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Actitud y Conducta Social: Influencias Clave

Este documento analiza la influencia de la actitud en la conducta social. Explica que la actitud, definida como la disposición emocional y cognitiva hacia un objeto o situación, puede moldear significativamente cómo nos relacionamos con los demás. Las actitudes se forman a través de procesos de aprendizaje social y experiencias personales, y se manifiestan en nuestra dimensión cognitiva, afectiva y conductual. Las actitudes positivas tienden a generar interacciones afables, mientras que las negativas pueden causar conflictos. A
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Actitud y Conducta Social: Influencias Clave

Este documento analiza la influencia de la actitud en la conducta social. Explica que la actitud, definida como la disposición emocional y cognitiva hacia un objeto o situación, puede moldear significativamente cómo nos relacionamos con los demás. Las actitudes se forman a través de procesos de aprendizaje social y experiencias personales, y se manifiestan en nuestra dimensión cognitiva, afectiva y conductual. Las actitudes positivas tienden a generar interacciones afables, mientras que las negativas pueden causar conflictos. A
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Título: La Influencia de la Actitud en la Conducta Social

La sociedad es un tejido complejo de interacciones y relaciones entre individuos. En


este entramado, la actitud de las personas juega un papel crucial en la configuración de
la conducta social. La actitud, definida como la disposición emocional y cognitiva hacia
un objeto, persona o situación, puede influir de manera significativa en la forma en que
nos relacionamos con los demás y cómo respondemos a los acontecimientos en la
sociedad. La actitud en la conducta social es un área compleja y multifacética que ha
sido objeto de estudio en diversas disciplinas como la psicología, la sociología y la
comunicación. Este ensayo indagará en la dinámica interrelacional entre las actitudes y
la conducta social, analizando de qué manera las actitudes influyen en nuestras
interacciones diarias y cómo, a su vez, la manera en que nos comportamos en
sociedad puede moldear nuestras actitudes.

El origen de nuestras actitudes está entrelazado con un complejo tejido de vivencias,


aprendizajes y elementos socioculturales. Las personas desarrollan sus actitudes
mediante procesos de aprendizaje social, donde la observación de modelos a seguir y
la participación en el entorno juegan un papel fundamental.

Además, las experiencias personales, especialmente aquellas que llevan consigo


una carga emocional, también desempeñan un papel importante en la formación de
actitudes, estableciendo conexiones entre nuestras percepciones y nuestras
respuestas emocionales.
En términos generales, una actitud se define como la evaluación positiva o negativa
de una persona hacia un objeto, idea, persona o situación, la parte cognitiva de la
actitud implica creencias y pensamientos relacionados con el objeto de la actitud.

La manera en que las actitudes impactan en el comportamiento social es un


fenómeno complejo que involucra desde las interacciones personales hasta la
formación de la cultura compartida. La actitud, que se refiere a la disposición mental y
emocional hacia diferentes aspectos de la vida, se evidencia claramente en cómo las
personas interactúan entre sí y enfrentan los retos sociales.
La actitud, tridimensional en su naturaleza cognitiva, afectiva y conductual, ejerce su
influencia de manera holística en la conducta social. La dimensión cognitiva organiza
nuestras creencias sobre el mundo social, la afectiva da color y tono a nuestras
interacciones emocionales, y la conductual se manifiesta en nuestras acciones hacia
los demás. Esta tríada interactúa constantemente, creando un ciclo dinámico que
moldea la forma en que nos relacionamos con el entorno y las personas que nos
rodean.
Las actitudes actúan como arquitectos invisibles de nuestras interacciones sociales.
Una actitud positiva tiende a generar respuestas y comportamientos afables, facilitando
la construcción de relaciones saludables. En contraste, las actitudes negativas pueden
teñir nuestras interacciones con desconfianza y hostilidad, dando lugar a conflictos y
malentendidos. La actitud no solo refleja nuestro estado interno, sino que también tiene
el poder de moldear el ambiente social en el que participamos.
La influencia de la actitud se manifiesta de manera aguda en cuestiones de prejuicio
y discriminación. Las actitudes negativas hacia grupos específicos pueden dar lugar a
estigmatización y exclusión social, generando barreras que obstaculizan la cohesión
social. La lucha contra el prejuicio implica no solo cambiar las actitudes individuales,
sino también abordar estructuras sociales más amplias que perpetúan la
discriminación.
El cambio de actitudes es un proceso complejo, a menudo desencadenado por la
exposición a nuevas experiencias, la persuasión efectiva o la confrontación de
creencias previas. La comunicación persuasiva, respaldada por argumentos sólidos y
presentada de manera ética, puede desencadenar cambios en las actitudes. La
disonancia cognitiva, al enfrentar a una persona con inconsistencias en sus creencias y
acciones, también puede motivar ajustes en las actitudes para restaurar la coherencia
interna.
La influencia de la actitud plantea cuestiones éticas fundamentales, especialmente
en el contexto de la persuasión. La persuasión ética implica respetar la autonomía de
las personas y evitar tácticas manipulativas. La conciencia de la responsabilidad ética
en la comunicación persuasiva es esencial para asegurar que los cambios en las
actitudes sean el resultado de procesos informados y voluntarios.

Cuando se tratan las actitudes como marco de referencia, han de considerarse como
condiciones generales fundamentales. Constituyen el conjunto o el punto de vista
desde el que una persona dada observa a alguien o alguna cosa. Normalmente
clasificamos las actitudes como favorables y desfavorables. Hay actitudes de esta
índole, por ejemplo:

• Hacia las razas

• Los partidos políticos

• Las agrupaciones sociales

• Las sectas religiosas

• Los sindicatos laborales

• Grupos de trabajo, etc.

Todos tenemos determinadas "actitudes" ante los objetos que conocemos, y


formamos actitudes nuevas ante los objetos que para nosotros son también nuevos.
Podemos experimentar sentimientos positivos o negativos hacia los alimentos
congelados, etc.

Una vez formada, es muy difícil que se modifique una actitud, ello depende en gran
medida del hecho de que muchas creencias, convicciones y juicios se remiten a la
familia de origen. En efecto, las actitudes pueden haberse formado desde los primeros
años de vida y haberse reforzado después. Otras actitudes se aprenden de la
sociedad, como es el caso de la actitud negativa ante el robo y el homicidio; por último,
otros dependen directamente del individuo.
Una opinión representa una interpretación de los hechos, pero la naturaleza de esta
interpretación depende de la actitud del individuo. Sin embargo, cuando se le pregunta
a una persona, porque tiene una particular opinión, da fácilmente una justificación.
Señalemos que la opinión causa la justificación y que la justificación no describe la
causa de la opinión. Las opiniones basadas totalmente por hechos no proporcionan
problemas. Tales opiniones cambian fácilmente cuando se alteran las condiciones o los
hechos.

El que las opiniones se basen en las actitudes, constituye un problema singular


porque las actitudes desfavorables pueden continuar incluso después de haberse
corregido los hechos. El supervisor receloso que acusa a un hombre de holgazanería
no cambiara su opinión aun cuando el hombre cese en su trabajo, por el contrario,
buscara nuevos argumentos para su creencia.

Una actitud de superioridad hace posibles mantener opiniones en conflicto sobre el


mismo conjunto de hechos objetivos. Cuando los hechos conciernen al escalón
superior, significan una cosa; cuando conciernen al escalafón inferior significa otra
cosa. Debido a la presencia de esta actitud en muchos de nosotros, tendemos a
insensibilizarnos al sufrimiento, incluso dentro de nuestro país. Hablamos de las masas
como si fuesen una cosa aparte de nosotros.

Se sostiene que las clases más bajas prefieren una forma de vida insana, como lo
demuestra el hecho de que lo hagan. Un ejemplo muy claro dentro de las empresas es
a nuestro superior, puede disfrutar de unas vacaciones pagadas y tener la posibilidad
de escoger su propio tiempo para las pausas de descanso, pero cree que el trabajador
normal no debe tener estos privilegios. Este último por otra parte puede criticar a su
supervisor por llegar tarde a su trabajo, sintiéndose agraviado por la estricta
supervisión a la que se encuentra expuesto, e insiste en que él también tiene derechos
a unas vacaciones pagadas.

La mayoría de las actitudes que nos interesan pueden clasificarse como


emocionalmente desfavorables, y son, quizá, las más difíciles de cambiar. Ahora
veremos por qué los prejuicios son principalmente actitudes desfavorables y rígidas.
Para nuestro propósito parece conveniente subrayar el problema de mejorar las
actitudes mejor que el de manipularlas.

Nuestra discusión sobre la mejora de las actitudes tratara de establecer a las


personas menos hipócritas en sus opiniones concernientes a una zona determinada de
prejuicios.

Las diferencias de personalidad son muy importantes para determinar el tipo de


actitud formada. Algunos individuos se inclinan hacia el radicalismo, esto hacia el
conservatismo y otros evitan los extremos. Estas tendencias parecen ser tan generales
que algunas veces se ha considerado como diferencias de personalidad. Igualmente,
las diferencias en confiabilidad social, decisión y emocionalidad, pueden influir sobre
las actitudes en materias específicas.

El factor experiencia en la formación de la actitud es nuestro principal tema de


discusión, puesto que este factor es el que se altera con más facilidad. El grado en que
las actitudes están influidas por la experiencia determinada en gran manera el grado en
que pueden ser controladas y consideradas para las tendencias de grupo entre
individuos que tengan fundamentos similares

Es común oír términos como actitud positiva o actitud negativa, lo cual puede
determinar el éxito o fracaso de lo que se intente realizar. Especialistas han realizado
ciertas clasificaciones determinando los tipos de actitudes en:

• Actitud egoísta.

• Actitud manipuladora

• Actitud altruista

• Actitud emocional
En la actitud egoísta los individuos que se comportan con este tipo de actitud se
distinguen por interesarse en lograr satisfacer sus propias necesidades sin interesarse
en las necesidades de otros

Las personas con actitud manipuladora se distinguen por poseer actitudes que
suelen tener características similares al caso anterior, esta actitud utiliza a los demás
como el instrumento para alcanzar satisfacer sus propias necesidades

En la actitud altruista las personas suelen ser compresivas y atentas. Los otros
individuos.

Las personas con actitud emocional no buscan satisfacer de manera exclusiva sus
necesidades si no que son considerados con los demás, muchas veces estas personas
son afectivas y sensibles para con los demás.

Existen actitudes tanto positivas como negativas y en cuestión, ya depende de cada


persona que actitud tomar ante cada situación. El ser humano también es capaz de
modificar las actitudes para cambiar el rumbo de sus vidas. Uno decide que actitud
tomar en la vida

La conexión entre la actitud y cómo nos comportamos en nuestra vida diaria es


clara. Si tenemos una actitud positiva hacia los demás, es probable que actuemos de
manera altruista y colaborativa. En cambio, una actitud negativa puede dar lugar a
comportamientos más cerrados y conflictivos. En este sentido, la actitud se convierte
en el impulso detrás de nuestras acciones cotidianas.
En el ámbito social, nuestras actitudes influyen en cómo nos relacionamos con los
demás. Una actitud abierta y respetuosa facilita la construcción de relaciones
saludables basadas en la comprensión y la empatía. Por el contrario, una actitud
cerrada o prejuiciosa puede generar tensiones y divisiones en la sociedad.
En el ámbito social, nuestras actitudes también afectan nuestras relaciones con los
demás. Una actitud abierta y respetuosa promueve la construcción de relaciones
saludables, basadas en la comprensión y la empatía. Por otro lado, una actitud cerrada
o prejuiciosa puede generar tensiones y divisiones en la sociedad.
La actitud individual desempeña un papel en la configuración de la cultura y los
valores sociales. Cuando un grupo comparte actitudes similares, estas se convierten en
pilares que definen la identidad colectiva. Los valores compartidos se reflejan en las
normas culturales, y cómo percibimos y nos relacionamos con esos valores afecta el
desarrollo y la evolución de la sociedad
El cambio social a menudo comienza con un cambio de actitud en un número
significativo de personas. Las actitudes progresistas y la disposición a desafiar las
normas establecidas son fuerzas poderosas para el cambio. A lo largo de la historia,
muchos movimientos sociales han sido impulsados por la transformación de la actitud
colectiva hacia temas como los derechos civiles, la igualdad de género y la justicia
social

La psicología ha determinado que la actitud cumple un papel importante en el


aspecto cognitivo, ya que le permiten al hombre acceder a ciertos conocimientos, así
como orientarse en el contexto en el que se encuentra. Así mismo, puede protegerlo
contra episodios que atienden contra su integridad, por lo que cumplen una función
defensiva

La actitud así mismo es un rasgo humano que ha servido de objeto de estudio a


diversas disciplinas como la psicología social, la cual ha podido estudiar por medio de
ella la formación de estereotipos, la actuación ante los prejuicios, las actitudes
predecibles de determinadas poblaciones, así como el comportamiento de este rasgo
cuando asume el rol de valor humano, dentro de procesos abstractos de obtención de
resultados determinados, que se encuentra enmarcado igualmente dentro de los
mecanismos y procesos ligados a la autoestima, es decir al proceso por medio del cual
la persona siente un alto estima y amor propio, como producto de su autoconocimiento
y autoaceptación
Conclusión: La influencia de la actitud en la conducta en la sociedad es innegable.
Desde las interacciones individuales hasta la construcción de la cultura y la
participación en movimientos de cambio social, nuestras actitudes actúan como guías
fundamentales de nuestra conducta. Fomentar actitudes positivas, promover la empatía
y cultivar la apertura mental son estrategias esenciales para construir una sociedad
más armoniosa y justa. En última instancia, la actitud se revela como un catalizador
clave para el desarrollo y la evolución de la conducta en la compleja red social en la
que vivimos.

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