Cursillo Prematrimonial: Matrimonio y Fe
Cursillo Prematrimonial: Matrimonio y Fe
CURSILLO PREMATRIMONIAL
TEMA I
1- INTRODUCCIÓN.
b. TEMORES
i. Al ver los frecuentes fracasos, separaciones, y vidas rehechas, la pregunta:
¿y a nosotros, a mí, no me sucederá lo mismo? ¿cuándo?, ¿porqué?.
ii. ¿Seremos capaces de envejecer juntos? ¿Estamos dispuestos o ya
manejamos la posibilidad de la separación si las cosas no van?
iii. Al ver que los que están bien casados, como Dios manda, también se
separan y los que lo han hecho a su gusto, duran más ¿no será mejor
juntarse?
TEMA II
c. Al hacerlos varón y mujer los hizo el uno para el otro con la capacidad de amarse.
e. Ese amor mutuo tiene que estar bendecido por Dios, especialmente en el caso de los
bautizados.
iv. Es, ante todo, un amor plenamente humano, es decir, sensible y espiritual
al mismo tiempo. No es por tanto una simple efusión del instinto y del
sentimiento sino que es también y principalmente un acto de la voluntad
libre, destinado a mantenerse y a crecer mediante las alegrías y los dolores
de la vida cotidiana, de forma que los esposos se conviertan en un solo
corazón y en una sola alma y juntos alcancen su perfección humana.
v. Es un amor total, esto es, una forma singular de amistad personal, con la
cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o
cálculos egoístas. Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama
sólo por lo que de él recibe, sino por sí mismo, gozoso de poderlo
enriquecer con el don de sí.
ii. Junto con la edad biológica van unidas la suficiente madurez psicológica,
afectiva, espiritual
iii. El dominio, el señorío de sí mismo, reclama cierta edad, aunque esto no es
suficiente. (Pensar en los primeros enamoramientos: se siente, no se piensa)
aa. Los que hayan hecho VOTOS RELIGIOSOS O SEAN SACERDOTES (CIC 1087-
1088)
i. Deben primero obtener la dispensa dada por el Papa
TEMA IV - EL CONSENTIMIENTO
e. SE CARECE DE CAPACIDAD
f. SE CARECE DE VOLUNTAD
i. Cuando se casa con determinadas condiciones (CIC 1096-97,2)
1. Cuando se casa por la cualidad más que por la persona.
2. Me caso si sos virgen. Si me das hijos, etc.
g. Los que se casan deben iniciar los trámites en la parroquia donde residen. En
cualquiera de los dos.
h. Deben presentar la fe de bautismo, obtenida dentro de los 6 meses últimos
i. Deben tener dos testigos de información, no parientes, mayores de edad.
j. La forma canónica:
k. Entrada: el novio recibe a la novia
l. En el altar,
m. En la entrada de la Iglesia
n. Le acompañan los dos padrinos que representan a la Iglesia y son testigos del
casamiento
o. Lecturas bíblicas y breve sermón
p. Interrogatorio a los contrayentes:
i. Si son libres para casarse
ii. Si están dispuestos a amarse durante toda la vida
iii. Si están dispuestos a recibir responsable y amorosamente los hijos.
q. El consentimiento. Diversas formas de manifestárselo.
r. Los anillos
s. La comunión sacramental. (pedirla antes)
t. La bendición.
u. La forma de vestirse
v. Los arreglos florales del templo
w. La libreta de casamiento
x. Quién paga el casamiento
y. El civil
i. No se suprime. Puede hacérselo después de la ceremonia religiosa
ii. Tiene efectos civiles, no crea vínculos entre los contrayentes
z. Los que filman
i. Que antes hablen con el cura porque le ocupan la luz sin avisarle ni pagarle.
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Esta parte es para que el sacerdote introduzca al tema del conocimiento mutuo
SEGUNDA PARTE
A- EL CONOCIMIENTO MUTUO
2- A su vez, cada uno de nosotros somos un mundo por descubrir para nosotros
mismos.
a. Nos conocemos solteros, como hijos, hermanos,
b. Pero no como esposo/a, como padre o madre.
c. Nos conocemos con 20, 25, 30 años, pero no con los que vendrán.
d. A partir del casamiento tenemos a otra persona para que nos ayude a
conocernos y a la que debo ayudar a conocerse.
3- Detrás de cada uno hay una familia, una herencia cultural, social, familiar.
a. Al casarnos lo hacemos también con la familia de mi cónyuge;
b. Los cuales no permanecen indiferentes a sus hijos casados tanto para bien
como para mal.
c. Para conocer a mí cónyuge
i. ayuda mucho conocer la familia y su entorno.
ii. Ver cómo mi próximo cónyuge se relaciona con ellos y entre ellos
d. EN LA CONVIVENCIA:
i. es fácil resaltar y acusar al otro por sus imperfecciones y defectos,
ii. lo más difícil es escucharlos, aceptarlos y pedir ayuda.
iii. El que señala a su cónyuge sus miserias debe tener en cuenta esto.
iv. Incluso es conveniente adelantarse, preguntando y pidiendo que se me
diga lo que ve bien en mí.
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v.
Como cada uno juzga según su condición de varón o mujer, según el
ambiente en que vivió y se educó, muchas veces no pensamos cómo
afecta y reacciona el otro con mi modo de ser
vi. Ayuda el proponerse y dedicar un día al mes para decirse las cosas sin
tonos ni temperaturas anímicas.
vii. Jamás decir las cosas para herir o rascar heridas viejas cicatrizadas.
i. La miro y valoro como una persona, o como una cosa con sexo? (La
persona no es algo solamente biológico y sexual)
ii. En qué se distingue de otras mujeres?
iii. En qué se parece a las buenas mujeres? (Tengo idea de lo que es ser
buena mujer?)
iv. Qué le falta para ser una buena mujer?
v. ¿El trato con ella te elevó y te mejoró? O te ha rebajado y envilecido?
vi. Tienes influencia en sus juicios, criterios? Te escucha y aprecia en tus
consideraciones acerca de ella?
vii. Tiene buen juicio propio o depende de lo que le digan sus padres. (si no
corta el cordón umbilical, ella preferirá a su familia antes que a ti)
viii. Cuáles son sus preocupaciones? (Una chica superficial y vacía no
garantiza la felicidad de un hogar).
ix. ¿Es vanidosa y malgastadora? (Sus caprichos de hoy y de mañana
abocarán a la catástrofe)
x. ¿Es trabajadora? Si lleva sus estudios o trabajos de cualquier forma,
¡Qué te espera!
xi. ¿Está siempre alegre? Si con frecuencia está de mal humor, hablando
contra todo y contra todos, ¡Cuidado! Es una egoísta. Vivirá siempre
amargada y amargando.
xii. Reconoce con humildad sus limitaciones y defectos o es orgullosa y
soberbia?
xiii. Cuanto tiempo dedica a su persona, a su aspecto exterior: demasiado,
poco, suficiente?
xiv. ¿Hay amor de Dios en su corazón? Sin amor a Dios, en cualquier
dificultad se tambaleará el amor al hombre.
b. Como MADRE
ii. ¿Le gustan los niños? Una mujer que no desea los hijos, no será buena
esposa ni buena madre, porque no es ni mujer.
iii. ¿Es delicada y cariñosa en su casa? Acuérdate que ella será el corazón
del hogar. ¿Es ahora la alegría de su casa? ¿Qué opina de ella su
familia?
iv. ¿Tiene amor a la casa? Un día tendrá que dar calor al hogar con mil
detalles. ¿Se le ve ya ahora afición a todas las tareas propias de una
madre de familia?
v. ¿Es sacrificada? Si está siempre quejándose, si falla hoy su obediencia
y respeto a sus padres, si le cuesta amar y entregarse a sus hermanos,
¿qué educadora tendrán tus hijos?
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a. Como HOMBRE-ESPOSO
i. La miro y valoro como una persona, o como una cosa con sexo? (La
persona no es algo solamente biológico y sexual)
ii. En qué se distingue de otros hombres?
iii. En qué se parece a los buenos hombres? (Tengo idea de lo que es ser buen
hombre?)
iv. Qué le falta para ser una buen hombre?
viii. ¿Piensan también otros que ese joven merece la pena? Los demás, "desde
fuera", pueden tener una panorámica mas amplia y más objetiva para juzgar,
Tú puedes estar cegada.
ix. ¿Es complaciente en los pequeños detalles? Si ahora le falta finura para
adivinar o generosidad para complacer, ¿de dónde las sacará mañana?
b. Como PADRE.
i. ¿Lo ves todo un hombre, valiente, emprendedor ? ¿Es sacrificado, se
conforma con poco, o es ambicioso?.
ii. ¿Te parece honrado y sincero en todas sus cosas? Sólo un hombre así
merece que se deposite en él toda la confianza. De lo contrario no estarás
segura.
iv. ¿Valora tus juicios, los tiene en cuenta o pesan más los de su familia?
vi. Piensa como padre, habla de los próximos hijos, o solo piensa en ser esposo
postergando los hijos o resignándose a que vengan?.
vii. ¿Prefiere los hijos?. ¿Qué antepone a los hijos: la comodidad, el bienestar?
ix. ¿Tiene convicciones religiosas y daría su vida por ellas?. Vive como un
cristiano coherente? Si arrincona cobardemente a Dios o lo traiciona, puede
traicionarte también a ti,
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S El único fin del estado matrimonial del que depende la felicidad y santidad presenta dos
aspectos internamente vinculados y subordinados:
a- el bien propio.
b- el bien del cónyuge y de los hijos.
No se consigue el bien propio, es decir, la felicidad personal, si no se logra la felicidad del propio
cónyuge y de los hijos.
S Los obstáculos para impedir la mutua fidelidad tienen su causa ignorar los mutuos defectos y
las consecuencias que se siguen de no corregirlos y poner el constante esfuerzo para
dominarlos hasta transformarlos en virtud.
La dificultad no está en la presencia de defectos sino en las disposiciones para dejarse ayudar y
el interés permanente de ayudar al otro a mejorarse.
S Cómo era en el noviazgo: allí se manifiestan y se conocen las principales virtudes y defectos y
las disposiciones frente a las propias malas actitudes y a las del otro.
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SEGUNDA PARTE
I
LOS DEBERES DE LOS ESPOSOS ENTRE SÍ.
Hablaremos de los deberes mutuos de los esposos y de los propios del varón y de la mujer.
1. Deberes mutuos. existen tres deberes fundamentales que obligan a los cónyuges por derecho
natural y divino: amor, ayuda y cohabitación.
a) Amor. Ha de ser muy sincero e intenso, porque, así como por el vínculo matrimonial se han
hecho corporalmente una sola carne (Mt19,5), deben constituir espiritualmente un solo corazón. Por
eso San Pablo exhorta repetidas veces en sus epístolas a este mutuo amor de los cónyuges entre sí.
He aquí algunos textos hermosísimos:
“Vosotros los maridos amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por
ella... Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo. El que ama a su mujer, a sí
mismo se ama, y nadie aborrece jamás su propia carne, sino que la alimenta y la abriga, como Cristo
a la Iglesia» (Ef 5,25-29).
«Por lo demás, ame cada uno a su mujer, y ámela como a sí mismo, y la mujer reverencie a su
marido» (Ef 5,33)-
«Las mujeres estén sometidas a los maridos, como conviene, en el Señor. Y vosotros, maridos,
amad a vuestras mujeres y no seáis duros con ellas» (Col 3,18).
Este amor no ha de ser solamente afectivo o sentimental, sino también efectivo y práctico.
En cuanto afectivo, no debe fundarse en la simple belleza corporal, que se marchita muy
pronto; ni en los medios de fortuna, posición social, etc., que nada añaden a las cualidades
personales, sino en las dotes permanentes del alma, principalmente en la virtud y en la nobleza
del corazón.
b) Ayuda. La mutua ayuda y consuelo de los cónyuges es uno de los fines del matrimonio,
dispuesto y ordenado por el mismo Dios cuando dijo en el paraíso terrenal: No es bueno que el
hombre esté solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él (Gén 2,18).
c) Cohabitación, o sea, convivencia en una misma casa, mesa y lecho o habitación, como
requiere la educación de los hijos y la mutua ayuda de los cónyuges. Por eso el mismo Cristo
confirmó en el Evangelio la fórmula de la Antigua Ley: Dejará el hombre al padre y a la madre y se
unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne (Mt 19,5; cf. Gén 2,24; Ef 5,31).
sin suficiente motivo, dejan solo al otro cónyuge por largo tiempo,
y sobre todo si interrumpen definitivamente la vida común, a no ser con gravisima causa,
reconocida generalmente por la autoridad eclesiástica.
Lo mismo que si, por su conducta desordenada, malos tratos, etc., representan una carga
insoportable para el otro cónyuge.
2. Deberes especiales del esposo. Como quiera que el esposo es por derecho natural y divino el
cabeza y jefe de la familia (Gén 3,16; ICor I I,9, Col 3,18), le corresponde gobernar a la mujer,
aunque siempre en calidad de compañera, no de esclava. Y así debe:
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a) Proporcionarle el debido sustento, vestido y habitación según su estado o condición
social, sufragándolo de los bienes comunes o incluso de los propios del marido si la mujer carece de
otros bienes.
b) Prestarle ayuda y protección para que pueda desempeñar cristianamente sus funciones de
esposa, madre y dueña del hogar.
c) Corregirla caritativamente si delinque, con el fin de enmendarla y evitar el escándalo. Pero sin
recurrir jamás a los golpes o malos tratos ni a los insultos soeces o frases duras, que a ningún
resultado práctico conducen y perturban terriblemente la paz y tranquilidad del hogar.
obedecer y reverenciar a su marido, según el mandato del Apóstol(Col 3, 18), como jefe y
cabeza de la familia.
Ha de llevar el cuidado de la casa en la forma que corresponde a la mujer y administrar los
gastos diarios con prudencia y sabiduría, sin excederse en lujos superfluos ni quedarse por
debajo de lo que corresponda a su estado y condición social.
Ha de procurar contentar en todo a su marido (aunque sin atentar jamás a la ley de Dios) para
que se encuentre a gusto en su hogar y no vaya a buscar en otra parte lo que le falta en su
propia cosa.
Accidentalmente estaría obligada la esposa a alimentar a su marido con Sus bienes propios si
por enfermedad u otro motivo razonable fuera incapaz de procurarse el sustento por sí
mismo.
Pero no debe la esposa tomar el mando y gobierno de la casa, a no ser en casos muy
excepcionales, [Link]., para evitar la ruina de la familia por los vicios y despilfarros del marido.
Amar es, entre otras cosas, comprender a la persona que se ama. Para un mayor amor, se debe
buscar comprender mejor al otro, aun cuando esto sea difícil. En efecto, muchos son los esposos
que dicen que o más difícil. en el matrimonio es adaptarse a la personalidad del cónyuge, avenirse a
él. Las causas de esta dificultad son ciertamente diversas. Pero, al decir de los expertos en
problemas matrimoniales, una de las causas más frecuentes es el rechazo consciente o inconsciente
a considerar, a respetar al cónyuge en la psicología propia de su sexo. Hablando más directamente,
los esposos no se acuerdan de que sus esposas son mujeres y se comportan como mujeres,
mientras que las esposas con frecuencia cometen el error de querer que sus maridos actúen no
como hombres sino como mujeres.
Podréis evitar este problema o al menos encontrar más fácilmente la solución si os hacéis más
conscientes de lo que es propio del hombre y de lo que es propio de la mujer. El fin que aquí
perseguimos es que cada novio comprenda a su novia en sus reacciones de mujer y que cada novia
acepte que su novio se comporte como hombre.
Formar una pareja unida es para vosotros un deseo legítimo. Esta exposición quiere ayudarlos y
ayudar a los esposos a realizar esta ambición; sin embargo, el conocimiento de la psicología del otro
sexo no basta para esto. Es necesario, además, conocer bien su propia personalidad y la de su
cónyuge, y saberlas armonizar, lo cual será el objeto de otra exposición. Aquí se trata, más bien, de
la psicología complementaria de los sexos, es a saber de las tendencias generales propias del
hombre y la mujer, tales como aparecen en la observación corriente, como lo atestiguan miles de
novios que se han reconocido en ella.
Para ayudar a cada pareja a realizar su unidad y su armonía, os invitamos a reflexionar sobre cinco
puntos. Para que comprendáis mejor la psicología del hombre y de la mujer, vamos a describir: I - El
hombre y la mujer; II - Su constitución física; III - Su modo de conocer; IV - Su modo de amar V - Su
vida religiosa.
EL HOMBRE Y LA MUJER
Ante todo hemos de decir que el hombre y la mujer son considerados aquí como las dos partes
necesarias para constituir al ser humano total. Dios ha querido que así fuera: "Los creó varón y
mujer". Para Dios el ser humano es el. hombre y es la mujer. Es decir que reconocemos a la mujer
su plena dignidad de persona humana y que la consideramos como la plena mitad de la humanidad.
Nos oponemos a los prejuicios siempre tenaces, que presentan a la mujer como un ser inferior.
También es necesario prevenir un equívoco: sí, de, modo general se encuentran más
comportamientos viriles en el hombre y actitudes femeninas en la mujer, a veces se encuentran
mujeres con comportamientos viriles y hombres con cualidades femeninas. Todo esto nos invita a
abordar con prudencia el problema de saber lo que es masculino y lo que es femenino, lo que es
propio del hombre y lo que pertenece a la mujer, lo que es la virilidad y lo que es la femineidad. Si
se. acepta aquí como femenino tal o cual comportamiento, hay que recordar que este mismo compor-
tamiento se puede encontrar también en un hombre muy viril y paralelamente, si tal actitud se declara
masculina, no hay que sorprenderse al encontrarla en ciertas mujeres, por lo demás muy femeninas,
Son tendencias que se encuentran generalmente en uno o en el otro.
Los novios y los esposos deben reconocer que son diferentes y aceptar sus diferencias. Esto es
indispensable si quieren sentir la alegría de su matrimonio y si quieren tener armonía en su vida
conyugal. También es necesario para un amor comprensivo, para un amor más grande.
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.
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EN SÍ MISMOS
LA MUJER. Se puede decir que la mujer es más EL HOMBRE El hombre, por el contrario, parece
consciente que el hombre de lo que es. La hecho por compartimientos: una casilla para su
mujer es más consciente y preocupada de su trabajo, una casilla para los deportes, una casilla
cuerpo, de su apariencia, de su ser y de la para sus amores. Aparece como "dividido en
impresión que crea a su alrededor. Otro rasgo compartimientos", "dividido por tabiques".
propio de la mujer, y que es útil que lo conozcan
los futuros esposos, es en la mujer hay una eran
unidad,- la mujer es un todo viviente. Frente a la
mala noticia, la mujer más fácilmente tendrá
tendencia a ser afectada en su trabajo
Por el contrario, semejante separación por A propósito de esto, una esposa aporta el
compartimientos es menos frecuente en la testimonio de su experiencia: "Cuando mi marido
mujer. Para una mujer, ayer es a veces hoy y llega de su trabajo, con frecuencia le pido que
esta tarde quizás es mañana. No decimos esto me cuente lo que ha pasado, y muchas veces
solamente para explicar por qué las mujeres salgo desengañada al escuchar que por toda
viven con retraso, sino sobre todo para ayudar al respuesta me dice: "Todo transcurrió como de
novio a comprender que su novia no está de ordinario, no hay ninguna novedad". Ahora
buen humor esta tarde, porque su patrón la ha comprendo mejor que, una vez en casa, a mi
reprendido esta mañana; y para ayudar al futuro marido no le gusta hablar de su trabajo".
marido a comprender que, una vez que se hayan
casado, su esposa se acordará todavía a la
tarde de la actitud que él ha tenido para con ella
en el momento de su partida para el trabajo por
la mañana. . . .,
FRENTE AL MUNDO
El hombre y la mujer manifiestan, además, una actitud diferente frente al mundo que los rodea, a
las cosas que están a su alrededor.
El hombre se impone; la mujer acepta. El hombre utiliza las cosas, la mujer las considera y las
acepta por Io que son.
El respeto, la acogida, la atención a la persona caso, los querrá reunir por medio de un trabajo o
vista, no en función de un objetivo a alcanzar, juego común. Al hombre le gustará ver al otro
sino considerada en sí misma, aceptada, por sí en función de un fin a alcanzar juntos, Se unirá a
misma, será la actitud propia de la mujer un equipo de fútbol para practicar este juego, es
decir, para un objetivo preciso.
Porque delante de un ser humano, la mujer es La función propia del hombre, tal como se
en primer lugar una presencia discreta, una desprende de su tendencia a imponerse, al
disponibilidad. Este deseo de hacerse simpática mundo, a querer organizarlo, será la de ejercer
y de estar presente sin imponerse, esta actitud su empresa en el mundo organizándolo y la de
de una persona que quiere unirse a otra indica afirmarse cada vez con más claridad a sí mismo.
un talento, una aptitud propia de la mujer. En la El hombre será, pues, el orientador, el gala, el
ávida, la mujer es la que tiene el cuidado de las responsable, en una palabra, el jefe. El que el
personas a las que quiere prodigar su dulzura, hombre sea hecho para ser jefe y la mujer para
su calor, su ternura. Esta ternura que siente la ser madre, no es una verdad afirmada solamente
mujer, la quiere hacer sentir sobre todo al ser por importantes psicólogos, es también un hecho
que ella siente pequeño, al niño que tiene constatado por la mayoría de nosotros. ¿Se trata
necesidad de cuidados y atención. Delante de de ofrecer un regalo a un niño?
un ser pequeño, la mujer siente una emoción; Espontáneamente para una niña uno piensa en
quiere proteger, abrigar a esta vida frágil. una muñeca y para un niño se compra un
mecano o un tren
Este cuidado de la mujer por las personas, su
disponibilidad, su deseo espontáneo de cuidar
las vidas frágiles o débiles, indican la vocación
de la mujer a la maternidad. Por lo tanto, la
maternidad para la mujer no es un mito, un
simple fruto de la imaginación. Es una función
que tiene tanto sus raíces en su psicología como
en su fisiología. La mujer está hecha para ser
madre y su ser permanece incomprensible para
nosotros si lo olvidamos.
SU CONSTITUCIÓN FÍSICA
Musculatura.
Una primera constatación que se impone a quien examina la constitución física de cada sexo, es la
estatura y la musculatura
LA MUJER . Desde el punto de vista muscular EL HOMBRE. Es un hecho que el hombre goza
la mujer parece más débil. El hombre deberá de un sistema muscular más desarrollado.
acordarse de esto para ayudarla en los trabajos Según un autor, los músculos comprenderían el
más duros, como son algunos trabajos 41 % del peso de un hombre y solamente un 35
domésticos. Por su parte, la mujer comprenderá % del peso de la mujer. El hombre, por lo tanto,
en su esposo la necesidad de ejercitar sus se servirá más de sus músculos. Será más apto
músculos por ejemplo dejándole practicar algún para trabajos duros, gustará de los juegos en los
deporte. que puede probar su fuerza y levantar pesos
pesados
Resistencias diferentes
LA MUJER. Ella, por el contrario, no gasta todas EL HOMBRE . El hombre en efecto, tiene
sus fuerzas de golpe, sino poco a poco. Por eso tendencia a trabajar por impulsos. Concentra
su fuerza es menos intensa pero dura más todas sus fuerzas y las gasta todas de golpe,
tiempo. La mujer tiene por lo tanto, más oportu- pero después debe detenerse y descansar. Esto
nidades de ser paciente que el hombre. Además es lo que debe comprender una mujer cuando ve
la mujer concentra menos sus energías que el que su marido, al llegar de su trabajo, se echa
hombre, y esto es lo que le permite a ella hacer en un sillón.
muchas cosas a la vez. Sólo la mujer es capaz
de atender al teléfono, cuidar a los chicos, hacer
la cocina, encontrar las prendas de su marido,
todo esto al mismo tiempo y todavía pensar en
otras cosas ...Pero el hombre no puede hacer
más que una cosa a la vez y todavía no debe ser
molestado.
LA MUJER. Notemos finalmente que las EL HOMBRE. Ejemplo: "Cuando mi marido tiene
mujeres resisten mejor a ciertas enfermedades y gripe, necesariamente tiene que guardar cama;
ellas, que son llamadas débiles y delicadas, por el contrario, cuando yo tengo fiebre, sigo
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sobreviven al hombre como en la fábula la caña ocupándome de la casa", decía una esposa no
sobrevivió al roble. Las mujeres soportan mejor sin cierto orgullo. Una mujer no ha de considerar
que los hombres el dolor físico. con demasiada rapidez a su marido como "un
quejoso".
SU MODO DE CONOCER
Modo de ver
Digamos en primer lugar que cada uno tiene su modo de ver, la realidad.
LA MUJER. La mujer, por el contrario. sale a EL HOMBRE. El hombre busca su verdad por
descubrir la verdad con mucha mayor rapidez, vía de razonamiento, se apoya sobre un principio
pero con mucha menor certeza. Es fácil que de, acción, sobre una regla cualquiera, a veces
encuentre al hombre lento para comprender. aún "calcula" su verdad. Antes de admitir una
Porque para ella la búsqueda de la verdad nueva verdad necesita saber dónde va a ubicar
avanza a grandes golpes de, ala. Piensa por esta nueva verdad entre las verdades que ya
intuición, es decir, que capta su verdad de golpe conoce. El hombre es, pues, lento en la
y sin demora. No es que ella sea capaz de búsqueda de la verdad, pero avanza en ella con
razonar. mayor certeza.
¿Acaso no ha hecho con éxito problemas de Un esposo nos contaba un hecho que lo había
matemáticas? ¿No hay acaso mujeres que sorprendido:"Un día, yo había llevado a casa a
tienen éxito en la geometría, álgebra y otras un nuevo compañero de trabajo. Mi esposa, sin
ciencias a base de razonamiento? No, la mujer poderme explicar demasiado sus razones, me
es capaz de razonar, pero tiene más tendencia a hizo notar que ella no veía que este hombre
la intuición. Intuición rápida y directa que la llegara a ser uno de mis amigos. En aquel
engaña raramente cuando trata de adivinar los momento juzgué su opinión severa y sin
sentimientos o el estado de ánimo de otra fundamento. Después he debido reconocer que
persona pero más insegura cuando se trata de ella tenía razón y que de un solo golpe de vista
cosas que piden ser evaluadas y calculadas. ella había sabido ver con exactitud".
Lógica
pues., una lógica que se sabe adaptar a la lógica es sólido, consecuente, pero sin
necesidad. flexibilidad.
Veámoslo en un ejemplo: un hombre y una mujer en las compras. En ocasión de la fiesta de los
padres, Pablo quiere comprar una corbata para su padre. Tiene, pues, en la cabeza la idea de una
corbata. Va a la tienda, se informa dónde se encuentran las corbatas, se dirige allí, compra una y se
va de la tienda. Ha entrado allí con la idea de comprar una corbata. ¡Es todo! Llega Mercedes a la
misma tienda y para la misma ocasión: la fiesta de los padres. Ella también ha pensado en comprar
una corbata, pero un vez que se encontró en el lugar vio en la tienda muchas cosas nuevas.
¡Cuántas oportunidades están ante su vista!
Juicio
Se trata ahora de la facultad de juzgar de ciertas situaciones prácticas, de lo que conviene hacer o
emprender.
Imaginación
LA MUJER. Para la mujer es distinto, los hechos EL HOMBRE. Finalmente notemos que el
no siempre privan; la expresión pasa adelante. hombre se contenta con los hechos. La
Si se da un regalo a una mujer, ella apreciará expresión es secundaria para él.
casi tanto como el envoltorio y... la actitud de la
mujer no quiere la expresión por gusta hablar
por el solo gusto de hablar; lo que le gusta es,
por la conversación, estar en contacto con otra
persona, comunicarse con alguien.
SU MODO DE AMAR
Alguien ha escrito ya: "El amor de un hombre es el mundo y el mundo de una mujer es el amor".
Estas palabras ilustran bastante bien la importancia que cada sexo atribuye al amor.
pasa en ella tiene aún el deber de interesarse mundo que debe construir y organizar. El amor
por él. Pero lo más grande es el amor. Decir que él tiene a su mujer y el amor que le tiene su
que el amor es algo importante para una mujer, mujer, son ciertamente algo muy grande para él.
no es suficiente, es necesario decir también que
el amor, para una mujer, porque la mujer se da Pero, vistas sus obligaciones en el mundo,
totalmente en su amor, ella no sabe darse hasta necesita dar importancia a su trabajo, a
la mitad; ella a enteramente. Un novio que perfeccionar su oficio o su profesión; necesita
no sospecha el inmenso lugar del amor en el co poner interés en su sindicato y en la política; en
de su novia, no podría comprenderla. Lo mismo, una palabra: descubre cosas por hacer,, causas
un esposo que no es consciente de la primacía a la que, tiene que servir u organizar.
del corazón en su esposa, no llega a llevarla a la
felicidad.
Conquista y acogida
LA MUJER. La chica acepta o rechaza. Porque EL HOMBRE. El amor del hombre va a llegar a
en el amor, la actitud de la mujer es una actitud apoderarse de lo que ama; este amor será un
de acogida del otro, de disponibilidad, de don de amor de iniciativa abierta, de conquista, de toma
sí misma. La mujer no quiere tanto tomar cuanto de posesión. Así, ordinariamente es el
ser tomada. Por eso algunos han creído que en muchacho el que va en busca de la chica y le
el amor, la mujer es pasiva y el hombre activo. declara su amor.
Si sé piensa en todas las reacciones que el amor
desencadena en la mujer, si se conoce hasta
qué grado se entrega la mujer en el amor, no se
cree demasiado en esta pretendida pasividad de
la mujer. A este propósito, sería más exacto
decir que la mujer deja al hombre una cierta
iniciativa exterior. Y además, muchos son los
hombres que creen haber tomado solos la
iniciativa, porque jamás se han dado cuenta de
los avances discretos y sutiles de la mujer.
Rapidez
Otro rasgo que caracteriza el modo de amar propio de cada sexo es la rapidez con la que el hombre
llega a reaccione físicas y la lentitud de la mujer frente a estas mismas reacciones.
SU VIDA RELIGIOSA
Digamos muy brevemente que Dios ha dado a cada uno, al hombre y a la mujer, al esposo y a la
esposa, una vocación personal. Dios pide al hombre que le sirva a su modo, como hombre y, a la
mujer, le pide su amor de mujer. Aquí también los novios y los esposos deben conocer estas
diferencias en el comportamiento religioso de cada uno si quieren entenderse mejor.
LA MUJER La religión de la mujer es más EL HOMBRE. Con frecuencia se oye decir que
cálida más sensible. más ,hecha de detalles. el hombre es menos "religioso" que la mujer.
Una mujer no olvidará las fiestas religiosas y se Sería más exacto decir, que el hombre no es
acordará de los días de ayuno y abstinencia. La religioso a la mujer. Vayamos más lejos y
mujer sentirá a veces fuertes impulsos a rezar. digamos que, normalmente en un hogar, debería
Cristo, invocando su amor, su generosidad, ser el hombre quien preside la oraciones el jefe
encontrará en ella una respuesta rápida. Sin en los otros planos. Un hogar en el que la mujer
embargo, la religión de la mujer tiene el peligro sola reza. no es un hogar normal y en él no se
dé ser demasiado sensible demasiado puesta en conseguirá iniciar fácilmente a los niños en la
detalles. oración.,Porque el hombre debe desempeñar su
rol en la oración del hogar. La religión del
hombre será menos cálida, menos sensible, y no
le gustarán las oraciones demasiado largas, pero
la religión del hombre será sólida: la entenderá
como una adhesión a la voluntad de Dios o el
cumplimiento de los mandamientos.
Para terminar, volvamos a decir una vez más lo que hemos proclamado al comienzo: es necesario
que cada novio y cada novia se hagan conscientes de estas diferencias psicológicas y las acepten.
Estas diferenciáis propias de cada sexo no revelan toda la personalidad de un futuro cónyuge. No, la
personalidad de uno oculta muchos otros secretos y cada esposo necesitaría más que una vida
entera para descubrirlos por un diálogo hecho en confianza y una atención amante. Creemos con
todo, que estos pocos rasgos psicológicos que hemos expuesto serán muy útiles para la mutua
comprensión.
Repitamos que es particularmente importante aceptar estas diferencias que están hechas no para
oponer a los esposos, sino para unirlos, para permitirles complementarse mejor. Cada sexo sirve,
tiene necesidad, en efecto, del otro. Cada sexo sirve para "perfeccionar" al otro. Las mujeres y los
hombres tienen necesidad los uno de los otros. "No es bueno que el hombre esté solo. Hagámosle
una ayuda adecuada", dijo Dios en el momento de la creación (Génesis, 2, 18).
La mujer tiene necesidad de la fuerza. del hombre. Para convencerse hay que pensar en lo que
ocurre cuando un grupo de mujeres está privada de la presencia del hombre: todas tienen en el
30
espíritu una exagerada sensibilidad que es a veces el rasgo de las señoritas que viven juntas. El
hombre tiene necesidad de la ternura de la mujer. Por ejemplo, donde los hombres están solos, la
fuerza del hombre degenera en dureza, sino en brutalidad. Los esposos, hombre y 1 mujer, tienen,
pues, necesidad el uno del otro.
Los hijos, que tienen una necesidad vital del amor de cada uno de sus padres, necesitan que cada
uno de sus padres les aporten las riquezas propias de su sexo: tienen' necesidades tanto de la fuerza
que les viene del padre, como de a ternura que le prodiga una madre.
Un hijo que crece sin sentir la ternura de su madre puede carecer de sensibilidad, de comprensión,
Por otra parte, privado de la fuerza y de la autoridad de su padre, el niño será posiblemente de-
masiado emotivo, incapaz de dominarse, como es el caso de gran número de delincuentes.
IIi
CONOCER Y ACEPTAR AL OTRO IMPULSADO POR LA CARIDAD
Y MEDIANTE EL DIÁLOGO
Son diferentes
Muchos dicen: "Durante el noviazgo no hay problema. Las dificultades llegan después, una vez casa-
dos". ¿Es así? ¿De qué dificultades se trata?
Ya en el noviazgo surgen ocasionalmente pequeños o grandes contrastes de pareceres, de gustos,
de voluntades.
¿Extrañarse? No. Sois diferentes. Por ser hombre y mujer, por haber tenido una historia distinta, un
ambiente y una formación diferentes, por tener diversos temperamentos, aficiones, costumbres.
Sí. Sois dos. Tenéis dos maneras de ser, dos maneras de ver, dos maneras de pensar, dos maneras
de sentir; tenéis dos inteligencias... tenéis... ¿Es una ventaja? ¿Es un inconveniente?
Depende. Si estáis decididos a quitar de vuestro corazón todo egoísmo y amor propio, esas
diferencias serán una riqueza. Tú, que hasta ahora tenías tu inteligencia, tu capacidad, tus
cualidades, dispones ahora, como algo muy tuyo y para tu bien, de todas las cualidades del otro.
Cuando dos fuerzas se unen en la misma dirección se suman, pero si actúan en dirección contraria,
se anulan. ¿Comprendes?
La base para que todas las diferencias se conviertan en una fortuna es el empeño sincero por ser "un
solo corazón"; y por eso, el empeño de amar al otro hasta el olvido de sí, hasta el sacrificio de sí.
Pero, si no quieres negarte a ti mismo, si dejas vivir en tu corazón tu egoísmo y amor propio, has
metido en casa la fuente de las discordias, la raíz de los conflictos, el cáncer que destruye el
matrimonio y el hogar...
Lo comprenderás fácilmente, porque tienes la experiencia de tu hogar de soltero: con tus propios
padres y hermanos. Analiza si supiste convivir con ellos o no, cuáles fueron las dificultades que
encontraste para esa convivencia y qué es lo que hiciste por tu parte, para que resultara cada vez
más agradable y feliz.
Cuando eras egoísta dificultabas la convivencia. Siempre que eras generoso, amable, atento,
sacrificado, delicado... es decir, siempre que amabas de verdad, mejorabas la convivencia familiar.
¿Dificultades u oportunidades?
Una vez casados, ¿aumentarán las dificultades para vuestro amor? Más bien diría, que aumentarán
las oportunidades, las ocasiones, para ejercitar el amor, y, por tanto, para progresar en vuestra unión.
31
Todo dependerá del plan en que os pongáis. Las mismas cosas que pueden hacer saltar el
egoísmo, pueden dar ocasión a un acto de amor.
Saber convivir es la traducción de saber amar, La meta es que lleguéis a ser "un solo corazón".
Estimar al otro, valorarlo, tener en cuenta cómo es, qué necesita. Proyectar tu vida hacia él. El otro es
un campo para tu amor. Tu ideal: su felicidad. Para ello, cualquier sacrificio tuyo, en la medida que
busques su felicidad, producirá, como de "rebote", la tuya.
Decía un esposo: "Qué alegría se siente, cuando uno hace algo por amor al otro”
El egoísta, en cambio, ve en el otro o un medio
para satisfacer su egoísmo o un estorbo para seguir sus caprichos.
La raíz del amor y de la convivencia es el olvido de sí. ¡Fuera pereza! ¡Fuera comodidad! ¡Fuera
egoísmo! Si vas "lleno de ti" no habrá sitio para los otros en tu vida. Serás como ese autobús que
estaban esperando y necesitando y aparece con el cartelito de "completo". ¿Pueden ser iguales los
frutos de la convivencia, viviendo al dictado del egoísmo, que viviendo al dictado del amor?
Es decir, acepta al otro tal como es. Este es el primer acto de amor. Comprender y aceptar su manera
de ser. Conocer y escuchar sus deseos, sus preferencias; tener en cuenta sus necesidades, sus
puntos de vista. Más aún, aceptar sus defectos y amarlo con ellos incluidos, pues no está en nuestra
mano, ni es tarea nuestra "cambiarlo".
"El amor todo lo excusa, todo lo espera, todo lo tolera" (S. Pablo).
No pretendas que el otro sea perfecto. Perfectos, en el cielo.
Procura pensar más bien ,éste es el cónyuge que me conviene" - Lo que te parecen defectos en él
serán precisamente la lima para pulir los tuyos o el medio para adquirir virtudes que a ti te faltan.
Esa fue, por ejemplo, la actitud de Santa Mónica con su marido, hombre áspero y de muy mal genio.
Ella se decía: "Este es el esposo que Dios me ha dado para santificarme". Después de diecisiete
años de paciencia y dulzura, de oración y sacrificio, su marido cambió. Y llegó a decir: "Mi esposa es
un ángel del cielo", y murió haciéndose cristiano, convertido gracias a su esposa.
Así como los defectos del otro te molestan a ti, así le ocurre a él con los tuyos. El mismo amor que te
pide comprender los suyos, te pide corregir los tuyos. Justamente al revés de lo que hace el egoísmo
(comprensivos con nosotros y exigentes con los demás).
¿Qué cosas tuyas pueden molestar al otro? Que alces la voz para hablar.
Que hagas ruido, cuando el otro necesita descansar
Que trates al cónyuge como a un criado a tu ser- vicio, dándole trabajo sin necesidad, o no
ayudándole,
cuando lo ves agobiado.
Que desahogues contra él tus nervios, tensiones, preocupaciones...
Le disgustan tus enfados, le cansan tus continuas quejas, le decepciona no encontrarte disponible... :
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Si piensas un poco, no te será difícil alargar y concretar los puntos que más te afean a los ojos de tu
cónyuge.
Es el lado positivo, el complemento de lo anterior. El que ama está atento a los detalles y descubre
continuamente nuevas posibilidades de expresar y alimentar este amor.
Detalles de afecto y muestras de cariño. Delicadezas y atenciones.
Actitud de servicio constante, siempre pronto a ayudar, a sacrificarse, a adelantarse en el trabajo, a
escoger para sí lo peor, lo más pesado, lo más desagradable.
Facilidad para dejar el propio gusto, el propio parecer, la propia voluntad.
Actitudes de respeto y amabilidad para decir las cosas.
Llegar a adivinar los gustos y deseos del otro antes que los manifieste.
Dar pruebas de amor a la familia del otro, como a la propia.
Será por parte de la esposa quizás esmerarse más en los guisos, en tener a punto ropas y comidas....
en hacer la casa acogedora por el orden, la limpieza, etc., en dejarse aconsejar en el modo de educar
a los hijos...
Será por parte del marido tal vez ayudar más a la esposa y colaborar en las tareas del hogar y en la
educación de los hijos..., no pasar por alto el día de su santo, el aniversario de la boda o,
simplemente, saber alabar aquella comida preparada con cariño o aquel peinado o vestido, que le
sientan tan bien.
Necesitáis dialogar, necesitáis escuchamos, necesitáis consultaras. Mucho, cuanto más mejor. Todo,
sin exceptuar nada. Sois el uno para el otro el mejor confidente y consejero.
Os necesitáis, os completáis, al aportar cada uno vuestros puntos de vista, vuestra reflexión sobre las
cosas.
El clima para el diálogo dependerá de vuestra humildad y de vuestro amor. (De lo contrario, será
discusión, que es muy diferente).
Pero dependerá también de que le dediquéis tiempo, de que os dediquéis tiempo. Debéis valorarlo
como algo fundamental para vuestro amor y para la marcha de la familia, para la orientación de los
hijos, para la solución de todos los problemas.
Cada uno de vosotros es incompleto, y nadie es buen juez en causa propia. Os necesitáis. ¡Dialogad!
Por no haber entendido esto y, sobre todo, por no vivirlo hay tantos matrimonios infelices y tantos que
buscan la ruptura como solución.
Por el contrario, ese perdón generoso supera tensiones y cicatriza heridas, incluso hace más sólida y
madura la unión.
No os dispenséis nunca de este acto de humildad y buena voluntad, que supone la reconciliación
entro vosotros. Sed cada uno. generosos para dar siempre el primer paso.
No os privéis ni retraséis esa alegría de la unidad reencontrada.
Empieza tú
No es extraño que, leyendo estas cosas, te parezcan bien; pero pensando que es el otro quien debe
hacerlo contigo.
Es un gran error pensar que es el otro quien tiene que cambiar o que si el otro cambiara, cambiaría yo
también. Debes convencerte: "Si yo cambio, todo cambiará a mi alrededor".
Les decía un matrimonio a otros: "Desgraciada- mente no queréis ser felices". Al protestar ellos, les
dijo: "Si quisierais ser felices, pondríais todos los medios para haceros mutuamente felices".
Fijaos bien: hacer todo para que el otro sea feliz. Debes empezar tú. Ser generoso y constante. Sin
esperar nada a cambio.
Sin cansarte. Sin considerarte víctima ni esclavo, sino con la conciencia de cumplir tu deber, de hacer
lo que el otro necesita y merece, lo que tú prometiste, lo que Dios quiere.
En la pared de una casa leí esta frase: "No te preguntes si eres feliz, pregúntale, más bien, si son
felices los que viven contigo".
Es cuestión de amor, es cuestión de entrega. Y todo cambiará a tu alrededor.
"Al amarnos el mundo se renueva, la vida siempre es nueva, siempre es nuevo el amor", dice el
canto.
El matrimonio es camino de perfección. Te pide mucho. Te pide todo. Decía uno: "Si quieres ser
santo, te harán los de tu casa". Es que toda convivencia pide sacrificios, pule defectos, hace ejercitar
virtudes. Todo eso purifica, acrecienta el amor y produce la felicidad. El amor todo lo transforma.
"Tiene una enorme capacidad transformadora: convierte las tinieblas en luz" (Juan Pablo 11). Es
decir, trans- forma las dificultades en ventajas, lo amargo en dulce, lo pesado en ligero. Todo, todo...
Que nunca nadie sea causa de discordia entre vosotros. Vuestra plena unión ha de ser siempre
salvaguardada y fomentada. La convivencia con cual- quier otra persona debéis considerarla positiva
o negativa en la medida que afecte favorable o desfavorablemente a vuestro ideal y vocación de ser
"un solo corazón".
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IV
LA INFIDELIDAD CONYUGAL
(El Teólogo responde. Volumen 2. P. Fuentes)
En caso de separación, después de haber agotado todos los medios para salvar el matrimonio y
existen serios peligros para la salud física o psíquica de uno de los dos, la Iglesia autoriza la
separación, pero no está en su potestad desligar del vínculo contraído en el matrimonio y muchos
menos el autorizar un nuevo matrimonio.
En cuanto a la infidelidad no deja de ser una realidad que hay que considerar y evitarla considerando
las posibilidades de caer en ella si no se toman los recaudos convenientes.
que el verdadero amor exige espontáneamente la exclusividad. El universo del amor tiene
dos polos; el amor verdadero tiene como característica la “suficiente intrínseca”, es decir, que
los que se aman no necesiten de nadie más. Si necesitan de “alguien” de afuera para dar
plenitud a su corazón, está fallando el amor.
El amor exige la fidelidad ya su vez la fidelidad “protege” al amor. Todo esfuerzo por ser fiel,
especialmente en los momentos de tentación fuerte, repercute aumentando, purificando y
transformando el amor de los esposos.
Normalmente la infidelidad, en el sentido de engaño del cónyuge con otro amante, es algo que
sucede porque se entiende la fidelidad conyugal en un sentido restrictivo.
La verdadera fidelidad implica tres dimensiones: cordial, mental y carnal. Lamentablemente muchos la
identifican exclusivamente con esta última; pero ésta, sin las otras, no puede mantenerse en pie.
FIDELIDAD CORDIAL, del corazón, quiere decir reservar el corazón para el cónyuge, y
renovar constantemente la entrega que se le ha hecho la vez primera en que se declaró el
amor. Dice Gustave Thibon: “la verdadera fidelidad consiste en renacer a cada instante lo
que nació una vez: estas pobres semillas de eternidad depositadas por Dios en el tiempo, que
la infidelidad rechaza y la falsa fidelidad momifica”. Charbonneau añade: “el marido que deja
dormir su corazón ya es infiel”. Fidelidad implica:
o Como dimensión positiva: reiterar la entrega del corazón; los esposos están
obligados, en virtud del amor, a ser afectivos entre sí; a demostrarse el cariño. Flor
que no se riega se marchita; corazón que no es alimentado, busca comida en otros
platos.
o Como dimensión negativa: exige evitar todo trato imprudente con personas de otro
sexo.
Así, los tratos reblandecidos (lo que no quiere decir que no debamos ser
corteses y cordiales con el prójimo) pueden ser indicio de enamoramientos.
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o En este sentido, difícilmente guardará la fidelidad conyugal quien mira o lee revistas
o películas pornográficas, o con algún contenido pornográfico; quien no cuida la vista
ante otras mujeres u hombres; quien asiste o frecuenta ambientes donde no se tiene
pudor en el vestir o en el hablar.
o La castidad exige, para poder ser vivida, un “ambiente casto”. Esto no es puritanismo;
esto es simplemente “lo normal”, lo adecuado a la norma.
FIDELIDAD CARNAL: es bastante claro y evidente por sí. La infidelidad carnal es siempre
una profanación del cónyuge inocente, porque el matrimonio ha hecho de ellos una sola
carne (Mt 19,5); al entregarse uno de ellos a una persona ajena al matrimonio, ensucia y
rebaja la persona del cónyuge.
Finalmente hay que tener siempre en cuenta que la fidelidad es una gracia;
como tal, los esposos deben pedirla, es decir, rezar pidiendo a Dios no faltar nunca a la
palabra dada en el matrimonio.
El concilio de Trento completó esta afirmación con una expresión magnífica: “Dios no manda
cosas imposibles, sino que, al mandar lo que manda, te invita a hacer lo que puedas y apedir
lo que no puedas y te ayuda para que puedas”.
37
V
LOS DEBERES COMO PADRES
La paternidad no se limita a engendrar los hijos, sino que con el acto de llamarlos a la vida
comienza una ardua tarea de criarlos y educarlos; deben formar una persona para la vida
terrena y la eterna.
La educación tiene una aspecto natural y otro sobrenatural; es decir un aspecto humano y otro
cristiano porque los hijos antes que de los padres humanos son de Dios y para Dios.
1- PRINCIPIOS GENERALES
La educación de los hijos no es sólo un acto de generosidad sino un deber de los padres, razón
por la cual en el ritual del matrimonio se les pregunta con toda razón: “¿Estáis dispuestos a recibir
de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su
Iglesia?”
El amor conyugal entre los esposos adquiere el matiz de amor paternal precisamente en la
educación.
Los esposos son colaboradores de Dios no sólo en la procreación sino también en la educación
de los hijos, a través de la cual los cónyuges participan de la pedagogía divina, que es al mismo
tiempo paterna y materna.
Esta obligación entra directamente en el cuarto mandamiento de la ley de Dios, pues si bien este
mandamiento exige al hijo que honre a su padre y a su madre, también impone a los padres un
deber en cierto modo “simétrico”, ya que ellos también deben “honrar”, y se honra reconociendo,
respetando y dando lo que todo hijo necesita para su perfeccionamiento, lo que equivale, para
los padres, a ser educadores.
Muchos temen esta tarea, porque educar implica “ser exigentes”. Y sin embargo, no deben
temerla; deben “atreverse a pedirles y exigirles más.
No deben contentarse con evitar lo peor – que los hijos no se droguen o que no cometan delitos –
sino que deberán comprometerse a educarlos en los valores verdaderos de las personas,
renovados por las virtudes de la fe, de la esperanza y del amor: la libertad, la responsabilidad, la
paternidad y la maternidad, el servicio, el trabajo profesional, la solidaridad, la honradez, el arte,
el deporte, el gozo de saberse hijos de Dios y, con esto hermanos de todos los seres humanos,
etc.
Exigir quiere decir imponer y obligar, no en el sentido de “imponerles” una determinada línea de
conducta, sino de mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la recomiendan.
El término de este proceso debe ser propiamente la autoeducación, la cual se alcanza cuando el
hombre empieza a “educarse solo”.
1. Educar al niño es ilustrar su inteligencia y darle a conocer la religión, esto es, el fin del hombre, la
necesidad de la salvación, la muerte, el juicio, el cielo, el infierno, la eternidad, el pecado, los
mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia, la vida de Jesucristo y sus misterios.
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2. Educar al niño es enderezar sus malas inclinaciones, corregir sus vicios y defectos.
3. Educar al niño es formar su corazón y desenvolver sus buenas disposiciones. El corazón de los
niños es tierra virgen que recibe la semilla por vez primera. Si se cultiva y prepara bien el corazón, y
la semilla es buena, producirá frutos abundantes y duraderos.
4. Educar al niño es formar su conciencia, dándole a entender que debe guiarse según los principios
de la ley de Dios, los motivos de la fe, y los dictámenes de la conciencia y no según las opiniones del
mundo; infundiéndole rechazo al pecado; dándole a entender que tanto la virtud como el pecado
proceden del corazón; infundiéndole amor a la verdad y aversión a la mentira.
6. Educar al niño es conseguir que ame la virtud y la religión. El niño amará la religión, y se aficionará
a ella por convicción y por conciencia, si comprende bien estas cuatro verdades: que la religión es la
gracia mayor que Dios ha hecho a los hombres; que cada mandamiento de la ley de Dios es un
verdadero beneficio y fuente de dicha para el hombre, aún desde el punto de vista temporal; que la
religión sólo combate en nosotros a nuestros enemigos (al demonio, al pecado, a los vicios y a las
pasiones que nos degradan); que sólo la virtud hace feliz al hombre, aun aquí abajo.
7. Educar al niño es formar su voluntad, es enseñarle a obedecer por amor y no por temor.
12. Educar al niño es facilitarle los conocimientos que le serán necesarios en su posición y estado.
13. Educar al niño es también dedicarse a su desenvolvimiento físico; es mirar por su salud.
14. Finalmente, educar al niño es darle los medios para adquirir la perfección posible de su ser, es
hacer de él un hombre completo.
El padre de Sócrates, que era escultor, mostrando a su hijo un bloque de mármol, le dijo: en el bloque
hay encerrado un hombre, y quiero hacerlo salir a martillazos” por eso añadía Marcelino,”cuando se
os presenta un niño todavía ignorante, grosero, sin educación, sin conocer otra vida que la de
los sentidos, podréis decir con mayor razón lo que el padre de Sócrates: aquí hay un hombre,
un buen padre de familia, un buen ciudadano, un cristiano, un discípulo de Jesucristo, un
santo, un elegido para el cielo, y voy a hacerlo salir, voy a instruirle en sus obligaciones, en su
destino, a reformarlo, desenvolverlo, y hacer de él lo que puede y debe ser”.
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La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero y cabal amor a
sus hijos .
La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre
sí
Enseñar a querer
El mejor educador es el ejemplo
Animar y recompensar
Ejercer la autoridad, sin forzarla ni malograrla
Saber regañar y castigar
Formar la conciencia.
No malcriar a los niños
Educar la libertad.
Recurrir a la ayuda de Dios
Enseñarles a tener todos estos principios en cuenta puede constituir la herencia más valiosa
que, en el conjunto íntegro de la educación, leguen los padres a sus hijos
Padre y madre son, por naturaleza, los primeros e irrenunciables educadores de su hijos. Su misión
no es fácil. Está llena de contrastes en apariencia irreconciliables:
han de saber comprender, pero también exigir; respetar la libertad de los chicos, pero a la vez
guiarles y corregirles; ayudarles en sus tareas, pero sin sustituirlos ni evitarles el esfuerzo
formativo y la satisfacción que el realizarlas lleva consigo…
De ahí que los padres tengan que aprender por sí mismos a serlo… y desde muy pronto. En ningún
oficio la capacitación profesional comienza cuando el aspirante alcanza puestos de relieve y tiene
entre sus manos encargos de alta responsabilidad. ¿Por qué en el «oficio de padres» debería ser de
otra forma? ¿Acaso porque se trata más de un arte que de una ciencia?
Teniendo esto claro, y sin demasiadas pretensiones, ofreceré un memorándum , el más accesible
y concreto posible, de los principales criterios y sugerencias sobre «el arte de las artes», como ha
sido llamada la educación.
1) La primera cosa que los padres necesitan para educar es un verdadero y cabal amor a sus hijos
.
Según escribe G. Courtois en El arte de educar a los muchachos de hoy , la educación requiere,
además de «un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido común y, sobre todo, mucho amor».
Con otras palabras, es preciso dominar algunos principios pedagógicos y obrar con sentido común,
pero sin suponer que baste aplicar una bonita teoría para obtener seguros resultados.
¿Por qué? Entre otros motivos, porque «cada niño es un caso» absolutamente irrepetible, distinto
de todos los demás.
Hay que aprender a modular los principios a tenor del temperamento, la edad y las circunstancias
en que se encuentren los hijos.
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Y solo el amor permite conocer a cada uno de ellos tal como es hoy y ahora y actuar en
consecuencia: aun concediendo la parte de verdad que encierra el dicho de que «el amor es
ciego», resulta mucho más profundo y real sostener que es agudo y perspicaz, clarividente; y
que, tratándose de personas, solo un amor auténtico nos capacita para conocerlas con hondura.
De hecho, será el amor el que enseñe a los padres a descubrir el momento más adecuado para
hablar y para callar; el tiempo para jugar con los niños e interesarse por sus problemas sin
someterlos a un interrogatorio y el de respetar su necesidad de estar a solas; las ocasiones en
que conviene «soltar un poco de cuerda» y «no darse por enterados» frente a aquellas otras en
que lo que procede es intervenir con decisión e incluso con resuelta viveza…
Y, según decía, en todo este difícil arte los padres resultan insustituibles. Un matrimonio muy
agobiado por su trabajo profesional buscaba en una tienda de juguetes un regalo para su niño: pedían
algo que lo divirtiera, lo mantuviese tranquilo y, sobre todo, le quitara la sensación de estar solo. Una
dependiente inteligente les explicó: «lo siento, pero no vendemos padres».
2) La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí .
«Hacemos que no le falte de nada, estamos pendientes hasta de sus menores caprichos, y sin
embargo…». Expresiones como ésta las oímos a menudo, proferidas por tantos padres que se
vuelcan aparentemente sobre sus hijos —alimentos sanos, reconstituyentes, juegos, vestidos de
marca, vacaciones junto al mar, diversiones, etc.—, pero se olvidan de la cosa más importante que
precisan los críos: que los propios padres se amen y estén unidos.
El cariño mutuo de los padres es el que ha hecho que los hijos vengan al mundo. Y ese
mismo afecto recíproco debe completar la tarea comenzada, ayudando al niño a alcanzar la
plenitud y la felicidad a que se encuentra llamado. El complemento natural de la procreación,
la educación, ha de estar movido por las mismas causas —el amor de los padres— que
engendraron al hijo.
Desde hace ya bastantes siglos se ha dicho que, al salir del útero materno, donde el líquido amniótico
lo protegía y alimentaba, el niño reclama imperiosamente otro «útero» y otro «líquido», sin los que no
podría crecer y desarrollarse; a saber, los que originan el padre y la madre al quererse de veras.
Por eso, cada uno de los esposos debe engrandecer la imagen del otro ante los hijos y evitar cuanto
pueda hacer disminuir el cariño de éstos hacia su cónyuge. Desde que los críos son muy pequeños,
además de manifestar prudente pero claramente el afecto que los une, los padres han de prestar
atención a no hacerse reproches mutuos delante de ellos, a no permitir uno lo que el otro prohíbe, a
evitar de plano ciertas aberrantes recomendaciones al niño: «esto no se lo digas a papá (o a mamá)»,
etc.
3) Enseñar a querer
Como acabamos de ver, el principio radical de la educación es que los padres se quieran
entre sí y, como fruto de ese amor, que quieran de veras a sus hijos; el fin de esa educación
es que los hijos, a su vez, vayan aprendiendo a querer, a amar .
Según explica Rafael Tomás Caldera, «la verdadera grandeza del hombre, su perfección, por
tanto, su misión o cometido, es el amor. Todo lo otro —capacidad profesional, prestigio,
riqueza, vida más o menos larga, desarrollo intelectual— tiene que confluir en el amor o
carece en definitiva de sentido»… e incluso, si no se encamina al amor, pudiera resultar
perjudicial.
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Sólo así contribuirán eficazmente a hacerlos felices, puesto que la dicha —como muestran
desde los filósofos más clásicos hasta los más certeros psiquiatras contemporáneos— no es
sino el efecto no buscado de engrandecer la propia persona, de mejorar progresivamente: y
esto solo se consigue amando más y mejor , dilatando las fronteras del propio corazón.
Los niños tienden a imitar las actitudes de los adultos, en especial de los que quieren o
admiran. Jamás pierden de vista a los padres, los observan de continuo, sobre todo en los
primeros años. Ven también cuando no miran y escuchan incluso cuando están super-
ocupados jugando. Poseen una especie de radar, que intercepta todos los actos y las
palabras de su entorno.
Por eso los padres educan o deseducan, ante todo, con su ejemplo.
Además, el ejemplo posee un insustituible valor pedagógico, de confirmación y de ánimo: no
hay mejor modo de enseñar a un niño a tirarse al agua que hacerlo con él o antes que él. Las
palabras vuelan, pero el ejemplo permanece, ilumina las conductas… y arrastra.
En el extremo opuesto la incongruencia entre lo que se aconseja y lo que se vive es el mayor mal
que un padre o una madre puede infligir a sus hijos: sobre todo a determinadas edades, cuando
el sentido de la «justicia» se encuentra en los chicos rígidamente asentado, sobre-desarrollado…
y dispuesto a enjuiciar con excesiva dureza a los demás.
5) Animar y recompensar.
Y si lo vemos recaer en algún defecto, resultará más eficaz una palabra de ánimo que
echárselo en cara y humillarlo.
Mostrar al hijo que confiamos en sus posibilidades es para él un gran incentivo; en efecto, el
pequeño —como, con matices, cualquier ser humano— se encuentra impulsado a llevar a la
práctica la opinión positiva o negativa que de él se tiene y a no defraudar nuestras
expectativas al respecto.
Cuando hace una observación correcta, incluso opuesta a la que nosotros acabamos de
comentar o sugerir, no hay que tener miedo a darle la razón. No se pierde autoridad; más
bien al contrario, la ganamos, puesto que no la hacemos residir en nuestros puntos de vista,
sino en la misma verdad objetiva de lo que se propone.
Al animar y elogiar es preferible estar más atentos al esfuerzo hecho que al resultado
obtenido
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En principio, no se debe recompensar al niño por haber cumplido un deber o por haber tenido
éxito en algo, si el conseguirlo no le ha supuesto un empeño muy especial. Un regalo por
unas buenas calificaciones es deformante. Las buenas calificaciones, junto con la
demostración de nuestra alegría por ese resultado, deberían ser ya un premio que diera
suficiente satisfacción al niño.
Por un lado, porque se le enseña a actuar no por lo que en sí mismo es bueno, sino por la
recompensa que él recibe (o, lo que es idéntico, a pensar más en sí mismo que en los otros). Y
además, porque cuando éstas vinieran a faltar, el pequeño se sentirá decepcionado: premiar
reiteradamente lo que no lo merece equivale a transformar en un castigo todas las situaciones en
que esa compensación esté ausente.
Conviene no olvidar una ley básica: educar a alguien no es hacer que siempre se encuentre
contento y satisfecho, por tener cubiertos todos sus caprichos o deseos , sino ayudarle a
sacar de sí (e-ducir), con el esfuerzo imprescindible por nuestra parte y la suya, toda esa
maravilla que encierra en su interior y que lo encumbrará hasta la plenitud de su condición
personal… haciéndolo, como consecuencia, muy dichoso.
Por lo mismo, para educar no son suficientes el cariño, el buen ejemplo y los ánimos; es
preciso también ejercer la autoridad, explicando siempre, en la medida de lo posible, las
razones que nos llevan a aconsejar, imponer, reprobar o prohibir una conducta determinada.
La educación al margen de la autoridad, en otro tiempo tan pregonada, se presenta hoy como
una breve moda fracasada y obsoleta, contradicha por aquellos mismos que la han sufrido.
Pero tratándose de los propios, es más difícil un juicio lúcido. No se sabe bien si imponerse o
abajarse a pactar y dejar hacer, para no correr el riesgo de tener una escena en público…, o
acabar la cuestión con una explosión de ira y una regañina (que después deja más
incómodos a los padres que al niño).
Por detrás de esta inseguridad, hay siempre una extraña mezcla de miedos y prevenciones.
El horror a perder el cariño del chiquillo, el temor a que corra algún riesgo su incolumidad
física, el pavor a que nos haga quedar mal o nos provoque daños materiales.
Con base en lo expuesto hasta aquí, y aun cuando no esté de moda, es menester reiterar de
modo claro y neto la imposibilidad de educar sin ejercer la autoridad (que no es autoritarismo)
y exigir la obediencia desde el mismo momento en que los niños empiezan a entender lo que
se les pide.
Por eso, es importante que los padres, explicando siempre los motivos de sus decisiones,
indiquen a los niños lo que deben hacer o evitar, no dejando por comodidad caer en el olvido
sus órdenes, ni permitiendo que los niños se les opongan abiertamente.
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Como consecuencia, un criterio básico en la educación del hogar es que deben existir muy
pocas normas y muy fundamentales y nunca arbitrarias , lograr que siempre se cumplan… y
dejar una enorme libertad en todo lo opinable, aun cuando las preferencias de los hijos no
coincidan con las nuestras: ¡ellos gozan de todo el «derecho» a llegar a ser aquello a lo que
están llamados… y nosotros no tenemos ninguno a convertirlos en una réplica de nuestro
propio yo!
A veces, sin embargo, se prohíbe algo sin saber bien por qué, qué es lo que encierra de
malo, sólo por impulso, por las ganas de estar tranquilos o porque uno se siente nervioso y
todo le molesta. Se compromete así la propia autoridad sin que sea necesario, abusando de
ella… y se desconcierta a los muchachos, que no saben por qué hoy está vedado lo que ayer
se veía con buenos ojos.
Por otro lado, la convicción del niño de que nunca hará desistir a los padres de las órdenes
impartidas posee una extraordinaria eficacia, y ayuda enormemente a calmar las rabietas o a
que no lleguen a producirse. (Lo más opuesto a esto, como ya he insinuado, es repetir veinte
veces la misma orden —lávate los dientes, dúchate, vete ya a dormir…— sin exigir que se
cumpla de inmediato: provoca un enorme desgaste psíquico, tal vez sobre todo a las madres,
que suelen pasar mayor parte del día bregando con los críos, al tiempo que disminuye o
elimina la propia autoridad).
Vale asimismo la pena estar atentos al modo como se da una indicación. Quien ordena
secamente o alzando sin motivo el volumen de la voz deja siempre traslucir nerviosismo y
poca seguridad. Un tono amenazador suscita con razón reacciones negativas y oposiciones.
Demos las órdenes o, mejor, pidamos por favor, con actitud serena y confiando claramente
en que vamos a ser obedecidos. Reservemos los mandatos estrictos para las cosas muy
importantes. Para las demás peticiones resultará preferible utilizar una forma más blanda:
«¿serías tan amable de…?», «¿podrías, por favor…?», «¿hay alguno que sepa hacer esto?».
De este modo, se estimulará a los críos para que realicen elecciones libres y responsables, y
se les dará la ocasión de actuar con autonomía e inventiva, de sentirse útiles… y
experimentar la satisfacción de tener contentos a sus padres.
A veces es necesario pedir al hijo un esfuerzo mayor del acostumbrado; convendrá entonces
crear un clima favorable. Si, por ejemplo, sabéis que vuestro cónyuge está particularmente
cansado o lo atenaza una jaqueca insufrible, hablaréis a solas con el niño y le diréis: «Mamá
(o papá) tiene un fuerte dolor de cabeza; por eso, esta tarde te pido un empeño especial para
hacer el menos ruido posible…». Quizá sea oportuno darle una ocupación, y dirigirle una
mirada cariñosa o una caricia, de vez en cuando, para recompensar sus desvelos… sin
olvidar que en este, como en los restantes casos, hay que arreglárselas para que el niño
cumpla su obligación.
Firmeza, por tanto, para exigir la conducta adecuada, pero dulzura extrema en el modo de
sugerirla o reclamarla.
Los ánimos y las recompensas no son normalmente suficientes para una sana educación.
Un reproche o una punición, dados de la manera oportuna, proporcionada y sin
arrepentimientos injustificados, contribuirá a formar el criterio moral del muchacho.
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Sensata e inteligente debe ser la dosificación de las reprimendas y de los castigos. La política
del «dejar hacer» es típica de los padres o débiles o cómplices. También en la educación, la
«manga ancha» viene dictada a menudo por el temor de no ser obedecido o por la comodidad
(«haz lo que quieras, con tal de dejarme en paz»)… que no son sino otros tantos modos de
amor propio: de preferir el propio bien (no esforzarse, no sufrir al demandar la conducta
correcta) al de los hijos.
Pero resultaría pedante, o incluso neurótico, un continuo y sofocante control de los chicos,
regañados y castigados por la más mínima desviación de unos cánones despóticos
establecidos por los padres.
Para que una reprensión sea educativa ha de resultar clara, sucinta y no humillante. Hay por
tanto que aprender a regañar de manera correcta, explícita, breve, y después cambiar el tema
de la conversación.
En efecto, no se debe exigir que el hijo reconozca de inmediato el propio mal y pronuncie un
mea culpa , sobre todo si están presentes otras personas (¿lo hacemos nosotros, los
adultos?). Convendrá también elegir el lugar y el momento pertinente para reprenderle; a
veces será necesario esperar a que haya pasado el propio enfado, para poder hablar con la
debida serenidad y con mayor eficacia.
Por otro lado, antes de decidirse a dar un castigo, conviene estar bien seguros de que el niño
era consciente de la prohibición o del mandato. Naturalmente, hay que evitar no solo que la
sanción sea el desahogo de la propia rabia o malhumor, sino también que tenga esa
apariencia. Tratándose de fracasos escolares, conviene saber juzgar si se deben a
irresponsabilidad o a limitaciones difícilmente superables del chico o de la chica.
Cuando se reprenda es menester además huir de las comparaciones: «Mira cómo obedece y
estudia tu hermana…». Las confrontaciones sólo engendran celos y antipatías.
Tener que castigar puede y debe disgustarnos, pero a veces es el mejor testimonio de amor
que cabe ofrecer a un hijo: el amor «todo lo sufre», cabría recordar con san Pablo,… incluso
el dolor de los seres queridos, siempre que tal sufrimiento sea necesario. Ningún temor, por
tanto, a que una corrección justa y bien dada disminuya el amor del hijo respecto a vosotros.
A veces se oye responder al muchacho castigado: «¡No me importa en absoluto!». Podéis
entonces decirle, con toda la serenidad de que seáis capaces: «No es mi propósito molestarte
ni hacerte padecer».
8) Formar la conciencia.
Es menester que los hijos interioricen y hagan propios los criterios correctos, que formen
su conciencia, aprendiendo a distinguir claramente lo bueno de lo malo.
Y para ello no basta con decirles: «¡Esto no está bien!» o, menos todavía, «¡Esto no me
gusta!». Se corre el riesgo de transformar la moral en un conjunto de prohibiciones
arbitrarias, carentes de fundamento.
Por el contrario, es muy importante «educar en positivo» , como se suele afirmar; lo cual
equivale, en mi opinión, a mostrar la belleza y la humanidad de la virtud alegre y serena,
desenvuelta y sin inhibiciones . Para lograrlo, hay que esforzarse por vivir la propia vida, con
todas sus contrariedades, como una gozosa aventura que vale la pena componer cada día.
En tales circunstancias, al descubrir la hermosura y la maravilla de hacer el bien, el niño se
sentirá atraído y estimulado para obrar correctamente.
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Para formar la conciencia puede también ser útil comentar con el niño la bondad o maldad de
las situaciones y hechos de los que tenemos noticia, así como sugerirle la práctica del
examen de conciencia personal al término del día, acaso ayudándole en los primeros pasos a
hacerse las preguntas adecuadas. A medida que crece, hay que dejarle tomar con mayor
libertad y responsabilidad sus propias decisiones, diciéndole como mucho: «Yo, de ti, lo haría
de este o aquel modo» y, en su caso, explicándole brevemente el porqué.
Por eso, frente a los caprichos de los niños no se debe ceder: habrá simplemente que esperar
a que pase la pataleta, sin nerviosismos, manteniendo una actitud serena, casi de
desatención, y, al mismo tiempo, firme. Y esto, incluso —o sobre todo— cuando «nos pongan
en evidencia» delante de otras personas: su bien (¡el de los hijos!) debe ir siempre por
delante del nuestro .
En este ámbito, la tarea del educador es doble: hacer que el educando tome conciencia
del valor de la propia libertad, y enseñarle a ejercerla correctamente.
Pero no resulta fácil entender a fondo lo que es la libertad y su estrecha relación con el bien y
con el amor. ¿Quién es auténticamente libre?: el que, una vez conocido, hace el bien porque
quiere hacerlo , por amor a lo bueno. Al contrario, va «perdiendo» su libertad quien obra de
manera incorrecta. Un hombre puede quitarse la vida porque es «libre», pero nadie diría que
el suicidio lo mejora en cuanto persona o incrementa su libertad.
Educar en la libertad significa por tanto ayudar a distinguir lo que es bueno (para los
demás y, como consecuencia, para la propia felicidad), y animar a realizar las elecciones
consiguientes, siempre por amor
.
Conceder con prudencia una creciente libertad a los hijos contribuye a tornarlos
responsables. Una larga experiencia de educador permitía afirmar a San Josemaría Escrivá:
«Es preferible que [los padres] se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los
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hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si
no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre».
En definitiva, igual que antes afirmaba que el objetivo de toda educación es enseñar a amar,
puede también decirse —pues en el fondo es lo mismo— que equivale a ir haciendo
progresivamente más libre e independiente a quienes tenemos a nuestro cargo: que sepan
valerse por sí mismos, ser dueños de sus decisiones, con plena libertad y total
responsabilidad.
Por consiguiente, el padre o la madre, los demás parientes, los maestros y profesores…
pueden considerarse colaboradores de Dios en el crecimiento humano y espiritual del chico;
pero es este el auténtico protagonista de tal mejora.
A los padres en concreto, en virtud del sacramento del matrimonio, se les ofrece una
gracia particular para asumir tan importante tarea.
Por todo ello es muy conveniente que, sobre todo pero no sólo en momentos de especial
dificultad, invoquen la ayuda y el consejo de Dios… y que sepan abandonarse en Él cuando
parece que sus esfuerzos no dan los resultados deseados o que el chico —en la
adolescencia, pongo por caso— enrumba caminos que nos hacen sufrir.
Además, no debe olvidarse del gran servicio gratuito del Ángel Custodio, a quien el propio
Dios ha querido encargar el cuidado de nuestros hijos. Y recordar también que la Virgen
continúa desde el cielo desplegando su acción materna, de guía y de intercesión.
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“No me des todo lo que te pido. A veces sólo pido para ver hasta cuanto puedo tomar.
No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también y no quiero hacerlo.
No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más
gusto.
Cumple las promesas buenas y malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es castigo.
No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si tú me haces lucir mejor que
los demás, alguna vez vas a sufrir tú. Y, si me haces peor que los demás, seré yo quien sufra.
No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decídete y mantén esa decisión.
Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga yo por ti, aunque sea para sacarte de un apuro.
Me hace sentir mal y perder la fe en lo que me dices.
Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga “porqué lo hice”. A veces ni yo mismo lo sé.
Cuando estés equivocado en algo admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti y me enseñarás a
admitir mis equivocaciones también.
Trátame con la amabilidad con que tratas a tus amigos, ya que, porque somos familia, eso no quiere decir
que no podamos ser amigos.
No me digas que haga una cosa y tú no la haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no
lo digas; pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
Enséñame a conocer y a amar a Dios. No importa si en el colegio no me quieren enseñar, porque de nada
vale si yo veo que tú no conoces ni amas a Dios.
Cuando te cuente un problema mío, no me digas: “no tengo tiempo para tonterías” o “eso no tiene
importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.
Y quiéreme y dímelo, a mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas que sea necesario decírmelo.
Abrázame: necesito sentirte mi amigo y mi compañero a toda hora”.
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TEMA III
EL MATRIMONIO: SANTUARIO DE LA VIDA
b. “Es, por fin, UN AMOR FECUNDO que no se agota en la comunión entre los
esposo sino que está destinado a prolongarse suscitando nuevas vidas. El
matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la
procreación y educación de la prole. Los hijos son, sin duda, el don más
excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios
cónyuges” (Humanae Vitae 9) .
2- La Iglesia no está en contra del sexo ni de su uso correcto dentro del matrimonio en
orden al fin que tienen.
iii. Cada vez que se tienen relaciones se están poniendo los medios para dar la
vida.
1. no existen los hijos “no deseados”.
2. son deseados desde el momento que deciden tener relaciones, por
eso “se cuidan”, porque puede venir un hijo.
4- El acto conyugal tiene dos fines: a la vez que une a los esposos es apto para dar la
vida
b. El acto conyugal, a la vez que une a los esposos en la expresión de su amor, debe
ser apto para suscitar la vida
c. Sólo es apto cuando no se ponen trabas para evitar los embarazos, ANTES,
DURANTE O DESPUÉS del acto matrimonial
d. Para que los esposos puedan manifestarse su amor mutuo y espaciar los
nacimientos existen períodos o ritmos de fertilidad, en la mujer.
i. Conocerlos y valerse de ellos para postergar un nacimiento sin alterar la vida
íntima.
5- PREGUNTAR:¿La Iglesia ha fijado un número determinado de hijos que deben tener los
esposos?
6- PREGUNTAR: ¿Quienes deben decidir acerca del número de los hijos a tener y la frecuencia
de los nacimientos?
a. El médico ginecólogo?
b. La madre o la suegra?
c. El cura?
d. El Estado?
e. Todos estos mencionados toman decisiones u obligan a decidir sin tener en cuenta
que los únicos que deben decidir son los esposos.
i. Esta decisión debe estar apoyada en criterios morales objetivos.
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d. La paternidad responsable comporta sobre todo una vinculación más profunda con
el orden moral objetivo establecido por Dios, cuyo fiel intérprete es la recta
conciencia. El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los
cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo
mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores.
e. En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan por tanto libres para
proceder arbitrariamente, como si ellos pudiesen determinar de manera
completamente autónoma los caminos lícitos a seguir, sino que deben
conformar su conducta a la intención creadora de Dios, manifestada en la
misma naturaleza del matrimonio y de sus actos y constantemente enseñada
por la Iglesia
8- PREGUNTAR: ¿Qué medios se tienen al alcance para espaciar los nacimientos? ¿Son
lícitos cualquiera de ellos o todo depende de su eficacia para impedir los nacimientos? ¿Qué
diferencia existen entre uno y otro?
9- RECORDAR que los esposos tienen un deber para con la sociedad y con la Iglesia, mediante
su fecundidad.
a. Es su vocación y misión
b. Aumentar el número de los hijos de Dios
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c. Son los instrumentos mediante el amor mutuo para que Dios siga comunicando el
don de la vida.
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Se pueden dividir los métodos artificiales para evitar la procreación en cinco grupos.
1- Los anticonceptivos: es decir los que impiden la producción del óvulo del espermatozoide, o su
unión:
3- Los anticonceptivos y esterelizantes: aquellos que mutilan los órganos sanos de los
aparatos reproductores de la mujer o del hombre: tenemos la ligadura de trompas, extirpación del
útero (histerotomía), Vasectomía.
Una operación que corta Una operación que Se retira el pene antes
los tubos seminales del cierra las trompas de que llegue el semen a la
QUÉ ES hombre falopio de la mujer vagina
Tiene muy poco éxito Los mismos que las Mata a los bebés. A
Las duchas pueden píldoras, pero muchos veces mata a la mujer.
PROBLEMAS QUE causar infecciones más severos. Problemas psicológicos
PUEDE CAUSAR muy fuertes en la mujer.
Es anticonceptiva. Por lo
menos potencialmente
abortiva. Dañina a la
salud. Acto no abierto a
MORALIDAD la vida. ES ABORTIVO ES ABORTIVO
El juicio moral acerca del uso de los anticonceptivos se hace teniendo en cuenta:
S No la eficacia del método elegido para evitar la concepción.
S No la necesidad o el fin bueno que se propongan los esposos o el
que lo aconseja.
S Lo que sí se debe considerar es si respeta un orden puesto por el
autor del matrimonio. Ese orden indica una manera de comportarse y de usar la
sexualidad para obtener el bien de los esposos y de los hijos y evitar los daños físicos
y sobre todo los daños morales.
Cuando se utiliza un anticonceptivo para evitar o espaciar un nacimiento, los esposos están
contradiciendo el camino bueno, posible y eficaz puesto por Dios para manifestarse el amor conyugal
y regular la natalidad.
Usando anticonceptivos:
En conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio,
debemos una vez más declarar que hay que excluir absolutamente, como vía lícita para la
regulación de los nacimientos, la interrupción directa del proceso generador ya iniciado, y
sobre todo el aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas.
Hay que excluir igualmente, como el Magisterio de la Iglesia, ha declarado muchas veces, la
esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer; queda además
excluida toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el
desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer
imposible la procreación.
Tampoco se pueden invocar como razones válidas, para justificar los actos conyugales
intencionalmente infecundos, el mal menor o el hecho de que tales actos constituirían un todo con los
actos fecundos anteriores o que seguirán después, y que por tanto compartirían la única e idéntica
bondad moral. En verdad, si es licito alguna vez tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal
mayor o de promover un bien más grande, no es lícito, ni aún por razones gravísimas, hacer el mal
para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es
intrínsecamente desordenado y por lo mismo indigno de la persona humana, aunque con ellos se
quisiese salvaguardar o promover el bien individual, familiar o social.
Es por tanto un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto
intrínsecamente deshonesto, pueda ser cohonestado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.
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Los hombres rectos podrán convencerse todavía más de la consistencia de la doctrina de la Iglesia en
este campo si reflexionan sobre las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la
natalidad.
Consideren, antes que nada, el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y
a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la
debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en
este punto, tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer
cualquier medio fácil para burlar su observancia.
Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas,
acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y
psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoístico y no como compañera,
respetada y amada.
Reflexiónese también sobre el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las
manos de Autoridades Públicas despreocupadas de las exigencias morales. )Quién podría
reprochar a un Gobierno al aplicar a la solución de los problemas de la colectividad lo que hubiera
sido reconocido como lícito a los cónyuges para la solución de un problema familiar?. Quién impediría
a los Gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideran necesario, el método
anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz?.
En tal modo los hombres, queriendo evitar las dificultades individuales, familiares o sociales que se
encuentran en el cumplimiento de la ley divina, llegarían a dejar a merced de la intervención de las
Autoridades Públicas el sector más personal y más reservado de la intimidad conyugal.
Por tanto, si no se quiere exponer al arbitrio de los hombres la misión de engendrar la vida, se deben
reconocer necesariamente unos límites infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre
su propio cuerpo y sus funciones; límites que a ningún hombre, privado o revestido de autoridad, es
lícito quebrantar.
Y tales límites no pueden ser determinados sino por el respeto debido a la integridad del
organismo humano y de sus funciones, según los principios antes recordados y según la recta
inteligencia del principio de totalidad ilustrado por nuestro predecesor Pío XII
Justamente se hace notar que un acto conyugal impuesto al cónyuge sin considerar su
condición actual y sus legítimos deseos, no es un verdadero acto de amor; y prescinde por tanto
de una exigencia del recto orden moral en las relaciones entre los esposos.
Así, quien reflexiona rectamente deberá también reconocer que un acto de amor recíproco, que
prejuzgue la disponibilidad a transmitir la vida que Dios Creador, según particulares leyes, ha puesto
en él, está en contradicción con el designio constitutivo del matrimonio y con la voluntad del
Autor de la vida.
Usar de este don divino, destruyendo su significado y su finalidad, aún solo parcialmente, es
contradecir la naturaleza del hombre y de la mujer en sus más íntimas relaciones, y por lo
mismo es contradecir también el plan de Dios y su voluntad.
Usufructuar en cambio el don del amor conyugal respetando las leyes del proceso generador
significa reconocerse no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien
administradores del plan establecido por el Creador.
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En efecto, al igual que el hombre no tiene dominio ilimitado sobre su cuerpo en general, del
mismo modo, tampoco lo tiene, con más razón, sobre las facultades generadores en cuanto
tales, en virtud de su ordenación intrínseca a originar la vida, de la que Dios es principio. La vida
humana es sagrada, recordaba Juan XXIII; desde su comienzo, compromete directamente la acción
creadora de Dios
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1 Con el método natural la mujer es capaz de Los contraceptivos son, con frecuencia, usados a
conocerse a sí misma, aprende y aprecia los ciegas, sin que la mujer sepa como están afectando a
procesos de su propio cuerpo. su cuerpo.
2 Usando medios naturales la mujer acepta, Con la anticoncepción los esposos suspendes su
controla y respeta su fertilidad desde el propia fertilidad o se vuelven cómplices e
principio hasta el fin de sus años microabortos cuando usan los métodos abortivos.
reproductores Amenazan el funcionamiento normal y saludable de
su cuerpo como si este fuera un adversario que
deben superar.
3 El método natural alimenta la comunicación Con frecuencia los esposos nunca se comunican el
entre marido y mujer porque los dos uno al otro algo tan básico como el ciclo de fertilidad
cooperan en la planificación de su familia, de la mujer. El marido, con frecuencia, deja todo en
teniendo en cuente cada una de las fases manos de ella y no quiere oír más del tema. En el
del ciclo de la mujer. Alimenta un respeto aspecto físico, algunos contraceptivos son
mutuo entre los esposos. literalmente, una barrera entre los esposos. Todos
suponen deshonestidad porque en el momento más
íntimo, cuando los esposos deberían estar
expresando su amor por completo, rechazan su
propia fertilidad, que es una parte de su propia
personalidad y por ello no se dan por completo el uno
al otro.
4 Cuando una pareja debe postergar el La mujer pude sentirse explotada y utilizada cuando
embarazo, la misma abstinencia que el marido insiste en que utilice contraceptivos, porque
requiere el método natural puede ayudar a el quiere lo que quiere cuando quiere, incluso durante
fortalecer el matrimonio. El sacrificio que los días fértiles de ella, aún cuando habían decidido
conlleva es una prueba del respeto que el pospone las relaciones sexuales.
marido posee por su compañera,
considerándola como persona digna y no
exclusivamente como el instrumento de su
propio placer egoísta. Ella, a su vez, aprecia
su voluntad de sacrificarse por su bien y por
el bien del matrimonio, y su amor por él
aumenta.
5 Con el método natural, el amor de la pareja Cuando la pareja no tiene que hacer nunca el
se renueva después de un período de sacrificio de la abstinencia, las relaciones sexuales
abstinencia. Se mantiene alto el interés, así pueden perder su significado profundo. Lo que
como el aprecio por el otro. siempre está disponible no puede ser nunca
verdaderamente especial.
6 La actitud de los esposos con el método La actitud de la pareja que usa contraceptivos es:
natural es: Nuestra fertilidad es un regalo de nuestra fertilidad es un problema esto puede originar
Dios. Esto ayuda a construir una relación de una tensión entre ellos, especialmente cuando los
paz y proximidad. anticonceptivos originan problemas médicos.
9 El método natural es tan efectivo (98-99%) Los método artificiales más efectivos son los más
como cualquier anticonceptivo si se utiliza peligrosos (la píldora y el DIU).
para evitar el embarazo, pero, además, no
conlleva peligros médicos.
10 El método natural cuesta sólo el precio Los contraceptivos suponen un gasto contínuo
inicial de algún material sencillo de
aprendizaje.