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Ética y Moral en la Abogacía Profesional

El documento analiza el rol del abogado ante la ética, la moral, la conciencia y los principios deontológicos. Explica que los abogados desempeñan un papel fundamental en la sociedad al ser defensores de la justicia y el orden legal, y que su labor va más allá de la simple aplicación de normas legales pues también deben actuar de acuerdo con principios éticos y morales. Asimismo, señala que la moralidad en la práctica jurídica abarca diversas dimensiones como la honestidad, la defensa

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Ética y Moral en la Abogacía Profesional

El documento analiza el rol del abogado ante la ética, la moral, la conciencia y los principios deontológicos. Explica que los abogados desempeñan un papel fundamental en la sociedad al ser defensores de la justicia y el orden legal, y que su labor va más allá de la simple aplicación de normas legales pues también deben actuar de acuerdo con principios éticos y morales. Asimismo, señala que la moralidad en la práctica jurídica abarca diversas dimensiones como la honestidad, la defensa

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Rol del abogado ante la ética, la moral, la conciencia y los principios deontológicos.

Syllen De La Rans, Vanessa Fernández, Alberto Gutierrez, Elisa Muñoz & Jandry Quintana

Deontología Jurídica
Docente: Ladys Bermúdez

Universidad De La Guajira
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Programa de Derecho
Riohacha, La Guajira, Colombia

Dra. Ladys Bermúdez Villarroya


Febrero 2024
Introducción

La sociedad siempre ha estigmatizado el rol del abogado, imponiendo e impartiendo cómo


debemos obrar según la ética profesional, la moral y las buenas costumbres, consignadas en los
manuales de disciplina y procedimiento que debemos respetar y acatar como profesionales del
derecho. La comunidad espera que la moral siempre esté ligada a nuestro comportamiento para
evitar recaer en malas prácticas no catalogadas como leales tanto con el cliente como con los
colegas.
Los abogados desempeñan un papel fundamental en la sociedad al ser defensores de la justicia
y el orden legal. Su labor va más allá de la simple aplicación de normativas y leyes, ya que
también están llamados a actuar de acuerdo con principios éticos y morales que guían su
conducta profesional. La relación entre el rol de los abogados y la moral es intrínseca, ya que
estos profesionales tienen la responsabilidad de velar por la equidad, la verdad y el respeto a
los derechos humanos.
La moralidad en la práctica jurídica abarca diversas dimensiones, desde la honestidad en la
representación de clientes hasta la defensa de causas justas y la promoción de un sistema legal
que busque el bien común. Los abogados, como guardianes del sistema de justicia, deben
equilibrar su deber con sus clientes con la necesidad de mantener la integridad del sistema legal
en su conjunto. La confianza en la profesión legal se construye en gran medida en torno a la
percepción de que los abogados actúan de manera ética y moralmente responsable. En este
contexto, los códigos de ética y conducta profesional sirven como guías fundamentales para
los abogados, delineando los principios morales que deben regir su práctica. Estos códigos
abordan aspectos como la confidencialidad, la imparcialidad, la lealtad a la justicia y el respeto
a la diversidad. Asimismo, la moralidad en la abogacía se refleja en la responsabilidad social
de los abogados, quienes a menudo participan en la defensa de los derechos civiles y
contribuyen al fortalecimiento de la democracia.
En resumen, el rol de los abogados está intrínsecamente ligado a la moral, ya que su labor va
más allá de la mera interpretación y aplicación de las leyes, extendiéndose a la defensa de
principios éticos que sustentan la justicia y promueven el bienestar social. La relación entre la
abogacía y la moralidad es esencial para construir una sociedad justa y equitativa, donde el
ejercicio del derecho esté en armonía con los valores fundamentales que sustentan la
convivencia humana. La ética de los abogados es fundamental en el sistema legal, ya que se
basa en principios que buscan preservar la integridad, la justicia y el respeto al ejercer la
profesión. Los abogados tienen la responsabilidad de actuar con honestidad, imparcialidad y
diligencia en la representación de sus clientes, así como de respetar la confidencialidad de la
información recibida.
El estudio detallado de la ética, la moral y las prácticas de los abogados analiza de forma
detallada y sistemática para determinar si es adecuado el comportamiento que los profesionales
del derecho ponen en práctica a la hora de realizar su praxis, poniendo en práctica también los
llamados “mandamientos del abogado” para mantener la armonía con la sociedad y más con el
cliente y los colegas.
Tabla de contenido
Introducción .........................................................................................................................................2
Objetivo General. .................................................................................................................................5
Objetivos Específicos. ..........................................................................................................................5
Rol del abogado ante la ética ..............................................................................................................6
Rol del abogado ante la moral .............................................................................................................7
Rol del abogado ante la conciencia .....................................................................................................8
Rol del abogado ante los principios deontológicos .............................................................................9
1. JUSTICIA .......................................................................................................................................9
2. INDEPENDENCIA PROFESIONAL .................................................................................................10
3. LIBERTAD PROFESIONAL ............................................................................................................11
4. CIENCIA Y CONCIENCIA ..............................................................................................................12
5. PROBIDAD PROFESIONAL ..........................................................................................................13
Conclusión..........................................................................................................................................13
Referencias bibliográficas ..................................................................................................................14
Objetivo General.
Analizar de manera integral el papel del abogado en la ética, moral, conciencia y principios
deontológicos,

Objetivos Específicos.

• Identificar los desafíos éticos comunes, las divergencias entre la ética personal y
profesional.
• Comprender cómo los abogados gestionan los dilemas éticos, equilibran la moral
personal con las responsabilidades profesionales, y aplican los principios deontológicos
en su ejercicio diario del derecho.
• Analizar la influencia de estos aspectos éticos y morales en la toma de decisiones
legales, la defensa de los derechos y la construcción de una sociedad justa.
Rol del abogado ante la ética
El papel del abogado en relación con la ética es crucial, ya que implica un compromiso con
principios fundamentales destinados a garantizar la integridad del sistema legal y la
administración de justicia. A continuación, se proporciona una explicación detallada sobre el
rol del abogado en este contexto:

• Confidencialidad:
Los abogados están obligados a resguardar la confidencialidad de la información
proporcionada por sus clientes. Este principio es esencial para construir una relación de
confianza entre el abogado y el cliente, permitiendo una comunicación abierta y completa.
• Lealtad hacia el cliente:
El abogado tiene la responsabilidad principal de representar y proteger los intereses de su
cliente de manera diligente y leal. Esto implica actuar con la máxima dedicación para obtener
el mejor resultado posible dentro de los límites éticos y legales.
• Honestidad y Veracidad:
Los abogados deben ser honestos y veraces en todas sus interacciones profesionales. Esto se
aplica tanto a la comunicación con los clientes como a la presentación de argumentos ante los
tribunales. La distorsión de los hechos o la presentación de información engañosa va en contra
de los principios éticos.
• Evitar conflictos de intereses:
Los abogados deben evitar situaciones en las que exista un conflicto de interés entre sus
obligaciones hacia el cliente actual y sus intereses personales o profesionales. La lealtad hacia
el cliente debe ser prioritaria y no debe comprometerse por otros intereses.
• Acceso a la justicia:
La ética abogadil también involucra el compromiso con la promoción del acceso a la justicia.
Los abogados se encargan de facilitar el acceso a servicios legales y garantizar que la
representación legal no esté limitada solo a quienes pueden pagar servicios costosos.
• Mejora continua y actualización:
Los abogados deben esforzarse por mantener y mejorar sus conocimientos legales y habilidades
profesionales. La formación continua es esencial para adaptarse a los cambios en la legislación
y asegurar que los clientes reciban asesoramiento jurídico y preciso.
• Respeto hacia el sistema legal:
Los abogados deben respetar y colaborar con el sistema legal en su conjunto. Esto implica no
participar en conductas que desacrediten la administración de justicia y adherirse a prácticas
legales éticas en todas las etapas de su trabajo.

En resumen, el rol del abogado ante la ética implica no solo la defensa de los intereses de los
clientes, sino también la preservación de la integridad del sistema legal y la promoción de
valores fundamentales que contribuyen a la justicia y la equidad.
Rol del abogado ante la moral

Es necesario remitirnos hacia el concepto de moral, se entiende como el “conjunto de


convicciones y pautas de conducta que guían los actos de una persona concreta a lo largo de su
vida”. En este sentido, estos modos de vida, individuales y comunitarios, se concretan en
tradiciones, religiones y sistemas filosóficos que en algunas ocasiones se llaman moral en la
medida en que son modos de vida concretos.
La moral se compone de dos aspectos o ámbitos; por un lado, es valorativa y, por otro, es
normativa. Se dice que es valorativa en cuanto establece criterios de distinción entre lo bueno
y lo malo; por su parte, es normativa en cuanto ordena hacer el bien y no hacer el mal. No
corresponde a la moral decidir qué es bueno.
Moral valorativa en el ejercicio del abogado:
Ejemplo: Un abogado defensor que, a pesar de conocer la culpabilidad de su cliente, se esfuerza
por proporcionar la mejor defensa posible, respetando el principio de la presunción de
inocencia. En este caso, la moral valorativa del abogado se refleja en su compromiso con la
justicia y en la creencia de que todos tienen derecho a una defensa adecuada,
independientemente de la naturaleza del delito.
Moral normativa en el ejercicio del abogado:
Ejemplo: Un abogado que al conocer que su cliente planea presentar pruebas falsas en el
tribunal, decide rechazar esa estrategia y abogar por una defensa basada en hechos y pruebas
legítimas. Aquí, la moral normativa del abogado se manifiesta al optar por una conducta ética
y legal, alineada con la norma de actuar de manera honesta y evitar prácticas engañosas en el
proceso judicial.
La moral es un sistema de contenidos que refleja una determinada forma de vida” ( Cortina Orts y
Martínez, 1996). De ahí, que la deontología jurídica se identifica como obligaciones morales que el

abogado debe tener presentes en su actividad profesional.


En Colombia, se le suele llamar “buenas costumbres”, cuyo significado se tiene en cuenta para
ponderar diversos postulados consuetudinarios.
Rol del abogado ante la conciencia

“Cuando del concepto conciencia los debemos vincular al calificativo profesional. Conforme
lo anterior, prescindimos de las discusiones de la conciencia a nivel de la filosofía, la psicología
y la religión, pues su vinculación se realiza con la ética profesional.” (Chinchilla Sandí, 2006)
La conciencia profesional está relacionada con el conocimiento y, en este sentido, con la
responsabilidad personal del profesional. “Debe actuar no sólo con rigurosa atención a las
normas técnicas, sino también con conocimiento de todas las consecuencias que derivan de su
aplicación, incluso hasta más allá de los límites de la relación profesional, teniendo en cuenta
el interés individual del cliente y el general de la colectividad en relación a la función social
desarrollada por la profesión”.
Existe una conexión entre la conciencia y la moralidad, de hecho, es una moral asociada al
marco de la profesión jurídica y del sistema jurídico en general. La cercanía entre conciencia
y moral es obvia porque el abogado en su ejercicio profesional debe utilizar, además de los
aspectos técnicos de su ciencia, sus propias ideas de justicia.
Es importante comprender que la conciencia y la ciencia forman parte de los principios
deontológicos de la abogacía como profesión, así pues, la conducta del abogado se rige según
sus pensamientos basados en la ética adecuada a su profesión. Según el autor Couture: “El
derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando”.
El rol del abogado ante la conciencia implica una constante reflexión ética sobre las
implicaciones morales de sus acciones y decisiones. Los abogados deben actuar de manera que
resuene con su propia conciencia y valores éticos, considerando el impacto de sus decisiones
en la sociedad y en la administración de justicia. Esto implica no solo cumplir con las
obligaciones legales y deontológicas, sino también evaluar la integridad de su participación en
un caso o situación. La conciencia del abogado sirve como guía interna, instándolo a equilibrar
la defensa de los intereses del cliente con la responsabilidad hacia la justicia y la ética. La
capacidad de mantener la integridad moral en la práctica legal es esencial para construir una
confianza duradera en el sistema legal y contribuir al bienestar social.
Rol del abogado ante los principios deontológicos

La Deontología Jurídica comprende las reglas del deber y, como tal, tiene la misión de regular
el proceder correcto y apropiado del abogado en su ejercicio profesional. Esta función la realiza
desde el ámbito de los llamados Códigos Deontológicos que regulan toda la actividad de la
Abogacía, los que a su vez se nutren, indiscutiblemente, de la Moral y la Ética. La deontología
no es más que la ética profesional aplicada, donde sus contenidos normativos son de
acatamiento obligatorio para todos los abogados a los cuales se dirigen. Existen muchos
principios rectores de la Deontología Profesional, entre los más importantes encontramos la
justicia, la independencia profesional, la libertad profesional, la ciencia y conciencia, así como
la probidad profesional. Estos principios dan contenido y vigencia práctica a la Deontología
Jurídica, desde su carácter preventivo, vulnerado a veces por actuaciones indebidas de los
abogados y surge la posibilidad extrema de sancionar disciplinarias a estos.
1. JUSTICIA
La Justicia tiene muchas acepciones y formas de entenderla. En este momento no nos interesa
la justicia como poder –desde un ámbito político–, tampoco la justicia como cuerpo –concepto
funcionarial–, y excluimos su identificación como Administración de Justicia –concepto
cargado de un gran valor orgánico–, sino que nos interesa identificarla en dos de sus aspectos
que consideramos más relevantes; la justicia como virtud y como resultado.
a) Justicia como virtud es un principio operativo que nos dirige a ser justos. La justicia es
virtud social, pues cada uno de nosotros llevamos, en forma consciente o latente, una
idea primera de lo que es justo, “todo lo simple que se quiera, pero natural,
incorruptible, aunque pueda estar soterrada bajo vicios, pasiones e intereses, y aunque
muchas veces no se la quiera escuchar. Y el abogado es el sacerdote de esa idea, que
hace posible la convivencia y la cooperación social en un ambiente de orden fecundo”.
En todo esto es interesante reconocer que el talento no es cualidad suficiente en una
profesión que se relaciona tan de cerca con la justicia.
Ejemplo: Un abogado talentoso pero carente del principio de la justicia podría ser aquel que, a
pesar de su habilidad legal excepcional, elige representar exclusivamente a clientes adinerados
sin importar la validez moral de sus casos. Este abogado podría estar dispuesto a utilizar
lagunas legales o tácticas poco éticas para lograr la victoria, sin considerar las consecuencias
éticas o sociales de sus acciones. Su enfoque podría centrarse en maximizar sus ganancias y
reputación personal, sin tener en cuenta la equidad o la integridad del sistema legal. Aunque
demuestre talento en la práctica legal, su falta de compromiso con el principio fundamental de
la justicia socavaría la esencia ética y moral de su profesión.
En este sentido, la independencia y el desinterés constituyen las virtudes esenciales y
especialmente meritorias del abogado.
b) Justicia como resultado, esta lleva implícita una noción de reparto. El dar a cada uno lo
suyo implica un conocimiento previo de lo que es propio de cada cual, y una atribución
a título personal de lo que hemos individualizado como de su pertenencia. Esta
perspectiva de la justicia desde el ámbito de la proporcionalidad tiene dos visiones
diferentes, según hablemos de la justicia conmutativa y justicia distributiva. Respecto
a la justicia conmutativa tenemos que la proporcionalidad adquiere un perfil de igualdad
aritmética, “pues aplicándose a las relaciones interpersonales, hay una equivalencia
entre lo que se da y lo que se recibe: en una compraventa, si prevalece la justicia, habrá
una equivalencia entra la cosa y el precio. Cosa distinta será la determinación de esa
equivalencia”. En el caso de la justicia distributiva la proporcionalidad tiene su razón
en los méritos y circunstancias personales de aquéllos que participan en la distribución.
Por ello, “el centro de gravedad de la operación se desplaza de la igualdad aritmética
de las cosas que se dan y reciben (justicia conmutativa) a la desigualdad personal de los
partícipes, cuya proporción ha de respetarse (justicia distributiva)”.
Existen una serie de prácticas que se consideran contrarias a la Justicia y que dirigen a pensar
en la injusticia. Lamentablemente, en algunas de estas prácticas participa el abogado, como
artífice de conductas inapropiadas e indecorosas, las cuales justifica, sin razón alguna, en el
ánimo de ganar el pleito judicial para favorecer a su cliente.
Respecto a este tema, Couture expone su mandamiento; “Ten fe en el derecho, como el mejor
instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del derecho; en
la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y, sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual
no hay derecho, ni justicia, ni paz”. El derrotero a seguir para el abogado se encuentra marcado
por la justicia, la que no permite actuaciones contrarias a ella, por lo que, sin lugar a duda, un
proceder injusto como lo podrían ser: a) El uso alternativo del derecho; b) El fraude del fin
perseguido por la ley; c) La multiplicación injustificada de incidentes o prolongación indebida
de procedimientos; y, d) Cualquier otra desviación del proceso hacia la obtención de fines
ilícitos. Llevaría a desconocer el preciado valor de la justicia, para adentrarnos en un desvalor
perjudicial para el ejercicio de la abogacía, el derecho y la sociedad en general, como lo es, la
injusticia.

2. INDEPENDENCIA PROFESIONAL
Este principio tiene una relación directa con la abogacía, debido a que sus características
conducen a su identificación dentro del ámbito de la deontología jurídica. Para algunos, como
el caso de Carlo Lega, la independencia profesional no tiene solamente relieve deontológico,
sino que configura jurídicamente uno de los bienes materiales de que es titular el ente
profesional, que ha sido dotado del poder/deber de salvaguardarla. Referido al ejercicio de la
abogacía, para Carlo Lega la independencia se entiende como “ausencia de toda forma de
injerencia, de interferencia, de vínculos y de presiones de cual quiera que sean provenientes
del exterior y que tiendan a influenciar, desviar o distorsionar la acción del ente profesional
para la consecución de sus fines institucionales y la actividad desempeñada por los colegiados
en el ejercicio de su profesión”. Cualquier distorsión o intromisión en la independencia del
profesional en derecho debe ser considerada ilícita.
Como vemos, la forma de definir el principio de independencia es en forma negativa, como la
ausencia de injerencias y presiones en el ejercicio de la profesión; pero también desde un
aspecto positivo, como lo son, la autonomía y la libertad en la citada actividad profesional. Es
manifiesto que el abogado debe atenerse profesionalmente a su saber y conciencia, por lo que
la independencia de su actuación va referida, en principio, a estos extremos. Partiendo de lo
anterior, el primer obstáculo a la independencia profesional lo es la propia ignorancia del
profesional en derecho. Por ello, cuando se hace referencia a la independencia del abogado,
“no es a esa autonomía o independencia a la que nos referimos, sino a la que tiene su asiento
en la voluntad, es decir, en la libertad del profesional; esto es, a la posibilidad de tomar
decisiones propias, no condicionadas por injerencias o mediatizaciones externas. Estamos,
pues, ante un concepto de independencia exterior, no interior”. La independencia del abogado
se puede ver amenazada, externamente, y venir del: a) Órgano judicial; b) Autoridades
administrativas; c) Poderes político-económicos; d) Colegio Profesional; e) Clientes.
Un ejemplo de esto sería una abogada que en un bufete corporativo, carece del principio de
independencia profesional al permitir que los intereses económicos del bufete influyan en su
capacidad para cuestionar prácticas poco éticas de una corporación cliente. Su lealtad a los
beneficios económicos distorsiona su independencia y compromete la integridad de su ejercicio
profesional, ilustrando cómo los factores externos pueden afectar negativamente la ética y la
integridad del abogado.

3. LIBERTAD PROFESIONAL
Según expertos en la materia, la libertad profesional es aquella que se traduce al propio ejercicio
de la función del abogado y lleva consigo la libertad de autodeterminación del profesional en
orden a su conducta en el ejercicio de la profesión no sólo desde un punto de vista técnico, sino
también con relación a los comportamientos que complementan a los técnicos.
Carlo Lega, afirma que “mientras que el principio de independencia supone sobre todo una
garantía del ente profesional y del profesional individualmente considerado frente a las
intromisiones arbitrarias de terceros, el principio de libertad, en su aspecto deontológico,
concierne en particular al comportamiento del abogado con relación a su cliente y tiende a
atemperar la exigencia de las normas del arte forense con el interés del asistido y con la
dignidad profesional del quien lo asiste”; en otras palabras, mientras que el principio de
independencia protege a los abogados y sus prácticas de interferencias injustificadas externas,
el principio de libertad, desde un punto de vista ético, se centra en cómo los abogados
interactúan con sus clientes. Busca equilibrar las reglas y normativas legales con el mejor
interés del cliente y el respeto hacia la integridad profesional del abogado.
Por ejemplo; transportándonos al ámbito del derecho penal, un abogado representa a un cliente
acusado de un delito que podría acarrear una pena privativa de la libertad en establecimiento
carcelario por un lapso considerable. Durante el transcurso del caso, el abogado descubre
información que podría ser perjudicial para su cliente si se revela en el juicio. Por un lado, las
normas del arte forense podrían sugerir que el abogado está obligado a revelar toda la
información relevante al tribunal. Sin embargo, el abogado también tiene la obligación ética de
proteger los intereses de su cliente y mantener la confidencialidad de la información que pueda
perjudicarlo.
En este caso, el abogado se enfrenta a un dilema ético entre cumplir con las normas
profesionales y proteger los intereses de su cliente. La libertad profesional le otorga al abogado
la autonomía para tomar la decisión que considere más apropiada en beneficio de su cliente,
siempre y cuando no viole ninguna ley o norma ética.
El abogado podría decidir, por ejemplo, no revelar la información perjudicial durante el juicio,
pero buscar otras estrategias legales para proteger los derechos de su cliente. Esto podría incluir
negociaciones con la fiscalía, presentación de pruebas mitigantes o argumentos legales
específicos que ayuden a su cliente sin comprometer la integridad del proceso legal.
En este ejemplo, la libertad profesional permite al abogado actuar en el mejor interés de su
cliente, incluso cuando esto signifique desviarse de las normas convencionales del arte forense,
siempre y cuando lo haga de manera ética y legalmente aceptable.

4. CIENCIA Y CONCIENCIA

El principio deontológico que ahora nos ocupa, que tiene una aplicación general, se centra en
el concepto de "actuar de acuerdo con el conocimiento y la conciencia". Este principio implica
dos conceptos fundamentales que necesitan ser clarificados de inmediato para comprender su
significado: nos referimos al conocimiento y a la conciencia.
a. Ciencia:
Cuando se menciona la "ciencia" en este contexto, se está haciendo referencia al conocimiento
profundo y completo del Derecho, que es la disciplina profesional de los abogados. La ciencia
del Derecho no se limita únicamente al conocimiento teórico de las leyes y regulaciones, sino
que también incluye su aplicación práctica en situaciones concretas.
Entonces, cuando se habla de la "ciencia propia del abogado", se está haciendo referencia al
conocimiento exhaustivo del Derecho, que abarca tanto la comprensión de las leyes en sí
mismas, como su interpretación por parte de los tribunales (jurisprudencia), así como el estudio
de la doctrina legal y los principios jurídicos y filosóficos en los que se basa esa doctrina.
b) Conciencia:
Se refiere específicamente a la conciencia profesional del abogado. En otras palabras, se está
hablando de la conciencia ética que guía las acciones y decisiones de un abogado en el ejercicio
de su profesión.
Al decir que debemos vincular el concepto de conciencia al calificativo "profesional", se está
enfatizando que la conciencia del abogado debe estar en línea con los estándares éticos y las
normas de conducta profesional de su campo. Esto significa que la discusión sobre la
conciencia en este contexto se limita a su aplicación en el ámbito de la ética profesional, en
lugar de abordarla desde perspectivas más amplias como la filosofía, la psicología o la religión.
Resulta imperativo plasmar un ejemplo: Marcela es una abogada especialista en Derecho
Comercial y se encuentra asesorando a un cliente que desea iniciar un negocio. Basándose en
su conocimiento del Derecho comercial y empresarial (ciencia del Derecho), ella le
proporciona orientación sobre los requisitos legales para la constitución de la empresa, los
contratos necesarios y las regulaciones aplicables.
Sin embargo, durante la consulta, el abogado descubre que el cliente está considerando realizar
una acción que podría ser legal pero moralmente cuestionable, como omitir información
relevante en un contrato para obtener una ventaja injusta. Aquí, la conciencia profesional de la
abogada la lleva a explicarle al cliente las implicaciones éticas de su decisión y a orientarlo
hacia una opción que cumpla con los estándares éticos y legales.
En este ejemplo, Marcela utiliza su conocimiento del Derecho para asesorar al cliente, pero
también ejerce su conciencia profesional al asegurarse de que las acciones de su cliente estén
alineadas con los principios éticos de la profesión legal.
5. PROBIDAD PROFESIONAL
La probidad equivale a la honradez, y es esencial que un profesional sea íntegro y honesto,
tanto en su vida laboral como personal. Este principio ético es universal y está estrechamente
vinculado a la deontología, aplicándose a todas las profesiones, incluida la abogacía. Dado que
el concepto de probidad profesional abarca una amplia gama de comportamientos, también se
extiende al ámbito de la vida privada del abogado. Por lo tanto, cualquier conducta inapropiada
en la esfera privada del profesional puede tener repercusiones en su reputación personal.
Así pues, el ejemplo que concierne es el siguiente: Marcos, abogado civilista, está
representando a un cliente en un caso de divorcio. Durante la preparación del caso, el abogado
descubre que su cliente ha ocultado ciertos activos financieros al presentar la información para
el acuerdo de divorcio. Aunque la tentación de mantener esta información oculta podría ser
fuerte, el abogado sabe que revelarla es lo correcto y ético.
Ante esta situación, el abogado elige actuar con probidad profesional. En lugar de encubrir la
información o permitir que su cliente continúe con la ocultación de activos, el abogado le
explica claramente las implicaciones legales y éticas de su conducta. Luego, el abogado trabaja
con el cliente para corregir la situación, presentando una declaración completa y precisa de los
activos financieros en cuestión.
Este ejemplo muestra cómo un abogado ejerce la probidad profesional al actuar con honestidad
y rectitud, incluso cuando enfrenta presiones o dilemas éticos en su práctica legal. En este caso,
el abogado prioriza los principios éticos sobre el interés personal o los beneficios financieros,
demostrando su compromiso con la integridad y la honestidad en su profesión.

Conclusión

En conclusión, la moral y la ética son pilares fundamentales que sustentan la práctica de los
abogados, delineando la senda por la cual transitan en su trabajo diario. La integridad moral,
cimentada en principios éticos sólidos, no solo es esencial para el desarrollo de la confianza y
la lealtad en el ámbito profesional, sino que también confiere a los abogados la responsabilidad
de ser guardianes de la justicia y defensores de los valores fundamentales en el sistema legal.
La lealtad hacia el cliente, si bien es prioritaria, debe coexistir con la honestidad y la
responsabilidad hacia la sociedad en su conjunto. La moral del abogado se refleja no solo en la
forma en que representa los intereses de sus clientes, sino también en su compromiso con el
acceso equitativo a la justicia y el respeto por el sistema legal.
La toma de decisiones éticas, el constante perfeccionamiento profesional y el respeto hacia el
sistema legal son componentes esenciales de la moral y la ética de los abogados. Al equilibrar
la defensa apasionada de los intereses individuales con la preservación de la justicia y la
equidad, los abogados desempeñan un papel vital en la construcción de una sociedad justa y
ética. En última instancia, la moral y la ética de los abogados no solo definen su reputación
individual, sino que también contribuyen a la confianza pública en el sistema legal. Al abrazar
estos principios, los abogados se convierten en agentes activos en la búsqueda de un equilibrio
entre los derechos individuales y el bien común, forjando así un legado de integridad y
compromiso con la justicia.
Referencias bibliográficas

Chinchilla Sandí, C. El abogado ante la moral, la ética y la deontología jurídica. 2006


Couture, Eduardo J., Los mandamientos del Abogado, Buenos Aires, 1994.
Lega, Carlo, Deontología de la profesión de abogado, en Curso de Ética Profesional
Jurídica, San José, 2005.
Santana Ramos, Emilia Mª. El rol del abogado ante la ética y el ejercicio profesional.
Revista de la Facultad de Derecho. 2018 https://doi.org/10.22187/rfd2018n44a5
Herazo Girón, Fernando A. La ética profesional del abogado. Revista Cultural Unilibre.
2013.

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