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Lechucita Canela: Biología y Distribución

La Lechucita Canela es una pequeña lechuza endémica del este de Sudamérica que se encuentra en peligro de extinción. Habita bosques nativos del norte de Uruguay, noreste de Argentina, este de Paraguay, centro y este de Brasil. Se alimenta principalmente de insectos y pequeños mamíferos como roedores y murciélagos. Es una especie rara y poco conocida debido a su comportamiento crepuscular, su canto poco audible y su rareza. Se encuentra amenazada por la pérdida de hábitat

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Lechucita Canela: Biología y Distribución

La Lechucita Canela es una pequeña lechuza endémica del este de Sudamérica que se encuentra en peligro de extinción. Habita bosques nativos del norte de Uruguay, noreste de Argentina, este de Paraguay, centro y este de Brasil. Se alimenta principalmente de insectos y pequeños mamíferos como roedores y murciélagos. Es una especie rara y poco conocida debido a su comportamiento crepuscular, su canto poco audible y su rareza. Se encuentra amenazada por la pérdida de hábitat

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Lechucita Canela (Aegolius harrisii iheringi), in Libro Rojo de las Aves del
Uruguay

Chapter · January 2017

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Gonzalo Cortés Capano


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libro rojo
de las aves
del uruguay
Biología y conservación de las aves en peligro de extinción a nivel nacional
Categorías “Extinto a Nivel Regional”, “En Peligro Crítico” y “En Peligro”

adrián b. azpiroz - sebastián jiménez - matilde alfaro


(editores)
EN LECHUCITA CANELA
Aegolius harrisii iheringi (Sharpe, 1899)

Adrián B. Azpiroz y Gonzalo Cortés

Figura 1. Lechucita Canela observada en los alrededores del Infiernillo, Tacuarembó (A. Azpiroz).

Otros nombres comunes


Lechucita Acanelada (Gerzenstein 1965b, Cuello 1975, Gore y Gepp 1978). Inglés:Buff-fron-
ted Owl.

Etimología
Aigolios (G.), significa alucón o mochuelo (Steullet y Deautier 1945); un ave de mal agüero
o lechuza (Jobling 2017); harrisii, en honor a Edward Harris (1799-1863), naturalista y pa-
trocinador de la Sociedad Audubon de Estados Unidos (Jobling 2017); iheringi, dedicada
a Hermann von Ihering (1850-1930), zoólogo y fundador del Museo de San Pablo, Brasil
(Steullet y Deautier 1945, Jobling 2017).

165
Descripción
Pequeña lechuza de unos 20 cm
de longitud, algo más grande
que el Caburé (Glaucidium bra-
silianum) y más pequeña que el
Tamborcito Común (Megascops
choliba). Corona, partes dorsales
y cola pardo oscuro, con luna-
res blancos en alas y cola. Partes
ventrales canela anaranjadas y
disco facial bordeado por líneas
oscuras. Iris amarillo y tarsos em-
plumados (Fig. 1 y 2). Los jóvenes
presentan un patrón de colora-
ción muy parecido al adulto. En
Uruguay no hay ninguna otra
especie de lechuza de caracterís-
ticas similares. Sin embargo cabe
Figura 2. Ejemplar de la subespecie iheringi fotografiado en San mencionar que los ejemplares
Pablo, Brasil, donde se aprecian los detalles de las partes dorsales
(R. Gentil). jóvenes del Lechuzón Orejudo
(Pseudoscops clamator) presen-
tan plumaje acanelado. Estos últimos, además de ser de mayor tamaño que la Lechucita
Canela, presentan “orejas” generalmente bien visibles y el dorso y corona claros.

Taxonomía y Sistemática
Sinónimos: Gisella iheringi (Sharpe 1899), Gisella Harrisi (Dabbene 1910).

El género Aegolius (cuatro especies) es monofilético y se ubica dentro de la tribu Aego-


lini y la subfamilia Surniinae dentro de la familia Strigidae (Marks et al. 1999, Wink et al.
2009). Aegolius harrisii está cercanamente emparentada con A. acadicus y A. funereus del
hemisferio norte (Wink et al.2009). Estaría más emparentada con A. acadicus lo cual sugie-
re que pueden tener un ancestro común en América (Wink et al. 1999). Además de la raza
nominal, se reconocen otras dos subespecies para Aegolius harrisii, aunque existen dudas
sobre su validez (Girão y Albano 2010): iheringi (Sharpe 1899) y dabbenei (Olrog 1979). La
forma iheringi podría representar una especie plena (König 1999). Además las poblaciones
que habitan los bosques secos del centro de Sudamérica podrían pertenecer a otro taxón
diferente aun no descrito (Girão y Albano 2010).

166
Distribución N
La forma iheringi se distribuye
por el este de Bolivia, Paraguay, 100 KM

centro y este de Brasil y norte


de Uruguay. Otras dos subespe-
cies habitan en los Andes desde
el noroeste desde Venezuela
hasta el sur de Perú (harrisii) y
en el norte de Argentina y po-
siblemente regiones limítrofes
del oeste de Bolivia (dabbenei;
Marks et al. 1999; Mikkola 2012,
García Bravo y Barrio 2014). En
Uruguay es conocida de unos
pocos registros confirmados en
las cuchillas Negra y de Haedo,
en el norte del país (Fig. 3). Re- Figura 3. Localidades de registro de la Lechucita Canela en Uruguay.
Los puntos blancos corresponden a registros anteriores al año 2000 y
cientemente reencontrada en los puntos negros representan registros del 2000 en adelante.
Tacuarembó y también registrada en una nueva localidad en Rivera. Además un registro
ocular en Treinta y Tres. Rivera: 1) Alrededores de FYMSA. Tacuarembó: 2) Unos 40 km al
norte de la ciudad de Tacuarembó, en el paraje Infiernillo1. 3) Alrededores del Arroyo Gajo
Medio del Tres Cruces. Treinta y Tres: 4) Alrededores de La Charqueda2.

Fuentes: Barlow y Cuello (1964): 2; Gerzenstein (1965b): 2; Cuello (1975): 2, Azpiroz (2001):
4; Azpiroz et al. (2012c): 3; A. Saralegui in litt. (2014, 2017): 1; Anexo 12.

Además Rocha (2008) menciona supuestos registros recientes en varios departamentos


(Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera) sin proporcionar evidencia ni respaldo bibliográfico.

Biología
La Lechucita Canela es una especie rara, registrada con poca frecuencia, lo cual dificulta
la obtención de datos sobre su biología y distribución (Cortés et al. 2013, Girão y Albano
2010, Motta-Junior y Rocha Braga 2012). Esto podría estar relacionado con su patrón de
actividad crepuscular-nocturno y a que su vocalización es poco audible a distancia, entre
otros factores (Barrionuevo et al. 2008). A lo largo de su rango geográfico habita bosques
nativos de características muy variables incluso bosques degradados (Barrionuevo et al.
2008, Bodrati y Cockle 2006, Girão y Albano 2010, Studer y Teixeira 1994, Ubaid et al. 2012)
y en menor medida áreas urbanas (Studer y Teixeira 1994). En Uruguay ha sido registrada

167
en bosques ribereños subtropicales (Barlow y Cuello 1964, Azpiroz et al. 2012c; Fig. 4) don-
de comparte su hábitat con otras lechuzas como el Tamborcito Común y el Tamborcito
Grande (Megascops sanctaecatarinae). Se han registrado interacciones agonísticas entre
la Lechucita Canela y el Tamborcito Común en la que ambas especies se encontraban vo-
calizando a pocos metros de distancia y la segunda ahuyentó a la primera (Girão y Albano
2010).
Si bien la dieta de la especie no se conoce en detalle, los registros disponibles sugieren que
se alimenta principalmente de insectos, pequeños roedores y murciélagos. En Argentina,
Brasil y Paraguay se han identificado como presas a coleópteros, otros insectos, murcié-
lagos (Sturnira lilium), pequeños roedores (Oryzomys sp. Oligoryzomys sp., Calomys sp.) y
marsupiales (Thylamys sp.; Storer 1989, Studer y Teixeira 1994, Ubaid et al. 2012, Rodríguez
2013; Fig. 5). En San Pablo, Brasil también se la registró alimentándose de un paseriforme
(Arremon flavirostris; M. Guedes in litt. 2015). En Uruguay, la hembra colectada en el Infier-
nillo contenía mechones de pelo y restos óseos de un pequeño roedor, probablemente del
Ratón Colilargo Grande (Oligoryzomys nigripes; Barlow y Cuello 1964)3. Algunos autores
sugieren que la Lechucita Canela podría presentar una especialización parcial en murciéla-
gos ya que su pequeño tamaño y agilidad le permitirían atrapar a estos animales en vuelo
dentro de los bosques (Barrionuevo et al. 2008). Cabe resaltar que el ejemplar colectado
en Uruguay, fue capturado en una red de niebla dispuesta para atrapar murciélagos (Bar-
low y Cuello 1964). Tanto su actividad crepuscular como sus patrones estacionales de uso
de hábitat podrían estar relacionadas con esta supuesta especialización (Barrionuevo et al.
2008, Girão y Albano 2010).
El canto de la Lechucita Canela es de bajo volumen e infrecuente, tal vez como forma de
evitar interacciones agonísticas con otras especies con las que cohabita (Girão y Albano
2010, Ubaid et al. 2012). Al menos en Brasil y Argentina, su actividad vocal parece restrin-
girse a un período relativamente corto en el año (Bodrati y Cockle 2006, Girão y Albano
2010). En Uruguay se la registró vocalizando a fines de octubre y fines de noviembre, pero
no en marzo. Puede cantar durante el día (Ubaid et al. 2012). Las vocalizaciones de los ma-
chos y las hembras presentan diferencias, conociéndose al menos cinco tipos diferentes
(Girão y Albano 2010, König 1999).
La época reproductiva puede variar en función de las condiciones climáticas (König y
Weick 2008). Anida en cavidades secundarias en árboles y palmeras realizadas por otras
especies como loros o carpinteros (Studer y Teixeira 1994, Rodríguez 2013; Fig. 6). Estas
cavidades pueden ser utilizadas repetidas veces en distintos años (Rodríguez 2013). En
Brasil se han reportado nidos activos en marzo y junio (Studer y Teixeira 1994, Ubaid et al.
2012) y en el noroeste argentino (dabbenei) en mayo-junio (Rodríguez 2013), setiembre y
noviembre (König 1999). Se conocen nidadas de hasta tres huevos o pichones (Studer y
Teixeira 1994, König 1999).

168
Categoría UICN Global: LC (BirdLife International 2017).
Cabe mencionar que esta categorización considera el estado de conservación de todas las
subespecies en su conjunto.

Categoría UICN Nacional: EN (D) (Azpiroz et al. 2012a).


Cumple con el criterio D de EN ya que se estima que el tamaño de la población es menor
a 250 individuos maduros (podría cumplir con este criterio para CR si se obtiene evidencia
de que el tamaño de la población uruguaya es menor a 50 individuos). Se asume que es un
taxón reproductor. Probablemente cumple con otros criterios pero se necesitan más datos
sobre su distribución geográfica para determinarlo. Por el contrario, no aplican ninguno
de los criterios que asumen deterioro en la calidad de hábitat ya que, por el momento, no
parecen existir amenazas inminentes a los bosques nativos en el área donde es conocida.
No hay evidencia de que la población regional sea objeto de una inmigración de indivi-
duos de fuera de la región; hay muy pocos registros en Rio Grande do Sul (Bencke et al.
2003) y no hay registros en áreas limítrofes de Argentina (Chebez 2009).

Proporción de la Población Global en Uruguay: Desconocida. El área de distribución en


Uruguay representa menos del 5% del área global del taxón A. [Link] (con base en ma-
pas de distribución presentados por Marks et al. 1999 y Mikkola 2012). Además su rango
en Uruguay corresponde al límite austral de distribución. Por estas razones la proporción
de la población global en nuestro país seguramente es reducida.

Figura 4. Bosques en los alrededores del Arroyo Gajo Medio del Tres Cruces, Tacuarembó, donde habita la Lechucita
Canela (A. Azpiroz).

169
Figura 5. Aunque los pequeños mamíferos serían las presas más frecuentes de la Lechucita Canela, también puede
cazar otros animales tales como pájaros (M. Guedes).

Estado de Conservación
A pesar de que la Lechucita Canela es considerada naturalmente escasa (Chebez 2009,
Gore y Gepp 1978, Pereyra 1950), varios autores sugieren que su abundancia estaría sub-
estimada (Olrog 1985, Bodrati y Cockle 2006, Barrionuevo et al. 2008, Girão y Albano 2010,
Mikkola 2012). De hecho se ha constatado que puede ser relativamente común a nivel
local (Bodrati y Cockle 2006). No se conoce el tamaño de la población global, pero se asu-
me que la tendencia poblacional es estable (BirdLife International 2017). En Uruguay, los
registros recientes sugieren la existencia de una población seguramente reducida en las
cuchillas del norte (Azpiroz et al. 2012a, 2012c, A. Saralegui in litt. 2014). Su área de distri-
bución potencial en esta región abarca al menos 3000 km2.

Amenazas
En su extensa área de distribución utiliza una amplia variedad de hábitats arbolados, inclu-
yendo forestaciones de especies exóticas (Bencke et al. 2003, Chebez 2009). A nivel global
no estaría afectada por la pérdida de hábitat y esta situación aplicaría también para Uru-
guay (Azpiroz et al. 2012a). Tanto en la Cuchilla de Haedo como en la Negra existen impor-
tantes extensiones de bosques nativos. Se desconoce sin embargo cuales son los efectos
de la ganadería sobre la regeneración de estos bosques. Asimismo, cabe mencionar que
en esta región existe una actividad forestal muy importante, y si bien la misma no repre-
sentaría una amenaza directa a los bosques nativos, algunas de las especies cultivadas

170
Figura 6. Nido de Lechucita Canela en un hueco en palmera en San Pablo, Brasil y dos de los pichones asomados por
la entrada (G. Pinto).

tiene potencial invasivo (Richardson 1998). En Argentina y en Brasil se han citado casos
de ejemplares atropellados (Belton 1984, Chebez 2009, Rebelato et al. 2011, Santos 2009).
En el caso de Uruguay, la región donde habita la caminería es reducida lo que disminuye
las probabilidades de incidencia de este factor de mortalidad. También sería objeto del
comercio ilegal de mascotas en Brasil (Policarpo 2013).

Medidas de Conservación
La Lechucita Canela está amparada por la Ley de Fauna (No. 9481) de Uruguay y se en-
cuentra listada en el Apéndice II de CITES de forma genérica como integrante del orden
Strigiformes. Hasta ahora su presencia no ha sido confirmada en ningún área protegida
pero podría encontrarse en el Paisaje Protegido Valle del Lunarejo. Habita las cuchillas del
norte, donde aun existen bosques relativamente extensos que proporcionarían buenas
condiciones de hábitat para la especie. Es importante monitorear periódicamente el esta-
do de conservación de estos bosques, en especial en lo referente a la regeneración natural
del mismo y a la proliferación de especies exóticas invasoras de manera de poder imple-
mentar estrategias efectivas ante la constatación de amenazas concretas. Con respecto
al habito de la especie de nidificar en huecos de árboles y palmeras, es recomendable no
afectar la disponibilidad de este recurso (por ejemplo a través de la corta de leña), en es-
pecial en las localidades de presencia confirmada.
La generación de más información sobre su biología también sería muy útil para delinear

171
estrategias de conservación. Lamentablemente sus hábitos nocturnos, su baja densidad
natural y comportamiento inconspicuo hacen que sea un ave difícil de estudiar. Más allá
de estas limitaciones sería importante obtener un panorama más claro de su área de dis-
tribución en el país y generar un estimado de su tamaño poblacional. Asimismo la iden-
tificación de sus requerimientos ecológicos básicos (hábitat, alimentación, etc.) también
es de prioridad. La técnica de play-back puede resultar muy útil con el objetivo de iden-
tificar nuevas localidades dentro de su área potencial de distribución (especialmente en
la región comprendida entre Valle Edén y la Cuchilla Negra y también en Paso Centurión)
pero se desaconseja su uso indiscriminado ya que podría generar efectos negativos a ni-
vel local. Finalmente, se ha sugerido que la forma iheringi podría representar una especie
independiente (König 1999). La realización de estudios moleculares podría aportar más
evidencia en este sentido.

Medidas Prioritarias
1) Monitorear la integridad de los bosques nativos de las cuchillas Negra y de Haedo con
respecto a potenciales amenazas relacionadas especialmente a la proliferación de espe-
cies invasoras. Si se detectan problemas significativos, aplicar medidas de control. Infor-
mar a las empresas forestales establecidas en la región sobre la necesidad de minimizar el
riesgo invasor de los árboles cultivados, para las especies que sea pertinente.
2) Relevar áreas con hábitat adecuado (especialmente en las cuchillas Negra y de Haedo)
donde aun no ha sido detectada de manera de mejorar el conocimiento general de la
especie.
3) Desarrollar otros estudios de historia natural y ecología (dieta, uso de hábitat, etc.) con
el objetivo de generar más información aplicable a su manejo y conservación.

Notas
1
Según Barlow y Cuello (1964) el ejemplar colectado en 1963 fue ingresado en la colección del MN-
HNM con el número 1811. Sin embargo el espécimen ya no está disponible ya que se habría perdido
durante un proceso de préstamo (J. P. Cuello com. pers.). Con respecto a este mismo registro, Ger-
zenstein (1965b) identifica a la estancia “Maljos” como el lugar de colecta. Esto constituye un error
tipográfico siendo el nombre correcto “Mailhos” (A. B. Azpiroz obs. pers.).
2
En sus mapas de distribución Azpiroz (2001) incluyó este registro visual de J. C. Gambarotta en los
alrededores de la localidad de Enrique Martínez, antes conocida como La Charqueada (J. C. Gam-
barotta in litt. 2011).
3
Originalmente citado como Oryzomys delticola por Barlow y Cuello (1964); el cambio de nombre
empleado aquí sigue a González y Martínez-Lanfranco (2012).

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