Características y Origen del Ensayo
Características y Origen del Ensayo
No siempre es no ficcional.
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-Palabra “ensayo”. Origen: Montaigne (1580) y Francis Bacon (1597). Bacon le disputó a
Montaigne la originalidad que éste se atribuía: “la palabra es nueva pero el contenido es
antiguo”. Es decir, hay ensayos antes de Montaigne: Platón, Séneca, Marco Aurelio, Fray Luis
de Granada, Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, Quevedo, Cascales, Feijóo, Cadalso,
Jovellanos…
No es tanto un género literario como una actitud. Por eso muchos estudiosos hablan de
ensayistas más que de ensayos. Montaigne es consciente de que no es un género literario y
hablaba de “sus escritos”, “sus reflexiones”, “sus obras”. No es un género literario sino una
actitud ante la materia que va a tratar, una disposición espiritual. En la época de Montaigne
lo normal era traducir essai o referirse al ensayo como discurso, que hasta el momento era la
única palabra existente para referirse a la disertación en prosa. Se hace así alusión al
carácter dialogal o tono conversacional del ensayo y también porque supone una
argumentación.
En el siglo XVIII se utiliza ya el término ensayo en el título de ciertas obras que pretenden así
mostrar una serie de características primordiales, y cuyo significado evoluciona desde el
simple sinónimo de “prueba” o “tentativa” hasta –en el siglo XIX– representar a escritos
pertenecientes a un nuevo género literario. Se puede decir que a partir de la defensa del
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ensayo de Varela (1868), con motivo de la obra de Laverde y sobre todo con Ensayos y
revistas (1892) de Leopoldo Alas, la palabra “ensayo” adquiere una dimensión literaria. La
palabra ensayo se acepta en España en el siglo XIX para designar una composición literaria
pero todavía con una connotación no muy positiva.
Con la Generación del 98 el término se universaliza y alcanza tal prestigio que para mediados
del siglo XX su uso se hace de nuevo impreciso, al dar cobijo a estudios científicos, a tratados
y a monografías sobre todo en el campo de la Crítica literaria y la Sociología.
Con la Generación del 98 el ensayo pasa a ser la forma de expresión literaria por excelencia.
Unamuno, Ganivet, Azorín, Ramiro de Maeztu y Menéndez Pidal entre otros dan comienzo a
una tradición ensayística que ha sido continuada hasta nuestros días y a la que pertenecen
destacadas figuras de las letras y el pensamiento español: Ortega y Gasset, Salvador de
Madariaga, Ramón Pérez de Ayala, Manuel Azaña, Eugenio D´Ors, Américo Castro, Pedro
Salinas, Dámaso Alonso, Francisco Ayala, Laín Entralgo, Julián Marías, Aranguren, Savater…
De todos ellos, es significativo que Unamuno se refería a alguna de sus obras como
“ensayo”: “Si mi ensayo sobre la lectura y la interpretación del Quijote ha escandalizado a
los fanáticos…”, “Los ensayos que constituyen mi libro En torno al casticismo”. Refiriéndose
a Viejos y jóvenes dice “Este ensayo va a ser, en su mayor parte, consecuencia…”. El
caballero de la triste figura es clasificado del mismo modo: “Para rellenar un poco más este
ensayo no vendría mal un estudio analítico”. De todos modos, es Ortega en primer escritor
español en considerarse a sí mismo un ensayista y califica sus obras de ensayos: “Mis
ensayos suelen ir apareciendo segmentados”. En La rebelión de las masas dice: “En este
ensayo se ha querido dibujar un cierto tipo europeo”. En El tema de nuestro tiempo dice “La
intención de este ensayo era demostrar”. España invertebrada la califica de “un ensayo de
ensayo”. Ortega llama a sus escritos ensayos.
Género híbrido entre Filosofía (orientado hacia la reflexión y el pensamiento crítico), Ciencia
(sin la prueba), la Literatura (la creatividad, cuidado de la forma) y la Retórica (la estructura
argumentativa). Ramón Pérez de Ayala dice que el ensayo es un injerto de la Ciencia en la
Literatura. J. E. Clemente lo definió como una tentativa filosófica en escala literaria, siempre
frontera entre la Filosofía y la Literatura. M. Picón Salas señala que la función del ensayista
parece ser conciliar la Poesía y la Filosofía. E. Anderson Imbert considera que el ensayo es
una obra de arte construida conceptualmente: es una estructura lógica pero donde la Lógica
se pone a cantar.
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¿Es más filosófico o más literario?
Th. Adorno, Gustavo Bueno, Eugenio D´Ors y Aullón de Haro piensan que es más filosófico.
Marichal, Leo Spitzer, Dámaso Alonso y G. Lukács (El gesto del artista) piensan que es más
literario.
De todos modos, la parte científica del ensayo es muy diferente a los textos científicos o
filosóficos porque está orientada y determinada por la parte estética o artística. Veamos
algunas diferencias.
1. No tienen una bibliografía específica. No tienen notas y las citas son más un pretexto
que un fundamento de su posición. Esto se debe a la ocultación discreta de la
erudición para favorecer el diálogo de tú a tú.
2. El lenguaje es cotidiano, cuidado pero no especializado. Asequibilidad.
3. El tema no es especializado, aunque debe ser actual (si bien puede tratarse de
cuestiones de hace tiempo, pero actualizadas).
4. Es una reflexión sobre lo particular y lo contingente, aunque se puede relacionar con
lo universal y trascendental. El científico, el especialista, pretende llegar a conocer las
verdades universales y permanentes, inmutables, relacionándolas entre sí a través de
un método y de un sistema que los organice.
5. El ensayista presupone que su opinión no es ni única ni definitiva. Sabe que sus
argumentos están sujetos a la crítica de otra individualidad con otro punto de vista.
El ensayista reconoce en el lector a un ser con idéntica libertad de pensamiento.
El científico pretende presentar al lector una verdad incontrovertible, inamovible
mientras no se demuestre lo contrario.
6. El ensayo tienen una estructura convencionalizable: la de la retórica. El ensayo es uno
de los géneros argumentativos, junto con el diálogo, la epístola, la glosa, el artículo,
el sermón, el prólogo, el discurso oratorio y el tratado.
El ensayo tiene un armazón lógico-argumentativo pero sus pruebas no se basan en
verdades necesarias sino en opiniones y argumentos verosímiles.
El ensayista aporta como prueba de su argumentación sus vivencias personales y sus
valoraciones subjetivas, mientras que el científico se aparta de sus vivencias y de su
ideología en la medida de lo posible.
Ensayista ------ subjetivo. Científico ------ objetivo
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c. Género ensayístico-argumentativo, no ficcional, con o sin disposición
estructural reconocible.
d. Género argumentativo. Sería el cuarto género literario: el ensayístico-
argumentativo, cuyas características fundamentales serían:
1- Su estructura pragmática con finalidad perlocutiva (producir un
efecto en el lector).
2- Manifiesta y cuidada voluntad de estilo, con atención especial al
cuidado de la forma incluso sobre la profundidad de los contenidos
específicos.
El ensayo es uno de los géneros argumentativos y puede ser literario (voluntad de
estilo, poeticidad) o no. Otros géneros argumentativos son el diálogo, la epístola, la
glosa, el artículo, el sermón, el prólogo, el discurso oratorio y el tratado.
Las características de este macrogénero son
Referenciales:
No ficcional y siempre verosímil
Lenguaje natural, no especial
Puede juzgarse en términos verdad/falsedad
Principio de sinceridad
Sintáctico-semánticas:
Macroestructura caracterizada por una superestructura argumentativa que consta de
dos categorías fundamentales:
La tesis o presentación del asunto
Su justificación mediante pruebas no demostrables, es decir, de carácter más
afectivo y valorativo que lógico-racional.
Esta superestructura puede desarrollarse de múltiples maneras y con finalidades muy
diferentes pero en términos retóricos esto se llama narratio y argumentatio, que
pueden ampliarse con un exordio y una peroratio.
8. El ensayista tiene una manifiesta y cuidada voluntad de estilo, lo que refuerza la idea
de que el ensayista es una figura muy importante.
9. La intención principal es movere, hacer pensar, conmover, remover conciencias,
provocar. A veces, que la gente actúe: por ejemplo, que compre en la publicidad, que
tome una decisión o que vote en discursos judiciales o políticos. Conexión con la
retórica.
10. No quiere engañar aunque engañe. No quiere deleitar aunque deleite. Muchas veces
no se trata tanto de persuadir como de justificar su postura (y motivar al lector).