José Santos Chocano
(1875/05/14 - 1934/12/13)
Escritor peruano
–Quien vive de prisa no vive de veras–
Obras: Iras santas, El canto del siglo, Selva virgen, En
la aldea, La epopeya del morro...
Género: Poesía, teatro, ensayo...
Movimiento: Modernismo
Padres: José Félix Chocano de Zela, María Aurora
Gastañodi de la Vega
Cónyuges: Consuelo Bermúdez y Velázquez, Margot
Batres Jáuregui, Margarita Aguilar Machado
Hijos: Eduardo Chocano Bermúdez; Alberto Chocano
Bermúdez; José Santos Chocano Bermúdez; Maria
Angelica Chocano Bermejo; Antonio José Chocano
Batres
Nombre: José Santos Chocano Gastañodi
Conocido como: El Cantor de América
"Ser río que corre, ser nube que pasa, sin dejar recuerdos
ni rastro ninguno, es triste, y más triste para el que se
siente nube en lo elevado, río en lo profundo"
José Santos Chocano
José Santos Chocano nació el 14 de mayo de 1875
en Lima, Perú.
Familia
Hijo de María Aurora Gastañodi de la Vega, hija de un
minero español enriquecido en el Potosí, y de José Félix
Chocano de Zela, militar. Bisnieto de Francisco de Zela,
precursor de la independencia peruana.
Estudios
Cursó estudios secundarios en el Instituto de Lima y en
el Colegio de Lima. En 1891, ingresó a la Facultad de
Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
aunque no finalizó la carrera.
A los diecinueve años fue encarcelado en la prisión de
Casamatas del Callao por sus ideas políticas.
Escritor
En 1894 se inició en el periodismo, colaborando en el
diario La Tunda
Durante 1895, pronunció su famoso discurso "de la
Revolución".
Editó la revista "La Neblina" en 1896. De 1901 a 1905
ejerció como diplomático en Centroamérica y Colombia.
Residió también en España y Nueva York.
Se le apartó del servicio diplomático por su participación
en una estafa al Banco de España. Residió en Cuba,
Puerto Rico y México, donde fue secretario de Pancho
Villa.
Poemas
En 1895 editó sus dos primeros libros de versos Iras
santas y En la aldea, a los que seguirían Azahares,La
epopeya del morro, El derrumbe (llamado más tarde El
derrumbamiento), El canto del siglo y Alma América,
entre otros.
Cantó los exteriores de América: naturaleza, leyendas y
episodios históricos, relatos con indios, temas de la
acción política.
Movimiento modernista
Se puso a la cabeza del movimiento modernista en
el Perú.
Personaje muy polémico, en 1920, disparó y causó la
muerte del periodista Edwin Elmore, al producirse un
fuerte enfrentamiento entre ambos.
En 1921 regresó al Perú y el gobierno municipal de Lima
lo nombró poeta laureado.
Defensor del americanismo, revolucionario, protector
de los indios y opositor del imperialismo
estadounidense.
Condena
En Guatemala fue sorprendido en una conjura
y condenado a muerte. La intercesión del Papa y
de Alfonso XIII le salvan.
Regresó a Perú y fue detenido, procesado y condenado.
Muerte
Al quedar libre viajó a Santiago de Chile y allí
permaneció hasta su muerte, ocurrida trágicamente el
13 de diciembre de 1934. Chocano iba en tranvía cuando
un individuo, a quien el poeta había comprometido en la
búsqueda de cierto tesoro oculto, sintiéndose
defraudado lo abordó y mató a cuchilladas.
Chocano se había casado tres veces, sin molestarse en
anular los vínculos anteriores.
Sabías que...
Padecía triscaidecafobia
El escritor sufría un miedo irracional al número 13 en
todas las formas que pudiese manifestarse.
Obras seleccionadas
"En la aldea e Iras Santas"
"Azahares"
"La epopeya del morro"
"El derrumbe"
"Selva virgen"
"El canto del siglo"
"Poesías completas"
"Los Cantos del Pacífico, primera antología"
"Alma América"
"Fiat Lux"
"Primicias de Oro de Indias"
De manera póstuma se publicaron sus obras:
"Memorias"
"El alma de Voltaire"
"Oro de Indias"
"Poemas del amor doliente"
¿Quién fue José Santos Chocano?
José Santos Chocano (1875-1934) fue un poeta peruano de gran
reconocimiento internacional. Es uno de los representantes del
modernismo.
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A pesar de haber experimentado con diversos estilos de poesía,
sus poemas demostraban un sentido romántico y expresaban el
amor del poeta por los paisajes y culturas del continente
latinoamericano.
A temprana edad estableció una vinculación con actividades
políticas, lo que en algún momento lo llevó a la cárcel debido a
su postura con respecto a los líderes de la época.
Entre sus obras más reconocidas están Alma América, La
epopeya del morro, Selva virgen, En la aldea e Iras santas.
Biografía de José Santos Chocano
Primeros años y estudios
José Santos Chocano nació el 14 de mayo de 1875 en Perú. Fue
hijo de José Chocano de Zela y María Gastañodi de la
Vega. También fue bisnieto de Francisco de Zela, precursor de
la independencia peruana.
Comenzó a estudiar en el Colegio Peruano Alemán Alexander
von Humboldt, conocido como el Instituto de Lima, dirigido por
alemanes. Al poco tiempo se cambió al Colegio de Lima. Allí
generó un vínculo importante con el escritor y crítico literario
Clemente Palma.
Pocos años después, ingresó a la Universidad Nacional de San
Marcos, para estudiar Letras.
Cárcel
Aproximadamente cuatro años después de iniciar sus estudios
universitarios, Santos Chocano incursionó en el periodismo para
colaborar con un diario opositor al gobierno de Andrés Cáceres.
Entre las publicaciones del periódico había varios versos
satíricos sobre el gobierno de Cáceres. Por ello, fue
encarcelado antes de los 20 años en la Fortaleza del Real
Felipe, tras ser acusado de subversión.
Durante su estadía en la cárcel, conoció al político peruano
Óscar Benavides. En 1895, tras permanecer unos seis meses
detenido, salió libre tras el triunfo de la revolución cívico-
demócrata; el nuevo gobierno apoyó al poeta.
Poco después comenzó a publicar sus primeros poemarios y se
encargó de la edición de varios diarios.
La experiencia de estar preso por sus creencias políticas lo
llevó a escribir Iras santas el mismo año de su liberación.
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Libertad
Tras salir de la cárcel, comenzó a trabajar para importantes
figuras políticas de Perú, como Manuel Candamo, presidente de
la junta de Gobierno, y Elías Malpartida, ministro de Hacienda.
En 1895 obtuvo la concesión de una imprenta, con la que pudo
realizar la edición de Iras santas. Un año después, publicó una
colección de poemas. Colaboró con la mayoría de las revistas
publicadas en América para la época.
Poco tiempo después, se casó con Consuelo Bermúdez, con
quien tuvo tres hijos varones. La mujer fue la inspiración del
poeta en las primeras composiciones que realizó.
También se presume que intentó desempeñar actividades en la
explotación de café en la provincia de Chanchamayo, en la
selva peruana; sin embargo, no logró resultados positivos, por lo
que regresó a Lima para dedicarse a la poesía.
Su recorrido por Perú le dio el impulso necesario para
escribir La Selva Virgen, una de sus obras más exitosas.
Recorrido por América Latina
Al poco tiempo de realizar sus primeras publicaciones, el autor
comenzó a recorrer el continente americano como parte de sus
actividades diplomáticas. Visitó Colombia y varios países de
Centroamérica, y realizó un viaje a España a principios del siglo
XX, que lo motivó a mudarse a Madrid.
En el país europeo, el trabajo del poeta fue reconocido por
primera vez por agrupaciones literarias y artísticas, por lo que
importantes artistas y escritores le hicieron invitaciones para
que recitara poemas durante sus reuniones.
La experiencia le permitió interactuar con escritores y artistas
españoles y latinoamericanos. Poco después, en 1906, publicó
el poemario Alma América. El trabajo le dio reconocimiento en
España, Francia y en varios países de América Latina.
Ejército
Tras ser vinculado a una supuesta estafa al Banco de España,
viajó a Cuba, Puerto Rico y México.
En México, el poeta se unió a las fuerzas de Francisco Villa,
conocido como Pancho Villa (de quien fue secretario),
revolucionario y líder de la Revolución mexicana.
Dicha actividad mantuvo a Santos Chocano como un
revolucionario activo durante toda su vida. Misiones
diplomáticas le permitieron viajar a la mayoría de los países de
América Central y del Sur.
En 1915 viajó a Guatemala, país en el que colaboró con el
dictador Manuel Estrada. Su vinculación con el político lo puso
en riesgo de ser fusilado cinco años después, cuando el
mandatario fue derrocado.
La ayuda de personalidades del mundo logró impedir que el
poeta fuese ejecutado.
Regreso a Perú
Tras ser perdonado del fusilamiento, el artista regresó a Perú,
donde se vinculó con el político Augusto Bernardino Leguía. En
1922, recibió un reconocimiento por parte del gobierno peruano
como el poeta más sobresaliente del país.
Fue así como resultó condecorado como “El poeta de América”,
durante una ceremonia junto a Leguía, varios ministros y
delegados de provincias peruanas. También fue aclamado tanto
por escritores nóveles como por otros más reconocidos.
Regreso a la cárcel
Aproximadamente tres años después del reconocimiento, varios
estudiantes de Perú apoyaron al político mexicano José
Vasconcelos Calderón. El hecho hizo que el periodista Edwin
Elmore hiciera una publicación sobre la situación, lo que
provocó un intercambio ofensivo entre ambos.
Elmore decidió publicar la discusión que sostuvo con Chocano.
Esto hizo que el poeta se dirigiera a la sede del diario El
Comercio de Perú, donde tras sostener una nueva riña,
Chocano le disparó. Elmore murió a los dos días.
Tras el suceso, el poeta fue privado de libertad en el Hospital
Militar. La sentencia dictó que debía cumplir tres años de
prisión. Los jueces tomaron en cuenta de quién se trataba a la
hora de tomar una decisión, lo que acortó significativamente su
sentencia.
El proceso judicial que enfrentó lo motivó a escribir tres
volúmenes de El libro de mi proceso, en 1927.
Estadía en Perú
Tras obtener su libertad, decidió mudarse a Santiago de Chile.
En su nuevo país, enfrentó severos problemas económicos, por
lo que trató de sobrevivir con el periodismo.
Su situación financiera lo llevó a empeñar el reconocimiento
que había obtenido en 1922 en Lima. A pesar de ello, su deseo
por escribir no se redujo: realizó unas memorias, que publicó en
varios diarios de América, así como Primicias de Oro en Indias.
En 1933 escribió El escándalo de Leticia ante las conferencias
de Río de Janeiro, trabajo que realizó luego de que se produjera
una guerra entre Colombia y Perú.
Decidió jugarse el poco dinero que le quedaba en juegos de
azar, lo que lo llevó a la ruina, y desarrolló una obsesión por
buscar un tesoro escondido por los jesuitas en el centro de la
ciudad chilena, según contaban quienes le conocían.
Muerte
El 13 de diciembre de 1934, Santos Chocano fue asesinado por
un sujeto en un tren de corto trayecto en Santiago de Chile. El
poeta recibió tres puñaladas, que le mataroon casi en el acto.
El delincuente, identificado como Martín Badilla, aseguró que
era socio del poeta para buscar tesoros perdidos y señaló que
cometió el crimen porque estaba seguro de que Santos Chocano
había obtenido ganancias sin darle la parte que le correspondía.
El criminal fue diagnosticado con esquizofrenia paranoica, y fue
recluido en un manicomio.
Su entierro en Chile fue impresionante, y 30 años después, su
cuerpo fue trasladado a Lima y enterrado en el Cementerio
Museo General Prebísterio Matías Maestro.
Obras
Estilo literario
Santos Chocano era modernista, aunque algunos críticos lo
acercan al romanticismo, con cierta tendencia épica y lírica.
Sus poemas, nutridos por los numerosos viajes que hizo
alrededor de América Latina, reflejaron la admiración que sentía
por los paisajes y culturas que logró conocer.
Selva virgen
Los paisajes naturales de Perú fueron la inspiración de este
libro. Tuvo una segunda edición (La selva virgen), que recopiló
un conjunto de poemas, editada en 1901 en París.
La epopeya del morro
Se inspiró en la batalla de Arica, conocida como el asalto y
toma del morro de Arica, ocurrida en 1880.
La obra ganó la medalla de oro en El Ateneo de Lima, durante el
concurso realizado a mediados de 1899. El poema sufrió una
reducción por parte del autor tras ganar el premio: pasó de
1.941 versos a 575.
Alma América
VENTURA GARCÍA CALDERÓN
Considerada por el autor como uno de sus trabajos más
importantes, Alma América fue publicada en 1906. Fue un
poemario que inicialmente reunió 100 sonetos. La cifra aumentó
gracias al trabajo posterior.
El prólogo del libro lo escribió Rubén Darío, y el poemario estuvo
dedicado al rey español Alfonso XIII. Varios poemas de Alma
América se convirtieron en piezas clásicas de la poesía
latinoamericana.
La publicación de esta obra aumentó el prestigio del autor ante
la sociedad. Hoy en día aún se reconoce como uno de los
poetas más importantes de Latinoamérica.
El 23 de febrero de 1886 nace en París Ventura García Calderón, escritor,
diplomático y estudioso peruano. Fue hijo de Francisco García Calderón,
presidente provisional del Perú durante la guerra del Pacífico.
Estudió en el Colegio La Recoleta y luego en la Universidad de San Marcos.
Tuvo que dejar sus estudios académicos cuando logra su incorporación al
servicio diplomático. Llegó a ser embajador del Perú en Bélgica, Portugal,
Francia y Suiza. Asimismo, asumió el cargo de delegado del Perú ante la Liga
de Naciones . Desde 1949, fue representante del Perú en la UNESCO. La
mayor parte de su vida la pasó en París y mucha de sus obras está en francés.
Ventura García Calderón formó parte de la denominada Generación del 900 o
arielista, integrada por José de la Riva Agüero, su hermano Francisco García
Calderón, José Gálvez, Javier Prado, Felipe Barreda y Laos, Víctor Andrés
García Belaunde, Raimundo Morales de la Torre, Alberto Ureta y Luis Fernán
Cisneros.
Si bien sus cuentos poseen abundante imaginación y una muy buena técnica,
se le ha criticado su desconocimiento de la realidad del interior del Perú y su
visión prejuiciosa sobre los indígenas, que describe prácticamente como
inferiores. Se considera, por tanto que cultivó el exotismo, bastante en la línea
modernista.
“Fue sobre todo un gran prosista que dominó a la perfección las lecciones de
Rubén Darío, José Enrique Rodó y Gómez Carrillo. Su estilo fino y sugestivo,
firme en la línea y matizado en el color, delicadamente modernista, le ha
permitido destacar en el cuento, sobre todo en el volumen La Venganza del
Cóndor (1924), donde gracias a las virtudes de su prosa ha podido recrear una
sierra y un indio peruanos trágicos y magníficos, pero cuya íntima realidad
ignora totalmente”, sostiene Washington Delgado.
Por sus trabajos obtuvo un gran reconocimiento en su tiempo y fue
probablemente el escritor peruano más famoso en el extranjero en su tiempo.
Se lo llegó a nominar al Premio Nobel de Literatura.
Sus libros de cuentos fueron “Dolorosa y desnuda realidad” (1914), “La
venganza del cóndor” (1924), “Danger de mort” (1926), “Couleur de sang”
(1931), “Virages” (1933), “Le sang plus vite” (1946) y “Cuentos peruanos”
(1952), “kamasutra” (1959).
Además de cuentos, escribió teatro, poesía, novelas, crónicas, crítica literaria y
antologías. De sus trabajos académicos sobresalen La literatura peruana 1535-
1914 (1914), Esquema de la literatura uruguaya (1917) y de sus antologías Los
mejores cuentos americanos (1924) y Biblioteca de cultura peruana, que consta
de 13 tomos.
CUENTO ESCOGIDO: “la venganza del cóndor”
LA VENGANZA DEL CONDOR, cuento completo
Ventura García Calderón
Nunca he sabido despertar a un indio a puntapiés. En un puerto del Perú, el capitán
Gonzales quiso enseñarme esta triste habilidad.
El indio dormía a la intemperie con la cabeza sobre una vieja silla de montar. Al primer
contacto del pie, se irguió en vilo, desperezándose. Nunca he sabido si bajo el castigo
miran con ira o con acatamiento. Mas como él tardara un tanto en despertar a este
mundo, de su dolor cotidiano, el militar le rasgo la frente de un latigazo. El indio y yo
nos estre¬mecimos; él por la sangre que goteaba en su rostro con lágrimas: yo porque
llevaba todavía en el espíritu prejuicios sentimentales de bachiller en leyes. Detuve del
brazo a este hombre enérgico y evite la segunda hemorragia.
- Hacemos junto el viaje hasta Huaraz, mi doctorcito - me dijo guardando el látigo -
Ya verá usted como se divierte con mi palurdo, un indio bellaco que en todas las
chozas tiene comadres. Estuvo el año pasado a mi servicio y ahora el prefecto, amigo
mío, acaba de mandármelo para que sea mi orde¬nanza. ¡Le tiene un miedo a este
chicotillo!
- ¿Y el pellón negro, so canalla? Si no te apuras vas a probar cosa rica.
- Ya trayendo, taita.
El indio ingresó al pesebre en busca del pellón, pero no vino jamás.
Por lo cual el capitán Gonzales se marcho solo, anunciando para su regreso castigos y
desastres.
- "No se vaya con el capitán. Es un bárbaro", me había aconsejado el posadero; y
demore mi partida pretextando algunas compras. Dos horas después, al ensillar mi
soberbia mula andariega, un pellejo de camero vino a mi encuentro y de su pelambre
polvorienta salió una cabeza despeinada que murmuró:
- Si quieres voy contigo, taita.
¡Vaya si quería! Era el indio castigado y perdido. Asentí sin fijar precio.
Y sin hablar, sin más tratos, aquel guía providencial comenzó a precederme por atajos
y montes, trayéndome, cuando el sol quemaba las entrañas, un poco de chicha
refrigerante o el maíz reventado al fuego, aquella tierna cancha algodonada.
Pero al siguiente día el viaje fue más singular. Servicial y humilde, como siempre, mi
compañero se detenía con demasiada frecuencia en la puerta de cada choza del
camino, como pidiendo noticias en su dulce lengua quechua. Las indias, al alcanzarme
el porongo de chicha, me miraban atentamente y parecióme advertir en sus ojos una
simpatía inesperada.
¡Pero quien puede adivinar lo que ocurre en el alma de estas siervas adoloridas! Dos o
tres veces el guía salió de su mutismo para contarme esas historias que espeluznan al
caminante. Cuentos ingenuos de viajeros que ruedan al abismo porque una piedra se
desgaja súbitamente de la montaña andina.
Sin querer confesarlo, yo comenzaba a estar impresionado. Los andes son en la tarde
extraños montes grises y la bruma que asciende de las punas violetas a los picachos
nevados me estremecía como una melancolía visible.
Una hora de marcha así pone los nervios al desnudo y el viento afilado en las rocas
parece aconsejar el vértigo. Ya los cóndores, familiares de los altos picachos pasaban
tan cerca de mí, que el aire desplazado por las alas me quemaba el rostro y vi sus ojos
iracundos.
Llegábamos a un estrecho desfiladero.
- Tu esperando, taita - murmuró de pronto el guía y se alejó rápidamente. Le aguarde
en vano, con la carne erizada.
Un ruido profundo retembló en la montaña; algo rodaba de la altura. De pronto a
quince metros pasó un vuelo oblícuo de cóndores. Vi rebotar con estruendo y polvo en
la altura inmediata una masa oscura, un hombre, un caballo tal vez, que fue sangrando
en las aristas de las penas hasta teñir el río espumante, allá abajo. Estremecido de
horror, espere; mientras las montañas enviaron cuatro o cinco veces el eco de aquella
catarata mortal.
Más agachado que' nunca, deslizándose con el paso furtivo de las vizcachas, el guía
cogió a mi mula del cabestro y murmuró con voz doliente, como si suspirara:
- ¿Tú viendo, taita, al capitán?
- ¿El capitán? Abrí los ojos entontecidos. El indio me espiaba con su mirada
indescifrable; y como si yo quisiera saber muchas cosas a la vez, me explicó en su
media lengua que, a veces, los insolentes cóndores rozan con el ala el hombro del
viajero en un precipi¬cio. Se pierde el equilibrio y se rueda al abismo. Así había
ocurrido con el capitán Gonzales.
-¡Pobrecito, ayayay!
Se santiguó quitándose el ancho sombrero de fieltro, para probarme que sólo decía la
verdad.
Yo no pregunte mas, porque estos son secretos de mi tierra que los hombres de su
raza no saben explicar al hombre blanco. Tal vez entre ellos y los cóndores existe un
pacto oscuro para vengarse de los intrusos que somos nosotros... Y parte de ese
pacto, podría ser el tratar de equilibrar un poco la balanza de la justicia.
Tema[editar]
El tema principal es la venganza que ejerce un indígena peruano sobre su abusivo patrón
criollo, que es descendiente de los invasores españoles.
Argumento[editar]
Un joven que viaja a la sierra es testigo de la brutalidad de un capitán contra su sirviente
indígena. Éste huye de su patrón y se ofrece como guía del joven. Estando solo en medio
de las escarpadas cimas de los Andes, el joven observa que lejos un bulto rueda desde un
precipicio, dejando una huella de sangre. En torno sobrevuelan los cóndores. Su guía
indígena, que misteriosamente se había ausentado unos minutos antes, aparece de
improviso y le dice que se trata del cuerpo del capitán, atribuyendo el hecho a la venganza
del cóndor. El cuerpo del capitán acaba devorado por los cóndores.
Personajes[editar]
El narrador, que se describe como un joven limeño, recién graduado de bachiller, que
por primera vez viaja a la sierra.
El capitán González, un patrón que se muestra muy abusivo con su sirviente indígena.
El sirviente indígena, que se muestra aparentemente servicial y soporta estoicamente
los castigos de su patrón, pero que por dentro planea su venganza, que se producirá
de la manera más inusitada.
Se menciona también al posadero y a las mujeres indígenas de los poblados de la sierra.
Escenarios[editar]
El primer escenario que aparece es una posada situada en un puerto del Perú. Luego se
describe la ruta hacia la sierra, en camino a Huaraz (sierra del norte peruano), a través de
pueblos indígenas, para llegar finalmente a escarpadas montañas de los Andes, donde se
puede ver a pocos metros los cóndores en vuelo.
Resumen[editar]
El narrador-protagonista empieza su relato contando un abuso del que es testigo en una
posada u hospedaje de un puerto del Perú: el capitán Gonzáles, uno de los huéspedes,
despierta a puntapiés a su sirviente indígena, y como éste tarda en levantarse, le da un
latigazo en la frente hasta hacerlo sangrar. González se ufana de su acción, mostrando su
látigo de junco entretejido y con puño de oro, y dice que así se debe tratar a los “bárbaros”
(incivilizados), que se muestran perezosos a cumplir las órdenes. Luego, ordena de mala
manera al sirviente que le ensille su caballo, pues tenía que continuar su viaje. 4
El narrador y González se acababan de conocer y planeaban viajar juntos a Huaraz,
atravesando las serranías abruptas. El narrador es un joven limeño, que acababa de
recibirse de bachiller y que viajaba por primera vez a la sierra. Mientras ambos conversan,
el sirviente ingresa al establo para sacar un pellón (cubierta de la silla de montar), pero
pasa el tiempo y no aparece más. El capitán manda buscar al indio por todo el puerto, sin
éxito. Decide entonces continuar su viaje, no sin antes prometer un castigo terrible para el
fugitivo.5
El narrador, advertido ya de la brutalidad de González, decide viajar solo, adelantándose a
la partida de González. Ensilla su mula y en eso se le acerca el indígena fugitivo, que se
ofrece como su guía. El narrador acepta complacido, pues no había podido conseguir un
guía, tan así que ni siquiera pregunta al indígena el costo de su servicio. El indígena
resulta ser un guía excelente, algo muy importante tratándose de las escarpadas y
peligrosas rutas de la sierra peruana. El indígena le lleva también por los poblados donde
conoce a personas amigas que le dan alimento y bebida para poder soportar la larga ruta.
Y en los ratos de descanso, el indio cuenta historias terribles de viajeros que perecieron en
esos inhóspitos parajes y cuyos huesos se veían blanquear en cada trecho.6
Después de recorrer un largo camino, ambos llegan a un estrecho desfiladero. Desde allí
se divisaba claramente las cumbres de las montañas y se veía a los cóndores en vuelo
rampante. El indígena humildemente pide al narrador que le espere un rato; acto seguido,
desaparece en un santiamén. El narrador queda helado al verse solo en medio de ese
paisaje aterrador.7
Transcurren los minutos y de pronto el narrador escucha un poderoso ruido, de algo que
rodaba. De pronto, ve el paso de un majestuoso vuelo oblicuo de cóndores, a pocos
metros de donde se halla. Tornando la mirada hacia abajo, observa rodar una masa
oscura que arrojaba sangre por todos lados, hasta que llega al río, que se tiñe de rojo. Los
cóndores vuelan en círculos y bajan uno tras otro para devorar a la presa. El narrador cree
que se trata de un caballo o su jinete que se habían despeñado.8
Al poco rato, aparece el indio sorpresivamente, diciendo que el bulto se trataba del cuerpo
del capitán Gonzáles, que había rodado desde el precipicio. Como el narrador se queda
aturdido ante tal revelación, el indio le explica que a veces los atrevidos cóndores rozan
con el ala el hombro de los viajeros, haciendo que estos rueden desde lo alto. 9
El narrador finaliza reflexionando si posiblemente existía un pacto tenebroso entre los
cóndores y los indios maltratados para vengarse de la raza intrusa y abusiva de los
patrones.9
Análisis[editar]
Este cuento, al igual que otros del autor, posee una buena técnica narrativa. Trata un tema
sombrío y violento, que desborda en lo misterioso. Destaca también por su precisión
descriptiva. Desarrolla la imagen de un fiero capitán y, sobre todo, de su sirviente indígena.
Pero el principal personaje es el narrador, que se describe como un joven bachiller natural
de Lima; todo lo demás gira en torno a él. Tanto la crueldad del capitán como la venganza
del indio dan pie a sus observaciones y a sus frases de admiración ante los escenarios y
los hechos extraños que parece no lograr comprender cabalmente.10
El relato del personaje-narrador empieza así:
Nunca he sabido despertar a un indio a puntapiés. Quiso enseñarme este arte triste en un puerto de
Perú, el capitán González, que tenía tan lindo látigo con puño de oro y un jeme de plomo por
contera.
En este párrafo, como en otros, vemos que no es la intención del narrador criticar el abuso
de los patrones; define la brutalidad del capitán González como un «arte triste» y califica al
látigo de «lindo». Ventura no pretende denunciar ni enmendar la realidad, sino solo
recrearla. Sus textos son solo de ficción.10
Se ha criticado al autor su desconocimiento de la realidad del interior del Perú y el retrato
pintoresco que hace de los indígenas. Varios críticos concuerdan que Ventura no trasmite
una imagen cabal del indígena y que en sus relatos está presente el prejuicio de la
superioridad del hombre blanco sobre la raza nativa.11 El error de esta crítica
sociologizante radica en que, tratándose de ficciones literarias, no se puede exigir que las
descripciones o los personajes se «ajusten a la realidad», más aún, cuando el autor enfoca
los temas desde un aspecto estético antes que sociológico, como es de esperar en un
escritor modernista como era Ventura.12
Otra crítica que se hizo a Ventura era que escribía desde una óptica europeizante y que
por eso su narración no reflejada la realidad peruana. El crítico Augusto Tamayo
Vargas rechazó esa crítica y defendió la peruanidad de Ventura, pues los acontecimientos
y ambientes expuestos en su obra eran peruanos, aunque algunos personajes no tuvieran
un definido carácter nacional.13 Asimismo, para Ricardo González Vigil, Ventura es un
escritor peruanista y americanista.14 Críticos españoles y franceses reconocieron también
la peruanidad de la obra de Ventura, y señalaron que, gracias a ella, el Perú se mostró al
mundo en su diversidad geográfica y poblacional, que muchos europeos ignoraban. 15
Mensaje[editar]
El mensaje de este cuento es que la justiciera venganza recae siempre sobre el abusador
despiadado, sin importar que esa venganza sea proporcional al maltrato recibido. Lo que
importa es que la persona satisfaga su sed de venganza de la manera más sanguinaria
posible.
Publicación[editar]
Ventura García Calderón, que era diplomático de carrera, con residencia en Francia,
regresó al Perú en 1911. Esta estancia en su patria fue muy corta, que aprovechó para
viajar a la sierra, en busca de minas de plata. Fue una experiencia rica en episodios, que
le sirvió posteriormente como insumo para sus cuentos ambientados en las tres regiones
naturales del Perú, especialmente en la sierra. En 1912 regresó a Europa, retomando su
carrera diplomática.2
En 1924 publicó en Madrid, bajo el sello editorial de Mundo Latino, su libro La venganza
del cóndor, una colección de 24 cuentos, el primero de los cuales da el título a la obra y es
el más conocido de todos. Otros cuentos de dicha colección que todavía aparecen en las
antologías escolares son: Yacu-Mama, Coca y Fue en el Perú. Fue en su tiempo el libro
peruano más traducido.3