¿CUÁNDO SE SIENTE MOTIVADO UN
DEPORTISTA DE ALTO RENDIMIENTO EN
UN EQUIPO?
Se siente único o especial en alguna forma,
y de manera relevante, lo siente
emocionalmente.
Todo el mundo necesita ser considerado de forma
personal, diferenciándole del resto del equipo según
la percepción individual de cada jugador con sus
propias habilidades. Esta percepción conlleva un
componente emocional, ya que el reconocimiento
por parte del entrenador significa el establecimiento
de un determinado estatus en el equipo.
Se siente único o especial en alguna forma, y de manera
relevante, lo siente emocionalmente.
“No hay nada tan injusto, como tratar igual a los que no
son iguales”
Kenneth Blanchard
Entiende claramente y está de acuerdo con el
objetivo del equipo
El objetivo del equipo debe de estar claro, para todos
Debe ser comprensible, y de acuerdo con la potencialidad del
equipo; y, por último, debe existir alguna manera para que los
jugadores -¡y el entrenador, evidentemente!- puedan contrastar
sus propios objetivos personales con los del equipo.
Dar sentido a toda la energia utilizada.
Tener la existencia de una dirección. Saber hacia adonde
se va.
En este sentido, por ejemplo, estrategias como “ir partido a partido”,
“ahora nos concentramos en lo que tenemos por delante”, pueden ser
válidas si van acompañadas por el conocimiento compartido de forma
eficiente de que son solamente esto, es decir, estrategias que puede
permitir afrontar momentos puntuales, tal vez críticos, de la competición
o el entrenamiento, pero que en ningún caso pueden obviar la existencia
-¡la necesidad de la existencia!- de proyectos deportivos y personales a
medio y tal vez a largo plazo, de los jugadores, del entrenador, y de la
entidad deportiva.
La distracción mata la
concentración
¿Qué se
puede hacer, desde el punto de vista del entrenador?.
Al igual que les reclamará concentración a sus
jugadores, durante todo el entrenamiento y la
competición, su trabajo es permanecer concentrado
todo el tiempo.
El entrenador debería de proporcionar un centro de atención para cada una
de las situaciones deportivas, obligando a que todos sus jugadores tuvieran
–al menos- la necesidad de reparar en el y de sentirse atraídos, a pesar de las
fluctuaciones que la atención sufre en cualquiera de los casos. Esto significa
que el entrenador es el que propone, y hace explícita la sintonía (como
ocurre con las emisoras de televisión o de radio) en la que se producen las
noticias. Cada situación – posiblemente- requerirá de un centro de atención
distinto: el contrario, nuestra preparación, jugadas específicas, algún
objetivo, etc., que se ha de mantener visible.
Cuando observemos que un equipo actúa de forma
“distraída” en la competición, nos debemos preguntar
en primer lugar si es que en las condiciones de control
del entrenamiento su entrenador propicia la distracción.
Debemos esperar lo inesperado
La capacidad del entrenador para entender qué es lo que
está fallando y cómo necesita flexionar su esquema o su
estilo para lograrlo; tener un grupo de jugadores que
entiendan con confianza que cambiar es adaptarse, no
renunciar a un esquema por que algo falla, sino porque
en ese momento es necesario.
"Cada uno decide cuánto
coopera con el equipo"
En definitiva, un entrenador consciente de estos
hechos, conocerá perfectamente que la decisión de
cooperar, y en qué nivel, es personal, pero que él
puede manejar la resolución de esta situación. Y que
no es imposible obtener
el máximo esfuerzo posible de cada uno de los
diferentes tipos de jugadores, siempre orientados al
objetivo común, pero respetando su legítimo deseo
de que los motivos personales sean reconocidos y
valorados.
"Puedo y debo criticar y
corregir a mis jugadores"
Los entrenadores tienen el deber de corregir a sus
jugadores. No
solamente existe la posibilidad, es decir, pueden, sino que
tienen que hacerlo.
En segundo lugar, siempre es posible la crítica y la
corrección, pero en el lugar, el momento y en la forma
adecuada a la situación y a la capacidad de comprensión y
afrontamiento de cada jugador.
En tercer lugar, los jugadores a los que critico un gesto, una acción, una
actuación táctica,
deben de poder cambiar. Esto no es tan sencillo como parece, en
principio. Algunos entrenadores critican y corrigen (adecuadamente dada
su acertada observación de las incorrecciones o inadecuaciones en la
conducta de sus jugadores) pero por desconocimiento de sus
capacidades, no saben que su jugador sencillamente no puede cambiar. O
bien no posee otras habilidades con las que pueda suplir aquellas que se
intentan modificar o eliminar, o no tiene la capacidad necesaria para
llevar a cabo el aprendizaje, o, por último, ocurre –es bastante común-
que el entrenador no proporciona el aprendizaje necesario para que su
jugador pueda desarrollar las nuevas conductas.
No se debe confundir en ningún caso a la persona, el jugador,
con sus conductas. Al señalar alguna conducta inadecuada, es
importante que el entrenador respete su integridad como
persona, su valor humano describa dicha conducta de manera
concreta y lo más objetivo que se pueda, evitar comentarios del
tipo “eres incapaz”, “nunca entiendes”, o algún tipo de adjetivo
peyorativo, desgraciadamente frecuente en el mundo
deportivo, así como todo tipo de
generalizaciones, como “jamás haces algo bien”.