Leucemia Aguda
La leucemia mieloide aguda es un tipo de cáncer que se origina generalmente en las células madre que
producen los granulocitos (neutrófilos, eosinófilos o basófilos). La leucemia mieloide aguda se manifiesta
inicialmente en la médula ósea, pero en la mayoría de los casos, se extiende rápidamente a través de la sangre.
En algunas ocasiones puede afectar otras partes del cuerpo como los ganglios linfáticos, el hígado, el bazo, el
sistema nervioso central o los testículos.
La palabra «aguda» en la expresión «leucemia mielógena aguda» denota la progresión acelerada de la
enfermedad. Se llama «leucemia mielógena» porque afecta a un grupo de glóbulos blancos llamados «células
mieloides», que normalmente se convierten en los diversos tipos de células sanguíneas maduras, como los
glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas.
Leucemia aguda en adultos
La leucemia mieloide aguda en adultos: aguda (también conocida como leucemia
mieloblástica aguda, leucemia mielógena aguda, leucemia granulocítica aguda o LMA) es el tipo
más común de leucemia aguda en adultos. En ocasiones, la LMA es la etapa final de otras
enfermedades como los síndromes mielodisplásicos o los síndromes mieloproliferativos crónicos.
Su incidencia es muy elevada entre pacientes con determinadas alteraciones cromosómicas como
el síndrome de Down o la Anemia de Fanconi.
Las LMA pueden aparecer años después de haber recibido quimioterapia y/o radioterapia para el
tratamiento de otra neoplasia; estas LMA se denominan secundarias. La mediana de edad de los pacientes con
LMA es de 64 años y la mayoría de pacientes se sitúan en la franja de los 60–75 años.
Signos y síntomas
A veces, las personas con LMA no presentan ninguno de los signos y síntomas
Fatiga
Debilidad
Piel pálida
Moretones que se forman fácilmente o sangrado que no se detiene con facilidad
Pérdida de peso
Fiebre
Dolor en los huesos, la espalda o abdominal
Dificultad para respirar o falta de aire
Infecciones frecuentes o infecciones que no desaparecen
Ganglios o nódulos linfáticos inflamados
Encías inflamadas o sangrantes
Dolor en el pecho
Mareos
Ciclo menstrual inusualmente largo
Nódulos en la piel
Manchas rojas del tamaño de la cabeza de un alfiler en la piel
Heridas o llagas que no desaparecen
Dolor de cabeza
Visión borrosa
Masa de tejidos blandos
Leucemia linfoblástica aguda del adulto: La leucemia linfoblástica aguda (también
denominada leucemia linfoide aguda o LLA) es un tipo de cáncer de la sangre en el que, por
causas desconocidas, se producen cantidades excesivas de linfocitos inmaduros (linfoblastos).
Las células cancerosas se multiplican rápidamente y desplazan a las células normales de la
médula ósea, el tejido blando del centro de los huesos dónde se forman las células sanguíneas.
La leucemia linfoblástica aguda puede afectar a los linfocitos B, que producen anticuerpos para ayudar a
combatir las infecciones, o a los linfocitos T, responsables de coordinar la respuesta inmune mediada por
células.
Signos y síntomas: Las manifestaciones clínicas de los enfermos de leucemia linfoblástica aguda
reflejan, por una parte, una insuficiencia medular, es decir, la falta de producción de células normales de la
sangreprovocada por la proliferación de los linfoblastos en la médula ósea y, por otra, la infiltración de los
distintos órganos y tejidos por los linfoblastos. El comienzo es casi siempre agudo y las manifestaciones
clínicas no suelen preceder al diagnóstico en más de dos meses. Lo habitual es que el enfermo presente
síntomas como:
pérdida de apetito
sensación de debilidad y fatiga
fiebre, dolores óseos
articulares y musculares
hematomas en brazos y piernas
producidos por la falta de plaquetas
hemorragias espontáneas (nariz, encías) o bien hemorragias excesivas en pequeñas heridas.
Abscesos
Sinusitis
Neumonía
aumento del tamaño de los ganglios linfáticos
molestias abdominales
dolor de cabeza
vómito
somnolencia
dolores óseos
Etiología
Las causas exactas de la leucemia aguda linfoblástica (LAL) y mieloide (LAM) en adultos no se
conocen completamente. Sin embargo, se ha identificado que ciertos factores pueden aumentar el riesgo de
desarrollar estas formas de leucemia.
Algunos de los factores de riesgo para la LAL en adultos incluyen:
1. Radiación previa: La exposición a altas dosis de radiación, como la radioterapia previa para tratar
otros tipos de cáncer, puede aumentar el riesgo de desarrollar LAL.
2. Exposición a productos químicos: La exposición a ciertos productos químicos, como el benceno,
utilizado en la industria química y en la fabricación de plásticos, caucho y productos derivados del
petróleo, puede aumentar el riesgo de LAL.
3. Trastornos genéticos: Algunos trastornos genéticos, como el síndrome de Down y el síndrome de
Klinefelter, se han asociado con un mayor riesgo de desarrollar LAL.
4. Antecedentes familiares: Tener antecedentes familiares de leucemia puede aumentar el riesgo de
desarrollar LAL.
En cuanto a la LAM en adultos, algunos factores de riesgo incluyen:
1. Exposición a productos químicos: Al igual que en la LAL, la exposición a productos químicos
como el benceno puede aumentar el riesgo de LAM.
2. Radiación previa: La radiación previa, especialmente en altas dosis, puede aumentar el riesgo de
desarrollar LAM.
3. Tabaquismo: Fumar tabaco ha sido asociado con un mayor riesgo de desarrollar LAM.
4. Trastornos genéticos: Algunos trastornos genéticos, como el síndrome de Down y la
neurofibromatosis tipo 1, pueden aumentar el riesgo de LAM.
Pruebas diagnosticas
El diagnóstico de la leucemia aguda se realiza mediante una serie de pruebas y análisis. Algunos de los
métodos utilizados incluyen:
Análisis de sangre: Se realiza un análisis de sangre completo para evaluar los niveles de
glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas. También se pueden realizar pruebas específicas
para detectar la presencia de células leucémicas en la sangre.
Biopsia de médula ósea: Se extrae una muestra de médula ósea mediante una punción en el
hueso para analizarla bajo el microscopio y determinar si hay presencia de células leucémicas.
Citogenética: Se realiza un análisis genético para evaluar las alteraciones cromosómicas en las
células leucémicas. Esto puede ayudar a determinar el pronóstico y guiar el tratamiento.
Inmunofenotipaje: Se utiliza para identificar los tipos de células leucémicas presentes en la
médula ósea o en la sangre, lo que ayuda a clasificar el tipo de leucemia.
Pruebas moleculares: Se pueden realizar pruebas moleculares para detectar alteraciones
genéticas específicas en las células leucémicas, lo que puede tener implicaciones en el pronóstico
y en las opciones de tratamiento.
Tratamiento
El tratamiento de la leucemia aguda generalmente consiste en quimioterapia, que es el uso de
medicamentos para destruir las células cancerosas.
La quimioterapia se administra en ciclos, que consisten en períodos de tratamiento seguidos de períodos
de descanso para permitir que el cuerpo se recupere. En algunos casos, puede ser necesario realizar un
trasplante de médula ósea, que implica reemplazar la médula ósea enferma por células madre sanas.
Además de la quimioterapia, se pueden utilizar otros tratamientos, como la terapia dirigida, que ataca
específicamente las células cancerosas, y la radioterapia, que utiliza radiación para destruir las células
cancerosas.
El tratamiento de la leucemia aguda puede ser intensivo y puede tener efectos secundarios significativos.
El pronóstico de la leucemia aguda varía dependiendo de varios factores, como el tipo y subtipo de leucemia, la
edad del paciente y la respuesta al tratamiento. Algunos pacientes pueden lograr una remisión completa y tener
una buena calidad de vida a largo plazo, mientras que otros pueden tener una enfermedad más agresiva y
requerir tratamientos adicionales.
Leucemia aguda en niños
La mayoría de las leucemias en niños son agudas. Estas leucemias pueden progresar rápidamente y, por
lo general, deben tratarse de inmediato. Los dos tipos principales de leucemia aguda son:
Leucemia linfocítica aguda (linfoblástica): alrededor de 3 de 4 leucemias en niños son leucemia
linfocítica aguda (ALL, por sus siglas en inglés). Estas leucemias se originan en formas muy jóvenes de
glóbulos blancos llamados linfocitos.
Signos y síntomas
Al inicio de la enfermedad, todos estos síntomas pueden ser muy parecidos a los de una infección por un
virus. Cuando los síntomas continúan más de 2-4 semanas, en una mayoría de casos se puede llegar a hacer el
diagnóstico. Como no son síntomas específicos o exclusivos de la leucemia, es muy frecuente que se haya
consultado en diversas ocasiones al médico antes de que se llegue al diagnóstico. Generalmente, esto no influye
en las opciones de curación del niño o niña.
La producción de las células sanguíneas normales se ve alterada por el crecimiento de las células
leucémicas en la médula ósea. Esto puede ocasionar:
Cansancio y palidez (por anemia)
Aparición de morados y pequeñas manchas rosadas en la piel (petequias) u otros sangrados (por las
plaquetas bajas)
Fiebre e infecciones que no evolucionan bien (mal funcionamiento de los leucocitos)
Dolor en las articulaciones y los huesos, cojera (por la invasión de la médula ósea por las células
leucémicas)
Adenopatías o aumento de tamaño de los ganglios linfáticos (por ocupación de las células leucémicas)
Etiología
Se desconoce la causa exacta que origina la LLA. La investigación en este campo es importante y se van
conociendo los cambios genéticos que suceden en las células leucémicas. Sin embargo, en la mayoría de los
niños con LLA se desconoce cuáles son los desencadenantes o los factores que le han originado la leucemia.
En una minoría de niños sí existen algunas enfermedades genéticas que les predispone al desarrollo de la
LLA. Este es el caso de niños con síndrome de Down o con otros síndromes como el síndrome de Li-Fraumeni,
la ataxia-telangiectasia y otros. Otros factores que aumentan la posibilidad de padecer una leucemia pueden ser
la exposición a radiaciones previo al nacimiento (radiografías) o haber recibido quimioterapia por otro cáncer.
Los hermanos de un niño con leucemia, comparados con otros niños, tienen un pequeño aumento del
riesgo de padecer leucemia. Sin embargo, este riesgo es muy bajo, inferior a 1 por mil.
Leucemia mieloide aguda (AML): este tipo de leucemia, también llamada leucemia mielógena aguda,
leucemia mielocítica aguda o leucemia no linfocítica aguda, representa la mayoría de los casos
remanentes de leucemia en niños. La leucemia mieloide aguda (AML) se inicia a partir de las células
mieloides que forman normalmente los glóbulos blancos (que no son linfocitos), los glóbulos rojos o las
plaquetas.
Signos y síntomas
Los síntomas más comunes son consecuencia de la anemia producida por el déficit de glóbulos rojos
(cansancio, debilidad, mareo, palidez); del déficit de plaquetas (hematomas, petequias, hemorragias en encías,
nasales o de cualquier otro foco) y del déficit de glóbulos blancos (fiebre e infecciones).
dolor de cabeza
vómitos
somnolencia
nódulos diseminados o zonas de piel engrosada
inflamación de las encías
visión borrosa
ceguera
Etiología
La leucemia mieloide aguda ocurre cuando el cuerpo fabrica demasiados glóbulos blancos inmaduros.
Estas células, llamadas "blastos mieloides", no pueden madurar para convertirse en glóbulos blancos normales.
Aproximadamente el 20% de los niños con leucemia tienen este tipo de leucemia.
Ciertas afecciones hereditarias pueden aumentar el riesgo de padecer leucemia, pero la mayoría de las
leucemias en niños no parece ser causada por mutaciones hereditarias. Por lo general, las mutaciones del ADN
relacionadas con la leucemia se desarrollan después de la concepción, en lugar de ser hereditarias.
Pruebas diagnosticas
Las pruebas diagnósticas para la leucemia aguda linfoblástica (LAL) y mieloide (LAM) en niños
incluyen:
Hemograma completo: Se realiza un análisis de sangre para evaluar los niveles de glóbulos
blancos, glóbulos rojos y plaquetas. En la LAL, se observa un aumento en el número de glóbulos
blancos inmaduros llamados linfoblastos. En la LAM, también puede haber un aumento en los
glóbulos blancos, pero estos son células mieloides inmaduras.
Citometría de flujo: Esta prueba se utiliza para analizar las características de las células
sanguíneas y determinar si hay presencia de linfoblastos o células mieloides inmaduras. También
puede ayudar a determinar el subtipo específico de leucemia.
Biopsia de médula ósea: Se realiza una aspiración de médula ósea y una biopsia para obtener
muestras de la médula ósea y evaluar la presencia de células leucémicas. Esta prueba también
ayuda a determinar el porcentaje de células leucémicas en la médula ósea y si hay infiltración en
otros tejidos.
Análisis citogenético: Se realiza un análisis de los cromosomas para identificar cualquier
anormalidad genética asociada con la leucemia. Algunas alteraciones cromosómicas comunes en
la LAL incluyen la presencia del cromosoma Filadelfia (Ph+) y las translocaciones t(9;22) y
t(12;21). En la LAM, se pueden encontrar alteraciones como las translocaciones t(8;21) y
t(15;17).
Reacción en cadena de la polimerasa (PCR): Esta prueba se utiliza para detectar la presencia
de anomalías genéticas específicas asociadas con la leucemia. Por ejemplo, en la LAL, se puede
realizar una PCR para identificar la presencia de la translocación t(12;21).
Pruebas de coagulación: Se realizan pruebas para evaluar la función de coagulación, ya que los
niños con leucemia pueden presentar problemas de sangrado debido a bajos niveles de plaquetas.
Estas pruebas ayudan a confirmar el diagnóstico de leucemia aguda linfoblástica o mieloide en niños y a
determinar el subtipo específico de la enfermedad. También son útiles para guiar el tratamiento y evaluar la
respuesta al mismo. Es importante destacar que el diagnóstico y manejo de la leucemia aguda en niños debe ser
realizado por un equipo médico especializado en oncología pediátrica.
Tratamiento
El tratamiento para la leucemia aguda en niños generalmente incluye quimioterapia, que consiste en el
uso de medicamentos para destruir las células cancerosas. El tipo y la duración del tratamiento dependen del
subtipo específico de leucemia y del riesgo de recaída.
Además de la quimioterapia, es posible que se utilicen otros tratamientos, como la radioterapia (uso de
radiación de alta energía para destruir las células cancerosas), trasplante de médula ósea (reemplazo de la
médula ósea enferma por células madre sanas) y terapia dirigida (uso de medicamentos que atacan
específicamente las células cancerosas).
El tratamiento de la leucemia aguda en niños es complejo y requiere un enfoque multidisciplinario que
involucre a oncólogos pediátricos, hematólogos, radioterapeutas y otros especialistas. Además, es importante
brindar apoyo emocional y psicológico tanto al niño como a su familia durante todo el proceso de tratamiento
Acciones de enfermería
1. Relación enfermero – paciente, educar y apoyo emocional al paciente y familiares:
Educar al paciente y a su familia sobre los posibles efectos secundarios del tratamiento, y
proporcionar estrategias para manejarlos, como cambios en la dieta, descanso adecuado y
cuidado de la piel. También fomentar un entorno tranquilo y relajado para ayudar al paciente
a descansar y recuperarse durante los períodos de descanso entre ciclos de quimioterapia.
2. Colocar al paciente en posición anatómica: para un paciente con leucemia es generalmente
la posición de decúbito supino (acostado boca arriba).
3. Colocación de vía intravenosa para administrar medicamentos o hidratación
4. Monitorizar los signos vitales del paciente, como la presión arterial, el pulso y la
temperatura, balance hídrico para detectar cualquier cambio que pueda indicar una reacción
adversa al tratamiento.
5. Apoyar y ayudar al paciente en sus necesidades: como lo son vestirse, comer, bañarse, etc.
6. Controlar los niveles de hemoglobina y plaquetas en la sangre para evaluar la eficacia del
tratamiento y detectar cualquier signo de anemia o riesgo de sangrado.
7. Administrar los medicamentos de quimioterapia según las pautas establecidas por el médico,
asegurándose de seguir las medidas de seguridad adecuadas para proteger al paciente y al
personal sanitario.
8. Proporcionar cuidados de apoyo, como la administración de medicamentos para controlar los
síntomas de náuseas y vómitos, y el manejo del dolor.
9. Realizar controles regulares del recuento sanguíneo completo y otros análisis de laboratorio
para evaluar la respuesta al tratamiento y detectar cualquier signo de recurrencia de la
enfermedad.
10. Colaborar con el equipo médico para ajustar el tratamiento según sea necesario, y comunicar
cualquier cambio en el estado del paciente o cualquier preocupación relevante.