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Arquitrave 3

Este documento presenta un resumen biográfico del poeta español Luis Cernuda. Describe su educación y trabajo como profesor, su participación breve en el Partido Comunista durante la Guerra Civil española. Explica que su obra poética principal se titula La realidad y el deseo y analiza los temas y estilo de su poesía, influenciada por el surrealismo. Finalmente, incluye un poema de Cernuda titulado "A un poeta futuro".
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Arquitrave 3

Este documento presenta un resumen biográfico del poeta español Luis Cernuda. Describe su educación y trabajo como profesor, su participación breve en el Partido Comunista durante la Guerra Civil española. Explica que su obra poética principal se titula La realidad y el deseo y analiza los temas y estilo de su poesía, influenciada por el surrealismo. Finalmente, incluye un poema de Cernuda titulado "A un poeta futuro".
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Arquitrave

Luis Cernuda • Rigas Kappatos • Alfredo Chacón


Raúl Rivero • José Prats Sariol • Tallulah Flores
Laura Yasan • Francisco
1 Montaña Ibáñez
Luis Cernuda
Harold Alvarado Tenorio

Luis Cernuda (Sevilla, laboración fue repudiada


1902-1963), fue uno de los por funcionarios que en-
mas raros y singulares poe- contraron su poesía poco
tas del siglo. ortodoxa.
Hizo estu- Octavio Paz,
dios de leyes que le trató
y literatura a través de
en las univer- varios años
sidades de dice que «Su
Sevilla, (con intransigen-
Pedro Sali- cia era de or-
nas, quien le den moral e
puso en con- intelectual:
tacto con la odiaba la in-
poesía moderna francesa y autenticidad (mentira e
los clásicos españoles) y en hipocresía) y no soportaba
la de Madrid, donde cono- a los necios ni a los indis-
ció y trato a los miembros cretos. Era un ser libre y
de la Generación de 1925. amaba la libertad en los
Vivió exclusivamente de la otros... Fue siempre un re-
enseñanza, trabajando en belde y solitario». Juan Gil
Toulouse,Glasgow, Cambri- Albert, otro de los miem-
dge, Londres y varias uni- bros de su promoción, ha
versidades de los Estados dejado uno de los mas vivos
Unidos. Durante la Guerra retratos del poeta en plena
Civil se afilió fugazmente juventud:
al Partido Comunista, en Era esbelto, cenceño, de
las Milicias Populares y atezada piel, con negro pelo
participó en la redacción ceñido cual un casquete a
de revistas que favorecían la cabeza —como lo seguían
la República, pero su co- llevando los lechuguinos

2
del gran mundo—, y la nariz acusadamente respingona
sobre un pequeño bigote retocado... Daba la impresión de
precavido, de encogido por dentro, pero con la apariencia
de alguien que establece distancias... No hablaba nunca
de literatura y abominaba de las penas de café. Prefería
pasar por fútil y dar a la elección de una corbata, o a la
preferencia por alguna star de moda, el carácter de se-
riedad suma, que otros conceden, con exclusividad, a las
tareas del intelecto. Llegaba por esos vericuetos, a negar
a Tolstoi y a declarar que solo le interesaban las correrías
del que iba a convertirse, por independencia de criterio
—o eso nos pareció entonces—, de rey de Inglaterra, en
Duque de Windsor.

La obra poética de Cernuda está recogida en un solo


volumen, La realidad y el deseo, publicado inicialmente en
Madrid en 1936, y luego en tres ediciones mas, corregidas
y aumentadas, en México. Esta última incluye Desolación
de la quimera, que había aparecido un año antes de su
muerte. Sus estudios y prosas fueron recopilados en Prosa
completa .

El titulo La realidad y el deseo alude a la idea de la vida


como una fuerza devorante, el deseo, que se alimenta de
si misma pues fuera de ella no hay nada que la sacie. La
vida, tormento sin fin, como lo entendieron los románticos
alemanes. El mundo ofrece al hombre, por un lado, realidad,
y por el otro, moderación, convirtiendo al poeta y al lector
en la víctima de los presentimientos, nunca de la realidad.
Vivir sera desengañarse, ir arruinando el encantamiento
inicial que ofreció la niñez y juventud.

Paz ha propuesto una lectura del libro dividida en cuatro


partes que se corresponderían con la vida del poeta: La
adolescencia los años de aprendizaje, en los que nos sor-

3
prende por su exquisita maestría; la juventud, «momento
en que descubre la pasión y se descubre a si mismo»; la
madurez, «que se inicia como una contemplación de los
poderes terrenales y termina en una meditación sobre las
obras humanas y la vejez», la voz mas real y amarga.
Las primeras poesías de Cernuda están pobladas de som-
bras, fantasmas e intuiciones con aleteos de seres inmate-
riales, aéreos, ligeros, delgados en su espíritu y concreción.
Poesía que no dejara de ser la voz de un solitario, uno entre
el universo. Abandonado por la familia y los hombres, de-
testando al Otro, el poeta curará sus heridas mediante el
rescate de lo olvidado, que al tomar cuerpo en el poema,
dejara vacía su alma, librándola incluso del olvido mismo.
En ellos alguien se aleja, escapa, huye, deserta y vuela en-
tre hojas, fuerzas naturales, brisas, plumas, testimoniando
el paso del tiempo, la mudanza de los cuerpos y las almas,
la caducidad de la vida, el envejecimiento, la corrupción
y la muerte. El poeta, ansia misma de eternidad, constata
que el tiempo es su verdugo y el ejercicio de la poesía, una
lucha por no morir, por arrebatar a la muerte la belleza,
el amor y los deseos.
A partir de Los placeres prohibidos la voz y los asuntos
de su poesía se acendran con el descubrimiento del Su-
rrealismo y la moral gideana. Cernuda encontró en el mo-
vimiento de vanguardia francés un camino para negar las
opresivas tradiciones culturales y poéticas de Occidente y
en Gide, a quien leyó también por sugerencia de su maestro
Salinas, la posibilidad de aceptar su homosexualidad, no
como un mal o un pecado, sino como otro de los cuerpos
del amor. Su lenguaje adquiere otras dimensiones, se hace
irónico y amargo, hablando, desde un escenario urbano,
mediocre y sin rostro, de las degradaciones del exilio y del
cansancio y el asco de vivir. Fue entonces cuando escribió
sus mejores poemas, como Soliloquio del farero, La gloria
del poeta, Dans ma peniche, Lamento y esperanza, Niño

4
muerto o Impresión de destierro, cuyo tono surgirá a través
de los anos y el decaimiento, otra vez, en La familia, A un
poeta futuro, Birds in the night y A sus paisanos.

Se ha dicho que su poesía no brinda un tono hispánico


por ser resultado de influencias inglesas y escocesas. Quizá
ni lo uno ni lo otro. Mejor es decir que su voz, que canta des-
de la lengua oral, no aspira al tumulto, ni al culteranismo
y la garrulería, tan habituales en nuestras poesías desde
el romanticismo. Su condición de apartado le confirmo la
necesidad de escribir una poesía donde el interlocutor, de
sus monólogos, fuera el mismo, y quizás alguien mas en
igual condición de desamparo. Esta escrita para conscien-
tes de la soledad. Por eso sus poemas son miradas sobre
el mundo, no reflexiones. Allí reside la diferencia de esta
poesía, en nada equiparable siquiera con la de muchos de
sus contemporáneos, tan aparentes en sus visiones y tan
reiterativos en sus asuntos: ellos y España.

Mirar y esperar que la palabra atrape, es el ocio crea-


dor, segun Cernuda. Nada de elucubraciones, nada de
intrincados alambiques para terminar diciendo lo mismo.
Ni siquiera en los poemas eróticos se deja atrapar por el
pensamiento. La importancia y primacía de su poesía es
notoria si tenemos en cuenta que, mientras la poesía de

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Luis Cernuda
A un poeta futuro
No conozco a los hombres. Años llevo
De buscarles y huirles sin remedio.
¿No les comprendo?¿O acaso les comprendo
Demasiado? Antes que en estas formas
Evidentes, de brusca carne y hueso,
Subitamente rotas por un resorte debil
Si alguien apasionado les allega,
Muertos en la leyenda les comprendo
Mejor. Y regreso de ellos a los vivos ,
Fortalecido amigo solitario,
Como quien va del manantial latente
Al rio que sin pulso desemboca.
No comprendo a los rios. Con prisa errante pasan
Desde la fuente al mar, en ocio atareado,
Llenos de su importancia, bien fabril o agrícola;
La fuente, que es promesa, el mar solo la cumple,
El multiforme mar, incierto y sempiterno.
Como en fuente lejana, en el futuro
Duermen las formas posibles de la vida
En un sueño sin sueños, nulas e inconscientes,
Prontas a reflejar la idea de los dioses.
Y entre los seres que seran un dia
Suenas tu sueño, mi imposible amigo.
No comprendo a los hombres. Mas algo en mi responde
Que te comprendería, lo mismo que comprendo
Los animales, las hojas y las piedras,
Companeros de siempre silenciosos y fieles.
Todo es cuestion de tiempo en esta vida,
Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
Por largo y vasto, al otro pobre ritmo
De nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses

6
Fuera uno, esta nota que en mi inaugura el ritmo,
Unida con la tuya se acordaría en cadencia,
No callando sin eco entre el mudo auditorio.
Mas no me cuido de ser desconocido
En medio de estos cuerpos casi contemporáneos,
Vivos de modo diferente al de mi cuerpo
De tierra loca que pugna por ser ala
Y alcanzar aquel muro del espacio
Separando mis años de los tuyos futuros.
Solo quiero mi brazo sobre otro brazo amigo,
Que otros ojos compartan lo que miran los míos.
Aunque tu no sabrás con cuanto amor hoy busco
Por ese abismo blanco del tiempo venidero
La sombra de tu alma, para aprender de ella
A ordenar mi pasión según nueva medida.
Ahora, cuando me catalogan ya los hombres
Bajo sus clasificaciones y sus fechas,
Disgusto a unos por frío y a los otros por raro,
Y en mi temblor humano hallan reminiscencias
Muertas. Nunca han de comprender que si mi lengua
El mundo canto un día, fue amor quien la inspiraba.
Yo no podré decirte cuanto llevo luchando
Para que mi palabra no se muera
Silenciosa conmigo, y vaya como un eco
A ti, como tormenta que ha pasado
Y un son vago recuerda por el aire tranquilo.
Tu no conoceras como domo mi miedo
Para hacer de mi voz mi valentia,
Dando al olvido inútiles desastres
Que pululan en torno y pisotean
Nuestra vida con estúpido gozo,
La vida que serás y que yo casi he sido.

7
Porque presiento en este alejamiento humano
Cuan míos habrán de ser los hombres venideros,
Como esta soledad sera poblada un dia,
Aunque sin mi, de camaradas puros a tu imagen.
Si renuncio a la vida es para hallarla luego
Conforme a mi deseo, en tu memoria.
Cuando en hora tardia, aun leyendo
Bajo la lampara luego me interrumpo
Para escuchar la lluvia, pesada tal borracho
Que orina en la tiniebla helada de la calle,
Algo debil en mi susurra entonces:
Los elementos libres que aprisiona mi cuerpo
¿Fueron sobre la tierra convocados
Por esto solo? ¿Hay mas? Y si lo hay ¿adonde
Hallarlo? No conozco otro mundo si no es este,
Y sin ti es triste a veces. Amame con nostalgia,
Como a una sombra, como yo he amado
La verdad del poeta bajo nombres ya idos.
Cuando en dias venideros, libre el hombre
Del mundo primitivo a que hemos vuelto
De tiniebla y de horror, lleve el destino
Tu mano hacia el volumen donde yazcan
Olvidados mis versos, y lo abras,
Yo se que sentiras mi voz llegarte,
No de la letra vieja, mas del fondo
Vivo en tu entrana, con un afan sin nombre
Que tu dominaras. Escuchame y comprende.
En sus limbos mi alma quiza recuerde algo,
Y entonces en ti mismo mis suenos y deseos
Tendran razon al fin, y habre vivido.

8
Rigas Kappatos

Monólogo e inquietud de Platón frente al epígrafe evan-


gélico erigido en el areópago de la acrópolis durante un
conjetural regreso a Atenas

Brillabas como una estrella mientras vivías;


Ahora brillas como un Hespero entre los muertos.

Platón, sobre Heraclito

Soy Platón, ciudadano ateniense


discípulo de Sócrates y maestro en la Academia.
Habito en los Campos Elíseos de Homero.
Sócrates, Aristóteles,
Parménides Demócritooras y nuestros contrarios
están todos allá:
Demócrito, Protágoras, Empédocles y los suyos.
También están ahí Esquilo, Sofocles y los otros drama-
turgos
junto con el burlón Aristófanes.

Allí seguimos con nuestras conversaciones y desacuer-


dos.
Homero esta también ahí pero se sienta aparte.
No participa en nuestras conversaciones.
Solo de vez en cuanto canta
junto con Demódoco de Corfu.

Ahí también están los mas jovenes, Epicuro


Aristarco de Samos, Apolonio de Rodas, Eratóstenes.
Aprendo que la teoría de Aristarco,
con el sol y no la tierra como centro del mundo
se ha comprobado correcta

9
pero se atribuyo a un cierto Copérnico.

No importa. Baste que se haya comprobado correcta.

¡Como cambió Atenas!


¡Como se ha extendido!
¿Serán griegos todos los que habitan ahora aquí?
¿Como han arruinado el templo de la Virgen!
En esta barriada de cabañas
me esfuerzo en vano por encontrar donde estaba mi casa.
Son residuos de turcos, dicen de esta conglomeración ar-
quitectónica,
una nación asiática que yo desconozco.
Estoy tratando de encontrar el Parlamento,
los tribunales, el edificio de los Anales. Pero en vano.

Hasta ha desaparecido el río Ilisos,


donde nos bañábamos al amanecer después de los simpo-
sios.
También desaparecieron las fuentes donde bebíamos
agua:
la de Caliroe y la de Eneacrunos, la de Esculapio y la de
las Eumenidas.
Este teatro, junto a la Acrópolis,
no estaba aquí en mi tiempo.
El Templo de Zeus de Pisistrato no lo terminaron nun-
ca...

Y esa construcción peculiar sobre el monte Licabeto,


¢¯que es eso?

10
Escuche que esa es la habitación del nuevo dios
y que su teoría esta basada en mis ideas,
en las ideas del maestro, es decir,
que yo elabore.
¿Como es posible que en esa pobrísima construcción sin
estilo
habite un dios griego?
También me dicen que los partidarios de la nueva reli-
gión
son responsables de la destrucción de nuestros templos y
altares.

¿Y este epígrafe,
erigido en el Areopago, que es?
Aquí tuvo lugar el primer proceso entre dioses
y se estableció la tradición del juicio.
¿Que es lo que dice aquí?
¿Quienes son estos cristianos y estos hebreos
y este Pablo?
Se parece un poco a lo que yo dije
pero son meras variaciones,
estas no son teorías mías.

Yo enseñé el derecho y la virtud,


hable de la ciudad ideal y la justicia,
de la relación del alma, el estado y el mundo.
Enseñé sobre ideas, arquetipos y fenómenos,
sobre dialéctica y matemática
y sobre la altísima idea del bien
que esta en el centro, arriba

11
iluminando al hombre como el sol al mundo.
Todas ideas del maestro, por supuesto.

Sin duda alguna se trata de un malentendido.


El maestro hablo de una deidad del bien,
sin castigos, masacres de gente inocente
y terror, venganzas y parcialidades.
Estas son cosas de salvajes, no de dioses.
¿Que tiene que ver lo que dice el epígrafe amurallado
con mi teoría sobre el alma?
¿Como se levantaran los cadáveres
después de hacerse hechos tierra?
¿Que cosas paradójicas son estas?
¿Y que pasa con los marinos ahogados,
comidos por los pescados y estos,
después, comidos por los hombres?
Se trata de paradojas bárbaras
en apariencia socráticas,

12
Safo

A ti que no amaste sino solo a mujeres


te amaría como la mas femenina y apasionada amante,
por los hedónicos y sutiles encajes de tu poesía,
por las pálidas lunas
y los cuerpos etéreos de tus versos
cuando yazgan perfumados para ser amados.
Si, a ti, Safo, décima musa, a ti
sacerdotisa augusta de lo simple y del amor,
cuando las noches se derrumban en cataratas de astros,
a ti, ardiente relámpago de huracán
en patios inundados por aromas de jazmines y gardenias
te amaría.

Incontables veces trate de imaginarme como era tu ros-


tro,
pero siempre termino con un semblante distinto,
como si tu fueras la mujer para todas las mujeres.
Oh, ilumíname con tu presencia en un sueno,
cuando tu risa deslumbra la noche,
cuando tu genio relampaguea verbos y adjetivos de amor
hacia lo verdadero y lo dórico de tu poesía, Safo
inmortal mitilenea,
femenino misterio de los siglos,
con los perfumados versos

13
Quios, abril de 1821

Nada me impresionó mas (en esta masacre)


que el cadáver de una mujer, a cuyo pecho
se apretaba y lloraba un niño.

De las Memorias del Coronel Vutier

Solo silencio y recogimiento.


Ninguna palabra expresa
el martirio de la hermosa isla de Quios,
ni la extensión y la profundidad de su tragedia.
Ninguna palabra. Silencio.
Dejen que se lamenten los árboles
en la boca del viento, solos.
Dejen que lloren los yermos perros
buscando a sus dueños muertos.
Dejen que giman los sobrevivientes
de esta inmensa masacre.
El único crimen de los asesinados fue
que quisieron vivir libres.

En el mes de abril de 1822, de los 100.000 habitantes griegos de esta isla del
Mar Egeo, solo unos 15.000 sobrevivieron la masacre de los turcos otomanos, al
rebelarse pidiendo su libertad.

14
Alfredo Chacón

Este olor en los dedos

Vivamente escuchamos
abre un poco las piernas
tal como ágil la respiración nos permite decir al mismo
tiempo y el impulso obediente sin tiempo se acopla
a cada uno despejando el camino de las manos
la desatada oscilación
la fiesta momentánea que siembra este olor en los dedos
esta primicia incapaz de durar que la doble respiración
acompasada ahora nuevamente voraz
huele mientras se va borrando.

15
Una orquídea avileña para Mallarme

Como si su mirada fuese el ultimo rincón del recinto de


solo ventanales que hace siglos empezó a construir
José Asunción Silva se distrae de la siembra del poema
olvida todo lo deseable
y comienza a escribir que mientras algo de todo esto no
se haya convertido en patio traslucido contorneado de
orquídeas y siga siendo imposible trasplantarlo nada

16
Borrado con la mano

La superficie del papel gira de nuevo Un poco Lenta-


mente No se desplaza sobre algo Permanece irradiando
su blancura en las mismas coordenadas Es dentro de su-
perficies que se mueve

Apenas disimula Algo queda brillando un poco mas hacia


este lado Desde el ángulo mas cerca de mi mano No se
oye nada parecido a recorrer una distancia No sigo el
recorrido de mis ojos pues no hay mirada para la blanca
patina sensible sino balbuceo del mirar Con una que
otra luz que parpadea y atraviesa sin tiempo para que se
vuelva a ver

El papel contiene Pero no absorbe sino el tiempo que


tardaría en ser vista la luz que pasa una vez mas Es una
nueva superficie Que mueve pero no desplaza Que re-
aparece bajo el roce de mi mano en el momento de em-

17
Raúl Rivero
José Prats Sariol

A veces he pensado que Raúl Rivero y yo —junto a otros


escritores cubanos independientes que vivimos en Cuba
y nunca hemos decidido emigrar— debíamos recitarle a
ciertos burócratas ideológicos unos versos del Don Juan
de Byron:

Algunos me han acusado de un extraño designio


contra el credo y la moral de este país
y lo rastrean en cada verso de este poema.
No pretendo entender del todo
lo que digo cuando intento ser muy sutil;
pero la verdad es que no me propuse nada
o acaso solo bromear un rato.

Eliot quería que estos versos encabezaran la reedición


de su Ash-Wednesday. Su sagaz inteligencia consideraba
que en ellos hay una sana advertencia critica. Porque ¨Un
poema no es lo que el poeta se propuso ni lo que el lector
concibe, ni su función queda por completo restringida a
la que el autor se proponía o a la que realmente cumple
cerca de los lectores¨.
Pero como casi nunca, bajo cualquier circunstancia
social, se halla una feliz comunión entre funcionarios
gubernamentales y sensibilidad neuronal, nos vemos obli-
gados a advertir una vez mas —al presentar a los lectores
colombianos seis poemas inéditos de Raúl Rivero— que
la pluralidad de recepciones, sus mutaciones y disfraces
a lo largo del tiempo y de la geografía —incluyendo, des-
de luego, el tiempo y la geografía de cada persona— son
consustanciales al arte literario. También que el ridículo
suele envolver en un justo manto escatológico a quienes

18
pretenden convertir las valoraciones artísticas en signo
unívoco, cuando no en propaganda partidista o religiosa
o sexista... Carentes de la tan saludable e higiénica tole-
rancia, incapaces de convivir pacíficamente con signos
extraños u opuestos, también suelen ignoran que La Co-
media de Dante sobrevive hasta hoy no precisamente por
las querellas florentinas que en ella se debaten, como la
poesía de Neruda está mas allá de la militancia comunista
del chileno o el Cántico espiritual se encuentra por debajo
o por encima del misticismo católico de su genial autor.
Se, por supuesto, que el párrafo anterior es un escan-
daloso lugar común. Sin embargo, no dejan de abundar
censores incapaces de darse cuenta de que la literatura
es algo mas que signo político. Su pertenencia al campo
del Poder —como señalara Bordieu—, que propugnan los
especímenes cuando se trata de la defensa de su signo, es
un ¡°valor agregado¡±, no esencial. Pero bien sabemos que
se trata de una insumergible plaga similar a los que leen
para estar de acuerdo. Son sectarios que suenan con piras
purificadoras y panoplias catequistas —siempre inmóvi-
les—que los protejan de enfrentarse a la duda cotidiana,
a las preguntas existenciales, a los paréntesis fenomeno-
lógicos. Por ello el tópico parece pertinente en el caso de
este poeta —aunque algunos intelectuales fuera de Cuba
se resistan a creerlo y otros dentro opten por una curiosa
ceguera ante las canalladas.
Los gobernantes mexicanos desde Porfirio Diaz a la
fenecida hegemonía priista ejercitaron un neologismo
hoy popular: ningunear. Ejercitado sistemáticamente en
los últimos once anos contra Raúl Rivero, es de agradecer
que el poeta y ensayista Harold Alvarado Tenorio haya
tenido este gesto solidario hacia su colega ninguneado
en su propia patria. De ahí que no sea nada fortuita la
inclusión de estas informaciones dentro de una nota que
ahora si se traslada al campo plurisemico, donde con Eliot

19
y desde los versos de Byron invitamos al disfrute estético.
A ello tal vez ayuden unas palabras de Eliseo Diego en
el excelente prólogo que le escribiera a Poesía publica
(La primera antología de Raúl Rivero, 1984). Decía el in-
olvidable poeta y amigo: «Sobresale en primer termino
su enfrentamiento a la materia propia del oficio, esto es,
el idioma. Lo característico es la violencia impaciente.
La decisión de prescindir de toda convención ‘poética’ y
apelar al lenguaje de cada día. Sin embargo, habrá para
sus palabras una resonancia desde el abismo, lírica, an-
cestral, que les comunicara una vibración inconfundible.
Y no rehusara formas hoy casi en desuso entre nosotros
como las exhortaciones del imperativo, o el plural de se-
gunda persona, que dan a determinados poemas el timbre
épico que les conviene. Nótese su habilidad para insertar
términos ajenos al habla coloquial siempre que lo exige
la precisión de una imagen.
A partir de estos sesgos se cualifican los motivos temá-
ticos. Son ellos los que hacen chisporrotear el almanaque
con estaciones —las inexistentes en el trópico— que le
envía Susana en su Regalo abierto, donde las desgarra-
duras de la diáspora cubana (Aproximadamente el 15%
de la población) cubren el almanaque de su cariño hacia
los ausentes, de la rabia ante la irreversible dispersión y
dependencia de su Isla. Son los que en Orden de registro
denuncian el atropello y guardan la tristeza ante sus pere-
cederos papeles confiscados por la policía política, y lan-
zan las preguntas a la Efigie que solo responde con nuevas
preguntas. Los que siembran el miedo bajo la sabana dulce
de lino en Defensa personal, verdadero sortilegio donde
la memoria quiere escapar de si misma, esconderse como
un niño bajo la frágil, violable carpa del circo nocturno.
Es también ese filo del estilo quien en Adivinanza le
rinde homenaje a la profunda soledad del poeta Fran-
cisco de Oraa, una de las voces esenciales de la poesía

20
cubana actual. Con ese estilo tan temido recuerda a su
amiga peruana en Alicia en el país, para que la ironía se
encargue de desbaratar los restos de utopía (la angelical
y la diabólica), los escombros y ruinas de si mismo antes
de quitarse la mascara. Y con el bolero de Dolor y perdón
—tan vallejiano— es ese estilo suelto, aparencialmente
espontáneo, quien se encarga de dignificar sus sensaciones
de vejez y de olvido, de añoranzas y remordimientos que
se saben libres porque por lo menos las sensaciones suyas
de esos monstruos han logrado situarlos frente por frente,
en distante acecho contra sus inexorables mordidas.
La textura de estos poemas confirma lo que escribí en
el prólogo a la ontología que titulamos Herejías elegidas
(Madrid, 1998): ¡°Considerado unanimemente como uno
de los mayores talentos poéticos entre los latinoamerica-
nos nacidos de 1945 a 1958. Su obra surge y se desarrolla
dentro de una estilística cuyo axis comunicativo se asocia
ventajosamente al empleo de un léxico y una sintaxis con-
versacionalista, recreadora sin pruritos de cualquier habla
popular o marginal o culta, sin hipotecas posvanguardistas
de carácter tropologico o versal, colmadas de sabias, de
bien asimiladas influencias e intertextualidades¡±.
Puente de guitarra, donde pronto se agruparan estos
seis poemas, fortalece la paradoja entre la filosa herejía
y la suave ternura que siempre ha caracterizado su tim-
bre. Allí percibo los misterios del eco de las grandes voces
fuertes del idioma, sobre todo de las que como Francisco
de Quevedo tienen en la subversión una de sus interca-
dencias esenciales, en la etimología de revolucionario
su estirpe insobornable contra los depredadores de los
derechos individuales. Sus deliberadas discordancias,
sin embargo, no son ni malditas ni satánicas. No hay ex-
tremos, apenas sugerencias de una rara mujer hermosa e
inefable que algunos —perdidamente enamorados de su
perfume— llamamos Libertad.

21
Regalo abierto

Susana me ha enviado del sur


un almanaque
para que yo
por fin
aprenda a envejecer.

Como es azul
lo miro
pero es Mamá
quien le arranca las hojas de los días.

Es un regalo bueno
porque marca
también las estaciones
y así uno sabe
exactamente el momento que tiene que abrigarse.

Así uno sale


con prudencia en la primavera
y no se deja seducir
por la belleza prevista y anunciada.

El almanaque de Susana
me hace saber también
con precisión
que a veces
mis amigos pasan frío

22
y tienen que salir a la neblina
y a la nieve
en la desolación de los inviernos.

Aunque no es un calendario del trópico


lo entiendo
y disculpo su distancia con el tiempo insular
y el donaire con que realiza el inventario de mi materia
trágica.

Me llegó del sur


en enero del año 2001
y ya me falta el aire.

23
Orden de registro

¿Qué buscan en mi casa


estos señores?

¿Qué hace ese oficial


leyendo la hoja de papel
en la que he escrito
las palabras “ambición”, “liviana” y “quebradiza”?

¿Qué barrunto de conspiración


le anuncia la foto sin dedicatoria
de mi padre en guayabera (lacito negro)
en los predios del Capitolio Nacional?

¿Cómo interpreta mis certificados de divorcio?

¿Adónde lo llevarán sus técnicas de acoso


cuando lea las décimas
y descubra las heridas de guerra
de mi bisabuelo?

Ocho policías
revisan los textos y dibujos de mis hijas
se infiltran en mis redes afectivas
y quieren saber dónde duerme Andreíta
y qué tiene que ver su asma
con mis carpetas.

Quieren el código de un mensaje de Zucu


y en la parte superior
de un texto críptico

24
(Aquí una leve sonrisa triunfal del camarada):
“Castillos con caja de música. No dejo salir
al niño con el Coco. Yeni.”

Vino un especialista en intersticios


un crítico literario con rango de cabo interino
que auscultó a punta de pistola
los lomos de los libros de poesía.

Ocho policías
en mi casa
con una orden de registro
una operación limpia
una victoria plena
de la vanguardia del proletariado
que confiscó mi máquina Cónsul
ciento cuarenta y dos páginas en blanco
y una papelería triste y personal
que era lo más perecedero
que tenía ese verano.

25
Adivinanza

¿Qué le dijo Pancho de Oráa a Madonna?

Nada, porque no la conoce


él solo quiere saber de su hijo
y reconstruir con sus poemas
las casas viejas que se caen en La Habana.

El mira los alquitrabes y las columnatas


y las describe luego como se imaginan que fueron.

A veces las habita


pone murmullos en los pisos altos
y a un niño jugando en el zaguán.

Alguien que se ha entregado


a salvar una ciudad
una civilización
una familia
no tiene tiempo de conocer
a mucha gente.

26
Alicia en el país

No conozco Irlanda todavía


ni he podido viajar a Inglaterra.
No fui a Lima por fin
ni a Miraflores
ni me casé contigo.
Nunca escribí el libro que queríamos
—unos versos serenos y apacibles—
y no pude leer la Biblia en esos años.
No fui a misa, es verdad.
Perdí el escapulario
o lo escondí por miedo.
Rompí la esquela de tu dirección
porque era peligrosa.
Te cambié la identidad en las fotos de grupo:
“La de los ojos claros
es una joven marxista peruana”.
Pero al final las escondí también
o se perdieron.
Esto, como verás, ya no es
un mensaje de amor
sino la crónica impura
de un ser humano
en su vórtice negro.
Porque después resueltamente
me hice simulador profesional
un animal ajeno
amaestrado y escurridizo
que yo mismo no quería conocer.
27
Encontré, mientras te borraba
y te desvanecías
amor, imitaciones y carne de poesía.
Trabajé como indigente
y borracho oficial en mi país
durante varios años
y renuncié al empleo.
Estoy muy viejo
y lo único que he perfeccionado ultimamente
es mi manera de mirar el mar.
Espero que estés viva
y que te alegren estas noticias mías.
Sigo en La Habana
Alicia
sigo en Cuba que es
por lo menos para mí
el país de mis maravillas
sigo en La Habana
y lo recuerdo todo.

28
Dolor y perdón

Ahora me propongo perdonarlo todo


para dejar limpio mi corazón cansado
dispuesto solo a la fatiga del amor.
Así es que los culpables directos de mis furias
los arduos artesanos de mis penas
son inocentes después que firme este poema.
Nada tengo ya contra quienes usaron mi vida
mi única y pobre vida pasajera
para tocar la gloria y vivir en su vana geografía.
Comprensión y complicidad ante las dulces muchachas
trasvestidas de brujas
que solían dejarme en la ciudad estrujando mi sombrero
de paño.
Absueltos los difamadores y los tontos
olvidados los policías que me hostigaron
borrados de la memoria los que asaltaron mi casa con
una orden de registro.
En un limbo de otra constelación
el que firmó la orden
y ordenó los castigos.
Un poco mas allá
el que hizo salir a mi hija Cristina de su patria
y a mí de la razón.
De estos miedos y esas ansiedades
de esta estación de escombros y fulgores
tienen la culpa los días de la semana.
Esos lunes con filo de navaja
los martes romos, neutrales y tenaces
y el día miércoles con sus ínfulas de puente corroído.
El jueves con cara de extranjero

29
el viernes y sus ríos de vanidades
el sábado traidor y encapotado.
Los domingos pueriles y vacíos .
Ellos son, seguramente, los culpables
empecinados en la servidumbre
del Padre Tiempo Eterno
que hoy dispone mi vejez

30
Tallulah Flores
Naturaleza muerta

En verdad no hay historia.


Desde la madrugada todo está quieto
y la niebla oculta los caminos.
A través de los árboles
las palabras
sigilosamente
se transforman en dibujos crueles,
signos cerrados de erotismo
que aparecen rodeados de miedo y de misterio.

El gris destierra el día,


pero yo sé que es temprano.
Me duele el cuerpo de andar a ciegas
y toco la fuerza de los troncos que no hablan.

No es un cuento:
las letras me recorren ávidas,
con rabia
y huyen de mí sin revelar razones.

¡Infelices palabras!
No hay trama ya en el parque.
Soy yo, sin follajes,
y bajo el farol del centro
la luz
en precipicio
se apropia de mi boca.

31
Walt Whitman

Porque en algún momento mencionó las fronteras


sabiendo que no existían fronteras
y que nada era seguro, ni las cosas sencillas que no exis-
ten,
celebro a Whitman y en su voz me pierdo
porque conviene más saberlo cerca para poder aban-
donarlo
inventando otro diálogo de dejaciones que avancen,
o proximidades más propias para celebrar el tiempo
Canto de sí mismo, yo me canto
y me apropio de mí, de los que vienen
porque así lo pediste y yo me creo
y creo en mi época de tristezas vanas y de muerte,
y en el futuro tan vano de tanta vida que no tendré.

No soy original, tú lo dijiste, y no he de serlo porque no


significa nada.
Porque hablamos del mar, y tocamos el mar, y viajamos el
mar,
porque todo es sequedad
y vemos lo que podemos ver del pasado y del presente.

Porque no conocimos el verdadero río ni al verdadero


hombre,
y saltamos sobre el estiércol y construimos sobre él.
Porque arrojamos discursos sobre la tierra mojada y so-
bre la tierra seca,
y nos hacemos preguntas para pensar el tiempo, porque
incomoda el tiempo.
Entonces, yo lo digo para que tú lo celebres.

32
¡Incorregible melodía!
Tocas mi oído aunque no te pedí.
La sé desde siempre y no me hace feliz.
Tú te hiciste feliz invitando a tu alma a observar un tallo
de hierba del verano.
Nosotros observamos los tallos de la única estación

33
Fin de fiesta

Entonces, di vueltas y dije en voz alta:


Yo,
que combatí sin venganzas los horrores del día
tan ciertos,
que renuncié a descifrarme en el sol, en su tiempo,
que accedí a perpetuar el deber, la pereza.
Para cada trayecto una versión de mi rostro,
una conciencia suelta
que aprendí a brincar desde adentro
cuando puse los pies en la tierra.
Podré tener la noche ?

Y traspasé con la mano una puerta.


Del otro lado
la puerta
con la sola esperanza sin ojos de cada nube negra,
adoré a mis demonios sintiendo el temor de saberlos
tan cerca.

Y así estuve presente en el silencio rojo


sin señas
de las cómodas sillas que no tienen regreso,
en el exilio suave, los bares que cuentan
que no es otra la historia:
mentiras en humo al final de la fiesta.

34
Laura Yasan

Cuando sueño con ella

Cuando sueño con ella


piso descalza los pasillos oscuros que llevan a su cuarto
busco el cajón prohibido cada vez
sé lo que esconde
tengo los dedos congelados
toco sus pieles de animales muertos
una alianza de oro
ropita de bebés que no nacieron
hay pesadas tijeras
hay un hombre doblado masticando su nombre
hay la mirada que está allí
y está entre en mis omóplatos
como un arpón clavado en la boca de un pez
me ha descubierto y soy pequeña
habrá castigo
su corpiño de yeso sube y baja en el asma de esa respira-
ción
me sienta en la blandura del regazo
y es el olor de su alimento pasto de enloquecer
suave como una madre

35
Rasgos

Padre es la proyección de su sombra


cuando amenaza cubrir
con la espesa trama de su cuerpo
la luz de mi espacio

es una esponja que se hincha


en la desproporción del recuerdo
y sus palabras crecen como larvas
en el cultivo de la memoria

del hueco de su abrazo


brota una flor jugosa y amarilla
que desprende en el olor de la infancia
polen de una mujer desconocida

padre es lo que ha quedado


cuando el filo de los días de piedra
se ha suavizado en el descanso
y he renunciado a cavar el jardín
para enterrar los huesos de su voz

no hubo trazo fino en nuestra intimidad

la historia licuará el enunciado hasta desintegrarlo


alguien ha sucedido donde yo comenzaba

padre es un muñeco de miedo que me observa

36
Nadie tiende la cama

El silencio del día después avanza a pasos de rinoceronte


hay que volverse aire para escapar de su embestida
lámina de vapor
darle fragua al sentido hasta acabar con él
es algo así como un bozal en las fauces del tiempo
medir velocidad con un lento zigzag de vaporetto

nadie tiende la cama el día después


hay una confusión vibrando en los objetos
se genera un desorden debajo de la mesa
cierta anarquía en los contornos
un hipo de violencia lacera cada cosa que nombramos
nos salen de la boca flechas envenenadas
rústicas herramientas de matar

es un reloj de cuatrocientas horas colgado de un alambre


una mala película en el cine de adentro de los ojos
algo que debe terminar
ser más final más viejo que la historia
más último que el último zarpazo de la vida
y aún así
habrá que atravesar el día después
cada segundo de su perro tamaño

37
Inconclusa

El tiempo de esperarme tiene la lengua negra


ensayo excusas para evadir la cita
le regalo mentiras en papeles brillantes
hay un tictac de bomba que me borra las líneas de la cara
y no encuentro en el ruido grieta por donde huir

el tiempo dice que si no me apuro


voy a entrar a la edad del desengaño por la puerta de
atrás
condenada a la humedad artificial como una flor de in-
vernadero

el tiempo antes me acariciaba el pelo


escondido en los patios de la infancia
ahora le crecieron tenazas en las uñas
cada día despierto con los huesos partidos
y un crujido de barco en medio de la noche

le digo que no voy


que me espere sentado
él entonces levanta una pared delante del futuro
y con el filo de su diente de oro

38
Francisco Montaña Ibasñez
Quien nació para callar

Se detuvo y pensó en el tiempo:


Atrás, adelante.
Y la estrella se le antojó rojiza.

Se había terminado ya la dulce edad


y el mundo entero parecía estar a tus pies,
en tus manos,
en los hilos delgados de tus dedos.

¡Nada más lejano!

Párpado contra párpado


la distancia se filtraba y hacía inútil cualquier contacto,
el cuerpo etéreo de la esfinge pretendía detenerte:

¿A cuántos gorriones,
a cuántas algas mágicas,
a cuántas pulgadas
extensivas a la geografía de los cuerpos
está este mundo,
y para qué?

No era la primera vez que te asaltaba la pregunta.

Su susurro médico vivía bajo tus pupilas,


asustado, como si fuera una verdad.

Pero tú lo habías callado


y por eso
estás en este mundo y no en otro,
por eso, después de cada intento

39
vuelves sobre tus pasos arrastrando
la piel vacía de la pregunta.

Levantó su equipaje cubierto ya de polvo espeso


y empezó por fin el que pensaba
su camino verdadero.

Es la historia de un disparo,
del silencio anterior,
del hueco en el riñón,
de su recuerdo y del aire.

Es el cuento corto
de la muerte y lo aledaño,
del suspiro y la amnesia,
de la memoria sumergida en las cañerías del recuerdo.

Era una pared con hiedra,


dibujaba formas diversas:
un pantalón, una nube, una letra
y todo caía en tus pupilas como una gota sobre el agua
dibujando un panorama del que poco a poco
empezaron las palabras a saltar.

El vuelo circular.
El calor.

Todo podría haber estado detenido,


congelado y tú recordarías lo mismo:
el pasto seco, el vuelo, el vuelo, el vuelo.

40
Podrías preguntarte
por qué volaban las aves ese día,
pero parecía natural,
natural como el primer disparo,
la ráfaga,
el pálpito,
el teléfono negro,
la voz, la orden, el grito, el otro grito, el grito siguiente, el
grito que se ahoga,
y tu silencio bien sembrado en la mitad
como si hubieras nacido para callar.

Era verdad: la estrella era oscura.


Cada paso parecía adentrarlo en las sombras
y las sombras eran parte de los días,
y cuando el polvo dejó
de posarse en su equipaje
todo fue liviano:
la estrella lo había hecho parte de su cuerpo.
No había fantasía más poderosa que su tacto
ni otra revelación superior a su mirada.

Era verdad: la estrella era verde


y las voces se habían quedado
en el blando ronquido de las aguas.

Nunca había entendido esas palabras,


jamás había podido pronunciarlas
y por eso estaba aquí.

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Rigas Kappatos (Cefalonia, 1934) poeta, cuentista, traductor y marino de los
varios mares del mundo, hizo estudios de literatura y lenguas extranjeras y es uno
de los mas notables traductores de los poetas españoles y latinoamericanos al grie-
go. Algunos de sus libros publicados en español son Los poemas de Athinulis, con la
colaboración de Carlos Montemayor y una Antología de la poesía griega del siglo XX.
Los poemas que publicamos han sido traducidos con la colaboración de Pedro Lastra.
Alfredo Chacón (San Fernando de Apure, 1937) pertenece a la generación venezo-
lana de poetas de los años sesenta. Ha publicado Materia bruta, Entre afueras y centros,
Actos personales, Acta del presagio, Decir como es deseado, Palabras asaltantes, y Curiepe..
Raúl Rivero Castañeda (Morón, 1945). En 1969 recibió con Papel de hombre
el Premio David. En 1972 el Julián del Casal de la Unión de Escritores y Artistas
(UNEAC), por su libro Poesía sobre la tierra. Su más reciente antología —Herejías
elegidas -apareció en Madrid en 1998. Ese mismo año la Editorial Decourvert publicó
en París: Signé a La Havanne.. En 1991 firmó la llamada Carta de los 10 pidiendo
reformas y espacios democráticos y desde entonces fue condenado al ostracismo
y se le prohíbe viajar. Pronto aparecerá en España su libro de crónicas Lesiones de
historia, una recopilación de artículos: Pruebas de contacto y en México el libro del
que se han tomado los poemas que publicamos.
José Prats Sariol (La Habana, 1945). Crítico literario, novelista, ensayista y pro-
fesor universitario, ha publicado una extensa obra que incluye las novelas Mariel
(1997, 1999), Guanago Gay (2001) y los Estudios sobre poesía cubana (1988), Criticar al
crítico (1983) y Fabelo (1994). Hizo parte del grupo de críticos literarios que preparó
para UNESCO la edición cumbre de Paradiso, la novela de José Lezama Lima en 1988.
Tallulah Flores (Barranquilla, 1957) ha publicado Poesía para armar (1988); Voces
del tiempo (1993); Cinematográfica (1997). Actualmente prepara un cuarto poemario
titulado Nombrar las voces. Hizo estudios de Filología y Lingüística en la Universidad
Popular de Bucarest, Rumania.
Laura Yasan, (Buenos Aires 1960), ha coordinado talleres de escritura en cárceles,
hogares de menores, asilos de ancianos, sindicatos y bibliotecas. Ha publicado Doble
de alma (1995); Cambiar las armas (1997); Loba negra (1999) y Cotillón para desesperados
(2001)
Francisco Montaña Ibáñez, (Bogotá, 1966) Ha publicado una novela: Bajo el cerezo
(2001) y una obra de teatro: El adulto y el sastre (1997) y ha hecho traducciones de
literatura clásica y contemporánea del ruso al castellano. Es profesor de la facultad
de artes de la Universidad Nacional de Colombia.
La ilustración de la portada es de Fernell Franco.

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