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Guerra de Independencia y Constitución 1812

Este documento resume la Guerra de Independencia Española contra Napoleón entre 1808 y 1813, incluyendo las causas del conflicto, el desarrollo de los acontecimientos clave y las consecuencias. Destaca la Constitución de 1812 promulgada durante la guerra, que estableció los derechos individuales, la soberanía nacional y un gobierno constitucional. También describe el conflicto entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII luego de la guerra.
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Guerra de Independencia y Constitución 1812

Este documento resume la Guerra de Independencia Española contra Napoleón entre 1808 y 1813, incluyendo las causas del conflicto, el desarrollo de los acontecimientos clave y las consecuencias. Destaca la Constitución de 1812 promulgada durante la guerra, que estableció los derechos individuales, la soberanía nacional y un gobierno constitucional. También describe el conflicto entre liberales y absolutistas durante el reinado de Fernando VII luego de la guerra.
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BLOQUE 5.

LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1788-1833):


LIBERALISMO FRENTE ABSOLUTISMO

5.1. Describe la Guerra de la Independencia: sus causas, la


composición de los bandos en conflicto y el desarrollo de los acontecimientos.
Con la ascensión de Carlos IV al trono (1788-1808), se estableció la Inquisición
para evitar cualquier influencia de las ideas de la Revolución Francesa (1789) y se declaró
la guerra a la Francia revolucionaria. Esta guerra tuvo como resultado la Paz de Basilea
(1795), con la que España perdió la Isla de Santo Domingo y se alió con Francia
(recuperándose así los Pactos de Familia) frente a Gran Bretaña.
En 1799, Napoleón llega al poder. España y Francia luchan contra Inglaterra y
Portugal en la guerra de Trafalgar (1805), que supuso la derrota de los dos primeros:
pérdida de la flota de España y del comercio colonial y fuerte endeudamiento de la
Hacienda. Para hacer frente al endeudamiento, Godoy, valido del rey Carlos IV, estableció
una serie de medidas, que consistían en una subida de impuestos y la primera
desamortización de las tierras eclesiásticas. Fernando (hijo de Carlos IV) se opone a las
medidas de Godoy; además, las medidas también provocan el descontento popular, con
continuos motines contra la monarquía.
En 1807, España y Francia firman el Tratado de Fontanebleau, con el que España
daba permiso a las tropas napoleónicas para pasar por su territorio e invadir Portugal. Las
tropas entran en el territorio a principios de 1808, pero se acaban desplazando por zonas
no pactadas (Zaragoza, Barcelona, Madrid) y comienzan fuertes recelos internos que
desembocan en el Motín de Aranjuez el 18 de marzo de 1808, instigado por el príncipe
Fernando. Los partidarios de Fernando, soldados y clases populares se rebelan contra el
poder de Godoy y pidiendo la abdicación de Carlos IV. El motín triunfa; Godoy dimite y
Carlos IV abdica y pide ayuda a Napoleón. El 19 de marzo de 1808 Fernando VII es
proclamado rey.
Napoleón lleva a ambos reyes (Carlos IV y Fernando VII) a Bayona, donde se
llevan a cabo las Abdicaciones de Bayona (abril de 1808): Fernando VII entrega el trono
a Carlos IV, Carlos a Napoleón y finalmente Napoleón a su hermano José I. José I, como
nuevo rey de España, intentó reformar la sociedad española; convocó las Cortes de
Bayona, en las que estableció el Estatuto de Bayona. Este consistía en una carta otorgada
que el rey entrega al pueblo y con la que se introducen una serie de reformas: abolición
de privilegios, igualdad de los españoles ante la ley (impuestos y cargos públicos iguales).
José I contaba con el apoyo de los afrancesados; no obstante, no toda la población
estaba de acuerdo con su ascensión al poder. Se produjeron diversos motines, entre los
que destaca el levantamiento del 2 de mayo en Madrid. Este alzamiento popular, apoyado
por algunos nobles y el clero, no habría sido tan importante si no fuera por la brutal
represión al mando de Murat para acabar con él. La incapacidad de José I por controlar
la situación desemboca en los fusilamientos del 3 de mayo. Los insurrectos (patriotas)
comienzan a organizarse en juntas, que gobiernan en nombre de Fernando VII. Se van
creando juntas locales entre abril y junio de 1808, y en septiembre se crea la Junta
Suprema Central.
El levantamiento del 2 de mayo supuso el comienzo de la Guerra de Independencia
Española frente a Napoleón. Esta fue una guerra con doble carácter. Por una parte, fue
una guerra de liberación contra el ejército francés. La superioridad militar francesa y la
debilidad del ejército español llevó a una guerra de guerrillas; grupos reducidos de
guerrilleros hostigan al enemigo francés hasta cansarlo. Por otro lado, fue una guerra civil
entre los afrancesados y los partidarios del Antiguo Régimen, que defienden el regreso de
Fernando VII. Los afrancesados eran reformistas, ilustrados, intelectuales que veían en la
monarquía de José I una oportunidad para la modernización del país, además de hombres
de negocios que se enriquecieron con actividades vinculadas al nuevo régimen. Los
partidarios de Fernando VII eran el clero y la nobleza, que buscaban la restauración del
absolutismo, los reformistas moderados, que creían que el regreso del rey conllevaría una
serie de reformas dentro del Antiguo Régimen, y los liberales, que esperaban que
Fernando VII implantase un nuevo régimen constitucional basado en la soberanía
nacional, la separación de poderes y las libertades individuales. Estos contaban con el
apoyo de los ingleses.
El desarrollo de la guerra se puede dividir en tres fases. La primera, hasta
noviembre de 1808, se caracteriza por la resistencia española a través de las guerrillas y
la notable superioridad francesa. En la segunda fase, hasta enero de 1812, se observa el
máximo dominio francés; en 1810, cae toda Andalucía, excepto Cádiz, en manos
francesas. Sin embargo, a partir de 1812, cuando Napoleón inicia la invasión de Rusia,
sus tropas se fueron debilitando, lo que facilitó el contraataque de las tropas británicas
(general Wellington) y españolas, que vencieron en los Arapiles en julio de 1812. El
avance de los españoles obligó a huir a José I, y Napoleón tiene que ir retirando sus tropas
hasta su derrota definitiva en la batalla de Vitoria (junio 1813). Finalmente firma el
Tratado de Valençay (diciembre 1813), por el que retiraba sus tropas y restablecía la
monarquía de Fernando VII.
Una de las principales consecuencias de la guerra fue la división social, por una
parte, de los sectores que se habían enfrentado durante la guerra, y por otra de los sectores
que habían apoyado a Fernando VII, por las fuertes diferencias ideológicas. Esta grave
división social permanecerá durante todo el reinado de Fernando VII y causará los
enfrentamientos civiles posteriores (sectores reaccionarios contra los partidarios del
cambio).
Además, la guerra tuvo graves consecuencias económicas. La producción agraria
quedó destruida, y la industrial, colapsada, lo que provocó la paralización del sector textil
y del comercio. El déficit público era 20 veces superior a los ingresos del Estado, que
disminuyeron con los procesos de independencia de las colonias.
La guerra provocó a su vez importantes pérdidas demográficas, tanto de los
contendientes como de la población civil, y la consiguiente caída de la natalidad
(mortalidad en algunas zonas del 50% de la población). En conjunto, fue una guerra larga,
de una crueldad extrema y muy destructiva (ciudades, tierras).
5.2. Comenta las características esenciales de la Constitución de 1812.
La Junta Suprema Central (1808), con sede en Cádiz, gobernaba en nombre de
Fernando VII. En septiembre de 1810, da paso al Consejo de Regencia para convocar las
Cortes; se forman así las Cortes de Cádiz. Los problemas a los que tiene que hacer frente
son cómo organizar las elecciones, ya que estaban en mitad de una guerra (la Guerra de
Independencia Española, 1808-1813), y cómo llegaban los diputados a Cádiz, ya que con
la guerra no podían. La solución a esto último fue buscar sustitutos de la misma provincia
que vivieran en Cádiz; al ser comerciantes burgueses, la mayoría de los diputados eran de
ideología liberal. Las Cortes eran así unicamerales y no estamentales. El resultado fue la
Constitución de 1812.
La Constitución de 1812, promulgada el 19 de marzo de 1812, fue un extenso y
minucioso articulado (384 artículos), muy avanzado para la época, que se convirtió en
una referencia tanto en la Península como en Europa y América. Estuvo vigente de marzo
de 1812 a marzo de 1814, de enero de 1820 a noviembre de 1823 y de agosto de 1836 a
junio de 1837.
De carácter progresista, en sus artículos se definían los derechos individuales, las
libertades civiles, la igualdad jurídica y fiscal y las garantías de seguridad individual
principalmente con la abolición de la tortura. Se establecía el sufragio universal e
indirecto masculino para mayores de 25 años (soberanía nacional).
La forma de gobierno correspondía a una monarquía constitucional, basada en la
división de poderes. El poder ejecutivo estaba encabezado por el rey, que poseía la
dirección del gobierno e intervenía en la elaboración de leyes a través de la iniciativa y la
sanción, y tenía derecho de veto durante dos años. El poder legislativo recaía en las Cortes
unicamerales, encargadas de la elaboración de leyes, la aprobación de presupuestos y los
tratados internacionales y dirección del ejército. El poder judicial era competencia de los
tribunales, que establecían los principios básicos de un Estado de derecho: códigos únicos
en materia civil, criminal y comercial, inamovilidad de los jueces, garantías de los
procesos, etc.
La Constitución reconocía la confesionalidad del Estado (católica). Establecía la
organización territorial del Estado en provincias y municipios, que se gobernaban por
diputaciones provinciales. También organizaba la Milicia Nacional, que servía para
defender el liberalismo.
En cuanto a su obra legislativa, abolía el régimen feudal, lo que acabó
perjudicando a los campesinos al estar las tierras en manos de los señores. Se introdujeron
asimismo medidas próximas al liberalismo económico (supresión de gremios y aduanas
internas) con el fin de impulsar la producción y el comercio, para lo que se decretó la
libertad de comercio, industria y trabajo. Se establece además la libertad de imprenta y se
suprime la Inquisición.
Su aplicación tendrá algunas dificultades por las circunstancias de la guerra en las
que se crea y por la oposición de los sectores absolutistas, que se apoyarán en Fernando
VII.
5.3. Detalla las fases del conflicto entre liberales y absolutistas durante el
reinado de Fernando VII.
Ø Sexenio Absolutista (1814-1820)

Fernando VII llega a España en 1814 y reimplanta el absolutismo mediante el


Manifiesto de los Persas, comenzando el llamado Sexenio Absolutista (1814-1820):
suprime las Cortes, la Constitución y la obra legislativa de Cádiz (todas las reformas). Su
negativa ante cualquier tipo de reformas empeora la situación de posguerra y de la
Hacienda.
A pesar de la fuerte represión, muchos se opusieron ante esta situación: los
campesinos al restablecimiento de las rentas señoriales y los diezmos; la burguesía a la
supresión de la libertad de comercio e industria.
Los liberales y afrancesados son reprimidos, por lo que optaron o bien por el exilio
o por Sociedades Secretas (masonería). El ejército también estaba descontento por la
situación, en parte porque eran enviados a América a reprimir a las colonias en muy malas
condiciones. Toda esta situación favorecía los pronunciamientos militares de carácter
liberal. Aunque la mayor parte de ellos fracasa, el 1 de enero de 1820 el pronunciamiento
de Riego (coronel Rafael del Riego, al frente de la compañía Cabezas de San Juan,
Sevilla) triunfa y da paso al Trienio Liberal (1820-1823).
Ø Trienio Liberal (1820-1823)
La Constitución de 1812 vuelve a entrar en vigor, se pasa a un gobierno liberal y
se celebran nuevas Cortes. Algunas de las reformas que esto conllevó fueron la aplicación
de los derechos individuales; la amnistía a los presos políticos; la supresión del Antiguo
Régimen, lo que supone la supresión de los señoríos, mayorazgo y resto de vinculaciones,
decretos de desamortización eclesiástica, reformas fiscales (se hace pagar impuestos a los
privilegiados), y libertad económica y de comercio; la reimplantación de la Milicia
Nacional; una nueva división provincial y ayuntamientos electos; y la aprobación del
primer código penal.
Las reformas suscitaron la oposición de la monarquía, los campesinos y la nobleza
tradicional e Iglesia. El rey Fernando VII paralizó las leyes que pudo mediante el derecho
de veto que le otorgaba la Constitución. El campesinado sale perjudicado por la
desamortización. El Estado, para conseguir dinero, cede grandes lotes de tierra que
compran los antiguos señores; como consecuencia, los campesinos no pueden acceder a
la tierra y se quedan como arrendatarios y jornaleros. Además tienen más impuestos
estatales. La nobleza tradicionalista y la Iglesia se opone por la pérdida de privilegios.
El periodo liberal acaba fracasando debido principalmente a la división entre
liberales moderados (conservadores) y liberales exaltados (progresistas). Además, las
reformas favorecen a la burguesía, pero no al campesinado, por lo que no cuentan con su
apoyo. Se produce asimismo una reacción absolutista: por una parte, el rey conspira junto
con los realistas europeos, la nobleza y el clero; por otra, se producen levantamientos
realistas dirigidos por la Guardia Real, que empieza a organizar guerrillas; finalmente, la
intervención de la Santa Alianza a través de los Cien Mil Hijos de San Luis. Esta última
intervención provoca la vuelta al absolutismo, con la que Fernando comienza un Régimen
del Terror en el que se persigue de forma brutal a los liberalistas. Así comienza la Década
Ominosa (1823-1833).
Ø Década Ominosa (1823-1833)
El regreso al absolutismo fue acompañado de una fuerte represión a los liberales
por parte de los Voluntarios Realistas, un cuerpo militar encargado directamente de la
persecución del liberalismo.
El país estaba en bancarrota por la pérdida de colonias, por lo que necesitaba
reformas económicas, administrativas y sociales (grave clima de violencia). Los realistas
puros se oponen a cualquier tipo de reforma contra el absolutismo, y se apoyan en el
posible sucesor Carlos María Isidro, que empieza a conspirar contra su hermano Fernando
VII (carlismo).
En 1829, el rey Fernando VII se casa con María Cristina de Borbón, y un año más
tarde tuvo una hija, Isabel. Para permitir que su hija pudiese heredar el trono en lugar de
su hermano Carlos, suprime la Ley Sálica e implanta la Pragmática Sanción. Los realistas
no lo aceptan y apoyan a Carlos María Isidro. En 1833, Fernando VII muere y Carlos
declara la guerra (problema sucesorio).

TÉRMINOS
Motín de Aranjuez: Levantamiento popular, en la noche del 17 de marzo de 1808,
frente al Palacio Real de Aranjuez, donde ese encontraban la familia real española y
Godoy, en un intento de huir de la ocupación francesa. Más que un levantamiento
espontáneo, se trató de un golpe de estado, promovido por el príncipe heredero, Fernando.
El pueblo exigió la destitución de Godoy, que será encarcelado, y la abdicación de Carlos
IV, quien cedió la corona a su hijo Fernando VII.
Tratado de Fontainebleau: Es un acuerdo firmado en 1807 entre Napoleón y
Manuel Godoy, valido del rey Carlos IV, por el que se permitía el paso de tropas francesas
por España con el propósito de invadir Portugal, aliado de Gran Bretaña en su conflicto
con Francia. El objetivo era fortalecer el bloqueo continental decretado por Napoleón, y
violado por Portugal. Una vez conquistado, su territorio sería dividido, correspondiendo
el sur a un principado hereditario para Godoy. Este tratado fue la excusa para la invasión
francesa de España.
Abdicaciones de Bayona: Renuncia al trono, primero de Fernando VII en favor de
su padre Carlos IV, y después éste en Napoleón Bonaparte, quien entregará la corona de
España a su hermano José, por entonces rey de Nápoles. A cambio de esta abdicación,
Carlos IV y Fernando VII recibirán suculentas rentas en dinero y en propiedades. Este
hecho se llevó a cabo en Bayona el 5 de Mayo de 1808.
Junta Suprema Central: Órgano de gobierno de España, elegido en junio de 1808,
como forma de gobierno alternativo a José I Bonaparte. Compuesta por personajes de un
amplio espectro ideológico, desde liberales a absolutistas ilustrados, su función fue
coordinar la resistencia al invasor, asumir el gobierno de la nación, convocando unas
Cortes generales constituyentes , elegidas por sufragio universal masculino. Tras la
constitución de las Cortes en Cádiz, la Junta Suprema cedió el poder a un consejo de
Regencia.
Cortes de Cádiz: Primeras Cortes españolas elegidas por sufragio universal, en
plena Guerra de la Independencia. Se reunieron en Cádiz en 1810 porque era la única
ciudad libre del ejército francés, y allí realizaron su importante labor legislativa.
Elaboraron y aprobaron tanto la primera Constitución española (1812) que implantaba un
sistema parlamentario bajo una monarquía constitucional, como un conjunto de normas
que terminaban con el Antiguo Régimen en España.
Pronunciamiento de Riego: Sublevación militar protagonizada por el coronel
Rafael Riego, en 1820 en Cabezas de San Juan, al frente del ejército acantonado allí, con
destino a América. Tras dos meses de campaña a favor de la Constitución de Cádiz, logró
el apoyo suficiente para obligar a Fernando VII a jurar la Constitución de 1812,
iniciándose el periodo conocido como Trienio liberal.
Simón Bolívar: Conocido como el libertador, fue un militar venezolano que lideró
la lucha por la emancipación americana frente al Estado español, entre 1813 y 1824.
Fundador de la Gran Colombia, de la cual fue presidente, contribuyó de manera decisiva
a la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y
Venezuela.

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