Copyright © 2023 Carolina Perez
Todos los derechos reservados.
Sello: Independently published
ISBN: 9798861064040
Safecreative: 2305014209479
Portada: Grecia Leal.
Ilustraciones: Claudia Medina.
Banners y ambientación: Daniela Triana
Maquetación: Carolina Perez
Edición y corrección: Isabella Pedroche y Paula Truyol
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su
incorporación a un sistema informático en cualquier forma o medio, sea
electrónico, mecánico, por fotocopia, grabación u otros métodos, sin el
permiso previo y por escrito del autor. Me encanta esta advertencia en
específico, sean cuidadosos, den créditos, que un libro no se crea en un día.
Advertencias
Se recomienda tener presente que todo lo presentado es una obra de
fantasía transcurrida en un mundo ficticio. Este libro contiene escenas de
alta sensibilidad para el lector con contenido explícito y elementos más
oscuros, que incluyen lenguaje violento, violaciones, sexo consensuado
descriptivo, perteneciendo al género de Dark Fantasy +18. Las acciones de
varios protagonistas no se pretenden normalizar o aplaudir, cada cual tiene
su manera de ver su entorno y actúa en consecuencia.
Notas de la Autora
Los dioses mencionados en el libro forman parte de la cultura nórdica. Su
historia es muy larga y compleja, pero me gustó tomarlos prestados para
utilizarlos de la forma que mejor entendí. No soy una conocedora profunda
del tema, pero te vas a encontrar ciertos escenarios donde hago uso de esa
civilización, guerras y ciertos eventos que nunca ocurrieron.
Recuerden, finales felices solo
existen en los cuentos de hadas,
La moral siempre será cuestionable.
Y si tienes dudas de quién eres,
Mejor piérdete en el bosque a
dejar que alguien te manipule a su favor.
Gracias por depositar tu tiempo en esta bella historia,
Disfruta y diviértete en mi mundo.
Reinos
Asgard “Ciudad de la Luz”
Rey Jalil Edevane
Reina Kaia Edevane
Primer Príncipe Evan Edevane
Segunda Princesa Fay Edevane
Tercera Princesa Morgana Edevane
Hel “El reino de los Muertos”
Archiduque Eliphias Constant
Primer Príncipe Saruman Constant
Segundo Príncipe Rince Constant
Nifheim “La Monarquía Marina”
Duquesa Casandra Dunlop
Primer Príncipe Noe Dunlop
Alfheim “Fortalezas de los Nómadas del Aire”
Duque Carisio Anund
Duquesa Glenr Anund
Primer Príncipe Eolo Anund
Segunda Princesa Lorelei Anund
Tercera Princesa Nerissa Anund
Muspelheim “El Desierto”
Duque Albas Démeter
Duquesa Detatraya Démeter
Primera Princesa Marajá Démeter
Midgard “La Gran Urbe”
Duque Bharata Bhisma
Duquesa Melia Bhisma
Primer Príncipe Geiröd Bhisma
Segunda Princesa Parisa Bhisma
Prólogo
Nuestra historia transcurre en el año 3050 en un nuevo mundo llamado
KOI. Este lugar posee características similares al planeta Tierra, pero con
muchos secretos y misterios por resolver.
Este se encuentra dividido en seis territorios: La Ciudad de la Luz,
Asgard, la cual reina desde la isla más alta del cielo; Las Fortalezas de los
Nómadas del Aire, Alfheim, un islote que rodea en un nivel más bajo a
Asgard y la resguarda de cualquier ataque; El Desierto, Muspelheim; La
Gran Urbe, Midgard, y La Monarquía Marina, Nifheim, son las tres
regiones que componen el nivel terrestre, comunicándose por mar; la última
zona queda en un lugar de oculto acceso, el Reino más frío y tenebroso,
Hel.
Los primeros habitantes se hicieron llamar Reyes de Sangre Pura, debido
a que eran los únicos a quienes los dioses otorgaron poderes mágicos para
controlar las criptas. Estas piedras sagradas ofrecen energía a sus Reinos
para su prosperidad, a cambio de un precio: el gobernante que estuviese
vinculado a la cripta perdería con el tiempo su poder y consumiría su vida.
Los Reyes, al conocer los efectos perjudiciales, decidieron ampliar su
descendencia con los demás ciudadanos que no formaban parte del harén
imperial, para que así, todos aportaran una porción de su energía interna,
permitiéndoles a ellos vivir un poco más.
Con el tiempo, se construyó una corte representada por el Rey,
Archiduque, Príncipes, Duques, Condes y Vizcondes, donde el Rey es la
máxima autoridad y sus órdenes son leyes que se deben cumplir sin replicar.
Para hacer aún más entretenida la vida en KOI, se estipuló realizar una
competencia llamada la Asteria. En ella, se podía elegir quiénes serían los
nuevos monarcas para los distintos Reinos que se habían formado a través
de los años, pudiendo solo participar aquellos que forman parte de la corte
real. El ganador sería el aclamado y codiciado Rey de Asgard, mientras que
el perdedor sería el Archiduque de Hel. Los demás cargos se resolverían
mediante matrimonios políticos entre los Príncipes.
Los diversos tipos de magia se encuentran clasificados en neutral, noble,
superior, celestial y prohibido. Los rangos neutrales, son aquellas personas
que se identifican con la energía a su alrededor y logran manifestarse en
cierto tipo de magia. Las clases nobles y superiores están compuestas por
seres que se han dedicado a concentrar la energía para utilizarla en combate.
El poder celestial tiene que ver con el linaje, ya que se desarrolla desde que
uno nace, y este solía ser el caso de los miembros de la realeza. Los
prohibidos, más conocidos como Turoth, son seres catastróficos, que no
deben existir causando desequilibrio en el planeta. Su vida estaba
determinada por el Rey, y la mayor parte de ellos, eran asesinados al nacer.
Existen cuatro tipos de monedas: cobre, plata, oro y esencia. Quinientas
monedas de cobre equivalen a una de plata; mil de plata, a una de oro; y
cinco millones de oro, a una de esencia. Esta moneda en específico solo
pueden obtenerla los altos mandos de los Reinos, y se utilizará solo para
hacer negocios atípicos, ya que está construida con la esencia de cada
Reino.
Capítulo 1: El Avivo del Poder
***Morgana***
¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando piensas en la Historia
de Una Princesa? ¿Conoció a su Príncipe Azul y estuvieron felices para
siempre? ¿Vivió una vida llena de aventuras, amor y pasión? ¿Erradicó el
mal venciendo a la bruja y recuperando el trono de su Reino?
Por desgracia, esos son solo cuentos de hadas que no tienen pies ni
cabeza. La realidad está muy lejos de todas esas respuestas, donde
lastimosamente nadie se da cuenta de lo que sucede hasta que llega el
fatídico destino que no puedes cambiar, arrasando con todo a su paso. Sin
embargo, vamos a darle una oportunidad a esta Monarca y expliquemos
cómo inició su tragedia sin final, porque toda buena historia de amor
empieza con una damisela en apuros queriendo escapar de su palacio para
encontrar a su alma gemela.
***
El cielo estrellado de Asgard es un éxtasis para la vista, ese color azul
profundo con diminutos puntos plateados te hace sentir que estás en el
centro del universo. El aire gélido enrojece mis mejillas haciéndome
suspirar y forzando mi cuerpo a escaparse con él hacia la extensa oscuridad
que la acompaña.
Escucho unos ligeros toques provenientes al otro lado de la puerta,
sacándome de mis absortos pensamientos.
—Princesa Morgana, es hora de bajar, ¿ya se encuentra lista? —pregunta
una sirvienta desde afuera.
—Infórmale a mi madre que estaré junto a ella en unos minutos —
respondo sin ánimos desde la butaca cerca de mi ventana.
Levanto mi cansado cuerpo y doy unos pocos pasos hacia el vestidor,
donde saco el vestido que mi madre escogió, ya que debo prepararme para
el banquete que organizó mi padre, el Rey de Asgard: Jalil Edevane.
Mi madre seleccionó un traje blanco de seda, largo y sencillo, pero con
un revelador escote en la parte del dorso, acompañado de unas mangas
sueltas que cubren mis brazos. Debido a que poseo un cabello rojo carmesí,
ella me exigió que lo llevara suelto para que destaque con mi piel pálida y
ojos grises.
Realizo varias maniobras para ponerme los tacones en pie y salir de mi
recámara.
Una sirvienta me espera del otro lado de la puerta para guiarme a la gala.
Puesto que mi habitación se encuentra en la zona más alejada del palacio,
debo avanzar por los amplios y silenciosos pasillos del ala este hasta llegar
a los salones de baile, en donde se está realizando el banquete de esta
noche.
Mi mirada ha estado todo el camino sin presenciar por donde iba. Al
alzarla, diviso la entrada del salón y fuera de este, está mi madre
esperándome con dos guardias que custodian el acceso de los invitados.
Ella está dando vueltas de un lado a otro debido a los nervios, al parecer mi
padre está furioso por mi retraso.
—Morgana, llevas una demora bastante grande. Tu padre está frenético
—confiesa mi madre con voz temerosa y pupilas dilatadas, demostrando el
miedo que siente por la furia de mi padre.
—Lo siento, madre. —Agacho mi cabeza en busca de una disculpa por
mi tardanza.
Los guardias nos abren las puertas y ambas ingresamos al Salón de las
Estrellas, el cual contiene un techo abierto donde se pueden apreciar las
constelaciones y nubes, el mayor atractivo de esta ciudad. Además, está
adornado con esferas pequeñas de luz, huevos de criaturas sagradas y
diminutos cúmulos, creando un ambiente fino y real. Es uno de mis lugares
preferidos del castillo de Asgard.
Noto a mi hermano en una esquina bebiendo junto a su prometida, la
Princesa Lorelei. Sin perder tiempo, me acerco a ellos para saludarlos con
gran emoción debido a que habían salido de viaje al Desierto por asuntos
políticos.
—Lorelei, ¡te extrañé! —Sostengo sus manos con emoción y prosigo a
darle un cálido abrazo, el cual ella me corresponde con felicidad.
—Morgana, yo también te extrañé. Te ves asombrosa, quisiera saber con
qué objetivo usas esas prendas. —Examina mi cuerpo con cara de cómplice
y cuando termina, me guiña el ojo provocándome una sonrisa
—¡Morgana, deberías conocer las tierras del Desierto! —exclama Evan
con entusiasmo mientras interrumpe nuestro reencuentro—. No se parecen
en nada al Reino de la Luz, es un lugar colmado de ríos de lava y nieves de
fuego, repleto de acróbatas que logran usar la energía de la llama para hacer
esculturas y cerámicas.
—Estoy muy feliz de que les haya resultado divertido, la próxima vez
podré ir con ustedes —respondo triste debido a que mi padre me tiene
prohibida la salida de Asgard hasta la mayoría de edad.
Desviamos nuestra atención de repente hacia el centro del salón, donde
nuestro padre convoca a todos para formar un círculo a su alrededor. Hace
un gesto para que el Archiduque se detenga junto a él, y la mayoría se
aproxima para escuchar lo que tiene que expresar su Monarca.
—Estamos aquí reunidos para seleccionar a mi próximo sucesor—
expresa mi padre con gran orgullo, acaparando la completa atención de sus
invitados.
Me sorprendo al escuchar hablar sobre quién sería elegido a través de la
Asteria, debido a que cuando un nuevo Rey asciende, es porque su
antecesor está cerca de la muerte. Sin embargo, ese no es el caso de mi
padre. ¿Se estará poniendo viejo y no tendrá ganas de trabajar? Me inclino a
pensar que está orquestando un nuevo circo. Siempre es así, y me lo
confirma cuando observo al favorito de la Asteria, Saruman Constant,
ocupar un lugar junto a mi padre y el Archiduque. No sé por qué ver a esos
tres unidos causa una sensación de disgusto y molestia en mi interior.
—Mi querida hija, acércate a nosotros. —Las palabras de mi padre son
como una orden que no puedes romper, por lo que camino lo más despacio
que puedo hacia su lado, provocando su ira, oculta bajo esa falsa sonrisa—.
Esta noche me complace informar que el Archiduque Eliphias y yo, hemos
decidido unir en matrimonio a nuestros hijos, Saruman y Morgana.
¡Lo sabía! ¡Nunca deja de tratar a los demás como títeres para lograr sus
objetivos! ¡Pero no puedo hacer un espectáculo! ¡Eso es lo que él desea,
pero no le voy a dar ese gusto!
Alzo mi copa junto a los invitados en aprobación de sus palabras, hago
una reverencia con un actuado gesto en mi rostro antes de salir corriendo
hacia el jardín.
—¡Mierda! ¡Ese viejo loco y sus trucos! —grito revisando que nadie esté
cerca.
Me dejo caer sobre un banco del jardín, mientras llevo mis manos hacia
atrás para inclinar mi cabeza hacia el vasto cielo.
—¿Qué harás si alguien escucha esas acusaciones? —Evan se acerca con
sigilo portando en su semblante una mueca divertida—. ¿Estás molesta por
lo que dijo padre? —Se sienta a mi lado mirándome con esos ojos
cristalinos y poniéndome una mano en el hombro como gesto de consuelo.
—Evan, todos odiamos a padre. Por lo menos tú, puedes escapar de este
palacio —suspiro mirándolo con una soberbia acumulada por el infame
discurso.
—Si todo fuera casarte con Saruman, sería perfecto. —Se levanta del
banco elevando su vista al amplio paraíso estrellado.
Él está de pie delante mío, con esos ojos azules celestes y un cabello
dorado de tonalidad cándida, pareciendo un ángel caído del cielo, lo que me
hace preguntarme, ¿si le pido un deseo, se cumplirá?
—Evan, ¿no vives con miedo a pesar de tener un poder prohibido? —
pregunto sin pensar dos veces en lo que podrían significar esas palabras.
—Mi muerte no está pronosticada para dentro de poco, así que la
respuesta es no —comenta alejándose de mí.
La fría noche empieza a cobrar factura para mi poco abrigado vestido, así
que decido caminar de vuelta hacia mi habitación.
Todos los presentes están celebrando mi compromiso como si fuera un
hecho feliz. No obstante, para mí, es como llevar otros grilletes más
pesados de los que ya poseo.
Mi cuarto está calentito gracias a la gran chimenea que tiene cerca de la
cama. Las paredes blancas y el piso de mármol claro hacen que parezca que
vivo entre las nubes. Mi cama, en estos momentos, es el mueble más
apetecible y cómodo del mundo. Me tiro sobre ella, quito mi ropa
lanzándola al suelo, para poder acostarme entre mis miles de almohadas.
Mis pensamientos y ansiedad toman posesión de mi subconsciente,
debido a las dudas que tengo sobre mi poder. Es un secreto a voces que no
se conoce cuál es. Se espera que cuando cumpla los diecisiete años, salga en
mi cuerpo la pequeña y fastidiosa marca de mayoría de edad, y despierte mi
magia. El médico imperial declaró, que tengo una de clase prohibida. Sin
embargo, no sabe nada más de ella. Gracias a eso, Evan y yo tenemos
espías siguiéndonos en cada rincón del palacio, ya que como dice mi padre:
somos un peligro.
Una vez leí en un libro que los prohibidos tienen cinco niveles, entre más
alto lo tengas, más peligroso eres. Mi padre y el Archiduque asesinaron al
único prohibido rango cuatro que ha existido. No obstante, no encontré
registros o algún dato que pueda darme una pista sobre quién era esa
persona. Para haber sido quien demostró que mi padre y el Archiduque
merecían el trono de cada uno de sus respectivos Reinos, no queda
evidencia de que haya existido realmente. Por eso es por lo que muchos
creemos que es una historia inventada para controlar a los miembros de la
corte.
Mis molestos párpados no aguantan un minuto más para cerrarse
dejándome dormida.
Esa noche, sueño de nuevo con él. Desde que cumplí los dieciséis, lo veo
cada vez que cierro mis ojos.
Estoy rodeada de una nieve lúgubre que lleva a un sendero con seres
oscuros y alas cortadas. A medida que avanzo, escucho los gritos de
personas: son lamentables y dolorosos al tímpano. Al final del camino, mi
mente me muestra una figura esbelta, pero fornida, llena de cicatrices, con
un cabello largo acaracolado, negro azabache, y unos ojos azul profundo
como los océanos. Sé que es un hombre, no logro ver bien su rostro, solo
sus ojos y su cabello. Siento que no alcanzo a respirar, si lo veo durante
mucho tiempo, pero no puedo dejar de hacerlo, ni de buscarlo.
Se siente muy frío e inhóspito ese lugar donde él se encuentra. El
sentimiento de conocer de quién se trata me presiona a seguir andando para
identificarlo, pero cuando estoy a punto de ver su cara, despierto. Solo sé
que no lo he visto antes, pero la impresión y la sensación de que debo saber
quién es, me envuelve todo el cuerpo.
Capítulo 2: La Ciudad de las Estrellas
***Morgana***
Otro día amanece en la Ciudad de la Luz con los destellos de la naciente
mañana, y con los árboles expulsando una radiante energía que hace que
cada pedazo del palacio sea mágico y cálido. Todo esto lo causa el poder de
mi madre, ya que ella puede darle vida a cualquier cosa que toque, mire o
piense.
Me asomo por mi ventana, noto que Lorelei está con su mascota favorita:
un halcón sagrado, otorgado por mi padre en su cumpleaños dieciocho. Me
visto rápido con ropa de equitación color marrón y bajo corriendo las
escaleras hasta llegar al jardín donde se encuentra.
—Lorelei, buenos días —saludo sonriente después de correr un maratón
hacia ella. Estoy tan fatigada que mi voz suena entrecortada por la falta de
aire.
—Buenos días, Morgana. Considero que estás falta de entrenamiento si
estás así después de andar unos pasos. —Su sonrisa bufona inunda su
rostro. Debo admitir que el ejercicio y yo no vamos de la mano—. Vamos,
te llevaré a dar una vuelta.
Subo en el halcón junto a ella y sobrevolamos todo el castillo. La criatura
sagrada mide más de cinco metros de alto y ancho. Sus grandes alas nos
sumergen en las esponjosas nubes. La luminosidad del cielo viste mi rostro
y ese aroma inconfundible del rocío sobre el pasto inunda mi olfato. La
libertad que brinda esta sensación es como ninguna otra existente en el
mundo.
El palacio de la luz se encuentra en lo más alto de una montaña, rodeada
de criaturas mitológicas al servicio de mi padre. No podemos alejarnos
mucho de los límites, sino atacarán sin piedad hacia nosotras.
Empezamos a descender cerca de los campos de entrenamiento. En ellos,
hay pequeños estadios donde los guardias realizan sus actividades.
Mi vista se desvía hasta mi hermoso Rince practicando con su espada.
Lorelei se fija que estoy observándolo, así que aterrizamos cerca de él. No
puedo evitar babear cuando veo esos pectorales llenos de sudor por su
arduo ejercicio, los cabellos rubios mojados y pegados a su sexy rostro,
acompañado de esas gemas malvas que porta en sus ojos, que provocan
hasta mis más oscuros deseos.
—Buenos días, Princesa Morgana, Princesa Lorelei —saluda
regalándonos una encantadora sonrisa.
—Buenos días Príncipe Rince, veo que se levantó temprano a entrenar —
menciona Lorelei con una mirada relajada inmune a esos encantos, ¡pues
claro, ya tienes al ángel de mi hermano! ¿para qué le hace falta otro?
—Vine a entrenar con mi hermano, pero tuvo una reunión con nuestro
padre, por lo que no pudo asistir. Su hermano, el Príncipe Eolo y la Princesa
Marajá se ofrecieron a ayudarme, pero no han llegado. —Mira hacia varios
lados buscando señales de los otros y coge una toalla para secarse el sudor.
Muerdo mi labio inferior para no gritar lo que quiero hacerle.
—Rince, ahora mismo no estamos dentro del palacio, puedes dirigirte a
nosotras sin llamarnos por nuestro título —comento esperando a que diga
mi nombre en esos labios carnosos.
—Gracias, Princesa Morgana, pero con usted no puedo dejar el título
debido a que va a ser mi futura cuñada y Reina —contesta tan serio que
hizo que perdiera los deseos de lo que estaba pensando.
—¡Todavía no se sabe quién va a ganar! ¿cómo piensas ceder tan rápido?
—Marajá grita con desenfreno acompañada de Geirröd, ¿qué hacen esos
dos juntos?
¡Genial! Llegó una plaga de moscones al jardín. Pongo los ojos en blanco
cuando los veo caminar en nuestra dirección.
—Buenos días —dijo a secas Geirröd haciendo una pequeña reverencia.
Es un hombre de pocas palabras.
Toco la manga de la chaqueta que lleva Lorelei para apresurar nuestra
partida del campo de entrenamiento.
—Princesa Morgana, me sorprende verla a usted levantada tan temprano.
—La voz irónica de Marajá inunda mi especial oído y hace que le devuelva
una mueca, asqueada de sus estúpidas palabras.
—Princesa Marajá, yo siempre me elevo con los primeros rayos de la
mañana a ejercitarme —miento, no pienso quedar mal delante de Rince por
culpa de una malcriada mocosa como ella.
—¿El qué exactamente? Todavía no sabes cuál es tu poder, ¿no es así? —
cambia su tono a una voz mandona y superior.
¡Esta pequeña tiene mi edad y aun así se cree más que yo porque sabe
cuál es su magia! Me irrito de solo escucharla.
Nos quedamos mirándonos con ganas de empezar a pelear. No obstante,
nuestra guerra personal se ve interrumpida por Evan y Eolo, que vienen con
un semblante de portar malas noticias.
—Rince, no vamos a poder entrenar —expresa Eolo con un tono de voz
calmado y sereno.
Eolo parece un sacerdote que va a iniciar un sermón terriblemente largo y
atormentador. Que me disculpen los dioses, pero no soporto esa actitud tan
relajada.
—Ya tienen los resultados de los compromisos —comenta Evan con una
mirada fija hacia Rince, sacando un sobre de su bolsillo y entregándoselo.
—Entonces supongo que ya es oficial —aclara Rince agachando la
cabeza al mirar el contenido de la carta en sus manos. Esto me trae mala
espina.
—¿Qué sucede? —pregunta Lorelei ocupando un lado junto a mi
hermano.
—Rince está comprometido con nuestra hermana Nerissa —explica Eolo
con esa voz pacífica y soñolienta.
Era consciente que hoy se reunirían los gobernantes de los demás Reinos
para discutir varios asuntos, pero lo que nunca pensé es que tendría que
afrontar la ira de casarme con el tipo que más odio de los seis Reinos.
¡Ese Saruman, lo detesto desde el día que lo conocí! Es una persona
arrogante, entrometida y bocona. Además de que todo esto me causa gran
confusión, ya que no se deberían hacer compromisos hasta después de los
diecisiete años. Nerissa, Marajá y yo incumplimos esa cláusula al tener
nosotras tres dieciséis.
Mis pensamientos son interrumpidos cuando Marajá abre su sucia boca.
—El Rey anunciará los resultados en la cena de esta noche —proclama
con voz victoriosa y sacándome la lengua en señal de burla.
Ruedo mis ojos y Lorelei toma mi mano para montar de nuevo en su
halcón y desaparecer de la escena.
—Rince se veía contento de comprometerse con tu hermana —menciono
molesta una vez que estamos en el aire—. ¿Tu hermana no iba a ser monja?
—¿Quién? ¿Nerissa? —Suelta una carcajada y me mira divertida—.
¿Una preciosidad de cabellos largos como la nieve y ojos azul cielo
convertida en monja? ¿De dónde sacas esos chismes?
—Escuché que ella es bastante cerrada, no habla con facilidad y siempre
está yendo a las aldeas de los Nómadas —expongo poniendo en evidencia
que he estado al pendiente de la vida de su hermana.
—Sí, pero, ¿monja? —Sus risas no se detienen como si hubiera dicho
una cosa inédita.
Lorelei estuvo todo el viaje hasta el pueblo burlándose de mí, me
avergüenzo de haber abierto mi gran boca para hablar de Nerissa.
El castillo real queda en el pico más alto de Unoquistan, la capital de
Asgard. Lorelei y yo descendemos a los bajos de la Ciudad de Luz, donde
se realizan muchas competencias de rapidez. Nos dirigimos a un pequeño
rodeo, en el cual hay varios habitantes encima de pegasos con grandes alas
y puntiagudos cuernos. Es todo un espectáculo de ver, las apuestas, las
blasfemas sobre los competidores, acompañado de un ambiente festivo, me
hacen olvidar todo lo que sucede en el palacio.
Desgraciadamente, perdió el jugador por el que había apostado. Lorelei
me agarra del brazo llevándome a un río cerca de los límites de la zona.
—¿Estás triste a causa de que terminaste comprometida con Saruman, en
vez de con su hermano? —pregunta preocupada sentándose en un banco.
—La verdad es que no, lo idolatraba. —No es que esté mintiendo, pero
no creo que mis sentimientos por él fueran amor.
—Se espera que Rince sea el próximo Archiduque, por lo que mi padre
creyó que era una buena idea tener una buena relación con Hel. —Alza su
mirada hacia mí y continúa su explicación—. Sin embargo, Nerissa dijo que
no está de acuerdo, no le gusta ser una pieza de juego del trono.
—La entiendo, a veces me siento así con mi padre. —Su rostro muestra
que comprende mis palabras—. Simplemente, no logro entender por qué los
compromisos se están realizando de manera apresurada.
—Evan predijo que pronto va a haber un caos que va a cambiar el destino
de los Reinos. Por lo que no puedo dejarte ir a Hel. —La vena que recorre
su sien se tensa y cierra sus manos en forma de puños dejando escapar un
aire frío.
Sin pensar, escapo lo más rápido que puedo y corro hacia el bosque. Las
cortantes ráfagas me persiguen por lo que no puedo parar, lanzo mi cuerpo
con rapidez al primer río que encuentro y nado hasta el fondo. Eso es una
pésima idea, ya que la corriente me empieza a arrastrar, el agua está fría y
mi cabeza quiere explotar.
Estoy siendo empujada río abajo por la corriente, cuando llego a la orilla
del río, mi hermano está esperándome.
—No sabía que tu poder te permitía rastrear a los demás, podrías
haberme ayudado antes de ser llevada por la corriente —confieso molesta
arrastrándome sobre las piedras para poder tocar tierra firme.
—Morgana, entiendo tu incomodidad, pero no puedes culpar a Lorelei.
Ella intentó ayudarte. —Esa mirada inocente acompañada con una sonrisa
hace desaparecer mi molestia.
—Evan, ¿me vas a decir qué me espera si voy a Hel? —exijo cortante,
una vez que estoy a su lado.
—¿Si te lo dijera, dejarás de querer ir? —Es una de las pocas veces que
he escuchado a Evan hablar en tono serio.
—No. Quiero conocer quién soy y cuál es mi destino —contesto con
firmeza, mirándolo a los ojos.
—Volvamos al palacio, han pasado más de cinco horas desde que saliste.
Madre está preocupada. —Hace énfasis en madre, lo que significa que no
hablará más del tema.
Regresamos en su pegaso de guerra al castillo, el recorrido fue silencioso
y rápido.
Mi madre nos espera en la entrada del palacio junto a Lorelei.
—Morgana, ¿dónde estabas? —pregunta revisándome de un lado a otro.
—Caí en un río —fuerzo una sonrisa para tranquilizarla y Lorelei agacha
la cabeza culpable.
—¡Por eso es por lo que no debes salir de palacio! —chilla haciendo que
mis tímpanos se irriten—. Ve a bañarte, el banquete comenzará en unas
horas.
—Está bien. —Hago una reverencia pasando por al lado de Lorelei, pero
ella evade mi mirada.
¡Joder, qué frío hace aquí! ¿¡Por qué mi recámara debe ser la última del
ala este!? ¡Moriré congelada antes de llegar a ella! Una vez dentro, corro
hacia el baño y lleno la tina con agua caliente. Las burbujas de mis lociones
tienen un aroma y calidad inigualable, prefiero quedarme aquí, a ir a ese
estúpido banquete.
¡Ese idiota de mi padre siempre está haciendo eventos sin contar con la
opinión de los demás! Envuelvo la toalla en mi cuerpo y camino hasta el
vestidor a prepararme con el vestido, que ya mi madre eligió.
A diferencia del día de ayer, esta vez, milagrosamente, llego a tiempo al
banquete. Ando hasta una esquina del salón donde me quedo ahí para no
llamar la atención de forma innecesaria. Los cotilleos de los invitados sobre
los compromisos invaden mis oídos, irritándome cada vez más.
¡Cómo detesto ser un juguete de mi padre!
El secretario real ha estado inquieto, esa manera de actuar de él significa
solo una cosa: mi padre pronto anunciará como quedarán los compromisos.
Bebo un poco de mi copa de champán y me percato de que Saruman no
me ha quitado la mirada desde que entré al salón. Mis ojos se dirigen a su
dirección y elevo mi dedo del medio, expresando en voz baja: “Idiota, no
me interesas ni un poco”.
La sombra de mi padre se mezcla entre los invitados hasta llegar a un
invitado inusual. El Vizconde Yaido Truiryn es la mano derecha del Rey, y
se encarga del ejército imperial de la Ciudad de la Luz. Según las historias,
ha estado al lado de mi padre desde joven. Cuando Jalil ganó la Asteria lo
nombró Vizconde, afirmando que no había nadie más adecuado.
Yaido me lanza una sonrisa cariñosa cuando se percata que lo observo.
No quiero tener relación con un perro faldero como él. Mi padre y su
secretario real se detienen sobre una tarima a un costado del salón. El
secretario abre un pergamino y comienza a hablar.
—Príncipe Evan Edevane de Asgard y la Princesa Lorelei Anund de
Alfheim, se casarán la próxima semana —¡Mierda! ¿Una fecha de
matrimonio oficial?—. La Princesa Fay Edevane de Asgard y el Príncipe
Noé de Nifheim tendrán su acto matrimonial dentro de tres días.
¿Qué mierda está sucediendo? ¿Qué significa esto? ¡Por amor del cielo y
los dioses! ¿Qué está pasando por la cabeza de los Gobernantes? Casi me
atraganto con el sorbo de champán que estaba bebiendo y cuando pensé que
el secretario no tenía más nada que agregar, abrió esa gran boca que hubiese
deseado coser para anunciar los restantes compromisos.
—Princesa Morgana Edevane de Asgard y Príncipe Saruman Constant de
Hel; Princesa Nerissa Anund de Alfheim y Príncipe Rince Constant de Hel;
Príncipe Eolo Anund de Alfheim y Princesa Parisa Bhisma de Midgard;
Princesa Marajá Deméter de Muspelheim y Príncipe Geirröd Bhisma de
Midgard.
¡Joder!, ¿qué es esto? Los invitados celebran y aplauden los
compromisos como si estuviéramos en el coliseo de la guerra. ¡Cómo odio a
los altos funcionarios de los gobiernos!
Decido retirarme de ese abominable banquete, evadiendo la brusca
mirada de mi padre porque me estoy yendo antes de tiempo. Supongo que
desaparecer dos días seguidos de sus eventos favoritos, no le está causando
mucha gracia.
Esquivo varios guardias que custodian las salidas e impiden que
abandone la fiesta, logrando llegar al jardín real.
Una fuerte mano sujeta mi antebrazo, lastimándome en el proceso y
arrastrándome hasta una zona alejada de la actividad, donde nadie puede
vernos. Si fuera mi amado lo aceptaría, pero es el insoportable de Saruman.
¿Qué querrá este?
—Morgana —¿me llama sin título desde el primer momento? ¿Acaso
piensa que ya soy propiedad de él?—, si gano la Asteria, no voy a casarme
contigo —anuncia esas palabras decidido y firme.
Intento evitar una sonrisa que se me forma en el rostro, creo que es la
mejor noticia que me han dado en días. ¿En serio pensaste por un momento
que yo querría casarme contigo?
—¿Y si no me caso contigo con quién me casaré? —respondo en tono de
burla para jugar con él.
—No creo que me seas útil en mi Reinado —agrega con seguridad, lo
que hizo que me sintiera un poco ofendida.
—¿No te soy útil porque no he despertado mis poderes? —Hay que
bajarle los humos a este favorito.
—No sirves para gobernar, no tiene poderes y eres una niña malcriada
que forma rabietas cada vez que no cumplen con ella. —Mi sangre hierve
con cada declaración que sale de su boca. Tengo que controlarme para no
perder la compostura y darle la razón.
—Está bien, si ganas la Asteria cancelaré nuestro compromiso: con una
condición. —Tiene un rostro de inquietud y curiosidad que voy a utilizar a
mi favor—. Muchos están en contra de que vaya a Hel. Si me llevas,
cumpliré mi palabra.
—Está bien —accede a regañadientes dejándome sola en la oscuridad del
jardín.
Definitivamente, es un imbécil.
Una de las mejores cosas que tiene Asgard son sus estrellas, siento que
dentro de poco no voy a poder mirarlas más. Suspiro y regreso a mi
habitación.
Cierro mis ojos y mis sueños me llevan de forma inconsciente a él, sus
pozos azules me atrapan cada vez más. Esta vez puedo ver mejor su
apariencia: sus labios son finos y de color rosa claro; su barba es oscura y
sus brazos están llenos de cicatrices, mientras su pecho está al descubierto.
Sus extremidades están encadenadas, y todo su cuerpo parece estar
sufriendo. Noto que su alrededor es frío y oscuro, algo en mí despierta el
corrupto deseo de saber quién es él y por qué me busca. Quiero conocer
más acerca de esta persona; hay una sensación oculta en mí que me dice
que él me pertenece.
Capítulo 3: Mayoría de Edad
***Morgana***
Los días pasaron más rápido de lo que puedo contar y con ellos el gran
acontecimiento de la boda de mi hermana Fay con Noé tocó nuestra puerta.
Todo el castillo está decorado con cintas carmesíes y pétalos de rosa
como un encantador sueño. Mi hermana luce un vestido escarlata largo de
encaje que se ciñe perfecto a su figura. Su hermoso cabello rubio recogido
en un moño contrasta con esos ojos celestes que tiene. Es tan preciosa, tan
diosa.
Es tradición en KOI vestir de rojo el día de tu boda. La ceremonia
comienza de noche y se debe realizar en la ciudad de donde es originaria la
princesa. El padre acompaña a su hija hasta el altar y se la entrega al
príncipe. Estos pasarán su primera noche juntos como marido y mujer
después de la ceremonia. Según las reglas, la pareja deberá ponerse una
pulsera y beber la Hapia, la cual tiene el poder de combinar las energías de
ambos para sellar el matrimonio. No se tenía que llegar virgen al
matrimonio, sin embargo, una vez casados no podías divorciarte, debías
estar toda tu vida con esa persona. Si alguna vez lo hacías, tus poderes
desaparecían, y en el caso que tu pareja muera, toda su energía y poder
pasarían a ti.
Esa noche era la última vez que vería a Fay hasta la Asteria, mi madre
abraza a Fay como si estuviera dando su tesoro más sagrado al mejor
postor. Las lágrimas de las dos caen por ambos rostros causando que Noé se
avergüence un poco desviando su mirada para darles privacidad. No pasó
mucho tiempo hasta que todos los presentes se vieron conmovidos con la
escena. Ahí fue cuando me di cuenta de que Lorelei también se iba pronto y
desde aquel día en la ciudad no había podido despedirme apropiadamente
de ella.
Pasaron los días y mi hermano partió hacia Alfheim. Le di un abrazo y
después le dije que le pidiera perdón a Lorelei por mí.
—Evan, nos veremos en Hel. —Fueron mis últimas palabras hacia él y
por un momento odié haberlas dicho.
Mi cariñoso hermano ha sido mi fortaleza todos estos años, ha estado a
mi lado y nunca me ha abandonado. Tengo sentimientos encontrados con su
partida, no quiero dejarlo ir, pero sé que está cumpliendo su sueño al irse a
otro lugar para construir una nueva vida sin la sombra de nuestro padre en
su hombro.
Al verlo irse en su pegaso, las repetitivas náuseas regresaron a mí
haciendo que vomitara en el pasto. Hace días empecé a sentir un dolor en el
estómago, desde entonces no he podido evitar vaciar todo mi ser cada vez
que las siento. El médico imperial me revisó y les comunicó a mis padres
que mi poder estaba a punto de despertar. Todos estaban muy felices por la
noticia, menos yo.
¿Qué haré si Saruman cambia de opinión?
***
A tres días de mi cumpleaños mi sueño cambió. Ya no veía a mi misterioso
hombre de ojos azules, sino que tenía pesadillas, las cuales consistían en ver
a personas vivas morir de maneras trágicas. El primer día pensé que era una
simple aversión, sin embargo, nunca estuve tan equivocada. Al otro día
volví a tener el mismo terror, esta vez el Vizconde Yaido era asesinado de
una manera espantosa. Su cuerpo estaba siendo descuartizado por criaturas
oscuras, le arrancaban la cabeza, le sacaban los ojos y le extraían la piel.
Pero no fue solo el Vizconde quien vivió esta horrible experiencia, sino que
cada uno de sus soldados se enfrentó al mismo destino.
Me desperté asustada y vomité todo lo que estaba en mi estómago. Tenía
que contarles a mis padres, era una estupidez, pero no podía quedarme con
esa información.
Fui corriendo a su habitación a contar lo que había visto en mis
pesadillas. Mi padre rio mientras decía que el Vizconde estaba en su camino
de vuelta y que no le había sucedido nada. No obstante, mi preocupación no
cesó, algo dentro de mí decía que ese asunto no había terminado ahí. Para
mi padre siempre he sido una marioneta, nunca ha tomado en serio mis
pesadillas e ignora cada vez que hablo de ellas. Realmente, no tenía la
esperanza que me escuchara, pero se trataba de su mano derecha. Algo
debía hacer, ¿no?
Al día siguiente comenzaron los preparativos de mi fiesta de cumpleaños.
Desde la mañana estaban los sirvientes inquietos a fin de que todo estuviera
listo para mi mayoría de edad.
Caminar por el jardín del castillo me hace cambiar de aires y olvidar
ciertas preocupaciones.
Siento la sombra de alguien acercándose de nuevo. El insoportable de
Saruman jala mi brazo poniéndome contra la pared del establo y clava su
rostro en el mío.
—Saruman, soy mujer, ¿sabías? —menciono con ironía para que pierda
su paciencia.
—¿Hace cuánto sueñas con muertos? —indaga serio presionando su
cuerpo contra el mío—. ¡Respóndeme! —alza la voz.
—No sé —cedo contestando genuinamente, me observa como si supiera
que le escondo algo—, sueño con un hombre de cabellos negros y ojos
azules, tiene cicatrices y está encerrado por un camino lleno de seres con
alas cortadas. —Mi respuesta lo deja atónito e impresionado, pero también
veo que a la vez hay miedo en su mirada—. ¿Qué sucede?
—Creo que no es una buena idea que vayas a Hel. El Reino de los
Muertos tiene la capacidad de sacar lo que está oculto en tu corazón. Si tus
poderes despiertan allá no sabemos cómo reaccionarás. Si empeoran las
cosas durante tu despertar, te tendré que matar. —¡Maldito! Quiero cogerle
y arrancarle el cuello.
—Hicimos un pacto, ¿te vas a arrepentir? Además de que no creo que sea
yo la persona por la que estás preocupado —indago en busca de obtener
información de la persona que veo en mis sueños.
—Morgana, no busques a esa persona, está muerta. Fue asesinado por
nuestros padres hace diez años —contesta cortante, él sabe de quién hablo.
—¿Y si quiero saber quién es? ¿Cómo es posible que tú sepas de su
existencia? —demando valientemente y él se separa de mí.
Mi pregunta fue ignorada por su ancha espalda. Sin decir nada más, me
deja sola con un dolor enorme en la muñeca.
¿Qué sucede conmigo? ¿Mi poder es soñar con muertos? ¿Alguien me
puede dar alguna pista?
***
La víspera de mi cumpleaños es el peor día de mi vida.
Sueño con el vizconde de nuevo. Otra vez, la escena de su muerte y la de
su tropa. No obstante, esta vez ocurre algo diferente. Cuando estoy a punto
de despertarme, vuelvo a ver a mi misterioso hombre. Observo con claridad
su figura y sus ojos, toda su presencia grita odio, como si estuviera siendo
carcomido por él. Su mirada es temida y penetrante, como si quisiera que
me alejara, sin embargo, mis deseos son más valientes. No tengo miedo,
solo quiero acercarme y tocarlo. Él se encuentra detrás de unas rejas, donde
una cortina de neblina oscura detiene el paso. Intento atravesarla con mi
mano y esta me corta. El dolor de la herida y el olor a sangre me despiertan.
Apenas abro mis ojos, me encuentro con mi pesadilla viviente a mi lado.
—Supongo que no podías aguantar ser el primero en desearme feliz
cumpleaños —comento en tono de broma. Estoy poco vestida, y aun así,
sus ojos están fijos en mi mano herida.
—El olor de tu sangre me atrajo —explica sin dejarme de mirar y
atrapando mi mano entre las suyas.
Según había aprendido en mis lecciones reales, todos los habitantes del
Reino Hel beben sangre de los seres mágicos. No la necesitan para vivir, a
excepción de que si tienen deseo, les es permitido hacerlo, siempre y
cuando no maten a la persona. No conozco bien cómo funciona el poder de
Saruman, pero lo consideran uno de los Príncipes más fuertes.
—¿Vas a morderme entonces? —digo burlándome con una sonrisa y me
paro delante de él.
Llevo puesto un vestido casi transparente con el que se puede distinguir
casi toda mi figura. La opción de provocarlo no es algo que me apetezca,
solo no soporto que me trate como un objeto.
—Las niñas vírgenes como tú no me atraen. —Lanza mi cuerpo hacia la
cama y lo envuelve en la sábana—. Vine a decirte que no intentes encontrar
a la persona de tus sueños, conseguirás la muerte si sigues así.
—¡No entiendo qué tiene que ver contigo! ¿no dijiste que estaba muerto?
—Safo mi cuerpo y en el apuro de estar de pie, le pongo la mano con la
herida en el centro del rostro.
Sus molestos ojos se acentúan volviéndose un carmesí luminoso, sin
duda, me va a morder. Clava sus colmillos en mi muñeca y hago una mueca
de dolor. Este agarra la mano herida sacándola de su boca con furia. Sale de
la habitación rabioso, supongo que habrá creído que lo hice para
enfurecerlo. Cuando observo mi mano, la herida se había sanado.
Limpio la sangre que queda alrededor y desciendo las escaleras. Todos
están en función de mi cumpleaños. El presentimiento de que va a pasar
algo hoy no se me quita del pecho.
***
Como una meta del destino, el día transcurre sin problemas. Todo el Reino
espera el momento de mi mayoría de edad, excepto yo, ya que cada vez
sospecho que este día no debía llegar.
Una criada entra a mi habitación y se acerca a mi madre, la cual estaba
peinando mi cabello. Esta le susurra algo al oído haciendo que mi madre
inicie a sudar y tenga que fingir una sonrisa de disculpa para salir corriendo
de mi recámara.
Al terminar de alistarme, salgo en dirección al salón real escuchando los
gritos de mis padres.
—No sé qué criatura pudo haber matado de esa manera a Yaido —grita
preocupado mi padre.
En la sala donde discuten, se visualizan varios ataúdes blancos. En mi
Reino, cuando el ataúd es de tonalidad blanca significa que ha fallecido de
manera heroica.
—Yaido no debía morir, ¿a dónde lo enviaste Jalil? —Mi madre cae
hundida en llanto, tirada en el piso, sobre el ataúd de Yaido.
Después de todo, mi sueño se hizo realidad.
Eso revuelve mi estómago. Salgo corriendo hacia el patio donde caigo
desmayada.
Al despertar, tengo a mi adorable príncipe parado en la puerta de mis
aposentos. Supongo que me trajo cuando me vio en el suelo.
¡Destino, te estás pasando con las casualidades!
—¿Tanto te gusta venir a mi habitación? ¿Acaso estás enamorado de mí?
—La seriedad de su rostro me desconcierta cuando saca una espada
llevándola hacia mi cuello—. Saruman, ¿qué haces? —Las palabras
salieron entrecortadas de mi boca. No puedo evitar sentirme indefensa ante
esa situación.
—Me dieron la orden de matarte hoy —contesta con frialdad sin mover
la espada de mi cuello.
—¿Por qué? —rueda una lágrima de mis ojos y lo observo con el poco
valor que me resta.
—Tú no debías haber nacido, estás cerca de despertar y podrías causar la
muerte de todos. —Mi cuerpo tiembla a medida que se acerca.
—No me mates, si yo voy a ser la causante de sus muertes, puedes
usarme para ser Rey y mantenerte vivo. ¿Quién mejor que tú, que puedes
convertir a cualquiera en una marioneta? —Baja su espada mirándome
desconfiado.
—Después de la ceremonia de mayoría de edad vendrás a Hel conmigo.
¡No quiero juegos!
Se retira de mi habitación después de gritar, haciendo que no logre
levantarme de la cama. Mis piernas tiritan, debo reponerme, tengo que irme
con él y encontrar a la persona de mis sueños, mejor dicho, pesadillas. ¡Ya
ni siquiera sé qué son!
Suspiro tomando mi último grado de valentía y voy a arreglarme para el
gran día.
¡Odio mi vida! Dioses, ¿¡en qué pensaban cuando me mandaron a este
mundo!?
Mi padre, como nunca, me espera en las afueras del salón.
Esto sí es una pesadilla viviente. Prefiero mis sueños en donde los
muertos son inofensivos. Él sujeta mi mano para entrar al salón y llevarme
hasta el centro de este, en donde han formado un círculo de luz. Todos están
pendientes de mí, lo que causa que me empiece a sentir un poco nerviosa.
En el fondo del salón está Saruman mirándome. ¡Definitivamente quiero
matarlo! ¡Solo espera que tenga mis poderes!
Me concentro evitando las miradas de todos y una vez dentro, la luz
comienza a iluminarme. Mi hombro arde revelando un pequeño tatuaje con
forma de estrella fugaz.
Por fin soy mayor de edad.
Casi todo el Reino está para felicitarme. No pueden esconder la alegría
que sienten de que la menor de las princesas ya es mayor. Como siempre,
trato de escapar de las fiestas por lo que me despido con una reverencia a
mis padres.
Regreso a mi habitación, y como una sorpresa no casual, está Saruman
sentado en la butaca cerca de mi ventana.
—Para alguien que me quiere muerta, me das mucha importancia —
menciono acercándome a él mirándolo, con una sonrisa molesta por su
invasión.
—Morgana, mi padre quiere que nos casemos antes de la Asteria, ya que
no te maté. Debemos cumplir con el compromiso. —Sus palabras son como
un cubo de agua fría que cae sobre mí.
—¿Y qué planeas hacer entonces? —respondo tomando asiento a su lado.
—Morgana, mi objetivo de venir aquí esta noche es que tengas claro que
yo no voy a amar a nadie. No tengo interés en ti ni en tu búsqueda del
hombre de tus sueños, pero si quieres sobrevivir en Hel, no confíes en
nadie. —Coloca la mano en mi cabeza dando una ligera caricia. Seguido,
abandona mis aposentos.
Mi cama me llama y acepto su calor, mis ojos se dirigieron por última
vez al paisaje nocturno de mi amada ciudad, estaba segura de que no la
volvería a ver.
—Hola, Morgana —una conocida sonrisa me observa.
—¿Quién eres? —indago sin poder ver más allá de lo que me permite.
—Eso es un secreto. —Esa voz ronca y masculina eriza mi piel.
—¿Por qué estás encerrado? ¿Por qué solamente puedo verte en mis
sueños? ¿Cómo es que Saruman te conoce? —Sé que son demasiadas
preguntas, pero, espero que al menos, una me pueda responder.
—Mi Princesa, tienes demasiadas interrogantes. Pronto nos veremos. —
Su tono hace un eco desapareciendo entre la oscuridad.
Los rayos del sol entrantes por mi ventana iluminan mi habitación
haciéndome arrugar los ojos. Esta vez pude escuchar su voz, es la primera
vez que lo oigo. Sigo sin conocer su rostro entero, solo lo veo por
fracciones. Cada vez, me siento más intrigada por este hombre. ¿Quién es y
por qué me busca?
Debo obligar a Saruman a que me cuente quién es él.
***
Hoy parto hacia Hel. Debo prepararme y recoger todo lo que me haga falta.
Saruman me espera en la entrada junto a su séquito.
Otra de las sorpresas de los dioses es que mis padres salgan a despedirse
de mí. Hago la fatídica reverencia real y camino hasta Saruman.
—Hija mía, llévate esto, es un recuerdo de nosotros. —En sus brazos
porta un cachorro de cerbero, es negro y de ojos rojos.
Es tan pequeño que tan solo le ha nacido una sola cabeza. Es un
verdadero asombro que mi padre esté siendo tan gentil y amable conmigo.
¡Lo que hacen las apariencias!
—Hija, yo también te tengo algo. —Mi madre me entrega una caja con
un colgante en forma de árbol—. Este árbol que está impregnado aquí se le
conoce como el árbol de la vida. Mi madre me lo dio cuando me fui de
casa, ahora es mi turno de dártelo.
Hice una última maldita reverencia para subir junto a Saruman a su gran
quimera.
Capítulo 4: El Reino de los Muertos
***Morgana***
El tenebroso Hel se encuentra en una isla oculta rodeada de una neblina
espesa. Solo los residentes de su Reino conocen el camino. Miles de
historias, y no precisamente con finales felices, he escuchado de quien
atraviesa sus muros.
Nuestra primera parada es una fortaleza compuesta por cuatro torres.
Apenas llegamos, cientos de guerreros imperiales nos rodearon para
arrodillarse frente a su Príncipe. La cara de Saruman es seria y tensa. Sin
embargo, activa su modo caballero ayudándome a bajar de su quimera.
Todos me miran con curiosidad, pero ninguno habla. Por suerte, me vestí de
negro y cubrí mi cabello con una capucha, sino sería el centro de atención.
La nieve que cae es oscura, el viento es fuerte y seco haciendo que mi
cuerpo tiemble por la temperatura. En mi descuido, debido al frío, mi
cabellera sale del gorro y, como presentí, todos inician a observarme.
Saruman se apresura a cubrirme como si fuera un fenómeno antinatural.
—Es raro ver ese color de pelo, será mejor que lo mantengas escondido
hasta llegar al palacio. En el Reino no se sabe todavía de nuestro
compromiso y los seres de la Ciudad de la Luz no son bien recibidos —
susurra sujetando bien mi capucha para que no vuelva a suceder el mismo
evento.
Subimos a unos carruajes custodiados por la temible Guardia Oscura. No
sé si sentir miedo o seguridad de ser escoltada por un ejército de soldados
asesinos entrenados para cualquier misión especial.
Trato de distraer mis nervios mirando a través de la ventana del vehículo.
Los árboles están secos y no hay flores. El camino lo cubre una nieve
espesa y alta. No me imagino pasar el resto de mi vida aquí.
Después de andar un rato, entramos en la ciudad principal de Hel,
Numore. Este es el lugar que renovó Saruman, el cual, a diferencia de toda
mi trayectoria hasta aquí, está saturado de luces festivas, bares y posadas
para satisfacer a todos los públicos. Además, se encuentra decorado con
pintura de colores llamativos para que los visitantes se sientan más
cómodos. Todo está bastante animado puesto que hay varias personas
tocando instrumentos con distintas melodías.
Hasta mi nariz llega una conocida fragancia empalagosa, la misma que
mi padre utiliza cada vez que se entrega a sus fechorías: afrodisíacos.
—Usa esto, te impedirá olerlo. —Saruman me lanza de mala gana un
pañuelo, ¡tiene la caballerosidad activada desde que llegó!
—¿Cómo sabías que me molestaría la fragancia? —pregunto tratando de
buscar pistas acerca de su doble personalidad mientras pongo el pañuelo en
mis fosas nasales.
—Está claro que a una niña virgen como tú le molestaría. —Ni siquiera
me mira cuando dice esas palabras.
—La he olido antes así que no me molesta, pero acepto el gesto de
caballerosidad de tu álter ego —respondo con las palabras más irónicas que
pude encontrar en mi vocabulario.
Ríe con picardía evadiendo mi mirada. ¡Efectivamente! ¡Me trata como
una niña!
No soy virgen porque quiero. Mi padre siempre fue bastante estricto con
la salida del palacio, no pude conocer a casi ningún hombre de la Ciudad de
la Luz. Además, los súbditos del castillo huían de mí. A los ojos del
Monarca de Numore, está claro que soy una niña sin experiencia.
Ya que estaré aquí durante un mes, daré una vuelta más tarde para ver los
alrededores. El ambiente de los habitantes se nota bastante divertido.
—No salgas sola del palacio. —¿Cómo puede saber lo que estoy
pensando? ¡Esto va a ser peor que Asgard!—. El objetivo de esta fragancia
es atraer a las personas a las posadas. Si una niña como tú va a una de esas,
no regresará igual —comenta riéndose. Mi odio y paciencia están llegando
a su límite.
—Estoy segura de que puedo soportarlo —contesto confiada cruzando
mis brazos con valentía.
—Ryukyu, detén el carruaje. —Ordena acercándose a la puerta.
Saruman me agarra de la muñeca y bajamos del carruaje. El olor del
afrodisíaco tiene mucho más fijador y peste una vez que entramos en
contacto directo con él.
—Hicimos una mezcla de Arginina, maca y ginseng, lo quemamos en un
incienso y lo propagamos cada una hora por la ciudad. Para alguien como
tú, que nunca lo ha olido, puede ser muy potente, así que te sugiero que te
tapes bien la nariz. No quiero tener que cargarte de nuevo —agrega,
burlándose. Lo está disfrutando de verdad.
Ni siquiera puedo decir que olía uno similar en las fiestas ocultas de mi
padre porque se supone que son secretas.
Toma mi mano para entrar a una posada de procedencia extraña. Hay
cojines por todo el suelo con varias personas con poca ropa sentadas sobre
ellos. El aroma al estimulante es más fuerte dentro de las posadas. Diviso a
mujeres con alas y tarros, las cuales llevan unos cintos alrededor de su
cintura prácticamente sin ropa y sus pezones están cubiertos por un pequeño
parche. Mis mejillas se empiezan a enrojecer, mi corazón late con fuerza.
Los hombres están desnudos y rodean todo el lugar sin ningún tipo de
pudor. No puedo evitar fijarme en lo que está en el centro de sus piernas.
Saruman me adentra en la posada llevándome hasta quedar delante del
escenario. Arriba de él diviso una pareja de mujeres que bailan y se tocan
entre ellas, mirándose como si estuvieran embrujadas de pasión. La música
que suena es envolvente y te hace no poder apartar la mirada de la platea.
Estoy segura de que mi rostro debe haberse puesto rojo y, para añadirle
más color a mis mejillas, sube un hombre a acompañarlas sentándose en
una silla. Las dos mujeres corren a quitarle el pantalón, dejando su miembro
expuesto. Me llevo las manos a los ojos de forma inconsciente y Saruman
se ríe.
¿Cuántas veces habrá venido él a esta posada? Cuando vuelvo a fijar mi
vista en el escenario, una de las mujeres está quitándose la pequeña pieza de
ropa que lleva abajo, se sienta arriba del hombre e introduce su miembro
dentro de ella, cabalgando sobre él mientras la otra mujer los mira
tocándose.
No puedo aguantar más, me arden los cachetes de ver la escena. Saruman
toma mi mano para abandonar el lugar. No puede evitar ocultar su risa.
Lo odio, lo hizo a propósito.
—¿Me harás caso ahora de no salir sola? Ese es el nivel más básico aquí
y no logras soportarlo. —Mi rostro se acalora aún más, provocando que ría
a carcajadas.
¡Solo es ocho años mayor que yo! Seguro que a mi edad él ya era el
casanova del territorio.
—¿Entonces tú frecuentas mucho esas posadas y haces esas cosas? —
pregunto avergonzada, pero valiente. El afrodisíaco debe haber afectado mi
cerebro, ¿¡cómo se me ocurre preguntarle eso!?
—¿De qué te servirá la respuesta? —dice con picardía, acercándose a mi
oído. ¡Mierda, que se detenga!
No puedo responder, las palabras no me salen, estoy muy avergonzada.
Regresamos hasta donde se encuentra nuestro carruaje y subimos a él. Mi
pequeño cerbero duerme a mi lado. Ahora que lo pienso, debo ponerle un
nombre.
—No sabía que tu padre podía hacer mascotas oscuras —comenta
Saruman. Esta vez se sienta a mi lado mirando a mi cerbero con curiosidad.
—No lo hace, su poder es solo de criaturas de luz. Esta mascota vino con
los cuerpos del vizconde Yaido y de su ejército. Según escuché, cuando
encontraron sus cuerpos este pequeño los estaba protegiendo. —Explico
mientras acaricio a mi pequeño, que gruñe por el toque de mis dedos sobre
su única cabeza.
—No sabía que escuchabas a escondidas, tendré cuidado. —Si lo que
quiere es que me moleste con él, lo está consiguiendo.
—¿Dónde queda Achodia? —pregunto tajante mirándolo fijamente.
—Tú no puedes ir ahí —desvía la mirada hacia la ventana del carruaje—.
Ese lugar es secreto, solo puede asistir el ejército oscuro. ¿Lorelei te contó
de ella?
—¿Cómo sabes quién me dijo?
—Es la única persona que ha autorizado mi padre a entrar —me mira
serio—. Tú eres una de los pocos Turoth que está libre. Si llegas a ir a esa
ciudad no respondo por tu seguridad.
—¿Por qué siempre hablas de que seré asesinada? Además de que
todavía no se sabe si soy un Turoth como dices. Aparte de que no andaré
sola, Grurea estará conmigo —sonrío acariciando la cabeza de mi
malhumorada mascota.
—¿Le pusiste un nombre de mujer a un cerbero? —demanda asombrado
por mi capacidad de ponerle nombre a los animales.
—Es mío. —Grurea lame mi mano—. ¿Ves? le gusta.
***
El tan aclamado castillo abre sus puertas para recibirnos. A diferencia de la
ciudad de Numore, es fúnebre, lleno de nieve por todos lados y la presencia
de vida en sus árboles parece haber desaparecido desde hace siglos. ¡Este
lugar despierta depresión y tristeza! ¿Cómo pueden vivir aquí?
Rince, junto con otro pequeño séquito, nos espera en la entrada. Retiro la
capucha que cubre mi cabello mientras Grurea se sube a mi hombro.
—Princesa Morgana, bienvenida a Hel. —Realiza una reverencia. Los
guardias actúan incómodos mientras se inclinan cuando paso. Desde luego
no seré bien recibida aquí—. Bienvenido de vuelta, hermano —saluda a
Saruman en un tono seco. No sé porque siento cierta tensión entre ellos.
Nos adentramos al palacio y los sirvientes nos reciben con estrictas reglas
de etiqueta imperial sin levantar su cabeza del suelo. Hay poca luminosidad,
está organizado y, en cierto modo, hasta sombrío.
¿De verdad aquí viven personas?
Ryukyu guía el camino hacia mi habitación, donde me espera del otro
lado de la puerta, para llevarme hasta donde se encuentra el archiduque.
Saruman me pidió que no me pusiera colores alegres para andar en el
palacio. Cambio mi ropa por un vestido negro, largo y más abrigado, y
recojo mi cabello en una cola de caballo.
Grurea me mira y se vuelve a subir encima de mi hombro. Salgo de la
recámara para encontrarme a mi silencioso guardaespaldas, ¿tiene que ser
mudo para poder acompañarme?
—Ryukyu, ¿conoces a Saruman hace muchos años? —asiente con la
cabeza—. ¿Qué edad tienes?
—Llegamos —ignora mis palabras. Abre la puerta de la sala real con ese
rostro sin emociones.
En el trono está sentado el Archiduque, a su lado izquierdo está Saruman
y al derecho Rince. Los dos visten de negro. ¡Qué lúgubre! Todavía me
queda un mes aquí. Dudo que me pueda vestir todos los días de negro.
El Archiduque me mira con ferocidad y odio. Al parecer, en su hábitat
natural es otra persona, no la sonriente que siempre veo al lado de mi padre.
¿Acaso todos aquí tienen doble personalidad?
—Morgana, según tu médico imperial, tu poder no representa un peligro
para nosotros. ¿Eso es cierto? —pregunta el Archiduque repasando mi
vestuario como si debiera aprobarlo.
—No lo he despertado, así que no puedo responder su pregunta. —Todos
los que están presentes en la sala abren los ojos por mi descortés respuesta.
Ojalá fuera peligroso y poder romper el hocico a unos cuantos.
Miro a Saruman, el cual, hace una mueca de reproche. ¿Qué quieres que
haga? ¡No me dijiste qué tenía que decir!
—Ya veo, Morgana. —El Archiduque lanza un vistazo y un aura
aterradora atraviesa las paredes del salón—. Si llegas a despertarlo y peligra
nuestra seguridad, no dudaremos en matarte. —Tiemblan mis piernas,
¿acaso en esta familia no saben decir otra cosa, además de asesinar a
personas? ¿No se supone que eso está prohibido?—. Rince, enséñale a
Morgana el palacio, debo hablar con Saruman.
—Entendido, padre. —Contesta Rince haciéndole una reverencia a su
padre e incorporándose a mi lado.
Caminamos de vuelta hacia mi nuevo calabozo personal. En el recorrido
fijo mi atención al bosque que se ve a través de la ventana. Siento que algo
me observa desde allá.
Rince no se percata que desvié la mirada y me sigue explicando cómo
funciona el palacio, los horarios de comida y las normas de vestimenta. No
puedo vestir de blanco ni rojo.
Me deja en mis aposentos. Estoy muy cansada del viaje, por suerte,
Grurea no se despega de mí. Qué bueno que mi padre me la dio, algo bueno
que hace con su vida.
No puedo evitar sonreír.
Hoy lo veré.
Tengo la impresión de que me ha estado vigilando desde que llegué a
Hel. Sé que ese hombre está aquí.
Capítulo 5: Encuentro
***Morgana***
Es difícil diferenciar si es de día o de noche en este reino, pero mi reloj
biológico me está avisando que es hora de acostarme, así que decido hacerle
caso y dormir.
Estoy caminando de nuevo por un camino lleno de nieve. El frío se hace
más fuerte a medida que avanzo hasta llegar a una a una fortaleza. Al
atravesar la puerta, veo numerosas celdas con personas encadenadas
gritando por ayuda con heridas por todos lados.
Al final de la recámara hay una puerta cerrada con un candado. No sé
cómo poseo la llave, pero la abro y atravieso para llegar a unas escaleras
bien largas. Cuando mis pies tocan el punto más bajo, encuentro un sendero
lleno de gárgolas con las alas cortadas, sangre pegada en las paredes y con
un clima es aún más helado.
Al terminar el recorrido por los pasillos de la habitación, está él: mi
misterioso hombre. No hay manera de que confunda esa silueta. Su celda es
especial, ya que está cubierta de humo que forman las vigas. Tiene
encadenado los pies, manos y cuello. Su brazo está herido, parece una
lesión reciente, y el resto de su cuerpo está cubierto de cicatrices. Mi cuerpo
camina por voluntad propia hacia su dirección, como si estuviera
cometiendo un pecado al conocer a esa persona.
Es esbelto y bastante delgado, su barba le cubre la cara y su cabello negro
le llega a los hombros. Sus pozos azules me miran y desconciertan mi
existencia. Es un atractivo caballero. Si estuviera más arreglado, sería uno
de los hombres más bellos que he conocido.
—Por fin nos vemos, Princesa —comenta con una sonrisa envolvente
que me atrae directamente hasta él.
—¿Quién eres? ¿Por qué me buscas? ¿Cómo me conoces? —Tantas
preguntas escapan de mi boca causando que me ponga nerviosa.
—Destan, ese es mi nombre y soy la persona que te va a decir cuál es tu
poder —afirma muy seguro con su ronca voz, ¿quién eres y por qué estás
causando estos desconocidos sentimientos en mí?
—Eso es imposible, nadie sabe cuál es mi poder hasta que no lo despierte
—respondo, solo está jugando conmigo.
—Yo conozco tu poder, y es uno demasiado grande para una pequeña
como tú —advierte con tal seguridad en su tono que me hace creer en sus
palabras.
—Dime, ¿cuál es? —exijo con desesperación.
—Ven y encuéntrame en Achodia. Te contaré todo cuando nos veamos —
ordena, mirándome una vez más con esos desconcertantes ojos.
—¿Cómo sé que no me estás mintiendo para sacarte de ahí? —demando.
Puede ser un criminal, después de todo, por algo está encerrado de esa
manera.
—Está bien, te daré una pista para que confíes en mí. ¿No crees que es
mucha casualidad que sueñes con la muerte de los seres vivos? —Se acerca
a mí. Confieso que me está envolviendo con esa templada voz—. No tengas
miedo, yo te ayudaré a controlarlo, Princesa. Solo debes buscarme.
El insoportable ruido de pequeños golpes en la puerta de la habitación
provoca que me despierte con molestia. Me levanto de la cama y ando unos
pasos hasta ella, para ver quién toca tan frenéticamente.
—Princesa, como le expliqué ayer, el desayuno estará servido dentro de
veinte minutos. —Ryukyu realiza una reverencia y toma un pequeño
suspiro—. Le pido que se aliste lo más rápido posible, ya que sus
majestades la esperan para acompañarla.
—Lo haré. —Imito una seria sonrisa mientras cierro de golpe la puerta de
la recámara.
«¡¡¡Ahhhhh!!!», grito para mis adentros dando saltos de alegría en el
suelo.
¡Su nombre es Destan!
¡Por fin lo tuve cara a cara! ¡Dioses, por fin están haciendo algo por mí!
No puedo parar de sonreír. Tiene un nombre bastante único y es demasiado
guapo, mis mejillas arden de recordarlo.
Tengo que conocerlo en persona.
Los detestables toques de la puerta vuelven a aparecer.
—En un minuto estoy lista. —Trato de no gritar emocionada por cómo
me encuentro.
Corro hacia el baño para asearme y saco de mis desordenadas maletas el
primer conjunto de vestido opaco de mangas largas que me encuentro.
Ryukyu me espera con un rostro pálido afuera de la habitación y, sin
mencionar palabra, me guía hasta el comedor real.
El Archiduque, Saruman y Rince, están uniformados, sentados en sus
respectivos asientos. Eliphias hace un gesto de disgusto cuando me nota
llegar tarde, el cual ignoro para tomar lugar al lado de su hijo mayor.
El desayuno transcurre tan sombrío y silencioso como todo aquí. Ni
siquiera puedo saborearlo.
¡Deseo escaparme! Por lo menos en Asgard, las discusiones matutinas
entre padre y madre ocasionaban bulla dándole un toque de vida a la
mañana.
—Morgana, Saruman y yo debemos hacer unos preparativos para la
Asteria, por lo que no estaremos el resto del día. Rince se encargará de ti
hoy, espero que no haya ningún problema. —Su tono de hablar es brusco y
malvado, al contrario de su expresión corporal que es bastante pasiva.
—Gracias, Archiduque. Estoy convencida que estaré en buenas manos.
—Inclino mi cabeza e intento disimular la gran sonrisa de felicidad que
nace al recordar a Destan.
Finalmente acaba esta tortura. Espero a que el Archiduque abandone la
habitación y conduzco mi camino hacia mi prisión. Ahora que estaré sola en
el palacio, ¡tengo un plan!
—Princesa Morgana, ¿qué le gustaría que le mostrara? —Rince me
intercepta cuando salimos del comedor preguntándome en un tono amable.
¡Es mi momento!
—Rince, si me llamas todo el tiempo princesa, las personas sabrán de mi
identidad y no quiero problemas. —Hago un rostro de lástima poniendo mis
ojitos vidriosos moviendo los hombros.
—Morgana, ¿a dónde quieres ir? —Demanda con una breve reverencia
hasta que llegamos al jardín.
—Quiero ir a Achodia —suelto sin pensarlo dos veces, debo encontrarlo
—. Quiero aprender a defenderme y me dijeron que es el mejor lugar para
aprender.
—Morgana, puedo enseñarle en los jardines del palacio. —Me contesta
irritado sacudiendo su cabeza con una de sus manos.
—¿Crees que sería una buena idea que tu hermano y el Archiduque nos
vieran peleando? —No quiero usar la manipulación con él, pero en este
momento debo utilizar todas mis cartas.
Rince accede a regañadientes y entramos por la parte trasera del palacio.
Efectivamente, es el lugar del cual sentía la energía ayer. El sitio es bien
gélido, por suerte me puse la capucha y tengo a Grurea en mi cuello.
Caminamos a través del bosque. Frente a nosotros está un árbol bien
grande con dos guardias oscuros. Rince saluda a ambos guardias siendo
respondido con una reverencia.
—Es una nueva recluta —explica Rince señalándome. ¡Bien hecho!,
ahora podré venir en cualquier momento.
Las raíces del árbol empiezan a despejar un pasadizo, el cual atravesamos
y seguimos por un túnel hasta que llegamos a un campo lleno de soldados
oscuros. Todos están entrenando vestidos de negro.
No entiendo de qué me sorprendo, deberían declarar al negro como el
color oficial de este Reino.
Hay varias mujeres entrenando y una de ellas se acerca hasta nuestra
dirección.
—Rince, ¿viniste a entrenar? —demanda una voz femenina ladeando la
cabeza de un lado a otro.
—Ella es Morgana, una nueva recluta. Morgana, ella es Titania, unas de
las vizcondesas de la guardia oscura.
—Mucho gusto. —Estiro mi mano y ella la sacude amablemente,
regalándome una encantadora sonrisa.
Rince me lleva a la armería para elegir un arma a utilizar. Hay de todo
tipo y tengo la libertad de seleccionar con la que más cómoda me sienta. Mi
atención es atraída por una que se encuentra detrás de un estante. Es una
lanza de pico largo con unas cuchillas por detrás. Cuando la sostengo en
mis manos me invade una vibración como si me llamase para que la usara.
—¿Vas a elegir una guadaña? —cuestiona sorprendido Rince mientras
escribía el arma que me fue dada en un registro de inventario.
—Me gusta —respondo satisfecha de mi elección, abandonando el local.
Titania y Rince están entretenidos revisando unos papeles dentro de la
armería por lo que aprovecho para buscar mi camino.
No hay ningún lugar que se parezca a mi sueño. Supongo que Destan
solo jugaba conmigo.
—Princesa. —Una voz invade mis pensamientos. ¡Sin duda alguna es él!
—Destan, ¿dónde estás? —pregunto en voz baja, sin parecer una loca por
hablar sola en medio del campo de entrenamiento.
—Sigue mi voz, te explicaré el camino —comenta como si su boca
estuviera en mi oído—. A tu derecha hay un bosque, adéntrate en él. Vas a
ver una pequeña torre en la puerta, hay dos guardias, les dices que Saruman
te mandó a buscar un Turoth de clase dos para el entrenamiento. El resto del
camino lo conoces.
Miro que nadie me esté vigilando y avanzo hacia el bosque como dijo
Destan.
Estoy loca, ¿cómo puedo seguir las orientaciones de un desconocido?
Puede ser una trampa. Tomo un respiro para atravesar los senderos, para
encontrarme a dos guardias que me observan de manera brusca y extrañada.
—El Príncipe Saruman ordenó buscar un Turoth de clase dos para el
entrenamiento de esta tarde —explico con una falsa seguridad como si toda
mi vida hubiese ido a buscar peligrosos Turoth para entrenar.
Los guardias revisan mi cuerpo de arriba a abajo. Cuando terminan,
abren la puerta.
Todo es igual a mis sueños. Hay varias personas encerradas y llenas de
cicatrices, con serios golpes y desnutridas. El olor a cadáver invade mi
nariz, y varios seres están tirados a lo largo del camino que lleva al final de
la habitación. La tosca puerta de mi sueño contiene unas difíciles y raras
cerraduras.
Intento empujarla, pero no abre. ¡En mis sueños yo tengo la llave en mis
manos!
¡Piensa, Morgana! ¡Piensa!
Hago otro empujón y cae la guadaña al suelo. Visualizo que la
empuñadura es como una llave que entra a la perfección y, como arte de
magia, la puerta abre.
¡Qué casualidad! ¿Desde cuándo Destan estará planeando este momento?
Todo es sospechoso sobre él, ¿cómo sabe acerca de todo lo que sucede?
¿Cuál será su poder? ¿Cómo es capaz de comunicarse a pesar de estar tan
lejos? Tantas preguntas sin respuesta llegan a mi mente haciéndome
cuestionar cada pisada que avanzo.
Bajo las largas escaleras hasta arribar a la celda de Destan.
Es alto y fuerte a pesar de estar bastante demacrado. Sus pozos azules
como los profundos mares me miran con presión, sus labios finos y claros
no se logran apreciar a causa de la barba. Su cuerpo está colmado de
cicatrices y heridas recientes, estando él encadenado de sus extremidades.
Este es el momento de mirarnos cara a cara.
—Hola Princesa, por fin nos vemos en carne y hueso —comenta con
alegría Destan, moviendo su cuerpo para hacer una pequeña reverencia.
—Cumplí con mi parte del trato. Ahora dime, ¿cuál es mi poder? —exijo
deteniéndome delante de él. Tengo que agachar la cabeza, ya que se
encuentra sentado en el suelo.
—¿Te gustó mi regalo? —Señala la guadaña con su mano, evadiendo mi
pregunta.
—¿Me la diste? —Lo miro sorprendida. ¡En serio tenía todo planeado!
—. No me cambies el tema, dime quién soy.
—Princesa, ¿llegas y quieres respuestas? ¿Te imaginas lo aburrido de
conocer todo de una vez? —Esa mirada traviesa y juguetona acelera sin
motivos mi corazón—. Cada día que vengas, tienes una pregunta, ¿quieres
jugar así? —Se levanta dando pequeños pasos hasta mí.
Definitivamente es mucho más alto que yo.
—¿Cuál es mi poder? —Vuelvo a demandar manteniendo una fría mirada
sobre él.
—Estás desesperada, ¿qué harás cuando sepas lo que hay dentro de ti? —
No pienso caer en su juego—. Aunque te lo diga, no serás capaz de
despertarlo todavía. Tu vida debe correr peligro para ello.
—Dijiste que me darías una respuesta. —Está jugando conmigo, y eso
me está molestando. Fue un error confiar en él.
—El ciclo de la vida es algo malo de cambiar, ¿no te parece? —
Tergiversa sus palabras haciendo que le preste atención—. Una guadaña,
sueños con muertos y un poder prohibido. Qué misterioso suena todo —
Sonríe con malicia sin dejar de mirarme.
—No tenía que haber venido, por algo estás encerrado —afirmo con un
tono de voz serio, sin perder la compostura—. ¿Para qué me llamaste aquí
si vas a jugar conmigo? ¿Quieres matarme?
—No, Princesa. —Su mirada hace que un escalofrío recorra mi columna
haciéndome dudar de cuán peligroso puede ser él.
Me giro dispuesta a abandonar la habitación. Esta conversación no me
está llevando a ninguna parte.
—Si conoces los cuentos de hadas sabrás que siempre hay un señor
similar a mi antigua descripción que aparece con el objetivo de recuperar el
alma de los seres que abandonan este mundo —Hace una pausa llamando
de nuevo a mi ingenua curiosidad—, pero también puede traerlas a la vida,
¿qué crees que pensarían tu padre y el Archiduque al enterarse de la
existencia de un poder así?
—Sería demasiado peligroso permitir que viviera, ya que estaría en la
calificación de mayor peligrosidad —respondo yo misma el acertijo que me
está realizando y sus labios vuelven a curvarse con orgullo.
—¿Puedes prestarme la guadaña? —demanda provocando que dude si
darle un arma a alguien como él.
¿Qué más puede pasar? Tiro la guadaña al piso para que llegue hasta él.
Su mano se hiere al tratar de cogerla por los espacios de niebla que forman
la celda. De un abanicazo se corta los grilletes que no le dejan moverse
libremente. Una vez terminado, me la lanza de vuelta.
—Cuídala, solía ser mía. —Mi rostro de sorpresa no debe tener precio,
¿quién eres, en realidad?—. No dejes que Saruman la vea. Nos vemos esta
noche.
Destan regresa a sentarse en una esquina de la prisión mientras yo me
retiro, no sin mirarlo por última vez. Estoy siendo carcomida por el
incontrolable capricho que me causa.
—Morgana, ¿dónde estabas? —Rince pregunta agitando su cabello con
sus manos. Debe tener un tic nervioso al hacer eso cada vez que está
molesto.
—Me perdí. Traté de encontrar el camino de regreso, pero no funcionó
—intento el mayor gesto de perdón que me puede nacer en este momento.
Rince suelta un bufido escoltándome de nuevo al palacio.
En mi habitación, me siento en la butaca pegada a la ventana mientras
acaricio a Grurea. Es una ternura, lame mi rostro con amor, ¿cuándo le
saldrá su otra cabecita?
Tocan la puerta y me acerco de mal carácter, ya que me irrita el ruido de
los golpes a las superficies de madera gruesa.
—Rince me dijo que te quedaste hoy en el palacio —comenta Saruman y
me quedo pensando en sus palabras.
—Es que no sabía a donde ir, y tampoco es que pudiera alejarme mucho
—contesto haciéndome la aburrida de estar encerrada.
Saruman agarra mi mano, pone la capucha en mi cabello y nos saca del
castillo. El camino a la ciudad tiene música contagiosa y, por un momento,
me levanta el ánimo. Esa fortaleza es como vivir en un cementerio: da
miedo, no tiene vida y te congelas al igual que al aire libre.
—Esta parte es más animada que por donde veníamos ayer —observo en
busca de respuestas. Su rostro es un bloque de hielo macizo.
—Es un barrio dócil para personas como tú, no quiero que vuelvas a salir
avergonzada como la vez pasada. —Se burla llevando sus ojos a mí. Nunca
se le va a olvidar el día de ayer.
Andamos cerca del río donde hay unas pequeñas mesas alrededor, el olor
a comida despierta mi apetito. Cojo a Saruman por su capa para que nos
sentemos a comer algo. Me gira los ojos, pero accede.
La brisa de la noche es más placentera de este lado de la ciudad. Se
acerca un camarero y Saruman da las indicaciones de la comida.
—¿Cómo es que nadie te conoce en la ciudad? —pregunto incrédula,
debido a que, aunque sea de noche, los ciudadanos deberían saber quién es
su Príncipe.
—Sí me conocen, pero no pueden preguntar nada. Los Príncipes y el
Archiduque son la máxima autoridad en Hel, desafiar su orden o hacer algo
equivocado puede darles una pena de muerte. —Sus palabras son más frías
que el aire que nos rodea. Realizo una mueca de molestia al escuchar la
palabra asesinar de nuevo.
—¿En este lugar, las personas solo piensan en aniquilar a las personas a
su alrededor?
—A diferencia de otros Reinos, en Hel está permitido matar. —Se
supone que eso está prohibido a nivel planeta, sin objeción alguna—. Es un
secreto a voces. Sin embargo, no es raro encontrar a una que otra persona
muerta en cualquier esquina de este lugar. No dejes caer ni una gota de tu
sangre fuera del palacio.
—¿Debido a que soy virgen? —Definidamente está consiguiendo joder
nuestra salida nocturna con sus palabras.
—No, tienes una energía bastante fuerte. Un poco de tu sangre hará que
cualquier débil se sienta vigoroso —comenta incómodo mirando alrededor
de nosotros.
—¿Entonces aquel día que bebiste mi sangre, te sentiste “vigoroso”? —
menciono con picardía. Ya que disfrutas tanto burlarte de mí, deberías
recibir un poco de tu medicina.
—No lo llegué a hacer, solo introduje los colmillos para cerrar la herida.
Me fui porque tienes un olor fuerte.
Me avergüenzo, ¿y esa sobreprotección conmigo? Por un momento, me
sentí tratada como una muñeca de cristal que no puedes tocar.
Quizás poco a poco nos estamos acercando como buenos amigos.
—¿Por qué aquella noche me dijiste que no amarías a nadie? —pregunto
observando su rostro, la vena de su cuello se tensa y lleva sus manos sobre
la mesa, cerrándolas en puños.
—Tuve una mujer que amé y es la única con la que me quería casar.
Desobedecer a mi padre causó que la matara delante de mis ojos. —Mi
corazón se acongoja y siente lástima por él—. Mi padre dice que debo
concentrarme en ser el próximo Rey. —Las lágrimas empezaron a correr
por mis mejillas. Tuve ganas de abrazarlo.
—Cuéntame de ella —expongo con valentía, debe ser una cosa muy
delicada para él hablar de eso.
—¿Sigues viendo al hombre de tus sueños? —Se sale del tema, conoce
mi curiosidad excesiva hacia esa persona.
—Sí, en cierto modo se parece un poco a ti —explico con confianza,
existe un gran parecido entre ellos dos—. Si me cuentas de ella, te cuento
de él.
—No hace falta. Sé de quién me hablas —contesta sombrío y triste
mirando a sus puños, los cuales están todavía cerrados con fuerza.
—Ah, ¿sí? —Tengo que saber si en realidad conoce su identidad, quizás
él también pueda ofrecerme más pistas—. Si me dices su nombre, te creeré.
—¿Ya te dijo su nombre? —ríe y en cierto modo, su cuerpo se relaja—.
Después de todo, es su carácter. Su nombre es Destan, Morgana.
Tenía razón, ¡ellos se conocen, tienen alguna relación! Debo seguir
indagando.
—Es verdad, es Destan —confirmo. Tomo aire antes de seguir mi plan—.
¿Entonces me vas a hablar de ella?
—No —reniega mirándome con incomodidad.
—Siempre puedo preguntarle a Destan, seguro me hablará de ella. —No
quiero desperdiciar una de mis preguntas con Destan, pero quiero saber la
relación entre ellos.
—¿Si te digo su nombre no me preguntarás más nada? —contesta a
regañadientes.
—No aseguro nada —comento de manera juguetona tratando de aflojar
el ambiente.
—Su nombre era Carmín, una de las Vizcondesas de la Guardia Oscura
—hace una señal de que no hablará más.
La comida llegó, ¡está deliciosa! ¡Por fin pude saborear algo!
Capítulo 6: El hombre de mis Sueños
***Morgana***
Saruman me acompaña hasta la puerta de mi habitación. Entro y cierro la
puerta cansada por la dinámica del día, y cuando alzo mi vista, ahí está
Destan sentado en la ventana sujetando a Grurea. Se rasuró la barba y se
cortó el pelo, sus finas facciones hacen de su rostro una estructura
masculina perfecta. Lleva una camisa blanca larga con unos pantalones
oscuros y botas negras hasta la rodilla.
La imagen creada por él es tan excitante que siento la necesidad de
consumir a ese hombre, pero aterrizando en la realidad, ¿cómo escapó de su
celda?
—¿Cómo es posible que estés aquí? —respondo nerviosa al percatarme
que huyó de la prisión.
—Tranquila, Princesa. Gracias a que me quitaste mis cadenas puedo salir
a verte —empiezo a temblar y estoy segura de que todo mi cuerpo debe
expresar a gritos «tengo miedo»—. Presentí que querías verme, así que me
colé hasta tu habitación.
Lo miro incrédula. Destan lleva un poco de aroma a afrodisíaco encima
de él. ¿Habrá estado en algún lugar antes de venir a verme?
—Hueles diferente —compruebo incómoda, desconfiada. Estoy cayendo
en su trampa.
—Tomé un baño. No puedo seguir mostrándome delante de la Princesa
con esas fachas. —¿Por qué es tan importante para él como lo veo?
Desconcentro mi atención cuando sus manos entrelazan mi cintura. Ni
siquiera pude reaccionar.
¿Qué clase de bestia es él? Estando tan débil y encerrado durante tanto
tiempo, ¿cómo puede ser tan fuerte y veloz? Presiona mi pecho contra él,
dejándome ver su rostro. Quiero tocarlo, su fragancia me embriaga. Estando
tan cerca de mí, casi no puedo evitar perder la cabeza.
Me carga en brazos, posándome encima de la cama. Se acuesta a mi lado
y me cubre con una sábana.
—Vamos a dormir —comenta con una sonrisa de lado a lado en su rostro.
—¿Vamos a dormir? —repito con nervios mientras su mirada me atrapa.
No puedo escapar de esos pozos.
Estoy muy inquieta, por lo que cierro los ojos para intentar calmarme.
Destan me da un beso en la frente y me arropa en su pecho.
—Sí, Princesa. Vamos a descansar para acabar el día de hoy. No te haré
nada. —Su voz resuena en mi oído. En cierto modo, me siento excitada.
Me acurruco en su pecho y duermo plácidamente. Hace mucho que mi
mente no descansa.
Esa noche soñé cuando era niña y corría por el jardín imperial de la
Ciudad de la Luz. Mis hermanos me perseguían jugando y olía el dulce
aroma de las flores del castillo.
Mi hermosa y dulce fantasía se ve interrumpida por la voz de Ryukyu.
—Princesa. —Su mirada de preocupación me alarma levantándome
bruscamente de la cama.
—¿Qué sucede, Ryukyu? —contesto recordando que Destan durmió
aquí.
—Princesa, llevo un rato llamándola y no responde a la puerta, por lo que
tuve que acceder sin su permiso —dice asumiendo una reverencia de
disculpa.
—Perdóname, ya me alisto para el desayuno —digo levantándome de la
cama.
Destan no estaba por ningún lado, tampoco su fragancia. Dormí
plácidamente gracias a él. ¿Qué habrá usado en mí? Debo preguntarle.
Trato de cambiarme lo más rápido posible. Grurea muerde el vestido,
supongo que él también quiere venir. No me imagino que haya problemas.
Bajo deprisa y, cuando llego, ya están todos sentados en la mesa.
Trato de mantenerme tranquila, pero vuelve el ambiente frío y sombrío.
Cuando terminamos de comer, Saruman se acerca para explicarme que tiene
que volver a salir con su padre.
Observo a Rince con una seña de cómplice, coloco mi capucha y vamos a
Achodia. Titania nos ve llegar y va a saludar junto a dos jóvenes más.
—Rince, Morgana, buenos días —menciona moviendo su mano derecha
de un lado a otro.
—Buenos días. —Mi atención se dirige a los chicos tratando de averiguar
su identidad.
—¡AH! Ellos son Lotán y Dzahui, son nuevos reclutas como tú —Ambos
me revisan como si fuera extraña mi presencia ahí.
—¿Por qué lleva capucha? —de repente, pregunta Dzahui sin dejar de
observarme.
—Rince me comentó que su color de cabello resalta demasiado —
responde Titania con emoción y continúa la conversación—. Aunque yo
todavía no lo he visto. ¿Qué tal si nos lo muestras?
—No creo que sea una buena idea. —Interviene Rince negando con sus
manos.
Titania no hace caso a sus palabras y jala mi capucha por detrás. Mi
cabello largo rojo carmesí sale al descubierto provocando que todos se
quedaran boquiabiertos.
—Tienes un color de cabello inusual, de Hel no vienes —confirma Lotán
poniendo su mano en su mentón.
—¿De dónde eres, Morgana? —cuestiona Titania con curiosidad, ¡hoy
está llena de preguntas!
—La recogí cuando estuve en Asgard. Pensaban que ella no era de ahí
por su color de cabello —añade Rince, salvando el día.
***
Los cinco nos fuimos a entrenar. Titania me enseña cómo debo pararme en
un combate cuerpo a cuerpo y cuáles son los puntos clave a los que debo
prestarle atención. No tengo manera de escaparme para ir a ver a Destan
rodeada de tantas personas.
Aprovecho la oportunidad y le pregunto por Carmín a Titania.
La mirada se le transforma en un claro dolor cuando empieza a contar la
historia. Al parecer, todo comenzó cuando el Archiduque la envió a
Midgard para una misión. Esta consistía en atrapar a unas criaturas para
matarlas, fácil y sencillo, pero Carmín era una mujer de buen corazón, y
cuando encontró a su objetivo, se dio cuenta que eran madres que habían
acabado de tener a sus crías.
Ella buscó un lugar donde pudiese esconder a las bestias y mantenerlas
alejadas de las garras de otros miembros de la Guardia Oscura. El
Archiduque es una persona difícil y, hasta cierto punto, reacia cuando no se
cumple con la calidad de su petición, por lo que castigó a Carmín durante
un mes en el calabozo de Achodia con los Turoth. Titania y los demás de la
Guardia Oscura odian a los Turoth debido a que muchos de ellos han
quemado, violado y asesinado a niños, mujeres y ancianos.
Todo empeoró cuando se dio a conocer la relación de Carmín y Saruman.
El Archiduque, temiendo que ocurriera un embarazo no deseado, liberó las
cadenas que tenían los Turoth causando que la violaran y bebieran su sangre
hasta casi matarla. Si hubiese terminado ahí, quizás Carmín estuviese viva,
pero el Archiduque tomó la decisión de cortarle el cuello delante de todos
como ejemplo de lo que significaba meterse con alguno de los Príncipes de
Hel.
Desde que ella murió todos sintieron un vacío, por lo que se centraron en
su entrenamiento. Titania guardó el cuerpo de Carmín, lo limpió y lo colmó
de flores. Según ella, Carmín era como una hermana mayor para los
miembros de la Guardia Oscura, por lo que cada cierto tiempo algunos van
y ponen flores en su tumba.
***
No pude escaparme para ver a Destan. Estoy triste, tengo ganas de verlo y
saciar todas mis dudas. Ryukyu me espera en la entrada.
—Princesa Morgana, el Príncipe Saruman y el Archiduque salieron a
buscar unas cosas que necesitan para la Asteria, no regresan hasta dentro de
dos semanas —explica serio, arrodillándose—. Cualquier cosa que necesite,
no dude en decírmelo.
¡Increíble! Llevo tres días en este Reino y Saruman siempre está afuera.
Mi indignación se esfumó cuando me percaté que podría ir todos los días a
Achodia sin miedo a que Saruman o el Archiduque se enteraran.
Subo contenta hacia mi habitación y, cuando abro la puerta, ahí me
espera Destan. ¡Qué alegría verlo! Me lanzo hacia él para abrazarlo con
fuerza. ¿Qué son estos sentimientos de nostalgia y calor que siento cuando
entro en contacto con él?
—Supongo que alguien está feliz de verme —sonríe coqueto
acurrucándome dentro de sus brazos.
—Hoy no pude escaparme y tengo muchas preguntas. —Mi cabeza le
llega por la mitad del pecho—. Destan, ¿qué edad tienes?
—Tu pregunta de hoy es sencilla, tengo veintisiete años —comenta
levantándome por debajo de la cintura para que mi rostro llegue al suyo.
—Destan, ¿me vas a contar quién eres? —Interrogo con una voz suave y
cariñosa, acompañando mi expresión de gestos amables y tiernos.
—Todavía no es momento de que sepas quién soy. —Su mirada me
provoca una corriente interna en el cuerpo que no puedo controlar.
—¿Me cuentas tu poder al menos? —Sigo insistiendo, tengo que saber
algo más que su nombre y edad.
—Mmm —analiza juguetonamente lanzándome sobre la cama, se acuesta
a mi lado y me arropa—, soy un demonio de los sueños, por eso si duermes
conmigo te sentirás mejor.
Su aroma hace que tenga un sueño placentero, por lo que desde ese día
Destan viene todas las noches y duerme a mi lado.
***
Las semanas que Saruman estuvo fuera pasaron bastante rápido. Por la
mañana iba con Rince a entrenar y por la noche estaba con Destan en la
habitación.
Destan es cariñoso, amable y romántico en cierto sentido. Me acaricia la
cabeza todas las noches antes de dormir, nunca cruza la línea, no me toca o
me besa. Solo me arropa y abraza para que duerma mejor.
Me siento muy bien, creo que poco a poco estoy cayendo en su encanto.
Faltaba un día para la vuelta de Saruman, la siguiente semana ya se
realizará la Asteria.
Me he vuelto buena con la guadaña, conozco todos los movimientos de
ataque y defensa. Titania es una buena maestra.
Salir con ella a comer y hablar de todo sin importar quién soy, es algo
que siempre había deseado. Gracias a eso, me enteré de que sufre un
pequeño enamoramiento hacia Saruman, pero con todo lo que pasó con
Carmín no se atreve a decir nada. Los chicos son bastante divertidos, hacen
acrobacias y juegos con sus poderes de agua como crear esferas y
lanzárselas como pelota.
Todo estaba tranquilo hasta que ocurrió el accidente.
Unos nuevos reclutas estaban peleando con un Turoth de categoría tres
que habían cazado hacía poco. Según escuché, el Turoth había violado a
más de veinte jóvenes vírgenes en un pueblo de Muspelheim y cuando
terminaba, les arrancaba el clítoris para que nadie se atreviera a tocarlas
después. No solo le hacía eso a las vírgenes solteras, a las mujeres que no
llegaran al matrimonio impúber, las destripaba y les enviaba sus órganos
internos a las familias.
Titania y yo estábamos practicando como de costumbre hasta que
sentimos una explosión. Ese día habían pocos guardias porque la mayoría
estaban en los preparativos finales de la Asteria y el resto habían partido
con el Archiduque y Saruman.
Rince, Lotán y Dzahui fueron corriendo primero a ver qué había
ocurrido. Titania y yo empezamos a revisar a los heridos: casi todos los
nuevos reclutas habían muerto.
¿Esto es lo que significa ser categoría tres? ¿Mi poder puede ser aún más
peligroso que esto? ¿Tengo que convertirme en esta bestia?
Titania y yo nos apuramos en asistir a los chicos. Cuando llegamos,
Lotán había sido herido de gravedad y Dzahui estaba asistiéndolo. Ella y
Rince comenzaron a enfrentarse al Turoth, el hombre era lo suficiente fuerte
para que ambos usaran sus poderes con seriedad. Mis pensamientos lo
interrumpieron una voz.
—Morgana, aléjate del Turoth lo más rápido posible —exige Destan
bruscamente y nervioso.
—Destan, no puedo irme y dejarlos —respondo con nerviosismo. Es la
primera vez que él se muestra así.
Titania es lanzada y quemada por una de las trampas que puso el Turoth
en el piso. Cuando voy a ayudarla, caigo yo también en una y me hiero el
pie.
—¿Quién es esa virgen que huelo por aquí? —El Turoth viene en mi
dirección desaforado.
Me levanto y empiezo a correr. Rince intenta detenerlo, pero el Turoth lo
atrapa con una de sus trampas de volcanes.
Solamente quedo yo en pie.
Le intento hacer frente. Mis piernas tiemblan, nunca me había enfrentado
a algo como esto. Respiro, recordando todo lo que he aprendido, ya que,
después de todo, yo también soy un Turoth peligroso.
La guadaña siguió la vibración de mi corazón y combatimos juntas.
Estoy peleando a la par con el Turoth hasta que me atrapa por una pierna.
—¡Por fin te tengo, pequeña virgen! —comenta asquerosamente sacando
su lengua, llevándola hasta mi rostro.
Grurea se lanza a salvarme logrando que me libere cuando lo muerde. El
Turoth lo hiere de gravedad y mis lágrimas empiezan a correr por mis ojos.
¿Dónde está ese aterrador poder cuando hace falta?
—Morgana, tranquilízate. Grurea está bien —grita Rince, pero ya no
pensaba con claridad.
Siento que algo dentro de mí se esparce por el aire y el cielo comienza a
teñirse de rojo. Mis manos ya no responden a mi mente, contestan a mi
corazón. Comienza a aparecer una neblina oscura a mi alrededor. Mis ojos
se tornan rojos como mi cabello y la capucha sale volando por el repentino
cambio de ambiente.
Empezaron a llegar los refuerzos.
Todo el mundo está perplejo mirando en lo que me he convertido, pero
no puedo parar.
A lo lejos, escucho los gritos de Rince y Titania diciendo que me
detenga, pero ya ese momento pasó.
Mis poderes despertaron.
Me abalanzo sobre el Turoth y le corto un brazo sin titubear.
—¿Qué es esto? ¿Qué bruja eres tú? —grita el Turoth mientras cubre con
su otro brazo el que corté.
—Te voy a matar —afirmo sin vacilar, dejando que la ira me envuelva.
Estoy luchando a su par sin importar nada más. Le arranco el otro brazo y
los pies, dejando que se desangre en el suelo. Las personas a mi alrededor
están atónitas cuando se percatan que yo he vencido al Turoth. Antes de
morir, hizo explotar un volcán debajo de mis pies.
Pensé que iba a morir y cerré los ojos.
Cuando los abro, estoy en los brazos de Saruman. La Guardia Oscura y él
habían regresado.
—¡Recuerdo haberte dicho claramente que no vinieras a Achodia! —
grita tan alto y molesto que probablemente lo haya escuchado todo el
Reino. Me suelta en el piso para que me pare.
La impresión de todos no es la mejor, pues el Príncipe Saruman le grita a
una simple recluta. Nadie entiende qué está sucediendo.
—¡Rince! ¿Qué hace Morgana aquí?
—¡Yo insistí en venir! —Chillo poniéndome delante de Rince
defendiéndolo—. No la tomes contra él.
—Príncipe Saruman. —Titania le hace una reverencia, observando un
poco confundida con la situación—. Es verdad que Morgana es una nueva
recluta. Todavía es una novata, pero ha mejorado mucho en estos últimos
días. El resultado de su entrenamiento es el que ve hoy. Nos salvó a todos.
—¡Morgana! —He provocado la ira de Saruman, no voy a salir impune
de esta.
En ese momento aparece Ryukyu con Grurea en las manos, mi pequeño
está bien. Solo es una pequeña herida. Lo recojo en mis brazos y lo abrazo.
Pensé que lo había perdido. Saruman me mira extremadamente furioso.
—Princesa, debemos regresar al castillo —menciona Ryukyu delante de
todos los presentes. Justo cuando pensé que nadie se iba a enterar.
Todos me observan sorprendidos. Forman una hilera delante de Saruman
y le hacen una reverencia.
—Morgana, preséntate tú misma —su voz está tan enfadada como su
mirada y diviso el rostro de decepción de Titania, sabe que algo anda mal.
—Hola a todos, mi nombre es Morgana Edevane, tercera Princesa del
Reino de Asgard, hija del Rey de la luz —Mi capucha había desaparecido
durante el combate y mi cabello rojo carmesí me hace ser el centro de
atención. Saruman revira los ojos para que continúe hablando, ¿debo
decirlo? —, y soy la prometida del Príncipe Saruman.
¡Joder! He cavado mi propia tumba en lo que respectaba a la confianza
de todos.
Desde el día del incidente, Saruman me encerró en la habitación,
ordenando que quien me dejara salir, desobedecía su mandato directo, por
lo que equivalía a la pena de muerte.
Ryukyu me vigila constantemente y viene a cada rato a ver a Grurea.
Desde el día que no hice caso a sus palabras, Destan no me ha venido a
ver. No duermo por las noches, las pesadillas regresaron. Solo falta una
semana para la Asteria y estoy encerrada aquí.
Capítulo 7: ¿Quién eres?
***Destan***
Hace diez años me encerraron en esta asquerosa prisión. He visto y
escuchado más muertes y dolor de lo que puedo recordar. Por fin ha llegado
el momento de escapar con la ayuda de mi pequeña. Ahora mismo, ella no
está al tanto de que en la última batalla no fue quien le dio el golpe final al
Turoth, sino estaría sufriendo la maldición de nuestra especie.
Los Turoth tienen un proceso amargo antes de completar su poder:
despiertan su magia mediante el sacrificio de alguien querido, adquiriendo
un deseo incontrolable de asesinar, exterminando todo a su paso para
satisfacerlo.
El poder de Morgana no podía nacer debido a que Asgard es un Reino de
Luz que evade las fuerzas del inframundo. Sin embargo, desde que se
encuentra en Hel, su interior está a punto de explotar.
Estoy preocupado por ella, a pesar de que Ryukyu la vigila
constantemente. He querido ir a verla, pero apenas puedo esquivar la
seguridad del palacio sin ser percibido, y no puedo dejar que nadie se dé
cuenta que estoy libre. El Archiduque se ha encargado de borrar todo rastro
de mi existencia. Pero, no contaba con que Morgana y yo tuviéramos un
vínculo tan especial que le permitiría ayudarme desde tan lejos.
—“Ya todos los planes están listos, ahora solo tienes que hacer tus
movimientos.” —Le comunico a través de mi pensamiento. Sé que él puede
escucharme.
Los pasos inconfundibles de esas personas se dirigen hacia aquí en el
momento justo. Nunca me esperé que después de todos estos años que me
han estado torturando, viniera a visitarme la persona que me encerró.
—Tanto tiempo sin verte. —Me levanto del suelo y camino hasta donde
se encuentra para que mi vista quede a la misma altura del Archiduque—.
Padre.
Hace un rostro de disgusto por mi saludo, mi lengua casi se retuerce por
nombrarlo de esa forma. A diferencia de Saruman, que parece estar viendo
un fantasma de lo pálido que está. ¿Debería jugar un poco con él?
—Saruman, te extrañé. —Esbozo una sonrisa en el rostro mientras
muevo mi mano de derecha a izquierda para saludarlo—. ¿Padre te contó la
verdadera razón por la que asesinó a Carmín o sigues creyendo que tú tenías
la culpa?
—¡Cállate! —grita y levanta su dedo índice para señalarme—. ¡Te estoy
dando la última oportunidad y te recomiendo que no me hagas perder la
paciencia! —vocifera furioso.
—Mi respuesta no ha cambiado ni lo hará, no importa a quién mates o si
me dejas encerrado el resto de mi vida —respondo bien seguro mirándolo
con esa misma confianza a los ojos.
El Archiduque abandonó molesto la cárcel junto a Saruman que le siguió
los pasos como un perro guardián. ¿Tanto miedo le tiene después de lo
ocurrido con Carmín? Descuida hermano, una vez que salga contaré toda la
verdad.
Hoy debe ser mi día de suerte, ya que incorporaron nuevos guardias a
Achodia. Debería ir y saludar a mi ticket de salida.
—Titania —observa incrédula y casi saca su arma cuando se percata que
estoy detrás de ella—. Sí, estoy vivo. Solo me tienen encerrado aquí.
—¿El Archiduque y el Rey te asesinaron? —Sus palabras salieron más
como una pregunta que como una afirmación. Su mirada refleja miedo. Sé
mejor que nadie que mi reputación en la Guardia Oscura es la peor.
—La historia de mi muerte la dejaremos para la siguiente ocasión.
Necesito un favor que solo tú puedes hacer. —No quiero usar mi
manipulación con ella, así que se lo trato de pedir amablemente.
—No puedo sacarte de Achodia —responde tajante dirigiendo su
atención hacia la entrada de la cárcel.
—Eres cercana a Morgana —comento, en su mirada se empieza a notar
la tensión de mis palabras. Soy consciente de que no han hablado desde el
incidente—, necesito que la traigas.
—No sé de qué me hablas. Ella es la Princesa de Asgard y yo soy una
simple Vizcondesa de la Guardia Oscura. —Se muerde el labio porque está
mintiendo. Es tierna, pero desgraciadamente no es mi tipo.
—Titania, es una orden y deberías saber mejor que nadie que ella es un
Turoth peligroso y, desde que te salvó aquel día, está descontrolada —alzo
mi voz para que pueda entender mis palabras, no quiero ordenarle, pero es
un poco terca.
Titania se queda en silencio, resopla y sale corriendo de la cárcel. Una
vez que mi pequeña llegue, tendrá muchas preguntas.
***Titania***
¡Maldito Destan! ¿Cómo es posible que haya estado encerrado todo este
tiempo sin que nadie lo haya sabido? ¿Cuál es su relación con Morgana?
¿Por qué quiere que la lleve ahí?
Las veces que salía con Morgana siempre criticábamos a su padre y
decíamos muchas cosas malas de su reinado. No sé cómo mirarla o cómo
sentirme con respecto a ella. Tampoco entiendo por qué mis pies me
llevaron hasta el palacio o por qué estoy subiendo hasta su habitación.
—Ryukyu, Morgana quedó en entrenar con nosotros. Lleva días sin ir al
entrenamiento —menciono nerviosa, mordiéndome el labio inferior.
—El Príncipe Saruman dio la orden de no dejarla salir bajo ningún
motivo. —Niega con la cabeza cruzándose de brazos.
—¿Puedo entrar a hablar con ella? Hace días que no sabemos de su
condición —miro aplicando las técnicas que nunca funcionan de seducción.
Pone los ojos en blanco y me deja pasar de mala gana.
Morgana está tirada en la cama con sus grandes ojos gélidos, los cuales
tienen ojeras bien marcadas. Entiendo que ella está así debido a cómo
reaccioné el día del accidente, pero no soy buena mostrando mis emociones.
—Titania, ¿eres tú? —Se lanza desde la cama hacia mí mientras llora en
mi hombro—. Pensé que no te volvería a ver.
—Princesa Morgana, Destan la está localizando. —La aparto de mí,
sentándola en la cama. Sé el respeto que hay entre súbditos y Monarcas, y
más en el caso de Morgana que es la hija del Rey.
—¿Cómo sabes de Destan? —pregunta sorprendida, secándose las
lágrimas con un pañuelo que saca de su mesita de noche—. Llámame
Morgana, no quiero que la relación de amistad que hemos construido
cambie.
—¿Cómo no podría saber de Destan? Él es el hijo mayor del Archiduque,
además de ser el Duque de la Guardia Oscura —su rostro de sorpresa habla
por sí mismo, solo se limita a abrir y a volver a cerrar su boca como si fuera
a decir algo, pero permanece en silencio—. ¿En verdad eres un Turoth?
—Lo soy, nací con este poder que solo Destan conoce. —agacha la
cabeza—. Él es un demonio de los sueños que me ayuda a dormir y a
dominar mis pesadillas.
—¿Te ayuda a dormir? Ese no es el verdadero poder de Destan, tienes
que tener cuidado. Él es un hombre peligroso —comento algo preocupada
por sus palabras.
—Lo sé, a ningún simple demonio cazador de sueños lo encerrarían en
un calabozo de máxima seguridad en una ciudad repleta de asesinos de élite
rodeándolo —afirma con convicción y responde con la misma persuasión
—. Yo confío en él, ¿cómo me sacarás de aquí?
—Morgana, esto puede salir mal de muchas maneras. —Todavía no
puedo creer como ella me dijo que confía en él sin siquiera saber su
verdadera identidad.
—Estamos juntas en esto, no te preocupes. —Toma mis manos
esbozando una sonrisa de conquista junto a esos brillantes ojos.
—Tengo una idea, pero te advierto que no es muy buena. —Su mirada
me encandila la vista, tal parece que haría lo que fuese por salir de aquí—.
Introduciré un veneno en tu cuerpo para disminuir tu ritmo cardíaco en
conjunto con mi poder, el cual provocará que te puedas hacer pasar por
muerta. La actividad de varios venenos en tu sistema es perjudicial para ti y
te costará trabajo despertar por ti misma, solo si…—No sé cómo decirle lo
que tiene que hacer para despertar.
—¿Solo si qué? —pregunta con inocencia, me siento culpable de tener
que explicarle.
—Destan deberá despertarte. —Mis mejillas se sonrojan y tengo que
desviar la mirada de ella—. Lo descubrirás una vez que estés con él.
Morgana me observa interrogativa. No tengo manera de expresar lo que
deben realizar para despertarla.
Tomo la daga que guardo en el cinturón de mi pierna derecha, corto mi
mano izquierda y cojo un vaso de su mesita de noche donde vierto mi
sangre. Le entrego el vaso y lo bebe sin dudar. Hago una señal para que se
acueste en la cama. Grurea sale por la ventana con su guadaña. ¡Qué
cerbero tan extraño!
—Aquí vamos. —Compruebo su pulso, el cual ha disminuido
considerablemente—. ¡Ryukyu, Morgana se desmayó de repente y no tiene
pulso! —Si hay una cosa en la que soy mala, es actuando. Espero que esto
funcione.
Ryukyu invade la habitación, la examina con cuidado y me lanza una
mirada sospechosa apartándome de ella.
Lo siento, Ryukyu.
Con la palma en posición horizontal, le doy un golpe en la parte baja de
la nuca, pongo un incienso para hacerlo dormir más tiempo y salgo con
Morgana cargada en la espalda.
¡Es liviana! ¿Qué comerá esta princesa?
Salto por la ventana para llamar a mi quimera e ir lo más rápido que
pueda a la cárcel de Achodia. No debe estar mucho tiempo con el veneno o
moriremos todos.
Cuando estoy llegando a la entrada de los calabozos, me percato que los
guardias de Saruman están custodiando el acceso.
—Yo me encargo —dice Rince acercándose silenciosamente por mi lado
izquierdo—. Tú lleva a Morgana a su destino.
No entiendo esta situación ni creo tampoco querer comprenderla porque
ni yo misma tengo una respuesta de por qué estoy haciendo este tipo de
cosas por ella.
Entro a Achodia y me dirijo a la zona baja de la Torre. Grurea se encargó
de los guardias por lo que veo. Una vez que llego a la puerta que conduce a
la celda de Destan, Grurea toma a Morgana y la lleva hasta dentro.
Cuando Grurea regresa, se sienta en guardia a mi lado en la entrada de
acceso a la parte exterior del calabozo.
¿Cómo fue capaz Destan de entenderse con un cerbero? Debe ser otro de
esos talentos ocultos de él.
Capítulo 8: Escape
***Destan***
—Grurea, ¡bien hecho! —Acaricio su cabeza y ronronea en mi mano—.
Cuando Titania llegue asegúrate que nadie nos interrumpa, debes cuidar la
puerta.
Sentimos la presencia de las chicas y Grurea sube a buscar a Morgana.
Con mucho esfuerzo la trae mordiéndole la ropa dejándola lo más cerca que
puede a mi celda. Después debo darle muchos mimos a ese cachorro, se lo
merece.
—Lo siento, Morgana. Debo usar tu sangre —confieso mientras beso su
frente.
Corto su muñeca y gotea su sangre por la cuchilla de la guadaña. Esta
herramienta se alimenta de su magia por lo que debe ser suficiente para
romper la barrera. Sacudo el arma dando un corte vertical, el humo se
dispersa quedando barrotes de hierro que fácilmente rompo con las manos.
Cargo a mi pequeña en brazos, la siento arriba de mi regazo con la mirada
hacia la mía y clavo mis colmillos en su cuello. El olor y el sabor de su
sangre me embriaga.
Es hora de que despiertes, mi dulce Morgana.
Entro a su sueño, de nuevo las pesadillas a causa de su poder. No sé
cuánto tiempo más pueda contener lo que está naciendo dentro de ella, su
magia está empezando a superar a la mía.
Ahí está mi Princesa, encerrada en su propia mente llorando.
—Ven aquí, Morgana. —Le ofrezco mi mano y la sujeta—. Es hora de
volver a casa.
Llevo tanto tiempo entrando a sus sueños que no me es difícil
encontrarla. No obstante, el veneno de Titania sigue regado en su sangre,
me tomará un poco más de tiempo extraerlo por completo.
Presiono mis colmillos contra su cuello para succionar la toxina, hasta
finalmente eliminar todo el residuo.
—La próxima vez no hagas algo tan peligroso para venir a verme —
susurro cerca de su oído y abre los ojos.
Mi boca está a una mínima distancia de su cuello. Debo alejarme antes de
que la sed contenida aparezca. Morgana agarra mi cabeza presionándola
contra su vena cava superior.
—Lo siento, Morgana —expongo, clavando mis colmillos lo más
profundo que puedo.
Suelta un grito de dolor. Una de mis manos le sujeta la cabeza mientras la
otra se desliza por su cintura hasta llegar a su trasero. Extraigo mis
colmillos de su cuello lanzándola de espaldas al suelo y desciendo hasta su
pierna. Introduzco con fuerza mis caninos en su muslo, siento que se moja y
libera un gemido.
La gran mayoría de mi energía se ha recuperado. Dejo de morderla y
tomo asiento con la espalda apoyada contra la pared. Ella se incorpora sobre
sus piernas clavándome la mirada.
—Destan, ¿quién eres? —pregunta con dureza sin quitar ni un segundo
su rostro del mío—. Quiero saber por qué soy tan importante para ti.
—¿No puedes ser importante porque eres linda y especial? —Evado sus
preguntas tanto como puedo.
—Destan, me voy, fue un error venir aquí. —Se pone en pie dándome la
espalda, está decidida a irse, ¿de quién sacó ese carácter tan terco?
—Morgana, espera —mira de reojo con mala cara—. No siempre la
verdad es aquello que deseas escuchar, ¿aún así quieres saberla?
—Sí.
—Mi nombre es Destan Constant, primogénito del Archiduque —suspiro
porque sé cuánto me va a costar contarle todo—. Supongo que eso ya lo
sabes. Comenzaré desde el principio entonces.
—Adelante —contesta cruzándose de brazos.
» La historia inicia desde la niñez de nuestros padres, mi madre Brigitte
creció como la hija adoptiva de los Reyes de Asgard, ya que el viejo
Erudito había declarado que la antigua Reina no iba a poder tener hijos. Ella
conoció a tu madre debido a que, al igual que mi madre, ella tenía su
destino sellado como próxima Regente de Asgard. Tu madre, Kaia, con su
talento, curó a la antigua Reina permitiendo que tuvieran un hijo. Por lo que
todo el Reino de Asgard se llenó de felicidad al conocer la noticia de su
heredero, menos mi padre. Todos sus años de arduo entrenamiento se vieron
frustrados por tu madre. El tiempo pasó y tu padre fue bendecido por los
cielos con sus creaciones inusuales, ganándose la confianza de todos para
ser el siguiente Rey. La pasada Asteria se realizó en Nifheim, la ciudad
natal de tu madre. Todos los jóvenes concursantes se reunieron para decidir
al futuro sucesor. Tu padre era el favorito para ganar, pero mi padre
confiaba en su adiestramiento.
—Esa historia la conozco, mi padre ganó y se casó —expone tan simple
que parece perfecto.
—Mi Princesa, esto acaba de comenzar. —Acaricio su cabello, cuidando
no revelar de más.
» Eliphias nunca había tenido la oportunidad de reunirse con ninguno de
los otros príncipes, por lo que no conocía a nadie. Al llegar a Geolentis,
donde se estaba realizando la Asteria, se perdió en la gran ciudad, ya que no
creyó necesario que hubiera que acompañarlo. El destino es algo complejo
y juega malas pasadas. Tratando de encontrar el camino, una joven y
preciosa dama le brinda ayuda. Era Kaia, se había escapado del palacio
como tú solías hacer, y se encontró con Eliphias. Desde el primer momento
que se vieron se enamoraron. Mi padre nunca culpó a tu madre por ayudar a
la Reina de la Luz a tener un hijo. Su amor fue tan fuerte que se casaron en
secreto. Los dos se amaban tanto como para cambiar el mundo. Pero, como
ya sabes, la suerte de una persona tiende a cambiar. Mi padre perdió contra
tu padre en la Asteria. Eliphias le rogó a la antigua Duquesa de Nifheim que
recapacitara y le dejara hacer oficial su boda con Kaia, pero ella no lo
permitió. A mi padre lo obligaron a casarse con Brigitte y a Kaia con Jalil.
—¿No te has dado cuenta de que Evan y yo tenemos la misma edad? —
cuestiono tratando de que comprenda el gran secreto que estoy a punto de
confesar.
—Destan, Evan tiene veintiséis años, es menor a ti —responde con
seguridad moviendo la cabeza hacia un lado.
—Evan nació antes que yo, Kaia estaba embarazada de Evan antes de
casarse con tu padre. Sin embargo, tu madre nunca ha revelado el secreto.
Un tiempo después nací yo. Mi padre sintió tanto dolor al perder a tu madre
y que ella tuviera un hijo tan pronto de dejarlo que centró toda su ira y
desesperación en hacerme Rey en la siguiente Asteria. A los pocos años de
nacer tu hermano, el médico imperial le dijo que su poder prohibido del
destino podía traernos el caos a todos. Tu padre decidió no creerlo y lo dejó
vivir; Eliphias, debido al gran amor por tu madre, no estuvo en contra de la
decisión de tu padre.
—¡Espera! —Su rostro refleja confusión—. ¿El Archiduque no está al
tanto que Evan es su hijo?
—Déjame terminar, Morgana. —Asiente—. Mi padre creyó que el
destino lo había vuelto a castigar debido a que a los ocho años todavía no
había desarrollado mi poder. Saruman a pesar de ser menor, mostraba gran
talento en la magia. Eliphias concentró su atención en él, tratando de
enseñarle todo lo que no me había podido enseñar a mí. Se puede decir que
mi padre me abandonó por no tener poderes. A los diez años, se me
encomendó ir solo a una misión en Nifheim. Debía matar a una persona y
robarme un libro para mi padre.
—¿Mataste a una persona con diez años? —Su cara de terror hace
aparición y sus ojos se llenan de lástima.
—No. Cuando asesiné a alguien por primera vez, tenía cinco años. —Las
lágrimas brotaron de sus ojos—. Esa persona me hizo prometerle una sola
cosa.
—¿Qué te hizo prometerle?
—Me dijo que él me daría ese libro para protegerlo y que no permitiera
que cayera en las manos del Archiduque.
—¿Él no sabía que el Archiduque era tu padre?
—Si lo sabía. Fue él quien me contó de Evan y me habló de mis poderes.
Esa persona era el antiguo Duque de Midgard. El libro que mi padre me
mandó a robar es el llamado «El Libro de la vida». Aunque esa persona
falleciera, su alma viviría dentro del libro y continuaría escribiendo.
—¿Y qué tiene de especial este libro? —Vuelve a interrumpirme. A este
paso, nunca me va a dejar terminar de contar la historia.
—Eres una persona desesperada, permíteme concluir. —Asiente con
molestia revirando los ojos—. «El Libro de la vida» contiene información
detallada de cada persona de los distintos Reinos: quiénes son sus padres,
sus poderes, rango, requisitos para conjurarlos, y debilidades.
—Por eso es por lo que sabes cuál es mi poder. —No es por eso, pero eso
todavía no puedo decírtelo.
—El Duque me explicó qué significa ser un prohibido, ya que él era uno.
Después de explicar todas esas cosas, se suicidó delante de mí,
confiándome el libro y que tú serías la última en nacer. —No es eso
precisamente lo que pasó, pero es mejor que quede de esa manera en su
memoria—. Él me pidió que te buscara y te protegiera, y yo le prometí que
lo haría. —Su rostro se sonroja.
—No sabía que había personas que se preocuparan así por mí. —Nunca
he olvidado tu sonrisa, ni todo lo que te prometí.
» Cuando regresé de la misión, mi padre me exigió el libro. Mentí,
afirmando que el Duque se había suicidado, quemándose junto con el libro
cuando se enteró que íbamos a por él. Mi padre no me creyó, así que mi
único remedio era contarle de Evan. Cuando escuchó la noticia, fue
corriendo hacia Asgard a buscar a Kaia y preguntarle si era verdad. Ella no
tuvo más remedio que contarle todo y mi padre estaba tan feliz que viajaba
casi todo el tiempo a ver a Evan. Jalil nunca sospechó nada, pero mi madre
no era así, por lo que decidió ir en busca de la verdad. Kaia, creyendo que
Brigitte era su amiga, se lo contó. Mi madre ya le había perdonado a mi
padre su amorío con la madre de Rince. Su mente no pudo aguantar la
noticia de que su hermana de crianza y su esposo tuvieran un hijo. Mi
madre me abrazó por última vez antes de dormir, se fue a su habitación y al
otro día por la mañana se suicidó. Yo culpé a mi padre por eso y me encerré
en mi habitación por mucho tiempo. A tus tres años se nos invitó a una
fiesta que hizo tu padre en Asgard, a la cual asistí. Eras tan tierna, y recordé
las palabras del Duque sobre cuidarte. Descubrí que el nuevo propósito de
mi vida era ser Duque de la Guardia Oscura para protegerte y estar cerca de
ti. Mi poder después de la muerte de mi madre fue apareciendo poco a poco
y cobrando fuerza. Mis misiones implicaban matar a personas y comencé a
desarrollar una sed de sangre, pero la controlé.
—Todo empeoró cuando Carmín fue a una misión en Midgard. —
Morgana levanta la mano en señal de permiso—. Dime, Morgana.
—Titania me contó de esa misión y el por qué ella fue encerrada aquí.
—¿En serio piensas que mi padre se enfureció porque ella no mató a unas
criaturas oscuras y por eso la encerró con los Turoth? —Me mira pensativa.
—¿No? —pregunta interrogante.
—Pues no.
» Carmín tenía la misión de buscar la tumba del antiguo Duque y traer
sus restos. La encomienda de las criaturas fue una tapadera. Carmín no
encontró los restos porque los había cambiado hacia un lugar seguro. Ella
me encubrió, alegando que el lugar se había destruido. Creamos una ilusión
entre los dos para mostrarle a Eliphias. Creíamos que había funcionado,
pero mi padre descubrió todo, me buscó y arrastró a prisión. Saruman y
Carmín intentaron rescatarme, eso hizo que la furia de mi padre fuera
mayor y para obligar a Saruman a que lo obedeciera, encerró a Carmín aquí
en una celda. La iba a dejar unos días, pero después supo que ella colaboró
conmigo en la ilusión y, para empeorar la situación, se enteró de su amorío
con mi hermano. Mi padre abrió las demás celdas y la dejó encadenada
dentro. Los hambrientos Turoth la violaron una y otra vez. Yo no podía salir
de esta prisión, solo podía escuchar sus gritos pidiendo ayuda y Saruman
me culpó por no hacer nada.
—Antes de morir, Carmín me pidió dos cosas. —Trato de respirar, nunca
es fácil contar todo eso, aunque omito varias cosas que ella aún no debe
conocer y, por su bien, es mejor que nunca las sepa.
—¿Te notan cara de una persona que cumple con su palabra? —dice en
tono de burla, creo que intenta aligerar el ambiente.
—Eso parece, que no le contara a Saruman la verdadera razón por la que
mi padre enloqueció y que le borrara a Saruman los recuerdos de ella. No
quería que la recordara así, no obstante, solo pude cumplir una.
—Entonces te tienen aquí encerrado pidiendo la localización del libro,
¿no es así?
—Sí. —Finalmente acabé, siento que liberé un peso de los hombros.
—No entiendo la historia de que mi padre y tu padre te asesinaron. —Es
más inteligente de lo que imaginé.
—Pensé que no te percatarías de eso —suspiro, estoy cansado de hablar
tanto—. Cuando Carmín asumió la culpa por mí, ya yo había despertado
gran parte de mi magia y me enfrenté a mi padre, en aquel entonces no lo
pude superar y me atrapó. Le pidió a Jalil que declarara que habían acabado
con una gran Turoth e hizo que todos poco a poco se olvidaran de mí.
Reformó mi celda para que no pudiera salir y construyó estas esposas para
que yo no pudiera usar mis poderes.
—Cuando entras en mis sueños, ¿no es por tus poderes?
—Sí lo es. Las cadenas se empezaron a debilitar con el tiempo y que
estuvieras en Hel hizo mucho más fácil comunicarme contigo. Ahora
finalmente puedo escapar de aquí.
—¿No le vas a contar a Saruman todo lo que hizo vuestro padre? —
pregunta con interés.
—Aunque le diga, nada va a cambiar. Saruman no se atreve a ir en contra
de nuestro padre.
—Ya veo. —Sus cachetes se empiezan a sonrojar, parece que va a
preguntar algo incómodo—. ¿Por qué justo ahora me mordiste?
¡Mierda! ¿Qué espera que le responda?
—Tu sangre huele bien. Además, tenía hambre. —Creo que es la mejor
respuesta. Sus mejillas se siguen enrojeciendo, por lo que intuyo que va a
seguir añadiendo cosas embarazosas.
—¿Por qué no te has acostado conmigo? —¡¿En serio me acaba de hacer
esa pregunta en este momento?! Me llevo las manos al cabello y lo
despeino.
—Se acabaron las preguntas. —Le acaricio la cabeza.
Morgana se acerca y deja un beso en mi mejilla con delicadeza. Fue tan
tierno, que la atraigo hacia mí y la abrazo.
—Destan, sé que no quieres que te haga más preguntas, pero ¿cómo
planeas salir de aquí?
—Morgana, me iré cuando comience la Asteria. —Su expresión se torna
melancólica, y aprieta una de mis manos con firmeza.
—¿Me dejarás aquí? —Sus ojos se llenan de lágrimas y una traicionera
cae por su rostro.
—No llores, mi Princesa. —Seco su lágrima con delicadeza, acariciando
su rostro con mis manos—. Cuando escape seré un criminal, y tú dentro de
poco te casarás con Saruman y serás la siguiente Reina de Asgard. Lo mejor
es que regreses a la Ciudad de la Luz y no desarrolles más tus poderes.
—Saruman me dijo que no quiere casarse conmigo. Si gana la Asteria va
a romper el compromiso. Le prometí que lo ayudaría a hacerlo. —Su
hermosa cara hace que tenga deseos de comérmela a besos para que se
olvide de todas esas cosas.
—Tranquila, Saruman dijo esas palabras antes de conocerte. —Mueve su
rostro hasta quedar a mínima distancia de mis labios dándome un casto beso
en ellos.
—Yo quiero irme contigo. Te estaré esperando.
Se levanta y camina hasta la puerta para irse. Sé que no puedo llevarla
conmigo. Ella debe regresar al Reino de Asgard y olvidarse de desarrollar
sus poderes.
—¡Morgana! —grito y regresa—. Tú no mataste a aquel Turoth, fue
Saruman quien le dio el último golpe. Morgana, trata de no despertar
completamente.
—Destan, contigo a mi lado no sucederá. Todavía no me has dicho por
qué soy tan importante, como tú mismo dijiste: ¿quieres que crea que te
enamoraste de una niña de tres años y por eso me convertí en tu razón de
vivir? —pregunta elocuente haciendo que sonría, ella sí que me sorprende.
—Morgana, tú eres la única que puede matarme, por eso eres tan
importante. —Supongo que ella no entiende eso todavía, pero solo un
Turoth de mayor categoría puede matar a otro.
—¡Qué buena noticia! Entonces tu vida me pertenece, tendrás que
pedirme permiso para todo, ¡así que no escapes! Me voy antes que Ryukyu
despierte. —guiña el ojo y cierra la puerta.
Río para mis adentros. Creció para convertirse en una mujer increíble,
Gran Duque, no tienes de qué preocuparte: Me aseguraré de que tu hija
esté a salvo.
***Titania***
Morgana sube por las escaleras, Grurea la mira y empieza a mover su cola.
Es gracioso ver como un cerbero actúa como una mascota dócil.
—Ya terminé —explica andando como si nada hacia la puerta principal.
—¡Morgana, no podemos salir por la puerta principal! —La sostengo
cuando recuerdo a los guardias.
—¿Por qué no? —Dobla su cabeza en señal de interrogante. Ella de
verdad que no se da cuenta de nada.
—Porque afuera hay un ejército de soldados esperando por nosotras —
comento tratando de hablar en voz baja.
—Está bien. No temas, nadie te va a poner un dedo encima. —Sale por la
puerta principal acompañada de Grurea.
La persigo y salimos, Rince se encuentra rodeado por soldados. Cuando
todos se percatan de nuestra presencia dudan si atacar. Ryukyu aparece y se
pone delante de ellos, Morgana da un paso al frente.
—A partir de este momento, Titania es mi guardia personal. ¡Quien se
atreva a tocarla le arrancaré el cuello sin titubear! —Saca su guadaña y
todos comienzan a retroceder—. Liberen a Rince, él viene conmigo.
Titania, agárralo.
Nos dirigimos hacia los dormitorios, el lugar está revuelto por la
presencia de Morgana. Ella siguió caminando hasta el dormitorio de los
chicos sin que nada la detuviese. Cuando estamos delante de su habitación,
Morgana toca la puerta.
—¿Quién es? —pregunta Lotán desde el otro lado de la puerta.
—Morgana, ¿pueden abrir? Necesito hablar con los dos.
Capítulo 9: Aliados
***Titania***
Dzahui se apresura en abrir la puerta, arregla un espacio para que Morgana
se siente con su porte de Reina suprema y acuesta a Rince en la cama de
uno de ellos.
¿Qué le estará pasando por la cabeza a esta mujer? No encuentro lógica
en su pensamiento.
—Grurea, vigila la puerta. No quiero a nadie cerca. —Acaricia la cabeza
de su cerbero y este se va a su tarea. La verdad es que este cerbero obedece
cualquier cosa que ella dice—. Voy a fugarme durante la Asteria.
—Princesa, ¿está segura? ¿Y su matrimonio con el Príncipe Saruman? —
pregunta Dzahui preocupado y confundido por lo que está diciendo
Morgana.
—Nosotros solo estamos comprometidos por decisión de mi padre.
Tenemos nuestro plan acerca de ese tema. No obstante, vine porque quiero
que sean parte de mi séquito personal —suelta sin más haciendo que todos
los presentes nos miremos boquiabiertos.
—¿Por qué nosotros? —cuestiona Lotán cruzándose de brazos,
acercándose a Morgana.
—Porque me gustan y los considero mis amigos —afirma con la mayor
sinceridad que puede expresar.
—¿Cómo nos puede considerar sus amigos después de habernos ocultado
tantas cosas? —explota Dzahui levantándose con fuerza de su silla.
—¿Qué es lo quieres saber? —demanda Morgana, causando que los
chicos continúen más incómodos con la situación—. Pueden preguntarme
lo que quieran, hoy les contaré todo. Si después de contestar sus preguntas
no confían en mí, cuando escape puedo dejarle una nota a Saruman para
que los perdone y los agregue a su ejército.
—Yo quiero seguirte —añade Rince adolorido desde la cama—. Conozco
a Morgana desde pequeños y si tiene una razón para hacer algo, no dudaré.
—Princesa, en caso de que fuéramos junto a usted, ¿cómo sabemos que
no nos matará? Después de todo, usted es un Turoth —expone Dzahui sin
preámbulos. ¿Cómo se le ocurre hacerle esa pregunta tan descortés?
—No pueden saberlo, ni siquiera yo soy capaz de saber si puedo matar a
alguien —responde con esa sinceridad que le caracteriza—. Lo único que
les puedo prometer es que solo levantaré mi espada para matar a quienes
lastiman a las personas que quiero.
—Si verdaderamente esas son tus palabras, Lotán y yo te seguiremos —
contesta Dzahui acercándole su mano para estrecharla—, pero si algún día
no las cumples … —Morgana lo interrumpe.
—No va a llegar ese día, porque si llega, yo misma me cortaré la
garganta sin parpadear —confiesa con dureza en sus palabras. Nunca pensé
que ella pensará así de sí misma. Saruman me dijo una vez que era una
princesa delicada—. Titania, te toca responder. No es un secreto para nadie
que tú amas a Saruman. —Las miradas recaen en mí provocando que me
avergüence—. No me molestaré si decides seguirlo.
—¿Puedo tener tiempo para pensarlo? —Ahora mismo no quiero manejar
más emociones innecesarias de las que ya tengo.
—Claro. Tienes tres días hasta que comience la Asteria.
Abandonar la Guardia Oscura es un suceso que ninguno de nosotros nos
habíamos planteado alguna vez. No quiero irme y abandonar a Carmín aquí.
Soy consciente de que mientras Saruman viva, sus restos permanecerán a
salvo.
—Una cosa antes de irme. —Morgana nos mira molesta—. No me
llamen Princesa, nunca me ha gustado. Antes no tenía poderes y siempre
hacía cosas mundanas en el palacio. Quiero que me llamen por mi nombre,
Morgana.
—De acuerdo —contestamos todos.
—Rince se queda aquí con ustedes dos. Es el lugar más seguro.
Me hace un gesto para que nos vayamos. La sigo y caminamos en
silencio durante todo el viaje. Cuando estamos llegando al castillo, se gira
para preguntarme.
—¿Te quedarás con Saruman a pesar de que él no se casará contigo por
más que te quedes? —cuestiona sin escatimar palabras mientras sus ojos me
examinan con fuerza.
—Eso nunca lo sabremos —respondo ilusionada. ¡Como si eso fuera a
pasar! El Archiduque tendría que estar muerto primero.
—Titania, yo siempre voy a ser sincera contigo. Si Saruman se convierte
en el siguiente Rey de Asgard, tú no podrías ser Reina —esa oración llega
al fondo de mi alma causándome gran dolor—. Tu poder no es beneficioso
ni atractivo para el público real. No aguantarás el entrenamiento imperial,
además de que el Archiduque te matará.
—Morgana, no creo que debas meterte en mis decisiones —contesto
incómoda poniendo un límite entre nosotras.
—Me preocupo por ti. Yo he vivido toda mi vida en el palacio. No
quisiera que nadie pase por lo que viví. —Mira hacia el cielo soltando un
largo suspiro—. Yo desearía nunca regresar a Asgard.
Sus palabras hicieron un hueco en mi corazón. Tantas preguntas
surgieron en mi mente, ¿cómo una princesa puede no querer regresar a su
ciudad natal? ¿Qué fue lo que le hicieron que la llevó a tomar esa decisión?
¿Cuáles son todas estas disciplinas de las que habla?
—Voy a apoyar cualquier decisión que tomes. —Me abraza sonriendo
con amor—. Si quieres ir con Saruman, te enseñaré a colarte en el palacio
para que puedas verlo.
Cada acción que ella realiza me confunde más que antes. ¿Ahora me
apoya?
Una vez frente a su habitación, me observa una última vez agregando:
—Titania, a partir de mañana debes escoltarme todo el tiempo. Llega
temprano, los horarios de la comida real son insoportables —explica
dejándome la responsabilidad a mí.
—Está bien. Mañana la recojo temprano.
***Destan***
En una habitación oscura en lo alto del castillo de Hel, se encuentra
Saruman reunido con el Archiduque.
—Padre, ¿por qué me escondió todos estos años que Destan estaba vivo?
—demanda con tristeza cerrando su puño con furia.
—Durante muchos años pensé cómo matarlo, pero nunca he logrado
encontrar lo que me debe. —Evade su pregunta sin importar lo que su hijo
favorito le está pidiendo.
—¿Qué es aquello que Destan le debe, Padre? —interroga desconcertado
acercándose a la mesa donde se encuentra el Archiduque.
—Un tesoro, se le llama el «El Libro de la vida». Debo tenerlo al costo
que sea necesario.
—Padre, disculpe mi rudeza —Hace una reverencia—, considero que, si
usted lo saca de prisión, él le confesará dónde está.
—¡No te atrevas a criticar mis decisiones! —grita el Archiduque
golpeando la mesa de su estudio.
—Perdóneme, padre. —Saruman se arrodilla en señal de súplica.
—¡Vete, antes de que cambie de opinión y lo acompañes!
Saruman abandona la habitación. Sus dudas acerca de la razón del
Archiduque para tenerme encerrado y por qué lo ocultó durante tantos años,
retumban en su cabeza. Ryukyu hace su aparición contándole lo sucedido
con Morgana en Achodia. Saruman se marcha a la torre, ya que está
decidido a conocer la verdad.
***
—Sabía que vendrías, mi pequeño hermano —comento cuando veo su
figura delante de mí. Ha crecido desde la última vez que lo vi.
—Destan, quiero la verdad —insinúa, sentándose en el piso delante de mi
celda.
—Eso quieren todos. Tu prometida me realizó la misma pregunta.
—Si tú no hubieras aparecido en sus sueños, ella no habría tenido que
buscarte. —Es algo que nadie va a evitar, debía verla, aunque fuera una
última vez.
—Era necesario, pero tú no lo entenderías. Así como yo no entiendo por
qué no quieres casarte con ella. —Saruman debe casarse con ella, yo no
puedo protegerla de todo lo que se avecina.
—Destan, no debo darte explicaciones. Eso es un tema entre Morgana y
yo —Su rostro incómodo hace su aparición. Así que debe tratarse de
Carmín.
—Carmín ya murió. Incluso después de muerta, ¿quieres cumplir la
promesa de que sea la única mujer en tu vida? Morgana es una hermosa
mujer, inteligente y preparada para la vida de Reina. Te ayudará tenerla a tu
lado.
—Lo sé, pero ella quiere ser libre. Nunca le ha gustado la vida en el
palacio y mientras nuestro padre viva, —Desvía su mirada hacia sus manos
y las entrelaza con fuerza—, su vida correrá peligro. —Hace una pausa—.
¿Qué es el «El Libro de la vida»?
—Tan directo como siempre. Padre no te habló de él, ¿verdad? —Niega
con la cabeza y me acerco a él—. Ese libro contiene toda la información de
los ciudadanos de cada Reino. Desde su árbol genealógico hasta sus
poderes, debilidades y todo tipo de detalles importantes. —Su expresión
cambia a sorprendido e intenta mantener la calma de lo que escucha—.
Padre quiere ese libro para matar a Jalil y abolir el actual sistema de rangos.
—No creo tus palabras, Padre no mataría a Jalil. —Es todo demasiado
nuevo para una persona tan desconfiada como él.
—Carmín murió protegiendo el libro —Mi voz sonó seria y concisa—.
Titania sabe dónde se encuentran sus restos, lleva a Morgana hacia ellos. —
Tarde o temprano deben descubrir la verdad—. Solo de esa forma podrás
hablar con ella.
—Volveré.
Se marcha sin mirar atrás.
¿Qué harás cuando descubras todos los planes oscuros que tiene Padre?
¿Qué reacción tendrás cuando veas una vez más a Carmín? Mi pequeña, te
he encomendado una responsabilidad muy grande.
Capítulo 10: Respuestas
***Titania***
Debo ver a Destan, solo él puede resolver mis dudas. Me levanto de la
cama dirigiéndome a la torre donde él se encuentra. En la trayectoria, me
encuentro con Saruman.
—Buenas noches, Príncipe Saruman —saludo educadamente haciendo
una reverencia.
—Buenas noches, Titania. Escuché que ahora formas parte del séquito de
Morgana. —Percato cierto interés en sus palabras.
—Terminó de esa manera —respondo nerviosa, es la primera vez que él
me hace ese tipo de interrogantes.
—¿Tienes guardia esta noche? —pregunta examinándome de arriba hacia
abajo.
—Sí. No. Disculpe. Tengo que hacer inventario en la armería —miento,
¿cómo puedo estar tan nerviosa de hablar con él? Ni siquiera puedo mirarlo
a los ojos.
—¿A esta hora? —Me invade su voz sorpresiva, levanto la vista hacia él
—. No importa. Necesito que me lleves mañana a la tumba de Carmín.
—¿A la tumba de Carmín? —repito por si no entendí bien sus palabras y
asiente con la cabeza—. Esta es la primera vez desde su muerte que la
visita, ¿a qué hora le vendría bien? —Estoy asombrada y, en cierto modo,
triste.
—Tan pronto amanezca, y lleva a Morgana.
Saruman se va dándome la espalda. ¿Debo llevar a Morgana? ¿Acaso se
la va a presentar a Carmín?
Morgana tenía razón en todo lo que me dijo. Saruman nunca va a aceptar
a alguien como yo para ser su futura Reina. Me duele el pecho, no puedo
evitar que las lágrimas corran. Este sentimiento de decepción es nuevo,
nunca me había sentido así. Cuando depositas tu esperanza en una persona,
es doloroso cuando se convierte en una decepción.
Ahora no es momento de llorar. Tengo que llegar hasta donde está
Destan.
Atravieso las dos estatuas de la torre, sus guardias me permiten la
entrada. Camino recto hasta el final de la habitación. La puerta que guía
hacia las escaleras está abierta, así que es posible que Saruman haya salido
de aquí. Desciendo las escalinatas y lo encuentro sentado en el piso. Se
encuentra lleno de cicatrices, sus heridas recientes se han empezado a curar.
Debe haber bebido una gran cantidad de la sangre de Morgana para poder
restablecer su energía a tal nivel. Supongo que todo es diferente cuando eres
virgen.
—Destan, soy Titania, ¿puedo hacerte unas preguntas? —demando con
cierto nervio en la voz acercándome a él.
—Sigues controlando terriblemente mal tu poder —dice acercándose a
los garrotes de la celda—. ¿Qué quieres saber?
—Necesito saber la verdad —menciono seriamente reuniendo todo el
coraje necesario para preguntarle lo que escondo dentro de mí.
—¡¿Otra más?! —Hace una mueca en su rostro—. Perdona, eres la
tercera persona que viene en el día de hoy a decirme lo mismo. ¿Entonces?
—Mueve su cabeza para que le responda.
—¿Debería quedarme en Hel o irme con Morgana? —En dependencia de
su respuesta actuaré.
—Titania, solo tú puedes saber esa respuesta —miro en señal de ayuda,
no puedo decidir sola—. El siguiente Archiduque no sabemos quién será,
todo puede cambiar. Si quieres seguir a Morgana, hazlo. Saruman está
decidido a renunciar a enamorarse de nuevo.
—No me refería a él. —Arquea su ceja mirándome con certeza, ¿por qué
olvide que puede leer las mentes?
—Titania, puedo saber lo que los demás piensan. ¿Recuerdas?
—Es cierto. Tu poder tiene muchas aristas, no obstante, la gran mayoría
de él es un secreto para todos. Nunca nadie te ha visto usarlo. —A Destan
se le conoce como uno de los guerreros más poderosos y temidos.
—No obtendrás información sobre eso. No pienso mostrar mi poder
todavía —contesta molesto—. Titania, mañana Saruman va a descubrir una
de las cosas más dolorosas de su vida. Va a necesitar el apoyo de todos.
—¿A qué te refieres? —No entiendo a donde quiere llegar diciéndome
eso, ¿qué tiene que ver visitar a Carmín?
—Escuché que mañana van a visitar la tumba de Carmín. La razón de
asistir juntos Morgana y él, es porque ella puede abrir un portal entre el
mundo de los vivos y los muertos. —Lo miro atónita. ¿Esa niña en verdad
posee esa clase de poder?—. Con la ayuda de Grurea puede estar conectada
el tiempo suficiente para encontrar a Carmín y que les responda las
preguntas que él necesita saber. —Muestra un rostro triste.
—¿Eso es algo bueno? —La incomodidad me invade, aquí hay algo que
no huele bien.
—Titania, la verdad que ocultan las personas no siempre es algo
indulgente de escuchar. Si está enterrada es porque su existencia no es
buena de conocer. A veces, esta puede destruir tu corazón.
***
Sigo más confundida de lo que estaba. ¿Carmín tenía secretos que no quería
que Saruman supiese? ¿Qué relación tenían Carmín y Destan? Todo se
vuelve más confuso ahora.
No pude pegar ojo en toda la noche, ahora debo apresurarme para
despertar a Morgana. Ryukyu me pasó su itinerario de palacio. Hay 154
leyes de etiqueta que se deben cumplir.
¡Qué horror! Debe asistir adecuadamente vestida al desayuno real junto
con el Archiduque y los Príncipes, no debe llegar tarde y siempre debe tener
el cabello recogido. ¡Tres reglas para el desayuno!
—“Tú no podrías ser Reina.”
—“Yo he vivido toda mi vida en el palacio. No quisiera que nadie pase
por lo que viví.”
Las palabras de Morgana resuenan en mi cabeza. La vida de Princesa es
difícil, lo entiendo, ¿pero por qué sigo pensando en ello?
Una de las reglas de palacio es que los escoltas personales deben vestir
formal, por lo que Ryukyu me envió la ropa. Me pongo la casaca de lana
oscura, pantalones azabaches y unas botas hasta la rodilla. Ato mi cinturón,
coloco mis armas, recojo mi cabello en una coleta y me ubico el embozo.
¡Finalmente estoy lista!
Corro hacia el palacio debido a mi tardanza. La vez pasada no me había
fijado, pero el castillo es siniestro, incluso más que Hel. Las habitaciones
tienen cortinas oscuras hasta el piso, figuras de armas por todos los lados y
cuelgan candelabros del techo con figuras de gárgolas. La posada donde nos
quedamos los guardias es diferente. Los alojamientos están hechos de
madera clara, con banderas en forma de triángulos rojos colgados por todo
el comedor. Las ventanas son altas, claras, y se puede vestir con ropa
informal.
A Morgana le debe haber costado trabajo adaptarse a la vida en Hel.
Subo la escalera y estoy parada delante de su habitación. Toco la puerta.
—¿Me ayudas con el vestido? —Abre la puerta mientras me pregunta.
Morgana lleva un largo vestido negro opaco, de mangas largas y con
cuello de tortuga. Su pelo está hecho un caracol. Nunca me había fijado
antes pero su figura es hermosa: es delgada y de piel blanca como la nieve,
sus ojos parecen cristales y su pelo rojo hace que tenga un contraste
precioso. Le subo la cremallera trasera del vestido.
—¿El collar lo llevarás puesto? —pregunto debido a que lleva un collar
con un árbol pequeño de color oro brillante que destaca por arriba del
vestido. Es precioso.
—¿Te refieres a este? Sí. Nunca me lo he quitado, he tenido cuidado de
que nadie lo vea —sonríe—. Este colgante me lo dio mi madre cuando me
fui de casa. Dijo que es una herencia familiar.
—Es único y bello. Debemos apresurarnos, Princesa. —Hace una mueca
de molestia—. Dentro del palacio la llamaré así.
—Solo dentro del castillo. Vamos.
Llegamos tarde al comedor. El Archiduque me fulmina con la mirada,
Rince y Saruman inclinan la cabeza. Todos se sientan a comer y yo me
detengo al lado de Ryukyu, notando que Morgana apenas toca la comida,
Saruman la mira en señal de que coma más y ella niega con la cabeza.
Envidio lo bien que se llevan. Más que una pareja, parecen hermanos.
El largo desayuno termina, Saruman y Morgana piden permiso para
abandonar la mesa. El Archiduque asiente.
***
Escondí los restos de Carmín en un pueblo llamado Gorin. Ella amaba este
lugar por sus enormes campos de girasoles que nacían aun con el frío clima
que existe en Hel. El pueblo tiene pocas casas, son construidas de paja seca
con troncos gordos y lóbregos de madera. En Hel, pocas personas son
capaces de llegar al nivel básico de poder oscuro, necesitan años de
entrenamiento una vez que lo obtienen, por eso reclutamos ciudadanos de
otros Reinos para formar la guardia real.
Saruman le da su mano a Morgana para que suba a su quimera junto con
él. Se sienta delante de él y pone a Grurea en sus piernas mientras él se
acomoda por detrás, abrazándola.
¡Estoy celosa! No puedo soportar esta escena.
Cuando llegamos al lugar, Saruman ayuda a Morgana a descender, es un
todo un caballero. Estoy muy incómoda.
—¿Sucede algo? —pregunta Morgana acercándose a mí.
—Nada, solo sentí frío. No estoy acostumbrada a estar con esta ropa. —
Miento. Lo siento, pero no quiero explicar el porqué de mi incomodidad.
—¿Dónde están sus restos? —Nos interrumpe Saruman.
—Solo tenemos que atravesar este campo de flores. Al final del camino
hay una caseta con una estatua, sus restos están dentro.
—Vamos, no podemos perder tiempo.
Atravesamos el campo de flores y Grurea estornuda por el polen. ¿En qué
momento a Grurea le salieron las otras dos cabezas? Continúa del mismo
tamaño, pero con tres cabezas. ¡Es adorable!
Morgana sube a Grurea a su hombro para envolverla con una bufanda
para que no respire. Llegamos al final del camino. Prendo un incienso y
entramos a la caseta. La cara de Saruman se tensa.
—¿Nunca habías venido desde que falleció? —indaga Morgana. He
descubierto que tiene talento para hacer preguntas incómodas.
—No. —Saruman contesta secamente, tocando la tumba de Carmín con
su mano derecha.
—¡Qué cobarde! —Suelta Morgana. Definitivamente, ¿dónde quedó su
umbral de cosas que no debe preguntar o decir?
—¡Cállate! —grita Saruman apretando sus puños.
—Si algún día te mueres, te traeré flores una vez al año —menciona en
tono de broma a Saruman.
—Si algún día muero, solo entiérrenme junto a ella. Es mi único deseo.
—Su voz seria hizo que mi corazón se partiera en pedazos.
—¡Qué turbio! —exclama Morgana con cara de asco—. Recuérdame en
el futuro no bromear con eso. —Saruman le brinda una sonrisa forzada.
—Morgana, ¿sabes qué debes hacer? —pregunto más que tensa por toda
esta situación.
—Saruman, debo usar mi sangre. Ya que no soportas el olor ¿por qué no
sales?
—Salir por la puerta no va a hacer que huela menos fuerte.
Se corta su mano con su guadaña y pone su sangre dentro del tarro donde
están las cenizas de Carmín. Se forma una niebla negra alrededor de
nosotros, los ojos de Morgana se tiñen de rojo al igual que aquel día. Su
sangre comienza a formar un espejo delante de nosotros y Grurea se
transforma en una criatura enorme.
Empiezo a tener miedo. Yo he matado a muchas personas, ¿y si me están
esperando del otro lado para comerme? Se me eriza la piel.
Grurea mueve su cola hacia el espejo, Morgana nos da la mano a los dos
y nos sube arriba de su gran Cerbero. Entramos al espejo para encontrarnos
en una ciudad llena de ruinas en forma de picos, un sendero de piedras en
forma curva con una torre al final del camino que se sitúa en el medio de un
hueco en el cielo.
—Pensé que cuando nuestras almas morían iban divididas según nuestros
pecados —menciono nerviosa mirando alrededor.
—Todos terminamos en el mismo lugar. Hasta reencarnar de nuevo en
otro cuerpo. —Las palabras de Morgana dan miedo hasta cierto punto.
—¿Al final de la trayectoria nos espera Carmín? —demanda Saruman.
¿Tan desesperado estás por verla?
—No. Grurea nos está llevando directo a ella —contesta Morgana.
—¿Así que tu padre te regaló a Grurea con ese objetivo? —Saruman está
más hablador que de costumbre.
—Creo haber entendido de la explicación de Destan que nuestros padres
son conscientes de cuál es mi poder. Aunque mi Padre nunca le dio mucha
importancia, considero que regalarme a Grurea fue una de sus mejores
elecciones.
—¿Y cuál es una de sus peores decisiones? —pregunta Saruman. No sé
por qué creo saber incluso yo la respuesta a esa pregunta.
—Comprometerme contigo —expone claramente Morgana y él esboza
una sonrisa sincera. Se llevan bien.
Grurea se detiene un poco antes de llegar al castillo y divisamos la silueta
de una mujer. Es una hermosa dama de cabellos negros largos y lacios, ojos
azules oscuros, con gran busto y delgada.
—Es ella. —Saruman se baja y corre hacia esa dirección.
—Yo nunca tendré ese escote. —Me mira Morgana bromeando. ¡En serio
debe controlar ese umbral de soltar las cosas en el momento que no tocan!
—Pienso que tú estás bastante bien —confieso sinceramente,
examinando su cuerpo.
—Eso dicen todas ustedes que tienen los senos grandes —comenta
bromeando, ¿en serio vamos a hablar del tamaño de nuestro busto en este
preciso momento?
Descendemos de Grurea y caminamos hasta donde se encuentran los dos.
Saruman la está abrazando, puedo ver cómo sus lágrimas caen mientras la
besa con ternura y amor. La ama.
Morgana me tapa los ojos.
—¿Para qué ver esa imagen? ¿Qué ganarás? Esperemos un tiempo. —
Nos giramos dándoles privacidad. Después de un tiempo, Morgana les grita
—. ¡Tortolitos, apúrense! ¡No tenemos todo el día!
Saruman gira hacia Morgana, se seca las lágrimas y hace una señal para
que nos acerquemos. Nos sentamos alrededor. Carmín y Saruman tienen sus
manos sujetadas, se miran con mucho amor.
Carmín se percata de mí y corre a abrazarme. No puedo evitar llorar.
—Te he extrañado mucho —confieso llorando y ella seca mis lágrimas
con una amable sonrisa.
—Yo también. Has crecido para bien. Gracias por visitarme y no
olvidarte de mí —Su mirada se desvía hacia Morgana—. ¿Quién eres?
—Mi nombre es Morgana. Soy la prometida de Saruman. —Hace un
rostro de sorpresa, ¿en serio se presenta así?
—Hola, Princesa. Usted también ha crecido mucho. Si estás aquí, es
porque Destan logró encontrarte y protegerte. No debe haber sido fácil para
él.
—¿Cómo puedes hablar así de él? —grita molesto Saruman.
—Saruman, estás equivocado. Destan me protegió en prisión. La mayoría
de las heridas que tiene son a causa mía. Mataba a todo el que me agredía.
No fue fácil para él —expresa con voz bondadosa—. Estoy contenta de que
estés bien, Morgana. Destan gastó casi toda su energía en despertar su poder
para cuidarte. A pesar de estar en Hel, el Archiduque le puso unas esposas
para que no se alimentara de la fuerza del Reino y, aun así, usó toda su aura
restante en hacer uso de este para controlar tus pesadillas. —Morgana se
sorprende, pero se queda en silencio. Aún no entiendo la relación que existe
entre Destan y Morgana.
—¿Qué te pasó? ¿Por qué te encerraron y mataron? —Saruman le
pregunta con tristeza a Carmín.
—Tu padre está obsesionado con Evan. —¿Qué tiene que ver Evan con
todo esto? Saruman también tiene cara de sorpresa. Sin embargo, Morgana
parece estar al tanto—. Morgana, me imagino que Destan te contó la
historia. Evan es el primer Príncipe que nació. Es hijo del Archiduque y la
Reina de la Luz.
—¿Qué? —exclamó Saruman. Eso mismo digo yo.
—Mi madre y el Archiduque tuvieron un amorío cuando eran jóvenes,
pero no pudieron estar juntos porque el Archiduque perdió la Asteria.
Cuando mi madre se casó con mi padre, ya estaba embarazada de Evan. —
Nos cuenta Morgana. Tanto mi cara como la de Saruman no pueden ocultar
el asombro.
—Es como dice Morgana. Cuando tu padre se enteró de la noticia corría
todos los días a verlo, tu madre se enteró poco después y por eso fue por lo
que se suicidó. —Saruman comienza a llorar, yo también quiero llorar, es
una información bastante pesada, ¿quizás a esto se refería Destan? —. Tu
padre comenzó un plan desde entonces para matar a Jalil y casarse con
Kaia. Para lograr su objetivo, le hace falta el «El Libro de la vida», ya que
debe conocer la debilidad de Jalil. Sin ese libro, no conoce los poderes del
Rey y no puede descubrir dónde se esconde la cripta del Reino de la Luz.
—¿Qué harán con la cripta? —pregunto. Es la primera vez que hablan
sobre esto.
Carmín explica que quieren usar las criptas para rediseñar los Reinos y
crear un nuevo sistema de rangos. Destan interfirió en el camino del
Archiduque, por eso lo tiene encerrado. La misión de las criaturas oscuras
fue una fachada para que ella encontrara el libro. Destan despertó sus
poderes en ese entonces pudiendo descubrir todo el plan del Archiduque. Él
acudió a ella para proteger el libro en su ausencia y, cuando se dirigía hacia
la aldea, el Archiduque mandó a apresarla. Nunca llegó al lugar y fue
encerrada en una celda al lado de Destan. Cuenta que él se desgastó
muchísimo en cambiar por última vez la ubicación del libro, adelgazó
mucho. Ella le ofreció su sangre para que se recuperara.
—¿Estás loca? ¿Cómo dejaste que él bebiera tu sangre? —La voz
disgustada de Saruman llena el ambiente.
—No lo hizo, cuando realicé el corte para que bebiera de la muñeca…—
Carmín duda si hablar—. Descubrimos…—Empieza a llorar, evade la
mirada de Saruman—…que estaba esperando un hijo tuyo.
La noticia nos cayó como un balde de agua helada, todos estábamos
perplejos. ¡Esto es a lo que se refería Destan! Ahora se entiende todo. En
Hel es pecado tener un hijo fuera del matrimonio, a las mujeres se les suele
matar cuando eso sucede. Si ella llegaba a tener al hijo de Saruman, este
debía casarse con ella y no podría realizar el compromiso con Morgana,
además que debía renunciar a participar en la Asteria. Por esa razón el
Archiduque la mató.
Morgana me levanta y guiña un ojo para dejarlos a los dos solos.
Saruman rompió en llanto nada más nos fuimos, Carmín lo consolaba. Mi
corazón se desgarraba cada minuto que escuchaba sus llantos.
La antigua Duquesa de Nifheim hizo que el antiguo Rey dejara un edicto
imperial: toda mujer que se embarace fuera del matrimonio debe morir, al
igual que el hombre, al no ser que se aprueben que estén juntos en
matrimonio. Si el hombre ya se encuentra casado, entonces la mujer morirá,
lo mismo sucede en caso contrario. Se cuenta que ese edicto se realizó para
respetar el matrimonio.
Ahora me doy cuenta de la verdadera razón.
—Saruman no será el mismo una vez que regrese —argumento pensativa
—. ¿Por qué tuvieron que dejar que la violaran en ese entonces?
—Supongo que el Archiduque creyó que si la violaban podía decir que el
hijo no era de Saruman en caso de que Carmín viviera. Es una persona
retorcida. Sigo sin entender cómo mi madre se enamoró de él.
Grurea se acerca y nos hace una señal de que debemos irnos. Nos
despedimos de Carmín, y ella agarra a Morgana por el brazo.
—Morgana, ¿estás consciente de que tu poder va más allá de esto? —
Carmín le pregunta sosteniendo sus manos con cariño.
—Lo sé. Hasta que no mate a alguien no llegaré al siguiente nivel. Ahora
mismo estoy en la categoría dos de los Turoth —menciona con seguridad.
—Morgana, Destan es un hombre muy complejo, pero de buen corazón.
Su poder permite leerles los corazones y la mente a las personas. Lo que te
quiero decir con esto es que Destan tiene muchos secretos, conoce muchas
cosas. Confía en él, te protegerá, nunca lo dudes. Prométemelo.
—Te lo prometo, confiaré en él. Siento por tus palabras que aún me
esperan muchas sorpresas. —Carmín besa a Morgana en la frente y le da
una sonrisa.
Morgana y yo subimos a Grurea. Saruman abraza con fuerza por última
vez a Carmín y le da un apasionado beso. Ahora entiendo por qué aquella
noche Morgana me dijo esas palabras. Él nunca va a olvidar a Carmín, no
importa el tiempo que pase.
—Morgana, voy a irme contigo —sonríe después de escuchar mis
palabras.
—Me alegra que hayas tomado esa decisión.
Saruman regresa, sus ojos están rojos. Está sufriendo más de lo que
aparenta.
Cuando salimos del espejo, ya había anochecido. Saruman le pidió a
Morgana que regresara conmigo, cogió su quimera y se fue lo más rápido
que pudo. Grurea volvió a su pequeño tamaño, pero con tres cabezas.
Morgana me dijo que fuéramos al sitio de los chicos para planear cómo
íbamos a irnos. Tengo un mal presentimiento sobre la Asteria.
***Destan***
Ya deben estar regresando. Mi pobre princesa, debe estar exhausta. Esta
noche la visitaré y dormiré junto a ella. La presencia triste de Saruman se
acerca velozmente, supongo que Carmín le contó todo.
—Destan. —Abre mi calabozo, me agarra por el cuello de mi camisa y
me da un puñetazo. Debería haber leído su pensamiento y esquivar eso,
porque me partió el labio—. ¿Por qué no dijiste nada en todos estos años?
—rompe en llanto. Debe sentirse culpable. Lo único que puedo hacer es
abrazarlo—. ¿Sabes cómo derrotar a padre?
—Sí, pero no tengo la suficiente fuerza para enfrentarlo ahora. Además,
pasado mañana estarán llegando todas las familias reales. Aunque tuviera
mis energías al máximo, no puedo enfrentar a todos los Duques, guardias,
Príncipes y al Rey. —Además, hay otro plan en el que no puedo influir.
—Tienes razón, ¿cuál es tu plan? —pregunta decidido a ayudarme. Lo
siento, Saruman, pero ahora no es el momento.
—Voy a escaparme de Hel y reunir todo mi ejército para derrotarlo. —No
es mentira ni tampoco la verdadera razón.
—Llévate a Morgana contigo. Ella confía en ti, reunió su propio séquito
para protegerte —se ríe—. Destan, si estás enamorado de ella, no pierdas el
tiempo y hazla tu esposa.
—Saruman, las cosas no son tan fáciles. Lo mejor es que la proteja de
lejos como siempre —confieso, ya que no quiero que pase lo mismo otra
vez.
—Siempre y cuando seas capaz de aceptarlo así, te apoyaré. —Me abraza
y libera mis muñecas, pies y cabeza de los garrotes.
¡Por fin libre por completo!
La energía oscura de Hel es intensa. Siento que mi alma se recupera
después de estar diez años a sorbos de fuerza. Mis heridas y cicatrices
desaparecen, mi ropa toda rasgada vuelve a la normalidad. Mi fortaleza
física regresa, mis pómulos desgastados están regresando a la normalidad y
mis colmillos están hambrientos. Ahora solo necesito mis espadas y
armadura.
—Saruman, dentro de la caja fuerte de padre están mis espadas y mi
armadura. Mañana me las traes —explico sonriendo. Debo partir lo antes
posible y encontrar a Erelim.
—Claro, hermano. Ten cuidado.
Antes de irse, deja ropa nueva.
Me dirijo al palacio. El Archiduque fue a Asgard a acompañar al Rey
para la Asteria. Me cuelo en la habitación de Morgana y camino hasta el
baño. Este está lleno de losas en forma de piedras blancas para que
aguanten el vapor, la tina es blanca y lo suficiente grande para que quepan
dos personas. Las esencias del baño me recuerdan a su olor. Puedo sentir
como mi miembro palpita. Regresaré cuando termine de bañarme y me
quedaré en alguna posada. Echo el agua caliente y me meto.
¡Qué bien se siente! Por fin me doy un buen baño.
—Titania, nos vemos mañana —se despide Morgana.
—Hasta mañana, Princesa. —Titania le devuelve el saludo cerrando la
puerta de la habitación.
¡Mierda! ¿ahora qué hago?
Si salgo desnudo la voy a asustar y si me quedo dentro de la tina va a
creer que la estoy esperando.
Puedo escuchar como abre el zíper de su vestido y este cae al suelo,
camina hacia el baño, viene distraída soltando su cabello. Se encuentra
usando solamente unas pequeñas bragas de encaje negro. Mi miembro se
pone bien duro y mis ojos comienzan a volverse rojos recordando el aroma
de su sangre.
—Destan, ¿qué haces aquí? —pregunta avergonzada sin saber qué más
decir.
Sus senos se encuentran al descubierto y mi mirada se desvía
perdidamente hacia ellos. Se avergüenza y los cubre con las manos. Se pone
de espaldas hacia mí. Puedo ver su hermosa silueta, su delgada cintura, las
curvas de su trasero y su pequeña braga que prácticamente no lo cubre.
—Este es el primer baño desde que salí de esa celda —confieso un poco
avergonzado, pero sincero—. Saruman hoy liberó mis cadenas y salí de la
celda finalmente por primera vez en diez años. La única habitación que
conozco es la tuya, así que vine a darme un baño.
—Está bien, espero a que termines afuera —contesta nerviosa caminando
hacia la puerta.
Saruman, tienes razón, no sé cuánto tiempo más aguante no tocar a
Morgana, ella ya no es la niña de mis recuerdos. Estos horribles instintos de
bestia que tengo desean ese hermoso y sensual cuerpo.
Me levanto de la tina y salgo, la cargo en brazos, su rostro es rojo como
su pelo. Es absoluta e irresistiblemente preciosa. La meto conmigo para la
tina, me recuesto y descanso su espalda en mi pecho. Tomo su cabello y le
doy una vuelta para agarrarlo con un listón.
Puedo ver sus pezones perfectamente. Siento como su trasero comprime
mi miembro, tiembla un poco. Debe estar nerviosa, la abrazo para
tranquilizarla.
—No te voy a hacer nada. —Le comento abrazándola con fuerza.
—¿Y si yo quiero que lo hagas? —Se gira, quita su braga mojada y se
sienta arriba de mi miembro. Siento que cada vez se pone más duro.
—Morgana, no voy a poder detenerme si continúas así. —Desvío la
mirada, tratando de mantener el control de mis desbordadas emociones.
—No quiero que te sientas cohibido conmigo. —Sostiene mi rostro con
sus manos y besa mis labios tiernamente.
Debería tomar la iniciativa. Elevo su cuerpo en brazos y envuelve sus
pies en mi cintura. Su mirada exaltada y avergonzada me tiene muy
excitado.
Salgo de la tina y la llevo hasta la cama. La dejo caer, me inclino hacia
ella y la beso con vehemencia. Levanto la mirada, examino su divino
cuerpo desnudo, tan delicado y puro. Dejo caer la vista un poco más arriba
de su busto, la beso y le introduzco mis colmillos. Su cuerpo tiembla.
Observo que lleva su mano a la boca para ocultar el sonido proveniente de
la excitación.
Su sangre es tan inusual, la energía derivada de ella hace que recupere
toda mi fuerza interior. Nunca antes me había sentido tan lleno y excitado al
mismo tiempo. Lamo la herida ocasionada por mis colmillos.
—Destan —musita en voz baja, me recompongo al lado de ella y la miro.
Su rostro se enrojece mucho más—. No sé qué debo hacer. —Esas palabras
dichas tan inocentemente causan una lujuria desenfrenada en mí.
—No tienes que preocuparte, no lo vamos a hacer. —Paso la mano por la
cabeza cubriéndola con la sábana.
Me tira de espaldas a la cama y sube para arriba de mí.
—¿Acaso no soy lo suficiente atractiva para ti? —Bajo la mirada. Está
desnuda arriba de mí y mi miembro está muy erecto pidiendo diversión.
—Mi pequeña. —Acerco su rostro al mío para besarla—. Claro que lo
eres. Solo quiero que estés preparada. —El que no está preparado soy yo.
—¿Es porque soy demasiado joven? —Una lágrima se le escapa de los
ojos. Debe sentirse humillada.
—En cierto modo, eres joven. —Le sonrío, no quiero que se sienta
forzada por mis deseos—. Creo haber escuchado que deseabas hacerlo con
alguien que amaras, ¿no deberías esperar por el indicado?
—Tú eres el indicado. —Se mueve encima de mí. Debo confirmarlo
antes de continuar.
—¿Estás segura de que quieres hacerlo conmigo? Nuestra relación se
mantendrá igual si esto no ocurre. Para mí es algo normal, pero para ti es
nuevo. —La mejor opción es que lo haga con Saruman o con otro hombre
que entienda el significado de hacerlo por primera vez con alguien.
—Estoy segura.
La giro contra la cama llevando mis labios cerca de su pierna interna, mi
mano toca su zona íntima provocando que suelte un débil gemido de placer.
Beso su clítoris varias veces causando que sus piernas tiemblen de los
nervios. Muevo mi lengua en círculos, sus gemidos de placer, su aliento
agitado y esa manera de contraerse al recibir placer por primera vez invaden
todos mis sentidos. Meto un dedo para comprobar cómo está para
recibirme. Me coloco en su entrada, frotándola para que se humedezca más
y delicadamente inicio a introducirla. Su conducto es estrecho, pero
placentero. Una vez dentro hasta el fondo, la embisto suave para que se
acostumbre a la sensación de tenerme dentro.
Una lágrima rueda por su mejilla y me hace preocuparme si la estoy
haciendo sufrir. Ella alza sus manos alrededor de mi cuello susurrándome al
oído.
—No soy una muñeca de cristal que se va a romper si te mueves —Sus
palabras hicieron que mi consideración desapareciera.
La embisto cada vez más rápido, escuchando su voz de goce, su cuerpo
está sudoroso al igual que el mío. Nuestros alientos se unen en uno. Todo su
ser está temblando por las sensaciones que está recibiendo, sus pezones
están duros y rozan mi pecho provocándome más placer. La giro dejando
que ella esté arriba. Pongo mis manos en sus caderas y le muestro cómo
debe mover su cintura.
Esa imagen de ella sobre mí, tan lujuriosa, inocente, excitante y pudorosa
hacen que mi cuerpo se tense y quiera explotar dentro de ella. Controlo el
ritmo con mis manos para asegurarme que ella también tenga placer antes
de finalizar juntos. Cuando siento que está llegando, dejo que se libere para
sacar mi miembro y derramar mi líquido sobre su vientre.
Estoy algo arrepentido. No creo que haya sido una buena idea hacerlo
aquí. Me levanto y cargo a Morgana hacia el baño, la meto en la bañera, me
doy una rápida ducha y salgo mojado a limpiarla.
—Puedo hacerlo sola —menciona avergonzada evadiendo mi rostro.
—¿Quieres que te dé privacidad? —pregunto. Desvía la mirada y asiente
la cabeza.
Salgo del baño con la toalla enroscada a mi cintura.
¿Qué he hecho? Llevo mis manos a la cara. Acabo de acostarme con ella,
seguro está arrepentida. Termino de secarme y me meto dentro de las
sábanas. Morgana debe creer que soy una bestia sin control. Cada vez que
la veo lo único que hago es morderla, beber su sangre y querer follarla.
¡Ay, Gran Duque! ¡Perdóneme! Se supone que cuidaría de su hija.
Cuando salga de Hel, me aseguraré de visitar su tumba y disculparme por
todas estas fechorías.
Capítulo 11: Carmín
***Morgana***
¿Qué he hecho? ¡Me acosté con Destan! ¡Definitivamente me he vuelto
loca! Estoy tan avergonzada que apenas puedo mantenerme en pie.
Sumerjo mi cuerpo en la bañera. Tengo el calor de su miembro dentro de
mis piernas, sus colmillos en lo alto de mi busto y un dolor insoportable que
casi no soy capaz de sentarme sin acordarme de todo.
¡Mis mejillas se tornan rojas solo de pensar en todo lo que pasó!
—Morgana, no estés tanto tiempo dentro del agua. Te enfermarás —
comenta tocando la puerta y desconcentrándome de mis pensamientos.
¡Qué pena! ¡No puedo verlo a los ojos! Incluso cuando estábamos en ese
momento, le dije que no sabía hacer nada. ¿Cómo pude decirle todas esas
cosas embarazosas?
Levanto el cuerpo de la tina, hay unas pequeñas gotas de sangre en mi
pierna. Pues sí, Morgana, ese es el resultado de tener tu primera vez.
Me paro para ponerme mi chal y salgo de la habitación.
Ahí está, acostado en mi cama con su dorso al descubierto, su cabello
mojado y la sábana cubriendo la parte baja del abdomen. Es un dios. El
rubor de mi rostro está tomando el control de toda mi cara.
—¿No vienes a dormir? —pregunta haciendo unas palmadas sobre la
cama.
—No llevo nada debajo del chal, ¿te molesta si duermo así? —¿No
pensaste nada mejor para decirle, Morgana?
—Yo tampoco llevo nada. —Su mirada lasciva recorre mi cuerpo y abre
sus brazos para que vaya a ellos.
¡Puedo ver que no llevas nada, no necesitas recordármelo!
Corro para meterme bajo la sábana, me envuelvo en ella y lo observo
divertida.
—No te haré nada. —Me acobija en su pecho besando mi frente—.
Morgana, no vine a tu habitación con ese objetivo.
—Lo sé. —Interrumpo acordándome de todo lo que sucedió hoy—. ¿Por
qué no me contaste lo de Carmín?
—No me correspondía a mí relevar esas verdades —contesta incómodo
mirándome con sus ojos llenos de lágrimas.
—¿Cómo sabías que yo podía abrir una puerta hacia la tierra de los
muertos? —pregunto curiosa. Destan sabe más de mí de lo que quiere
aparentar.
—Mañana el Archiduque llega con los Reyes de Asgard. ¿Cuándo se va a
celebrar tu boda con Saruman? —Evade mi pregunta con la suya. ¿Está
celoso? ¿Cómo puede preguntarme eso después de acostarnos?
—Saruman y yo no vamos a casarnos —lanzo una mirada de molestia y
tomo aire. Estoy empezando a enfadarme con él—Destan, no evites mis
preguntas, ¿por qué hay muchos hechos y situaciones que me escondes?
—Mi Princesa, hoy no hablemos de esas cosas. —Oprime mi pecho
contra el suyo impidiéndome hablar—. Vamos a dormir, mañana te prometo
que te responderé.
—¿Lo prometes? —lo miro con desconfianza debido a que ya conozco su
juego.
—¿Cuándo te he mentido? —No apruebo su respuesta, pero tampoco
puedo hacer nada para cambiarla ahora.
Los brazos de Destan huelen a mis esencias de baño y no tardo en
quedarme dormida profundamente. Mi mente dice que debo alejarme de
este hombre, pero mi instinto pide a gritos que confíe en él. Y uno debe
confiar en su instinto, ¿no?
La tenue luz de la mañana se refleja por la ventana de mi habitación. Al
abrir mis ojos estoy enroscada al cuerpo de Destan, sus cabellos oscuros
con el albor del resplandor crean un hermoso contraste en su rostro. Tiene
largas pestañas negras, su nariz romana combina con sus finos labios y sus
almendrados ojos. Su cuerpo tiene una espalda amplia, su pecho es
musculoso, definido. A pesar de que está muy delgado por los años que
lleva encerrado, se puede notar el entrenamiento adquirido en sus manos,
piernas y dorso.
Elevo mis manos para tocar su rostro, hace una mueca y abre esos
profundos océanos.
—Hacía tiempo que no dormía tanto —observa mi cabello acariciándolo
con amor.
—Destan, ¿por qué me tratas así? ¿Tú me conocías antes de que yo
viniera a Hel? —Las palabras salieron de mi boca sin ni siquiera pensarlo.
¿A quién se le ocurre hacer esas preguntas a primera hora de la mañana?
—Morgana, yo…—Destan es interrumpido por los gritos de Saruman y
Titania en la puerta.
—Saruman, ¡no puedes entrar! —grita nerviosa Titania desde el pasillo.
—Titania, déjalo entrar —vocifera Destan levantándose de la cama para
ponerse un par de vaqueros color caqui y me lanza mi chal.
Saruman abre la puerta y Titania entra con él. Se lleva las manos a sus
ojos para cubrirlos. Supongo que nos vio durmiendo y le dio pena
interrumpir. Me dirijo al baño avergonzada.
—Morgana, tus padres llegaron junto con Noé y Fay y…—Alza su vista
hacia Destan con una mirada que habla por sí sola—. Lorelei y Evan.
—¿Lorelei llegó tan pronto? —digo emocionada, ¿Evan vino? Me giro a
ver a Destan, su rostro está tenso al igual que el de Saruman, es un tema
delicado para los dos—. Titania, acompáñame a ponerme el vestido.
—Morgana, se exigió que usaras tu vestido real hoy —menciona
Saruman agachando la cabeza.
—¿Qué? —Empiezo a temblar, ese vestido se supone que lo usaría el día
de mi boda con Saruman.
—¿Qué sucede? —pregunta Titania desconcertada, al ver nuestras
reacciones.
—Saruman y Morgana van a realizar su boda hoy —contesta Destan con
frialdad. La cara de Titania se oscurece, Saruman cierra sus puños con
fuerza.
Me paro delante de Saruman y le doy una cachetada. Destan y Titania se
sorprenden. Cuando Destan fue a hablar reaccioné por la situación.
—¡Dijiste que resolverías la situación de nuestro compromiso! —grito
con toda la rabia que tengo cohibida desde el minuto que llegué a Hel.
—Morgana, cálmate. Saruman no es el culpable de esa situación. —
Levanto mi mano para darle otra cachetada y Titania me la sostiene con
fuerza.
—¿Qué sabes tú? ¡En Asgard estuvo a punto de matarme por esa razón!
—Titania lo mira mientras Destan se mantiene callado—. ¡Declaraste que
no tomarías a nadie como esposa! ¡Cumple tu palabra! —expreso con ira
cada cosa que digo. No quiero casarme con Saruman, pero en estos
momentos me siento peor porque Destan no ha actuado.
—Titania, lleva a Morgana a cambiarse, su familia está entrando por la
ciudad. ¿Saruman, trajiste mis cosas? —pregunta Destan con voz calmada
como si la situación no influyera en él.
Le lanzo una mirada con odio antes de entrar al baño. Sabe lo indignada
que me encuentro y no hace nada al respecto.
Desde que mi madre me hizo empacar este vestido, me sentí oprimida.
Titania me ayuda a ponerme el fatídico vestido negro. Tiene un gran
escote en forma de V en el pecho acompañado de una banda con adornos
del mismo modelo y pequeñas joyas en oro que ciñe mi cintura. El resto del
vestuario cae hasta el piso con forma de cola de sirena. Los hombros están
diseñados con una estructura de alas en pendiente, formando un enlace para
las seis cadenetas de brillantes en mi espalda, los brazos poseen una
pequeña capa larga que cae hasta el suelo.
Titania trenza mi pelo hacia adelante, me pone la diadema formada por
varias presillas que se deslizan por todo el cabello y coloco la corona de
Princesa de Asgard.
Mi cara de tristeza no desaparece. Esta mañana no pude escuchar lo que
decía Destan y ahora llega Saruman con toda mi familia.
Atravieso mi habitación y esta se encuentra vacía.
—Titania, tengo un favor que pedirte. —Alza la mirada con curiosidad
—. Cuando haya finalizado el recibimiento de mis padres llévame a la
tumba de Carmín.
—¿Para qué quieres ir ahí ahora? —indaga sorprendida a causa de mis
palabras.
—Debo traerla de vuelta —comento decidida saliendo de la habitación.
Saruman está haciendo guardia en la puerta para que no me escape.
Lleva puesto un jubón de terciopelo azul oscuro, de sus hombros
descienden bordados dorados junto a una capa larga con piel de oso blanco
en las puntas, y sus manos están cubiertas por unos guantes blancos. La cara
de Titania se ilumina al verlo con su vestimenta real.
—¿A qué te refieres con traer a Carmín de vuelta? —interroga molesto.
¡En esa familia todos tienen buen oído por lo que veo!
—Su significado textual —contesto con voz seria sin mirarlo a los ojos.
—Está muerta. —Las palabras salieron de su boca con un sonido rasposo
y doloroso.
—Saruman, si Carmín estuviera viva, harías todo lo posible por casarte
con ella, ¿no es así? —demando sin vacilar sosteniendo mi vista con
decisión.
—Sí. Mataría a quien fuese necesario.
—Me alegra escuchar eso. No quiero que asesines a nadie, solo que me
liberes de mi compromiso contigo —aclaro por si no ha quedado claro en
todo este tiempo.
—En el caso que ella estuviera viva, haría hasta lo imposible por
satisfacer ese deseo tuyo.
Desciendo las escaleras del palacio agarrada del brazo de Saruman,
Titania nos sigue junto a Ryukyu. A la entrada del palacio se encuentran el
Archiduque y mis padres.
Corro a abrazar a mi madre como si hubiesen pasado años sin verla.
—Madre, te extrañé. —La abrazo con fuerza, no sé qué infierno ha sido
peor. Sin embargo, dicen que el calor de una madre es único. Ahora
entiendo el porqué.
—Estás preciosa, Morgana, no obstante, no debes correr en el palacio —
sonríe separándose de mí.
Ahora que estoy consciente de su historia puedo notar la tensión del
ambiente entre ellos. El Archiduque no para de mirarla.
Mi madre lleva un hermoso vestido en forma de campana violeta claro,
su gran corona con enormes diamantes de Reina de la luz junto a una capa
brillante. Es una mujer deslumbrante.
Noto que llega toda la Guardia Oscura. Lotán y Dzahui se acercan con el
mismo uniforme de Titania y se ponen detrás de mí. Mis ojos se iluminan
cuando me percato que entra Lorelei junto a Evan.
Lleva puesto un largo vestido, sencillo y blanco, que encierra su busto en
forma de cisne. Nuestras miradas se cruzan y por nuestros ojos caen
lágrimas.
—Morgana, lo siento —dice apenada y yo agarro sus manos.
—Discúlpame a mí. Fui muy dura contigo. —Le abrazo con fuerza—.
No sabes cuanto te he necesitado —susurro en su oído.
—¡Qué bueno que por fin se entendieron! —Nos interrumpe Evan.
Después de todo lo ocurrido, no puedo verlo con los mismos ojos. En mi
corazón sigue siendo mi adorado y noble hermano—. Lorelei, ya que has
estado aquí antes, puedes ir con Morgana a dar una vuelta.
—¡Suena bien! ¿Dónde está Rince? —pregunto y Lorelei me lanza una
mirada cómplice.
—Viene con Noe y Fay —responde Lorelei, suspira en voz baja cuando
menciona—. Y vino también Nerissa.
¡No puedo creerlo! ¿Vino ella? Si hay alguien que no quiero ver el día de
mi boda es a Nerissa. La odio desde pequeña, siempre está haciendo
competencia conmigo. Definitivamente toda la familia real está aquí.
Lorelei y yo nos dirigimos al jardín principal, Dzahui, Lotán y Titania
nos siguen.
—No sabía que tenías un séquito. —ríe mientras caminamos en el
palacio tomadas de las manos.
—Cosas que suceden. ¿Lorelei, recuerdas a Titania?
—Sí. —La saluda de lejos—. Te traigo hasta aquí para contarte un
secreto.
—¿Qué pasó? —Toda su aura grita que debo interrogarla.
—Estoy esperando un hijo de Evan. —No puedo ocultar la sorpresa y
alegría de mi rostro.
—¡Qué buena noticia! ¿Evan lo sabe? ¿Nuestros padres lo saben? —
Demasiadas preguntas nacen de la euforia.
—No, solo Evan. Cálmate, quería que fueras la primera en saberlo. —La
abrazo, es una buena noticia—. Entonces, ¿cómo te va con Saruman? —
¿Por qué debe preguntarme por ese imbécil y joder mi estado de ánimo de
esa manera?
—Entre Saruman y yo no existe nada. —Dudo si explicarle de la
existencia de Destan, después de todo es mi mejor amiga—. La verdad es
que yo también debo contarte algo.
—¿No pasó nada entre ustedes en todo este tiempo? —Arquea su ceja
buscando respuestas con curiosidad.
—No. Saruman y yo nos entendemos como amigos. Él tiene a alguien en
su corazón, y yo también tengo a una persona en el mío. —Las comisuras
de mi sonrisa no dudaron en aparecer para recordarme a Destan. ¿Qué son
estos sentimientos que estoy sintiendo por él?
—Morgana, Rince y tú no van a poder estar juntos —pone su mano en mi
hombro en forma de consuelo.
—Eso es lo que te quiero contar, no es Rince. —Levanto mi rostro, tomo
aire antes de hablar de él.
—¿Conociste a alguien aquí en Hel? —El interrogatorio continúa, su
modo detective está activado.
—No, bueno, sí. La persona que aparecía en mis sueños está aquí en Hel.
—Su rostro se sorprende, pero cambia a uno de “cuéntame más”—. Su
nombre es Destan.
—¿Destan? Tiene un lindo nombre. ¿Qué hace? ¿Es de la Guardia
Oscura? ¿Es algún Conde?
—No. Destan es el hijo mayor del Archiduque. —Hago una mueca
nerviosa, va a enloquecer—. El Archiduque y mi padre lo encerraron en un
calabozo porque creyeron que era peligroso. —¿Estás loca? Si tu padre
encerró a ese hombre debe ser porque es un Turoth de rango muy elevado
que no pueden matar. ¿Cómo se te ocurre relacionarte con ese hombre?
¡Puede estar jugando contigo! —Entiendo su molestia, sorpresa e incluso,
puedo comprender todas sus preocupaciones.
—Lo sé, pero mi instinto me dice que confíe en él. Por eso quiero que
nos ayudes a escapar. —Queda perpleja—. Saruman me dijo que va a
cancelar nuestro compromiso.
—Morgana, ¿puedes escucharte? Tus palabras no tienen sentido. A ese
hombre lo conoces desde hace apenas tres meses y es un criminal. —La
miro con cara de súplica—. ¡No te voy a ayudar a escapar! Evan no me lo
perdonaría. No confío en ese Destan.
—No tienes que confiar en él. Titania, Lotán y Dzahui estarán conmigo
—menciono con inocencia tratando de convencerla.
—Supongo que no te podré hacer cambiar de opinión. —Me abraza—.
Te ayudaré a romper tu compromiso, pero no a escapar. Volverás conmigo a
Alfheim, después veremos qué hacer contigo.
***Titania***
Morgana lleva un tiempo hablando con Lorelei. Nosotros la custodiamos
desde lejos sin influenciar con nuestra presencia.
Evan se acerca a nosotros y hace una señal para que me acerque a él.
—Príncipe Evan, ¿en qué puedo ayudarle? —pregunto cortésmente. No
puedo quitar la imagen que tengo de él en mi cabeza.
—Morgana y Lorelei van a tardar en su conversación, me gustaría llegar
a Achodia un momento —explica señalándome al Archiduque y al Rey,
ambos están ocupados con los demás invitados.
—Acompáñeme.
Los dos caminamos por el sendero hasta llegar a Achodia. La última vez
que él estuvo aquí apenas salió de su habitación, pero siempre tuve la
sensación de que nos observaba desde esta.
—¿Pasaste de ser Vizcondesa a guardia personal? —cuestiona mirando
mi uniforme.
—La Princesa Morgana dijo que se sentía más cómoda con el personal
femenino escoltándola —invento una mentira. No tengo nada mejor que
decir.
—No es bueno mentir, Titania —Evan menciona esas palabras con su
gélido rostro y sentí miedo de causar problemas.
—Lo siento, Príncipe Evan. Explicar la situación es un poco complicado
y no quiero molestarlo. —Hago una reverencia de perdón y Evan acaricia
mi cabello.
—No te voy a castigar, no debes ponerte así.
Su inusual movimiento me hace confundirme. ¿Él acaba de tocar mi
cabeza amablemente?
El resto de la trayectoria la pasamos en silencio. A cada rato lo miro con
curiosidad, pero me quedo callada. Evan saca unos documentos de la caseta
real y me indica que podemos regresar.
—Titania, debes tener cuidado. Andar junto a Morgana te puede traer
muchas aventuras, pero muchos problemas.
Da una palmada en mi hombro retirándose hacia dentro del palacio. Esto
ha sido lo más extraño que me ha pasado en años.
***Morgana***
Nos dirigimos a la terraza principal de Hel, donde se va a celebrar el inicio
de la ceremonia de la Asteria. Todavía no sabemos a qué hora va a
celebrarse la boda. Debo apresurarme y buscar a Carmín.
La azotea se encuentra en la cima del palacio, está compuesta por una
gran mesa rodeada de pozos con fuego, las esquinas
de ella dan al precipicio y tiene una vista amplia de todo el Reino.
Hay exactamente veinte asientos para cada miembro de la realeza. En la
cabeza se sienta el Rey, a su derecha su esposa seguida de sus hijos y a su
izquierda el Archiduque con sus respectivos hijos, los que estuvieran
casados se sientan juntos y los demás junto a los Duques. La cena de la
Asteria se iba a realizar por la noche cuando llegara toda la familia real.
En el lugar ya se encuentran el Archiduque, mis padres, Evan, Saruman,
Rince, Nerissa, los Duques de Alfheim, los Duques de Muspelheim junto a
Marajá y Geirröd, Fay junto con Noé y la Duquesa de Nifheim. Eolo y
Parisa junto con los Duques de Midgard están retrasados.
Fay lleva un vestido azul claro, en el cual, las capas forman olas que
cubren su cuerpo, es largo, tiene pequeñas conchas color turquesa en los
hombros, lleva una diadema con varias ostras y caracoles brillantes. Fay se
percata de mi presencia y viene a saludarme.
—Mi querida hermana, estás deslumbrante. —Me da un beso en la
mejilla y muestra una de sus sonrisas de Princesa asfixiante.
—Gracias.
—Nuestra hermana ya ha crecido. Es la única de nosotros que falta por
casarse. —Nos interrumpe Evan, ¿por qué deben volver a sacar el mismo
tema del casamiento? Van a arruinar mi ánimo.
—Evan, no la alborotes, no queremos que forme una escena —dijo
Lorelei regañándolo.
—¿Puedo unirme? —pregunta Nerissa, lleva un vestido largo dorado con
cola y encima una túnica marrón claro. Debo admitir que es una belleza,
como dice Lorelei. Es un pecado que ella se convierta en monja.
—Claro. —Hago una pequeña reverencia y me corresponde, ambas
sonreírnos. Parece que hoy no tiene ganas de pelear.
—Evan, creo que puedes retirarte. Solo somos mujeres aquí —dice Fay
señalándonos a todas y le hace un gesto con la mano para que se vaya.
—Está bien, me voy. Cuídenme a Lorelei —deposita un casto beso en sus
labios y se retira a hablar con Geirröd.
Eolo y Parisa hacen su entrada junto con los Duques de Midgard. Evan le
hace un gesto a Eolo y se dirige a hablar con ellos.
No sé por qué no tengo una buena impresión de esos cuatro juntos.
Últimamente creo que mi instinto está muy sensible.
A la llegada de todos, mi padre toca la copa para que le presten atención.
—Estamos reunidos para celebrar nuestro retiro como gobernantes y
darles paso a las nuevas generaciones —explica muy orgulloso dirigiendo
su mirada hacia mí, siento un terrible cosquilleo por la columna.
Definitivamente va a decir algo que seguro no me va a gustar—. Me
gustaría, ya que estamos reunidos, que mi hija Morgana realice su
ceremonia de bodas hoy en la noche antes de la Asteria.
¡Lo suponía! Agarro la mano de Lorelei en busca de ayuda, y esta llama a
Evan.
—Padre, considero que podemos retrasar la boda hasta después de la
Asteria —expresa Evan con una voz de control haciendo girar la atención
hacia él.
—Concuerdo con el Príncipe Evan, mi Rey —afirma Geirröd, ¡qué
extraño! Él nunca suele entrometerse en temas de la realeza—. Ya que en
dependencia de los resultados podríamos hacer una mayor celebración.
—Mis jóvenes Príncipes, sus palabras me han convencido —confiesa el
Archiduque riéndose—. Jalil, debemos tener en cuenta la opinión de los
jóvenes también.
—Tienen razón, debemos escucharlos —expresa mi padre con su tono
alto de voz—. Le dejaré esa tarea entonces al ganador de la Asteria.
¡Sí! Fui salvada por Lorelei. La compresión de Evan y Lorelei es
especial. Me han comprado tiempo para revivir a Carmín.
Nos sentamos a la mesa para realizar el primer almuerzo real.
Durante ese intervalo de tiempo hubo muchas pláticas del manejo de los
Reinos, los principales problemas en que debían enfocarse los nuevos
gobernantes y cuánto tiempo pasaría hasta la siguiente Asteria.
La Asteria es una competencia de un día. En esta se realizan tres
exámenes. A primera hora de la mañana, el Rey, Archiduque y los Duques
entrevistan a los candidatos y le realizan preguntas diplomáticas e
históricas. Estos se reúnen, y los seleccionados pasan a la segunda prueba:
Medir el poder mediante la cripta de cada Reino, esta es la fase eliminatoria
definitiva. Solo dos participantes pasan a la tercera prueba: Un duelo. Este
tiene una única regla, la cual consiste en que el duelo no se detiene hasta
que uno de los dos se rinda, se quede sin poder mágico o muera.
Pocas veces ha ocurrido la desgracia en que uno de los finalistas muera,
pero no es algo imposible. El ganador del duelo es por defecto el Rey de
Asgard y el perdedor el Archiduque de Hel. En la segunda prueba, se
deciden los Duques de cada Reino. En el caso de Lorelei y Evan se decidió
que fueran los Duques de Alfheim a causa de los poderes de Evan.
Nos levantamos de la mesa y cada uno se comienza a retirar para sus
aposentos.
—Titania, es nuestro momento —digo cuando estamos solas en el pasillo
que da hacia la salida del palacio.
—¿Vas a ir vestida así? —pregunta mirando mi atuendo real.
—Sí. No podemos perder tiempo, no sé cuánto me demore.
Llamo a Gruera y nos montamos en la quimera de Titania. Dzahui y
Lotán se quedaron vigilando mi habitación. Debería haberle hecho caso a
Titania, este vestido es demasiado escotado para el frío de Hel.
—Morgana, ¿por qué te llevas tan mal con las otras Princesas? —Hoy es
mi día de ser interrogada.
—No recuerdo haber sido grosera —contesto evadiendo la pregunta.
—Tampoco actuaste como lo hiciste con Lorelei, incluso con tu hermana
Fay mantuviste tu distancia. —Se dedicó a observarme durante toda la cena.
Doy una rápida explicación de que a mi hermana Fay se le considera la
siguiente Reina de Asgard, ella nunca ha querido serlo, pero su
entrenamiento real estaba dedicado a eso. Nunca podíamos jugar ni estar
cerca la una de la otra. A diferencia de las otras princesas, nunca pude hacer
magia, por lo que me dediqué al conocimiento de leyes y demás cosas. Mi
padre prohibió la entrada al palacio de cualquier miembro de las familias
reales, solo me visitaba Lorelei por su relación con mi hermano. Después de
los diez años, Saruman y Rince asistían bastante al castillo. La hermana
pequeña de Lorelei, Nerissa, empezó a perseguirla y se ponía a menudo
celosa de que ella fuera más cercana a mí que a ella, por lo que me jugaba
bromas todo el tiempo. Al final caía en cada una de las trampas por no tener
poderes. A los quince años mi padre inició a celebrar más seguido
actividades y pude conocer al resto de los Príncipes.
—Entiendo. ¿Y por qué no intentas acercarte a otros miembros ahora?
—No quiero hacerlo. Estar toda mi vida encerrada, estudiando para
convertirme en gobernante me hizo darme cuenta de que deseo ser libre,
conocer el mundo, personas, Reinos y el amor —explico emocionada—. Mi
madre siempre me habla del amor, la libertad y su Reino. Desde niña vi lo
mucho que sufría al lado de mi padre, tenía que trabajar mucho para atender
al Reino de Asgard. No podía decir lo que pensaba, siempre debía mantener
la compostura. Muchas veces cayó enferma y nadie fue a visitarla. No
quiero esa vida para mí. Cuando me enteré de que venía a Hel, supe que
podía cumplir mi sueño.
—¿Y tu compromiso con Saruman? —No sé por qué sabía que iba a
terminar en esa pregunta.
—A mí siempre me pareció Rince mejor opción que Saruman, nunca
entendí porque siempre quisieron comprometerme con él. Saruman y yo
nunca nos habíamos relacionado, cuando llegamos a Hel fue que
empezamos a conocernos —dirige con curiosidad su mirada hacia mí—.
Entiendo por qué lo amas, pero yo lo quiero como un amigo. Nunca he
pensado en más.
—Eres habladora —dice en tono de broma apresurando su quimera.
***
Aunque el tiempo no parecía ayudar con todas las ventiscas que impedían
nuestro paso, logramos llegar a la tumba de Carmín. Titania está nerviosa a
mi lado, aunque intenta disimularlo colocando sus manos detrás de la
espalda.
—¿Estás segura de lo que vas a hacer? —pregunta Titania sujetándome
del brazo antes de entrar.
—Sí. Una vez que comience debo terminar, sino moriré trayéndola de
vuelta —confieso con seriedad—. Quédate acá afuera y no dejes que nadie
entre.
—¿Quién va a venir?
—Destan. He sentido que su presencia nos ha perseguido, debe querer
evitar que use mi magia.
—Morgana, si tu vida corre peligro, no te arriesgues. Cuando los muertos
se van es porque cumplieron con su función en nuestras vidas, Saruman
necesita tiempo para aceptarlo.
—Titania, no confío en las palabras de Destan. La única persona que
puede aclarar mis dudas es Carmín. Solo regresándole la vida me contará la
verdad. —Le doy la espalda y entro a su tumba.
Grurea comienza a hacer un círculo alrededor del tarro donde se
encuentran las cenizas de Carmín. Sus patas sueltan una arenilla, me mira e
indica que debo entrar al círculo. Los pequeños colmillos de su cola
muerden mi mano y riegan toda mi sangre por la arenilla. Grurea sale del
círculo y se retira de la habitación. Supongo que ya cumplió con su parte.
Respiro profundamente, necesito recordar claramente a Carmín y atraerla
a mí. Su figura, su gran busto, su cabello azabache, sus ojos azules, su
energía, cualquier detalle relacionado con ella servirá como anclaje. El
conjuro para resucitar a una persona es peligroso, se debe realizar un
intercambio obligatorio, además de que esa persona no vivirá como solía.
La esperanza de vida será menor a la que poseía y puede que su apariencia,
recuerdos o poder no regresen, pero si sus deseos de vivir son lo
suficientemente grandes su alma tratará de encontrar un camino de vuelta.
Sin embargo, si esta no quiere ser revivida, puede absorberme y matarme.
Aquel día, sentí que Carmín deseaba regresar al lado de Saruman, que
renunciaría a lo que fuera por estar juntos una vez más. No conozco cuál es
el objetivo de mis poderes, ni mi razón de ser, pero si tengo la posibilidad
de ayudar a los demás con ellos, no dudaré.
Empieza a circular un aire frío por la habitación, la niebla se condensa y
las manchas de sangre disueltas por el piso comienzan a elevarse. Mi
cuerpo se llena de energía, mis manos se mueven por sí solas, las cenizas
del tarro salen esparcidas dentro del círculo. Huelo el olor del cadáver que
se forma, su figura humana está siendo reconstruida. Me está llevando
bastante tiempo encontrarla, voy a tener que adentrarme en la tierra de los
muertos para traerla de regreso. Recuerdo que la última vez nos vimos cerca
del castillo, este se encontraba cerca de un camino estrecho y lleno de
piedras puntiagudas. Refresco en mi mente todas esas memorias.
—¡Carmín! —grito.
—Morgana, ¿qué haces aquí? —Su voz es bien lejana.
—Vine a llevarte de vuelta. —continúo chillando por varios lados.
—No voy a regresar —dice desde la distancia—. No quiero volver a ser
una carga para Saruman ni para nadie.
—Carmín. —Corro hasta su voz, y me detengo lo más cerca de donde
logré oírla—. ¿Se te olvidó el gran amor que sentías por él? ¿Acaso perdiste
todos esos buenos recuerdos que tenías junto a él? ¿Te logras escuchar por
un minuto? ¿En serio piensas que fuiste una carga para él? Todos estos años
que te fuiste de su lado él creció, no solo como el hombre que viste hace
pocos días, maduró como persona, creó su ejército, cambió Hel, se dedicó a
hacer un mejor lugar. Pruebas me podrán faltar, pero dudas no tengo acerca
del amor que Saruman tiene hacia ti. Su sonrisa, su voz, sus lágrimas, su
manera de mencionar tu nombre. Saruman no te ha olvidado ni un solo día.
¡Yo desearía que alguien me amara como él te ama a ti! ¡Él no ha olvidado
las promesas que se hicieron! ¿Estás segura de que no quieres aprovechar la
oportunidad de regresar junto a él y recuperar todo el tiempo que han
perdido? —Mi voz se vuelve disfónica. He gritado lo suficientemente alto
para que me escuche toda la tierra de los muertos.
Se acerca una figura hacia mí, es Carmín. Su rostro está lleno de
lágrimas, se lleva las manos hacia este y corre hacia mí. Su repentino
abrazo me hace caer junto con ella hacia el piso.
—Yo lo amo —dice sollozando—. Nunca lo he olvidado. A pesar de que
no me encuentro físicamente al lado de él, recé todos los días por su
bienestar. Nunca me he perdonado por no haber cuidado de nuestro hijo.
¡Debí haber sido lo suficiente fuerte para protegerlo! —Carmín rompe en
llanto—. Yo quiero regresar a su lado, ¿me ayudas, Morgana?
—Claro. Volvamos juntas. —La recompongo y nos sentamos una frente a
la otra.
Debo concentrar mi energía y acabar de sacarnos de la tierra de los
muertos, hemos estado demasiado tiempo aquí. Cierro mis ojos y respiro
profundo. Aprieto firmemente sus manos.
—¡Morgana, despierta! —grita Titania desconcertándome.
Abro mis ojos. Veo a Titania, Destan, Saruman y Carmín.
Sonrío al ver que pude traer a Carmín de vuelta. Automáticamente mi
estómago da un vuelco y vomito. No puedo contenerlo, es sangre negra.
Siento que todo empieza a dar vueltas y mis ojos se cierran.
***Destan***
Morgana perdió el conocimiento después de volver con Carmín. ¡Diablos!
¡Esto se complica cada vez más! ¡Ya Evan está aquí y no puedo retrasarme!
—Destan, ¿qué hacemos? —pregunta Titania nerviosa con Morgana en
brazos.
—La llevaré al palacio a que la atienda el médico real —ofrece ansioso
Saruman caminando de un lado hacia otro.
—Hermano, Carmín necesita recuperar su energía ahora. Yo
me ocuparé de Morgana. Titania, ve al palacio y habla con Lorelei —
Titania asiente con la cabeza—. Voy a llevar a Morgana a la región de
Grunao. Te encontraré allí con Lorelei.
—¿Estás loco? La región de Grunao se encuentra en el extremo sur de
Hel. Morirá antes de llegar allá. —Alza la voz Saruman.
—Saruman, tranquilo. En Grunao es donde se encuentran los mejores
médicos y nadie conoce allá la identidad de la familia real. Ellos tienen una
regla donde atienden a cualquier persona que llegue herida sin importar de
dónde sea —explica Carmín tratando de calmarlo.
—Saruman, Carmín tiene razón —interviene Titania más calmada—. Yo
tampoco confío en Destan, pero no tenemos alternativa. Morgana ha
perdido más de la mitad de toda su energía interna, está cerca de la muerte.
—Lo sé. Carmín, vamos, te llevaré a mi habitación para que descanses.
Titania, ¿necesitas que te lleve?
—No, vinimos en mi quimera. Iré a buscar a Lorelei. El viaje hacia
Grunao es de dos días. ¿Cómo retrasamos la Asteria? —consulta Titania
subiéndose a su quimera
—Saruman y Lorelei se van a encargar de ello. Después de todo, Evan es
el favorito de nuestro padre —contesto formando una forzada sonrisa. Esta
situación le viene bien para su plan.
Carmín se monta en la quimera de Saruman y se van.
—Titania, Lorelei ya debe saber de mi existencia, no permitas que Evan
conozca sobre ella. —Si Evan sabe que fui liberado correrá a verme y eso
podría influir mal en los planes.
—Destan, si Morgana muere, no vivirás lo suficiente para que nadie sepa
de ella. —Lanza una mirada aterradora y se va lo más rápido que puede.
—Morgana, has ganado a una gran amiga. Erelim, ven —grito cargando
a Morgana en brazos.
—Así que esa pequeña humana es Morgana. Ha crecido desde la última
vez que la vimos —comenta Erelim observándola.
—Debemos llegar a Grunao lo antes posible.
Me subo a Erelim. Grurea se acomoda en el hombro de Morgana y
comienza a lamerle el rostro.
—¿Estás preocupado, Grurea? —acaricio una de sus cabezas y me
comienza a gruñir—. Tranquilo, no dejaré que le pase nada a Morgana.
Capítulo 12: El Retén Nómada
***Morgana***
Un olor a desinfectante despierta mis sentidos, mi cuerpo es pesado y me
cuesta abrir los ojos. Entrecierro la vista para encontrarme en una pequeña
habitación de tonalidades grises. Trato de incorporarme al respaldo de la
cama, pero las punzadas provenientes de mi vientre causan que libere un
pequeño crujido. A los pies de la cama duerme Grurea, al verme despierta
camina hasta mis manos para lamerlas.
—¿Dónde estoy? —Mi voz emerge seca y afónica.
—Hola, jovencita. —saluda un señor mayor de gran barriga y baja
estatura—. Está en la Región de Grunao. Su esposo la trajo al borde de la
muerte, tuvo suerte de llegar a tiempo —comenta brindándome una amable
sonrisa mientras lo miro confundida.
—¿Mi esposo? —¿Qué está sucediendo? ¿Habré reencarnado en otra
vida?
—Sí, su esposo. Está afuera dándole agua a un dragón. —Se acerca para
comprobar si tengo fiebre—. Ha pasado dos días durmiendo, su esposo está
muy preocupado.
¿He dormido durante dos días? ¿Qué le pasó a la Asteria? ¿A Carmín?
¿Quién es mi esposo? ¿Qué diablos sucedió? Mi cuerpo no tenía que haber
reaccionado así después de ir a buscar a Carmín, antes no pasó nada. El
señor al ver que lo observo extrañada por sus palabras agrega.
—Su esposo no se separó de usted durante estos dos días, le cambió de
ropa, bañó, alimentó y estuvo pendiente de su fiebre. No teníamos mucha
esperanza de que viviera. Sin embargo, él se mantuvo firme y sostuvo su
mano todo este tiempo. Si no es su pareja, no sabemos quién será entonces.
La puerta se abre distrayéndonos a ambos de nuestra conversación. Una
figura conocida me mira como si estuviese viendo a un fantasma.
—Destan. —Logro decir al verlo en el marco de la puerta.
—Morgana. —Destan suelta la vasija de agua que lleva y corre a
abrazarme—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? —Su cara de preocupación me
sorprende y desconcierta, ¿él ha estado cuidando de mí?
—Estoy bien, solo un poco confusa, ¿dónde estamos? —pregunto
liberándome de su abrazo.
—Bueno, joven pareja, yo me retiro. Dentro de un rato le haremos una
revisión —informa el anciano.
—Gracias, doctor —expresa Destan antes de marcharse el médico de la
habitación—. ¡Estás loca! ¿Cómo se te ocurre llegar a ese extremo? —Alza
su voz y se levanta de la cama enojado, Grurea le gruñe.
—Grurea, no te metas en esto. Tú también eres responsable por haber
ayudado a Morgana. —Le señala con el dedo, me da un poco de risa su
discusión con Grurea—. Morgana, ¡pudiste haber muerto! ¡Ni siquiera
sabes controlar tu poder, ni los límites, ni lo que debes tener en cuenta!
Encima de todas esas cuestiones, ¡haces un encantamiento de nivel
celestial!
—Destan, me alegra escuchar tus preocupaciones, pero ¿por qué siento
que estás sobreactuando un poco? —digo riéndome—. ¿Estás haciendo el
papel de esposo preocupado?
—No, Morgana. Hablo en serio, pudiste haber muerto. Tú todavía no
puedes hacer encantamientos por arriba de un nivel superior y usaste uno
celestial. —Posee una mirada de ira incontrolable en el rostro con ambas
manos apoyadas en la cintura.
—Si me hubieras enseñado, esto no hubiera pasado —planteo a modo de
pelea cruzando mis brazos.
—¿Por qué eres tan infantil? —Empezamos a discutir y el ambiente se
torna incómodo.
—¿Yo soy infantil? ¿Quién es la persona que lo único que hace es dormir
conmigo por las noches y me oculta todo?
—¿Ahora yo soy el culpable? Gracias a mí no tienes pesadillas por las
noches y puedes dormir tranquila. —Su voz hace estruendos en la pequeña
sala y mi corazón quiere salirse del pecho debido a la molestia.
—¡Perfecto! ¡A partir de ahora no quiero que duermas más conmigo! Soy
capaz de controlar mis pesadillas. Además, no entiendo a donde quieres
llegar con esto, solo nos conocemos desde hace tres meses. Ni siquiera sé
quién eres, ni entiendo el interés que tienes en mí. Solo vienes, haces lo que
quieres como el otro día y te vas —chillo molesta hablando como siempre
más de la cuenta.
—¿El otro día? —Su mirada se oscurece causando que sus ojos azules se
clavan en los míos como si hubiese caído en un bosque sin la luz de la
noche—. ¿Te refieres a la noche que nos acostamos?
—Sí, ¿no hiciste lo que querías? —Mueve su pelo como si estuviera
frustrado, pero en estos momentos no puedo detenerme—. Porque al otro
día desapareciste y ni rastro de ti, sino hubiera sido porque reviví a Carmín.
¡No aparecías! —añado gritando molesta. Se lleva sus manos a la cara y
sale por la habitación cerrando la puerta de un golpe.
Mis ojos se nublan por las lágrimas, quizás no debería haber mencionado
lo de la otra noche.
Quisiera saber por qué tengo estos sentimientos por él si ni siquiera nos
conocemos, ¿por qué llevo este dolor tan fuerte en el pecho?
—Es la primera vez que veo a Destan perder la paciencia después de una
discusión sin sentido —menciona un animal en forma de gallina con
muchas plumas doradas.
—¿Qué? —cuestiono sorprendida levantándome de la cama para
acercarme a la ventana donde está posada la gallina.
—Hola, soy Erelim. Fui quien te trajo hasta aquí.
—¿Una gallina me trajo aquí? ¿Te teletransportas? —Definitivamente me
estoy volviendo loca, estoy hablando con un ave doméstica.
—No soy una gallina, soy un dragón celestial del fuego de la tierra —
expresa orgulloso alzando sus alas como un pavo real.
—Tienes forma de gallina, pero tu cresta es diferente y con más pelaje —
confieso examinándolo curiosamente.
—Estoy en esta forma porque los aldeanos se asustan cuando me ven en
mi apariencia de dragón.
—Entiendo, ¿dónde estamos? ¿cómo es que hablas? —Cierto, llegado a
este punto, ¿cómo es que habla?
—Estamos en el final de Hel, la región de Grunao. Morgana. —Vuela
hasta mi cama para evitar que lo toque—. Soy un dragón celestial del fuego
de la tierra, todas las criaturas celestiales hablan. Grurea también habla,
pero es un cachorro. —Giro mi cuello y corro para levantar a Grurea al aire
y le acaricio los hocicos.
—¡Mi pequeño habla! Di “mami” —Grurea me mira y hace un ronroneo.
Erelim me observa sorprendido como si estuviera loca—. ¿Hace cuantos
años conoces a Destan?
—Desde niño —responde Erelim acomodándose sobre la almohada.
—¿Y por qué no lo salvaste todo este tiempo si eres su mascota? —La
pregunta puede sonar como un sarcasmo, pero la curiosidad me mata.
—No soy su mascota y el Archiduque también me encerró en una cueva,
privando mi libertad. No supe de Destan hasta hace tres días que fue a
rescatarme —contesta a punto de cerrar los ojos para dormir.
—¿Te refieres al día que me desmayé? —Las palabras tiemblan a medida
que salen de mi garganta.
—Sí, esa mañana apareció a buscarme. Le llevó todo el día sacarme y
traerme de vuelta. —Mis ojos liberan una lágrima—Sin embargo, es la
primera vez que lo veo molestarse tanto. Siempre es tan pasivo, ni siquiera
cuando su padre lo encerró alzó la voz —comenta mientras me da un último
vistazo.
—¿Escuchaste toda la conversación?
—Lamentablemente sí, aunque Destan es un poco testarudo también. No
entiendo por qué no te cuenta la verdad. —Lo sujeto por su cresta
despertándolo para que centre su atención en mí.
—¿A qué verdad te refieres, Erelim? —Hago mi mejor rostro aterrador.
—No tienes que verme así. Destan y tú se conocen desde niños. Fuiste tú
quien le hizo prometerle que te cuidara y se casara contigo. —Estoy sin
palabras. ¿Qué mierda significa eso?—. Él ya le había hecho la promesa al
gran Duque de que te cuidaría, no entiendo qué ganaba con prometértelo
también.
—¿Yo le hice prometerme que se casara conmigo? ¿Qué gran Duque? —
Debo aprovechar esta oportunidad y conseguir la información que todos me
niegan.
—Sí lo hiciste. Ese collar que llevas, fue Destan quien te lo dio y el Gran
Duque es tu padre. —¿Qué?
—Mi padre es el Rey y este collar fue obsequiado por mi madre antes de
salir de Asgard —respondo dudando de mis propias palabras.
—La Reina guardó el collar cuando Destan fue encerrado y tu padre no
es el Rey. ¿Destan no te habló de nada de eso?
—No lo hizo. —Dejo a la gallina sobre la cama y salgo desprendida por
la puerta con el abrigo de Destan puesto.
El lugar es una fortaleza antigua con habitaciones conjuntas. Hay varios
pacientes y médicos por todo el recinto.
—Disculpe doctor, ¿por dónde es la salida? —pregunto a un médico que
pasa.
—Continúe recto y verá una puerta a su derecha.
—Gracias.
Noto que Grurea y Erelim me siguen. Es increíble como me alcanzan a
pesar de que camino a toda prisa desenfrenadamente.
—Morgana, no te molestes. Yo pensé que él había desbloqueado la
mayoría de tus recuerdos —explica Erelim con voz de haber cometido un
grave error.
—¿Encima bloquea mis recuerdos? —Mi molestia sube a cada momento.
¿Quién mierda eres, Destan? ¿Cómo bloqueaste mis recuerdos? ¿Cuántas
cosas me has ocultado? Salgo por la dichosa puerta y veo a Lorelei
discutiendo con Destan. Me acerco a ellos.
—Lorelei, ¿qué haces aquí? —demando con enojo mientras Lorelei
empieza a revisarme con su mirada.
—Te dije que está bien —dice Destan observándola sin dirigirse a mí.
Titania se acerca, junto con Lotán y Dzahui. ¿Qué es esto y por qué hay
tantas personas? ¿Qué fue lo que sucedió?
—Morgana. —Titania se acerca a mí con los ojos gélidos y con un rostro
destrozado por la culpa.
—Titania, estoy bien. Gracias. —La abrazo y Titania empieza a llorar en
mi hombro.
—Nosotros también estábamos preocupados —comentó Dzahui
acercándose.
—Gracias, estoy bien. —Les hago un guiño a los dos y Titania me
suelta.
—¿De quién es ese abrigo? —indaga Lorelei una vez que Titania se alejó
de mí.
—Es mío —confiesa Destan como si lo estuvieran acusando de un delito.
—¿Qué hace Morgana con tu abrigo puesto? —continúa investigando
Lorelei, está en su fase detective.
—La ropa que tenía no era la más adecuada para traerla, solo tenía un
vestido de seda a mano y le puse mi abrigo —contesta calmado, me sonroja
que me haya visto desnuda.
—¿Cambiaste a Morgana? ¿Cómo te atreves? —Lorelei alza su espada y
la lleva hasta la garganta de Destan.
Erelim revela su verdadera forma de dragón. Es una criatura de siete
metros de alto con alas enormes llenas de plumas doradas, grandes patas
blancas con pezuñas afiladas, con una cresta conformada por varias
péndolas rubias, blancas y azules. En el inicio de esta tiene incrustada una
gema resplandeciente ambarina, su rostro es puntiagudo y tiene pequeñas
escamas. De sus orejas caen unas argollas color oro, con unos pergaminos,
además de tener una gran cola con una espina en la punta.
Erelim abre sus alas, se pone detrás de Destan y le ruge a Lorelei. Todos
los lugareños salen a ver qué es lo que sucede.
—Erelim, estás llamando mucho la atención. Además… —Toca la
espada de Lorelei y la rompe en pedazos sin perder la calma en su tez—.
No tienes de qué preocuparte.
Lorelei se sorprende, Erelim regresa a su apariencia de gallina. Camino
para detenerme delante de los dos.
—Ya es suficiente. Lorelei, tú no eres del tipo que hace un espectáculo
público, las personas alrededor creerán que estamos peleando —comento
con los brazos estirados impidiendo que uno de los dos haga otro
movimiento.
Sin embargo, estoy nerviosa. La espada de Lorelei está hecha con raíces
sagradas del árbol de la cripta de Alfheim, ¿Cómo pudo Destan romperla
tan fácilmente?
—Yo no tengo ningún problema con nadie. No soporto que me apunten
con un arma —explica Destan molesto, como si fuera la víctima de toda
esta situación.
—¡Tú tocaste a Morgana! —grita Lorelei haciendo que todos presten
atención a sus palabras—. ¡Ella es la prometida de tu hermano!
—¿Acaso llegar virgen al matrimonio es una regla? —Las palabras de
Destan salen cada vez más molestas de su boca—. De todas formas, eso no
volverá a suceder.
Destan se acerca a mí para cargarme en brazos y camina de vuelta hasta
la habitación donde estaba acostada.
—Destan, ¿podemos hablar? —susurro en su oído.
—No. Lorelei vino a llevarte de vuelta a Numore. —Abre la puerta del
cuarto y me sienta en la cama.
—Entonces, ¿vas a dejarme e irte de nuevo? —Sujeto su mano para que
me mire.
—Eso es lo que suelo hacer, ¿no es así? —Se gira mostrándome su ancha
espalda. Está dolido por lo que le dije.
—¿Quién es el Gran Duque? ¿Qué significa el collar que estoy usando?
—Se da la vuelta absorbiéndome en la noche de su mirada.
—¿Por qué me preguntas sobre él ahora? —pregunta desconcertado
desordenando su cabello.
—Erelim me contó todo, ¿por qué bloqueaste mis recuerdos? —Levanto
mi cuerpo para pararme delante de él.
—Erelim no sabe lo que dice. —Vuelve a darme la espalda.
—Destan, si no quieres que vuelva a hacer una locura, cuéntame la
verdad ahora. —Trato de amenazarlo para que hable.
—No hay nada que puedas hacer que pueda levantar ese sello —comenta
serio, pero no me convence lo que dice.
—Carmín. Ella regresó de los muertos, debe saber la verdad.
—Ella no sabe prácticamente nada. —Aunque la oscuridad de su mirada
me devore, debo seguir presionando.
—No me importa, encontraré la manera de saberlo. En algún libro
aparecerá quién es el Gran Duque. —Alzo la vista y respiro antes de
preguntarle—. Ahora dime, ¿qué significa el collar que llevo puesto
Destan?
—No significa nada. —Baja la vista, está ocultándome cosas.
—Destan, ¿cuándo te hice prometerme que te casaras conmigo?
—¡Morgana, no indagues más! Solo olvida todo lo que te dijo Erelim. —
Su dedo se acerca a mi frente.
—¡No me toques! ¡No quiero olvidarte de nuevo! ¡Dime la verdad,
Destan! —Le ruego con las lágrimas afuera. Su rostro se hace pedazos.
—Morgana, como ya te dije una vez, la verdad no es algo que siempre
debamos conocer. —Esos pozos de sus ojos están llenos de tristeza y dolor.
—¿Soy la razón por la que estés encarcelado? —Por primera vez alza la
mirada para mirarme sorprendido—. El Duque que fuiste a matar es mi
padre, ¿verdad? —Su rostro se endurece, permanece en silencio—. No
importa si me respondes o no. Lo averiguaré por mi cuenta.
—Morgana, regresa con Lorelei —dice desesperado apretando los puños
de sus manos.
—¡No quiero! ¡Si me voy, sé que escaparás! —Lo miro sollozando—.
¡Por eso fuiste a buscar a Erelim, para huir! —Mi voz tiembla y las
lágrimas se desbordan por mis ojos.
—Tranquila, no voy a huir. —Acaricia mi cabeza como si se hubiese
rendido conmigo en esta discusión.
—Regresa conmigo —digo entre sollozos y me limpio los ojos con las
manos.
—No puedo. Nuestros padres no me dejarán vivir si ven que escapé —
explica con voz calmada quitando la mano de mi cabeza.
—Destan, ya sé que el Rey no es mi padre. Regresa conmigo, esta vez te
protegeré yo —menciono seria y se ríe.
Titania toca la puerta.
—¿Puedo pasar? —pregunta Titania con voz baja—. Morgana, si quieres
discutir con Destan hazlo en otro lugar. Casi todo el mundo está escuchando
lo que hablan. —Me avergüenzo y bajo la mirada con mis mejillas ardientes
—. Te traje esta ropa, la voy a dejar aquí.
—Titania, quédate, yo esperaré afuera. —Destan se va y sostengo su
brazo para que no lo haga.
—Está bien. Yo salgo, después de todo el espectáculo que han hecho,
¿cuál es la diferencia que él te ayude con la ropa? —expresa Titania y nos
avergonzamos los dos.
Titania deja la habitación y cierra la puerta. Destan me da la espalda para
quitarme su abrigo. Levanto el vestido que llevo puesto para colocarme uno
de los uniformes de Titania, el cual me queda un poco grande. Es un suéter
negro y un pantalón oscuro ocre ancho. Recojo mi pelo en una coleta y
vuelvo a usar el abrigo de Destan, meto mis pies en unas botas de cordón
crema. Él lleva una camisa blanca con una esclavina de color crema y unos
pantalones caqui con unas botas negras. La camisa está abierta y se logra
ver su pecho.
Salimos de la habitación en silencio y caminamos todo el camino hasta
salir a la entrada donde nos esperan Lorelei y los demás.
—Jovencita —escucho al doctor llamarme—, tienes un gran potencial
para la magia. Sin embargo, entre más grande sea el envase más difícil es
llenarlo. Nunca uses un encantamiento que vacíe tu vaso interior, ya que tu
vida correrá peligro por no volverlo a llenar a tiempo. Trata de no usar
magia en unos días.
—Gracias, doctor.
—No haga preocupar a su esposo. —Nos sonrojamos debido a sus
palabras y a la incomodidad que sentimos en estos momentos.
El doctor me entrega un frasco de elixir y me aprieta la mano.
—Esta poción te ayudará a recuperar con más facilidad tu magia, solo
unas pocas gotas serán suficientes. Sé precavida, Princesa, te espera una
gran responsabilidad en el futuro. —Sonríe y me despido con la otra mano.
—Le caíste bien al doctor, a pesar de tu escándalo —menciona Destan
con una voz entre sarcástica y graciosa que no logra diferenciar.
—Quien formó el escándalo fuiste tú.
—Está bien, vamos.
El tiempo en la región de Grunao es más caluroso que en Numore y se
debe atravesar varias puertas antes de llegar al límite de la ciudad para
viajar.
—Erelim. —Lo llama Destan y Grurea sube a mi hombro.
—¿Vas a ir a Numore? —pregunta Titania subiéndose a su quimera.
—Estaré bien. Evan ya debe saber de mí debido a que Lorelei está aquí
—responde Destan con tranquilidad ajustando unas cosas a Erelim.
—Todo Hel sabe que estás vivo —menciona Lorelei—. Lo que nadie
sabe es la razón de tu encierro. El Rey y el Archiduque se niegan a decir la
razón.
—No la dirán —afirma Destan con firmeza—. ¿Viniste en la quimera
junto a Titania?
—Sí. —contesta Lorelei subiéndose junto a Titania.
—Erelim. —Destan lo mira y se transforma en su majestuosa forma—.
Vamos, Morgana.
Erelim se agacha para que subamos por su ala. Una vez sobre él, Destan
agrega:
—Tardaré menos de un día en llegar a Numore, vayan detrás de mí para
que puedan combatir el viento.
—Está bien —dicen todos subiéndose a sus criaturas maléficas.
El viento es fuerte y helado a la altura que vamos, por lo que cierro los
ojos y pego mi cuerpo al de Destan.
—Destan, ¿todavía estás molesto por la pelea que tuvimos? —pregunto
arrepentida de toda la situación que se causó debido a mis palabras.
—Sí lo estoy, pero puedo separar las cosas. Ahora no es momento de
hablar de eso. —Toma mis manos para que sienta seguridad—. Cuando
llegue a Numore y vayan a arrestarme, no interfieras.
—Destan, estás regresando por mí. No dejaré que te vuelvan a aprisionar
—exijo con firmeza pellizcando su ropa.
—No lo hago por ti. Lo hago por Saruman, no tengo un buen
presentimiento de la Asteria —comenta con cierto nerviosismo en la voz.
—Destan, ¿podrías parar de ocultarme cosas? —Alzo la voz enojada—.
¡Y por favor no me vengas ahora con tu famosa frase “no siempre es bueno
saber la verdad”!
—Este no es ese caso. He escuchado algunos sucesos y estoy yendo a
comprobarlo —explica inquieto—. Si es certero lo que estoy escuchando,
todos debemos salir de Hel lo antes posible.
—Me asustan tus palabras.
—Solo espero equivocarme esta vez.
Destan, para tranquilizarme, empieza a explicarme que la Región de
Grunao es una de las puntas de Hel. Cuando trasciendes sus límites te
encuentras con Palitor, en donde se reúne toda la fortuna del reino, ya que
es una zona de negocios en la cual acceden barcos de distintas ciudades.
Toda la información que me está brindando me resulta interesante, pues
pensé que las embarcaciones habían desaparecido. Debido a que Asgard
está encima de las nubes, los cinco restantes Reinos están interrelacionados
por puentes colgantes. Él explica que las mercancías son muy complicadas
de transportar por aire. Además, tomar ese tipo de ruta es muy caro, solo las
personas de alto nivel pueden permitirse utilizar el transporte aéreo.
—¿En qué viajaremos nosotros para abandonar Hel? —pregunto curiosa
a lo que Destan me ignora.
—Titania, ahora cuando pasemos Palitor nos detendremos en Doston —
ordena Destan girándose para indicarle el camino.
—¿En Doston? —pregunta Titania sudando y aterrándose de pies a
cabeza.
—Sí, es el mejor lugar para no llamar la atención —explica Destan
bajando la velocidad de Erelim.
Doston es un pueblo inhóspito, se suele utilizar como cementerio para la
Guardia Oscura, debido a que es uno de los poblados más helados de todo
Hel, provocando que muchos ciudadanos eviten venir. La razón por la que
Titania le tiene pánico es debido a que existe una antigua leyenda.
Según la tradición, todos los miembros de la Guardia Oscura deben pasar
por Doston antes de salir a una misión para despedirse de sus compañeros
caídos, debido a la “leyenda”. Se cuenta que un grupo desafió las antiguas
reglas y partió sin cumplir el ritual establecido. Sin embargo, una oscuridad
siniestra los acechó a todos, y cada uno de sus miembros encontró una
muerte misteriosa, excepto uno; se ocultó en Doston antes de volver.
Cuando regresó, dijo que sus compañeros muertos lo habían protegido en la
penumbra de la noche, ayudándolo a volver. Desde aquel día, las tumbas de
estos soldados quedaron en el olvido, y las almas atormentadas aún
susurran sus lamentos por todo el cementerio de Doston, como un eco
eterno de la traición y la lealtad.
—¿En serio estás preocupada por ese mito? —demando mirándola
curiosa por su reacción.
—¡Pues claro! —chilla temblando sobre su quimera.
—La leyenda no es tan aterradora, ¿por qué Titania está tan asustada? —
cuestiono viendo lo pálida y temblorosa que está.
—¡Porque yo era la responsable de esas tumbas! —grita dejando que
todos la escuchemos perfectamente.
—Entonces lo que temes es que los espíritus regresen vengándose —
afirmo causando que todos se rían—. Pobre de ti al vivir con ese miedo, no
sé qué harías en mi lugar.
—Lo siento, Morgana. Yo entiendo que tu poder es sobre los muertos y
esas cosas relacionadas con ellos, pero, ¡a mí me aterra todo lo vinculado
con ello! —confiesa liberando finalmente sus pensamientos.
—Titania, no te sientas mal, Morgana también les tiene miedo a las
historias de muertos —cuenta Lorelei provocando que haga una mueca.
—Dejemos de hablar del pasado —expongo ocultándome en la espalda
de Destan.
—Puede ser que ahora se haya vuelto un poco más valiente, pero cuando
era niña decía que veía personas muertas en sus sueños y no quería dormir
sola. Hacía berrinches para que durmieran con ella y empeoraba aún más
cuando veía a alguien con el que había soñado, corría por todo el palacio
afirmando haber visto un fantasma. —Me he convertido en el hazmerreír al
ver las carcajadas que liberan todos.
—Mi pobre Princesa, eres toda una miedosa —comenta Destan
molestándome mientras que yo le reclamo dándole pequeños golpes en su
espalda—. Empecemos a descender.
Aterrizamos cerca de unas cabañas abandonadas.
El lugar está cubierto de una alta nieve, los arbustos están secos y el lago
se ha cristalizado del frío. Las barracas son de marrón oscuro y se notan
bastante deterioradas. Solamente están intactas cinco de ellas y justo en el
medio hay una estatua de una hermosa mujer. Me acerco para verla mejor,
la parte baja tiene su nombre grabado: “Brigitte Mcfergland”, junto con un
mensaje: “Si algún día regreso a la vida, deseo seguir sirviéndole a usted”.
Me pregunto, ¿quién será o por qué lleva ese mensaje? Mis pensamientos
se ven interrumpidos por la voz de Titania llamando a Destan.
—Destan. —Titania lo mira con complicidad.
—Sí, yo también me percaté. —Destan se pone en una posición
defensiva.
—¿Qué sucede? —pregunto cuando veo a Titania buscar en su cinturón
una flecha.
—Estamos rodeados —contesta Lorelei desenfundando su arma.
De en medio de las cabañas comenzaron a salir varios soldados vestidos
de blanco y con el rostro cubierto con una capucha gris. Se acercan a
nosotros con dagas en sus manos y huelo el veneno desde mi posición.
—Lorelei, protege a Morgana —ordena Destan cogiendo un arma de
Titania.
—Destan, no veo a Dzahui y Lotán desde que fueron a revisar los
alrededores —comenta Titania—. Deben estar rodeados también.
—Titania, ¿reconoces sus vestimentas? —Indaga Destan atacando a uno
para matarlo sin compasión.
—No. —responde Titania esquivando el movimiento de uno que iba a
enterrar su daga la parte baja de su estómago.
—Son el retén Nómada, están bajo el servicio de Evan —confiesa
Lorelei uniéndose a la lucha.
—¿Entonces por qué nos atacan? —pregunto tratando de evadir
torpemente los ataques de los asesinos.
—A Lorelei no la tocarán, pero a lo demás sí, es una orden de asesinato
—anuncia Destan degollando a otro.
—Titania, el retén está especializado en realizar ataques silenciosos y
rápidos. Ve a ayudar a Lotán y Dzahui. Sus habilidades de agua no les
ayudarán a detenerlos por mucho tiempo. Destan y yo nos ocuparemos de
estos —explica Lorelei combatiendo también.
—Yo también estoy aquí —protesto queriendo ser de ayuda.
—Está bien. Les dejo el resto a ustedes —dice Titania tratando de
evitarlos para irse.
Estamos rodeados por más de veinte soldados. Todos se tiran hacia
nosotros con movimientos precisos para asesinarnos. Destan tiene razón, a
Lorelei no la han tocado, incluso la están evitando. Ella hace un hueco para
que Titania pueda escapar a buscar a los otros.
—Ve ahora. —grita Lorelei deteniendo a un guardia que iba por Titania.
Ella se apresura y escapa. Destan se encuentra luchando a puños,
mientras Lorelei está usando sus poderes de maestra del aire como cuchillas
para acabar con los soldados.
—Destan, creí que eras casi invencible, pero estás recibiendo una gran
golpiza de unos simples reclutas —bufa Lorelei y Destan se gira a verme—.
¡Ya entiendo! ¿No sabes usar una daga?
—No es eso. —Se acerca a Lorelei y le susurra cerca—. No quiero
mostrar mis poderes delante de Morgana.
—¿Qué tiene? —pregunta Lorelei en voz baja.
—Lo explicaré en otro momento. Llévala dentro de una cabaña —exige
Destan murmurando.
—Está bien —acepta ella a regañadientes.
Lorelei me arrastra llevándome del brazo para dentro de la cabaña y
vigila la salida a través de la rendija de la puerta.
—¿Por qué estamos aquí? —demando con curiosidad, no pude escuchar
todo lo que hablaron.
—Debido a que tu querido amante lo requirió —contesta de mala gana
sin bajar la guardia.
—Destan no es mi amante —explico mientras la tonalidad roja toma el
control de mis mejillas—. ¿No deberíamos estar ayudándolo?
—Ya pueden salir —grita Destan desde el otro lado de la puerta.
Mi cara se aterroriza. Los más de veinte soldados que habían quedado
cuando entramos estaban todos desmembrados. Destan me mira con tristeza
con sus manos ensangrentadas.
—Después de todo, no sirvió de nada que nos mandaras para dentro si
ibas a dejar esta escena afuera, ¿no crees? —dice con un tono sarcástico
Lorelei brindándole un pañuelo—. Verdaderamente tienes una fuerza
monstruosa, con razón te quieren muerto.
—Apresurémonos en llegar al lago. Titania y los demás ya deben haber
acabado también. —Ignorando el comentario de Lorelei, limpia sus manos
con la tela y atravesamos el bosque.
Destan camina delante de nosotros dejándonos atrás.
—Me parece que tu cara no lo ayudó a sentirse mejor. —Estoy
consciente de eso. No hace falta que me lo recuerdes, querida amiga.
—Es la primera vez que veo tantas personas muertas de esa manera. —
suspiro acelerando el paso para alcanzarlo.
—Averigüé sobre Destan, Morgana. —Más que un rostro de
preocupación es uno de no aprobación de mi relación con él—. Ese hombre
es capaz de desaparecer un Reino si quiere. Hasta el momento de su
encarcelamiento era el hombre que más muertes tenía registradas en la
Guardia Oscura, incluso en la actualidad sigue teniendo el puntaje más alto.
En la Guardia Oscura su nombre clave es “Slaanesh” como uno de los
dioses del Caos. —Esa mirada seria de que me quiere fuera de esta
situación es palpable hasta en su tono de voz—. Su encierro es más
complicado de lo que parece, ni siquiera tu padre y el suyo juntos pudieron
vencerlo. Ese hombre tiene muchos secretos, Morgana, si de verdad quieres
seguirlo, prepárate para enfrentar las consecuencias.
Mi voz quedó perdida en mi garganta. Sabía que Destan era peligroso,
pero no estaba al tanto que fuera una persona tan complicada. Yo mejor que
nadie sé que guarda muchos secretos.
—Lorelei, ¿cómo puedo levantar un conjuro a nivel celestial? —pregunto
tratando de encontrarle una solución a mis recuerdos sellados.
—Primero hay que saber qué persona lo lanzó y después tienes que ver
con que está conectado específicamente. Normalmente solo lo puede
levantar la persona que lo arrojó o alguien que tenga más nivel que él. ¿Por
qué preguntas? —cuestiona Lorelei avanzando entre el pantanoso bosque
—. Aunque si tú lo haces, sería prácticamente imposible levantarlo, ya que
tu nivel celestial no es el mismo que el mío.
—¿A qué te refieres? —Estoy confundida ¿El nivel celestial no es el
mismo para todos?
—Supongo que Titania no te explicó eso. Los Turoth son diferentes a los
hechiceros normales. Un Turoth despierta su poder basado en un deseo,
mientras que un hechicero nace con él, es innato. A medida que un Turoth
va despertando su poder, va adquiriendo categorías del uno al cinco,
mientras que los hechiceros pueden ir subiendo de rango a medida que
amplíen su energía. Un hechicero puede llegar al nivel de un Turoth
categoría uno o dos. Sin embargo, no puede ser el caso contrario. Los
Turoth normalmente nacen con poderes que no deberían existir, por lo que
cuando uno llega a su poder automáticamente germina a un rango muy alto.
Por eso es que se los considera tan peligrosos a ustedes. ¿Qué
encantamiento quieres levantar?
—Destan lanzó uno sobre mis recuerdos —confieso con la esperanza de
que sea capaz de ayudarme—. Quiero recordar todo lo que él selló, ¿por
qué nadie más lo recuerda?
—Esa misma pregunta me hice yo, ¿por qué no recuerdo a Destan?
Después analizándolo con calma en el palacio me acordé de que el
Archiduque hace diez años llevó un vino a un banquete que hicieron por
uno de tus cumpleaños e hizo que todos los bebieran, debe haber sido en ese
momento —comenta Lorelei restándole importancia.
—¿Y el Archiduque es capaz de seleccionar los recuerdos y borrarlos?
—El Archiduque no, pero Destan sí. Su poder es la mente. —Trago es
seco debido a sus palabras—. No puedo decirte mucho de su poder, ni
siquiera sé cómo es en realidad. Solo que Evan me dijo que tuviera mucho
cuidado con Destan ya que él controla con facilidad la mente de los demás.
Supongo que Evan sí recuerda a Destan o al menos conoce su pasado.
Ser el hijo consentido del Archiduque tiene sus ventajas.
Alzo mi mirada y viene Titania junto con Lotán y Dzahui.
—¿Dónde está Destan? —indago al no verlo junto a ellos.
—Destan se quedó en el lago con Erelim. Estaba enjuagándose, su ropa
está llena de sangre —contesta Titania ayudando a Lotán que le cuesta
trabajo caminar.
—¡Por suerte Destan llegó a salvarnos! —expresa emocionado Dzahui
sujetando del otro lado a Lotán.
—Dzahui tiene razón, a pesar de que somos parte de la Guardia Oscura,
somos simples novatos al lado del retén Nómada —explica Lotán
sentándose debajo de un arbusto.
Destan atraviesa los árboles con otro cambio de ropa. Mi mirada debe
haber causado una gran impresión en él para alejarse de mí y cambiarse de
vestimenta.
—Titania, Lorelei, ya estamos listos para irnos. El aire ahora mismo está
más calmado. Debemos llegar a Numore —informa Destan sin dirigirme la
mirada—. Numore se encuentra a medio día de aquí si no atravesamos por
Gorin, por lo que debemos mantener un camino recto. Ustedes adelántense,
debo hablar con Morgana antes de partir.
Erelim se acerca junto con Grurea y las quimeras. Grurea está encima de
la cabeza de Erelim. Desde que se conocieron, Grurea lo persigue a todos
lados.
Todos suben a sus quimeras y emprenden su vuelo. Destan y yo
quedamos solos.
—Morgana, comprobé mis dudas. —Ese océano de ojos me inundan el
rostro observándome con seriedad—. Debes dejar Hel lo antes posible.
Pronto comenzará una guerra y si te quedas es probable que mueras.
—¿Me estás pidiendo que huya contigo? —Por un momento quiero creer
que sea así.
—No, lo siento. Venir conmigo solo te pondrá en más peligro —contesta
mirándome con seriedad.
—¿Ya no vendrás conmigo a Numore? —continúo haciendo preguntas
tratando de encontrar una manera de seguir juntos.
—Te dejaré a las afueras. Pídele a Saruman un barco y huye lo más
rápido que puedas. —Sigue evadiendo todas mis inquietudes.
—Está bien, haré lo que me dices con una condición, quiero que liberes
mis recuerdos —exijo firme y su rostro ruge debido a mi condición.
—No. —responde tajante ajustando unas maletas en Erelim para partir.
—¿Qué es lo que no quieres que recuerde? —indago, debo conocer más
—. ¿Por qué me ocultas con tanta fuerza tu pasado?
—Saber ese pasado hará que empeores. —Su respuesta cortante provoca
que mi impulsivo carácter explote—. Tu rostro dijo más que suficiente hace
un rato, no hace falta que veas nada más.
—¡No confundas las cosas! —grito perdiendo el control de mis
emociones—. ¡Mi rostro no tiene nada que ver contigo! Fue una reacción
normal al ver tantas personas asesinadas de esa manera. ¿Qué esperabas?
No recuerdo haber visto una escena así antes. Mis pesadillas no eran tan
específicas —continúo alzando la voz molesta.
—Morgana, ¿siempre debes discutir? Es estresante estar contigo —
responde enfadado causando que peleemos más.
—¿Yo discuto? —La incomodidad me empieza a carcomer—. ¿Quién es
la persona que me oculta todo y espera que lo obedezca sin chistar? —Lo
señalo con el dedo pulgar—. Si por un minuto dejaras de esconder las cosas
y me contaras la verdad, podría al menos opinar y darme cuenta de lo que
sucede a mi alrededor. ¡Fuiste tú quien me buscaste! Pero supongo que
ahora te arrepientes de haberlo hecho, ¿no es así? —Soy demasiado débil
para pelear con él, mis ojos se aguaron de la indignación que tengo.
—Morgana, no es el caso, escuché lo que Lorelei te dijo de mí. —Ya veo,
así que escuchó nuestra conversación—. Tengo el mayor récord de muertos
en la Guardia Oscura, un récord que se mantiene después de diez años de
estar encerrado.
—No me importa —contesto con firmeza mirando a los ojos—. No sé a
dónde quieres llegar confirmándome algo que ya sé. Sabía que eras
excepcional desde que no pudiste vencer al Rey y al Archiduque juntos.
¿En serio piensas que me creí la historia de que estás encerrado por un
libro? El libro puede ser un objeto valioso, pero dudo que fuera razón
suficiente para mantenerte vivo todo este tiempo. —Me mira sorprendido
—. Tarde o temprano descubriré todo, ¿por qué no me lo cuentas y me
ahorras el trabajo?
—Morgana, te voy a acompañar a Numore. Esta conversación se acabó.
—Me tira a su hombro como un saco, chifla para llamar a Erelim y nos
subimos.
—¡Yo no he terminado! —grito y Grurea lame mi rostro.
—Morgana, si Destan no quiere hablar de algo no lo fuerces —dice
Erelim una vez sentada sobre él—. Él era un chico llorón de niño, así que
aprendió a tragarse sus sentimientos.
—¡Erelim! —vocifera Destan enojado—. ¡Qué boca más grande tienes!
No puedo evitar reírme. No importa lo que Destan haga o diga, pienso
descubrir ese pasado que tanto intenta ocultar.
Capítulo 13: Pesadilla
***Morgana***
LLevamos como tres horas volando, el anochecer empieza a asechar. Alzo
mi vista y puedo visualizar Numore a lo lejos.
—Nosotros iremos directo a la guarida de la Guardia Oscura. Morgana,
nos vemos mañana temprano —dice Lotán acercándose en su quimera.
—Está bien.
—Rince nos espera en la entrada del Castillo —comenta Titania
arrimándose a nosotros—. ¿Qué harás, Destan?
—Me acercaré al palacio y después me iré. Lorelei, te confío la seguridad
de Morgana a ti —exige Destan sin cambiar mucho esa aterradora mirada
desde que discutimos.
—No te preocupes. No dejaré que nada malo le pase —confirma Lorelei
cruzándose de brazos.
—¿En serio piensas irte sin mí? —susurro en voz baja—. ¿Por qué
salvaste mi vida llevándome a la Región de Grunao si al final vas a
dejarme?
—Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Siempre que estés en
peligro lo sabré y te salvaré, mientras tanto vive tu vida. —Me da un beso
en la frente y comenzamos a descender.
Como dijo Titania, Rince nos espera en la puerta del castillo. Una sombra
se refleja al lado de Rince. ¡Es Evan! ¿Le hará algo a Destan?
—Llegan tarde —expresa Evan con una extraña sonrisa de
cómplice.
—Vinimos lo más rápido que pudimos. —explica Lorelei mientras Evan
la ayuda a bajarse de la quimera de Titania. Rince se apresura y me ayuda a
descender.
—¿No vas a entrar al palacio, Destan? —indaga Evan. ¿Cómo es que lo
conoce?
—No. Solo vine a dejar a Morgana —contesta Destan evitando mirarlo a
los ojos.
—¡Qué lástima! Pensé que ibas a tener la oportunidad de hablar un poco
después de tanto tiempo. —La voz irónica que sale de la boca de Evan nos
hace erizar a todos.
—La próxima vez —responde Destan serio sin mirarlo.
—¿Entonces ya le contaste toda la verdad a Morgana, querido hermano?
—comenta Evan con una sonrisa maquiavélica haciendo que Destan se
tense.
Al parecer Evan está al tanto de la historia de nuestros padres y conoce
muy bien a Destan. ¿Por qué siento que aquí hay más de lo que aparentan?
Todos nos miramos callados sin saber cómo intervenir en su plática.
—Evan, estoy cansada, ¿podemos irnos? —Lorelei lo sujeta del brazo
distrayéndolo de Destan.
—Vamos —comenta Evan cargando a Lorelei y llevándola dentro del
palacio.
—Titania, estate atenta a la Asteria —dijo Destan girándose para
marcharse.
—¿En serio te irás? —pregunto esperando que dé la vuelta y se quede.
Sus ojos me miran por última vez y emprende vuelo con Erelim.
Entramos al palacio. Titania y Rince me acompañan a mi habitación,
Saruman me está esperando en la puerta.
—Titania, Rince, permítanme hablar a solas con Morgana —pide
Saruman, los chicos asienten y se retiran.
Saruman y yo entramos en mi habitación.
—¿Carmín no se pondrá celosa que vengas a estas horas a mi habitación?
¿Dónde están mis padres? ¿Por qué nadie ha venido a recibirnos?
—Una pregunta a la vez. —contesta Saruman sentándose en una butaca
al lado de mi cama—. Carmín está muy agradecida contigo, todavía se está
recuperando. No posee las mismas cualidades y aptitudes que cuando estaba
viva, pero estamos muy felices. Te transmito sus agradecimientos. —Me
mira con amabilidad y carraspea—. ¿Qué es lo que quieres a cambio?
—Quiero un barco para irme con mi séquito.
—Está bien, lo prepararé ahora —dice contento, se levanta y abre la
puerta.
—Y que me cuentes de Destan. —Suspira, cierra la puerta y se sienta
otra vez.
—Destan tiene un poder bastante raro como el tuyo. —Dime algo que no
sepa—. La mayoría de mis recuerdos sobre él fueron sellados también.
Conozco prácticamente lo mismo que tú. Siento no poder ayudar. —Me
decepciono, pensé que iba a tener más información—. Tus padres, los
Duques y el Archiduque fueron convencidos por Evan de retrasar la Asteria
hasta mañana y no solo eso, Evan logró encerrarlos a todos dentro de un
salón real para que hicieran un nuevo plan de selección del siguiente Rey.
Todos han estado ahí desde entonces. Nadie se ha percatado de que te
fuiste.
¿Evan de nuevo? Esto está comenzando a ponerse raro, ¿cómo es posible
que Evan ejerza tanta presión sobre los Duques?
—Sí. Nos vemos mañana, llévale mis recuerdos a Carmín.
Saruman abandona la habitación, me acuesto en la cama con la misma
ropa que llevo puesta.
¿Por qué me importa tanto Destan? Parezco una tonta rogándole que me
lleve con él. Sigo sin entender por qué mi instinto me dice que crea en él,
que no lo deje ir. No sé cómo dormiré esta noche sin él, creo que me he
vuelto dependiente de Destan.
***
Estoy caminando por un pasillo con una larga alfombra roja. Este tiene una
construcción de bloques grises, grandes ventanales cubiertos por cortinas
oscuras y lámparas de candelabros que cuelgan del techo. Ando hasta el
final y aparece una puerta de puntal alto color rojo, huele a sangre desde el
otro lado de la habitación. Abro la puerta y ahí está Evan, con la cabeza de
mi padre en sus manos y los demás Duques se encuentran sentados en la
mesa con sus cabezas en los platos. El Archiduque está esposado y lleno de
golpes, mi madre tiene vendado los ojos, de los cuales brotan lágrimas de
sangre como si hubieran sido arrancados. Mis piernas comienzan a temblar,
Evan se dirige a mí y me tira la cabeza de nuestro padre.
—¿Por qué lloras? —Esa mirada maliciosa se clava en mí aumentando el
tiritar de mi cuerpo—. Al final, tú también morirás.
Titania me despierta de golpe, estoy empapada en sudor y mi corazón se
me quiere salir del pecho.
—Morgana, ¿estás bien? —pregunta preocupada sosteniéndome por los
hombros.
—Sí, ¿qué pasa? —respondo con voz agitada debido a mi pesadilla. Me
recompongo en la cama y suspiro, ¿qué rayos fue eso?
—Todos te están esperando abajo para desayunar, deberías apurarte —
explica Titania llegando a la puerta de la habitación.
—Saldré rápido.
¡Qué sueño más extraño! Se sintió tan real.
¿Acaso me he predispuesto por Evan? Después de todo, sé que Jalil no es
mi padre, pero ¿Kaia es mi madre? Ni siquiera sé eso y tengo mucho miedo
a preguntar. Abrazo mis rodillas, todo es tan confuso.
Me pongo un vestido de cuello alto y mangas largas color verde oscuro, y
lo ajusto a mi cintura con un cinturón ocre de esmeraldas. El traje lleva una
abertura a cada lado de los pies. Cojo unas botas que llegan hasta las
rodillas junto con una esclavina de piel de oso blanca seguida por una capa
negra. Divido la parte superior de mi pelo y hago una pequeña cebolla.
Ya me encuentro lista. Espero que mi pesadilla haya sido solo eso, un mal
sueño.
Atravieso el marco de mi habitación y está Titania junto con Saruman
esperándome.
—¿Estás bien? —pregunta Saruman tocando mi frente—. Estás pálida.
—Sí, estoy bien. Solo tuve una pesadilla —contesto desplomándome un
poco hacia los lados. Titania me agarra del brazo.
—Morgana, ¿en serio estás bien? —La preocupación es evidente en el
rostro de Titania mientras me sostiene.
—Sí. Solo necesito dormir un poco más, quizás estoy nerviosa por la
Asteria —explico tratando de quitar la cara de susto que tienen todos.
—Sujétate de mí —ofrece Saruman sin cambiar ese rostro de inquietud
—. Iremos juntos a la Asteria. —Asiento con la cabeza, mi estómago
comienza a revolverse. Suelto a Saruman y Titania, doy media vuelta y me
dirijo corriendo hacia el baño a vomitar.
—Morgana, ¿qué sucede? —Me vuelve a preguntar Saruman con cara de
repulsión por el bufo del vómito—. ¿Qué fue lo que soñaste que te puso
así?
—Cuando ella sueña, ¿termina sufriendo de esa manera? —Se asombra
Titania acercándose a ayudarme.
—No sé mucho sobre ello, pero cuando estábamos en Asgard ella se
tornó de ese modo cuando predijo la muerte de una persona —explica
Saruman ayudándome junto con Titania.
—Fue un mal sueño. —No quiero alarmarlos por gusto, solamente es una
pesadilla—. Ustedes vayan adelante.
Me dejan sola mientras me lavo y aseo.
¡Debo buscar a mi madre y asegurarme de que todo está bien!
Bajo las escaleras y me dirijo al ala este del palacio donde están los
aposentos de mi madre. Nunca antes había venido a esta zona del castillo, el
Archiduque la puso entre los límites que no se podía pasar. El ala este se
encuentra deshabitada, no hay guardias y está demasiado silenciosa.
Algo no está bien por aquí. Lo presiento.
—Madre —grito en busca de que alguien me conteste.
Nadie responde. Esto es muy extraño. Continúo caminando, siento unos
pasos de fondo.
—Hola, hermana. —Evan me saluda acercándose lentamente y me giro
hacia él.
—Evan, ¿dónde está madre? —pregunto fingiendo una sonrisa, estoy
nerviosa.
—Se fue temprano junto con nuestro padre. —Hace énfasis en “nuestro
padre”—. No vi a Saruman ni a ti en el desayuno —muestra una sonrisa
escalofriante y en mi mente entran las imágenes de mi sueño—. ¿Acaso
estás con los dos hermanos a la vez? —Con cada paso que camina hacia mí,
mi cuerpo se tensa más.
—¡Claro que no! —contesto de manera exagerada. Debo cambiar el
tema, estoy siendo demasiado visible con mi estado de ánimo—. Saruman y
yo no tenemos esa clase de relación. ¿Dónde está Lorelei?
—Lorelei está descansando. Después de todo, ella tuvo un viaje muy
largo estando embarazada. —Su mirada me sigue erizando hasta los huesos.
—Tienes razón, ¿entonces a dónde debemos ir? —Disimulo todas esas
emociones negativas que están naciendo. Es imposible que Evan haga algo
así. Somos hermanos y él me ama.
—La Asteria está cerca de comenzar, en el ala sur nos esperan los
Duques. Vamos. —Realiza una señal para que lo acompañe y camino
alejada de él—. ¿Cuánto sabes de Destan?
—¿A qué te refieres? —Desde luego me intenta decir algo de él. Mis
manos están temblando. ¡Nervios, cálmense!
—Pensé que Destan te había contado de dónde nos conocíamos —dice
con clara intención de que siga hurgando en el pasado y yo estoy yendo
directo hacia su trampa.
—No lo hizo, ¿debería saberlo? —Caigo directo en ella.
Desgraciadamente la curiosidad está tocando la puerta de mi paciencia.
—¡Qué hombre más malo! Incluso vuestro compromiso fue el primero
que se realizó en todos los Reinos. —¿Incluso sabe acerca de eso? Me está
instigando a que siga investigando. Debo controlar este deseo insaciable de
conocer la verdad.
—Ah, ¿sí? Yo no recuerdo nada de eso. —Evado su juego. Por más que
mi curiosidad me presione, no puedo seguir cayendo en él.
—Claro que no recuerdas. El mismo Destan bloqueó tus recuerdos antes
de que lo encerraran. —Sonríe maliciosamente con un rostro que nunca
había visto antes—. Después de todo, no parabas de llorar porque lo habían
separado de ti. —Toca mi hombro haciendo que levante la mirada —. Ya
llegamos.
Me percato que estoy entrando en el mismo pasillo de mi sueño, mi
rostro se oscurece y mis piernas se tambalean.
¡No debo preocuparme! No tiene por qué ser así. Evan está aquí a mi
lado.
Atravieso la tan temida puerta roja de puntal alto.
No puedo ocultar mi cara de terror, mi estómago se retuerce y debo
aguantar las ganas de vomitar.
Efectivamente las cabezas de los Duques están sobre los platos en las
mesas. El olor a cadáver apesta lo suficiente para que mis náuseas impulsen
a mi estómago. Tomo un respiro tratando de recomponerme.
Mi madre está atada al lado del Archiduque en un rincón de la
habitación, junto a ellos están parados Eolo y Geirröd como guardias. Evan
está conspirando con ellos dos.
¡No puedo creer que ellos hayan sido capaces de asesinarlos a todos! La
sala se encuentra rodeada del retén Nómada, no veo escapatoria.
Fay, Noé, Rince y Nerissa no están en la habitación, supongo que
lograron escapar.
—Mi querida hermana, no te sientas triste —dice sonriendo con locura
—. Llegaste para el espectáculo final. —Marajá entra junto a Saruman.
—Saruman, ¿qué haces? —pregunto atónita, pero Evan sostiene mis
brazos impidiendo hacer cualquier movimiento.
—¡Permíteme explicarte! —expresa Evan emocionado sin alejarse de mí
—. Parisa, tráela.
Parisa responde a la orden de Evan apareciendo con Carmín amarrada
por las manos y en su cuello tiene una argolla dorada.
—Saruman va a ejecutar a nuestro padre. Bueno, al Rey porque padre de
nosotros no es. —Su voz se alza con extrema locura. Saruman tiene el
rostro destruido, se nota que no quiere hacerlo—. Supongo que eso no es un
secreto para nadie en esta sala. ¿Verdad, querido padre?
Evan se dirige hasta el Archiduque sosteniendo su mentón para que lo
mire.
—Entonces, querida hermana, ¡ups, perdón! —Se lleva la mano a la boca
y ríe maliciosamente—. Tú tampoco eres mi hermana. —Mis lágrimas
corren por mis ojos, ya era algo que sabía, pero no quería aceptarlo—. ¡No
llores! Todavía te falta saber la verdad. Pero ante todo Saruman, ¡corta la
cabeza de Jalil!
Parisa saca una daga y apuñala a Carmín en la pierna, su grito se siente
en todo el salón. Ni siquiera yo puedo ver esa escena. Carmín fue torturada
horriblemente antes de morir, ¿tiene que soportarlo de nuevo?
Marajá le pasa una espada a Saruman, Geirröd y Eolo arrastran a Jalil
para el centro de la sala. Saruman se acerca, cae una lágrima por su rostro.
—Lo siento, Jalil. —expresa con lamento Saruman y corta su cabeza.
Esta rueda hasta los pies de Evan que la pisa, la sangre bañó el traje de
Saruman. Parisa le lanza a Carmín a Saruman.
—¡Evan, lo que prometiste! —Saruman mira a Evan y señala el collar.
Evan se acerca a los dos. Alrededor de Evan comienza a salir humo, su
cuerpo se empieza a transformar en una criatura totalmente diferente. Su
color de piel se torna plateado y sus manos, pies, cadera y cuello están
apresados por un tipo de argolla color oro. Su cabeza está abierta a la mitad
y dentro de ella hay una esfera luminosa. En la parte trasera del torso están
formados varios círculos y salen varios cinturones con argollas. Evan hace
un movimiento de manos y levanta los pulgares haciendo desaparecer los
anillos del cuello de Saruman y Carmín. Cuando termina, regresa a su
forma humana y su mirada se dirige a mí.
—Saruman, puedes irte —ordena Evan. Saruman me mira y le hago una
señal de que todo va a estar bien. Levanta a Carmín y sale por la habitación
con ella en brazos.
Dos guardias entran con Fay y Noé por la puerta. El rostro de ambos se
aterroriza cuando divisan toda esta escena. Al parecer nadie quedará libre
de esta tortura.
—Evan, ¿qué hiciste? ¿Enloqueciste? —grita Fay y se comienza a formar
una tormenta en el cielo. Su poder está saliéndose de control.
—Te sugiero que te detengas, querida hermana, de lo contrario, nuestra
madre podría morir. —Evan señala la espada que Geirröd tiene en la
garganta de Kaia. Fay dispersa las nubes. Noé sujeta su mano y se
recompone a su lado.
—¿Qué quieres, Evan? —pregunta con seriedad Noé colocándose delante
de Fay para protegerla.
—Ya veo que con ustedes no hace falta usar fuerza bruta, después de
todo son la pareja favorita de la Asteria. —Sigue hablando Evan con locura,
ya no hay manera de regresar atrás—. Noé, quiero que mates a Eliphias.
—No lo haré —contesta firmemente sin apartarse de Fay.
—Entiendo. —Evan se acerca a donde está sentada Kaia. Su mano se
vuelve a tornar gris y le saca el ojo a madre. Los gritos de Fay y ella se
escuchan por todo el salón—. ¿Seguirás con la misma respuesta, Noé? —
Evan lo mira maliciosamente con su otra mano lista.
—¿Por qué ninguno de ustedes hace nada? ¿Acaso están de acuerdo con
toda esta locura que está haciendo Evan? —Alzo la voz desesperada a los
que están reunidos.
—¿Qué intentas hacer, Morgana? —dice Evan molesto realizando lo peor
—. Hiciste que mi madre perdiera el otro ojo. —Saca su otro ojo y los tira
ambos junto con la cabeza de Jalil.
—¡Estás loco! —grito llevándome las manos a mis hombros. ¿Quién es
este hombre que estoy viendo?
—“Loco”, ¿dices? ¿Acaso sabes lo que estas personas te hicieron? —Las
palabras confiadas de Evan resonaron en la habitación.
Esta vez no retrocederé, caeré de lleno en la trampa.
—¡Dime! ¡Habla! Si estás tan seguro de que los odiaré yo misma cortaré
la cabeza del Archiduque. —Lo miro con frialdad y con una valentía que no
sé de donde nace.
—¿Ah sí? Pues con mucho gusto te contaré la verdad.
Se sienta arriba de la cabeza de Jalil y juega con los ojos de Kaia como si
fueran dados. Mi estómago lanza calambres, haciéndome llevar la mano a la
boca de las arcadas que nacen en mi garganta, pero debo aguantar.
Y en ese momento la boca de Evan escupió todas las piezas que faltaban
en mi rompecabezas. Soy descendiente de la diosa Hela, hija de Erika
Halvorsen y del antiguo Duque de Midgard, Axe Fredriksen. Mi padre fue
el único Duque que no participó en la última Asteria porque quería
quedarse gobernando Midgard. Cuando mis progenitores se conocieron,
Axe era Conde de la ciudad de Xecuterra. Mi madre se había unido hacía
poco a su ejército y, como jóvenes, se enamoraron y me tuvieron sin
casarse. Aun así, el antiguo Duque le cedió el trono a Axe. La Asteria llegó
y mi padre decidió no asistir y quedarse cuidándonos a nosotras dos. Jalil
no soportaba la idea de que existiera una descendiente de una diosa, así que
él personalmente fue a matar a mi madre. Ya que ella poseía mi mismo
poder, pero nunca se atrevió a matar a nadie por lo que no pudo
desarrollarlo. Para Jalil fue una presa fácil.
—A Jalil no le bastó matarla, hizo que colgaran a la Duquesa Erika y le
prendieran fuego, acusándola de ser una bruja que atraía muertes. —Mi
sangre hierve con cada palabra que sale de su boca—. Además, hizo que tu
padre le jurara lealtad para dejarte con vida. Tu padre muerto en pena le
proclamó fidelidad al nuevo Rey. —Mis lágrimas no se detienen. ¿Cómo
Jalil fue capaz de hacer todo eso?
—¿Cómo sé que no me estás mintiendo? —pregunto tratando de
controlar la soberbia y la rabia que se están apoderando de mi ser.
—Todavía no he terminado, Morgana. Tu padre comenzó a tener muchos
logros en el Reino de Midgard y lo comenzaron a llamar por el nombre de
“El gran Duque”, eso hizo que Jalil se pusiera celoso y mandó a Destan a
matarlo —¿Destan mató a mi padre? —, no obstante, él no sabía que Destan
había sido discípulo de tu padre. Tu príncipe oscuro sabía tu historia y
conocía acerca de los libros que el Gran Duque escribía.
—¿El “Libro de la Vida”? — Lo interrumpo.
—Supongo que Destan omitió detalles en su historia. Antes de enviar a
matarlo, Eliphias comenzó a escuchar de este famoso libro y no dudó en
apoderarse de él, así que Destan partió con dos misiones: robar el libro y
matar al Gran Duque. El corazón puro de Destan no pudo acabar con el
Gran Duque, así que solo robó el libro.
—El Gran Duque lo asesiné yo —Alza la mano Geirröd—, dile a Destan
que te cuente esa historia otro día.
—Cuando Destan regresó a Hel el libro estaba desaparecido, eso hizo
que Eliphias se molestara con él. —Evan sonríe—. Aquí viene la mejor
parte de la historia. Kaia tenía lástima que fueras una niña pequeña y te crió
como su hija, hasta que cumpliste los cinco años y empezaste a predecir las
muertes de las personas. Destan te conocía desde bebé y nunca dejó de
visitarte. Era el único que no te tenía miedo después de todo. Él dijo que te
asumiría como responsabilidad y que le dejaran tomarte como esposa, Jalil
accedió de mala gana a petición de Kaia. Todo iba bien hasta que el día de
tu séptimo cumpleaños, en el cual reconociste delante de todo el mundo a
Jalil como el asesino de tu madre biológica. Nunca nadie pensó que
recordaras todo: la muerte de tu madre; la muerte de tu padre; cada pequeño
detalle de todos esos eventos. Jalil te fue a matar, pero Destan liberó su
poder y lo impidió haciendo un revuelo en la corte. Eliphias fue más
inteligente que Jalil y propuso que Destan borrara los recuerdos de todos y
que él asumiera la culpa por ti.
¡Destan, no puede ser! ¡Tú no fuiste encerrado por mi culpa!
Evan se ríe a carcajadas.
—¡Destan aceptó pasar su vida en prisión a cambio de tu libertad! —Se
sigue riendo escandalosamente—. Yo sigo sin entender como Eliphias no
tenía amor por su hijo, pero ¿quién soy yo para juzgar? Además de ser
encarcelado, lo convirtieron en el centro de alimentación de la Cripta de
Hel. Estuvo años siendo torturado por su propio padre. ¿Acaso no es
desgarrador? —La rabia me invade. Cojo la misma espada con la que
Saruman mató a Jalil y me paro delante del Archiduque—. ¿Lo matarás,
Morgana?
Dentro de mí está comenzando a nacer más que una rabia, es un
incontrolable deseo por asesinar con mis propias manos. ¿Por qué mataron
a mis padres? ¿Por qué Destan tuvo que pagar? ¿Qué culpa tienen ellos?
¿Qué culpa tiene Kaia para que le arranquen los ojos? ¡Que alguien me
explique! Corto el brazo derecho de Eliphias sin pensarlo dos veces.
—No tengo por qué hacer lo mismo que él hizo con mi familia —expreso
firme con las lágrimas afuera.
Geirröd lanza a Kaia hacia Fay. Eolo hace un chasquido de dedos y el
retén Nómada entra a atacarnos. Sé que, si mato a alguien, esta furia interior
se desatará.
Lo siento, Destan, no me puedo controlar.
Fay abraza a Kaia y cae en llanto. Raja una parte de su vestido y cubre
sus ojos. Noé las protege a las dos.
Se me abalanzan dos hombres del retén, no dudo en atravesarles el
corazón. Sentí mi primer asesinato como si fuera un manjar que siempre
hubiese deseado tener.
Estoy saboreando la sensación. Mis ojos se tornan rojos, el humo inicia a
salir a mi alrededor y mis sentidos se agudizan. Sé que estoy descontrolada,
pero no dudo en seguir matando a cada Nómada que se acerca a mi paso.
Me pongo al lado de Noé protegiendo a los tres.
El cuerpo de Evan cambia a esa bestia anterior.
—¿Qué eres? —investiga Fay protegiendo a su madre.
—Esto que ves, querida hermana, es la máxima expresión de mi poder.
Se le llama la “transformación final de un Turoth”. —Se vuelve a reír a
carcajadas—. Ustedes creían que yo era insignificante, pero no lo soy. —
Avanza para acercarse a nosotros en esa forma asquerosa.
—Noé, llévate a Fay y a Kaia, yo lo detendré. —Noé asiente y toma a
Kaia en brazos. Fay se levanta y se pone a su lado.
—Noé y Fay pueden salir sin problemas, no los tocaré a ustedes. El
territorio de Nifheim es vuestro —explica Evan y Eolo se nos acerca con un
documento.
—Esta es nuestra alianza y cada Reino es propio de cada Duque. Vamos
a crear nuevas medidas, pero la más importante es que no nos atacaremos
entre nosotros. Cuando firmes este documento, formarás parte de la alianza.
—¿Y si no quiero firmarlo? —contesta de mala gana Fay.
—Entonces te atacaremos y dividiremos tu territorio. Saruman firmó
como nuevo Rey de Hel. ¿Qué harán ustedes? —añade el cómplice de Eolo.
Fay activa su magia y firma el documento formando parte de la alianza.
Geirröd los deja salir de la habitación y me quedo yo sola contra cinco.
—Morgana, te sugiero que te rindas —comenta Evan dirigiéndose a mí
en esa forma.
—Nunca. —Mi sangre cada vez hierve más, siento que mi cuerpo pide a
gritos más muertes.
Geirröd me ataca por la espalda y Marajá me entierra la daga en ella. A
pesar del dolor, me levanto y lanzo la espada hiriendo a Marajá en el brazo.
Evan viene y me sostiene del cuello.
—Puede ser que seas un Turoth, pero no has matado lo suficiente para
ganarme —dice arrogante apretando mi garganta—. Los Turoth
necesitamos asesinar para obtener poder y tú gastaste el que tenías en
revivir a una simple mujer.
Mis cuerdas vocales están siendo aplastadas por su mano y siento que no
respiro.
—Si tan solo fueras del tipo de matar te dejaría libre, pero no puedo
permitir que andes por ahí reviviendo enemigos que tanto trabajo me costó
desaparecer. —Geirröd me encaja la espada en el estómago, Evan sigue sin
soltarme, estoy a punto de perder el conocimiento.
Un gran golpe rompe un muro del palacio.
¡Es Destan!
Evan me suelta y caigo en el piso, me apoya su pierna arriba de la herida
que me hizo Geirröd en el estómago. Geirröd y Eolo se lanzan contra
Destan. No puedo ver con claridad lo que está pasando. Sin embargo,
Destan saca una espada en forma semicircular y daña de gravedad a Eolo,
Geirröd retrocede.
—Evan, no me hagas molestarme —expresa Destan enfadado con su
espada en la mano—. Dame a Morgana.
—¿Escuchaste eso, Morgana? Tu príncipe oscuro llegó a salvarte. —
Odio esa voz irónica de Evan.
Él pisa mi estómago con fuerza haciendo que vomite sangre. Mi
conocimiento está comenzando a fallar. Evan levanta el pie y se dirige hacia
Destan. Este lo esquiva, le da un golpe por el estómago regresándolo a su
forma humana.
Destan viene y me recoge en brazos.
—Evan, no tengo intenciones de matarte ahora. Si te atreves a tocar a
Morgana de nuevo, no garantizo tu seguridad. ¡Salgan de Hel ahora! —ruge
abandonando la habitación—. Ya conseguiste lo que querías.
Pierdo mi conocimiento.
***Titania***
—Titania, relájate. Destan fue a salvar a Morgana —dice Rince tratando de
tranquilizarme.
—¡No me puedo relajar! ¡Esto es mi culpa, debí quedarme con ella! —
exploto por la ansiedad.
—No ibas a poder con ellos, ni siquiera mi hermana pudo impedir que
Evan hiciera toda esa locura —explica Nerissa cruzándose de brazos.
—¿Y cómo terminaste aquí? —pregunto al percatarme que está con
nosotros.
—Yo la traje. Lorelei pidió que la cuidara —contesta con tranquilidad
Rince.
Debería haber ido con ella. Si algo le pasa a Morgana no podré
perdonármelo.
Destan se acerca con ella en brazos.
—Destan, ¿cómo está? —pregunto asustada al ver tantas heridas.
—Sobrevivirá. Titania, necesito unas esposas —pide Destan apretando a
Morgana contra él.
—¿Para qué? —Mi rostro de desconcierto debe haber hablado por sí
solo.
—Ella asesinó a alguien —contesta Rince y Lotán le pasa las esposas a
Destan.
—Ella va a despertar pronto su sed de matar. ¿A quién asesinó? —
pregunto asustada y Destan se queda callado evitando las miradas de todos
—. Destan, ¡este no es momento de tener secretos entre nosotros!
—Acabó con todo el retén Nómada sola —explica Destan poniéndole las
esposas.
—Eso significa que acabó con más de cincuenta personas sola —anuncia
Nerissa y quisiera cortarle la lengua en este momento. ¡No hay necesidad de
especificarlo!—. Yo estaré al lado de ella cuando despierte, sé curar esas
heridas.
—Gracias. Vamos a abordar el barco —comenta Destan cargando a
Morgana dentro del barco—. Rince, ¿recogiste todas las pertenencias de
Morgana?
—Sí, aunque me costó traer a Grurea. Está junto a Erelim en el barco —
responde Rince.
Todos nos dirigimos a abordar. Destan lleva a Morgana a uno de los
camarotes junto a Nerissa. Grurea comienza a llorar y se acuesta al lado de
Morgana, cierro la puerta para darles privacidad.
Lo único que puedo tener ahora es esperanza de que todo va a salir bien.
Destan sale de la habitación.
—¿Y Morgana? —Mi voz sale afligida y preocupada.
—Sigue en shock. Su cuerpo ha tenido que aguantar mucho estos últimos
días. Cuando despierte, empezará el problema. Rompió el sello que puse
sobre sus recuerdos, va a ser más difícil de controlar de lo que pensé.
Debemos irnos lo más rápido posible de Hel, sino la energía de aquí la hará
enloquecer.
—Saruman me dijo que le entregara esta carta.
—Se la daré en cuanto despierte. Entra y ayuda a Nerissa a cambiarle de
ropa —pide mirándome con amabilidad.
—¿Y por qué no lo haces tú? No es que fuera la primera vez que la ves
desnuda —menciona Nerissa irónica. Destan pone los ojos en blanco.
—Si sigo viendo su cuerpo herido me sentiré más culpable de haberla
dejado sola en Numore. —Pobre Destan, después de todos los esfuerzos que
hizo para que Morgana estuviera a salvo, casi muere por su propio hermano.
Pongo mi mano en su hombro en señal de consuelo y entro a la
habitación.
—La herida de su estómago es más profunda que la de la espalda, pero
estará bien. —Sale una lágrima de mis ojos—. Tranquila, ella se va a
recuperar. Morgana es más fuerte que esto.
Yo sé que lo es.
Nerissa y yo le quitamos la ropa, limpiamos su herida y la envolvemos.
Su cuerpo está lleno de golpes. ¿Por qué te hicieron todas esas cosas?
—¿Qué ropa le pondremos? —adquiere Nerissa mirándome—. La que
traje, es casi toda de monja nómada y la suya es de Princesa. ¿Qué tal una
tuya?
—No usamos las mismas tallas. Morgana es mucho más delgada que yo.
Destan toca la puerta.
—Ponle esta, se la compré en la región de Grunao la última vez —
explica Destan avergonzado ocultando su rostro.
Nerissa y yo nos miramos con cara de cómplice.
—Titania, nuestro trabajo aquí ha terminado y Grurea nos está gruñendo
mucho. Destan, encárgate del resto. —Nerissa me sujeta de una mano y me
saca del camarote—. Miremos por esta rendija. ¡Qué dulce es Destan! La
cara que pone para vestirla.
—Sí, tienes razón. Está avergonzado —digo riéndome maliciosamente
con Nerissa.
—Puedo escucharlas —grita Destan avergonzado.
—Ya nos vamos.
Nerissa y yo subimos al estribor. Al rato Destan sube y se une a nosotros.
—Cuando despierte, me llaman —comenta y se vuelve a ir.
Capítulo 14: Retrospectiva I
***Destan***
Se dice que es una pesadilla vivir en el pasado, pero recordarlo y tenerlo
presente es lo que a veces nos hace continuar con nuestra venganza y dolor.
Mi nombre es Destan Constant y soy el primogénito del Archiduque de
Hel. Desde que nací mi padre ha sido duro y cruel, nunca he obtenido una
sonrisa de su parte, por no hablar de un cumplido de aprobación. Jamás
pensé tener que contar lo que había sucedido tantos años atrás, pero, ¿a
quién no le gusta conocer el pasado trágico e intenso de un Príncipe
Villano?
RETROCEDIENDO EN EL TIEMPO
VEINTISIETE AÑOS ATRÁS
Todo inicia con la existencia de personas denominadas “Turoth”, con las
que mi padre y el Rey están obsesionados. Para ellos su poder no debería
existir, por lo que deben ser erradicados sin excepción. Cuando el Príncipe
Evan nació y fue denominado como un Turoth por el médico imperial, lo
dejaron vivir por ser el hijo del Rey. Sin embargo, Evan era mi hermano, un
fruto de amor entre la Reina y mi padre que nadie se atrevía a mencionar o
cuestionar.
A la edad de cinco años nació Saruman. Desde pequeño demostró un
gran don para controlar la magia, al contrario de mí que solo puedo
escuchar los pensamientos de las demás personas. Desde niño me centré en
las artes del asesinato y con la edad de seis años había matado a 78
personas. Pensé que eso haría que mi padre fijara su atención en mí, no
obstante, no valió la pena.
Mi madre Brigitte Mcfergland es una mujer hermosa, noble y
perdidamente enamorada de mi padre. Ella me ha dado toda la atención que
él no me ofrece, ya que sabe lo difícil que es no ser querida por sus padres.
Doston es una de sus ciudades favoritas, así que con el objetivo de pasar
más tiempo juntos construyó unas cabañas para ayudarme a entrenar.
Además, trajo a su viejo amigo, el Duque de Midgard: Axe Fredriksen,
mejor conocido como “el Gran Duque”, con la intención de enseñarme el
manejo de mis poderes.
El Gran Duque ha sido mi maestro desde los siete años, es un hombre de
grandes valores y que respeta la vida. Su esposa, la Duquesa Erika, es un
Turoth de categoría cuatro. Erika es descendiente de la diosa Hela, por lo
que puede saber cuando una persona está cerca de morir, y no solo eso,
puede revivirlas. Las sucesoras de Hela tienen como regla que la vida y la
muerte deben venerarse, por lo que nunca se debe alterar su orden.
Al cumplir diez años nació la hija del Gran Duque, Morgana. Es una
bebé preciosa, la veo a menudo porque la Duquesa Erika la trae para que
juegue con ella. Axe y Erika llevan casados desde que él era Conde, pero su
primer hijo fue ejecutado por orden del Rey cuando nació. Esta es una gran
herida en el corazón del Gran Duque, de la cual no quiere hablar, pero
inconscientemente, mencionó que habría sido como yo si estuviera vivo.
—Maestro, ¿qué son esos libros que usted escribe? —pregunto
interesado acercándome con mi espada entre las manos.
—Destan, yo tengo un poder muy raro también. —Me siento muy
curioso y a la vez sorprendido por sus palabras—. Uno de los rasgos de mi
poder es la posibilidad de escribir libros. En ellos puedo plasmar distintas
informaciones. —Me enseña los libros y tomo uno con gran interés—. Ese
que sostienes se llama el “Libro de la Vida”, y puede mostrar cualquier
información relacionada con una persona.
—Entiendo, ¿usted sabe cuál es mi poder? —indago y bajo la cabeza
para detallar con la vista el pesado libro que sostengo entre mis manos.
—Claro que lo sé, por eso es que te entreno. —Esa mirada cariñosa y
sonriente del Gran Duque siempre me hace sonreír—. Destan, debes
recordar algo siempre: Nuestros poderes son raros y especiales por lo que
debemos hacer un uso adecuado de ellos. —Lleva su mano a mi cabeza y
desorganiza mi cabello—. Destan, debes prometerme que siempre cuidarás
de mi hija.
—Claro, maestro. Yo cuidaré de Morgana —digo con emoción
devolviendo el libro mientras mi maestro acaricia mis rizos con amor.
A veces creo que el maestro es como si fuera mi padre, desearía que en
verdad lo fuera. Envidio a Morgana, quiero robarle al Gran Duque.
—Te traje un regalo. —Trae una caja y dentro hay una gallina dorada—.
Este es Erelim, es un dragón de fuego de la tierra y aunque lo veas así de
pequeño, su verdadera forma es de una enorme criatura mitológica. Si algún
día no llego a estar a tu lado, él cuidará de ti.
—Maestro, yo quiero que usted siempre esté conmigo. —Por mis ojos
caen lágrimas y llevo mis manos al rostro para sacarlas.
—Eres un llorón —dice Axe golpeando mi espalda y regalándome otra
cálida sonrisa.
****
Mis días se habían vuelto divertidos y amorosos gracias a Erika y Axe.
Erelim siempre está conmigo y me cuenta de las aventuras que tuvo junto al
Gran Duque.
Todo iba bien hasta esa fatídica noche. Mi padre decidió traer a un hijo
ilegítimo a la casa, su nombre es Rince. Desde ese momento, mi madre se
ha encerrado en su habitación y no ha salido.
No sé qué sentir por él. Mis sentimientos son contradictorios en muchos
sentidos. ¿Acaso yo no soy suficiente como hijo? ¿Buscaste otra familia
porque te cansaste de nosotros? ¿El amor que te brindamos no es
suficiente?
Dos meses después, mi madre salió de sus aposentos y me buscó. No
puedo explicar lo feliz que soy por eso.
—Madre, te he extrañado, ¿por qué no has venido a verme antes? —
expreso mientras corro a abrazarla.
—Destan, mi querido niño. Todo va a estar bien. —Me estrecha entre sus
brazos y deposita un beso largo en mi frente—. Quiero que siempre seas un
hombre fuerte y tengas confianza en ti.
Mi madre pone una carta en mi bolsillo y me acuesta en la cama. Cerré
los ojos creyendo que al otro día todo iba a mejorar, pero me rompí en
pedazos cuando al despertar en la mañana mi amada madre se había
ahorcado. El odio a mi padre aumentó de forma considerable desde ese día,
si él me hubiera dado más amor, si nos hubiera prestado más atención, si tan
solo nos hubiera dedicado un momento, madre no habría tomado esa
decisión.
Estuve llorando incontables días y no quise salir de mi habitación. Erelim
fue el único que se quedó todo el tiempo a mi lado. Fue mi apoyo y mi
amigo.
—Destan, tu madre dejó esta carta para ti. —Entrega con su pico, dudo si
cogerla ya que he evitado tocarla todo este tiempo desde que falleció—.
Considero que deberías leerla.
Con miedo tomo la carta y la abro:
Tú siempre has sido mi mayor tesoro desde el primer momento que
abriste tus bellos ojos. Disculpa dejarte de esta manera, pero no quiero
seguir perteneciendo a este mundo. Mi tristeza ha superado su máximo
nivel.
Pensé que después de todos estos años, tu padre sería capaz de
aceptarme y amarme. Sin embargo, para sus ojos solo existe una mujer:
Kaia.
La Reina y yo siempre hemos sido amigas y nunca pensé que Evan en
realidad fuera hijo de ellos dos. Mi amiga me traicionó y tuvo un hijo con
mi gran amor, mi corazón no quiere seguir soportando esa carga. Eliphias
siempre preferirá a Evan por encima de ti, pero no debes sentirte mal, tú
siempre serás el número uno en mi corazón y algún día serás igual de
importante para otra persona.
Evan es un niño peligroso, no debes acercarte a él. El Rey y tu padre lo
adoran por lo que son incapaces de terminar con su vida, pero ese niño
debe morir. Erika predijo que él traerá la muerte de todos y lo único que
logró desde que dijo esas palabras, es estar en el punto de mira de tu padre
y del Rey.
Esos dos se encuentran planeando una orden de ejecución a nombre de
Erika, díselo a Axe y ayúdalos. Esconde a Morgana si es necesario, no
permitas que vuelvan a quitarles otro hijo.
Mi querido hijo, tú también eres un Turoth, incluso más poderoso que
Evan. Sin embargo, no uses tu poder a causa de tus impulsos, recuerda
respetar el ciclo de la vida. No sigas matando, aunque sé que ya es
imposible para ti. Quiero que me prometas que intentarás siempre no
matar. Cuídate.
Con amor, Madre.
Esa carta me dejó más que destrozado, el dolor que había sentido los
últimos días no es nada comparado al vacío que llegó con su carta. ¡Todo es
culpa del Rey y mi padre!
Aunque quisiera seguir llorando, debo garantizar la seguridad de Axe y
Erika, por lo que corrí a Doston mientras Erelim trajo a Axe. Él leyó la
carta de mi madre y comenzó a llorar, trató de cubrir su cara para que no lo
viera, después de unos minutos se levantó y le prendió fuego a la carta.
—Destan, le debemos a tu madre un funeral de parte de sus seres
queridos —dijo forzando una sonrisa y me dio un fuerte abrazo.
Fuimos hasta Numore y recogimos sus restos. Decidimos que en su
honor y al amor que tenía por la ciudad de Doston, realizaríamos su funeral
aquí. Construimos una estatua sobre su tumba e hicimos una ceremonia de
despedida de su verdadera familia.
Le rogué a Erika que trajera a mi madre de vuelta, a regañadientes
cumplió mi deseo y la visitó en la tierra de los muertos.
—Brigitte no quiere regresar —explica con un rostro triste mientras me
observaba—. Lo siento, Destan.
—Gracias, Duquesa Erika —Las lágrimas me traicionan adueñándose de
mi rostro.
Erika al verme me abraza dándome el calor que necesitaba desde la
muerte de mi madre.
—Brigitte te envío unas palabras, Axe. —Le lanza una mirada dolorosa y
pronuncia con temblor el temido mensaje—. “Si algún día regreso a la vida,
deseo seguir sirviéndole a usted”. —Axe comenzó a llorar y se metió dentro
de una cabaña.
—¿Qué significa ese mensaje? —pregunto a Erika, aun estando entre sus
cálidos brazos.
—Cuando Brigitte visitó el Reino de Midgard conoció a Axe. La historia
de ellos es muy graciosa, todos creían que eran hermanos por su parecido.
Realizaron muchas misiones juntos y se creó una gran amistad que ha
perdurado todos estos años. Brigitte siempre le decía a Axe que hubiese
sido uno de los mejores Reyes de la historia y que, si alguna vez ella debía
jurarle lealtad a algún Rey, se la haría a él. —La historia me conmociona y
comienzo a llorar.
—Eres un pequeñín llorón —dice abrazándome con esa amable sonrisa.
Desde el momento que falleció mi madre, Erika me trató como su propio
hijo.
***
A mis doce años, el Rey ordenó la ejecución de Erika.
Para mi desgracia, mi arribo a Midgard fue demasiado tarde, ya que a
Erika le habían enterrado una espada en su corazón y quemado su cuerpo en
una hoguera con el pretexto de que era una bruja que solo atraía muertes.
Todo esto sucedió mientras el Gran Duque estaba haciendo una de sus
tantas misiones.
Mi sangre hirvió de coraje y emprendí mi camino a Asgard a matar al
Rey. ¿Por qué debes quitarme todo lo que amo? ¿Por qué te encaprichas en
que te odie? ¿Tanto deseas ser asesinado por mis manos?
Mi cabeza quería explotar de tanto odio y sed de venganza. Cuando
llegué a Asgard mi encuentro se ve interrumpido por un joven de cabellos
dorados.
—¿Hiciste todo el camino hasta aquí para matar a Jalil? —demanda
sentado desde la ventana del castillo clavándome la mirada desde arriba.
—¿Lo vas a impedir? —No me interesa quién carajo seas, pero voy a
acabar con todo aquel que me lo impida.
—No. Yo también quiero matarlo, pero no tengo el suficiente poder para
hacerlo ahora y tú tampoco. —Es la primera vez que escucho una risa tan
maliciosa y oscura.
—¿Cómo sabes que poder tengo? —¿Quién eres? No puedo distraerme
con ese niño.
—Los Turoth se reconocen entre ellos, mi poder del destino puede sellar
los poderes de los hechiceros y volverlos simples humanos. —Me mira
como si estuviera midiendo mi fuerza.
Este joven no me deja de repasar. Entre su sonrisa malvada y la temida
oscuridad de sus ojos, no puedo resistir la tensión que emana y debo apartar
la mirada.
—Todavía no somos lo suficientemente fuertes, debemos matar a muchos
para asesinar a Jalil. —Se lanza de la ventana y se pone delante de mí—. Mi
nombre es Evan, soy tu hermano.
Mi cara de sorpresa fue más que suficiente para describir la situación. ¿Él
es ese Evan?
¡Por ti empezaron todos mis problemas! ¡Quiero arrancarle la cabeza!
—Siempre te he observado desde lejos, tus poderes están muy cerca de
descontrolarse. Debes tener cuidado, matarás más de lo que eres capaz de
controlar. —Se baja de Erelim y levanta su mano en señal de despedida—.
Ven a visitarme cuando quieras. Te estaré esperando.
¿Qué acaba de suceder? ¿Él me dijo que es mi hermano? Eso significa
que conoce toda la historia de nuestros padres.
Estoy tan confundido entre la rabia y la soberbia que tengo en estos
momentos que me demoro en procesar la información.
Volveré otro día, a pesar de las advertencias de mi madre, debo conocer
acerca de todo lo que él sabe. En mi camino de regreso viene una persona a
la mente, Morgana. Solo tiene dos años y será difícil para ella crecer sin
madre, debo ir y comprobar su estado. Cuando llego a Midgard voy directo
hacia el castillo a ver al Gran Duque. Entro por la parte trasera del jardín
hasta llegar al salón real.
Axe se encuentra sentado en el trono, su rostro está tan seco que parece
un cadáver. Corro y me pongo delante de él.
—Maestro, ¿se encuentra bien? —pregunto mientras compruebo su
temperatura, apenas respira.
—Destan, tienes que huir. Pronto vendrán a matarme a mí también —
dice llorando y me alcanza el “Libro de la Vida”. Mi cuerpo está temblando
—. Solo tengo dos cosas que pedirte.
—Claro, maestro, haré lo que sea por usted. —Agarro el libro con una
mano y con la otra tomo la suya.
—Protege a Morgana, no permitas que nada malo le pase a mi hija. —Su
súplica llena de dolor, incluso hasta de arrepentimiento, resuena en mis
oídos adentrándose hasta mi corazón.
—Descuide, siempre cuidaré de su hija —digo con confianza apretando
con fuerza su mano.
—Este libro no debe caer en manos ambiciosas. A la única persona que
se lo puedo confiar es a ti. Escóndelo, mi vida y mis memorias se
encuentran en su esencia.
—Está bien, maestro. —Me abraza con esa calidez y amor que solo he
recibido de su familia.
Él siempre ha sido como un padre para mí, voy a hacer lo que sea
necesario por mantener a su hija a salvo, así tenga que arriesgar mi vida por
ella.
—Destan, no quiero que te vinculen conmigo. No regreses a Midgard a
menos que sea necesario. ¿De acuerdo?
—¡No quiero dejar de verlo maestro! —Las lágrimas contenidas explotan
y comienzo a gritar—. ¡Usted es la única familia que tengo!
—No digas eso. —Hace una sonrisa de hombre moribundo que rompe mi
alma—. Algún día tendrás tu propia familia. Usa tu poder con cuidado,
Destan.
Esas fueron las últimas palabras que escuché de mi maestro y con todo el
dolor de mi ser no puse un pie de nuevo en Midgard rompiendo todo el
contacto entre nosotros.
Durante todo un año estuve entrenando mis nuevos poderes, pensé que
así podía salvar a Axe. Sentía una gran furia incontrolable en mi interior, ya
que no podía entender por qué estaban persiguiendo a la familia del Gran
Duque.
Cuando llegó a Hel la orden de asesinarlo, sabía que era yo quien debía
tomar esa misión.
Me dirijo lo más rápido posible al estudio de mi padre y, cuando estoy
delante, toco la puerta antes de entrar.
—Adelante —contesta mi padre con su tosca y asquerosa voz.
—Padre, quiero asumir la misión de matar al Gran Duque. —Trato de
ocultar el temblor de mi voz junto a las emociones de enfado que me
invaden.
—Destan, ¿crees que serás capaz de matarlo? —Lanza una mirada de
desconfianza.
Él no está al tanto que, desde la muerte de mi madre, mis poderes han
crecido mucho más allá de su conocimiento, pero en mi actual realidad, ya
no quiero que sepa nada sobre mí.
—Sí —respondo con la mayor credibilidad que puedo expresar.
—Está bien, te daré una oportunidad. —Antes me moría por demostrarle
mi valor, ahora solo quiero hundirlo—. Además de esa misión, necesito que
robes una cosa.
—¿Qué necesita, padre? —investigo ocultando mi curiosidad y el
nerviosismo que tienen mis manos.
—Quiero que traigas el “Libro de la Vida”. Esta misión debe ser
encubierta. —declara mientras yo intento no mostrar mi sorpresa y golpear
su rostro.
—De acuerdo. Partiré de inmediato hacia Midgard.
Sumergido en mis pensamientos, salgo del estudio de mi padre y camino
por los pasillos del palacio. Podré ver de nuevo a mi maestro. Le mostraré
cuánto he crecido, y al menos esta vez trataré de salvarlo.
Me encamino al patio donde Erelim está esperándome y veo a mi
hermano Saruman con una hermosa mujer de largo cabello. Si mi padre los
viera, definitivamente la mataría. Sin importarme lo que están haciendo
llego hasta Erelim y lo miro intensamente, sé que él es el ser vivo que mejor
me entiende.
—Erelim, tenemos una misión en Midgard. Vamos —digo sin ofrecer
más explicaciones, ya que las palabras salen con dificultad de mi garganta.
El aire y las nubes están cubriendo nuestra visión. Hasta el tiempo está
jugando en mi contra para que no vaya.
—Es una orden de asesinato contra El Gran Duque —expongo tratando
de conservar un rostro pasivo.
—Destan, ¿estás seguro de lo que vas a hacer? —Se gira para darme una
mirada lastimosa y aprieto los puños.
—Prefiero ser yo quien lo haga —confieso con una traicionera lágrima
corriendo por mi rostro.
El viaje lo hicimos en silencio, aun cuando un tormentoso clima impedía
nuestra llegada a Midgard. Era como si los dioses estuvieran retrasando mi
llegada a mi destino.
Desde nuestra altura el castillo de Xecuterra está cubierto de humo.
Toco tierra y entro corriendo a la corte real, y ahí, afortunadamente, está
el Gran Duque.
—Maestro. —Alza su mirada y toca mis mejillas con el amor paternal
que siempre me ha ofrecido.
—Si es tu espada por la que debo morir, con gusto acompañaré a Erika al
otro mundo —dice con una sonrisa, dejando una línea muy delgada de
razón y evitando que contenga las lágrimas.
—Maestro, usted ha sido como un padre para mí. Nunca lo olvidaré. —El
sollozo, dolor y tiritar de mi cuerpo me impiden realizar cualquier acto.
—Antes de partir, quiero ver a mi hija una vez más. Por favor, tráemela.
—Su voz está apagándose y no sé si cumplir con sus palabras, pero me
levanto atendiendo a su súplica.
—Está bien, la busco. —Subo hasta los aposentos de Morgana.
Cuando abro la puerta, veo a Evan cargando a Morgana en brazos. No sé
si decir que es una sorpresa o una maldición que sea él quien tiene a la
pequeña en brazos.
—Hola, hermano —dice Evan mostrando una de sus asqueantes sonrisas.
—¿Qué haces aquí? —pregunto observándolo sin apartar los ojos de él,
incitándome a leer su pensamiento: “Lo mismo que tú”—. Entiendo. Por
favor, dame a Morgana.
—Lo haré, pero antes de eso quiero proponerte algo. —Su mirada
maquiavélica eriza mi piel. No puedo dar un paso en falso porque Morgana
puede salir dañada.
Avanzo lentamente hasta donde él se encuentra y cierro mis puños
conteniendo mi incapacidad de hacer algo en este momento.
—Voy a llevar a Morgana a Asgard y haré que la críen como mi hermana.
—Realiza el mismo gesto para que continúe leyendo sus pensamientos:
“Dame el “Libro de la Vida” a cambio”.
—Puedes tomar mi vida, pero no te lo daré —respondo con firmeza y sin
apartar mi mirada de Morgana.
—Está bien. —Suspira y me entrega a Morgana para que la cargue—.
Quiero saber cuál es la debilidad de Jalil, Kaia y Eliphias para matarlos. Si
me dices una sola, cumpliré lo que te dije. ¿Y bien, aceptas ahora?
—¿Cómo sé que cumplirás tu palabra? —Las palabras de la carta de mi
madre son un arma de doble filo, puede estar jugando conmigo.
—Voy a matar al Gran Duque por ti y te daré el crédito. Además, puedes
ir todo el tiempo que quieras a Asgard a visitar a Morgana. Haré todo lo que
esté en mis manos para que esté a salvo.
Sus palabras son embellecedoras, quiero creer en ellas, pero no me da
ninguna felicidad que mate al Gran Duque y me entregue el crédito.
Quiero salvarlo.
—Te daré una debilidad cada cinco años. Es mi oferta final. —
Sentimientos oscuros están invadiendo mi ser. He aceptado perder a mi
padre sustituto.
—Está bien, de todas formas, todavía no es el momento de matar a los
tres —comenta sin ganas y hace una señal—. Geirröd, ven.
En la ventana de la habitación apareció un pequeño duende con el cabello
verde oscuro, los ojos color miel y unas orejas puntiagudas. Parece estar
bajo el mando de Evan.
—Destan, te presento a Geirröd Bhisma. —Introduce Evan y recorro al
pequeño duende con la mirada—. Su familia son los Conde que van a
sustituir al Gran Duque.
Geirröd me hace una reverencia y permanece callado. Morgana mueve su
cabeza hacia Evan y toca sus cabellos con suavidad.
—¿Son tus aliados? —demando y él invade mi pensamiento con un
“Sí”—. Evan, ¿tú diste la orden de matar al gran Duque?
—No me representa un peligro. —“No soy tan miedoso como el Rey”,
responde su pensamiento—. Cuidaré a Morgana —afirma con seriedad
haciendo que cierta confianza nazca en mí hacia él.
—Su padre quiere despedirse de ella. Cuando acabe, es vuestro.
Geirröd ha sido una estatua desde que llegó, es como una sombra a
nuestro alrededor, en cambio, Morgana no parece percatarse de nada y mira
a todos con emoción.
Bajamos los cuatro por las escaleras hasta la corte real. Morgana se
mueve y Evan la deja en el suelo para que vaya hasta donde está su padre
sentado.
—Mi querida hija, ten una buena vida. —Le da un beso en la frente y la
observa con una mirada desastrosa llena de dolor.
—Maestro, es la hora —anuncio y él me sonríe.
Giro hacia a Evan y tomo a Morgana para cubrirle los ojos. No quiero
que recuerde esta escena, es suficiente con que viva en mi recuerdo. Ya que
yo nunca la olvidaré, debido a que hoy decidí matar a mi segundo padre.
—Geirröd, hazlo ahora y quema el castillo a continuación. —Evan
ordena retirándose conmigo y Morgana de la gran corte.
Suelto una última lágrima. Morgana me abraza sin entender la situación
mirándome con esos resplandecientes ojos, a veces son los únicos que me
hacen olvidar el monstruo que me he vuelto.
—¿Qué edad tiene? —pregunta Evan con su inexpresivo rostro, pero con
cierto tono de curiosidad.
—Tiene tres años. —Le contesto abrazándola con más fuerza, sin
quererla dejar ir—. También es un Turoth.
—Esa parte no me la tenías que decir.
Evan observa a Morgana y esta le sonríe, parece que le gusta su nueva
familia. En cierto modo es un alivio, llevarla a Hel conmigo es uno de los
peores errores que puedo cometer, en Asgard estará protegida gracias a
Evan.
No sé cómo lo logra, pero todo termina ocurriendo a su favor.
—Posee un gran poder, ¿cómo lo sellarás para que Jalil no se percate? —
A veces odio lo inteligente que es.
—Estoy haciendo un collar con mi esencia, durará unos años —contesto.
Ni siquiera sé por qué le estoy comentando todo esto.
—¿Le estás dando una dote? —me dice riendo y llevando su mano a la
cabeza de Morgana para acariciarla.
—¡No! —respondo sobresaltado—. Nunca he pensado en Morgana de
esa manera. ¡Es una bebé!
—No te tienes que casar ahora con ella. Nuestro trato durará quince años,
cuando termine, ella será mayor y te la podrás quedar.
No quiero ni pensar en eso en este momento. Cuando llegue el día de
hacerlo, le buscaré un esposo adecuado que pueda cuidar de ella y la aleje
de toda esta guerra.
—Dime la primera debilidad —sonríe macabramente y sacude las palmas
de las manos esperando su trofeo por la ayuda.
—La llevaré personalmente a Asgard mañana. ¿De quién quieres saber
primero?
—Lo dejo a tu decisión.
Geirröd sale y el castillo estalla en llamas. La majestuosa fortaleza está
ardiendo y el humo que antes había empezado a dispersarse toma vida una
vez más.
Gran Duque, aunque su cuerpo se esté haciendo polvo en este momento,
en mi mente permanecerá eternamente.
—Llevaré a Morgana conmigo y le informaré a Jalil lo que hablamos. El
crédito es tuyo.
Me despido de Morgana dándole un beso en el cachete y Evan se ríe
mientras la atrae hacia él.
Esa noche regreso a Numore e informo a mi padre de lo ocurrido.
—Cuando llegué a asesinarlo, se había suicidado con el libro. —Su
mirada de desconfianza está presente en todo su rostro.
—Arribó de Asgard una carta, en su contenido afirman que realizaste un
magnífico trabajo y que mereces un puesto de Conde en mi Guardia Oscura.
—El recelo de sus palabras revuelve mi estómago y odio cada minuto que
tengo que estar dentro de la habitación.
—Padre, mis misiones y mi récord de muertes son los mejores en la
Guardia Oscura, sería un honor ocupar ese puesto. —Me arrodillo
haciéndole una pequeña reverencia. A pesar de todo, ni siquiera ha
considerado ese lugar para mí.
—He averiguado sobre ti, eres conocido como “Slaanesh”. Estoy
orgulloso de ti, serás un gran Rey. —comenta sonriendo y tengo que
sorprenderme por su actitud nunca antes vista.
Por un momento pensé que sus palabras eran reales, pero me equivoqué
cuando leí su pensamiento: “Si Destan continúa así, será capaz de asesinar
a Jalil sin problemas, y podré hacerme con el trono de Asgard”.
—Padre, debo retirarme. —Hago otra reverencia y salgo de la habitación.
Definitivamente Eliphias nunca va a pensar en mí más que como una
marioneta.
Nunca lo perdonaré.
Caminando de regreso a mi habitación. Me invaden distintos tipos de
sentimiento, el que más sobresale es la decepción. A veces, no importa
cuánto te esfuerces para otra persona, nunca lo verá si no eres lo que él
desea que seas. ¿Y si fuera mi hermano Saruman, hubiera estado feliz por
mí?
Atravieso el marco de mis aposentos para sentarme en la mesa de trabajo,
donde estoy haciéndole el collar a Morgana.
—Espero que Evan cumpla con su palabra. Por lo menos realizó la parte
de informar sobre Midgard —hablo en voz baja.
Mi cabeza duele de tantos acontecimientos ocurridos el día de hoy.
¿Cambiaría si pudiera retroceder el tiempo? ¿Habría alguna manera de
salvarlos a todos?
Pincho mi dedo, ya que estoy desconcentrado y miro el accesorio que
estoy confeccionado entre mis manos.
El collar tiene la forma del gran árbol de la vida. Erika me hablaba
mucho de él; sus hojas son capaces de curar cualquier enfermedad, con su
tronco se hace el arma más fuerte y las raíces pueden convertir a cualquier
hechicero en el más poderoso. Representa el respeto por el ciclo de la vida,
algo que ella nunca olvidó mientras estaba viva.
Al otro día me preparo para ir a Asgard. Empaco el colgante en el
bolsillo y salgo al patio a ver a Erelim. Alguien se me acerca sigilosamente
y me giro a ver de quién se trata.
—Príncipe Destan —llama la joven que vi el otro día vi con Saruman—,
soy Carmín, miembro de la Guardia Oscura.
—Mucho gusto, Carmín. ¿Qué edad tienes? —¿Debo tratarla
amablemente? Odio esto, ¿por qué se me acercó?
—Tengo doce años, pronto cumpliré trece —contesta con una tímida
sonrisa.
—Aparentas ser más mayor —respondo tratando de poner todo en orden
para partir con Erelim.
—Príncipe Destan, me percaté que el otro día me vio con el Príncipe
Saruman. Nosotros no hemos hecho nada todavía, ¡solo somos amigos! —
Se avergüenza como si estuviera confesando un pecado impuro.
—Solo ten cuidado de que el Rey no te vea y estarás bien.
Mi mira con emoción, y no puedo evitar leer su pensamiento.
—“¡Qué vergüenza mirar al Príncipe Destan! ¿Cómo le explico que
estoy enamorada de su hermano? ¿Ahora cómo le digo que quiero formar
parte de su séquito?”.
Es una niña bastante graciosa, debo admitir. ¿Esta inocente como parte de
mi equipo? Primero ocurre una desgracia.
—Para formar parte de mi séquito, debes alcanzar el nivel celestial de tu
poder y tener un récord de muertes por encima de quinientos. ¿Crees que
podrás?
—¿Cómo sabes lo que estoy pensando? ¡Espera! ¿Quinientas muertes?
¡Eso es demasiado! ¡Ni siquiera llego a cincuenta! —dice sorprendida y yo
río gracias a mis palabras.
—Haz tu mayor esfuerzo, me tengo que ir. —La miro, no puedo evitar
bromear con ella, así que agrego un indiscreto comentario—. Ser pareja de
mi hermano, no te hará formar parte de mi séquito.
Emprendo vuelo dejándola toda ruborizada.
Nunca he pensado en tener un séquito. Soy un hombre que trabaja solo
debido a que mi poder no me permite tener un compañero, se hundiría en la
locura y desesperación.
Escribí en un papel las debilidades que Evan me pidió, no creo que
alguno de ellos merezca morir, pero si Morgana estará a salvo con esto lo
haré.
Llego a Asgard. Evan me espera en la puerta del castillo junto a
Morgana. Mi pequeña Princesa lleva un hermoso vestido blanco de encaje y
una diminuta diadema en su largo cabello rojo. Cuando me ve llegar, sale
corriendo en mi dirección.
—Hola, pequeña. Te traje un regalo.
Le coloco el colgante en su cuello, Evan me mira y sonríe. Le lanzo el
papel y entramos al castillo. Morgana comienza a jugar con Erelim y con
otra pequeña de cabellos blancos y ojos azules oscuros en el jardín.
—Ella es Lorelei, mi futura prometida —observo sorprendido, pero me
mantengo en silencio—. Todavía no se lo he dicho a nadie. Así que la
debilidad de Kaia son sus ojos. ¿Por qué?
—Según el libro, los ojos de Kaia están hechos para apreciar la vida y
crearla. Una vez que se cubren, su poder pierde vitalidad y ella cae en la
locura imposibilitando de realizar cualquier acción mágica.
Evan se mantiene en silencio analizando todo lo que le expliqué mientras
que yo me limito a observar a mi pequeña Princesa antes de partir.
—Si tanto la amas, comprométete con ella. —Vuelve a repetir Evan
cuando se percata que no quito mi mirada de Morgana.
—Si cuando crezca desea hacerlo, lo haré —confieso, haría cualquier
cosa para que sea feliz.
Capítulo 15: Retrospectiva II
***Destan***
A mi regreso a Hel, me convertí en Conde de la Guardia Oscura.
Debido a mi cargo e influencia implementé algunas modificaciones en
Numore para amplificar mi poder como posadas del placer, círculos de
subasta de mujeres y niños, misiones de asesinatos a cambio de escenas
desgarradoras y estuve con varias mujeres. Durante dos años, elevé mi
magia hasta su máxima expresión, la transformación final de un Turoth.
En esos años visitaba a Morgana durante las mañanas. Evan cumplía con
su palabra y la trataba como una hermana, no permitía que nadie se metiera
con ella, ni siquiera su padre era capaz de hablarle de mala manera. Por las
noches, me dedicaba a fomentar y seguir creando estragos para alimentar
mi poder. Todo parecía marchar con tranquilidad hasta la fiesta del quinto
cumpleaños de Morgana.
Estamos los tres reunidos como siempre en el jardín del palacio de
Asgard, Morgana juega con Erelim y yo los observo desde mi asiento.
—¿Esta noche vas a venir a la fiesta de cumpleaños de Morgana? —
pregunta Evan tomando una taza de té en la mano.
—Es extraño que venga un Príncipe de Hel a una fiesta de cumpleaños de
una Princesa de la Luz —comento apretando mis puños sin apartar la
mirada de mi pequeña.
—Deberías venir, Morgana lleva días teniendo pesadillas extrañas y
presiento que va a suceder algo esta noche —comenta con tranquilidad.
¿Desde cuándo mi pequeña está teniendo pesadillas?
—¿Presientes o sabes? —demando incómodo, esta vez mirándolo directo
a los ojos.
—Destan, no dejes de venir. —Se despide y me deja solo con Morgana.
—Mi pequeña, ¿estás teniendo malos sueños? —La miro con cariño.
—Destan —dice con sus hermosos ojos grises y su carita de puchero—,
estoy viendo a personas que después desaparecen. No sé cómo explicarlo.
La miro y doy un beso en su frente. Tengo que ayudarla, debe ser feliz.
—Destan —llama mi atención—, no quiero separarme de ti, ¿por qué no
vives aquí conmigo?
—Mi pequeña —Le sacudo su cabeza y desordeno su cabello—. Cuando
crezcas, lo haremos. Es una promesa.
Le acompaño hasta la entrada de su habitación. Se despide con su manita
y regreso a Hel para poder asistir a su fiesta de cumpleaños por la noche.
Las palabras de Evan resuenan en mis oídos. Si Morgana comenzó a
tener esos sueños significa que sus poderes están empezando a despertar.
Según me comentó Erika, ella no avivó los suyos hasta después de los diez
años, y los míos deben retrasar los suyos unos años más.
Me pongo un jubón negro de gala, con un pantalón crema oscuro y unas
botas azabaches. Debo ser silencioso, ya que en realidad no es adecuado
que un Príncipe de Hel vaya a una fiesta de cumpleaños en Asgard.
Me lanzo por la ventana para que nadie sospeche de mi salida de
Numore, y regreso para Asgard a ver a Morgana.
El viaje a la Ciudad de la luz es de cinco horas, pero no me importa el
tiempo que tome si puedo ver la sonrisa de mi pequeña.
En la entrada del castillo está Evan con la cara tensa esperándome.
—¿Qué sucede? —pregunto con cierto nerviosismo.
—Morgana le dijo al Conde de Crowen que su hija morirá pasado
mañana, debido a eso, están exigiendo que la aíslen en la prisión de
Ovrimor.
—¿Quién se atreve? —Le cortaré la cabeza a quien se atreva a hacer
algo.
—Ese Conde.
Entro desenfrenado al palacio. Me encuentro a Jalil en la entrada
despidiendo a unos invitados.
—Mi Rey —Hago una reverencia—, debo hablar con usted.
Evan me persigue.
—“No puedes matar al conde de Crowen” —agrega a través de nuestro
pensamiento.
Este juego que tiene conmigo de liberar su pensamiento cuando le
conviene me molesta e incómoda.
—¿Qué deseas hablar, Príncipe Destan? —dice Jalil y puedo distinguir en
su tono de voz un ligero enojo.
—Acerca del castigo de Morgana —expongo con seriedad.
—No le haré nada. —“Esa niña siempre está causando problemas, sino
la castigo ahora, no calmaré la ira del Conde de Crowen” dice en su
mente.
—Me voy a comprometer con Morgana —digo incómodo, Evan se ríe—.
Una alianza con Hel es lo que necesita para calmar al Conde de Crowen.
Esta es una buena oportunidad para usted —comento, él arquea su ceja
derecha con cierto asombro y se mantiene callado unos minutos.
—Eres un joven inteligente. —“Este niño tiene razón, usaré esa ventaja
a mi favor”—. Lo anunciaré ahora, entremos los tres al palacio.
—“Esperaste demasiado” —se burla Evan en sus pensamientos mientras
se ríe.
Entramos los tres al salón donde se realiza la fiesta. Mi pequeña tiene
puesto un hermoso vestido corto azul oscuro y su pelo está recogido en una
coleta. Me saluda desde lejos, pues se encuentra hablando con Lorelei,
quien está a su lado vistiendo un pequeño conjunto dorado.
—Buenas noches a todos, estamos celebrando el quinto cumpleaños de
mi hija Morgana. Tengo como regalo de fiesta al primogénito de Hel, el
Príncipe Destan Constant, el cual ofreció una alianza de matrimonio con mi
hija Morgana. La felicidad de mi hija es la mía.
—Nunca he soportado las mentiras que Jalil suelta por su boca —susurra
Evan bien bajo, el cual hace un gesto de asco cuando lo escucha.
—¿No tienes miedo a que te oiga? —pregunto asombrado con su
elocuencia.
—Ahora mismo está más ocupado en fortalecer sus lazos políticos que en
prestar atención. Oficialmente, Morgana está prometida contigo —Sonríe y
da una ligera palmada sobre mi hombro.
Nuestra conversación es interrumpida cuando mi pequeña corre hacia mi
dirección.
—Destan, ¡viniste! ¿Es cierto que te casarás conmigo? —pregunta con
ternura y a su vez me regala una hermosa sonrisa.
—Sí, cuando seas mayor de edad, me casaré contigo —digo cargándola
en mis brazos para recibir un beso en la mejilla.
—No hay nadie que ame más en este mundo que a ti. —Sus ojos se
iluminan, debo aguantar las lágrimas.
La noche transcurre sin problemas, acompaño a Morgana a su habitación
con Evan y la arropo en su cama.
—Buenas noches, pequeña. —Me despido de ella. Evan me acompaña a
la salida.
Abandono el palacio y camino hacia la parte oculta donde Erelim me
espera.
Debo regresar a Hel lo más rápido que pueda para que no noten mi
ausencia, aunque con el anuncio de Jalil, será un poco difícil.
Llego a mi habitación y me meto en mi bañera para terminar
sumergiéndome en mis pensamientos.
Mis poderes todos los días crecen más y a pesar de que alcancé la
transformación final sigo teniendo ganas de seguir matando. Cada vez
siento que me ahogo más en la oscuridad.
¿Algún día me sentiré vivo de nuevo?
Los recuerdos más especiales y felices que poseo son de cuando mi
madre, Erika y Axe estaban vivos, cuando me sentí querido. Mi principal
preocupación es que Morgana esté bien, le prometí al gran Duque que
cuidaría de ella y Evan, en cierto modo, me trata más como un hermano que
el propio Saruman.
Como mismo dice Evan, la soledad de los castillos puede hacer que
cualquiera caiga en la locura. Y en este específicamente, el único que me
presta atención es Rince, pues a veces suele perseguirme para entrenar junto
a mí. Él cree que no puedo sentir sus sombras, es un poco gracioso sus
esfuerzos en que no lo descubra. El otro día escuché que le decía a uno de
sus amigos que su sueño era volverse fuerte como yo, y eso me hizo
preguntarme, ¿cuál será el mío?
Nunca he pensado en tener uno, pero si debo considerar alguno, sería
hacer el Reino de Midgard mi hogar. Ese lugar significa más para mí que
Hel, hasta mi madre estaría contenta si sus cenizas fueran trasladadas cerca
de la tumba de Erika y Axe. Cuando Morgana sea mayor, podríamos
mudarnos, vivir allí y formar una familia.
***
La escasa luz del siguiente día entra por mi ventana, decido levantarme para
visitar Doston. Al llegar realizo una reverencia a la estatua de mi madre. El
tiempo está bien frío y algunas escarchas de nieve se están acumulando en
las escrituras de sus restos.
—Madre, ¿cómo estás? —pregunto a su tumba—. Morgana ha crecido,
ya tiene cinco años y comenzó a despertar sus poderes. A pesar de tus
advertencias le he empezado a tomar cariño a Evan.
Comienzo a llorar una vez delante de ella, la extraño tanto. Hay días
como hoy que me haces tanta falta. Mi sollozo se ve interrumpido por unos
pasos que escucho acercarse, me escondo dentro de una de las cabañas.
—¿Ahora dónde se metió? —comenta Carmín, llevando sus manos a su
cintura.
Salgo de la cabaña tomando aire y ocultando la incomodidad que poseo
de que me haya encontrado en esa situación.
—¿Para qué me buscas? —cuestiono con una voz carrasposa por el
llanto.
—Príncipe Destan, ¿está bien? ¿Por qué llora? —“¿Habrá venido a estar
solo y lo habré interrumpido? ¿Me matará por perseguirlo?”. Sus
pensamientos llegan a mi mente sin poderlos detener.
—No te mataré, ¿para qué me buscas?
Me siento en un tronco delante de una de las cabañas y la observo.
—¿Cómo es que logras saber lo que estoy pensando? No importa. He
logrado doscientas cincuenta muertes, sé que no es la cantidad que pediste,
pero no necesito ser tu mano derecha —Hace una pausa y respira como si
tuviera que tomar valor para lo siguiente que va a decir.
Alza su mirada con los ojos concentrados en sus sucesivas palabras.
—¿Me permites ser un soldado de tu séquito? —comenta con seriedad.
—No. Yo trabajo solo, ¿por qué tanto interés en estar cerca de mí? —
pregunto sorprendido por su insistencia.
—Quiero ser reconocida y poder ser de ayuda para Saruman. Te puedo
ser de mucha utilidad, sé confeccionar armas basadas en las esencias de las
personas —dice con emoción y arqueo mi ceja ante su respuesta.
—¿Qué nivel has alcanzado? —interrogo interesado debido a que es una
habilidad bastante única.
—¡Tengo rango celestial! Si me das algo impregnado con tu esencia,
puedo hacer un objeto dedicado a ti y que lo utilices a tu nivel —expone
segura de sí misma.
—Es interesante, ¿por qué no te unes a Saruman? —pregunto
sospechoso. Es un recurso demasiado bueno para venir a mí sin segundas
intenciones.
—Él me sobreprotege mucho, ya tengo quince años. —“Si ya hemos
hecho esas cosas, sigo sin entender, ¿por qué me sobreprotege tanto?”. Mi
rostro se ruboriza.
Me mira dándose cuenta de que leí su pensamiento y se torna toda roja.
—Lo siento, fue sin querer. —Me disculpo con ella, debo ponerle una
barrera.
—¡Príncipe Destan, por favor! ¡Respete los pensamientos ajenos! ¿No
existe alguna manera de que evite leer mi mente? —pregunta exaltada
echándose aire con las manos.
—La hay, pero no quiero decirla. —confieso evitando su rostro, el cual
está bien cerca de mí.
—¡Eso es grosero de su parte! ¡Si vamos a formar un equipo debe confiar
en mí! —Alza la voz y cruza sus manos.
—¿Carmín es tu nombre, cierto? —Asiente con la cabeza y se me queda
mirando, esperando que hable.
Ni siquiera sé si esta decisión es correcta, pero no pierdo nada con
intentarlo.
—No soporto los gritos, al no ser que sean de tortura o excitación. Mi
poder puede causar que pierdas la compostura, por eso no trabajo con nadie
—comento llevando mis manos a la cabeza. Es la primera vez que hablo de
mi poder con alguien.
—¿Es por eso por lo que te llaman Slaanesh? —pregunta con curiosidad
mirándome con interés.
—Sí. Mato por placer, torturo por placer, juego con las mujeres por
placer y vendo a los niños por dinero. ¿Entiendes? Por favor, no te me
acerques más.
Me levanto, doy la media vuelta y comienzo a caminar. Me rodea con sus
brazos por la espalda deteniéndome. ¿Se ha vuelto loca esta mujer? ¿Cómo
puede abrazarme?
—¿No eres la mujer de mi hermano? ¿qué harás si te ven haciendo esto?
—Me suelta y me giro, su cabeza está gacha y solloza entre sus manos—.
¿Qué te pasa?
—Príncipe Destan, yo no creo que usted sea malo y que disfrute de ese
tipo de cosas, su poder lo ha llevado a ese extremo.
Sus palabras me sorprenden, ella continúa llorando, ¿por mi causa?
—¿Y si después de saber todas esas cosas quiero quedarme al lado de
usted? —Mi rostro está perplejo y la voz no sale de mi garganta. Sus
palabras son sinceras, puedo saber que no me está mintiendo.
—Llámame Destan —digo y se seca las lágrimas—. Te llevaré conmigo
a las misiones, tú solo asegúrate de que Saruman no se ponga celoso.
Carmín comienza a saltar de alegría y corre a abrazarme.
—Por favor, no más abrazos —pido alejándola.
—¡Está bien! ¡Estoy feliz de que me haya aceptado! —Me sonríe, y no
puedo evitar sonreír también.
Carmín y yo comenzamos a tener una gran amistad a partir de ese día. Le
enseñé a mejorar su poder y cuáles eran sus debilidades. Le conté la verdad
sobre todo lo que había sucedido en mi vida y por qué evitaba estar cerca de
las personas.
Después de un año trabajando juntos solo me pidió una cosa. Ese día nos
encontrábamos en mi oficina organizando unos documentos sobre las
misiones que habíamos realizado.
—¿Puedo conocer a Morgana? —pregunta con inocencia provocando que
mi rostro se sorprenda y suelte los papeles.
Me recompongo ante su demanda. Nunca he llevado a nadie a conocer a
Morgana. La verdad jamás se me había pasado por la cabeza pensar en esa
posibilidad.
—Es que la describes tan linda y con tanto amor que no puedo evitar
querer verla. Siempre vas a Asgard solo. —Hace cara de puchero y los ojos
le brillan para completar su súplica.
—Está bien, mañana puedes venir conmigo —admito desordenando mi
cabello con una de mis manos.
Al otro día por la mañana partimos juntos hacia Asgard a ver a Morgana
como le había prometido el día anterior. Evan, como siempre, me espera en
la puerta del Castillo.
—Trajiste a alguien —dice sorprendido arqueando su ceja mientras se
cruza de brazos—. ¿Tienes una amante?
—No. Es mi compañera y la pareja de Saruman —contesto seco y trato
de no molestarme con él ante su comentario.
—Hola, mi nombre es Carmín. —Lo saluda con una reverencia y Evan
fuerza una sonrisa.
—Morgana está dentro jugando con Lorelei —explica señalando el
camino.
Entramos al palacio y en el jardín real se encuentra mi pequeña, la cual
lleva un hermoso vestido verde. Tiene el pelo dividido en dos trenzas y
lleva unas botas carmelitas hasta las rodillas; Lorelei lleva un conjunto azul
con unas zapatillas blancas.
Por lo visto, juegan a atrapar mariposas. Morgana me visualiza y sale
corriendo hasta donde me encuentro. La elevo en brazos y la mantengo en
mis hombros.
—Destan, ¡viniste! —dice sacudiendo mi cabello haciéndome reír.
Su mirada se dirige hacia la mujer que está a mi lado y cambia a molesta
e incómoda.
—¿Quién es ella? ¿Ya no te casarás conmigo? —comienza a llorar
llevando sus manitas a su rostro, queriéndose bajar de mis hombros.
—Claro que no, mi pequeña. —Le seco sus lágrimas y la abrazo con
cariño.
Sabía que algo como esto pasaría, es la primera persona que le presento a
Morgana y, por desgracia, es una mujer. Aunque sea una niña pequeña, no
debe ser ajena al tema de que podría tener una pareja.
—Ella es una amiga que me ayuda en las misiones y me comentó que
quería conocerte, así que la traje, ¿no quieres conocer a mis amigos? —Mis
palabras salen tan manipuladoras de mi boca que me siento culpable.
Morgana alza su cabecita y se limpia las lágrimas. Me mira y asiente, y
se gira para dirigirse hasta Carmín.
—Hola, mi nombre es Morgana Edevane, ¿cuál es el tuyo? —Morgana
hace una reverencia tomando su vestido por ambas esquinas y Carmín se
agacha para hablar con ella.
—Mi nombre es Carmín —ofrece su mano y Morgana la acepta.
Carmín se acerca al oído de Morgan y esta la mira curiosa.
—No tienes de qué preocuparte, Destan es tuyo. —Morgana sonríe y la
lleva a jugar con Lorelei. Sonrío al verlas juntas.
—Te ves más feliz este último año, ¿estás enamorado de Carmín? —
pregunta Evan jodiendo la burbuja de felicidad que estaba teniendo al mirar
a mi pequeña feliz.
—Claro que no, Carmín es mi compañera. Creo que Eliphias la puso
cerca de mí para sacarme información —contesto molesto, todavía no he
confirmado esa posibilidad, pero no la niego.
—Ten cuidado, las mujeres son seres astutos a la hora de sacar datos —
comenta mirando en dirección de Carmín sin cambiar de expresión.
Sigo sin entender lo que piensa o cuáles son sus intenciones conmigo.
Desearía a veces saber que hay dentro de su cabeza.
—A esa mujer le queda poco tiempo, su destino fue sellado. —Sus
palabras rompen mis pensamientos haciendo que me sorprenda y preocupe
a la vez.
—¿A qué te refieres, Evan?
—Destan, a esa mujer le espera un amargo destino en poco tiempo. Si no
quieres que muera, ten cuidado —dice con su característica inexpresividad
dejándome con más preguntas que respuestas—. El destino de las personas
se sella debido a eventos en su vida, y el suyo ya fue sellado.
—Lo tendré presente, ¿puedes cambiarle su destino? —indago en busca
de posibilidades.
—Todavía necesito alcanzar la transformación final para eso. Cambiar un
destino como el de ella es complicado y desgastante. Trata de que no se
encuentre con quien lo hizo. —Me aconseja dando ligeras palmadas en mi
hombro.
—¿Cómo puedo saber quién es? —Al menos eso debes hacerme saber.
Me observa un minuto y decide hacer con sus manos un conjuro extraño,
crea una argolla dorada y me la entrega.
—Pónsela y cuando esta argolla se torne de color negro significa que esa
persona es la que lo selló —explica más amable de lo habitual.
—Gracias.
Carmín me saluda desde lejos con Morgana.
Regresamos hacia Hel y le doy la argolla como recompensa por su
confianza.
Esa noche no logré pegar el ojo. Es la primera vez que me preocupo por
alguien más además de Morgana, me duele pensar que puedo perder a otra
persona cercana a mí.
Dentro de unos días voy a cumplir los diecisiete años y están invitados a
venir la mayoría de los Príncipes de los Reinos. Mi padre ha organizado una
gran fiesta para su primogénito. La idea no me llama para nada la atención,
así que salí a buscar una misión en Muspelheim para distraerme.
Los días pasaron y regresé la noche antes de mi fiesta. Cuando abro la
puerta de mi habitación, Carmín camina de un lado a otro mordiendo sus
uñas muy nerviosamente.
—¿Qué sucede? —pregunto acercándome a ella preocupado por su
reacción.
—Destan, la argolla que me regalaste se tornó de color negro. —Mi
mirada se oscurece y ella supo que algo malo estaba pasando.
—¿A quién viste cuando se tornó así? —interrogo temblando y mis
manos comenzaron a sudar.
—Llevaba unos días sin ver a Saruman y ayer pasé la noche con él,
cuando amaneció estaba así la argolla —explica tocando la argolla con su
mano.
—Cuando fuimos a visitar a Morgana, Evan me comentó que tu vida
pronto estaría en peligro, que si querías vivir, debías alejarte de la persona
que te lo causa. Me dio esa argolla y me dijo que cuando se tornara negra,
significaba que esa persona era la que te ponía en peligro.
Mis palabras provocaron que se desplome hacia el suelo y comience a
llorar.
—Carmín, ¡cálmate! No dejaré que nada malo te pase. —La sostengo
entre mis brazos—. Solo necesitas alejarte un tiempo de Saruman y estarás
bien.
Le coloco la mano en la cabeza acariciando cariñosamente su cabello, me
aparta y seca sus lágrimas.
—Gracias, Destan —dice sonriendo y con un nudo en la garganta suelta
las palabras que me temía—. Yo no voy a separarme de Saruman. Lo amo y
lo amaré para toda la vida. Si mi vida se ve comprometida por estar con él,
estoy dispuesta a morir por eso.
Sé que está hablando en serio.
Se retira de la habitación lanzándome una mirada de agradecimiento y
provocando que mi cuerpo caiga al piso de la tensión.
No puedo evitar llorar, todos a mi alrededor terminan muriendo. Tengo
miedo de seguir visitando a Morgana. ¿Y si yo sello el destino de Morgana
como Saruman con Carmín y por eso fue por lo que Evan la apartó de mi
lado?
Mi cabeza quiere explotar de pensar tantas preguntas sin respuestas, tanto
dolor sin calmantes y tantas decisiones con consecuencias.
Salgo del castillo y camino por la ciudad.
Me adentro en uno de los barrios negros de Numore y termino
ingresando en una posada de pobres. Está deteriorada. Las paredes son de
madera oscura y la habitación está iluminada por unas farolas opacas. El
lugar está bastante alejado del castillo, es probable que nadie me conozca
aquí. Me siento en una mesa apartada, pido una botella de whisky y
comienzo a beber.
Desde la barra del bar, un hombre corpulento no deja de observarme,
hace una señal y se sienta a mi lado. Es de tez morena, ojos rojos y calvo.
—Amigo, te ves triste, ¿estás bien? —pregunta este hombre desconocido,
pero muy pegajoso.
—Si tuvieras a alguien que amas y te dijeran que si siguen juntos, uno de
los dos morirá, ¿aún así seguirías al lado de esta persona? —cuestiono
intentando buscar respuesta a la decisión de Carmín.
—Claro —dice confiado con una sonrisa en su rostro—. ¿Tienes mal de
amores? Yo soy un experto en ello. Mi nombre es Seiya Treit. ¿Cuál es el
tuyo?
—Destan Constant. —Tomo un trago de mi whisky dándole unos
minutos a que piense sobre mi nombre.
El hombre lleva su mano a su mentón y tira la cabeza hacia atrás como si
estuviera haciendo memoria.
—He escuchado ese nombre antes, no sé por qué me suena.
Toca su sien cuando su rostro cambia a sorpresa y se cae del asiento.
—¿Eres el Príncipe Destan Constant? —Asiento, lo miro y continúo
bebiendo—. Disculpe mi atrevimiento.
Se levanta del suelo para hacer una reverencia.
—No te voy a matar y estoy fuera de palacio, solo llámame Destan.
¿Entonces eres un experto en amores? —indago optando por cambiar el
tema.
—Sí, señor. Disculpe mi atrevimiento, ¿usted no está comprometido con
una pequeña Princesa? —susurra sentándose en la silla.
—Yo nunca me he enamorado. Mi compañera está en esa situación y no
sé qué hacer para ayudarla. Por favor, trátame como una persona normal, a
no ser que tengas miedo y no quieras tratarme. No te sientas presionado.
—¡No tengo miedo de usted! ¡Lo admiro! ¡Usted es mi ídolo! —Unió sus
manos y las agitó agradeciendo a algún dios por encontrarme.
La luz en los ojos de Seiya confirma claramente la emoción que tenía de
reconocer quien era. Creo que he encontrado a una persona loca y pegajosa.
—Para serle franco, entiendo a su compañera. Yo estoy enamorado de
una mujer llamada Ágata Thorsen, es una doctora. Ella salvó mi vida años
atrás, y desde que desperté y observé su hermosa piel morena, su
deslumbrante cabello oscuro como la noche y sus resplandecientes ojos
rojos sangre, quedé enamorado a primera vista. Si algún día ella corre
peligro, no me importaría dar mi vida a cambio para impedirlo —menciona
con devoción y cada minuto que pasa me doy cuenta de que esta persona no
está bien.
—No logro entender ese sentimiento —confieso tomando otro trago.
—Lo entenderás en cuanto encuentres a la persona adecuada. —Da unas
palmadas en mi espalda como si me estuviera consolando—. ¿No tiene
sentimientos por su prometida?
—Morgana tiene seis años.
La cara de asombro de Seiya no lleva palabras, sus ojos se abrieron de
par en par y su rostro se tornó pálido.
—Es una niña. Nuestra situación es más complicada que los sentimientos
extraños que describes —expreso sonriendo al recordar a mi pequeña.
—Entonces, ¿debe esperar once años para poder casarse con ella? ¿No
hay manera de cancelarlo? —demanda preocupado cruzando sus brazos, al
parecer se empieza a recuperar del asombro.
—No deseo hacerlo, quiero que esa pequeña sea mi esposa. Ella es la
única luz que tengo en mi oscuro mundo —afirmo dibujando una sonrisa
mayor en mi rostro.
Morgana es precisamente eso y más. En este mundo podrido y
contaminado, ella es una pequeña que me recuerda por qué estoy vivo. Sin
darme cuenta, el amanecer ya está empezando a levantar su alba.
—¿Te vas a quedar aquí bebiendo? —Señala el sol naciente.
—Hoy es mi cumpleaños. —Me mira atónito llevándose las manos al
rostro—. Mi padre está haciendo una fiesta, ¿quieres venir?
No puede ocultar su cara de emoción. Extrañamente, con este
desconocido me siento más cómodo que con todas esas personas que me
rodean en el palacio.
—No puedo, soy un simple plebeyo, no es correcto que asista a una gala
tan importante. —Se disculpa agachando su cabeza apenado.
—¿Quieres formar parte de mi séquito? Así tendrás la excusa de ir como
mi guardaespaldas —ofrezco sirviéndome otro trago de whisky.
—¡Eso sería un gran honor! —exclama saltando en puntillas y me río por
su actitud.
La vida te pone personas raras en lugares inesperados.
—Pero usted es súper fuerte, ¿cómo podría ser su guardaespaldas? —
debate pensativo mirándome fijamente.
—No necesito a alguien más fuerte, necesito a un amigo, y tú me
demuestras confianza.
Puedo ver como sus ojos se cristalizan y su intención de abrazarme,
levanto mi mano derecha con la palma hacia él. Saco la mirada más fría y
aterradora que poseo para decirle.
—Si el día de mañana, me traicionas, le mandaré tu cabeza de recuerdo a
Ágata.
—No se preocupe, señor Destan. Si algún día piensa que puedo
traicionarlo, yo mismo cortaré mi cabeza —comenta con firmeza
haciéndome una reverencia de honor.
—Vamos entonces.
—¿A dónde? —pregunta confuso rascando su cabeza calva.
—Al palacio, te daré ropa y dinero. Ahora mismo no llevo nada de eso
arriba.
—No necesito dinero, la ropa de escolta es lo único que aceptaré —
contesta con voz orgullosa.
Sonrío y salimos del bar.
Camino un poco somnoliento y Seiya me agarra del brazo.
—¿Se encuentra bien? Esa botella de whisky tiene sus esencias extrañas
—explica llevando mi hombro por encima del suyo.
—Estoy bien, soy inmune a las drogas y el alcohol. —Su rostro vuelve a
tornarse pálido por la sorpresa, pues no es normal—. Solo tengo un poco de
sueño. ¿Qué edad tienes Seiya?
—Tengo diecisiete, señor —responde respetuoso.
—Ya que tenemos la misma edad, tutéame, por favor.
Siento que me empiezo a quedar dormido y caigo desmayado al piso.
Capítulo 16: Retrospectiva III
***Destan***
Mis sentidos reaccionan cuando huelen el olor a pasto fresco, haciendo que
abra los ojos.
Estoy dentro de una cabaña que tiene algunos huecos, las paredes son de
madera opaca y tienes varios rasguños, en la chimenea hay un caldero
hirviendo sobre la leña al fuego alto. A pesar de la ventisca y la alta capa de
nieve, la cabaña es calurosa.
Me levanto de unas sábanas que se encuentran arriba de un poco de paja.
¿Dónde estoy? No recuerdo qué pasó cuando salí del bar. Si estoy solo en
esta cabaña, ¿dónde está Seiya?
La puerta se abre de golpe, y este entra con un cordero muerto en su
hombro derecho mientras que en su otro hombro lleva una gran lanza.
—Buenos días, Destan —saluda con alegría.
Tira el cordero arriba de una pequeña meseta de concreto, coloca la lanza
detrás de la puerta y se acerca a mí.
—¿Te sientes mejor?
—Sí, ¿qué fue lo que sucedió? —pregunto desconcertado sentándome en
la cama.
—Cuando salimos de la posada te desmayaste. ¡Me pegué tremendo
susto! —dice eufórico—. Si te llevaba al palacio, sí me hubieran matado,
por lo que te traje a mi humilde morada.
Inevitablemente las palabras de su pensamiento llegan a mí sin pedirlo:
—“Afirmaba que es inmune al alcohol y las drogas, y aun así se
desmayó. ¡Qué tipo tan cabezón!” —Piensa cortando la cabeza del cordero
y separándole la piel.
—Soy inmune a las drogas y el alcohol —comento y deja de picar el
cordero—. Puedo leer el pensamiento de las demás personas, así que
cuando me quieras decir algo, dímelo.
Observo cómo evade mirarme debido a la vergüenza que siente por leer
su pensamiento.
—¿Por qué estás pelando un cordero? —Camino hasta su lado.
—Destan, eso de leer las mentes es algo feo. No lo vuelva a leer sin mi
permiso. ¿Y si pienso en cosas con Ágata y usted las oye?
Mis carcajadas inundaron la habitación, nunca había pensado en ello.
Definitivamente él es una persona extraña.
—En mi tierra natal, cuando es el día del cumpleaños de una persona, se
le prepara una gran sopa de cordero —expone feliz y emocionado
retomando su tarea.
—Cuando regresemos al palacio, le pediré a Carmín que te confeccione
una pulsera, así estarás libre de pensar lo que quieras con Ágata. —Me
muestra una sonrisa complaciente—. ¿De dónde eres?
—Soy de un pueblo de Propia, Alfheim —contesta concentrado en su
cocina.
—¿Cómo terminaste en Numore? —pregunto curioso, puede ser un
criminal en fuga.
—Yo era parte del retén Nómada. Hace unos años, tuvimos una misión
en Tizonar. Esta se complicó y terminé en el mar, fui azotado por las olas
hasta la Región de Grunao y ella me salvó. Pasé un año recuperando la
movilidad de mis piernas y brazos. Todavía tengo el brazo derecho herido.
—Su cara se aflige y me entrega un cuenco con sopa.
—Fuiste exiliado de Alfheim. —Asiente con la cabeza soltando un
suspiro—. Cuando las misiones son extraoficiales y fallan, normalmente
matan a sus integrantes.
Me sirvo otro cuenco de sopa. Por lo que escucho, Seiya lleva una vida
difícil también.
—Si estás vivo, significa que nadie sabe que sobreviviste. ¿Dejaste
familia en Alfheim?
—No. Mis padres fueron asesinados por el retén que se encuentra al
servicio del Príncipe Evan. Ese hombre está secuestrando niños para que
formen parte de su tropa especial —confiesa apretando los puños, debe
aborrecer a Evan—. Cuando apareció esa misión, la vi como una
oportunidad de escapar.
—Evan es mi hermano biológico —La mandíbula de Seiya se tensa y su
rostro se oscurece—. Mi prometida es su hermana Morgana. Yo también
secuestro mujeres y niños, además de venderlos en subastas. ¿Me matarás
después de saber eso?
—¿Morgana no es hermana tuya también? —interroga confuso comiendo
su sopa.
¿Acaso solo escuchó esa parte? ¿Será un espía enviado por Evan? ¿Cómo
es que no escuchó lo que dije después?
—No, Morgana es adoptada por los Reyes de la Luz.
—¿En serio vende y secuestra niños? —Eso es lo que quería escuchar,
sería extraño que no reaccionara.
—Lo hago. También mato por placer y tengo relaciones con muchas
mujeres. —Mi voz sale dolorosa de mi garganta, siempre me cuesta trabajo
hablar de lo que más odio hacer y tener que decirlo como si me gustara
hacerlo.
—No pareces ese tipo de persona. Pareces ser una persona de corazón
amable —dice triste terminando de comer la sopa.
—Evan tampoco parece ese tipo de persona, no lo digo por defenderlo.
Eres buena persona, estás a tiempo de cambiar la opinión de ser mi
guardaespaldas. —Chiflo y puedo sentir que Erelim se acerca.
—¿Puedo preguntarte algo? —dice con ojos de asesino y asiento con la
cabeza.
—Si pudieras regresar el tiempo atrás, ¿seguirías matando y persiguiendo
niños?
—Seiya, si pudiera regresar el tiempo atrás…
Suspiro y me acerco a él, tratando de contener mis emociones.
—Trataría de impedir que mi madre se suicidara, trataría de evitar que
asesinaran a la madre de Morgana, y por encima de todo, no hubiese
permitido que Evan se hubiera encargado del Gran Duque. No estoy
orgulloso de las cosas que hago, pero si esas cosas me dan la posibilidad de
proteger a las personas que me importan, lo repetiría una y mil veces.
Por su rostro cae una lágrima, pongo la mano en su hombro para
despedirme y le doy la espalda.
—En este mundo, solo me queda una persona que quiero, y por ella soy
capaz de hacer lo que sea —digo con firmeza.
—Iré contigo, Destan. Sin embargo, delante de mí, no permitiré que
toques ni a un niño, ni a una mujer. ¿Estamos claros? —pregunta ofreciendo
su mano para que la apriete.
Erelim se aparece en la puerta.
—Está bien, cuando vaya a hacer mis fechorías te dejaré en casa. —
Acepto su mano—. Ahora vamos al palacio, mi padre se enfadará si me
sigo demorando.
En ese momento, llega Erelim.
—Destan, anoche desapareciste. Carmín y Saruman te han buscado por
todos lados. Rince está distrayendo a vuestro padre para que no se percate
de tu ausencia. ¿Quién es esa persona? —demanda Erelim una vez que me
acerco.
—Él es Seiya Treit, mi guardaespaldas —le contesto. Seiya sale con un
bolso gris de su casa.
—A Carmín la aceptaste a regañadientes y, ¿dejas a este sujeto que nunca
he visto antes, ser tu guardaespaldas? —Erelim me cuestiona moviendo su
cabeza hacia los lados.
—Hola —saluda Seiya sonriendo.
—Parece estar loco —afirma Erelim, algo que ya había comprobado.
—Así que tú eres el dragón de Destan. Eres alucinante —susurra
emocionado y me comienzo a reír por cómo Erelim lo evita.
Los dos subimos encima de Erelim y nos dirigimos al palacio.
***
Cuando llegamos, Carmín me estaba esperando en mi habitación.
—¡Destan! ¿Dónde has estado? —pregunta nerviosa Carmín al verme
atravesar el marco de la puerta—. ¿Quién es esa persona que viene contigo?
—Mi secuestrador —respondo a tono de broma, la cara de Seiya se torna
blanca y mira hacia los lados pidiendo ayuda—. Él es Seiya Treit, tu nuevo
compañero.
—Hola. —Seiya estira su mano hacia Carmín.
—Ella es Carmín, es vizcondesa de la Guardia Oscura así que te sugiero
que no pelees con ella. Carmín, hazle a Seiya una pulsera con mi esencia y
dale un uniforme de la Guardia Oscura. —Carmín sale a regañadientes de la
habitación y a su vez entra Saruman.
—Destan. —Levanta su mano en señal de saludo a Seiya—. A tu fiesta
de cumpleaños está arribando Evan junto a su prometida, el Rey, Geirröd y
Eolo.
La cara de Seiya se tensa, su pensamiento está lleno de comentarios
negativos hacia Evan. Trato de evitarlo y continúo mi conversación con
Saruman.
—¿Evan dijo si viene Morgana? —pregunto calmado sacando una botella
de whisky de mi mesa de noche.
—No, el Rey no quiere dejarla salir de Asgard hasta que no cumpla su
mayoría de edad.
Bufo y la molestia inunda mi cuerpo.
Me sirvo un trago y al ver que no menciono nada más, Saruman
abandona mi habitación.
—¿Ese era tu hermano? ¿Y es él quién está con tu compañera? —Asiento
con la cabeza bebiendo otro trago.
—No menciones ese tema en el palacio. Mi padre puede escuchar todo lo
que sucede dentro del castillo. Si él llega a saber de ellos, la vida de Carmín
correrá peligro. Para mi padre solo somos herramientas para matrimonios
concertados.
—Debe ser complicado —dice sentándose en la butaca que queda a mi
lado. Carmín toca la puerta y entra.
—Traje el uniforme que me pediste, para hacer la pulsera necesito tu
sangre —explica con un rostro inexpresivo, puedo notar que está
escondiendo su enfado.
Cojo un recipiente que tengo en mi mesa de estudio, muerdo mi muñeca
y echo la sangre dentro de este.
—¿Es suficiente con esto? —Asiente con la cabeza y sale de la
habitación.
Seiya entra al baño y se comienza a duchar para vestirse con el uniforme
de escolta. Me acuesto en la cama encerrándome en mis pensamientos.
En cierto modo, tenía la esperanza de que Evan trajera a Morgana. Jalil la
debe tener encerrada en el palacio, sin mostrarla a nadie para no crear
rumores innecesarios.
¡Él y su lucha de poder! Espero que, si algún día Evan llega a ser Rey, no
sea como Jalil.
Seiya sale con la toalla envuelta en la cintura, su cara está
resplandeciente de la alegría. Carmín entra por la puerta distraída.
—Destan, se me olvidó decirte…—Sus palabras quedan interrumpidas y
lleva sus manos a su cara para cubrir su rostro avergonzado—. ¡Seiya, por
favor cúbrete!
—Carmín, ¿no estás demasiado grande para ruborizarte por el dorso
desnudo de un hombre? —digo bromeando por su inocente reacción.
—¡No es lo mismo! Yo no estoy acostumbrada a ver personas desnudas
como tú. —Su tono de voz nervioso y su rostro agraviado me causan
demasiada risa, no puedo evitar seguir jugando con ella.
—Entonces, cuando estás con Saruman, ¿te avergüenzas igual? —Su cara
es toda una locura de colores y me echo a reír.
—¡Destan, qué cosas dices! —grita haciendo que Seiya y yo soltamos
carcajadas. ¡Qué rostro de inocente tiene!
—Ya, está bien. —Trato de contener las lágrimas que salen de mis ojos
de tanto reír. Seiya entra al baño a cambiarse—. ¿Qué me querías decir?
—Ya terminé la guadaña que me pediste. No sabía que usaras ese tipo de
armas.
—Es para Morgana —le explico sirviéndome otro trago—. Algún día
será su arma. Cuando la visite te traeré un poco de su sangre para que le
agregues su esencia junto a la mía.
—¿Vas a mezclar vuestras esencias? —Levanta el rostro que tenía
avergonzado, transformándolo en palidez y sorpresa.
—Todavía no puedo casarme con ella, es la única manera de obtener una
esencia única de nosotros dos, ¿qué sucede? —pregunto al observar que mi
respuesta no le gusta.
—Esa arma sería demasiado potente —comenta nerviosa evitando mi
mirada—. Tu sangre de por sí es demasiado fuerte, si la de Morgana es más
poderosa que la tuya, esa arma solo la podrá utilizar ella cuando despierte
como Turoth.
—Lo sé —digo sirviendo un trago de whisky, al parecer tendré que
buscar otra botella—, no voy a poder estar a su lado siempre, con esa arma
ella podrá protegerse cuando no esté cerca.
Carmín sale en silencio de la habitación y Seiya me hace una señal para
que utilice el baño.
Entro al baño, me quito la ropa y sumerjo mi cuerpo en la tina. El agua
está bien caliente y me hace sentir relajado. No tengo ningún deseo de
celebrar mi cumpleaños, estoy convencido que Evan va a aparecer con otro
de sus trucos. Tengo una mala sensación al respecto de esta noche.
Me pongo un jubón negro con rubíes en las mangas, cinturón, hombros y
cuello, y acompañado a juego con unos pantalones de seda y unas botas
ocre.
Salgo de mi habitación y me esperan Carmín y Seiya. Nos dirigimos a la
azotea real, que es donde se celebra el banquete. Mi padre mandó a decorar
con luces festivas y rosas rojas por todo alrededor. Además, invitó a
músicos y bailarinas exóticas para animar el ambiente. Los manteles de las
mesas son rojo oscuro con candelabros de oro en el centro.
La mayoría de los invitados ya habían llegado, pude visualizar a Evan
junto a su prometida. Me acerco a ellos.
—Hola, Evan. —Me ofrece su mano y se la acepto. Lorelei
hace una pequeña reverencia—. ¿Es tu primera vez en Numore? —pregunto
con la intención de molestar a Evan.
—Sí. —“No hagas ese tipo de preguntas innecesarias. Traje lo que me
pediste, está en mi bolsillo”, me dice arqueando su ceja—. El lugar quedó
muy bien decorado. Hola, Carmín, ¿y él es? —pregunta observando a
Seiya.
—Mi guardaespaldas, Seiya —contesto y me pasa una ampolla de
manera sigilosa—. Lorelei, ¿puedes prestarme a Evan?
Asiente con la cabeza sonriendo y camino con Evan hasta un rincón
oscuro del edificio.
—¿Cómo sé que es la sangre de Morgana? —pregunto levantando la
ampolla.
—Ser desconfiado es bueno.
Saca una daga y se corta la muñeca. Tomo una de las copas de la mesa y
vierto sus gotas de sangre dentro de ella, puedo oler la esencia de Evan.
Bebo su sangre y puedo percatarme que su poder ha crecido tanto como el
mío. Abro la ampolla y suelto una gota en uno de mis dedos y la llevo a mi
boca. Mi paladar se estimula con el sabor de Morgana, el delicado poder
que está naciendo dentro de ella, esa esencia especial y pura sin mezclar.
—Tienes razón, es de Morgana.
—¿Cómo sabes que es su sangre? ¿La has probado antes? —cuestiona
Evan con malicia, odio que haga esa pregunta cuando sabe que soy incapaz
de ponerle un dedo encima a Morgana.
—No hagas preguntas innecesarias. Fueron tus palabras, ¿no es así? —
digo guardando la ampolla en mi bolsillo—. Cura tu mano, antes que
alguien te huela.
—Dicen que la saliva de animales como la vuestra, es curativa. ¿Quieres
otro sorbo y así me curas? —ofrece maliciosamente llevando su mano hasta
mi boca.
—No, gracias. Somos descendientes de demonios, no animales —explico
con molestia pasando por su lado.
—Mi error —su voz suena tan burlona que me asquea.
Camino dejando a Evan atrás, definitivamente es una persona molesta,
quisiera saber qué es lo que intenta conmigo.
Regreso al lado de Carmín y Seiya, para encontrarme a mi padre
pidiendo alzar sus copas para iniciar la celebración. Las velas y bolas de
fuego se elevan cuando comienzo a andar hacia el centro, un círculo se
forma bajo mis pies y dentro de este una estrella, la parte interior de mi
muñeca arde dolorosamente tatuándose en ella un signo oscuro.
Mi ritual de mayoría de edad se ha completado. Traqueo mi cuello, es
hora de soltar una probada de mi poder. ¡Qué empiece la diversión!
Disperso mi aura erótica por todo el lugar y la lujuria no duda en robarse
la razón de todos.
Los invitados comienzan a quitarse la ropa y a hacer orgías por toda la
azotea. Mi padre abandona la habitación. Evan le tapa con un pañuelo la
nariz a Lorelei y hace que abandone el área. Titania y Seiya observan el
espectáculo boquiabiertos.
Me dirijo hacia Carmín y Seiya.
—Destan, ¿no puedes controlar un poco tu aura? —Carmín demanda
molesta y ruborizada.
—¿Quieres un pañuelo? Creía que con la pulsera que realizaste, no
perderías la razón —digo en tono de broma.
—¡Que no es eso! —Su rostro está tan rojo que parece que no aguantará
más. Saruman se nos acerca.
—Feliz cumpleaños, Destan. Me voy a llevar a Carmín. —Saruman la
carga en brazos.
—¿Te vas a quedar y unirte? —Miro a Seiya esperando su reacción.
—No. Pienso ir a una posada y dormir allá. ¡Solo! —Expresa alzando la
voz, molesto.
—Está bien. De todas formas, yo también me voy. Ninguno de estos
invitados es de mi interés —Explico acompañándolo a la salida—. Iré a
buscar alguna presa.
Camino por la zona norte de la ciudad para encontrarme con dos
hermosas mujeres rubias, con buen busto y caderas. Una es de tez morena y
otra blanca como la nieve. Considero que aquí mismo me quedaré esta
noche.
A la mañana siguiente me despierto en una posada desconocida con esas
mujeres alrededor. Me visto y salgo de la habitación, cojo uno de los
caballos que hay fuera dirigiéndome a la casa de subastas en la región
Palitor. Esta es privada, pues solo los altos miembros pueden entrar y
comprar mi exclusiva mercancía. Son mujeres jóvenes, puras y vírgenes de
cuerpo y alma; las vendo como esclavas sexuales. La mayoría de mi fortuna
la he hecho gracias a ellas. Estoy seguro de que el infierno tiene un lugar
especialmente guardado para tipos como yo, ni en mis mejores sueños he
pensado que puedo escapar del fatal destino que me estoy trazando al
cometer cada pecado capital.
Hoy llega mercancía nueva, veré que hay para entretenerme. Por suerte,
vine solo, sino Seiya me hubiera matado.
Entro a una tienda, compro una capa y una máscara, no quiero llamar la
atención. Llego a mi casa de subastas y saludo al recepcionista.
—Buenas tardes, señor, ¿qué puedo hacer por usted? ¿Busca alguna
mercancía en especial? —pregunta con una sonrisa carismática.
—Soy yo. —Bajo mi máscara y camino dentro de la casa de subasta.
—Disculpe, su Majestad. No lo reconocí. —Inclina su cabeza
disculpándose para realizar una reverencia y seguirme.
—¿La mercancía nueva llegó?
—Sí, el Conde está descargándola en la parte trasera.
Camino hasta el fondo de la casa de subastas.
—Señor, ¿qué hace usted aquí? —pregunta alertado el Conde de Palitor.
—Soy yo, Felipe —contesto quitando mi máscara y revisando el papeleo.
—Majestad, disculpe mi rudeza. —Baja su cabeza y entrega la orden
nueva que entró.
—Haces bien. No quiero ratas en mi territorio. —Camino hasta las jaulas
—. ¿Entró la mercancía?
—Sí, hay una belleza inusual. Venga a ver. —Guía el camino hasta su
celda.
Camino hasta su cávea y quito la manta que la cubre. ¡Es una melíade! Es
raro encontrar este tipo de criaturas.
—Déjame solo con ella. —La observo con curiosidad, al final tengo algo
de suerte.
Capítulo 17: Retrospectiva IV
***Destan***
Estoy impresionado con su belleza inusual. Su piel está desnuda y es
extremadamente blanca, sus labios son de un rojo claro y en ambas esquinas
de la boca lleva un lunar. Sus ojos son de diferente color, uno es azul agua y
el otro color miel, tiene las pestañas bien largas. Además de tener un rostro
pequeño, de su frente salen dos raíces con puntas blancas. Posee un pelo
corto castaño claro y de su cuello cuelga un collar con un pequeño tarro de
la fortuna.
—¿Cuál es tu nombre? —demando embelesado por la criatura exótica
que tengo delante de los ojos.
—Nayadé —responde con voz suave mirándome con lástima.
—Eres una asesina a sueldo, ¿verdad? Tienes dos opciones, te mato o
confiesas qué haces aquí. —Sus ojos se oscurecen y su personalidad tierna
cambia a una agresiva.
Se zafa de las esposas y rompe la jaula lanzando una daga cerca de mi
rostro. Desaparece y aparece delante de mí tratando de enterrarme otra en el
corazón. Le rompo el brazo y cae al suelo. Pongo mi pie sobre su barriga.
—¿Quién te envió? —interrogo golpeando con fuerza su estómago.
—Prefiero que me mates a hablar —contesta tratando de recuperar la
daga.
—Está bien.
Cojo el puñal que intenta alcanzar y se lo entierro en la parte superior del
hombro. Suelta un grito de dolor. Huelo el olor de su sangre, es virgen. Por
lo menos esa parte es verdad.
—Si no te contaron, yo disfruto torturando a las personas. Así que te
sugiero que comiences a hablar.
Le hundo la daga en el otro hombro. Sé que las debilidades de las ninfas
son sus miembros. Si sigo así morirá, pero antes de eso me divertiré un
poco.
—¿Hablarás o no? —Mi poder está disfrutando de ver su sangre correr
por su brazo, a veces me sorprendo del monstruo que puedo llegar a ser.
—¡Me mandó el Príncipe Geirröd! ¡Pensó que caerías en la trampa y te
podría matar con mi afrodisíaco! —grita al no soportar el dolor que ejerzo
sobre sus hombros.
—Ya veo.
La tiro como un saco para arriba de mis hombros. Subo las escaleras para
el segundo piso de la casa de subastas y entro a una de las habitaciones.
Tomo las esposas de castigo sexual, la lanzo en la cama y elevo sus brazos
para esposarla a la cabecera. Me quito el jubón quedando con el pecho
descubierto. Su cara se sonroja. Me elevo sobre ella, y penetro mis dientes
en su cuello. Suelta un grito ahogado.
—Por favor, detente —suplica llorando, tratando de esquivar mi cuerpo.
Sus cuernos comienzan a gotear su afrodisíaco. Su esencia es excitable,
cualquier persona normal hubiese caído, pero yo no.
—Nayadé, yo creé los afrodisíacos, necesitarás más que esas gotas para
hacerme perder la conciencia y convertirme en tu esclavo —explico
maliciosamente tocándola en su entrepierna.
—Por favor, no lo hagas. Debo llegar virgen al matrimonio, sino perderé
mis poderes. —Sus palabras hacen que me detenga y la mire.
—¿Qué? Nunca había escuchado sobre eso en mi vida. Tengo curiosidad
de cómo pensabas matarme. —Me siento sobre ella y la observo con
curiosidad.
—El Príncipe Geirröd secuestró a las mujeres de mi tribu y las violó. Fui
la única que escapó. Cuando regresé a mi pueblo, había sido destruido y la
piedra sagrada la habían robado. Puedo retroceder el tiempo con mis manos.
—Eso sí me sorprendió. Últimamente encuentro cada espécimen—. Soy la
heredera de la piedra sagrada, si pierdo mi virginidad, la piedra perderá su
vitalidad y no podrán nacer más melíades.
—Entiendo, ¿qué es verdad de lo que me has dicho? —cuestiono
aburrido por su historia llevando una de mis manos a mi mejilla para
sujetarla.
—¡Todo! —grita en voz alta molesta.
—¿Entonces fuiste molesta a matar a Geirröd y él dijo que te devolvería
la piedra si me asesinabas y viniste hasta aquí por ese objetivo? —Asiente
con la cabeza—. Qué predecible, quería matar mis deseos en algo nuevo y
lo jodiste.
—Puedes hacerlo, si te casas conmigo —dice avergonzada, estoy
coleccionando locos.
—No, gracias. Tienes una belleza inusual, pero no me atraes. —Zafo sus
esposas y le lanzo una sábana para que se cubra—. Además, ya estoy
prometido.
—¿Estás prometido y te acuestas con otras mujeres? —interroga atónita
cubriéndose con la sábana.
—Todavía eso no es pecado, después del matrimonio se paga con la
muerte, pero antes no. —Me pongo mi jubón.
—Por favor, necesito la piedra sagrada de mi pueblo. —Agarra mi brazo
y comienza a llorar.
—Hagamos un trato. Mis casas de subastas, burdeles y posadas la vas a
abastecer con tu afrodisíaco hasta que mueras y yo te devolveré la piedra.
—Para confeccionarlo debo estar excitada. —Su voz sale nerviosa y
avergonzada.
—Pues empieza a aprender a tocarte si quieres tu piedra de nuevo —
expongo riéndome y liberándome de su brazo.
—Está bien, pero quiero ver mi piedra primero.
—Mañana la tendrás. —Hago mi mejor sonrisa forzada y ella me observa
atónita.
Antes de salir de la habitación pongo en su mano derecha un alambre
negro.
—Si escapas de aquí explotarán tus manos. Si necesitas ayuda para
producirlo, te puedo mandar ayuda.
Su cara de humillación no tiene precio, aunque me hizo perder el deseo.
Ya casi es hora de viajar a Asgard a ver a Morgana.
Salgo de la casa de subasta, monto en el caballo y me dirijo al palacio.
Seiya y Carmín me esperaban en la puerta.
—Destan, ¿dónde te metiste? —Carmín se detiene delante de mí—.
Hueles a perfume barato de mujer con un fuerte afrodisíaco.
Carmín se cubre la boca y corre a vomitar.
—No tengo un olor tan fuerte para hacerte vomitar —confieso dolido
bajándome del caballo acercándome a ella.
—Estoy bien —dice poniendo su mano para que me aleje de ella.
—No te llevé porque me dijiste que te mantuviera fuera de mis negocios
ilícitos. —Seiya me mira extrañado.
—¿Cuál de ellos? —Se ríe cuando me le acerco.
—La casa de subastas —susurro sonriéndole inocente.
—¿Estabas en la casa de subastas? Tú nunca estás con vírgenes —
Carmín alza la voz acercándose, Seiya se sorprende y yo me encojo los
hombros.
—¿Cómo sabes de los negocios de Destan? —pregunta Seiya a Carmín.
—Ella es mi asistente, los maneja cuando estoy ocupado. No te
preocupes, no toqué la nueva mercancía. Excepto por una. —A Seiya y
Carmín se les quieren salir los ojos de la cara—. Es una melíade asesina que
me mandó Geirröd.
—¿Te tocó de mercancía una asesina? —Seiya comenta burlándose sin
poder ocultar su sonrisa.
—Sí, Geirröd la mandó a matarme a cambio de devolverle un tesoro de
su pueblo. La envió a su tumba, pero hice un intercambio beneficioso y la
uniré a la tropa. Les contaré de camino a Asgard. ¿Vienes conmigo, Seiya?
—Asiente. Carmín regresa a vomitar, eso no es normal—. ¿Carmín, vienes?
—Sí, un segundo. —Se limpia y regresa.
Nos elevamos con Erelim, y en el camino les cuento todo lo que sucedió
en la casa de subasta a los chicos. Evité detalles, como que estuve cerca de
acostarme con Náyade, por supuesto, aunque no lo iba a hacer. Nunca toco
la mercancía, ya que es mi abasto de dinero. Además, de que no toco a una
mujer en contra de su voluntad.
Me siento sucio y detestable cuando realizo esas cosas, pero a veces el
control de Slaanesh puede más con mis sentidos que mi propio ser.
Comenzamos a descender en la Ciudad de la Luz y, como siempre, Evan
me espera en la entrada del castillo. Mi preciosa Princesa se encuentra
tomada de su mano. Hoy lleva un bello vestido blanco con una diadema
dorada y de su pelo cuelgan algunas rosas blancas.
Tengo que admitir que será una hermosa mujer.
Bajo de Erelim y Morgana se me acerca corriendo y la elevo hacia el
cielo.
—Mi pequeña, ¡qué preciosa estás! —La sonrisa inunda mi rostro sin
esfuerzo, la guía de mi vida y la única cosa que me hace pensar que sirvo
para algo bueno.
—No me dejaron asistir a tu cumpleaños, así que me puse la ropa con la
que quería que me vieras la noche de ayer —comenta mirándome.
¡Me derrite el corazón! Es mi pequeña, la única luz que florece en mi
oscuro y depravado mundo.
Entramos todos al palacio. Evan preparó unos pequeños bocadillos con
té. Nos sentamos a la mesa, y Morgana hace pucheros para sentarse en mis
piernas, por lo que la accedo. Quisiera complacerla en todo. Aunque siga
creyendo que esto es un comportamiento un poco inapropiado, ella es mi
pequeña y admirar su tierna sonrisa es la cosa más hermosa de verla cada
día.
—Evan, necesito un favor. Geirröd envió a una asesina a matarme —
explico y su inexpresivo rostro apenas se inmuta.
—¿Quieres que me deshaga de Geirröd entonces? —contesta con
facilidad posando su taza de té en la bandeja.
—No. Él violó, aniquiló a su aldea y robó un tesoro —comento y arquea
su ceja con interés por mis palabras.
—Cosas normales que todos hemos hecho —dice con tranquilidad, veo
que la cara de Seiya se tensa.
—Ella es una melíade y quiero su esencia para mis negocios. Necesito
devolverle el tesoro de su tierra para que me lo fabrique. —Termino de
explicar y acaricio el cabello de Morgana inconscientemente.
—Eso se hubiera solucionado… —“Cúbrele los oídos a Morgana”. Hago
lo que me dice—. Si te hubieras acostado con ella, incluso tendrías un
afrodisíaco más potente.
—Fui a hacerlo… —Carmín se ahoga tomando el té, Seiya levanta los
ojos, se me había olvidado ese detalle. Despeino mi cabello llevando ambas
manos a él—, pero tienen una tradición en su pueblo que la heredera debe
llegar virgen al matrimonio para que su piedra sagrada siga procreando
melíades o algo así. Esa fue su historia. —Suspiro dejando de cubrir los
oídos de Morgana y ella me mira con curiosidad.
—¡Hermano, en qué enredos te metes! —De su boca sale un tono de voz
desilusionado. Llama a uno de sus guardias—. Dile a Geirröd que venga al
palacio. Te ayudaré esta vez, pero quiero algo a cambio. —El guardia se
despide y le paso el papel con el contenido que desea.
—Destan, ¿qué significa ser virgen? —pregunta Morgana con inocencia.
¡Mierda! ¡Había olvidado que no le estaba tapando los oídos!
—Carmín te va a explicar sobre eso. —Miro a Carmín con rostro
culpable ya que yo no puedo asumir la responsabilidad de hablar eso como
una persona normal.
—Morgana, cuando uno es virgen significa que no ha conectado su
cuerpo y alma con otra persona. —Todos miramos a Carmín sorprendidos
por su gran explicación.
—¿Qué significa estar conectado en cuerpo y alma? —La pequeña sigue
preguntando, no debería haber hablado de estos temas delante de ella.
Morgana se acerca y me da un ligero beso en los cachetes. ¡Me tomó con
la guardia baja! ¿Qué tiene esta niña en la cabeza?
—Morgana, no vuelvas a hacer eso. —Le regaño enojado, ella es una
niña y no puede hacer estas cosas.
—¿No lo hice bien? —demanda con los ojos llorosos, me parte el
corazón esa dulce cara. Beso su frente.
—Hazlo una vez que tengas diecisiete años, ¿de acuerdo? —acaricio su
cabello y ella asiente.
—Morgana, ¿no le tenías un regalo a Destan por su cumpleaños?
—Es verdad, voy a buscarlo. Destan, espérame aquí. —La ayudo a
bajarse de mis piernas.
—Esa niña está descontrolada. ¿Qué estás haciendo con su crianza,
Evan? —Le exijo lanzándole cuchillos con la mirada.
—Yo no fui quien dijo que ser virgen era unir el cuerpo y alma con otra
persona —mira a Carmín repitiendo la locura absurda que soltó por su boca.
—No sabía qué decirle. ¡Destan, todo es tu culpa! Si vas a hablar de esas
cosas, no lo hagas delante de Morgana. —Me regaña señalándome con el
dedo índice.
—Pareces una mamá —expone Seiya bromeando con ella.
—Pronto lo será —afirma Evan y todos nos sorprendemos—. Disculpen,
¿no sabían nada?
—Príncipe Evan, ¿a qué se refiere? —pregunta Carmín nerviosa
cruzando sus manos.
—Pronto estarás embarazada —expone colocando su taza de té sobre la
mesa y tensando a Carmín con su respuesta.
—Perdonen. —Carmín se levanta de la mesa y sale hacia el patio. Seiya
la sigue.
—¿Estás seguro de lo que estás diciendo, Evan? —cuestiono nervioso,
esto empeora cada vez más.
—Pronto estará embarazada, es su destino como ya te dije. Su pulsera se
tornó negra por lo que veo. —Asiento observando a Carmín y Seiya a lo
lejos.
—Sé que no eres ese tipo de persona, pero no hables de ese tema con
nadie más, por favor —suplico sin apartar la mirada de mis compañeros.
—Hoy estás pidiendo muchos favores. Explícame la debilidad de Jalil, ya
que estamos solos.
—Los días sin sol le hacen perder sus poderes y andar por la noche es
peligroso porque pierde la mitad de su fuerza —añado. Ya tiene en su poder
dos debilidades, no sé hasta cuándo podré proveerle información.
—Entiendo, pero no es suficiente.
—Lo sé, debes cortar sus manos. Solo de esta manera no podrá
restablecer su energía después.
—Eso está mejor, ahí viene Morgana. No hables más temas de adultos
delante de ella —sugiere volviendo a beber su té.
—Aquí tienes, Destan —dice emocionada con sus ojos iluminados como
un cielo estrellado.
Me entrega un collar con un dije en forma de llave adornado con una rosa
roja. La cadena es de oro blanco y puedo sentir la esencia de Morgana
impregnada en ella.
—¿Qué es esto? —pregunto molesto a Evan debido a que Morgana no
debería saber transmitir su esencia.
—No tiene que ver con mi hermano. Le dije a Lorelei que me buscara un
orfebre para hacerte un regalo. Cuando lo tuve en mis manos, Fay me
explicó que una de las formas de poner tu esencia en una prenda es
agregando tu sangre y energía. Así que agregué la rosa hecha por mi sangre
y energía. ¿Está mal?
Mis ojos se inundan de lágrimas, ¿ella hizo algo tan poderoso y
arriesgado siendo tan pequeña para mí? Mi pequeña es tan única y especial,
es irremplazable para mí.
—Estoy muy emocionado con tu regalo. —La abrazo, la subo a mis
piernas y le hago una señal para que me ponga el collar—. ¿Cómo me
queda?
—Te ves bien, Destan —expresa mostrando esa bella sonrisa que tiene.
Un guardia se le acerca a Evan y le dice algo en voz baja.
—Geirröd llegó, voy a encargarme de tu favor. Los dejo solos.
—Destan, ¿tú me quieres? —pregunta con esos ojos inocentes
entrelazando sus manitas.
—Claro que te quiero, eres lo más importante en mi vida —Le confieso
abrazándola y besando su frente.
—Destan, quiero irme a vivir contigo. Mi madre casi no me presta
atención y mi padre no me habla. Fay siempre está viajando y Evan es el
único que juega conmigo. Te extraño mucho, ¿por qué si nos vamos a casar,
no puedo irme a vivir contigo? —Su tono de voz es triste y puedo notar
como una lágrima cae de su mejilla.
—Morgana, mira… —tengo que pensar cuidadosamente mis palabras—
Cuando te vayas conmigo, nunca más podrás volver. No volverás a ver a
Lorelei, ni a Evan, ni a tus padres, tendrás que conocer a personas nuevas y
vivir alejado de ellos.
—¿No los veré más? —Asiento—. ¿Ni siquiera de visita?
—Solo en actividades reales. Yo siempre estoy trabajando así que no
podré estar mucho tiempo contigo, estarías sola. Entonces, ¿no crees que es
mejor que disfrutes estos años que te quedan con tus padres y hermanos?
—Tienes razón. —Asiente con su cabecita.
—¿Interrumpo algo? —pregunta Evan ingresando al jardín con su
característico rostro de locura.
—No. —“Envía a Morgana a jugar”.
—Morgana, quiero que vayas y busques a Carmín porque pronto nos
tenemos que ir. ¿Puedes hacer eso por mí? —pido amablemente a Morgana,
asiente con la cabeza y corre inocente en busca de Carmín—. ¿Qué pasó?
—Efectivamente la mandó a matarte por diversión. La melíade te contó
la verdad, él se equivocó en enviarte a asesinar, no debías haber quedado
envuelto en sus negocios. Seiya es un ejemplo de uno de los míos —
comenta con una sonrisa perdida en su rostro.
Esa sonrisa que me eriza la piel, la cual significa que esconde algo que
me va a molestar de seguro. Lo miro con ojos furiosos, quiero que me
cuente la verdad y lo sabe.
—Era mi Conde del retén Nómada. Hace unos años mandé a asesinar a
los Conde de Muspelheim, pero fallaron en su misión —explica riéndose de
sus palabras.
—¿Los padres de Marajá? —indago en busca de más, esta información
suena sospechosa.
—Sí, no quería que naciera esa pequeña. Ella tiene el poder del fénix de
fuego en su sangre, y como la misión falló tendré que obligar a Jalil a
concertar un matrimonio con Geirröd. Después que él la tenga en su poder,
puede hacer lo que quiera con ella, no me importa —expone con unas
palabras vacías, él es peor que yo, y yo me considero la peor clase de
hombre.
—¿Y qué papel me toca hacer a mí? Ya que al parecer en tu tablero todos
ocupamos un lugar. —La risa maliciosa vuelve a hacer aparición en su
rostro.
—Mantener a Morgana a raya, soy consciente de que mi padre ordenó
asesinar a su madre por miedo a su poder. Esa niña puede predecir las
muertes, ¿no es así? —pregunta con voz curiosa y la molestia empieza a
figurar en mi fachada.
—Esa información no es parte de nuestro trato —respondo tajante para
que entienda que de mi pequeña no diré ni una palabra.
Morgana regresa con Carmín y Seiya. El rostro de Carmín refleja
preocupación, sus ojos están rojos y se nota que ha estado llorando. Lo
mejor será que nos vayamos.
—Mi pequeña, ya nos tenemos que ir. —Me agacho quedando a su altura
para acariciar su cabeza y mirarla a los ojos.
—No quiero que te vayas. —Hace cara de puchero y su mirada hacia mí
se cristaliza.
—Mañana nos vemos. —Le doy un beso en su frente y me levanto para
irnos.
Evan y Morgana nos acompañan hacia la salida. Subimos a Erelim y
emprendemos vuelo.
El viaje se sintió silencioso e incómodo, Evan siempre logra sacar lo peor
de uno y Carmín solo tiene quince años para asumir la responsabilidad que
lleva tener un hijo. Estoy ansioso y preocupado por el futuro que le depara a
ella y a esa criatura inocente.
Cuando llegamos a Numore, Carmín se bajó y salió en dirección al norte.
Debe ir a Gorin, le encanta ir a esa ciudad cuando quiere estar sola.
—Seiya, ¿podemos hablar? —Más que una pregunta, sonó como una
orden.
—¿Qué sucede? —indaga desconcertado caminando hasta mi posición.
—Vamos a una taberna, no quiero hablar en el palacio.
Salimos a la zona norte de Numore, emprendiendo el camino cerca del
río donde hay varias mesas para que uno se siente junto a las aguas. En este
lugar no hay casi personas por el fuerte olor proveniente del río. Es el sitio
perfecto para hablar con Seiya de mis dudas.
Tomamos asiento en una mesa apartada y me coloco en el asiento frente a
él para poder observar mejor sus reacciones.
—¿Cuánto tiempo pensabas ocultarme que fuiste Conde del retén
Nómada? —interrogo molesto una vez que estamos sentados—. Una de las
condiciones para ser Conde de cualquier grupo especial es cumplir misiones
de grado uno. Eso significa matar mujeres y niños.
Sus facciones del rostro se empiezan a tensar y trata de evitar mi mirada,
lo que provoca que eleve la voz para que detenga su atención en mí.
—Me diste un discurso sobre moralidad después que tú realizaste esos
asesinatos —grito haciendo que finalmente sus ojos me miren con dolor.
—Nunca maté a un niño. Mi capacidad para formar grupos de asesinos y
crear estrategias es lo que me hizo ascender —expresa sincero llevando sus
manos cruzadas por encima de la mesa.
—Seiya, quiero creerte, pero Evan es un hombre frío y sin sentimientos.
Me cuesta entender que te haya ascendido a Conde sin cometer ese tipo de
asesinatos —contesto con sinceridad. Me hiere pensar que confié tan fácil
en una persona y me haya traicionado.
—Me ascendió… —Su cara refleja preocupación, puedo percatarme que
me va a decir algo que no me va a gustar—…porque yo fui quien planeó el
asesinato de Erika Halvorsen.
Libera las palabras finalmente. Me levanto de la mesa y lo agarro por el
cuello, tomo mi espada y la llevo hasta su corazón, con un solo movimiento
soy capaz de hacer que agonice hasta que se arrepienta de haber nacido.
—Tienes que inventarte una buena razón para que no te mate en este
momento —rujo molesto con mi instinto asesino en su máximo esplendor.
—Una de las misiones que me asignó el Rey, era averiguar el poder del
Gran Duque y su esposa. En mis viajes a Midgard conocí a una mujer que
servía a la familia de la Duquesa, y me contó del pasado de las
descendientes de la diosa del inframundo y los terribles poderes que
esconden. Cuando hice el resumen de mi misión, lo llevé al Rey junto con
la orden de asesinato basado en mis datos. —Aprieto su garganta, su rostro
está mostrando falta de aire, no puedo creer que por su culpa Erika y Axe
hayan sido asesinados.
—¡Erika nunca lastimó a nadie! ¡La maltrataron y mataron como a un
animal! —Seiya no se defiende, escucha mis palabras y llora culpable—.
¿Cómo pudiste solo escuchar una parte de la historia?
—Mis datos no fueron los únicos que llevaron a cabo a esa pena de
muerte, el Príncipe Geirröd llevó un informe acerca de cómo Erika podía
revivir muertos y por qué pensaba matar a Evan. El Rey al escuchar las
palabras del Príncipe Geirröd salió a Midgard a matarla sin escuchar mi
plan. Me arrepiento de no haber averiguado más y haber salvado a la
Duquesa de su muerte. Cuando veo a la pequeña Morgana, solo pienso en el
daño que le hice. Merezco morir.
Seiya se arrodilla en el piso y baja su cabeza.
—Puedes matarme.
—Tu muerte no traerá a Erika de regreso.
Miro su cara de culpa y sufrimiento, la incompetencia hace que mis
manos tiemblen por no arrastrar su cuerpo por todo el río.
—Seiya, quiero estar solo. —Doy la media vuelta y me voy.
Salgo molesto a caminar por la ciudad.
¡Definitivamente atraigo la mala suerte! Cuando pienso que conozco a un
buen amigo, resulta que mandó a matar a la mujer que quería como a mi
madre.
Aprieto mis puños sintiéndome inepto y culpable de no emprender vuelo
y arrancarle las alas al hada de mierda causante de la mayoría de mis
dificultades. Mi cabeza está a punto de explotar. Los sentimientos
incontrolables que están naciendo dentro de mí hacen que mis ansias de
matar estén desbordadas, tengo mucha sed de sangre. En este momento
Slaanesh se está aprovechando de mi ansia de venganza para acabar con el
mundo, haciéndome cuestionar, ¿y por qué no? Si el mundo se ha dedicado
a hacer de mi vida una miseria, a que escuche las estupideces que piensan, a
que crean que tienen derecho a vivir, cuando lo único que merecen todos es
que arranque sus cabezas y las eche al mar.
Llamo a Erelim y me monto en él. Entro a Achodia y elijo una de las
misiones de la Guardia Oscura.
—Eliminar al Conde de Owiris —susurro sucumbiendo a mis deseos
internos.
Salgo hacia Muspelheim sin pensar en las consecuencias.
—¿Destan, estás bien? —pregunta Erelim cuando subo sobre él
indicando el destino.
—Cuando estemos sobrevolando Owiris, quédate en el aire y desaparece.
No creo ser capaz de responder por mis acciones y no quiero que resultes
involucrado.
—¿Pasó algo? —demanda preocupado al llegar a nuestro destino,
indeciso si dejarme solo allí.
No tengo ganas de responder lo que sucede o de lo mal y roto que estoy
ahora mismo.
Erelim cumple con mis palabras y me lanzo desde el cielo. Libero mi
transformación final.
Mi cabello se vuelve blanco y extremadamente largo, mis orejas se hacen
puntiagudas, mis ojos se tornan color amarillo brillante, mis brazos se
rompen y forman unas enormes y puntiagudas garras. Mi pecho se abre y
sale un veneno rojo.
La ira y molestia están nublando mis sentidos. Lo único que va a
calmarme es la muerte de las personas de este lugar. Disculpen, aldeanos,
pero hoy llegó su fin.
Como fiel descendiente de un Dios del Caos, arraso con toda la ciudad de
Owiris. A las mujeres adolescentes las mando a violar para decapitarlas
después. Los niños los dejé escapar y los que quedaron atrás, los perseguí
para escuchar sus gritos de súplicas, para finalmente matarlos. A los
hombres les fui cortando poco a poco su virilidad, además de hacer que
combatieran entre ellos y el que quedó como ganador lo destripé. El resto
de ellos, los llevé al volcán que quedaba a las afueras de la ciudad y los hice
saltar uno por uno. Sus gritos de desesperación no tienen precio. Mi
Slaanesh interno no puede estar más complacido. Cuando acabo con todos
los aldeanos, penetro el castillo del Conde. Cada guardia que se me acerca
lo voy desmembrando. Llego hasta donde está él, sus súplicas se escuchan
en toda la ciudad. Amarro su cuerpo y lo quemo.
No queda rastro de vida en Owiris, pero mi corazón lo que quiere es que
todo arda, así que antes de abandonar la ciudad, le prendo fuego y me
quedo viéndola hasta que se redujo a cenizas.
—Misión cumplida.
Las palabras de victoria pueden salir de mi boca, pero no es como me
siento en este momento. El dolor no desaparece y las lágrimas que salen de
mis ojos, en vez de consolarme, provocan que me culpe de cada atrocidad
cometida. No merezco vivir, no merezco nada de lo que soy y aun así he
hecho todo esto. Tendré que vivir con la culpa de mis actos. El monstruo
que vive en mí me recordará que cada minuto que pase me zambullo un
poco más en la oscuridad del infierno.
Regreso a mi forma original cubierto de sangre de pies a cabeza.
Debería regresar y darme un baño. Chiflo por Erelim.
—Destan, ¿te has vuelto loco? —exclama Erelim sorprendido batiendo
sus alas en el aire—. Has acabado con una ciudad entera.
—Lo sé, Erelim. Esto es para lo único que sirvo, ¿me llevas de vuelta a
casa? —Sonrío triste levantando la vista hacia él.
El rostro de Erelim se tensa y baja su cuerpo para que suba.
—Erelim, ¿puedo acostarme en tu cuello? —pregunto nostálgico tratando
de encontrar calor en algún sitio.
—Destan, ¿ocurre algo? Estás actuando muy extraño —demanda Erelim
preocupado por mi solicitud.
—Solo quiero acostarme y sentirte. —Lo abrazo y apoyo mi cabeza en su
pelaje—. Me siento muy solo, Erelim. No sé cuánto tiempo más sobreviviré
así. Soy una máquina asesina sin sentimientos, ¿en qué me diferencio de
Evan? Puede que incluso él haya hecho menos cosas malas que yo.
Mi llanto inunda sus alas, sin embargo, Erelim se quedó callado y me
dejó llorar para liberar a través de ellas el sufrimiento que llevo marcado en
mi alma.
Capítulo 18: Retrospectiva V
***Destan***
LLegamos al anochecer a Numore. Camino a mi habitación, Seiya está
parado fuera de esta.
—Seiya, no estoy de humor. ¡Vete! —grito molesto echándolo hacia un
lado con mis manos.
—La Guardia Oscura está al tanto que acabaste con la Ciudad de Owiris
—informa preocupado caminando detrás de mí—. Es cuestión de tiempo
antes que se entere el Archiduque y pasen el mensaje al Rey.
—No me importa. —Entro a la habitación y Seiya me persigue.
—Destan, discúlpame, pero no puedes actuar así. No te dejarán ver a
Morgana si actúas de esa manera.
Su rostro refleja preocupación y culpa, cosa que me importa poco en
estos momentos.
Abro mi gaveta y comienzo a tomar de la botella mi whisky. El mundo
puede arder que no moveré un músculo de mi cuerpo para salvar a nadie
con excepción de mi pequeña.
—Entiendo que puedas estar dolido por lo que dije, pero desde ese día,
he hecho mi mayor esfuerzo en reparar mi error.
—Destan, Evan está aquí para verte. —Entra Carmín desaforada por la
puerta con poco aliento y con bolsas en los ojos.
Evan atraviesa la puerta sin dejar que Carmín finalice sus palabras.
—Salgan los dos —ordena Evan refiriéndose a Seiya y Carmín.
Seiya me da una última mirada antes de abandonar la habitación. Me
siento en la butaca observando a Evan, notando claros síntomas de enfado
en su rostro.
—¿En qué pensabas cuando acabaste con esa ciudad? —Alza la voz
furioso. Es la primera vez que lo veo molestarse.
—Tú sabías que Seiya fue quien dio la orden de asesinato de Erika,
¿verdad? ¡Por eso me dijiste que él era tu Conde del retén Nómada!
No responde mis palabras, la molestia que había empezado a desaparecer
retoma su camino por lo que decido ahogarla en alcohol.
—¿Qué te hice yo para que me tengas que hacer daño? ¿No te es
suficiente con ser el favorito de todos?
Evan se me acerca, quita la botella de mis manos y me da un puñetazo
haciéndome caer al suelo. Su golpe es tan fuerte que me partió el labio.
—Creí que eras más que esto, ¿así es como piensas proteger a Morgana?
Me mira molesto alzando su voz y me pega otro puñetazo. Mi rostro se
oscurece y él continúa gritándome.
—Supongo que tu amor por ella es tan insignificante que solo aparentas
quererla. —Sus palabras me molestan, me levanto y lo agarro por el cuello
—. ¿Qué vas a hacer? ¿Pegarme? ¿Decirme que no es así? ¿Eso no es lo
que me estás demostrando con tu actitud?
Suelta una risa irónica, libero su cuello todavía más impotente por sus
palabras.
—Mi amor por Morgana no es insignificante. ¡Ella es la única luz que
tengo en mi podrido mundo!
La presión y las emociones que tengo cohibidas encuentran un camino
para que explote y comience a llorar.
—Estoy tan roto que no tengo escapatoria. ¿Quién soy? ¿Por qué estoy
vivo? ¿Por qué mi madre me dejó? ¿Por qué estoy envuelto en tantos
problemas? ¿Por qué no puedo ser feliz? ¡Todos a mi lado sufren o me
hacen daño! ¿Acaso sello el destino de las personas atrapándolas en mi
oscuridad? ¡Y lo más inaudito es que te estoy contando todo esto a ti!
¡Estoy sorprendido de mí!
—Destan, yo también estoy podrido.
Evan se detuvo frente a mí para contarme su historia de cómo fue que
Jalil se sintió el hombre más feliz del mundo por el nacimiento de su primer
hijo varón, como él creyó que era un buen hombre para más tarde descubrir
que todas las noches violaba a Kaia sin importarle su voluntad. Explicó lo
sucio que se sintió cuando a la edad de tres años escuchó de la boca de su
madre que su verdadero padre era Eliphias y aborreció cada minuto de
interacción que había tenido con ese hombre, ya que Eliphias conocía la
situación de Kaia y no hizo nada por ella. Confesó que se escapó a Alfheim
para ver cómo eran las demás familias y en el camino se encontró con
Lorelei. Observó la asquerosa vida que llevaban los Duques y como
ignoraban a sus propios hijos tratándolos como basura. Por lo que decidió
proteger a Lorelei de su familia casándose con ella, a lo cual Jalil se opuso
encerrándolo en la mazmorra del palacio. Desde ese momento, se percató
que tenía que cambiar lo que estaba viviendo, así que investigó cómo
despertar su poder para que más nadie pudiese ir en su contra. Además,
confesó todos los intentos de asesinatos que le han enviado cualquiera de
sus dos padres, secuestrándolo por distintos Reinos y cómo durante esas
travesías conoció a una persona que le hizo entender que el mundo tiene
salvación y decidió dedicarse a salvarla a “ella”. Aunque, en este momento,
prefiere verla de lejos porque si descubre en la persona que él se ha
convertido, estará desilusionada.
Reveló cómo poco a poco empezó a matar y a entender cómo funcionan
los Turoth, por eso es por lo que no logro leerle la mente sin su permiso.
Los Turoth tenemos nuestras propias reglas de manada.
Lorelei estuvo a su lado ayudándolo a conseguir misiones para mejorar
su poder y evitar que ella fuera dañada. Entre las esferas de su poder, está
cambiar el pensamiento. De esa manera logra convencer a Jalil para que
haga lo que él quiera.
El problema fue que su madre descubrió que Lorelei lo estaba ayudando
a mejorar, así que la envió a secuestrar y matar. Cuando fue a salvarla, era
demasiado tarde, ya la habían manchado, pero con sus nuevos poderes,
acabó con todos. Con el tiempo ella ha superado y ha cedido, pero él nunca
va a perdonar a Kaia por tocar a Lorelei.
Evan se negó a decirme el nombre de la otra persona. Después de lo que
sucedió con Lorelei, no quiere arriesgarse a que a “ella” le suceda algo
parecido o peor. No se lo perdonaría jamás y destruir un Reino no haría que
calmara su rabia.
—Mi plan puede que lleve tiempo, pero tiene que ser perfecto. ¡Acabaré
con todos! Quien ordenó a Seiya a hacer la orden de asesinato en contra de
Erika, no fue Jalil, fue Kaia. —Mi rostro se oscurece, la rabia se apodera de
mi cuerpo—. Lo hizo porque ella sentía celos de lo bien que le iba a ellos
dos.
—Entiendo que odies a Jalil y Kaia, ¿por qué odias a nuestro padre?
—Fui a pedirle ayuda, así fue como te conocí.
Vierte un poco de whisky en un vaso y lo bebe, sentándose a mi lado.
—Cuando lo hice, me dijo que debía concederle a Lorelei a cambio. Ahí
me di cuenta de que él y Kaia fueron quienes planearon el secuestro. Ellos
fueron los que la hicieron sufrir y tener ese desagradable recuerdo.
—Evan, ¿por qué me cuentas todo esto? —pregunto desconcertado y
agradecido que me esté contando todo, pero sigo pensando que él y yo no
tenemos este tipo de relación tan cercana.
—Porque yo estuve en el lugar que estás tú en estos momentos. Fue
“esa” persona quien me salvó, Morgana es muy pequeña para entender esta
situación. Así que supongo que me toca ayudarte.
Se sirve otro trago y hace una pausa antes de decir las siguientes
desgarradoras palabras.
—Jalil ha intentado violar varias veces a Fay, pero lo he logrado impedir.
Está empezando a mirar lascivo a Morgana, si vienes conmigo a la Ciudad
de la luz y te quedas unos días, me podrás ayudar a vigilarla. Además,
podré eliminar tus registros de Owiris y estarás libre de castigo.
—Sigo sin entender por qué estás llegando tan lejos por mí —digo
sorprendido aceptando otro trago que me brinda.
—Yo tampoco sé por qué estoy haciendo esto, pero sé que debo hacerlo.
Así deberás otro favor.
Se levanta del suelo donde estamos sentados y camina hasta el umbral de
la puerta.
—Báñate y quítate esa ropa llena de sangre. Morgana no debe verte así.
Una sonrisa irónica se dibuja en mi rostro. Esa curva que te hace dar
cuenta que te has vuelto loco.
Decido meterme al baño, el agua corre por mi cuerpo y elimina los restos
de sangre de mi piel. Es la primera vez que acabo con toda una ciudad. Mi
alma se arrepiente, pero mis poderes lo agradecen. Los genes que corren
por mis venas de mis antiguos antepasados se sienten orgullosos.
Evan tiene razón, ¿quién cuidará a Morgana si a mí me sucede algo? Pero
eso no hace que por mi cabeza rueden las dudas, ¿Por qué Evan me está
ayudando? ¿Por qué se arriesga tanto por mí? ¿Por qué me contó todas esas
cosas hoy?
Prefiero no pensar más en esas cosas, debo concentrarme en arreglar la
situación de Owiris con él.
Salgo empapado y camino a la habitación a buscar ropa.
—Destan, los hombres no son mi tipo. Yo sé que has hecho tus cosas con
otros hombres, pero no me agregues. —Arqueo la ceja mirándolo atónito.
—Solo vine a buscar ropa, y no he hecho nada con otros hombres —
Regreso al baño y Evan se queda sonriendo con curiosidad en la habitación.
Me pongo una camisa blanca y le dejo abierto los últimos tres botones,
me subo los pantalones color caqui y me coloco las botas.
—Estoy listo —comento caminando hasta el umbral de la puerta donde él
se encuentra.
—¿Llevarás a tu pequeño ejército? —pregunta señalando a Carmín y
Seiya que están esperando en el final del pasillo.
—Sí, pero antes de irnos, debo pasar por mi casa de subastas y solucionar
el asunto de la melíade.
No me siento cómodo con Seiya todavía, pero le he cogido cariño, no
quiero dejarlo atrás. Evan me entrega una cripta rugosa de varios colores,
sabe que le iba a preguntar por ella.
Descendemos por las escaleras y nos alejamos del palacio. Andamos
hacia la casa de subasta, la noche es su hora pico de clientes. Evan se queda
afuera esperándonos, Seiya y Carmín entran junto conmigo a la casa y los
empleados al verme entrar hacen reverencias.
Subo las escaleras en busca de Nayadé y accedo a la habitación junto con
Seiya y Carmín. Náyade lleva un vestido rosa claro transparente, en el cual
se puede apreciar su cuerpo desnudo marcado por la ropa.
—¡Destan, llegaste! —exclama Nayadé molesta acercándose a mí.
—Te queda bien esa ropa, ¿has estado trabajando? —Se ruboriza y saca
dos pequeñas ampollas de afrodisíaco.
Las huelo. Están bien hechas, pero todavía tienen margen de mejora.
Entro a la habitación y Carmín y Seiya cierran la puerta una vez que
estamos todos dentro.
—Tiene buena fragancia, pero necesitas progresar. Aquí tienes. —Le
entrego la piedra sagrada de su pueblo, la abraza y comienza a llorar.
—Gracias, cumpliré con mi parte del trato.
—Ella es Carmín y él Seiya. Cuando yo no esté, les entregarás los
afrodisíacos a ellos. —Asiente con la cabeza y le quito la pulsera.
—¿Puedo hablar contigo a solas? —pide, hago una señal a Carmín y
Seiya para que abandonen la habitación.
—Eres la primera persona que me ayuda y voy a estar en deuda contigo
toda mi vida. —Se ruboriza y levanta la mirada hacia mí—. Si deseas
puedes tomar mi virginidad, con la piedra aquí realizaré una pequeña
ceremonia y me entregaré a ti como recompensa.
Toco su cabeza y acaricio su cabello provocando que sus mejillas se
tornen rojo vivo.
—Nayadé, conserva ese momento para cuando encuentres a una persona
con la que quieras hacerlo, mi actitud de ayer fue equivocada. Me disculpo
—digo mirándola y por sus ojos caen lágrimas.
—Puedes contar conmigo para lo que necesites —dice feliz y sonriente.
—Me debo ir, si necesitas alguna cosa pídesela a algunos de los
empleados. Los pondré a tu disposición. Siempre que cumplas con tu parte
del trato, puedes ir a donde quieras.
—¿Amas a tu Princesa? —pregunta sosteniendo mi brazo, su mirada
exclama que me quede con ella.
—Ella es la única luz en mi mundo. Espero que eso responda tu pregunta.
—La miro y ella suelta mi brazo.
Salgo de la habitación. Carmín y Seiya me siguen sin alejarse mucho.
Abandono la posada para encontrarme con Erelim y Evan para partir.
—¿Todo listo? —indaga Evan, asiento con la cabeza y salimos con
Erelim.
El viaje fue silencioso. Cuando llegamos a Asgard ya era pasada la
medianoche. Los guardias permitieron la entrada al castillo de la Ciudad de
la Luz sin problemas.
Evan les muestra a Seiya y Carmín sus habitaciones y les pasa un
documento con las reglas del palacio.
—Ustedes quédense en sus habitaciones, mañana nos espera un largo día
—explica Evan, ellos asienten y se despiden de nosotros.
Sigo a Evan por el amplio palacio. A diferencia de Hel, los ventanales
son de cristales enormes por donde entra la luminosidad de las estrellas de
la noche, las paredes son blancas como la cal, los adornos son dorados y
tiene muchos búcaros con estilos rocosos llenos de distintas flores. Las
alfombras tienen estilos mosaicos de varios patrones y colores.
El palacio de la luz se divide en tres partes: el recibidor real, la parte
trasera de los empleados y el espacio real. El recibidor real son los jardines,
las salas de tomar el té, los salones de baile y la corte real. La parte trasera
de los empleados es donde se encuentran los dormitorios de ellos, la cocina,
los establos y las zonas de entrenamientos. El espacio real se divide en dos
alas: este y oeste. En el ala oeste están los dormitorios de los invitados, las
salas de estudio, la biblioteca, el aula de la historia y la bóveda real. El ala
este es la más alejada de todo el palacio, no hay guardias, solo los
miembros de la familia real.
La habitación de Morgana es la última del ala este. Para llegar a esta se
debe pasar primero por la de los Reyes y después por los aposentos de Fay
y Evan.
Entre más nos acercamos al ala este, los desaforados gritos de Kaia se
escuchan con más intensidad.
—Jalil, ¡detente! ¡Por favor, no sigas!
Los golpes, las embestidas y las exclamaciones de sufrimientos se
pueden oír por toda el ala. La voz desgarrada de Kaia hace un eco terrible
en mis oídos. Jalil se está aprovechando de ella y de la manera más dolorosa
e inimaginable que puede existir.
—Así que esto es a lo que te referías, ¿es así toda la noche? —interrogo a
Evan que se mantiene inexpresivo todo el camino.
—No, ya debe estar terminando. Jalil dentro de poco saldrá e intentará ir
a la habitación de Fay, cuando me vea ahí se va hacia la zona de empleados
a tomar a alguna pobre sirvienta —explica dejando escapar un ligero
suspiro.
Fay estaba esperando a Evan en la puerta de la habitación de él.
La Princesa Fay tiene quince años, y a pesar de ser joven, tiene una
excitable silueta y un provocativo rostro. Quizás esa es la razón por la cual
Jalil pierde sus sentidos con ella.
—Evan. —Se le acerca Fay llorando y lo abraza temblando. Su rostro
está pálido y sus ojos están apagados como si acabara de presenciar una
tragedia.
—¿Qué pasó? —pregunta Evan preocupado acariciando su cabello para
calmarla.
—Padre intentó entrar a mi habitación cuando no estabas. Morgana me
había pedido dormir conmigo, y cuando vio a padre se asustó mucho y
comenzó a gritar. Padre le pegó.
Mi rostro se oscurece, tengo ganas de ir a matar a Jalil. ¡Voy a
descuartizar a ese Rey! No me interesa si es la autoridad del mundo, merece
ser lanzado al inframundo y ser comido por las criaturas del infierno.
—Madre intervino y padre desde entonces le ha estado pegando —
confiesa llorando sin soltar a Evan.
Ahora entiendo por qué Evan desea matarlo, el sentimiento acaba de
pasar a ser mutuo.
—¿Dónde está Morgana? —demanda Evan haciendo un círculo con su
mano y colocándola encima de la cabeza de Fay, debe ser para calmarla.
—Se encerró en su habitación y no ha salido desde entonces. Padre le
pegó bien fuerte en el rostro, hizo que escupiera sangre.
Me hierve la sangre, doy media vuelta en busca de Jalil. Evan sujeta mi
abrazo.
—Aquí no puedes hacer una escena. Este es el ala este. Por lo que hagas,
serás acusado de intento de asesinato contra el Rey y obtendrás la pena de
muerte. El aposento de Morgana es el siguiente, ya sabes qué hacer.
Carga a Fay en brazos llevándola para su habitación. Camino a la
recámara de Morgana y toco su puerta. No hay respuesta, vuelvo a tocar y
sigue sin responder, ¿estará dormida? Fuerzo la cerradura para poder entrar.
—Evan, no quiero que entres —dice Morgana en un tono de voz bajo.
—Morgana, soy yo.
—¿Destan? —Viene corriendo y abre la puerta—. ¿Qué haces aquí a esta
hora?
Su cachete está hinchado y negro. Morgana está vestida con un pequeño
vestido azul claro. Se cubre el rostro cuando ve que la observo.
—No mires por favor, ¿qué haces aquí?
—Vine a vivir contigo un tiempo —digo sonriendo y sus ojos rompen en
llanto.
La tomo en mis brazos, entro a la habitación y cierro con cerrojo la
puerta.
Mi pequeña ha aguantado todo este tiempo, llorando sola y soportando
esas escenas todas las noches. Mi corazón se hace pedazos de verla así. A
pesar de esa situación, todos los días cuando vengo a verla siempre me
muestra una sonrisa.
Me recuesto en la cama mientras ella llora en mi pecho. Toco su cachete
y hace una mueca de dolor.
—No lo toques, por favor. —Se lo cubre con su cabello y evade mi
mirada.
—Hay una manera de ayudarte con el dolor y quitarte el golpe, pero me
da un poco de miedo porque eres muy joven y no sé cómo reacciones —
confieso preocupado porque es la primera vez que lo intento con otra
persona que no sea yo.
—Puedo resistir. —Sus ojos representan firmeza.
Estoy seguro de que se convertirá en una gran mujer, quiero ir hasta la
habitación de Jalil y cortarle la virilidad por tocar a mi pequeña.
—Salgamos de la cama porque no quiero ensuciarla. Esto será un secreto
entre nosotros.
Asiente con la cabeza y nos sentamos en unas butacas que quedan
pegadas a la ventana.
—Voy a realizar un pequeño corte en mi mano y vas a beber la sangre
proveniente de ella, ¿entiendes? —pregunto preocupado. No debería hacer
esto, pero no aguanto verla llorar.
Vuelve a asentir con la cabeza, muerdo mi muñeca y le paso mi mano.
—¿Debo morderla también?
—¿Tienes colmillos? —digo bromeando y llevo mi muñeca a su boca.
Morgana lame la sangre proveniente de mi mordida y sus ojos cambian a
un rojo carmesí.
¡Lo suponía! Ella es también descendiente de la diosa del inframundo.
Tengo miedo por su futuro, no quiero que la persigan o salga lastimada.
Morgana cae dormida después de beber mi sangre, la cargo en brazos para
acostarla en la cama y acerco una butaca para observarla mientras duerme.
A los pocos minutos quedo dormido en el asiento.
—¡No la mates! —grita Morgana despertándome asustado.
Mi pequeña parece estar teniendo pesadillas, seguro esto es a lo que se
refería Evan. El collar que le hice está en su límite. Entraré en su mente y
espantaré sus malos sueños. Su poder debería estar suprimiéndose con el
collar y mi sangre, pero no solo pone resistencia, sino que hace desaparecer
su efecto. Será más complicado de lo que pensé.
—¡Por favor, mamá! —chilla agitada moviendo sus manos.
Por su hermoso rostro corren lágrimas, el sello que le puse a los
recuerdos de su madre está empezando a romperse también. Con mis
actuales poderes debo ser capaz de sellarlo para siempre, pero no sé si
quiero que olvide a Erika.
—Perdóname, pequeña. —Muerdo su muñeca. Morgana se controla y
comienza a dormir con normalidad.
Las pesadillas pararán un tiempo, pero su creciente poder no creo sea
capaz de aguantarlo mucho más. Mañana tendré que hablar con Evan para
saber qué piensa al respecto.
No entiendo en qué momento desarrollé tanta confianza por él, pero la
verdad, si me pongo a pensar, más que hacer cosas para dañarme me ayuda
constantemente. ¿En quién debería confiar? ¿A quién debería creer? ¿A mi
madre o a Evan? La única cosa constante en esta situación es que Evan es
peligroso.
***
No recuerdo en qué momento me quedé dormido en el sillón al lado de la
cama de Morgana. Estaba tratando de que sus pesadillas pararan y no quise
despegarme de ella.
Me demoro un poco en adaptarme a la oscuridad de la habitación, y
cuando diviso la cama donde estaba mi pequeña, me percato que está vacía.
Me levanto de la silla buscándola por toda la habitación, pero no está por
ninguna parte. El aire proveniente del balcón me advierte que está abierto,
corro hasta él y mi pequeña está acariciando la cresta de Erelim, apoyada en
el balcón.
—¿Qué haces acá afuera? —pregunto acercándome a ella.
—No podía dormir —Una sonrisa triste hace aparición en su rostro.
Camino hasta su posición y la estrecho entre mis brazos. Ella no se
sentiría así de triste si yo hubiese podido impedir la muerte de sus padres.
Ahora soy la única familia que le queda. Le prometí al Gran Duque que
cuidaría de ella, y no dudaré ni un solo segundo en cumplir mi promesa.
Erelim toma su forma de dragón y me subo con Morgana para recorrer el
cielo estrellado de Asgard.
—¡Qué lindo! —Las mejillas de mi pequeña se colorean de un ligero rojo
por las frías temperaturas.
—¿Te gusta? —Le pregunto, colocándole mi capa sobre los hombros.
—¡Sí! —me responde recuperando su bella felicidad.
Aterrizamos cerca de un lado en las montañas. Coloco a Morgana a mi
lado y le explico todo lo que su padre me enseñó cuando era niño. Las
constelaciones, los cambios de las temperaturas, le hablo de todo lo que
pueda hacerla feliz y no perder los recuerdos que le quedan.
—Destan, gracias por venir —me dice con lágrimas saliendo de sus ojos.
—Eres mi familia, pequeña. Siempre vendré por ti.
Capítulo 19: Retrospectiva Final
***Destan***
Me despierto desconcertado. Los grandes ventanales iluminan toda la
habitación de Morgana, el viento se cuela por las rendijas de las ventanas
haciéndome sentir somnoliento. No recuerdo en qué momento me quedé
dormido, sin embargo, ha sido la noche que más he descansado en mi vida.
La butaca es un poco incómoda, pero me permitió vigilar a mi pequeña toda
la noche.
—Destan —escucho la voz de Morgana a lo lejos—. Destan. ¡Despierta!
—¿Qué sucede?
—Ya es tarde, debemos prepararnos —dice con esos grandes ojos
reflejando emoción.
Se dirige a su vestidor y regresa con un vestido de seda blanco largo de
mangas largas, en su cabeza lleva una diadema y el pelo lo tiene trenzado
hacia el lado derecho.
—Te ves hermosa.
Le sonrío.
Me rindo, perdí mi cabeza por ella.
¡A mí, el demonio del Caos, Slaanesh, lo domina una niña de casi siete
años! Sencillamente daría mi vida para que esta pequeña sea feliz.
—Gracias, lo sé. Me vestí para ti. —me devuelve la sonrisa—. ¿No te
vestirás para mí?
—Claro.
Le sonrío como un niño. Me levanto de la cama y me encierro en el baño.
Lavo mi cuerpo y afeito la barba. Tendré que ir a comprar ropa más clara
después, por ahora me pongo unos pantalones anchos de seda blanca con
una camisa tejida abierta color crema y unas zapatillas carmelitas. Entro a
su habitación con una sonrisa.
—¿Cómo me veo? —pregunto como si fuera la cosa más importante del
mundo.
—Eres muy guapo —afirma con una hermosa sonrisa que se pinta en su
fachada.
Su cara se ilumina y mi rostro refleja una sonrisa inocente.
Salimos sujetados de las manos. Fay sale de la habitación de Evan
llevando un conjunto dorado y con el pelo recogido en una cola.
—Buenos días, Príncipe Destan —saluda con una reverencia. Sus ojos
están rojos. Se nota que lloró toda la noche.
—Llámame Destan. —Evan sale a continuación con unos pantalones
marrones tejidos y una camisa blanca.
Kaia interrumpe nuestros saludos matutinos haciendo su aparición en
nuestra conversación.
—Buenos días, su Majestad —contesto inclinándome para hacer una
reverencia.
—Buenos días, Madre —responden los tres hermanos y hacen un saludo.
—Príncipe Destan, amaneció temprano en el palacio —comenta con
indiferencia, pero con voz maliciosa.
—Destan va a vivir a partir de ahora con nosotros, madre —explica Evan
colocándose frente a ella.
—¡Qué bueno! Siempre es una felicidad tener a un miembro más en la
familia —expresa sonriendo con cierta hostilidad.
A pesar de que lleva un vestido largo que le cubre los brazos y el cuello,
se le pueden notar hinchados los hombros y el cuello.
Caminamos todos hacia el comedor real. Morgana me sigue de cerca
como si estuviera escondida detrás de mí. No te preocupes, pequeña,
conmigo a tu lado, nadie te pondrá un dedo encima.
El comedor real está decorado con muchas rosas y lirios; la mesa central
es de cedro con adornos en oro; las cortinas son color amarillo claro; y la
habitación está rodeada de sirvientas esperando para servir el desayuno.
El Rey se encuentra sentado en la cabecera, hay seis asientos.
—Padre, buenos días —saludan los hermanos y hacen una reverencia.
—Buenos días, mi Rey. —Me arrodillo y hago una reverencia.
—Me alegra que el Príncipe Destan se una a nosotros —menciona con
una falsa sonrisa, prefiero evitar saber lo que en realidad piensa.
Lorelei atraviesa las puertas, se detiene al lado de Evan y realiza otra
ceremonia de cortesía.
Nos sentamos para desayunar. Durante la comida se tratan varios temas,
la gran mayoría trata de la sucesión real y las etiquetas a cumplir. Jalil se
está esforzando en mantener la fachada delante de mí. Cuando el desayuno
finaliza, agarro a Morgana y nos dirigimos a los establos. Me subo en el
primer caballo que veo disponible.
—¿Morgana, alguna vez has estado fuera del palacio? —pregunto
sonriendo, quiero alejarla de este ambiente desastroso.
—No. Padre nunca me ha dejado salir —contesta con un tono triste
agachando su cabeza.
—Eso va a cambiar, te sacaré del palacio si sigues mis reglas. —Le
brindo mi mano para que suba al caballo y la siento delante de mí para que
no se caiga.
—Te escucharé —afirma emocionada.
Salimos del castillo para mostrarle la Ciudad de la Luz, Unoqistan. Esta
es colorida y llena de cadenetas por todos lados, hay muchos acróbatas
haciendo piruetas alrededor, los lugareños tienen varias mesas con distintos
juegos. Los ojos de Morgana se iluminan cuando las observa.
—¿Quieres jugar? —demando y ella asiente con la cabeza, descendemos
del caballo—. ¿Por cuál quieres empezar?
Señala con su manita el tiro con flecha.
—Quiero el peluche con forma de dragón —pide con inocencia.
El tiro con flecha nunca lo he intentado, espero que funcione. Tomo tres
flechas y la primera da en el centro, la segunda también y la última falla. Le
guiño el ojo al dueño ofreciéndole dinero y me da el famoso dragón.
Mi pequeña tiene los ojos iluminados como un cielo estrellado, su rostro
de felicidad no tiene precio. Subimos a caballo y seguimos recorriendo la
ciudad.
—¿Y eso qué es? —Señala una carreta que vende helados.
—Son helados, ¿no has comido?
—No, ¿puedo probarlo? —Su rostro ansioso por descubrir cosas nuevas
se tatúa en mi corazón. ¿Cómo es posible que no haya comido helado?
—¿Qué sabor te gustaría? —interrogo sonriendo mientras ella mira
detalladamente los helados.
—Vainilla con chispas de chocolate —contesta emocionada.
Desciendo del caballo a comprarle su helado.
Me dirijo hacia donde está el vendedor y le compro un helado de vainilla
con chispas de chocolate. ¿Qué estoy haciendo? Ni siquiera yo mismo me
entiendo. El vendedor me da el helado y se lo llevo.
—Aquí tienes. —Le doy su helado, le pasa la lengua para saborear y su
cara de gusto es indescriptible.
Llevo el caballo hasta un parque y nos sentamos cerca de una fuente.
—Destan, ¡está riquísimo! ¿Seguro no quieres probarlo? —comenta con
insuperable cara de emoción.
—No, estoy bien. No como cosas dulces —respondo riéndome como un
niño.
—Con más razón debes probarlo. —Con su dedo toca el helado y lo lleva
a mis labios—. Pruébalo.
Paso mi lengua por mis labios. Es extremadamente dulce, no entiendo
cómo puede gustarle algo tan azucarado, pero no quiero que se sienta mal.
—Es dulce. —Sonrío y acaricio su cabello mientras ella come.
Cuando miro a esta pequeña mis preocupaciones desaparecen. Seiya y
Carmín deben andar con Evan resolviendo el problema de Owiris.
—Morgana, si el día de mañana yo muero, ¿qué harías? —No sé por qué
le hago esa pregunta a ella, es una niña. ¿Cómo va a entender eso?
—Te reviviría todas las veces que fuera necesario. Mi único deseo es que
nunca te vayas de mi lado —contesta con seriedad y las lágrimas corren
incontrolables por mi rostro—. ¿Dije algo malo? ¿Por qué lloras?
—Eres demasiado para mí, pequeña —digo abrazándola. ¿Cuánto más
me sorprenderás?
Le abrazo con fuerza. Si yo pudiera pedir un deseo, sería que nunca le
sucediera nada.
Subimos al caballo y regresamos al palacio. Evan me espera en la
entrada.
—Morgana, entra, ahora te alcanzo. —Asiente y camina abrazando su
peluche de dragón—. ¿Qué sucede?
—La situación de Owiris se solucionó sin problemas. Quedó como que
su Conde quemó la ciudad para evitar ser castigado por sus crímenes. De
todas formas, ningún ciudadano sobrevivió, así que no quedan testigos. —
Terminando de decir esas palabras, lo abrazo—. Destan, suéltame. ¡Se
siente raro!
—Gracias, Evan —sonrío agradecido, ¿amor fraternal? Ni quiero pensar
en eso.
—¿Qué te hizo Morgana? Estás actuando muy extraño. Carmín regresó
esta mañana junto a Seiya a Hel a buscar tus pertenencias y a ocuparse de
algunos de tus negocios. Dijeron que estarán aquí en unos días.
—Anoche vi lo que me dijiste de las pesadillas de Morgana. Es cuestión
de tiempo para que su poder y recuerdos se liberen. —Alza su mirada,
incómodo. Los dos sabemos lo que eso significa.
—¿Qué pasó con tu poder para la retención de recuerdos? —A veces me
pregunto cómo sabe tanto de mí.
—Lo haré dentro de poco, por ahora puedo suprimir con mi sangre sus
poderes y recuerdos hasta que haga el ritual para sellarlos —Evan me mira
sorprendido—. ¿Qué sucede?
—¿Estás alimentando a Morgana con tu sangre? —Se me había olvidado
contarle que Morgana es descendiente de la diosa del inframundo, por lo
que ella es un demonio también.
—Es una larga historia. Bebiendo un poco de mi sangre, sus recuerdos se
retrasarán el tiempo suficiente para hacer el ritual. De sus poderes no estoy
tan seguro. —Trato de evitar hablar de los poderes de mi pequeña.
—Entiendo. Haz el ritual cuanto antes, no queremos problemas
innecesarios.
—¿Por qué dices esas palabras? Sientes que va a suceder algo, ¿cierto?
—Se me escapa la felicidad que poseo transformando mi rostro a serio y
preocupado.
—Destan, aprovecha el tiempo que estás junto a Morgana. Dentro de
poco, muchas cosas cambiarán. —Cierro los puños y él me da la espalda
retirándose de nuestra conversación.
Evan me dejó con la incertidumbre cuando me dijo esas palabras, pero
decido dejar eso por el momento en el segundo plano de mi memoria para
visitar a Erelim y contarle de mi día con Morgana.
—Te ves feliz.
—Lo estoy. Estar con Morgana es diferente —confieso mirando hacia las
nubes del cielo, temo por su futuro, no quiero que le suceda nada—. Erelim,
si me llega a pasar algo, cuídala por mí.
—Lo haré, pero esperemos que no te suceda nada.
Los días transcurrieron tranquilamente. Desde que estoy aquí, Jalil ha
detenido sus agresiones a Kaia y Fay. Seiya y Carmín regresaron a los tres
días y trajeron varios asuntos que llevaba atrasados en Numore.
Por las mañanas salgo con Morgana y visitamos distintos lugares de la
ciudad. Puse a Carmín junto con Seiya a entrenarla por las tardes mientras
yo manejaba mis negocios. Todas las noches Morgana se alimenta de mi
sangre, dentro de poco podré realizar el ritual sin problemas.
***
Es la víspera del cumpleaños de Evan y, al parecer, este día está prohibido
en el Reino y no se debe realizar fiesta, por lo que tendremos que quedarnos
encerrados en nuestras habitaciones como si fuese cualquier día normal.
Después de todo lo que Evan ha hecho por mí, quiero al menos ayudarlo a
festejar su cumpleaños.
Salgo de la habitación mientras Morgana duerme y toco la puerta de la
recámara de Evan.
—Un momento. —Me contesta acercándose y abre la puerta—. Destan,
¿sucede algo?
—¿Hay algún lugar donde encuentre mi whisky aquí en Asgard? —
Miento, quiero salir con él un rato.
—Existe una tienda al norte de Wusite que se dedica a hacerlo —
comenta sospechando de mi comportamiento.
—¿Me llevas? —demando provocando que haga una mueca.
Nos hemos acercado bastante en este mes que llevo aquí conviviendo con
ellos. Mi opinión ha cambiado un poco sobre él.
—Lorelei está dormida, no podemos demorarnos. —Acepta finalmente
saliendo de la habitación.
Tomamos los pegasos y nos dirigimos a la tienda. Evan se ha mantenido
callado todo el camino.
—¿Por qué está prohibido celebrar tu cumpleaños? —indago en busca de
respuestas.
—No sabía que eras una persona tan directa. —Evade mi pregunta.
—Se supone que este año debes cumplir diecisiete años y te tatuarán el
sello de mayoría de edad, ¿qué harás para esconder eso? —Le insisto sin
alzar la voz.
—Mi padre no quiere que las demás personas se enteren que puedo ser
hijo de otra persona que no sea él, por lo que atrasó un año mi cumpleaños e
hizo que se prohibiera celebrarlo para que no se llevara la cuenta de cuántos
años tengo —responde sin ánimos de prolongar la conversación.
Aterrizamos en el negocio que menciona Evan y compro una caja de
botellas. Es una ciudad tranquila sin bullicio de personas, el paisaje es muy
pintoresco y cálido.
—¿Necesitas tantas? —pregunta sorprendido cuando me ve con la caja
de botellas.
—Pensé que me acompañarías a beber. ¿Hay un río por aquí? —Hago
una sonrisa de cómplice y pone los ojos en blanco.
—Regresemos al palacio. —Da media vuelta, y lo tumbo de su caballo
—. ¿Qué crees que haces? —grita molesto observándome con aversión.
—Vamos a beber. Veo un parque por allá, vamos a sentarnos. —Se
levanta del suelo y camina a regañadientes junto a mí.
Nos sentamos en unas mesas que hay en un parque al norte de Wusite.
Este está rodeado de árboles florales por lo que hay un delicioso perfume en
el ambiente.
Abro una botella y se la paso a Evan, cojo otra para mí y bebo un sorbo.
—Este whisky está fuerte, ¿cómo puedes beberlo tan fácilmente? Aquel
día en Numore me dolía la garganta después —Me comenta rascándose el
cuello y llevando su mano a su camisa para zafar el primer botón.
—Soy inmune a las drogas y el alcohol. El sabor de este whisky es el
único que me atrae, por eso lo bebo. —Le explico bebiendo otro sorbo de la
botella.
—¿Crees que nuestra relación hubiera sido diferente si fuera hijo de
Brigitte? —indaga Evan fijando su vista en la botella.
—¿Cómo sabes el nombre de mi madre? —interrogo sorprendido. Nunca
pensé que lo conociera.
—Cuando ella falleció, fui a Numore a buscarte. Después de unos días de
perseguirte por todo Hel, te encontré en Doston. —Hace una pausa para
tomar un sorbo del whisky.
—Toma despacio, no quiero tener que cargarte después —digo en tono
de broma dándole ligeras palmadas en la espalda.
—Cuando te vi llorar delante de su estatua, me sentí culpable por primera
vez en mi vida. Brigitte solía visitar a Kaia, su sonrisa era contagiosa y
transformaba a mi madre en una persona diferente.
Evan cada día se abre más conmigo y aunque suene difícil de creer, no
me siento incómodo escuchándolo, ¿quizás esto es lo que se siente tener un
hermano?
—A mi hermano Saruman, lo odio desde pequeño, me imagino que
hubiese ocurrido lo mismo contigo ya que eres un talento natural —
Bromeo, Evan se ríe y chocamos las botellas.
—¿Odias a Saruman porque desarrolló poderes primero que tú o porque
padre le prestaba más atención a él que a ti? —Ese dedo en la herida es peor
que si le hubiese echado sal.
—Creo que ambos. ¿Así que esta noche ibas a celebrarlo con Lorelei? —
menciono en tono burlón cambiando el tema.
—Algo como eso, quiere darme una sorpresa. —Sonríe inocente
haciendo que me sorprenda ver por primera vez ese tipo de gesto en su
rostro.
—Pareces un verdadero hombre enamorado. —Lo miro en busca de su
respuesta.
—Destan, Lorelei es una persona importante en mi vida, que quiero y
aprecio, pero no es la persona de la cual estoy enamorado. Tú también te
sientes feliz al lado de Morgana, a pesar de que no entiendo qué tiene de
especial esa niña para ti —expone tomando otro sorbo de lo que apenas
queda en su botella.
—Ella ha sabido también ocupar un lugar en mi corazón, solo deseo que
crezca convirtiéndose en la hermosa e inteligente mujer que va a ser —
comento liberando un suspiro con la mirada perdida.
—Ahora tiene siete años, y no puedes confirmar qué tan profundos sean
tus sentimientos por ella, pero algún día, ¿crees que aguantarás verla con
otro hombre alejándote a ti? —pregunta haciendo soltar un bufido, pero me
controlo.
—Ella es una niña, cuando crezca veré qué nos sucederá. Mientras tanto,
no quiero que toques a Morgana, incluso si no estoy cerca. ¡No la toques!
—menciono con firmeza.
—Si Morgana alguna vez pone tu vida en peligro, lo haré. No puedo
prometer algo que no cumpliré. Tengo una profunda conexión contigo,
Destan.
Su cara se aflige, sé mejor que nadie que Evan me trata diferente a los
demás.
—Al lado de ella, siempre estarás envuelto en problemas. Sí, eres fuerte
pero no sabes controlar tu carácter y eso es fatal si quieres continuar con
Morgana. Desde que vi a esa niña supe que ustedes dos están conectados
por un lazo inquebrantable. Hasta que no seas capaz de superar tu carácter y
ser un hombre maduro, no deberías estar cerca de ella. —Me explica con
seriedad tomando el último sorbo de su botella.
—¿Y por qué me trajiste ahora para Asgard? —interrogo, el antiguo
Evan nunca me hubiera contestado, pero el actual quizás pueda ofrecerme
más respuestas.
—Porque ahora me encuentro entre ustedes y no debería ocurrir nada —
confiesa riéndose borracho—. Solo ten cuidado.
Terminamos de tomar dos botellas más y regresamos al palacio.
Camino hacia la habitación de Morgana y me siento en mi butaca. Su
rostro muestra dolor como si tuviese el comienzo de una pesadilla.
Sostengo su mano hasta que se queda dormida.
—Te protegeré, cueste lo que cueste. —Aprieto su mano con fuerza y con
la otra acaricio su cabello.
La mañana del cumpleaños de Evan hizo su aparición, desde que llegó,
Lorelei y él salieron. Morgana sigue dormida profundamente, me visto para
ir a visitar a Carmín y Seiya.
—Destan, ¿a dónde vas? —dice somnolienta.
—Voy a ver a Carmín y Seiya.
—Quiero ir contigo, no quiero quedarme sola. —Sus hermosos ojos me
miran y no puedo resistir darle un beso en la frente.
—Está bien. Apúrate —digo y va corriendo hacia el baño.
Después de varios minutos, sale lista y nos dirigimos a ver a los chicos.
Ha tomado confianza en estos días, ya no se esconde detrás de mí para
caminar.
Carmín se lleva a Morgana a jugar para el patio mientras me pongo al día
con Seiya acerca de los asuntos de la casa de subastas y los afrodisíacos que
me debe enviar Nayadé.
Los dos nos encontrábamos sumergidos en la conversación cuando
Carmín cae al piso y se raspa la mano. Los dos vamos a su dirección a ver
lo que sucedió.
—¿Qué pasó? —interrogo acercándome a ella.
—Me sentí mareada y caí —menciona Carmín. Levanto su mano para
ver su herida y siento un olor extraño proveniente de su sangre.
—Morgana, ¿por qué no acompañas a Seiya a buscar un botiquín para
curar a Carmín? —comento y le hago una señal a Seiya para que se lleve a
Morgana.
—Morgana, yo no sé dónde están las cosas aquí, ¿me llevas? —Seiya le
pregunta con voz empalagosa.
—Está bien, ¡qué remedio! Carmín, ahora regreso. —Sujeta a Seiya por
una mano y se lo lleva.
—Carmín, ¿confías en mí? —La miro y su rostro se tensa.
—Claro.
Cojo su mano, me la llevo a la boca y la muerdo. ¡Como suponía!
Carmín muestra un claro gesto de dolor en el rostro debido a mi mordida.
—Destan, ¿por qué me mordiste?
—Carmín, Evan tenía razón. Estás embarazada. —Su rostro se oscurece
y la ayudo a levantarse del suelo.
En estos momentos no puedo hacer nada, no es a mí a quien le
corresponde responder qué decisión va a tomar. La considero una hermana
pequeña, más que mi compañera.
—Deberías regresar a Numore y hablar con Saruman. —Le explico
tomando una de sus manos.
—No puedo. Antes de venir, tuve una pelea con él. —Por su rostro caen
lágrimas soltando mi mano para llevarse ambas al rostro para cubrirlo.
—Tú nunca discutes con él, ¿qué pasó? —No es que me interese la vida
personal de Saruman, pero esta vez Carmín está en el medio.
—Me pidió que eligiera entre tú y él —estoy perplejo por los celos de
Saruman—, discutí con él porque me parece estúpido elegir entre ustedes
porque no tiene sentido. Para mí eres como un hermano mayor. Y él es el
amor de mi vida, no quiero perderlo.
Le abrazo y rompe en llanto. Saruman, cuán idiota puedes llegar a ser a
veces, ¿no te das cuenta de la gran mujer que tienes a tu lado?
—No llores. —Acaricio su cabello—. Regresa y habla con él, seguro se
entienden.
—Salió con su padre para una misión en GeoAtlantis y se demorarán un
mes en regresar. —Seca sus lágrimas y me aparta—. Cuando termine,
regresaré. Mientras tanto, te ayudaré aquí.
—Has crecido. —Le sonrío desordenando su cabello.
—Destan, no me sonrías. ¡Te ves raro! Morgana influye en ti de una
manera diferente. —Se ríe llorosa y continúo sobando su cabello.
Morgana llega corriendo con el botiquín.
—Carmín, ¡no llores! ¿Duele mucho? —Su pequeño rostro de
preocupación me hace sonreír—. Destan, no te rías, ¡Carmín está llorando!
¿No puedes hacer como aquella noche y curarla también para que no llore?
—Seiya y Carmín me miran curiosos y mi rostro se torna muy incómodo.
—¿Qué le hiciste a la niña? —Me regaña Carmín dándome un ligero
golpe en el hombro.
—¡No hice nada! —grito tratando de defenderme de las acusaciones.
—No me hizo nada, solo me hizo beber su sangre —contesta como si
fuera algo común.
La cara de Carmín se sonroja y la de Seiya se sorprende. Deben pensar
que estoy abusando de una niña de siete años.
—Es una larga historia. Les contaré después —explico con voz
tranquilizadora.
Veo que Evan regresa y le hago una señal para que se lleve a Morgana
con él. Por suerte, capta mi mensaje y salva mi momento llevándosela con
él. ¡Qué oportuno ha salido Evan!
—Morgana es descendiente de la diosa del Inframundo, la mayoría de las
mujeres en su familia lo son. Yo conocía sus poderes desde pequeño y sé de
lo que son capaces, por esa razón siempre he estado vigilándola. A pesar de
que sellé los recuerdos sobre sus padres, los nuevos poderes de Morgana
están emergiendo y levantando mis sellos. La única manera de retrasarlo es
alimentarla con mi sangre hasta que pueda hacer el ritual.
—¿Y tú quieres que ella olvide definitivamente a sus padres? —pregunta
Seiya después de que termino la explicación.
—No quiero, pero si es por su seguridad estoy dispuesto a que me odie
por ello.
—Tus sentimientos por ella son los que acabarán contigo. Lorelei se
llevó a Morgana a buscar los dulces para tomar el té —comenta Evan
acercándose a nosotros.
El rostro de Evan se desvía hacia Carmín, sabemos lo que va a decir y no
creo estar seguro de querer escucharlo.
—Ya llegó tu momento. Morirás pronto, si quieres seguir viviendo no
regreses con Saruman —anuncia con firmeza provocando que todos los
presentes temblemos con sus frías palabras.
—Príncipe Evan, yo lo respeto mucho. Si la muerte me espera a su lado,
la aceptaré con gusto —responde molesta y se va.
—¿Te mataría ser más delicado? —demando incómodo observando a
Carmín irse, a pesar de todo, puedo escuchar sus pensamientos hechos un
lío.
—Es mi forma de ser. Además, ¿qué ganaría en suavizar mi advertencia?
—contesta gélido e inexpresivo como siempre logrando que suelte un
suspiro.
—Evan, necesito hablar de algo con Seiya. ¿Nos dejas solos sin
espiarnos? —Lanzo una mirada afilada hacia él esperando que capte la
indirecta.
Evan pone los ojos en blanco y se va en dirección de Morgana.
—Seiya, Evan no se equivoca con sus predicciones, eso significa que me
espera algo donde correré peligro dentro de poco. Si eso sucede,
desaparece. —Le entrego un mapa y una llave—. No confío en nadie más
para esta tarea. Si quieres que crea que de verdad intentas remediar tus
errores, esta es tu oportunidad.
—¿Qué es esta llave? —pregunta guardando ambas cosas en sus
bolsillos.
—Es la mansión de la madre de Morgana, se encuentra en las afueras de
Teoviva, Midgard. —Su mirada de asombro es evidente ya que no es algo
que alguna vez hubiera hablado con alguien—. Múdate a vivir con Ágata
para ahí y cuídala hasta que yo regrese, no importa el tiempo que tome,
hazlo.
—Destan, me estás preocupando —me dice. En su rostro se empiezan a
marcar síntomas de preocupación y ansiedad.
—Necesito que la resguardes y la cuides, no permitas que nadie se
acerque a ella. Hay una barrera con un veneno a su alrededor, mi sangre te
ayudará a traspasarla. Todo mi dinero se encuentra ahora en tus manos, la
casa de subastas, las posadas y burdeles, estarás frente a ellos. —Lo agarro
de su camisa para que su mirada se encuentre con la mía—. Parte de
inmediato y arréglalo todo. Llévate a Carmín y no permitas que regrese a
Hel por ningún motivo.
—¿Vas a impedir que Carmín se reúna con Saruman? —cuestiona con
desaprobación. Sé qué no soy nadie para impedir que se encuentren, pero
no quiere que ella también muera.
—Lo intentaré retrasar el mayor tiempo posible. Confío en ti, váyanse
ahora.
Seiya me abraza y se dirige hacia donde se encuentra Carmín. Ahora
estoy más seguro que nunca, no viviré lo suficiente para volverlo a ver.
Regreso al lado de Morgana, y me encuentro a Evan tomando solo el té.
Me siento a su lado y toma otra taza de té, ¿dónde estará Morgana?
—Te demoraste, ¿dónde está tu perro guardián? —demanda Evan con su
mirada gélida.
—Lo mandé a Numore a recibir una mercancía —contesto tajante y lo
miro como si me estuviera diciendo algo.
—Quiero que te vayas y no vuelvas en un tiempo —expresa sin rodeos
con voz fría y calculadora.
—¿Qué me va a pasar? ¿Moriré? —Le pregunto levantándome con
brusquedad del asiento para tomar su camisa.
—No morirás. El Rey está investigando lo de Owiris y le pareció
sospechoso que el Conde se suicidara y quemara la ciudad. —Todos los
músculos de mi cuerpo se tensan, suelto su camisa y vuelvo a sentarme en
el asiento.
Sabía que ese maldito estaba planeando algo para que me fuera de aquí,
pero lo que no imaginé era que husmeara en ese incidente. ¡Mierda!
Despeino mi cabello como un gesto inconsciente cuando estoy ansioso.
—Te puedo prometer que no dejaré que nadie toque a Morgana hasta los
diecisiete años, después de eso será libre y tendrá que valerse por sí sola.
—Me iré después de su cumpleaños —respondo firme sentándome en la
silla y cruzando mis brazos.
—Será demasiado tarde.
—Correré el riesgo.
El rostro de tristeza que Evan expresó en este momento es posible que no
se me olvide jamás. Sus claros ojos reflejaron dolor, como si nadie mejor
que él supiese que iba a enfrentar a un destino difícil y complicado, y aun
así aceptó mi petición. Me dejó quedarme en Asgard hasta el cumpleaños
de mi pequeña.
***
El cumpleaños de Morgana será un acontecimiento bastante único, pues el
Rey decidió realizar una gran fiesta para su hija pequeña.
—Destan, vete por favor —su rostro está tenso y sus ojos muestran lo
nervioso que está.
—Gracias por quererme como un hermano, pero mejor dale ese cariño a
Morgana. —Le comento alistándome en la habitación—. Yo no moriré hoy,
descuida.
—Sé que vivirás, pero cómo lo harás, es preferible que mueras —expone
con seriedad y sus ojos se nublan al punto que creo que va a llorar.
—Estaré bien. Soy un hombre fuerte. —Sonrío y camino a la habitación
de Morgana.
Mi pequeña lleva un vestido blanco largo con rosas rojas a su alrededor,
con el cabello suelto y unos guantes blancos.
Caminamos juntos por los pasillos hasta llegar al salón donde se
celebrará el evento. Antes de entrar le ofrezco mi mano para que no se
sienta intimidada por los demás.
El salón está decorado con rosas por todos lados y los cúmulos de nubes
iluminan la habitación, el cual tiene un estilo rocoso antiguo con enormes
vasijas. El Rey se lució para el gran cumpleaños de su hija.
Una vez dentro, todos los invitados le realizan halagos por lo que ella
sonríe feliz y alegre. Evan se ha mantenido alejado de todos con una mirada
afligida.
Estoy tranquilo porque mi mayor felicidad es que mi pequeña está feliz y
a salvo. No me arrepiento nada porque soy culpable de todo lo que he hecho
por lo que sonreiré hasta el final.
Jalil desciende por las escaleras acompañado de Kaia. Saluda a los
invitados y llama a Morgana para que se pare a su lado.
—Mi pequeña hoy cumple siete años. Es una gran felicidad que esté
creciendo tan rápido —anuncia con falso orgullo—. Morgana, ¿hay algo
que quieras decir?
—Sí, tú eres el asesino de mis padres, ¿por qué te sentirías orgulloso de
mí?
¡Recordó todo! ¡Mierda! Mis ojos se me quieren salir del rostro. Miro a
Evan y encoge sus hombros. Todo el mundo quedó atónito sin saber qué
decir o hacer, están en shock.
—No quiero ser tu hija, ni siquiera eres un buen padre. Lo único que
haces es maltratar a Kaia por las noches, intentar tocar a Fay y golpearme.
Aborrezco vivir en este palacio.
Los invitados empiezan a hacer ruido y Jalil pierde la paciencia tomando
a Morgana por el cuello, y la lleva fuera del castillo lanzándola contra el
piso. Salgo corriendo detrás de ellos sin pensar en nada más que mi
pequeña. Cuando llego, le rompo el brazo a Jalil y me coloco delante de
Morgana para protegerla.
—Destan, yo soy la máxima autoridad, si te opones a mí, morirás —
comenta orgulloso, pero su dolor en el brazo no le deja sonreír por
completo.
—No me importa. A Morgana no le pondrás un solo dedo encima.
—Lo que ella hizo no tiene perdón. Merece morir —anuncia asqueado.
¡Cómo lo aborrezco! ¡Quiero arrancarle la cabeza!
—También lo que usted hizo no tiene perdón y, sin embargo, aquí
estamos. —pronuncio irónico. Evan se lleva las manos a la cara.
—Destan, ¡hazte a un lado! —ordena Jalil haciéndole una señal a los
guardias.
—No me quitaré.
Comienzo a liberar mi verdadera forma y me enfrento a él.
Me distraje en mi pelea cuando veo que un guardia se dirige a atrapar a
Morgana. No obstante, su vida se sintió peligrada y despertó su poder,
dejando al guardia inconsciente.
Jalil se para delante de ella.
—¡Eres igual a tu madre! ¡Una bruja! —Alza un tono de voz altanera y
me detengo entre los dos.
—Podemos seguir toda la noche —contesto molesto. No dejaré que le
haga nada a Morgana.
—Destan, dejaré pasar lo de Owiris, si me entregas a Morgana —oferta
Jalil y diviso la figura de mi padre que entra entre los invitados.
—Puedes encarcelarme por lo de Owiris, lo hice todo yo —admito y
alcanzo a ver que el rostro de mi padre se endurece.
—Está bien. —Se corta la muñeca y echa sangre en el piso—. Si te
entregas por los pecados de Morgana y los tuyos, no tocaré un pelo de
Morgana hasta su mayoría de edad.
—Lo haré.
Morgana comienza a llorar. Suelto sangre en el piso para sellar la
promesa. Tenemos demasiados testigos, tendrá que cumplir su promesa.
Regreso a mi forma original y los guardias aprisionan mis muñecas.
—Si quieres que Morgana no recuerde más nada y vivan normal, debes
dejarme sellar sus recuerdos para siempre. —Jalil arquea la ceja, dudoso de
mis palabras.
—¿Cuánto tiempo necesitas? —pregunta creyendo mis palabras.
—Será esta noche. —Los guardias me sueltan y cargo a Morgana en
brazos.
—A la mañana siguiente te esperará el ejército de la luz para llevar a
cabo tu castigo.
—Lo espero, no escaparé.
Paso cerca de mi padre y le entrego el papel donde dice que tengo el
“Libro de la Vida” de Axe. Su rostro se tensa y hasta un cierto toque de
ansiedad se produce en sus ojos. Sé que después de saber esa información
me salvará.
Me llevo a Morgana hacia su habitación en brazos.
Entre la sabandija de mi padre y el maldito de Jalil harán de mi existencia
un problema, pero no me importa nada de eso mientras la luz de mis ojos
viva y esté bien.
—Destan, esto es mi culpa. No quiero separarme de ti. —Llora con
desconsuelo en mis brazos. Me rompe el corazón verla, pero es lo mejor.
—Descuida, solo serán unos años. —Acaricio su cabeza y la siento arriba
de la cama—. Cuando nos volvamos a ver ya serás mayor de edad y
podremos hacer todo lo quieras juntos.
—¿Lo prometes? —demanda levantando su meñique, el cual acepto.
—Lo prometo. Cierra los ojos ahora y mantente callada.
Llevo mi boca a la parte baja de su cuello clavando mis colmillos en los
más profundo de su piel expulsando un veneno para sellar sus recuerdos.
Este sello no durará para siempre, pero me permitirá acceder a su memoria
y poder hablar con ella desde lejos.
No sé cuánto tiempo me aprisionen, pero espero que dure lo suficiente
para vernos de nuevo. Cuando termino, Morgana comienza a quedarse
dormida. Beso su frente, recojo mis cosas y abandono la habitación.
Mi padre me espera en la puerta mirándome furioso e impotente.
—El Rey me concedió realizar tu castigo. A partir de ahora, serás
considerado un Turoth peligroso y serás encerrado en Achodia por tiempo
indefinido —menciona con una tristeza fingida causando repulsión.
—No puedo creer que tú te sientas triste por mí —comento irónico
haciéndolo enfadar más de lo que está.
—¿Dónde está el libro, Destan? —interroga con soberbia sujetando mi
camisa.
—Te daré su ubicación cuando esté en Hel seguro.
Evan aparece y se para frente a mí. Eliphias suelta mi camisa tratando de
recomponer su compostura.
—Padre, déjenos hablar solos. —Le exijo y Eliphias acepta de mala gana
caminando hacia fuera del ala.
—Te dije que te fueras. —En su tono de voz siento cierta tristeza.
—Morgana no recordará nada de mí mañana. Este es un elixir que hice
con mi sangre, hará que las personas olviden lo que ocurrió esta noche,
además de que olvidarán quién soy. —Le entrego el frasco y le susurro al
oído—. Recuerda tu promesa de cuidar de Morgana. En unos años te
enviaré la otra debilidad faltante. —Lo tomo por sorpresa y lo abrazo.
Evan me separa con cierta incomodidad y con su fría mirada me confiesa
las palabras más dolorosas que había escuchado en años.
—Carmín morirá pronto.
Mi rostro se entristece. Parece que mis esfuerzos en hacer que viviera
más tiempo no han funcionado.
Abandoné el castillo esposado por mi propio padre, sellando la mitad de
mi poder y dejándome inmune a los peligros de las prisiones de Achodia.
Esa misma noche partimos hacia Hel dejando a mi pequeña atrás.
A los días me enteré de que sustituyeron mi compromiso con Morgana
por Saruman, lo que complicaba aún más las cosas para Carmín.
Todas las noches escucho los gritos de llanto de los demás prisioneros,
aunque no sean abominados por mí, mi energía se mantiene. Sin embargo,
es suficiente para mantenerme vivo, pero no para liberarme de estas
cadenas. Estoy encerrado sin poder escapar.
Es una tortura disfrazada de humildad gracias a mi padre.
Los días comenzaron a pasar y pronto recibí la visita de Carmín, pero no
de la manera que me imaginé. La traían apresada y llena de golpes.
—Carmín, ¿qué sucedió? —pregunto nervioso tratando de acercarme a
ella.
—No cumplí con mi palabra, volví a Numore a buscar a Saruman y el
Archiduque se enteró de nuestro romance, y me mandó a aprisionar. Dicen
que cometí tantos pecados como tú, así que me mandaron para acá.
—¿Estás loca? ¿Y el bebé? —demando con ansiedad, dime que esa
criatura está lejos de este infierno.
—Dentro de mi vientre, no se lo llegué a contar a Saruman. —Me
comenta triste llevando la mano a su estómago.
—No sobrevivirás acá dentro embarazada, los Turoth querrán obtener tu
energía y te violarán. —Le digo frenético tratando de romper las esposas de
Carmín, pero no cumplo mi objetivo. Llevo mucho tiempo encerrado sin
reponer mi poder.
Todos los días hasta su ejecución la intenté proteger, me enfrenté a más
de cien Turoth y los mataba con mis manos a sangre fría. El día antes de su
muerte me cambiaron de celda alejándome de ella. Impotente por la
situación, lo único que logré hacer fue escuchar sus gritos mientras la
violaban una y otra vez. Lloré todo el tiempo y me culpé porque ella
estuviera pasando esa situación y yo no hubiese podido protegerla.
Los guardias arribaron a primera hora de la mañana para llevarla a
ejecutar. El dolor de mi corazón no paraba, ¿acaso era necesario que
Carmín sufriera ese destino tan fatídico y macabro?
Evan tenía razón, esto es más doloroso que morir. Solo espero que Seiya
y mi pequeña estén bien.
Así pasaron los años y poco a poco pude ir recuperando mi energía para
encontrar a Morgana e irle enseñando mi apariencia, hasta que finalmente
vino a Hel y la tuve frente a mí.
Mi pequeña regresó a mis brazos una vez más toda hecha una mujer. Esta
vez, no te dejaré sola y te protegeré, aunque me cueste la vida.
Capítulo 20: Sentimientos
Contradictorios
***Morgana***
DIECISIETE AÑOS ATRÁS
Al abrir mis ojos, la imagen de una mujer de cabellos rojos y ojos verdes
con un rostro sonriente que me amamanta con su pecho entra a mis
recuerdos.
—Morgana, mi pequeña bebé. Te espera un camino bien complicado,
pero no tienes de qué preocuparte, mamá estará contigo. —Acerca su
cabeza a la mía para besarme la frente, su sonrisa es tan cálida y alegre.
Llevo mis pequeñas manitas a su cara para tocarla. Un hombre de
cabellos rubios con ojos grises azulados me sonríe y las atrapa.
—Mamá tiene razón, nosotros cuidaremos siempre de ti.
Mis ojos se cierran. Cuando vuelvo a abrirlos, estoy dentro de otro
fragmento de mi memoria. Al parecer, estoy transitando entre mis eventos
pasados.
—Ella es muy linda, se parece a usted. —Un joven de cabellos
acaracolados negros y unos pozos azules no aparta su mirada de mí
mientras me sonríe.
—Ella es Morgana —anuncia mi padre con voz cariñosa—. Destan,
deberás cuidar de ella.
—Sí, maestro. —Destan me carga en sus brazos. Mis manos quieren
tocar su rostro, siento una extraña conexión hacia él.
En el siguiente escenario estoy dentro de mi antigua habitación. Veo a mi
madre dándome un beso en la frente y con cierto nerviosismo me lleva
cerca de mi cama.
—Morgana, hoy será la última vez que nos veamos, pero antes de irme
necesito contarte un secreto. Las mujeres de nuestra familia son
descendientes directas de la diosa del Inframundo, Hela. A pesar de que
tenemos tanto poder y somos capaces de revivir a personas que no se
encuentran en este mundo, no debemos usarlo para nuestros deseos
egoístas.
Me cuesta comprender por qué mi madre me está confesando esto en este
momento de manera repentina. Por sus mejillas comenzaron a correr
lágrimas que provocaron que me pusiera ansiosa.
—Sé que cuando me vaya, querrás que regrese a la vida. Pero,
desgraciadamente, no podemos revivir a alguien que lleve nuestra misma
sangre. Mi querida hija, llevas un enorme poder en tu interior. Soy
consciente que serás una gran mujer, así que no dejes que nada te detenga.
—¡Bruja, sal de tu cueva! —Un grito proveniente de los pasillos inunda
el castillo.
Mi madre me mete dentro de un baúl, el cual tiene un agujero por donde
me asomo. Un hombre rompe la puerta y entra a la habitación. Este es de
cabellos rubios y ojos azules, y lleva una espada en su mano.
—Mi Rey, yo nunca he hecho nada para perjudicarlo. —Le ruega mi
madre llorando y ocultando el baúl para que no me encuentren.
—¡Tú eres una bruja y mereces morir! —Vocifera el Rey y le entierra la
espada a mi madre en el corazón.
Su mirada se dirige a mí y cierra sus ojos. Llegan unos guardias y se
llevan el cuerpo de mi madre.
Paso unas horas encerrada dentro del baúl, hasta que llega mi padre y voy
corriendo hacia él.
¡Por fin estoy a salvo! Eso fue lo que pensé estando entre sus brazos.
Ambos lloramos abrazados. Al rato, llega Destan y me observa asustado.
Sabía que mi vida corría peligro.
Mi padre me deja sobre mi cama y sale a hablar fuera de la habitación
con él.
—Morgana —Destan entra a la habitación y se agacha hasta mi posición
—, ¿tienes miedo?
—No. —Le respondo temblando por todo lo que había ocurrido en el día.
—¿Me prestas tu mano? —pregunta. Le entrego mi mano y la muerde
con suavidad.
Cuando su saliva entra en contacto con mi sangre el sueño me comienza
a dominar. Los recuerdos se empezaron a volver borrosos desde ese
momento.
Mi infancia con mi padre fue fría y solitaria, ya que este se encerró en su
estudio y prácticamente no salía ni a comer. Un día entro a mi habitación y
me encuentro a un gran cerbero de color negro y ojos rojos en la ventana
mirándome.
—¡Qué lindo eres! —Lo miro alucinada corriendo hasta donde se
encuentra.
—Pequeña, ¿cuál es tu nombre? —pregunta el animal de tres cabezas.
—Morgana. —Sonríe dejándome acariciar una de sus cabezas.
—Así que eres la hija de Erika. Cuando seas mayor, enviaré a uno de mis
cachorros a cuidarte. —Me pasa la lengua por la cara de forma cariñosa.
—¿Vendrás a jugar la próxima vez? —demando inocente y triste porque
no me deja seguirle acariciando.
—Trataré. —Salta por la ventana y se adentra en el bosque.
Fue la única visita que tuve desde la muerte de mi madre.
Destan no ha venido a visitarnos desde ese momento. Me decepciona un
poco no verlo.
Como nadie me vigilaba, salía todas las tardes a jugar fuera del palacio.
Un día me perdí regresando y terminé cerca de un estante.
Diviso dentro de la laguna una hermosa hada de cabellos rubios largos y
alas blancas con raíces doradas tejidas, las cuales caen por su espalda como
dos pétalos. Es tan pequeña como yo.
Me acerco y se asusta escondiéndose dentro del agua.
—¿Cuál es tu nombre? —pregunto mirándola impresionada.
—Meiga. —Me contesta nerviosa sacando su cuerpo.
—Yo soy Morgana, ¿quieres ser mi amiga? —demando brindándole la
mano.
—Si. —Se emociona elevando sus alas brillantes y ambas terminamos
empapadas.
Desde ese día, me escapo de palacio para jugar con Meiga.
Ella es un recuerdo vago en mi memoria, pero sé que tuve una gran
impresión de ese momento. Estoy muy abrumada por los repentinos eventos
del pasado que me están llegando.
En el siguiente pasaje, me carga en sus brazos un joven de cabellos
rubios y ojos grandes azul celeste.
—Hola, mi nombre es Evan y he venido a llevarte conmigo para Asgard.
Puede que no lo entiendas, pero debes alejarte de aquí lo antes posible. —
Sus ojos son fríos, pero confiables. Con un gesto tímido, acaricia mi
cabello.
—¡Morgana! —Destan grita mi nombre acercándose desde la lejanía.
No logro comprender todas las palabras que dicen entre ellos. Aparece
otro joven de puntiagudas orejas, cabello color verde oscuro y ojos color
miel.
Evan me entrega a Destan y salimos de mi habitación. Me llevan a ver a
mi padre, este me carga en sus brazos, besa mi frente y me devuelve a
Destan. Mis ojos lo último que recuerdan es Destan tapándolos y
dejándome en los brazos de Evan.
—A partir de hoy, serás Morgana Edevane, tercera Princesa de Asgard —
anuncia Evan observándome.
—¿Por qué? —demando con molestia. Yo soy Morgana Fredriksen.
—Dentro de tu habitación puedes hacer lo que quieras y nadie te
molestará. Fuera de esas paredes, deberás comportarte como una Princesa y
obedecerás las órdenes impuestas por el Rey. —Hace una pausa y se agacha
hasta mi altura—. Llamarás al Rey, padre, y a la Reina, Madre.
—No quiero. Ellos no son mis padres. —Le contesto molesta levantando
mis manos con ímpetu.
—Pronto olvidarás a tus verdaderos padres. Morgana, no confíes en nadie
en este palacio. ¿Entendido? —Asiento con mi cabeza y me deja trancada
dentro de la habitación.
¿Destan, dónde estás? Tengo miedo, no quiero estar sola. ¿Papi? ¿Mami?
¿A dónde fueron?
Las lágrimas inundan mis ojos hasta quedarme dormida sobre la cama.
—Morgana, despierta. Destan viene en camino a verte —me despierta
Evan forzando una sonrisa.
—Buenos días, Evan. —Rasco mis ojos y me levanto de la cama
siguiéndolo—. ¿Destan viene?
—Sí, debe estar por llegar.
Evan siempre me trató bien y cuidó de mí.
Desde ese día, Destan venía todas las mañanas, pasaba el tiempo
conmigo y después se iba. Cuando nos quedábamos solos, Evan me llevaba
a la biblioteca y me hacía estudiar todo lo referente a etiqueta e historia. Al
poco tiempo trajo a una pequeña de cabello corto blanco y ojos azul oscuro.
—Morgana, ella es Lorelei, mi prometida —me quedo mirándola
pensativa—. Pensé que querías una amiga, ¿acaso me equivoqué?
—Sí quiero. —Le hago una reverencia y juego con ella.
El cuerpo de Lorelei de vez en cuando tenía algunos golpes. Sin
embargo, ella siempre me dijo que no les prestara atención a esos detalles.
Poco a poco el tiempo pasó y empecé a descubrir los secretos de Asgard.
Mi padre me odia y golpea a mi madre cuando intenta acercarse a mí. Al
principio pensé que los golpes pararían si no me relacionaba con ellos, pero
me equivoqué, el Rey siempre tiene una excusa para abusar de su poder con
cualquier miembro del palacio. Todas las noches me cuesta dormir entre los
gritos de Kaia y las pesadillas que tenía. Mi única recompensa era ver a
Destan al día siguiente.
Destan siempre ha sido cariñoso conmigo, me trata como un tesoro
sagrado que debe proteger. Hoy trajo a una mujer con él, ¿se habrá aburrido
de jugar conmigo? ¿Ya no me quiere?
—Morgana, ella es Carmín. Mi compañera y amiga —hago mala cara ya
que no me gusta que venga acompañado—. ¿No quieres conocer a mis
amigos también?
—Morgana, ¿quieres jugar conmigo? —La miro, le sujeto su mano y la
llevo al jardín—. Puedes estar tranquila, Destan es tuyo.
—Nunca estuve celosa —Se ríe y acaricia mi cabello.
A los pocos meses, Destan trae a un nuevo amigo, su nombre es Seiya.
Es una persona corpulenta de ojos rojos tenebrosos, calvo, tez morena y
siempre anda con una lanza. A pesar de su aterradora apariencia es una
persona muy amable, me trata muy bien y lo que más me gusta de él es que
Destan se nota feliz a su lado.
—Yo quiero ir al cumpleaños de Destan. —Empiezo a dar perreta cuando
escucho que no podría ir a su mayoría de edad.
—Morgana, padre no te deja salir de Asgard. Mañana cuando venga,
puedes darle el regalo —menciona Evan tratando de convencerme.
Me quedo encerrada en mi habitación deseando que pase el día rápido,
quiero darle el regalo en el cual me esforcé mucho en hacerle: una rosa con
mi esencia para que siempre me tenga presente.
Al otro día por la mañana, corro cuando lo veo llegar. Lo abrazo con gran
fuerza y besa mi frente. Evan me preparó unos bocadillos para remediar el
día de ayer.
Destan se encuentra hablando con los demás sin prestarme atención,
haciéndome sentir triste después de lo mucho que me esforcé en hacerle un
regalo. Así que decido elevarme en sus piernas y darle un beso en el
cachete, a lo que se muestra incómodo y molesto, como si hubiese hecho
algo mal.
—Morgana, no vuelvas a hacer eso —contesta enojado regañándome.
Estoy triste, pensé que le gustaría. Evan me recuerda su regalo y voy a
buscarlo. Cuando regreso, nos quedamos los dos solos.
—Destan, ¿tú me quieres? —pregunto preocupada por su anterior
reacción, nunca se había molestado conmigo.
—Eres lo más importante que tengo en mi vida. —Besa mi frente con
cariño.
—Quiero que me lleves contigo —menciono, no soporto el castillo por
las noches.
—Ahora no es el momento.
Sus explicaciones tienen sentido, pero soy egoísta por lo que deseo que
me lleve con él.
Mis últimos recuerdos con Destan se empiezan a desvanecer un poco
antes de mi séptimo cumpleaños.
Es tarde en la noche y no logró dormir a causa de las pesadillas, y me
dirijo a la habitación de Fay para que me deje dormir con ella. Mi padre
entra a su habitación y se sorprende de verme, en su furia golpea con fuerza
mi rostro haciéndome caer al piso y escupir sangre. Mi madre entra
corriendo y al ver la escena intenta interceptar, pero fue peor el remedio que
la enfermedad. Mi querido padre la toma con ella y la saca de la recámara
arrastrándola por el cabello hasta su habitación. Los gritos de mi madre se
escuchan por toda el ala.
Me encierro en mis aposentos.
¡Todo es mi culpa!
Las lágrimas recorren mis mejillas sin parar y el cachete me duele tanto
como mi corazón. Están tocando la puerta, seguro es Evan. No tengo ganas
de abrir, no quiero hablar ahora con nadie. Fuerzan la puerta.
—Evan, no estoy de humor. ¡Vete!
—Morgana, abre la puerta. —Es la voz de Destan. Corro a abrirle, pero
recuerdo que tengo el cachete negro y el labio ensangrentado por lo que me
quedo a medio camino.
—Destan, ¿qué haces aquí? —pregunto desconcertada cubriendo mi
mejilla con el cabello para que no vea el golpe. No quiero que me mire en
las condiciones en las cuales estoy.
—Mi pequeña, vine a quedarme un tiempo.
Destan entra a mi habitación levantándome en brazos para llevarme a la
cama. Solo con él me siento protegida. Lo abrazo con todas mis fuerzas y
lloro a todo pulmón. No quiero que se vuelva a ir de mi lado.
Es la única persona que queda en mi mundo, no quiero que desaparezca
también.
—Pequeña, tengo un remedio para que se te quite el dolor de la mejilla,
pero no sé si funcione, ¿confías en mí?
—Sí.
Me lleva al sillón de mi cuarto y corta su mano para que la lleve a mi
boca.
Su sangre es dulce y deliciosa, siento que mis colmillos comienzan a
crecer y quieren que penetre en lo más profundo de su piel. Destan hace un
grito de exclamación, me quita el brazo y me acuesta en la cama para que
duerma.
Los días pasaron y poco a poco me llevó a conocer cosas nuevas, y me
enseñó a luchar. Aunque fuera una niña de casi siete años, entendí que solo
a su lado me siento protegida y amada.
Quiero estar toda mi vida con él.
La noche de mi cumpleaños conté toda la verdad acerca de padre y
madre.
Lo único que conseguí es que padre se enfadara e iniciara a golpearme
delante de los invitados. Para protegerme, Destan cambió a su forma final
de Turoth y peleó con padre. Este hizo que Destan pagara mi culpa,
llevándoselo aprisionado para castigarlo después. Antes de irse, bebió mi
sangre y me dejó dormida.
Los mejores días de mi vida fueron aquellos que tuve a Destan a mi lado.
No recuerdo otro momento de mi vida que fuera tan feliz como esos días
desde que murió mi madre biológica.
Evan cuidó de mí en la ausencia de Destan, era casi tan sobreprotector
como él.
***
Mi vida después de mi séptimo cumpleaños fue sombría. Madre comenzó a
prestarme atención e intentó acercarse a mí. Entre más pasos ella intentaba
dar, más retrocedía.
Siempre me sentí sola. La oscuridad de mis pesadillas me aprisionaba y
agobiaba. Lorelei estuvo a mi lado, pero si algo tuve claro en mi mente fue
que nunca debía confiar en nadie. En cualquier momento, pueden
traicionarme o desaparecer por mí.
Me mantuve alejada de todos, el único que a pesar de mis esfuerzos para
huir se acercaba, fue Evan. Me trató todo el tiempo como su hermana, me
protegió, me dio su amor y confianza.
¿Cómo pudiste intentar matarme, Evan?
ACTUALIDAD
Despierto llorando en un camarote. Grurea duerme junto a mis pies y llevo
un vestido largo azul claro. Me siento mareada y quiero vomitar.
Salgo de la estrecha habitación y veo el mar. La brisa me refresca.
—Veo que despertaste. —Mi dios del caos me repasa con sus profundos
ojos azules. Mi rabia se apodera de mí y le doy una cachetada.
—¿Qué derecho tenías? —grito delante de todos. ¿Por qué lo hiciste?
—Morgana, cálmate. Destan fue a salvarte. —Titania me agarra del brazo
apartándome de él.
—Como siempre, ¿verdad? —Su rostro se oscurece porque sabe que he
recuperado mi memoria.
—¿A qué te refieres? —Titania pregunta desconcertada y los demás
comienzan a juntarse delante de nosotros.
—¿Cómo pudiste sellar mis recuerdos? —Mi molestia no se detiene, la
culpa me invade y el dolor no se detiene.
—Morgana, ¿tú conocías a Destan desde antes de venir a Hel? —
interroga Rince extrañado uniéndose a la discusión.
—¡Claro que lo conozco! ¡Y también conocía a Carmín cuando estaba
viva! —Le grito desenfrenada llevando las manos a la cabeza—. ¡Carmín
era la compañera de Destan!
Titania y los demás se sorprenden. Destan se acerca y retrocedo.
—¿Cómo pudiste? —Lo miro llorando, molesta. No tenías derecho.
—Morgana, entremos a hablar —dice serio e intenta agarrar mi mano.
—¿Con qué objetivo esta vez? —Lo miro y baja su mano. Sabe que
ahora mismo no confío en él—. No quiero seguir olvidando más nada.
Ahora entiendo por qué no querías que Evan supiera que estabas liberado.
Los demás se siguen impresionando con mis palabras, pero ninguno sabe
de qué manera reaccionar. Nerissa se me acerca.
—Morgana, cálmate. Entiendo que tengas tus razones para estar molesta
con Destan, pero él fue a salvarte de que Evan te asesinara —intenta
explicar con voz calmada, pero ahora mismo estoy ciega e incómoda.
—Nerissa, Evan y Destan son hermanos. Supongo que esa parte ya la
sabías, pero lo que no saben es que Destan vivió conmigo y Evan en el
palacio hasta que tuve siete años. Evan no me mataría ya que yo estoy
prometida con él y eso afectaría a Destan. ¡Evan es incapaz de lastimar a
Destan!
La cara de los presentes se tensa tratando de no agregar más palabras a la
discusión porque saben que no voy a entender nada en este momento. Estoy
soltando toda la historia de golpe sin pensar en ninguna consecuencia.
—La razón por la que fue encarcelado es porque enfrenté al Rey por
asesinar a mis padres. Me prometiste que no me dejarías sola después de la
muerte de mis verdaderos padres. —Empiezo a llorar y golpeo su pecho—.
¡Deberías haber dejado que me castigaran a mí! ¿Por qué te dejaste
aprisionar? ¿Por qué desapareciste?
Me levanta en sus brazos y camina para llevarme al camarote.
—Destan, ¡bájame! ¡Estoy molesta! —chillo golpeando su pecho con mis
manos.
Destan continúa llevándome en sus brazos y no dice una sola palabra en
todo el recorrido hasta el camarote.
—Grurea, sal y que nadie se acerque —ordena Destan a Grurea.
—Estoy sorprendida, ¿también conocías de antes a Grurea?
—Demando molesta y él evade mi pregunta tirándome en la cama. Coloca
una silla detrás de la puerta.
—Estar tantos años en el palacio, no te enseñó a no gritar los asuntos
privados de los demás en público —menciona incómodo. ¿Ahora es que
quieres que me preocupe por tus asuntos?
Esquivo su mirada y seco mis lágrimas. Estoy tan llena de sentimientos y
emociones que me siento débil y confundida. Destan se sienta a mi lado,
corta su muñeca y me la pasa.
—Bébelo.
—No quiero. —Alejo su mano. Me agarra la cabeza y me lleva hasta esta
—. ¡Dije que no quiero!
Trato de pronunciar las palabras con su mano en mi boca, su sangre
descontrola mis sentidos y recuerdo mi sed de matar.
—No lo diré otra vez. ¡Bébelo! —Muerdo su mano con furia para
provocarle dolor—. ¡Auch!
Su sangre es deliciosa y calma mi demonio asesino. Mis ojos cambian de
color a medida que bebo. Mis sentidos están tomando mi cuerpo
provocando que lo lance a la cama.
Estoy tan furiosa e incómoda que no quiero tocarlo o acercarme a él, pero
me encuentro tan hambrienta que no puedo controlarlo. Subo sobre él y
dirijo mis colmillos a su cuello, lo muerdo y libera un gemido ahogado.
Así nos quedamos hasta que sentí haber colmado mi sed.
Aparto mi cuerpo del suyo, él se levanta y se sienta frente a mí en una
silla. Los dos nos observamos sin hablar. Destan baja su cabeza evitando mi
mirada.
—Destan, ¿por qué borraste mis recuerdos? —pregunto soltando un
suspiro e intentando estar más relajada para no dejar que la situación me
supere de nuevo.
—Tenía que hacerlo —las palabras brotan desde su garganta como si le
costara hablar de ello.
—¿Consideraste mis sentimientos al menos? —Los párpados de sus ojos
bajan evitando que los vea mientras él sumerge su cabeza dentro de sus
manos.
—Estoy dispuesto a que me odies —contesta con voz ronca y sincera lo
que hace que mi molestia retorne.
—Odiarte no va a hacer que me sienta mejor. Tú eras lo que
más me importaba —respondo triste tratando de no enojarme de nuevo con
él.
—Las cosas no son tan fáciles como piensas, que me aprisionaran no fue
culpa tuya. —Acaricia mi cabello y se levanta dándome la espalda.
—¿Hablas de lo ocurrido en Owiris? —A pesar de no ver su rostro,
aprecio como cada músculo desde sus hombros hasta los pies se tensa con
mi comentario.
—¿Cómo sabes eso? —interroga aterrado sin darme la cara.
—Destan, recuperé todos mis recuerdos, además de que encontré un
informe que decía todo lo que había sucedido en Owiris. La noche que
ocurrió el incidente fue la misma en la que apareciste para vivir conmigo.
—Sujeto su brazo para hacer que me mire, pero él me ignora y sigue
dándome la espalda.
—Pensé que todos los documentos de ese día habían desaparecido —
susurra molesto pensando que no puedo oírlo.
—Lo hicieron. Ese lo encontré en la habitación de Jalil, al parecer lo
tenía en su poder para amenazarte en cualquier momento.
Destan suelta un bufido unido a una maldición en voz baja y se vuelve a
sentar en la silla desordenando su cabello. ¿Por qué no quiere que sepa
acerca de Owiris?
—¿Por lo menos sabré la razón de por qué enloqueciste de esa manera?
—No quiero decirla —responde cortante haciendo que me enfade.
—¿Cuántos secretos tuyos debo seguir descubriendo para que me cuentes
la verdad? —Quizás lo más adecuado no era atacarlo, pero soy una persona
impulsiva, no puedo evitarlo.
—Ahora sabes todo lo que soy capaz de hacer, no sigas metiéndote en
mis asuntos. —comenta con voz aterradora acercando su fúnebre rostro al
mío.
—Destan, no te tengo miedo.
Destan se aleja de mí y vuelve a despeinar su cabello. Es como un tic
nervioso lo que hace. Pero si él piensa que decirme palabras fuertes hará
que mis interrogantes desaparezcan, está muy equivocado.
—¿Por qué regresaste por mí si me ibas a dejar? ¿Para qué me
alimentaste con tu sangre ahora? —Esa mirada vacía e incómoda se
mantiene en él.
—¿Puedes dejar de preguntarme cosas? —Me demanda llevándose las
manos al rostro para esconderlo.
—¿Por qué no puedes ser sincero conmigo y contarme todo?
Se mantiene en silencio sin responder y aprieto mis puños molesta. Se
levanta de repente, toma mi cuello y besa con fuerza mis labios. Su beso es
apasionado y embriagador causando que me distraiga y quede a su merced.
Los dos quedamos jadeantes cuando finaliza, Destan se acerca a la puerta
sin antes decir.
—Esa es la razón.
Sale de la habitación, sin agregar más que esas cuatro palabras y
dejándome más confundida que antes. A su vez entra Titania junto con
Nerissa.
—¿Qué haces tú aquí? —Le cuestiono a Nerissa mientras ella revisa mi
herida.
—No entiendo cómo se curó tan rápido, apenas ayer tenías una gran
cicatriz profunda, ahora casi ni se ve. —Me explica Nerissa sorprendida
quitando las vendas—. Lorelei me pidió que cuidara de ti, pero viendo
cómo Destan te trata, siento que estoy de más.
—¿Cuántos días dormí? —demando observando a Titania que se
mantiene cerca de mi cama, pero no se sienta a mi lado.
—Ha pasado una semana —contesta Titania con voz llorosa.
¿Una semana? ¿De nuevo estuve fuera por tanto tiempo? Titania empieza
a llorar
—¡Pensé que te iba a perder! —Se tira sobre mi regazo y acaricio su
cabello mientras llora.
Hacía tiempo que no sentía que se preocuparan por mí de esa manera. No
me molesta su actitud. En cambio, me siento aliviada. La última vez que me
sentí de esa manera fue cuando vivía con Destan.
—Entonces, ¿Destan y tú están prometidos? —pregunta sin pudor
Nerissa desde una esquina de la habitación.
—Sí, somos cercanos desde que era joven. —Nerissa me observa
esperando que siga hablando, pero ¿desde cuándo somos tan cercanas para
saber de la una a la otra?
Titania sigue abrazándome sin mencionar palabra.
—¿Y te casarás ahora con Rince? —interrogo de la misma forma que ella
hizo conmigo.
—No, soy monja. Nunca he tenido esos sentimientos hacia él, además de
que no es mi tipo de hombre. ¿También lo quieres para ti? ¿No tienes
suficiente con Destan? —Suelta y tengo ganas de golpearla.
—No estoy de humor, déjenme sola por favor.
Las miro a ambas y abandonan la habitación. Grurea viene y se me
acuesta al lado. No puedo evitar pensar en todo lo que pasó cuando era
joven. Mis lágrimas no se detienen, estoy muy confundida. Mi cabeza
duele, no logro entender nada de lo que sucede.
Tocan la puerta y seco mis ojos.
—Adelante. —Destan aparece y reviro los ojos.
—Saruman te mandó esta carta con Titania. En unos días llegaremos a
Duffeham. —Se retira de la habitación dejándome el espacio que necesito.
Me duermo un rato y cuando despierto abro la carta:
Morgana:
El tiempo que pasé contigo fue diferente, a pesar de que siempre te
mostrabas como una princesa malcriada. Me demostraste que en la vida
hay que luchar por las cosas que uno quiere y no ser tan cobarde. Si en
otra vida volvemos a coincidir, puedo decir que me casaré contigo como
recompensa.
Carmín no tiene palabras para agradecerte por haberla traído a la vida
una vez más. Te prometo que esta vez no dejaré que nada le pase. Espero
que el barco te sea útil y puedas conocer el mundo que tanto anhelas.
Desde que conozco a Destan, nunca se ha sacrificado ni interesado por
alguien como contigo. Sé paciente con él. Carmín me dijo que le dieras
tiempo; hay heridas de su pasado que todavía no se han curado. Te deseo
la mejor de las suertes.
Con amor, Saruman.
Me río con la carta de Saruman. Estoy convencida que Destan no debe
haberla leído porque si no, jamás hubiese llegado a mis manos.
¿Qué debería hacer con toda la información que poseo ahora? ¿Es egoísta
de mi parte querer saber más de Destan?
¡Hay tantas cosas que todavía quiero preguntarle! Sin embargo, estoy tan
molesta con él. Me hierve la sangre que se haya sacrificado por mí y me lo
haya ocultado todo este tiempo, si no fuera porque reviví a Carmín y estuve
al borde la muerte por culpa de Evan, él nunca me hubiera dejado saber la
verdad.
¡Odio tanto esa manera de ser de él!
Salgo del camarote y ha oscurecido.
Todos se encuentran en la proa, sentados para comer. Titania me llama y
me dirijo hacia allí. Me siento a su lado para comer.
—¿Te sientes mejor? —pregunta Titania mirándome con preocupación
mientras agarra mi mano.
—Sí, gracias —contesto sonriendo y los ojos de Titania se llenan de
lágrimas. Nunca la imaginé del tipo sentimental. Rince la mira y se ríe.
—Titania, vas a mojar el vestido de Morgana si continúas llorando. —Le
dice bromeando y ella se aleja de mí.
—¡No he llorado como para eso! —Titania exclama sobresaltada y
sonrío.
—Es bueno verte sonreír, si siempre estás llorando o gritando sería
insoportable viajar contigo —comenta Nerissa con un tono vago. ¿En serio
ella tiene que viajar con nosotros?
—Si tengo que continuar todo el camino recibiendo tus indirectas, mi
sonrisa no dudará mucho —respondo con ironía porque si hay alguien que
no puedo aguantar es a ella.
Titania pone los ojos en blanco y eso no nos detiene de seguir
lanzándonos evasivas.
—¡Estoy en el medio! ¿Podrían parar? —Titania alza la voz levantando
las manos.
—Seguro que cuando traigan la comida, se callarán —menciona Dzahui
mirándonos. Destan se mantiene callado mirando un mapa que tiene sobre
la mesa.
—Destan, ¿a dónde iremos ahora? —pregunta Rince observando
detenidamente el mapa de Destan.
—Iremos a Duffeham, ahí nos espera un amigo mío —responde
dirigiendo sus ojos hacia mí. Lo evado porque sigo sin respuestas a pesar de
lo ocurrido en la habitación—. Su nombre es Eleazar, él será quien nos
llevará al Reino de Midgard después.
—Geirröd se debe encontrar en Muspelheim, ¿por qué estamos yendo a
Midgard? —interrogo con curiosidad, pues imagino que tenemos todos el
mismo objetivo, ¿o me equivoco?
—Seiya y Ágata me esperan en Midgard. Debo encontrarme primero con
ellos para resolver unos asuntos pendientes. —Me mira y el ambiente se
volvió tenso luego de sus palabras.
—¡Aquí están mis deliciosos platillos!
Llega Lotán con una gran olla de arroz con mariscos. Nos sirve a cada
uno un plato y nos sentamos a comer.
—Titania, no comas tanto que vas a engordar —bromea Rince con
Titania y esta se sonroja.
—No te preocupes por él. —Nerissa le sirve más a Titania—. ¿Hace
cuántos años que ustedes se conocen?
—Titania entró al ejército de la Guardia Oscura cuando tenía doce, así
que serían trece años. —La mira con seriedad, y cuando pensamos que se
va a callar—. ¡Cómo pasa el tiempo! Cuando eras niña, solías ser más
bonita.
Después de soltar el chiste se echa a reír, Titania toma el cucharón para
darle por la cabeza a Rince y Lotán agarra su mano.
—Con los utensilios de la comida no se juega. —Les da a los dos un
golpe en la cabeza causando la risa de los presentes.
—Así que ustedes tienen una larga historia, supongo que antes de mí ya
lo tenías complicado con él —menciona Nerissa agregando aceite a la
guerra de miradas que llevo con Destan.
—Yo no soy quien está comprometida con él —respondo tratando de
salir de la situación. ¿Por qué siempre me quiere provocar?
—¿Estabas interesada en Rince? —pregunta Destan y me sonrojo, ¿por
qué sigo siendo el foco de atención?
—No, es una larga historia. —Sigo comiendo en silencio intentando que
el tema finalice.
—La cual terminé ganando —anuncia Nerissa con grandeza.
—No creo que eso haya sido una victoria —susurro molesto. Destan
continúa mirándome. ¿Por qué es que sigo hablando? ¿Alguien que me
quite el habla, por favor?
—¿Ah no? Al final el matrimonio me lo concertaron a mí. —me lanza un
frío vistazo haciendo énfasis en matrimonio.
—¿Puedo comer más, Lotán? —Él agarra mi plato y me lo rellena, y yo
ignoro el tema que es lo que debo hacer.
—No sabía que estabas enamorado de mi pequeño hermano —Destan me
observa con ojos celosos.
¡Esto acaba de empeorar! Y como rasgo compulsivo-obsesivo que tengo
y no puedo controlar.
—¡Que no es así! —Exploto soltando con ira el plato sobre la mesa.
—Destan, yo nunca tuve nada que ver con Morgana. —Se apresura a
hablar Rince levantando las manos como si no tuviese culpa de nada.
—¿Ves? Hasta él mismo lo afirma —sigue presionando Nerissa,
haciéndome perder el control.
—¡Que nunca estuve enamorado de él! ¡Rince solía pasear desnudo por
el palacio y yo lo miraba! ¡Solamente era eso!
Terminando de decir esas palabras, me arrepentí con toda mi alma de
haberlas expresado, ¿qué me pasa? Destan me clava la mirada.
—¿Destan, no eres muy viejo para estar celoso? —le critico con un claro
tono de enfado, la situación se me fue de las manos por completo.
—Entiendo. Rince es joven —dice mirándolo con cierto recelo.
—Nerissa, si quieres molestar a Morgana, dilo —comenta tranquilamente
Lotán—. No provoques a Destan, es insoportable cuando está enfadado.
Destan se queda viéndolo, esperando a que siga hablando al ver que no lo
hace, le pregunta.
—¿Cuándo me puse de esa manera?
—Cuando estábamos en la región de Grunao, la Princesa Lorelei y tú casi
se van a los golpes porque Morgana estaba inconsciente —responde Dzahui
prestándole atención a su comida.
—Después cuando estuvimos cerca de salir de Numore, fuiste a rescatar
a Morgana y empezaste a pelear con Titania porque la dejó sola —agrega
Lotán sin abandonar su tranquila expresión—. Así que te sugiero que no
toques a Morgana. Él no entiende cuando se trata de ella. —Termina sus
palabras mirando a Nerissa.
—Hay una cosa que no entiendo, si soy mayor que todos ustedes ¿Por
qué me están hablando tan informal? —pregunta indignado después que
todos le dijeran lo emocional que es cuando se trata de mí.
—¿Ahora mismo no te estabas quejando que Rince es más joven que tú y
por esa razón es que Morgana estaba enamorada de él? —contesta Lotán.
¡Por favor, no le eches más sal a la herida!
—Tienes razón, pueden hablarme informal. —Acepta Destan y levanta
su plato—. ¿Puedo tener más?
Mira como un niño pequeño a Lotán. Todos nos reímos, seguro tenía
pena de no saber cómo iba a encajar.
Saruman tiene razón en su carta. Hay que darle tiempo, como él mismo
dice, existen heridas en su corazón que todavía no han sanado. Lo miro con
amor y se me hace una sonrisa en el rostro. Sus enormes ojos me observan
y le correspondo brindándome una sonrisa de su amada faz.
***Titania***
La comida terminó sin problemas a pesar de la guerra que llevaban esas dos
niñas. No entiendo qué quiere conseguir Nerissa provocando tanto a
Morgana.
Rince está con Destan en el balcón y los demás ayudamos a recoger.
Cuando entro a la cocina, noto a Lotán y Nerissa teniendo una conversación
extraña.
—Nerissa, la forma en la que tratas a Morgana no es la correcta —la
regaña Lotán.
—No es mi culpa ser así. —Se cruza de brazos. Lotán se detiene y la
encierra en los suyos.
—Si sigues actuando así, te voy a tener que castigar —murmura Lotán
pegando sus labios a los de Nerissa.
Sus rostros se acercan, Nerissa lleva su mano al miembro de Lotán e
inicia a acariciarlo. Mi rostro se torna rojo y salgo corriendo.
Camino a mi camarote, cambio mi ropa y me acuesto. Tocan la puerta y
me levanto a abrir.
¡Es Rince borracho!
—¡Mi guerrera! —exclama mirándome lascivo.
—Rince, ¡aquí no! —Lo aparto y trato de alejarme de él.
—Solo dormiremos juntos.
Jala de mi brazo y me saca de la habitación. ¿Por qué está borracho? ¡No
se da cuenta que estamos rodeados! Destan se acerca y nos mira sin saber
qué decir.
—¡Solo vamos a dormir! —Mi cara está tan roja que apenas puedo
hablar. ¡Qué situación más embarazosa! ¿Por qué me tuve que encontrar
con Destan?
—Nada más quería saber si había llegado bien al camarote. Esta noche
iré a dormir con Morgana, pueden usar la habitación —comenta con tono
bufón y se ríe pícaramente.
—¡No es así! Nosotros no tenemos esa relación —digo avergonzada.
—¡Mi guerrera! —Alza la voz Rince, Destan se impresiona y ya no sé
dónde voy a meter mi rostro—. Destan nos dijo que podemos usar la
habitación, ¿qué esperas?
Destan estira otra sonrisa comprometedora y se aparta para que continúe
el camino hacia su recámara. Rince me eleva en sus brazos, dirigiéndose
hasta este.
¡Mañana no sé cómo voy a mirar a Destan! ¡Qué pena!
Rince me deja caer en la cama y se acuesta a mi lado.
—Rince, ¡quedamos que lo sucedió aquella noche, no volvería a pasar!
—comento molesta tratando de liberarme de sus brazos.
—Solo quiero dormir abrazado a ti —hace cara de puchero y tan débil
como soy, no puedo evitar querer complacerlo.
—¡Está bien! ¡Solo dormir! —Nos acostamos en la cama, me abraza por
detrás y me sujeta con sus manos las tetas—. ¡Rince!
—Solo estoy tocando, no haré más nada —dice acomodándose en mi
cuello.
Después de manosearme un poco se queda dormido, ¿qué haré con este
niño?
Estoy cansada, llevo muchos días preocupada por Morgana, por suerte ya
se encuentra bien. En cierto modo no me perdono haberla dejado sola con
Evan y los demás. Hay muchas cosas que no entiendo de Evan, cuando ella
estuvo en la Región de Grunao se preocupó por ella y dejó que me llevara a
Lorelei, y antes de iniciar esa gran catástrofe me dejó irme cuando podía
haberme matado. Puedo pensar que lo hizo para que acompañara a
Morgana, pero no cumple su objetivo si pensaba matarla.
—Mi guerrera, no pienses en más nada y duerme —balbucea Rince
somnoliento.
Capítulo 21: Parejas no Concebidas
***Destan***
Al aire fresco de la noche agudiza mis sentidos. Hacía tiempo que no sentía
esta encantadora y excitante sensación. En la cocina están teniendo una
fiesta caliente.
¡Estos niños prematuros que no saben controlarse!
Mi entrepierna me recuerda que yo también tengo hambre, sin embargo,
debo controlarme. No voy a tocar a otra mujer después de Morgana y ahora
no es el momento. Todavía no me ha perdonado por haberle quitado su
primera vez.
Rince se me acerca con una botella en la mano.
—Me dijeron que este es tu whisky favorito, ¿quieres un trago? —
comenta sonriendo.
Asiento con la cabeza, trae dos vasos y nos sirve para los dos. ¿Él va a
tomar? No recuerdo que él pudiese aguantar el alcohol.
—¿Vas a beber? —pregunto impresionado, despejando mis dudas.
—¿No debería? Carmín dijo que este es tu whisky favorito y que solo el
que lo tomara contigo se volvería tu amigo.
Me río y brindo con él para tomar un sorbo. Hacía años que no lo bebía y
sabe tan bien como siempre. Rince lo mira con recelo y se lo lleva de un
solo viaje para la boca.
—¡Ahh qué fuerte! Destan, de verdad…—Me abraza de repente con sus
orejas y mejillas rojas—. Y… y… yo nun...nnca heee to…ocado a
Morrrganaaa.
Esto es bastante divertido. Borracho como una uva, tal cual lo supuse. El
único que puede aguantar esa bebida a parte de mí relativamente es Evan.
—Ellaaa sieeeemmmpree fuueeeeee rararara, Lor…elei eraaa la úniiica
que se le aceee…rcaba, pee...ro aun así siemmempree aaanndaaba aalaejada
deetodos —ríe entrándole hipo—, yoootaaammmbiéntttengoaaaaalguuuien
queeee…aaaamoooo.
Sonríe como un tonto yéndose para los lados, no ha cambiado nada desde
que era niño. Sigue siendo el mismo y en cierto modo, eso me alegra.
—Esss mi guerrrrreraaa lloooronaaa, ¡Vooo…yyy...aaa...veeerlaa! —Da
la media vuelta y se va.
Tomo otro trago y disfruto la vista.
—¿Todavía recuerdas este whisky, Carmín? Esta vez espero que seas
valiente y no cometas los mismos errores. —Bebo otro sorbo con una
sonrisa dibujada en el rostro.
Debería ir a ver a Rince, me preocupa ese pequeño.
Cojo la botella y entro a los pasillos a buscarlo. En nuestra habitación no
se encuentra, ingreso a la de Lotán y Dzahui, y tampoco hay señales de él,
¿dónde se habrá metido?
—¡Miii guerrera! —Escucho gritar a Rince.
Me dirijo donde se encuentran los camarotes de las mujeres, ¿a quién
habrá buscado?
Alzo mi mirada y para mi sorpresa lleva sujetada a Titania de su mano.
—Destan, no es lo que te imaginas. —su cara de vergüenza lo dice todo.
—Dormiré esta noche con Morgana, pueden usar la habitación.
Rince la sujeta en brazos y se la lleva.
¿Acaso he envejecido? ¿Por qué soy el único que no tendrá fiesta esta
noche?
Pensándolo bien, Dzahui está durmiendo solo. Encojo mis brazos y me
dirijo al camarote de Morgana. Por lo menos los gritos de placer de estos
jóvenes me consolarán de mi abstinencia.
Llego al camarote de Morgana. No estoy seguro si debo entrar.
Libero un suspiro y golpeo la puerta.
—¿Sí?
—Soy yo, ¿puedo entrar?
Morgana quita el cerrojo dándome acceso, permitiéndome observar su
mirada. Aún quedan rastros de incomodidad.
Lleva una bata larga rosa clara y transparente, recogida en los hombros
con lazos en cada brazo. Su cabello está suelto y húmedo. Sus pezones se
marcan a través del vestido y no lleva más nada puesto debajo de él. Sus
mejillas están rojas, parece que acaba de tomar un baño.
—¿Estabas ocupada? —pregunto sonrojado y llevando mis manos a mi
entrepierna para cubrir a mi duro miembro.
¿Qué me pasa con esta mujer que pierdo el control de mis sentidos cada
vez que la veo?
Ella es mi pequeña. No debería tener estos sentimientos de bestia
incontrolable.
—Acabo de terminar de bañarme, ¿qué haces aquí? —demanda
tranquilamente sin dejarme entrar a la habitación.
¿Qué le responderé? No puedo decir que le presté mi habitación a Rince
y Titania para que hicieran sus cosas o que vine a ver si había una esperanza
de hacer fiesta nosotros esta noche.
—¿Puedo dormir aquí? —demando con ingenuidad y ella arquea una
ceja recorriendo mi mirada para ver si estoy mintiendo.
—Quedamos en que no dormiríamos más juntos —comenta seria,
impidiendo que entre.
—¿Puedes hacer una excepción hoy? —menciono casi suplicando y ella
me deja pasar finalmente.
—Sí, pero el piso será tu cama. —Me explica y me acuesto en la suya.
—He dormido mucho tiempo en el duro pavimento de la prisión. Quiero
descansar en una cama —hago rostro de dolor y tristeza. Lo siento, pero de
verdad no quiero tener que acostar mi cuerpo en el frío suelo.
—Está bien, pero solo dormiremos.
—¿Cuándo no hemos solo dormido? —susurro pícaramente. Trata de
ignorarme, pero seguro que me oyó ya que su rostro se sonroja.
¡Destan, debes controlarte! ¡No puedes comportarte como el mujeriego
que eras!
Se quita la ropa y me deja ver su cuerpo desnudo completamente. Su
hermosa piel blanca, sus finas curvas, sus pequeños y deliciosos senos. Me
excita como para hacerme perder el control. Mis ojos se fijan en sus
cicatrices que se encuentran prácticamente curadas.
¡Debo resistir! ¡Esto es una prueba de ella! Se me acerca y apaga la luz
dándome la espalda.
—Si sigues provocándome, no me controlaré —confieso sintiéndome con
más dolor en mi parte baja.
—No pensé que mi cuerpo causara esa reacción en ti —menciona con
voz seductora como si fuera de hierro.
Tu cuerpo es lo que más me hace perder la razón. ¡Solamente pensar que
este cuerpo solo ha sido manchado por mí, hace que mi miembro se ponga
tan duro, que quiera penetrarte hasta reventar!
Le abrazo pegando mi miembro contra su trasero, mi respiración queda
en su hombro y la suelto a propósito haciendo que libere un pequeño
gemido.
No me dejaré llevar por mis sentidos. ¡Solo dormiré esta noche!
Su dulce aroma hace que inicie a quedarme somnoliento.
Llevo días preocupado por ella. Sé que Evan no la iba a matar, sin
embargo, no debería haberla herido de esa manera. ¿Por qué lo hiciste,
Evan? ¿Acaso te estabas vengando de lo ocurrido hace diez años?
Me pongo boca arriba pensativo, esta tranquilidad me inquieta. Tengo
miedo de que algo malo vuelva a ocurrir.
Morgana se gira y se acurruca en mi pecho.
—¿Por qué regresaste por mí si me ibas a dejar? ¿Para qué me
alimentaste con tu sangre ahora?
Sé mejor que nadie la respuesta de esa pregunta, siempre lo he sabido,
pero lo he evitado. A veces me niego a reconocer mis propios sentimientos,
pero sé que ahora que hemos estado juntos en cuerpo y alma, me va a ser
más difícil seguirlos negando.
No quiero que nadie ni nada me vuelva a separar de ella, quiero que sea
única y exclusivamente mía. Este sentimiento de poseerla y que sea mi
mujer no ha desaparecido nunca, por muy mal que parezca, y lo peor es que
me domina haciéndome perder la poca lógica que tengo en la cabeza.
Beso su frente y me quedo dormido entrelazando mis manos en su
cabello.
***
—¡Por favor! ¡No vayas por ese camino! —grita Morgana despertándome.
Las pesadillas regresaron.
—Morgana, ¡despierta! —Toco su hombro tratando de que vuelva en sí.
—¡No!
Continúa gritando dormida. Tendré que morderla una vez más. No quiero
seguir bebiendo su sangre sin su permiso y en las condiciones de
abstinencia que me encuentro ahora, puedo perder el control con facilidad.
—¡Detente! —Toco su cabeza y se despierta asustada—. ¿Destan?
Me abraza y cuando le voy a corresponder el abrazo me aleja.
—¿Puedo beber tu sangre? —Alza sus ojos y los tienes rojos carmesíes.
Sabía que esto pasaría, le doy la mano, me la quita y se sienta arriba de
mí mirándome.
—Lo siento —dice cerca de mi cuello.
Entierra sus colmillos en lo más profundo de mi vena cava superior y
aguanto el gemido que se me escapa involuntariamente. Mueve sus caderas
arriba de mi miembro y beso sus senos que se encuentran al descubierto e
inhuma más profundo.
—Morgana, no voy a poder controlarme si sigues así —confieso con el
rostro sonrojado y el deseo de clavársela hasta que no pueda parar de gritar
me invade.
Continúa moviendo sus caderas arriba de mi miembro, desentierra sus
colmillos de mi cuello, pasa la lengua por los dos huecos que me dejó y
desciende con ella por todo mi pecho. Me quita la camisa que llevo puesta y
me baja los pantalones hasta quedar desnudo. Se acerca a mi entrepierna y
besa mi duro miembro. Lo toca con sus manos y me mira.
—¿Puedo tocarlo? —Sonríe maliciosamente. Agarro su cabeza y la
acerco a este.
—Trágatelo si quieres.
Lo mira lascivamente pasando su lengua por la cabeza y abre su boca
metiéndose hasta la mitad rápidamente, torturándome con la vista y las
sensaciones. Libero el gemido que tengo contenido desde hace rato, el cual
la inspira a entrar y sacar su boca mi polla. Después de hacerlo varias veces,
se acerca a mi rostro.
Su cara sonrojada poseída por la lujuria no tiene precio.
Me siento y la llevo hacia mí agarrándola por la espalda. Beso su boca
con delicadeza e introduzco mi lengua como una fiera hambrienta
escuchando pequeños gemidos provenientes de ella. Beso su cachete, su
cuello, sus senos y su hombro, me encanta repartirle besos.
Elevo mis caderas para girarla sobre la cama y quedar encima de ella.
Muerdo su seno derecho con delicadeza, pero con malicia mientras que mi
otra mano juega con su pezón izquierdo. Su rostro perdido en el placer me
tiene más excitado de lo que pensé. Bajo con mi lengua por el centro de su
estómago hasta su ombligo.
—¿Quieres más?
—Sí. —Admite su deseoso rostro cubriéndolo con sus palmas, quito sus
manos de la cara y las sujeto por detrás de su espalda.
—Déjame verte, no te cubras.
Sus ojos gélidos, sus labios y pómulos rojos por el placer, su voz agitada,
todas esas pequeñas cosas me excitan terriblemente. Bajo hasta llegar a su
entrepierna, le doy una pequeña mordida y vuelve a gemir de placer.
¡Puedo hacer esto toda la noche! Y estoy más que seguro que no me
cansaría de cada una de sus reacciones.
Libero sus brazos y junto a mis manos elevo su cintura hasta mi boca.
Paso mi lengua por la parte interna de su muslo y continúo mi recorrido
hasta llegar a su clítoris, donde muevo con vehemencia mi lengua a su
alrededor. Sus gemidos hacen eco en mis oídos y mi miembro se eleva a
más no poder. Sigo besando y succionando fuertemente.
—¡Destan! —grita gimiendo y me detengo.
—¿Qué deseas? —pregunto lleno de placer.
—A ti dentro —ordena con voz excitada.
Reviento de lujuria cumpliendo con su deseo.
La cargo para arriba de mis piernas, elevo sus caderas e introduzco mi
miembro. Es la segunda vez que lo hacemos y no quiero lastimarla.
Libera un gemido apasionado, llevo su boca a la mía y continúo
besándola.
—Destan.
Llevo mis manos a sus caderas y las muevo. Su interior es tan estrecho y
mojado que me hace penetrarla más profundo. Le tiro contra la cama, me
llevo sus piernas hasta mis hombros y me recuesto sobre ella para que entre
mejor.
La deseosa sensación de estar dentro de Morgana no tiene precio. Sus
gemidos en mi oído resuenan como una música celestial.
—¿Te duele? —pregunto antes de aumentar el ritmo, no quiero ser con
ella un canalla.
Niega con la cabeza e introduzco con más fuerza mi miembro en su
interior. Siento como sus paredes se contraen y la embisto con más ímpetu y
rapidez. Quiero seguir moviéndome y quedarme dentro de ella. No creo que
haya deseado tanto a una mujer como a Morgana. Sigo dando unas cuantas
embestidas más hasta que ella llega al orgasmo.
Delicioso, vente todo lo que quieras conmigo. Beso su frente, estoy cerca
de venirme. Agarro su cintura con mis manos y la aprieto con fuerza
cuando me libero dentro de ella.
Mi cara de lujuria y la suya no se comparan con nada en este momento.
Cuando pasa el momento de agitación me siento en la cama y llevo mis
manos a mi rostro.
¿Qué he hecho? ¿Dónde está mi autocontrol? ¿No dije que íbamos a
dormir? ¿Cómo es que he perdido la cabeza?
Morgana se levanta, se va a lavar y cuando regresa se sienta en mis
piernas y sujeta mis manos.
—Destan, ¿vamos a dormir? —Me da un casto beso en los labios.
—Morgana, necesito beber tu sangre. —Le confieso sonrojado. Me pasa
su mano y entierro mis colmillos en ella.
—¿Estuve teniendo pesadillas? —La miro sin apartar mi boca de su
mano—. Sé que bebes mi sangre cada vez que tengo pesadillas para retrasar
mi poder.
—Esta vez tengo hambre —expongo sonriendo. No es mentira, pero
tampoco es toda la verdad.
—Lo siento, no tienes que seguir responsabilizándote de mí. Necesito yo
misma aprender a controlar mis poderes. Ya crecí y no quiero ser una carga
para ti —comenta realizando una sonrisa forzada.
Libero su mano y la abrazo. ¿Cómo puedes pensar eso? ¿No te ha
quedado claro que para mí eres la más importante? ¿Que no me importa lo
que tenga que hacer para que estés a salvo?
—Para mí nunca has sido una carga —explico con seriedad y comienza a
llorar.
—Por mi culpa, perdiste diez años de tu vida encerrado, sufriendo y
observando cómo mataban a Carmín sin poder hacer nada. —Llora en mi
pecho y le paso la mano por su cabeza—. Nunca me perdonaré por olvidar
todo y haberte dejado solo.
—Mi pequeña, yo te forcé a hacerlo. Era lo correcto a hacer —sus ojos
me miran llorosos—. Tú eres la única luz en mi mundo y no permitiré que
nadie te dañe jamás.
Beso sus labios con amor. Definitivamente es la única persona por la que
caigo rendido, pero no es para menos decir que nunca dejaré que nadie le
haga daño así tenga que dar mi vida.
—Destan, ¿tú me quieres? —pregunta con su cara entre mis manos.
—Te quiero, Morgana. Siempre lo he hecho y siempre lo haré.
Pues sí, lo dije en voz alta. Ni yo mismo me creo que le haya dicho eso.
Probablemente los dos necesitamos escucharlo. No quiero decirlo de nuevo,
pero deseo que ella sienta que la voy a cuidar y velar por ella.
Le abrazo atrayéndola hasta mi pecho para que duerma sobre él.
—Vamos a dormir, todavía queda un extenuante viaje para llegar a
Duffeham.
—¿Quién es Eleazar?
—Él es un viejo amigo. Lo conocí cuando iba a Midgard a verte —
explico sin dificultad, me siento extremadamente cómodo en este momento
con Morgana—. Antiguamente formaba parte de una tribu de elfos de
Dunem, pero después que la familia de Geirröd subió al mando, desapareció
de Midgard para evitar conflictos.
—Yo tuve una amiga después de que muriera mi madre llamada Meiga,
ella era de una tribu de hadas. —Me cuenta haciendo un círculo en mi
pecho con su dedo.
—Vamos a dormir, es tarde.
—No quiero dormir, esta es la primera vez que puedo analizar y hablar
las cosas contigo como adultos. No quiero que este momento desaparezca.
—Menciona levantándose de mi pecho para mirarme.
—No va a desaparecer. Prometo que será así a partir de ahora. —La
abrazo y nos quedamos dormidos.
***Titania***
Despierto en los brazos de Rince. Todavía no logro olvidar la cara de
Destan sorprendido. Debería irme a vestir antes de que se den cuenta que no
pasé la noche en mi camarote. Me levanto de la cama.
—¿A dónde vas? —Me sujeta Rince por mi vestido todavía somnoliento.
—¡Suéltame! —grito queriendo hablar en voz baja y su mirada cómplice
me hace reír—. Debo irme.
—¿Por qué? —¿Cómo que por qué? ¡Niño, esto no es correcto!
—Porque pasamos la noche juntos y, eso, ¡está mal! —Se sienta en la
cama mirándome fijamente.
—¿Por qué está mal? Ya no soy el Príncipe de Hel y tú ya no eres mi
subordinada. —Me agarra de mi cintura llevándola hacia él, provocando
que mi rostro se sonroje.
—Rince, tú estás comprometido con Nerissa, esto no es correcto —hace
una mirada de cachorro abandonado. No puedo tambalearme, no es
momento de eso—. Aquella noche fue un error.
—Para ti fue un error, en cambio para mí, fue la mejor noche de mi vida.
Mis mejillas quieren explotar y se echa a reír.
¡Está jugando conmigo! No es un secreto para nadie que los Príncipes de
Hel son unos mujeriegos.
—Rince, no juegues conmigo.
Me levanto enojada y lo dejo en la cama.
Salgo del camarote y me dirijo hacia el baño a refrescarme. Está cerca de
salir el sol. Todavía es temprano, no creo que haya alguien más despierto.
Me desnudo y entro a sentir el agua fría de la ducha. ¿Cómo pude caer en
las garras de Rince?
Todo sucedió hace dos años mientras íbamos en una misión a
Muspelheim. Esta consistía en entrar a una casa de subastas para comprar
unas armas especiales. Rince y yo fingimos ser pareja esa noche, algo que
ya había hecho con anterioridad con otros compañeros. Después de comprar
las armas, fuimos a celebrar la victoria y bebí más de la cuenta.
Nos acostamos ese día.
Pensé que Rince lo había olvidado por completo debido al alcohol, pero
nunca estuve más equivocada. Por más que lo evito, se mete en mi
habitación, me sigue a todos lados y cuando se me acerca un hombre actúa
como un marido celoso.
¡Ya no sé qué hacer para quitármelo de encima! Al principio tenía miedo
de que el Archiduque supiese de nuestro incidente, después fui poco a poco
olvidando aquella noche, pero me descuidé y volví a acostarme con él hace
un año.
Ese día estábamos sobrios, lo hice por voluntad propia. Acudí a él y
sucedió.
¡Lo disfruté demasiado! ¡Es un dios del placer! Pero las cosas han
cambiado y no puedo volver atrás. Nerissa y él están comprometidos, por lo
que no quiero causar problemas innecesarios.
Salgo de la ducha y me envuelvo en la toalla.
Cuando llego al cuarto, Nerissa estaba dormida. Me visto con unos
pantalones largos grises, una camiseta negra y unas botas carmelitas. Debo
comprarme ropa cuando lleguemos, casi todas son de entrenamiento.
—En serio eres madrugadora. ¿Vas a entrenar? —pregunta Nerissa
levantándose.
—No, es la única ropa que traje. Cuando lleguemos compraré ropa
diferente.
—Lotán debe estar haciendo el desayuno —contesta somnolienta—. Si
vas a subir a ayudar, dile que ahora voy.
Después de su indiscreción en la cocina, ¿tiene cara para regresar ahí?
Desde luego que sí, pero yo no, así que tendré que buscar un método para
evitarlo.
—Pasaré primero a buscar a Morgana. —Se acuesta de nuevo y
abandono la habitación.
Escucho a Dzahui y Lotán entrenando en la parte superior del barco. Las
viejas costumbres nunca se pierden.
Me detengo frente a la habitación de Morgana y entro sin acordarme que
Destan dijo que dormiría aquí. Cuando abro la puerta, veo el reguero de
ropa de los dos en el suelo. Morgana y Destan están desnudos en la cama,
con una sábana blanca que cubre la parte baja de la cintura de Destan.
Ella está profundamente dormida en el pecho de él, mientras este la
abraza dormido.
Mi pregunta es, ¿qué haré ahora?
Grurea gruñe y Destan despierta.
—¿Dormiste bien? —Destan me observa con rostro de picardía mientras
se repone en la cama.
—A diferencia de ti, solo dormí —contesto impulsivamente
arrepintiéndome en el acto—. Destan, sobre lo que viste anoche…
—No me tienes que explicar nada. —Le acaricia el cabello a Morgana
con amor. Ella todavía está dormida—. Yo no soy el padre de Rince, solo
su hermano y apoyo cualquiera que sea su decisión.
Me sonríe y le devuelvo una sonrisa apenada.
Estoy embelesada mirando a Destan y Morgana tan íntimos y cariñosos.
Es un extraño sentimiento.
—Ahora como podrás entender, estoy desnudo. Si no sales de la
habitación, no podré vestirme.
Me avergüenzo por un momento. ¡Se me había olvidado ese gran detalle!
Salgo corriendo y cierro la puerta.
Destan aparece al poco rato.
—Morgana ya está despierta. Nos vemos arriba.
Destan camina directo a las escaleras para subir a estribor y entro a la
habitación sonrojada. ¡Ya van dos veces que me pasa algo vergonzoso con
Destan!
—Buenos días, Titania —saluda con una sonrisa de oreja a oreja. Al
parecer, alguien tuvo una buena noche.
—¡No me vengas con “buenos días, Titania”! ¿Qué le pasó a tu gran
molestia con Destan? —Me siento en la cama intrigada.
—Desapareció. No puedo estar molesta con él —Se encoje de hombros
—. Cuando estoy entre sus brazos, pierdo mis sentidos.
¡Espera un momento! ¿Por qué ese sentimiento me suena conocido?
—Anoche vino y no pude rechazarlo. —Cada vez me siento más
identificada—. Cuando estoy con él, me siento cómoda y protegida.
¡No lo puedo creer! ¡Yo me siento así con Rince! ¡Debe ser una
maldición de familia!
—No sabría decirte si es amor lo que siento por él, pero sé que quiero ser
suya. Quiero que devore cada centímetro de mí. Cuando estoy con él, no
necesito nada más. —Termina de hablar y se le sonrojan las mejillas. ¡Yo no
estoy enamorada de Rince! ¡Eso es imposible!
—¿Titania, estás bien? Estás un poco pálida —pregunta levantándose de
la cama.
—¡Sí! Solo sorprendida por tu reacción. Tenemos que apresurarnos. —
Morgana me mira sin entender y se va a vestir. Se pone un vestido ceñido a
su cuerpo color crema corto.
—Cuando Destan te vea en ese vestido, no lo verás más nunca. En
estribor hace aire, deberías ponerte otra cosa.
Me mira molesta y se pone un pantalón de hilo blanco, con una camisa de
mangas largas a juego y hace de su cabello una coleta. Se nota un poco
elegante, pero a ninguno de nosotros nos molesta.
Subimos para desayunar y nos sentamos a la mesa. Esta vez Destan se
sentó en la punta para quedarse al lado de Morgana.
Lotán sirve el desayuno mientras sigo envuelta en mis pensamientos. ¡No
puedo estar enamorada de él! ¡No es lo mismo! ¡Definitivamente es una
maldición de hermanos!
Destan levanta su vista y se me queda mirando.
—Destan, ¿sucede algo? —lo miro extrañada. Juro que no he hecho nada
otra vez.
—¿Por qué una maldición de hermanos? —¡oh rayos! ¡Se me había
olvidado de que él puede leer los pensamientos de los demás!
Todos se me quedan mirando, esperando una respuesta debido a la
pregunta de Destan. ¡Mierda!
Puedo notar cómo está gozando con mi reacción. ¿Qué he dicho? ¡Dios
mío!
—¿Qué pasa? —demanda Morgana inocentemente. ¡Tú eres la culpable
de confundirme esta mañana con tus sentimientos por Destan!
—¿Qué dijo Morgana de mí? —Sigue preguntando, como si
estuviéramos teniendo una conversación normal.
—Destan, sé que lo haces inconscientemente, pero no deberías leer los
pensamientos de los demás —interviene Rince desconcertado. ¡Tú eres el
mayor culpable! ¡No te hagas el desorbitado ahora!
—Normalmente no me meto en ellos, pero dijo algo interesante y no me
pude resistir —comenta bromeando sin poder dejar de reírse.
—¿Destan lee los pensamientos? —Nerissa cuestiona mirándolo con
molestia.
—Sí, puede leer los pensamientos y comunicarse a través de ellos,
además de que tiene sus sentidos agudizados para todo lo que tiene que ver
con conductas inapropiadas —contesta Morgana con normalidad.
—¿Conductas inapropiadas? —interroga Nerissa con rostro de
preocupación y con cierta vergüenza en su rostro.
—Disfruto los gritos de placer y sufrimiento de los demás, puedo
escucharlos desde cualquier distancia. —Le responde Destan con
naturalidad y Nerissa se atraganta con un bocado del pan. Doy ligeros
golpes en su espalda.
—¿Estás bien? —Ella asiente con la cabeza. Sí, es lo que estás
imaginando, él te escuchó anoche sin dudas.
—No tienen de qué preocuparse, pueden hacer sus cosas que yo no los
voy a molestar —informa dirigiéndonos la mirada a los dos.
¡Cómo puede decir eso con esa facilidad! ¿Dónde está su moral? ¿Cómo
lo podré hacer ahora sabiendo que me podrías escuchar gemir?
Alzo mi mirada y veo a Destan moviendo su cabeza con falsa decepción
sin poder controlar su risa. ¡Mierda! Sigue escuchando lo que estoy
pensando. ¡Destan, por favor, no me tortures más!
—Titania en cierto modo me recuerda a Carmín. Sus personalidades son
parecidas. —Destan sonríe y acaricia el cabello de Morgana como una
reliquia.
—Tienes razón. Ahora que puedo recordar bien todo, se parecen en el
carácter —afirma sonriendo con amabilidad y amor. ¿Dónde quedaron los
celos y los dramas de ayer?
—Rince, ¿solo trajiste una botella? —Destan le pregunta a Rince
sacándome del tema.
—No, Carmín te mandó una caja. Dijo que no te la tomaras toda de una
sola vez —explica con sinceridad.
Se levanta y busca la caja para dársela a Destan. —Aquí tienes.
—¿Sigues tomando este whisky? —Lo huele Morgana y se sirve un
trago. Destan lo sostiene antes que pueda beberlo.
—Tú no, con un borracho tenemos suficiente —comenta Destan mirando
a Rince.
—Yo tengo buena resistencia bebiendo —contesta Morgana y Destan la
mira dudoso.
—Odio darle la razón a Morgana, pero es cierto —interviene Nerissa
haciendo una mueca de mal humor en el rostro—. Nunca se la ha visto
borracha.
Morgana le saca la lengua a Destan infantilmente y bebe el trago con
normalidad.
—No lo siento tan fuerte, ¿cómo es que terminaste borracho? Las veces
que salí a beber con Saruman tampoco se emborrachó. —Destan le clava
los ojos mientras Morgana se sirve otro trago.
—Destan y Saruman son las únicas personas que conozco que tienen
resistencia a ese alcohol. —Le explica Rince agachando la cabeza como un
cachorro—. Esa bebida tiene noventa y dos grados ¡Cualquier persona
normal al olerla se emborracharía! ¡Yo resistí dos veces! —expresa
orgulloso.
Morgana sigue bebiendo con tranquilidad. Destan la mira con recelo y le
quita la botella.
—¿En qué momento salías con Saruman? —pregunta con celos. ¿Se
detendrán en algún momento?
—Por las noches me llevaba a comer fuera del palacio y después
bebíamos —menciona con tranquilidad mientras bebe otro vaso.
—Voy a intentarlo. —Anuncia Nerissa y se bebe el vaso de Morgana. Sus
mejillas se tornan rojas y comienza a desvestirse.
—Supongo que alguien se acaloró. —Se burla Lotán viendo el
espectáculo que comienza a formar Nerissa.
¿Qué no has visto ya de ella? Nerissa se lleva su mano a su boca por las
náuseas y sale corriendo. Lotán la persigue.
Yo también quiero intentarlo por lo que me sirvo un vaso.
—A ti no te toca. —Me quita Rince el vaso y los demás se ríen—. Si
Destan quiere dejar a Morgana beber, su problema. Tú te transformas en
otra persona cuando bebes.
No tengo ganas de discutir delante de tantas personas con él, porque bien
podría recordarle lo que hizo anoche.
—Aunque estoy sorprendido de que Morgana esté sobria después de
beber tanto. —La miramos. Tiene razón, Nerissa y Rince después del
primer vaso ya habían perdido la razón.
Destan agarra su mano y la acaricia, y Morgana le sonríe.
¡Estoy atónita con estos dos! ¿Qué es esta aura romántica a su alrededor?
—Debe ser porque Destan es inmune a ellas —responde Morgana
bebiendo el último sorbo.
—¿Y eso qué tiene que ver? —pregunta Dzahui cruzando sus brazos
pensando si él también beberá.
Rince pone su mano sobre su hombro y le susurra unas palabras al oído.
Dzahui asiente, mira a Destan y este asienta también.
¿Qué está sucediendo?
—No entiendo —digo incómoda después de observar todo el intercambio
de miradas que llevan.
—Yo he alimentado a Morgana con mi sangre desde pequeña —contesta
Destan finalmente después de molestarme a más no poder.
¡Ahora entiendo! Debe haber creado cierta inmunidad gracias a la sangre
de Destan.
—¿Entonces cuando la envenené aquella vez porque se desmayó? —
Dzahui y Rince abren los ojos como platos. ¡Mierda! Ellos no están al tanto
de esa situación.
—Ahora que mencionaste ese tema. —Destan me mira aterradoramente
cruzando sus manos—. Casi la matas ese día; si llegaba a ser otra persona,
hubiese muerto.
—¡Destan! —Le grita Morgana golpeando la mesa—. No regañes a
Titania. Yo le pedí que lo hiciera.
Su mirada cambia por una tierna y amorosa. ¡Estoy empezando a odiar
esto!
—Titania, vamos a entrenar. —Me pide Morgana levantándose de la
mesa con entusiasmo.
—¡Claro que no! ¡Tienes dos grandes heridas! —alzo la voz preocupada.
—Ya se curaron. ¿No las viste esta mañana? —comenta inocente.
—¡Eso es imposible! ¡Esas heridas tardan meses en sanar! —respondo
sorprendida negando con la cabeza.
Morgana levanta su blusa y solo queda una fina cicatriz.
¿Qué ocurrió? Miro a Destan molesta y se encoge de hombros.
—Antes de que las chicas empiecen, ¿podemos ejercitarnos nosotros? —
mira Rince a Destan.
—¡Sí, háganlo! —Los ojos de Morgana brillan. ¡Cómo deben andar esos
pensamientos!
—¿Acaso quieres vernos desnudos a los dos? —Intuye Destan
pícaramente, despeinando el cabello de Morgana.
—Puede ser. —Le contesta sonrojada, cubriéndose la cara con las manos.
Destan se echa a reír y ambos se levantan.
¡Esta es una buena oportunidad para ver a Destan luchar! ¡Y no por la
razón que quiere Morgana!
Rince trae dos espadas de madera y ambos se quitan las camisas.
¡Morgana tiene razón! Son dos dioses de la belleza. Destan tiene algunas
cicatrices profundas, pero está tonificado. Cada músculo está
irreprochablemente incorporado en cada región de su cuerpo; tiene unos
hombros anchos y una figura de hombre maduro que cualquiera babea. Por
no hablar de esa entrada que lleva hasta su entrepierna. Definitivamente,
alguien se llevó el premio gordo.
Rince se ve más joven, pero su cuerpo no se queda atrás.
Después de todo, vamos a disfrutar esto.
—¿Quién crees que gane? —pregunto sin perder un minuto de la pelea.
—Destan —responden Dzahui y Morgana a la vez.
—¿Dzahui, tú también?
—Las mejores batallas y récords de la Guardia Oscura las tiene Destan
—comenta con orgullo—. Acabará con él en dos segundos.
—Nunca he visto perder a Destan —menciona Morgana con seguridad.
Mi pobre niño. ¿Cómo puedo decir mi pobre niño? ¡Estoy
enloqueciendo!
Destan y Rince comienzan a luchar. Rince lanza unos cuantos puñetazos,
y Destan los esquiva sin hacer gran esfuerzo. Este lo ataca con la espada,
pero apenas Destan se molesta en tomar los golpes. Destan levanta su mano
derecha y, con un solo golpe, lo tira hacia el piso partiéndole la mandíbula.
Destan corre a ayudarlo. Rince sonríe y se levanta.
—En serio eres fuerte. —Morgana se levanta del asiento, sus ojos se
tornaron rojos carmesíes, y tiene la espada de manera en su mano.
—Destan. —Este acentúa sus ojos y aparta a Rince.
—Ven. —Le ordena Destan. Morgana desaparece y comienza a luchar
con él.
Destan comienza a luchar en serio y contraataca sus golpes. Sus
movimientos son tan rápidos que apenas puedo divisarlos. Morgana lo hace
retroceder varias veces sin dejarle tiempo para hacer ataques estratégicos.
Por suerte, no han lanzado ningún conjuro porque de ser así ya estaríamos
en el agua.
¿En qué momento se volvió tan poderosa?
Destan ve una oportunidad y le da por detrás de la nuca, haciéndola
desmayar para terminar cargándola en brazos.
—El entrenamiento terminó. —Nos dice sonriendo y se la lleva en
brazos.
—No entiendo qué sucedió.
—Su sed de asesinar —responde Lotán subiendo las escaleras y lo miro
sorprendida—. No debes olvidar que ella es un Turoth y después de la pelea
en Numore, no ha matado más. Los Turoth, cuando tienen hambre, se
vuelven asesinos natos.
Tiene razón, ella es un Turoth y su sed de asesinar la hace
extremadamente poderosa.
Dzahui llega con hielo para ponerle a Rince en la mandíbula.
—Morgana no tiene actualmente control sobre ella. —Me explica Rince
poniéndose el hielo—. Hace dos meses que despertó de sus poderes y han
sucedido todas estas cosas.
Realiza una mueca por el dolor. Ese golpe debe haberle dolido. Lo tiene
bastante negro y todavía gotea sangre.
—Debe estarlo pasando mal, Saruman me contó que Destan destruyó una
ciudad cuando enloqueció una vez.
—¿Te refieres a la ciudad de Owiris? —pregunta Dzahui ayudándolo a
levantarse.
—Sí, nadie sabe lo que pasó, ya que todos los registros fueron quemados.
Pero si de algo podemos estar seguros, es que Destan es endemoniadamente
fuerte. —Su rostro se tensa mientras camina cerca de nosotros—. Y según
dice el mismo Destan, Morgana tiene un poder mayor al de él.
—Yo confío en Morgana. Ella ha demostrado ser una persona diferente
—menciona Dzahui con confianza mirando a Rince.
—No tenemos por qué temerle, Destan la controlará en caso de que
enloquezca. Y, viendo como él la trata, es improbable que eso ocurra. —
Expresa Lotán con seguridad llevando sus manos los bolsillos.
—¿Cómo sigue Nerissa? —pregunto tratando de cambiar el tema.
—La dejé acostada —menciona con normalidad y lo miro buscando
información—. Conozco a Nerissa desde hace cinco años, solíamos ir al
mismo templo a orar y nos hicimos amigos. —¿Amigos, dices? ¿Los
amigos normales para ti hacen indiscreciones en la cocina?
—Titania, ¿no tenías en tu habitación un ungüento para las heridas? —
demanda Rince sacándome de mis pensamientos.
—Sí.
—Tráemelo a mi cuarto. El puñetazo de Destan es el golpe que más me
ha dolido en mi vida.
Todos nos reímos mirándolo con lástima.
—¿Quién te manda a querer entrenar con él? —digo para molestarlo.
Rince y yo nos dirigimos a mi camarote a buscar su medicina.
Nerissa está dormida. Entramos en silencio, tomo el medicamento y
seguimos para su camarote. Se sienta en su cama y me acerco a su rostro
para echarle el ungüento.
—Siempre podemos hacer lo que hacen Destan y Morgana —observa
lascivamente mi cuerpo.
—¡No me voy a acostar contigo! —alzo la voz nerviosa—. ¡Y menos
ahora que sé que Destan me puede escuchar!
—No me refiero a eso. —Toma mi mano, abre su boca y de esta salen
dos colmillos—. ¿Puedo morderte?
Me mira con esos ojos tornados rojos vivo provocando que una
excitación recorra mi cuerpo. Nunca hemos hecho esto antes y no sé qué
hacer.
—Nunca he hecho eso —desvío la mirada avergonzada.
Atrapa mi rostro con sus manos para que mire como sumerge con
suavidad sus colmillos en mi muñeca. Su indecente mirada me provoca y
siento un escalofrío de placer después que entran complemente, logrando
que se me escape un gemido. Mis ojos se desvían hacia su miembro, el cual
comienza a crecer después de escuchar mi gemido. Esa sensación de que
beba mi sangre hace que quiera que esté dentro. Su mano baja hacia mi
cintura y hace que me siente sobre su palpitante miembro liberando otro
gemido.
¡Qué deliciosa sensación! Su sonrisa perversa me hace sonrojar, intento
levantarme y hace presión de mi cuerpo contra el suyo. Levanta mi
camiseta y besa mis senos.
—Rince —digo entrecortado y me observa con ojos perversos.
—¿No puedo? —Su rostro excitado me hace asentir y clamar su nombre
a su oído. Introduce mis pezones en su boca y comienza a darles vuelta con
la lengua.
—Rince —vuelvo a chillar su nombre en su oído y las palpitaciones de
su miembro aumentan.
Sé que estoy empezando a mojarme y él, sin perder tiempo, baja su mano
para liberar su miembro de su pantalón, llevando mis manos a este también.
—Tócalo. —Me ordena con voz seductora y con ciertos nervios lo toco.
Comienzo a hacerlo e introduce sus colmillos cerca de mi clavícula.
¡Por favor, no me atormentes con esta lujuria y deseo! El golpe de su
mandíbula desaparece, quita mis manos de su miembro, se sube el pantalón
y baja mi blusa con normalidad.
—¿Qué haces? —pregunto atónita y decepcionada mientras él se limita a
mirarme riéndose.
—Ya terminé, ¿no dijiste que no lo haríamos?
Me levanto molesta y me dirijo a la puerta. ¿Quién se ha creído para
provocarme así y desaparecer?
—¿A dónde vas? —Me presiona de espaldas contra la puerta haciéndome
sentir su polla contra mi trasero.
—Me voy —digo humillada aguantando el deseo de besarlo y dejar que
me consuma.
—No sin antes sentirme de verdad.
Me baja el pantalón y me introduce dos dedos con fuerza dentro de mi
vagina.
—Estás mojada —susurra en mi oído haciendo que me excite aún más.
¡Este hombre está haciéndome perder el control sobre mí! Comienza a
mover sus dedos en círculos dentro de mi núcleo y la dulce sensación me
hace arquearme para darle una mejor entrada. Rince cumple con mis deseos
ocultos y me penetra con fervor. Por mis piernas corren mis fluidos de
placer.
—¿Me detengo? —susurra y se detiene. ¿Me va a hacer pedirle que siga?
—. ¿Qué hago?
Trato de moverme y me detiene con sus manos, jalando mi cabello hacia
él.
—Si quieres que siga, tienes que pedírmelo.
El vacío que me deja hace que me mueva pidiéndole más. Tengo el juicio
nublado por la excitación.
—Quiero que sigas —admito perdiendo el control de mi lujuria.
—Sus deseos son órdenes. —Ríe perverso para continuar penetrándome
con fervor.
No puedo controlar los gemidos que salen sin controlar de mi garganta;
sus manos sobre mi trasero dando ligeros toques; mis pezones duros siendo
presionados contra la puerta debido a sus embestidas; su aliento en mi
espalda; todo lo que hace, me vuelve loca.
Mis fluidos corren sin control haciéndome tambalear del placer. No
quiero que se detenga.
¡Cómo extrañaba esta sensación! Rince saca su miembro y se viene sobre
mi espalda.
Lo miro con molestia, ¿cómo se supone que me limpie?
Sale de la habitación y se dirige hacia el baño.
—Lo siento, cuando Morgana y Destan salgan del baño te llevaré a
limpiar —explica con rostro de inocencia.
—¡Busca agua en la cocina entonces! —exijo molesta sin poderme
mover.
Rince sale por la puerta en busca de algo con que limpiarme y me
acuesto en su cama. Su aroma está por todos lados y mis mejillas se
sonrojan después de sentirlo.
¿Qué estoy haciendo?
Capítulo 22: Travesía en Altamar
***Morgana***
Abro mis ojos y estoy acostada en mi cama. ¿En qué momento llegué a
aquí? ¿Dónde está Destan?
Escucho el grifo de la ducha abierta y me dirijo hacia el baño. Mi
escultural dios del caos se está dando un baño. Me desnudo y entro a la
ducha con él. Lo abrazo por detrás y cubro sus ojos, pegando mis senos a su
espalda y provocando que se ría.
—¿Cómo sabes que soy yo? —pregunto sonriendo, quitándole las manos,
las cuales él sujeta.
—¿Quién sería entonces? —Se gira y nos damos un apasionado beso.
Todo está sucediendo tan rápido que apenas puedo entenderlo, pero estoy
disfrutando de este momento y no quiero pensar en nada más.
—¿Desde cuándo sabes lo de Titania y Rince? —Le demando mientras
enjabona mi cuerpo, él arquea la ceja y me mira atónito—. Te escuché
hablar esta mañana sobre ello cuando entró Titania a la habitación.
—¿Y no estás molesta? —Me cuestiona mientras enjabono ahora su
cuerpo.
—No, ya te expliqué que no tenía esos sentimientos hacia él. Si tenía que
elegir entre Saruman y Rince, lo prefiero a él. —Le contesto sincera
dándole un beso en la mejilla.
—Entiendo, ¿tanto odias a Saruman?
—Antes sí, pero ahora no. —Le sonrío para enjuagarnos juntos, y se me
ocurre una alocada idea—. Destan, quiero intentar escuchar tus sentidos.
—¿A qué te refieres? —se me queda mirando para escuchar mi plan.
—Dijiste que podías escuchar los gritos de placer —asiente y ríe
malévolo—. Sé que con otra persona no te sería posible, pero yo he bebido
suficiente sangre tuya como para que me permitas escuchar con tus poderes.
—Entiendo —en su rostro hay pura perversión—. Ahora es buen
momento.
Me acerca su mano para que la muerda y bebo un poco de su sangre,
cuando termino levanto mi cabeza y él lleva sus manos a mis oídos para
cubrirlos.
—Cierra los ojos y escucharás lo mismo que yo.
Hago lo que me dice. Oigo a Lotán y Dzahui discutiendo en la cocina.
Nerissa sigue durmiendo en su habitación y Titania está en el cuarto de
Rince.
¡Escucho los gemidos ahogados de Titania!
Su voz excitada resuena en mi tímpano haciendo que mi vagina se
humedezca. ¡Rince y Titania están teniendo sexo ahora! Mis mejillas se
acaloran y se tornan rojas.
—Si te sigues poniendo así, te penetraré aquí mismo.
Después de escuchar esas palabras, mis pezones se ponen duros y mi
entrada se comienza a mojar. Destan quita sus manos de mis oídos y dejo de
escucharlos. Hago un rostro de decepción, ya que me gusta lo morboso y
loco que estamos haciendo.
—¿Acaso quieres hacerlo mientras los escuchas a ellos? —Ni siquiera sé
qué responder, pero sé que la idea me excita demasiado y Destan lo sabe.
Me carga y envuelvo mis piernas alrededor de su cintura. Me empuja
contra la pared y muerde mi cuello. Mis estímulos se agudizan haciéndome
escuchar con más facilidad y claridad. Los gimoteos de Titania y Rince
resuenan en mi cabeza, el miembro de Destan está contra mi vagina
moviéndose y causa que libere una súplica de placer. Tengo emociones
placenteras regadas por todo el cuerpo.
—No sabía que te gustaba espiar a otros. —¡Yo tampoco! Pero no puedo
evitar las sensaciones que me provoca.
Libera sus colmillos e introduce su miembro dentro de mi vagina con
suavidad. Es como ser golpeada por ambos lugares. La mordida en mi
cuello y su polla dentro de mí, hacen que reciba reacciones nerviosas de
ambas partes de mi cuerpo, permitiendo que me empape todavía más. A
medida que Destan se mueve ocasiona que mis sollozos y los de Titania
estén a la par. Es extraño sentirme excitada respecto a eso, pero no puedo
evitar lo bien que se siente.
Destan me golpea con fuerza y mis piernas quieren cederle el control,
pero él me presiona contra la pared para que resista a sus furiosas
embestidas.
—Me estoy viniendo —digo con voz seductora en su oído y este se
sonroja.
Si tú puedes jugar, yo también. Destan sonríe y me la saca girándome de
espaldas, pegando mi cuerpo contra la pared.
—Con esta posición, estás de la misma manera de tu amiga. —Mi cara se
torna muy roja aumentando mi morbo a su máximo nivel—. Así lo
disfrutarás como ella.
Me penetra con dureza y agarra mis manos detrás de mi espalda. Chillo
de placer descontroladamente, haciendo eco en toda la habitación y no
puedo parar de imaginarme a Rince y Titania en esta posición, mientras sus
gemidos siguen explotando en mi cabeza. Estoy tan mojada que sé que
estoy al borde del clímax. Destan me sigue embistiendo con fortaleza. ¡Si
sigue así no creo poder continuar de pie!
—Voy a venirme dentro de ti —dice al oído provocando que pierda el
control sobre mi cuerpo.
Siento el calor de su semen dentro de mi vagina. Se vino adentro. ¿Se
vino dentro?
—¡Destan! ¿Qué harás si termino embarazada? —Se ríe abriendo la pila
del grifo—. ¡No te rías! No vuelvas a hacerlo.
Me jala por el brazo para meterme con él bajo la ducha.
—Tendremos un niño si eso llegase a suceder —mi rostro se torna rojo
debido a sus palabras.
—Destan, solo hace un mes y medio que nos vemos. No quiero acelerar
las cosas y que terminen mal —menciono preocupada abrazándolo.
—Todo va a estar bien, yo te voy a hacer la mujer más feliz del mundo.
No puedo evitar sonreír como una tonta a causa de sus palabras. Los
gemidos de Titania y Rince pararon. Nerissa sigue durmiendo y Lotán
cocina mientras piensa en ella. Eso no me lo esperaba.
—¿Cuánto tiempo dura el efecto de poder escuchar a los demás? —
pregunto mientras me alcanza la toalla.
—No lo sé, eres la primera persona con la que lo intento —explica
sorprendido y su rostro se torna pervertido—. ¿Quieres seguir escuchando a
los demás?
Mis mejillas se enrojecen. ¿Qué me pasa? ¿Cómo puedo ser tan
pervertida?
—No. Solo preguntaba. —Evado su mirada metiéndome bajo la ducha—.
¿Siempre estás escuchando a los demás?
—No. Antes no lograba controlarlo bien, sin embargo, ya a esta edad
puedo evitar oír. No obstante, siempre que haya algo que amplifique mi
poder, intento aceptarlo.
—¿O sea que a ti también te gusta espiar a los demás? —sonrío y se
sonroja.
—No es así, me acostumbré. —Pone los ojos en blanco dándome la
espalda.
—Sí, está bien. —Le digo irónica y Destan comienza a perseguirme por
el baño mientras nos reímos juntos.
Nuestro juego de niños se vio interrumpido cuando Rince toca la puerta.
—Disculpen interrumpirlos —nos habla apenado del otro lado de la
puerta—. Necesito usar el baño.
—Lo sabemos —contesto inconsciente y Destan se echa a reír. ¡Necesito
controlarme!
—¿Qué? —Rince demanda atónito sin entender. ¡Pues claro! ¿Cómo le
digo que acabo de escuchar todo lo que hicieron y que encima follé con
Destan escuchándolos?
—Ya salimos —respondo avergonzada.
Mis risas se vieron suspendidas por una gran explosión en el cielo.
Nos vestimos corriendo para ver qué había ocurrido. El cielo es negro y
fragmentos grandes de tierra caen de él.
—¿Qué es eso? —pregunta Dzahui asustado.
—Erelim, ven. —Le grita Destan y Erelim se transforma.
—Voy contigo. La dirección en la que ocurrió la explosión es Asgard —
comento tensa tratando de no pensar lo peor.
—Lo sé. —Subo con Destan, Grurea va en la cabeza de Erelim.
—¿Evan alguna vez te contó si pensaba destruir Asgard? —pregunto y él
evade responder.
Mis instintos no estaban equivocados. Evan destruyó Asgard. Lo único
que quedó es el Palacio de la Luz, donde duerme la cripta en su interior.
—No pensé que se atrevieran a aparecer. —Nos menciona Geirröd
volando en el cielo con sus enormes alas. Mi rostro se tensa, Destan sujeta
mi mano.
—Déjalos, Geirröd. —Aparece Evan montando su pegaso—. Veo que ya
estás curada. —Su mirada se fija en mí y comienzo a temblar.
—¿Por qué destruiste Asgard? —pregunto a Evan sacando mi perdida
voz del fondo de mi garganta.
—¿Qué harás con la respuesta a esa pregunta? —Evan contesta
observando a Destan.
—Morgana. —Destan aprieta mi mano—. ¿Vas a sellar Asgard?
Evan sonríe.
—“Mi querido hermano, tú soñabas con destruir este lugar también. Con
esto desaparecieron todos nuestros malos recuerdos. A partir de hoy crearé
un nuevo mundo, mantendré tu estatus de Príncipe de Hel y Morgana será
tu amada Princesa. Esta vez, no dejaré que nadie interrumpa mis planes.
Recuerda nuestra promesa, todavía me debes una” —Acabo de escuchar el
pensamiento de Destan.
—Parece que alguien tiene una nueva habilidad —adquiere Evan
mirándome y Destan se percata que leí su pensamiento.
—Morgana, hablaremos después —Destan menciona en voz baja—.
Evan, quiero que me des amnistía para entrar a cualquier Reino.
—Está bien —Geirröd lo mira molesto—. En tres días celebramos en el
palacio de la luz una nueva Asteria. Puedes venir.
Evan observa con tranquilidad a Destan y le pasa un sello. No entiendo
esta relación que mis ojos están apreciando.
—Morgana, también puede venir si deseas, así Lorelei se distrae un poco
y me deja de regañar por casi matarte. Vamos, Geirröd. —Evan y Geirröd
desaparecen entre las nubes. Mi cuerpo tiembla y Destan me sujeta las
manos con fuerza.
—¿Quieres entrar a ver Asgard ahora que se fueron?
—No —respondo sincera. Quiero irme lo antes posible. Destan me
agarra por la cintura y me sienta delante de él abrazándome fuertemente.
—Te llevaré a un lugar. Erelim, vamos a Zeorin.
Erelim asiente y emprendemos vuelo hacia ese destino. Este se eleva
hacia lo más alto del cielo, casi cerca de salir del planeta KOI. Sobre las
nubes se ve una isla circular flotante y justo en su medio tiene una laguna
cristalina, y en uno de sus muros hay una pequeña casa.
—Bienvenida a Zeorin —anuncia Destan con amor y mi cara de sorpresa
lo dice todo.
Erelim aterriza.
La isla es pequeña, pero está llena de rosas blancas y lirios, los cuales
tienen una fragancia embriagante. Diviso a mi alrededor y no visualizo nada
de vida.
—Solo estamos nosotros tres en esta isla —comenta Destan al
observarme curioso con la vista. ¡Estoy perpleja!
—¿Cómo es posible que nadie haya encontrado esta preciosidad?
—Hice una barrera alrededor de ella, ni siquiera Evan puede encontrar
este lugar.
Erelim emprende vuelo y nos deja solos. Destan sujeta mi mano y me
lleva a través del campo de flores hacia una cueva en la entrada de una de
las montañas.
Destan libera un sello y abre un pasadizo.
—La última tarea que le pedí a Carmín antes de morir fue que cuidara el
libro de tu padre.
Atravesamos un túnel y llegamos a una cueva interior. Está decorada con
candelabros, rocas y algunos estantes llenos de polvo. Hay muchos libros
antiguos y algunas armas colgadas en la pared. Al final de la cueva, dentro
de una caja de cristal transparente, está el libro de mi padre.
—¿Carmín vino aquí? —demando con cierto celo.
—No, mi pequeña. Aparte de Erelim y de mí, nadie más ha venido. Eres
la primera persona que traigo.
El corazón se me hace un hueco. Soy la primera persona que Destan trae,
causando que una terrible felicidad me invada al pensar en ello.
—Después que fui apresado, Seiya le dio el libro a Erelim y él lo dejo
aquí. —Hace una pausa y toma un largo respiro—. Es hora de que te cuente
la verdad, Morgana.
Destan explicó que la verdadera razón por la que yo no morí el día que
fue asesinado mi padre es debido al libro. Él y Evan hicieron un trato
basado en el cambio de información por mi vida. Fue su única opción ya
que él le prometió al Duque que cuidaría de mí.
Su mirada de tristeza y dolor es demoledora, por no hablar de la historia
de su infancia que es terrible. Me contó además que él no se considera un
buen hombre debido a todas las personas que ha asesinado, estafado y
jugado con ellas, donde los Reyes no son la excepción, ya que, debido a sus
pistas, Evan pudo derrotarlos fácilmente.
—Merezco todos los años que estuve encerrado, yo estoy podrido hasta
la médula.
Sus palabras me rompen el corazón, ahora sé lo roto y dolido que está.
Solo ahora puedo darme cuenta de cuánto me necesita a su lado.
—A mí no me importa lo que hiciste en el pasado. Yo te quiero por cómo
eres conmigo. —Sujeto su rostro dándole un casto beso en los labios—. Te
prometo que voy a estar contigo para siempre. Aunque muera, mi alma
seguirá a tu lado.
Besa mis manos llorando y trata de no mirarme, pero no lo dejo.
—Esta vez, te protegeré yo.
—Mi pequeña. —Me da un fuerte abrazo—. No sé qué palabras debería
decirte.
—Solo quiero que sonrías. —Se sonroja y hace una sonrisa forzada que
me hace reír—. Destan, ¿por qué destruiste la ciudad de Owiris?
Su rostro se tensa y claramente todo su ser quiere evitar hablar sobre ese
incidente.
—Sabes que ahora puedo leer tu pensamiento, así que por favor no me
mientas.
—Ese día hice cosas imperdonables y de todas las personas en este
mundo, solo tú, no quiero que sepa las atrocidades que realicé ese día —
confiesa sincero con un rostro de dolor.
—Ya te dije que me voy a quedar a tu lado y afrontaré todo contigo. No
voy a desaparecer por saberlo —Lo miro con seguridad y veo cierta
desconfianza en su rostro.
—¿Me lo prometes? —observa mi reacción como un niño pequeño
abandonado.
—Lo prometo —afirmo con firmeza y Destan suspira.
Destan contó cómo, gracias a los poderes de Evan, se enteraron del
embarazo de Carmín antes de que él fuera aprisionado. Durante todo ese
tiempo, intentó que ella se alejara de Saruman. Sin embargo, debido al amor
que Carmín sentía por Saruman, fue incapaz de separarse de él, lo que llevó
a discusiones entre Destan y Carmín. En ese mismo día, Destan conoció a
Seiya en un bar, y rápidamente se hicieron amigos. Una vez que Seiya
estuvo con él en Asgard, Evan le reveló a Destan que Seiya había sido
miembro de su retén Nómada, descubriendo así que la razón por la que lo
había ascendido estaba relacionada con el plan de asesinato contra mis
padres. Esta revelación enloqueció a Destan, al enterarse de que su amigo
era el responsable de la muerte de nuestros seres queridos. Sin poder
controlar sus emociones, se embarcó en una misión hacia Owiris,
permitiendo que su dios del Caos tomara el control de su mente. La historia
era tan desgarradora cuando salía de sus labios que no pude contener las
lágrimas, y él tampoco pudo evitar derramarlas.
—Lo siento, Morgana, pero yo no te merezco —comenta secándose las
lágrimas que luchan por salir de sus ojos.
—¡Destan! ¡Ya te dije que nada de eso me importa! ¡Tu poder no te
define como persona! ¡Si tu Dios del Caos quiere muertes, no puedes
negarlas! ¡Tú eres un buen hombre y, desde que tengo memoria, siempre te
has esforzado por hacer las cosas bien! ¡Yo siempre voy a estar a tu lado y
voy a enfrentar contigo lo que sea necesario!
Pongo su cabeza en mis pechos y lo abrazo con fuerza mientras él llora
como un niño en ellos. Después de un rato se calma y toca mis brazos para
que lo suelte, pero me niego a hacerlo.
—Destan, me alegra que hayas sido sincero conmigo.
—Lo trataré de ser a partir de ahora. —Sus hermosos ojos azules brillan
como una noche estrellada—. Espero que mi poder desaparezca rápido de
tu sangre. No me gusta que espíen mis pensamientos.
—¿Cómo puedes tener vergüenza para decir eso, después que te cuelas
en el pensamiento de todos? —Le comienzo a dar golpes ligeros en los
hombros.
Entrelaza sus brazos a mi cintura y me besa con pasión. Deseo con todas
las fuerzas de mi alma a este dios del caos. Termina de besarme y me mira.
—Tú eres la única luz en mi oscuro mundo, y yo soy exclusivamente
tuyo —confiesa haciéndome sonrojar, y pensando que cada vez estoy más
presa por este hombre—. Vamos, los demás nos están esperando.
Asiento con la cabeza y salimos de la cueva. Destan chifla y Erelim
aparece.
—Parece que el llorón regresó —Erelim se burla mirando a Destan.
—¡Ya te dije que no soy llorón! —contesta Destan sobresaltado
limpiándose el rostro todavía más.
Comienzo a reírme y abrazo a Erelim.
—Morgana, ¿qué haces? —pregunta Erelim sorprendido moviendo sus
alas.
—Solo pienso en el tiempo que acompañaste a Destan por mí y sentí
deseos de abrazarte. —Erelim sonríe y me deja abrazarle.
Subimos a Erelim y cuando regresamos prácticamente había anochecido.
—¿Qué fue lo que sucedió? —demanda Titania con cierto nerviosismo.
—Evan destruyó Asgard, solo dejó el Castillo de la Luz porque es donde
duerme la cripta. —Le respondo bajándome de Erelim, Destan me ayuda.
—¿Estás bien? —Lotán cuestiona observándome con preocupación.
—Sí, un poco sobresaltada, pero bien.
—¿Qué planea Evan? —Lotán mira a Destan en busca de respuestas.
—Todavía no lo sé, en tres días nos invitó a asistir a una nueva Asteria
que va a realizar. —Enseña el sello—. Mañana llegaremos a Duffeham y
nos alojaremos allí, y en dos días Morgana y yo asistiremos a la nueva
Asteria.
—Evan es muy peligroso, deben tener cuidado —menciona Rince
integrándose en la conversación.
—Me preocupa Geirröd, él se molestó cuando Evan te invitó, debemos
estar atentos. No es la primera vez que envían asesinos hacia nosotros —
alerto y Destan entrelaza nuestras manos.
—Lotán hizo un delicioso pescado hoy, deberíamos irlo a comer antes
que se enfríe —menciona Nerissa tratando de despejar el mal ambiente.
Nos sentamos todos a la mesa a comer.
—“Si Evan va a estar en el Castillo de la Luz, eso significa que también
estarán mis hermanos. ¿Debería decirles a los chicos que me fugué en Hel
con ellos porque no quería ir con Lorelei de vuelta a Alfheim? ¿Debería
contarles la verdad? ¿Qué harán cuando se enteren de que les mentí?
¿Seguirán confiando en mí?” —Esos fueron los pensamientos de Nerissa.
—¿Te fugaste con nosotros de Hel? —pregunto a Nerissa sin ni siquiera
pensar la situación. Destan pellizca mi brazo.
—¿Cómo sabes eso? —Interroga Nerissa, levantándose incómoda de la
mesa.
—Eso no es relevante ahora —respondo, sorprendiendo a los demás—.
¿Por qué no quisiste regresar a Alfheim?
—Morgana, siéntate —ordena Destan con molestia.
Todos me observan. ¡Mierda! ¿Cómo voy a explicar que leí sus
pensamientos?
—Nerissa, no estás obligada a hablar, pero sería bueno si supiéramos por
qué mentiste —dice Destan con frialdad.
—No soporto a Evan —confiesa finalmente, mirándome con odio—.
Eolo y Lorelei lo adoran, pero yo no. Después de lo que les hizo a mis
padres, soy incapaz de perdonarlo. No me imagino estar viviendo en ese
palacio encerrada con Lorelei y Evan.
—¿Hay alguna razón por la que te pudieran perseguir? —pregunta
Destan sin abandonar su gélido rostro.
—No. La localización de la cripta la sabemos los tres Príncipes, y mi
compromiso con Rince es irrelevante para Evan —responde Nerissa,
bajando la cabeza.
—Sus compromisos se decidieron basados en el interés de Evan —
menciona Destan, sorprendiéndonos—. No sé explicar cómo funciona, pero
Evan podía controlar con facilidad a Jalil, así que, si su compromiso fue
concebido, debieron tener alguna razón.
—¿Sabes cómo deshacer los compromisos? —interroga Rince,
mirándolo con esperanza.
—Actualmente, Morgana sigue prometida con Saruman y tú con Nerissa
—responde Destan, desvaneciendo la ilusión—. Los compromisos son
reglas sagradas; solo el Rey puede abolirlas. Cuando asista a la nueva
Asteria, sabré qué sucederá.
—¿Y tu compromiso con Morgana? —pregunta Titania, y lo miro
preocupada. No quiero separarme de él.
—No lo sé —comenta Destan, sujetando mis manos—. Si restablecen mi
título de Príncipe de Hel, su compromiso con Saruman se cancelaría, y no
solo eso, al Asgard ser destruido, su título de Princesa de la Luz se perdería.
—¿Cómo pudiste saber lo que Nerissa pensaba? —pregunta Dzahui,
volviendo al tema original.
—Destan y yo hicimos un pequeño experimento, y resultó que me
transfirió, en cierto modo, su poder de leer el pensamiento de los demás —
menciono insegura, jugando con mis dedos.
—¿También tienes esa habilidad? —interroga Rince a Destan con cierta
emoción.
—Era la primera vez que lo intentaba. —Destan se ríe, observándome
con unos ojos cómplices.
—Destan, das miedo. —Le dice Rince con cierta ironía. Destan se le
acerca y le susurra algo al oído, este se sonroja y me mira—.
Definitivamente, ustedes dos son un peligro.
Todos nos reímos por la actuación de Rince; Destan debió comentarle
nuestro juego en el baño. Grurea se sube a mis piernas para que lo alimente.
—Siempre he tenido curiosidad acerca de dónde encontraste a un
cerbero. —Me pregunta Dzahui, tratando de tocarlo.
—Me lo regaló Jalil antes de salir de Asgard con Saruman —contesto,
dejando a todos perplejos—. Según escuché, este pequeño protegió los
cuerpos del conde Yaido y su ejército en Midgard.
Grurea araña a Dzahui y camina hacia los pies de Destan, y se acuesta en
ellos.
—Sigo sin entender cómo te tiene tanta confianza —Titania menciona
molesta, observando—. A mí no me permite acercarme, y a ti te deja hasta
dormir con él.
Destan sonríe mientras acaricia una de las cabezas del cerbero y le da un
bocado de comida.
—La madre de Morgana tenía uno igual y siempre jugaba con él cuando
era pequeño —comparte Destan, siendo la primera vez que menciona su
pasado de manera tan abierta. Todos prestamos atención a su historia—. En
la familia de Morgana, es tradición que las mujeres tengan un cerbero como
compañero. Este las ayuda a mejorar su poder y las protege cuando su
espíritu viaja a la tierra de los muertos.
—Verdaderamente eres el esposo perfecto —dice Dzahui levantando su
pulgar en señal de aprobación—. Sabes todo sobre la familia de tu esposa.
—Destan y yo nos sonrojamos.
—El padre de Morgana y mi madre eran amigos muy cercanos, así que
siempre estaba con ellos. Aprendí muchas cosas sobre la familia de
Morgana —añade Destan, sonriendo con amor mientras me mira. No puedo
evitar corresponderle con una sonrisa.
Terminamos de comer, y Destan me sigue hasta mi cuarto.
—¿Vas a dormir aquí esta noche? —pregunto con un tono provocador.
—¿No me dijiste que no te separarías de mí?
—Sí, puedes dormir. Solo que me da un poco de vergüenza que seamos
los únicos que duermen juntos —explico apenada al abrir la puerta del
dormitorio.
—Ya sabremos esta noche si somos los únicos.
Destan me besa apasionadamente mientras me ayuda a quitarme la ropa.
Me pongo un vestido de seda tonalidad aceituna, y Destan se quita la
camisa antes de acostarnos.
Pongo mi cabeza en su pecho y cierro los ojos. Los constantes
pensamientos preocupados de Destan interrumpen mi sueño, provocándome
bromear con él.
—Si te pasas toda la noche pensando, no podré dormir —digo mirándolo
y levantando la ceja.
—Perdona, estoy preocupado por los planes de Evan. Ahora mismo, no
tienes título y se te considera una fugitiva. Tengo miedo de que te puedan
acusar de algo —comenta Destan mientras me abraza con fuerza y deposita
un beso en mi cabeza.
—Todo va a estar bien, los tengo a todos ustedes conmigo. Ahora vamos
a dormir; estoy cansada. Anoche no me dejaste dormir, y hoy me hiciste
ejercitarme mucho —menciono sonrojándome levemente.
—¿Entonces quieres volver a ejercitarte ahora? —pregunta pícaramente,
bajando su mano hasta agarrar una de mis nalgas.
—¡No! ¡Voy a dormir! —contesto riéndome, y él se echa a reír mientras
me abraza con fuerza.
Apago las luces, y nos quedamos profundamente dormidos.
Capítulo 23: Un Nuevo Comienzo
***Morgana***
Estoy extremadamente feliz de conocer nuevos Reinos, la mayoría de la
información que poseo es la descrita en los libros que encuentras en la
biblioteca de Asgard.
Duffeham es la ciudad más bella de GeoAtlantis, además de poseer uno
de los mejores puntos de comercio del planeta. Para entrar en ella se debe
atravesar un canal, el cual está custodiado por dos enormes esculturas
mágicas: una pareja de un Tritón y una Sirena.
En la historia oficial del Reino se describe cómo el amor entre un Tritón
y una Sirena hizo que se construyeran desde los cimientos estas islas para
proteger a los de su misma especie del ataque de los cazadores, por lo que
en cada entrada de la ciudad hay una puerta con una estatua de la pareja del
mar como muestra de protección y poder. Desde entonces, los altos
miembros de la corte son descendientes directos, considerando
prácticamente un delito que se relacionen con alguien de menor clase, sin
mencionar el pecado que conlleva tener un hijo mestizo.
Fay es la Reina de estas tierras y es reconocida por su gran afinidad con
la naturaleza. Según me comentó, para formar parte de la familia real debes
realizar un ritual para ser parte de su especie y tener descendientes puros.
Toda una anécdota de locos, pero, ¿quiénes somos nosotros para criticar?
Destan posee la invitación de Conde de la ciudad de Numore, por lo que
nos hospedaron en una paradisíaca isleta. Esta tiene una hermosa hacienda
de cristales templados, su diseño es hindú y los techos son dorados en
forma de cúpula. Las recámaras son tan grandes como una habitación de
palacio real. El lugar tiene una gran alberca con un espacioso jardín para
cenar. Además, tiene una pequeña biblioteca con sala de estudio. Lo que
más me gusta de las habitaciones es el baño. Es espacioso con una gran tina
y con una panorámica vista hacia la ciudad de Duffeham. ¡Creo que me voy
a quedar a vivir aquí!
—¿Estás emocionada? —demanda Destan mientras desempaca las cosas
en la habitación.
—¡El lugar es precioso! ¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí? —
pregunto emocionada abriendo la cortina de la ventana.
—Todo depende de lo que suceda en la Asteria —su rostro de
preocupación regresa—. Estos lugares son para altos miembros del estado.
Si nos quitan nuestros títulos, terminaremos en la zona roja de GeoAtlantis.
—¿Zona roja? Me parece que ese sitio es uno de los lugares que te gustan
a ti. —Bromeo tomándolo por sorpresa para darle un beso en su mejilla. Me
levanta por debajo de las nalgas y me mira con picardía.
—Te estás volviendo atrevida, quisiera saber dónde has estado
escondiendo este comportamiento.
Toma mi cuello y posa un apasionado beso en mis labios haciendo que
olvide todos los problemas que nos atormentan, sin embargo, nuestro
momento es interrumpido por pequeños toques en la puerta.
—Regrese más tarde —grita Destan bromeando y nos reímos con
nuestros rostros todavía unidos.
—Destan, un señor te busca abajo —menciona Titania desde el otro lado
con voz apenada.
Destan me deja en el suelo y camino a abrirle la puerta.
—¿Un señor? —Miro a Destan con rostro interrogante, ¿alguien nos
espera aquí?
—Debe ser Eleazar, y debe tener tu edad, ¿cómo puedes decirle señor?
—Se ríe y Titania se avergüenza.
Destan sujeta mi mano y descendemos por las escaleras.
Al salir al jardín, encontramos sentado a un joven con el cabello azul
oscuro y largo. Tiene ojos pequeños, color verde marino. Es alto, fuerte,
lleno de tatuajes y piercings por todos lados del cuerpo y sus orejas son
puntiagudas.
—Eleazar. —Destan le da un abrazo y Eleazar se queda mirándome.
—¿Tú eres Morgana? —Me pregunta, asiento con la cabeza y me estira
su mano—. Mucho gusto, mi nombre es Eleazar Onsel —Le correspondo la
mano y deposita un beso en ella. Destan se la quita con rapidez.
—No te pases —comenta lanzándole una mirada asesina.
—Mucho gusto, ¿me conoces? —cuestiono extrañada ya que nunca había
visto a esta persona.
—Solo me faltaba conocerla en persona. Destan hablaba todo el tiempo
de su pequeña princesa —contesta y Destan se sonroja.
Los miro a ambos con mucho interés. Deseo conocer esa historia, pero,
por segunda vez en el día, Titania hace su aparición.
—Morgana, pensamos ir al centro a comprar ropa, ¿quieres
acompañarnos?
—Sí. —Destan me sujeta por la cintura impidiendo que me vaya.
—¿Quiénes van a ir? —Destan interroga a Titania fulminándola con la
mirada.
—Nerissa y yo. Rince se adelantó con los chicos a comprar comida y
suministros para el barco —responde con inocencia.
—Tú no vas —ordena Destan con tono sobreprotector y le correspondo
con una mirada molesta.
—Destan, ya soy grande. ¡Voy a ir! —Le robo su cartera y salgo
corriendo tomada de la mano de Titania—. Y me llevo esto, ya que no
tengo dinero. Disfruta de tu reencuentro con tu amigo.
—Morgana, ¡ten mucho cuidado! Titania, no la dejes sola —grita Destan
despeinándose el cabello.
—Destan, Morgana es una mujer, ¿acaso piensas tenerla dentro de una
jaula para que nadie la vea?
—Si lo pudiera hacer, lo haría. —Eleazar se echa a reír al escuchar la
respuesta de su amigo.
Corro con Titania hasta la entrada de la isla donde Nerissa nos espera.
—¿Trajiste dinero? —pregunta Nerissa y muestro la cartera de Destan.
Nos montamos en un bote para ir hasta el centro de la ciudad.
Las chicas están muy contentas con el recorrido en barca que estamos
realizando. Sin embargo, yo estoy aterrada de estar aquí. Me juré no
regresar más a este Reino después de todo lo que hicieron sus altos mandos
conmigo, y lo peor es que sé que debo ir a esa isla. No me perdono haberme
ido sin despedirme de las personas que cuidaron de mí cuando era pequeña.
Debo cambiar mi expresión; sé que, si Morgana nota mi incomodidad, va
a ser difícil evitar contarle la verdad de mi vida. Por suerte, está demasiado
concentrada a su alrededor, así que aprovecho para explicarle el gran
edificio que tenemos delante de nosotros: el Acuario.
Este es una de las principales atracciones de la ciudad, y dentro se
realizan varias exposiciones de las criaturas que conforman el Reino, como
las Cecaelias, los hipocampos, los Leviatán y el milenario Kraken. Solo las
descendientes reales de las Sirenas de pura sangre pueden comunicarse con
el Kraken, por lo que a estas se les considera criaturas sagradas en
GeoAtlantis, y su tráfico es estrictamente prohibido.
Mi trabajo como guía es una mierda, ya que no hablo lo suficiente como
para colmar su curiosidad.
—Morgana, ¿estás segura de que estuvo bien irnos de esa manera? Sentí
la mirada asesina de Destan en mi espalda —comento preocupada. Destan
está loco y no quiero que la tome conmigo.
—No te preocupes por él. Me encerraría dentro de una caja de cristal si lo
dejara —contesta concentrada en apreciar el paisaje.
—Es sorprendente lo rápido que tú y Destan se entendieron. Un día
pelean y al otro son un amor —menciona Nerissa con ironía haciendo que
Morgana revire los ojos.
—Por lo menos, no oculto mi relación como otras personas. —Sé que el
comentario fue hacia Nerissa, pero en cierto modo me siento cómplice.
Entre Rince y yo no existe nada, no quiero tener que mentirle a Morgana
sobre ello.
—Yo no tengo ninguna relación —afirma Nerissa y Morgana arquea su
ceja.
—Pobre Lotán, seguro se sentiría triste si te escuchara hablar. —¡Esta
pelea acaba de empezar! ¡Y yo estoy en el medio de nuevo!
—Entre Lotán y yo no existe ninguna relación —responde Nerissa con
seriedad lanzando una mirada helada.
—¿Entonces te acuestas con él para quitarte los deseos? —Morgana
acaba de elevar el nivel de ironía en sus palabras.
—Puede ser, ¿acaso también lo quieres para ti? —Nerissa acaba de soltar
un tono de voz bastante sarcástico.
—¿Me lo vas a regalar si lo quiero? —¡Joder! ¿Qué les pasa?
—¡Chicas, deténganse! Cada vez que se ven comienzan a discutir —
exploto levantando los brazos en señal de paz.
—Titania, deberías unirte a la discusión. Después de todo, tú también
tienes una relación oculta. —Nerissa ha concentrado su atención hacia mí,
¿por qué tuve que meterme en el medio?
—Yo no tengo ninguna relación con nadie. —Nerissa y Morgana se
echan a reír satíricamente.
—Solamente hay que ver como Rince te mira para darse cuenta de todo
—comenta Nerissa en un intento falso de secarse las lágrimas de la risa.
—Titania, te he escuchado tener sexo con Rince, ¿también vas a
escondernos eso? —anuncia Morgana, ¿ella me escuchó? Mi rostro se
avergüenza.
—Eso fue un error. —Las dos vuelven a reír sarcásticamente. Para
llevarse mal, en serio hacen tremendo dúo.
—Lo disfrutaste bastante para ser una equivocación. —Morgana sigue
insistiendo, y puedo sentir como mis orejas toman color.
—¿Gimió mucho? —Nerissa le pregunta en voz baja a Morgana.
—Sí y no solo eso, pasaron más cosas —cuchichean entre ellas como si
yo no estuviese presente.
—¡Dejen de hablar de mi intimidad! ¡Eso ocurrió solo ese día porque él
estaba herido y quería beber mi sangre! —El rostro de las dos se torna
sorprendido ocultándolo detrás de su mano.
—Para uno beber sangre y curarse no necesitas tener sexo —informa con
seriedad Morgana y Nerissa asiente.
—¿Tú no tienes relaciones con Destan cada vez que beben sus sangres?
—pregunto con inseguridad.
—No. Destan me alimenta desde que tengo siete años, ¿cómo voy a tener
sexo desde esa edad? —Se echa a reír y Nerissa la acompaña.
¡Rince, te mato! ¿Qué fue lo que me hiciste hacer?
—Aunque debo admitir que me encuentro un poco sorprendida, siempre
pensé que amabas a Saruman —menciona Morgana mirándome con ojos
brillosos.
—Yo amo a Saruman. Lo mío con Rince ocurrió una vez hace dos años
por equivocación. —Me sonrojo y ellas se me quedan viendo—. Lo del otro
día fue porque pensé que necesitábamos tener sexo para que se curara.
—Creo que a alguien le va a costar trabajo admitir sus nuevos
sentimientos —anuncia con sarcasmo Nerissa y Morgana asiente con la
cabeza. ¡Por favor, no vuelvan a juntar a ese dúo!
—Volviendo al punto de partida, ¿qué hay entre tú y Lotán? —Vuelve a
insistir Morgana.
—Tenemos nuestros momentos de placer, sin sentimientos complicados
de por medio —contesta sincera, Morgana asiente y yo me sorprendo de lo
fácil que admitió su indiscreción—. Morgana, ¿estarás bien mañana?
—Entiendo a lo que te refieres, ahora mismo, somos fugitivos. Sin
embargo, dudo que Lorelei te quite tu título de Princesa de Alfheim, y si mi
estatus de Princesa de Asgard desaparece, me convertiré en un gran
problema y tendré a la mayoría de las bandas peleando por mi cabeza —
suspira agachando su cabeza.
Nerissa sujeta su mano. Puede que su relación no sea la mejor, pero sé
que Nerissa es una de las personas que puede simpatizar con su situación
ahora mismo. Después de todo, están en el mismo bote y no precisamente
en el que estamos navegando ahora mismo.
Llegamos finalmente al centro y comenzamos a caminar por la ciudad.
Morgana y Nerissa llevan una capa para cubrir sus cabellos y rostro, ya
que sus rasgos no son tan comunes en ciudades de clases bajas. A pesar de
tenerlo escondido, se le puede notar cómo le brillan los ojos a Morgana de
la emoción de visitar una nueva ciudad.
Entramos en varias tiendas, compramos ropa y accesorios.
—Titania, deberías comprarte un vestido
Morgana agarra mi brazo para hacerme probar un largo vestido azul
oscuro. Este es escotado en el pecho, tiene un corte hasta los hombros y
posee una abertura en una pierna.
—¡Te ves preciosa! —dicen las dos con los ojos radiantes uniendo sus
manos. ¡Qué dúo!
—Nunca te he visto con este tipo de vestido, ¡deberías comprarlo! —
menciona emocionada Nerissa.
Miro su precio, ¡veinte monedas de oro! ¡Es demasiado caro! ¿Cómo un
simple vestido puede ser tan caro?
—Creo que pasaré de este. —Menciono regresando el vestido a su lugar.
—No importa, yo te lo compro. —Morgana quita el vestido de mis
manos corriendo a la caja a pagarlo.
—¿Qué es ese vestido que llevas ahí? —pregunta Nerissa a Morgana.
—Es una sorpresa para Destan —contesta y Nerissa se ríe.
Creo que estas dos comienzan a llevarse bien, ¡son un dúo infalible!
¿Dónde me he metido? Va a ser un increíble dolor en el trasero aguantar a
esas dos.
Salimos de la tienda y nos encontramos a los chicos que vienen cargados
de comida y suministros para el barco.
—¿Te compraste un vestido? —demanda Rince registrando mis compras.
—Se ve estupenda con él. —Me abraza Morgana por la cintura. Rince
hace una mueca de molestia. ¡No lo compré para ti!
—¿Dónde dejaron a Destan? —Nos pregunta Lotán sujetándole las
bolsas a Nerissa.
—Lo dejé encerrado para poder salir —responde Morgana encogiendo
los hombros y nos echamos a reír.
—Creo que la felicidad no te durará mucho. —Dzahui señala hacia atrás
de Morgana.
—¿Así que me dejaste encerrado? —Destan cuestiona molesto, Morgana
se levanta en puntillas de pies y le da un beso en la mejilla.
—Te dejé hablando con tu preciado amigo —menciona sonriendo con
picardía. Destan entrelaza sus manos con Morgana.
—Ya que estamos todos juntos, vamos a comer —Dzahui intervine con
una enorme sonrisa en el rostro.
Cerca de nosotros se encuentra un gran restaurante de sushi. Entramos y
nos sentamos a pedir. Es uno de los lugares más caros de Duffeham, pero
Morgana insistió en que la cuenta la pagaría Destan, así que entramos.
—Sonríe. —Morgana toma sus dedos llevándolos al rostro de Destan
para hacerle una sonrisa.
—Devuélveme mi cartera —exige molesto Destan a Morgana.
—No quiero. —Le saca la lengua, Destan le pellizca el brazo y Morgana
comienza a hacer muecas en público.
—Tortolitos, no queremos escenas públicas y menos en este lugar —
expresa Nerissa poniendo los ojos en blanco.
—Destan, me he percatado de que normalmente eres un hombre muy
serio —expone Rince ganándose la atención de Destan—. Pero cuando
estás con Morgana, te transformas en otra persona, es algo gracioso de ver.
Todos lo miramos sorprendidos con sus palabras. ¿No te bastó el
puñetazo del otro día? ¿En serio lo estás provocando en este momento? Te
acabas de meter en la boca del lobo sin armadura.
—Morgana saca una versión diferente de mí. —Continúa Destan
pellizcando el brazo a Morgana hasta que finalmente cede y le devuelve la
cartera.
—¿Qué tipo de versión sacas conmigo? —pregunta Morgana haciendo
un rostro de niña malcriada.
—La peor —afirma riéndose—, además de que quieres dejarme en
bancarrota.
—Destan, tienes más de cincuenta negocios de casas de subasta, posadas,
burdeles, ¿cómo puedes estar en bancarrota? —anuncia maliciosamente
cruzándose de brazos.
—Habla en voz baja. —Le regaña pellizcándola de nuevo.
—¿Qué sucede, Titania? —Morgana gira su atención hacia mí.
—Eso siempre le pasa cuando la comida es cara —contesta Rince
clavándome la mirada.
—¿Esto es caro? —Morgana le pregunta a Destan.
—Sí, los vizcondes del ejército suelen cobrar una moneda de oro por
cada misión que hacen. —Sí, soy pobre comparada con ustedes que
nacieron en cunas de oro.
—Entiendo. Pero Lotán y Dzahui no están actuando como Titania. —
Sigue insistiendo Morgana y no sé por qué con ella pierdo mis nervios.
—¿Crees que perdería mi tiempo avergonzándome como Titania? —
contesta Dzahui disfrutando su comida—. Yo prefiero comer.
—Aparte de que esta cantidad de dinero no significa nada frente a la
fortuna de Destan —expresa Lotán comiendo con felicidad sin cambiar el
rostro—. Por lo que disfrutaré bastante la comida.
—¡Yo la disfruto, pero tengo pena con Destan!
Todos nos echamos a reír. La capa de Morgana se cae y su hermosa
cabellera queda a la vista de todos. La mayoría de los clientes se giran a
verla. Eso es lo malo de tener un cabello rojo, resaltas como un Sol donde
quiera que te encuentres.
—Morgana, tu cabello. —Le señala Nerissa, Destan se lo recoge y lo
vuelve a poner dentro de la capa.
Es envidiable lo atento que Destan es con Morgana.
A la mesa se nos acerca un hombre bajo, calvo y voluminoso. Viste un
ostento jubón azul oscuro, lleno de rubíes y esmeraldas.
—Hola a todos. Mi nombre es Federico Knosquet, soy el dueño de este
restaurante y el Conde de Duffeham. Puedo notar que ustedes son unos
clientes muy distinguidos. —Se le acerca a Morgana y le hace una pequeña
reverencia para pedirle la mano—. Usted tiene un cabello precioso.
Le agarra la mano a Morgana y la besa. Destan pasa a transformar su
rostro en un perro rabioso, pero se detiene de hacer algo en público.
—¿Le gustaría ser mi esposa? —Todos nos sorprendemos. Destan se
levanta y agarra la mano del Conde apretándola con fuerza.
—Mi nombre es Destan Constant y soy su esposo. —La cara de celos de
Destan es toda una comedia. No le toques al perro su hueso.
—No sabía que estaba casada, luce tan joven. —Destan está a punto de
romperle la mano al Conde si no se calla—. Esta noche estaré realizando
una fiesta en mi castillo, ¿quieren ser mis invitados?
—Allí estaremos —dice Morgana levantándose de la mesa. Toma a
Destan por un brazo y lo sienta como un niño pequeño.
—Aquí tienen una invitación. —Morgana la acepta y el Conde se va.
—No iremos a ningún lado —ordena Destan molesto cruzándose de
brazos.
—Tú si quieres no vayas, los demás si vamos a ir. —Destan lanza su
mirada asesina hacia Morgana—. Debemos estrenar los hermosos vestidos
que nos compramos, sobre todo Titania. Cuando ese Conde te vea esta
noche, enloquecerá contigo —comenta Morgana mientras los ojos le brillan
de la emoción.
—Morgana tiene razón. Titania luce fenomenal en el vestido que compró.
—Mis mejillas están acalorándose.
—Morgana, ellos pueden ir. Tú no. —Destan sigue con el tema del
Conde, de verdad que es posesivo cuando se trata de ella.
—Camarero, ¿tiene helado de postre? —Morgana ignora toda la molestia
de Destan que continúa lanzando y se concentra en pedir su siguiente plato.
—Sí, señorita —responde el camarero—. ¿Qué sabor desea?
—Vainilla chips con chispas de chocolate. —El camarero se marcha a
traerlo.
—¿Casi ni probaste la comida y vas a pedir postre? —Destan continúa
regañando a Morgana. Los demás pedimos varios postres de tartas y a
Morgana le traen su famoso helado.
—Ten. —Morgana le alcanza una cucharada de helado a Destan.
—Destan no come cosas dulces —menciona Rince a Morgana como si
ella no conociera los gustos de su amado.
—Él come este helado —Destan toma la cucharada de helado de mala
gana, se sonroja y Morgana se ríe.
¡Tierra trágame! ¿Cuánto tiempo más seguirán estos dos coqueteando
delante de todos?
—Es dulce —susurra Destan evitando la vista triunfante de Morgana.
—¿Quieres más? —pregunta Morgana riéndose con la cuchara lista en la
mano.
—No. —Todos nos echamos a reír con Destan, el infalible Slaanesh está
siendo domado por una niña.
La cuenta fueron 487 monedas de oro. ¡No he reunido ese dinero en toda
mi vida!
***Destan***
Regresamos al palacio después del espectáculo que hemos realizado en el
almuerzo.
Me encuentro dentro de la bañera esperando a mi pequeña. La tina es
grande y relajante, está llena de aromas y cremas para la piel.
—¿Me esperabas? —demanda Morgana atravesando el marco de la
puerta.
—Ven aquí. —Le abro mis brazos para que entre a la bañera conmigo.
Morgana hace una delicada sonrisa, se quita la ropa dejándola a un lado y
entra a la bañera conmigo reposando su espalda en mi pecho.
—No me gusta la idea de la fiesta del conde —confieso ayudándola a
recoger su cabello.
—¿Vas a seguir con eso? Leíste su mente. Él solo quiere invitados con
dinero porque quiere hacer una subasta —comenta acurrucándose arriba de
mi creciente miembro.
—Eso es lo sospechoso, ese tipo de subastas se hacen a puerta cerrada.
Morgana, si te sigues moviendo así, no podremos hablar —Se da la vuelta y
se pone en forma de canino frente a mí—, esa posición es muy
provocadora.
Le beso mientras me toca, sus pequeños gemidos hacen que la desee
tanto que no pueda esperar el momento de estar dentro de ella.
—Destan, quiero estar arriba de ti esta vez —se sonroja mientras me
observa con esas perlas grises.
Su oferta me hace sacarla de la bañera en brazos, la bajo y me siento en
uno de los escalones de la ducha.
—Ven.
Morgana abre sus piernas y se agacha sobre mí. Atrapo sus caderas en
mis manos colocando la punta de mi miembro en la entrada de su vagina.
Su humedad es palpable, lo que provoca que mi polla inicie a gotear.
—Ahora introdúcela despacio. —Le indico y Morgana se la mete
completa de una sola vez, causando que libere un profundo gemido—. ¿Qué
haces?
—Pensé que entraría mejor de esta manera.
Su rostro de perversión es incomparable. Atrapo su cadera para mostrarle
cómo debe mover su cadera de arriba hacia abajo.
—Déjame hacerlo —suplica entre mis labios.
Libero las manos llevándolas hasta atrás de mi nuca y la dejo hacer lo
que desee.
Sale completo y vuelve a entrar de una vez. Su mojada vagina se empapa
con cada movimiento, no puedo contener los gemidos que nacen desde el
fondo de mi garganta y al parecer ella tampoco. Se acerca a mi oído con
suavidad:
—Se siente tan bien cuando estoy contigo.
—Cuando me dices esas cosas, me entran ganas de darte tan duro hasta
romperte.
Empieza a salir más rápido, pero a entrar más lento. Sus gritos de placer
resuenan cerca de mi oído haciendo que sus fluidos recubran mi verga y
lleguen a mi entrepierna. Sujeto sus senos y juego con sus pezones.
Morgana agarra mis manos para moverse en círculos. Se da la vuelta
quedando de espaldas a mí y se continúa moviendo encima de mí con
rapidez. Presiono su espalda contra mi pecho, y con mi mano derecha juego
con su clítoris mientras que con la izquierda aprieto sus pezones con fervor.
Su respiración agitada y la excitación que lleva hace que arquee la
espalda, quiero que siga clamando mi nombre. La levanto de mí y la
acuesto en el piso con el trasero levantado. La imagen de su vagina y ano es
tan deliciosa.
—¿Qué miras? —pregunta avergonzada, observando cómo me he
detenido a apreciarla.
—Lo excitable que eres. —Introduzco la lengua en su vagina y la muevo
en círculos, sosteniendo sus manos en el centro de sus piernas.
—Destaaaannn —escucharla clamar mi nombre de sus labios es lo mejor
de este mundo.
Cada vez está más cerca de llegar al clímax, me pongo de rodillas y la
meto embistiéndola con fuerza. Golpeo sin piedad para apreciar cómo
revienta y se contrae su interior con mi miembro dentro. Es una sensación
embriagadora y estoy cerca de venirme también.
—Morgana —La giro y pongo su boca delante de mi polla—, trágatela.
Abre la boca y me vengo dentro de ella ingiriéndola toda de una vez.
—Esa es mi mujer. Ven, te voy a lavar. —Se ríe y beso su cabeza.
Lavo su hermoso cuerpo. No quiero que vaya a la fiesta y vean lo
exorbitante que es.
Eleazar me advirtió de ese Conde hoy en la mañana. Según me explicó se
dedica a raptar sirenas y venderlas a un precio elevado en sus subastas.
Comentan que atrapó a una gran presa y quiere venderla hoy en la noche.
—¿Entonces sabías quién era ese Conde y no me dijiste nada? —
Morgana me mira molesta. ¡Mierda, había olvidado por un momento que
ella tiene mi poder!
—Tengo ganas de que desaparezca el efecto —confieso despeinando mi
cabello.
—Me parece que no va a desaparecer —anuncia riéndose, su rostro se
torna un poco oscuro.
—¿Qué sucede? —pregunto preocupado.
—Destan, creo que deberías dejarme empezar a matar —Sus ojos están
rojos, ¿tan rápido? Solo hace dos días que la alimenté.
—Si lo puedo evitar. Lo haré. —Muerde mi brazo, cada vez tiene más
hambre. Si la dejo que comience a matar no se detendrá hasta que alcance
su transformación final.
—Destan, quiero matar. Necesito hacerlo —confiesa con esas piedras
carmesí.
—Te ayudaré cuando llegue el momento —acaricio su cabeza y se calma.
Si me caso con ella, quizás pueda calmar su sed durante un tiempo más
prolongado.
—No quiero casarme contigo por esa razón —menciona furiosa
observándome decepcionada.
—¡No leas más mi mente! —digo riéndome incómodo.
—¡No puedo evitarlo! —Se ríe y la abrazo. Mi pequeña, ¿qué puedo
hacer para ayudarte?—. En serio, ¿acaso no confías en mí? Ya he matado
antes, aunque nunca lo he hecho consciente. Lo he hecho.
—Lo sé, pequeña, confío en ti, pero no quiero que pases por ese malestar.
—La estrecho con fuerza en mis brazos.
—Mientras estés a mi lado, no perderé el control. ¿Cuántas personas has
matado tú?
—Morgana, aunque quisiera no puedo responderte esa pregunta —mira
interrogante exigiendo una respuesta—. ¿No dijiste que ayudarías a Titania
a vestirse?
—Tienes razón —Sale disparada de la tina—. Destan, te compré ropa.
Nos vemos en un rato.
¿Me compró ropa? ¿Qué estará pensando esa pequeña?
Salgo hacia la habitación con la toalla envuelta. La ropa está arriba de la
cama: son unos pantalones blancos y anchos de seda con una camisa tejida
color crema, con unas zapatillas carmelitas.
¿Todavía recuerdas ese día? No puedo evitar sonreír, estoy perdidamente
enamorado de esa niña.
***Morgana***
Me demoré más de lo que pensé con Destan. Me pongo un vestido de seda
blanco de mangas largas, el cual lleva la espalda abierta. Trenzo mi cabello
hacia el lado derecho y uso una pequeña diadema con varias cadenas.
Agrego perfume y me pongo unos pequeños tacones dorados.
Salgo corriendo hacia la recámara de Titania.
Cuando abro la puerta, Nerissa se encuentra ayudando a Titania con el
vestido. Nerissa lleva un conjunto negro de dos piezas, dejando su vientre al
descubierto. La parte baja de su vestuario llega un poco más alta de su
ombligo y tiene una abertura en cada pierna. En su mano contiene varias
pulseras de diamantes y su gran cabellera blanca está adornada con varias
diademas que caen por todo su largo.
—Ustedes dos están acostumbradas a llevar este vestuario, pero yo me
siento extraña en él —menciona Titania con cierta vergüenza.
Titania lleva el vestido azul oscuro que compramos hoy. Este tiene un
corte de V en el pecho y arriba hasta los pechos, dejando sus hombres y
parte de su espalda al descubierto; su parte baja es ceñida a su figura y
desciende. Le pusimos unos pequeños guantes transparentes en sus manos,
junto con un juego de collar y aretes, color oro y diamantes en el medio.
Maquillamos mínimamente sus ojos y labios, y soltamos su larga cabellera
negra.
—Supongo que alguien nos robará el protagonismo hoy.
Nos reímos Nerissa y yo. Titania se sonroja.
—Salgamos.
Agarramos a Titania de los brazos y descendemos las escaleras donde
nos esperan los chicos. Lotán y Dzahui llevan una camisa de seda blanca y
encima de esto llevan unos chalecos color negro junto con unos pantalones
a juego con unas botas color carbón. Rince lleva un jubón negro con un
pantalón del mismo color.
Su mirada se pierde cuando ve a Titania. Nerissa y yo hacemos un rostro
de cómplice observándonos con burla. Terminamos de bajar las escaleras y
no veo a Destan por ningún lugar.
¿Estaba hablando en serio cuando dijo que no iría? ¿Esa ropa no le
recordó nada?
—¿Dónde está Titania? —bromea Rince con Titania haciéndole varias
muecas.
—Se ven preciosas las tres —dice cariñosamente Dzahui.
Mi cara refleja un poco de tristeza, ¿Destan no va a venir?
—“Te ves hermosa con ese vestido. Me hace feliz que recuerdes ese
día”—dice Destan a través de nuestras mentes, abrazándome por detrás.
—Destan. —Rince se dirige hacia él perplejo—. Es la primera vez que te
veo vestir de blanco completo.
—Esto es culpa de Morgana. —Entrelaza nuestras manos virando los
ojos.
—Cuando vivíamos en Asgard, se solía vestir así todos los días y
recuerdo que me encantaba como se veía —confieso sonrojándome y
mirándole con el rabillo del ojo.
—¡Ya empezaron los tortolitos! —expone en tono de broma Nerissa.
—Parece que se van a casar. Antiguamente los novios se vestían de color
blanco el día de su boda. —Dzahui expresa y ambos nos sonrojamos.
¡Dzahui, qué cosas dices!
—Debemos ir saliendo, sino llegaremos tarde a la fiesta del Conde. —
anuncia Lotán y se le acerca a Nerissa con sutileza. Los dos intercambian
miradas comprometedoras, pero no dicen nada.
Nos espera un gran yate en la entrada de nuestra isla.
El castillo del Conde es ostentoso y lleno de lujos por dondequiera. La
entrada del palacio está conformada por enormes jarrones de oro macizo y
grandes fuentes, mientras que todo el recibidor está lleno de estatuas de
mujeres desnudas.
—Creo que serías una más para su colección. —Destan bromea conmigo
mientras entramos al castillo tomados de las manos.
—Sería la más inusual.
A la entrada del salón donde se realizaría el evento, hay una mesa llena
de máscaras. Destan y yo elegimos una blanca sencilla, mientras que los
demás usaron algunas divertidas. Lotán y Dzahui, los rostros de la felicidad
y la tristeza; Nerissa eligió una a juego con su ropa; mientras Titania y
Rince se encontraron unas rojas oscuras.
Entramos al salón de baile. Los sirvientes están desnudos, las mujeres
sirven la comida mientras que, los hombres, las bebidas. En el centro hay
un gran escenario, donde se encuentra una hermosa dama de cabellos rubios
realizando un baile. Esta viste de manera gitana con un conjunto violeta
claro.
—Debes estar realizado acá dentro —observo a Destan, el cual intenta no
revelar de nuevo su pensamiento hacia mí.
—Yo solo tengo ojos para ti. —Me oprime la mano y besa mi mejilla.
Notamos cómo el Conde se nos acerca con intenciones ocultas.
—Me alegro de que hayan venido. —Sujeta mi mano para besarla, sin
embargo, esta vez Destan se la arrebata.
—¿Cuál es la principal atracción de hoy? —Destan pregunta centrando
su atención en él.
—¡Es una sorpresa! —anuncia con emoción—“Tanto trabajo que me
costó capturar a esa dríada, la venderé a un precio bien alto”
Sé que tanto Destan como yo leímos el pensamiento del conde. Destan
me mira después de comprobar la información que busca.
—Me imagino que esa subasta no será para todo público —Destan
insiste. Él es el Rey de las casas de subastas, debe saber manejar mejor este
asunto.
—Claro que no, el precio para asistir a esta subasta son cinco mil
monedas de oro —comenta el Conde y Destan se sorprende.
—“Morgana, hay algo extraño en este conde, la entrada es demasiado
alta. Voy a ir, espérame afuera con los demás” —comunica Destan a través
del pensamiento.
—Aquí tiene. —Le pasa una bolsa grande llena de monedas de oro—.
Imagino que es suficiente para poder asistir.
Al Conde le brillan los ojos de ver tanto dinero y le entrega una insignia a
Destan, le da la mano y se va corriendo. Lotán se acerca.
—Destan —Este lo mira—. El ambiente está un poco extraño.
—Lo sé, están drogando la bebida. Advierte a los demás —ordena y
Lotán se va.
—¿Cómo sabes lo de la bebida si no te he visto tomar? —pregunto
impresionada, ya que no ha tocado nada desde que llegamos.
—Morgana, tienes que aprender muchas cosas todavía. —Me acaricia el
cabello. ¡Continúa tratándome como una niña!—. No sé si también eres
resistente a estas drogas, así que intenta no beber ni comer nada. —Besa mi
frente.
—Voy a ir contigo a la subasta. ¿No quedamos en que no me ocultarías
nada y haríamos las cosas juntos?
—Está bien. —Sonríe y entramos al área de la subasta.
***Titania***
Una sirvienta me ofrece una copa de vino y la tomo. Su sabor es un poco
extraño, pero lo bebo sin preocupación. Nerissa se encuentra bailando con
Rince, mientras Dzahui fue con Lotán a buscar a Morgana y Destan.
Salgo al balcón a refrescarme, estoy un poco acalorada.
—Buenas noches, Titania. —Se acerca Eleazar con una postura bien
masculina.
—Buenas noches. —Inclino mi cabeza por instinto.
—Por un momento no te reconocí, estás muy bella esta noche —
menciona haciéndome sonrojar. Acto seguido se acerca a mi oído y me
susurra—. Deberías dejar de beber, ese vino tiene droga.
—He bebido como tres copas —expreso con inocencia, desde hace rato
me siento un poco encendida y mareada.
—No te preocupes, me quedaré contigo hasta que te sientas mejor.
Lo examino de arriba abajo con la mirada. Lleva una camisa de hilo
abierta en el pecho y su cabello cae hasta la entrada de esta. Sus piercings
en las orejas y boca, junto a sus tatuajes en el pecho y brazos lo hacen ver
excitante y varonil.
—¿Cuántos tatuajes? —interrogo causando que se ría.
—Tengo diecisiete por todo el cuerpo: uno en mi nuca, dos en mi oreja
derecha, cinco en el brazo izquierdo, cuatro en la espalda, uno en la parte
derecha del pecho, bajo vientre y en cada pie —responde acercándose más a
mí.
—Suma dieciséis, ¿te faltó por contar uno? —examino curiosa con la
vista, buscando por su cuerpo el que me falta.
—¿Dónde crees que está? —observa perverso sabiendo que ando
investigando. ¡Ay, dios mío! ¿Qué cosas pregunto?
—Titania, ¿tienes pareja? —Agarra mi cintura con sus amplias manos
subiéndome sobre el muro del balcón y su rostro se encuentra muy cerca.
—No. —Abrazo mis manos alrededor de su cuello y lo beso
apasionadamente.
No sé si es la bebida o el aroma de este hombre. Pero me atrae y quiero
tenerlo dentro de mí. Alguien se acerca, pero se detiene al vernos.
—Titania —¡Es Rince! ¿Él acaba de verme besando a Eleazar? Su
mirada es seria e incómoda—, soy Rince Constant. —Le estira su mano,
¿crees que este es momento de presentarte?
—Lo sé, eres el hermano pequeño de Destan. —Acepta su mano
sujetándola—. Eleazar Olsen.
—Solo vine a decirle a Titania que Destan nos dijo que no bebiéramos ni
comiéramos nada. —Rince levanta su mirada hacia mí.
—Me la encontré con una copa en la mano y vine a advertirle —responde
Eleazar mientras lo mira.
—Y a hacer algo más supongo. —Los ojos de Rince se oscurecen con
molestia. ¿Qué dices, Rince? ¿Qué derecho tienes a atacar a Eleazar?
—La señorita Titania me llamó la atención desde la primera vez que la vi
y hoy se ve majestuosa con ese vestido. —Besa mi mano y mis mejillas se
sonrojan.
—Entiendo. —Rince nos da la espalda y se va. Mi pecho se oprime
cuando lo veo marchar.
—¿Titania, deseas acompañarme a la subasta secreta? —interroga
sujetando mi mano.
—Sí.
Ahora mismo no puedo pensar con claridad, ni siquiera entiendo, ¿por
qué si Rince es tan celoso conmigo no me separó de Eleazar y me llevó con
él?
Eleazar entrelaza nuestras manos y me lleva con él para la entrada de la
subasta secreta.
Capítulo 24: Subasta
***Morgana***
Una vez en la sala de subasta, nos percatamos de que no hay un poco más
de veinte personas. El lugar es oscuro y se encuentra en un segundo piso
donde solo existen palcos privados para cada comprador. La planta inferior
contiene un gran escenario, el cual está oscuro y con poco movimiento. En
la entrada nos dieron unos panfletos con los objetos a subastar y la puja
inicial.
—Morgana.
La aguda voz de Destan susurra en mi oído para señalarme con su dedo
índice en dirección a la puerta. Los ojos se me quieren salir cuando veo a
Eleazar de mano con Titania cruzando el marco como si fueran una pareja
común y corriente.
—Eso fue rápido —comenta Destan riéndose mientras los divisa.
—¿De qué lado se supone que estás? —observo con enfado. ¿Qué
ocurrió para que esos dos terminaran juntos?
Camino hasta su ubicación y Destan me sigue con actitud burlona,
sujetando mi mano.
—Titania, ¿qué hacen ustedes dos juntos? —pregunto en voz baja debido
a que no queremos levantar sospechas innecesarias.
—Ocurrió —responde con una tímida sonrisa, huelo el olor a bebida en
su aliento. ¡Mierda, está drogada!
—Destan, ¡quítale la droga! —exijo levantando mi tono un poco.
—No —responde tajante desviando la mirada.
—¿Estás loco? ¿Cómo puedes dejar a Titania en ese estado? —demando
furiosa, cruzándome de brazos.
—¿Acaso piensas que voy por ahí mordiendo a la gente? —arqueo la
ceja mientras él me corresponde virando los ojos—. Una cosa es
alimentarse y la otra es hacer las cosas que hago contigo.
—Olvídalo, lo haré yo —contesto acercándome a Titania. Destan me
sujeta del brazo, apartándome de ella.
—Está bien —libera un bufido, cediendo a regañadientes.
Eleazar la carga en brazos hasta llegar a nuestro palco privado. Destan
toma su brazo y gira su mirada hacia mí.
—Morgana, no mires —pide incómodo mientras Eleazar cierra mis ojos
con su mano.
Escucho un grito de dolor de Titania cuando Destan le muerde el brazo.
Me libero de las manos de Eleazar para acercarme a Titania.
—Destan, ¿podrías ser más delicado? —Titania alza la voz y por su tono,
puedo entender que ya está recuperando sus sentidos.
—Titania, ¿te sientes bien? —Asiente con la cabeza y la abrazo—. ¿Por
qué Titania tiene este hematoma en la muñeca? —Destan se cruza de brazos
molesto y vuelve a esquivar mi mirada.
—Ya te dije que es diferente. —“¿En serio piensas que la voy a tratar
delicadamente como a ti? Ya te expliqué que eso no se hace como piensas.”
—Morgana, Destan no tiene ningún tipo de sentimientos por Titania. Si
los tuviera no le hubiera dolido —interviene Eleazar explicando con un
tono de voz calmado para aliviar la tensión.
—Destan —mi mirada se ilumina haciendo unos ojos tiernos sin dejar de
mostrar una pequeña sonrisa pícara.
—Está bien, pero esta es la última vez que hago algo como esto por ti. —
Me realiza un ligero golpe en la frente para que capte el mensaje.
—Destan, en serio eres un salvaje —menciona Eleazar tomando la mano
de Titania.
Este besa el lugar donde Destan clavó sus colmillos y el hematoma inicia
a desaparecer. Me siento mejor cuando veo que la mano de Titania vuelve a
la normalidad.
—Cuando yo te conocí, eras mejor tratando a las mujeres —expone
bromeando, haciendo que me le quede viendo malhumorada. Claramente la
broma no fue de mi agrado.
—Eleazar era mi compañero de juergas —confiesa Destan desordenando
su cabello, ¿así que te ibas a hacer locuras acompañado?
—Morgana, no tienes que preocuparte, Destan solo tiene ojos para ti —
expresa Eleazar y abraza a Titania pasando su mano por los hombros.
—Parece que pasó algo entre ustedes por la reacción de Titania —
murmura Destan en voz baja causando que las mejillas de ella se sonrojen.
—La besé para retrasar el efecto de la droga; sin embargo, fuimos
interrumpidos por tu hermano menor. Están drogando a la mayoría de los
invitados con el objetivo de capturarlos y venderlos después. La razón por
la que estoy aquí es para recuperar a mi hermana, que fue capturada de esa
manera. —Nos confiesa Eleazar mientras caminamos de nuevo hacia
nuestro palco. Hace una pausa, tomando aire como si estuviera a punto de
revelar algo importante—. Le pedí a Destan que me prestara dinero para
poder comprarla.
—Me disculpo con usted, gracias por salvarme —dice Titania
brindándole una pequeña sonrisa.
Eleazar le brinda su mano con cierta cortesía. Titania, tímidamente,
acepta el gesto correspondiendo con un delicado apretón de dedos. Estoy
tan sorprendida de lo que mis ojos están captando que no soy capaz de
procesarlo. ¿Quién es esta, y dónde está mi Titania? Destan se echa a reír a
causa de mi reacción y se me acerca.
—Supongo que está noche escucharás los gemidos de otros —menciona
pegado a mi oído provocando que me avergüence, lo que hace que él quiera
bromear aún más.
¡No digas esas cosas en público! Estoy convencida de que mis cachetes
en estos momentos son lo más parecido al color de un tomate.
Se apaga todo de repente iluminándose una luz en el centro del escenario
en el primer piso.
—Bienvenidos, mis ilustres invitados —anuncia el conde—. A partir de
este momento comenzará la subasta.
Son diez artículos a subastar, la mayoría de las pujas comenzaban en
cinco mil monedas de oro. Excepto la atracción sorpresa, la cual es secreta.
La primera subasta es una niña pequeña, su puja empieza en diez mil
monedas de oro. La mayoría de los invitados apuestan por la pequeña.
Me decepciona cómo el mundo puede estar tan podrido a veces, delante
de mis ojos hay una pequeña que no debe tener más de diez años, y la están
vendiendo como si fuera una muñeca sin vida. ¿Pero quién soy yo para
juzgar a los que están a mi alrededor? Estoy mirando cómo la compran
como fruta del mercado sin hacer nada, además de estar con uno de los
mayores traficantes de KOI.
Su precio final fue ochenta mil monedas de oro.
—Con razón tú eres millonario —Lo miro y su rostro muestra cara de no
entender—. Las subastas. ¿No me dijiste que vendes niños y mujeres
jóvenes?
Destan asiente incómodo y su mirada sigue concentrada en el escenario,
supongo que prefiere no hablar de ese tema conmigo. A mí me gustaría que
no se relacionara más con ese tipo de trabajo, pero está tan metido en él que
siento que será difícil apartarlo.
¿Qué podré hacer para ayudarlo? La segunda subasta es una hermosa
sirena con una puja inicial de siete mil monedas de oro. Continuaron
licitando desde criaturas extrañas hasta armas celestiales, hasta que
finalmente llegaron a la atracción final.
—Señores, hoy es el momento de presentar a una criatura sumamente
inusual.
En el escenario aparece una jaula con una gran cobertura puesta. El
Conde no duda en descubrirla para anunciar su mercancía. La tan esperada
sorpresa es una doncella de ojos verdes brillantes y cabellos rizos dorados
tan largos que caen por su espalda como una enredadera que está trenzada.
Lo más precioso de esa criatura son sus alas color cristalino claro con
efímeros detalles luminosos como si fueran raíces nacientes. Es tan pequeña
y delgada que se podría decir que es un ángel.
—Es una dríada sin vínculo a ningún árbol. Su poder es tan fuerte, que se
transformó en una simple hada ambulante. —El Conde hace una pausa
mientras todo el público vocifera sobre el hada—. Señores, para fijar su
precio debo decir que esta ninfa que ven aquí es virgen. La puja inicial es de
quinientas mil monedas de oro.
Los invitados comienzan a levantar sus paletas para pujar y estas suben
hasta dos millones de monedas de oro.
—Destan, yo la conozco, ella es Meiga —digo con seguridad, mirándola
con detenimiento.
—¿Cómo sabes ese nombre? —pregunta Eleazar sorprendido
levantándose de su asiento.
—La conocí cuando era joven.
—Eso es imposible. —Nos comenta Eleazar llevándose las manos a su
mentón de manera pensativa—. Ella es mi hermana y la única persona que
ella conoció cuando era pequeña debería estar muerta. ¿Dónde se
conocieron?
—En Midgard. Cuando era niña solía vivir en Xecuterra —respondo con
tranquilidad observándola con desconcierto.
—¿Tú eres la hija del Gran Duque? —Se impresiona cuando asiento con
la cabeza e inmediatamente se arrodilla ante mí—. Mi Princesa, tengo
tantas cosas que decirle, pero lo dejaremos para después. Ahora debo salvar
a mi hermana.
Las pujas siguen subiendo a medida que hablamos; el precio es tan
elevado que con el dinero que Destan le prestó a Eleazar, va a ser difícil
ganar.
—Destan, vamos a comprarla —exijo y Destan me abre los ojos de par
en par.
—Mi Princesa, está demasiado elevada la puja. —Me comenta Eleazar
colocando su mano en mi hombro aguantando su disgusto.
—Destan —clavo mi mirada en la suya sin decir alguna palabra.
Destan se levanta desorganizando su cabello, gesto que al parecer nunca
desaparecerá y se acerca al palco.
—Cinco monedas de esencia —declara Destan con un tono de voz
forzado dándome la espalda.
Todos se giran para verlo cuando termina sus palabras. El alma del
Conde quiere abandonar su cuerpo de la emoción, lo que provoca que salte
de la felicidad como un cerdo sobre el lodo.
—Eleazar, espero que ahora te conviertas en mi siervo —adquiere
riéndose sin mirarnos.
—Destan, en serio tienes muchísimo dinero —expresa Titania
sorprendida, y su tez palidece.
—¿Cuántas monedas de esencia tienes? —Mi curiosidad habla por todos
los presentes.
—Como Príncipe de Hel tengo veinte y Saruman me dio diez en caso de
que me hicieran falta.
Los tres nos quedamos boquiabiertos mirándolo. No compra un Reino
porque no quiere. Se nos acerca un hombre para que Destan firme y le
entrega una llave.
Eleazar se me acerca y sujeta mis manos cortésmente.
—Princesa, la hemos buscado todos estos años. Tenemos problemas en
Midgard que requieren de su único poder. —Los ojos de Destan se
oscurecen llenándose de desaprobación.
—¿Entonces, reconsideras mi oferta? —Destan le pregunta a Eleazar con
un claro objetivo de desviar la conversación hacia él.
—Destan, no sé si podría serle de utilidad en su ejército —responde
agachando la mirada y mi atención se gira en dirección a Destan. ¿Está
formando un ejército?
—Esa no es la respuesta que quiero escuchar —contesta Destan
acariciando mi cabello— Morgana, después te explicaré con detalle, no
obstante, Eleazar, ¿tu respuesta?
—Está bien, me uniré a ti —dice sonriendo y se abrazan.
Destan tiene más misterios que las leyendas de los bosques encantados.
Cuando termina la subasta nos guían hacia donde se encuentra nuestra
compra. Destan va a recoger a Meiga y la trae sujeta a unas cadenas. Su
cara de dolor y tristeza me oprimen el pecho, debe pensar que fue vendida a
un pervertido decrépito que va a hacerla realizar lo más deplorable del ser
humano. Que me perdonen los dioses, pero si yo llego a ser vendida en una
subasta y es Destan quien me compra, haría todo lo que él quisiera.
—Meiga, sonríe. Mira quién vino por ti —explica Destan provocando
que ella levante la mirada en nuestra dirección.
—Hermana —sonríe Eleazar con sus ojos llenos de lágrimas.
Destan le quita las esposas y va corriendo a abrazarlo. La imagen que
estoy presenciando en estos momentos es tan frágil y cálida, que
inconscientemente se me aguan los ojos.
Eleazar se separa de ella, se seca las lágrimas y camina sujetando su
mano hasta donde me encuentro.
—Quiero presentarte a alguien. Ella es…—Meiga lo interrumpe y se me
acerca.
—Morgana —pronuncia mi nombre con una voz afónica y llena de
añoranza.
—Soy yo —digo sonriendo—. Te reconocí apenas te vi. No has
cambiado nada.
—Gracias por salvarme. —Nos realiza una reverencia a Destan y a mí.
—Meiga, debo ponerte las esposas para salir del castillo. Cuando
lleguemos a la isla, te las quitaré —explica Destan con amabilidad y ella
asiente.
Salimos del palacio del conde, donde Nerissa nos espera con los chicos.
Dzahui se queda perplejo cuando ve a Meiga y todos nos echamos a reír.
El camino de vuelta es silencioso. Rince se nota incómodo y Nerissa se
me acerca con claras intenciones de cotillear.
—¿Qué sucedió entre Rince y Titania? —pregunta en voz baja
señalándolos a los dos.
—Rince pilló a Titania besando a Eleazar —murmuro en su oído y
Nerissa se ríe modestamente.
—Bien hecho, Titania. Yo hubiera hecho lo mismo. Eleazar luce como un
hombre maduro, además de tener mejor figura y aspecto que Rince.
Me sorprendo de las palabras de Nerissa. ¡Esta mujer no es fácil! No creo
que este sea el mejor momento para hablar de eso y cuando pienso que
nuestra conversación está llegando al final agrega:
—Destan también es un bombón, pero solo tiene ojos para ti. El día que
quieras hacer cosas mayores, me llamas, con gusto te acompañaré. —Me
avergüenzo y se levanta de mi lado.
Llegamos a nuestra Isla y Destan le quita las esposas a Meiga.
—La llevaré a mi habitación y le ayudaré a darse un baño. —Le dice
Titania a Eleazar sujetando la mano de Meiga.
—Te lo voy a agradecer. —Eleazar besa la frente de Titania haciéndola
avergonzar.
Rince los mira y entra con rapidez a la hacienda. Nerissa y yo no
podemos parar de reírnos. Supongo que alguien está bien celoso, este drama
cada vez se pone mejor.
Decidimos dejar atrás a los nuevos enamorados para que comentaran con
más privacidad la situación de Meiga, aunque alrededor de Destan, pocas
cosas pueden no ser escuchadas.
Camino por los amplios pasillos de la villa hasta llegar a mi habitación,
lanzo mi vestido sobre una butaca. Destan se acerca y besa mi hombro
derecho.
—¿Qué harás para recompensarme por ayudar a Titania y Meiga? —
sonrío girándome y llevando mis manos a su cuello.
—¿Qué deseas? —Beso sus labios con suavidad.
—Quiero que esta noche me dejes venirme dentro de ti. —Me sonrojo
pensando en volver a estar junto a él.
Besa mis manos dando sutiles mordiscos en ellas.
—Tu sangre es la única de la que quiero alimentarme —murmura
recorriendo mi piel.
Destan continúa dando pequeñas mordidas hasta llegar a mi cuello,
donde deposita varios besos en todo su alrededor. Cuando empiezo a
adaptarme a sus caricias, entierra con fuerza sus colmillos un poco más
arriba de mi clavícula.
—Destan —clamo su nombre mirándolo con deseo.
—Solo quiero estar dentro de ti. —Me levanta y enrosco mis piernas
alrededor de su cintura.
Termina de quitar lo que me queda de ropa, se desabrocha su camisa
dejando su espectacular torso al descubierto. Besa mis senos con amor, los
muerde y chupa mis pezones haciéndome gemir, baja besando mi estomago
hasta llegar a mi clítoris y entierra sus colmillos en mi entrepierna.
Siento que cada vez que clava sus colmillos libera placer en ellos.
Cuando termina, lame los agujeros dando vueltas en círculos sobre ellos. La
excitación que poseo hace que mi vagina se moje provocando que él
introduzca un dedo y lo mueva.
Su boca se dirige hacia mi clítoris, besando todo el recorrido desde mi
entrepierna hasta él, su lengua pasa por los bordes de mi núcleo haciéndome
gritar de placer, a lo que continúa la tortura introduciendo otro dedo para
embestirme con ellos. Lame con fervor mis labios interiores, mis fluidos
están escapando y apoderándose de todo el placer que me está realizando
Destan. El orgasmo golpea mis paredes interiores causando que Destan me
gire, posicionándome con los codos y rodillas reposadas sobre la cama.
—Ahora me toca a mí —anuncia quitándose el pantalón.
La mete de una sola vez haciendo chillar su nombre. Creo que va a
romperme de lo fuerte que me está golpeando, pero es una sensación
placentera de la cual no quiero que se detenga.
—Destaann —Gimo y se detiene acercándose a mi oído.
—¿Cumplirás mi petición? —pregunta mientras intento moverme, me
jala por el cabello y me da una buena nalgada.
—Sí —grito deseosa de que continúe su movimiento.
Destan inicia a darme nalgadas fuertes mientras me embiste. Estoy
empapada y siento como corre líquido hasta mis rodillas por la parte
interior de mis muslos.
Mi compostura está perdida con este hombre.
Me golpea una y otra vez, con fuerza, al punto de que mi vagina quiere
explotar y mi mente está tan perdida que no me interesa ser escuchada por
todo el palacio.
—Morgana, voy a venirme dentro de ti. —En su última embestida llega
el calor de su semen. Las piernas me tiemblan y no logro levantarme de la
cama.
Mi cuerpo termina muerto después de compartir ese calor que solo él me
da. Me acomodo en la cama lista para quedarme dormida. Destan se sienta a
mi lado y acaricia mi cabello.
—Levántate que tienes que lavarte —menciona Destan riéndose,
dándome un pequeño toque en la nariz.
—No me puedo mover —confieso avergonzada cubriéndome el rostro
con una almohada.
Destan me carga llevándome hacia el baño y dejándome caer en la
bañera, la cual contiene agua caliente y se sienta del otro lado de la bañera
quedando frente a mí.
Por un momento recuerdo que mañana debemos asistir a la nueva
Asteria. Tengo miedo de encontrarme con todos ellos de nuevo.
—Si quieres, te puedes quedar —dice Destan liberándome de mis
absortos pensamientos.
—¿Existirá algún momento que me preguntes las cosas con normalidad y
no leas mi pensamiento? —Es una pregunta retórica ya que desvía de nuevo
el tema.
—Sé que tienes miedo, no sé qué planes tenga Evan contigo. Es la única
persona a la que no puedo leer con facilidad. —Me confiesa y toma una de
mis manos para besarla—. Yo estaré a tu lado, no tienes de qué preocuparte.
—Destan, después de lo que hiciste ahora, no correré el riesgo de quedar
embarazada, ¿verdad? —pregunto incómoda, ya que, volviendo a la
realidad, es una posibilidad de que ocurra.
—Yo no puedo tener hijos. Los Turoth cuando llegan a su transformación
final se vuelven infértiles. —Su mirada es triste, cargada de dolor—. Siento
decirte que, si quieres seguir conmigo, tendrás que vivir con eso.
—No importa, adoptaremos a algún pequeño. ¿Qué nombre le pondrías?
—Sonrío subiendo a horcadas sobre él.
—Lucas —contesta sonrojado desorganizando su cabello.
—Pues ese será su nombre, pero no ahora. Todavía tengo que disfrutarte
mucho. —Doy un casto beso en sus labios—. Entonces, ¿cómo tendrá
Lorelei un hijo de Evan?
—¿Seguro que es de Evan? —Se burla haciéndome cosquillas con su
barba en mi cuello.
—Claro que lo es. Lorelei no estaría viva de no ser así.
—Si Evan sella su poder es posible que ocurra. La verdad no sé mucho
del tema. —Agacha su cabeza—. Nunca he pensado en tener hijos.
—Bueno, en un futuro tendrás unos cuantos hijos adoptivos. —Salpico el
agua de la bañera y empezamos a jugar.
***Evan***
Finalmente, este castillo es silencioso. Sin el estúpido de Jalil a la vista,
puedo decir que estoy en paz conmigo mismo por quitarme a ese animal en
celo del camino. Mañana se realizará la dichosa Asteria. Es tan tedioso ver
a esos miserables príncipes; seguramente atacarán a Morgana y Destan.
Geirröd ha estado enamorado de esa niña desde que asesinó a sus padres.
El amor enfermizo de esa bestia es increíble; no entiendo cómo él puede
considerar que Morgana se fijaría en él y le rogaría formar parte de su vida.
No me falta decir que ella puede estar a punto de ser asesinada por él y, aun
así, no le suplicaría ni una mierda. Pero bueno, nada de eso es de mi interés.
Cumplí con su trato de ayudarle a atormentar a Morgana para que su
“fantástico plan” funcionara. Ahora tengo un problema más serio entre
manos, y es el nacimiento de mi primogénita, Kader. Aunque conociendo
mi fatídico destino, traer a esa niña al mundo será una catástrofe, y lo más
jodido de esto es que Lorelei no es la adecuada para ser su madre.
Estoy consciente de lo que significa alterar el orden de las cosas, pero no
quiero que “ella” sufra más de lo que ya ha tenido que vivir por ser una
mestiza.
Me prometí que la mantendría alejada de mí, que no la desposaría y que
la protegería. Estar en mi círculo te convierte en una presa fácil y sé mejor
que nadie que ella es resistente y se convertirá en una gran mujer, pero no
quiero verla doblegada a la vida que conlleva ser la Reina de Asgard.
—¿No piensas venir a la cama? —pregunta Lorelei atravesando la puerta
de mi despacho.
—Tengo papeles que terminar para mañana —contesto, sirviéndome un
trago del whisky de Destan.
—Sé que estás mintiendo; conociéndote, ya tendrías todo preparado. —
Hace una pausa recostándose al marco de la puerta—. ¿Estás pensando en
“ella”?
Ignoro su pregunta. Lorelei sabe mejor que nadie que no la amo y nunca
me ha interesado estar con ella, solo le tengo lástima y compasión. No
necesito más emociones complicadas de las que ya poseo.
—Quisiera conocerla y entender por qué te esfuerzas tanto en alejarla de
ti —agrega haciéndome enojar.
—Sé que te duele que no te ame a ti, pero si quieres buscar culpables,
échate la culpa a ti misma —respondo sin mirarla. Sabe que la única razón
por la que la trato es porque lleva a mi hija dentro de su vientre.
—Sigo sin comprender por qué continúo con este plan —menciona,
dándome la espalda para salir de la habitación.
No la busco porque eso la haría hacerse falsas ilusiones y entre nosotros
no va a existir nunca esa relación. Sé mejor que nadie que se irá con otra
persona cuando tenga la oportunidad y yo no puedo desperdiciar mi vida en
alguien que no va a sacrificar ni un dedo por mí.
“Ella” es y será la única mujer por la que movería el mundo y, aunque no
me recuerde, yo no he olvidado ni por un momento todo lo que
compartimos hace casi diez años atrás.
—Majestad. —Interviene uno de mis espías de GeoAtlantis por la
ventana—. La encontramos, se encuentra en Duffeham.
—Puedes retirarte —ordeno levantándome de mi asiento.
Después de todo, una visita sorpresa hacia su persona puede aliviarme la
tensión de tratar con esos imbéciles mañana.
Capítulo 25: La llegada de un Nuevo
Amor
***Titania***
Estoy bañando a la hermana de Eleazar. Si te detienes a mirarla
detenidamente, te das cuenta de que tiene varios hematomas y rasguños
sobre su pálida piel, no obstante, es una pequeña hermosa. A pesar de que la
estoy tocando por primera vez, responde bastante bien psicológicamente.
Conozco a ese tipo de personas porque cuando era niña intentaron
secuestrar a otro joven y a mí, logramos escapar, pero sé el trauma que
corresponde en estas situaciones.
—¿Qué edad tienes, Meiga? —pregunto tratando de cambiar el ambiente
sombrío que nos rodea.
—Cumplí veintiuno este año —responde con la mirada perdida.
—¡Pero te ves tan pequeña! —digo sorprendida, ayudándola a salir del
baño para vestirse.
—Las ninfas y elfos envejecemos de manera diferente a otros seres. La
Princesa es de una especie distinta —se refiere a Morgana como Princesa
—. Si aún te duele la cabeza por las drogas, puedes pedirle a mi hermano
que te ayude. Su saliva tiene propiedades curativas.
—Sí, eso escuché —menciono avergonzada. ¿Cómo pude besar a un
hombre que conocí hace apenas unas horas?
—Mi hermano es una persona muy seria. A pesar de haber tenido muchas
mujeres, nunca ha tomado en serio a ninguna —comenta mientras la visto.
—Sí, eso escuché —contesto distraída, no quiero seguir hablando de
Eleazar.
—¿Te sucede algo? —pregunta al notar mi falta de atención.
—No, solo estoy pensativa. Mañana Morgana y Destan deben asistir a un
evento importante y estoy un poco nerviosa por ellos.
—Entiendo. Necesito entregarle algo después a la Princesa —me dice
con seriedad cruzando sus delicados brazos.
Salimos las dos del baño. Eleazar está sentado en una de las sillas de la
habitación, mirando por la ventana.
—¿Han terminado? —pregunta con amabilidad, mostrando en su rostro
una tierna sonrisa.
—Sí —me avergüenzo, ya que llevo puesto un vestido largo de dormir,
casi transparente, y se me marcan los pezones.
—¿Podemos dormir con Titania esta noche? —demanda Meiga con
inocencia. ¿No crees que estás un poco grande para dormir junto a
nosotros?
—¿Te molesta que ella duerma contigo? —Eleazar adquiere una dulce
voz, a la cual no logro resistirme.
—Quiero que durmamos los tres juntos —añade, haciendo que mis
mejillas comiencen a arder. ¡Meiga, tienes veintiún años! ¿Cuál es tu
objetivo? Entiendo que estés asustada, pero esto es demasiado.
—Meiga, ya no somos niños. —Eleazar se arrodilla para poder mirarla a
los ojos—. No es correcto que yo duerma en la misma habitación que la
señorita Titania.
—Puedes llamarme Titania —corrijo, señorita es para las familias
allegadas a la realeza y yo soy un súbdito—. No te preocupes por mí,
duerme aquí sin preocupaciones.
Después de todo, entre Rince y yo no existe ninguna relación. ¡Solo nos
hemos acostado tres veces! Además de que Eleazar se ve muy preocupado
por su hermana, no quiero causarle una mala impresión después de la ayuda
que me ha dado en la fiesta.
—Perdona la molestia.
Lanza una sonrisa provocadora mientras se quita su camisa para
acostarse del lado izquierdo de la cama. Su musculoso y tonificado pecho
queda a la vista. ¡Qué delicioso se nota! ¡Quiero tocarlo!
¡He perdido la cabeza y el pudor con este hombre! ¿Qué cosas estoy
pensando?
Meiga se acuesta en el medio de nosotros dos.
¡Estoy sumamente nerviosa! ¿Cómo podré dormir con este hombre al
lado? Lo mejor será que me relaje y me duerma. Mañana es un día
importante, no puedo darme el lujo de quedarme dormida durante el evento.
Meiga sostiene mi mano y la otra, a su hermano, quedándose dormida
con rapidez al igual que Eleazar. Ahora que lo tengo delante, tiene una
ligera barba en la línea de su rígida mandíbula, la nariz es pequeña, sus
orejas son unas largas y puntiagudas, las cuales están perforadas
completamente. Los tatuajes bajo su oreja son unas pequeñas runas, los de
su dorso son espirales, y los de sus manos son anchas líneas.
Me pregunto cómo será su miembro. ¡Qué cosas estoy pensando! Debería
dormir, ¡dormir!
***
La luz del día entra por la amplia ventana de la habitación, huelo un rico
aroma y siento que estoy siendo arropada. Cuando abro mis ojos estoy
frente al pecho de Eleazar, este me tiene abrazada y pegada a él. Sus
pequeños ojos, pero de largas pestañas me hacen querer tocarlo.
Sus gemas verdosas despiertan clavándose en mí.
—Buenos días —saludo avergonzada sin separarme de él. Estamos a una
mínima distancia.
—Buenos días. —Besa mi cabeza abrazándome con más fuerza.
—Soy Titania —expongo con mis mejillas enrojecidas, ya que me debe
estar confundiendo con su hermana.
—Lo sé —me mira—. ¿Crees que te estoy confundiendo con Meiga?
—Puede ser. —Le respondo nerviosa tratando de alejarme un poco.
—Yo nunca la abrazo a ella para dormir —confiesa provocando que mis
cachetes ardan de lo rojo que se encuentran—. Sé que eres tú, Titania.
—¿Dónde está Meiga? —pregunto cambiando el tema.
—Salió desde temprano y no quiso despertarte —contesta con
normalidad acercándome de nuevo a él—. Te sentí fría así que te abracé.
¿Estuvo mal?
¡No sé qué responderle a este hombre! Tierra, trágame en este momento.
Por suerte estamos solos, con Meiga aquí estaría más avergonzada todavía.
—Titania, todos nos están esperando abajo, ¿qué haces que no te has
levantado? —Nerissa abre la puerta de par en par y su rostro de sorpresa
habla por sí mismo—. Perdón, no sabía. Titania, te esperamos abajo.
—Espera —Eleazar la grita antes que cierre la puerta—, puedes pedirle a
Destan que me preste ropa. Quiero darme un baño. —La imaginación de
Nerissa está en su máxima expresión.
—Sí, yo se lo digo. —Cierra la puerta, mientras baja las escaleras
corriendo. ¡Seré el tema del día!
—Eleazar —regresa la mirada en mi dirección. —¿Puedes soltarme? —
pido apenada sin saber qué más decir.
—¿No te gusta estar entre mis brazos? —su mirada me derrite.
—No es eso. Debo alistarme para bajar. —Trato de desviar sus ojos, no
creo que me pueda seguir resistiendo.
—Si quieres podemos bañarnos juntos —mi cuerpo entero está rojo.
¿Cómo puede proponerme eso con tanta facilidad? ¿Qué le respondo?
Tocan la puerta.
—Es Destan, ¿puedo pasar? —¡Soy la noticia de todo el palacio!
—No hay nada que no hayas visto de mí. —Me suelta y se levanta de la
cama. Puedo ver claramente las líneas marcadas de la entrada de sus
entrepiernas. ¡Qué cuerpazo tiene! ¡Es un dios! ¿Cómo se sentirá probarlo?
Eleazar abre la puerta y Destan entra.
—Encontré esta ropa —Destan me observa riéndose. ¡Mierda! ¡Siempre
se me olvida que él puede leer mi pensamiento! ¡Destan, por favor mantén
mis palabras ocultas! Este me guiña el ojo y se va.
Eleazar se acerca a mí como un depredador a su presa y siento que seré
comida en cualquier momento. Me sujeta en brazos y me lleva a la ducha
del baño, abriendo el grifo para que salga el agua caliente. Me pone bajo la
ducha, mi vestido se moja marcándose todo en el cuerpo. Se quita sus
pantalones dejando su miembro al descubierto. La tiene bien grande y
gorda.
¡No sé ya donde voy a esconder mi rostro de la vergüenza!
—Mira aquí, el número diecisiete. —Señala una pequeña runa en la parte
superior de su entrepierna.
¿Cómo se puede acordar ahora de esas cosas?
Su mano izquierda aprisiona mis muñecas sobre mi cabeza y con la mano
derecha sujeta mi cintura llevándome hacia él. Su rostro se acerca al mío
besándome con pasión. ¡Qué bien besa!
El agua caliente sobre mi piel me excita más de lo que ya estoy. Su gran
verga presiona mi entrada haciendo que sus palpitaciones me corrompan.
Libera mis brazos y me deja de besar.
—¿Quieres seguir? —Repasa mi cuerpo con picardía. Me agacho y me
introduzco su miembro en mi boca mirándolo—. Supongo que eso es un sí.
Lleva sus manos a mi cabeza, mientras paso la lengua por los bordes de
verga. La introduzco con lentitud dentro de mi boca hasta tragármela
completa escuchando cómo gime. Acaricia mi cabello mientras saco y meto
su polla dentro de mi boca. A medida que muevo mi lengua libera su
líquido de excitación en mi paladar, el cual saboreo con gran placer.
Me levanta por el cabello y quita mi vestido mojado, quedando mis senos
al descubierto junto con mi mojada ropa interior. La cual rompe de un tirón
para quitarla, me gira y comienza besando mis hombros. Con su lengua
desciende por mi espalda hasta llegar a la punta de mi trasero. Muerde mis
nalgas con delicadeza, haciéndome gritar de placer. Abre mis nalgas
depositando un beso en mi ano y juega con su lengua alrededor. Mi vagina
quiere explotar de la sensación que está brindándome su lengua. Tanto mi
entrada como mi ano se encuentran súper mojados y no precisamente del
agua de la ducha.
¿Hasta dónde quiere este hombre que pierda la razón por él? Introduce un
dedo dentro de mi excitado culo, mientras que coloca la punta de su polla
dentro de mi vagina.
—Voy a entrar despacio, me dices si te duele. —Asiento con la cabeza
dándole la aprobación.
Me penetra con su gran miembro haciéndome perder la compostura
totalmente. Mis gemidos de placer se pueden escuchar por todo el palacio.
Entra tan bien que apenas siento dolor, las paredes de mi vagina se contraen
de sentirlo y mis fluidos buscan un camino para salir.
Inicia moviéndose con suavidad, y a su vez mueve el dedo que tiene
introducido dentro de mi ano. Mis pezones están duros y estoy tan
consumida por la lujuria que solo pienso en lo bien que se siente que esté
dentro de mí. Acelera sus embestidas haciéndome llegar al clímax.
Nunca me he venido tan rápido como ahora. ¿Qué efecto causa este
hombre en mí?
Se detiene dándome un minuto para descansar, pero cuando pienso que
está por finalizar me golpea con más fuerza causando que mis piernas
pierdan fuerzas. Saca su miembro y el dedo que tiene en el culo, gira mi
cuerpo para quedar frente a frente y me levanta llevando mis piernas hacia
sus hombros. Mi enrojecido y excitado rostro quedan a su merced.
Introduce su gran miembro por mi ano, chillo por el dolor. Sin embargo,
estoy experimentando tanto placer que apenas puedo distinguirlos bien.
¡Es mi primera vez por ahí! Esa sensación de que es más estrecho que
por la vagina hace que sea más excitante. ¿Hasta qué nivel de placer me
quiere llevar este hombre?
Se comienza a mover con suavidad dentro del culo haciéndome alcanzar
el clímax. Me embiste un poco más rápido provocando que gimotee y clame
su nombre sin perdón. Después de unas cuantas embestidas, saca su polla
de mi trasero y la introduce en mi vagina.
¿Qué haces? ¿Cuántas veces quieres que pierda la compostura contigo?
Me embiste con fuerza la vagina, clamo su nombre, mientras me vengo con
él dentro. La saca de nuevo y la introduce en mi trasero donde hace
finalmente su liberación.
Me desciende con suavidad y debo sostenerme, apenas puedo
mantenerme en pie después de venirme tantas veces con él. Ahora siento
dolor en el trasero y una línea de sangre corre por mis pies.
—¿Era tu primera vez por ahí? —pregunta sorprendido acariciándome
una mejilla.
—Sí. —Confieso avergonzada y él besa mi frente.
—Lo siento, debería haber preguntado. ¿Te duele? —Se agacha para
revisarme preocupado.
—Solo es una ligera molestia. —Añado sincera y Eleazar me abraza.
Es un poco extraño que me trate con tanto cariño, apenas nos conocemos
desde hace un día.
—Te lavaré el cabello. —Me explica, mientras atrapa el champú y lava
mi cuero cabelludo. Sus manos son suaves y lo hace con delicadeza. Toma
el jabón y lava cada rincón de mi cuerpo.
—¿Puedo hacértelo yo? —demando avergonzada y él asiente con la
cabeza.
Tomo el champú y se agacha para que pueda lavarle el cabello. Es la
primera vez que estoy lavándole el cabello a un hombre, incluso es también
la primera vez que me baño con uno. Tomo el jabón y paso por cada
centímetro de su cuerpo
—Se nota que tú estás acostumbrado a hacer estas cosas.
—Eres la primera mujer con la que paso la noche aparte de mi hermana.
—Me comenta sincero mientras toma el jabón para dejarlo en su sitio.
—No te creo —observo dudosa ya que parece ser todo un casanova—.
Destan es un mujeriego, y te escuché decir que eras su compañero de
juerga.
—Una cosa es tener sexo con una mujer y otra muy distinta es dormir
con ella. Yo nunca había dormido con ninguna hasta el día de hoy que lo
hice contigo. —Sus ojos me recorren con seriedad y su rostro se sonroja un
poco—. También es la primera vez que me baño con una.
—¡No te creo! —alzo la voz sorprendida.
—¿Tan poco fiable soy? —Me envuelve en un abrazo quedando con
nuestros rostros a escasos centímetros.
—No es eso. Me cuesta creer tus palabras porque pareces tener mucha
experiencia —expongo avergonzada, ¿qué rayos me pasa?
—Experiencia en el sexo, no en el amor. Nunca me he enamorado —
menciona mientras enjuaga mi cabello y mi cuerpo.
—¿Nunca te has enamorado? —pregunto sorprendida ya que cada cosa
que dice me cuesta creerla.
—No. ¿Y tú?
—Solo una vez y fui rechazada antes de poder expresarlo. —no sé cómo
me he abierto con este hombre de esta manera, normalmente no soy así.
—Qué bueno. Gracias a eso, te pude conocer —afirma con amor y
emoción—. Ayer cuando te vi, supe que eres diferente.
—Eleazar, ¿puedo preguntar algo? —Lo enjuago para poder salir del
baño.
—Sí.
—Si tú eres un elfo, ¿qué haces en Duffeham?
—Mi clan de elfos es uno de los más antiguos. Desde que Geirröd
ascendió a Príncipe, todos los grupos de ninfas y elfos se han visto
afectados. Meiga y yo somos los únicos herederos de nuestro clan. Hace
diez años, dejé mi Reino, Midgard, para evitar conflictos. Meiga era muy
pequeña en ese entonces, así que se quedó con mis padres. Cuando supe de
su secuestro, la busqué por todo el planeta hasta que la encontré aquí en
Duffeham. Destan me envió una carta con Erelim, diciendo que necesitaba
verme. Así que le mencioné que había desarrollado unos cuantos contactos
y que nos reuniéramos aquí.
—¿Vas a formar parte del ejército de Destan?
—Ese es el plan por ahora. Destan lleva años planeando este ejército.
Deben ser siete Condes hasta el momento.
—Destan es un hombre muy misterioso y nunca cuenta nada —Eleazar
se ríe hermosamente, dejándome embobada al mirarlo.
—Antes era peor. Nunca sonreía ni hacía bromas. Solo mataba, se
acostaba con mujeres, iba a posadas, burdeles, casas de subasta a manejar
sus negocios y se encerraba a tomar ese whisky raro. Desde que está con
Morgana es otra persona. Siempre hablaba de su Pequeña prometida, pero
nunca pensé que fuera la hija del Gran Duque.
—Según Morgana, ella y Destan se conocen desde que ella nació.
—Sí lo hacen, pero Destan cambió cuando se fue a vivir con ella a
Asgard. Seiya siempre mencionaba a Morgana y decía que se sorprendía de
lo mucho que Destan sonreía con ella. Ayer finalmente pude confirmarlo.
—En eso tiene razón. Destan es súper protector y celoso con Morgana,
hace todo lo que ella quiera por verla sonreír. Es envidiable la relación que
llevan.
Salimos del baño y nos secamos. Eleazar se acerca y seca mi cabello con
una toalla. Me pongo unos pantalones color crema, anchos, con una
camiseta ajustada y zapatillas, y recojo mi cabello en una coleta. Eleazar se
pone una camisa blanca y unos pantalones negros.
—Antes de unirte a ese viaje, ¿qué eras? —pregunta al ver el estilo de
ropa que he elegido.
—Vizcondesa de uno de los ejércitos de la Guardia Oscura —contesto,
restándole importancia, y en cierto modo siento nostalgia por la vida que
llevaba en Numore.
—Titania, ¿quieres casarte conmigo? —Mi rostro se torna color rojo y
doy unos ligeros pasos alejándome de él.
—Hace solo un día que nos conocemos. No puedo responder esa
pregunta —respondo sincera, ya que me tomó por sorpresa su declaración.
—Tienes razón. Te dejaré conocerme un poco más entonces. —Me pasa
una caja, la abro y dentro hay un collar con una piedra extraña color azul
oscuro—. Es una piedra hecha con mi esencia. Te la regalo.
—No tengo nada para darte a cambio —confieso triste, ya que conozco el
significado de su regalo.
—Ya lo hiciste. —miro desconcertada, ya que no entiendo su respuesta
—. Me diste algo que no vas a recuperar e hiciste muchas primeras
experiencias para mí. Eso es algo que solo existe una vez, como mi piedra.
Es única y exclusiva para ti.
—Está bien, ¿quieres ponérmelo? —pregunto sacando el collar. Lo toma
en sus manos y lo coloca en mi cuello.
—Te ves preciosa. Bajemos a desayunar.
***Morgana***
Destan y yo bajamos a desayunar. Todos están sentados en la mesa, menos
Titania. ¿Se habrá quedado dormida? ¡Qué extraño! Ella nunca se retrasa
para las comidas.
—Nerissa, ¿has visto a Titania? —Le pregunto mientras me siento a su
lado en la mesa.
—No ha bajado hoy. Voy a subir a buscarla. —Se levanta y sube las
escaleras. Nerissa regresa corriendo avergonzada y se me acerca,
susurrándome al oído—. Titania pasó la noche con Eleazar y este me pidió
que Destan le prestara ropa —miro a Destan tan sorprendida que apenas
puedo hablar. Destan me mira con rostro interrogante.
—Eleazar está en el cuarto de Titania —murmuro en voz baja y se echa a
reír—. Dice que le prestes ropa.
Destan se levanta riéndose y sube las escaleras.
—¿Qué fue exactamente lo que viste? —pregunto a Nerissa una vez que
Destan se aleja.
—Eleazar estaba desnudo abrazando a Titania. Cuando entré a la
habitación, todavía estaban dormidos —anuncia emocionada.
Destan baja y su cara está tan risueña que no podemos evitar echarnos
todos a reír.
—¿Entonces? —demando en tono interrogante y Nerissa se acerca para
escuchar.
—Dijo que se iban a dar un baño —nuestras risas lo deben decir todo—.
Deberías poder escuchar lo que está sucediendo. —Me comenta Destan
tomando una taza de café.
—¿A qué se refiere? —pregunta Nerissa con curiosidad.
Cierro mis ojos e intento concentrarme. De manera muy sutil siento los
gemidos de Eleazar y Titania. Miro a Destan sonrojada y me sonríe. ¡Sabías
que eso iba a ocurrir!
—Están haciendo cosillas ahora mismo —comento y ambas nos
seguimos riendo como dos focas en un ataque de histeria.
—Ustedes dos, contrólense —ordena Lotán, y la cara incómoda de Rince
no tiene precio. ¿Qué hará cuando vea bajar a esos dos?
Comenzamos a desayunar. Meiga nos hizo unas cuantas historias de
cuando era joven y de cómo se encuentra dividida Midgard ahora. Nuestra
charla se demora alrededor de una hora. Cuando estamos cerca de terminar
el desayuno, descienden las escaleras Eleazar sujetando la mano de Titania,
y esta lleva un extraño collar en su cuello. Nerissa y yo no podemos parar
de mirarla.
Titania se sienta en el medio de Rince y Eleazar. ¡Qué atrevida! ¿Quién
se atrevería a sentarse en el medio del ex y el nuevo? Nerissa está tan
emocionada como yo por saber los detalles.
—Se demoraron. —Destan comienza a lanzar comentarios
comprometedores.
—No sabía que debía llegar a tiempo —responde Eleazar, Titania se
sonroja y Rince no puede aguantar más los celos.
—¿Qué es eso que llevas en el cuello? —inicia Nerissa con las preguntas.
—Yo se lo regalé en señal de nuestro compromiso. —Todos nos giramos
para mirarlos sorprendidos.
—¿Le propusiste matrimonio? —Destan suelta su taza de café. Hasta él
está sorprendido de la actitud de Eleazar.
—Sí, pero me rechazó. —Eleazar pasa su mano por el hombro de Titania.
Nerissa la mira perpleja por su respuesta, y ella no sabe dónde esconderse.
—¿A qué hora deben ir a Asgard? —pregunta Titania tratando de
cambiar la situación.
—Dentro de una hora debemos salir para poder llegar a tiempo —
responde a Destan—. Morgana, ¿te vas a cambiar de ropa?
—¿Debo usar ropa de realeza? —Asiente Destan con la cabeza.
—Titania, ya que eres mi escolta, deberías acompañarme a cambiarme de
ropa —anuncio, no te me vas a escapar. ¡Tengo que enterarme de todo este
drama!
—Yo estoy pensando acompañarlos a Asgard. —Adquiere Nerissa
levantándose de la mesa para acompañarme—. Yo también iré a alistarme.
Las tres salimos corriendo de la mesa. Entramos a mi habitación y
sentamos a Titania en la cama.
—¿Una hora en la ducha del baño? —pregunto sorprendida liberando las
ganas de conocer hasta el mínimo suceso.
—¿Lo hicieron en el baño? —demanda Nerissa y Titania asiente—.
Queremos detalles.
—Anoche su hermana Meiga pidió que durmiéramos los tres juntos y
cuando amaneció, estaba envuelta en los brazos de Eleazar —hace una
pausa y toma un fuerte respiro—, me llevó hasta el baño, y lo hicimos.
—¿Entonces quién es mejor, Rince o Eleazar en la cama? —indaga
Nerissa con ojos brillosos.
—¿Debo responder? —dice con las mejillas a punto de reventar.
—Sí —decimos las dos al unísono.
—Son dos personas distintas. Con Rince pensé que tenía una conexión,
pero después de hacerlo hoy con Eleazar, estoy confundida. —Se levanta de
la cama dándonos la espalda—. Rince siempre juega conmigo y no entiendo
qué pretende. Mientras que Eleazar me dijo lo que busca desde el principio.
Dice que yo soy la primera mujer con la que hace este tipo de cosas y que
quiere casarse conmigo, y me regaló esta piedra hecha con su esencia.
—Es verdad que Rince es bueno en la cama —agrega Nerissa dejándome
sin palabras.
—¿También te acostaste con Rince? —mis palabras fueron más rápidas
que mi recato.
—Sí, lo hicimos unas cuantas veces hace algunos años. No quería
casarme con alguien con el cual no me sintiera bien en la cama —responde
Nerissa. Titania y yo nos sorprendemos—. No quise mencionar nada para
no incomodarte.
—Está bien, nada más he estado con él tres veces —afirma Titania
avergonzándose más de lo que está.
—¿Tan pocas? —Se nota que ella lo ha hecho más veces con Rince. Esto
comienza a volverse un poco raro—. Regresando al tema, creo que deberías
elegir a Eleazar. Es más maduro y no dudó en abrirse contigo.
—Morgana, Meiga me dijo que te diera esto —es un frasco grande con
un líquido dentro—, dice que después te explicaba que debías hacer con él.
—Está bien, ¿vas a ir por fin a Asgard? —pregunto a Nerissa.
—Sí. Quiero ver a Lorelei y contarle que viajaré contigo. Debemos usar
atuendo real, te espero abajo. —Me dice saliendo de la habitación.
***
Me pongo un vestido negro de mangas anchas y largo, con un pequeño
adorno en la espalda, dejándola al descubierto. Cepillo mi cabello,
dejándolo suelto.
Bajo las escaleras donde me espera Destan, vistiendo una camisa de seda
negra remangada en los brazos, con un pantalón a juego y, arriba lleva una
capa. Nerissa se pone un vestido color crema abierto a ambos lados de las
piernas y con un escote sobre los senos. Tiene una pequeña diadema en el
cabello, que lleva trenzado hacia atrás.
Subimos sobre Erelim y nos marchamos hacia Asgard. No podemos
permitirnos llegar tarde.
—¿Estará bien Titania solo con esos dos?
—Eleazar suele ser un hombre tranquilo, aunque Rince lo provoque,
sabrá manejarlo —contesta Destan, sujetando mi mano.
Emprendemos el camino hacia Asgard. Los nervios empiezan a tomar el
control de mi cuerpo. No puedo actuar con impulsividad; debo tratar de
comprender la situación y buscar lo mejor para nosotros. Destan entrelaza
sus manos con las mías.
Tengo que mantenerme fuerte. Ahora es cuando empieza la verdadera
guerra.
Capítulo 26: Lazos
***Morgana***
Entre las nubes podemos visualizar el Reino que una vez llamé hogar:
Asgard. El castillo se encuentra rodeado de miles de soldados del retén
Nómada, los cuales a medida que avanzamos nos muestran la entrada por
donde debemos atravesar. Al llegar al ingreso, un guardia le exige a Destan
nuestras identificaciones, él se las enseña y nos dejan pasar hacia el interior
del palacio.
Estar aquí me oprime el pecho. Solo de pensar que desde la última vez
que estuve, han cambiado tantas cosas. Mis antiguos padres estaban vivos,
creía que tenía hermanos, odiaba mi vida de Princesa, tenía un compromiso
con Saruman y pensaba que todo acabaría si tan solo me iba de aquí. Tantos
sucesos han transcurridos en apenas dos meses que mi cabeza duele, mi
corazón llora y mi cerebro está intentando procesar cómo la vida te da la
vuelta sin pedir tu opinión.
Destan entrelaza nuestras manos brindándome una cálida sonrisa. A
pesar de que no me ha dicho nada, sé que él también está nervioso de estar
aquí.
Los guardias nos guían al antiguo salón de reuniones real. Se encuentra
como lo dejé: con sus grandes ventanales, cortinas largas y blancas, la mesa
del centro color caoba oscuro y su gran alfombra roja debajo de esta.
Lorelei está sentada al lado de Evan, su barriga ha comenzado a llamar la
atención. Geirröd está sentado al lado derecho de Evan con Marajá. Eolo se
encuentra al lado de su hermana Lorelei y al otro está Parisa. Nerissa se
coloca junto a Marajá.
Saruman llega a continuación de nosotros. Solo faltan Fay y Noé.
—¿Rince no vino con ustedes? —pregunta Evan sin levantar la cabeza de
los documentos que está leyendo.
—No —contesta Destan con un tono de voz tajante.
Saruman se sienta junto a Nerissa, Destan a continuación de él y me jala
por el brazo para sentarme a su lado.
—Empecemos. —Anuncia Evan dejando los documentos de lado y
levantándose de su asiento.
¿No piensa esperar a Fay? Es su hermana, ¿no puede aguantar a que
llegue?
Evan levanta su mirada hacia mí.
—“Fay no va a venir. Dijo que está de acuerdo con cualquier cosa que
diga, si le doy a cambio la seguridad de que no tocaré a Kaia y Eliphias.”
—dice a través de su pensamiento. Así que esto es a lo que se refería
Destan—. “Además, declaró que mientras yo viva, no pisaría el castillo de
Asgard.”
Simpatizo con la actitud de Fay. Aunque ellos no fueran mis verdaderos
padres, lo que Evan les hizo fue imperdonable.
Mi rabia y miedo están llevando una batalla interna cada vez que mis
ojos se encuentran con Evan, además de que Geirröd no deja de revisarme
con la mirada, como si quisiera saber si todavía llevo la herida que me
realizó.
Evan nos entrega un documento, en el cual muestra las nuevas medidas e
informaciones presentadas a los actuales miembros de la Asteria.
Cada Reino tendrá gobernantes únicos y su descendencia será quién
continúe con su legado.
La Guardia Oscura será utilizada solamente por el Reino de Hel. Cada
Reino deberá tener su propio ejército.
Cada tres años se realizará una reunión de regentes para revisar el
estado de las criptas.
Cualquier conflicto o ataque interno de un Reino deberá resolverse sin la
intervención de otros Reyes o ejércitos, al no ser que ellos mismos
requieran la ayuda.
Cualquier actividad o misión que se requiera realizar fuera de un Reino
debe estar aprobada por un Gremio, registrado y acreditado por el Rey.
Los Gremios son las nuevas organizaciones para formar ejércitos.
Asgard pasará a ser un Reino Sagrado por lo que ningún gobernante no
autorizado puede acceder a él sin permiso del regente, además que es la
tierra que gestionará y decidirá la situación de las otras naciones.
Intento disimular mi cara de sorpresa. Evan está dando completa
autoridad a cada Reino para formar sus ejércitos y Reyes. ¡Estos son
cambios demasiado grandes! ¿Cómo se le ocurre cambiar la tradición de
más de mil años? ¿Asgard Reino Sagrado? ¿Habla en serio? ¡Sin Asgard es
difícil que las demás criptas puedan funcionar correctamente! ¡Las de los
demás Reinos pueden descontrolarse y consumir a sus gobernantes!
Pocos saben el verdadero significado de las criptas, pero gracias a ellas es
que KOI se mantiene vivo y logra mantener a sus habitantes con magia.
Asgard como Reino Sagrado puede llevar a la ruina a otra nación a voluntad
de su gobernante.
Además, que es un riesgo que un monarca haga uso a voluntad de los
poderes de la cripta; es darle un poder casi infinito, nadie podría derrotarlo
o enfrentarle.
—Antes de firmar, debemos aclarar los títulos de los presentes; el
compromiso es sagrado en el planeta KOI y no debe deshacerse. —Evan
nos mira en nuestra dirección; aprieto la mano de Destan sintiendo cómo mi
cuerpo tiembla.
—Ya que Destan liberó nuestros recuerdos, podemos restablecer su título
de Príncipe de Hel —comenta Eolo, observando a Destan. Me preocupa que
él precisamente esté a favor de que Destan recupere su estado.
—Si eso ocurre, se debería restablecer su compromiso con Morgana —
expresa Geirröd con clara molestia en su tono de voz—. Todos sabemos de
lo que Destan es capaz; si se renueva su compromiso con ella, nos matarán
a todos.
—Eso no tiene por qué ser de esa manera. Destan puede dar su firma de
no agresión —contesta Saruman tratando de ayudar a su hermano.
—Un papel no significa nada para él. Tenemos desde hace años la regla
de no agresión, y acabó con mi ciudad de Owiris. Desde su caída, no ha
vuelto a nacer ni un árbol. —Alza la voz molesta Marajá, dando un pequeño
golpe en la mesa.
—Eso fue un error; todos sabemos que hay veces que uno se descontrola.
Además, de que su castigo fue concebido en ese momento, no hay
necesidad de traerlo a colación. —Saruman lo defiende tratando de aligerar
el daño de Destan.
—¡Un error que costó la vida de una ciudad entera! —Marajá se levanta
enfadada de la mesa. La cara de Destan está tensa; sé cuánto le duele hablar
de ese tema.
—Marajá, siéntate. —Le ordena Evan sentándose en su asiento—. Todos
tenemos claro que la debilidad de Destan es Morgana.
—Podemos sellar los poderes de Morgana —expone Parisa. ¡Odio a esa
mujer! ¡cómo se atreve!
—¿Y dejarla indefensa ante ustedes? —dice finalmente Destan, y diviso
cómo las venas de su cuello se marcan de la impotencia.
—Tengo una mejor idea. —Expone Evan levantando su mano. Mi cuerpo
tiembla de manera descontrolada por sus palabras—. Te puedo perdonar la
vida y dejarte con el título de Princesa de Asgard con tres condiciones. ¿Las
aceptarás?
—No me interesa el título de Princesa —aclaro; Destan sujeta mi mano
con fuerza para que sepa que no estoy sola.
—Sin él, no puedes casarte con Destan —susurra Nerissa en voz baja.
—Interesante, pero no te dejaré andar suelta. —Evan se levanta de la
mesa y camina hasta pararse detrás de mí.
Me levanto, y quedamos cara a cara. No me dejaré asustar; no estoy sola.
Él no se atreverá a hacerme nada en este momento.
—La primera condición es que te declares mi hermana, por lo que
haremos un juramento —Al hacer el juramento, tendré que prometer no
atacarlo y deberé hacer lo que quiera. Prácticamente es quedar a su merced.
—La segunda condición es que tu vida esté vinculada a la mía, así que en
caso de que Destan enloquezca de nuevo, te matará a ti como consecuencia
—mira a Destan riéndose con malicia.
¡Está loco! ¿Cómo se atreve a hacerle eso a Destan? Él no podrá matarlo,
pero los demás tampoco me tocarán a mí. Está jugando con nosotros. Mi
vida estará pendiente de su mano.
—La última condición: Revive al ejército de Rakhasa.
Todos se sorprenden. ¡Ese ejército fue el que destruyó nuestro anterior
planeta! Los primeros Reyes prohibieron hablar de él. Se dice que cuando
se trasladaron para el planeta KOI, se trajo el cuerpo de su líder: Rakhasa,
como ofrenda a los antiguos Dioses del Caos para que nos dejaran prosperar
y vivir lejos de las guerras. ¿Qué planea Evan?
—Evan, eso es demasiado —interviene Eolo preocupado por los planes
de Evan—. El ejército de Rakhasa es la razón por la que terminamos en
KOI. Revivirlo significaría nuestra extinción.
Evan llama a los guardias y traen a Carmín. Saruman se levanta de la
mesa.
—Tranquilo, Saruman, Carmín no morirá mientras Morgana viva. —Eso
no lo sabía. ¿Mi vida está anclada a la de Carmín? —. Carmín, ataca a
Morgana —ordena Evan entregándole una pequeña daga. Carmín tiembla
indecisa.
—Carmín, puedes atacarme —digo confiada, pero al igual que ella estoy
nerviosa.
Ella asiente e intenta atacarme con una daga. Por más que se acerca a
atacarme, no llega a tocar mi piel. Todos nos sorprendemos incluyendo
Destan.
—¿Entienden lo que intento decir? —dice Evan riéndose—. Si mi
pequeña hermana revive el ejército de Rakhasa estará bajo nuestras órdenes.
Evan tiene razón, si hago el juramento, el ejército responderá a él.
—Estoy de acuerdo con la idea de Evan. —Levanta la mano Geirröd.
¡Maldito perro faldero! ¿Quisiera saber que pasa por tu mente?
—Yo también —expone Eolo elevando su mano también.
—Son tres votos a favor de mi idea y somos diez —cuenta Evan radiante
de felicidad. Marajá y Parisa la levantan. ¡Malditas mujeres! ¡Son tan
pasivas hacia sus prometidos!
—¿Y quién está en contra? —pregunta Saruman. Evan sonríe
maliciosamente. Nerissa me mira, le asiento con la cabeza, son demasiados.
—Yo estoy a favor. —Levanta la mano Nerissa.
—Yo me opongo. —Anuncia Lorelei molesta y se levanta—. Morgana
no es lo suficientemente fuerte para revivir a Rakhasa y su ejército. Si
muere, ¿morirás con ella?
—Lorelei, Morgana no morirá. Todavía le queda un largo destino —
Lorelei mira dudosa a Evan de sus palabras.
Evan se dirige a un gran escritorio que se encuentra detrás de nosotros,
saca una piedra y me la entrega.
—Este fragmento es parte de la cripta de Asgard, todos conocemos que
esta es capaz de medir los poderes mediante colores. El azul débil, el verde
medio, violeta alto, rojo extremo. Solo Destan y yo podemos alcanzar el
color rojo. Si Morgana alcanza el violeta puede realizar la resurrección sin
problemas.
¿Cómo pudo conseguir algo así? Es más retorcido de lo que imaginé.
Lorelei lo mira y toma la piedra en su mano. La llena de magia y se torna
color violeta. Nerissa sigue y se torna verde, Marajá violeta, Parisa verde,
Saruman violeta, Geirröd violeta rojizo al igual que Eolo. Destan la sujeta y
la piedra se convierta en rojo intenso.
Evan le toca y la piedra se torna del mismo rojo intenso que el de Destan.
Son dos seres poderosos.
Evan me alcanza la piedra. Estoy nerviosa, cierro los ojos e introduzco
mi poder dentro de la piedra y esta comienza a brillar de un rojo luminoso y
claro. Evan sonríe, y Lorelei me mira.
—Supongo que puedes revivir el ejército. Primero confirmemos nuestros
estatus.
—Yo me quedaré con la región de Midgard junto a Parisa —menciona
Eolo firmando uno de los documentos que Evan entregó.
—Mi caso es el mismo con Muspelheim, me casaré con Marajá —
comenta Geirröd agregando su firma también.
—¿Y si yo quisiera cancelar mi compromiso? —expone firmemente
Nerissa sin tocar los papeles delante de ella.
—¿Con quién te vas a casar entonces? —pregunta Evan sentándose en la
mesa. Destan me da la mano y nos sentamos. Carmín se siente junto a mí.
—Quiero permanecer soltera —responde con prepotencia haciendo que
el aura de Evan inunde la habitación. Es tan fría y aterradora como
recuerdo.
—¿Para que puedas follarte a todo el mundo sin que nadie te controle? —
interroga Evan oscureciendo sus ojos. ¿Él sabe de todas las indiscreciones
de Nerissa?
—Tu compromiso se mantendrá con Rince. —Reafirma Eolo
entregándole los documentos.
—Puedes renunciar a tu título de Princesa de Alfheim y entregar todas
tus propiedades a tus hermanos, sin embargo, aquí todos somos cómplices
de la muerte del antiguo Rey, si haces eso: te convertirás en una criminal —
dice Geirröd observándola con odio.
¿Están locos? ¿Cómo pueden obligarla a casarse con Rince? Quiero
hablar, pero Destan me detiene.
—“Sé que quieres defenderla, pero tu situación ahora mismo es más
complicada que la de ella” —me comunica Destan a través de nuestras
mentes.
—Está bien. —Nerissa accede molesta—. Mantendré mi título de
Princesa de Alfheim y me casaré con Rince.
—Saruman, si restablecemos el título de Destan, tu compromiso con
Morgana será cancelado por las antiguas reglas —Evan mira a Saruman.
¿Será tan bondadoso como para dejarlo casarse con Carmín?—. Carmín no
es una Princesa, incluso nuestro padre la asesinó cuando se enteró de su
embarazo.
—Puedes dejarlo casarse con Carmín, después de todo, al estar tu vida
vinculada a la de Morgana, Carmín quedaría bajo tu poder —Destan no lo
dijo de la mejor manera, pero es una realidad.
—Eso no es suficiente. —Argumenta Eolo entregándole unos nuevos
documentos a Saruman—. Que tu debilidad sea Morgana, no significa que
la de él sea Carmín. Tú sacrificaste tu vida por Morgana, sin embargo, ¿qué
ha hecho él por ella?
—Yo fui el que mató a Jalil —adquiere Saruman, su rostro está tenso y
sudoroso.
—Tiene razón —dice Geirröd—. Te podemos dejar casar con Carmín, a
cambio sellaremos la mitad de tu poder.
—Acepto —contesta Saruman. ¡Eso es demasiado! ¿Qué tan despiadados
son todos?
—Fay dijo que se quedará con la región de Nifheim junto a Noé —
agrega Lorelei completando otros documentos.
—Con el título de Destan restablecido habrá tres Príncipes de Hel. Rince
es un hijo ilegítimo por lo que no puede ascender al trono. Entre Saruman y
Destan, ¿quién se quedará como Rey de Hel? ¿Deberíamos hacer un
pequeño torneo? —dice Evan emocionado sacudiendo las palmas de sus
manos.
—Lo puede tener Saruman. Yo me quedo con el título de Príncipe y el
compromiso con Morgana —explica con firmeza Destan.
—¿Y que un peligro como tú esté suelto por el mundo? —demanda
molesto Geirröd rompiendo la pluma que tiene en la mano.
—Si el Rey Eolo lo permite, me asentaré en su territorio en la región de
Teoviva junto a Morgana, en el antiguo castillo de sus padres —anuncia en
modo de súplica con voz baja y calmada.
—Puedes quedarte en mi territorio. —Eolo mira a Destan—. Existe el
rumor que estás creando un ejército.
—Es verdad. Estoy recuperando a mis viejos Condes —explica Destan.
¿En serio va a hablar de eso aquí?—. Antes tenía permitido tener mi propio
ejército, ¿no puedo ahora?
—¿Y qué harás con él? —pregunta Geirröd. ¡Y a ti qué te importa!
—Invadirte a ti cuando esté aburrido y quemar otra ciudad —contesta
Destan con ironía.
—Si lo haces dentro de mi Reino y me lo notificas, tienes autorización —
Eolo interviene cambiando el tema. ¿De qué parte estás, Eolo?—. En mi
Reino existirán reglas, después te las puedo explicar. Serás mi invitado de
honor junto a Morgana. Sabemos que ahora se hospedan en Duffeham,
puedo mandar a un barco a recogerlos si desean.
—Gracias, ya tenemos nuestras condiciones —dice Destan con respeto
—. ¿Qué título tendrás tú? —Destan mira a Evan.
—Nerissa todavía no ha dicho dónde se quedará —Eolo interviene, ¿de
qué lado se supone que estás?
—Me quedaré con Destan y Morgana. —expone Nerissa yendo a firmar
el documento.
—Te lo podemos conceder, pero antes de dejarte entrar a Midgard,
deberás casarte con Rince en Alfheim y quedarte como gobernante de
Alfheim —ordena Eolo y el rostro de Nerissa se oscurece, acaban de
ponerle las cadenas.
—Llegado a este punto todo se ha esclarecido —menciona Evan con una
espeluznante sonrisa en el rostro.
Los títulos quedaron de la siguiente manera:
Reyes de Asgard: Evan Edevane y Lorelei Anund.
Reyes de Nifheim: Noé Dunlop y Fay Edevane.
Reyes de Midgard: Eolo Anund y Parisa Bhisma.
Reyes de Muspelheim: Geirröd Bhisma y Marajá Deméter.
Reyes de Hel: Saruman Constant y Carmín Sanson.
Reyes de Alfheim: Rince Constant y Nerissa Anund
Príncipes de Hel: Destan Constant de Hel
Princesa de Asgard: Morgana Edevane.
Cada cual firma el acuerdo con sus respectivos títulos y, desde este
momento, acaba de empezar una nueva era.
—Es hora de revivir al gran Rakhasa. —Anuncia Evan levantándose de
la mesa—. Seguidme.
Nos alzamos de la mesa para cruzar un pasadizo detrás del salón real, el
cual es estrecho y oscuro, y las paredes son húmedas y se puede apreciar el
olor fuerte al moho. Una brisa proviene del final del túnel que nos porta a
unas escaleras que descienden a un bosque subterráneo. Al descender, nos
encontramos unas nubes flotantes en el cielo como si nos hubieran enviado
a otra dimensión. En el centro de ellas, se visualiza un enorme árbol
luminoso.
Si mis instintos no me fallan, estamos en el salón de la cripta de Asgard.
A medida que Evan camina se forman a su alrededor unos cúmulos para
llegar al predominante roble. La luz nubla nuestro campo de visión
haciendo difícil adaptarnos a la gran roca blanca que tenemos enfrente.
Debajo de ella, unas oxidadas cadenas mantienen custodiada una tumba.
—Esta es la tumba de Rakhasa. Es nuestro turno.
Evan corta su mano dejando caer su sangre sobre la cripta, la cual
reacciona lanzando más arcos de luces. Me acerco, corto mi mano y echo
mi sangre también en ella.
—Desde este momento, prometo cuidarte y ser parte de ti. Confiaré
mi vida y mi alma a tu seguridad. Nuestros lazos quedarán unidos por
la eternidad sin importar el cuerpo y el espíritu. Mi nueva tarea es ser
parte de tu ser como tú formarás parte del mío. Madre no es quien te
da a luz, es quien te cría, reuniéndote con tu verdadero gemelo.
Bienvenido, hermano.
Evan y yo iniciamos a recitar el juramento sagrado de hermandad,
haciendo que se cumpla la primera condición. Él lleva sus manos a mi
muñeca y crea una argolla en ella, vinculando mi vida a la de él.
—Mi pequeña hermana, es tu momento. —Me susurra lanzándome hacia
el sarcófago.
—Grurea.
Mi pequeño cerbero adopta su verdadera forma de gran bestia del
inframundo. Crea un círculo a mi alrededor y los demás retroceden. Me
siento dentro del círculo y miro en dirección de Destan, su rostro está tenso
y triste. Le doy una sonrisa antes de cerrar los ojos para concentrarme en
revivir a esta horrible criatura.
Se abre una gran órbita oscura delante de mí y la atravieso. No quiero
mirar atrás porque si lo hago, me arrepentiré de haber confiado en Evan una
vez más.
***
Estoy de nuevo en la tierra de los muertos.
El lugar es más frío que de costumbre y el aura que nos rodea es pesante.
Me subo sobre Grurea y caminamos hasta el Castillo.
Me viene a la mente una de las historias de mi madre acerca del Castillo
del Inframundo. Solo aquellas personas que hayan cometido pecados
imperdonables son desterrados a vivir encerrados por toda la eternidad,
reviviendo en su alma cada uno de sus delitos. Seguramente, Rakhasa y los
Guerreros del Caos se encontrarán en lo profundo del aterrador palacio.
Los gritos desesperados de las almas por querer salir se oyen con cada
paso que me acerco. Me desgarran los oídos escuchar como cada persona
ruega por tener una segunda oportunidad.
—El orden de la vida siempre debes respetarlo —digo en voz alta.
—Esas siempre fueron las palabras de tu madre —contesta Grurea
girando una de sus cabezas hacia mí.
—¿Desde cuándo hablas? —pregunto emocionada tratando de olvidar los
sonidos que llegan a mi sistema.
—Desde la primera vez que vinimos a la Tierra de los Muertos.
—Eso quiere decir, ¿que has podido hablar todo este tiempo y no has
dicho nada?
—Morgana, el Rakhasa es un ser muy maligno. Una vez liberado, la
muerte encontrará a todos —anuncia con seriedad, regresando su cabeza a
la dirección del camino.
—Grurea, ¿quién mató a Yaido y su ejército? —Sé que conoce la
respuesta, y la verdad no sé por qué me atormenta tanto conocerla.
—Geirröd y su gente. Debes tener cuidado con esa hada, va a traicionar a
Evan por su ambición.
—Evan sabrá controlarlo. —Le digo con firmeza, entrelazando mis
manos y rallando con las uñas el interior de una de ellas—. De todos
modos, sé que Destan va a matar a Geirröd cuando tenga la oportunidad.
—Geirröd tiene en sus manos el poder de su cripta. Para matarlo a él,
tienes que desvincularlo de su cripta. Solo Evan puede realizar eso.
Otra vez Evan. Mi vida se ha tornado una marioneta para él.
Entramos al castillo. El lugar es oscuro y tiene olor a carne podrida.
Grurea desciende hasta el final y llegamos al calabozo de Rakhasa. Es un
humanoide con rasgos felinos, tiene diez cabezas y veinte brazos.
—¿Quién eres? —pregunta amarrado a su celda, sin abrir ninguno de sus
ojos.
—Mi nombre es Morgana y soy descendiente de la diosa del inframundo.
—¿A qué debo la visita de su majestad? —Su tono agrio e irónico de
voz, provoca que corra un escalofrío por mi cuerpo.
—Vengo a revivirte.
El silencio se apodera de la habitación, y la simple imagen de ver como
sus veinte ojos se abren a la par por la sorpresa hacen que hasta mi alma
tiemble.
—¿A cambio? —Me demanda caminando hacia mí.
—Si fuera por mí, te dejaría encerrado. Mi hermano adoptivo desea que
tu ejército y tú formen parte de su retén.
—Ya veo —se ríe, haciendo que haga un gran estruendo en las paredes
—. Supongo que mi vida estará atada a la tuya si revivo.
—Así es, por lo que tengo un favor que pedirte. —Me bajo de Grurea
acercándome a él—. Deseo que a mis amigos no los toques. Haré unos
anillos con mi esencia. Si la hueles, aléjate de ellos. ¿Puedes darme tu
palabra? —cuestiono con miedo. Si solo su esencia me aterra, no quiero ni
imaginarme su poder.
—Lo haré, pero eso no detendrá las muchas cosas que te faltan por
experimentar. No obstante, seré leal a ti solamente. —Concluye sentándose
delante de mí para llegar a mi altura.
—Confío en que, si algún día corro peligro, me salves. —me río
forzadamente.
—No tientes tu suerte, pequeña.
Puede sentir como mi mano lo libera de sus cadenas. Rakhasa y sus diez
soldados se juntan para revivirlos.
Mi interior quema y la presión se está apoderando de mí. Tengo mucha
sed de sangre y de matar. ¡Estoy al borde de la locura!
Abro mis ojos y estoy de nuevo en la sala de la cripta. Las cadenas del
ataúd desaparecieron y frente a mí nace una vez más El Rakhasa. Desde las
cenizas se forman cuerpos humanoides para sus diez soldados. Rakhasa y
sus soldados se arrodillan ante mí, y tambaleo cuando intento levantarme.
Destan me sostiene en brazos.
—Bienvenidos —saluda Evan con emoción—. Desde ahora yo seré su
líder. Recuerden la esencia de los presentes en esta sala. Ellos son
intocables para ustedes, pueden matar al resto si desean.
Su locura está por explotar. Evan hace un aro y los sujeta a los pies de
cada uno.
—¿Nos podemos ir? —pregunta Destan cargándome en brazos.
—Todavía, tengo una última cosa. Regresemos a la sala —mira a
Rakhasa—. Cuando regrese, hablaremos.
Volvemos al salón real. Evan hace pasar a Carmín y esta nos entrega unos
colgantes con un dije en forma de llave y la insignia de cada Reino. La
insignia de Asgard un sol, Alfheim un glifo, Hel una quimera, Nifheim una
sirena, Muspelheim una llama de fuego y Midgard una montaña.
—Ese es su sello real. Deben llevarlo en todo momento, será su pase
libre para entrar a cualquier Reino —añade riéndose—. Deben impregnar su
esencia para que se active.
—Nos vamos. —Anuncia Destan tomando los colgantes y saliendo de la
habitación. Nerissa lo sigue.
—Nerissa —la mira Evan—, aquí está el documento oficial para que
realices tu casamiento. Tienes tres días. —Nerissa sale molesta.
Salimos a toda prisa del Castillo. Destan llama a Erelim y subimos sobre
él. Me siento muy fatigada, mi pecho me oprime y mis ojos están muy
enrojecidos. ¡La sed de sangre me está llamando!
—¿Qué le sucede? —pregunta Nerissa a Destan.
—Está sufriendo de abstinencia por no matar. —Le confiesa Destan
mordiéndose su mano y llevándola a mi boca. Le entierro los colmillos con
muchísima fuerza, mi sed se comienza a calmar y me quedo dormida.
***Destan***
—Destan, ¿Morgana está bien? —pregunta Nerissa tomándole el pulso a
Morgana.
—Por ahora, está dormida, pero el efecto de mi sangre no durará mucho.
Su alma está pidiendo a gritos asesinar —comento tratando de pensar en
una solución para lo que se viene a continuación.
Erelim nos lleva lo más rápido posible a Duffeham.
Los periódicos caen desde el cielo con las noticias de la caída de Asgard,
la muerte de los antiguos Reyes y las nuevas reglas. Nuestros nombres están
en la página principal. ¿En qué momento Evan planeó todo esto?
A medida que nos acercamos a nuestra villa diviso varias personas en la
entrada. El Conde de Duffeham tiene rodeado de soldados el lugar donde
nos quedamos. Rince, Eleazar y Titania le están haciendo frente.
—¿Qué ocurre aquí? —Desciendo de Erelim y dejo a Morgana al
cuidado de Nerissa. Hay más de cien soldados rodeándonos.
—¡Ustedes me engañaron y compraron mi gran premio! —expone
molesto el Conde de Duffeham.
—¿Por qué lo traicionamos? —pregunto furioso, no estoy para un
imbécil ahora mismo.
—¡Porque ustedes no son Condes de Hel, son unos nobles con dinero! —
me echo a reír perdiendo mi paciencia—. ¿Qué es tan gracioso?
—Deberías irte, si la Reina Fay se entera de lo mal que nos estás
tratando, no vivirás para contarlo —el Conde se ríe irónicamente.
—¿Por qué debería preocuparme por esa perra? —pregunta
inocentemente el Conde.
—Porque es mi hermana. —Morgana despierta y lanza su guadaña
decapitando a treinta soldados que hay a nuestro alrededor. Baja de Erelim
y se detiene delante del Conde, el cual tiene los pies temblorosos. Son ojos
están rojos vivo—. Mi nombre es Morgana Edevane, ¿necesitas más que
eso para retroceder?
El conde se burla de ella escupiendo en el suelo. Este hombre no entiende
que acaba de provocar al diablo. Los restantes setenta soldados se nos
acercan con gran rapidez.
—Esa perra no tiene familia —anuncia el Conde seguro. Morgana saca el
nuevo colgante y se lo muestra.
—¿Conoces esto? —El Conde empieza a sudar, a pesar de que esos
colgantes son nuevos, solo los Príncipes pueden llevar insignias oficiales.
El Conde se arrodilla.
—¡Ruego por su misericordia! ¡De verdad pensé que esa perra no tiene
familia! —Va a morir.
—Si tienes una próxima vida, pide perdón en ella. —Le comenta
Morgana agitando su guadaña.
Ella corta su cabeza sin compasión, llenándose completamente de sangre.
Los soldados empiezan a retroceder.
Lo siento caballeros, jugaré con ustedes. Desmiembro a los soldados
restantes y regreso al lado de Morgana para llevarla a la habitación.
—Eleazar, limpia los cuerpos y haz los preparativos para partir hacia
Teoviva. —Rince me mira y le lanzo su colgante. Nerissa desciende
molesta de Erelim y le lanza el documento—. Tienes problemas. —Le
murmuro a Rince mientras subo con Morgana hacia su habitación.
***Titania***
Destan entra a la hacienda con Morgana en brazos. Son dos bestias,
acabaron con todos los soldados que tanto trabajo nos estaban haciendo
pasar. Si queríamos matarlos, lo hubiéramos hecho.
—¿Por qué no asististe a la reunión? —pregunta Nerissa molesta a Rince.
—No quise —la mira tratando de darle una mejor respuesta—. No me
importa perder mi título de Príncipe a diferencia de ti.
—¡Pues el efecto fue todo lo contrario! —Nerissa le lanza un documento,
Rince lo abre y su rostro se oscurece—. Si hubieras ido, podríamos haber
evitado esto. ¡Ahora tendré que casarme contigo! —chilla delante de todos
entrando molesta al palacio y Lotán la persigue.
¿Nerissa y Rince se van a casar? ¿Sus títulos y compromiso se
mantuvieron? Mi corazón duele y siento que mis ojos se llenan de lágrimas.
Camino hacia mi habitación.
¿Qué estaba pensando? ¿En serio me creí que entre Rince y yo podía
existir alguna relación? Él solo quería acostarse conmigo, nunca pensó nada
más. No entiendo cómo me pude ilusionar con sus actitudes y acciones. Me
encierro en mi habitación y me acuesto en la cama a llorar. Toco mi cuello y
siento el collar de Eleazar. Él también es un mujeriego, ¿me hará lo mismo
y se marchará después con otra mujer? Tocan mi puerta, seco mis lágrimas.
—Adelante —alzo la voz.
—Soy yo —anuncia Eleazar con voz tranquila—. ¿Puedo pasar?
—Sí.
—¿Quieres salir conmigo? —pregunta desde el marco de la puerta.
—¿A dónde?
—Es un secreto —menciona guiñando un ojo.
—Si no sé a dónde vamos, no sabré qué ropa ponerme —explico tratando
de alejar mis pensamientos.
—Siempre te ves hermosa. —expone haciéndome sonrojar.
Entra a la habitación y toma mi mano entrelazándola con la suya,
sacándome de la cama. Descendemos las escaleras y salimos
de la hacienda.
—¿Ya limpiaste todo el desorden que hicieron? —pregunto impresionada
al ver el jardín como si nada hubiese ocurrido.
—Estoy acostumbrado a limpiar el desorden de los demás —sé que se
refiere a Destan, pero sentí en cierto modo que también hablaba de mí.
Nos montamos en un pequeño bote y Eleazar comienza a remar. Faltan
unas cuatro horas para que anochezca. La brisa del mar hace que mi cabello
se despeine y me de frío. Eleazar se quita un cárdigan blanco que lleva
puesto y me lo pone.
—¿Y tú?
—Estoy acostumbrado al frío —me sonríe y por un momento me olvido
de todo.
Eleazar rema hasta un costado de Duffeham que lleva hasta un estanque
dentro de una cueva. El lugar está lleno de flores rojas y blancas, largas
cadenas de hojas y tiene una luz natural que entra por un hueco de una
montaña.
—Esta cueva se conoce como el Valle del Amor. Una vez, un barco
naufragó y uno de sus sobrevivientes fue rescatado por una sirena. La joven
lo atrajo hasta esta cueva para poder cuidarlo y curarlo. Cuando el hombre
había sanado, quiso agradecerle a la sirena por su ayuda, así que le prometió
que regresaría por ella y vivirían juntos. La sirena esperó todos los días por
el regreso del hombre; sin embargo, nunca lo hizo. Las lágrimas de amor y
odio de la sirena se reunieron aquí. Desde entonces, cuando una mujer
quiere olvidar a un gran amor, llora aquí para que la sirena le ayude a
cumplir su deseo.
Su mirada se clava en la mía, estoy consciente del mensaje que me quiere
transmitir con esa historia de amor.
—Aquí puedes llorar con tranquilidad. Yo seré tu sirena y cumpliré tu
deseo.
Las lágrimas brotan incontrolablemente de mi rostro. ¿Cómo puede saber
tanto de mí en tan poco tiempo? ¿Cómo sabe que me duele?
—Eleazar, yo…—Pone su mano en mi boca.
—No tienes que decirme nada que no quieras contar. Yo no soy ese tipo
de hombre —menciona y hago una sonrisa forzada
—. Beacia queda cerca de aquí, ¿quieres ir?
—No, mejor cuéntame de dónde eres —respondo mientras él me regala
una hermosa sonrisa.
—Mi tribu es originaria de Xecuterra, pero yo pasé la mayor parte de mi
vida en la ciudad de Teoviva.
—¿Ahí no es dónde se encuentra la mansión de Morgana? —pregunto
secando mis lágrimas.
—Sí. Ahí es donde está el antiguo castillo de sus padres. Mi familia
sirvió por varias generaciones a la familia de la Princesa. Conocí a Destan
cuando solía ir a visitarla. Mis padres me consideran la desilusión de mi
familia.
—¿Puedo preguntar el por qué? —lo miro para saber si está a gusto con
el tema.
—A pesar de ser un elfo, no controlo bien el tiro con flecha y no había
podido desarrollar mi poder: escuchaba y sentía al bosque. Como
comprenderás, el Príncipe de una aldea debe ser alguien fuerte y yo soy
débil, por lo que fui exiliado. Cuando conocí a Destan era un alma en pena,
su madre había acabado de suicidarse y lo único que le importaba era matar.
Nos unimos y comenzamos a planear estrategias y poco a poco me di
cuenta de que mi poder era algo más allá de la fuerza, se considera como
una inteligencia estratégica. Destan siempre me ayudó a mejorar.
Celebramos, comíamos y pasábamos tiempo juntos. Sin embargo, él nunca
sonreía. Siempre mantenía esos ojos vacíos, pero todo cambió después de la
muerte de los padres de la Princesa. Destan se responsabilizó de la pequeña
Morgana y empezó a cambiar. Se hizo más fuerte y maduro con el fin de
protegerla. Cuando regresaba de ver a su pequeña, su rostro retornaba
iluminado como una noche estrellada. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de
que Destan amaba a Morgana.
—¿Nos dimos cuenta? —pregunto porque lo pone en plural.
—Destan tiene su propio ejército desde hace años, por eso tiene tantos
recursos y contactos. Antes éramos Seiya, Carmín, Bog, Maddiel y yo.
Después de que Destan fue capturado, se unieron Ágata, la actual esposa de
Seiya como la doctora del ejército y Nayadé.
—¿Quién es Nayadé?
—Es una melíade que Destan salvó una vez —pone cara de broma—. No
sé muy bien cuál fue la historia de los dos, pero sé que Nayadé está
enamorada de Destan.
—Eso será fuerte para Morgana —menciono haciéndonos reír a ambos.
—Vamos. —Eleazar se desnuda y se lanza al agua—. ¡Está deliciosa!
¡Ven!
—¿Cómo me voy a desnudar y entrar?
—Solo estamos tú y yo aquí. —Me grita nadando. Sigo sus palabras, me
desnudo y me lanzo al agua.
—¡Está fría! —Le salpico y jala de mi abrazo hasta quedar abrazados.
—Ahora sentirás calor —ríe besándome con pasión. Su lengua dentro de
mi boca me hace excitarme terriblemente. Me levanta y me sienta sobre las
rocas, se sube y se sienta al lado mío—. Eres preciosa.
Estar aquí con él despeja mi mente, es una persona diferente en toda
regla.
—Entonces, ¿tienes pareja?
—No —mira dudoso como si le estuviera mintiendo—. No tengo.
—¿Entre tú y el Príncipe Rince no existe nada? —pregunta para
confirmar mi respuesta.
—No. —Hace un rostro de duda llevándose el pulgar al mentón—. Solo
nos acostamos por error.
—¿Solamente se acostaron? —Se sube sobre mí y me mira. Su gran
miembro está palpitando entre mis piernas.
—Hace como tres años fuimos a una misión juntos, bebimos de más y
nos acostamos. —Besa mi cuello.
—Así que fue tu primer hombre —me observa con interés, haciéndome
avergonzar.
—No —evado su mirada.
—Titania —sigue clavando la mirada, ¿cómo es que logra sacarme tantas
respuestas?
—Sí —accedo—. Después de eso, actúo como si nada hubiese ocurrido
así que yo hice lo mismo. Conocí a Saruman y decidí ser mejor mujer para
él.
—Saruman y Carmín tienen una historia muy complicada —comenta
Eleazar besando mis senos.
—Lo sé. Cuando Carmín murió pensé que, con el tiempo, él se fijaría en
mí. —Se acuesta a mi lado y se me queda viendo.
—¿Entonces solo has estado con Rince? —pregunta jugando con mi
pezón derecho.
—No —arquea la ceja—, y contigo.
—Tomaste la iniciativa aquel día —observa lascivamente mi cuerpo
pasándose la lengua por los labios.
—Tú lo provocaste —le sonrío.
—Rince está enamorado de ti. ¿Qué harás ahora? ¿Quieres estar con él?
—interroga sin mover un músculo, ¿va en serio con sus preguntas?
—¿Rince enamorado de mí? Eso es imposible. Él es un mujeriego como
tú —Pone cara de molestia en broma.
—Hablo en serio. Casi me lanza un puñetazo cuando nos vio besándonos
en el balcón aquel día —comenta haciéndome recordar mi locura de ese día
—. Yo soy un mujeriego, pero si tú me aceptas, me casaré contigo y
formaré una familia a tu lado.
—Eleazar, ¿hablas en serio? —la voz sale con dificultad de mi garganta.
—Sí. Desde que te vi, supe que serías la mujer con la que quiero pasar el
resto de mi vida —sus mejillas se sonrojaron.
—Es la primera vez que te veo sonrojado. —Se acerca y me besa.
—¿Si lo hacemos ahora, creerás que me intento aprovechar de una mujer
indefensa? —Me río moviendo mi cabeza para negar su pregunta.
—Puede ser, aun así, ¿quieres aprovecharte? —hago una sonrisa pícara y
se echa a reír.
—Entonces me aprovecharé de ti.
Introduce su lengua dentro de mi boca y me besa con vehemencia. Sus
manos llegan hasta mi vagina y me introduce dos dedos con fuerza,
robándome un gemido. El movimiento de sus dedos dentro de mi vagina
provoca que me moje. Es increíble la conexión sexual que tengo con este
hombre. Retira sus dedos y pone con suavidad la punta de su verga en la
entrada de mi núcleo. Juega con ella haciendo que me moje más, pone sus
dedos junto a su polla y me los introduce juntos. Mis gritos de placer hacen
eco en la cueva. Siento cómo libera sus dedos y me penetra con fuerza hasta
el final. Mi vagina se contrae provocando un orgasmo.
—Me encanta sentirte —su pervertida voz en mi oído me hace
enloquecer.
Empujo su espalda contra el piso y me muevo con suavidad sobre él.
Lleva sus manos hacia atrás de su cabeza y su mirada recorre todo mi
cuerpo, sus ojos se clavan en todo mi ser y, su gran y gordo miembro dentro
de mi apretada vagina me hacen sentirme en las puertas del infierno. Deseo
ser castigada por su látigo y convertirme en sumisa de su placer. Las
hormonas del éxtasis explotan entre nosotros. Me levanta con su miembro
dentro y me empuja contra una de las paredes de la cueva, embistiéndome
con fortaleza. Clamo su nombre antes de venirme una vez más. Sus besos y
caricias erizan mi piel y corrompen mi alma. Desciende al piso y me
arrodilla delante de su miembro. Agarra mi cabello y me hace tragármela
toda de una vez. Mueve mi cabeza hacia adelante y hacia atrás con mi
cabello. El agridulce sabor de mis fluidos y los suyos me hace excitarme
mucho más. Por mis muslos corren mis descontrolados orgasmos,
transformándome en una guarra con este hombre.
—Quiero venirme en tus tetas —anuncia excitado del placer.
—Hazlo. —Le digo inclinándome hacia atrás.
Lleva sus manos hacia su gran polla y la mueve con rapidez. Suelta un
gemido y libera su semen arriba de mis senos. Su sonrisa pícara hace que
tenga un cosquilleo en la columna.
—Debo limpiarte. —Se echa a reír después de ver el desorden que ha
provocado sobre mi busto. Me carga y me lanza hacia el agua.
—¿Qué haces? —digo riéndome cuando salgo a la superficie.
—Limpiarte —Se tira hacia el agua y pasa sus manos con suavidad para
limpiarme.
Besa mi frente. Nada hacia el bote y saca una cesta con comida.
Anclamos la barca hacia la orilla, prende una pequeña fogata y nos
sentamos. Me pone el cárdigan y se queda solamente con su camisa abierta
y unos pantalones color marrón. Ni siquiera me vestí con mucha atención
hoy.
—¿Con cuántas mujeres has estado? —se ríe ante la inminente e
incómoda pregunta.
—Eso es una información innecesaria para ti —su sonrisa es contagiosa.
—Tú me preguntaste con cuantos hombres yo había estado —lo miro
tratando de sacarle una respuesta.
—Tienes razón, pero yo no llevo la cuenta —evita mi mirada porque no
sabe qué contestar.
—Ya veo, es que has estado con tantas que olvidaste el número. —Se
sienta detrás de mí y me abraza.
—¿Es importante para ti conocer esa información? —susurra en mi oído
reportando una corriente directa a mi entrada.
—No es importante, pero me siento curiosa. —Muerde mi oído
provocándome de nuevo.
—No me hagas eso. —Le comento moviendo la cabeza.
—¿Tienes deseos tan rápido? —me sonrojo y se echa a reír—. Eres tan
tierna e inocente.
—No me gusta que me digan esas cosas —menciono arropándome en
mis brazos.
—¿Por qué? ¿Crees que te hace ver débil?
—En cierto modo, yo era vizcondesa de la Guardia Oscura, debía reflejar
miedo. —Me giro para mirarlo a los ojos—. Si me dices que me veo tierna,
todos los años de entrenamiento no han servido de nada.
—Solo quiero que seas tierna e inocente conmigo. —Le doy un casto
beso en los labios. Estos son suaves y apetecibles, como venganza dejo una
ligera mordida en uno de ellos—. Titania, en la vida, debemos cerrar los
círculos que abrimos.
—¿Por qué me dices eso ahora?
—Tienes un corazón herido por dos hombres —me sorprendo de su
declaración—. Te esperaré todo el tiempo que consideres necesario,
entrégate a mí cuando estés decidida a empezar de cero.
—¿Eso significa que no tendremos más sexo hasta que no me decida? —
expongo molesta y su cara de sorpresa habla por sí
misma—. No quise decir eso.
—Como si te dejara ir tan fácilmente, dormiré contigo todas las noches.
—Me abraza con fuerza entrelazando nuestras manos—. Cuando sientas
que tu corazón está libre de cadenas, espero que te entregues a mí. Te haré
la mujer más feliz del mundo.
Dejo que su abrazo le dé calor a mi alma. Quizás son las palabras que he
necesitado toda la vida, tal vez Eleazar sea la persona que estoy buscando
para mí.
El cielo está estrellado y hay una noche preciosa. Eleazar tiene razón, si
quiero ir en serio con él debo solucionar los sentimientos complicados que
siento hacia Rince. Eleazar me levanta en brazos y me lleva hacia el bote.
—Creo que te voy a tener que empezar a alimentar. Estás muy delgada.
***
Estamos de regreso en la Villa y el lugar está en completo silencio.
Caminamos hacia mi habitación y Rince está parado en la puerta.
—¿Podemos hablar? —Me pregunta separándose de la pared y
mirándome con molestia.
—Los dejo solos. —Eleazar besa mi hombro y se va.
—Entremos. —Abro la puerta para entrar a mi habitación.
Capítulo 27: Corazones Rotos
***Titania***
Rince entra después de mí. Su rostro está tenso y tiene cierta oscuridad en
sus ojos. Su mirada se dirige a los ventanales y camina hasta donde están
ellos dándome la espalda.
—¿Qué es lo que quieres hablar? —pregunto tratando de terminar el
tema lo antes posible.
Rince se gira, agarra mi cintura y me besa apasionadamente. Detengo el
beso porque no es así como quiero que sea esta conversación.
—Rince, suéltame —exijo entre labios.
—Titania, yo te amo —me mira directo a los ojos—. No amaré a más
nadie en esta vida. Huye conmigo —sus palabras me dejan sorprendida.
—¿Quieres que huya contigo? —demando atónita e impresionada.
—Sí. Nos iremos lejos, a un lugar que nadie nos conozca y estaremos
juntos —explica con seriedad como si hubiese hecho todo un plan.
—Si huyes serás perseguido por ignorar un compromiso real y sagrado.
¿Sabes el daño que le harás a Nerissa si hacemos eso? —su rostro se vuelve
inexpresivo, puede que no te importe ella, pero a mí sí.
—Ella no me importa —añade esquivando mi mirada.
—Rince —Eleazar tiene razón, lo separo de mí—. Yo quiero estabilidad,
no quiero pasarme el resto de mi vida corriendo de un lado a otro. Si nos
encuentran, nos matarán por traición.
—¿Tú no sientes lo mismo por mí? —sus ojos me clavan la mirada. Está
totalmente fuera de sí.
—Rince, mis sentimientos hacia ti son complicados —le soy sincera
porque espero que entienda—. Siempre pensé que estaba enamorada de
Saruman porque me salvó cuando era pequeña. Sin embargo, desde que
salimos de Hel, me di cuenta de que tengo otro tipo de sentimientos hacia ti.
—Si te sientes así, vamos a estar juntos por favor —suplica con
desesperación tomando mis manos.
—No puedo —las lágrimas corren por mis mejillas—. No quiero ese tipo
de vida y no es correcto que lo hagamos. Si me conocieras realmente,
sabrías que pasé mi niñez huyendo, por lo que no quiero regresar a cómo
me sentí en ese entonces. Yo te quiero, pero quiero que seas mío sin otras
ataduras. Te deseo un feliz matrimonio. —Le doy un casto beso en sus
labios creyendo haber finalizado la situación.
—¿Es por Eleazar que me estás abandonando? —pregunta enfadado y
dolido.
—Mi niño, Eleazar fue quien me ayudó a darme cuenta de mis
sentimientos por ti. —se sorprende—. Él no es ese tipo de hombre.
—Espérame. —Sostiene mis manos—. En unos años seré Conde en el
ejército de Destan y podré quitar las cadenas que me atan con Nerissa y
volveré contigo.
—Rince, no te puedo prometer algo que no sé si vaya a cumplir. Prefiero
ser sincera contigo que mentirte —me mira decepcionado. Le estoy
rompiendo el corazón—. Lo siento, esta vez debemos ir por caminos
separados. —Suelto sus manos y Rince abandona la habitación.
¡Qué doloroso es este momento! Quiero gritar, sin embargo, por mi
garganta no brotan las palabras. Me duele toda el alma, mi mente está
cansada, me tiemblan las piernas y las lágrimas brotan descontroladamente
por mis ojos. Este es el momento en el que sabes que la decisión que
tomaste no tiene marcha atrás. Quiero pensar que es lo mejor, quiero creer
que es lo mejor. Mi corazón está tan triste y lleno de dolor como mi alma.
Solo me consuela que el tiempo me ayudará a ver si mi decisión fue certera,
solo el tiempo será capaz de solucionar este malestar. Sé que este dolor no
desaparecerá ni se detendrá, no obstante, haberlo conocido me hará más
fuerte. El suelo está frío, pero en este momento mi alma hierve de tanto
pesar, y esa frescura me reconforta. Abro la ventana y miro a través de ella.
Es posible que este día, no lo olvide nunca.
***
Me quedé dormida en el piso con la cabeza reposada en la cama. Mis ojos
están hinchados y creo que estoy afónica.
Las palabras de Eleazar se repiten en mi cabeza:
—“Uno debe cerrar los círculos que tiene en la vida”.
Por lo que cojo la decisión de meterme al agua y nadar hasta mi ciudad
de origen, Beacia.
Hacía tiempo que no nadaba en mi forma de sirena, nunca le he contado a
nadie sobre mi apariencia o la historia de mi infancia. No me siento cómoda
hablando de ello y prefiero enterrarlo.
La ciudad de Beacia se ha mantenido igual que en los últimos diez años
que he estado sin venir, como si el tiempo se hubiese detenido dejando todo
en pausa. Es increíble observar cómo los festivales, las personas alegres, las
cadenetas expuestas por todos los arcos del pueblo y los caminos
empedrados que conducen a la casa que me vio nacer, están aún en el
mismo sitio.
El hogar de los señores Levis conserva su apariencia de alta clase con sus
pomposos jardines colmados de flores, sus esculturas de mujeres con la
regadera en la mano y una enorme fuente en el centro del recinto.
—¿Thania? —pronuncia el señor Levis desde el balcón de su recámara.
Las luces de la casa se encienden, tanto la señora Levis como el señor
bajan a recibirme. He estado enviándoles dinero desde que me fui para Hel,
les he escrito cartas, pero nunca había tenido el valor de regresar. Mentí
sobre cómo partí, pero era lo mejor. Si sabían que me estaba escondiendo,
iba a ser peor para ellos. Ambos me abrazan con fuerza. Son los padres que
nunca tuve.
Entro con ellos a la casa para hacerles un resumen de mi vida actual y
cómo es que terminé siendo la guardaespaldas de la Princesa de Asgard. Me
felicitan orgullosos y comparto varias anécdotas que tuve en la Guardia
Oscura.
El tiempo no parece pasar, pero los rayos del sol inician su aparición,
recordándome que tengo que volver.
—Debo irme. —Les explico dirigiéndome hacia la puerta.
—Ven a visitarnos. —Me pide Madame sosteniendo mis manos.
Les comparto una sonrisa abrazando a ambos.
Mi siguiente parada es el campo de flores, ya que ahí fue donde comenzó
todo.
El rocío de la mañana baña todo el huerto, provocando que liberen un
refrescante olor.
—Estás muy lejos de tu grupo —advierte esa escalofriante voz, haciendo
que cada bello de mi cuerpo se erice.
Me giro teniendo enfrente al asesino y culpable de todas las desgracias
que estoy viviendo en este momento. Bueno, de todos a mi alrededor.
—Su majestad. —Realizo una reverencia tratando de permanecer
calmada.
—Puedes llamarme Evan —ordena inexpresivo, ¿qué hace él aquí?
Evan camina hasta quedar parado a escasos metros de mí observándome
con una mirada gélida sin vida.
—Tienen una fragancia fuerte con el rocío de la mañana —expone como
si fuera normal hablar de las flores entre nosotros.
—Sí, hacía años que no venía y decidí apreciarlo ahora que me encuentro
aquí —explico controlando los desenfrenados latidos de mi corazón—.
¿Puedo tener el atrevimiento de preguntar qué hace aquí?
—Tenía ganas de observar este paisaje —contesta sin dar información de
la verdadera razón—. No intentes buscarle una respuesta a cada cosa; hay
algunas que las llevan los impulsos.
—¿Está aquí por impulso o porque quiere saber dónde está Morgana? —
demando sin pensar en las consecuencias.
—Ni Morgana ni Destan tienen que ver con mi viaje aquí. Si quisiera
reunirme con ellos, ya lo hubiese hecho —comenta pareciendo sincero—.
Se avecina una tormenta, quería respirar antes de sumergirme en ella.
—¿La cual provocó usted mismo? —mi sarcasmo está tomando control
de mi voz. Andar con Morgana me está haciendo efecto.
Esa sonrisa maniática se apodera de su rostro y se limita a lanzarme una
mirada para obtener como respuesta que tiemble desenfrenadamente.
—Deberías volver —menciona como si fuera alguien cercano—. Yo
también tengo preparativos que realizar en Asgard.
—Buen viaje, majestad. —Le realizo otra reverencia; Evan coloca su
mano sobre mi cabeza, haciendo que lo mire.
—Evan es mi nombre.
Se gira desapareciendo en el cielo. Por un momento olvidé lo que estaba
haciendo aquí.
Debo regresar; no quiero que se preocupen.
***Morgana***
Abro mis ojos para visualizar el techo de mi habitación. Destan está sentado
en una butaca mirando a través de la ventana, reflejando tristeza en su
rostro.
Me recompongo sobre la cama, recordando todas las atrocidades que
sucedieron antes de perder el conocimiento: desperté a Rakhasa y su
ejército; el Conde de Duffeham llamó a Fay «perra»; enloquecí, matando a
todos los guardias a su alrededor, incluyéndolo.
¿Cómo puedo descontrolarme de esa manera? ¿Cuántas personas mataré
en mi sed de sangre?
¡Soy un monstruo!
—Destan. —Se percata que desperté, se acerca y besa mi frente.
—¿Cómo te sientes? —su mirada manifiesta preocupación. He intentado
leer su mente, pero no puedo entrar.
—¿Por qué no puedo leerte el pensamiento? —pregunto confundida
tratando de reponerme en la cama.
—¿Eso es lo primero que deseas saber después de despertarte? —Se ríe
despeinando mi cabello.
—No, pero… —me observa juguetonamente, haciéndome avergonzar, y
en cierto modo me alivia—, no me cambies el tema.
—Nunca había tenido que preocuparme de que alguien leyese mi
pensamiento, así que siempre tenía mis ideas libres —Acaricia mi cabeza
—, pero desde que obtuviste ese poder mío, debo cuidarme.
—¿Eso quiere decir que pusiste una barrera para que yo no supiese lo que
estás pensando? —lo miro incrédula. —¡No es justo! ¿Cómo puedes tú leer
el mío y yo no el tuyo? —Se echa a reír contagiándome, y haciéndome reír
también—. Destan, no fue un sueño, ¿verdad? Yo maté al Conde de
Duffeham.
—Lo hiciste —su sonrisa desaparece y suelta un suspiro—. Mataste a
varios de sus soldados y te desmayaste después de eso.
—Lo siento, perdí mi cabeza. —Me abraza y recibo su consuelo, porque
es lo que necesito.
—Es mi culpa, debo enseñarte a controlarte. —Su calor me reconforta y
en cierto modo me siento culpable de asesinar a todas esas personas.
Diviso por la ventana que ya ha anochecido.
—¿Cuánto tiempo estuve durmiendo esta vez?
—Desde que llegamos, han pasado algunas horas solamente. —Nuestra
conversación se ve interrumpida cuando tocan la puerta. Destan se levanta y
la abre. Es Eleazar acompañado de Meiga.
—Necesito hablar contigo —anuncia Eleazar a Destan.
—Yo me quedo con la Princesa. —Menciona Meiga acercándose a la
cama.
—Ve, Meiga me hace compañía. —Le digo y él abandona la habitación
junto a Eleazar.
—¿Cómo se siente? —Me pregunta Meiga tomando asiento en la esquina
de la cama.
—Mucho mejor. Titania me dio esto. —Le muestro el frasco que está en
mi cómoda.
—Me gustaría hablar de eso con usted. Es un jarabe para que quede
embarazada —mi sorpresa es palpable desde cualquier lado. ¿Cómo?
—¿Yo tampoco puedo tener hijos? —pregunto, porque es la primera vez
que alguien me lo dice.
—No puede. Cuando dice yo tampoco, ¿habla del Príncipe Destan? —
Asiento con la cabeza—. Él está muy avanzado en su estado de Turoth,
pero no debe perder la esperanza. Esta medicina es muy potente, nunca ha
fallado. Ya verá que antes de lo que espera tendrá a un pequeño corriendo
por aquí.
—Gracias, Meiga. —Le sonrío tratando de despejar los pensamientos que
están llegando a mi mente—. ¿Estás emocionada de volver a Midgard?
—No sabría cómo responderle. Mi hermano fue exiliado de nuestra tribu
y yo me he visto envuelta en un compromiso no deseado. Por esa razón
escapé y fui capturada. —Me comenta con tristeza jugando con sus dedos.
—No te preocupes, te puedes quedar conmigo todo el tiempo que desees.
—Le ofrezco dándole unas palmadas en el hombro.
—Seré su sirvienta por el resto de mi vida —dice emocionada haciendo
una hermosa sonrisa.
—No hay necesidad.
—Descuide, desde hoy estaré a su lado incondicionalmente. Debe
tomarse la medicina por la mañana y por la noche. —Me explica y
abandona la habitación—. Iré a traerle unos bocadillos.
Meiga abre la puerta y Destan la atraviesa a su par.
—Hablaron rápido —digo impresionada. Apenas fueron, ¿cinco
minutos?
—Sí —su rostro está tenso—. Morgana, debemos hablar.
—¿Qué sucede? —pregunto asustada y él se sienta a mi lado.
—Yo estoy restableciendo mi ejército porque quiero conquistar Midgard
y matar a Geirröd —expone sincero, observando mi reacción—. En mi
ejército hay varios Condes y hay alguien de la que debo hablarte.
—¿De quién hablas que actúas tan rígido? ¿Acaso tuviste otra mujer? —
pregunto en plan celos porque, la verdad, nunca he pensado que puede tener
una amante.
—Ella no fue mi mujer, pero sí tuvimos una pequeña historia. —Mi
rostro se incomoda con sus palabras, no sé cómo sentirme al respecto—. Su
nombre es Nayadé, es una melíade que Geirröd mandó para asesinarme
hace muchos años. Después de eso, hicimos un trato en el que ella me
produciría unos afrodisíacos a cambio de su libertad.
—¿Y qué tiene que ver ella con tu ejército? —pregunto molesta por sus
palabras.
—Ella y Seiya trabajaron juntos manteniendo mis propiedades con vida,
así que decidimos agregarla a mis Condes —confiesa desviando sus ojos
hacia la esquina—. Si tú me dices que la quieres fuera, yo lo haré. Solo
quiero que sepas sobre ella.
—¿Te acostaste con ella? —Fui directa al grano porque lo conozco.
—No, solo tuvimos un poco de intimidad y bebí de su sangre. Cuando
me di cuenta de que era virgen, no la toqué más —expone dejándome con
sentimientos encontrados.
—¿Por qué no estás con vírgenes? —pregunto con ironía y fastidio.
—No, son un problema. Además, de que ella tenía una larga historia
relacionada con su tribu de llegar vírgenes al matrimonio —me mira
sorprendido, parece que se dio cuenta de que habló más de la cuenta—. Tú
eres especial —añade arrepentido.
—Ya veo, así que fui un problema —menciono brava y herida, no es el
mejor momento para hablar de ello—. Sal, esta noche duermes en tu
habitación.
—Morgana —suplica tratando de tomar mis manos.
—No quiero. Uniste a tu ejército a tu exmujer sin consultarme. Estoy
segura de que Eleazar fue quien te obligó a hablar de ella, sino me lo
hubieras ocultado.
—Tú eres única y diferente. No me iré de tu lado. —Me arropa en su
pecho apretándome con fuerza.
—Destan, suéltame —Me río porque, en cierto modo, sí estoy celosa,
pero no entiendo su actitud—. Estoy molesta.
—No me iré. —Muerde mi oreja, haciéndome cosquillas con sus manos
en mi vientre.
—Destan, ¿sientes algo por esa mujer? —observo con seriedad su
reacción.
—Por la única mujer que sentí, siento y sentiré algo eres tú. —Me besa
apasionadamente.
—Déjame unirme a tu ejército.
—No —responde tajante y se levanta de la cama.
—¿Por qué? —pregunto disgustada mientras evade mi mirada.
—Todavía no es momento de que conozcas a mi ejército. —Me dice
fríamente despeinándose el cabello—. Te puedo prometer que cuando
lleguemos a Midgard, te ayudaré a controlar tu poder y te dejaré unirte a
uno de los nuevos Gremios junto a Titania para que puedas practicar.
—Supongo que no podré hacerte cambiar de opinión.
—No. Te pido que esta vez me escuches —me mira con ojos de súplica
para que deje el tema.
—Está bien, cederé esta vez.
Me dirijo hacia el baño para darme una ducha, Destan me sigue. Me
quito la ropa y dejo que el agua caliente descienda por mi cuerpo. Destan se
quita la ropa acostándose en la tina. Echo unas esencias al agua, entro a la
tina sentándome con la espalda apoyada en su pecho.
—Morgana —Alzo la cabeza para verlo—. Rince y Nerissa se van
mañana hacia Alfheim para realizar su matrimonio.
—¿Cómo sabes eso? —pregunto tratando de controlar mi sorpresa ya que
no se habló sobre ello en la Asteria.
—Eleazar vino a decirme que Rince le dijo que su boda se realizaría
mañana y que se van a vivir un tiempo allá —añade haciéndome sentir triste
y compareciente de la situación de ambos.
—Entiendo —cierro mis ojos y escucho el desgarrador llanto de Titania,
el sollozo ahogado de Nerissa y la rabia de Rince—. Este poder tuyo te
brinda tanto cosas buenas como malas, desearía no tener que escuchar a
Titania y a Nerissa sufrir de esta manera.
—La vida es compleja, no todos podemos tener lo que queremos. —
Destan me abraza con fuerzas y sé que el significado de sus palabras va más
allá de este momento.
—Destan, ¿asistiremos a su boda? —demando entrelazando nuestras
manos.
—No —adquiere serio—. Mañana partiremos hacia Teoviva.
—Tengo sentimientos encontrados por no acompañar a Nerissa en este
momento. Creo que, en cierto modo, me necesita —expreso con tristeza,
recordando lo que significa un matrimonio arreglado.
—No sabía que se habían hecho amigas, pensé que se odiaban —observa
incrédulo esperando una respuesta de mi parte.
—No creo que seamos amigas, pero tengo cierta conexión con ella.
Titania puede ir con Eleazar y los chicos en el barco mientras que asistimos
con Erelim a la boda.
—¿Lo tienes todo planeado? —dice riendo, pongo ojos de puchero—.
Está bien, solo asistiremos a la boda e iremos directo a Midgard cuando
termine.
—Gracias.
Simpatizo con el dolor de Nerissa. No hay nadie que esté esperando su
regreso, y está yendo a un matrimonio no deseado con una persona que no
ama, a un futuro lleno de cadenas y a un lugar donde desconfía de todos. A
veces, las responsabilidades nos golpean haciéndonos olvidar nuestros
sueños y esperanzas. Sé mejor que nadie que ella se hace la fuerte,
demostrando que estar casada con Rince no le afectará, pero conozco su
personalidad y cortarle las alas a alguien como Nerissa es como encerrar un
pájaro en una jaula que eventualmente se le caerán las plumas y morirá.
***
Al otro día, llegó una carroza tirada por pegasos a recoger a Nerissa y
Rince.
Los rostros de ambos están llenos de tristeza y frustración. No es un día
feliz para ninguno de los dos.
Destan y yo subimos a Erelim para acompañarlos. Eleazar se embarcó
junto a Titania, Meiga y los chicos para Midgard.
El viaje fue silencioso. Rince y Nerissa no hablaron una palabra hasta
llegar a Alfheim.
—La ceremonia es a las once —explica Rince a Nerissa cuando llegan a
la puerta del palacio.
—Está bien —responde Nerissa con un hilo de voz.
Cada uno se dirige al ala del castillo que le corresponde para alistarse.
La ciudad de los Nómadas del Aire se encuentra atrapada en varias
ráfagas de viento. Los castillos tienen grandes arcos para que el aire pueda
atravesarlos con facilidad y el lugar está lleno de senderos y ríos con una
verde y aromática vegetación.
La ceremonia se realizará en una iglesia real que queda a las afueras de la
capital Vuivia.
—Destan, voy a acompañar a Nerissa. —Le digo bajando de Erelim y
corriendo en dirección de ella.
Sigo la esencia de Nerissa hasta llegar a su habitación. Las lágrimas se
desbordan por su rostro mientras se pone un largo vestido rojo, este llega
hasta los hombros y tiene una gran cola con varias capas de encaje.
—Nerissa. —Entro a su habitación y ella se seca las lágrimas.
—Pasa —dice haciendo una sonrisa forzada.
—El vestido es precioso —menciono tratando de animarla, pero no
funciona muy bien.
—Gracias —contesta con voz temblorosa.
—Si necesitas ayuda, vendré en tu rescate. —Le comento tomando sus
manos.
—Con que estés aquí hoy, es suficiente. Ya estoy grande, sé las
responsabilidades y consecuencias que trae mi título —respira profundo
tomando el aire que necesita para agregar—. Evan le pidió a Rince que,
durante el restante embarazo de Lorelei y los dos primeros años del
nacimiento de su hija, gobernemos Alfheim. Cuando termine ese período,
podemos volver con ustedes y ser libres de las manos de Evan.
—¿Qué necesitas? —Le pregunto dándole un abrazo.
—Solo que esperes hasta que pueda volver con ustedes —sonríe y mis
ojos se llenan de lágrimas.
—¿Qué sucederá entre Lotán y tú? —demando, porque sé mejor que
nadie como se lanzaban miradas cuando estaban juntos.
—Él sabía mejor que nadie a lo que se enfrentaba si seguía conmigo. Así
que, decidimos terminarlo. A ninguno de los dos nos gustan las cosas
complicadas. —Hace una sonrisa que me llena de dolor—. Estaré bien.
Le ayudo con su cabello, coloco sus pendientes y collar. Está preciosa,
lástima que el novio no sea el deseado para ninguno de los dos.
Abandono la habitación para dejar que repose y tome la fuerza que
necesita para la ceremonia.
Me dirijo al patio real donde está sentado Destan junto a Evan. ¿De qué
hablan esos dos?
—Hola, hermano —saludo respetuosamente.
—Hola, Morgana. —Toca con suavidad mi cabello—. Te ves mejor que
ayer.
—Evan, nosotros ya nos vamos. —Le dice Destan sujetándome el brazo.
—Espero que vuestra boda sea pronto —comenta Evan sonriendo con
malicia—. Estaré al pendiente de su invitación.
Destan me saca corriendo del lado de Evan y nos adentramos en un
pequeño bosque que lleva a la iglesia real. Su rostro está pálido y sudoroso.
¿Qué habrá sucedido entre los dos? Le suelto la mano a Destan y se detiene.
—¿Qué sucedió entre Evan y tú? —interrogo porque su reacción no es
normal.
—No me gusta sentirme presionado —confiesa nervioso despeinando su
cabello. Se va a quedar calvo si continúa con ese tic nervioso.
—¿A qué te refieres?
—Evan quiere que nos casemos lo antes posible —expone evadiendo mi
mirada.
—¿Y tú estás en contra de eso? —pregunto incrédula porque nunca
hubiese pensado que él no quisiera casarme conmigo.
—En cierto modo, sí —mi rostro de molestia y mi carácter explosivo
desean gritar, pero me intento controlar.
—Si no te quieres casar conmigo, no estás obligado a hacerlo —digo
tratando de mantener la calma.
—Morgana, no es lo que estás pensando. —Me mira e intenta sujetar mi
mano, la cual le niego.
—Destan —Mi enfado está a punto de explotar y doy un paso hacia atrás
poniendo una distancia clara entre nosotros—, no sé si quiera entender a lo
que te refieres. Voy a adelantarme a la iglesia.
—Morgana. —Me abraza por detrás deteniendo mi camino.
—Destan, ¡suéltame! —grito molesta mostrándole una mirada de rechazo
hacia él.
Destan me libera y camino hacia la iglesia.
Dentro de la catedral se encuentra Lorelei, Eolo, Parisa y los demás
invitados del Reino de Alfheim. Ocupo un lugar detrás de Lorelei, Evan
entra a continuación de mí y se sienta a mi lado.
—¿Te enojaste con Destan? —pregunta Evan con su singular mirada
inexpresiva.
—Creo que eso es problema nuestro, hermano —respondo con la última
gota de paciencia que resta en mi cuerpo.
—La boda de los miembros reales son problemas de todos, mi querida
hermana —menciona como si le importara—. Si retrasan su boda, cancelaré
su compromiso.
—¡No puedes hacer eso! —Lo miro incrédula. ¡No puede estar hablando
en serio!
—Sí puedo. —contesta Evan acentuando sus ojos en los míos—.
Celebren la boda en Asgard, solo necesito saber el día y tendré todo listo.
¡No puedo creer lo que me está diciendo!
—Evan, ¿cuál es tú interés en que me case con Destan? —Se ríe
maliciosamente—. Ayer te mostrabas indiferente ante esa situación.
—Morgana, una vez que te cases con Destan, tu poder nacerá
completamente.
—¿A qué te refieres? —pregunto ingenua ya que no sé a qué se refiere.
—Para liberar tu transformación final como Turoth, debes realizar la
ceremonia de bodas —cuenta con voz envolvente—. Solo de esa manera tus
poderes entrarán en su siguiente nivel y todos los que están vinculados a ti
alcanzarán un nuevo nivel de magia.
Mi rostro se aterra. De esa manera, Evan se volverá más poderoso y
tendremos muchos más problemas de los necesarios.
—En los libros antiguos se describe como Jarl: Rey de magia oscura.
Seguro habrás leído sobre ello, mi pequeña hermana.
Mi piel se eriza. Cuando era pequeña Evan me hizo leer mucho sobre los
antiguos dioses del caos y las barbaridades que hacían. En una de las
historias hablaba de los Jarl, se dice que eran fieles servidores de los dioses
del caos y que sus poderes estaban casi al mismo nivel de ellos.
—Entonces perderás si no me caso con Destan —contesto provocándolo
equivocadamente.
—Si eso ocurre, me divorciaré de Lorelei y me casaré contigo. —Me
sujeta el rostro como si me fuera a besar.
—No te atreverías —digo confiada porque sinceramente, ¿casarse
conmigo? ¡No! ¡Primero muerta!
—Pruébame —expone con ojos aterradores y mis piernas tiemblan,
Destan, ¿dónde estás?—. Todos ustedes son pequeñas piezas en mi juego,
todos son prescindibles. Así que si quieres que tu amada amiga Lorelei viva
y pueda conocer a su hija, te sugiero que apresures tu matrimonio. —La
mano de Evan es arrebatada de mi rostro por Destan.
—Creo que ya fue suficiente —murmura Destan en voz baja.
—Hermano —menciona Evan con alegría—. Llegaste justo a tiempo.
Morgana acaba de confirmarme que va a realizar su ceremonia en Asgard.
—Evan, ¿qué le dijiste? —interroga Destan molesto e incómodo
apretando su puño.
—Lo mismo que te dije a ti. —Destan cierra su mano como si fuera a
golpearlo.
—Destan —susurro para que me observe—. Hablaremos después de la
ceremonia de Nerissa y Rince.
Destan asiente a regañadientes, sentándose a mi lado. Rince entra por la
puerta y se detiene en el altar. Se ve guapo con un traje largo y rojo oscuro;
su rostro está inexpresivo y sin vida. Todos nos elevamos cuando vemos
ingresar a Nerissa con su estupendo traje. A pesar del maquillaje que se
puso, se puede notar cómo tiene los ojos rojos de llorar. Todos aplauden
cuando llegan al altar los dos y nos sentamos para comenzar la ceremonia.
—Queridos hermanos y hermanas —saluda el sacerdote—. Estamos aquí
reunidos para presenciar el compromiso real de estas dos personas. En KOI,
el matrimonio es uno de los actos más sagrados y puros —explica
orgulloso. Sagrado puede ser, puro no creo—. Desde este minuto, hasta que
la muerte los separe, estarán unidos en fiel matrimonio.
El sacerdote les entrega las alianzas reales, cada uno se la coloca en su
dedo anular y se hacen una pequeña reverencia entre ambos. Un pequeño
monje se acerca, les encierra una pulsera a cada uno en su mano derecha y
le entrega la Hapia para que la beban. La boda ha terminado, lo que
continúa es que pasen su primera noche juntos bajo el efecto de la bebida y
se habrá completado la unión sagrada.
Rince le brinda su mano a Nerissa y esta la acepta. Hacen una sonrisa
forzada los dos y se retiran en el carruaje a la habitación de bodas.
—Nos vamos —anuncia Destan entrelazando nuestras manos.
—Acompáñenme los dos al palacio. Debo entregarles una cosa —
advierte Evan y salimos de la iglesia juntos.
***
Destan presiona mi mano cuando entramos al palacio de Asgard. El lugar es
tan sombrío como la última vez que estuvimos. Evan nos guía hacia su
despacho que se encuentra en la sala este del castillo. Abre una gaveta y nos
entrega una caja. Destan la abre para descubrir dos alianzas entrelazadas
con piedras. El rostro pálido de Destan hace que me ponga más nerviosa.
—¿Te acuerdas de ellas? —pregunta Evan a Destan con su característica
sonrisa.
—¿Qué son estas alianzas? —demando a Evan, este se ríe observando a
Destan.
—Son las alianzas que le mandé a hacer a Carmín hace diez años para
nuestro compromiso —responde Destan incómodo. ¿Cómo es posible que
Evan tenga esto?
—Exactamente —menciona sonriendo, provocándome escalofríos—. No
las he tocado desde que las hicieron, las guardé dentro de esa caja
protectora.
—¿Qué tienen de especial? —pregunto a Evan, ya que Destan se niega a
hablar.
—Supongo que Destan está sin palabras por mi gran gesto —vuelve a
sonreír de oreja a oreja—. Mi querida hermana, Destan hizo el diseño de
esas alianzas, Carmín cumplió con su petición y se las hizo con sus esencias
combinadas.
—No entiendo —digo inocente y perdida en esta situación.
—Una vez que te la pongas, nunca te la podrás quitar, es una cadena
eterna —explica Destan finalmente—. Estas alianzas fueron hechas con el
objetivo de utilizarlas en nuestro acto matrimonial. Una vez puestas en
nuestro dedo anular, crearán raíces dentro de nuestros cuerpos y nos
conectarán. Si alguno de los dos fuésemos infieles, las raíces pararían
nuestro corazón y nos matarían.
—Exactamente. Destan puso una maldición en los anillos. —Evan
muestra su rostro malicioso posando su puño en su mejilla derecha como si
estuviera disfrutando de la situación—. Y son indestructibles, ya que están
creadas con la esencia de los dos.
—¿Y eso qué importa? —Le arrebato la caja a Destan y me pongo mi
alianza. Esta tiene una gran piedra roja en el centro seguido por pequeños
rubíes entrelazados por ramas negras.
Cuando termino de colocarme mi anillo, siento cómo me arde la mano, y
tengo un cosquilleo en el interior de la palma.
—¿Estás loca? —Destan atrapa mi mano con rapidez para quitármelo.
Sin embargo, no logra sacarlo del dedo.
—Creo que te encuentras en problemas, Destan —anuncia Evan riendo a
carcajadas.
—¿Por qué eres tan temeraria? —grita Destan enojado despeinando su
cabello.
—¿Por qué me gritas? ¿Qué tiene de importante este anillo? —Me llevo
mis manos a mi rostro—. A mí no me importa que lo hayas maldecido con
eso.
—Morgana, no estás entendiendo. —Me dice Evan aplaudiendo mi acto.
—¿Pueden hablar todo de una vez y explicarme qué es lo que sucede? —
chillo molesta porque esto ya me está sobrepasando.
—El anillo se supone que se utilizará la noche de bodas —murmura
Destan en un tono cortante e incómodo—. Si se usa antes, la maldición se
activará en sentido contrario.
—Quiere decir que ponérselo antes de realizar la ceremonia puede
matarte —explica Evan feliz traduciéndome las palabras de Destan.
—¿Cuánto tiempo tenemos? —demando a Destan tocando su hombro.
—Tres días —responde afligido quitándome la mano.
—Supongo que empezaré a hacer los preparativos —grita Evan súper
contento.
Estoy empezando a irritarme. Destan coge su alianza y se la pone en el
dedo anular también.
—Morgana. —Me mira molesto dando un pequeño golpe con su mano en
mi cabeza—. ¿Te mataría escucharme y hacer las cosas bien algún día? No
es así como quería realizar esto. —Destan sale de la habitación y me deja a
solas con Evan.
—Supongo que lograste tu objetivo —observo a Evan con rabia—.
Sabías que me pondría la alianza cuando supiese de su existencia y que de
esa manera apresurarías mi casamiento con Destan —mi voz se va elevando
a medida que hablo—. ¿Qué es lo que deseas realmente, Evan?
—Morgana, yo deseo la felicidad de Destan —añade con oscuridad en
sus ojos—. Nunca lo has entendido a él y dudo que lo hagas.
—¡No des por sentado mis sentimientos por él! —rujo molesta cansada
de sus juegos.
—Tus sentimientos te demostrarán con el tiempo que Destan es más
complejo de lo que imaginas y tu retorcido destino con él, acaba de
comenzar.
Abandono la habitación hecha un ataque de ira y arrepentimiento.
Camino por el palacio teniendo mis sentidos más agudizados, ni siquiera
tengo que esforzarme en concentrarme. Los pensamientos de todos arriban
con precisión.
Rince y Nerissa están consumando su matrimonio en este momento y sus
gemidos resuenan en mi cabeza. Me agacho en el piso y trato de cubrir mis
oídos para ver si se detiene. Escucho a lo lejos, el grito de un niño siendo
golpeado, los gemidos de las parejas, las posadas abarrotadas de personas
charlando.
¿Qué me está sucediendo?
Un tacto me eleva del suelo, Destan me lleva en brazos hacia Erelim.
—Destan —lo miro y su rostro está tenso.
Subimos a Erelim y emprendemos vuelo a Midgard. Las voces no
desaparecen y cada vez puedo oír más.
—Se detendrá cuando consumemos el matrimonio —explica Destan en
voz baja con un claro rostro de enojo.
—¿Cómo sabes lo que me está sucediendo?
—Es el efecto del anillo. Es la primera vez que usas mi poder —
menciona tratando de no gritarme—. La Hapia tiene un efecto similar, mi
energía y la tuya se están combinando en este momento.
—¿Eso significa que tendrás mis sueños? —pregunto preocupada porque
no quiero que viva lo terribles que son.
—Sí, pero estoy acostumbrado a estar en ellos —no me ha mirado ni una
sola vez después de lo ocurrido con Evan. Está molesto conmigo.
Creo que el camino hacia Midgard será más pesado de lo que pensé.
—¿Cuándo llegaremos a Midgard? —pregunto tratando de cambiar el
tema.
—No iremos allí. Aterrizaremos sobre el barco y navegaremos con los
demás.
Sigo sin poder entrar a su mente. Quisiera saber qué es lo que
verdaderamente está pensando en este momento.
***Titania***
Cuando vi a Rince partir esta mañana, mi pecho se oprimió, pero está bien.
No me arrepiento de mi decisión; estoy cerrando círculos en mi vida y esto
es una manera de sanar, poco a poco dando pequeños pasos. Mi encuentro
con Evan erizó mi piel, pero no debo prestarle atención. Está loco y es
mejor que lo deje en el pasado. No quiero que Morgana o Destan piensen o
consideren que soy una espía de él.
Eleazar no vino a mi habitación hasta esta mañana, lo que me ayudó a
que nadie se diera cuenta de que salí de la villa a visitar Beacia. Hay
bastantes cosas que preparar para el viaje, pero por suerte, Eleazar y Lotán
han hecho una buena combinación. Hablan de estrategias y combates casi
todo el tiempo mientras recogen los artículos necesarios para partir.
Cuando todo está listo, abordamos el barco para iniciar la trayectoria. El
tiempo está frío, por lo que decido entrar a mi camarote y dormir algo. Esa
imagen de Rince partiendo no la logro apartar de mi mente.
Tocan mi puerta.
—Es Meiga, ¿puedo pasar? —pregunta con voz amable.
Me levanto y abro la puerta. Meiga entra y se acuesta en mi cama.
—Ven. —Me dice acostándose a mi lado—. Mis padres quieren casarme
con un hombre de otra tribu, nunca lo he visto y debo entregarle mi
virginidad. —Hace una pausa tomando aire—. Puedo comprender cómo se
sienten tus amigos en este momento. Sin embargo, mi hermano es mejor
hombre que él.
—Meiga, no entiendo por qué me dices eso.
—Si el compromiso de ellos se realizó fue por algo, nada en esta vida
ocurre por casualidad. —Sus enormes ojos me clavan la mirada—. Titania,
el amor es complejo, pero es único. Si vas a estar con mi hermano, trátalo
como se merece. Nadie desea un amor a medias. Ahora vamos a dormir, tus
llantos de anoche hicieron de mi corazón un hueco.
—¿Volverás a desaparecer cuando despierte? —pregunto tratando de no
quedarme sola en el camarote, necesito compañía para sobrellevar el
momento.
—Puede ser. —Se ríe soltando un polvo de sus alas que me ponen
somnolienta.
Huelo una fragancia conocida y estoy siendo arropada. Esta sensación
suena familiar. Abro mis ojos y Eleazar me tiene abrazada contra su pecho.
—¿En qué momento llegaste? —demando reponiéndome en la cama.
—Hace un instante —dice besando mi frente—. Ya anocheció.
Me levanto con rapidez de la cama.
—¿Morgana y Destan ya regresaron?
—Sí, pero te sugiero que los dejes solos. Destan está molesto con
Morgana.
—¿Destan enfadado con Morgana? —pregunto atónita, son dos cosas que
no van juntas.
—Sí. Destan hace diez años creó unas alianzas para el día de su
matrimonio con Morgana, y ella se las puso en una discusión con Evan.
Ahora deben casarse en tres días, o de lo contrario, activará una maldición
que Destan les puso a los anillos.
—Eleazar, explícame despacio, no logro entender nada. ¿Qué maldición?
—Destan, después de crear las alianzas, les lanzó una maldición con sus
poderes. Se supone que las alianzas se enraizarían en sus manos y llegarían
a sus corazones. Esto es con el objetivo de que, si alguno de los dos es infiel
en el futuro, la maldición se activaría y lo mataría. —Asiento con la cabeza
—. Como ellos no han consumado el matrimonio, al colocarse las alianzas
de esa manera, causaron que la maldición tuviera un efecto contrario y si en
tres días no se casan, ella morirá.
—Entiendo, ¿por qué Morgana se puso el anillo?
—Destan no habló de ello. Dijo que fue durante una discusión con Evan.
¿Morgana, qué haces? ¿Hasta dónde llegarás con tu carácter explosivo?
—Sigo sin entender cómo llegaste aquí.
—Anoche sé que no dormiste, y cuando entré a revisarte, te vi durmiendo
tan plácidamente al lado de Meiga que no quise despertarte. —Acaricia con
suavidad mi cabello—. Meiga se despertó hambrienta, así que fue a la
cocina a buscar comida y me acosté a tu lado como reemplazo.
—Entiendo. ¿Cómo sabes que anoche no dormí? No visitaste mi
habitación en toda la noche. —Se me acerca y me besa.
—Me quedé esperando en tu puerta. —Mi rostro está muy impresionado.
No lo vi cuando salí a mi paseo secreto.
—¿Tú me escuchaste llorar? —pregunto y asiente con la cabeza. ¡Qué
vergüenza!
—¿Está mal que pregunte por qué le dijiste a Rince que no quieres seguir
huyendo?
—En cierto modo, está mal que escuches las conversaciones de los
demás —menciono molesta porque no quiero hablar de ello.
—No lo hice. Rince me fue a buscar cuando terminó de hablar contigo,
me dijo que te dejaba en mis manos y esperaba que te hiciera feliz ya que tú
no querías seguir huyendo.
—Lo siento —confieso apenada—. Nunca he hablado de ese tema con
nadie.
—Si no quieres decirlo, puedes evitarlo —añade con sinceridad.
Recuerda cerrar círculos.
—Quiero contártelo a ti. Mi madre fue amante del antiguo esposo de la
Duquesa Casandra. Nos estuvieron persiguiendo desde que nací y
destruyeron mi ciudad Beacia con el fin de encontrarnos. Mi madre
desapareció hace años y la Guardia Oscura fue quien me salvó. Si alguien
se entera que soy media hermana de Noé, mi cabeza rodará. Por eso es por
lo que no quiero seguir huyendo, ya fue suficiente cuando era pequeña, por
lo que no deseo volver a repetir esa experiencia de adulta. Te confío mi
secreto porque sé que no dirás nada.
—Nadie se enterará de eso, puedes estar segura.
—¿Cómo fue que me escuchaste llorar? —pregunto apenada. Su actitud
y paciencia me sorprenden.
—Después que Rince me buscó quise ir a consolarte. Sin embargo, no me
atreví a entrar. Debías tener tu tiempo de duelo sola, así que hoy puedo
recompensarte por el día de ayer —toma mis labios con pasión agarrando
mi cintura y tirándome de espaldas a la cama.
Sus besos son mi calmante favorito, son deliciosos y cariñosos. Me
acaricia con suavidad el cabello.
—Perdonen —menciona Meiga abriendo la puerta—, nos esperan para
comer.
—Está bien. —Eleazar se levanta de la cama y subimos hacia estribor.
Lotán y Dzahui se encuentran sentados en el lado izquierdo, Meiga se
sienta al lado de Morgana en el lado derecho. Eleazar y yo nos sentamos en
una de las puntas.
—¿Dónde está Destan? —pregunto en voz baja a Dzahui.
—Dijo que no tenía hambre. —El rostro de Morgana está tenso.
¿Qué habrá sucedido? ¿Destan está evitando a Morgana?
Capítulo 28: Momentos
***Evan***
Siempre supe que Morgana era temeraria, pero hoy se ha llevado el gran
premio y lo único que hice fue presionarla un poco. Esa niña aún tiene un
largo camino por recorrer para dejar sus impulsos y transformarse en la
mujer que necesitamos. Mi pobre y desconsolado hermano, debe estar
ardiendo en furia por su comportamiento, pero, ¿qué puedo decir? A veces
se deben tomar medidas drásticas en tiempos desesperados y oscuros.
No me arrepiento de mi actuación. Sino intercedía, Geirröd me hubiese
continuado molestado en que cancelara el compromiso para él poder tomar
a Morgana. ¿Cuán estúpido puede llegar a ser esa hada? Su obsesión no
conoce lo que significa la palabra límite.
Me aburre estar tratando constantemente con él. No obstante, es una
pieza importante en mi tablero, no puedo permitir que se subleve por su
ceguera sin sentido y acabe provocando una catástrofe. El día de la Asteria,
después de que todos se fueran, tuve que aguantar sus chillidos por haber
aceptado el matrimonio y restituir el estado de Destan. ¡Quisiera a veces
arrancarle las alas y enterrarlo! ¡Es insufrible!
Y para mejorar mi estado de ánimo, Lorelei atraviesa el marco de la
puerta. Por su expresión, noto que va a soltar algo que va a hacer
enfadarme.
—Me he mantenido en silencio porque no quiero discutir contigo —Me
dice levantando su mano hacia mí—, pero hoy rebasaste la barrera de mi
paciencia. ¿Casarte con Morgana? ¿en serio?
—Lorelei, no vengas a joder, sabes que nuestra relación es comercial y
hasta que esa niña no nazca, no reconoceré nuestro matrimonio —anuncio
deteniendo la bola de mierda que va a soltar por esa boca.
—¡Te has convertido en un monstruo! La verdad, no te reconozco —
comenta con un tono de voz lleno de soberbia y rabia—. Es por eso por lo
que “ella” no está contigo, ¿no es así? ¿Por eso fue por lo que me tomaste a
mí como esposa en vez de a “ella”?
Me levanto de la silla de mi buró, dirigiéndome hasta dónde Lorelei se
encuentra para quedar frente a frente. Tengo ganas de apretar su cuello y
partirlo a la mitad. Odio cuando se mete en ese papel de celosa.
—Escuché que ayer saliste del palacio, fuera del Reino. ¿Dónde estabas?
¿Fuiste a verla? —exige como si fuera mi esposa—. ¡Respóndeme, Evan!
¡No puedes traicionarme!
Lorelei eleva su mano depositando una cachetada en mi mejilla causando
que la tome con fuerza del brazo.
—Lorelei, controla tu ataque de celos. A quién vaya o deje de ver, no es
asunto tuyo. —Le agrego soltándola de repente y ella retrocede unos pasos
—. La única razón por la que no me casé con “ella” es porque su vida ha
sido difícil y prefiero que sea libre a que viva amargada como tú.
Lorelei se retira de la habitación en un ataque de furia, pero no me
importa. Ella sabe que amo a una mujer y que haría lo que fuera para
protegerla, aunque nunca diré de quién se trata. El lugar donde “ella” se
encuentra ahora es donde mejor protegida estará.
Aunque sé que debo ser cuidadoso con Geirröd, ahora que Morgana se
casará con Destan intentará destruir a todos a su alrededor para que se
sienta sola y acuda a él. En su mente esa escena tiene un final feliz, en la
vida real uno desastroso.
Proteger a tantas personas se está volviendo un verdadero dolor de
cabeza. El mejor sitio para cuidar de alguien es a mi lado, pero, ¿aceptará
“ella” todas las locuras que hago? ¿Se mantendrá a mi lado como una
marioneta para jugar a los Reyes? La respuesta es no. La última vez que nos
encontramos estaba confundida con mi presencia y temblaba con mi
cercanía. Sé que “ella” no me recuerda, tampoco he hecho mucho por
hacerle recordar lo que sucedió, no quiero que se convierta en mi debilidad
y puedan hacer uso de ella para satisfacer los objetivos de otros. Sigo
evitando mi destino con ella, y estos nudos que estoy formando, es la razón
de por qué estoy tan jodido y podrido hasta las entrañas.
Lorelei tiene razón, soy una bestia.
***Titania***
Morgana y Destan durmieron en habitaciones separadas anoche. Ninguno
de los dos ha mencionado cuándo o cómo se realizará la ceremonia de
bodas. Esta mañana, Morgana se saltó el desayuno. El rostro de Destan esta
mañana era inexpresivo; ni siquiera Eleazar se ha atrevido a preguntarle
sobre el tema. El aire a nuestro alrededor es pesado. Lotán no ha mostrado
reacción sobre Nerissa; Dzahui juega con Meiga como si fuera una niña
pequeña, mientras que Eleazar discute temas del ejército con Destan. Ya es
mediodía y seguimos sin señales de Morgana desde la cena de anoche. Falta
poco para que nos sentemos a comer.
¡Voy a buscar a Morgana! ¡Tengo que saber qué es lo que está
sucediendo! Me dirijo a su camarote y toco su puerta.
—Titania, prefiero quedarme encerrada —expone Morgana con voz
llorosa sin abrir la puerta.
—No he pronunciado ni una sola palabra —comenta sorprendida, ya que
ella normalmente no es así.
—Puedo escuchar lo que piensas —argumenta acercándose desde el otro
lado de la habitación.
—Morgana. —Abro la puerta porque ya no resisto más esta situación.
Sus ojos están rojos y con ojeras de tanto llorar; tiene el cabello
desordenado y lleva la misma ropa desde que salió de Duffeham. Le sujeto
por la mano llevándola hasta la ducha y abro el grifo con agua fría. Sus
lágrimas caen descontroladamente por sus ojos.
—¿Hasta cuándo seguirás así? —grito molesta, mojándome con ella bajo
la ducha.
—Es que yo…—trata de hablar sollozando—. Siempre le causo
problemas a Destan. Si tan solo fuera menos impulsiva. ¿Por qué no puedo
hacer las cosas bien por una vez? Destan debe odiarme.
—Dudo que lo haga. Es verdad, eres malcriada e impulsiva, y no te
importa a quién arrastres a tu paso. ¡Ya no eres aquella Princesa que llegó a
Hel hace tres meses! El tiempo pasa y deberías acabar de entender que no
van a haber personas detrás de ti para limpiar tu desastre —rompe en llanto
haciéndome chillar de la molestia—. ¡Deja de llorar! ¡Compórtate como
una mujer! ¿Ahora mismo no te estabas quejando que siempre le causas
problemas a Destan? ¡Empieza a pensar en las consecuencias de tus actos!
¿Cuánto tiempo más lo seguirás evitando?
—Titania —sus ojos fijan la mirada en los míos—. ¿Qué debo hacer?
—Empieza por bañarte —Menciono girándome para que se quite la ropa
—. Después subiremos a comer y hablarás con Destan.
Asiente con la cabeza desnudándose en la ducha, mi vista se dirige a su
anillo inconscientemente. Es precioso y combina a la perfección con el
color de cabello de Morgana. ¿Cómo pudieron obtener unos anillos tan
únicos?
—¿Cuándo es la ceremonia de bodas? —pregunto sin rodeos buscando
respuestas.
—No lo sé —responde triste lavando su rostro—. Destan y yo no hemos
hablado de eso.
—¡EHHHHH! —se me escapa un grito lo suficientemente alto para que
se escuche en todo el barco—. ¿Cómo no han hablado de algo tan
importante?
—Desde que llegamos de Asgard, no nos hemos dicho palabra —
contesta escondiendo su cara en su cabello.
—Con más razón deben sentarse a hablar —exijo mirándola con
seriedad.
Salgo del baño para darle privacidad. Destan se acerca con una toalla y
ropa de cambio para Morgana. Lo miro molesta.
—¿Acaso tú también eres un niño? —exploto de manera brusca,
haciendo que su rostro se sorprenda y tense—. Sé que escuchaste toda la
conversación que tuve con Morgana. ¿No piensas hacer nada al respecto?
—No sé qué debería decirle —responde sincero escogiéndose de
hombros.
—¿Eso es una respuesta? —contesto con ironía enfadándome aún más.
—Cuando se trata de ella, no logro pensar con claridad. —Libera un
bufido despeinando su cabello.
Morgana abre la puerta del baño y sus rostros se encuentran, ambos
desvían la mirada.
—Definitivamente son dos niños. —Tomo a Destan por un brazo y lo
lanzo hacia dentro del baño con Morgana—. ¡Hablen!
***Morgana***
—Esta vez me tocó ayudarlos. Sé que ambos me pueden oír. ¡Resuelvan sus
problemas de una vez! —Nos grita Titania a ambos.
Destan está frente a mí, no sé qué decir ni qué hacer y lo peor de esta
situación es que me encuentro desnuda delante de él. ¡Más incómoda no
puedo estar!
—Te traje esto para que te vistas. —Destan evade mi mirada y entrega la
toalla junto a la ropa dándose la vuelta.
Las incontrolables lágrimas brotan de mis ojos, me siento demasiado
culpable por esta situación. ¿Cuánto tiempo más haré que Destan tenga que
cargar con el peso de mis errores? Su ancha espalda me hace abrazarlo.
—Morgana —murmura mientras me sujeta las manos cuando lo abrazo.
—Lo siento, Destan. —No puedo parar de llorar. Destan quiere girarse,
pero no lo permito—. Siempre debes cargar con las culpas de mis erradas
decisiones. Sé mejor que nadie cuánto deseabas que el momento de nuestra
boda llegara. Estos anillos tienen el mismo dibujo del collar que te regalé
por tu diecisiete cumpleaños.
—Morgana —Se trata de voltear una vez más—, déjame verte.
—Todavía no he terminado de decir todo lo que tengo por dentro. Y si
me miras, no podré seguir hablando. —Le abrazo con fuerza—. Desde que
tengo memoria has estado a mi lado, me has protegido y amado por encima
de cualquier cosa, en cambio yo solo te he pagado con malos gestos. Titania
tiene razón en todo lo que dijo. No he tenido el valor para enfrentarte y
pedirte que me perdones por todo. ¿Cómo puedo ser tan débil y equivocada
para hacerte pagar por mis acciones impulsivas? ¡Yo lo que quiero es
hacerte feliz, y al final termino provocándote dolor! ¡Me duele ver tu triste
y forzada sonrisa hacia mí! ¿Cómo puedo ser tu mujer, si apenas puedo
serte de ayuda?
Destan suelta los brazos de su cintura volteándose y consumiéndome con
esos pozos azules, y me cubre con la toalla abrazándome con fortaleza.
—No me importa la cantidad de errores que cometas o las veces que
tropieces, siempre estaré ahí para sostenerte, no puedo verte llorar. —Besa
mi cabeza y seca mis lágrimas con sus manos.
—Destan, quiero ser una mujer fuerte para ti, en la que puedas apoyarte
sin preocupación. No quiero seguir siendo una carga para ti.
—Nunca te he considerado una. Todavía eres pequeña y sé que florecerás
más bella de lo que ya eres. No existe flor alguna que no lleve profundas
espinas —menciona con una voz aterciopelada haciéndome sentir querida.
—Yo de verdad te amo, Destan.
Destan sujeta mi rostro con sus manos dándome un beso profundo, lleno
de pasión y añoranza. Cuando finaliza me libera y se gira.
—Vístete —comenta avergonzado—. No debemos tener contacto sexual
hasta la ceremonia de bodas.
—Entiendo.
¿A dónde estaba yendo mi mente justo ahora? ¿Qué cosas pienso?
Acabamos de arreglarnos, ¿cómo puedo pensar en hacer algo más? Sin
perder un segundo más, me visto con rapidez para que podamos continuar
hablando.
—Puedes girarte —anuncio una vez que todo está oculto y guardado,
libre de provocación.
—Evan está preparando una pequeña ceremonia en Asgard. —Asiento
con la cabeza—. Somos los únicos que faltamos por casarnos.
—¿Pueden asistir Titania y los demás? —pregunto, necesito a Titania
conmigo. Sin ella no hubiese podido superar esta situación.
—No considero que sea una buena idea —agrega haciéndome cuestionar
el porqué de su respuesta.
—¿Por qué?
—Lotán y Dzahui detestan a Evan, Eleazar es uno de mis jefes y Titania
no debería encontrarse con Rince.
—Tienes razón, ¿puedo preguntarles al menos? —Lo miro y él acaricia
mi cabeza.
—Está bien. La ceremonia se realizará mañana en la tarde en Asgard —
realiza una pequeña sonrisa causando mariposas en mi estómago.
La incomodidad entre nosotros ha desaparecido, pero en mi mente aún
ruedan los hechos de lo que ha ocurrido en los últimos meses. A veces
pienso que es demasiado para procesar y pensar con claridad.
***
Destan entrelaza nuestras manos llevándonos hasta el estribor.
—¿Cómo te va con mis poderes? —pregunta preocupado observando que
no haya nadie alrededor.
—Siento una extraña sensación a veces y las voces no se detienen —
respondo sincera agachando mi cabeza.
—Mejorará, pero no desaparecerá. Lo heredaste de mí.
—¿Ocurre esto en todas las parejas?
—No. Nosotros somos casos especiales.
—Entonces, ¿cuál heredaste de mí? —interrogo ingenua y desvía la
mirada—. Destan, quedamos en seríamos sinceros el uno con el otro.
—Puedo ver el tiempo de vida restante de las personas —expone triste
soltando un suspiro.
—¿Puedo ver eso?
—A medida que mejores tus poderes podrás. —Lo miro curiosa. Es
increíble lo mucho que sabe sobre mí—. En lo referente a nivel del poder,
en estos momentos soy más fuerte que tú. En clasificación de poder, el tuyo
es más fuerte que el mío. Sin embargo, ahora mismo no logras controlarlo.
Necesitas aprender a canalizarlo y a utilizarlo con inteligencia. Con el
tiempo podrás hacer hechizos más poderosos.
—Entiendo. ¿Leíste en el libro de la vida sobre mi poder?
—Sí, sé todo sobre él. Algún día te dejaré leer sobre el mío también —ríe
despeinando mi cabello.
Nos sentamos juntos en la mesa. A pesar de que ninguno menciona
ninguna palabra, puedo escuchar sus pensamientos con millones de
preguntas.
—La ceremonia de bodas se realizará mañana en la tarde en Asgard —
explico finalmente y todos me miran—. Pueden asistir si desean.
—¿No sería eso un problema? —cuestiona Lotán, colocando sus manos
sobre la mesa en una actitud defensiva.
—No —contesta Destan sin dejar de sostenerme para darme confianza—.
Ustedes vendrían con nosotros, serían nuestros invitados.
—Pensé que Asgard era una ciudad prohibida a la que solo pueden asistir
miembros de la realeza —comenta Dzahui con inseguridad de mencionarlo.
—Lo es. Pocos miembros reales pueden moverse con libertad dentro de
ella. —Les responde Destan jugando con mis nudillos—. Desde que Evan
asumió el poder, está rodeada por el retén Nómada. Si entran como nuestros
invitados, no debería haber problemas.
Después de la pequeña conversación sobre el matrimonio, nadie más hizo
preguntas, por lo que la comida transcurrió con tranquilidad. Destan me
acompaña a mi habitación, besa mi frente y se despide de mí.
—¿No dormirás conmigo esta noche? —pregunto con tristeza solicitando
su calor.
—No.
—¿Todavía sigues molesto conmigo?
—No. —Agacha su cabeza avergonzado—. No creo ser capaz de
controlarme antes de la ceremonia.
—Está bien.
Le doy un apasionado beso y él abandona la habitación. Espero que todo
vaya bien mañana. Estoy asustada.
***Destan***
Desde que tengo el anillo puesto, mis poderes se han descontrolado. Queda
poco para celebrar la ceremonia de bodas y Evan envió una carta
diciéndome que se encargaría de todo. Sus intenciones siguen siendo
demasiadas sospechosas.
Cuando terminamos de comer, Eleazar me hizo una señal para que
habláramos. Así que acompaño a Morgana hasta su habitación y le doy un
beso de buenas noches.
Subo al estribor, donde me espera un ansioso Eleazar.
—¿Estás seguro de llevarnos? —pregunta con los brazos cruzados sobre
el pecho.
—No. —Le contesto despeinando mi cabello. Terminaré calvo, lo sé.
—¿Qué harás?
—Los llevaré conmigo —observo incómodo a mi alrededor. Las
siguientes palabras que diré son demasiadas pesadas para que las escuchen
más personas—. Morgana resucitó a Rakhasa y su ejército.
—¿Qué dices? —Me grita asustado e impresionado, golpeando el balcón
del barco.
—Evan la obligó —suspiro tratando de mantener la calma—. Estoy
preocupado, dentro de poco las personas conocerán acerca de su poder.
Además, de que el Reino se va a enfurecer, cuando sepan que ella trajo de
vuelta a la criatura que casi nos dejó extintos.
—Tendrá muchos asesinos buscándola. —Pone su mano sobre mi
hombro, agregando con sinceridad—. Debes enseñarla a defenderse, y
puedes contar conmigo para protegerla.
—Gracias. Necesitaré todo el apoyo que pueda. —Lo miro forzando una
sonrisa—. Estoy seguro de que Evan lanzará pronto la noticia de la
resurrección de Rakhasa junto con mi matrimonio. De esa manera, nos
veremos obligados a retrasar nuestros planes. Los ciudadanos de KOI nos
temerán y no querrán que nos alcemos al poder. Evan quedará como un
héroe que posee el control del temido ejército de Rakhasa, y demostrará que
tiene bajo su mando a su promotora como hermana. Nadie se atreverá a
tocarlo, pero no querrán unirse a nosotros para combatir.
—¡Evan es un genio! —Chilla molesto golpeando con su puño la
superficie donde está posado su brazo—. Sabe cómo jugar con las personas
y sus planes siempre salen como él desea.
—Lo sé. Evan nunca se me opondrá, pero tampoco me cederá el poder
que tiene. Será difícil restablecer KOI con él vivo.
—Podemos reunir a nuestro ejército y matarlo —añade Eleazar como si
fuera una brillante idea.
—No. Conectó su vida a Morgana para poder controlar al Rakhasa y sus
humanoides. —Asiente con la cabeza entendiendo mi punto—. Hay que
encontrar una forma de romper su vínculo.
—Tienes razón, iré a descansar. Esta noche podré dormir con Titania sin
interrupciones.
—No hagas ruido. Morgana y yo tenemos nuestros poderes
descontrolados —anuncio riendo porque conozco a dónde van esas
intenciones.
—Siempre son bienvenidos a unírsenos. —Se despide alzando la mano y
moviéndola de un lado a otro.
La refrescante noche me hace querer salir a cazar nuevas presas. Espero
que estos deseos incontrolables que poseo desaparezcan a partir de mañana.
Tengo cierta intranquilidad debido a las palabras de Evan, sobre el nuevo
nivel de poder que alcanzará Morgana después de casarse conmigo. El gran
Duque nunca mencionó sobre ello en sus libros.
Lotán se acerca.
—Destan, ¿podemos tener unas palabras? —murmura con las pupilas
dilatadas y un rostro lleno de resentimiento.
—¿Qué sucede? —pregunto sabiendo la respuesta.
—Dzahui y yo estuvimos hablando, y preferimos seguir hacia Midgard
—he podido escuchar sus pensamientos desde que hablamos de la
ceremonia en la cena. Sé que la verdadera razón por la que no desea asistir
es para no ver a Rince y Nerissa juntos.
—Está bien. Le pediré a Evan que envíe una carroza a recogernos, para
que ustedes puedan continuar.
—Gracias.
—Nerissa y tú tenían posibilidades de continuar juntos, ¿por qué
renunciaste a ella? —interrogo, debido a que me intriga saber por qué
desistió de seguir con ella.
—Destan, usted mejor que nadie, sabe lo difícil que es huir de Evan —
contesta incómodo, pero sé que está siendo sincero—. Nerissa es un espíritu
libre, ser Reina de Alfheim le dará más libertad de la que va a tener estando
conmigo.
—¿En serio piensas eso? —Frunzo el ceño porque creo que él está
equivocado.
—¿Acaso lo que pienso es importante en este momento? —su rostro se
apaga, y ni siquiera la luz de la bombilla puede iluminarlo—. Lo mejor para
los dos es tomar caminos separados. ¿Usted no pensó lo mismo cuando
bloqueó los recuerdos de Morgana y trató de huir de ella? —Es más
inteligente de lo que pensé. Lástima que para llegar a ser Conde de una
ciudad haya que tener un registro de nacimiento, sino sería uno de los
mejores estrategas que he conocido—. Me retiro, tenga una feliz ceremonia.
Lotán tiene razón, yo pensé que lo más seguro era alejarme de Morgana.
Yo también estuve dispuesto a dejarla ir, creyendo que Saruman podía
protegerla mejor. No soy quién para criticarlo.
Mañana me casaré finalmente con mi pequeña. He esperado diez años
para este momento, me siento nervioso y feliz. ¿Esta vez todo estará bien?
¿Podremos ser felices sin problemas?
No puedo dormir. ¿Quién pensaría que estaría tan emocionado por este
día?
***Morgana***
No logré pegar ojo en toda la noche. El poder de Destan tiene a mi diosa
interior hambrienta, y no precisamente de comida.
Después de diez años, hoy finalmente, es el día en que me convertiré en
la esposa de Destan. A pesar de lo emocionada que estoy por la ceremonia,
no puedo evitar las palabras de Evan:
—“El siguiente nivel es Jarl: Rey de magia oscura”.
¿Qué nos sucederá?
Tocan la puerta y me dirijo a abrirla con gran emoción.
—Hoy es el gran día —anuncia Titania más emocionada que yo.
—¡Sí! Sé que estás indecisa sobre asistir. —Le confieso acercándome a
ella con una sonrisa incómoda.
—Lo estoy, pero no quiero dejarte sola. Hemos pasado por suficientes
cosas para considerarnos amigas. —Se sienta y toma mis manos—. Asistiré.
—Gracias.
Me alisto y subo al estribor acompañada de ella. Destan se fue temprano
con Erelim para finalizar los preparativos. La carroza imperial llegará
dentro de una hora.
—Morgana. —Se acercan Dzahui y Lotán—. Nosotros nos
adelantaremos a Midgard. Ten una feliz ceremonia.
—Trata de no causar ningún problema esta vez. —Se ríe Lotán dándome
un pequeño abrazo.
—Gracias chicos, ¿dónde están Megan y Eleazar?
—Se adelantaron con Destan. —Me contesta Lotán dándole espacio a
Dzahui para que me abrace.
—Entiendo —los nervios no se detienen, en todo caso están empeorando.
Titania me lleva por el brazo hasta la popa del barco y nos sentamos a
hablar.
—Destan me explicó cómo hacer para que no puedas escuchar mis
pensamientos. —Me enseña un colgante—. Si agregas tu esencia a él,
quedaré libre de su maldición.
—¿Ya él agregó la suya? —pregunto revisando el artículo.
—Sí, él fue quien me lo dio esta mañana. —Atrapo el collar, cierro mis
ojos y pongo mi esencia en él.
—Ten, los Rakhasa no te atacarán mientras lo tengas puesto. Así que no
te lo quites.
—¿Los Rakhasa? —interroga asustada creyendo que se equivoca en lo
que escuchó.
Suelto un largo suspiro mientras le cuento todo lo que ocurrió en Asgard.
Su cara de terror y desesperación estuvo reflejada durante toda la
conversación. Yo también me siento culpable, pero no sé qué hacer a esta
altura.
—Morgana, tu vida se complica cada vez más.
—Lo sé. Ni siquiera entiendo a veces cómo funcionan mis poderes —
confieso respirando con fuerza porque siento que todo se me está viniendo
arriba.
—No te preocupes, cuando lleguemos a Midgard, estoy segura de que
Destan te ayudará. —Sujeta mis manos dándole palmaditas para
tranquilizarme.
—Él dijo que me inscribirá en un gremio, pero no quiero estar siempre
siendo supervisada. Podemos entrar en uno, nosotras dos y prepararnos —
su rostro se impresiona de buena manera.
—¿Qué? ¿Vas a ir a escondidas de Destan a un gremio?
—Sí. Él no me va a dejar utilizar mis poderes.
—Morgana, ¿cómo haremos eso? —pregunta siguiéndome el juego.
—Cuando estemos en la región de Teoviva, buscaremos un gremio
pequeño y haremos alguna que otra misión.
—Morgana, es peligroso lo que dices. Destan me matará si te sucede
algo.
—No lo hará, debo aprender a protegerme —ruego poniendo ojitos de
gatito herido—. Sabes lo sobreprotector que es conmigo, si sigo sus
órdenes, me dejará encerrada en el palacio todo el tiempo.
—Tienes razón por esa parte, pero me da miedo ocultarle lo que me estás
pidiendo.
—Tranquila, no pasará nada. —Le toco la espalda con la mano para
calmarla.
Titania y yo nos miramos juguetonamente. Sabemos que puede ser una
locura, pero aun así estaremos juntas.
Lotán nos lleva el desayuno y comemos mientras esperamos la carroza.
Titania me cuenta todo lo que le ha sucedido con Eleazar.
—No esperaba que él fuera un romántico empedernido. —Me río casi
atónita por toda la historia.
—Yo tampoco. —Se sonroja ocultando su rostro entre sus manos—.
Siento que comienzo a desarrollar un vínculo especial con él. Estoy un poco
asustada, pero confío en que esta vez las cosas serán diferentes.
—Lo serán. —Sostengo sus manos.
La carroza aparece en el cielo avisando que ha llegado el gran evento.
—Es el momento. —Menciona Titania entrelazando nuestras manos.
—Así es —suspiro de los nervios.
***Destan***
Asgard ha estado concurrido de periodistas desde esta mañana. Al parecer,
Evan invitó a todo el que pudo para que las cosas vayan de acorde a su plan.
—Destan. —Se acerca Eleazar—. Ya está en camino la carroza imperial.
Morgana llegará en cualquier momento.
—Gracias —comento distraído, mientras que él se muestra pálido con
una mueca de incomodidad en el rostro—. ¿Qué sucede?
—Evan pidió verte antes de la ceremonia.
—No te preocupes. Hoy no se atreverá a hacer nada.
Los juegos de Evan nunca terminan. Ingreso al palacio dirigiéndome a su
despacho para ver qué pieza de su tablero me toca ser hoy.
Doy unos pequeños golpes y la puerta se abre.
—Entra, Destan —responde Evan sentado desde su escritorio.
—¿Qué entretenimiento tienes designado para este momento? —comento
arqueando la ceja.
—Mi pequeño hermano, solo quiero felicitarte —contesta Evan con su
característica sonrisa.
—Te conozco lo suficiente para saber que no me llamaste a tu despacho
para felicitarme.
—No digas cosas tan crueles. —Se levanta de su asiento y se sienta a mi
lado—. Matar a Geirröd y a mí, no hará que KOI restablezca sus inicios. Sé
que llevas tiempo planeando reconstruir el sistema corrupto de este planeta
—lo sabía, no hay nada que se le escape—. La única manera existente, es
que los ciudadanos rechacen el derecho a usar magia y sabes que eso es
imposible. Si los miembros reales, se hubieran dedicado a mantener su
sangre dentro del harén real, no tendríamos ahora este problema.
—Evan, me impresiona tu conocimiento de los problemas existentes y tu
falta de atención hacia ellos —expongo cansado de él.
—Destan, desde niño conozco mejor que nadie los problemas del
planeta. Sin leer el libro de la vida, sé lo que significan los Turoth y porque
Jalil deseaba erradicarlos con tanto fervor —estoy fascinado acerca de
cómo está al tanto de cada pequeño detalle—. Estoy seguro, que no le has
contado a Morgana por qué ella es descendiente de la diosa Hela o por qué
nosotros los Turoth no podemos tener hijos.
Cada músculo de mi cuerpo se tensa, odio que me conozca tan bien como
lo hace y que no pueda hacer nada para impedir que continúe.
—Le escondes muchas cosas a mi pequeña hermana, eso hace que la
confianza entre ustedes se rompa con facilidad. Hans Bernardo es el
descendiente de los primeros Reyes. Actualmente está liderando un gremio
al oeste Midgard. Al igual que Morgana posee el poder del Jarl.
—¿Qué es el poder de Jarl? ¿Cuál es ese nivel de poder que anhelas
tanto?
—Es el poder de la inmortalidad, Destan. Es magia oscura prohibida —
explica exaltado con un brillo desconocido en sus ojos—. Morgana es la
última descendiente de dioses que va a nacer. Si ella no consigue el nivel de
Jarl, el desequilibrio se verá reflejado en KOI. Sin el poder de los dioses no
podemos alimentar las criptas, por lo que KOI eventualmente morirá. Es un
poder demasiado grande para ella, pero aprenderá a controlarlo. Con ese
nivel de magia, podré curarme.
—¿A qué te refieres con curarte? —pregunto asustado porque es la
primera vez que habla sobre ello.
—Olvida eso, me quedan pocos años de vida —sonríe con locura e
intento usar el poder de Morgana para ver su tiempo restante, pero me
bloquea—. No intentes usar tus poderes o los de Morgana. Yo tengo
bloqueado toda magia entrante hacia mí. Geirröd quiere matarme antes que
Morgana logre alcanzar el Jarl. —Me levanto agarrándolo por su camisa.
—¡Desvincula a Morgana de ti ahora mismo! —grito enfadado porque no
te vas a llevar a Morgana contigo.
—No me alces la voz, querido hermano —susurra regresando a su rostro
inexpresivo—. A Morgana todavía le queda una gran vida. Aunque yo ya
no esté, ella seguirá.
—¿Qué quieres decir con eso? —demando con los pelos de punta por su
comportamiento.
—Llegas tarde para tu ceremonia de boda.
—¡Responde! —Le grito casi lanzándole un puño.
—Perdería la diversión si te cuento más de ello. Encuentra a Hans
Bernardo. Él te contará todo lo que te falta por saber.
Le suelto la camisa a Evan y salgo enfadado de la habitación. ¡Él y sus
juegos! ¡Lo que me faltaba, encontrar a un descendiente de Reyes!
La inmortalidad siempre fue prohibida en KOI. Los únicos seres que
tenían permitido tenerla eran los mismos dioses.
¡Qué locura de vida! ¿No podríamos haber nacido en un planeta de seres
comunes sin magia? En mi próxima vida quiero ser un pingüino o un
caballo de mar.
Debo ir a alistarme, la carroza real ya llegó con Morgana.
***Morgana***
Tengo que admitir que Evan se ha lucido con la decoración. Encima del
palacio hay una gran nube que llueve pétalos de rosa, estos se encuentran
dispersos por cada rincón del lugar, mientras que dentro del castillo está
adornado con alfombras blancas y candelabros de oro.
¡Estoy tan emocionada!
Los sirvientes me llevan hasta mi antigua habitación. Grurea está a mi
lado y acaricia mi pierna. Titania fue a encontrarse con Eleazar.
Abro la puerta y entro a mi recámara.
—Princesa —saluda Meiga con felicidad—. Estoy aquí para ayudarle
con su vestido.
—Está bien.
El vestido es color rojo cereza y está tejido con bordados en forma de
flores. Es de mangas largas y anchas, con un corte en V en el busto, dejando
todo el pecho, cuello y espalda al descubierto. La cintura tiene forma de
corsé y a partir de la cadera, cae en forma de campana hasta los tobillos. El
vestido cuenta con unas hermosas alas de vidrio templado de rojo y azul.
Me siento en un sueño. Meiga me ayuda con el vestido y las alas. Recoge
mi pelo en una cebolla y me coloca la corona de Princesa de Asgard. Mis
piernas tiemblan de tanto nervio.
—El Rey Evan la va a acompañar al altar.
—Está bien.
Meiga abre la puerta una vez que estamos listas y Evan se encuentra
afuera, esperándome. Lleva un traje Jodhpuri tradicional blanco y su gran
corona de Rey de Asgard.
—¿Vamos, hermana? —pregunta sonriendo sincero. Hacía tiempo que no
veía ese gesto en su rostro.
—Sí. —Sujeto su brazo y caminamos por el camino real.
Meiga y los sirvientes se encuentran detrás de nosotros.
—No tienes que estar nerviosa —susurra Evan de tal manera que solo lo
escuchemos los dos—. No voy a atacarte cada vez que te encuentre.
—Evan, cambiaste mucho. ¿Siempre has tenido esa personalidad?
—Puede ser.
—Todos estos años, el Evan que conocí, el hermano que tanto amaba,
¿solo fue una imagen creada por ti?
—Suena cruel cuando lo dices de esa manera. A pesar de los problemas
que causabas, siempre fui paciente contigo. Debo admitir que me costó
mucho construir esa imagen de hermano encantador.
Me duele el pecho. Yo amaba a Evan, lo admiraba, quería ser como él
cuando creciera. Me cuesta creer que siempre ha sido este tipo de persona.
Llegamos al jardín real donde hay una capilla. Los músicos comienzan a
tocar la melodía nupcial mientras los invitados se elevan de sus asientos.
Los Reyes, Condes y aristócratas poderosos del mundo, están reunidos
dentro de esta capilla. El retén Nómada retiene a los periodistas que
intentan colarse.
Justo antes de entrar, Evan se detiene, para que los periodistas nos tomen
fotos y puedan escribir sus artículos.
Destan está espectacular. Su cabello se encuentra acomodado hacia atrás
y se ha rebajado la barba, lleva un Jodhpuri real rojo vino y unos zapatos
negros.
Su mirada está tensa, pero se esfuerza por sonreír. Nuestros ojos se
encuentran y su rostro no puede esconder la sorpresa hacia mí, haciendo
que olvide por un momento todo lo que está sucediendo.
Destan nos espera en la entrada de la capilla, pues es tradición en Asgard
que los novios entren juntos.
—Aquí tienes, hermano. —Evan me entrega a Destan y se dirige a
sentarse al lado de Lorelei.
—Estás preciosa —murmura Destan sonrojándose.
—Gracias, tú también.
Destan sujeta mi mano, ¡está temblando!
—¿Estás nervioso? —pregunto curiosa en voz baja.
—Sí —responde avergonzado.
La capilla tiene un gran altar adornado con rosas y lazos rojos. El Gran
Sabio espera al final del pasillo con un atuendo de color rojo y un gran velo
que cubre su rostro. Los invitados se levantan cuando atravesamos el marco
de la puerta, haciendo que me ponga más nerviosa de lo que ya me
encuentro.
Titania se encuentra sonriente y con los ojos cristalizados desde una
esquina, alejada de Rince y Nerissa.
Quisiera haber realizado mi ceremonia en otro lugar y con otras personas.
Aquellas que son verdaderamente importantes para mí y no con estas, que
están aquí por ventajas políticas.
—Queridos ciudadanos, nos encontramos hoy reunidos para presenciar la
unión de estos dos individuos —anuncia el Gran Sabio levantando su velo
—. El matrimonio es uno de los actos más sagrados que existe en KOI,
siempre debe ser respetado y venerado hasta el final de los días.
Destan y yo nos arrodillamos delante del Gran Sabio. Nos toca a cada
uno la cabeza para bendecirnos con el agua de la cripta de Asgard y
continuar con su discurso.
—Príncipe Destan Constant, ¿acepta en matrimonio a la Princesa
Morgana Edevane como su esposa, en la salud y la enfermedad, hasta que la
muerte los separe? —Le pregunta el Gran Sabio, entregando una de las
copas con Hapia a Destan.
—Sí. —Le responde bebiendo el cáliz y colocándose la pulsera que sella
su poder. ¡Ay dios mío!
—Princesa Morgana Edevane, ¿acepta en matrimonio al Príncipe Destan
Constant como su esposo, en la salud y la enfermedad, hasta que la muerte
los separe? —Me pregunta el Gran Sabio, dándome la otra copa con Hapia.
—Sí. —Le contesto tomando la bebida y poniéndome el brazalete.
—A partir de este momento, ustedes dos han pasado a ser uno solo. Les
deseo un feliz matrimonio. —Mira a Destan y sonriendo le dice—. Puede
besar a su esposa.
El Gran Sabio se aparta colocándose entre los invitados. Destan toma mi
rostro entre sus manos y besa mis labios con amor, sus manos tiemblan al
igual que las mías, pero estoy tan feliz y asustada que no sé qué hacer.
Cuando finalizamos, Destan me eleva en brazos y camina por el pasillo
hasta salir para el patio exterior donde nos espera Erelim.
—¿A dónde vamos? —interrogo emocionada sin ocultar la sonrisa que
me nace.
—Es una sorpresa. —Me anuncia feliz, colocándome sobre Erelim.
Sé que, al igual que yo, tiene ganas de abandonar Asgard lo más rápido
posible. Me siento asfixiada cuando piso este lugar.
Dejamos atrás a los invitados y nos concentramos en nuestro viaje.
Capítulo 29: Nuestro Reino
***Titania***
Destan y Morgana desaparecieron entre las nubes sin mirar atrás. Fue una
escapada romántica y única, por no hablar de la boda. Todo un derroche de
belleza y amor, quitando a todos los miembros de la corte, que no paraban
de hablar cosas incoherentes acerca de nuestra pareja principal.
—Titania, mi hermano está realizando los preparativos para partir. —Me
comenta Meiga acercándose.
—Está bien.
Mi mirada no puede evitar desviarse hacia donde se encuentra Rince.
—Has estado mirándolo desde que llegaste. Si mi hermano te viera,
estaría triste —murmura Meiga haciéndome sentir culpable.
No sé qué debería contestarle, pero antes de dar respuesta, Rince se
percata y se dirige en mi dirección.
—Hola, Titania —su mirada es profunda y su rostro está inexpresivo.
—Rey de Alfheim. —Hago una reverencia y siento sus ojos clavándose
en mi persona.
—Rey de Alfheim, si me disculpa. —Meiga realiza otro acto de cortesía
para dejarnos solos.
—Titania, entre nosotros no tienen que existir estas formalidades. —Me
explica Rince aproximándose, para quedar bastante cerca.
—Mi Rey, nos encontramos en un lugar público, cualquier etiqueta es
imprescindible en este momento. —Le respondo cortante, tratando de
alejarme.
—No cambias. —Me comenta sonriendo y sujetándome del brazo para
salir de la capilla hacia uno de los jardines del castillo.
—Mi Rey, no creo que deberíamos andar de esta manera. El lugar está
lleno de periodistas, y si alguien nos ve, podría dañar su reputación. —Le
suelto la mano y mantengo una distancia de él.
—¿Lo dices por mi imagen o por él? —pregunta molesto, sabiendo que
se refiere a Eleazar.
—Su reputación y respeto siempre es lo más importante, mi Rey. —Hago
otra reverencia manteniendo la distancia.
Rince me empuja sobre uno de los árboles mientras se abalanza sobre mí.
Se acerca a mi oído.
—Me vuelves a decir “mi Rey” y no responderé por lo que te haré. —Me
sonrojo, y su boca desciende hasta mi cuello e introduce sus colmillos.
—Rince, ¡por favor! Estamos en público. —Intento separarlo de mí
empujándolo con mis manos.
—Titania —su mirada es de una persona desesperada y dolida—. Te
extraño.
Mi corazón está latiendo muy fuerte y mi voz no quiere salir por mi
garganta. ¡Estoy confundida! ¿Qué debería hacer en este momento?
—Rince, no puedo aceptar esas palabras. —Lo miro con tristeza, pero
debo ser yo la que finalice con ese comportamiento—. Todo terminó entre
nosotros. Tú te casaste con Nerissa y yo me comprometí con Eleazar.
—¿Lo amas? —Sujeta mi rostro queriendo besarme.
—No tengo por qué responderte eso. —Esquivo la mirada obligándome a
retroceder.
—Sé que no lo haces. —Toma mis labios con vehemencia y muerdo su
labio para romper el beso.
—¡Rince, por favor! —grito incómoda. Sus ojos se tornan rojos, sujeta
mis manos con fuerza y clava grotescamente los colmillos en la parte baja
del cuello—. Rince, por favor, detente.
Mis súplicas no están dando resultado. Le doy una pequeña patada y me
suelta. Aprovecho para alejarme con rapidez de él.
—Por favor, no quiero estar así. —Las lágrimas comienzan a descender
por mis ojos.
—Titania. —Se acerca, pero yo retrocedo a medida que él avanza—.
Vuelve conmigo, te necesito.
—No quiero. —Niego temblando y giro mi cabeza de izquierda a
derecha. Rince intenta sujetar mi mano, pero la rechazo.
—Titania, yo te amo. —Toma mi rostro en sus manos—. No amaré a otra
mujer.
—Rince, es demasiado tarde. —Quito sus manos y le doy la espalda.
—Titania —ruega, haciendo que mi corazón sufra.
—Creo que es suficiente, Rey de Alfheim. —Le dice molesto Eleazar,
mientras agarra el brazo de Rince con fuerza.
—Esta conversación no tiene que ver contigo —ruge Rince enfadado
como una fiera.
—Todo lo que tenga que ver con Titania es mi problema. —Eleazar
sujeta mi mano mientras se detiene delante de mí—. Vamos.
—Ella no se irá a ningún lado. —Rince le quita de mala gana la mano a
Eleazar de mí.
—No quiero formar una escena aquí. —Menciona Eleazar apretando el
puño.
—Titania es mi mujer, no permitiré que te la vuelvas a llevar. —Rince
inicia a ponerse a la defensiva como si fueran a caerse a golpes.
—Te debe quedar bien el puesto de Rey, ya que cambias de opinión muy
rápido. No olvides tus palabras. —Expone Eleazar sujetando mi mano.
—¡Titania no te ama y nunca lo hará! ¡eres un hombre que está
recogiendo sobras! Si Destan no te hubiera recolectado, hubieras
desaparecido. No tienes el poder para protegerla. —Grita Rince y la rabia se
apodera de mí dándole una cachetada.
—¡No quiero escuchar una palabra más de tu boca! ¿Cómo pudiste
decirle esas cosas a Eleazar? ¿Quién te crees para hablar por mí? —chillo
molesta, perdiendo el control de mi paciencia.
—Titania —el rostro de sorpresa y dolor de Rince hace que mi corazón
se rompa.
—No me gustan las escenas públicas en mi palacio. Es hora de detener
este espectáculo al aire libre —ordena Evan con una mirada furiosa—.
Nerissa, llévate a Rince. ¡Ahora!
—Rince, es hora de terminar esta situación —susurra Nerissa mirándome
con tristeza—. Eleazar, llévate a Titania.
Eleazar me aleja lo más rápido que puede de ese trío, no sin antes
escuchar las últimas palabras de Nerissa y Rince.
—Rince, ¿no te cansas de hacer el ridículo? —Le menciona molesta
Nerissa sujetándolo del brazo—. Nunca la vas a recuperar con esa actitud.
—¿Cuánto escuchaste? —pregunta él tocándose la mejilla en la cual lo
golpeé.
—Estuve desde el principio —suspira Nerissa observándolo con lástima
—. Si Eleazar no hubiese interrumpido, yo lo hubiese hecho. La manera en
que estabas tratando a Titania, está mal.
Eleazar camina hacia un carruaje donde nos espera Meiga.
—Eleazar, yo… —intento hablar, pero mis palabras no quieren salir.
—No tienes que contarme nada —explica con firmeza, pero su voz suena
triste.
Sé que las palabras que Rince le dijo, deben haberle afectado. No sé qué
pueda agregar para mejorar su estado de ánimo.
—La encontraste —anuncia Meiga fijando la vista en Eleazar—.
Hermano, ¿sucedió algo?
—No. —Le responde Eleazar acariciando su cabeza.
Subimos al carruaje y emprendemos el viaje hacia Midgard. Meiga se
acuesta en mis piernas y se queda dormida.
Eleazar tiene un frío e inexpresivo rostro, ha estado todo el viaje mirando
por la ventana del carruaje. No ha dicho una sola sílaba sobre lo ocurrido.
—Eleazar, sobre lo que ocurrió con Rince en Asgard...
—No tienes que decirme nada. Escuché toda la conversación desde el
principio —me mira con frialdad como si le hubiese abierto una herida—.
No tengo por qué exigirte ninguna explicación, conozco mejor que nadie
sobre tus sentimientos por él y por mí.
—¿Estuviste desde el principio de la conversación? —Asiente con la
cabeza, eso significa que vio cuando Rince me besó—. ¿Por qué no
interrumpiste antes?
—Cada uno debe enfrentar sus dificultades. Si lo hacía, ¿ibas a seguir
evitando hablar con él? —Su expresión es fuerte y llena de dolor. No sé qué
responder—. Además, no soy un niño que se enoja por una pelea de ex
amantes.
—Eleazar. —Sus ojos se desvían hacia mi cuello. Saca un pañuelo de su
bolsillo y me lo pasa por donde Rince clavó sus colmillos. Duele un poco.
—Cuando lleguemos a Midgard, te daré una pomada para el dolor. Por
ahora, nada más puedo hacer esto. —Besa mi cuello con suavidad.
—Eleazar, lo siento. No debería haber asistido a la boda. Rince es muy
inmaduro y debería haber sabido que causaría una escena.
—Ya te dije que no tienes que explicarme nada.
—¿No estás celoso? —libero las palabras que tenía atorada en la
garganta—. Me refiero a que, si estuviste ahí desde el principio, deberías
haber visto todo —menciono avergonzada. ¿Qué cosas estoy diciendo?
—¿Me quieres preguntar si me puse celoso porque Rince te besó?
—Sí —confieso finalmente.
—Cuando lleguemos te daré una lección —me sonrojo y se ríe.
—No digas esas cosas delante de Meiga. ¡Me da vergüenza que se
despierte y nos escuche! —comento toda roja y nerviosa por sus palabras.
—Siempre he estado despierta —susurra haciéndome sobresaltar y
avergonzarme.
***Evan***
Destan se llevó a Morgana antes de que a Geirröd se le ocurriera hacer una
escena. Aunque ahora mismo, tengo que darle una lección a alguien que sí
causó una. Rince me está esperando en mi despacho, como le ordené antes
de ir a atender a los invitados.
La rabia está subiendo por mi garganta haciéndome parecer un loco, pero
no me interesa; su comportamiento merece un castigo, y no precisamente
uno leve.
—Rince, me alegra saber que no te has ido. —Le comento atravesando el
marco y sentándome en mi escritorio.
—Evan, me disculpo por el espectáculo que causé en el jardín —explica
como si me importaran sus disculpas. Hay cosas que no se deben hacer.
—Rince, ¿sabes qué hiciste mal? —Le pregunto apretando mi puño sobre
la mesa—. Tocaste a una mujer en contra de su voluntad y la hiciste ver
como una ramera envuelta en la discusión de dos hombres.
—Yo…no...fuee...mmmi…[Link].ió...nn —tartamudea evitando mi
mirada.
—¿No fue tu intención? Qué lástima.
Tomo su cuello encajándolo contra la mesa con furia. A su cabeza se le
hace un fuerte golpe por el que brota sangre y he partido sus dos colmillos
derechos.
—No me importa si tu padre te dejaba hacer lo que quisieras en Hel; aquí
en Asgard, no se toca a una mujer en contra de su voluntad. —Le susurro en
su oído, rompiendo con mis dedos los otros caninos restantes de su boca.
—¡Evan, detente! —Me grita Lorelei atravesando la puerta con Nerissa.
—Ya he terminado. —Admito tomando un pañuelo para limpiarme las
manos.
Nerissa se lleva a Rince sujetándolo por el hombro, mientras que Lorelei
se queda mirándome con desprecio. Ella sabe que estoy loco y que detesto
que toquen a las mujeres delante de mí como si fueran marionetas. Si algo
he tenido claro en mi vida es que las mujeres son seres delicados a los que
no se les puede maltratar, a menos que se lo merezcan.
Morgana tuvo que ser una excepción por el bien mayor, pero a “ella” no
se le puede tocar. Rince tiene suerte de seguir respirando, estaba muy
tentado a arrancarle el cuello cuando me percaté de lo que estaba haciendo.
—¿Te das cuenta de que Rince es el Rey de Alfheim ahora? —demanda
Lorelei, expulsando soberbia por esos labios.
—¿Me tiene que importar? —contesto restándole valor a su pregunta.
—¿Qué fue lo que te hizo enfadar tanto? —interroga curiosa. Lo siento
querida, pero no te daré el gusto de sacarme las palabras.
—Lorelei, debes descansar. Esa niña no nacerá si continúas metiéndote
en donde no te llaman. —Le ordeno sentándome de nuevo en mi escritorio
para tomar un poco de whisky.
Lorelei abandona mi despacho dándome tranquilidad. Al parecer, mi
tormenta se está empezando a acercar, ¡ay mierda!
Debería haberla elegido cuando tuve la oportunidad, esto va a empeorar.
Lo siento, Kader.
***Morgana***
Destan me lleva con los ojos vendados por un camino que no conozco y se
ha mantenido todo el viaje sin darme información. Cierta excitación y
nervios corren por mi cuerpo, debido a que llevamos más de dos horas
viajando.
—¿Destan, cuando vamos a llegar? ¿A dónde me estás llevando? —
pregunto riéndome como una tonta.
—Ya casi estamos. —Toca mi pierna interior, acudiendo hasta mi entrada
—. ¿Tan desesperada estás?
—¡Destan! —grito sonriendo porque estar vendada me da un poco de
morbo.
El olor del pasto me resulta conocido, pero no logro identificar dónde
estamos.
—Bienvenida a casa, mi Princesa. —Anuncia Destan ayudándome a
bajar de Erelim y quitando la venda de mis ojos. Delante de mí tengo un
majestuoso castillo blanco.
—¿Este lugar es? —observo como si fuera la primera vez que lo viera.
—El antiguo castillo del Gran Duque, lo he renovado para ti —sonríe
avergonzado, provocando que mis lágrimas se escapen de mis ojos.
—Mamá, papá, he vuelto —saludo en voz alta.
—Entremos.
El palacio está decorado con jarrones dorados, con lirios y rosas, y tiene
amplios ventanales y alfombras rojas por todo el lugar. Los muebles son de
caoba oscura y los cojines están tapizados en color rojo. Destan me lleva
por el pasillo principal hasta llegar a unos aposentos.
—Esta será nuestra habitación. —Abre la puerta. ¡Es mi antigua
recámara!
Está adornada con cuadros que tienen pinturas nuestras, de mis padres y
de Midgard. Posee unas cortinas de satén blanco pálido para cubrir los altos
ventanales. La cama es lo suficientemente grande para que duerman cinco
personas, y sobre ella cae un hermoso tejido blanco claro que la cubre. El
baño tiene una amplia tina, dos duchas, dos lavamanos, además de contar
con un vestidor imperial.
—Gracias. —Lo agarro por el cuello de su Jodhpuri y le doy un beso en
los labios—. No sé qué haría sin ti.
—Esta vez no te dejaré escapar de mí —susurra devolviéndome un
apasionado beso.
Destan desata mis alas y las pone en una esquina de la habitación.
Desabrocho el corsé haciendo que el vestido caiga en el piso, dejándome
con una provocativa braga de encaje color negro.
—Me estás adelantando el trabajo. —Curva sus labios seductoramente
desabotonando su traje, el cual deja su pecho al descubierto.
Destan se me acerca para cargarme por la cintura. Envuelvo mis pies a
sus caderas, mis senos presionan su pecho y mi rostro está cerca al de él.
Muerdo mi mano, retengo la sangre en mi boca y la llevo a la suya.
Nuestros ojos se tornan carmesíes. La excitación que me provoca que él
beba directo de mí, hace que mi interior palpite por su ausencia.
Su beso es lento y carnoso, introduciendo su lengua con delicadeza hacia
el interior de mi boca. Me lanza contra la cama quitándose los pantalones y
dejando su gran miembro al descubierto.
Se aproxima a mi pecho y pasa su lengua en círculos alrededor de él, y
acaricia mis senos con amor. Su boca llega hasta mis duros pezones, los
cuales muerde. Libero un gemido ahogado arqueándome en la cama.
Destan desciende a mi entrepierna para encajar sus colmillos con fervor.
Estoy muy excitada y atontada, debe ser por el Hapia. Retira mis bragas y
besa mi clítoris, su lengua me lame con vigor y la sensación de explotar en
cualquier momento no se detiene. Mis piernas tiemblan debido a lo excitada
que estoy.
Destan me voltea elevando mis caderas e introduce un dedo haciéndome
soltar un gran gemido, golpea una fuerte nalgada e inserta con rapidez su
miembro dentro de mí, provocándome un orgasmo.
—Destan —clamo su nombre entre dientes.
Se acerca por atrás de mi oreja y la muerde dándome con más fuerza otra
nalgada mientras me embiste con vigor. Mi vagina está apretada y consume
a su gran miembro. Los repetidos gemidos no se detienen, estoy enviciada y
llena de lujuria. No quiero que se detenga y mi interior se contrae con cada
golpeteo de él, haciéndome estallar de pasión.
—Estoy cerca de venirme. ¿Quieres tragártelo? —pregunta y asiento con
la cabeza.
Saca su miembro, me giro situándome delante de él. Atrapa mi cabeza
con sus manos y libera su semen en mi boca, el cual me trago con
eficiencia. Besa mi frente y se acuesta desnudo a mi lado.
—Ven aquí. —Me comenta posándome en su pecho.
—Ahora soy legítimamente tu esposa. —Le digo feliz, haciendo círculos
en sus músculos abdominales con mi dedo.
—Sí.
Acaricia mi cabello con amor. Ese simple toque, despeja las voces que
tanto me atormentan y la energía pesada que había en el aire se está
dispersando. Sin embargo, siento que mi poder se hizo más grande.
—Morgana, el castillo fue reconstruido totalmente y los sirvientes
llegarán mañana. No quiero que salgas sola.
—¿Salir sola? ¿Dónde estarás tú? —pregunto sorprendida, ¿va a salir?
—Estamos en la región de Teoviva, mi sede principal está en la región de
Phonad por lo que estaré viajando todos los días hasta que pueda trasladarla
para aquí. Me tomará unos meses mover todo el ejército.
—Entiendo, ¿puedo salir con Titania? —demando porque no quiero estar
encerrada.
—Puedes. Siempre y cuando no causen problemas. Lleva siempre tu
collar de Princesa de Asgard, ya que tu estatus te ofrece la misma
inmunidad que el Rey de Midgard. —Acaricia mi rostro observándome con
seriedad—. No me hagas preocupar mientras no esté.
—Meiga quiere que vayamos a su aldea en Xecuterra.
—Lo sé. Mañana estarán todos aquí y podremos ir allá.
—Me prometiste que me ayudarías a entrenar —hago rostro de puchero.
—No voy a romper mi promesa. Te inscribí junto a Titania en la escuela
de magia de Xecuterra. El director es uno de mis Duques.
—¿Quién? —interrogo curiosa. Me gusta cuando se abre conmigo.
—Su nombre es Bog, es el antiguo Conde de Sinao.
—Tienes personas poderosas entre tus Duques.
—Algún día te los presentaré a todos. —Se sienta en la cama sin dejar de
tocarme el rostro con delicadeza—. No te metas en peleas callejeras, entre
menos personas sepan de tus poderes, mejor estarás. Recuerda que estás al
nivel de un Rey.
—Ya me lo dijiste. —Lo miro molesta.
—En la escuela no debes mencionar tu apellido, estarás en la clase de
élite. Ahí podrás entender y mejorar tus poderes. Si te encuentras con algún
Turoth, evita luchar con él. ¿Entiendes? —me observa de reojo.
—Sí, Destan, ¡no me trates más como una pequeña! —se echa a reír.
—Estoy preocupado por ti. Lejos de mis ojos, no sé cómo podré
protegerte.
—Voy a estar bien. Titania estará conmigo.
—Lo sé. —Se levanta dirigiéndose al baño—. Esta noche vendrán a
cenar Seiya y su esposa Ágatha.
—¿De verdad? —Salto arriba de la cama.
—Sí, ven a bañarte. Debemos preparar la comida.
—Destan, yo no sé cocinar.
—No te preocupes. Yo sí.
Sonrío caminando hasta la ducha a bañarme con él. Estoy como en un
sueño, debido a que siempre he querido una relación como esta.
Salimos de la ducha y Destan se dirige al vestidor, se pone unos vaqueros
con una camisa blanca de mangas cortas juntos a unas botas negras. Lleva
ese atuendo tan despreocupado y varonil que lo hacen lucir increíble.
El anillo de mi mano empieza a arder y me impulsa a quitármelo, pero no
sale del dedo. Destan centra su atención en mí.
—Es normal esa reacción de la alianza; significa que la maldición ha
desaparecido. Cuando nuestros poderes estén descontrolados, su gema roja
empezará a brillar.
—Me has puesto un rastreador. —Sonrío con ironía tratando de sacarlo.
—No lo digas así. Me brindará información de cuándo debo aparecer. —
Rodea sus brazos alrededor de mi cintura.
—Es un collar de perros —comento haciendo que suelte una carcajada—.
¿Dónde está Grurea?
—Junto a Erelim. Grurea también asistirá junto a ti a la escuela, tomará
su forma de cachorro para no llamar la atención.
—Tienes todo planeado.
***Destan***
Mi pequeña está terminando de alistarse para nuestros invitados.
¿Qué debería cocinarles? Hace rato que no realizo ninguna labor en la
cocina, pero estoy consciente que, en el peor de los casos, Seiya salvará la
situación.
Sus presencias me atraen hasta la puerta del palacio, he esperado este
momento desde que salí de prisión.
—Hola, amigo —saludo a Seiya cuando lo recibo en la puerta.
—Finalmente nos vemos, Destan. —Me abraza con fortaleza con una
lágrima saliendo de sus ojos—. Pensé que no te vería de nuevo.
—No digas eso —mis ojos están tornándose cristalinos con la niebla de
varios sentimientos—. Tú debes ser Ágata, gracias por hacerle compañía a
Seiya estos años. —Le estiro la mano.
—Mi señor, no soy digna de esas palabras. Gracias a la ayuda de usted,
hemos logrado tantas cosas. —Me contesta Ágata haciendo una reverencia.
—Por favor, cuando estemos en privado, llámame Destan. —Le
menciono sujetándola para evitar que baje el cuerpo.
—Está bien, ¿dónde está la Princesa? —pregunta Ágata observando
alrededor.
—Alistándose —respondo adentrándonos en el castillo.
—Traje este vino para acompañar la comida —anuncia Seiya intentando
oler la comida alrededor—. ¿Qué estás cocinando?
—Bueno, preferí dejarte esa tarea a ti —confieso riendo y Seiya se
encoge de hombros—. Entremos.
Nos dirigimos a la cocina, abro la botella que Seiya trajo y nos sirvo.
Este lleva unos pantalones color caqui junto a una camisa negra. Ágata
porta un vestido negro largo, unas sandalias, y el pelo trenzado hacia un
lado. Se ven increíbles; hace años que no nos veíamos y no han cambiado
nada.
Los pasos de mi pequeña se escuchan venir desde las escaleras.
—Destan, ¿ya preparaste la comida? —pregunta Morgana sin darse
cuenta de que nuestros invitados ya han arribado.
Mi pequeña viste un pantalón de hilo color crema junto a una blusa
blanca ceñida a su figura y el pelo recogido en una coleta. Su rostro se
sorprende por la presencia de ambos.
—Buenas noches. —Se inclina respetuosamente hacia Seiya y Ágata.
—Morgana, ¿te acuerdas de Seiya? —Se acerca a él con nerviosismo
bajando su cabeza.
—Princesa, te has convertido en una hermosa mujer —comenta Seiya
provocando que Morgana se avergüence.
—Gracias, tú no has cambiado nada. Estás exactamente igual a como
recuerdo —le sonríe y los ojos de Seiya se vuelven a llenar de lágrimas.
—Morgana, ella es Ágata, la esposa de Seiya. —Morgana le estira la
mano y ella se la acepta.
—Princesa Morgana, es un placer conocerla finalmente.
—Por favor, llámame Morgana. Usted es una mujer muy bella —sonríe
con sus mejillas teñidas de rojo.
—No te recuerdo tan tímida, Princesa —bromea Seiya para molestarla.
—Cariño, ¿por qué le dices eso? —pregunta Ágata a Seiya dándole
pequeños golpes en el hombro.
—Cuando ella era pequeña, estaba muy decidida a casarse con Destan.
Tanto fue así, que una vez lo besó en la mejilla delante de nosotros para
demostrar su posesión hacia él. —Ágata y yo nos echamos a reír, Morgana
se sonroja tratando de ocultarse detrás de mí.
—Seiya, no saques esas cosas a relucir después de tantos años —chilla
Morgana como si hubiesen contado su secreto más penoso.
—Es una pena que Carmín no esté aquí, sino las historias fueran más
largas —expone Seiya sin parar de molestar.
—¡Seiya! —Morgana alza la voz molesta, todos nos reímos—. Destan,
¿cómo vas a poner a Seiya a cocinar? Él es un invitado.
—Mi pequeña, mi cocina no tiene comparación con la de Seiya. —Le
digo mientras acaricio su cabello.
—Princesa, ya verás los platillos que voy a hacer. —Anuncia Seiya a
Morgana colocándose el delantal.
Seiya nos preparó un delicioso cordero asado, papas al romero y un
delicioso cake de crema chocolate. Debo decir que no ha cambiado ni un
segundo con respecto a ese aspecto.
Nos dirigimos al jardín para sentarnos a comer al aire libre.
—Seiya, ¡esto está delicioso! —exclama Morgana provocándonos la
mayor risa de esta noche. El rostro que pone cuando le gusta algo no tiene
palabras—. Seiya, ¿cómo fue que conquistaste a Ágata? Ella es una mujer
verdaderamente especial.
—Princesa, yo también soy único. —Le menciona Seiya llevándose la
mano al pecho como si estuviera dolido.
—No tienes que exagerar —lanzo una mirada a Seiya para burlarme de
él.
—Cariño, la Princesa tiene razón —añade Ágata bromeando con él.
—Eso no hay que discutirlo. ¡La conquisté con mi cocina! —Afirma
Seiya cruzándose de brazos con orgullo.
—Bueno, si fue así, lo creo —menciona Morgana sin poder controlar la
risa.
—Cariño, no digas esas cosas —le regaña Ágata—. Además de lo
insistente que fuiste, debo reconocer que tu cocina ayudó mucho.
—Princesa, hace diez años vinimos para Midgard. En aquel entonces,
Ágata estaba renuente a estar conmigo —suspira Seiya con demasiado falso
dolor—. Destan me encomendó muchas tareas en su ausencia. Fue
desgastante, y por suerte de la vida, Ágata siempre estuvo para ayudarme.
—¿Destan te encargó muchas cosas? —Morgana me mira de reojo—.
Algo de eso mencionó el otro día, has hecho que su “patrimonio” se eleve.
—Sí. —Le contesta Seiya tomando una copa de vino—. No solo
atendemos sus negocios privados, Ágata y yo abrimos un orfanato para los
niños desamparados, tenemos una gran familia. La mayoría de esos
pequeños, forman hoy parte del ejército de Destan. Estamos muy
agradecidos con toda la ayuda que Destan nos ha dado.
—Claro, así mantienes la balanza —Morgana me dice irónicamente.
—Esos niños no saben de esos negocios —contesto incómodo porque sé
de sobra que ella no está de acuerdo con lo que hago.
—Princesa, Destan es un buen hombre. Es verdad que de vez en cuando,
hace sus malas acciones, pero suele compensarlas —agrega Ágata en mi
defensa.
—No me estás ayudando —digo pellizcando a Morgana por el brazo.
—Voy a traer el postre —anuncia Morgana riéndose.
Ágata acompaña a Morgana a llevar los platos a la cocina mientras Seiya
y yo nos quedamos en el jardín hablando.
—Tu sonrisa ha vuelto —menciona Seiya observándome con orgullo.
—Lo sé. —Cruzo mis manos apretándolas con fuerza—. Seiya, esta vez,
no dejaré que nadie interfiera con la felicidad de Morgana.
—¿Esa es la razón por la que tienes parte de tu ejército rodeando el
palacio?
—Supongo que no puedo ocultarte nada. —Me río acomodándome en el
asiento—. Les pedí que fueran lo más discretos posibles, para que Morgana
no los notara.
—Está funcionando. La Princesa cree que estamos solos. —Me contesta
llevando sus manos atrás de su cuello—. En unos días estaremos todos en
Phonad para la reunión. ¿Quieres que Rince se una a tu ejército?
—Eso quiero, pero Evan se me adelantó y lo encadenó como Rey de
Alfheim. Si lo hago venir a Midgard ahora, llamará mucho la atención.
—Maddiel y Nayadé ya se encuentran en la ciudad. ¿Vas a traerlos al
palacio para que conozcan a la Princesa?
—No. Aparte de ti y Eleazar, no quiero que Morgana tenga contacto con
ninguno. Sus poderes son demasiado inestables.
—¿Piensas encerrarla de nuevo dentro de un palacio? —pregunta
molesto en desacuerdo con mi opinión.
—Sé a lo que te refieres. Bog me ayudó a ponerla en su escuela de élite,
cuando sea lo suficientemente fuerte, crearé una oportunidad para
presentarla.
Morgana regresa sola de la cocina y sus ojos se encuentran rojos.
—Morgana, ¿qué sucede? —demando al verla en ese estado, no debería
reaccionar así después de la boda.
—Destan, dile a tu ejército que no toquen a Rakhasa. Viene a verme.
¿Ha sabido todo este tiempo que mi ejército rodea el palacio?
—Seiya, dile que dejen pasar a Rakhasa —ordeno a Seiya acercándome a
Morgana.
—Está bien. —Seiya se marcha en dirección del bosque.
—Grurea —grita Morgana y Grurea toma su verdadera forma de cerbero.
Morgana se sube hacia Grurea.
—Voy contigo —explico sujetándola del brazo.
—No será necesario —me mira con seriedad—. Volveré rápido.
Mi pequeña desaparece en el bosque. Sé que si me acerco lo notará.
¡Mierda!
¿Qué habrá planeado Evan ahora?
***Morgana***
Es extraño que Rakhasa me haya llamado. Debe ser algún plan de Evan. Me
adentro en el bosque y Rakhasa está sentado debajo de un árbol. Su poder
se siente mucho más fuerte desde la última vez que lo vi.
—Princesa, disculpe llamarla. —Hace una reverencia cuando estoy
delante de él.
—No te preocupes, me sorprendí de que me hayas llamado. —Le
contesto descendiendo de Grurea.
—Princesa, este lugar está bien custodiado. Su esposo hizo un buen
trabajo. Sé que le ordenaste a su ejército que me dejaran pasar, sino hubiese
tomado un tiempo llegar hasta ti. Encontré este pergamino en la habitación
de Evan. Trata sobre tu próximo nivel de poder. —Estoy sorprendida de que
haya tenido la molestia de traérmelo.
—¿Tú sabes sobre ese poder?
—Sí. Es el poder de la inmortalidad. —¿Qué? ¿Él acaba de hablar de la
inmortalidad?—. Cuando los dioses los trajeron a este mundo, eligieron seis
humanos para concebir sus descendientes. Los dioses de agua, tierra, fuego,
aire, luz y oscuridad tomaron a sus parejas y crearon las criptas junto a los
Reinos. Al principio solo los miembros elegidos debían tener poderes
mágicos, pero con el tiempo el linaje se fue ampliando de tal manera que
casi cualquier ciudadano de KOI puede tener poderes. Los descendientes de
los dioses son los únicos que pueden crear criptas y hacer que KOI se siga
alimentando de esos poderes. Por eso es por lo que sus poderes son tan
grandes y difíciles de controlar. La diosa Hela siempre fue una mujer
hermosa e inteligente. Sabía cómo jugar con la vida y la muerte de las
personas. Cada cien años nace una descendiente de ella capaz de invocar el
Jarl.
—¿Y por qué debo invocarlo?
—Porque si no lo haces, no podrás crear otra cripta. Y con la cantidad de
Turoth que están naciendo, necesitas crear otra cripta. Sino este mundo
desaparecerá eventualmente.
—¿Entonces debo vivir eternamente en el inframundo encerrada en un
castillo de sombras?
—Princesa, su alma es demasiada pura para ir a ese lugar. Estoy seguro
de que encontrará una manera de solucionar la maldición del Jarl. La
inmortalidad no se refiere a la vida eterna de usted.
—¿Quieres que te la transfiera a ti?
—No. He visto y conocido suficiente de este mundo. Regresé por mi
naturaleza y no alteraré el nuevo flujo que usted me ha encomendado. Sé
que el destino quiere que la ayude en algún momento.
—Al final estás siendo más amable de lo que esperé. No das tanto miedo
como lo describe la historia. —sonrío dedicando una media sonrisa.
—Un héroe es reconocido por salvar el mundo, mientras que un villano
es difamado por querer destruirlo. Yo solamente quería un lugar mejor para
mi familia —me observa buscando en mi rostro rechazo—. Cuidaré la tuya.
No olvidaré nuestra promesa. Debo irme; su hermano preguntará por mí.
—Gracias, Rakhasa. —Le señalo el pergamino.
Rakhasa se marcha y regreso junto a Grurea hasta donde se encuentra
Destan. Su cara de preocupación me hace correr hacia él.
—¿Estás bien? —Me pregunta estrechándome entre sus brazos.
—Sí. Solo vino a entregarme este pergamino y habló un poco conmigo.
—Le contesto enseñándole el pergamino.
—Princesa, debe tener cuidado. No puede confiar tan fácilmente en él. —
Advierte Seiya cruzando los brazos.
—Seiya, los seres que he revivido con mis poderes no pueden atacarme.
Aunque él deseara hacerme daño, no puede hacerlo —respondo mientras
que él se queda atónito.
—Ágata trajo el postre —anuncia Destan tratando de cambiar el tema—.
¿Siempre supiste que estábamos rodeados?
—Sí. Sentí su presencia desde que llegué —murmuro cerca de su oído.
—Tu poder ha crecido. —Acaricia mi cabello despeinándome.
El postre que Seiya preparó está delicioso también. Erelim los lleva hasta
su hogar. Destan y yo subimos a nuestra habitación.
—Rakhasa me trajo el pergamino que explica el Jarl, dice que lo tomó de
la habitación de Evan. —explico mientras él revisa el documento para ver si
hay algo oculto.
—¿Es un nuevo juego de Evan? ¿Usar a Rakhasa para acercarse a ti?
—No creo, me habló sincero. Dudo que Evan se le haya ocurrido todo lo
que hablamos. Además de que ya puedo ver el tiempo restante del que
hablabas. ¿Seiya está enfermo? Su tiempo se veía un poco extraño. No te
asustes, quizás todavía no soy capaz de controlarlo bien.
Destan deja el pergamino arriba de la mesa y se acuesta a mi lado.
—¿Por qué no quieres que me relacione con tus condes? —Le pregunto
recostada sobre su pecho.
—¿Cuánto escuchaste? —interroga molesto, observándome con seriedad.
—Estuve escuchando todo el tiempo, tus poderes son complejos. No
puedo evitar escuchar todo a mi alrededor.
—No quiero que te conozcan, porque no quiero que te comprometas con
ellos. El ciclo de la vida debe respetarse. No puedes estar trayendo a la vida
a todo el que muera.
—¿Y qué tiene que ver eso con ellos?
—Todos tenemos a alguien de quien no pudimos despedirnos. A veces
ese deseo egoísta crece dentro de uno, haciéndonos capaz de realizar
cualquier acto. Por eso no quiero que los conozcas, a pesar de la confianza
que les tengo. No quiero que te sientas obligada a cumplir con esas
exigencias.
—Destan, te entiendo. Pero deseo ser parte de tu vida, no quiero estar
sentada en el palacio sin saber qué ocurre a mi alrededor.
—Lo sé. Lo tendré en cuenta. Vamos a dormir. Mañana será un largo día.
Capítulo 30: El Valle de Seren I
***Titania***
La ciudad de Teoviva está llena de vida y es el Reino que más ciudadanos
tiene. A pesar de que muchos no dominan la magia, se han dedicado a la
industria y la creación de ingenierías para salir adelante. El castillo de
Morgana se encuentra a las afueras de la ciudad.
Dzahui y Lotán deben estar en camino al palacio de Morgana. Desde que
llegamos, Eleazar ha estado incómodo como si le resultara poco creíble
regresar a estas tierras.
—Meiga, ¿a dónde iremos ahora? —pregunto al darme cuenta de que
esta no es la calle que nos tocaba.
—Mi hermano desea primero dejarte en el castillo de la Princesa y
después iremos juntos a nuestra aldea.
—Entiendo.
Nos subimos en otro carruaje y seguimos camino al castillo de Morgana.
El viaje ha estado desgastante. Serán unas horas más hasta llegar a nuestro
destino.
¿Eleazar me dejará en el palacio y se irá? Debo hablar con él, así como
estuvo para mí, quiero estar para él.
Para llegar al castillo, debemos atravesar un gran puente que está
custodiado por el ejército de Destan; uno de los soldados nos detiene en la
entrada y Eleazar baja del carruaje.
—Buenos días, mi señor. No lo reconocí. —Uno de los soldados le hace
una reverencia.
—No te preocupes. Mi hermana y Titania son los nuevos huéspedes del
palacio. Recuerden sus rostros. —Indica Eleazar mientras que nosotras nos
asomamos por la ventana.
—Sí, mi señor.
Las puertas se abren y entramos a un majestuoso palacio. En la entrada
hay una gran fuente rodeada de coloridas flores. Morgana sale a recibirnos.
—Titania. —Me grita corriendo desde la entrada.
Eleazar nos ayuda a descender a Meiga y a mí. Abrazo a Morgana, Meiga
le hace una reverencia y entramos al palacio. Es un lugar precioso, Destan
se desgastó en restaurarlo a su forma original.
¿Cuántas cosas hará ese hombre por esta Princesa malcriada?
—Esta va a ser tu habitación. —Entro en la alcoba, es enorme y llena de
lujos, al parecer Morgana piensa que soy de su mismo estatus.
—Esto es demasiado —comento sin posar mis maletas en el suelo.
—Claro que no. Te mereces mucho más. Meiga, ¿te quedarás en el
palacio o volverás a tu aldea?
—Princesa, me gustaría quedarme a su lado, pero primero debo hablar
con mi padre. —Le explica realizando otra reverencia—. Mi hermano y yo
nos vamos a adelantar a la aldea. Más tarde enviaremos un carruaje a
recogerlos.
—Morgana, quiero hablar con Eleazar antes de que se vaya. Te veo en el
jardín.
—Si haces cosillas, te escucharé —añade riéndose mientras yo me giro
atónita.
***
Meiga fue a despedirse de Destan y los demás.
¿Dónde estará Eleazar?
Busco por todo el palacio y no lo encuentro.
¿Dónde estás? Me dirijo a la entrada y lo diviso desempacando
mis pertenencias solamente. Las de Meiga y de él siguen en el carruaje.
—¿Me dejarás y te irás? —pregunto un poco enojada por su actitud.
—No es lo que estás pensando. —Se acerca a mí con la intención de
rodearme con sus manos.
—¿Qué es lo que estoy pensando? —Arqueo mi ceja alejándome de él.
—Hace quince años que no visito mi aldea. Mi padre es un hombre recto,
no sé cómo va a reaccionar después de tanto tiempo.
—¿Entonces irás a enfrentarlo solo? —expongo las palabras que a él le
faltan y está tratando de decirme.
—Ese es el plan —expresa desviando la mirada.
—Iré contigo.
—No tienes por qué sentirte en deuda conmigo. Todo lo que he hecho, es
porque he querido.
—¡Eleazar! No estoy yendo porque me sienta en deuda u obligada.
Quiero ir porque quiero estar contigo —me mira finalmente. Su rostro está
sorprendido y un poco incómodo—. ¿Acaso no quieres llevarme porque
tienes a una prometida esperándote?
—Eso no lo sé, pero incluso si es así. —Sostiene mi cintura acercándome
a él—. Solo me casaré contigo en esta vida.
—Hermano —Meiga nos interrumpe tosiendo—, creo que es una buena
idea llevar a Titania.
Entro a despedirme de Morgana mientras ellos hablan de mi presencia en
la aldea.
—¿Tan rápido te vas? —pregunta molesta viéndome coger mi bolsa.
—Solo iré a conocer la aldea de Eleazar.
—Entiendo, quieres conocer a los suegros primero —se ríe haciéndome
sonrojar. Ni siquiera había pensado en eso—. Vete ahora antes de que
cambie de opinión.
Meiga está dentro del carruaje y Eleazar me espera fuera de él.
—¿Estás segura de que quieres ir? —pregunta serio como si temiera por
mí.
—En el peor de los casos, me protegerás. —Le doy un beso en la mejilla
y me subo al carruaje.
Los rostros de Meiga y Eleazar son inexpresivos. Es palpable la tensión
en el aire.
—¿Por qué tienen esa cara? —interrogo en busca de información.
—Mi padre es una persona cerrada y recta. —Menciona Meiga jugando
con sus nudillos—. No sé cuál será su reacción cuando regresemos.
—No te preocupes, no dejaré que te cases con la tribu de Aren —añade
Eleazar con gran ímpetu.
—¿La tribu Aren? —demando curiosa, me atrae este tipo de vida alejada
de la civilización.
—Es nuestra tribu rival. Antiguamente, las tribus de elfos, ninfas y hadas
formaron una asociación. Cuando Geirröd ascendió al trono, las tribus
comenzaron a tener desacuerdos, lo que provocó muchas disputas y peleas
innecesarias. Para mantener la paz en nuestro clan, Padre propuso un
matrimonio entre el hijo mayor de la tribu Aren y mi hermana Meiga. —Me
explica molesto Eleazar apretando su puño—. La tribu de Aren es conocida
por sus genocidios a las hadas. Son elfos de sangre despiadada. ¡No puedo
permitir que mi única hermana se sacrifique de esa manera por nosotros!
—Hermano, yo voy a estar bien. —Meiga lo intenta tranquilizar—. Einar
no es tan malo como su padre. Le prometió a nuestro padre que no dejaría
que nada pasara.
—¡Como si fuera a creer en las palabras de un elfo de sangre! —grita
molesto Eleazar—. Si el Gran Duque estuviese vivo, esto no hubiese
sucedido.
—¿Por eso quieres que Morgana visite tu aldea? —pregunto porque es
sospechosa la presencia de alguien como ella aquí.
—El linaje del Gran Duque es uno de los más antiguos y sagrados. Nadie
se atreverá a tocarnos si ella nos apoya.
—¿Qué dice Destan de todo esto? —demando porque sé que Destan no
permitirá que Morgana participe en una pelea de aldeas.
—Dijo que le explicaría la situación a la Princesa y que después vendrían
juntos. Sin embargo, la Princesa debe hacer una prueba para que sea
aceptada por las tribus —su rostro se torna de preocupación—. Dudo que
Destan deje que la Princesa se una a los conflictos ajenos. Sé mejor que
nadie, que ellos tienen más problemas por delante que una simple pelea de
clanes.
—Estoy segura de que Destan no piensa de esa manera. A pesar de lo
sobreprotector que pueda ser con Morgana, él no te dejará solo en esta
batalla. —Lo trato de consolar sujetando sus manos.
Eleazar quita sus manos y hace una forzada sonrisa. El viaje continúa en
silencio hasta que llegamos a una gran cascada. Meiga y Eleazar se bajan
del carruaje. Desciendo y al poner el pie en el piso, siento como varios
soldados nos empiezan a rodear.
—Eleazar, estamos rodeados. —Advierto acercándome a él con la daga
lista para sacarla.
—Lo sé —dice y Meiga me da su mano mientras se esconde detrás de
mí.
Dos soldados se detienen delante de nosotros con lanzas.
—¿Quiénes sois? —exige uno apuntándonos con el arma.
—Mi nombre es Eleazar Olsen. —Apenas dijo su nombre, los soldados
se arrodillaron.
—Disculpe mi rudeza, no sabía quién era —responde apenado llevando
su cabeza al piso.
—No te preocupes. ¿Mi padre se encuentra? —pregunta haciendo un
movimiento con la mano.
—Sí, señor.
—Vamos a entrar —anuncia pasando a través de ellos.
—Señor, ¿las dos mujeres que lleva quiénes son? —pregunta el soldado
dirigiendo el dedo hacia nosotras dos.
—Mi hermana y mi prometida —Meiga asoma la cabeza saludándolos
con la mano.
—Bienvenidas al Valle de Seren —expone el guardia abriéndonos el
camino para que entremos.
El Valle de Seren se encuentra encima de un gran y frondoso roble. En la
cima está un gran palacio donde viven los jefes del clan. Los guardias, al
saber la identidad de Meiga y Eleazar, se inclinan para hacer una
reverencia. Subimos por una gran escalera hasta llegar a lo más alto.
La ciudad del valle es grande y llena de enredaderas por todo el lugar.
Las casas de los elfos son de madera y hay muchos lugares de
entrenamiento para el tiro con flecha.
El rostro de Eleazar se tensa a medida que nos acercamos al palacio.
Meiga le da la mano a su hermano mientras fuerza una sonrisa para darse
apoyo. Este reencuentro será bastante doloroso por lo visto.
Los guardias nos abren las puertas del castillo y entramos. Este está
decorado con suculentas enormes y grandes esferas mágicas. Nos dirigimos
a la fortaleza donde residen los padres de Eleazar y Meiga.
El gran jefe de la aldea está sentado en un gran altar. Levanta su mirada
con un rostro lleno de odio e impresión. Es de gran estatura, posee un largo
cabello rubio y unos pequeños ojos verdes. Sus orejas son de mayor
longitud, las cuales sobresalen por encima de su diadema. Lleva una
armadura plateada encima de un juego de camisa y pantalón blanco. Tiene
un cuerpo corpulento y una cicatriz en forma vertical en su ojo derecho.
—El viento trajo a mi querida hija de vuelta —menciona sonriéndole a
Meiga.
—Hola, padre —saluda Eleazar nervioso.
—No existen suficientes estrellas en este valle para explicar tu aparición
—lanza una rápida mirada hacia mí y su atención se vuelve a concentrar en
Eleazar—. Encima de tu inusual presencia, traes a una humana a nuestra
aldea. ¿Es tu nuevo juguete?
—Padre, Titania es mi prometida. No digas esas palabras, por favor —
suplica Eleazar, su relación es peor de lo que pensé.
—Titania, él es mi padre. El jefe de la tribu, Gisli Olsen —presenta
Eleazar acercándome a ellos.
—Padre, mi hermano y Titania fueron quienes me salvaron de las garras
de ese cruel Conde —comenta Meiga con voz calmada.
—Una buena acción de tu hermano, no cubre todas las felonías que ha
hecho —responde cruelmente sin soltar a su querida hija.
—Padre, hablemos de eso después. —Le pide Eleazar mientras se
arrodilla delante su padre—. La hija del Gran Duque sobrevivió.
—¿Qué dices? —su rostro se sorprende haciendo que los ojos quieran
salirse de su órbita.
—La Princesa está viva, padre —afirma Meiga—. Es la actual Princesa
de Asgard, Morgana Edevane.
—¿Están locos? —grita Gisli molesto, negando con la cabeza—. La hija
del Gran Duque sería incapaz de revivir al Rakhasa y su ejército.
—Morgana se vio obligada a hacerlo —digo incómoda, interviniendo en
su discusión.
—Humana, no abras tu boca para excusar a los demás. —Me regaña
Gisli señalándome con el dedo.
—Padre, por favor —vuelve a suplicar Eleazar.
—¡Cállate! —ruge Gisli a su hijo—. ¡Aunque fuese la hija del Gran
Duque, no resolvería la situación en la que estamos!
—Padre, estoy seguro de que, si los demás líderes la conocen, seremos
capaces de solucionar los problemas. —intenta hablar Eleazar, tratando de
no alzar su voz.
—¡Estamos en esta guerra gracias a ti! ¡Si no hubieras matado a la hija
de Olaf Haaken, no estaríamos ahora en esta situación! ¡Tu hermana no se
tendría que casar con su hijo Einar para reparar el daño!
—¡Padre!, ¿cuántas veces te he explicado que no fue así? —explota
Eleazar, llenando la habitación con su voz.
—¡No me importan tus excusas! —Gisli le da un puñetazo a Eleazar, el
cual le rompe el labio—. Humana, no importa lo que este estúpido hijo mío
diga: ¡No te casarás con él! —añade con una mirada asesina.
—¡Padre! —chilla Meiga colocándose delante de mí.
—Meiga, no tienes derecho a interferir, ya has hablado bastante por tu
hermano —comenta Gisli sentándose en su trono.
—¿Qué tengo que hacer para que me acepte, señor Gisli? —pregunto con
una mirada fría.
—Debo admitir que tienes agallas para mirarme de esa manera —
menciona Gisli llevando su puño a su rostro para posarse en él—. La
prometida que yo elegí para Eleazar es Kaysa. La elfa más fuerte de nuestra
tribu. Si la vences, aceptaré vuestro compromiso.
—Titania. —Me sujeta Eleazar el brazo—. No tienes que hacerlo. La
opinión de mi padre no es importante para mí.
—Para mí, sí —confieso molesta, no me gusta que lo infravaloren—. Si
le gano, quiero que se disculpe con su hijo y que le dé a Morgana la
oportunidad de explicar su situación.
—¿Y si pierdes? ¿Qué harás? —pregunta mirándome con desdén desde
su asiento.
—Le daré mi vida —expongo con seriedad.
—Me gusta tu valentía. Está bien, cumpliré tus exigencias si la vences.
—¡Padre! —clama Eleazar colocando sus manos en el rostro.
—Esta vez, acertaste. Trajiste a una mujer que tiene más astucia que tú
—menciona Gisli sonriendo.
Supongo que está vez, tendré que usar mis poderes en todo su esplendor.
Meiga se queda en la sala hablando con su padre mientras que Eleazar
me acompaña a su antigua habitación. Sus aposentos están en una de las
ramas más altas de las torres del castillo. El lugar es pequeño y frío. Tiene
unas alfombras de piel de oso en el piso y de las paredes cuelgan dos
espadas cruzadas. La cama es personal y tiene un pequeño aseo al final de
la habitación.
—No tenías que arriesgarte tanto por mí. Yo fui quien propuso este
compromiso sin tu consentimiento. Lo que mi padre pide, es una locura —
argumenta preocupado Eleazar.
—No soy tan débil como piensas. —Me siento en su cama observando
los alrededores—. Tienes un cuarto pequeño.
—¿Te sientes triste porque no es la lujosa mansión a la que estás
acostumbrada? —comenta bromeando, sin embargo, eso me hace enfadar,
nunca me he mostrado como una Princesa.
—No estoy acostumbrada a ese tipo de ambientes. Los vizcondes son
pobres en realidad, mi antigua habitación era más pequeña que esta. Tenía
que hacer muchas misiones para sobrevivir. No tenía tiempo de vivir en un
lugar acogedor —lo miro y puedo notar que está arrepentido de su
comentario—. ¿Qué sucedió con la hija Olaf?
—Preguntas sin rodeos —suspira sentándose a mi lado—. Su hija estaba
enamorada de mí, pero a mí no me interesaba lo más mínimo. Me perseguía
a todos los lugares, se aparecía en la aldea aclamando ser mi mujer. Fue
agotador.
—Entiendo —confieso entornando los ojos.
—No te burles —sonrío—. Nuestras aldeas convocaron un concurso de
caza. El mejor se llevaría un gran premio. Mi padre me exigió competir
para traer honor a la aldea, sin embargo, debido a que ella siempre me
estaba persiguiendo, ocurrió un grave accidente. Durante la caza, se cayó
por uno de los barrancos. La intenté salvar, pero fue demasiado tarde, recogí
su cuerpo y se lo llevé a su padre. Me culparon por el suceso y fui
desterrado del valle.
—Es entendible que no crean tu lado de la historia. —Lo abrazo
intentado confortarlo—. Algún día, cuando tengas hijos, los entenderás.
—Lo sé. No culpo a nadie por ese error, no obstante, no quiero que
Meiga se case por esa razón con su hermano. —Me confiesa apretando sus
puños.
—Encontraremos una solución para Meiga. Ya verás. —Le doy un beso
en la mejilla.
Eleazar se abalanza sobre mí en la cama. Sus ojos me miran con
intensidad.
—Regresando al tema. Delante de mi padre, exigiste ser mi mujer. ¿A
qué se debe el gran cambio de opinión? —Me pregunta pícaramente,
jugando con el dobladillo de mi vestido.
—¿A qué te refieres con el cambio de opinión? Yo nunca te dije que no
me casaría contigo. —Eleazar se sonroja y se echa a reír.
—¿Y tu pelea de amantes con el Rey Rince? —Arquea su ceja
recordándome el desagradable suceso.
—Sabes que eso no significó nada, ¿acaso estás celoso? ¡Dijiste que eso
no te había afectado! —Aparta la mirada, atrapo su rostro y lo beso—.
Bobo, a pesar de lo confundida que me puedo sentir por los sentimientos
que tengo hacia Rince, si hay algo que tengo claro es que no encontraré un
mejor esposo que tú.
—¡Qué cosas dices! Yo soy un mujeriego —comenta con voz nerviosa
levantándose de la cama mientras su rostro y orejas están enrojecidas.
—Sé que algún día caeré rendida a tus pies. Así que no te preocupes por
mí, ganaré esa pelea a como dé lugar —menciono abrazándolo por detrás.
—Estoy preocupado. No te lastimes por mi culpa.
—Estaré bien. —Se gira y me besa con fuerza.
Me lleva hasta la cama, donde continúa besándome.
—Hermano, padre quiere hablar con Titania. —Entra Meiga a la
habitación—. ¡Podrían controlarse ustedes dos! —Nos grita cubriendo sus
ojos, Eleazar se incorpora y se dirige en dirección a ella.
—Ya estás grandecita, no puedes cubrirte los ojos como si fueses una
niña. —Acaricia el cabello de Meiga.
—¡Hermano! —hace rostro de puchero.
—Meiga, ¿dónde desea verme su padre? —pregunto a Meiga una vez
que Eleazar abandona la habitación.
—Te llevaré.
—Las acompaño —añade Eleazar esperándonos afuera.
—Padre dijo que quería hablar a solas con Titania. Tú te quedas.
Meiga toma mi mano y salimos juntas de la habitación.
—¡Mi hermano no puede controlarse! ¿Qué cosas te hace recién llegada a
la aldea? —comenta molesta inflando sus mejillas.
—Meiga, tu hermano es un mujeriego. Deberías estar acostumbrada a ver
ese tipo de cosas —expreso en tono de broma.
—Eres la primera mujer que mi hermano le presenta a padre. Él nunca
trajo a nadie a la aldea, nunca estuvo con ninguna mujer de aquí. —Sus
palabras me hacen sorprenderme. Entre más tiempo paso con él, más cosas
interesantes descubro.
—Hemos llegado. Padre te espera dentro —comenta Meiga y se retira.
Atravieso el gran arco que lleva a un hermoso jardín real. Al final del
campo hay un altar con una tumba rodeada de flores. Gisli está sentado
frente a ella.
—Señor Gisli, ¿pidió hablar conmigo? —Le pregunto acercándome
sigilosamente a él.
—Sí. Siéntate a mi lado.
Me siento y miro hacia la gran tumba que tengo delante de mí.
—Esta es la tumba de la madre de Meiga y Eleazar. Cuando Meiga tenía
cinco años, falleció de una repentina enfermedad —suspira colocándole
flores—. Eleazar siempre ha sido muy sobreprotector con su hermana
pequeña. Una vez que te cases con Eleazar, no podrás abandonar la aldea y
tendrás que asumir el rol de Monarca. ¿Estás segura de que serás lo
suficiente competente para tener esa responsabilidad sobre tus hombros?
—Señor —respiro tratando de no ofenderlo para que no se enfade—.
Usted está malinterpretando las cosas. Eleazar no se quedará en la aldea,
aunque no se case conmigo. Además de que él forma parte del ejército de
Destan. No creo que él herede su cargo.
—Su participación en el ejército del Príncipe Destan es temporal. Ahora
debe casarse y regresar a casa para tomar las responsabilidades que le
corresponden. —Acaricia la tumba con añoranza—. Es tu decisión. La
competencia será mañana por la noche.
Se levanta y me deja sola en el jardín. ¿Tendré que estar presa de nuevo?
¿A dónde ha ido la libertad que tanto anhelo? ¿No me alejé de Rince porque
no quería sentirme presionada y perseguida? ¿Sucederá lo mismo si
continúo con Eleazar? Tengo tantas preguntas que no sé qué debo hacer.
***Destan***
Le he explicado varias veces la situación de Eleazar a Morgana. Aun así, no
hay manera de convencerla para que no vaya al Valle. Ahora mismo ella se
encuentra en una situación delicada, todos los elfos la odian por revivir al
Rakhasa y su ejército. Su madre era el ejemplo de una persona consecuente
con sus poderes, además de que defendía la importancia de que el ciclo de
la vida no debía romperse. Esa fue una de las razones por las que se ganó el
respeto de las tribus y pudo unirlas.
¿Cómo ella espera ganarse esa rendición después de haber roto el
juramento sagrado?
—Mi pequeña. —Le digo sujetándola por el brazo—. ¿A dónde vas?
—Tengo que ayudar a Eleazar y Meiga —menciona poniéndole una
montura a Grurea para partir.
—¿En serio piensas interrumpir la zona de elfos celestiales montando
una criatura infernal? —pregunto, haciéndola pensar en sus actos.
—¡Destan! Meiga me pidió ayuda —explica, mostrando un rostro de
preocupación—. Y desde hace un rato tengo un mal presentimiento.
¡Debemos ir!
¿Cuándo me escuchará y será más obediente? Entrar al Valle no es una
buena opción. Sus poderes se descontrolarán en un lugar lleno de ancestros
enojados. A veces pienso que esta pequeña me controla más de lo que
quiero.
—Está bien. Iremos juntos.
Me subo a Grurea y le doy la mano para que se siente delante de mí. Si
vamos en Erelim llamaríamos mucho la atención. Prefiero que se quede y
vigile el palacio.
Atravesamos varios senderos para tomar el camino del bosque hacia el
Valle.
—Morgana —menciona Grurea guiándonos—. Estoy de acuerdo con
Destan, no creo que sea una buena idea que entres al valle de las criaturas
terrestres. Las ninfas y los elfos son seres de la naturaleza, por lo que
respetan el balance de la vida. Las hadas son más juguetonas, pero viven
escondidas y raramente son vistas. Meiga es una excepción.
—Grurea, ¿por qué al menos tú no apoyas mis decisiones? —¡Cuán
testaruda puede llegar a ser mi Princesa!
—Morgana, tu poder es demasiado inmaduro para entrar en un valle de
ancestros —explica Grurea. Supongo que él está al tanto de toda la
situación.
—¿Qué tiene que ver mi poder con el valle? —Le pregunta ingenua,
Grurea gira una de sus cabezas y la mira fijamente.
—Eres la diosa del inframundo, ¿sabes cuántas almas desean ser
revividas? —Morgana comienza a temblar y su rostro se torna pálido—.
Entrar en un valle de ancestros es como ir a la tierra de los muertos. Las
almas perdidas en batallas, las que capturaron los elfos de sangre para hacer
sus encantamientos, todas ellas serán atraídas por tu poder. No estás
preparada para pisar esos lugares todavía.
—Entiendo —menciona triste y Grurea se detiene—. ¡Pero no puedo
abandonarlos y entregar a Meiga a un tirano! ¡Iré de todas formas!
—Destan. —Una de las cabezas de Grurea me mira—. Ella no tiene
solución, este es solo el inicio de los problemas.
—Lo sé. Hiciste tu mayor esfuerzo. —Acaricio sus cabezas para que se
concentre en el camino.
El tiempo ha cambiado con gran rapidez, se nota que nos estamos
acercamos al Valle. No me gusta la atmósfera de este lugar.
Los elfos son criaturas egoístas que siempre andan en manada. Eleazar es
el único elfo que merece mi respeto, el resto pueden desaparecer. Si fuese
por mí, ya hubiese destruido este lugar. Odio a esas criaturas, hace años juré
que no regresaría aquí.
Las cosas que hago por esta pequeña son hechos que nunca pensé que
haría. ¿En dónde se encuentra mi razón? ¿Acaso la he perdido en esta
malcriada?
Eleazar nos debe estar esperando en la entrada del Valle. Aun así, siento
que desde hace rato nos están rodeando. ¡Elfos de mierda! Debo estar
alerta, no quiero tener acontecimientos inesperados.
—Destan —Morgana me mira—, a pesar de que estamos rodeados, no
logro ver a Eleazar. ¿Falta mucho para llegar al Valle?
—No creo. —No están siendo muy sigilosos en su persecución. Aunque
estoy sorprendido que Morgana pueda controlar parte de mi poder.
Desde un vasto árbol aparece con gran velocidad un tigre de las nieves.
Es grande, tiene orejas puntiagudas y es de color blanco con algunas
manchas negras. Sus feroces ojos miran con desaprobación a Grurea. Una
figura alta lo monta.
—Llegan tarde, me costó trabajo encontrarlos. —Nos dice Eleazar,
quitando la capucha que lleva puesta.
—¡Qué tigre tan lindo! —Menciona Morgana tratando de tocarlo. El tigre
se acerca y le permite acariciarlo.
—Morgana, suéltalo —ordeno observándola con reproche—. No hagas
cosas tan temerarias.
—Destan, tranquilo. Kumuk no la morderá. —Me explica Eleazar
colocándose delante de nosotros—. Les mostraré el camino.
Los elfos que nos seguían comienzan a aparecer poco a poco y se
incorporan detrás de nosotros.
—El valle de Seren les da la bienvenida —anuncia Eleazar mientras
atravesamos la entrada.
Los ciudadanos del valle se acercan para ver a Morgana. Muchos hablan
del gran parecido con la Duquesa Erika, mientras otros muestran rostros de
desaprobación hacia ella.
La única diferencia física entre Morgana y su madre es el color de sus
ojos. Sin embargo, para mí no se parecen en nada. La mirada de la esposa
del gran Duque era madura y maternal, además de que su poder y
cualidades eran muy diferentes a los de mi pequeña. Morgana, aparte de que
todavía es muy inexperta, es demasiado imprudente. Estoy seguro de que
ella algún día llegará al nivel de su madre, puede que incluso sobrepase más
allá de su capacidad.
—Princesa. —Le grita Meiga mientras se acerca. Morgana detiene a
Grurea y se baja de él.
—Meiga, ¿estás bien? —Le pregunta preocupada tomándola de las
manos.
—Sí, Princesa. No puedo creer que haya venido.
—Claro que iba a venir. —Le dice abrazándola. Las hermosas alas de
Meiga salen a relucir y liberan varios destellos de brillos a nuestro
alrededor.
—Meiga, retrocede —ordena una voz fuerte y agria detrás de nosotros—.
Princesa, mi nombre es Gisli Olsen. A pesar del gran parecido con su
madre, no considero un placer conocerla. Tanto a mi tribu como a las
demás, nos han molestado mucho sus recientes acciones —el rostro de
Morgana se oscurece.
—Supongo que esto es lo que se llamaría, ¿un grato recibimiento? —
expongo molesto mientras desciendo y me detengo al lado de Morgana.
Grurea vuelve a tomar su forma de cachorro de una sola cabeza y se sube a
los brazos de Morgana.
—Usted debe ser el Príncipe Destan —demanda Gisli con desagrado—.
Tampoco puedo decir que sea un gusto tenerlo aquí.
—Nunca hubiera pisado este lugar de no ser por sus hijos, así que no se
preocupe, no nos quedaremos por mucho tiempo. —Le explico enfadado.
Gisli nos da la espalda y nos muestra la entrada a su castillo. El rostro de
Morgana luce decepcionado.
—Presumo que esta no es la acogida que estabas esperando.
—Sé lo que quieres decir, sin embargo, no puedo mirar hacia el otro lado
en este momento. Aunque los jefes elfos me odien, no dejaré que Meiga o
Eleazar paguen una culpa que no les corresponde —murmura, mirándome
tristemente.
Entramos al castillo donde nos recibe Titania.
—No pensé que vendrían. Esta noche están celebrando un banquete en
honor al regreso de Meiga —expone fingiendo felicidad.
—¿Qué sucedió? —pregunto colocándome a su lado para que no nos
escuche nadie más.
—Nada en realidad —miente, ¿en serio, Titania?
—Mi padre la obligó a tener un duelo con una “prometida” que él me
buscó —Agrega Eleazar, entrando con Meiga detrás de nosotros.
—¿Qué? —exclama molesta Morgana y señala a Eleazar con su dedo—.
La única tarea que tenías era proteger a Titania, ¿y la estás lanzando a la
cueva de los leones a ella sola?
—Morgana, no es así —responde Titania—. Acepté el duelo porque
quise, Eleazar no tiene la culpa de nada. —Sujeta la mano de Morgana para
tranquilizarla—. Así como tú tienes tus batallas, yo tengo las mías.
Morgana sigue mirando con mala cara a Eleazar, pero lo deja pasar. Las
chicas se van dejándonos a nosotros dos solos.
—Destan, por aquí. —Eleazar me guía hasta una terraza que se encuentra
en uno de los extremos del palacio—. Mi padre quiere que regrese a la
aldea. Esta prueba que le está poniendo a Titania es con ese objetivo.
—¿Crees que Titania vaya a perder el duelo de mañana? —interrogo
notando la clara preocupación en su rostro.
—En cierto modo estoy nervioso. Kaysa es una de las mujeres más fuerte
del Valle, puede incluso ganarme a mí, si me descuido. No quiero que
Titania se haga daño. —Me contesta afligido cruzándose de brazos.
—Titania no es la chica débil que piensas. Antes de irse con Morgana era
la Vizcondesa del ejército personal de Saruman. Llegar a ese cargo siendo
tan joven requiere mucha preparación. No sé qué tan poderosa sea Kaysa,
pero sé que Titania podrá con ella. Si ella te escucha ahora mismo, se
sentirá muy triste.
—Lo sé, por eso lo hablo contigo. Es la primera vez en mi vida que estoy
preocupado por otra mujer que no es Meiga. Se siente extraño y el pecho
me presiona. ¿Así te sientes todo el tiempo con la Princesa? —me mira
desconcertado.
—Morgana me preocupa mucho. A veces no sé qué tanto debo soltarle la
cuerda, pienso que, si me descuido, puede pasarle algo grave —su rostro
está sorprendido por mis palabras—. Esto nunca te lo conté, pero cuando la
vi después de tantos años, tuve miedo de que mi presencia a su alrededor
pudiera causarle problemas. Por eso aquel día preferí dejarla al cuidado de
Saruman sabiendo los planes de Evan. Nunca pensé que él la dejaría en ese
estado. Si no hubiese aparecido, creo que la habría matado. Y puedo decirte
desde el fondo de mi corazón que, si ella hubiese muerto por yo haberla
dejado atrás, no habría poder en el mundo que hubiera sido capaz de
consolar a mi corazón —puedo sentir cómo mis mejillas se ruborizan—.
Mientras ella permanezca a mi lado, seré capaz de protegerla.
—Nunca esperé escuchar esas palabras del temido Príncipe del caos.
—Yo tampoco pensé tener unos sentimientos tan profundos por una
pequeña criatura hasta que la conocí a ella —lo miro con seriedad—. Así
que confía en Titania, ella estará bien.
***Titania***
—Titania, ¿estarás bien en el duelo de mañana? —pregunta Morgana una
vez que estamos solas.
—¿Recuerdas que fui yo quien te enseñó a luchar? —la miro sonriéndole
y tratando de tranquilizarla.
—¿De verdad? ¿Titania enseñó a la Princesa? —Meiga nos interroga con
emoción.
—Sí —responde Morgana dirigiendo su atención hacia ella—. Los
antiguos Reyes de Asgard nunca me permitieron aprender a usar las armas
mágicas porque no tenía poderes. Cuando estuve en Hel, conocí a Titania y
ella me enseñó. Al principio no sabía que yo era la Princesa, pero después,
debido a un incidente, nos empezamos a volver cercanas.
—Ahora que lo pienso, mi vida era bastante tranquila antes de conocerte
—añado para bromear con ella—. Desde que te vi aquel día, he estado
envuelta en un problema detrás del otro. ¿Qué pecado habré cometido?
—Tener la mente sucia de pensamientos sobre los Príncipes —explica
Morgana burlándose de mí.
—¿Cómo puedes decir eso de mí? —digo atónita y Meiga se echa a reír.
—De verdad que la Princesa y Titania han formado un precioso vínculo
—menciona Meiga sonriendo.
—Prometí que sería su guardaespaldas.
—Y mi amiga —agrega Morgana con una sonrisa.
Tocan la puerta.
—Mi señora, las esperan abajo para la celebración —anuncia una criada.
Las tres bajamos hasta el jardín donde se lleva a cabo toda la fiesta.
Morgana lleva un vestido abierto a ambos lados de las piernas de color ocre
oscuro y unas botas que le llegan a la rodilla, el cabello suelto y un
diminuto collar. Meiga tiene puesto un conjunto de pantalones anchos y un
top color dorado, junto con una diadema en forma de tiara pequeña en su
cabello, el cual está recogido en unas trenzas. Me puse un pantalón de cuero
y una camisa blanca. No es muy formal para la ocasión, pero no traje casi
ropa.
Los elfos miran de reojo a Morgana, pero ninguno se atreve a decir nada
en su presencia. Muchas mujeres me observan y cotillean entre ellas.
Eleazar nos hace una señal y nos dirigimos a sentarnos a su lado. Gisli mira
molesto a Meiga y le hace un gesto para que vaya a sentarse a su lado.
Destan se mantiene callado. Lleva unos pantalones y una camisa negra. Por
otro lado, Eleazar lleva un conjunto parecido al de Meiga en color blanco, y
en vez de ser un top, es un chaleco abierto, y lleva su cabellera recogida en
un moño bajo.
—Después te llevaré a un lugar —murmura Eleazar cerca de mi oído.
—¿Dónde está Lotán y Dzahui? —pregunto a Destan, ya que no los veo
por ningún lugar.
—Ellos tenían otras tareas que hacer —mira alrededor—. Yo soy más
que suficiente para proteger a Morgana.
—No me refería a eso.
La cara de Destan está tensa, puedo decir por su rostro que no le gusta
este lugar. Meiga me estuvo contando el recibimiento que le dio Gisli, así
que dudo que él baje la guardia el tiempo que esté aquí.
Gisli se levanta con un tarro de cerveza en la mano.
—Esa imagen me recuerda cuando Jalil iba a decir algo sobre mí que me
iba a molestar —menciona Morgana en voz baja, Destan sujeta su mano.
—La fiesta de hoy es para mi amada hija, Meiga. Su regreso es una de las
cosas más felices que nos pudo haber pasado —comenta orgulloso Gisli.
—Aquí va. —Indica Morgana señalando en su dirección.
Un joven de silueta delgada y armadura, ojos color sombra y cabello
rapado hasta la mitad del centro de la cabeza y con una moña negra,
atraviesa uno de los arcos y se sienta al lado de Meiga.
—Pronto la tribu Aren y el Valle Seren podrán ser uno solo con la unión
de estos dos jóvenes. Les presento a Einar Haaken.
El rostro de Eleazar muestra un claro enfado por todo el espectáculo que
está haciendo su padre.
—Ya ves, te lo dije —enfatiza Morgana tomando una copa—. No falla.
No entiendo por qué a los Monarcas les gusta tanto dar las malas noticias de
esa manera.
—Eleazar, no sirve de nada que te lances sobre tu padre. —Le dice
Destan y lo agarra del brazo—. Ahora no es el momento.
—Lo sé. —Eleazar se levanta de la mesa y se va.
—Ve tras él —expone Destan, observando cuándo se va su amigo.
—No formen problemas mientras no estamos.
Me preocupa dejar a Destan y Morgana atrás, espero que se comporten.
Corro tras Eleazar. Desapareció más rápido de lo que pude perseguirlo.
¿Dónde estará? Una sombra atraviesa con rapidez por mi espalda.
—¿Me buscabas? —pregunta Eleazar desde arriba de un gran tigre de
nieve.
—Eleazar.
—Sube. —Eleazar me ofrece su mano y me siento en sus piernas—.
Kumuk, vamos.
Kumuk va trepando por varias ramas hasta llevarnos a unos riachuelos.
—Espéranos aquí —exige Eleazar a Kumuk.
Eleazar atrapa mi mano y me lleva corriendo a través de unos árboles que
llevan a una laguna. Las estrellas parecen desembocar en ella. Me siento en
el mismo cielo.
—¡Qué lugar más precioso! —Le digo sonriendo y dando vueltas en mi
lugar.
—Sabía que te iba a gustar. Lo encontré una vez que cazaba.
—Las estrellas brillan mucho más aquí. Se ven tan preciosas y únicas. —
Eleazar me abraza por detrás.
—Se le llama el Valle de Seren por las estrellas celestiales que se
presencian aquí. —Besa mi hombro—. No quiero que combatas mañana.
—¿Tienes miedo que pierda? —Le pregunto liberándome de su abrazo
para mirarlo.
—Sé que vas a ganar, pero no quiero que mi padre te humille por mi
culpa. —Sujeto su rostro mientras le doy un cálido beso.
—Si lucho, lo hago porque quiero, ya te lo he dicho. Nunca me ha
gustado usar mis poderes en público porque pueden poner en evidencia mi
linaje. Pero por ti, no dudaré en dar hasta la última gota de mi aliento.
—¿Y la conversación que tuviste con mi padre? —Me demanda
preocupado y tomando mis manos.
—Escuchar a escondidas es de mala educación. Tú mejor que nadie,
sabes qué sucederá si me llegas a encadenar a un solo lugar. Escaparé de ti
antes de que te des cuenta. —Se echa a reír cubriendo su boca con su mano.
—Tenías todo planeado. —Me besa, mientras su mano desciende hasta
tocar mi trasero.
—Eleazar —digo entre labios—. Aquí no.
—¿Por qué? No hay nadie cerca.
—No quiero demorarme mucho. Sé el recibimiento que le dieron a
Destan y Morgana. No sé cómo reaccionen los demás residentes del Valle
con su presencia.
—Entiendo —suspira decepcionado—. Volvamos.
Nos dirigimos a Kumuk. Delante de él, hay otro tigre de las nieves.
Encima de él, una figura con capucha y un pañuelo que cubre su rostro,
desciende del tigre y se pone delante de nosotros.
—Nunca pensé que llevarías a alguien al jardín secreto, Lizar —
menciona una baja voz femenina.
—¿Cuándo regresaste, Kaysa? —interroga Eleazar sujetando mi mano.
—Tu padre me envió un halcón para que supiese de la batalla de mañana
—responde, mientras revela su rostro.
Tiene la piel blanca como la nieve, su cabello es color plata y tiene ojos
de tonalidad orquídea. A pesar de su delgada constitución tiene los
músculos definidos. Lleva una armadura que le deja el pecho al descubierto.
—¿Así que ella es tu famosa mujer? —pregunta con ironía revisándome
de arriba hacia abajo.
—Su nombre es Titania y es la única mujer que pienso tomar en
matrimonio. Espero que no interfieras, Kaysa.
—Qué palabras más absurdas salen de tu boca, Lizar. Tú y yo somos un
equipo. ¿Cómo te atreves a abandonarme por una forastera? Ni siquiera es
tan linda. ¿Qué fue lo que te cautivó de ella? ¿Su color de pelo? ¿Su figura?
—se ríe pícaramente para agregar—. ¿El sexo?
—¡Kaysa! —Le grita colocándome detrás de él.
—No es un secreto para nadie que te gusta dormir con cualquiera.
Siempre has sido un mujeriego. ¿Acaso te preocupa lo que pueda decirle?
—Las palabras de Kaysa empiezan a molestarme.
—Eleazar, vámonos. —Murmuro apretando su mano. Kumuk desciende
para que pueda subir y Eleazar se sienta detrás de mí.
—Nos vemos mañana, Titania —saluda con malicia Kaysa.
Kumuk se dirige lo más rápido posible al palacio. La tensión entre
nosotros es notable.
—Según Meiga, nunca estuviste con nadie de la aldea —expongo
incómoda como si estuviese celosa.
—No he estado con Kaysa —responde confundido, sintiendo como los
músculos de su cuerpo se contraen.
—Por sus acciones, creí que habían sido amantes.
—Nunca pasó nada entre Kaysa y yo. —Suspira sujetando mis manos—.
Por favor, no creas en todo lo que dicen.
—No lo hago, tuve esa impresión.
Regresamos al palacio y subo a mi habitación.
—No duermas hoy conmigo —expreso incómoda a Eleazar.
—Entiendo. —Se me acerca y besa mi frente—. No te esfuerces mañana.
Solo sé tú. Yo estaré a tu lado independientemente del final.
—Gracias. —Fuerzo una sonrisa.
***Evan***
Acompañar a Geirröd a Midgard es una mala idea por muchas razones:
Kader está en peligro dentro del vientre de Lorelei y no me fío de ella para
protegerla; Geirröd quiere amenazar a alguien para que sea su espía dentro
del ejército de Destan; y he sido informado de que “ella” está teniendo
problemas con una tribu.
—Me informaron que ambos están en la aldea de uno de los Duques de
Destan. —Le explico a Geirröd, mientras él da vueltas para ver cómo se
cuela en la seguridad del palacio.
—Ve tú a esa aldea, yo buscaré a alguien que nos ayude — menciona,
centrando su atención en una pobre pareja que está pasando.
—Ten cuidado, no quiero ensuciarme las manos esta noche.
Desaparezco en el bosque en busca de la aldea; mis espías me dieron la
ubicación exacta. Esta seguridad es tan mierdera que apenas puedo decir
que son soldados entrenados. Aunque logre esconder mi presencia,
adentrarme en una aldea llena de elfos sangrientos será mi perdición. Soy
consciente del odio que tienen hacia mi persona.
Subo hasta el último peldaño de un árbol para divisar a Destan y
Morgana en una cena con otros elfos. ¿Cómo puede mi hermano resistir a
esas estúpidas fiestas? Quisiera prohibirlas y matar a alguien cada vez que
intente hacerlas.
Mis ojos se dirigen inconscientemente a la habitación de “ella”. Está sola
y sin guardias. ¿Si me acerco se volverá loca? Probablemente. Siempre
tiembla y está a la defensiva cuando estoy cerca, y si invado ahora su
espacio y después Geirröd hace algunos de sus tontos planes, creerá que
estoy involucrado.
Unos guardias borrachos pasan cerca de donde me encuentro comentando
de la fiesta.
—¿Escuchaste? Mañana la señorita Kaysa hará un duelo con la humana
que trajo Eleazar —expone riéndose como si fuera una hiena en celos.
—¿La que trajo Eleazar? Kaysa va a machacarla mañana. —Le dice otro
agarrándose de un árbol para vomitar todo lo que lleva dentro.
¿En serio, Thania? ¿Vas a luchar por ganarte un puesto entre estos
mugrosos? Si tanto querías demostrar tu valía, te hubiese colocado en la
cima. Temí que te vieras involucrada en mi tablero, pero no me cuesta nada
compartir mi puesto de Rey contigo.
Después de todo, debí seguir mi destino y haberte mantenido a mi lado.
Regreso con Geirröd porque no quiero darle la ubicación de la aldea.
Cuando llego al palacio, tengo uno de mis espías esperándome.
—Majestad, Lorelei está vomitando sangre —informa entregándome una
carta.
—Encuentra a Geirröd y sácalo de aquí, que no cause disturbios
innecesarios —ordeno mientras el soldado me hace una señal.
Emprendo vuelo en mi pegaso con destino a Asgard. Al parecer tenía que
haberte elegido. Kader está tan renuente como yo a aceptar a Lorelei como
madre.
Capítulo 31: El Valle de Seren II
***Morgana***
Titania aún no regresa. Destan ha estado como un perro rabioso lanzando
miradas asesinas a todo el que se acerca a decirnos cualquier tontería. Yo
tampoco estoy cómoda, pero no a su nivel. A pesar de que fui la que insistí
en venir, puede que haya sido un error. Nunca pensé que recibiría este trato.
Meiga se nota a gusto al lado de Einar, no considero que deba preocuparme
por su relación, aunque en cierto modo tengo una espina atravesada cada
vez que observo cómo se dirige hacia ella.
—Destan, vamos a la habitación. Tengo un poco de sueño. —Destan se
levanta para cargarme en brazos—. No tienes que hacer esto delante de
tantas personas —Gisli nos observa asqueado y las personas de la fiesta se
quedaron en silencio.
Destan no dijo una sola palabra en todo el recorrido hasta la habitación,
por más que le pedí que me bajara. Una vez dentro de la recámara que nos
ofrecieron, me deja en la cama para acostarse a mi lado y estrujarme en su
pecho.
—Has estado inquieto desde que entramos en el Valle, ¿tan terrible te
sienta estar aquí? —pregunto entrelazando nuestras manos.
—Estoy preocupado por ti. —Suspira acariciando mi rostro—. En el
Valle de los Ancestros es donde más concentración de espíritus existen. No
sé lo que te puedan hacer, aún conmigo a tu lado.
—Estaré bien si tú estás aquí. —Lo abrazo para tranquilizarlo
depositando besos en sus tonificados músculos—. No he tenido más
pesadillas desde que dormimos juntos.
—Lo sé. —Besa mi cabeza.
Cierro los ojos tratando de encontrar el sueño. Doy vueltas en la cama,
pero no logro conciliar el sueño; mi cuerpo se siente pesado, y abrir los ojos
para acomodarme en la cama se convierte en un simple y difícil
movimiento. La tensión de todos estos días parece estar cobrándome
factura. Sigo girando y cuento ovejas hasta que finalmente caigo dormida.
***
Estoy caminando por un sendero oscuro, huele a pasto fresco, pero no
puedo ver nada, como si mis ojos tuvieran una venda que no me dejara ver
por dónde estoy. Por mis pisadas considero haber llegado al inicio de un
puente, el cual recorre una trayectoria a lo que parece una cueva,
llevándome hacia una corriente de luz que me guía hasta el final del lugar.
Mis pies caminan inconscientes hasta esa dirección, sin darme tiempo a
entender qué estoy haciendo. Cuando reacciono, el intenso brillo de las
estrellas en el cielo hace que mis ojos se entreabran.
—¿Dónde estoy? —pronuncio en voz alta.
—Bienvenida al valle de los ancestros —unas voces femeninas
responden mis palabras—. Princesa Morgana.
—¿Por qué estoy aquí? —pregunto confundida tratando de entender mi
alrededor.
—Porque has utilizado demasiado tus poderes de resurrección. —Me
explica una mujer que se acerca. Su cuerpo está dividido en dos personas,
por un lado, tiene a una hermosa joven, y por el otro, un cadáver en
putrefacción. El olor a muerte se siente a medida que se me aproxima.
—¿Quién eres? —Mi cuerpo tiembla por su aparición.
—Mi nombre es Hela. —Menciona parándose imponentemente delante
de mí, su mirada es aterradora y tengo deseos de vomitar—. No heredaste
mi sangre para cambiar el balance del mundo. Perderás tus poderes si
vuelves a utilizar la resurrección. Es una maldición que te impondré... —le
interrumpo.
—Puedes ponerme todas las maldiciones que desees —la miro
prepotentemente porque no va a jugar conmigo y amenazarme para cumplir
sus exigencias—, si lo considero correcto, lo volveré a hacer.
—Ah, ¿sí? ¿Debería acortar el tiempo de vida de todas las personas a tu
alrededor? —susurra en mi mente con voz sigilosa.
—Sé que no lo hará. Su poder lo demuestra —trato de no evitarla con
todas mis fuerzas.
—¿A qué te refieres, pequeña?
—Si usted en verdad no quisiera alterar el balance del mundo de los
vivos, no les hubiese dado a sus descendientes el poder de la resurrección.
En cierto modo, usted es una Diosa del caos.
—Es interesante lo que dices. —Se sienta en un trono construido por
huesos—. Continúa.
—El objetivo de este poder, es poder ayudar a los vivos —explico
firmemente mi punto de vista—. Los seres humanos lo que más codiciamos
es el deseo terrenal de seguir vivos, queremos que las personas que amamos
se queden a nuestro lado y no desaparezcan.
—¿Y?
—Puede que todos la vean como un villano, pero yo sé que este poder es
un puente que usted creó para poder despedirnos una última vez —su rostro
de sorpresa hace que la credibilidad de mis palabras tome efecto—. Es
verdad que lo he utilizado con fines egoístas, pero, ¿qué persona en el
mundo no utiliza sus ventajas a su favor?
—Para ser una niña, no estás mal. —Se me vuelve a acercar—. Sin
embargo, Morgana, no quiero que sigas utilizando el poder de resurrección.
Desde el día que nacemos, tenemos una sola oportunidad de vivir una nueva
vida. Si a una persona se la da otra chance, sería injusto para los demás. A
veces las vidas pueden ser duras, violentas, temerosas, dolorosas pero otras
veces son dulces, preciosas, amables y afortunadas. Eso es lo que significa
nacer, vivir y morir. Cada uno es dueño de sus decisiones.
En cierto modo tiene razón.
—Carmín decidió su muerte —añade fríamente erizando cada vello de
mi cuerpo—. Pudo haberse alejado de Saruman, no obstante, prefirió
quedarse a su lado, llevándola a su trágico final. Una vez que la trajiste a la
vida, cortaste tu esperanza de vida.
—¿Corté mi esperanza de vida? —pregunto asustada porque esa era
información que desconocía.
—Todo en esta vida tiene un costo. Cuando reviviste a Rakhasa, estabas
vinculada a Evan, por lo que el costo se redujo a la mitad respecto a sus
esperanzas de vida —explica con seriedad y siento mi garganta seca—.
Evan morirá pronto.
—¿Qué?
—Ya deberías ser capaz de ver el tiempo restante de las personas. —Hela
da vueltas a mi alrededor—. Evan se dio cuenta que después de haber
resucitado a Rakhasa, había acortado su tiempo. Por lo que necesita
desesperadamente que llegues al nivel de Jarl. Él morirá antes de que seas
capaz de conseguirlo, ya que es una persona testaruda como tú y no está
siguiendo el destino que su dios le encomendó. Aunque te hayas casado con
un dios del Caos, eso no te hace suficiente para que asciendas a Jarl.
—¿Qué necesito para alcanzar el Jarl?
—Debes dar a luz a un sucesor del Caos. —Toca mi barriga—. Tu útero
todavía no está preparado para esa tarea, se necesitan al menos cinco años
para que la medicina de Meiga haga efecto.
—¿Por qué me dices todas estas cosas? —demando confundida. ¿A
dónde quiere llegar dándome toda esta información?
—Primero, quiero que entiendas por qué debes dejar de utilizar el poder
de la resurrección, si no lo haces por tu cuenta tendré que maldecirte;
Segundo, debes tener un descendiente, sino mi sangre se verá extinta y me
veré en la necesidad de visitar el mundo de los vivos; Tercero, dentro de
unos años ocurrirá la destrucción de la cripta de Asgard. El planeta KOI
necesita de ella para seguir existiendo, cuando eso ocurra debes haber
alcanzado el nivel de Jarl para repararla. —Se detiene delante de mí—. Solo
tienes esas tres tareas. Trata de cumplirlas, sino me encargaré de que tu
alma no renazca y se quede vagando en el mundo de los muertos.
—Suena aterrador cuando dices esas cosas. —Le confieso retrocediendo
unos pasos.
—Lo soy —sonríe sincera por primera vez—. No te quedes mucho
tiempo en el Valle.
—¿Puedes responderme por qué todos me dicen lo mismo?
—Me caes bien, por eso te responderé esto último. —Agarra mi mano
para que una secuela de imágenes atraviese mi mente. Veo muchas personas
que no recuerdo y acciones que no tienen sentido.
—Tendrás que decidir qué hacer con la información que te acabo de
ofrecer. Ahí tienes tu respuesta, ahora debes volver. —Menciona mientras
se marcha.
—¿Te volveré a ver?
—No creo que sea una buena idea. Después de todo, soy la Diosa de la
Muerte. —Desaparece en la oscuridad.
Todo comienza a tornarse oscuro y pesante, haciéndome sentir mareada
hasta perder el conocimiento.
—Morgana, ¡despierta! —Me grita Destan, sacudiendo mis hombros.
—¿Qué sucede? —pregunto confundida al notarlo tan agitado.
—Dejaste de respirar hace dos horas —tiene un rostro de miedo y
preocupación—. Creí que te había perdido.
—Estoy bien. Hela me visitó.
Ahora entiendo por qué ella dijo que no sería una buena idea volvernos a
encontrar. Me llevó a su puente entre la vida y la muerte. Si mis palabras no
la hubieran convencido, me hubiese dejado en el mundo de los muertos.
—¿Ella te visitó? —murmura sorprendido y asustado, con los ojos
vidriosos.
—Sí, hay muchas cosas que me brindó su visita —suspiro,
permitiéndome respirar otro tipo de aires—. ¿Cuánto tiempo pensabas
esconderme que Evan se está muriendo?
—¿Cómo lo supiste? —interroga perplejo e ignorando mi pregunta.
—Hela me lo dijo. —Se lleva las manos a su cabello; puedo ver su
tiempo restante. Por suerte, es más largo de lo que esperaba. Después de
todo, él también forma parte del linaje de los Dioses del Caos.
—Morgana, debemos irnos lo más pronto posible. No quiero otra visita
de tu Diosa.
—No lo hará. Ya te lo dije, su visita fue con un objetivo. Ningún ancestro
me pondrá un dedo encima mientras esté en el Valle. Me dio el tiempo
suficiente para resolver los asuntos pendientes de aquí —explico con
seguridad. Sé lo que significan las imágenes que me mostró, debo revelar la
verdad en su momento—. ¿Cuándo empezará la pelea de Titania?
—Dentro de un rato. Eleazar está muy preocupado por este asunto.
—Tú también lo estarías si fuese yo la que estuviese en el lugar de
Titania. —Besa mi frente arropándome en su pecho.
—No dejaría que nadie te hiciese realizar esa estúpida competencia para
demostrar tu valía, pero no es mi lugar para meterme.
—Deja de decir tonterías y vamos a apurarnos.
Me levanto para darme un baño.
Una vez dentro, me detengo frente al espejo. Mis iris se han vuelto de un
gris más profundo. Mi esperanza de vida es menor que la de Destan. Es
triste saber que puedo partir antes de él. Lo único que deseo es darle un
poco de felicidad y amor.
***Titania***
Eleazar anoche no durmió conmigo por órdenes de su padre, aunque yo
también le pedí que me dejara sola. Meiga está encerrada en el ala oeste
para que no influya en el resultado del duelo. Al parecer, el polvo de hada
puede incrementar las habilidades de los seres de este mundo. Hace años
que no utilizo mis verdaderos poderes, espero no tener que hacerlo. Tendría
que dar muchas explicaciones sobre él.
Tocan mi habitación, seguro es alguien para darme más indicaciones del
duelo. Me dirijo a abrir y para mi sorpresa es Destan.
—¿A qué se debe tu visita? —pregunto confundida dejándolo entrar.
—¿Eleazar sabe sobre tu origen? —interroga a primera hora de la
mañana.
—¿A qué te refieres? Él sabe que me críe en Hel y que era Vizcondesa de
la Guardia Oscura, puede que le haya contado un poco de mi infancia
también.
—Sabes que no me refiero a eso —examina nuestro alrededor y me lanza
una mirada obligándome a contar la verdad—. Tus poderes de agua
revelarán tu nacimiento proveniente de la realeza de la Monarquía Marina.
—¿Cómo sabes sobre eso? —demando nerviosa, ya que sé que Eleazar
no diría nada de lo que hablamos.
—Lo sé desde que envenenaste a Morgana cuando estuvimos en Hel,
controlaste con mucha facilidad el agua del veneno. Además, de que, en la
pelea con el Turoth, te curaste demasiado rápido para ser un ser humano
corriente, se sabe que la piel de las criaturas marinas es más gruesa —a
veces no sé si es una fortuna tenerlo de nuestro lado.
—¿Morgana lo sabe?
—No. ¿Por qué debería contarle algo que es irrelevante para ella en estos
momentos? ¿O debería decirle que su mejor amiga es una princesa
ilegítima? —menciona impasible como si no le importara quién soy.
—Gracias, por favor mantenlo en secreto. Prometo que hablaré con ella
cuando esto termine —respondo aliviada y en cierto modo preocupada.
Destan esconde muchos secretos.
—No me agradezcas, no lo hice por ti —contesta fríamente dirigiéndose
a la puerta—. Si quieres ganar la pelea con Kaysa, no podrás ocultarlos por
mucho tiempo.
—Lo sé, pero trataré de no utilizarlos porque no quiero que anden
preguntando por mí y te causen problemas.
—Esto no es mi problema, solo vine a advertirte —mira por la ventana
dándome una sonrisa—. Hoy es tu día de suerte, el tiempo está nublado.
—¡Dije que no los usaré! — Chillo molesta mientras Destan se va.
Sé a lo que él se refiere. Kaysa debe ser una mujer fuerte para que
Eleazar y Destan muestren preocupación. Siempre suelo usar mis pistolas
para luchar, pero para esta pelea creo que usaré un arco mágico.
Me coloco mi traje de Vizcondesa y camino hasta la platea donde se hará
el duelo.
La mayoría de los ciudadanos han venido a vernos. En cierto modo me
siento nerviosa, el trabajo de un asesino es ser sigiloso, ahora que estoy
rodeada, es como si midieran mi poder. Gisli está tratando de sacar lo peor
de mí poniendo a todo su pueblo en mi contra. Desde las gradas, los
ciudadanos gritan el nombre de Kaysa como si fuera la gran diosa del
olimpo.
—De verdad te presentaste, Titania —menciona Kaysa con su armadura
puesta. Luce radiante, si no me estuviese tratando como una enemiga, sé
que tendríamos muchas cosas en común.
La pelea está a punto de comenzar. Dentro de mi corazón todavía hay
ciertas dudas: ¿Es lo correcto mostrar lo que tanto tiempo he ocultado? ¿Es
necesario llegar a estos extremos por Eleazar? ¿Eleazar es la persona que he
estado esperando todo este tiempo? Mi mirada inconscientemente se dirige
hacia donde él está. Tiene un rostro serio, supongo que al final está
preocupado de que me suceda algo. Le doy una sonrisa y subo a la platea.
—¿Trajiste un arco? ¿Acaso sabes cómo disparar una flecha? —Me
pregunta irónica colocándose unos guantes en las manos.
—¿Solo sabes hablar? —respondo finalmente preparándome física y
psicológicamente.
—Pueden empezar, la primera que caiga o salga de la platea será la
perdedora. —Nos anuncia Gisli levantando la mano entre nosotras.
—Empecemos —susurra Kaysa riéndose.
Kaysa desprende unas ventiscas furiosas entre nosotras. ¿Una usuaria de
viento? ¿En serio? ¿Un elemento totalmente opuesto con el mío?
Desaparece entre las coordenadas atacándome con una patada cerca del
rostro. Su rapidez es excepcional, se puede decir que está al nivel de la
Reina Lorelei. Apenas puedo apuntarle con el arco, quiero posponer el
momento de usar los poderes del agua, pero unas ramas comienzan a tejerse
sobre mis pies.
¡Mierda, me distraje!
—¿En qué piensas, pequeña forastera? —Me pregunta Kaysa mientras
ataca mi abdomen, el cual apenas logro esquivar.
¿Puede usar la tierra también? ¿Esto es el poder de la naturaleza?
—Supongo que este viaje me toca a mí. —El arco no me servirá de
mucho. Lo transformo en una lanza para apaciguar sus ventiscas.
—Es interesante lo que haces con esa arma.
A pesar de que esquiva cada uno de mis ataques, logro tocarle la pierna
con la punta de la lanza. Kaysa retrocede con rapidez.
—¿Esto es veneno? —Observa molesta la herida por el dolor que
desprende.
Saca su arco y me comienza a lanzar fechas, con ayuda de sus corrientes
de aire, muchas me lastiman.
¡Mierda! Saco de mi piel las puntas. Las heridas duelen, aunque son
flechas normales, la presión con la que entraron ocasionan suficiente ardor
como para no poder mantenerme en pie. Va a repetir el ataque.
¡Joder! Me han dado en los puntos débiles de las articulaciones.
—Este es tu fin —anuncia apuntándome—. Eres ingeniosa y buena
luchadora, pero tu poder es dedicado a los homicidios. En una pelea abierta,
son inservibles. Eres patética, debo admitir que tienes grandes reflejos. —
Sus flechas vienen hacia mí. Si me dan de nuevo perderé el conocimiento.
Empieza a llover con fuerza y el agua nos baña a ambas.
—Como dice Destan, hoy es mi día de suerte. —Me río y las gotas de
agua curan mis heridas. Me levanto y utilizo el poder de las gotas de agua
para paralizar su cuerpo.
—¿Qué has hecho? Juraría que te di en todos tus puntos débiles —
demanda perturbada tratando de moverse.
—Lo hiciste, pero no eres la única que la naturaleza ayuda —digo
sonriendo y acercándome a ella.
El cuerpo de Kaysa cae al suelo, por más que intenta levantarse, se
desploma.
—¿Qué me hiciste?
—Mi veneno se incrementó por la lluvia. Quizás fue una simple cortada,
pero con la potencia del agua, te dejó paralizada. Estarás un buen tiempo sin
poder moverte —menciono mirando a Eleazar.
—No creas que has ganado. —El viento comienza a soplar sobre
nosotras con gran presión.
—Kaysa, si no tomas el antídoto, morirás.
—No me importa. Solo necesito derrotarte para que me lo des. —Las
cortinas de aire son cuchillas que cortan mi piel.
¿Esa técnica es de alto nivel? ¿Cómo pudo obtenerla?
—Kaysa, ¡detente! —grita Eleazar desde las gradas. Hasta ahora se ha
mantenido callado, ¿por qué interviene?
Eleazar se dirige hasta donde está su padre. Gisli hace una mueca.
—Kaysa, sabes que está prohibido usar ese poder. Si no puedes ganarle a
una forastera con tus propias habilidades, serás una humillación para
nosotros —expone Gisli molesto.
—Señor, no se preocupe. No llegaré al límite, solo tomaré lo necesario
para derrotar a esta forastera.
Gracias a la lluvia mis sentidos se han recuperado, sin embargo, el daño
que me causó Kaysa es bastante significativo.
—“Titania” —una voz entra en mi cabeza—. “Es Morgana” —Mi rostro
gira en su dirección, ella me sonríe despreocupadamente—. “Kaysa está
usando el poder de los ancestros para derrotarte. No tienes que asustarte,
debes desgastarla. Tiene un tiempo limitado para utilizar esa magia,
aguanta hasta que ese momento llegue.”
Gracias, Morgana.
Usaré mis pistolas para esa tarea. Kaysa vuelve a lanzar ese viento de
cuchillas hacia mí, no lo esquivo como quisiera, pero es suficiente para que
pueda disparar y hacer que se distraiga. Me mira ferozmente y eleva el
suelo para que crezcan raíces y atraparme, estas cumplen su tarea
haciéndome caer.
—Este es tu final, Titania —anuncia apuntándome con una flecha.
Supongo que no fue suficiente haberla envenenado. Después de todo tendré
que utilizar mis poderes de agua.
Respiro profundamente y me fusiono con la lluvia, uniéndome a las gotas
que caen.
—¿A dónde fue? —pregunta Kaysa asustada.
—Detrás de ti. —La apuñalo con una daga y Kaysa cae al piso.
—¡Maldita! —grita adolorida tocándose la herida.
—Kaysa, nunca quise llevarte a ese extremo. Si te mueves
descuidadamente, morirás —afirmo con una fría mirada. Las heridas que
Kaysa me hizo se han curado gracias a la fuerte lluvia.
—¡Kaysa! —grita Gisli interrumpiendo el duelo—. Es suficiente, Titania
es la ganadora.
Gisli mira decepcionado a Kaysa y me levanta la mano en señal de
victoria. Si no hubiese llovido, no sé si hubiera sido capaz de ganar. Kaysa
es una mujer fuerte con buenos elementos mágicos.
—Titania. —Eleazar viene corriendo en mi dirección para estrecharme
entre sus brazos—. Gracias a los ancestros, estás bien.
Un bullicio explota detrás de nosotros. Morgana tiene su guadaña
alrededor del cuello de Einar.
—Princesa, ¿puedo preguntar qué cree que hace? —demanda con gran
molestia Gisli.
—Morgana, ¿qué haces? —pregunto atónita, ella no es de causar este
tipo de espectáculo.
Destan no se ha movido de su asiento. Usualmente él interrumpe los
comportamientos temerarios de Morgana. ¿Qué es lo que sucede?
Los residentes del Valle empiezan a gritar y se arrodillan pidiendo
piedad.
—Einar, ¿no deberías confesar tus pecados? —expone Morgana con
seriedad—. ¿O acaso debería decir la verdad?
—Princesa, ¿puede explicarnos la situación? —Se acerca Eleazar a
Morgana.
—Gisli, escuché que la madre de Eleazar y Meiga falleció de una
repentina enfermedad —menciona Morgana girando su cabeza en dirección
a Gisli sin mover la guadaña.
—Así es. —Afirma Gisli acercándose a ellos.
—Einar, ¿no tienes nada que decir al respecto? —pregunta Morgana,
Einar la mira con odio, pero se mantiene en silencio—. Hace 14 años, mi
madre fue asesinada por una orden real. ¿No te suena ese hecho, Einar?
—La Duquesa fue asesinada debido a su poder —responde Einar.
¿Morgana, qué es lo que sucede?
—Esa es la respuesta que te mandó a decir Olaf —contesta Morgana
enterrando su guadaña en el cuello de Einar—. Mi madre fue asesinada por
ustedes. Su tribu ha estado todo el tiempo conspirando con los lacayos de
Geirröd para ascender al trono de Midgard. Gisli, tu esposa no falleció de
una repentina enfermedad, fue envenenada por Olaf, el padre de Einar.
—¿Qué pruebas tienes? —grita Gisli furioso cruzando sus manos.
—Tu esposa falleció un año después de mi madre. Olaf creyó que con la
caída del gran Duque podía ascender a jefe de las tribus, pero tú ocupabas
su camino, por esa razón ideó un plan para hacerse con tu poder de la cripta.
Sin embargo, dividiste tu poder hacia tus hijos cuando tu esposa falleció,
después de varios años Olaf envió a su hija a que sedujera a tu hijo para
quedarse con su poder, ella se negó y mandó a su hermano a matarla,
recayendo toda la culpa en Eleazar. De esa manera, harías que Eleazar
saliera de la aldea y le quitaras el puesto, dejando todo a manos de Meiga.
Los planes de Olaf habían fracasado lo suficiente por lo que su único seguro
era enviar a su fiel hijo a casarse con tu hija para poder sacrificarla y
obtener tus poderes.
Las palabras de Morgana hicieron un eco en las gradas provocando
sospechas en todos. Las murmuraciones de los habitantes se escuchan lo
suficientemente alto para causar conmoción.
—¿Qué pruebas tienes para culparme de todo eso? —demanda
calmadamente Einar como si estuviese confiado.
—Kaysa y tú son amantes —confiesa Morgana y la cara de Einar se torna
pálida.
—¡Eso es mentira! —grita Kaysa agarrándose la herida.
—Gisli, si dudas de mí, puedes llamar a los ancestros —comenta
Morgana enterrando aún más su guadaña—. Kaysa y Einar se casaron en el
Valle de las estrellas y las raíces mágicas deben estar alrededor de su dedo
anular.
—Está bien, lo admito. Amo a Kaysa, pero eso no demuestra que mi
tribu o yo, hiciéramos todas las cosas que mencionaste. —Refuta Einar
escondiendo su mano derecha.
—A Geirröd le gusta marcar a sus soldados. —Se levanta Destan de su
asiento y se dirige hasta donde está tirado Einar—. Debes tener una marca
cerca del corazón. Es un collar de perros para que no lo traicionen.
Destan levanta el chándal de Einar y efectivamente hay una marca.
—Princesa Morgana. —Se acerca Gisli e inclina su cabeza—. Le pido
que deje esto en mis manos.
—Lo haré. He cumplido el rol que me pidieron los ancestros. —Morgana
sonríe y retira su guadaña, unos guardias aprisionan a Einar.
Destan sujeta la mano de Morgana y se retiran de la platea. Morgana se la
da la vuelta y me mira.
—Titania, debo volver. Espero que regreses pronto. —Sonríe y se
dispersa en la multitud.
—Vamos. —Eleazar entrelaza nuestras manos.
—Eleazar. —Lo miro, su mano atrapa mi rostro y me besa—. Estamos en
público.
Lo separo de mí, su sonrisa me hace sentirme aliviada. El duelo que he
hecho hoy no ha sido en vano. Esta es la persona que quiero en mi vida.
—¡Titania! —Grita Meiga que se dirige corriendo en mi dirección—.
¿Estás bien?
—Sí. —Acaricio su cabello curvando mis labios felizmente.
—Titania, ¿podemos hablar a solas? —pregunta Gisli acercándose a
nosotros.
—Puedes decirle lo que quieras aquí —contesta Eleazar molesto
escondiéndome detrás de él.
—Me disculpo por mi comportamiento con la Princesa y contigo. Las
dos demostraron ser dos mujeres serias —estoy sorprendida con sus
palabras, la historia que escuchó de Morgana debe haberle provocado un
sentimiento amargo en su interior.
—Está bien —digo sonriendo, no quiero alargar un mal rato.
—¡Jefe! —grita Kaysa desde el suelo.
—¡Guardias! ¡Encierren a Kaysa en el subterráneo! —ordena Gisli sin
siquiera mirarla.
—Vamos, Titania. —Me dice Eleazar jalando mi mano.
Eleazar chifla y aparece Kumuk. Me sube sobre él y desaparecemos en el
bosque. El camino que recorremos es el mismo del día anterior, yendo en
dirección de la laguna. Kumuk se detiene y Eleazar me carga en brazos
hasta el interior del lago. El agua está fría.
—Eleazar, ¿qué haces? —pregunto temblando dentro del hielo en el cual
estoy metida.
—Titania. —Me deja en el agua, las heridas restantes sanaron al instante
de tocarla, mi fatiga por la reciente pelea comienza a desaparecer.
Nuestros cuerpos mojados se acercan y nuestras miradas se desean con
gran pasión. Eleazar se apodera de mi rostro besándome con fuerza.
Entrelazo mis manos alrededor de su cuello, no sé si mis sentimientos están
desbordados en este momento, pero solo sé que deseo a este hombre.
Eleazar rompe mi camisa dejando mis senos al descubierto. Sus labios
recorren mi cuello hasta llegar a mis pezones, los cuales muerden con
pasión haciéndome liberar un gemido. Me quito lo que queda de mi camisa
y falda, quedando totalmente desnuda delante de él. Eleazar se quita sus
pantalones y su chaleco. Su piel desnuda contra la mía hace que me excite
terriblemente. Subo mis pies a su cintura. Su gran miembro palpita en mi
entrada haciéndome desearlo aún más.
—Quiero que estés dentro —susurro a Eleazar, su rostro se torna rojo y
siento como su miembro crece más.
Eleazar toma acto de mis palabras y me embiste con gran ímpetu. El agua
entre nosotros hace que las embestidas se sientan más duras de lo que ya
son. Mis gemidos son tan altos que creo que se sienten en todo el Valle. Mi
excitación corre sin control haciéndome venir y cuando él nota que ya he
llegado al límite, retira su polla viniéndose en mi barriga.
Nos limpiamos y salimos de la laguna. Mi camisa ha quedado rota
gracias a la fuerza de Eleazar, estoy desnuda en este lugar.
El atardecer empieza a cobrar vida en este momento. El cuerpo desnudo
de Eleazar sale de la laguna, la luz del ocaso ilumina ese monumento
caminante, parece un dios. Se sienta a mi lado y deja caer su ropa en el otro.
Revisa un bolsillo de sus pantalones y atrapa mi mano.
—Sé que esto es demasiado para ti, no quiero escuchar una respuesta
ahora. Solo espero que cuando llegue el momento seas capaz de aceptarme
y amarme como tu legítimo esposo. —Terminando de decir esas palabras,
coloca en mi dedo anular un anillo de plata con un gran zafiro azul claro—.
Lo mandé a hacer para ti.
Besa mi mano una vez puesto el anillo dejándome sin palabras, solo sé
que en este momento estoy muy feliz, pero no sé qué más agregar.
—Eleazar, estoy feliz. Gracias por hacerme sentir así.
—Agradezco conocerte a ti. —Nuestros labios se unen.
***Morgana***
Destan y yo caminamos de regreso a la mansión. Él ha estado callado todo
el tiempo, como si hubiera hecho algo que no le gusta. Puedo notar su
molestia, sujeto la parte de atrás de su camisa.
—Destan, ¿estás molesto? —pregunto con inocencia, haciendo mi mayor
rostro de arrepentimiento.
—¿No me prometiste que serías menos temeraria y confiarías en mí? —
ruge entre dientes prácticamente.
—Destan, lo siento. Volvamos a casa.
Grurea revela su forma y continuamos el viaje en silencio hasta llegar a
nuestro hogar. Destan se encerró en su oficina. Supongo que sigue molesto
conmigo.
Camino por el jardín del castillo. Hela me dijo muchas cosas cuando nos
encontramos. Mi poder ha crecido todavía más desde ese momento. Estoy
abrumada.
¿Cómo es posible que siempre termine haciendo las cosas mal con
Destan? Se va a cansar de mí.
—Princesa —Se acerca Lotán.
—¿Destan te envió detrás de mí? —demando al verlo tímido y
distanciado, normalmente no es así.
—No, Eleazar envió una carta hacia usted. —Me la entrega. No ha
pasado más de una hora desde que salimos de la aldea. ¿Qué pudo haber
sucedido?
Princesa:
Le escribo esta carta solicitando un permiso especial para Titania.
Nos hemos comprometido oficialmente. Gracias a usted, pudimos conocer
la verdad después de muchos años. Mi aldea ahora es un caos, le pido que
deje a Titania a mi lado para poder estabilizar la posición de Meiga.
Un saludo especial, Eleazar.
Entiendo. Se siente triste, pero es bueno que Titania haya encontrado su
lugar.
—Hazle saber que estoy de acuerdo con su solicitud. —anuncio a Lotán
y este alza la mirada tratando de decirme algo—. ¿Hay algo más?
—Dentro de unos días comenzará en la academia imperial. Va a necesitar
un escolta. ¿Puedo ir con usted? —demanda sonrojándose.
Se me había olvidado de que Destan me había comentado sobre esto, ya
que le daré unas vacaciones a Titania, debo elegir a un nuevo escolta.
—Si Destan está de acuerdo, yo también lo estaré.
Una nueva etapa de mi vida comienza desde hoy.
***Destan***
Tengo muchas cosas que arreglar. Mientras Morgana asiste a la escuela de
magia, este es el mejor momento para desplazar el plan y organizar mi
ejército.
—Dzahui, comunícale a Seiya que convoque a los demás Duques. Hoy
comenzaremos el plan.
—Entendido, Príncipe Destan.
Debo admitir que Lotán y Dzahui son muy buenos activos, Morgana tuvo
suerte cuando los recogió.
—Príncipe Destan, el salón está listo y todos están esperándolo. —Me
informa Dzahui, entregándome unos documentos.
Camino por el pasillo, mi mirada se distrae hacia la ventana donde está
Morgana con Lotán. Puedo escuchar su conversación. Él puede distraerla
mientras realizo la reunión.
—¡Te has demorado en llegar, a pesar de que fuiste tú quién nos convocó
tan deprisa! —añade en tono irónico Seiya.
—Lo siento, me distraje por el camino. —Les comento bromeando y
sentándome en la punta de la mesa.
—¡Seiya, no te molestes con él! Después de todo es un recién casado —
menciona Bog tratando de molestarme.
—Nuestro Príncipe nunca se distraería en esas cosas. ¡No repitan esas
palabras! —expone fríamente Nayadé. Sé que le incomoda mi relación con
Morgana.
—Eso es porque no conoces a la Princesa. Ella es hermosa, inteligente y
poderosa —comenta sonriente Seiya.
—¿Y eso qué tiene que ver? Destan siempre ha tenido a mujeres con esas
cualidades a su alrededor —demanda molesta Nayadé arqueando su ceja.
—Siento llegar tarde. —Entra de último Eleazar.
—Eleazar, tú que conoces a la Princesa, ¿no es ella hermosa, poderosa e
inteligente? —pregunta Seiya con entusiasmo, Eleazar se sorprende y hace
una señal para cambiar el tema.
—Es suficiente. No los reuní aquí para hablar de mi esposa —contesto
con firmeza, acabando la discusión de las cualidades de Morgana—.
Dzahui, asegúrate que Morgana esté lo más alejada posible de esta
habitación.
—Sí, Príncipe. —Dzahui abandona la habitación.
—El Rey apoyó mi plan para asumir Midgard —todos se quedan
perplejos, ya que no esperan esa respuesta de parte de Eolo—. Cada uno se
moverá con su ejército para ganar una ciudad. Y por último nos uniremos
para conquistar Xecuterra. Les voy a ir asignando las localidades a cada
uno. ¿Alguna pregunta? —Todos niegan con la cabeza.
—Maddiel, te encargarás de Phonad; Eleazar, de Dumen; Seiya, de
Teoviva; Bog, de Sinao; Ágata, de Vaiba; Rince, de Phugodoue; y Nayadé,
de Lourane. Todos los movimientos estarán bajo mi nombre. La
participación de Rince debe ser oculta. ¿Alguna duda?
—Rey Rince, ¿usted está de acuerdo en participar aquí? —pregunta
Maddiel desconfiado. No puedo influenciar, Rince debe ganarse su lugar.
—Antes de ser Rey, soy hermano de Destan. Haré todo lo posible para
ayudarlo —responde Rince mirándome con orgullo.
—Si es así, saben lo que deben hacer. Bog quédate, los demás pueden
partir —ordeno dando por finalizada la reunión.
—Príncipe Destan, ¿puedo hablar con usted? —pregunta Nayadé
acercándose a mi asiento.
—Bog, espérame afuera. ¿Qué quieres Nayadé? —digo a secas. A veces
me molesta esa actitud de superior que tiene.
—Destan, te he extrañado. Desde que fuiste liberado, solo nos hemos
visto dos veces y siempre han sido en reuniones del ejército. Quiero estar a
solas contigo. —Toma mi mano, se ha vuelto más atrevida. Debo detener
esto antes que se vuelva un problema.
—Nayadé, soy un hombre casado ahora. Cumplí con mi palabra y ayudé
a tu tribu. No existe más nada entre nosotros, además de una relación de
jefe y subordinado. Si esto va a afectar tu juicio, retírate —expongo furioso
y serio.
—Lo siento, fueron ideas mías. Me quedaré a tu lado, nunca se me va a
olvidar que me salvaste cuando más lo necesitaba. Mi venganza contra
Geirröd todavía no está completa —sus palabras no son vacías, pero, aun
así, no logro creerlas. Solo espero que no plantee ideas equivocadas en la
cabeza de Morgana—. Me retiro.
Salgo de la habitación donde me espera Bog.
—¿Qué puedo hacer por usted? —pregunta Bog, viendo el mal genio que
tengo gracias a Nayadé.
Bog Ronning es el ex conde de Sinao, debido a una lucha ejecutada por
Geirröd él perdió su puesto y familia. Esta batalla le va a dar la oportunidad
de tenerlo todo de vuelta, aunque los muertos no se pueden traer de regreso.
Es una ironía decir eso, después de todo lo que ha hecho Morgana. Bog es
un hombre pequeño de cabello azul y ojos verdes, su aldea fue otra de las
víctimas de Geirröd. Casi todos mis Duques han sido presas de él. La
venganza es una herramienta esencial, sin embargo, ¿qué queda después de
ella?
—Quiero que conozcas a mi esposa. Ya sé que debes haber arreglado
todo para ella en la academia.
—Así es. Pensé que no quería que ninguno de sus Duques la conociera
—suspiro recordando mis palabras.
—No es así. Tengo miedo de que ella una vez que sepa mis planes quiera
involucrarse y se lastime. Por ahora, quiero que se concentre en mejorar sus
poderes. —Le confieso, despeinando mi cabello con ansiedad.
Caminamos hasta el jardín donde se encuentra Morgana. Sigo un poco
molesta con ella, Hela se ha pasado esta vez. Si me llego a encontrar con
ella, la devolveré al inframundo de dónde proviene.
—Destan —sus ojos me miran y toda mi incomodidad se desvanece. Es
un efecto que solo ella provoca.
—Dicen que un hombre enamorado, es un bufón de la vida. Después de
ver tu expresión, puedo afirmar que hasta el peor villano se enamora —
anuncia Bog sonriendo y haciéndome sonrojar.
—La verdadera razón por la que no quiero que nadie la conozca es
porque solamente ella saca este lado de mí. —Le explico mientras Morgana
se acerca.
—¿A qué lado te refieres? —Me sonríe rodeando sus brazos en mi
cuello.
—No escuches a escondidas. —Le exijo, dándole un casto beso en los
labios.
—Tú sueles hacer lo mismo —nuestras miradas se encuentran y parece
como si el mundo se hubiera detenido a mi alrededor. En serio, no soy yo
cuando ella está cerca.
—Morgana, este es Bog, el director de la academia —aclaro mi garganta
separándome de ella.
—Mucho gusto, Princesa. —Le besa la mano—. Después de todo, Seiya
tenía razón cuando comentaba de su belleza. —Morgana se sonroja
mirándome confundida.
—No sabía que hablaran de mí. —Menciona tímidamente, colocando su
cabello detrás de su oreja.
—Todos los miembros del ejército de Destan queremos conocerla,
después de todo, fue la única capaz de controlar a este loco Príncipe —se
ríen dejándome a mí de lado.
—Me siento honrada —su mirada se vuelve a dirigir a mí—. Titania
estará con Eleazar restaurando la aldea. Tuve que elegir un nuevo escolta.
—Lo sé. Lotán no es una mala opción y le convendrá recibir la
formación de la academia junto a ti.
Bog se despide de nosotros y sujeto la mano de Morgana empujándola
contra mi cuerpo.
—Vamos a dormir, hoy ha sido un día pesado.
—Está bien.
Entrelazamos nuestras manos para caminar hasta nuestra habitación.
***
Nunca esperé que pudiera llegar una catástrofe como esta.
—Príncipe, Princesa. —Nos interrumpe Lotán golpeando nuestra puerta
a medianoche.
—¿Qué sucede? —pregunta Morgana abriéndole la puerta con
nerviosismo.
—Vino un mensaje urgente de Asgard. La Reina Lorelei ha perdido al
bebé.
—¿Qué? —Morgana y yo estamos tan sorprendidos.
—Aparentemente alguien ha puesto veneno en la comida de la Reina
haciendo que ella pierda al niño instantáneamente —anuncia Lotán
tragando saliva antes de agregar—. El Rey Evan ha asesinado a todos sus
súbditos en el palacio. La Reina Lorelei ha pedido su ayuda.
—¡Erelim! —grito llamándolo. Debo ir—. Morgana, voy a ir a ver a
Evan, ¿vienes?
Epílogo
***Evan***
El palacio está lleno de cadáveres por todos lados, pero nada de eso me
importa, tengo una ira interior incapaz de controlar. El ejército de Rakhasa
ha estado sepultando el reguero de cuerpos que he ido dejando a mi paso.
Lo siento Kader, no pude protegerte.
—Evan. —Toca Destan la puerta de mi despacho.
—¿A qué viniste? —pregunto molesto, no quiero que me tenga lástima
—. Mi hija no va a regresar, encontraré al culpable.
—¿Y qué vas a lograr? Lorelei te necesita ahora a su lado. No te
encierres solo.
—¡Qué palabras tan tontas! ¿Con qué derecho te atreves a cuestionarme?
—Tengo que reírme, ¿en serio, tú?—. Yo solo tenía un deseo en este
mundo, y era tener a mi hija. Supongo que ni siquiera eso se me permite en
esta vida. ¡Sal, quiero estar solo!
Destan me obedece dejándome observar por la ventana su partida junto a
Morgana. Ahora que Lorelei ha perdido a Kader, puedo romper el
matrimonio que me ata. Nunca lo registré porque sabía que mi destino no
era con ella, pero, aun así, quise ir en contra de la corriente y fue Kader
quien pagó las consecuencias de mis actos.
Ni siquiera puedo abandonar el palacio para verla y calmarme, porque sé
que haría una estupidez en este momento.
¡Mierda! ¡Debía haber escuchado al sabio cuando me dijo que prestara
atención a mis acciones!
***
Llevo encerrado en mi despacho más de una semana. El mundo
puede arder fuera de él, pero aun así, no moveré ni un dedo para ayudar a
apagar el fuego. Malditos dioses, siempre quieren que haga lo que uno les
ordena, pero no me importa. Mi voluntad no será doblegada por ninguno de
ustedes.
—Majestad. —Geirröd aparece en mi campo de visión.
—¿Qué haces aquí? —pregunto de mala gana con mi típico rostro
inexpresivo.
—Tengo una idea para acabar de una vez por todos con esos estúpidos —
me dice con una sonrisa asquerosa. Su ambición por Morgana será su
muerte.
—Hagamos como que me interesa la mierda que vas a decir: habla —
exijo para distraerme de arrancarle las alas para aliviar un poco mi
sufrimiento.
—He oído que han formado un ejército bastante robusto en Midgard,
tengo a uno de ellos dispuesto a ser mi espía —se ríe mostrando el amarillo
de sus dientes—. Simplemente necesita un pequeño empujón.
—¿Y quieres mi ayuda para eso? —demando con ironía.
—Hasta ahora no. Él piensa que Morgana estará de su lado, pero no sabe
lo fácil que uno pierde de su vista a sus amigos cuando no está cerca —su
risa me da asco.
—Si ya terminaste. —Señalo la puerta— puedes irte.
Geirröd se gira de espaldas y el roce de uno de mis hilos me alerta.
—Una última cosa —Él se gira para mirarme—. Ten cuidado a quién
tocas.
—¿Vas a confesar quién es la mujer de la cuál estás enamorado? —
interroga con ese brillo en los ojos.
—Geirröd, no intentes ponerte a mi nivel, así como te ayudo —Me
levanto de mi mesa hasta llegar frente a él para tomar una de sus alas—. Así
puedo hacerte la criatura más miserable. No te metas con ella, porque si lo
haces, ni siquiera la piedad de los dioses podrá salvarte.
Continuará….
Gracias
Sin palabras, eso es lo que me nace escribir en esta sección de
agradecimientos. Podría iniciar diciendo que agradezco a mi madre por
darme la vida, a mis profesores por su apoyo, a mi esposo por siempre
decirme que uno puede cumplir sus sueños si se lo propone pero, estoy sin
palabras.
Conocía Wattpad por amigas que leen historias en la app y ellas me
explicaron que había un servicio para publicar, y dije, ¿por qué no?
¡Intentémoslo! Y así fue como terminé en la plataforma naranja, siendo una
fiel escritora con cuatro libros publicados.
Así que, más que agradecer, les dedico esta primera publicación a
ustedes: Raxely, Arianna y Eliane, me dieron apoyo e inspiración para
dejarme llevar por mis letras. Además, tengo que darle un enorme premio a
Betsy y Elaine que fueron las personas que me enseñaron a escribir como
se debe. Pasamos muchas noches en vela con millones de comentarios por
donde quiera construyendo este pedacito de mí.
Wattpad me ayudó a ser escritora, pero también me hizo encontrar
amigos. Mi primera portada fue realizada por @sgcnightmare, el cual
continúa haciendo la de los demás libros, con banners y cualquier elemento
que se me ocurra. Te agradezco toda la paciencia y dedicación que me has
regalado, gracias. Mis escritoras favoritas @Holly Geist y
@Adriana_Frexia. Nos conocimos por sus increíbles obras, para al final
terminar siendo amigas, de esas que cotilleamos, nos ayudamos y siempre
estamos disponibles para lo que haya que hacer.
Quiero agradecer desde el fondo de mi corazón a @[Link],
@sueños_de_escritor, @booksworldbysil, @aribooks_, @lara._books, y
@begariabooks, por ser las primeras en participar en la primera lectura de
este libro. No tengo palabras para expresar la alegría que sentí por
permitirme mostrarles el resultado de mi arduo trabajo. Sin su ayuda, esta
historia no hubiese visto la luz. No existen suficientes agradecimientos por
la dedicación que tuvieron como lectores betas.
Hay dos personas que constituyeron aún más en la creación de esta obra,
Grecia Leal @[Link], quien fue la que realizó la hermosa portada
para este libro de amazon y Claudia Medina @[Link], el mapa y las
ilustraciones son trabajos de esta gran artista. Me siento extremadamente
feliz de que ustedes dos hayan aceptado unirse al reto de participar en este
capricho. Gracias
Me queda esta personita, Nerea @kurkubita._, te uniste de última a esta
aventura, pero me has ayudado a aportar unos regalos únicos e
importantes a mi obra. Tu trabajo es precioso y ha contribuido a hacer a mi
libro aún más especial. Gracias por confiar en mí y dar este salto a lo
desconocido.
Antes de cerrar con los agradecimientos, tengo a dos personitas que
llegaron para salvar la corrección y edición de este libro. Su dedicación y
trabajo han hecho que mi historia esté pulida para mis lectores, gracias
Pau(@paubooklover) e Isa(@correctora04).
Sobre la Autora
Aunque no lo parezca, me gradué de ingeniería informática en el año
2021, pero escribir es mi verdadera pasión. Podría explicar cómo fue que
llegué a estudiar una carrera de pura matemática y código, pero tendría
que escribir otro libro para que lo entendieran.
Hace casi un año me mudé a Italia. Entiendo que todos piensen que es
lindo y romántico, pero déjame decirte que vengo del continente americano
y tener ocho meses de frío y cuatro de calor no es muy mi estilo. Y sí, la
comida es increíble, pero engordas más rápido de lo que te imaginas y
todos a tu alrededor son flacos. ¿Cómo es posible almorzar pasta todos los
días y estar delgado? Quiero el secreto, cuando lo consigas escríbeme.
Inicié a escribir a los 16 años, pero este es el primer libro que publico, y
espero continuar haciéndolo. Es una experiencia que todos deberíamos
pasar.
Me puedes encontrar como @Chichita_1308 en Instagram y Tiktok.
Intento subir historias casi todos los días, pero a veces las ideas se me
agotan. Tengo que admitir que los creadores de contenido tienen una
imaginación muy fructífera o la mía está un poco oxidada. También te
puedes pasar por Wattpad @Chichita1308, dónde tengo publicado el resto
de mis historias y la segunda parte de esta.
Chichita es el apodo que me dio mi padre porque siempre andaba con un
chichón, y como era pequeñita, se me quedó.