CAPÍTULO XIV
EL SALARIO1
1. VARIACIONES DEL PRECIO DE LA FUERZA DE
TRABAJO Y DE LA PLUSVALÍA.
En la unidad pasada hemos considerado sobre todo la producción de la
plusvalía. Veamos ahora las leyes del salario. Introducción a su estudio
y pasaje de la segunda a la tercera parte, a la vez que lazo de unión entre
ambas, es la investigación de las variaciones del precio de la fuerza de
trabajo y de la plusvalía, causadas por las modificaciones de tres factores
que ya hemos tratado en la segunda parte:
1º. La duración de la jornada de trabajo.
2º. La intensidad normal del trabajo.
3º. Su productividad.
Estos tres factores pueden cambiar y modificarse en la forma más diversa:
ya uno solo, ya dos, ya los tres juntos, variando además, también el grado de
modificación de un mismo factor. Naturalmente nos llevaría demasiado lejos
analizar todas las posibles combinaciones que pueden resultar de ello; con
un poco de reflexión, dadas las combinaciones principales, se pueden
deducir las otras. De modo que aquí expondremos sólo las primeras.
Estudiemos las variaciones que se producen en la relación entre la plusvalía
y el precio de la fuerza de trabajo, cuando cambia uno de los tres factores,
quedando sin alterar los otros dos.
1 Tomado de Comentarios a El Capital, Karl Kautsky, Ediciones de Cultura Popular,
México, 1975.
Capítulo XIV
El Salario
a) Cuando la duración y la intensidad del trabajo no cambian
y la productividad del trabajo sí. La productividad del trabajo
influye sobre la cantidad de los productos elaborados en un
determinado período de tiempo, pero no sobre el valor de estos
productos. Si por efecto de un nuevo invento el hilador puede elaborar
en una hora 6 libras de algodón, mientras antes en una hora sólo hilaba
1 libra, ahora producirá en una hora una cantidad de hilado seis veces
mayor, pero el mismo valor. El valor que agrega a 1 libra de algodón, al
transformarla por medio de su trabajo en hilado es ahora seis veces
menor. Esta baja de valor influye a su vez sobre el valor de los medios
de subsistencia del obrero, por ejemplo de su ropa. Baja el valor de la
fuerza de trabajo y aumenta en proporción la cantidad de plusvalía.
Naturalmente una disminución en la productividad del trabajo
provocaría el fenómeno contrario. El crecimiento o descenso de la
plusvalía es siempre consecuencia y nunca causa del respectivo
crecimiento o descenso del valor de la fuerza de trabajo. Depende de
circunstancias varias, y especialmente del poder de resistencia de la
clase obrera, que a la baja del valor de la fuerza de trabajo
corresponda o no, y en qué proporción, una baja de su precio.
Supongamos que por efecto de una multiplicación de la productividad
del trabajo, el valor diario de la fuerza de trabajo baja de 3 marcos a 2,
pero su precio sólo a 2.50 marcos. Si para cada obrero la plusvalía diaria
ascendía antes a 3 marcos, ahora no subirá a 4 marcos, sino, con gran
indignación del capitalista, sólo a 3.50 marcos. Por suerte para él es muy
raro que se presente este caso. Presupone no sólo un fuerte poder de
resistencia de los obreros, sino también la invariabilidad de los otros dos
factores: la duración de la jornada de trabajo y la intensidad del trabajo.
Según el procedimiento de Ricardo, los economistas pasan por alto la
influencia de las variaciones de estos dos elementos. Consideremos
separadamente el efecto de la variación de cada uno de ellos.
b) La jornada y la productividad del trabajo no se modifican; la
intensidad del trabajo sí. Trabajar más intensamente significa
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Capítulo XIV
El Salario
gastar más trabajo en el mismo tiempo, es decir crear más valor en el
mismo período de tiempo. Si el hilador, logra elaborar en una hora, sin
que cambie la productividad del trabajo, por efecto de un mayor
esfuerzo, 1 libra y media de algodón, en lugar de 1 libra, como antes,
produce también en una hora un 50 por ciento de valor más que antes.
Si antes producía en 12 horas un valor de 6 marcos, ahora produce en el
mismo tiempo un valor de 9 marcos. Si el precio de su fuerza de trabajo
ascendía antes a 3 marcos y ahora sube a 4 marcos, al mismo tiempo la
plusvalía sube de 3 a 5 marcos. Como se ve es falso –como a menudo se
afirma- que un aumento del precio de la fuerza de trabajo sólo es
posible a costa de la plusvalía. Esto es cierto solamente para el primero
de los casos mencionados, no para el que estamos considerando. De
paso observaremos que aquí una elevación del precio de la fuerza de
trabajo, no significa siempre un aumento por encima de su valor. Si el
aumento del precio no basta para compensar el desgaste más rápido de
la fuerza de trabajo, entonces en realidad el precio de la fuerza de
trabajo ha disminuido por debajo de su valor.
La intensidad del trabajo es distinta en los diversos países. La jornada de
trabajo más intensa de un país se encarna en más productos que la menos
intensa de igual número de horas de otro país.
Por regla general en las fábricas inglesas la jornada es más corta que en las
alemanas; sin embargo precisamente por eso en las primeras el trabajo es
mucho más intenso, de modo que el obrero inglés produce en una hora de
trabajo un valor mayor que su colega en Alemania.
“Una mayor reducción de la jornada de trabajo en las fábricas continentales,
dice Marx, sería el medio más seguro para disminuir esta diferencia entre la
hora de trabajo continental y la inglesa” (I, 405 nota).
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Capítulo XIV
El Salario
c) La productividad y la intensidad del trabajo no se
modifican, la jornada de trabajo sí. Esto puede ocurrir en dos
direcciones:
1º. Reducción de la jornada de trabajo.
El valor de la fuerza de trabajo queda intacto: la reducción se realiza a costa
de la plusvalía. Si el capitalista no quiere verla menguar, debe rebajar por
debajo de su valor el precio de la fuerza de trabajo. Este es uno de los
argumentos preferidos por los adversarios de la jornada normal. Su
razonamiento, empero, vale sólo cuando no se modifican la intensidad y la
productividad del trabajo. Pero en realidad siempre una disminución del
tiempo de trabajo es causa o efecto de un incremento de la intensidad y
productividad del trabajo.
2o. Prolongación de la jornada de trabajo.
Las consecuencias de este cambio jamás han causado dolores de cabeza al
capitalista. Aumenta la masa de valor de los productos producidos durante
la jornada y aumenta la plusvalía. También el precio de la fuerza de trabajo
puede subir. Pero, como en el crecimiento de la intensidad del trabajo,
también en este caso la elevación del precio puede significar en realidad
una caída por debajo de su valor, si no es proporcional al desgaste
multiplicado de la fuerza de trabajo.
Es difícil que los casos considerados en a, b y c, se presenten en toda su
pureza. Por regla general el cambio de uno de estos tres factores trae
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Capítulo XIV
El Salario
modificaciones también en los otros dos. Entre otros, Marx estudia el caso
en que, a la vez que aumenta la intensidad y la productividad del trabajo
disminuye la duración de la jornada de trabajo, y establece el límite de esta
reducción. En el modo de producción capitalista la jornada no puede
acortarse hasta el tiempo de trabajo necesario para el sustento del obrero.
Esto significaría eliminar la plusvalía, fundamento del capitalismo.
La supresión del sistema de producción capitalista permitiría limitar la
jornada al tiempo de trabajo necesario. Sin embargo, apenas suprimido el
modo de producción capitalista, surgiría la necesidad de prolongar el
tiempo de trabajo necesario. Por una parte, porque crecerían las exigencias
de la vida del trabajador, y luego, porque la acumulación de fondos para
el funcionamiento y la ampliación de la producción correspondería ahora al
campo del trabajo necesario, mientras hoy es adjudicada a la plusvalía.
Por otra parte, con la reducción de la jornada aumentaría la intensidad del
trabajo. El sistema de trabajo socialmente organizado conduciría, así a una
mayor economía de los medios de producción y a la eliminación de todo
trabajo inútil.
“Mientras que el modo de producción capitalista impone la economía en
cada empresa individual, su sistema anárquico de la competencia, engendra
el más desenfrenado desperdicio de los medios de producción y las fuerzas
del trabajo de la sociedad, junto con un sinnúmero de funciones ahora
indispensables, pero superfluas por sí mismas.
Dadas la intensidad y la fuerza productiva del trabajo, la parte del día social
de trabajo necesaria para la producción material es tanto más corta y, por
consiguiente, la parte conquistada para la libre actividad del individuo,
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Capítulo XIV
El Salario
intelectual y social, tanto mayor cuanto más legal es la distribución del
trabajo entre todos los miembros hábiles de la sociedad, cuanto menos
posible es que una capa social se libre de la necesidad natural del trabajo
echándosela encima a otra capa. En este sentido, el límite absoluto del
acortamiento de la jornada de trabajo es la generalización del trabajo. En la
sociedad capitalista, el tiempo límite de una clase se obtiene transformando
la vida entera de las masas en tiempo de trabajo”. (I. 409).
2. TRANSFORMACIÓN DEL PRECIO DE LA FUERZA DE
TRABAJO EN SALARIO.
Hasta ahora nos hemos ocupado del valor y del precio de la fuerza de
trabajo y de su relación con la plusvalía. Lo que en la sociedad se presenta
como salario, no aparece a la observación superficial como el precio de la
fuerza de trabajo, sino del trabajo mismo.
“Si preguntamos a varios obreros: ¿A cuánto asciende vuestro salario?” Uno
contestaría: “yo recibo de mi patrón 1 marco por la jornada de trabajo.
Otro: “yo recibo 2 marcos”, etc. Según los distintos oficios a que
pertenezcan, radicarán distintas sumas de dinero que reciben de sus
respectivos patrones por un determinado tiempo de trabajo o por la
ejecución de un determinado trabajo, por ejemplo por tejer una vara de tela
o componer una hoja de imprenta. No obstante la diversidad de sus
respuestas, todos estarán de acuerdo en este punto: el salario es la suma de
dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por
la ejecución de cierto trabajo.1
1 Marx. Trabajo asalariado y capital.
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Capítulo XIV
El Salario
El precio de una mercancía es la expresión monetaria de su valor. Entonces,
razonaban los economistas, si el trabajo tiene un precio, debe poseer
también un valor. ¿Pero cómo mediremos este valor? Igual que el de toda
otra mercancía está determinado por el tiempo de trabajo necesario para su
producción. ¿Cuántas horas de trabajo son necesarias para producir el
trabajo de 12 horas?
Evidentemente 12 horas.
De acuerdo a este cálculo, si el trabajo es pagado en su justo valor, el obrero
recibe un salario equivalente al valor que añade al producto; nos
encontramos así frente a la alternativa de tener que admitir como falsa la
teoría de la plusvalía o la teoría del valor o ambas, y vernos obligados a
declarar insoluble el enigma de la producción capitalista. La economía
burguesa clásica, que culminó en Ricardo, fracasó por esta contradicción; la
economía vulgar cuya tarea no consiste en investigar el moderno sistema
de producción, sino en justificarlo y pintarlo de color de rosa, ha utilizado
esta contradicción como uno de sus sofismas más hermosos.
Marx las eliminó todas fijando claramente la diferencia entre
trabajo y fuerza de trabajo, conceptos confundidos por los
economistas burgueses.
En 1847 Marx todavía no había hecho este descubrimiento fundamental. En
su Miseria de la Filosofía así como en sus artículos Trabajo
asalariado y capital, habla aún del valor del trabajo, que luego se
convierte imperceptiblemente en valor de fuerza de trabajo. Pero nuestros
economistas han comprendido tan mal la importancia de la distinción entre
trabajo y fuerza de trabajo que entremezclan, aún hoy, ambos conceptos y
hablan con preferencia de una teoría del valor de Marx – Rodbertus, a pesar
de que Rodbertus ha aceptado la teoría del valor de Ricardo, con su
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Capítulo XIV
El Salario
confusión entre trabajo y fuerza de trabajo y las contradicciones
correspondientes, mientras Marx precisamente la depura de estas
contradicciones en este y en otros puntos fundamentales: (recordemos la
reducción del trabajo creador de valores al trabajo socialmente necesario; la
distinción entre trabajo creador de valor y trabajo creador de valores de
uso, etc., haciendo de la doctrina de Ricardo una verdadera teoría del valor,
completa y de rigurosa fundamentación científica.
Marx ha sido el primero en demostrar que el trabajo no es una mercancía,
y en consecuencia, tampoco posee valor aunque es fuente y medida de
todos los valores. Lo que se aparece en el mercado es el obrero, quien
ofrece su fuerza de trabajo. El trabajo surge por el consumo de la mercancía
fuerza de trabajo, del mismo modo que el consumo en la mercancía
champaña produce cierta euforia. Así como el capitalista no compra la
euforia, sino el champaña, del mismo modo compra la fuerza de trabajo y
no el trabajo.
Sin embargo la fuerza de trabajo es una mercancía muy particular; es
pagada recién después de ser consumida; el obrero recibe su salario una vez
cumplido el trabajo.
Se compra la fuerza de trabajo, pero en apariencia se paga el trabajo.
El salario no se presenta como precio de la fuerza de trabajo. Antes de salir
del bolsillo del capitalista para llegar al mundo bajo forma de salario, sufre
una transformación y se nos presenta como precio del trabajo.
Los economistas anteriores a Marx no han podido investigar científicamente
cómo se realiza esta transformación y cuáles son sus consecuencias, ya que
no advirtieron la diferencia entre el precio de la fuerza de trabajo y el precio
del trabajo. Marx nos ha dado la primera teoría científica del salario obrero.
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Capítulo XIV
El Salario
Las dos formas principales del salario son el salario por tiempo y el
salario por pieza.
3. EL SALARIO POR TIEMPO.
Como sabemos, el valor diario de la fuerza de trabajo, en circunstancias
dadas, es una magnitud determinada. Supongamos que el valor diario de la
fuerza de trabajo importe 2,40 marcos y que la jornada media sea de 12
horas. También aquí, en este libro, donde no se indique lo contrario,
admitimos que el valor y el precio de la fuerza de trabajo se compensen
como el de todas las demás mercancías. Si el precio del trabajo de 12 horas
es igual a 2,40, el precio del trabajo de 1 hora será igual a 20 pfenning. Este
precio de la hora de trabajo obtenido así, servirá de unidad de medida para
el precio del trabajo.
De modo que el precio del trabajo se determina dividiendo el valor diario de
la fuerza de trabajo por el número de las horas de trabajo de la jornada
media.
El precio del trabajo y el salario diario o semanal pueden modificarse en
sentidos diversos. Supongamos que el tiempo de trabajo aumenta de 12 a
15 horas y al mismo tiempo el precio del trabajo baja de 20 a 18 pfenning. El
salario diario se elevará a 2,70 marcos aunque el precio del trabajo haya
descendido.
Como acabamos de decir, el precio del trabajo depende del valor diario de la
fuerza de trabajo y de la duración de la jornada media.
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Capítulo XIV
El Salario
Si por efecto de acontecimientos excepcionales, una crisis, por ejemplo,
el capitalista reduce el tiempo de trabajo porque sus mercancías no se
venden y hace trabajar, supongamos, sólo la mitad del tiempo, el precio del
trabajo no se eleva proporcionalmente. Si éste es de 20 pfenning, el
obrero recibirá por seis horas de trabajo 1,20 marcos, aunque el valor
diario de su fuerza de trabajo sea mucho más alto: 2,40 marcos de
acuerdo a nuestra hipótesis.1
Si antes hallamos en la prolongación de la jornada una fuente de
sufrimiento para el obrero, ahora su reducción pasajera se convierte en
una nueva causa de sufrimientos.
De ahí que los capitalistas, siempre que se habla de una reducción legal de
la jornada, aprovechan la ocasión para sacar a reducir contra dicha
reducción, su compasión hacia los pobres obreros.
“¡Ya estamos obligados a pagar miserables sueldos de hambre por quince
horas de trabajo!” -exclaman-, “ahora, ¿queréis reducir el tiempo de trabajo
a diez horas y sustraerle al indigente obrero aún un tercio de su salario?
¡Tenemos que protestar enérgicamente contra semejante acto de
barbarie!”.
Estos nobles y humanitarios hombres olvidan que el precio del trabajo
sube al disminuir la duración de la jornada media; el precio del trabajo es
1 Al mismo tiempo el precio del trabajo puede también descender todavía, pero
entonces ya no sería una consecuencia de la reducción del tiempo de trabajo, sino
de una mayor oferta de fueras de trabajo, etc., fenómenos cuya consideración no
tratamos aquí. Hay que tener presente en todos los casos, que aquí se trata todavía
de los fundamentos de los fenómenos del modo de producción capitalista y no de su
aspecto general.
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Capítulo XIV
El Salario
tanto más alto, cuanto más alto es el valor diario de la fuerza de trabajo y
cuanto menos es la duración de la jornada media. La reducción pasajera
de la jornada rebaja el salario, su reducción duradera lo eleva. Esto
pudo observase muy bien en Inglaterra. De acuerdo al informe de abril de
1860 de los inspectores de fábricas, en los veinte años, desde 1839 a 1859,
el salario obrero ha aumentado en las fábricas sometidas a la jornada
normal de diez horas, y ha bajado en las fábricas en las que se trabaja 14-
15 horas. Numerosas experiencias hasta nuestros tiempos, confirman esta
regla.
Una prolongación duradera del tiempo de trabajo, rebaja el precio del
trabajo. Un precio de trabajo inferior obliga a su vez al obrero a someterse a
una prolongación de la jornada, para asegurarse aunque sea un mísero
salario diario. El precio bajo del trabajo y la duración larga de la jornada
tienden también a estabilizarse. Los capitalistas rebajan el salario y
prolongan el tiempo de trabajo, para aumentar sus ganancias. Pero la
competencia mutua los obliga por fin, a rebajar proporcionalmente también
los precios de sus mercancías. Desaparece entonces este beneficio extra,
logrado por medio de la prolongación de la jornada de trabajo y la rebaja
del salario, pero los precios bajos quedan y actúan como medio coercitivo
para mantener el salario en el bajo nivel alcanzado y la jornada de trabajo
exagerada. Los capitalistas sacan de ella una venta pasajera; los
trabajadores, empero, un perjuicio duradero. La implantación legal de la
jornada normal pone enérgicos frenos a este proceso.
Debemos mencionar aquí otros efectos benéficos de la jornada normal.
Ocurre en algunas ramas del trabajo que el capitalista no se compromete al
pago de un determinado salario semanal o diario, sino que remunera al
obrero por horas de trabajo. El trabajador tiene que estar todo el día a
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Capítulo XIV
El Salario
disposición del capitalista, pero este puede emplearlo a su gusto, una vez
excesivamente, y otra sólo por pocas horas. Sin embargo el precio del
trabajo es determinado de acuerdo a la duración de la jornada media. De
este modo, el capitalista, pagando el precio “normal” del trabajo, tiene a su
disposición toda la fuerza de trabajo del obrero, sin pagarla en todo su valor;
esto es evidente en los días en que lo ocupa por un número de horas
inferior al normal; pero vale también para cuando lo ocupa más allá de la
jornada normal.
El valor de la fuerza de trabajo gastada en una hora no es igual en cada hora.
El desgaste de las primeras horas de la jornada puede compensarse más
fácilmente, que el de las últimas horas. Por ende, el valor de la fuerza de
trabajo desgastada en las primeras horas de trabajo es menor que el de la
décima o duodécima hora aunque el valor de uso de las últimas pueda ser
muy inferior a las primeras. De ahí que en numerosas empresas ha surgido
en forma natural, no fundamentada en nociones fisiológicas o económicas,
la costumbre de considerar como “normal, una jornada de un determinado
número de horas, y como suplementario el tiempo de trabajo que
sobrepasa este punto, y naturalmente, es mejor remunerado, aunque con
un aumento a menudo irrisorio.
Los capitalistas de quienes hablamos más arriba, que ocupan al trabajador
por horas, se ahorran la remuneración más elevada del tiempo
suplementario.
La distinción entre la jornada “normal” del tipo recién mencionado, y el
tiempo extra, no debe interpretarse en el sentido de que el precio del
trabajo de la jornada normal representa el salario normal y que en el tiempo
extra se paga un salario adicional, que supera el valor diario de la fuerza de
trabajo. Hay fábricas en las que se trabaja durante años con tiempo extra.
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Capítulo XIV
El Salario
En éstas el salario “normal” es tan bajo que el obrero no puede vivir
solamente de él y está obligado a trabajar horas extras. Donde se trabaja
regularmente en horas extras, la jornada “normal” es sólo una parte de la
jornada de trabajo real y el salario “normal” sólo una parte del salario
necesario para el sustento del obrero. La remuneración más lata del tiempo
extra es solamente un medio para inducir al obrero a consentir en una
prolongación de la jornada de trabajo. Sin embargo, como hemos visto, a
una prolongación de la jornada corresponde siempre una baja en el precio
del trabajo.
La limitación legal de la jornada aspira a poner término a todas estas
maniobras.
4. EL SALARIO POR PIEZA.
El salario por pieza es la forma transfigurada del precio de la fuerza de
trabajo; el salario por pieza es una forma modificada del salario por tiempo.
Supongamos que la jornada común sea de 12 horas, el valor diario de la
fuerza de trabajo sea de 2,40 marcos y que en un día un obrero ejecute un
promedio de 24 piezas de un determinado artículo. (En las empresas
capitalistas es muy fácil establecer, por experiencia, la capacidad de
producción de un obrero con habilidad e intensidad medias). Puedo
emplear al obrero a jornal, a un precio de 20 pfenning la hora; pero también
puedo pagarle por cada pieza que entrega a razón de 10 pfenning por pieza.
En este caso el salario se llama por pieza o destajo.
Como se ve, el salario por pieza se basa en el valor diario de la fuerza de
trabajo y en la duración media de la jornada, igual que en el salario por
tiempo. En apariencia, el salario por pieza está determinado por la
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Capítulo XIV
El Salario
capacidad del productor; la ilusión se desvanece en cuanto nos enteramos
que el salario por pieza es rebajado proporcionalmente apenas aumenta la
productividad del trabajo. Si, a raíz del perfeccionamiento de una máquina,
un obrero, para fabricar una pieza del artículo de nuestro ejemplo anterior
ya no necesita media hora por término medio, sino sólo un cuarto de hora,
el capitalista, no variando las demás condiciones, ya no le pagará 10
pfenning por pieza, sino solamente 5 pfenning.
Ocurre a menudo, y cualquiera que se ocupa de cuestiones obreras, conoce
casos análogos, que a algunos obreros o grupos de obreros, que favorecidos
por la suerte lograron entregar una vez una cantidad extraordinaria de
productos, se les redujo arbitrariamente el salario por pieza acordado para
el caso particular, alegando que la suma superaba demasiado el salario
común. No se puede demostrar con palabras más claras que el salario por
pieza es sólo una forma modificada del salario por tiempo y que el
capitalista aplica voluntariamente cuando le parece más ventajosa que la
forma anterior del salario por tiempo.
Por regla general el salario por pieza ofrece grandes ventajas al capitalista.
En el salario por tiempo el capitalista paga la fuerza de trabajo en la forma
de la cantidad de trabajo suministrada por ella; en el salario por pieza la
paga en la forma del producto. Puede confiar en que el obrero, aún sin
estímulo exterior, producirá en cada hora de trabajo en su propio interés, la
mayor cantidad de productos posible. También puede controlar más
fácilmente si el obrero ha entregado un producto de calidad media. El
menor defecto es casi y a menudo sólo pretexto, para retener parte del
salario y hasta para verdaderas expoliaciones al obrero.
En el salario por pieza resulta en gran parte superflua la vigilancia del
capitalista y de sus representantes; el capitalista se ahorra ente trabajo y sus
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Capítulo XIV
El Salario
gastos. En ciertas ramas de la industria el salario por pieza permite también
que el obrero trabaje en su casa, y el capitalista puede economizar una
cantidad de gastos de instalación y de explotación (calefacción, iluminación,
alquiler, etc.), y disponer así de una parte de capital, que de otro modo
hubiera debido inmovilizar. En las industrias donde está generalizado el
trabajo a domicilio, por ejemplo costura y zapatería, sucede a menudo que
el patrón del taller de obreros quienes en vez de trabajar en sus propias
casas lo hacen en su taller, les exige el pago de un alquiler por el lugar y
por los útiles de trabajo. El trabajador debe pagar extra el placer de hacerse
vejar ante el “ojo del amo”.
En el sistema del salario por pieza el interés personal impele al obrero a
trabajar durante el mayor tiempo posible y lo más intensamente que puede,
para aumentar su salario diario o semanal. No se da cuenta de que el exceso
de trabajo no sólo lo arruina físicamente -trabajo por pieza, trabajo asesino,
reza el refrán- sino que también tiene a rebajar el precio de su trabajo. Aún
cuando lo comprenda no es capaz de sustraerse a la ley coercitiva de la
competencia con los demás trabajadores. Esta competencia de los
trabajadores entre sí y la ilusión de libertad e independencia que
despierta el trabajo por pieza, y también su aislamiento (en el trabajo a
domicilio), hace más difícil la organización y la acción colectiva de estos
trabajadores.
Y no son sólo estos los perjuicios que trae para el obrero el sistema del
salario por pieza. Facilita, por ejemplo, la ingerencia de parásitos entre los
trabajadores y el capitalista, de intermediarios que restan al salario que
paga el capitalista una considerable parte en su propio provecho. Además,
cuando el trabajo es ejecutado por grupos de obreros, le permite al
capitalista contratar con los jefes de los grupos la entrega de los productos a
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Capítulo XIV
El Salario
un determinado precio por pieza, dejando al arbitrio de estos contratistas el
pago a los trabajadores que de ellos dependen.
“La explotación de los obreros por el capital se realiza entonces mediante la
explotación del obrero por el obrero” (I, 429).
Cuando más perjudicial es para el obrero el salario por pieza, tanto más
favorable se hace el capitalista. En efecto, el salario por pieza es la forma de
salario obrero más adecuada al modo de producción capitalista. No se
desconocía del todo en el artesanado. Sin embargo, recién en el período
manufacturero se aplicó en mayor escala. En la época del surgimiento de la
gran industria constituyó una de las palancas más poderosas para la
prolongación de la jornada y la rebaja del precio del trabajo.
5. DIFERENCIAS NACIONALES EN LOS SALARIOS.
Hemos considerado las combinaciones que pueden sufrir el valor y el precio
de la fuerza de trabajo y su relación con la plusvalía, determinadas por
cambios en la duración de la jornada, en la intensidad y la productividad del
trabajo. Este movimiento se entrecruza con otro, producido en la masa de
los medios de subsistencia en que se convierta el precio de la fuerza de
trabajo. Todas estas transformaciones implican también mutaciones en la
forma modificada del precio de la fuerza de trabajo, el salario del trabajo.
De ahí que el salario del trabajo en un mismo país está sometido a un
movimiento continuo y es distinto en distintas épocas:
A esta diferencia temporal corresponde también una especial.
Cualquiera sabe que los salarios en Estados Unidos de América son más
altos que en Alemania y en Alemania más altos que en Polonia.
246
Capítulo XIV
El Salario
Sin embargo la comparación de los salarios en los diversos países no es tan
sencilla.
“Al comparar pues, los salarios nacionales –dice Marx-, hay que pesar todos
los elementos determinantes del cambio de la magnitud del valor de la
fuerza de trabajo, el precio y monto de las primeras necesidades de la vida,
naturales y desarrolladas en la historia, el costo de educación del obrero, el
papel del trabajo de las mujeres y los niños, la productividad del trabajo, su
magnitud extensiva e intensiva. Aún, para la más superficial comparación, es
necesario reducir primero a jornadas de trabajo de igual magnitud, el salario
diario medio para las mismas industrias en los distintos países. Nivelados así
los salarios, hay que traducir a su vez el salario por el tiempo en salario por
pieza, porque sólo éste último es una medida tanto de la productividad
como de la magnitud intensiva del trabajo”. (I, 433-434).
En un país el precio absoluto del trabajo puede ser relativamente muy
alto y sin embargo pueden ser muy bajos el salario relativo –es decir el
precio del trabajo en relación a la plusvalía o el valor del producto total-, y
el salario real, es decir la cantidad de medios de subsistencia que el
obrero puede adquirir con su salario.
En los países donde el modo de producción capitalista está más
desarrollado, la productividad e intensidad del trabajo es mayor que allí
donde la evolución de este sistema de producción ha quedado atrasada. Sin
embargo, en el mercado mundial domina, el trabajo nacional más
productivo igual que el más intensivo, por ser productor de mayor valor.
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Capítulo XIV
El Salario
Supongamos que en Rusia1 un hilador mal alimentado y mal desarrollado,
extenuado y trabajando con máquinas inferiores, elabore por término
medio en una hora, 1 libra de algodón; un tejedor inglés, en cambio, 6
libras; en el mercado mundial 1 libra del hilador ruso no tendrá por
supuesto más valor que 1 libra inglesa. En Inglaterra el trabajo de hilado
produce en el mismo tiempo un valor mayor que en Rusia; el valor del
producto en el mismo tiempo se expresa en Inglaterra en una cantidad de
dinero mayor que en Rusia. De ahí que en un país de acentuado desarrollo
capitalista la expresión monetaria del salario es más alta que en uno más
atrasado y, no obstante, el precio del trabajo en relación a la plusvalía puede
ser mucho más bajo, precisamente porque es más elevado el valor del
producto total.
Pero en un país donde la productividad del trabajo es mayor, también lo es
el valor de la fuerza de trabajo. Por eso, aunque el precio de la fuerza de
trabajo sea más elevado, el obrero no necesariamente está en condiciones
de comprar con su salario más alto una mayor cantidad de medios de
subsistencia o tener un mejor nivel de vida.
En grandes empresas inglesas fuera de Inglaterra, en la construcción de los
ferrocarriles en Asia, por ejemplo, los empresarios ingleses se vieron
obligados a emplear también a obreros ingleses más caros, al lado de los
trabajadores nativos más baratos. En estas y otras ocasiones análogas la
experiencia demostró que el trabajo aparentemente más caro resultaba el
más económico en relación al rendimiento del trabajo y a la plusvalía.
1 El autor tiene presente la Rusia zarista de la novena década del siglo XIX, con su
industria técnicamente muy atrasada, con su proletariado cuyos jornales eran de
mendigos. Nota de la edición soviética, 1940.
248
Capítulo XIV
El Salario
La industria rusa1 con sus salarios miserables y su explotación ilimitada del
trabajo se mantiene en una mezquina existencia gracias a la protección de
aranceles prohibitivos. No puede competir con la industria inglesa, que
trabaja con salarios relativamente elevados, tiempo de trabajo corto,
numerosas limitaciones del trabajo de mujeres y niños, disposiciones
sanitarias, etc. El precio absoluto del trabajo ruso, su expresión
monetaria es baja. Su precio relativo, en relación al valor de su
producto en el mercado mundial, es alto.
1 Como más arriba, la cuestión que se trata, es la de la Rusia zarista de los fines del
siglo XIX. Nota de la edición soviética, 1940.
249
CAPÍTULO XV
EL CICLO Y LA ROTACIÓN DEL CAPITAL1
1. EL CICLO DEL CAPITAL INDUSTRIAL Y SUS TRES
FASES.
El propósito y el motivo que rige la producción capitalista es la obtención de
plusvalía.
La plusvalía se crea en la producción. Pero las premisas necesarias para
crearla se encuentran en la circulación, ya que sólo en ella puede el
capitalista conseguir los medios de producción y la mano de obra que
necesita. Es también en la circulación donde el capitalista vende las
mercancías fabricadas por los obreros a fin de reanudar, con el dinero
recaudado, el proceso de elaboración de plusvalía.
Quiere decirse que este proceso tiene un íntimo vínculo con la circulación y
representa la unidad de dos procesos: el de producción y el de circulación.
Para crear la plusvalía, el capital tiene que ir de la órbita de la circulación a la
de la producción, y viceversa, pues el capital es movimiento y no se le debe
interpretar como algo inerte.
En su movimiento, el capital atraviesa varias fases y adquiere formas
distintas, ejecutando determinadas funciones en cada una de ellas.
1 Tomado del libro “Curso Superior de Economía Política”, Spiridonova, Atlas y otros,
Editorial Grijalbo, México, 1975.
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Es objeto de este tema analizar el capital en su dinámica, examinar los
factores que influyen en la rapidez del movimiento del capital y mostrar la
influencia que ejerce dicha rapidez en la plusvalía. Nos vamos a referir a la
dinámica del capital industrial, es decir, del capital cuya función consiste en
crear la plusvalía.
Al decir “capital industrial” nos referimos a todas las ramas de la producción
que se rigen al modo capitalista.
El capital atraviesa tres fases.
Comienza su movimiento en la forma de dinero. Para iniciar sus actividades
encaminadas a obtener plusvalía, todo capitalista debe desembolsar una
determinada suma de dinero invirtiéndola en adquirir los factores
indispensables de la producción: medios de producción y fuerza de trabajo.
En virtud de ello, el capital-dinero se convierte en los elementos del capital
productivo, o sea del capital ocupado en la esfera de la producción. Esta
primera fase del movimiento del capital puede ser expresada en la
fórmula:
En virtud de ello, el capital-dinero se convierte en los elementos del capital
productivo, o sea del capital ocupado en la esfera de la producción. Esta
primera fase del movimiento del capital puede ser expresada en la
fórmula:
230
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
En la primera fase, el movimiento del capital se verifica en la esfera de la
circulación. Lo peculiar de esta fase es la adquisición de la mercancía fuerza
de trabajo. Precisamente esta adquisición, al unificar la fuerza de trabajo
con los medios de producción, es la que permite que se convierta el valor
desembolsado como dinero en capital, auténtico, en valor que produce
plusvalía.
En el acto D - T van implícitas determinadas relaciones de clase entre el
capitalista y el obrero, las cuales se manifiestan primeramente en la esfera
de la circulación, y más tarde en la de la producción, siendo de notar que,
en la circulación, la esencia de las relaciones entre el capitalista y el obrero
va oculta, enmascarada, puesto que uno y otro actúan aparentemente como
dos vendedores iguales de mercancías, aunque ya aquí el obrero tiene que
enfrentarse con un capitalista que posee el monopolio de los medios de
producción.
Por tanto, el dinero se convierte en capital no por ser dinero, sino porque en
el mercado se enfrenta con la mercancía fuerza de trabajo, porque se
transforma en expresión de determinadas relaciones de clase y crea la
plusvalía.
La primera fase hace necesario el proceso de producción, ya que el capital,
convertido en elementos de producción, adopta una forma natural con la
cual no puede permanecer en la órbita de la circulación y debe pasar a la de
la producción.
231
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
El capitalista consume productivamente las mercancías adquiridas; los
obreros producen nuevas mercancías; y como resultado de este proceso, el
capitalista recibe mercancías cuyo valor sobrepasa al de los medios de
producción y de la fuerza de trabajo invertidos en dicho proceso. El
capitalista recibe mercancías que encierran plusvalía. En esta fase, el capital
productivo se transforma en capital mercantil, en capital materializado en
mercancías. La segunda fase de la dinámica del capital se expresa en la
fórmula:
Los puntos indican que el proceso de circulación es interrumpido por el de
producción. El signo M1 nos dice que M1 es superior a M en la magnitud de
la plusvalía, que la nueva mercancía creada se destina a la venta.
La segunda fase de la dinámica del capital es la fase industrial o de
producción. Durante ella, el capital tiene la forma de capital productivo, que
es el que, ocupado en la producción, crea la plusvalía.
Por sí mismos, los medios de producción y la fuerza de trabajo no
constituyen un capital, sino solamente factores indispensables de la
producción. Adquieren la forma de capital productivo tan sólo en
determinado momento del desarrollo de la producción mercantil, cuando la
fuerza de trabajo se convierte en mercancía como resultado de la
disociación entre el productor directo y los medios de producción y crea la
plusvalía.
232
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Es función del capital productivo la creación de la plusvalía. El capital es
productivo tan sólo cuando crea plusvalía. Desde el punto de vista de la
creación de la plusvalía, es sabido que sólo el capital variable es productivo.
Sin embargo, la circunstancia de que la fuerza de trabajo sea tan sólo una
parte del capital productivo transforma las relaciones capitalistas en un
fetiche. La plusvalía aparece como una creación o fruto de todo el capital,
con lo cual se enmascara la esencia de la explotación capitalista.
En el proceso de producción se crean mercancías, y el capital productivo
pasa a ser capital-mercancías. La segunda fase prepara y hace inevitable la
tercera fase: la conversión de la mercancía en dinero. De la órbita de la
producción, el capitalista se reintegra al mercado como vendedor de la
mercancía producida, la realiza allí y la convierte en dinero, con lo cual el
capital-mercancía pasa a ser capital-dinero.
Esta fase del movimiento del capital se expresa en la fórmula:
M1 - D1
La tercera es la fase de circulación. Las mercancías producidas en las
empresas capitalistas contienen el fruto de la explotación capitalista: la
plusvalía. Por eso, la función del capitalmercancía consiste en realizar el
valor acrecentado del capital, la primera conversión de la plusvalía en dinero
y el reintegro del capital desembolsado a su forma dinero inicial. Sin
realización es imposible reanudar el proceso de producción y obtener
plusvalía. Sin embargo, la transformación del capital-mercancías en dinero
tropieza con dificultades originadas por el bajo poder adquisitivo de la clase
obrera así como por los efectos de la ley de la competencia y por la anarquía
de la producción. De ahí que esta fase desempeñe un papel muy importante
en el proceso del movimiento del capital.
233
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Así, pues, el capital industrial, en su movimiento, atraviesa una vez la fase de
producción y dos veces la de circulación. La dinámica del capital industrial
puede expresarse en la fórmula siguiente:
Hemos examinado las tres fases de la dinámica del capital industrial, que en
cada una de ellas adopta una forma especial:
capital-dinero, capital productivo y capital-mercancías.
La transformación consecutiva del capital de una fase en otra y su paso por
las tres fases llevan el nombre de ciclo de circulación del capital, y
representa la unidad del proceso de producción y del proceso de
circulación.
Como el fin de la producción capitalista consiste en crear plusvalía, el
capitalista no se limita a un solo ciclo del capital; por el contrario, reanuda
sin cesar la producción de plusvalía.
Ello significa que el capital industrial se encuentra en perenne movimiento,
y la fórmula de su ciclo asume la forma de una espiral infinita:
234
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Para que el proceso de producción no se interrumpa, el capital debe
hallarse, en todo momento, en sus tres formas: capitaldinero, capital-
productivo y capital-mercancías.
Al capitalista le es necesario disponer de dinero en metálico, es decir,
capital-dinero, que es susceptible de ser invertido en la adquisición de los
elementos de la producción y que constantemente se reintegra a su forma
anterior en virtud de la venta de las mercancías. Durante el proceso de la
producción, el capital productivo no se consume todo a la vez. Además,
siempre conviene disponer de algunas reservas de materias primas, de
combustible y de materiales auxiliares. Lo mismo cabe decir del capital-
mercancías. Aunque las mercancías se venden a diario, sus reservas van
nutriéndose regularmente mediante la fabricación de nuevos contingentes.
Condición indispensable para el ciclo ininterrumpido del capital industrial es
no sólo el movimiento simultáneo de aquél en sus tres formas (capital-
dinero, capital-productivo y capital-
mercancías), sino también la existencia de una cierta proporcionalidad entre
estas formas aisladas del capital industrial.
Vemos, pues, que el capital industrial representa la unidad de las tres
formas del capital.
235
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
El hecho de que el capital industrial aparezca en tres variedades determina
la existencia de tres formas en su ciclo: ciclo del capital-dinero, ciclo del
capital productivo y ciclo del capitalmercancías. Examinemos las tres
formas.
Indicaremos ya que cada una de las formas cíclicas del capital pone de
relieve determinados rasgos característicos del capital industrial.
Ciclo del capital-dinero.
La fórmula del ciclo del capital-dinero coincide con la del capital industrial.
En el ciclo del capital-dinero se revela el fin específico de la producción
capitalista: la creación de plusvalía.
Sin embargo, el proceso de producción en el ciclo del capitaldinero no es
sino un eslabón entre dos fases de la circulación. La forma productiva del
capital es pasajera, efímera. Con esto, la fuente de la plusvalía se encubre, y
el capital-dinero aparece como “dinero que engendra dinero”, y se da la
impresión de que la plusvalía surge en el proceso de la circulación.
Ciclo del capital productivo.
236
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
En el ciclo del capital productivo, el movimiento arranca de la órbita de la
producción, y en ella termina. El proceso de circulación constituye un
eslabón intermedio, y el dinero sirve tan sólo de forma pasajera del capital.
El fin de la producción capitalista se difumina y enmascara, creándose la
falsa impresión de que la producción en sí representa el objetivo del
capitalismo. En virtud de ello, la producción capitalista aparece como una
especie de “producción por la producción”.
Ciclo del capital-mercancías.
En el ciclo del capital-mercancías, la circulación es el punto inicial. Con ello
se crea la apariencia de que el fin de la producción capitalista consiste en
satisfacer las necesidades sociales. El capitalista convierte la mercancía en
dinero; quiere decirse que el ciclo del capital-mercancías presupone
consumo, con lo cual adquiere mayor relieve el nexo interno de la
producción con el consumo.
Por consiguiente, las diversas formas del ciclo del capital industrial exponen
los rasgos característicos de este capital.
El ciclo del capital-dinero revela el crecimiento del valor del capital como fin
y motivo de la producción.
El ciclo del capital productivo promueve a primer plano el propio proceso de
revalorización del capital, el proceso de la creación de plusvalía.
237
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
El ciclo del capital-mercancías revela las condiciones en que se realiza la
revalorización del capital, subrayando el nexo de la producción con el
consumo.
Como cada una de las formas del ciclo del capital industrial le caracteriza de
manera unilateral y al mismo tiempo descubre los defectos de las otras
formas, el capital industrial sólo muestra su auténtica fisonomía en la
unidad de las tres formas del ciclo.
Cada ciclo hace resaltar un rasgo determinado, y solamente en su unidad
reflejan todos ellos el propósito y el motivo de la producción capitalista.
Analizar el capital industrial basándose en una sola forma de su ciclo
induciría inevitablemente a una interpretación errónea de la realidad
capitalista, velando los antagonismos de clase existentes en la sociedad.
El capital-dinero, el capital productivo y el capital-mercancías cumplen
funciones diferentes en la dinámica del capital industrial. Al llegar el
capitalismo a un cierto grado de desarrollo, sobre la base de las formas
peculiares que adopta el capital industrial en su dinámica, tiene lugar la
formación de tipos diferentes de capital, aislados unos de otros, y de los
correspondientes grupos capitalistas. Sobre la base del capital-dinero surge
el capital de préstamo y los capitalistas dedicados a estas actividades; sobre
la base del capitalmercancías surge el capital mercantil y los capitalistas
mercantiles, y sobre la base de la forma productiva surgen el capital
industrial y los capitalistas industriales, los empresarios.
En su movimiento, el capital atraviesa una vez la fase productiva y dos veces
la circulante. La revalorización del capital se verifica en la órbita de la
producción, cuando se encuentra en la forma de capital productivo. Por eso
238
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
decía Marx que el funcionamiento del capital productivo constituía una
genuina metamorfosis del capital. Es en la producción donde se lleva a
efecto la metamorfosis real; en cambio, en la órbita, mientras que su valor
no sufre alteraciones, o sea que se realiza una metamorfosis formal del
capital.
Por tanto, la producción y la circulación desempeñan papeles distintos en el
proceso de revalorización del capital, en el proceso de la creación de la
plusvalía. No conviene, pues, identificar la producción con la circulación.
La economía burguesa, en aquellos casos en que las identifica, considera la
circulación y su forma especializada –el comercio- como una de las ramas de
la producción, con lo cual se encubre el papel especialísimo de la
producción en el proceso de creación de plusvalía.
Otro intento de ocultar el papel de la producción en la obra de crear la
plusvalía es la llamada concepción cambista, cuyos adeptos separan la
circulación de la producción, enfocando ésta tan sólo como una relación
entre el hombre y la naturaleza y reduciendo las relaciones de producción a
relaciones de cambio. Los partidarios de la “concepción cambista” sostienen
que, en una economía capitalista mercantil, las relaciones sociales
representan relaciones de cambio; que, fuera del mercado, en el proceso de
la producción, los poseedores de mercancías se las entienden tan sólo con la
naturaleza y no están ligados entre sí por ningún vínculo. Por tanto, dicen
ellos, el valor no se crea en la producción, sino en la circulación. Partiendo
de esta tesis, los voceros de la concepción cambista reducen también las
relaciones entre los capitalistas y los obreros a simples relaciones de
intercambio, asegurando que en la producción no existen entre ellos otros
vínculos que los puramente técnicos: los capitalistas son organizadores y
dirigentes de la producción, y los obreros sus ejecutores. Pero como en las
239
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
relaciones de mercado entre los capitalistas y los obreros existe una
igualdad formal, los portavoces de la “concepción cambista” niegan la
explotación de los obreros por los capitalistas y predican la armonía de los
intereses de las clases.
Cuando Marx demostró la unidad de la producción y la circulación,
poniendo de relieve el diferente papel de ambas en el proceso de creación
de la plusvalía, desenmascaró el contenido burgués de la concepción
cambista y puso al desnudo sus raíces de clase.
2. LA ROTACIÓN DEL CAPITAL. CAPITAL FIJO Y
CAPITAL CIRCULANTE.
Como la producción capitalista tiene por objeto extraer plusvalía, el capital
realiza ciclos ininterrumpidos, repitiéndolos sin cesar.
El ciclo del capital, considerado no como un fenómeno aislado, sino como
un proceso que se reitera y se reanuda periódicamente, se denomina
rotación del capital.
El tiempo que todo el capital necesita para pasar por la producción y la
circulación es el tiempo de rotación del capital.
Dicho de otro modo, el tiempo de rotación es el intervalo entre el momento
de desembolsar un capital en determinada forma y el momento en que
dicho capital retorna a manos del capitalista en la misma forma, pero
acrecentado en una magnitud igual a la de la plusvalía.
240
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
El tiempo de rotación de capitales individuales es distinto, y depende de las
diversas condiciones de producción y de circulación. Por eso surge la
necesidad de una unidad general para calcular y comparar la rapidez de
rotación de distintos capitales individuales. Esta unidad general de medida
del tiempo de la rotación del capital permite comprobar la celeridad de la
circulación de cualquier capital por el mismo procedimiento, comparar la
rapidez con que se efectúa la rotación de un capital con la de otro.
Como unidad natural para medir las rotaciones del capital en
funcionamiento se ha tomado el año, ya que en la zona templada, cuna de
la producción capitalista, los principales artículos agrícolas son productos
anuales.
El capital puede circular una vez, dos, tres veces al año. Si para señalar el
año como unidad de tiempo de la rotación nos valemos del signo O, y
expresamos el tiempo de rotación de un capital dado con el signo o, se
determinará de acuerdo con la fórmula siguiente:
n=O
o
Ejemplos:
1. o = 3 meses. Así, n = 12 = 4. Cuatro rotaciones al año.
3
2. o = 12 meses. Así, n = 12 = 1. Una rotación al año.
12
241
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
¿De qué depende el tiempo de rotación de un capital individual
determinado? En su velocidad influyen diversas circunstancias, la principal
de las cuales es la composición del capital productivo.
Según sabemos ya, el capital productivo comprende el valor de los medios
de producción y el de la fuerza de trabajo.
El valor del capital invertido en adquirir estos factores de la producción se
transfiere, en el transcurso de ésta, al valor del producto fabricado, y lo hace
por diversos procedimientos. Según el modo como se verifica la
transferencia del valor de las diversas partes integrantes del capital
productivo al valor del producto, el capital productivo se divide en capital
fijo y capital circulante.
Una parte de los medios de producción son medios de trabajo: edificios,
maquinaria y aparatos que, comprados por el capitalista, funcionan durante
un período más o menos prolongado, manteniendo su independencia
respecto del producto. Para adquirir los medios de trabajo hay que
desembolsar un capital inmediatamente. Pero este capital interviene en la
circulación solamente por partes, en la medida en que se van desgastando
los medios de trabajo, y su valor se reintegra al capitalista en forma de
dinero también por partes, sin abandonar materialmente la órbita de la
producción.
La suma que compensa el desgaste de los medios de trabajo se destina
anualmente a la amortización. La amortización representa, pues, una
restitución paulatina, en forma de dinero, del valor de los medios de
242
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
trabajo, a través de asignaciones periódicas que corresponden a su
desgaste.
Supongamos que una máquina valorada en 10.000 dólares y calculada para
trabajar un período de diez años transfiere anualmente al producto el 10
por 100 de su valor, o sea 1.000 dólares. A medida que la producción vaya
vendiéndose, este valor retornará a manos del capitalista, que lo acumulará
como fondo de amortización.
La parte del capital que el capitalista invierte en construir locales y en
comprar maquinaria e instrumentos que transfiere por partes su valor al
producto fabricado lleva el nombre de capital fijo.
Por consiguiente, el capital fijo es la parte del capital productivo que,
participando plenamente en la producción, transfiere su propio valor al
producto no de una vez, sino por partes, a medida que se desgasta.
A diferencia del capital fijo, el capital circulante es la parte del capital
productivo cuyo valor se transfiere totalmente a la mercancía en el
transcurso de una rotación para retornar luego a manos del capitalista en
forma de dinero y en toda su plenitud, al ser vendido el producto. Forma
parte del capital circulante la parte del capital invertida en la adquisición de
materias primas, combustible y materiales auxiliares, y también los recursos
que se invierten en la adquisición de fuerza de trabajo.
Esta se diferencia radicalmente de los restantes elementos del capital
circulante. Al ser utilizada en la producción, la fuerza de trabajo no
transfiere su valor al producto, sino que crea un nuevo valor que contiene
plusvalía. Pero el modo de circulación del valor de la fuerza de trabajo
243
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
resulta ser el mismo que el del valor de las materias primas, del combustible
y de los materiales auxiliares. Por esa razón, el capital variable es parte del
capital circulante. La división del capital en fijo y circulante queda
restringida al capital productivo. El capital-dinero y el capital-mercancías son
capitales en circulación y no se dividen en fijo y circulante.
Conviene establecer una diferencia nítida entre la división en capital fijo y
circulante, de una parte, y la división en capital constante y variable, de otra.
Estas dos divisiones del capital pudieran expresarse con el siguiente
esquema:
La división del capital en constante y variable está determinada por su
diferente papel en la producción de valor y de plusvalía. Semejante división
descubre la esencia de la explotación capitalista; por eso no la reconoce la
Economía política burguesa.
En cuanto a la división del capital en fijo y circulante, son las diferencias de
las rotaciones de las partes integrantes del capital las que la determinan.
Esta división oculta que el capital se divide en constante y variable; el capital
variable, única fuente de la plusvalía, aparece tan sólo como una de las
partes del capital circulante. Se encubre la fuente de la plusvalía, se
escamotean las relaciones de explotación capitalista, y por eso la Economía
burguesa sólo reconoce la división del capital en fijo y circulante.
244
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
De lo dicho se desprende que las diversas partes integrantes del capital
productivo circulan de manera distinta.
Con el desarrollo del capitalismo crecen el volumen y la duración del
capital fijo, lo cual influye sobre la rapidez de la rotación del capital en su
conjunto. La rotación se amortigua y prolonga, y su amortiguamiento,
originado por el crecimiento del capital fijo, agudiza las contradicciones del
capitalismo.
Ello es debido a que el capital fijo se desgasta no sólo físicamente. Conforme
progresa el capitalismo, se verifica un proceso de desgaste moral del capital
fijo particularmente de la maquinaria y de los instrumentos. Mientras las
máquinas funcionan la sociedad realiza nuevos descubrimientos técnicos e
inventos cuya utilización eleva la productividad del trabajo y abarata los
elementos del capital fijo: la maquinaria y el instrumental, produciendo una
desvalorización del capital fijo. El proceso de desvalorización de las
máquinas en virtud el progreso técnico lleva el nombre de “desgaste moral”
del capital fijo.
El desgaste moral provoca la pérdida del capital invertido; por tal motivo, los
capitalistas se manifiestan, en ciertos casos, contra la aplicación del proceso
técnico. El aumento del capital fijo y el amortiguamiento de la rotación del
capital agravan la amenaza de desgaste moral del capital fijo. Los capitalistas
se esfuerzan por prevenirse contra dicho peligro. Los medios para evitarlo
son la prolongación de la jornada de trabajo y el aceleramiento
desenfrenado de la intensidad de la labor que realizan los obreros. La
utilización de estos medios agudiza las contradicciones entre las capitalistas
y los obreros.
245
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Por otra parte, los patronos procuran compensar la mayor lentitud de la
circulación del capital elevando la cuota de amortización. Como resultado
de todo ello se encarecen los productos, surgen dificultades en su venta, se
agravan la competencia y el antagonismo de la propia clase capitalista.
Además, al crecer el volumen del capital fijo, el capital industrial pierde, en
buena medida, su facultad de cambiar rápidamente la producción de un
artículo por la de otro. Esto dificulta la competencia y agrava las
contradicciones entre los capitalistas, las cuales, en última instancia,
siempre se resuelven a costa de la clase obrera.
Hemos visto, pues, que al desarrollarse el capitalismo aumenta el capital
fijo, se amortigua la rotación del capital y, en virtud de todo ello, se agravan
las contradicciones del capitalismo.
Hay otro factor que influye en el ritmo de la rotación del capital: la duración
del tiempo de producción y del tiempo de circulación.
El tiempo de producción es el período en que el capital se encuentra en
la esfera de la producción. La parte principal del tiempo de producción la
constituye el período de trabajo, durante el cual el objeto a elaborar es
sometido a la acción directa del productor. El período de trabajo es el
número de jornadas, necesarias en una rama para obtener un producto
completamente fabricado. La productividad de este período depende de la
índole de la rama en cuestión, de las condiciones técnicas y de las
propiedades específicas del producto elaborado.
Por ejemplo, en una fábrica de hilados, cada operario convierte parte del
algodón en hilatura y cierta porción del producto manufacturado se pone a
la venta diariamente, mientras que en unos astilleros la construcción de
cada barco requiere decenas y hasta cientos de jornadas de muchos
obreros.
246
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
La magnitud del capital invertido y la duración de sus rotaciones dependen
directamente de la duración del período de trabajo. Habitualmente, el
tiempo de producción es más largo que el período de trabajo, ya que,
además de éste, incluye el tiempo de la acción independiente de las fuerzas
de la naturaleza sobre el objeto del trabajo y también el tiempo en que el
capital actúa como reserva de producción.
El tiempo de acción independiente de las fuerzas naturales sobre el objeto
del trabajo es el período durante el cual aquél es sometido a procesos
naturales, interrumpiéndose prácticamente el del trabajo. Esta porción de
tiempo es particularmente grande en ramas económicas como la
agricultura, la vinicultura o la industria de la madera.
La tercera parte integrante del tiempo de producción es el período en que el
capital se encuentra en su forma de reserva de producción. Para que el
proceso de producción se realice ininterrumpidamente, es indispensable
poseer siempre alguna reserva de materias primas, de combustible, de
instrumentos, etc.
Por supuesto, cuanto más se prolonga el período en que un objeto es
sometido a la acción directa del trabajo, o a la acción independiente de las
fuerzas naturales, o se encuentra en la forma de reserva industrial, tanto
más lentamente circula el capital desembolsado. Dicho de otro modo, el
ritmo de la rotación de este capital depende del tiempo de producción y de
sus partes integrantes.
¿De qué modo pueden ser reducidos el tiempo de producción y sus partes
integrantes?
247
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
La reducción del período de trabajo se alcanza por los siguientes
procedimientos:
1. Prolongación de la jornada de trabajo.
2. Intensificación de éste.
3. Aumento del número de operarios.
4. Aumento de los turnos.
5. Ampliación de la división social del trabajo y de la especialización de
la producción.
6. Incremento de la productividad del trabajo, que es el procedimiento
decisivo para reducir el período de trabajo.
La reducción del tiempo de la acción independiente de las fuerzas naturales
sobre el objeto en elaboración se obtiene acelerando los procesos naturales
mediante los adelantos de la ciencia y de la técnica y perfeccionando los
métodos de producción: empleo de catalizadores en la industria química,
selección y mejoramiento de las semillas en la agricultura, selección artificial
y cruce en la ganadería, etcétera.
Para reducir el período en que el capital se encuentra convertido en reserva
industrial hay que reducir las propias reservas.
“La magnitud de esta reserva de producción depende de la mayor o menor
dificultad de su renovación, del mayor o menor alejamiento de los mercados
en que es posible abastecer de esos elementos, del desarrollo de los medios
de transporte y comunicación, etc.”1
1 C. Marx, El Capital, ed. Cit., tomo II, págs. 118-119.
248
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
Hemos examinado el tiempo de producción y los
procedimientos para reducirlos.
Veamos ahora el tiempo de circulación.
El tiempo de circulación es el período durante el cual el capital,
hallándose en la circulación, pasa de la forma dinero a la productiva y de la
forma mercantil a la forma dinero.
El tiempo de circulación depende de las condiciones de compra de los
medios de producción y de venta de las mercancías fabricadas, de la
proximidad y del volumen del mercado, del nivel de desarrollo de los
medios de transporte y de las comunicaciones. A medida que avanza el
capitalismo, el tiempo de circulación sufre una influencia doble: de una
parte, el progreso de los transportes y comunicaciones lo reduce; de otra, la
competencia capitalista, la lucha por lo menos mercados y las crecientes
dificultades para la venta de las mercancías, originadas por el crecimiento
de la miseria de las masas trabajadoras, contribuyen a prolongar el tiempo
de circulación.
Puede preguntarse a qué se debe el interés de los capitalistas por acelerar el
ritmo de las rotaciones del capital.
Los factores que determinan su rapidez ejercen también influencia sobre la
creación de plusvalía. De por sí, la velocidad del ritmo de la rotación del
capital no crea plusvalía, pero permite obtener la misma cantidad de
plusvalía con menos capital o mayor cantidad con el mismo capital. Por
ejemplo, la reducción del tiempo de circulación limita el capital-mercancías
y el capital-dinero, y permite, en virtud de ello, incrementar el capital
249
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
productivo, es decir, proporciona a los capitalistas la posibilidad de contratar
mayor número de obreros sin aumentar el capital.
Por otra parte, el aceleramiento de la rotación de la totalidad del capital
desembolsado implica un aceleramiento de la rotación del capital variable.
De la rapidez con que éste circule dependen la masa anual de plusvalía y
también la cuota de plusvalía.
Examinemos un ejemplo:
Dos capitalistas disponen de capitales idénticos con igual composición
orgánica, que se diferencian tan sólo por el número de ciclos que efectúan al
año (n).
K1 = 2.000 1.500 c + 500 v m’ = 100% n = 1.
K2 = 2.000 1.500 c + 500 v m’ = 100% n = 12.
El primer capitalista obtendrá en un año m = 500.
El segundo obtendrá en un año m = 500 X 12 = 6.000.
Por consiguiente, los dos capitalistas obtendrán en un año una masa diversa
de plusvalía, y la cuota anual de plusvalía será distinta en cada uno de ellos.
La cuota anual de plusvalía (M1) es la proporción existente entre toda la
masa de plusvalía producida en un año y el capital variable desembolsado.
250
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
En nuestro ejemplo M1 = 500 = 100 por 100.
500
M2 = 6.000 = 1.200 por 100.
500
De tal modo, la masa y la cuota anual de plusvalía se modifican de manera
directamente proporcional al número de rotaciones del capital variable
desembolsado.
Lo dicho más arriba permite comprender por qué, bajo el capitalismo, la
industrialización comienza por el incremento de las ramas de la industria
ligera. En ella se verifica más rápidamente la rotación del capital, lo que
hace que la cuota anual de plusvalía sea superior.
Concluyendo, hemos estudiado el capital como un movimiento que cosiste
en una metamorfosis ininterrumpida. En las tres formas del capital, las
relaciones de clase están adulteradas y encubiertas: el aumento del capital
aparece como un resultado de su dinámico, del cambio de sus formas. Se
crea la impresión de que la plusvalía surge no sólo en la producción, sino
también en la circulación. Y esta falsa creencia se fortalece gracias al hecho
de que cuanto más rápidamente se mueve el capital, con tanta mayor
celeridad crece.
Carlos Marx demostró que la plusvalía se crea solamente en la producción,
que el aceleramiento de la circulación del capital no crea, de por sí, ni un
251
Capítulo XV
El Ciclo y la Rotación del Capital
átomo de nuevo valor, y sólo permite a los capitalistas, con el mismo capital,
explotar a un mayor número de obreros o a los mismos en más ocasiones,
cuyo trabajo crea en el transcurso del año una mayor masa de plusvalía.
252
CAPÍTULO XVI
LA GANANCIA MEDIA Y EL PRECIO DE PRODUCCIÓN1
1. EL PRECIO DE COSTE Y LAS GANANCIAS
CAPITALISTAS.
La doctrina de Carlos Marx sobre la ganancia y el precio de producción
representa una continuación de la teoría del valor y de la plusvalía. El primer
tomo de El Capital contiene un análisis científico del proceso de la
creación de la plusvalía. El segundo está dedicado a revelar el proceso de la
circulación del capital. En el tercero se nos ofrece un análisis de la
producción capitalista en general como proceso de producción y de
circulación. Aquí pone Marx de manifiesto la esencia de las formas
concretas del movimiento del capital y de la plusvalía en que aquél y ésta
salen directamente a la superficie, la influencia mutua de los capitales en el
proceso de la competencia. Durante el movimiento del capital se verifica la
realización y la distribución de la plusvalía entre diversos grupos de
capitalistas. En concordancia con ello, la plusvalía adopta las siguientes
formas: la de ganancia industrial, la de ganancia comercial, la de interés y la
de renta de la tierra.
¿Qué es la ganancia? Es una forma modificada de la plusvalía. ¿Y cuáles son
las circunstancias determinantes de que la plusvalía adquiera la forma de
ganancia? El análisis de este problema ha de iniciarse aclarando la diferencia
entre el valor de la mercancía y el costo capitalista de producción.
El valor de toda mercancía se determina por el conjunto de trabajo
socialmente necesario invertido en su producción, es decir, por la cantidad
1 Tomado del libro “Curso Superior de Economía Política”, Spiridonova, Atlas y otros,
Editorial Grijalbo, México, 1975.
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
de trabajo vivo y materializado que se ha consumido. Como en el caso
presente se trata de una mercancía producida bajo el capitalismo, podemos
expresar su valor en la siguiente fórmula:
c + v + m, donde c representa los gastos de capital constante y v + m el
nuevo valor creado por el trabajo de los obreros asalariados.
Pero una cosa es el valor verdadero de una mercancía y otra cosa el valor de
la mercancía para el capitalista. Son dos magnitudes totalmente distintas,
pues el capitalista no paga todo el valor creado por el obrero (v + m), sino
sólo una parte de él, igual al precio de la fuerza de trabajo consumida.
Aquella parte del valor de la mercancía en que va contenida la plusvalía no
le cuesta nada al capitalista, ya que no se le ha pagado al obrero.
Supongamos que para fabricar un par de zapatos se han invertido nueve
dólares en medios de producción (máquinas, materias primas y
combustible) y que como salario se les ha pagado a los obreros un dólar.
Supongamos, también, que la cuota de plusvalía equivale a 300 por 100. En
tal caso, la plusvalía será igual a tres dólares.
En el ejemplo aducido, el valor de un par de zapatos será de trece dólares.
Pero los gastos del capitalista se determinan por la magnitud de los capitales
constante y variable utilizados y, por consiguiente, ascienden a diez dólares,
ya que la parte del valor que el capitalista se ha embolsado como plusvalía
equivalente a tres dólares. Los diez dólares en cuestión representan los
gastos del capitalista para producir un par de zapatos.
“Esta parte del valor de la mercancía, que repone el precio de los medios de
producción consumidos y de la fuerza de trabajo empleada, no hace más
250
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
que reponer lo que la mercancía ha costado al capitalista y representa, por
tanto, para él, el precio de costo de la mercancía”.1
El precio de coste capitalista se calcula por la magnitud del capital empleado
para producir una mercancía; los verdaderos precios de coste, es decir, el
valor de la mercancía, se determinan por el consumo de trabajo socialmente
necesario. Por consiguiente, el precio de coste capitalista no constituye sino
una parte del valor de la mercancía.
Si expresamos este valor con la fórmula c + v + m, el precio de coste
capitalista será c + v. El precio de coste capitalista es inferior al valor de la
mercancía en la magnitud de la plusvalía. La diferencia entre la magnitud del
valor de la mercancía y el precio de coste constituye la ganancia del
capitalista.
Esta es una ganancia que el capitalista obtiene sobre el capital
desembolsado. La peculiaridad de la categoría “precio de coste” consiste en
que en ella desparece la diferencia entre las inversiones en instrumentos de
trabajo, materias primas y combustible, de una parte, y las inversiones de
fuerza de trabajo, de otra; es decir, que desaparece la diferencia entre el
capital constante y el variable. El dueño de una empresa industrial anticipa
un capital para adquirir los diversos elementos del capital constante y fuerza
de trabajo (la parte variable del capital). Todas estas inversiones forman
parte del precio de coste y deben ser reintegradas al capitalista.
En la categoría “precio coste” se pone de manifiesto la diferencia entre
aquella parte del capital que se invierte en materias primas, combustible,
reparaciones y salarios, parte que se transfiere totalmente al valor de la
mercancía en un ciclo y aquella otra parte del capital cuyo valor se transfiere
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 46.
251
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
al valor de la mercancía paulatinamente, por partes, a lo largo de una serie
de ciclos (el valor de los edificios y de la maquinaria), es decir, la diferencia
entre los capitales circulante y fijo.
Como en los precios de coste desaparece la diferencia entre los capitales
constante y variable, ocultan la diferencia entre el proceso de transferencia
del valor y el de creación de un valor nuevo. Los gastos de trabajo en la
producción de una mercancía son encubiertos por los gastos de capital,
creándose la falsa idea de que el capital es el creador del valor, cuando, en
realidad, es el trabajo del obrero asalariado el que lo crea.
El precio de coste constituye una categoría real de la economía burguesa,
determinada por el propio régimen capitalista de producción. La
recuperación de los gastos es una premisa indispensable de la actividad
económica del capitalista, ya que sin ella no puede reanudar el proceso de
producción. De la magnitud del precio de coste depende la rentabilidad o la
irrentabilidad de una empresa. Si el precio de la mercancía cae por debajo
de los gastos realizados para producirla o si se iguala a los mismos, la
producción deja de ser ventajosa para el capitalista, por cuanto su interés
estriba en que la recaudación procedente de la venta de las mercancías
sobrepase lo que ha costado producirlas. El precio de coste permite
descubrir e interpretar las leyes de la competencia bajo el capitalismo.
Dentro de los límites del valor de una mercancía caben diversas
fluctuaciones de su precio. Supongamos que el valor del artículo es trece
dólares, y el precio de coste equivale a diez. El precio del artículo en
cuestión podrá ser de once y de doce dólares, y en ambos casos el
capitalista obtendrá beneficio, puesto que el precio de venta de la
mercancía rebasa el precio de coste. Estas fluctuaciones pueden ser
aprovechadas por el capitalista para arruinar a sus competidores.
252
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Como en el precio de coste desaparece la diferencia entre los capitales
constante y variable, quedando tan sólo la diferencia entre los capitales fijo
y circulante, aquel precio encubre la explotación capitalista y oculta la
verdadera procedencia de los ingresos de los empresarios.
Y como en el precio de coste no hay diferencia entre los capitales constante
y variable, el aumento del valor, que ser verifica en el proceso de la
producción y en virtud del trabajo que los obreros asalariados realizan
durante el tiempo de trabajo excedente, aparece como un fruto del capital
en general.
Según sabemos ya, la plusvalía constituye la diferencia entre el valor creado
por el trabajo del obrero y el valor de la fuerza de trabajo de éste. El patrono
la percibe cuando las mercancías fabricadas por la labor de los obreros
asalariados van a ser realizadas, y el dinero procedente de su venta rebasará
los gastos ocasionados por la producción de dichas mercancías. Por
consiguiente, el capitalista percibe su ganancia después de efectuado el
ciclo del capital.
La masa absoluta de esta ganancia dependerá no sólo de las condiciones de
producción, sino también de las condiciones de la venta de las mercancías, o
sea del nivel de los precios en que aquéllas se realicen. Según estas últimas
condiciones, el precio de venta de la mercancía puede superar al precio de
coste en diversas proporciones. La ganancia del capitalista aparece como la
diferencia entre el precio de venta de la mercancía y la suma del capital
invertido en su producción, como un fruto del capital.
Teniendo en cuenta que en la producción de un artículo interviene todo el
capital desembolsado, aunque sólo una parte de él se invierta en la
253
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
producción de la mercancía, la plusvalía aparece no sólo como una adición
de valor al capital gastado, sino a todo el capital invertido en la producción,
a todo el capital desembolsado.
“Así representada, como vástago del capital global desembolsado, la
plusvalía reviste la forma transfigurada de la ganancia”.1
Consecuentemente, la ganancia es la forma en que la plusvalía se manifiesta
en la superficie de la sociedad capitalista. Se presenta no como el resultado
de la explotación del los obreros, sino como un fruto del funcionamiento de
todo el capital desembolsado, como un retoño de éste. En la categoría
“ganancia” desaparece el trabajo no retribuido de los obreros, que es la
auténtica fuente de la plusvalía. Si la plusvalía expresa las relaciones de clase
de la sociedad capitalista, la ganancia las enmascara, convirtiéndolas en un
fetiche. La ganancia aparece como una cualidad y una relación de las cosas
entre sí.
Así, pues, la ganancia es una forma alterada de la plusvalía. Aunque la
ganancia obtenida por algunos capitalistas y la magnitud de la plusvalía
creada por la explotación de los obreros asalariados pueden no coincidir
cualitativamente, en la escala de toda la sociedad capitalista sí coinciden. La
conversión de la plusvalía en ganancia representa un desarrollo de la
fetichización de las relaciones capitalistas, un desarrollo de la engañosa
forma exterior que crea una falsa impresión sobre la realidad capitalista.
Esa es la razón que aconseja distinguir el contenido de los procesos
económicos y la forma de su manifestación, los procesos económicos de
profundidad y los fenómenos superficiales. Los científicos burgueses,
1 C. Marx, El Capital, tomo III, pág. 53.
254
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
paladines del capitalismo, pretenden hacer pasar los fenómenos
superficiales por la esencia de las cosas, velando de este modo el
antagonismo social que caracteriza las relaciones de las clases en la
sociedad burguesa.
La ganancia es el motivo que impulsa la producción capitalista. El desarrollo
de ésta no tiene como incentivo el de mejorar la situación económica de los
trabajadores, sino el de garantizar el mayor lucro a costa de la explotación
de las masas laboriosas. No hay delito que los capitalistas no cometan con
tal de obtener el máximo beneficio. Así lo confirma la historia del
capitalismo.
Empeñados en encubrir la auténtica naturaleza del capitalismo como
régimen social asentado sobre la explotación del trabajo, los economistas
burgueses tratan de encontrar las más diversas explicaciones a la
procedencia de la ganancia. Unos afirman que proviene de la circulación y
que es el resultado del ahorro del capitalista; otros dicen que es engendrada
por el propio capital.
Por ejemplo, el economista norteamericano J. B. Clark, en su libro La
distribución de la riqueza, se esfuerza por demostrar que la ganancia es
fruto del capital y que los trabajadores no toman parte alguno en su
creación.
Valiéndose de los más rebuscados artificios, Clark pretende “demostrar” que
el trabajo y el capital son factores iguales en derecho dentro de la
producción y que la riqueza social es producto del esfuerzo conjunto de
estos dos factores. El trabajo crea un ingreso en forma de salario y el capital
crea otro en forma de ganancia.
255
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Clark sostiene que, bajo el capitalismo, los trabajadores perciben todo
cuanto crean y que, por consiguiente, no existe injusticia alguna en la
distribución de la riqueza. De esta tesis extrae la conclusión que él mismo
desea: la de que, como los trabajadores crean una suma de riquezas
reducida y la perciben en su totalidad, no tienen por qué ansiar la
revolución social.
Todo el sentido de estas especulaciones de Clark y de otros economistas
burgueses se reduce al deseo de demostrar que el régimen de producción
capitalista garantiza una distribución ideal y justa de la riqueza.
2. LA CUOTA DE GANANCIA Y LOS FACTORES QUE LA
DETERMINAN.
Al capitalista le interesa no sólo la magnitud absoluta de la plusvalía
obtenida, sino también la proporción existente entre ella y todo el capital
invertido.
Marx daba el nombre de cuota de ganancia a la proporción entre la
plusvalía y todo el capital invertido, en tanto por ciento, y expresaba la
ganancia con la letra p y la cuota de ganancias con p1. Si expresamos todo el
capital invertido con la letra k, podremos expresar la cuota de ganancia
mediante la fórmula siguiente:
p’ = p ; o p’ = k .
k’ c+v
256
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La cuota de ganancia es una categoría real del sistema capitalista de
producción y, para el patrono, representa el índice de rentabilidad de su
empresa, el grado de incremento de su capital.
También es un modo específico de medir la plusvalía en comparación con
todo el capital invertido. La cuota de ganancia solidifica la idea de la
ganancia como “un fruto” de todo el capital invertido. En ella no aparece
ningún vínculo entre la ganancia y el trabajo: dicha cuota encubre no sólo la
explotación del trabajo asalariado por el capital, sino también su magnitud
real.
Tomemos un ejemplo. Supongamos que el capital invertido asciende a 1.000
unidades monetarias, 800 de las cuales componen el capital constante y 200
el variable. Supongamos también que la masa de la plusvalía equivale a 200
unidades. En tal caso, la cuota de plusvalía, como exponente del grado de
explotación, equivale a 100 por 100. La cuota de ganancia será igual a:
p1 = 200 m , o 200 m = 20 por 100.
1.000 k’ 800c + 200v
La discrepancia cuantitativa entre las cuotas de ganancia y de plusvalía
expresa la diferencia cualitativa existente entre ambas, diferencia que
cosiste en que, si la cuota de plusvalía caracteriza el grado de explotación
del trabajo por el capital, la de ganancia muestra el grado de rentabilidad
del capital. Es una forma transfigurada de la cuota de plusvalía.
257
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
“La cuota de ganancia es el resorte propulsor de la producción capitalista, que
sólo produce lo que puede producirse con ganancia y en la medida en que
ésta puede obtenerse”.1
El capitalista está siempre interesado en que su capital le proporcione un
beneficio mayor, la más alta cuota de ganancia. Impulsado por este móvil, el
capital se dirige a aquellas esferas donde su aplicación garantiza al
propietario la más alta ganancia, ya que cuanto más alta es la cuota, tanto
mayor es la magnitud de la ganancia (en igualdad de circunstancias).
¿Qué factores influyen en la cuota de ganancia?
El principal de todos es la magnitud de la cuota de plusvalía.
A mayor grado de explotación, mayor masa de plusvalía, y tanto más alta
cuota de ganancia, siempre en igualdad de circunstancias.
Ilustremos este aserto con un ejemplo:
p1 = 200 m = 200 m = 20 por 100.
800c + 200v 1.000 k
Si el grado de explotación se eleva hasta 200 por 100, la masa de plusvalía
aumentará hasta 400 unidades monetarias y, en virtud de ello, la cuota de
ganancia equivaldrá a:
p1 = 400 m = 400 m = 40 por 100.
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 256.
258
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
800c + 200v 1.000 k
Cuanto mayor sea la cuota de plusvalía, tanto mayor será la de ganancia, si
las condiciones restantes permanecen inalterables.
Así se explica que los patronos, deseosos de aumentar la cuota de ganancia,
aprovechen todos los métodos para incrementar el grado de explotación de
los obreros: prolongación de la jornada, aumento de la intensidad y de la
productividad del trabajo, rebaja de los salarios hasta un nivel inferior al
valor de la fuerza de trabajo.
El nivel de la cuota de ganancia también depende de la economía de
capital constante. Esta economía de medios de producción está
determinada por los siguientes factores:
1. El aumento del número de obreros ocupados, la prolongación de la
jornada y el incremento de la intensidad del trabajo no requieren un
aumento proporcional de la parte fija del capital constante, y ello
permite al capitalista producir mayor cantidad de mercancías y
apropiarse más plusvalía con el mismo capital fijo.
2. La ampliación del volumen de la producción o producción a escala. La
gran producción contribuye a un empleo más completo y racional de los
instrumentos y de las condiciones de trabajo (disminución de los gastos
de local, de combustible, de luz, etc.), y permite utilizar los residuos de
la industria reelaborándolos como subproductos.
3. La utilización de las materias primas sintéticas, más baratas, y de
diversos sucedáneos, así como la falsificación de los productos
elaborados.
259
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
4. El progreso técnico y el incremento de la productividad. Esta rebaja el
valor de los elementos del capital constante; el progreso de la técnica,
que permite utilizar máquinas más perfectas y más baratas, proporciona
al capitalista la posibilidad de explotar mayor número de obreros,
reducir los gastos de producción y aumentar la masa y la cuota de
plusvalía.
Otro elemento que influye en el nivel de la cuota de ganancia es la rapidez
de la circulación del capital. Si el período necesario para una rotación del
capital se reduce, por ejemplo, de doce meses a seis, el capital variable hará
dos rotaciones en vez de una durante el año. Esto permite al capitalista
explotar con el mismo capital el doble de obreros y obtener, en el transcurso
del año, el doble de plusvalía, como resultado de lo cual la cuota anual de
ganancia del capital se duplicará también.
La economía de capital constante se realiza, principalmente, mediante el
empeoramiento de las condiciones de trabajo de los obreros. En un local
habilitado para 20 máquinas, el patrono instala 40; donde hay que colocar
una valla de seguridad junto a las máquinas, no la coloca, y donde hay que
poner ventilación no la pone. El resultado es que empeoran las condiciones
de trabajo de los obreros, y esto trae consigo enfermedades, accidentes y
otras desgracias.
En 1938 hubo en la industria de los Estados Unidos 1.376.000 accidentes de
trabajo; en 1949 hubo 1.870.000, y en 1960 ocurrieron ya 1.960.000. Según
rezan las estadísticas oficiales, en los doce años que van de 1949 a 1960
inclusive sufrieron lesiones a causa de accidentes en la producción más de
19 millones de obreros americanos y perdieron la vida mas de 150.000.
260
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
El “ahorro” de recursos en la seguridad del trabajo, que el capitalista
considera un gasto improductivo, da lugar a un despilfarro de mano de obra,
a la pérdida de vidas obreras, pero aumenta la cuota de ganancia. Esa es la
naturaleza rapaz del capitalismo: crece el lucro a costa de la salud y de la
vida de los obreros.
El nivel de la cuota de ganancia depende también de la composición
orgánica del capital. A causa de la propiedad privada de los medios de
producción, y también en virtud de la anarquía de la misma, la técnica se
desarrolla de manera desigual en la sociedad capitalista. Unas ramas
avanzan más que otras, y esto halla su expresión en la diferencia de la
composición orgánica del capital en diversas ramas de la producción. En la
diversidad de esta composición influyen también las peculiaridades del
proceso tecnológico de la producción en las distintas ramas. Cuanto mayor
es la parte correspondiente al capital constante, tanto menor es la parte que
corresponde al capital variable y, por consiguiente, tanto más alta es la
composición orgánica del capital.
Las modificaciones en la técnica de la producción llevan aparejado un
aumento de la composición orgánica del capital. Según cálculos de S.
Vigodski, la composición orgánica del capital en la industria de la
transformación de los Estados Unidos ha variado del modo siguiente:
1989 ………………… 4,5 : 1
1939 ………………… 6 : 1
1955 ………………… 8 : 1.1
1 S. Vigodski, La teoría marxista de la ganancia media y el precio de la producción a la
luz de los datos contemporáneos, pág. 50. Gospolitizdat, Moscú, 1956.
261
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
¿Cómo repercute la diversidad de la composición orgánica del capital en la
cuota de ganancia? Cuanto más alta es la composición del capital, tanto más
baja es la cuota de ganancia, y viceversa, contando siempre con que las
restantes condiciones permanecen inalterables.
Explicaremos esta tesis con el ejemplo siguiente:
Primer caso: p1 = 200 m = 200 m = 20 por 100.
800c + 200v
1.000 k
Segundo caso: p1 = 100 m = 100 m = 10 por 100.
900c + 100v 1.000 k
Examinemos este ejemplo con más detenimiento. La cantidad de la plusvalía
creada se determina por la masa de trabajo no retribuido de que se apropia,
el capitalista. Cuanto más trabajo vivo se emplea con una misma suma de
capital, tanto mayor serán la masa y la cuota de plusvalía (siempre en
igualdad de circunstancias).
Pero la cantidad de trabajo vivo empleado con una cierta suma de capital
depende de cómo se distribuya este capital en constante y en variable.
Dicho de otro modo, depende de la composición orgánica del capital.
La cuota de ganancia en el segundo caso será inferior a la del primero no
porque se explote menos a los obreros, sino porque se empleará
relativamente menos trabajo en comparación con el capital empleado.
262
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Tomemos varias ramas de la producción capitalista. Supongamos que todas
las condiciones de la actividad de capitales iguales por su volumen serán
también iguales (una cuota idéntica de plusvalía, por ejemplo, el 100 por
100, y también una rapidez idéntica de la circulación del capital), excepto
una condición: la composición orgánica del capital. En tal caso obtendremos
el cuadro que damos a continuación:
CUADRO 1
Composición Cuota de Masa de Cuota de
Sectores Capitales orgánica del plusvalía, plusvalía ganancia, por
capital por 100 100
I 60c + 40v 1,5 : 1 100 40 40
II 75c + 25v 3:1 100 25 25
III 80c + 20v 4:1 100 20 20
IV 90c + 10v 9:1 100 10 10
V 95c + 5v 19 : 1 100 5 5
Con una cuota idéntica de plusvalía, igual a 100 por 100, la masa de
plusvalía es distinta en diversas ramas de la producción. ¿Por qué? La
plusvalía es creada por a parte variable del capital. De ahí que, con un grado
idéntico de explotación, sea mayor donde es mayor la magnitud del capital
variable, y menor donde el capital variable es menor. Por consiguiente,
también será distinta la cuota de ganancia. Cuanto más alta es la
composición orgánica del capital, tanto más baja es la cuota de ganancia y,
al contrario, cuanto más baja es la composición orgánica del capital, tanto
más alta es la cuota de ganancia. Vemos, pues, que la magnitud de ésta se
halla en razón inversa a la composición orgánica del capital.
Los factores anteriormente descritos influyen de manera distinta en la cuota
de ganancia. En la aurora del capitalismo, en diversos sectores de la
263
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
producción predominaban cuotas desiguales de ganancia. En cambio, en la
época del capitalismo desarrollado, de la libre competencia y de la libre
trasplantación del capital, no es ya posible la existencia de diversas cuotas
durante largo tiempo.
3. FORMACIÓN DE LA CUOTA MEDIA (GENERAL) DE
GANANCIA.
Los ejemplos aducidos indican que capitales idénticos reportan diferentes
cuotas de ganancias. Si las mercancías fabricadas en diversos sectores de la
producción se vendiesen por su valor, en el primer sector, la cuota de
ganancia del capital se elevaría al 40 por 100, mientras que en el quinto
sector sólo llegaría al 5 por 100. ¡Desigual provecho para un capital idéntico!
Pero es sabido que cada capitalista tiende a extraer a su dinero el beneficio
máximo.
La desigualdad de ganancias con capitales idénticos contradice al principio
capitalista de la “igualdad”, consistente en que cada capitalista procura
obtener con su capital un resultado no inferior al que obtiene otro
capitalista, sea cual fuere la esfera de la producción en que está invertido su
capital.
Si, verdaderamente, los capitalistas no obtuviesen una ganancia igual con
capitales idénticos, no invertirían sus recursos en sectores de alta
composición orgánica del capital como, por ejemplo, la metalurgia o la
fabricación de maquinaria. Pero en virtud de la división social del trabajo, la
sociedad capitalista no podría existir ni desarrollarse sin los sectores que
producen instrumentos de producción.
264
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Para resolver este problema (el de cómo los capitalistas de diversos sectores
de la industria obtienen beneficios iguales con capitales idénticos) es
indispensable examinar los dos aspectos de la competencia que existen bajo
el capitalismo. La competencia dentro de un mismo sector es una rivalidad
entre capitalistas que fabrican mercancías homogéneas. La competencia
entre diversos sectores representa una rivalidad entre capitalistas que
producen mercancías heterogéneas. La lucha entablada entre ellos tiene
como objetivo una cuota más alta de ganancias y una posición más
conveniente para la inversión del capital y la venta de los productos. Una
encarnizada competencia reina en toda la economía capitalista. Las leyes
económicas del capitalismo, leyes que rigen la producción capitalista, actúan
por medio de la competencia.
En cada sector, diversas empresas funcionan en condiciones desiguales, y se
diferencian entre sí por su volumen, por el nivel de la productividad de su
trabajo y por la magnitud de los precios de costo.
A consecuencia de ello, la magnitud del valor individual de las mercancías
fabricadas en distintas empresas es diferente. Pero el valor de las
mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario
para fabricarlas en condiciones normales de la producción social. Este
tiempo de trabajo socialmente necesario es el que determinará el valor
social o comercial de las mercancías de un sector concreto. El precio de la
mercancía se basa en el valor social o comercial no en el valor individual.
La competencia dentro del mismo sector reduce los valores
individuales de las mercancías a su valor social (comercial), que se
determina, según decía Marx, por el valor individual de las mercancías que
265
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
se producen en las condiciones medias de su esfera y que constituyen la
gran masa de los productores de la misma.1
Las empresas en que el valor individual de las mercancías es inferior al social
reciben, por encima del beneficio ordinario del sector en cuestión, una
ganancia excedente hasta el momento en que el valor social descienda y el
valor individual de las mercancías de dicho sector se equipare al valor social.
Existen también grupos de empresas en las que el valor individual sobrepasa
al social. Parte de los propietarios de estas empresas percibirán un beneficio
irrisorio, y los restantes sólo conseguirán compensar su precio de coste. Ello
incita a los dueños de las empresas en cuestión a reducir el valor individual.
La reducción del valor de una mercancía se logra perfeccionando los
instrumentos de producción y elevando la productividad. Para consolidar
sus posiciones en el terreno de la competencia, los capitalistas refuerzan la
explotación de la clase obrera. Aquellos patronos que no consiguen reducir
los gastos de producción de sus mercancías terminan arruinándose.
Por tanto, como resultado de una encarnizada competencia dentro de un
sector, salen triunfantes los dueños de aquellas empresas en que la técnica y
la productividad del trabajo están por encima del nivel medio del sector en
cuestión, y los propietarios de las empresas modestas, rezagadas del nivel
medio, acaban forzosamente en la ruina.
Este proceso de depauperación de las empresas pequeñas y medianas se ha
acelerado en la época actual, en que las empresas gigantes, las alianzas
monopolistas del capitalismo, desempeñan el papel decisivo en la vida
económica. El escritor americano Stein, en su libro El mundo del dólar,
decía que en el período de 1947 a 1950 se hundieron en diversas ramas de
la economía de los Estados Unidos 1.414.300 empresas pequeñas.
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 183.
266
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Analizando las estadísticas, Stein llega a la conclusión de que “tres de cada
diez pequeñas empresas subsisten menos de un año; dos de cada diez no
existen más de dos años, y una o dos de cada diez consiguen vivir más de
cuatro años. Tan sólo una cuarta parte de ellas se las ingenia para
mantenerse seis años o más… Esta enorme mortandad, que no cesa ni
siquiera en los períodos de auge, depende directamente de la existencia de
las corporaciones gigantescas”.
Un sociólogo americano, Kart Mayer, en un informe presentado en 1956 al
Congreso Internacional de Sociólogos que se celebró en Ámsterdam,
anotaba la constante disminución del peso de los patronos independientes
en su país. Según los datos que citó, los llamados “patronos
independientes”, junto con sus familiares aptos para el trabajo, constituían
en 1870 el 40,4 por 100 de la población trabajadora de los Estados Unidos;
en 1910, el 27,1; en 1950, el 14,4 y en 1954, el 13,3 por 100.
A consecuencia de la rivalidad dentro del mismo sector, aumenta en él la
composición del capital. El progreso técnico contribuye a reducir el tiempo
de trabajo socialmente necesario para producir un determinado tipo de
mercancía. Bajo el influjo de la competencia dentro de un sector, y a través
de constantes fluctuaciones, se llega a la nivelación de la cuota de ganancia
en los límites de una misma órbita de la producción.
Marx indica que las diversas cuotas de ganancia pueden igualarse –
primeramente en los límites de una misma esfera de la producción, y
después en diversas esferas- tan sólo a través de constantes fluctuaciones.
Para esclarecer cómo se verifica la nivelación de las cuotas de ganancia
entre los diferentes sectores de la producción, observemos el proceso de la
competencia entre distintos sectores, es decir, la competencia entre
los capitalistas de diversas esferas de la producción.
267
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Si observamos el cuadro 1, descubriremos que los que disfrutan de una
situación más favorable son los capitalistas del primer sector, que obtienen
una cuota de ganancia sobre el capital equivalente al 40 por 100, y los que
se hallan en situación peor son los del quinto sector, donde la cuota es igual
al 5 por 100.
Pero el estímulo de la producción capitalista se encierra en la ganancia, y es
perfectamente comprensible que el capital emigre a aquellos sectores de la
producción donde la cuota de ganancia es alta y huya de aquellos en que es
baja.
En suma, la diferencia de la cuota de ganancia en distintos sectores de la
producción determina que el capital de los sectores donde la ganancia es
baja emigre a los sectores donde es alta.
Supongamos que la cuota de ganancia de un capital invertido en la industria
textil resulta más baja que en la del calzado durante un período
considerable. La producción en la industria textil no se ampliará. Los
capitales disponibles serán invertidos en otras ramas. Y los recursos
acumulados por los propietarios de las empresas textiles se invertirán en la
industria del calzado, por ser más rentable. Los capitales disponibles
siempre tenderán a colocarse en aquellas esferas de la producción donde la
cuota de ganancia es alta.
La emigración de capitales traerá consigo una redistribución espontánea de
los medios de producción y de la mano de obra entre las diversas ramas de
la producción. Los bancos desempeñan un importantísimo papel en la
redistribución de los capitales disponibles entre los distintos sectores.
268
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
¿Cuáles son las consecuencias de esta emigración espontánea de los
capitales?
En aquellas ramas a las que el capital acude se ampliará la reducción y, a la
postre, la oferta de mercancías terminará superando a la demanda.
Y en aquellas ramas de donde los capitales se han retirado decrecerá la
producción y acabará por crearse una situación en la que la oferta será
superada por la demanda.
Ello repercutirá en los precios. En el primero de los dos casos, descenderán
los precios de las mercancías, y disminuirá la ganancia; y, por el
contrario, en el segundo caso subirán los precios y la ganancia aumentará.
En determinados sectores de la producción, los artículos habrán de
venderse a precios inferiores a su valor, mientras que en otras los precios de
venta superarán al valor.
El tránsito del capital de un sector a otro, el afán del capital por escapar de
aquellos sectores de la industria donde la cuota de ganancia es baja y de
acudir a colocarse en aquellos donde existe una alta cuota, trae como
consecuencia que las diferentes cuotas de ganancia terminen
equilibrándose y estableciendo una cuota general, es decir, formando la
denominada cuota media de ganancia. La nivelación de las diversas
cuotas de ganancia para constituir una cuota media (general) transcurre de
manera espontánea, a lo largo del proceso de la competencia entre los
capitalistas.
269
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
“Estas distintas cuotas de ganancia son compensadas entre sí por medio de
la concurrencia para formar una cuota general de ganancia, que representa
la media de todas aquellas cuotas de ganancia distinta. La ganancia que, con
arreglo a esta cuota general, corresponde a un capital de determinada
magnitud, cualquiera que sea su composición orgánica, recibe el nombre
de ganancia media”.1
A la vista de esta definición, volvamos a nuestro ejemplo y prosigamos su
examen en el cuadro II.
Del cuadro expuesto se infiere que si el capital se distribuyera
equitativamente entre todas las ramas de la producción, la composición
orgánica media del capital sería de 4 : 1, y la cuota media de ganancia
equivaldría al 20 por 100.
La cuota media de ganancia corresponde a la cuota de ganancia en los
sectores de composición orgánica media o en las que caracterizan la
composición orgánica del capital social.
La cuota media de ganancia es igual a la relación existente entre la masa
general de plusvalía creada por los obreros asalariados en toda la sociedad
capitalistas y el conjunto del capital social.
CUADRO II
Cuota de Cuota de Cuota
plusvalía, Masa de ganancia, media de
Sectores Capitales c:v
por 100 plusvalía por sector, ganancia,
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 164.
270
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
por 100 por 100
I 60c + 40v 1,5 : 1 100 40 40
II 75c + 25v 3:1 100 25 25
III 80c + 20v 4:1 100 20 20 20
IV 90c + 10v 9:1 100 10 10
V 95c + 5v 19 : 1 100 5 5
Todo el
capital social 400c + 100v 100 100
Condiciones
sociales 80c + 20v 4:1 100 20 20
medias
La masa general de plusvalía creada en toda la sociedad capitalista depende
no sólo de la altura a que se halle la cuota de plusvalía, sino de cómo todo el
capital social se distribuye entre los diversos sectores de la producción.
Cuanto más capital se invierta en un sector de composición orgánica baja,
tanto mayor será la masa general de plusvalía y, por el contrario, cuanto más
capital se invierta en sectores de composición orgánica alta, tanto menor
será la masa general de plusvalía.
Es un proceso muy complejo el de la formación de la cuota media de
ganancia. Sería desacertado pensar que en la vida real, en el proceso de
movimiento del capital, la cuota media (general) es ese promedio ideal que
aparece en nuestros cálculos; que en todas las ramas de la producción existe
absolutamente la misma cuota de ganancia. La cuota media es el promedio
de las diversas cuotas de ganancia. En su afán de alcanzar una cuota más
alta, e impulsados por la competencia, los capitales se retiran de aquellas
esferas donde durante largo tiempo se mantiene un beneficio inferior al
nivel medio, trasplantándose paulatinamente a aquellas esferas en que la
ganancia supera el nivel medio.
271
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Lo mismo pudiera decirse respecto a la plusvalía capitalizada: acude a
aquellos sectores donde la cuota de ganancia está por encima del nivel
medio. Por consiguiente, la cuota media de ganancia existe siempre –según
señala Marx- tan sólo como una tendencia, como un movimiento tendente a
nivelar las diversas cuotas de ganancia.
Esta nivelación de las diversas cuotas de ganancia para formar una cuota
media es tanto más rápida cuanto más móvil es el capital, es decir, cuanto
más diligente se muestra para trasladarse de una esfera de la producción a
otra; y, además, es tanto más rápida cuanto más rápidamente puede ser
transferida la mano de obra de una esfera a otra, de un centro local de
producción a otro. La agilidad del capital necesaria para crear la cuota media
de ganancia presupone un amplio sistema de crédito y completa libertad de
comercio en el interior de la sociedad, es decir, aquellas condiciones que
garantizan a cualquier capital igual posibilidad de acceso a no importa qué
rama de la producción.
En tales condiciones, las diversas cuotas de ganancia pueden nivelarse al
principio dentro de los límites de una esfera industrial, y luego en el ámbito
de las diversas esferas, pero sólo mediante fluctuaciones permanentes. No
hay que olvidar que las leyes económicas del capitalismo actúan
espontáneamente. En el régimen capitalista, la ley general sólo se impone,
como decía Marx, “como una tendencia predominante de un modo muy
complicado y aproximativo, como una media jamás susceptible de ser fijada
entre perpetuas fluctuaciones”.1
Cada capitalista tiende a extraer el mayor beneficio a su capital. El ansia de
lucro, de obtener la máxima cuota de ganancia, impulsa a los capitalistas a
transferir sus capitales. Esta trasplantación, que se verifica en medio de una
encarnizada competencia, acompañada de fluctuaciones espontáneas de los
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 167.
272
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
precios y de las cuotas de ganancia, al margen de la voluntad o de los
deseos subjetivos de los capitalistas aislados, conduce a la nivelación de las
diversas cuotas de ganancia para formar una cuota medio (general). Ese es
el resultado objetivo del proceso de movimiento de los capitales.
En virtud de la formación de la cuota media de ganancia, se verifica una
redistribución de toda la plusvalía creada en la sociedad capitalista entre los
capitalistas según la magnitud de sus capitales. Por un capital igual, sea cual
fuere el sector en que está invertido y su composición orgánica, los
capitalistas perciben un beneficio igual. Sin embargo, no está descartado
que ciertos capitalistas puedan percibir una ganancia superior o inferior al
promedio.
Con la formación de la cuota media de ganancia aparece una diferencia
cuantitativa ente la plusvalía producida en tal o cual sector de la industria y
la ganancia percibida en él por los capitalistas. Sólo de manera casual la
plusvalía coincide con la ganancia obtenida por cualquier capital igual en
cualquier rama de la producción. La discrepancia entre la plusvalía y la
ganancia media encubre y oculta la fuente y la naturaleza de la ganancia.
Esta aparece como un fruto de todo el capital.
En su teoría de la ganancia media, Carlos Marx descubrió el mecanismo de
la distribución de la plusvalía entre los capitalistas proporcionalmente a la
magnitud de su capital e independientemente de la órbita de la producción
en que funcionan estos capitales y de su composición orgánica.
En las actuales condiciones de desarrollo del capitalismo, en toda una serie
de sectores industriales, la automatización de las operaciones ha traído
consigo una gran disminución de la parte correspondiente al trabajo vivo en
273
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
cada unidad o fracción del capital invertido. Se observa no sólo una
disminución relativa, sino una disminución absoluta de la parte del capital
variable en el total del capital en funcionamiento.
Los propietarios de las empresas intensamente automatizadas perciben una
enorme masa de beneficios. Sería incorrecto suponer que toda ganancia
colosal es plusvalía creada por los obreros de esas empresas, de la
productividad y de la intensidad del trabajo que en ellas se realiza.
El manantial de donde procede esta enorme ganancia no es sólo la creciente
masa de plusvalía creada por los obreros que trabajan en estas empresas, ni
tampoco la plusvalía excedente elaborada por ellos, sino también la
plusvalía que se ha creado en otras empresas, en otras ramas de la
industria y en distintos países y que ha sido obtenida por los
propietarios de las empresas automatizadas como consecuencia de su
redistribución entre los capitalistas a lo largo de un proceso de encarnizada
competencia.
En las condiciones creadas por el capital monopolista, se hace más complejo
el proceso de la formación de la cuota media de ganancia. El predominio de
las alianzas monopolistas dificulta la transferencia de capitales y debilita la
tendencia a la nivelación de las diversas cuotas.
Este predominio permite conseguir, en una serie de sectores de la economía
capitalista, un beneficio altísimo, de monopolio.
Pero como el capital monopolista es incapaz de eliminar la competencia,
propia del capitalismo, sino que, por el contrario, hace la competencia más
compleja y más aguda, no puede tampoco eliminar el proceso de
274
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
trasplantación espontánea de capitales ni la tendencia a la nivelación de las
diversas cuotas de ganancia originada por aquel proceso. Lo único que hace
es complicar y agudizar dicho proceso.
4. FORMACIÓN DEL PRECIO DE PRODUCCIÓN. EL PRECIO
DE PRODUCCIÓN Y EL VALOR.
El proceso de formación de la cuota media de ganancia influye en los
precios de las mercancías de la producción capitalista. Si las mercancías
elaboradas en distintas ramas se vendiesen por precios correspondientes a
su valor, capitales iguales producirían beneficios distintos.
En el proceso real del movimiento de los capitales, los precios de las
mercancías se establecen según un nivel que garantiza la obtención de una
ganancia media. Este nivel es el precio de producción, el cual incluye el
precio de coste y la ganancia media.
Forman parte del precio de coste todas las inversiones en mano de obra
(capital variable) y parte de las inversiones en capital constante: la parte o
magnitud en que dicho capital ha sido consumido en el proceso de la
producción de los artículos. Aquella parte del capital constante que se
invierte en materias primas y combustible forma parte, en toda su
integridad, del precio de coste, pero aquella que se ha invertido en
maquinaria o en locales de explotación forma parte del mismo tan sólo
parcialmente, en la medida en que se desgastan estos elementos del capital.
Si tomamos los datos de los cuadros expuestos anteriormente y partimos
del supuesto de que sólo el 50 por 100 del capital constante se incorpora al
275
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
precio de coste (“desgaste de c”), los precios de producción serán los
siguientes:
CUADRO III
Bajo el influjo de la competencia, las mercancías no se venderán por su
valor, sino por los precios de producción, los cuales, en la inmensa mayoría
de los casos, no corresponden al valor de la mercancía, según muestran los
datos del cuadro III; en algunos sectores de la industria, los artículos se
venderán a precios superiores al valor, y en otros sectores, a precios
inferiores al mismo.
En aquellas esferas de la industria donde la composición orgánica del capital
es alta, los precios de producción serán superiores al valor de las
mercancías, y allí donde la composición orgánica del capital sea baja, los
precios de producción quedarán por debajo del valor de las mercancías. El
precio de producción se diferencia del valor tanto por su forma como por su
magnitud.
276
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La fórmula del valor de la mercancía es c + v + m. La fórmula del precio de
producción es c + v + ganancia media. El valor de la mercancía encierra la
plusvalía además de c + v. El precio de producción incluye, aparte el precio
de coste, la ganancia media, que cualitativamente no coincide con la
plusvalía. ¿Cuál es la relación entre el valor y el precio de producción?
En primer lugar, estas dos fórmulas contienen un mismo elemento: el precio
de coste. Y se diferencian en los elementos últimos. La ganancia media es la
plusvalía obtenida en escala de toda la producción capitalista y redistribuida
entre los capitalistas según la magnitud del capital.
Y si la ganancia media y la plusvalía creada en una rama concreta no
coinciden, en la escala de toda la sociedad capitalista, la ganancia media
obtenida será igual al total de la plusvalía creada.
En segundo lugar, aunque en determinados sectores de la industria, y bajo
el peso de la competencia, las mercancías no se vendan por su valor, sino
por el precio de producción, que difiere del valor, en la escala de toda la
sociedad, estas desviaciones de los precios de producción de las mercancías
respecto de su valor se compensan mutuamente. Si examinamos todos los
sectores de la economía social como un conjunto único, el total de los
precios de producción de las mercancías equivale a su valor. Lo demuestran
sin lugar a dudas las cifras que hemos aducido.
En tercer lugar, el precio de coste es parte integrante del precio de
producción; y es también parte del valor. Su magnitud, que es aquella parte
del valor que expresa el consumo del trabajo materializado y el consumo de
una porción de trabajo vivo (retribuido), depende del nivel de la
277
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
productividad del trabajo. Toda modificación del valor repercute en la
magnitud de los precios de producción. La disminución del trabajo
socialmente necesario invertido en la producción de tal o cual mercancía se
refleja en la magnitud del valor y, por consiguiente, en el precio de
producción.
“Como el valor total de las mercancías –escribía Marx- regula la plusvalía
total y ésta, a su vez, la magnitud de la ganancia media y, por tanto, la cuota
general de ganancia –como ley general, es decir, como ley que tiende a
sobreponerse a todas las fluctuaciones-, llegamos a la conclusión de que es
la ley del valor la que regula los precios de producción”.1
Por consiguiente, en las condiciones que crea un régimen capitalista
desarrollado, la ley del valor actúa como ley de los precios de la producción.
El precio de producción representa una forma transfigurada del valor y sólo
puede ser explicado científicamente basándose en los efectos de las leyes
del valor y de la plusvalía.
La formación del precio de producción, la transformación del valor en precio
de producción, constituye un nuevo enmascaramiento de la esencia de las
relaciones capitalistas de producción, ya que en el precio de producción,
formado en virtud de la competencia, se escamotea el hecho innegable de
que su base es el valor. En la teoría de la ganancia media y del precio de
producción, Marx descubrió el vínculo interno existente entre la ganancia
media y la plusvalía, entre el precio de producción y el valor.
Cuando apareció el tercer tomo de El Capital, en el que Marx presentaba
su análisis de la ganancia media y del precio de producción, economistas
1 C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 184.
278
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
burgueses como Boehm Bawerk, Loria y otros trataron de “refutar” el
marxismo levantando un gran alboroto sobre las supuestas contradicciones
entre el primer tomo de El Capital y el tercero. Veían una “contradicción”
en el hecho de que, en el primer tomo de El Capital, Marx afirmaba que
las mercancías se vendían por su valor, mientras que en el tercero
demostraba que se vendían por el precio de producción, el cual no coincidía
con el valor.
Partiendo de aquí, aseguraban que en el tercer tomo había llegado Marx a
conclusiones que rebatían todo lo dicho anteriormente por él, o sea que
derrotaban su teoría del valor y de la plusvalía. Estas tentativas de encontrar
“contradicciones” en El Capital se veían inspiradas por el afán de rechazar
la doctrina revolucionaria de Marx, que demostraba científicamente la
inevitabilidad del hundimiento del régimen capitalista.
El análisis científico de las leyes económicas del desarrollo del modo
capitalista de producción, realizado por Marx en los tres tomos de El
Capital, pone de manifiesto que la “contradicción” entre el primero y el
tercero es un simple infundio de los economistas burgueses. No hay
contradicción alguna entre el valor y el precio de producción ni entre las
leyes correspondientes. La formación de los precios de producción sólo
puede explicarse a base de la ley del valor.
A este respecto, Lenin nos ofrece una admirable característica en su artículo
“Carlos Marx”:
“Por consiguiente, el notorio e incontrovertible hecho de que los precios se
apartan del valor y de que existe una igualdad de ganancia ha sido explicado
perfectamente por Marx sobre la base de la ley del valor, pues el total de los
279
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
valores de todas las mercancías coincide con el total de los precios. Pero la
equiparación del valor (social) a los precios (individuales) no se verifica por
un camino sencillo y directo, sino de una manera muy compleja: es
completamente natural que en una sociedad de productores de mercancías
dispersos, sin otra relación que el mercado, la ley no pueda manifestarse de
otro modo que como una ley media, social, masiva, compensándose
mutuamente las fluctuaciones individuales en tal o cual dirección”.1
La ley del valor es una ley de la producción mercantil. En las circunstancias
que concurrían bajo la producción mercantil simple, cuando la fabricación
de las mercancías corría a cargo del mismo propietario de los medios de
producción y alcanzaba proporciones limitadas y, por otra parte, el
intercambio de los artículos se llevaba a cabo con el fin de obtener el
equivalente del trabajo propio, con un mercado limitado, las fluctuaciones
de los precios de las mercancías respecto del valor no podían ser
considerables ni duraderas. Las mercancías vendíanse por su valor o por un
precio aproximado a su valor.
Una cosa muy distinta es la producción mercantil capitalista: las mercancías
son producidas por obreros asalariados; y el propietario de las mercancías,
el capitalista, organiza la producción y la venta de las mismas con el
propósito de extraer ganancias de su capital.
En la sociedad capitalista desarrollada, la venta de las mercancías, que son
productos del capital, se lleva a cabo en medio de un trasiego espontáneo
del capital, en medio de una competencia encarnizada. Esa es la razón de
que, en la sociedad capitalista desarrollada, la ley del valor se manifieste en
una forma compleja, en la forma de precio de producción.
1 V. I. Lenin. Obras, tomo 21, pág. 50.
280
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La teoría de la ganancia media y del precio de producción muestra cómo va
haciéndose más complejo y acentuado el carácter espontáneo de la ley del
valor en la sociedad capitalista, donde “las mercancías no se cambian
simplemente como mercancías, sino como productos capitales que
reclaman una participación proporcionada a su magnitud en la masa total
de la plusvalía, o participación igual si su magnitud es igual”.10
El proceso de desarrollo y de compilación de la ley del valor, proceso que se
expresa en la transformación del valor de la mercancía en precio de
producción, constituye un resultado del hecho histórico de la conversión de
la producción mercantil simple en producción mercantil capitalista. Es
sabido que la producción mercantil basada en la propiedad privada de los
medios de producción precedió a la producción capitalista.
Por eso, según decía Marx, era “absolutamente correcto considerar los
valores de las mercancías no sólo teóricamente, sino históricamente, como
el prius de los precios de producicón”.11 El proceso histórico de formación
de la ganancia medida y de la conversión del valor en precio de producción
es también tratado por F. Engels en su obra La ley del valor y la cuota
de ganancia.
5. IMPORTANCIA DE LA TEORÍA DE LA GANANCIA MEDIA
PARA LA LUCHA DEL PROLETARIADO.
En virtud de la competencia y de la emigración del capital, tiene lugar una
nivelación de las diversas cuotas de ganancia, formando la cuota media. El
281
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
proceso de su formación es al mismo tiempo el de la redistribución de la
plusvalía en la sociedad capitalista.
10 11
C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 180. Ibídem,
pág. 182.
De este hecho incontrovertible se deducen conclusiones importantes:
Primera. El beneficio obtenido por los capitalistas de diversas ramas de la
producción representa una parte del conjunto de la plusvalía creada por
toda la clase de los obreros asalariados.
Segunda. La magnitud de este beneficio depende del grado de explotación a
que está sometida toda la clase obrera, de la magnitud de la masa general
de plusvalía.
Tercera. Cada capitalista está interesado no sólo en acentuar la explotación
de aquellos obreros que trabajan en su empresa, sino la de toda la clase
obrera, puesto que cuanto más alto sea el grado de explotación, tanto
mayor será la masa general de la plusvalía obtenida por toda la clase
capitalista y, por consiguiente, tanto mayor será la cuota media de ganancia.
La ganancia media expresa no sólo las contradicciones entre los capitalistas
en su pugna por obtener la mayor parte posible de la plusvalía, sino también
el antagonismo entre la clase de los obreros asalariados, como conjunto, y la
clase capitalista.
282
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
“De lo dicho se desprende que cada capitalista de por sí, al igual que la
totalidad de los capitalistas de cada esfera especial de producción, se hallan
interesados, no sólo por simpatía general de clase, sino directamente, por
motivos económicos, en la explotación de la clase obrera en su conjunto por
el capital en bloque y en el grado de esta explotación… La cuota de ganancia
media depende del grado de explotación del trabajo total por el capital
total”.12
Si, por ejemplo, la cuota de plusvalía se elevase de 100 a 200 por 100,
permaneciendo inalterables las restantes condiciones, la cuota media de
ganancia aumentaría del 20 al 40 por 100.
La plusvalía producida mediante la explotación de los obreros asalariados se
la apropia cada capitalista por separado y toda la clase capitalista en su
conjunto. Cada capitalista procura extraer lo
12
Ibídem, pág. 199.
más posible del fondo general de plusvalía. La redistribución de ésta tiene
lugar entre una fuerte competencia de los capitalistas. Pero, pese a las
contradicciones que les separan, les une un interés común, consistente en la
aspiración de que el fondo general de plusvalía sea lo más cuantioso posible
y se vea incrementado sin cesar.
Por ello, pese a que los capitalistas luchan encarnizadamente entre sí y a
que, en la batalla por las ganancias, serían capaces de hundirse los unos a
los otros, tienen un interés común: extraer a los obreros el máximo posible
de plusvalía, aumentar la suma de sus ganancias.
283
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
“Tenemos, pues, aquí la prueba matemáticamente exacta de por qué los
capitalistas, a pesar de las rencillas que les separan en el campo de la
concurrencia, constituyen una verdadera masonería cuando se enfrentan en
conjunto con la colectividad de la clase obrera”.13
En el párrafo transcrito encontramos una explicación del frente único
capitalista contra la clase obrera. La lucha de los trabajadores por más
salario y una jornada más corta amenaza con reducir la masa de plusvalía, lo
cual representaría un golpe no sólo contra el capitalista que tiene
contratados a unos obreros, sino contra toda la clase capitalista. Así se
explica que toda esta clase tenga un interés vital en oponerse a la clase
obrera. No obstante la reñida pugna que sostienen los burgueses entre sí,
cuando se trata de enfrentarse a la clase obrera encuentra siempre un
lenguaje común determinado por el interés económico común.
De donde se sigue que un frente único proletario debe crearse para
contrarrestar la acción del frente único capitalista. La teoría de la ganancia
media contiene una fundamentación científica de la necesidad de constituir
un frente único proletario para combatir a la clase capitalista en general. Por
supuesto, hay una diferencia radical entre la unidad de la clase capitalista y
la unidad de la clase proletaria. La unidad de la clase capitalista se basa en el
común interés por reforzar la explotación de los trabajadores y por
perpetuar
13
C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 200.
el sistema capitalista de producción, que condena a los proletarios a una
situación de esclavos asalariados. Al mismo tiempo, esta “unidad” lleva
aparejada la agudización de la lucha entre los capitalistas por apoderarse de
una parte mayor de las ganancias.
284
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La unidad de intereses de la clase proletaria, determinada por el puesto que
ésta ocupa en la producción social, se consolida en la batalla contra la
burguesía, pues tiene como fin destruir la explotación del hombre por el
hombre y edificar la sociedad comunista.
La más importante tarea de los partidos progresistas de los países
capitalistas consiste en robustecer la unidad, a cuyo fin sus afiliados deben
luchar junto a las masas, actuar siempre donde ellas están, fortalecer sus
vínculos con las masas para llevarlas tras de sí en la lucha por sus intereses
vitales, por la independencia nacional, por la democracia real y la paz.
6. LA TENDENCIA AL DESCENSO DE LA CUOTA DE
GANANCIA Y LA AGUDIZACIÓN DE LAS
CONTRADICCIONES DEL CAPITALISMO.
Una de las leyes económicas del capitalismo, descubierta y fundamentada
por Marx, es la tendencia al descenso de la cuota de ganancia. He aquí las
circunstancias que la determinan:
A medida que progresa la acumulación del capital se eleva su composición
orgánica, la cual se expresa en un crecimiento de la parte constante del
capital más rápido que el de la parte variable. Y como la plusvalía es creada
por el capital variable, al elevarse la composición orgánica del capital ha de
reducirse la cuota de ganancia. En la misma dirección actúa el
amortiguamiento de la circulación del capital. La tendencia de la cuota de
ganancia al descenso representa una ley general del capitalismo.
285
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
Disminución de la cuota de ganancia no significa mengua de la masa de
beneficio, ya que la reducción relativa de la masa del capital variable en
comparación con el constante va acompañada de un aumento absoluto del
volumen del capital variable y ello quiere decir que crece el ejército de los
obreros asalariados, explotados por el capital, y que se incrementa la masa
de plusvalía creada por ellos.
Según cálculos del profesor S. S. Vigodski, la masa de plusvalía (ganancia)
obtenida de 1889 a 1955 en la industria transformativa norteamericana se
elevó en 23 veces. Si tenemos en cuenta que, en el mismo período, la cuota
de plusvalía aumentó en 2,7 veces, el incremento de la plusvalía en nueve
veces fue logrado a expensas del aumento del ejército de obreros
explotados.
De cómo crece realmente la masa de la ganancia podemos juzgar por los
siguientes datos:
AUMENTO DE LAS GANANCIAS DE LOS MONOPOLIOS EN LOS
ESTADOS UNIDOS E INGLATERRA
Estados Unidos Inglaterra (en
(en miles de miles de millones
Año
millones de de libras)
dólares)
1938 3,8 1,0
1954 34,1 3,7
1959 47,0 4,8
286
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La cuota de ganancia es la fuerza motriz de la producción capitalista. En el
capitalismo se produce todo lo que sea para obtener ganancias. El descenso
de la cuota media de ganancia presupone un menor grado de rentabilidad
del capital. De ahí que los capitalistas aprovechen todos los recursos a su
alcance para evitar tal descenso y para elevar la rentabilidad del capital en
funciones. Los recursos en cuestión se encierran en la propia naturaleza del
sistema capitalista de producción, en la índole del proceso de acumulación
de capital, proceso que, aunque determina la disminución de la cuota de
ganancia, engendra y fortalece los factores que contrarrestan la caída de la
cuota de ganancia y que dan a esta ley general el carácter de tendencia.
Entre los factores que frenan el descenso de la cuota de ganancia
observamos los siguientes:
Ante todo, el mayor grado de explotación del trabajo asalariado.
El desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad capitalista se verifica a
base de un aumento de la composición orgánica del capital. De una parte, el
progreso de las fuerzas productivas y la utilización de las nueva técnica
determinan un alza de la composición orgánica del capital y un descenso de
la cuota de ganancia, y al mismo tiempo, el progreso técnico permite elevar
el grado de explotación mediante el incremento de la productividad, la
intensificación del trabajo, la prolongación de la jornada, etc. Así se
garantiza la elevación de la cuota y el aumento de la masa de plusvalía, lo
que contribuye a frenar el descenso de la cuota de ganancia.
Según cálculos de expertos economistas, la cuota de plusvalía aumentó en
los Estados Unidos de 122 por 100 en 1889 hasta 289 por 100 en 1959; en
Inglaterra, desde 200 por 100 en 1937 hasta 300 en 1959, y en Alemania
occidental, desde 350 en 1936 hasta 390 en 1955.
287
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
La elevación del grado de explotación constituye un factor decisivo entre los
que contrarrestan la disminución de la cuota de ganancia. “Este factor –
indicaba Marx- no anula la ley general. Pero sí hace que esta ley actúe más
bien como tendencia, es decir, como una ley cuya vigencia absoluta se ve
contenida, entorpecida y atenuada por causas que la contrarrestan”.14
Otro de los factores que se oponen al descenso de la cuota de ganancia es
la disminución de los salarios hasta un nivel inferior al valor de
la fuerza del trabajo. Con el desarrollo del modo capitalista de
producción, de la acumulación del capital y de su composición orgánica, se
constituye y crece el ejército de reserva de mano de obra. Quiere decirse
que lo característico del régimen capitalista es que la oferta de mano de
obra sobrepase a la demanda, con su consecuencia inmediata de la
disminución de los salarios hasta un nivel inferior al valor de la fuerza de
trabajo.
14
C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 234.
En esta disminución actúan como factores de importancia la discriminación
salarial producto de la distinción de sexo, de nacionalidad y de color.
El descenso del salario por debajo del valor de la mano de obra permite:
En primer lugar, disminuir los gastos de capital variable.
288
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
En segundo lugar, contratar un mayor número de obreros con el volumen de
capital variable anterior, es decir, poner en movimiento una mayor masa de
trabajo vivo, incrementando con ello la masa general de plusvalía.
Y en tercero, modificar la relación entre las partes retribuida y no retribuida
del trabajo, aumentando esta segunda, o sea acrecentando la masa de
plusvalía y, con ello, frenando la disminución de la cuota de ganancia.
Otro factor que contrarresta el descenso de la cuota de ganancia es la
superpoblación relativa.
La superpoblación relativa es un resultado de la acumulación del capital, del
alza de su composición orgánica. El alza de la composición orgánica del
capital determina la disminución de la cuota de ganancia. Pero, al mismo
tiempo, al crear una superpoblación relativa, determina no sólo la
disminución del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo, sino
que, en algunos casos, y en virtud de la existencia de mano de obra barata,
debilita la tendencia al progreso técnico, posibilita la existencia de una serie
de ramas de la producción que se basan en el empleo de esta mano de obra
barata y que, por consiguiente, funcionan con un capital de composición
orgánica baja. Ello amortigua el alza de la composición orgánica de todo el
capital social, frenando, de este modo, el descenso de la cuota media
(general) de ganancia.
La caída de la cuota de ganancia es también contenida por el abaratamiento
de los elementos del capital constante (máquinas, mecanismos,
materias primas). Con la acumulación del capital y con el ascenso de su
composición orgánica mejora el equipamiento técnico del trabajo y crece su
productividad. El aumento de ésta en los sectores que fabrican medios de
289
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
producción abarata estos medios, y su abaratamiento implica una
disminución del valor del capital constante en funciones.
Al mismo tiempo, la disminución del valor de los medios de producción
permite a los capitalistas adquirir y emplear, con la misma suma anterior de
capital constante, una masa mayor de medios de producción, organizar una
producción mayor con más obreros y, por consiguiente, extraer más
plusvalía y elevar la cuota de ganancia.
Entre los factores que contienen el descenso de esta cuota representa un
papel importante el comercio exterior.
El comercio exterior de los países capitalistas industrialmente adelantados
con los países agrarios, económicamente atrasados, y en particular con
aquellos que se encuentran en una situación de dependencia colonial o
semicolonial, permite a las potencias imperialistas realizar en gran escala un
intercambio no equivalencial, es decir, vender artículos industriales a precios
altos, superiores a su valor, y comprar productos de los países
subdesarrollados a precios inferiores al suyo.
La exportación de capitales a las colonias y países dependientes, atrasados
desde el punto de vista económico, garantiza también una alta cuota de
ganancia. Las pérdidas generales de los países subdesarrollados, originadas
por un intercambio no equivalencial en el comercio exterior, alcanza
actualmente de 14 a 16.000 millones de dólares al año. Además, los
monopolios de los países imperialistas arrancan a las naciones
subdesarrolladas una suma de 5.000 millones de dólares anuales en forma
de beneficios de los capitales invertidos en ellas. Por consiguiente, el total
de ingresos que perciben los capitalistas mediante la explotación de los
290
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
países subdesarrollados equivale aproximadamente a 20.000 millones de
dólares al año.
En la cuota de ganancia ejercen, asimismo, poderosa influencia la creación
y el desarrollo de las compañías anónimas.
De tal modo, en el propio proceso de la acumulación del capital aparecen y
actúan simultánea y objetivamente factores que determinan el descenso de
la cuota de ganancia y otros factores que la contrarrestan.
Los factores que se oponen al descenso de la cuota de ganancia no pueden
evitarlo por completo: pueden, tan sólo, frenarlo o amortiguarlo.
“Por donde resulta –decía Marx-, en general, que las misma causas que
producen la baja de la cuota general de ganancia provocan efectos
contrarios que entorpecen, amortiguan y en parte paralizan aquella acción.
No anulan la ley, pero sí atenúan sus efectos… Por eso esta ley sólo actúa
como una tendencia cuyos efectos sólo se manifiestan palmariamente en
determinadas circunstancias y en el transcurso de largos períodos”.15
En la época del capitalismo monopolista, los factores que contrarrestan la
disminución de la cuota de ganancia actúan con vigor redoblado. El
reforzamiento de la acción de estos factores trae como consecuencia que la
cuota de ganancia en algunos países y a lo largo de un período bastante
prolongado, no sólo no descienda, sino que aumente, lo cual suscita una
mayor agudización de las contradicciones del capitalismo.
El fin y el propósito de la producción capitalista consiste en incrementar el
valor invertido, en aumentar ininterrumpidamente el capital. Todo capital se
291
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
pone en movimiento con el único objeto de que, en el proceso de dicho
movimiento, crezca y reporte beneficio.
El afán del capital por garantizar la máxima ganancia engendra la tendencia
a ampliar la producción ilimitadamente. Conforme se acumula el capital, va
concentrándose más y más la producción, se acentúa el progreso científico y
técnico y, en virtud de ello, aumenta la especialización de las diversas ramas
de la producción, se incrementa la productividad del trabajo y se crea más
valor por medio del trabajo altamente calificado.
15
C. Marx, El Capital, ed. cit., tomo III, pág. 238.
Sin embargo, en última instancia todos los actos de los capitalistas
individuales terminan por conducir, en última instancia y en una escala que
abarca a toda la sociedad, al descenso de la cuota media (general) de
ganancia. Al descenso de esta cuota, según las proporciones de los capitales,
unos capitalistas responden perfeccionando los instrumentos de trabajo a
fin de lograr una plusvalía extraordinaria; otros responden reduciendo la
acumulación del capital, cerrando sus empresas y limitando la producción.
Por consiguiente, en las condiciones creadas por el capitalismo, la
producción material se lleva a cabo con el único propósito de incrementar el
capital, pero al mismo tiempo, el capital pone ciertas trabas a la ampliación
de la producción.
Así, pues, de una parte, es propio del capitalismo monopolista de la
actualidad la tendencia al altísimo desarrollo absoluto de las fuerzas
productivas especialmente por medio de las aplicaciones de los progresos
de la ciencia y la tecnología a los procesos productivos y de servicios, y, de
otra, el mismo capital pone límite a este desarrollo, lo que no es más que
una manifestación de que no existe correspondencia de las relaciones
292
Capítulo XVI
La Ganancia Media y el Precio de Producción
sociales de producción con el carácter y grado de desarrollo de las fuerzas
productivas, abriéndose las posibilidades para una nueva época económica.
293
CAPÍTULO XVII
LA ACUMULACIÓN Y EL EJÉRCITO DE RESERVA1
1. La reproducción simple.
Es útil y aún necesario, para fines teóricos, imaginar un sistema capitalista
que marche año tras año por los mismos cauces y sin cambio ninguno. Esto
nos permite abarcar la estructura de las relaciones que prevalecen en el
sistema como un todo, en su forma más clara y simple. Seguir este
procedimiento no implica, sin embargo, pensar que alguna vez haya habido
o pudiera haber un sistema capitalista real que permaneciese inmutable año
tras año. Ciertamente, cuando examinemos el caso en que se supone que
no existe el cambio, se verá que algunos de los elementos más esenciales
del capitalismo, como existe en realidad, han sido deliberadamente
ignorados.
Quesnay, el líder de los Fisiócratas, fue el primer economista que intentó
hacer una presentación sistemática de la estructura de las relaciones
existentes en la producción capitalista. Su famoso Tableau économique
(1758) fue por esta sola razón una piedra miliaria en el desarrollo del
pensamiento económico, y Marx lo llamó “indiscutiblemente la idea más
brillante de que la economía política había sido culpable hasta entonces”.
Marx fue grandemente influido por Quesnay y consideraba su propio plan
para el análisis de la estructura del capitalismo, que en su forma más
elemental llama “Reproducción Simple”, como una versión mejorada del
Tableau.2
1 Tomado de la Acumulación y el Ejército de Reserva, Capítulo V. Sweezy, Paúl.
2 Una carta de Marx a Engels, fechada el 6 de julio de 1863, comienza como sigue:
“Si te resulta posible con este calor, mira el adjunto Tableau économique, con el que
sustituyo la Tabla de Quesnay, y dime qué objeciones tienes que hacerle. Abarca
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
La Reproducción Simple se refiere a un sistema capitalista que conserva
indefinidamente las mismas dimensiones y las mismas proporciones entre
sus diversas partes. Para que se cumplan estas condiciones es necesario que
los capitalistas repongan cada año el capital gastado o usado y empleen
toda su plusvalía en el consumo; y que los obreros gasten todo su salario en
el consumo. Si no se llenaran estos requisitos tendría lugar una acumulación
o bien un agotamiento de la existencia de medios de producción, y esto está
excluido por hipótesis. Podemos ver más fácilmente la razón de estas
afirmaciones si representamos la Reproducción Simple en el lenguaje de
notación introducido en el capítulo anterior.
Supongamos que toda la industria está dividida en dos grandes ramas: en la
I se producen medios de producción y en la II se producen artículos de
consumo en una productora de artículos de consumo para obreros (wage
goods), y otra productora de artículos de lujo.1 Aunque será deseable
trabajar con un plan de dos ramas es más sencillo y enteramente adecuado
a nuestros propósitos actuales.
Hagamos que c1 y c2 sean el capital constante empleado, respectivamente,
en I y II; en forma similar, hagamos que v1 y v2 sean el capital variable, p1 y
p2 la plusvalía, y w1 y w2 el producto, medido en valor, de las dos ramas,
respectivamente.
todo el proceso de la reproducción”. Correspondencia selecta, p. 153. En El Capital
Marx abandonó la forma diagramático del plan que acompañaba a esta carta, pero
las ideas están allí, con la exposición muy ampliada. Véase particularmente el
volumen I, capítulo XXIII, y el volumen II, capítulo XX. Para un examen de la
relación entre el Tableau de Quesnay y los planes de la reproducción de Marx, véase
el apéndice A.
1 La distinción, como la hace Marx, es entre “artículos necesarios para la vida” y
“artículos de lujo”. El Capital II, capítulo XX, sec. 4.
284
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
Tendremos entonces la tabla siguiente, que representa la producción total:
I c 1 + v 1 + p1 = w 1
II c2 + v2 + p2 = w2
Para que se cumplan las condiciones de la Reproducción Simple, el capital
constante usado debe ser igual a la producción total de la rama de bienes de
producción, y el consumo combinado de capitalistas y obreros debe ser
igual a la producción total de la rama de artículos de consumo. Esto significa
que:
c 1 + c 2 = c 1 + v 1 + p1
v1 + p 1 + v 2 + p2 = c 2 + v 2 + p 2
Eliminando c1 de ambos términos de la primera ecuación y v2 + p2 de
ambos términos de la segunda ecuación, se verá que las dos se reducen a la
siguiente ecuación única:
c 2 = v 1 + p1
Esta puede llamarse, entonces, la condición básica de la Reproducción
Simple. Quiere decir sencillamente que el valor del capital constante usado
en la rama de artículos de consumo debe ser igual al valor de las mercancías
consumidas por los obreros y capitalistas dedicados a producir medios de
285
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
producción. Si se satisface esta condición, la escala de la producción no
cambia de un año al siguiente.
Antes de seguir adelante, examinemos el plan de reproducción un poco más
en detalle. Quizá su mayor importancia reside en el hecho de que ofrece un
armazón unificado para analizar las interconexiones de la producción total y
del ingreso, un problema que no fue nunca sistemática o adecuadamente
tratado por los economistas clásicos. La producción se divide en dos amplias
categorías: producción total de medios de producción y producción total de
artículos de consumo. Ambas, tomadas en su conjunto, constituyen la suma
de la oferta social de mercancías. El ingreso, por otra parte, podemos decir
que se divide en tres categorías: el ingreso del capitalista que éste debe
gastar en medios de producción si ha de mantener su posición como
capitalista, el ingreso del capitalista que éste es libre de gastar en el
consumo (plusvalía) y el ingreso del trabajador (salario). Sin embargo,
puesto que hay capitalistas y obreros en las dos grandes ramas de la
producción, quizá sea mejor decir que el ingreso se divide en seis categorías,
tres por cada rama. Tomadas en su conjunto, éstas constituyen la demanda
total de mercancías. Ahora, es obvio que en situación de equilibrio la suma
de la oferta y la suma de la demanda deben balancear, pero lo que no es tan
obvio es la interrelación entre los diversos elementos de las dos sumas que
serán exactamente suficientes para crear tal equilibrio. Es una de las
funciones más importantes del plan de reproducción la de arrojar luz sobre
este problema. Cumpliendo esta función –debe observarse de paso- el plan
de reproducción pone los cimientos para un análisis de las discrepancias
entre la suma de la oferta y la suma de la demanda, que, por supuesto, se
manifiestan en trastornos generales del proceso productivo.
Cada una de las partidas del plan de reproducción tiene un carácter doble
en el sentido de que representa un elemento de demanda y a la vez un
286
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
elemento de oferta. Considérese c1; constituye una parte del valor de la
producción total de los medios de producción y constituye también una
parte de los ingresos de los capitalistas de la sección I derivados de la venta
de medios de producción y normalmente destinados a gastarse en nuevos
medios de producción. Así c1 representa a la vez la oferta y la demanda de
medios de producción. Los cambios requeridos tienen siempre lugar entre
los capitalistas de la sección I; el valor por la cantidad c1 realiza, por así
decirlo, un recorrido circular, partiendo de un extremo de la rama de medios
de producción y dando la vuelta para volver a entrar a la misma rama al
comienzo del período de producción siguiente. La partida que sigue es v1,
que representa aquella parte del valor de la producción total de medios de
producción que reembolsa los salarios; es, de este modo, oferta de medios
de producción. Por otra parte, v1 representa, asimismo, los salarios de los
obreros empelados en producir medios de producción, y en este sentido,
evidentemente, constituye demanda de medios de consumo. No se
equiparan aquí los elementos de la oferta y la demanda. Lo que es válido
para v1, bajo la suposición de la reproducción simple, lo es también para p1,
salvo que aquí se trata de la plusvalía de los capitalistas de la sección I.
Completamos el análisis de la sección I con una oferta de medios de
producción iguales a v1 + p1, no vendidos, y con una demanda de medios de
consumo de la misma magnitud, no satisfecha. Pasemos ahora a la sección
II, o sea la producción de medios de consumo. Una parte de la producción
total de artículos de consumo igual a c2, que representa el valor de los
medios de producción usados en producir artículos de consumo,
corresponde a la demanda de nuevos medios de producción por los
capitalistas de la sección II. Aquí tampoco hay equiparación directa entre
oferta y demanda. Es diferente lo que pasa con v2 y p2; éstos representan
oferta y demanda de artículos de consumo. Como en el caso de c1, los
cambios necesarios pueden tener lugar totalmente dentro de una sección,
esta vez la sección II. La sección II queda así con una oferta “no vendida” de
287
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
artículos de consumo iguales a c2 y una demanda no satisfecha de medios
de producción de la misma magnitud.
Refiriéndose ahora a las relaciones entre las dos ramas advertimos que la I
tiene una oferta de medios de producción y una demanda de medios de
consumo iguales a v1 + p1, y la II tiene una demanda de medios de
producción y una oferta de medios de consumo iguales a c2. Es claro que las
dos ramas pueden, por así decirlo, negociar entre ellas, y siempre que v1 +
p1 sea exactamente igual a c2, su intercambio desembarazará el mercado de
medios de producción y de medios de consumo y establecerá el equilibrio
entre la suma de la oferta y la suma de la demanda.
Este razonamiento nos lleva de nuevo a la condición del equilibrio de la
Reproducción Simple por un método que tiene la ventaja de poner al
desnudo la lógica inherente al plan de reproducción. El plan de
reproducción es en esencia un expediente para mostrar la estructura de las
ofertas y demandas en la economía capitalista, en términos de las clases de
mercancías producidas y de las funciones de quienes perciben los ingresos.
Debe agregarse, sin embargo, que del plan como tal no es posible hacer
ningunas deducciones causales; el plan provee un armazón, no un sustituto,
para la investigación ulterior.
2. Las raíces de la acumulación.
El lector puede haber discurrido que el capitalista que vive en el mundo
imaginario de la Reproducción Simple no muestra las características de un
capitalista que considera que “los valores de uso no deben nunca
considerarse como el fin real del capitalista”, y, sin embargo, hemos
construido ahora un sistema en el cual los capitalistas reciben el mismo
288
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
ingreso año tras año y lo consumen siempre hasta el último dólar.
Evidentemente, en tales circunstancias, los valores de uso tendrían que ser
considerados como el fin que persigue el capitalista.
Es inevitable la conclusión de que la Reproducción Simple implica la
abstracción de lo más esencial en el capitalista, a saber, su interés en
ampliar su capital. Realiza esto convirtiendo una parte –a menudo la mayor-
de su plusvalía en capital adicional. Su capital acrecentado le permite
entonces aprovecharse aún más plusvalía, que a su vez convierte en capital
adicional, y así sucesivamente. Este es el proceso conocido como
acumulación del capital; constituye la fuera motriz del desarrollo capitalista.
El capitalista, como lo observaba Marx, comparte con el avaro la pasión de
la riqueza como tal. Pero lo que en el avaro es una simple idiosincrasia, en el
capitalista es el efecto del mecanismo social del que él es tan sólo una de las
ruedas”. Es de la mayor importancia comprender este punto. La forma de
circulación D-M-D’, en la que el capitalista ocupa la posición clave, es,
objetivamente, un proceso de expansión del valor. Este hecho se refleja en
el fin subjetivo del capitalista. No es de ningún modo una cuestión de
propensiones o instintos humanos innatos; el deseo del capitalista de
aumentar el valor que controla (de acumular capital) proviene de su
posición especial en una forma particular de organización de la producción
social. Un instante de reflexión mostrará que no podría ser de otro modo. El
capitalista es un capitalista y una figura importante en la sociedad sólo por
ser el propietario y representante del capital. Privado de su capital, no sería
nada. Pero el capital tiene una sola cualidad, la de poseer magnitud, y de
aquí se sigue que un capitalista puede distinguirse de otro solamente por la
magnitud del capital que representa. El propietario de una gran cantidad de
capital que representa. El propietario de una gran cantidad de capital ocupa
un puesto más alto en la escala social que el propietario de una cantidad
289
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
pequeña; posición, prestigio y poder se reducen a la vara de medir
cuantitativa de pesos y centavos. El éxito en la sociedad capitalista, por lo
tanto, consiste en aumentar el capital propio. “Acumular –como lo
expresaba Marx- es conquistar el mundo de la riqueza social, acrecentar la
masa de seres humanos explotados por él, y de este modo extender el
predominio directo e indirecto del capitalista”.
Dado el apremio de acumular, un factor adicional apenas menos importante
viene a reforzar los motivos del capitalista. La mayor cantidad de plusvalía y
también, por lo mismo, el mayor poder de acumulación corresponde al
capitalista que emplea los métodos técnicos más avanzados y eficientes; en
consecuencia, el afán de perfeccionamiento es general. Pero los nuevos y
mejores métodos de producción exigen mayores desembolsos de capital y
vuelven anticuados y, por lo tanto, sin valor los medios de producción
existentes. Con las palabras de Marx,
…el desarrollo de la producción capitalista hace necesario
aumentar constantemente la cantidad de capital desembolsado
en una empresa industrial dada, y la competencia hace que
cada capitalista individual sienta las leyes inmanentes de la
producción capitalista como leyes extensas coercitivas. Lo
obliga a acrecentar constantemente su capital a fin de
conservarlo, pero no puede acrecentarlo si no es por medio de
la acumulación progresiva.
Vemos que el análisis marxista relaciona la acumulación de capital con la
forma histórica específica de la producción capitalista. El camino del éxito y
de la elevación social pasa a través de la acumulación, y quien se rehúsa a
participar en la competencia, está en peligro de pederlo todo.
Conforme a este análisis de la acumulación, Marx trazó el esbozo de una
teoría del consumo de los capitalistas:
290
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
En el amanecer histórico de la producción capitalista
–y todo capitalista advenedizo debe pasar personalmente por
esta etapa histórica-- la avaricia y el deseo de hacerse rico son
las pasiones dominantes. Pero el progreso de la producción
capitalista no sólo crea un mundo de deleites; abre en la
especulación y el sistema de crédito mil posibilidades de
enriquecimiento súbito. Cuando se ha alcanzado cierta etapa
de desarrollo, un grado convencional de prodigalidad que es
también una exhibición de riqueza y, por lo mismo, una fuente
de crédito, se convierte en una necesidad de los negocios para
el “infortunado” capitalista. El lujo entra en los gastos de
representación del capital… Aunque, por consiguiente, la
prodigalidad del capitalista no tiene nunca el carácter bona
fide de la prodigalidad del señor feudal dadivoso, sino que, por
el contrario, tienen siempre acechando tras ella la más sórdida
avaricia y el cálculo más ansioso, y, sin embargo, sus gastos
crecen con su acumulación, sin que la una restrinja
necesariamente la otra. Pero junto con este crecimiento se
desarrolla a la vez en su pecho un conflicto fáustico entre la
pasión de acumulación y el deseo de disfrute.1
De este modo, aunque la urgencia de acumular sigue predominando, no
excluye un deseo paralelo, y aun en parte derivado, de aumentar el
consumo.
Es interesante comparar las ideas de Marx sobre los motivos de la
acumulación y el consumo de los capitalistas con las teorías
contemporáneas ortodoxas que ponen el acento en la “abstinencia” y la
“espera”. Según la teoría de la abstinencia, es penoso para el capitalista
“abstenerse” de consumir a efecto de acumular, y, por lo tanto, el interés del
capital debe considerarse como el necesario galardón de tal abstinencia.
1 El Capital, I, pp. 650-51. La idea de que “el lujo entra en los gastos de
representación del capital” contiene una interesante prefiguración de la doctrina del
“consumo conspicuo”, de Thorstein Veblen, como la expone en su Teoría de la clase
ociosa, cap. IV (ed. Fondo de Cultura Económica. México, 1944).
291
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
Contra esto Marx sustenta la opinión de que acumular capital, es decir,
acrecentar la riqueza propia, es un fin positivo y lleva consigo, tanto como el
consumo, ciertos “placeres”. Sería exactamente tan lógico –indica- ver en el
consumo una abstinencia de la acumulación, como lo contrario:
Nunca le ha ocurrido al economista vulgar hacerse la sencilla
reflexión de que toda acción humana debe considerarse como
“abstinencia” de su contraria. Comer es abstinencia de ayunar,
caminar, abstinencia de estarse quieto, trabajar, abstinencia
de estar ocioso, estar ocioso, abstinencia de trabajar, etc. Estos
caballeros harían bien en reflexionar sobre la sentencia de
Spinoza: Determinatio est negatio.
En pocas palabras, los capitalistas quieren a la vez acumular y consumir;
cuando hacen lo uno ello puede considerarse como abstinencia de lo otro;
pero el ver la cuestión de esta manera no explica nada.
Si pasamos a la teoría de la “espera” –Alfred Marshall fue el principal
exponente de esta doctrina-, las cosas no pueden sino empeorar. La idea
aquí es que, finalmente, los capitalistas desean consumir todo lo que
poseen. No lo hacen desde luego porque esperan podrán consumirlo con
interés en el futuro. Ésta es la reductio at absurdum de una adhesión
consecuente con la suposición de que todo proceder económico está
encaminado a satisfacer necesidades de consumo. En tanto que la teoría de
la abstinencia simplemente deja de lado la urgencia del capitalista de
acumular riqueza, la teoría de la espera la niega del todo.
No debe pasarse por alto el hecho de que la teoría de la abstinencia la
presentó por primera vez Nassau W. Senior en la década del 1830, y de que
los economistas anteriores habían dado generalmente por supuesto un
motivo independiente para la acumulación. Así Ricardo escribió una vez a
Malthus: “Considero ilimitados las necesidades y los gastos de la
humanidad. Todos queremos aumentar nuestros goces o nuestro poder. El
292
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
consumo aumenta nuestros goces, la acumulación nuestro
poder, y ambos promueven igualmente la demanda”. Como de
costumbre, Ricardo universaliza un rasgo de la producción capitalista,
aplicándolo a “la humanidad” en general, pero no hay aquí ningún vestigio
del punto de vista de la abstinencia. ¿Cómo podemos explicarnos este
súbito cambio de frente de los economistas? La respuesta parece estar en el
hecho de que la teoría de la abstinencia, así como las teorías de la espera y
de la relación en el tiempo, después de ella, operaban como defensa de la
plusvalía y, por lo tanto, del statu quo. Antes de 1830, más o menos –Marx
indica que la revolución de julio en Francia señala el viraje- el capitalismo,
hablando en general, había sido una fuerza agresiva que atacaba muchos,
aunque ciertamente no todos, de los aspectos del statu quo. Lograda la
victoria, sin embargo, fue necesario pasar del ataque a la defensa. Muchas
de las diferencias entre las doctrinas de los economistas clásicos y las de sus
sucesores, pueden ser comprendidas tan sólo recordando este hecho; no
fue la menor de tales diferencias la señalada por la aparición de la teoría de
la abstinencia.
3. La acumulación y el valor de la fuerza de trabajo:
planteamiento del problema.
Se podría presentar en este punto un plan de reproducción, que Marx llama
Reproducción Ampliada en contraste con la Reproducción Simple,
mostrando la interrelación de las ofertas y las demandas cuando la
acumulación es tomada en cuenta, es decir, cuando los capitalistas no
consumen ya totalmente la plusvalía, sino que ésta se divide en tres partes,
una que consumen los capitalistas, otra que se agrega al capital constante y
una tercera que se suma al capital variable. En este capítulo nos interesa
investigar los efectos de la cantidad acrecentada del capital variable, o lo
que viene a ser lo mismo, la demanda acrecentada de fuerza de trabajo, que
293
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
va implícita en el proceso de acumulación. Para este fin podemos tomar
simplemente las relaciones cuantitativas de oferta y demanda que son
necesarias para mantener el equilibrio de la Reproducción Ampliada, sin
entrar en la estructura formal del plan.
Partimos, pues, del hecho indudable de que la acumulación implica un
aumento en la demanda de fuerza de trabajo. Ahora bien, cuando aumenta
la demanda de una mercancía cualquiera, su precio sube asimismo; y esto
lleva consigo una desviación del precio respecto del valor. Sabemos que en
el caso de una mercancía ordinaria, digamos telas de algodón, esto pondrá
ciertas fuerzas en movimiento para poner nuevamente el precio de acuerdo
con el valor: los manufactureros de telas de algodón obtendrán ganancias
anormalmente altas, otros capitalistas serán inducidos a entrar en esa
industria, crecerá la oferta de telas de algodón y el precio bajará hasta que
sea nuevamente igual al valor, y las ganancias, normales. Habiendo sentado
en esta forma el principio general, nos impresiona en seguida un hecho
notable: la fuerza de trabajo no es una mercancía ordinaria. No
hay capitalista que pueda dedicarse a producir fuerza de trabajo en una
empresa en caso de que suba el precio de ésta; en realidad, no hay ninguna
“industria de fuerza de trabajo” en el sentido en que hay una industria de
telas de algodón.
Sólo en una sociedad esclavista, como el sur de Norteamérica antes de la
Guerra Civil, donde se practicaba la cría de esclavos para obtener ganancias,
se puede hablar propiamente de una industria de fuerza de trabajo.
Mientras estuvimos ocupándonos de la Reproducción Simple, fue posible
suponer que la fuerza de trabajo se vendía en su valor. No había
contradicción ninguna en tal suposición, ya que no hay fuerzas actuando
para producir una desviación entre el precio de la fuerza de trabajo y su
valor. Tan pronto se toma en cuenta la acumulación se eleva la demanda de
294
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
fuerza de trabajo y no es ya lícito suponer la igualdad entre los salarios y el
valor de la fuerza de trabajo. Además, como acabamos de ver, el mecanismo
en que puede confiarse para el restablecimiento de esta identidad en el caso
de todas las mercancías que se producen para obtener ganancias, es ineficaz
en el caso de la fuerza de trabajo. Parece que hay ciertas dificultades para la
aplicación de la ley del valor a la mercancía fuerza de trabajo.*
Esto implica algo más que una sutileza de lenguaje. No es en verdad una
exageración decir que queda a discusión la validez de toda la estructura
teórica de Marx. Para advertir el porqué de esto sólo es necesario recordar
que la plusvalía, que es esencial para la
*
Los marxistas, generalmente, han pasado por alto la dificultad lógica que envuelve el aplicar la ley del
valor a la mercancía fuerza de trabajo. Y es curioso que los críticos de Marx, casi con la misma
unanimidad, hayan olvidado este punto tan importante. Bortkiewcz, en este y otros respectos, es un
caso especial. Él vio claramente la dificultad, como lo muestra el pasaje siguiente: “Someter los
salarios a la ley del valor, como lo hace Marx, es inadmisible, ya que esta ley, hasta donde puede
suponerse, para tener validez descansa en la competencia entre productores, la cual está totalmente
excluida en el caso de la mercancía fuerza de trabajo”.
Wertrechnung und Preisrechnung im Marxschen System”. Archiv für
Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, septiembre de 1907, p. 483. Bortkiewcz, sin embargo,
creía que era posible evitar la dificultad abandonando la idea de que la fuerza de trabajo es una
mercancía como otras y suponiendo simplemente que el salario real es fijo. Al parecer no se le ocurrió
nunca que tal suposición no se justifica ya desde el momento en que se introduce la acumulación.
Oskar Lange, recientemente, ha puesto énfasis en la dificultad que envuelve el aplicar la ley del valor a
la mercancía fuerza de trabajo y ha hecho notar, por primera vez hasta donde yo estoy enterado, las
implicaciones del problema con respecto a la estructura teórica de Marx. “Marxian Economics and
Modern Economic Theory”, Review of Economic Studies, junio de 1935.
existencia del capitalismo, depende de la diferencia que existe entre el valor
de la fuerza de trabajo y el valor de la mercancía que el trabajador
produce. Si no hay fuerzas en acción que conserven los salarios iguales al
valor de la fuerza de trabajo, ¿qué razón hay para suponer la existencia de
esta brecha esencial entre los salarios y el valor del producto? ¿No
podríamos con igual razón suponer que los salarios suben bajo el estímulo
de la acumulación hasta eliminar toda la brecha? Antes de examinar la
respuesta de Marx a estas preguntas será necesario analizar brevemente la
295
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
solución ricardiana del problema de la relación entre los salarios y el valor
de la fuerza de trabajo, ya que en ésta, como en otras cuestiones de teoría
económica, se puede entender mejor a Marx mediante una comparación
con Ricardo.
La teoría cuantitativa del valor y la ganancia, de Ricardo, es muy semejante,
excepto en materia de terminología, a la de Marx. Este paralelismo parece
extenderse a la teoría de los salarios. “El trabajo –dice Ricardo- como todas
las demás cosas que se compran y se venden, y que pueden aumentar o
disminuir en cantidad, tienen su precio natural y su precio de mercado. El
precio natural del trabajo es el precio necesario para que los trabajadores,
uno con otro, puedan subsistir y perpetuar su raza, sin aumento ni
disminución”.1
Por mucho que el precio de mercado del trabajo pueda
desviarse de su precio natural, tiene, como las mercancías, una
tendencia a ajustarse a él.
Es cuando el precio de mercado del trabajo excede su precio
natural cuando la condición del trabajador es más próspera y
feliz, cuando tiene la posibilidad de disponer de una porción
más grande de artículos necesarios y goces de la vida… Sin
embargo, cuando por el estímulo que los salarios altos dan al
crecimiento de la población, el número de trabajadores
aumenta, los salarios bajan de nuevo hasta su precio natural,
y a la verdad, como reacción, caen a veces por debajo de él.
1 Principles of Political Economy, p. 71. Lo que Ricardo llama el “precio natural del
trabajo” equivale al concepto marxista del “valor de la fuerza de trabajo”. Los
clásicos, y Marx en una de sus primeras obras de economía. Wage, Labor and
Capital (1847), no distinguían entre el trabajo y la fuerza de trabajo; más bien
utilizaba la palabra trabajo en ambos sentidos. La confusión era frecuente como
resultado del uso doble de la palabra trabajo.
296
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
Para Ricardo, en pocas palabras, el mecanismo necesario para asegurar que
los salarios permanezcan más o menos al nivel convencional de subsistencia,
reside en una teoría de la población.
Además, la teoría demográfica en que pensaba era evidentemente un caso
especial de la famosa teoría maltusiana, que tan en boga estuvo en
Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX. Así, en el plan clásico la
oferta de todas las mercancías ordinarias es regulada por la competencia
entre capitalistas, en tal forma que se iguala el precio al valor; en el caso de
la oferta de trabajo precisamente la misma función es desempeñada por la
teoría de población. Es en este sentido como la teoría de la población es
parte integrante de la estructura teórica de la economía política clásica.
Marx no escribió mucho acerca de los factores que determinan el volumen
de la población, pero es evidente, por lo menos, que no tenía nada que
hacer con la teoría maltusiana o cualquiera de sus variantes. A la teoría de la
población la llamaba “el dogma de los economistas”, y casi no la
mencionaba, a no ser para menospreciarla. Al Essay on Population, de
Malthus, lo llamó un “libelo sobre la raza humana”, y a su doctrina, “la
fantasía maltusiana de la población”. La gran sensación causada por el
Ensayo no se debió de ningún modo a originalidad o interés científico
(pues ambos faltaban en él totalmente) sino “tan sólo a interés de partido”.
Sería probablemente imposible encontrar en todos los escritos de Marx una
referencia favorable a la doctrina clásica de la población. Evidentemente no
estaba dispuesto a adoptar este método de ajustar la teoría del valor al
carácter único de la mercancía fuerza de trabajo.
4. La solución de Marx: el ejército de reserva del trabajo.
297
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
Marx estaba, por supuesto, bien enterado de la tendencia de los salarios a
subir bajo el impacto de la acumulación de capital.
Las exigencias del capital que se acumula pueden exceder el
aumento de la fuerza de trabajo o del número de trabajadores;
la demanda de trabajadores puede exceder la oferta y, por
consiguiente, los salarios pueden subir. A la verdad, esto debe
ser así finalmente si las condiciones supuestas antes persisten.
Puesto que, si cada año se emplean más trabajadores que en el
anterior, tarde o temprano se llegará a un punto en que las
exigencias de la acumulación empiecen a sobrepasar la oferta
de trabajo acostumbrada y, por lo tanto, tenga lugar una
elevación de salarios.
Estaba completamente seguro, sin embargo, de que tal elevación de salarios
“no puede nunca alcanzar el punto en que amenazase al sistema mismo”.
Tenía que preguntarse, por lo tanto: ¿qué es lo que detiene los salarios, de
tal modo que la plusvalía y la acumulación puedan seguir siendo los rasgos
característicos y esenciales de la producción capitalista? Esta cuestión es el
anverso de la planteada antes - ¿qué es lo que mantiene los salarios iguales
al valor de la fuerza de trabajo? - y, por consiguiente, responder a una es al
mismo tiempo responder a la otra.
La solución de Marx a este problema gira alrededor de su famoso concepto
del “ejército de reserva del trabajo”, o como también lo llamó, la “población
excedente relativa”. El ejército de reserva consiste de obreros desocupados
que, mediante su competencia activa en el mercado de trabajo, ejercen una
presión constante, hacia abajo, en el nivel del salario.
El ejército industrial de reserva durante los períodos de
estancamiento y de prosperidad media, gravita sobre el ejército
activo de trabajo; durante los períodos de sobreproducción y
paroxismo, pone freno a sus pretensiones. La población
excedente relativa es, por lo tanto, el pivote sobre el cual opera
298
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
la ley de la demanda y oferta de trabajo. Ella confina el campo
de acción de esta ley dentro de los límites absolutamente
adecuados a la actividad explotadora y a la dominación del
capital.
El ejército de reserva se recluta principalmente entre aquellos que han sido
desplazados por la maquinaria, “sin que esto tome la forma más ostensible
del despido de trabajadores empleados ya, o la forma menos evidente pero
no menos real de la más difícil absorción de la población trabajadora
adicional por los cauces usuales”. Que Marx consideraba la introducción de
maquinaria para economizar trabajo como una respuesta más o menos
directa de los capitalistas a la tendencia ascendente de los salarios, se ve
con claridad en el pasaje siguiente:
Entre 1849 y 1859, tuvo lugar una elevación de salarios en los
distintos distritos agrícolas ingleses… Éste fue el resultado de
un éxodo inusitado de la población agrícola excedente,
ocasionado por las necesidades de la guerra y el desarrollo
enorme de los ferrocarriles, las fábricas, las minas, etc. En
todas partes los agricultores se lamentaban y el London
Economist, refiriéndose a aquellos salarios de hambre,
parloteaba muy seriamente sobre “un progreso general y
sustancial”. Ahora bien, ¿qué hicieron los agricultores?
¿Esperaron hasta que, como resultado de esa brillante
remuneración, los trabajadores agrícolas se hubieran
multiplicado y aumentado a tal punto que sus salarios
debieran bajar de nuevo, según lo prescribía el talento
económico dogmático? Introdujeron más maquinaria y al
instante hubo otra vez trabajadores excedentes, en una
proporción satisfactoria aun para los agricultores. Había
ahora “más capital” que antes empleado en la agricultura, y
en una forma más productiva. Con ello la demanda de trabajo
cayó, no sólo relativa sino absolutamente.
En lo que concierne a los capitalistas individuales, cada cual da por supuesto
el nivel de los salarios y procura obtener las mayores ventajas posibles. Al
introducir maquinaria, por lo tanto, no hace más que tratar de reducir su
299
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
nómina de pagos. El efecto neto de esta conducta general de los
capitalistas, sin embargo, es el de provocar el desempleo, que a su vez actúa
sobre el nivel del salario mismo. De aquí se sigue que mientras más fuerte
sea la tendencia de los salarios a subir, más fuerte será también la presión
del ejército de reserva para contrarrestarla, y viceversa.
En términos del movimiento del capital social total, la mecanización significa
un alza en la composición orgánica del capital, es decir, un aumento en los
gastos de los capitalistas en maquinaria y materiales, a expensas del trabajo.
Puede significar un descenso absoluto en la demanda de trabajo, o puede
significar simplemente que la demanda de trabajo se retrasa con respecto al
aumento del capital total. En este último caso, si la población crece – no
importa por qué razones- la ampliación continua del ejército de reserva,
digamos como una proporción más o menos constante de la fuerza
trabajadora total, es una posibilidad perfectamente lógica. Marx parece
haber tenido habitualmente algo de este género en consideración; las
suposiciones subyacentes en este caso eran, en verdad, las que se le habrían
ocurrido de un modo natural a cualquiera que escribiese a mediados del
siglo XIX. Pero el principio del ejército de reserva es independiente de
cualquier suposición particular sobre la población; opera igualmente bien
con una población estacionaria y aún con una población declinante. En este
hecho tenemos una de las diferencias decisivas entre Marx y sus
predecesores de la escuela clásica.
En relación con esto, conviene advertir que Marx no fue el primero en
descubrir la posibilidad del desplazamiento del trabajo por la maquinaria, ni
aún el primero en exponer la falsedad de la teoría de la compensación, que
era entonces, como es ahora, tan popular entre los economistas y
publicistas ortodoxos. Un trabajo teórico en extremo importante había sido
realizado ya por Ricardo (entre otros) en el famoso capítulo “Sobre la
300
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
maquinaria” que apareció por la primera vez en la tercera edición de los
Principios. Allí Ricardo establecía con argumentos un poco desmañados,
pero lógicamente inatacables, que la maquinaria que ahorra trabajo “libera”
obreros sin liberar el capital variable necesario para su empleo en otras
partes, y, por lo tanto, su reempleo depende principalmente de la
acumulación adicional. Aunque Ricardo no lo dijo, es consecuente con su
razonamiento el suponer que la tasa de desplazamiento excede la tasa de
reabsorción como resultado de la nueva acumulación. El gran éxito de Marx
fue la integración de este principio en la teoría general de la acumulación
del capital, de tal modo que libera a esta última de la forma fatal
dependencia del dogma maltusiano de la población.
Sería erróneo, por supuesto, suponer que la tasa de la acumulación o bien la
introducción de maquinaria para ahorrar trabajo marche a un paso igual,
como para mantener un delicado equilibrio de los salarios con la plusvalía.
Por el contrario, “con la acumulación y el desarrollo de la productividad del
trabajo que la acompaña, crece también el poder de expansión rápida del
capital”. Un estallido súbito de acumulación de capital puede ser el
resultado de la apertura de un nuevo mercado o de una nueva industria. En
tales casos el ejército de reserva se vacía y desaparece el obstáculo que
frena el alza de los salarios; la plusvalía puede, a la verdad, disminuir
seriamente. “Pero tan pronto esta disminución toca el punto en que el
trabajo excedente que nutre al capital no es suministrado ya en el volumen
normal, se produce una reacción: se capitaliza una parte menor del ingreso,
la acumulación se retrasa y el movimiento de alza de los salarios se detiene”.
Marx describe aquí una de las causas fundamentales de las crisis. Junto a la
eliminación del trabajo por la maquinaria, las crisis y las depresiones toman
su lugar como mecanismo capitalista específico para reconstruir el ejército
de reserva cada vez que éste se ha reducido a proporciones peligrosamente
pequeñas. Aquí sólo necesitamos tomar nota de que a través de su relación
con el ejército de reserva, el problema de las crisis ocupa una posición
central en el sistema teórico de Marx. En tanto que para los teóricos clásicos
301
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
el problema consistía no tanto en explicar las crisis como en explicar su
desaparición, para Marx el capitalismo sin crisis sería, en último análisis,
inconcebible.1
Se puede esclarecer la teoría del ejército de reserva con un sencillo
diagrama. La figura 1 es una representación del proceso industrial. Arriba
está la gran masa de trabajadores en Empleo Industrial. Esta es alimentada
de una parte por la corriente de nuevos trabajadores que consiguen puestos
por la primera vez en la industria capitalista (A), y de la otra, por los
desocupados del Ejército de Reserva que se incorporan a la industria (D).
Abandonan el Empleo Industrial, primero, los trabajadores retirados que
han concluido su carrera productiva (F), y segundo, aquellos que son
desplazados de la industria (C) y, por lo tanto, pasan al Ejército de Reserva.
Para completar el diagrama, se incluyen dos corrientes más, a saber, los
nuevos trabajadores que, no logrando encontrar empleo, se incorporan
inmediatamente al Ejército de Reserva (B); y aquellos que, después de un
período de desocupación, abandonan la busca de puestos de trabajo y se
agregan a la corriente de trabajadores retirados (E).
1 En el caso del fascismo, este principio sufre una modificación considerable. Véase,
adelante, cap. XVIII, secs. 5 y 6.
302
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
En la fase de prosperidad del ciclo económico el empleo industrial crece
mientras el ejército de reserva disminuye.
Una representación diagramático similar de la noción clásica del proceso
industrial sólo necesitaría mostrar el Empleo Industrial con la corriente de
nuevos trabajadores que ingresan y el flujo de trabajadores que se retiran.
El nivel de los salarios, en este cuadro, depende principalmente de la
magnitud de la corriente de nuevos trabajadores, la que a su vez es una
función del crecimiento de la población. En esta forma, si consideramos el
sistema de producción como coextenso del campo de Empleo Industrial, la
noción clásica era en el sentido de que los salarios estaban en fin de cuentas
regulados por factores exteriores al sistema (población).
En la teoría de Marx, sin embargo, el sistema de producción incluye tanto el
Empleo Industrial como el Ejército de Reserva. Sea cual fuera la suposición
que hagamos con respecto a factores exteriores al sistema (población)
queda en pie el hecho de que éste contiene en sí un mecanismo para
303
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
regular el nivel de los salarios y, por lo tanto, para mantener el de las
ganancias.1
Más aún, puesto que todas las corrientes de la figura 1 están concebidas
como flujos permanentes, no hay lugar a una crítica basada en el argumento
de que el desempleo tecnológico es meramente un fenómeno transitorio y,
por lo tanto, no puede ser parte integrante de una teoría del sistema de
producción.
5. La naturaleza del proceso capitalista.
La economía política clásica, que tan firmemente se apoya en la teoría
maltusiana de la población, se inclinó siempre a predecir el fin inminente
del progreso económico. El razonamiento era elevado y convincente en su
simplicidad. La acumulación estimula indirectamente el desarrollo de la
población; el aumento del número de habitantes obliga a recurrir a tierras
inferiores; las cosas necesarias para la vida sólo pueden producirse, por
consiguiente, a un costo sin cesar creciente en términos de horas-hombre.
Esto implica un alza en el valor de la fuerza de trabajo y, en consecuencia, de
los salarios como una proporción del producto total;2 y, por lo mismo,
también, un descenso de la ganancia como una proporción del producto
total. Eventualmente parecía seguro que inclusive la cantidad absoluta de la
ganancia comenzaría a descender. Finalmente, la acumulación por los
capitalistas –la fuerza motriz de todo el proceso- “cesará del todo cuando
sus ganancias sean tan bajas que no representen para ellos una
compensación adecuada por las molestias y los riesgos que necesariamente
1 Con esto no se niega la importancia práctica y teórica de la tasa de crecimiento de
la población. El problema adquiere gran importancia en un nivel de abstracción un
poco más bajo. Véase, adelante, cap. XII, sec. 3, No. 3.
2 Ello no implica, por supuesto, ninguna elevación de la tasa del salario real.
304
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
afrontan empleando su capital en forma productiva”. Este curso inexorable
de la evolución podría ser detenido temporalmente por descubrimientos
técnicos y científicos que hicieran menos costosa la producción de artículos
necesarios. Pero eventualmente debe efectuarse y alcanzar su conclusión
lógica, el estado estacionario. El progreso económico debe ser finalmente
detenido por dos leyes naturales preponderantes e inmutables: la ley de la
población y la ley de los rendimientos decrecientes. John Stuart Mill, a este
respecto, habla en serio de la “imposibilidad de evitar en último término el
estado estacionario – esta irresistible necesidad de que la corriente de la
actividad humana desemboque al fin en un mar al parecer estancado”.
Ésta es una teoría de la evolución económica que se deduce con precisión
lógica de algunas premisas iniciales claramente enunciadas. Como palabra
final de la economía política clásica sobre la tendencia esencial del sistema
capitalista, posee una intrepidez intelectual que, ciertamente, no debe
negarse. Pero hacia el final del siglo XIX, los hechos, minando como termitas
los cimientos de la soberbia mansión, hicieron que todo el edificio se
derrumbara con estrépito. La teoría maltusiana de la población no pudo
sobrevivir al notable descenso en la curva de las tasas de natalidad que
comenzó durante la década del 1870, en los países occidentales más
avanzados. Los economistas, gradualmente y de mala gana, se vieron
obligados a abandonar la teoría de la población y con ella toda la teoría
clásica de la evolución económica.
En aquellas circunstancias, esto era inevitable. Pero los economistas
abandonaron mucho más de lo que era necesario. En vez de buscar una
teoría satisfactoria de la evolución económica para sustituir la teoría clásica
desacreditada, procedieron a excluir las cuestiones de los procesos
evolutivos del campo de la elaboración teórica sistemática. Desde el punto
de vista de la “estática y dinámica” a las que los teóricos dedicaban ahora su
305
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
atención, inclusive el ciclo económico aparecía como un asunto
meteorológico o, en el mejor de los casos, como un producto secundario de
la incapacidad congénita de la mente legislativa para entender los
verdaderos principios del dinero y de la banca.
Tales fueron las tristes consecuencias del colapso de la teoría clásica.
El desarrollo de la teoría económica de Marx, sin embargo, no podía
conducir a tales resultados. Rechazando desde el principio todo tráfico con
el malthusianismo, Marx se protegió contra los perniciosos efectos de su
colapso. Más aún, incluyendo en su estructura teórica el principio del
ejército de reserva en vez de la ley de la población, no sólo rompió
categóricamente con la tradición clásica, sino que puso también la base para
un nuevo y asombrosamente poderoso ataque a los problemas de la
evolución económica.
En tanto que en la teoría clásica los cambios en los métodos de producción
son considerados como dependientes de invenciones y descubrimientos
esencialmente fortuitos, en la teoría de Marx se convierten en condiciones
necesarias para prolongar la existencia de la producción capitalista. Pues es
principalmente por medio de las innovaciones tecnológicas para economizar
trabajo, como se recluta el ejército de reserva, y sólo por la existencia
continua del ejército de reserva pueden sobrevivir la plusvalía y la clase que
ella sostiene. Pero esto no agota la cuestión. No es ni siquiera necesario
aceptar la teoría del materialismo histórico de Marx para convenir en la tesis
de que los cambios en la técnica de la producción ejercen una profunda
influencia en la estructura institucional e ideológica de la sociedad. En el
Manifiesto Comunista, dijo Marx: “La burguesía no puede existir sin
revolucionar constantemente los instrumentos de producción y, por este
medio, las relaciones de producción y, con ellas, todas las relaciones de la
306
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
sociedad”. En El Capital, Marx plantó esta penetrante visión en el suelo de
la teoría económica. De este modo descubrió una de las más importantes
“leyes del movimiento” del capitalismo, cuya exploración era el propósito
expreso de El Capital
No hemos explicado aún, por supuesto, la teoría de la evolución económica
de Marx en todas sus ramificaciones; lo que hemos hecho es proveer la base
de tal teoría, la noción fundamental del proceso capitalista como aquel que,
en principio, implica la acumulación incesante acompañada de cambios en
los métodos de producción. Es desde luego claro que esta noción del
proceso capitalista difiere radicalmente de la que está en la base de la teoría
clásica de la evolución económica. Esta última, en principio, no toma en
cuenta los cambios en los métodos de producción; el desarrollo económico
es considerado exclusivamente en términos de cambios cuantitativos
(graduales) en la población, el capital, los salarios, las ganancias y la renta.
Las relaciones sociales no son afectadas; el resultado final es simplemente
un estado de cosas en el que todas estas tasas de cambio son iguales a cero.
Puesto que la noticia marxista subraya principalmente los cambios que
ocurren en los métodos de producción, implica el cambio cualitativo en la
organización social y en las relaciones sociales, a la vez que el cambio
cuantitativo en las variables económicas como tales. Así se abre el camino
para considerar el “resultado final” como una reconstrucción revolucionaria
de la sociedad, más bien que como un mero estado de reposo.*
*
Es necesario anotar una excepción importante a la por otra parte válida generalización de que los economistas
modernos no hacen ningún intento de incluir los procesos evolutivos en su teorización sistemática. Esa excepción es
J. A. Schumpeter, cuya Teoría del desenvolvimiento económico (1ª. ed. alemana, 1912; trad. inglesa, 1936;
trad. esp. De Fondo de Cultura Económica, 1944) representa, a este respecto, una bien definida desviación de lo
normal.
La teoría de Schumpeter tiene ciertas notables semejanzas con la de Marx. Comienza con una demostración de que
la ganancia y el interés estarían ausentes de la “Corriente Circular”, un concepto que corresponde a la Reproducción
Simple de Marx. Parece probable que Schumpeter llegaría hasta mantener que, aún faltando la acumulación, hay
fuerzas que actúan para eliminar el excedente del ingreso sobre el costo del cual se derivan la ganancia del
empresario y el interés. En otras palabras, en ausencia del cambio, el ingreso se atribuirá totalmente a los factores
307
Capítulo XVII
La Acumulación y el Ejército de Reserva
originales de la producción, las máquinas repondrán exactamente su costo, no dejando excedente para sus
propietarios.
Los empresarios, no obstante, procuran eludir el destino de pobres que les espera en un estado estacionario de la
sociedad, reduciendo los costos descubriendo nuevos mercados, inventando o popularizando nuevos productos y en
general, introduciendo “innovaciones”. Los que tienen éxito disfrutan de una suerte de posición de monopolio
temporal que es la fuente de la ganancia del empresario. Puesto que el capital en dinero provee los medios para
arrancar los recursos de sus cauces acostumbrados de uso y desviarlos por nuevos cauces –y ésta es la esencia de la
innovación- los empresarios están dispuestos a pagar interés para obtener su control. Una vez que ha aparecido el
interés en algún punto del sistema, siendo exclusivamente un fenómeno monetario, se extiende a todo el sistema.
Cualquier fuente particular de ganancia está destinada a ser temporal –suponiendo la falta de barreras permanentes
a la competencia- pero como las innovaciones se suceden unas a otras, la ganancia y el interés como tales nunca
desaparecen del todo. Sin duda que la introducción de innovaciones no tiene lugar lenta y continuamente, sino más
bien en grupos o enjambres. Esta discontinuidad en el proceso de la innovación está en la base del fenómeno
conocido por ciclo económico.
El breve esbozo de la teoría de Schumpeter basta a indicar que para él, como para Marx, los cambios en los métodos
de producción son un rasgo básico del capitalismo y no simples epifenómenos que tocan de manera más o menos
azarosa el proceso económico.
A pesar de ciertas semejanzas obvias entre esta noción y la noción marxista –que Schumpeter mismo reconoce
abiertamente- quedan discrepancias teóricos fundamentales. Por ejemplo, no hay en Schumpeter nada análogo al
Ejército de Reserva, y su forma de considerar la relación capital-trabajo es por completo diferente de la de Marx.
Además, Schumpeter niega expresamente toda intención de pasar de los cambios en los métodos de reproducción a
las “alteraciones de la organización económica, sus costumbres”, etc. (p. 99 n). Por lo tanto, admite que “mi
estructura cubre sólo una pequeña parte de su campo” [de Marx] (p. 100 n).
Vale la pena advertir que en los círculos ortodoxos la teoría del desenvolvimiento económico, de Schumpeter, no ha
disfrutado nunca de la atención que merece y ha sido muy mal entendida y muy tergiversada. Sólo ha logrado
aceptación, en la medida en que la ha logrado, como teoría del ciclo económico más bien que como la base de una
teoría de la evolución capitalista. En último análisis, por consiguiente, el ejemplo de Schumpeter sirve sólo para
subrayar la falta de interés del economista ortodoxo moderno en lo que Marx llamó las “leyes del movimiento” del
capitalismo.
308
CAPÍTULO XVIII
NUESTRO PROYECTO DE NUEVA SOCIEDAD EN AMÉRICA
LATINA1
EL PAPEL REGULADOR DEL ESTADO Y LOS PROBLEMAS
DE
AUTO-REGULACIÓN DEL MERCADO
El desarrollismo latinoamericano de las décadas de los cincuenta y los
sesenta, percibe la función del Estado como una función necesaria.
Considera que el mercado, a pesar de su capacidad auto-reguladora, no es
capaz de asegurar el desarrollo y solucionar los graves problemas
económico-sociales que han aparecido en el continente. Se percibe que el
mercado distorsiona las relaciones sociales y que tiende, en las
circunstancias de América Latina, al estancamiento del crecimiento
económico.
A partir de los años setenta, y con especial fuerza durante los años ochenta,
aparece una siempre más agresiva denuncia del Estado y de su papel
regulador en la sociedad moderna. Si en las décadas de los cincuenta y los
sesenta al Estado se le asigna una función clave en el desarrollo económico
y social de la sociedad, en las décadas de los setenta y los ochenta el Estado
es designado como el gran culpable de los mayores problemas que
aparecen. Cada vez más ocurre una fijación negativa en el Estado. Este
aparece como el gran culpable de todo. Si no hay desarrollo, la culpa la tiene
el Estado. Si hay desempleo, también el Estado tiene la culpa. Si hay
destrucción de la naturaleza, los errores del Estado parecen ser el origen de
ella. Ronald Reagan, en su campaña electoral del año 1980, resumió esta
1 Autor: Franz J. Hinkelammert
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
actitud con la frase: "No tenemos problemas con el Estado, el Estado es el
problema".
Esta fijación en el Estado como culpable de todos los males, no es sino la
otra cara de una fijación contraria, según la cual el mercado soluciona todos
los problemas. Podríamos variar la expresión citada, para mostrar el
significado de esto: No tenemos que solucionar problemas, el mercado es
la solución de todos los problemas. Frente al Estado como el Mal. aparece el
Bien: el mercado es considerado ahora como la institución perfecta, cuya
afirmación es suficiente para no tener problemas.
Esta negación maniquea del Estado revela un profundo estatismo al revés. Si
se quiere definir al estatismo como una actitud que cree encontrar en la
acción del Estado la solución de todos los problemas, en este estatismo al
revés lo vemos simplemente invertido y transformado en el culpable de
todo. El Estado lo sigue siendo todo. De aquí que la negación maniquea no
haya cambiado la actitud profundamente estatista en relación al Estado.
Así apareció el antiestatismo metafísico de las últimas décadas, que es la
otra cara de una afirmación total del mercado. Este antiestatismo domina la
discusión actual sobre el Estado y se ha transformado en un leitmotiv de la
visión del mundo en el presente. Apareció con las teorías neoliberales sobre
la economía y la sociedad, representando hoy una especie de sentido
común de la opinión pública del mundo entero. Se manifiesta incluso en los
países socialistas, y domina la mayoría de las instituciones internacionales
que toman decisiones políticas.
Pero no se trata simplemente de una ideología de la gente. Son los Estados
los que asumen esta ideología antiestatista y la promueven. No se trata de
308
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
un sentido anarquista popular, como ha existido en todos los tiempos, y que
sueña con una sociedad sin dominación, sin dinero y sin Estado, sino de la
definición de una estrategia estatal a nivel de los poderes públicos mismos.
Son los presidentes, los parlamentos, los ejecutivos de las empresas, los
bancos centrales, las entidades internacionales como el FMI y el Banco
Mundial, los portadores de la ideología antiestatista. Aparecen las
dictaduras de Seguridad Nacional en América Latina, que legitiman su
terrorismo de Estado en nombre de esta misma ideología antiestatista.
Aparecen verdaderos totalitarismos que en nombre del mercado total
propagan el desmantelamiento del Estado, y que justifican su terrorismo de
Estado en nombre de la pretendida necesidad de la desaparición o
minimización de éste. La dictadura de Pinochet en Chile fue un sistema
antiestatista de este tipo, sin embargo este elemento antiestatista estuvo
presente igualmente en la dictadura militar argentina y en la uruguaya,
apareció en los años ochenta en Brasil, y actualmente tiene una vigencia
visible en todas las sociedades de América Central.
En ningún caso esta política antiestatista ha disminuido la actividad estatal.
Pero ha reestructurado al Estado. Aumentaron las fuerzas represivas de
éste. Hasta el grado de que el Estado dejó de cumplir con sus funciones
sociales y económicas. En nombre de la ideología del antiestatismo, el
Estado policíaco sustituyó al Estado social. La ideología antiestatista sirve
como pantalla para esconder un aprovechamiento sin límites del Estado, de
parte de los poderes económicos internacionales y nacionales. Se trata de
una tendencia que comenzó con la ola de dictaduras de Seguridad Nacional
de los años setenta en América Latina, y que sigue vigente hoy a pesar de
todas las democratizaciones. A las dictaduras de Seguridad Nacional,
siguieron democracias de Seguridad Nacional.
1. El Estado en América Central.
309
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
En América Latina, la denuncia generalizada del Estado se realiza en un
continente que tiene Estados muy poco desarrollados y con una
institucionalización sumamente precaria. Hay pocos Estados con la
capacidad de una acción racional en todo su territorio, o en partes de este.
Quizás Chile y Uruguay tienen Estados más desarrollados, no obstante, en el
resto del continente el Estado es poco eficaz. Su presencia nacional es, por
un lado, simbólica; por otro lado, descansa en la presencia de sus fuerzas
armadas y represivas, mientras que la vigencia de las leyes del Estado es en
muchas partes completamente efímera.
Si eso vale para América Latina en general, más vale aún para América
Central, posiblemente con la excepción de Costa Rica. En Nicaragua, ha
habido por primera vez un cierto desarrollo estatal durante el gobierno
sandinista, en tanto que en los otros países el Estado es una imposición
desde arriba, efectuada por las fuerzas armadas, y simbolizada por la
bandera, el himno nacional y la Iglesia Católica. La situación, en general,
corresponde a lo que ya en el siglo XIX se describió como Estados, en los
cuales había solamente dos instituciones de vigencia nacional: el ejército y
la Iglesia Católica.
Aunque la posición de la Iglesia Católica se está debilitando rápidamente,
ella sigue siendo la única representante nacional en el plano simbólico, al
lado del ejército en el plano del ejercicio de la fuerza. A pesar de las grandes
diferencias entre algunos países, sobre todo con Costa Rica, esta continúa
siendo la tendencia general. Estos Estados precarios tienen una fuerte
tendencia al autoritarismo, y tradicionalmente han sido dominados por
dictaduras militares. Cuando aparecen periódicamente regímenes de
democracia parlamentaria, se trata de democracias oligárquicas, que en
310
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
cualquier momento pueden ser arrolladas por nuevas dictaduras militares,
apoyadas por estas mismas oligarquías.
La fuerte presencia del ejército en la institucionalidad del Estado en
América Central —y en América Latina en general—, no atestigua la
existencia de Estados fuertes. Es más bien el resultado de una situación, en
la cual el Estado se haya débilmente desarrollado. El Estado no cumple con
las funciones básicas para la sociedad, y suple esta carencia con la existencia
de un aparato represivo exageradamente grande.
Esta es la razón de la fuerte tendencia en América Central, a basar la
legitimidad del orden existente en la presencia del ejército. La incapacidad
de cumplir las funciones del Estado. Obliga a éste a ser un Estado
autoritario. Esta falta de desarrollo del Estado se nota en América Central en
muchas partes, aunque con grandes diferencias entre cada uno de los
países. Los Estados no pueden siquiera formular estrategias económicas o
sociales a largo plazo. Allí donde surgen intentos de formular tales planes de
parte de los ministerios de planificación, no llegan a definir políticas sino
que se limitan a declaraciones de intenciones. Tampoco existen sistemas de
educación que sean capaces de cubrir las necesidades de los países, ni
capacidad de ejecutarlos. Tampoco hay sistemas de salud que pueden cubrir
a la población entera. La economía se desarrolla al azar, y a falta de una
política económica nacional, sigue las pistas de orientación dadas por los
países del centro y las instituciones internacionales dominadas por ellos.
Dada esta ausencia, no es posible tampoco tener una estrategia de
desarrollo científico o técnico. De todo eso se habla constantemente, pero
no hay capacidad política para realizarlo.
Esta falta de desarrollo estatal se percibe muy visiblemente en dos aspectos
importantes. Los ejércitos centroamericanos no son capaces de un
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
reclutamiento militar regular, siendo ellos la institución nacional más
presente en la totalidad de la sociedad. El reclutamiento todavía hoy se hace
por secuestro, excepto en Nicaragua, donde el gobierno sandinista terminó
con este procedimiento. Se recluta a los jóvenes mediante el asalto a los
lugares donde ellos se juntan (salones de baile, cines, carnavales, cursos de
capacitación, etc.). y se los lleva por la fuerza a los cuarteles. Después de
pasados varios días, las familias son informadas. Si tienen influencias
correspondientes, pueden sacar a su hijo. Los otros, vuelven luego de haber
realizado su servicio militar.
El cobro de los impuestos es parecido. No se cobran donde hay ingresos,
sino donde alguien por alguna razón, tiene que sacar la billetera o se le
presenta alguna situación de urgencia. Por ello, la enorme importancia para
los ingresos del Estado del impuesto de compra-venta, de las tasas de
aduana, de la salida del país y de todo upo de diligencias estatales que
sirven para obligar al ciudadano a pagar. Sin embargo, los impuestos
directos son muy pocos. Se cobra a los asalariados, pero son casi
inexistentes para los ingresos altos.
No obstante, incluso en esta situación del cobro de impuestos la evasión es
la regla, no la excepción. Así como los posibles reclutas corren para que el
ejército no los encuentre, los ingresos también corren para que el Estado no
les cobre; y el Estado no es capaz de obligar, de ahí que la evasión no es
perseguida por medio de castigos sensibles. Las leyes del Estado son para
los que no tienen escape, pero de ninguna manera tienen vigencia universal.
Ciertamente, en una situación de este tipo el Estado solamente puede
defender el orden existente por la presencia del ejército, cuya gran
importancia y cuya represión, de nuevo, atestiguan el hecho de un Estado
débil y poco desarrollado, y no de un Estado fuerte.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
El caso de Costa Rica es la excepción, que confirma precisamente esta regla.
Costa Rica es el único país de América Central donde la presencia de los
aparatos represivos es poco notable, y donde hasta ahora ni siquiera existe
un ejército. Sin embargo. Costa Rica es a la vez el país que tiene más
desarrollo estatal en la región. Esto se evidencia en la existencia de un
sistema escolar que cubre todo el país y que ya tiene cierta diversificación, y
de un sistema de salud de carácter parecido. Con la banca nacionalizada se
dispone de un instrumento que permite efectuar una política económica
orientada por una estrategia, cuyo resultado ha sido un desarrollo
económico mucho más equilibrado entre campo y ciudad que en el resto de
la región. Se ha logrado, por tanto, un alto grado de legitimidad del orden
existente, que descansa sobre el consenso. En consecuencia, la nación
puede existir sin ningún ejército relevante que supla una falta de desarrollo
del Estado por un régimen autoritario. Este hecho explica la larga tradición
democrática del país, cuya base ha sido: un desarrollo equilibrado entre
campo y ciudad; el cumplimiento de las funciones básicas del Estado en la
definición de una estrategia económica, de educación y de salud; y una
distribución de los ingresos mucho más moderada que en el resto del área.
En América Central —como en general en América Latina—, los ejércitos
devoran visiblemente a sus países. Consumen destructivamente el
excedente económico, paralizando el desarrollo. El orden existente, que
ellos estabilizan, es un orden sin posibilidad de futuro, pues las oligarquías,
conjuntamente con los ejércitos, destruyen ese futuro. Por eso, si Costa Rica
ha logrado escapar hasta cierto grado de esta tendencia, eso ha ocurrido
porque pudo evitar el surgimiento de un ejército, y canalizar el excedente
económico mediante el desarrollo del Estado hacia las tareas de desarrollo.
Allí donde el Estado ha desarrollado sus funciones ampliamente, los
aparatos represivos tienen un papel más bien subsidiario y no dominante,
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
mientras en los casos de un desarrollo insuficiente del Estado, estos
aparatos se han transformado en el poder dominante del Estado. De eso
resulta la tendencia al Estado autoritario. A falta de un desarrollo suficiente
del Estado, en América Latina como en América Central, la prevalencia de
las dictaduras militares ha asegurado tradicionalmente la continuidad del
orden existente. Sin embargo, en alto grado son los mismos ejércitos que
estabilizan el orden, los que hacen imposible el desarrollo de los países. Al
destruir el excedente económico improductivamente, desvirtúan la
posibilidad de un desarrollo futuro.
Esta tendencia al orden autoritario no se ha dado únicamente en América
Latina. Una tendencia parecida se observa tanto en la historia de Europa
Occidental, como en la de EE.UU. También en estos países el débil desarrollo
del Estado en los siglos XVIII y XIX llevó a Estados autoritarios, aunque en
este caso en forma democrática. Estas democracias fueron democracias
autoritarias, hasta por lo menos la Primera Guerra Mundial. Estabilizaron el
orden existente no por el consenso, sino por la simple imposición de los
grupos que sustentaban este orden. Lo hicieron por medio del voto
clasificado, en el cual los votantes, según sus ingresos, tenían diferente
número de votos. Al no existir el voto universal, los grupos dominantes
tenían automáticamente la mayoría, y se disputaban el gobierno entre ellos.
La esclavitud en EE.UU., y la posterior separación de las razas—una especie
de apartheid— tuvo el mismo efecto. No obstante, en este caso no fueron
los ejércitos los que estabilizaron el orden, sino fuerzas represivas policiales,
lo que hizo más fácil el tránsito a la democracia de voto universal después
de la Primera Guerra Mundial, y es más compatible con el uso del excedente
económico para tareas de desarrollo.
Sin embargo, también en estos países la transición a la democracia del voto
universal impuso la necesidad de establecer un consenso para poder
estabilizar el orden existente. Eso solamente se pudo lograr por el desarrollo
314
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
del Estado, el cual ocurrió paralelamente a esta transición. Por eso, en
EE.UU., que es el país que menos ha logrado desarrollar el Estado, es donde
más lentamente ha progresado el voto universal (de hecho, éste existe
recién desde los años cincuenta de este siglo, como resultado del Civil Rights
Movement), y todavía hoy mantiene mecanismos que aseguran una muy
baja participación en las elecciones (que raras veces alcanza el 50% de los
con derecho al voto). Allí aparecieron, por tanto, las teorías actuales de la
democracia gobernable, dirigida o controlada, que atestiguan el hecho de
que en EE.UU., el precario desarrollo del Estado no logró establecer un
consenso que permita que el voto universal dirija la determinación del
gobierno. Un consenso eficaz no es simplemente psicológico, sino que
consiste en el desarrollo de una sociedad civil amplia, la que sin la
mediación positiva de un Estado desarrollado, no puede surgir.
2. El antiestatismo metafísico frente al desarrollo del
Estado: sociedad civil y Estado.
El antiestatismo metafísico es la respuesta surgida en las décadas de los
setenta y los ochenta, al desarrollo de la sociedad civil y del Estado en las
décadas de los cincuenta y los sesenta. Las décadas de los cincuenta y los
sesenta, son décadas de desarrollo en América Latina. Se trata de un
desarrollo económico, social y político, con miras a establecer un consenso
que apoye la estabilidad del sistema social existente. Para lograr este
consenso se fomenta la industrialización en un marco de planificación
estatal global, desarrollando a la vez el Estado en términos de un Estado
social (leyes laborales, sistema de educación y salud, reforma agraria, etc.).
Este desarrollo estatal estimula un desarrollo de la sociedad civil a nivel de
organizaciones sindicales en la industria y el campo, vecindades,
cooperativas, organizaciones juveniles. Surge entonces una sociedad civil
amplia, con sus exigencias frente al mundo empresarial y frente al Estado.
315
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
La política de industrialización se basa en la substitución de importaciones, y
logra un rápido desarrollo industrial en muchas partes. Sin embargo, cuando
esta política hace crisis y se estanca, aparecen conflictos a nivel de la
sociedad civil, que rápidamente se extienden al campo político. El aumento
tendencial del desempleo y la concentración del ingreso subvierten el
consenso sobre el sistema social a fines de la década de los sesenta, y la
democracia de voto universal produce mayorías que tienden a la ruptura.
Esta crisis se manifiesta en toda América Latina, pero también en los países
del centro donde la rebelión estudiantil de 1968 hace visible una crisis de
legitimidad, que es crisis del consenso. En los países del centro se logra
superar esta crisis, en tanto que en los países latinoamericanos la respuesta
es extrema y lleva a la ruptura con el sistema democrático existente. Se
abandona la política del consenso y se pasa a la imposición violenta del
capitalismo amenazado.
Aparecen las dictaduras de Seguridad Nacional, que ya no son del tipo de las
dictaduras militares tradicionales de América Latina. Estas dictaduras son
ahora altamente ideológicas y hasta metafísicas, frente a dictaduras
tradicionales simplemente continuistas. Las dictaduras de Seguridad
Nacional definen una relación nueva con la sociedad civil y con el Estado a
partir del poder militar, que se apoya en el terrorismo de Estado sistemático.
Estas dictaduras se transforman en portadoras del antiestatismo metafísico
en América Latina, y surgen en los años ochenta también en América
Central (Honduras, Guatemala y El Salvador). Aunque operen muchas veces
con una pantalla democrática, actúan como lo han hecho las dictaduras de
Seguridad Nacional de los setenta en los países de América del Sur.
Apoyadas en el terrorismo de Estado, imponen por la fuerza un sistema
económico que prescinde del consenso de la población.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
En nombre del antiestatismo, estas dictaduras de Seguridad Nacional actúan
en un doble sentido. Por un lado, destruyen la sociedad civil, tal como se ha
configurado en las décadas anteriores. Por eso, destruyen los movimientos
populares en todos sus ámbitos: sindical, cooperativo, vecinal. Destruyen
también la organización social derivada de las reformas agrarias en el
campo. Destruyen igualmente las organizaciones políticas generadas en
vinculación con esta sociedad civil. Por el otro lado, destruyen las
actividades del Estado que han acompañado y mediatizado esta sociedad
civil, o sea la capacidad del Estado de trazar una estrategia económica, así
como los sistemas de salud y educación.
Toda esta destrucción se realiza en nombre del desmantelamiento del
Estado y de la privatización de sus funciones. Una línea de acción
fundamentada poruña verdadera metafísica antiestatista de los aparatos de
represión.
Por supuesto, el Estado ni desaparece ni disminuye. Lo que aparece ahora es
un Estado distinto del anterior. El anterior Estado buscaba el consenso
popular. Por eso desarrolló funciones que promovieron a la vez la sociedad
civil. Este nuevo Estado es un Estado de imposición violenta, que ha
renunciado al consenso de la población para destruir la capacidad de la
sociedad civil de ejercer resistencia u oposición frente a las líneas impuestas
por la política estatal, inspirada en la política del mercado total. Es un Estado
enemigo de la sociedad civil, el cual la reduce a la empresa privada que
actúa conforme a las relaciones del mercado.
El concepto de sociedad civil resultante es muy similar al que se tenía
durante el siglo XIX. El concepto apareció a comienzos de aquél siglo, y se
refería a toda la actividad social no iniciada o influida directamente por el
Estado. Dado el poco desarrollo social de las sociedades europeas en ese
317
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
tiempo, prácticamente la sociedad civil se identificó con el ámbito de
actuación de la empresa privada. Incluso el idioma alemán expresa eso
directamente. Se habla allí de sociedad burguesa: "burgerliche
Gesellschaft". Esta concepción de la sociedad civil correspondía al hecho de
la democracia autoritaria vigente en ese tiempo. Se trataba de una sociedad
civil nítidamente clasista, en la cual sólo la burguesía tenía voz y, por tanto,
era considerada.
Durante el siglo XIX se desarrolla la sociedad civil, y a comienzos del siglo XX
ya no tiene sentido identificarla con la sociedad burguesa. Al lado de las
empresas privadas han surgido un gran número de organizaciones
populares, en especial sindicatos y cooperativas, las cuales se expresan
políticamente en los partidos socialistas que presionan por el voto universal.
La sociedad civil deja de ser el ámbito de una sola clase, toda vez que ahora
aparecen otras clases organizadas. En su seno brota un conflicto, que es
ante todo un conflicto de clases.
Al considerar el Estado burgués este conflicto como legítimo, empieza a
relacionarse con él desarrollando nuevas funciones del Estado, que
posteriormente logran establecer un nuevo consenso, que no elimina este
conflicto, pero que lo canaliza y lo institucionaliza. Donde eso no ocurre,
surgen los primeros Estados burgueses violentos con la pretensión de
suprimir completamente este conflicto. Se trata de los Estados fascistas
surgidos entre las dos guerras mundiales. Después de la II Guerra Mundial,
el Estado burgués de reformas se impone en toda Europa Occidental. Las
funciones del Estado y de la sociedad civil se desarrollan paralelamente, y el
cumplimiento de las funciones del Estado posibilita precisamente el
fomento del desarrollo de la sociedad civil.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
La relación entre los dos se encuentra en la base del consenso democrático
que las sociedades de Europa Occidental produjeron después de la II Guerra
Mundial, y en la base de su democracia electoral con voto universal. Se trata
del tipo de consenso que América Latina intentó realizar en las décadas de
los cincuenta y los sesenta, una línea que todavía la Alianza para el Progreso
persiguió.
La metafísica del antiestatismo aparece en las décadas de los setenta y los
ochenta, cuando la sociedad capitalista rompe este consenso y se vuelve a
estabilizar por la imposición pura y llana de sus relaciones de producción.
Aparentemente hay un retomo a los siglos XVIII y XIX. Efectivamente, los
pensadores de la economía política de ese tiempo, en especial Adam Smith,
ya habían desarrollado las bases teóricas de este antiestatismo, del cual
sacaron como conclusión la exigencia de un Estado mínimo (Estado
Guardián). Se entiende pues la vuelta actual a Adam Smith como clásico del
pensamiento económico, por este regreso a su antiestatismo. Sin embargo,
en la actualidad las mismas tesis del antiestatismo resultan mucho más
extremas de lo que eran en siglos pasados. En el siglo XVIII la sociedad
capitalista se enfrentó con una sociedad feudal del pasado, a la cual
destruyó en nombre de sus consignas antiestatistas. Esta sociedad no tenía
ni fuerza ni esperanza para poder resistir. La nueva sociedad civil todavía no
había nacido. La burguesía era, de hecho, la única clase social organizada, y
no descubrió la necesidad de un desarrollo estatal específico. Restringía el
Estado a la función de aplicar la ley burguesa en su interior, y al ejército para
sus relaciones con el exterior.
En esta situación, el antiestatismo no alcanza tampoco los niveles
metafísicos que se muestran hoy, cuando la sociedad burguesa destruye una
sociedad civil que se ha desarrollado dentro de ella. Cuando las dictaduras
de Seguridad Nacional enfrentan a los movimientos populares para
destruirlos, se enfrentan con organizaciones que surgieron como parte de la
319
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
propia sociedad burguesa. Por eso, la agresividad resulta mayor y las
formulaciones del antiestatismo más metafísicas.
3. Mercado y plan: la constitución del antiestatismo.
Cuando la sociedad civil es reducida a la sociedad burguesa, ella tiende a
identificarse con el mercado. Las relaciones sociales de la sociedad civil se
ven entonces exclusivamente en términos de relaciones mercantiles, y otras
relaciones sociales parecen ser secundarias, e incluso innecesarias. Esta es
la visión de la sociedad civil de la de los siglos XVIII y XIX, que actualmente
retoma en nombre del antiestatismo neoliberal.
Sí esto se piensa hasta el extremo, entonces la sociedad civil identificada
con el mercado se ve enfrentada con un Estado innecesario, que hay que
abolir. Si sobrevive, lo hace en nombre de un Estado mínimo inevitable, que
asegura el derecho de la propiedad privada y el cumplimiento de los
contratos. Se trata de un Estado esencialmente represivo. Otra función no
tiene. Se trata de una visión maniquea de la sociedad, en la cual el mercado
es el único polo legítimo de la acción, mientras que el Estado es algo que
sobra, o que es, en el mejor de los casos, un mal necesario. A eso responde
el principio burgués: tanto mercado como sea posible, tanto Estado como
sea inevitable. Por consiguiente, no hay funciones del Estado fuera de las de
ser un guardián represivo del derecho burgués.
Resulta así la visión liberal del Estado, en la cual éste es esencialmente
represivo, y el ejército y la policía son sus instituciones centrales. No se le
concede al Estado ninguna función positiva. Su única función consiste en
asegurar el funcionamiento del mercado. Luego, la función del Estado es
320
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
esencialmente negativa, porque todo el funcionamiento de la sociedad se
asegura a través del mercado.
Con eso, aparentemente, se elimina la misma política. Al ser el Estado
exclusivamente represivo, y al concentrarse su función exclusivamente en la
imposición de las leyes del mercado, aparentemente la política se disuelve
en técnica. Por supuesto, sigue habiendo política. Pero toda la política s.
esconde ahora detrás de una pantalla, que la hace aparecer como una
simple aplicación de una técnica. El mercado se presenta como una
exigencia científica, y de la ciencia se deriva la técnica de su aplicación.
Esta visión liberal del Estado tiene un trasfondo metafísico, que la teoría
liberal elabora refiriéndose a la fuerza auto-reguladora del mercado.
Portante, es imposible analizar la función del Estado sin analizar la relación
de éste, y de la planificación, con el mercado. El antiestatismo actual, de
hecho, no es más que la sustitución del Estado por la totalización del
mercado. En cuanto el Estado, por supuesto, sobrevive, es transformado en
un aparato represivo que tiene como única función la represión de cualquier
resistencia frente al mercado. El Estado burgués que hoy resulta, es el
Estado policial.
De esto se sigue que tenemos que volver, aunque sea brevemente, sobre la
teoría de la auto-regulación por el mercado, a la cual se remonta este
antiestatismo burgués y su crítica. Como su clásico es Adam Smith, todo
antiestatismo actual comienza con una recuperación de su pensamiento. En
consecuencia, vamos a empezar con la visión de Adam Smith.
4. La armonía de Adam Smith.
321
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Adam Smith describe a la sociedad burguesa por medio de un gran mito
utópico, el mito del mercado. El mercado es para él la gran síntesis humana,
buscada a través de toda la historia, entre el interés propio de cada uno de
los seres humanos y el interés público, o interés general, el interés de todos.
Comportándose el hombre en mercados, su persecución del interés propio
asegura automáticamente el interés común de todos. El mercado es una
estructura maravillosa que exime al hombre de toda responsabilidad por el
resultado concreto de sus actos, porque automáticamente garantiza que
este resultado será directa o indirectamente, de provecho para todos.
Cuanto menos el hombre se preocupe de los otros y de su suerte, más
asegura a los otros sus condiciones humanas de vida. Se constituye así toda
una dialéctica de los contrarios, que ya Mandeville había descrito
anteriormente como: vicios privados, virtudes públicas. Adam Smith da a
esta percepción de Mandeville, su cuerpo teórico.
La irresponsabilidad por el resultado de los actos ya no parece ser
irresponsabilidad, sino verdadera responsabilidad. La dureza, y hasta
brutalidad, en las relaciones humanas ya no parece ser dureza o brutalidad,
sino exactamente lo contrario: la única forma realista de preocupación por
el otro, el realismo del amor al prójimo. Adam Smith describe este milagro
realizado por la estructura del mercado, como la "mano invisible",
verdadera Providencia que guía los actos humanos armónicamente:
Ninguno, por lo general se propone originariamente promover el interés
público, y acaso ni aun conoce cómo lo fomenta cuando no abriga tal
propósito. Cuando prefiere la industria doméstica a la extranjera, sólo
medita su propia seguridad, y cuando dirige la primera de forma que su
producto sea del mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia;
pero en este y en otros muchos casos es conducido, corno por una mano
invisible, a promover un fin que nunca tuvo parte en su intención.
322
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Este es el automatismo: hay un fin, que es el interés general, que se cumple
precisamente porque no se lo tiene como meta. Instalado el automatismo,
el interés de todos se defiende exclusivamente y mejor, defendiendo este
automatismo a ultranza. Por tanto, se ha sustituido la ética en todos los
ámbitos humanos por la instauración de los valores del mercado:
cumplimiento de los contratos y respeto de la propiedad privada. Estos
valores, al institucionalizarse en estructuras de mercado, expulsan a todos
los otros. El interés de todos, y con él el bien común, se transforma en una
simple tecnología que se aplica asegurando la estabilidad de esta estructura.
En la estructura del mercado se descarga toda sensación humana, toda
capacidad de consideración del otro. La estructura del mercado, como
referencia mítica, desata la completa irresponsabilidad, dándole el aspecto
de la única y verdadera responsabilidad.
La ética social es sustituida por una técnica. Para cumplir con lo que las
sociedades anteriores pensaban como ética, la burguesía ahora implanta
una simple técnica: imponer los mercados. Por eso, esta burguesía ya
tampoco hace política. ¿Para qué la política, si hay un medio técnico, que
por su propia inercia, asegura infaliblemente lo que la ética y la política
anteriormente apuntaban ilusoriamente? La burguesía se siente iluminada,
con la fórmula matemática y técnica en las manos, que permite llegar
calculadamente a lo que otros antes de ella querían llegar
ilusoriamente. Los valores de la propiedad privada y del cumplimiento de los
contratos se transforman en esta estructura mágica, que cumple qua
estructura, automáticamente, con todos los sueños de la humanidad. La
destrucción del hombre que la burguesía lleva a cabo, es vista ahora como
verdadera salvación humana. La historia del colonialismo, de la esclavitud
cristiana y liberal —el mayor imperio esclavista de toda la historia humana
—, los fascismos del siglo XX y las dictaduras de la Seguridad Nacional, dan
323
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
cuenta de las consecuencias que esta visión pretendidamente científica de
la sociedad, tiene.
Aparece un egoísmo que moralmente se entiende precisamente como lo
contrario: preocupación realista por la suerte del otro. Por eso, la burguesía
ni siquiera entiende el reproche de egoísmo: para ella, la persecución del
interés propio equivale a la promoción de todos los otros, y sería dañino
preguntar por los efectos concretos que la acción tiene sobre el otro. El
burgués, al perseguir exclusivamente su interés propio, está completamente
convencido que está persiguiendo la salvación del otro. El cree en la
identidad de todos los intereses a través del mercado.
Este cálculo del interés propio se transforma en el pensamiento burgués,
incluso en el distintivo del hombre frente a los animales. Es asunto de
animales el pedir protección, ser tomado en cuenta. El hombre calcula sus
intereses:
Cuando aun animal falta alguna cosa que quiere conseguir de un hombre o
de otro animal, no tiene más remedio de persuasión que granjear con
halagos la gracia de aquel de quien él aprende que ha de recibir lo que
busca. Un cachorro acaricia a su madre, y un perro procura con mil
halagüeños movimientos llamarla atención de su dueño cuando se sienta a
comer, si ve que no le dan el alimento que necesita.
No obstante, el hombre no es un animal. Necesita también a los otros, pero
consigue su colaboración por el cálculo del interés propio. El mito utópico
del mercado, lo defiende en nombre del realismo. Adam Smith prosigue con
las siguientes palabras:
324
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Pero el hombre se halla siempre constituido, según la ordinaria providencia,
en la necesidad de la ayuda de su semejante, suponiendo siempre la del
primer Hacedor, y aun aquella ayuda del hombre en vano la esperaría
siempre de la pura benevolencia de su prójimo, por lo que la conseguirá con
más seguridad interesando en favor suyo el amor propio de los otros, en
cuanto a manifestarles que por utilidad de ellos también les pide lo que
desea obtener.
Cualquiera que en materia de intereses estipula con otro, se propone hacer
esto: "dame tú lo que me hace falta, y yo te daré lo que te falta a ti". Esta es
la inteligencia de semejantes compromisos, y este es el modo de obtener de
otro mayor parte en los buenos oficios de que necesita en el comercio de la
sociedad civil. No de la benevolencia del carnicero, del vinatero, del
panadero, sino de sus mirasol interés propio es de quien esperamos y
debemos esperar nuestro alimento. No imploramos su humanidad, sino
acudimos a su amor propio; nunca les hablamos de nuestras necesidades,
sino de sus ventajas.
Aparece la división social del trabajo como un sistema de cálculos del
interés propio, que no admite ninguna corrección. Hay una convicción
ingenua, de que un mecanismo de este tipo es benevolente simplemente en
cuanto estructura. Ciertamente, nadie duda que en una división social del
trabajo aparezcan, y tienen que aparecer, estos cálculos del interés propio.
Sin embargo, la teoría de la armonía nos llama a no admitir ni una sola
referencia diferente. Todo tiene que reducirse a este cálculo del interés
propio, mientras sólo la ideología del mercado vigila por el interés ajeno.
Uno es servidor del otro, y la ganancia que logra, es la medida cuantitativa
de la eficacia de este servicio. El mercado parece ser un simple ámbito de
servicios, en el cual el interés propio impulsa a cada uno a servir al otro lo
más y lo mejor posible. El mercado es societas perfecta que nunca tiene la
culpa, pero frente a la cual todos son culpables. Sustituye a la Iglesia de la
Edad Media en esta posición.
325
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Sin embargo, esta teoría de la armonía del mercado va acompañada por un
tenebroso realismo. No sostiene que a todos les va bien en los mercados. Al
contrario, vincula el mercado con un silencioso y cotidiano genocidio. Lo
que celebra en cuanto al mercado, es que este es capaz de eliminar a todos
los hombres que no tengan la capacidad o iniciativa para imponerse. En el
mercado sólo sobreviven los más aptos, los otros perecen. El mercado es un
sistema de competencia, en el cual no solamente se decide sobre los
productos y su producción, sino igualmente sobre los productores y su vida.
La armonía no sólo es de la oferta y la demanda de productos, sino
igualmente de los productores. El mercado es un señor sobre la vida y la
muerte:
En una sociedad civil, sólo entre las gentes de inferior clase
del pueblo puede la escasez de alimentos poner límite a la multiplicación de
la especie humana, y esto no puede verificarse de otro modo que
destruyendo aquella escasez una gran parte de los hijos que producen sus
fecundos matrimonios... Así es cómo la escasez de hombres, al modo que
las mercaderías, regula necesariamente la producción de la especie
humana: la aviva cuando va lenta y la contiene cuando se aviva demasiado.
Esta misma demanda de hombres, o solicitud y busca de manos
trabajadoras que hacen falta para el trabajo, es la que regula y determina el
estado de propagación, en el orden civil, en todos los países del mundo...
La armonía de Adam Smith no es armónica para todos. Funciona
únicamente para una clase social. Es clasista y celebra una lucha de clases
desde arriba, que la burguesía lleva a cabo desde el siglo XVIII. Sirviéndose
unos a otros, se elimina a aquellos que no logran hacer un servicio que les
permita vivir. No obstante, su muerte es un logro del interés general y del
bien común, un sacrificio necesario para que el conjunto se desarrolle para
el bien de todos. El individualismo desemboca en un colectivismo cínico sin
326
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
límites. Se trata de una visión del mundo que nos puede explicar
adecuadamente el capitalismo del siglo XVIII y de una gran parte del siglo
XIX. Hay ciertos cambios a partir de fines del siglo XIX, que impregnan el
sistema capitalista hasta los años setenta del siglo XX. En esos años setenta
ocurre otra vez un cambio, y los años ochenta atestiguan la vuelta de un
capitalismo, que de nuevo puede ser interpretado adecuadamente por la
visión del mundo de Adam Smith. Eso precisamente explica por qué hoy
Adam Smith nuevamente es considerado el clásico principal del
pensamiento económico.
Actualmente encontramos la misma visión del mundo que demostramos en
Adam Smith, en autores como, por ejemplo Hayek, quien durante un viaje a
Chile, en uno de los peores momentos de la dictadura de Seguridad
Nacional, dijo:
”Una sociedad libre requiere de ciertas morales que en última
instancia se reducen a la mantención de vidas: no a la
mantención de todas las vidas, porque podría ser necesario
sacrificar vidas individuales para preservar un numero mayor
de otras vidas. Por lo tanto las únicas reglas morales son las
que llevan al "cálculo de vidas": la propiedad y el contrato”.
Tenemos el mismo argumento: el sacrificio de vidas humanas es necesario
en pos del interés general, expresado esta vez por Hayek como preservación
de un número mayor de vidas en el futuro. La expresión es vacía y mítica.
Actuar en favor de los desfavorecidos sólo es recomendable si, al no
hacerlo, peligra la estabilidad del sistema. Así lo expresa Lyotard, en su libro
sobre el pensamiento posmoderno:
327
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
El derecho no viene del sufrimiento, viene de que el tratamiento de éste
hace al sistema más performativo. Las necesidades de los más
desfavorecidos no deben servir en principio de regulador del sistema, pues
al ser ya conocida la manera de satisfacerlas, su satisfacción no puede
mejorar sus actuaciones, sino solamente dificultar (aumentar) sus gastos.
La única contraindicación es que la no-satisfacción puede desestabilizar el
conjunto. Es contrario a la fuerza regularse de acuerdo a la debilidad.
Se trataría en este caso no de reformas sociales, sino de reformas anti-
subversivas. La guerra psicológica se encarga de producir una situación en la
cual la no-satisfacción de las necesidades» deje de desestabilizar al
conjunto. En este caso no hay ninguna contra-indicación. Es el caso de Adam
Smith, en el cual el mercado regula el número de seres humanos vivientes,
condenando a muerte a los sobrantes. Visiblemente, se trata de una visión
del mundo en la cual no existen siquiera derechos humanos. La igualdad de
los hombres, es el derecho de todos por igual de matar al otro. Lo que se le
impone al hombre, exclusivamente, es hacerlo dentro de las reglas del
mercado.
5. La crítica de Marx: el mercado como sistema
autoregulado.
La crítica de Marx a Adam Smith, sin embargo, no se limita a la afirmación
de los derechos humanos frente a tal sistema de automatismo estructural.
Marx asume el mismo método científico de Smith, para llevarlo a
consecuencias que éste no previo. Por eso, Marx acepta que el mercado sea
un sistema auto-regulado, que produce exactamente el tipo de armonía que
Smith le imputa. Pero, Marx busca las explicaciones y las razones. Describe
este tipo de auto-regulación por una característica central:
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
”En la división de trabajo del taller, la cantidad proporcional que
primero da la práctica y luego la reflexión, gobierna a priori,
como una regla, la masa de obreros asignada a cada función
específica. En la división social del trabajo, sólo actúa a
posteriori, como necesidad fatal, oculta, muda, perceptible nada
más que en las variaciones barométricas de los precios de
mercado, que se impone y domina por medio de catástrofes el
capricho arbitrario de los productores de mercancías”.
Según Marx, el equilibrio resultante es un "equilibrio por el desequilibrio",
un equilibrio que se produce únicamente por reacciones de los actores a
desequilibrios del mercado. Es un equilibrio que presupone la existencia de
desequilibrios, y jamás los puede eliminar. Esta es la razón de que el proceso
de producción sea un "martirio del productor". El mercado no puede dejar
de producir este martirio, porque sin él no podría producir el equilibrio de la
armonía de Adam Smith.
Marx denuncia, por ende, al mercado como un automatismo mortal para
una clase productora que está continuamente amenazada por la muerte.
Una muerte que, para una parte de los productores, constantemente se
produce de manera efectiva.
Esta muerte es una condición de la eficacia del mercado. Marx la ve no sólo
como muerte efectiva de personas, sino que extiende la problemática. El
mercado, al escogerá los muertos, subvierte las propias fuentes de la
productividad, sobre la cual se fundamenta su eficacia. Este efecto del
mercado lleva a subvertirlo con un efecto no-intencional de la acción de sus
participantes. Al producir mucho, y cada vez más, socava las bases propias
de su productividad: el hombre y la naturaleza:
329
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
”En la agricultura, lo mismo que en la manufactura, la
transformación capitalista de la producción parece no ser otra
cosa que el martirologio del productor; el medio de trabajo,
apenas la forma de domar, explotar y empobrecer al trabajador;
la combinación social del trabajo, la opresión organizada de su
vitalidad, su libertad y su independencia individuales. La
dispersión de los trabajadores agrícolas en superficies más
extensas quiebra su fuerza de resistencia, en tanto que la
concentración aumenta la de los obreros urbanos. En la
agricultura moderna, al igual que en la industria de las
ciudades, el crecimiento de la productividad y el rendimiento
superior del trabajo se adquieren al precio de la destrucción y la
aniquilación de la fuerza de trabajo. Además, cada progreso de
la agricultura capitalista es un progreso, no sólo en el arte de
explotar al trabajador, sino también en el de despojar el suelo.
Cada progreso en el arte de acentuar su fertilidad durante un
tiempo, un progreso en la ruina de sus recursos duraderos de
fertilidad. Cuanto más se desarrolla un país, por ejemplo
Estados Unidos, sobre la base de la gran industria, más rapidez
presenta el desarrollo de ese proceso de destrucción. Por
consiguiente, la producción capitalista sólo desarrolla la técnica
y la combinación del proceso social al mismo tiempo que agota
las dos fuentes de las cuales brota riqueza: la tierra y el
trabajador”.
Marx descubre detrás de la producción de bienes en el mercado, con su alta
eficacia, un proceso destructivo que lo acompaña, sin ser un producto de la
intención de los actores del mercado. Estos, al pretender una productividad
siempre mayor, logran su alta eficacia a costo de una destrucción que socava
al mismo proceso productivo. Al producir una riqueza siempre mayor, las
fuentes de la producción de esa riqueza son destruidas.
Adam Smith ya había visto el proceso de destrucción del hombre, cuando
explicaba que la oferta y la demanda deciden sobre la cantidad de hombres
330
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
que pueden sobrevivir. Pero Smith no lo enfoca en su destructividad, sino
solamente como fermento de la productividad de la economía capitalista.
Tampoco da cuenta del hecho de que un proceso de destrucción parecido se
lleva a cabo con la naturaleza. También la sobrevivencia de la naturaleza, es
algo que es decidido por la oferta y la demanda. Recién Marx lo introduce
en su análisis, aunque todavía ni de lejos le da la importancia que hoy, en el
siglo XX, ha llegado a tener.
De esta manera, Marx replantea la tesis del automatismo del mercado que
Adam Smith había formulado. También Marx ve el mercado como un
automatismo que permite una productividad nunca vista antes en la
historia humana, y como un sistema auto-regulador que crea un orden
por el desorden, un equilibrio por el desequilibrio. Orden y equilibrio son
productos de una reacción constante en contra del desorden y el
desequilibrio, que constantemente se reproducen en el mercado. No
obstante. Marx descubre que los efectos de este automatismo socavan,
también automáticamente, las fuentes de la riqueza de las cuales depende.
El automatismo del mercado, según Marx, es por tanto una gran máquina
autodestructora a largo plazo. Cuanta más riqueza crea, más destruye las
fuentes de ésta: el hombre y la naturaleza.
Casi todo esto es una simple ampliación del punto de vista elaborado por
Adam Smith, si bien ahora dentro de un marco teórico más elaborado y
sofisticado. Sin embargo, Marx ha añadido un elemento nuevo, que Smith ni
sospechó. Se trata de su tesis de un aumento acumulativo de la
destructividad del capitalismo, que tendencialmente lleva a la catástrofe del
sistema entero. No solamente analiza la destructividad del mercado en
relación a su productividad, sino que llega al resultado de que esta
destructividad aumenta más rápidamente que la propia productividad. El
sistema se transforma en un peligro para la misma sobrevivencia de la
humanidad.
331
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Marx formula esta tesis en sus leyes de tendencias, entre las cuales destaca
la ley de la pauperización. Sostiene allí que por el hecho de que el mercado
fragmenta todas las decisiones económicas, crea desequilibrios que
desembocan en una pauperización de la población integrante del sistema
capitalista, que tiene una tendencia automática a extenderse y a
profundizarse. Al destruir a los hombres, expulsándolos de la división social
del trabajo, desemboca en una tendencia creciente y constante a la
destrucción. Por consiguiente, Marx sostiene frente a Smith que el
sistema autoregulado del mercado, no tiene estabilidad a largo plazo.
Así pues, mientras Smith considera la muerte de los expulsados y sobrantes
como el aceite de la máquina del mercado, Marx la considera como una
destructividad de éste, que se transforma en el origen de su socavamiento.
Ambos parten del mismo fenómeno empírico de los sacrificios humanos
realizados en el altar del mercado, cuya fertilidad sacrificial consiste en la
alta eficacia de la producción mercantil. Únicamente que Smith los
interpreta como la razón de una armonía social estable. De hecho, se
inscribe en una sacrificialidad arcaica, y sus argumentos no son más que
secularizaciones de los sacrificios humanos cometidos por la sociedad
arcaica. Al enfrentarse críticamente a eso, Marx llama al capital un moloc,
uno de los dioses antiguos que recibió sacrificios humanos. Marx, sin
embargo, no solamente condena estos sacrificios humanos de la sociedad
burguesa, sino que analiza sus efectos empíricos. Como resultado sostiene
que su consecuencia es la autodestrucción de la sociedad burguesa
por efectos no-intencionales de la acción humana, guiada
exclusivamente por criterios de mercado, un resultado que es producto del
propio automatismo del mercado.
Luego, Marx no niega que exista un automatismo del mercado ni que éste
sea un sistema auto-regulado. En este sentido, acepta los argumentos de
332
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Adam Smith. Sólo que añade un elemento que cambia completamente el
significado de este automatismo. Se trata de la destructividad acumulativa,
que, como resultado, pone en peligro el mercado mismo. Por sus análisis
hace ver que se trata de una destructividad auto-destructora, y no como
cree Adam Smith, de una simple destrucción de otros que no repercute
sobre el mercado mismo. Por tanto, Marx dirá que esta destructividad, que
ya Smith imputa al mercado, es, en contra de la opinión de éste, destructiva
para el mercado mismo. Según Marx, el mercado es un automatismo que
automáticamente se socava a sí mismo, y con él a la humanidad entera, al
destruir las fuentes de las riquezas en cuya producción está empeñado.
En el tiempo en el cual Marx desarrolla su análisis, interpreta
adecuadamente lo que los pueblos europeos están viviendo. Viven la
destructividad antihumana de la sociedad burguesa. No obstante, ya hacia
el fin de la vida de Marx ocurren cambios, los cuales parecen relativizar o
refutar los análisis de Marx. Estos cambios ocurren en la propia sociedad
burguesa. Por un lado, la crueldad desnuda del pensamiento de Smith choca
con corrientes humanistas burguesas, que empiezan a oponerse a la
aceptación de estas consecuencias del mercado por las sociedades
europeas. Por otro lado, el impacto de los movimientos socialistas obliga a
la burguesía a aceptar reformas económicas y sociales para amortiguar
estos efectos. Aparece el reformismo de la sociedad burguesa y la
reformulación de la teoría económica en su forma neoclásica. En esta teoría
se inspira el reformismo burgués.
Ella sustituye la armonía sacrificial de Adam Smith por una imaginación del
mercado en términos de un equilibrio perfecto. Surge pues la teoría de la
competencia perfecta, que describe a un mercado que sea capaz de integrar
a todos sus actores en un intercambio de iguales. Ya no se quiere recordar la
armonía de Smith. En la visión de estos teóricos neoclásicos. Smith no es
nada más que un precursor del pensamiento económico, no su fundador.
333
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Fundadores del pensamiento económico moderno se consideran ellos, que
sostienen haber transformado la teoría económica en ciencia.
Esta teoría de la competencia perfecta —o teoría general del equilibrio— es
una construcción abstracta, que tiene pocos antecedentes en la teoría
económica anterior. Sin embargo, uno de sus antecedentes es el modelo de
Robinson, tal como fue utilizado por el pensamiento económico desde el
siglo XVIII. Solamente que el modelo del equilibrio ya no se refiere a una
sola persona en relación a su trabajo con la naturaleza, sino que es una
especie de "Robinson social", una sociedad en la cual todos los hombres,
como participantes del mercado, actúan con una transparencia perfecta tal,
que el mercado permite en cada momento un equilibrio de todos sus
componentes. Hablando con palabras de Marx, se trata de la construcción
de un mercado con una "coordinación a priori” de la división social del
trabajo.
Para poder derivar este modelo de la competencia perfecta, se le introducen
ciertos supuestos teóricos. El principal, es el supuesto de un conocimiento
perfecto de parte de todos los participantes en el mercado. En
consecuencia, se dice: supuesto que todos ellos tengan un conocimiento
perfecto de todos los hechos que ocurren en el mercado, sus decisiones de
consumo y producción llevarán la economía a un equilibrio, en el cual toda
decisión es optimal y ningún productor es expulsado.
Así, aparentemente, se ha concebido un equilibrio del mercado
completamente humano, en el cual el mercado funciona sin exigir sacrificios
humanos. El reformismo de la sociedad burguesa se inspira en esta imagen
abstracta como su utopía, a la cual se quiere aproximar. Es la contraparte de
la utopía de Marx, que también concibe una "coordinación a prior” de la
división social del trabajo, elaborando en esta línea su imagen igualmente
334
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
abstracta del comunismo, como una "asociación de productores libres", al
cual se trata de aproximar.
De esta utopía de la competencia perfecta, el reformismo burgués deriva las
condiciones de la aproximación. Supone que la economía de mercado se
aproximará tanto más a esta su utopía, cuanto más asegure una
competencia efectiva, acompañándola por reformas sociales que empujen
la integración de todos en el sistema de la división social de trabajo:
reconocimiento de los sindicatos obreros, seguro social, y, a partir de
Keynes, política de pleno empleo. Después de la Segunda Guerra Mundial,
se incluye la política de desarrollo para los países subdesarrollados. Pero
todo eso se entiende como una política de aproximación al equilibrio del
mercado, sin dudar jamás de que las metas se pueden conseguir dentro de
los límites que el funcionamiento de mercados libres impone. Aparece así,
con el reformismo de la sociedad burguesa, el intervencionismo estatal, el
cual se autointerpreta como una actividad necesaria para que el mercado
pueda encontrar sus metas, descritas por la utopía de la competencia
perfecta. Se habla del Estado de bienestar.
La sociedad burguesa cree haber refutado la crítica del capitalismo que
Marx había hecho. Pareciera que ya no hay una pauperización creciente,
sino más bien un bienestar compartido que se extiende a regiones del
mundo cada vez mayores. Es la situación de los años cincuenta y sesenta del
siglo XX. El mercado pareciera ser un medio de compartir las riquezas. La
tesis de Marx sobre el carácter autodestructor del mercado, ya no convence.
Pero, igualmente Adam Smith pierde actualidad. El equilibrio del mercado
parece haber vencido sobre su armonía sacrificial.
Eso repercute decisivamente en el pensamiento marxista posterior a Marx,
y en las sociedades socialistas. Es tas dejan de fundar su actuación sobre la
335
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
crítica del capitalismo que Marx había hecho. Interpretan la planificación
económica siempre como algo superior al mercado, si bien apunta en la
misma dirección en la que el mercado empuja. En la antigua Unión Soviética
se hablaba de "alcanzar y superar a EE.UU.". El mercado capitalista da las
pautas que orientan a las propias sociedades socialistas. Capitalismo y
socialismo tienen la misma meta, y cada cual trata de llegar con métodos
distintos. No se contraponen destructividad catastrófica del mercado y
sociedad alternativa que ponga en equilibrio a la humanidad consigo misma
y con la naturaleza, sino mercado y planificación.
Sin embargo, cuando el mercado da las metas por alcanzar, también el
mercado es el mejor, e incluso el único, camino para alcanzarlas. Si se quiere
alcanzar a EE.UU., hay que hacerlo con los métodos que usa EE.UU. Por ello,
los países socialistas entran en una crisis de la que difícilmente se
recuperarán.
No obstante, cuando la sociedad burguesa reformista llega a su cúspide, a
fines de los años sesenta, su imagen de sociedad sin sacrificios humanos —
capitalismo con rostro humano— empieza a derrumbarse. Varias crisis
anuncian los problemas.
En los países del centro aparece un desempleo, frente al cual la política
keynesiana de pleno empleo resulta ineficaz. Se habla ahora de stagflación.
Aunque el presupuesto público ejecute una política de gastos, no se mejora
la situación del empleo, sino que sólo se refuerza el proceso inflacionario.
Stagnación (estancamiento) se junta con inflación: por eso se habla de
stagflación.
336
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Al mismo tiempo ocurre que la política de desarrollo que se había seguido
en América Latina y en otros países del Tercer Mundo, entra en un proceso
de stagnación. Aun cuando se mantengan tasas de crecimiento positivas,
aumenta la parte de la población sin empleo. Toda la industria se convierte
en un gran enclave. La crisis del desarrollo se hace visible con la deuda
externa del Tercer Mundo. Si bien la deuda no es la causa de la crisis, sus
efectos ahora la perpetúan.
Paralelamente se manifiesta una crisis, que pocos habían previsto
unas décadas atrás. Se trata de la crisis del ambiente, que ahora
empieza a amenazar la propia sobrevivencia de la humanidad
entera. La tecnología y su uso mercantil resulta destructora de la
naturaleza, cuya sobrevivencia es condición para la sobrevivencia
humana.
Sin embargo, se trata de crisis a las cuales no corresponde una crisis del
capital y del mercado. Los negocios van bien, la tasa de ganancia está
subiendo. El carácter de la crisis ha cambiado en relación a las crisis cíclicas
del siglo XIX. En él, el incremento de las tasas de ganancia coincidía con el
aumento del empleo, y la crisis de esa tasa y su baja, correspondía a una
baja del desempleo. El desempleo, y con él la pauperización, eran cíclicos.
Actualmente no ocurre eso. El desempleo y la pauperización suben, no
obstante, la dinámica del mundo de los negocios y de la tasa de ganancia,
crece también. Desde el punto de vista del capital, no existe ninguna crisis.
La crisis es de los circuitos de reproducción de la vida humana y de la
naturaleza. Las tasas de ganancia suben, ellas no indican la crisis. La
industria mundial se ha transformado en una isla —o en un archipiélago—,
en una especie de enclave que se desarrolla tanto mejor, cuanto peor le va a
los otros. La destrucción de los hombres y de la naturaleza coincide con
altas ganancias. Hoy es mucho más visible el hecho de que las tasas de
ganancia suben, en el grado en que el futuro de la humanidad es destruido.
337
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Destruir la naturaleza, destruir el desarrollo del Tercer Mundo, produce
ganancias más altas que cuidarlos. Tasas de ganancia y
sobrevivencia de la humanidad, entran cada vez más visiblemente en
contradicción. El camino de la maximización de las ganancias, resulta ser un
camino que conduce a la muerte de la humanidad.
Por eso decae el optimismo de la sociedad de bienestar durante los años
setenta. El desarrollo de los países subdesarrollados se estanca, y la
destrucción progresiva de la naturaleza se hace más obvia. Mientras en la
década de los sesenta se había hablado en los países del Tercer Mundo de la
necesidad de medidas para asegurar el desarrollo, que fueran más allá de la
vigencia de la sociedad capitalista, aparecen ahora análisis preocupantes
sobre la crisis ambiental. En 1972 se publica Límites del crecimiento, del
Club de Roma. El presidente Cárter promueve en EE.UU. una evaluación del
ambiente mundial que desemboca en el informe Global 2000, que confirma
la preocupación del Club de Roma. No obstante, resulta ahora que las
posibles medidas por tomar, tendrán efectos estructurales profundos sobre
el sistema económico.
Por primera vez en su historia, la sociedad burguesa enfrenta abiertamente
crisis que ya no pueden ser tratadas en términos de una simple política de
reformas en los límites vigentes del libre juego de mercados. El reformismo
burgués, frente a estas metas —política del desarrollo y política ambiental
—, desemboca en una crítica de la sociedad burguesa misma. No efectúa
esta crítica, pero dicha sociedad está visiblemente expuesta a ella. Tanto el
desarrollo como el ambiente exigen medidas de coordinación del mismo
aparato tecnológico, las cuales no pueden ser tomadas de la lógica misma
de los mercados. Tienen que ser medidas que dirijan la tecnología, antes de
que ella sea usada mercantilmente.
338
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Se trata del retomo de la crítica del capitalismo de Marx. Efectivamente, el
mercado ha resultado ser un automatismo que, al producir la riqueza,
destruye progresivamente las fuentes de todas las riquezas: el hombre y la
naturaleza. Destruye la naturaleza por sus propios mecanismos, y al destruir
a los hombres, destruye más todavía a la naturaleza. Porque los hombres
expulsados de la división social del trabajo, y condenados a la
pauperización, tratan de salvarse destruyendo aún más la naturaleza.
Vuelven las leyes de tendencia de Marx, que efectivamente pueden
interpretar lo que ocurre ahora. El efecto destructor y sacrificial del
automatismo del mercado, que ya Adam Smith había demostrado, resulta
realmente acumulativo y ascendente, tal como Marx sostuviera. En la
actualidad podemos ver eso con mucha más intensidad de lo que era
posible en el siglo XIX. Tenemos imágenes de este tipo que aparecen
frecuentemente. Se habla de que son cinco minutos para las doce. Se habla
de una bomba de tiempo. Pero se habla también de un deterioro
acumulativo de la destrucción, sobre todo de la naturaleza, que se acerca a
un punto de no retomo a partir del cual el colapso de la vida ya no es
reversible.
Dennis Meadow, el coordinador del estudio del Club de Roma sobre los
Límites del crecimiento, respondió en una entrevista a la pregunta de si no
querría realizar hoy un estudio de repercusiones parecidas:
”Suficiente tiempo he tratado de ser un evangelista global, y he
tenido que aprender que no puedo cambiar el mundo. Además,
la humanidad se comporta como un suicida, y ya no tiene
sentido argumentar con un suicida, una vez que haya saltado
de la ventana”.
339
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
6. El mercado como mecanismo de regulación de la
tecnología.
Tratar la tecnología mercantilmente y calcular su empleo en términos de
criterios de la maximización de las ganancias, implica usar la tecnología
fragmentariamente. Cada introducción de una tecnología es calculada sobre
un sector fragmentario de la naturaleza y sobre un segmento de la división
social del trabajo. Desde el punto de vista de la empresa que actúa en el
mercado, las repercusiones que tiene una tecnología sobre el conjunto, sea
de la división social del trabajo, sea de la naturaleza, no interesan. Además,
para la empresa es imposible tomar en cuenta estos efectos indirectos de su
acción. La competencia la borraría.
Esta acción fragmentaria se vincula necesariamente con la orientación
según criterios mercantiles, aunque no sea sólo el producto de estos
criterios. Toda acción humana, mercantil o no, tiende a un comportamiento
de este tipo. Sin embargo, un sistema de mercados hace compulsivo este
comportamiento fragmentario. El mercado arrastra hacia él. El mecanismo
competitivo lo impone, porque, por un lado, la participación en la
destrucción promete ganancias mayores que cualquier otro
comportamiento; y por otro, amenaza con la expulsión del mercado de toda
empresa que no se oriente por la ganancia. No obstante, tanto la división
social del trabajo como la naturaleza forman conjuntos interdependientes.
Lo que hace una acción tecnológica en una parte, repercute en muchas e,
indirectamente, en todas partes. Pero también lo que ocurre en otras partes
se hace notar, por interdependencia, en el lugar de partida. El conjunto
interdependiente resulta ser una red de causaciones mutuas. Muchos de
estos efectos son previsibles, y se desarrolla un trabajo científico constante
para conocer mejor estas interdependencias. Sin embargo, el criterio
mercantil induce, y muchas veces obliga, a no evitar tales efectos y más bien
aprovecharlos. Eso lleva a constantes distorsiones (se trata de distorsiones
340
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
de parte del mercado, cuyos efectos distorsiona) en estos conjuntos
interdependientes, que hacen desaparecer elementos necesarios para la
reproducción de los conjuntos. Cuanto más ocurre eso, más se restringe el
conjunto interdependiente, pudiendo llegar hasta al colapso.
Es más fácil ver esto en relación a la naturaleza como conjunto
interdependiente. En el aproche fragmentario se llega a grados de
destrucción que amenazan la sobrevivencia del conjunto, como un medio
para la vida humana. La destrucción de los bosques, el hoyo de ozono, el
envenenamiento del agua potable, muestran tendencias de este tipo.
Ningún criterio de escasez del mercado anuncia que se está llegando a un
límite de lo posible. Únicamente el colapso podría mostrarlo, pero lo
demuestra solamente porque ya se ha pasado el punto de no retomo. Hasta
llegar al colapso, el comportamiento fragmentario sigue siendo el más
rentable— mercantilmente visto— de todos los comportamientos
alternativos posibles. Antes del colapso el mercado todavía florece, a pesar
de que las condiciones de vida ya se han destruido. El verde del dólar cubre
el verde de la naturaleza, hasta que la muerte de la naturaleza lo haga
palidecer.
Las destrucciones que ocurren, incluso aceleran el mismo proceso de
destrucción. Al intentar sobrepasar los efectos negativos resultantes, la
acción fragmentaria busca febrilmente sustitutos del elemento natural
dañado, y al hacerlo, se ciega frente a los problemas, agravándolos más
todavía. Por eso la velocidad destructora aumenta con más rapidez que la
propia producción de riquezas. Aparece de este modo la ley tendencial
autodestructora—de la cual Marx había hablado—como producto del
propio automatismo del mercado.
341
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Automatismo de mercado y aplicación fragmentaria de la técnica forman
una unidad inseparable, que resulta destructora frente a los conjuntos
interdependientes. Esta destrucción es necesariamente acumulativa, con la
amenaza de pasar un punto de no retomo, a partir del cual ya no hay salida.
Aunque no se sepa con exactitud en qué momento se llega a este punto, se
sabe que tal punto debe existir. El mercado resulta ser efectivamente un
mecanismo autodestructor, un monstruo, como en la película «The Yellow
Submarine» que se devora a sí mismo.
Frente a este fenómeno no se puede reaccionar con un simple cambio de
valores éticos, si bien tales valores son condición necesaria para que haya
un cambio. Y es que cualquier actitud de valores se estrella con un mercado
que compulsivamente impone actitudes fragmentarias frente a la naturaleza
y a cualquier conjunto interdependiente (división social del trabajo, pero
también culturas autóctonas, religiones, etc.).
Actuar sobre los criterios fragmentarios de la tecnología, presupone
establecer límites a los criterios mismos del mercado, siempre y cuando
aparezca esta tendencia destructora. Toda la relación con el mercado
tendría que cambiar. Tiene que ser puesto bajo criterios no derivados
mercantilmente, capaces de guiar la tecnología dentro de los límites de los
conjuntos interdependientes. Recién dentro de estos límites pueden regir
los criterios del mercado. En este argumento, las exigencias de nuevos
órdenes económicos y ecológicos tienen su base. Sin embargo, para la
ideología burguesa se trata de un punto crítico.
El reformismo burgués siempre se cuidó de ubicar sus reformas dentro de
límites dados por el mercado, sin fijarle límites a este. Y aunque a veces ha
traspasado esta posición —como, por ejemplo, en el caso de los
ordenamientos del mercado agrario de los países centrales—, por lo menos
342
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
respetó ideológicamente este límite. Pero ahora resulta ser al revés. Para ir
más allá de la aplicación fragmentaria de la tecnología, se necesita
establecer un orden que ponga límites a la acción de los mercados.
Precisamente a este punto llegó el reformismo burgués durante la década
de los setenta. Las fórmulas creadas anteriormente ya no eran suficientes, y
cualquier nueva fórmula eficiente tendría que llevar a un cambio profundo
de la propia sociedad burguesa, el cual ni aún hoy se sabe hasta dónde tiene
que llegar.
Se trata de un punto en el que la propia teoría económica del
equilibrio deja de ser explicativa. El reformismo burgués la había
interpretado como una imagen utópica, a la cual uno se puede
aproximar real izando reformas económicas y sociales dentro de los
límites que deja abiertos el libre juego de los mercados.
No obstante, este modelo de equilibrio puede llevar a interpretaciones bien
diferentes. Es una conceptualización circular, cuyo funcionamiento de
competencia perfecta es el resultado de supuestos teóricos extremos, en
especial del supuesto de un conocimiento perfecto de parte de todos los
participantes del mercado, siendo todos los hombres participantes. Si este
es realmente el supuesto teórico, entonces se sigue más bien que la
economía de mercado no puede tener ninguna tendencia a este equilibrio,
con reformas o sin reformas. Si el mercado puede tener una tendencia al
equilibrio solamente en el caso de que exista tal conocimiento, se prueba
que tal tendencia al equilibrio no resulta del modelo.
Esta es la conclusión de la teoría económica neoliberal, tal como la expone
Hayek. Por lo tanto, vuelve a la armonía de Adam Smith, con su concepción
del mercado como un sistema autoregulado, cuya armonía se produce por
el sacrificio de los excluidos, que son eliminados por la oferta y la demanda.
343
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Pero el concepto tiene ya que ser ampliado. La exclusión por la oferta y la
demanda en la actualidad ya no se refiere únicamente a los seres humanos,
sino también a la naturaleza. La armonía del sistema auto-regulado se basa
ahora visiblemente en el sacrificio, tanto de los productores como de la
naturaleza. No hay otra manera de concebir una tendencia al equilibrio. La
teoría neoliberal la busca, por ende, por el mismo camino que Adam Smith
la había encontrado. Regresa a la armonía sacrificial de Adam Smith. Sin
embargo, sigue en pie la crítica del capitalismo que Marx había hecho.
Expresamente, él se había referido a este tipo de armonía de los mercados y
sostenido que produce efectos acumulativos que llevan al sistema, por
efecto de su automatismo, a la autodestrucción. Empero, la teoría
neoliberal no contestará jamás.
Si, en cambio, aceptamos esta crítica de Marx, la teoría general del
equilibrio del pensamiento neoclásico puede ser usada como prueba de lo
contrario de lo que pretende comprobar. No muestra lo que el mercado
puede, sino lo que no puede. Describe un equilibrio del mercado, y
comprueba que por medio de éste, no se puede llegar ni aproximarse a él. El
precio de mercado, como precio de equilibrio de la oferta y la demanda, no
indica de por sí racionalidad económica alguna. Puede coincidir con esta
racionalidad o no. Que el precio equilibre la oferta y la demanda, no dice
nada sobre su racionalidad económica. Es económicamente racional
solamente si es un precio que, como indicador en los mercados, asegure un
uso tal del hombre y de la naturaleza, que éstos no sean destruidos. No
obstante, ningún precio puede asegurar eso automáticamente. Por tanto,
para que haya racionalidad económica, hace falta una acción que asegure
que los mercados se mantengan en los límites trazados por la necesaria
reproducción de los conjuntos interdependientes de la división social del
mercado y de la naturaleza.
344
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
La teoría económica neoliberal, en cambio, se desentiende del problema de
esta racionalidad económica. Sostiene, por tautología, que el precio que
iguala la oferta y la demanda es el precio racional, justamente porque iguala
la oferta y la demanda. No logra salir de esta tautología, porque rechaza
hablar de los efectos distorsionantes que el mercado tiene sobre el mundo
real.
Resulta una teoría del óptimo de los precios, en la cual los precios —de
oferta y de demanda— describen el camino más corto, sin rodeos ni
desvíos, hacia el abismo, hacia la destrucción del hombre y de la naturaleza.
Lo que la teoría neoclásica llama precios racionales, no es más que eso. El
sistema auto-regulador tiene allí su fin. Para dar apenas un ejemplo. Los
precios de oferta y de demanda indican hoy la destrucción tanto de la
Amazonia como del Himalaya. Siguiendo esta indicación, el mercado actual
efectúa la destrucción. Pero estos mismos precios de oferta y de demanda,
indican ensuciar el agua y el aire. Indican además, por los pagos de la deuda
externa del Tercer Mundo, la rápida pauperización de su población y la
paralización del desarrollo de tres continentes.
A un concepto de racionalidad económica de este tipo, le falta
completamente coherencia. Porque ahora, cualquier esfuerzo por salvar la
naturaleza, salvar al hombre, evitar el desempleo y la pauperización,
aparece como distorsión del mercado y, consecuentemente, de la propia
racionalidad. El concepto de racionalidad implicado, lo resume Kindleberger:
"Cuando todos se vuelven locos, lo racional es, volverse loco también". El
que la humanidad sobreviva, sería una simple distorsión del mercado y una
violación de la racionalidad económica. Los neoliberales son como el
general Castello Branco, que encabezó el golpe militar de 1965 en Brasil.
Después del golpe, dijo: Antes estábamos delante de un abismo profundo.
Con el golpe, dimos un gran paso adelante.
345
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Es el mercado el que distorsiona, por su maximización de un criterio
mercantil cuantitativo y abstracto, el equilibrio del hombre con el hombre y
con la naturaleza. Hay que vigilarlo, para que haya aquella racionalidad que
describe el marco en el cual la humanidad y la naturaleza pueden seguir
existiendo. Ese es el único concepto coherente de racionalidad económica.
En esta visión, las luchas sindicales, de protección de la naturaleza, la
exigencia de desarrollo del Tercer Mundo, la anulación de la deuda externa
del Tercer Mundo y las actuaciones estatales que de ahí se derivan, son
exigencias no solamente éticas, sino de una racionalidad económica
distorsionada por la lógica del mercado. Acrecientan la racionalidad
económica, si efectivamente logran asegurar pasos concretos en tales
direcciones. Que le vaya bien a la gente y que pueda vivir, es también una
exigencia de la racionalidad económica. No es una simple exigencia "ética"
que distorsiona la racionalidad económica, como los neoliberales creen.
Esto no significa que haya un automatismo al revés, en el sentido de que los
precios de oferta y de demanda necesariamente sean distorsionantes. No
hay automatismo que pueda asegurar ni la racionalidad ni la irracionalidad.
Si los precios de oferta y de demanda son racionales o no, ello es resultado
de un juicio sobre esos precios, que se oriente en la racionalidad económica
de la sobrevivencia de la humanidad y de la naturaleza. No existe una
solución "técnica" a priori, no hay una simple deducción de principios como
los del mercado. La política no se reduce a la técnica, sino que ella es
imposible sin sabiduría.
7. El capitalismo salvaje.
En los años setenta de este siglo, el reformismo burgués llegó
346
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
a su límite. Los problemas del desempleo estructural en los países del
centro de la frustración de la política de desarrollo en el Tercer Mundo y de
la crisis del ambiente, no podían ser solucionados con los métodos
tradicionales que había empleado. Si se quería solucionarlos, se tendría que
tomar medidas que chocarían con principios sagrados de la sociedad
burguesa, en especial el principio según el cual el mercado y sus leyes son la
última y la más alta referencia de cualquier política económica. Aparecía
ahora la necesidad de un nuevo orden económico y de un orden ecológico a
nivel de la economía mundial. El mercado mundial necesitaba un marco que
lo canalizara dentro de los límites de una racionalidad económica que le
impusiera el respeto por las condiciones de la reproducción, tanto de los
seres humanos como de la naturaleza.
Para la sociedad burguesa era un desafío y una provocación. Tendría que
haber enfocado un problema que las sociedades socialistas no habían
solucionado, y en parte ni notado, a pesar de que tendrían que haber sido
ellas las que promovieran una solución. La provocación consistía en el hecho
de que sólo podría enfrentar este desafío, cambiando sus propias
estructuras para adecuarlas a la solución de estos problemas
fundamentales.
Sin embargo, en vez de eso, la sociedad burguesa realizó una vuelta
completa. En vez de encarar los problemas, los negó. Cuando en 1980
Reagan sube a la presidencia de EE.UU., efectúa una política de "tabula
rasa". Frente al desempleo estructural, opta por el debilitamiento, e incluso
la destrucción, de los sindicatos obreros y de la política de empleo. Frente a
la crisis de la política del desarrollo, opta por la supresión y paralización del
desarrollo del Tercer Mundo; y frente a la crisis ambiental, simplemente
cierra los ojos. Empieza una de las décadas más agresivas y destructoras de
la historia del capitalismo.
347
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Retorna el capitalismo salvaje. El debilitamiento de los sindicatos se logra
muy rápido. En los países de América Latina, se pasa por períodos de un
terrorismo de Estado incontenible. La supresión del desarrollo de los países
subdesarrollados se logra por la política del cobro de la deuda externa del
Tercer Mundo, que destruye en gran parte lo logrado por la política de
desarrollo de los años cincuenta y sesenta. En cuanto al ambiente, se abren
todos los canales de destrucción sin plantear ni una medida de limitación,
excepto dentro de los países del centro mismo. Nunca se ha destruido tan
despiadadamente a la naturaleza como en la década de los ochenta, que
sigue precisamente a la década en la cual con los Limites del crecimiento,
del Club de Roma, y con el plan Global 2000, se había llamado
poderosamente la atención sobre ese fenómeno.
Ha surgido una burguesía salvaje que se lanza a la destrucción, sin aceptar
siquiera argumentos. Un capitalismo frenético se vuelve en contra de las
riquezas del planeta, en el grado en el que todavía éstas siguen existiendo. Y
cuanto más se evidencia la crisis del socialismo, más salvaje resulta el
capitalismo.
Este capitalismo aparece en nombre del antiestatismo y del anti-
intervencionismo estatal, del anti-reformismo y de la denuncia y
persecución de los movimientos populares. Es un capitalismo desnudo, que
llega al poder total y lo usa con arbitrariedad ilimitada. Transforma la
sociedad burguesa en una sociedad militarista, que impone sus puntos de
vista en todas partes por la violencia militar y policial. Su antiestatismo, por
ser una defensa del mercado desnudo sin ningún límite, se transforma en
violencia sin límite. El terrorismo estatal es su instrumento imprescindible.
Donde sea necesario, instala los regímenes totalitarios de Seguridad
Nacional.
348
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Este capitalismo salvaje reencuentra a Adam Smith como su clásico y lo
celebra como su fundador. Descarta a los teóricos del reformismo burgués,
desde John Stuart Mili y Marshall, hasta Keynes. Su desnudez la defiende en
nombre de la "mano invisible".
Sin embargo, ya no se puede volver tan simplemente a Adam Smith. Este
vivió en un mundo bien diferente. Era un mundo que no conocía todavía los
efectos acumulativos de la destructividad del automatismo del mercado.
Smith creía en un mundo en el cual la eliminación de hombres por la oferta
y la demanda en los mercados, no era más que un sacrificio que fertiliza a la
sociedad capitalista. No obstante, desde Smith hasta hoy, pasando por Marx
como su autor principal, la percepción del carácter acumulativo de esta
destructividad se ha hecho presente. El mundo imaginario semiarcaico de
Smith ha desaparecido. En la actualidad, el mercado contiene visiblemente
un automatismo autodestructor. Por eso, la simple referencia a la mano
invisible de Adam Smith, ya no resulta suficiente en el mundo de hoy.
Actualmente tenemos que ver no solamente con la muerte de algunos, sino
con la tendencia a la muerte de toda la humanidad, incluidos los
neoliberales mismos. Para poder sostener este su capitalismo salvaje, la
misma sociedad burguesa constata esta tendencia. Con esto ella pasa hoy a
la necesidad del heroísmo de un suicidio colectivo de la humanidad.
Convencida de la crítica del capitalismo de Marx, opta no por la vida en
respuesta al mercado, sino por la mística de la muerte. En el suicidio
colectivo, esta mística se transforma en proyecto. Marx jamás previo esta
posibilidad. Con su optimismo propio del siglo XIX, él estaba seguro de que
al revelar la tendencia destructora del automatismo del mercado, la
reacción humana sería directamente y sin rodeos en favor de una
349
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
alternativa. Pero resultó no ser así. El proyecto del heoísmo del suicidio
colectivo resulta muy tentador. El nazismo alemán fue el primer caso de un
pueblo que, mayoritariamente, se emborrachó con este tipo de heroísmo.
La burguesía tiene antecedentes para este pensamiento. El reformismo
burgués nunca fue su única respuesta a la crítica del capitalismo de Marx. En
los países donde los movimientos socialistas eran suficientemente fuertes
como para poder aspirar al poder, la burguesía no ha sido
predominantemente reformista. Empezó muy temprano a desarrollar un
pensamiento de respuesta salvaje. Eso ocurrió en especial en la Alemania
nazi y en la Italia y la España fascistas, si bien ha tenido muchas
repercusiones en los otros países burgueses. En la situación actual, la
sociedad burguesa recupera estos pensamientos y les da un desarrollo
nuevo.
Ahora, esta burguesía no se puede afirmar sin volver a este heroísmo del
suicidio colectivo. La sociedad burguesa de hoy lo necesita, porque sabe que
la crítica del capitalismo de Marx es cierta. Si la sociedad del mercado
contiene este automatismo autodestructor que arrastra toda la humanidad
detrás de sí, como lo sostiene Marx, únicamente se la puede afirmar en los
términos salvajes actuales, fomentando esta misma mística de la muerte.
El autor que primero elaboró esta respuesta, y que sigue siendo el más
fascinante hasta hoy, es Friedrich Nietzsche. A través de Nietzsche, esta
burguesía frenética que se ha desarrollado paralelamente al reformismo
burgués desde fines del siglo pasado, se ha interpretado a sí misma. Desde
esta perspectiva, el reformismo burgués se ve diferente:
350
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Puede muy bien ser que representantes nobles (aunque no muy
inteligentes) de las clases dirigentes se propongan tratar a todos los
hombres como iguales, reconocerles derechos iguales; en este sentido, una
concepción idealista que descanse en la justicia es posible, pero como he
dicho, sólo en el seno de la clase dirigente, que en este caso ejerce la justicia
por sacrificios y abdicaciones. Por el contrario, reclamar la igualdad de los
derechos, como lo hacen los socialistas de las clases dirigidas, no es nunca
emanación de la justicia, sino de la codicia. Muéstrense a una fiera pedazos
de carne sangrienta en sus proximidades; retíreselos después, hasta que
ruja; ¿este rugido significa justicia?
La imagen que se tiene de los pueblos se ha transformado en la de una
bestia salvaje que ruge, y a la cual se arrojan pedazos de carne. Son el
peligro que amenaza con la muerte. Hay una evidente inversión de la crítica
del capitalismo de Marx. Este reprochaba al capitalismo destruir con su
voracidad las fuentes de todas las riquezas: el hombre y la naturaleza. Por
tanto, le reprochaba que su eficacia descansa sobre una destructividad, que
por los efectos nointencionales de la acción humana por los criterios del
mercado, tiende a destruir las bases reales de esta misma eficacia. Tiene
una eficacia a plazo limitado. Sin asegurar la reproducción de estas fuentes
de riqueza, no puede haber un futuro a largo plazo de la humanidad. En
consecuencia, hace falta someter esta eficacia mercantil a un criterio de
sobrevivencia.
En la visión del capitalismo salvaje, esta exigencia por precios e ingresos que
permitan reproducir estas fuentes de riqueza, es enfocada como el peligro.
Los pueblos que piden poder vivir, parecen ser los voraces que hay que
combatir, fieras por domar. Son como los muestra la película: La gran
comilona. El peligro es que sean reivindicadas las condiciones de
reproducción del hombre y de la naturaleza. Este criterio se ha extendido en
buena parte a los grupos que se esfuerzan por salvar la naturaleza. En la
351
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
visión del capitalismo salvaje, la exigencia de la reproducción del hombre y
de la naturaleza se transforma en un levantamiento en contra de la
racionalidad, definida por las relaciones mercantiles. Para Marx, la
racionalidad económica consistía en asegurar las condiciones de la
reproducción del hombre y la naturaleza, y con eso la sobrevivencia
humana. El capitalismo salvaje ha declarado los precios de la oferta y la
demanda como lo racional, aunque destruya al hombre y a la naturaleza. La
destrucción llega a ser lo racional.
Esta burguesía no responde a la crítica del capitalismo hecha por Marx, por
más que está convencida de que es cierta. La asume más bien al revés,
celebrando la capacidad de auto-destruirse como su heroísmo. "Vivir
peligrosamente" es su lema, prefiriendo esta libertad mortal a la
preocupación por la sobrevivencia humana. Invierte la crítica del capitalismo
de Marx, para desembocar en el heroísmo del suicidio colectivo de la
humanidad. Esto presupone destruir todo humanismo universalista, y
denunciar cualquier reivindicación concreta de la igualdad de los hombres.
La burguesía celebra su propia barbarie.
8. La metafísica antiestatista y la abolición del Estado.
Como lo mostró Hannah Arendt, el totalitarismo del Estado no proviene de
ideologías estatistas, sino antiestatistas. El antiestatismo se vuelve
totalitario, en cuanto aparece como ideología del poder que pretende usar
el Estado con fines antiestatistas. El totalitarismo es una política antiestatista
que transforma el Estado en un instrumento para la realización de alguna
societas perfecta, en cuyo nombre surge el antiestatismo. Históricamente
han sido las societas perfecta de la guerra total, de la planificación total y
352
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
del mercado total, las que originaron sociedades totalitarias. La inquisición
de la Edad Media es su precursora.
Este antiestatismo, que subyace al terrorismo del Estado totalitario, es la
otra cara de la reducción de la política a una técnica. Cuando la política se
considera una técnica, no se ve ya ninguna razón para la existencia del
Estado. Este tiene ahora la única función de imponer esta técnica (sea del
mercado, sea de la guerra, sea de la planificación), para desaparecer o
marginarse él mismo como resultado de esta su propia acción. Es famosa la
descripción de este proceso que hace Stalin:
Nos declaramos en favor de la muerte del Estado y al mismo tiempo nos
alzamos en pro del fortalecimiento de la dictadura del proletariado, que
representa la más poderosa y potente autoridad de todas las formas del
Estado que han existido hasta el día de hoy. El más elevado desarrollo
posible del poder del Estado con objeto de preparar las condiciones para la
muerte del Estado: ésta es la fórmula marxista. Hayek, cuando se hace un
ideólogo de las dictaduras totalitarias de Seguridad Nacional, se expresa en
términos casi idénticos: Cuando un gobierno está en quiebra, y no hay
reglas conocidas, es necesario crear las reglas para decir lo que se puede
hacer y lo que no se puede hacer. Y en estas circunstancias es prácticamente
inevitable que alguien tenga poderes absortos. Poderes absolutos que
deberían usar justamente para evitar y limitar todo poder absoluto en el
futuro Reagan afirma exactamente lo mismo, cuando en sus discursos decía:
"No tenemos problemas con el Estado, el Estado es el problema". Es
ideología totalitaria en estado puro. Este mismo antiestatismo lo tenemos
entre los fascistas. Gentile transforma eso en ideología del Estado fascista
italiano: “...en esta concepción el Estado es la voluntad del
individuo mismo en su aspecto universal y absoluto, de modo
que el individuo se traga al Estado, y dado que la autoridad
legítima no puede extenderse más allá de la voluntad real del
353
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
individuo, la autoridad se resuelve por completo en la libertad.
Así, el absolutismo se invierte y parece haberse transformado
en su opuesto, y la verdadera democracia absoluta no es la que
busca un Estado limitado sino la que no fija ningún límite al
Estado que se desarrolla en lo más profundo del corazón del
individuo, confiriendo a su voluntad la fuerza absolutamente
universal de la ley”
La forma actual del antiestatismo burgués la previo posiblemente mejor
Nietzsche. Sus palabras parecen una adivinanza: “El socialismo es el
fantástico hermano menor del despotismo casi difunto, cuya
herencia quiere recoger; sus esfuerzos son, pues, reaccionarios.
Desea una plenitud del poder del Estado como el propio
despotismo no tuvo jamás; sobrepasa lo que enseña el pasado,
porque trabaja por reducir a la nada formalmente al individuo:
es que éste le parece un lujo injustificable de la Naturaleza y
debe ser corregido por él un órgano útil de la comunidad. Como
consecuencia de esta afinidad, se deja ver siempre alrededor de
todos los desarrollos excesivos de poder, como el viejo socialista
tipo Platón, en la corte del tirano de Sicilia: anhela (y aun exige
en ocasiones) el despotismo cesáreo de este siglo, porque como
he dicho, desearía ser su heredero... Cuando su ruda voz se
mezcla al grito de guerra: 'Lo más Estado posibles, este grito
resultará de pronto más ruidoso que nunca; pero en seguida
estallará con no menor fuerza el grito opuesto: ^Lo menos
Estado posible”.
Desemboca en seguida en la misma abolición del Estado: “La creencia en
un orden divino de las cosas políticas, en un misterio en la
existencia del Estado, es de origen religioso: desaparecida la
religión. el Estado perderá inevitablemente su antiguo velo de
Isis y no recobrará más sus respeto. La soberanía del pueblo,
vista de cerca, servirá para hacer desvanecer hasta la magia y
la superstición última en el dominio de estos sentimientos; la
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
democracia moderna es la forma histórica de la decadencia del
Estado... cuando el Estado no corresponda y a las exigencias de
estas fuerzas, no será por cierto el caos el que le sucederá en el
mundo, sino que será una invención mucho más apropiada que
el Estado la que triunfará del Estado...”
Actualmente vivimos la fantástica unión del triunfalismo burgués
combinado con su antiestatismo extremo. "Fin de la historia", es su
grito. La ambigüedad del lema revela la ambigüedad de toda la sociedad
burguesa actual. Efectivamente, este fin de la historia puede ser muy bien el
fin de la humanidad y del planeta. Los actuales discursos de la burguesía son
sumamente parecidos a los discursos de los socialistas stalinistas en el
congreso de la victoria del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1927
(XV congreso). El mismo hegelianismo falso, la misma seguridad de que ya
no puede haber un paso atrás, la misma decisión por el todo. Hoy la
burguesía tiene su congreso de la victoria, más triunfal todavía que aquél de
1927. Se trata de la victoria no sólo en la Unión Soviética, sino en la tierra
entera.
En esta forma ha llegado en la actualidad el antiestatismo a América Latina y
a América Central. Se une en el ejercicio del poder político, el triunfalismo
prepotente y el antiestatismo, con la visión del mercado total como su
institución perfecta. Esta es precisamente la combinación totalitaria —poder
triunfante, antiestatismo y sociedad perfecta—, que Hannah Arendt
denunció como el peligro totalitario. Este conjunto engendra al terrorismo
de Estado, tan vigente también hoy en América Latina y en América Central.
9. La determinación futura de la sociedad en América
Latina.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Sin embargo, el problema no es el mercado de por sí, sino la pretensión de
su transformación en sociedad perfecta, en la única institución legítima en
nombre de la cual se destruye a los movimientos populares y al Estado, en
institución totalizadora de la sociedad. El problema es el antiestatismo, no el
mercado como tal. Al considerar al mercado como institución perfecta, éste
lo devora todo y se transforma en un sujeto totalitario. Al destruir al Estado
destruye a la sociedad civil, y no se puede mantener sino por la
transformación del Estado en Estado terrorista.
Algo parecido ocurrió a las sociedades del socialismo histórico.
Transformaron la planificación en su sociedad perfecta respectiva. En
nombre de la planificación apareció el antiestatismo, y éste se transformó
en terrorismo de Estado. El problema tampoco es la planificación de por sí,
sino la pretensión de su transformación en sociedad perfecta, en la única
institución legítima con el destino de devorar a todas las otras instituciones.
El Estado se hizo inoperante, y destruyó igualmente la sociedad civil.
Ante estos problemas, vemos cómo no hace falta buscar de nuevo otra
sociedad perfecta en nombre de la cual se totalice la sociedad. De lo que se
trata, es de renunciar a la imposición de sociedades perfectas. De dejar de
pretender abolir el Estado o el mercado, y reconocer que la concepción de
las sociedades perfectas como principio de la política, destruye a la sociedad
misma. No hay, ni puede haber, una sociedad perfecta. No hay, ni puede
haber, una sola institución que totalice a la sociedad. Decir esto actualmente
sobre el Estado o sobre la planificación, ni siquiera hace falta. Todo el
mundo está convencido de que no pueden ser sociedad perfecta.
Pero sí es necesario decir eso mismo del mercado. Pues éste aparece
nuevamente como el totalizador, como la única legitimidad en la sociedad,
356
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
como la institución que tiene el derecho de barrer con todas las otras
instituciones, inclusive con la vida en la tierra.
Lo que hace falta es un pensamiento de síntesis, capaz de interpretar una
política que sepa dar a las instituciones diversas su lugar y su función, para
cumplir con las exigencias de la vida humana en esta tierra, en la cual todos
tienen que poder vivir hoy y mañana. La base sería el reconocimiento de
que en la actualidad los seres humanos, que trabajan exclusivamente
orientados por el mercado, abandonados a sus fuerzas auto-reguladoras,
destruyen las fuentes de la riqueza que están produciendo. Abandonados a
estas fuerzas, ponen en peligro la vida del planeta. Frente a estos efectos
destructores del mercado, que acompañan, eso sí, automáticamente sus
fuerzas creadoras, aparece, y tiene que aparecer, la resistencia de la propia
sociedad civil que toma la forma de organizaciones populares de la más
diversa índole, tanto de protección de los seres humanos como de la
naturaleza. Estas organizaciones populares cumplen una función de
racionalización del mercado, al protegerlo mediante su resistencia, frente a
las fuerzas destructoras que él produce. No "distorsionan" al mercado, sino
que actúan frente a distorsiones que el propio mercado produce.
Sin embargo, esta función no la pueden cumplir las organizaciones
populares, si no pueden recurrir al Estado. El Estado, en sus funciones
positivas, es la instancia de poder que puede universalizar la actuación de
las organizaciones populares. Si esta universalización no ocurre, la
resistencia resulta tan fragmentaria como lo es la actuación humana dentro
de los mercados. En ese caso, ella reproduce los efectos destructores del
mercado sin poder corregirlos.
El Estado es, pues, la instancia de universalización de la resistencia frente a
las distorsiones que el mercado produce en las relaciones humanas y en la
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
naturaleza. El no tiene por qué intervenir en los mercados, cuando ellos no
producen estas distorsiones. Por ende, la teoría de las funciones del Estado
tiene que partir del conocimiento de las distorsiones que el mercado
produce.
Aparecen las funciones del Estado en dos líneas, es decir,
como función de promoción de la sociedad civil y como función de
planificación de la economía.
En su función de promoción de la sociedad civil, el Estado tiene que hacer
posible el desarrollo de ésta y abrirle posibilidades. Al respecto, se trata
primero de asegurar legalmente la existencia de las organizaciones
populares y el ejercicio de su resistencia. Pero, igualmente, se trata de
asegurar su capacidad económica de existencia. Aparecen también
funciones que solamente el Estado puede cumplir, en cuanto determinadas
actividades necesitan ser universalizadas y la actividad privada resulta
incapaz de lograrlo. Eso ocurre especialmente en el campo de la educación y
de la salud. Una atención universal de estas necesidades parece imposible
sin el surgimiento de sistemas de salud y de educación públicos de alto
nivel.
En su función de planificación económica el Estado tiene que hacer posible,
y promover, un desarrollo económico y social capaz de asegurar la
integración económica y social de la población entera, lo mismo que su
compatibilidad con la conservación de la naturaleza. La necesidad del
cumplimiento de esta función quizás es más visible en las sociedades
subdesarrolladas, donde es evidente que la empresa privada, sola y
abandonada a las fuerzas auto-reguladoras del mercado, únicamente en
casos muy excepcionales puede garantizar algún desarrollo económico, y
que es menos capaz todavía de integrar a la población entera en la división
social del trabajo. No obstante, esta necesidad de la actividad estatal se
358
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
hace cada vez más visible en referencia a la conservación de la naturaleza.
Solamente un Estado planificador es capaz de darle a la empresa privada la
posibilidad y el espacio para cumplir con su tarea de desarrollar
económicamente a sus países. Igualmente, sólo un Estado planificador
puede asegurar que el desarrollo económico respete los límites de la
integración humana en la economía y de la conservación de la naturaleza.
También en este caso de la actividad planifícadora del Estado, su primera
función es la promoción y el apoyo a las empresas. Sin embargo, la
necesidad de universalizar el desarrollo, el respeto a la naturaleza y la
necesidad de asegurar esto para todos y de parte de todos, impone
asimismo en lo económico la actividad directa del Estado, sea a través de
empresas públicas, como de la imposición de líneas y límites de las
inversiones.
De esta manera, el problema del Estado resulta ser un problema de la
sociedad entera, en la cual se interrelacionan e interpenetran la sociedad
civil, el mercado y el Estado. Ninguno de estos polos puede existir sin el
otro, e incluso la posibilidad de la vida humana y de la misma racionalidad
económica es un producto de los tres y de su interrelación, de tal modo que
haya una síntesis en vez de la negación de un polo en nombre del otro.
Solamente en esta perspectiva será posible enfocar los problemas del
desarrollo pendientes. Se trata de problemas que actualmente ya ni siquiera
pueden ser solucionados por los Estados dentro de sus marcos de
dominación política, sino que implican la necesidad de la creación de
nuevos órdenes mundiales—nuevo orden mundial económico, financiero,
de mercados, ecológico— sin los cuales una política de desarrollo racional
ya no es posible.
El análisis que hemos hecho ha insistido principalmente en el problema del
mercado, por la simple razón que hoy el mercado es el lugar desde el cual
son destruidos la sociedad civil y el Estado. En la actualidad, el mercado
359
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
pretende ser la institución perfecta a partir de la cual se pretende totalizar a
la sociedad. Las sociedades del socialismo histórico, en las cuales se
realizaba esta totalización a partir de la planificación económica, con la
subsiguiente subversión y tendencial destrucción de la sociedad civil y del
Estado, están desapareciendo.
Es cierto que no sólo el mercado distorsiona a las relaciones humanas y a la
naturaleza. También desde la sociedad civil y desde el Estado, aparecen
distorsiones del mercado. No obstante, hoy se necesita, primariamente,
hacer esta crítica al mercado para mostrar que no hay, y no puede haber,
ninguna sociedad perfecta, y por lo tanto, ninguna institución legitimada a
totalizar la sociedad. Se requiere lomar conciencia de que el resultado no
debe ser destruir en nombre de una institución a todas las otras, sino lograr
una interrelación tal entre ellas, que se complementen en vez de
distorsionarse. Esa es la tarea de la política, y ninguna técnica la puede
hacer desaparecer.
Por eso, no se trata simplemente de defender al Estado como si
algún estatismo fuera la solución para los peligros del antiestatismo.
Asegurar las funciones del Estado, implica una determinada posición frente
a las funciones del mercado y frente al desarrollo de la propia sociedad civil.
Tiene que ser una respuesta a la crisis provocada por la política de
desmantelamiento del Estado y de las políticas de desarrollo.
Los períodos de desarrollo vigoroso de América Latina, han sido períodos de
alta actividad estatal y de un importante intervencionismo estatal, a los
cuales ha contestado un significativo esfuerzo de las empresas privadas. Con
el comienzo del desmantelamiento del Estado, en cambio, empieza el
estancamiento de la economía latinoamericana y su fracaso en desarrollar el
continente. Han subido enormemente las ganancias, pero el resultado ha
sido la alta ineficacia de la tal llamada iniciativa privada para desarrollar
360
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
estos países. Eso lleva a la coincidencia de un rápido desmantelamiento del
Estado económico y social en los años ochenta, con un estancamiento cada
vez más notable del desarrollo económico y de la dinámica de las empresas
capitalistas. Esto, sin embargo, va paralelo a un aumento siempre mayor de
las ganancias de estas mismas empresas. La incapacidad de la empresa
privada de desarrollar los países de América Latina, no reduce sus
ganancias, sino más bien las incrementa.
Cuanto más se evidencia este estancamiento, más se habla de la necesidad
de privatizar aún más las funciones económicas y sociales del Estado. No
puede existir ninguna duda de que de este desmantelamiento del Estado,
resultarán ganancias todavía mayores de las que se tenían antes.
Actividades como la salud, la educación, pero también la privatización de las
empresas públicas, permiten obtener ganancias privadas en actividades
hasta ahora mantenidas en manos del Estado.
El Estado se transforma ahora en un instrumento de aprovechamiento
económico de parte de las clases dirigentes. Ya no cumple con sus
funciones, si bien sigue siendo aprovechado. Se pagan subvenciones
inauditas, sólo que no a los sectores postergados sino a los más poderosos.
Estas subvenciones se clasifican como incentivos. El cambio de palabra
esconde el hecho de la reorientación del Estado hacia el Estado de
aprovechamiento. Pero el caso de mayor aprovechamiento se da con el
pago de la deuda pública, sea interna o externa. Actualmente, de un 30 a un
40% de los ingresos estatales son para atender el servicio de la deuda, con
una tendencia al aumento. El Estado es sofocado por estos pagos, que
implican una gigantesca redistribución de los ingresos en favor de los de
ingresos altos. Cuanto menos existe un sistema eficaz de recaudación de
impuestos, más pesada y destructora tiene que ser esta deuda para la
economía de los países. Una burguesía que rechaza el pago de sus
impuestos, llevó al Estado a una situación de bancarrota que lo ha
361
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
transformado en un simple recaudador de pagos de parte de los de ingresos
bajos en favor de los de ingresos altos, de los países pobres en favor de los
países ricos.
Con este estrangulamiento del Estado, los países mismos son estrangulados.
En el caso de la deuda externa, más de la mitad de esta deuda ni siquiera
fue contratada por los Estados, sino por las empresas privadas con la banca
privada internacional. Cuando al comienzo de los años cincuenta esta deuda
resultó impagable, los Estados latinoamericanos fueron obligados a asumir
estas deudas como deuda pública, lo que ha constituido la subvención
estatal más grande de la historia del continente.
No obstante, estas mayores ganancias no llevan a un mayor desarrollo. Más
bien lo estancan. La empresa privada, sin un Estado vigoroso que le abra
caminos y que sustente actividades estatales de apoyo para fomentar su
actividad productiva, resulta ser completamente ineficiente para conducir
ella misma el proceso de desarrollo. Cuanto más penetra la sociedad entera,
menos desarrollo provoca. Desempleo, pauperización y destrucción
galopante de la naturaleza son el resultado, y no aparece un crecimiento
económico significativo. Pero no solamente destruye el desarrollo. Destruye
inclusive la capacidad de acción racional del Estado, y lo corrompe. Lo
corrompe por obtener creciente provecho de la restante actividad estatal,
además de que produce tales problemas sociales, que el propio aparato
estatal tiene que actuar sin tener los medios adecuados para hacerlo. En
consecuencia, la ineficacia de la empresa privada para desarrollar a estos
países, lleva a la inflación del Estado. Al no poder efectuar ella una política
económica de empleo y una política social de distribución de los ingresos, el
Estado se transforma en la única fuente de ingresos para aquellas personas
que no son empleadas por la empresa privada. Como no saben dónde ir,
presionan sobre el Estado para conseguir algún empleo. Se trata de una
presión que resulta precisamente de la ineficacia de la empresa privada para
362
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
dar empleo a la población. Esto es lo que lleva a la inflación del Estado. Este,
ahora con sus funciones restringidas, está obligado a contratar mucho más
personal del que efectivamente requiere para el cumplimiento de las
funciones que le quedan. Luego, el Estado se corrompe en ambos sentidos:
para la burguesía, como fuente de ingresos, muchas veces ilícitos; para el
pueblo, como paliativo para el desempleo y la pauperización, pues empieza
a contratar personal al cual no corresponden realmente funciones en cuyo
cumplimiento podría trabajar.
Esta corrupción, desmoralización e ineficiencia del Estado, se transforma
posteriormente en argumento en favor de un desmantelamiento todavía
mayor de éste y de la privatización de sus funciones. Sin embargo, la
privatización empeora la situación precisamente por el hecho de que el
origen del estancamiento es la propia empresa privada, con su incapacidad
para originar por su cuenta, sin recurrir al Estado, una política de desarrollo
adecuada, si bien se opone a una acción racional del Estado para
complementar su ineficacia. Esto desemboca en un círculo sin fin, del cual
aparentemente no hay salida.
Esta situación no es sostenible sino por medio de una orientación cada vez
más represiva del Estado en América Latina. Así, un Estado, que ciertamente
requiere muchas reformas, no es racionalizado sino que es puesto al servicio
siempre más exclusivo de los poderes económicos nacionales e
internacionales. El antiestatismo metafísico es la ideología que es-conde
esta situación, y le da su justificación aparente. En todas partes donde este
antiestatismo en nombre del mercado total se ha instituido, ha desatado
crisis económicas y de desarrollo. En nombre del mito de la capacidad del
mercado de solucionar todos los problemas, ha extremado los problemas
existentes.
363
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Ha llevado el desempleo a niveles nunca sospechados, ha creado
distribuciones de ingresos que condenan a la miseria a segmentos
crecientemente mayores de la población, y ha originado la destrucción de la
naturaleza a niveles que superan todo lo anterior. Haciendo eso, no ha
cumplido siquiera con su promesa de un crecimiento económico sostenido.
Bajo la égida del antiestatismo, la misma dinámica económica se ha perdido.
Se destruye al ser humano y a la naturaleza, sin por lo menos lograr un
crecimiento económico. La empresa privada, orientada exclusivamente por
los mecanismos del mercado, pierde su eficiencia, a pesar de que obtiene
ganancias siempre mayores.
Eso ha ocurrido incluso en el centro del capitalismo mundial, en
EE.UU., durante los años ochenta. La política antiestatista destruyó la
eficacia de la economía también allí.
Mientras los capitalismos con estados desarrollados, como Europa
Occidental y Japón, tomaron la delantera. Es la tragedia de América Latina:
haber caído en el mito del antiestatismo, únicamente para confirmar su
propio declive.
En América Latina en la actualidad, y especialmente en América Central,
donde hay una sociedad y un Estado muy poco desarrollados, se requiere
constituir la sociedad misma, junto con el Estado. La tarea es reconstituir la
sociedad con una relación complementaria entre la parte no empresarial de
la sociedad civil, el mercado y el Estado, en la cual sea posible iniciar el
camino del desarrollo nuevamente, pero esta vez dentro del marco de una
integración de toda la población en la división social del trabajo y en la
sociedad, y dentro de los límites que exige la conservación de la naturaleza.
Es necesario revertir el proceso, que la política de desmantelamiento del
Estado ha producido.
364
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Eso implica la necesidad de vigorizar la sociedad civil, precisamente en sus
componentes no empresariales, reprimida sistemáticamente por el
terrorismo del Estado de Seguridad Nacional. Eso presupone un Estado que
no solamente tolere esta sociedad civil, sino que también la fomente. No
obstante, también implica como condición de la necesaria racionalización
del Estado, originar un nuevo proyecto de desarrollo en el cual el mercado y
la planificación económica estatal sean reconocidos en su
complementariedad, siendo la planificación estatal una parte
imprescindible, pues sin ella el mercado no es capaz de originar un
desarrollo económicamente racional. Si no cumple esta tarea, el Estado
tiene que basarse primordialmente en sus fuerzas represivas con la
tendencia hacia el terrorismo de Estado. Ello por cuanto sin esta
concentración exclusiva en su fuerza represiva, no podría contener los
reclamos de los desposeídos y desplazados producidos por las fuerzas del
mercado. Como no se pueden dirigir al mercado directamente, lo harán por
vía del Estado. Teniendo el voto universal, el Estado sólo les puede contestar
por la extensión cuantitativa e irracional del aparato estatal, toda vez que le
está prohibido, en nombre del antiestatismo, buscar la solución en un
modelo de desarrollo que permita su integración en la división social del
trabajo a través de los mercados. Luego, esta inflación del Estado no es más
que el reflejo de la incapacidad del automatismo del mercado de solucionar
los problemas económicos de la población. La transformación del Estado en
un Estado exclusivamente represivo, en nombre de su racionalización, es el
resultado más probable.
Por eso, el lema frente al Estado no puede ser el antiestatismo. No se trata
de desmantelar el Estado, sino de desmantelar a los ejércitos y a las fuerzas
de represión policial para tenerlos apenas en el grado mínimo necesario. La
necesaria reforma del Estado, por tanto, tiene que sustituir la función
represiva de éste por la constitución de una política de desarrollo que
permita tener un Estado adecuado al cumplimiento de sus funciones, en
365
Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
cuanto esa política de desarrollo sea capaz de responder a las necesidades
económicas de la población. Tenemos que escoger entre desmantelar el
Estado o desmantelar a los aparatos represivos. El desmantelamiento del
Estado implica la hipertrofia de los aparatos represivos; el
desmantelamiento de estos aparatos, en cambio, presupone el desarrollo
del cumplimiento de las funciones del Estado.
Esto constituye a la vez un planteo de la democracia posible en la
actualidad. Es la condición para que la democracia sea viable.
El antiestatismo vinculado con la totalización del mercado, exige un: vivir, y
dejar morir. La democracia presupone un: vivir, y dejar vivir. Lo que, por el
contrario, aparece hoy en América Latina, es una democracia agresiva, sin
consenso, con un extremo control de los medios de comunicación por
intereses económicos concentrados, en la cual la soberanía no reside en los
gobiernos civiles, sino en los ejércitos y, más allá de ellos, en los organismos
financieros internacionales que representan a los gobiernos de los países
del centro. Los gobiernos civiles tienden a constituirse como gobiernos
autónomos sometidos a la función soberana del ejercicio del poder de parte
de los ejércitos y de la policía y. en nombre del cobro de la deuda externa, a
los dictámenes de los organismos internacionales. Se trata de democracias
controladas, cuyos controladores no están sometidos a ningún mecanismo
democrático.
Notas:
• Ver Hinkelammert, Franz: "Del mercado total al imperio totalitario", en:
Democracia y totalitarismo. Edit DEI. Segunda Edición San José, 1990;
también: Pasos, No. 6, junio 1986.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
• Ver Hinkelammert. Franz: "El Estado de Seguridad Nacional, su
democratización y la democracia liberal en América Latina", en:
Democracia y totalitarismo, Op. Cit.
• Smith, Adam: La riqueza de las naciones. Editorial Bosch. Barcelona,
1983. Reproducido por la UACA. San José. Costa Rica. 1986. Libro IV.
Cap. n. Sección I. Tomo II, pág. 191.
• Max Weber lo afirma: "Este fenómeno: el que una orientación por la
situación de intereses y sonetos, tanto propios como ajenos, produzca
efectos análogos a los que se piensa obtener coactivamente —muchas
veces sin resultado— por una ordenación normativa, atrajo mucho la
atención, sobre todo en el dominio de la economía; es más, fue
precisamente una de las fuentes del nacimiento de la ciencia
económica". Conceptos sociológicos fundamentales. Weber, Max:
Economía y sociedad.
Fondo de Cultura Económica. México, 1944, pág. 24.
• Smith. Op. Cit. Tomo I. pág. 53. Ibíd., pág. 54 (énfasis nuestro).
Ibíd., págs. 124-125 (énfasis nuestro).
• El Mercurio. 19-4-81, Santiago de Chile. Entrevista (énfasis nuestro).
Hayek concedió esta entrevista con ocasión de su visita a Chile, para
participar en un congreso de la sociedad de Moni Pellerin.
• Lyotard. Jean-Francois: La condición postmoderna. Ediciones Cátedra.
Madrid, 1987. págs. 112-113. En el mismo sentido, ver Baudntiart: "Si el
sistema pudiera funcionar sin alimentar a sus hombres, no habría
siquiera pan para los hombres. Es en este sentido en el que todos
somos, dentro del marco de este sistema, sobrevivientes. Por lo demás,
el propio instinto de conservación
no es fundamental: es una intolerancia o un imperativo social: cuando
el sistema lo exige, hace que los hombres anulen este 'instinto’ y el
morir los exalte (por una causa sublime, evidentemente)".
• Baudrillard, Jean: Crítica de la economía política del signo. Siglo XXI,
México, 1974, pág. 86. El mismo Locke trata este poder como legítimo,
aunque sea despótico: "El poder paternal no existe sino donde la
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
minoría de edad hace al niño incapaz de cuidar por sí mismo de su
propiedad; el poder político allí donde los hombres pueden disponer de
sus propiedades; y el poder despótico no existe sino sobre aquellos
hombres que no tienen propiedad".
• Locke, John: Ensayo sobre el gobierno civil. Agutiar. Madrid, 1969, 174.
Estos son los tres poderes legítimos de Locke. Los tres poderes de
Montesquieu, no son sino una subdivisión del poder político de Locke.
Su equilibrio deja funcionar sin control el poder despótico, que Locke
defiende.
• Marx, Carlos: El capital. Cartago, Buenos Aires, 1974. Tomo I. pág. 349.
Ibíd., págs. 482-483.
• Ver: Assmann, Hugo-Hinkelammert, Franz J.: A idolatría do mercado
Ensaio sobre economía e teología. Vozes. Sao Paulo. 1989.
• Der Spiegel. Nr. 29/1989. pág. 118. Hayek traía de escapar al supuesto
de un conocimiento perfecto como condición para la tendencia al
equilibrio, porque se da cuenta que es imposible que en la realidad
empírica se dé o que haya una aproximación a él. Para seguir
sosteniendo esta tendencia al equilibrio, Hayek, hace un juego. Sostiene
que el mercado produce tal tendencia, pero sin que cada participante
tenga aquel conocimiento. El mercado produce el equilibrio, "como si
hubiera conocimiento perfecto". Lo trata como una institución-
computadora, que tiene conocimiento perfecto en el sentido de que
puede actuar como si lo tuviera. Transforma el mercado en una
instancia mágica de omnisciencia estructural. Se inspira para ello en la
filosofía del "como si" de Vaihinger: Die Philosophie des ais ob. 1912.
Sin embargo, sustituye el equilibrio de la teoría general del equilibrio
por la armonía sacrificial de Adam Smith. Ver Hayek, Friedrich A. von:
Mifibrauch und Verfallder Vernunft. EinFragment. (Abuso y decadencia
de la razón. Un fragmento.), Saizburg, 1979.
• Ilya Prigogine, en sus análisis de los sistemas auto-regulados en la
naturaleza, llega en la actualidad a resultados que se asemejan mucho a
la vi sien que Marx tiene del mercado como sistema auto-regulado.
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Prigogine, Ilya-Stengers, Isabelle: La nueva alianza. Metamorfosis de la
ciencia. Alianza, Madrid, 1983.
• Kindleberger, Charles P.: Manias, Panics and Crashes: A History of
Financial Crises. Basic Books, New York, 1989. pág. 134. Seguir estas
indicaciones de los precios, la teoría liberal lo llama lo racional Un
empresario latinoamericano me dijo una vez en una conversación
"Ciertamente, en las últimas dos décadas se ha aumentado la
pauperización y el desempleo en América Launa. También la naturaleza
se está destruyendo. Pero nadie puede dudar que la eficiencia de la
empresa se ha mejorado enormemente". Eso es la teoría neoclásica en
plena acción.
• Milton Friedman inclusive considera la abolición de la esclavitud —la
prohibición legal de ella— como una imperfección del mercado, es
decir, una falta de racionalidad económica: "...debido al marco
institucional y debido a las imperfecciones del mercado de capitales, no
podemos esperar que el capital humano responda a presiones e
incentivos económicos de la misma forma que el capital material".
Friedman, Milton: Teoría de los precios. Madrid, 1966, pág. 313. "Estas
peculiaridades sólo desaparecerían en una sociedad de esclavos y, en
ella, sólo para los esclavos", pág. 258. Por eso, el problema no es
simplemente el mercado, como si la planificación fuera su solución
automática. El problema está en el hecho de que el mercado maximiza
la ganancia como criterio cuantitativo, por encima de las exigencias de
la vida concreta que destruye como consecuencia. Si la planificación
económica se orienta por criterios cuantitativos análogos, tiene los
mismos efectos destructores. En los países del socialismo histórico eso
ocurrió sobre todo en la Unión Soviética, al tomar como su criterio de
maximización lataza de crecimiento, que también es un criterio
mercantil abstracto. En países socialistas donde la orientación de la
economía no era tan exageradamente abstracta —como, por ejemplo,
en Cuba o Nicaragua, en el tiempo del gobierno sandinista—, no ocurrió
la misma destrucción de la naturaleza.
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
• H. Maucher, Director de la Nestlé, lo expresa así: "Nadie negará que la
'creatividad destructora’ del mercado crea durezas extremas... y con F.A.
Von Hayek creo que el concepto ‘justicia’, en última instancia, es
irrelevante para el funcionamiento del mecanismo del mercado".
Innovatio 3/4,1988, citado según Widerspruch. Beitráge zur
sozialistischen Politik. Ztirich, Heft 16Dez. 1988, S.4. Maucher expresa
esto en Suiza, ante una campaña que se hizo en contra de la Nestle bajo
el lema: "La Nestle mata bebés". La Nestle querfaprohibirel uso
publicitario de este lema, pero los tribunales suizos esta vez no
siguieron la voluntad de la compañía multinacional y rechazaron
prohibir el lema citado. Maucher declaró la irrelevancia de la Justicia
para los procedimientos del mercado. De hecho, rechaza más: rechaza
ser responsable de los actos que comete. La sociedad burguesa hace de
esta posición su religión, la única que tiene. Sobre el intento de algunos
en Suiza de conseguir una protección aduanera para sus productos, dice
el Neue Zwicher Zeitung, diario de la gran burguesía suiza: "Aquellos
que en otros lugares no muestran ningún problema en sacar de su
molino de oración confesiones verbales y superficiales en favor de]
orden de competencia, de repente ya no están convencidos de la fuerza
de auto-regulación de una competencia efectiva, que es eficiente y. en
principio orientada por el bien común... En contra de todas las
confesiones verbales, de repente se le niega a la competencia ilimitada
la capacidad de general estructuras de oferta adecuadas a la demanda...
(Hay) discrepancia entre la confesión de los principios referentes al
funcionamiento y al valor de la economía de mercado, y la disposición
de sacar las reales consecuencias de su afirmación". Neue Ztiricher
Zeitung, 11 -12 de noviembre, 1989. Quieren confesiones de fe en el
mercado que no sean simplemente verbales porque la competencia
ilimitada asegura el bien común.
• Nietzsche. Friedrich: "Humano, demasiado humano". Primer libro Nr.
451, en: Friedrich Nietzsche: Obras inmortales. Visión Libros, Barcelona,
1985. Tomo IV. pág. 2102. Nietzsche es el autor de este salvajismo
burgués. Ya a fines del siglo XIX pregunta por los bárbaros del siglo XX,
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
los únicos que pueden salvar al mundo de la amenaza del humanismo:
"Para elevarse, luchando, de este caos a esta configuración surge una
necesidad, hay que elegir: o perecer o imponerse. Una raza dominante
sólo puede desarrollarse en virtud de principios terribles y violentos.
Debiendo preguntamos: ¿dónde están los bárbaros del siglo XX?
Se harán visibles y se consolidaran después de enormes crisis
socialistas; serán los elementos capaces de la mayor dureza para
consigo mismo, los que puedan garantizar la voluntad más prolongada".
Nietzsche» Friedrich: La voluntad de poderío. EDAF. Madrid. 1981. Nr.
863. pág. 473. ¡Barbarie o socialismo!, es el grito de Nietzsche y de la
burguesía salvaje. ¡Salvajismo o socialismo! ¡Muerte o socialismo!, es el
grito fascista del "¡Viva la muerte!", que lleva a los horrores del
capitalismo salvaje de los años treinta y cuarenta en los países europeos
fascistas. (Fueron intelectuales antifascistas en Alemania, quienes
invirtieron el grito en: ¡Socialismo o barbarie! (Benjamín. Horkheimer,
Adorno, etc.). Esta visión del mundo regresa después de la II Guerra
Mundial. Vuelve como una corriente al lado del reformismo burgués
que domina las décadas de los cincuenta y los sesenta. Al volcarse la
burguesía en contra de este reformismo, ella justifica este anti-
reformismo con argumentos ideológicos tomados de esta tradición.
• Ver Arendt. Hannah: Los orígenes del totalitarismo. Taurus, Madrid,
1974. Capítulo XI. El movimiento totalitario, págs. 425479.
• Citado según Arendt, Hannah: op. cit., págs. 443-444. La cita proviene
de Stalin: Problemas del leninismo.
• El Mercurio, 19-4-81. Santiago de Chile. Entrevista. Citado por Leonardo
Schapiro: El totalitarismo. Brevarios FCE, México. 1972. pág. 59.
• Nietzsche. "Humano, demasiado humano", op. cit., págs. 21142115.
• Ibíd., págs. 2112-2113.
Desde el siglo XVIII, el Occidente se mueve alrededor de diversas
aboliciones de las instituciones. El liberalismo empieza con la abolición
del Estado en nombre del mercado como sociedad perfecta. Le sigue el
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
anarquismo con la abolición del Estado, la propiedad y el matrimonio en
nombre del orden espontáneo sin instituciones. Marx lo transforma en
abolición del mercado y del Estado, también en nombre del orden
espontáneo futuro (libre asociación de los productores). Los socialismos
históricos lo llevan a la abolición del Estado y del mercado, en nombre
de la planificación económica. Los fascismos quieren abolir el Estado en
nombre de una dominación ilimitada en la sociedad de guerra, y los
neoliberales retornan a la abolición del Estado en nombre del mercado
total. Paralelamente a esta constante tendencia de abolirías
instituciones, aparecen las diversas aboliciones en el pensamiento.
Hegel declaró la muerte del arte, Marx insinúa la superación de la lógica
formal; Nielzsche la abolición de la moral y de la metafísica; Max Weber
la abolición de los juicios de valor y de la ética, Popper la abolición de la
dialéctica; Willgenstein la abolición de los conceptos transcendentales;
Fukuyama, junto con los posmodernos, la abolición de la historia;
Prigogine, la abolición de la física clásica. Por donde se mire, se está
aboliendo algo, que después, en ningún caso desaparece. Todo lo que
se ha abolido en estos siglos, sigue existiendo. No obstante, se sigue
anunciando su abolición. Alas aboliciones las acompañan entes
omniscientes. El socialismo histórico tuvo que concibir una institución
planificadora omnisciente. Hayek, ¿unto con los neoliberales, concibe el
mercado como presencia de la omnisciencia, aunque ningún hombre
sea capaz de tenerla (según él, el mercado funciona como si tuviera
omnisciencia). Popper divide toda la historia filosófica en "lo que se
pensaba antes y lo que pienso y o", y hasta Wiugenstein anuncia haber
solucionado los principales problemas del pensamiento humano. Y
cuando aparece todo esto, el Papa en Roma resulta infalible. Existe un
nihilismo que está socavando a las instituciones y a la cultura. Es
evidente que posee un delirio de grandeza narciasta, el cual acompaña
la imposibilidad de percibir los límites de lo posible en un mundo
contingente. Todo indica que se trata de un problema de Occidente, y
no de ninguna ideología específica. El cardenal Ratzinger nos dice: "El
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
Estado moderno es una sociedad imperfecta, no sólo en el sentido de
que sus instituciones permanecen siempre tan imperfectas como sus
habitantes, sino también en el sentido de que necesita de fuerzas que le
vengan desde fuera, para poder existir como tal". Ratzinger, Joseph: "El
ánimo para con la imperfección y para con el ethos. Lo que habla contra
una Teología Política". Tierra Nueva. Bogotá, julio 1985, Nr. 54.pág. 65.
Aparentemente esto es cierto, pero en el contexto del texto de
Ratzinger es falso. No se trata de que el Estado es una sociedad
imperfecta. Se trata de decir, por fin, que no hay ninguna sociedad
perfecta, y que, por lo lanío, el Estado tampoco lo es. Toda institución
que reinvindica ser sociedad perfecta se ideologiza, y cae fácilmente en
el camino hacia el terrorismo de Estado. Y si ninguna institución es
sociedad perfecta, entonces tampoco lo es el mercado. No obstante, lo
que Ratzinger nos quiere ofrecer es la tesis de que el Estado no es una
sociedad perfecta, pero que otras instituciones sí lo son. Quiere
presentar de nuevo ala Iglesia como sociedad perfecta, algo que el
Concilio Vaticano n rechazó. La Iglesia, el mercado y el Estado se dan
esta ronda, en la cual cada uno reivindica ser sociedad perfecta,
argumentando que los otros no lo son. Por eso, un totalitarismo
sustituye al otro, sosteniendo siempre que los otros no tienen esta
sociedad perfecta, aunque él sí la tiene. Pero ninguna institución lo es.
Esto explica por qué cualquier pensamiento en términos de alguna
institución perfecta, es antiestatista. Efectivamente, si suponemos que
las relaciones sociales de producción funcionan perfectamente, no se
descubre jamás función del Estado alguna, excepto su función represiva,
que sobreviva por "egoísmos y estupidez", como lo concluye Berger.
Berger, Peter: El dosel sagrado: elementos para una sociología de la
religión. Amarrortu editores, Buenos Aires, 1971, pág. 44. La conclusión
revela únicamente que se inspira en un pensamiento de sociedad
perfecta. La política de ajuste estructural que hoy se lleva a cabo en el
Tercer Mundo, no es ningún proyecto de desarrollo. Es la consecuencia
de la renuncia a cualquier proyecto de desarrollo. En el lenguaje
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Capítulo XVIII
Nuestro Proyecto de Nueva Sociedad en América Latina
orweiliano, se llama a tal política el resultado de la renuncia a hacer
política, de nuevo política de desarrollo. La guerra es paz, la mentira es
verdad. Los países capitalistas desarrollados responden a este mismo
problema por la creación de un subsidio de desempleo, que forma una
especie de colchón entre los desempleados y el Estado. Sin embargo, un
subsidio de desempleo tiene que cubrir las necesidades básicas. En los
países latinoamericanos los salarios apenas si cubren las necesidades
básicas. Consecuentemente, un subsidio de desempleo tendría que ser
igual a los salarios, o muy poco inferior. En sociedades donde los
salarios son sustancialmente mayores a este mínimo, este subsidio es
posible porque no le quita al trabajador el incentivo económico de
buscar trabajo. En cambio, un subsidio que sea igual al salario, le quita
al trabajador todo incentivo económico. Por ende, no es posible. Eso
explica por qué en América Latina casi no existe tal subsidio. Además,
cuando el desempleo llega hasta el 40% o el 50% de la fuerza de
trabajo, no hay capacidad económica para pagarlo. Eso transforma el
capitalismo periférico necesariamente en capitalismo salvaje, en cuanto
no logra establecer un modelo de desarrollo eficaz. O se tiene empleo, o
se cae en la miseria. El resultado es la formación del sector informal de
la economía. Una política de desarrollo eficaz, aunque no pueda
asegurar empleo formal a todos, tiene que fomentar entonces estas
actividades del sector informal. Sin este fomento, el sector formal se
convierte en un simple receptor de la mi seria producida por la
tendencia al desempleo creada por el automatismo del mercado. El
problema de la viabilidad de la democracia en América Central, está
trabajado especialmente por Torres-Rivas, Edelberto:
Centroamérica: la democracia posible. EDUCA. San José, 1987.
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