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Corpus Animus

El documento discute el concepto de posesión según diferentes autores y legislaciones. Define posesión como el poder de hecho y derecho sobre una cosa material constituido por el ánimus (intención de poseer) y el corpus (tenencia efectiva). Explica que según Savigny la posesión requiere ánimus y corpus y analiza las fuentes clásicas que respaldan esta teoría. Finalmente, resume el enfoque de la legislación venezolana sobre posesión en los artículos 771 y 772 de su Código Civil.
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Corpus Animus

El documento discute el concepto de posesión según diferentes autores y legislaciones. Define posesión como el poder de hecho y derecho sobre una cosa material constituido por el ánimus (intención de poseer) y el corpus (tenencia efectiva). Explica que según Savigny la posesión requiere ánimus y corpus y analiza las fuentes clásicas que respaldan esta teoría. Finalmente, resume el enfoque de la legislación venezolana sobre posesión en los artículos 771 y 772 de su Código Civil.
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Corpus animus

Estrictamente, el poder de hecho y de derecho sobre una cosa material,


constituido por un elemento intencional o ánimus (la creencia y el
propósito de tener la cosa como propia) y un elemento físico o corpus
(la tenencia o disposición efectiva de un bien material).
Posesión
[D.Civ] Poder de una persona sobre una cosa o cosas. La posesión requiere
dos elementos: el corpus, o exteriorización de dicho poder sobre la cosa,
aunque no consista en su efectiva tenencia física, y el ánimus, o intención de
poseer la cosa.
Se discute si la posesión en un simple hecho o un verdadero derecho, siendo
la doctrina mayoritaria la que defiende la naturaleza de la posesión como un
verdadero derecho debido a las disposiciones del CC. Existen diversas
clasificaciones de la posesión: natural y civil, en nombre propio y nombre
ajeno, en concepto de dueño o en concepto distinto de dueño, de buena fe o
mala fe, y mediata o inmediata.
Teoría de Savigny.
Sostiene este autor que la posesión supone la existencia de dos elementos
esenciales: el corpus y el ánimus.
El corpus es el elemento físico de la posesión, sin el cual ésta no se concibe.
En su forma típica, supone el contacto material o manual; pero en la práctica,
ese contacto no es indispensable. Más aun, sólo se produce
accidentalmente, porque una persona puede ser poseedora de múltiples
bienes y sólo tiene posibilidad de tener contacto directo e inmediato con muy
pocos de ellos.
Pero no basta con el corpus, para que realmente una persona sea reputada
poseedora, es necesario que posea con ánimo de dueño.
Si se posee con ánimo de dueño, hay posesión propiamente dicha; si se
tiene la cosa reconociendo en otro el derecho de propiedad, hay simple
tenencia.
SAVIGNY genera para el Instituto Posesorio el Concepto del ANIMUS
distinto del Concepto del CORPUS, que hasta ese momento existía, y refiere
que ya en la Época Clásica estaba implícita la existencia de este elemento
de la Posesión.

Ello obliga, conforme a la técnica de MARIO C. RUSSO MANNO, a acudir a


las fuentes, a fin de esclarecer si de las mismas surge ese ANIMUS de que
habla SAVIGNY, y así tenemos que:
PAULO señala que: "… Y adquiramos la posesión con el cuerpo y con el
ánimo, y no solamente con el ánimo o con el cuerpo" (Et adipiscimur
possessionem corpore et animo, neque por se animo aut per se corpore").

PAULO, igualmente, indica que "… Los bosques para invierno y para verano
los poseemos con el ánimo, aunque los dejamos en ciertas temporadas"
("Satuas hibernos aestivos que animo possidemus, quamviscertis temporibus
eos relinquamus").

CELSO, por su parte, señala: "Si mientras yo estoy en una parte del fundo,
hubiere entrado clandestinamente otro cualquiera con ánimo de poseerla, si
ha de estimar que no dejé de poseerlo inmediatamente, pudiéndole expulsar
fácilmente de sus límites tan pronto como yo lo supiere" ("Si dum in aliaparte
fundi sum, alius quie clam animo possossoris intraverit non desiisse illico
possideri existinandus sum, facile expulsurus finibus, simil sciero").

MARCELO: "Lo que escribió por los antiguos, que nadie puede cambiarse a
sí mismo la causa de la posesión, es creíble que se pensó respecto del que
estando en posesión con el cuerpo y con el ánimo, solamente determinó
poseer la cosa por otra causa; no si alguno, habiendo abandonado la primera
posesión, quisiera alcanzar de nuevo por otra causa la posesión de la misma
cosa". (Quiod acriptum est apud veteres, nominem sibi causam possessionis
mutare potest, credibile est, de eo cogitatum, qui et corpore, et animo
possessioni incumbens hoc solo statuit, ut alia ex causa id possideret, nom si
quis dimissa possessione prima, eiusdom rei denuo e ex alia causa
possessionem nancisci velit").

ULPIANO: "Es sabido que el pupilo puede perder la posesión sin la autoridad
del tutor, no de suerte que deje de poseer con el ánimo, sino con el cuerpo,
porque puede perder lo que es de hecho. Otra cosa es, si acaso quisiera
perder la posesión con el animus, porque esto no lo puede hacer".
("Possessionem pupilum sine tutoría autocritate amitere posse constan, non
ut animo, sed ut corpore desinat possideri, quod est enim facti, potest
amittere; hoc enim nom potest").

GAYO: "Esto es lo que comúnmente se dice, que se puede retener la


posesión por quien quiera que en nuestro nombre esté en posesión. Y
también la mayoría piensa que con el ánimo también se retiene la posesión".
("Et hoc est quod vulgo dicitur retineri possessionem posen per quemlibert
qui nostro nomine sit in possessione. Quim etiam plerique putant animo
quoque retineri possessione/nem/").

Concepto venezolano de posesión.

Dos preliminares observaciones, antes de entrar al concepto venezolano.


La primera, referido a nuestro criterio de que el concepto de posesión
venezolano está indisolublemente combinado entre los artículos 771 y 772
del Código Civil vigente. La segunda, la consideración que nos merece esta
circunstancia, es que el legislador venezolano, en el artículo 771 del Código
Civil, se limitó a aceptar la tesis del CORPUS, del poder de hecho sobre la
cosa, contestando lo que, en su criterio, es objeto de la posesión, y que en la
parte in fine del artículo 772, acogió el concepto del Ánimus expuesto por
SAVIGNY, aceptando, de esta manera, el criterio de caracterizar los
conceptos, cuando en la primera parte de este artículo 772 ejusdem, crea las
determinaciones que califican a la Posesión como posesión legítima o real.

De los artículos 771 y 772, como hemos dicho, se infiere el CONCEPTO


POSESORIO del Derecho Venezolano. Tales artículos son del tenor
siguiente:

Artículo 771. "La posesión es la tenencia de una cosa, o el goce de un


derecho que ejercemos por nosotros mismos o por medio de otra persona
que detiene la cosa o ejerce el derecho en nuestro nombre".

Artículo 772. "La posesión es legítima cuando es continua, no interrumpida,


pacífica, pública, no equívoca y con intención de tener la cosa suya propia".

Análisis de la concepción venezolana.

1. "La posesión es la tenencia…": Con esta afirmación, el legislador


venezolano acoge el criterio romanístico de la posesión como poder de
hecho, con jerarquía del elemento CORPUS, y donde la fundamental es la
relación sujeto – objeto.

2. "… O el goce de un derecho…": Añade al concepto de que sólo las cosas


son posibles, la significación de que los derechos son o pueden ser
poseíbles, cuando hay el disfrute de hecho de un derecho o como dice
KUMMEROW, cuando se tiene el poder incito al derecho de que se trate.
Queda evidenciado que, para la legislación venezolana, se acepta, dentro de
la concepción de posesión, la circunstancia de que los derechos son
poseíbles, y, en consecuencia, tutelado interdictalmente y sujetos a la
prescripción adquisitiva o usucapión. Esta tesis es la tangibilización en
nuestra legislación de la llamada cuassi possessio romana, por medio del
cual se permitía, en el Derecho Romano, la posesión sobre derechos.

3. "…que ejercemos por nosotros mismos…", se le da sentido al principio


general de que la relación fundamental, en la posesión, es entre sujeto –
cosa, y que debe existir una posesión inmediata fácilmente aprehendible,
comprensible y perfectamente determinable. Significa también una prioridad
jerárquica en el ejercicio de la posesión de quien lo posee y ejerce su propio
derecho.
4. "… o por medio de otra persona que detiene la cosa o ejerce el derecho en
nuestro nombre". Consagra esta expresión un elemento muy importante
dentro del aspecto posesorio, como son: La existencia de mediadores
posesorios, y, consiguientemente, la presencia de personas que tienen una
posesión precaria sobre la cosa objeto de la posesión. La existencia de tipos,
especies y grados de posesión, o lo que es lo mismo, de diversos planos
posesorios, y fundamentalmente el que los elementos de la posesión no
tienen por qué concurrir necesariamente en una misma persona, ya que el
CORPUS puede ser desplazado de la persona que tiene el ANIMUS, y
viceversa. Esta concepción de mediador posesorio, con todos los efectos y
características que conlleva, será objeto de un capítulo especial.

5. "La posesión es legítima…". De esta manera, el legislador venezolano no


ha tratado de configurar un prototipo de la posesión de las demás
posesiones, y fundamentalmente de diferenciarla de la llamada Posesión
viciosa. Es una calificación que hace el legislador para señalar que la
posesión, que reúna las características concurrentes a que se refiere el
artículo 772 del Código Civil, es legítima, y. Por lo tanto, tutelada por la Ley
con eficacia propia.

6. "…cuando es continua…". Se refiere a actos regulares, sucesivos no


interrumpidos, es una perseverancia y una permanencia sobre la cosa objeto
de la posesión, supone que ha sido ejercida siempre por la misma persona
que trate de obtener el tutelaje correspondiente. Por vía contraria, la
discontinuidad es el acto por medio del cual se suspende, en el tiempo, el
ejercicio de los actos posesorios, bien por una voluntad manifiesta, o bien por
circunstancia que el poseedor tolera.

En criterio de KUMMEROW, la continuidad no requiere que el poseedor


ejerza inmediatamente actos de goce sobre la cosa o que éstos sean de una
misma clase, lo que significa que la interrupción no se opone a la continuidad
o que la perturbación no la descalifica, a menos que ella sea también
permanente o reiterada, pues existe un período útil en el cual puede el
poseedor reclamar la protección posesoria.

7. "…no interrumpida…". Esta idea complementa la idea de continuidad


formando una sola concepción, pretendiendo de esta manera no ofrecer
lagunas ni umbrales para la excesiva interpretación subjetiva, y permitiendo
de esta manera determinar la fuerza de la interrupción en cuanto a
continuidad y regularidad en el ejercicio de actos posesorios obviamente que
por sí misma la frase significa que no debe existir causa alguna material o
jurídica que hayan impedido al poseedor el ejercicio de los actos que le son
inherentes. Es bueno destacar que no constituyen por sí solos actos de
interrupción: la demanda judicial, la entrada clandestina de terceros al objeto
de la posesión, los desastres naturales o de fuerza mayor el abandono
momentáneo del ejercicio de los actos posesorios.

Es condición indispensable para que se considere interrumpida la posesión.


Que exista un nuevo poseedor, y que éste haya ejercido actos propios de la
posesión durante el periodo útil contra el antiguo poseedor, quien tiene el
ejercicio de sus acciones interdictales. Tiene que ser tal la fuerza y
capacidad de posesión del nuevo poseedor, que excluya los actos del
antiguo poseedor y que impida la recuperación efectiva a través de la vía
judicial.

Quedan a salvo las consideraciones sobre la llamada Acción Judicial o


Acción Publicitaria que la mayor parte de nuestros autores no aceptan, pero
que jurídicamente es indescartable, ya que tiene existencia propia en el
Código Civil.

8. "…pacífica…". Este concepto supone una conducta del poseedor no


contrariada pública y fehacientemente por vecinos y terceros, y que la misma
no presenta, en forma evidente, circunstancias de oposiciones,
contradicciones y violencias, que las perturbaciones y pretendidos derechos
de terceros no son en producto de su relación primaria entre el poseedor y la
cosa, sino el lógico ejercicio del pretendido derecho.

KUMMEROW, citando a GIUSSEPPE PUGLIESSE, de la obra "La


Prescripción Adquisitiva", señala lo siguiente:

 a) Si las molestias posesorias son graves y el poseedor se mantiene


impasible, la repetición de los actos contradictorios a su posesión, terminarán
por integrar una posesión rival, que surge, se consolida y elimina la del
precedente poseedor, desapareciendo así no uno de los elementos, sino la
posesión completa.
 b) Si el poseedor reprime esas molestias a medida que se producen
por propia mano, o si recurre a la vía judicial ejercitando las acciones de
defensa normativamente predispuestas contra el perturbador, antes de que
se conviertan en un hecho cumplido y generen un estado de cosas contrario
al preexistente, y obtiene la tutela de la situación vigente al momento de la
producción de la turbación, la posesión no pierde su calidad de pacífica. Por
ello, el calificativo, en definitiva, viene a ser letra muerta, incapaz de
aplicación en la práctica. Para PUBLIESSE, la mejor y más requerida prueba
de la pacificidad se demuestra con la adquisición de la cosa, si ésta ha sido
pacífica y fundada en iusta causae.

9. "…pública…". Es un concepto que afirma el comportamiento del poseedor


frente a la sociedad o la expresión callada, que con sus actos realiza el
poseedor, señalando su cualidad o el título de su posesión. Involucra este
concepto que lo está poseyendo en su propio nombre, que no es clandestina
su posesión, que no es oculta y que no tiene por qué ocultarla; que hay una
voluntad real, efectiva y manifiesta de poseer, y que, en efecto, posee y,
fundamentalmente, que esa posesión ha sido a la vista de cualquiera.

10. "…no equívoca…". Este concepto es muy importante, porque produce el


elemento necesario que puede determinar el título de la posesión (título
entendido como acto). Al decir que no es equívoca, se quiere significar que
no existe incertidumbre, duda o suspicacia sobre su capacidad de posesión
en nombre propio, es decir, que su relación con la cosa poseída es en su
propio nombre y no en nombre de nadie.

11. "… y con la intención de tener la cosa como suya propia". Con este
concepto se recoge, en la legislación venezolana, la trajinada tesis del
maestro SAVIGNY, que afirma como elemento indispensable en la existencia
posesoria el ANIMUS.

Justifica esta frase que la concepción de posesión, en la legislación


venezolana, resulta de la combinación indisoluble de los artículos 771 y 772
del Código Civil vigente.

El ÁNIMUS es la intención, y la intención es un aspecto subjetivo que traduce


una conducta inequívoca de quien se dice poseedor, esta conducta a la vista
de tercero, debe y tiene que asemejarse a la conducta del dueño sobre la
cosa de su propiedad.

Comparación entre Savigny vs. Ihering.


En esta temática de la posesión, es imperativo referenciar dos grandes
maestros de derecho, quienes con su polémica sobre la posesión han
jerarquizado este instituto y la han investigado hasta sus últimas
consecuencias:
1. Federico Carlos de Savigny. Contaba con apenas 24 años, cuando en
1803, revolucionó teorías y principios del derecho, con su "tratado de la
posesión" en el Derecho Romano. Era a la sazón profesor adjunto del
Derecho Romano en la Universidad de Marbufo. Es tal la dimensión que con
su obra alcanza, que Mignet le llamó ante la Academia de Ciencias Morales y
Políticas de Francia "eminente por la erudición". Además de aquella grande
obra, publicó: "Historia del Derecho Romano actual" y "Derecho de las
obligaciones".
Para medular su famosa tesis, partió de una concepción crítica de la teoría
de los glosadores, para concluir que la posesión está integrada, sin lugar a
dudas, de dos elementos: el Corpus y el Animus.
En criterio de este jurista, "el Corpus supone un acto externo y visible que
revela existencia de una dominación de hecho sobre la misma cosa, pero las
condiciones de hecho que han de engendrar esta forma de posesión en
sentido moral son:
 1. La disponibilidad de la cosa.
 2. La posibilidad directa e inmediata de someterla a su poder físico, y
 3. La de excluir el elemento que le hace producir eficacia jurídica al
hecho posesorio con todo y sus elementos. Cuando estos elementos no
concurren, sino que marchan separados, se produce una dicotomía en la
institución.
Para Savigny, el Corpus traduce sólo tenencia, y éste con el ánimus, produce
la existencia de la Posesión.
Es el ánimus el elemento que le hace producir eficacia jurídica al hecho
posesorio con todo y sus elementos. Cuando estos elementos no concurren,
sino que marchan separados, se produce una dicotomía en la institución.
Ese Ánimus de Savigny, es calificado, a los efectos de la posesión, pues se
trata de un ánimus possidendi, o ánimo de ejercer la posesión que se
transforma por la actuación misma en un ánimus domini. Mientras que
ánimus possidendi es una hipótesis, una posibilidad, el ánimus domini es ya
una capacidad de disposición. El mismo Savigny señala: "el ánimus domini
no tiene otro fin que determinar la naturaleza de la intención requerida para
poseer relacionándolo con lo que el propietario tendría el derecho de hacer".
Es decir, que ese ánimus, no sólo es una voluntad ni una intención, es la
convicción de un derecho sobre la cosa.
El ánimus possidendi, según Savigny, debe conllevar el comportamiento de
tener la cosa como dueño y para sí, sin reconocer a ninguna otra persona.
Por ello, es ánimus domini o ánimus rem sibi habendi lo que existe en la
Posesión que hay esa convicción de capacidad absoluta sobre la cosa.
2. Rodolfo von Ihering. Ilustre Romanista de gran calidad jurídica no se
sabe por qué razón tomó como centro de sus investigaciones todas las
teorías de Savigny para criticarlo y exponer teorías antagónicas. Se ha
pesado que solamente en cuanto a instituto posesorio ha fundado Ihering sus
diferencias; pero observamos que aún en otros conceptos de neto corte
romanístico, Ihering difiere de Savigny. A título de ejemplo, podríamos
señalar que dos principios como el de la Nacionalidad y la Universalidad
expuestas por Savigny para justificar el Derecho Romano en la Edad Media,
fue duramente combatido por Ihering y le contrapone la "ley de la
Comunicación y de Acción Internacional". Sin embargo, la erudición de
Ihering es tan profunda como la de Savigny.
En materia posesoria, pública entre otras las siguientes obras: "El
Fundamento de la Protección Posesoria", "Teoría Simplificada de la
Posesión" y "La Voluntad en la Posesión".
Expresa Ihering que la propia noción del Corpus de Savigny es falsa, ya que
"identifica la noción de posesión con la del poseer físico sobre la cosa, sin
advertir que esta última no es más que una verdad relativa y limitada". En
criterio de Ihering, el Corpus no es algo estático que permita encasillarlo
dentro de un molde prefijado por el derecho, sino algo dinámico: el
comportamiento del poseedor con la cosa, similar al del propietario.
En cuanto al ánimus, expresa Ihering: "La simple relación de proximidad
material entre una persona y una cosa, no tiene significación jurídica. La
significación jurídica se produce cuando la persona establece una relación
exterior, reconocible con la cosa convirtiendo la pura relación de lugar en una
relación de posesión… La relación posesoria es la afirmación del interés que
una persona tiene en una cosa". Más adelante señala que el Corpus y el
Ánimus no son elementos de la posesión, sino aspectos indivisibles de toda
tenencia, no se necesita ánimus especial, sino un comportamiento evidente
motivado por el interés.
Resumiendo a Von Ihering sobre su teoría, señalamos:
 a) Al existir el Corpus ella actúa sobre el Ánimus, de allí que en su
criterio resulta ocioso comprobarlo.
 b) Lo subjetivo es difícil de comprobar y se desmejoraría al poseedor
de esta manera.
 c) No es un problema de Ánimus, sino de comportamiento.
 d) El Ánimus queda reemplazado por la noción interés.
Conclusión de esta polémica:
Sin restarle méritos a la calidad jurídica y a la profundidad de pensamiento,
en Ihering, creemos que sus tesis son difusas y sus respuestas a las
concepciones de Savigny incomprensibles y rebuscadas. Se supone que la
polémica estaba causada en el Derecho Romano, y cuando a estos textos
acude Ihering, o los deforma o los soslaya.
Determinar los límites de la posesión y las vertientes sobre las que incide,
resulta de una importancia notoria, pues hablar de posesión sin conocer qué
se posee, sería como andar a ciegas por la vida. Esta determinación
adquiere mayor relieve cuando solicitamos enumeraciones de los conceptos
y circunstancias que son posibles, y, por vía a contrario, de los conceptos
circunstancias que no son posibles.
Las referencias que hacemos de estas circunstancias en el Derecho Romano
no tienen un simple sentido historicista ni un afán en tramontarnos a
instituciones que hoy día no tienen vigencia. Se trata de respuestas
necesarias a realidades actuales. Si un concepto nació en aquella época y
hoy no se acepta dentro de aquel marco referencia, tenemos que encontrar
el momento en que se produjo el cambio para justificar y fundamentar la
interpretación actual. De no encontrarlo y por razones de fidelidad, debemos
aceptar aquellas nociones, a menos que con inquietud cientifista
contrapongamos nuevas tesis, las cuales deben usar muy bien
fundamentadas.

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