempre es material y corporal. Los derechos humanos, o
una teoría política que exprese un modo real de representarse la acción del Estado, o tantas otras teorías
científicas sobre realidades humanas, nadie dirá que no son reales y , ciertamente, no son materiales
porque ¿acaso alguien podría medirlas o pesarlas o formularlas en términos matemáticos como se hace
con lo material? Ser personas es ser realidad pero no cosa. Así el conocimiento científico es re-
presentación, en el sentido de que vuelve a exponer y actualizar racional, metódica, general y
profundamente los conocimientos de la realidad, sea material, sea inmaterial, adquiridos primordialmente
en la intelección.
Este procesos de penetración ulterior en la realidad ya dad en la intelección, lo realiza la razón humana
frecuentemente, por la deducción y la inducción. Son procesos racionales que, en la Historia del
pensamiento han sido muy discutidos, pero a los cuales difícilmente se les puede negar valor
gnoseológico. La mente humana es capaz de deducir o de inducir verdades desconocidas partiendo de
verdades conocidas.
Se ha dado muchas definiciones de lo que es la deducción pero, de manera general, puede llamarse
deducción al raciocinio que pasa de lo universal a lo menos universal, a lo particular, o también el
algunos casos, de lo universal conocido a lo universal no conocido.
La deducción representa por antonomasia el proceso racional. Supone unos juicios y conduce a un nuevo
juicio. Este procesos deductivo, de una u otra manera, lo utilizamos continuamente en la vida y lo utilizan
también, en algunos casos, las ciencias naturales y las humanas. No podemos prescindir de esta forma de
razonar. El pensamiento deductivo responsable a la estructura esencial del espíritu humano y nos la
revela. Pero las leyes lógicas del pensamiento deductivo nos son leyes subjetivas de la mente. Se apoyan,
en primera instancia, en una cierta intuición originaria y evidente de la realidad que sirve de norma a todo
nuestro conocimiento ulterior deductivo. Tenemos un saber originario acerca de la realidad que precede a
todo conocimientos particular de la misma realidad. Es evidente que la deducción es una forma de
conocimientos mediato y relejo que presupone un conocimiento mediato y reflejo que presupone un
conocimiento directo e inmediato que no puede ni necesita ser demostrado. Un intento de demostrarlo
todo haría imposible toda demostración. Tenemos un saber originario e inmediato sobre las leyes y
estructuras fundamentales del ser que valen necesariamente para todo ser en tanto que es. En ellas se
apoyan en última instancia las leyes del pensamiento deductivo.
Mas dificultad suele ofrece el proceso racional que llamamos inducción, porque consiste en pasar de la
observación experimental de hachos singulares o particulares a la enunciación de leyes universales sobre 8
la estructura o los actos no experimentados de los seres materiales. La pregunta es si ese paso, desde los
datos singulares a la ley universal aplicable a casos no experimentados, es o no legítimo. El problema es
de gran importancia porque sobre todo las ciencias naturales se fundamentan con frecuencia en la
inducción y de ella infieren sus leyes.
En el proceso racional inductivo se deben tres momentos: a) la observación empírica atenta, depurada y
repetida, de la constancia y regularidad que vincula la sucesión de determinadas notas o naturalezas con
determinadas propiedades o fenómenos, b) la pregunta por la razón suficiente de esa constancia y
regularidad, la reflexión que nos lleva a concluir que la única razón suficiente es que existe una conexión
causal entre tal naturaleza, en tales circunstancias, y tales fenómenos, c) apoyada en el principio de la
constancia de la estructura y de los actos de la Naturaleza, y en el principio de causalidad, la razón infiere
que dondequiera que se dé tal naturaleza, en tales circunstancias, se darán tales fenómenos. La razón ha
conocido la realidad y puede legítimamente universalizarla.
Por la deducción y la inducción la razón humana construye la ciencia, una de las realizaciones más
admirables del hombre. El concepto de ciencias ha sido y es discutidísimos tanto que hoy se han
constituido no una sino muchas Teorías o Filosofías de la Ciencia o de las Ciencias. Prescindiendo de
escuelas y matices, parece que los elementos esenciales que tenemos que atribuir a toda verdadera
ciencias son los siguientes: a) Conjunto de conocimientos en conexión sistemática; b) referidos al
mismos objetos: c) que ese objeto sea real y por ello pueda generar enunciados verdaderos y ciertos; d)
exposición metódica conforme a un plan; e) universalización de los conocimientos; f) saber etiológico, o
sea, una seguridad que se consigue a través del conocimiento de las causas en que se apoya; g) un
lenguaje riguroso y apropiado.
De todo lo escrito en este capítulo se sigue que la realidad se hace presente en la conciencia del hombre.
La verdad es lo real mismo en cuento actualizado en la mente humana. La realidad es el fundamento de la
verdad. Y la verdad como tal es un acto de intelección que conoce reflejamente y manifiesta la realidad.
La verdad no es sólo lumen naturale, iluminación de los real por parte del hombre, sino más bien
reconocimiento de la realidad que se desvela a sí misma y se hace patente en el hombre cuando llega al
estadio auténtico.
Todas estas teorías o actitudes suenan a elucubraciones falaces. Lo que en el fondo tiene el hombre es
voluntad de verdad, que es voluntad de realidad, y toda su vida, lo entienda o no lo entienda, se desarrolla
bajo el imperativo categórico de innumerables verdades. Sin no, podría ni emitir un juicio, ni llevar vida
humana. Cuando se afirma ¡y se afirma! que «verdades absolutas no hay» inevitablemente se le ocurre a
uno preguntar si esa proposición, «verdades absolutas no hay», la ofrecen como verdad absoluta o no. si
la proponen como verdad absoluta ya hay una, y lo que es más, ya se confiesa que la mente humana es
apta para conocer y enunciar verdades absolutas, y como ha enunciado una puede enunciar mil. Si la
proponen como no-verdad absoluta no tiene ningún valor porque es contradictoria: «Verdades absolutas
no hay»pero esto no es verdad absoluta (¡!).
9
El criterio para saber si un enunciado es verdadero es la evidencia de la realidad presente en él, una
evidencia que puede ser inmediata (intuición) o que puede ser mediata (juicio y raciocinio), pero que en
muchos casos no se pueden negar seriamente. Un juicio es verdadero cuando en él se expresa la realidad
con evidencia. Porque el concepto está en la realidad y la mente lo lee allí. El hombre no hace la verdad.
La encuentra, porque ella le sale al paso. Con frecuencia la aceptación y la asimilación de la verdad exige
un ejercicio ascético de absoluta sinceridad porque, a veces, es más cómodo o más útil engañarse o
dejarse engañar.
La certeza es, pues una actitud subjetiva basada en la verdad o realidad de las cosas presentadas a una luz
evidentes. Si la certeza no nace de la verdad de la realidad puede convertirse en ideología, en le sentido
peyorativo de esta palabra, es decir, en conjunto de ideas subjetivas sin suficiente referente real, y
utilizadas para justificar intereses personales o sistemas políticos, sociales o económicos que pueden ser
inhumanos. Todas las dictaduras han tenido sus ideologías. Fue paradigmático el caso de la ideología
marxista que llegó a dominar en casi todos los campos del sabe, incluso en las ciencias de la Naturaleza y
que fue aceptada ingenua y dogmáticamente por muchos intelectuales. Hay personas que tiene voluntad
de ideas más que voluntad de realidad. El retorno a la realidad es lo que genera la verdad y por lo mismo
libera de los subjetivismos. Es la verdad la que nos hace libres.
Las diversas culturas han expresado sus verdades en lenguaje, mitos, o condicionamientos distintos.
Habrá que realizar una labor hermenéutica para comprenderlas. Eso no quiere decir que no haya
expresado auténticas realidades universalmente válidas. El historicismo niega la dimensión de absoluto
que tiene toda verdad y lo somete todo al relativismo fluyente de la Historia. Para el historicismo toda la
verdad es válida sólo en el contexto de cada época. Pero es la Historia misma la que niega el relativismo
histórico. Innumerables verdades adquiridas en otras épocas y en otras culturas siguen siendo válidas hoy,
aunque en muchas hayamos ido más lejos. En las Matemáticas, en la Física, en el Derecho, en la Ética, en
la Filosofía tenemos ya adquiridos conjuntos de verdades absolutas, aunque siempre cabe progresar en
una mayor profundización por el estudio de la realidad y por la penetración del raciocinio. Una prudencia
epistemológica debe prepararnos para dar por verdadero lo que es real y no dar por verdadero lo que no lo
es por cierto lo que es probable, y debe darnos también la decisión para cambiar de opinión cuando el
progreso en el conocimiento de la realidad lo exige. No querer hacerlo es el integrismo.
Hablando de la verdad y de la certeza, tenemos que decir también unas palabras sobre la falsedad y el
error porque el hombre, así como puede encontrar lo real puede no encontrarlo y creer que lo ha
encontrado, o deformarlo en su psiquismo dada la complejidad de éste. Si existiera el entendimiento puro
y la razón pura sería imposible el error, pero como el que conoce y el que piensa es el hombre entero y el
hombre es un complejo muy enmarañado de afectos, sentimientos, pulsiones subconscientes o
inconscientes, imaginaciones y sensibilidades, de ahí que, a veces, tenga por verdadero lo que es falso, o
por cierto lo que es erróneo.
La falsedad se opone a la verdad. Hay falsedad lógica cuando el juicio afirma lo que no es real o niega lo
que es real. Los conceptos en sí no son ni verdaderos ni falsos. La verdad o la falsedad están en el juicio
que es el que afirma o niega. Naturalmente que la falsedad admite grados, porque la disconformidad entre
la afirmación o negación del juicio y la realidad puede ser mayor o menor.
Entre el error lógico y la falsedad lógica no existe diferencia. La única sería que la falsedad lógica mira a
la relación objetiva entre juicio y realidad, mientras que el error incluye una toma de posición subjetiva.
Por eso, se suele considerar que el error se opone a la certeza más que a la verdad. El error es un juicio
explícito o implícito en el que quien lo formula equivoca, sin saberlo, el objeto.
Las realidades que podemos conocer no todas pueden presentarse la evidencia «clara y distinta» que
presentan las entidades matemáticas. La evidencia matemática no es la única evidencia. La certeza
matemática no es la única certeza. La matemática no es la única realidad. Las realidades físicas tiene una 10
presencia y una evidencia física pero no siempre matemática. Se conoce con certeza física la constitución
y las propiedades del ojo humano, o de la herencia genética, o del aparato circulatorio, pero no se puede
expresar con números. Otro tanto se diga de las ciencias humanas. Se conoce con certeza muchos hechos
históricos, se conocen ciertas propiedades del Psiquismo humano, de las que nos hablan los tratados de
Psicología empírica, se conocen muchas verdades antropológicas y sociales, se conocen muchas verdades
jurídicas y metafísicas. Muchas de todas éstas es mensurable ni reducible a números. Más aún,
conocemos con certeza verdades religiosas, sea por razón humana, sea por revelación divina.
A esta convicción nuestra se la ha tachado de «realismo ingenuo». Realismo sí es, ingenuo o justificado
no. no escribimos aquí un tratado de Epistemología y por eso no podemos detenernos en una
demostración más larga, pero todo lo dicho hasta aquí patentiza, suficientemente, que el hombre es
esencialmente un ser de realidades.
La historia del pensamiento humanos es la historia de la búsqueda trabajosa de la verdad, una lucha
incesante del hombre por saber más verdad, más realidad.
1. Observa con atención la secuencia de fotografías: "Rostros" , a continuación escribe algo a partir
de lo que te provoca esta experiencia. (secuencia de 6) Posteriormente comparte con tus
compañeros tus vivencias al respecto.
2. Identifica tres o más motivaciones tuyas para:
11
- Vivir en donde
.
vives
- Estudiar la carrera
.
que estudias
- Ir a divertirte a
.
donde acostumbras
- Leer el periódico
o las revistas que .
acostumbras
- Elección de carrera
- Elección de pareja
- Elección de trabajo
Elección de Pareja
Elección De Trabajo
13