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61 años de arquitectura en Quito

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador, la primera escuela de arquitectura en Quito, ha experimentado varias reformas académicas a lo largo de sus 61 años para adaptarse a los cambios sociales, políticos y económicos. La facultad ha formado arquitectos destacados y ha pasado por nueve reformas de su plan de estudios y currículum. A pesar de las crisis, la facultad se ha mantenido comprometida con lo social, el urbanismo, la arquitectura racional, la tecn

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61 años de arquitectura en Quito

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador, la primera escuela de arquitectura en Quito, ha experimentado varias reformas académicas a lo largo de sus 61 años para adaptarse a los cambios sociales, políticos y económicos. La facultad ha formado arquitectos destacados y ha pasado por nueve reformas de su plan de estudios y currículum. A pesar de las crisis, la facultad se ha mantenido comprometida con lo social, el urbanismo, la arquitectura racional, la tecn

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Enseñanza de la arquitectura en Quito,

movimientos y reformas académicas:


una mirada crítica en los 61 años de historia
de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo
de la Universidad Central del Ecuador

Sergio Andrés Bermeo Álvarez


Universidad Central del Ecuador
[email protected]

Recibido: 30 de septiembre de 2020 / Aprobado: 31 de agosto de 2020

Resumen

La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecua-


dor, primera escuela de arquitectura de Quito, en sus 61 años acumula gran
trayectoria en la enseñanza de la disciplina formando arquitectos de prestigio y
trascendencia; de igual manera, docentes con variedad de formación académi-
ca e ideológica que enriquecen el pensamiento crítico del proceso urbano-ar-
quitectónico de las ciudades. Atravesó nueve reformas del plan académico y
malla curricular, definiendo la imagen y vocación de esta institución, todas
ellas relacionadas con la realidad social, política, económica y cultural en pro
de resolver las necesidades del hábitat en el país. La presente investigación
tiene como objetivo contrastar los diferentes planes que configuraron la ense-
ñanza de la arquitectura y permitir el análisis para futuras reformas, incluyen-
do la coyuntura contemporánea pospandemia. La metodología se basa en la
reflexión crítica a partir del análisis de la memoria histórica en actas, informes,
documentos y revistas de carácter oficial que fueron procesados utilizando
redes neuronales con base en inteligencia artificial. Finalmente, los resulta-
dos obtenidos reflejan que la facultad, a pesar de sus crisis, ha permanecido
Sergio Andrés Bermeo Álvarez

estrechamente relacionada con lo social, el urbanismo, la arquitectura racional, la


tecnología, la investigación científica, la comunidad, la sociedad y el contexto local
latinoamericano.

Palabras clave: arquitectura de Quito, enseñanza de la arquitectura, Facultad de


Arquitectura y Urbanismo, movimientos de arquitectura, reformas académicas.

Abstract

The Faculty of Architecture and Urbanism of the Central University of Ecuador, the
first school of architecture in Quito, in its 61 years accumulates a great trajectory in
teaching the discipline, training prestigious and transcendent architects, in the same
way, teachers with a variety of academic training and ideological that enrich critical
thinking of the urban-architectural process of cities. It underwent nine reforms to
the Academic Plan and Curricular Mesh defining the image and vocation of this
institution, all of them related to the social, political, economic and cultural reality
in order to solve the needs of the habitat in the country. The present research aims
to contrast the different Plans that configured the teaching of architecture and allow
the analysis for future reforms including the contemporary post-pandemic situation.
The methodology is based on critical reflection based on the analysis of historical
memory in official minutes, reports, documents and journals that were processed
using artificial intelligence-based neural networks. Finally, the results obtained
reflect that the Faculty, despite its crises, has remained closely related to the social,
urbanism, rational architecture, technology, scientific-research, the community,
society and the Local-Latin American context.

Keywords: architecture of Quito, teaching of architecture, Faculty of Architecture of


Quito, architecture movements, academic reforms.

346 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

Introducción

E
n la ciudad de Quito, al pie de las laderas del Pichincha, parroquia Belisario
Quevedo, se ubica la ciudadela universitaria (Imagen 1) perteneciente a la
Universidad Central del Ecuador (uCe), de aproximadamente 94 hectáreas,
diseñada bajo los principios modernos urbanísticos de los arquitectos uruguayos
Gilberto Gatto Sobral y Guillermo Jones Odriozola, entre 1942 y 1945, en la que
actualmente se ubican 19 de las 21 facultades dentro de un campus universitario
que forma parte del inventario del Instituto de Patrimonio Cultural de Quito y Pa-
trimonio Cultural Nacional (Quinteros, 2015, p. 2).
Entre ellas se encuentra la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (fAu), que venía
funcionando indirectamente (sin ser escuela de arquitectura), desde 1911, dentro de
la Facultad de Matemáticas. En 1932, las autoridades aprueban la creación de una
escuela de arquitectura, pero solo terminaría configurándose un curso de especiali-
zación de la Escuela de Ingeniería Civil (Pasquel, 2017, p. 35). Coyunturalmente,
gracias a la propuesta municipal para realizar el Plan Regulador de Quito, en 1942,
la ciudad se ve en la necesidad de incrementar la formación de profesionales en ar-
quitectura que se encarguen de la planificación de la urbe, ya que hasta el momento
existían únicamente dieciséis graduados.
Con este objetivo, el Dr. Julio Enrique Paredes, rector de la uCe, contrata al Arq.
Gatto Sobral para que organice, dirija y cree la primera escuela de Arquitectura.
Además, lo designa como director de Escuela, con el objetivo de proponer el plan
inaugural de estudios académicos, reglamento interno de actividades y conforma-
ción del personal docente (fAu, 2012, p. 5). De esta manera se abren las puertas de
la escuela, el 26 de febrero de 1946, con 37 alumnos y 5 profesores, como parte de
la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Ya para el año de 1951 había egresado
la primera generación de 14 arquitectos (Boanergues, 1998, p. 8). En estos años, la
escuela funcionaba en la antigua casona universitaria ubicada en el centro histórico
de Quito, en la calle García Moreno, hasta que, en 1948, mientras se terminaba la
planificación y construcción de la actual ciudadela se traslada hacia las nuevas insta-
laciones, ocupando los locales de la imprenta universitaria (Imagen 2) en la avenida
América (Mora, 2018, pp. 52-54).
Debido al progresivo incremento de la población estudiantil en los 50, se ve
la necesidad de incorporar personal docente que, además, contribuya a mejorar la
calidad académica, para lo cual se buscó profesionales que habían retornado gra-
duados del exterior, entre ellos, los ingenieros civiles Giovanni Rota, Leopoldo Loor
y el arquitecto Sixto Durán Ballén (fAu, 2012, p. 6). Por aquellos años, se hacían
necesarias reformas a fin de alcanzar mayores niveles de autonomía tanto en lo ad-
ministrativo como en lo académico, por ello, desde 1955, se inició el proceso co-
rrespondiente ante el rector, Dr. Manuel Agustín Aguirre (Imagen 3). Sin embargo,
habría que esperar hasta el 6 de octubre de 1959 (Hernández, 2013, p. 5), fecha en

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la que el Honorable Consejo Universitario de la uCe la eleva a la categoría de facul-


tad, integrada por las escuelas de Arquitectura y Urbanismo, así como el Instituto
de Posgrado en Planificación, nombrando al Arq. Jaime Dávalos (graduado de la
Universidad de Columbia) como primer decano de la fAu, para que reestructure lo
establecido en 1946 por Gatto Sobral.
Bajo este contexto, durante los años 60, el funcionamiento de la fAu se dio en la
planta baja de la Facultad de Economía, con aproximadamente doscientos estudian-
tes, cuatro aulas, una oficina del decano y una bodega para materiales de proyectos.
En los años subsiguientes, debido a la oferta de un curso preparatorio de ingreso, la
población estudiantil se duplica, motivo por el cual, se reubican sus instalaciones en
la planta baja del comedor de la Residencia Universitaria (Flores, 2010, p. 8). Esta
falta de infraestructura obliga a las autoridades de la fAu a organizar, en 1965, un
concurso público para el diseño del anteproyecto del edificio de la facultad (Imagen
4) con veeduría del Colegio de Arquitectos del Ecuador (CAe) y las facultades de
Ingeniería y Arquitectura, resultando como ganador el Arq. Luis Oleas Castillo,
quien posteriormente fue designado como decano, en 1967, y agilizó el trámite para
su construcción. De igual manera, el 31 de enero de 1967 fue creada la escuela de
Planificación y Desarrollo Urbano, actual Instituto Superior de Posgrado, siendo el
único programa de maestría en Planificación en el país (Isch, 2010, p. 49).
La fAu, ya con novecientos estudiantes matriculados, deja su ubicación nómada
y se traslada a sus propias instalaciones construidas, casi en su totalidad, en 1971
(Imagen 5) en el contexto del boom petrolero ecuatoriano, siendo la última facultad
de la uCe en tener infraestructura propia. El edificio está conformado por un patio
central y una edificación circundante con tipología abovedada de cañón corrido
(Imagen 6). Bajo el decanato del Arq. Mario Solís, en 1975, propone el tercer plan
académico, en 1984 se añade el ala oeste del Instituto de Posgrado y en 1990 se
construye el edificio de siete pisos (Imagen 7) en el costado norte (Mora, 2018, pp.
35-39). Posteriormente, para los años 80 el plan ya era insuficiente e inadecuado
para las necesidades del país, deficiencias que sirvieron para reformar el plan de
estudios por parte de los arquitectos Rubén Moreira y Juan Ordóñez (fAu, 2011,
p. 6). Mientras que para 1998, en el periodo del decano Arq. Antonio Narváez, se
vuelve a reestructurar el plan director de estudios de la fAu, tratando de solventar las
deficiencias señaladas en planes anteriores.
Con el nuevo milenio, en el 2004, de la mano del Arq. Patricio Aguilar Veintimilla
decano y el Arq. Manuel Ramírez Castro subdecano, se propone la actualización y
modificación al plan de estudios del 98, mediante el incremento de nuevas materias
en la malla curricular, eliminación del curso propedéutico y cambio al sistema por cré-
ditos (fAu, 2011, p. 7). Para el 2009, en el periodo del decano Arq. Alberto Viteri y el
subdecano Arq. Miguel Hernández, se realizan transformaciones significativas por dis-
posición de la Ley Orgánica de Educación Superior (LOeS), reformando el estatuto y el
plan académico a un régimen de semestralización, con diez semestres en 4096 horas.

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Por esta época la infraestructura de la fAu incorpora varias construcciones temporales


para aulas prefabricadas en el bloque este («gallineros») (Mora, 2018, pp. 35-39).

Imagen 1. Plan masa del campus, Arq. Gatto Sobral


Fuente: Revista AyS N.°13, 1999.

Imagen 2. Primeras instalaciones fAu-uCe


Fuente: Revista AyS N.°12, 1997.

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Imagen 3. Arq. Luis Oleas y Dr. Manuel Agustín Aguirre


Fuente: Revista AyS N.°16, 2010.

Imagen 4. Anteproyecto ganador, edificio fAu


Fuente: Revista AyS N.°16, 2010.

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Imagen 5. Inauguración edificio fAu


Fuente: Revista AyS N.°16, 2010.

Imagen 6. Configuración edificio fAu


Fuente: Revista AyS N.°6, 1989.

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Imagen 7. Edificio de talleres fAu


Fuente: Revista AyS N.° 18, 2013.

En el 2011, con la aplicación del Plan Nacional del Buen Vivir, la fAu propone
la actualización del plan académico, a cargo del Arq. Miguel Hernández decano y
Arq. Alfonso Isch subdecano, que conllevó desde el 2014 a un proceso de cambio
generacional, donde muchos docentes se acogen a la Ley Laboral de Jubilación,
así como la integración progresiva de docentes jóvenes, en medio de la acredita-
ción de la carrera (fAu, 2012, p. 5). Finalmente, en 2017 la fAu contaba con 103
docentes y 1551 estudiantes matriculados, que atraviesan la novena reforma del
plan académico de la malla curricular, a cargo del Arq. Luciano Bonilla decano y
la Arq. Blanca Proaño subdecana, que plantean un sistema de enseñanza integra-
dor de saberes, a partir de las materias ejes de diseño arquitectónico y urbano, sin
embargo, deficiencias académicas y administrativas se anteponen al plan propues-
to (fAu, 2017, p. 1).
En el presente, la fAu atraviesa un cambio forzoso, involuntario e inespera-
do debido a la pandemia del SARS-CoV2 enfermedad conocida como corona
virus disease 2019 (covid-19). Crisis sanitaria que ha obligado al confinamiento
de la población, por ende, la educación se ha trasladado hacia una virtualidad
emergente con sistemas como: aulas virtuales, video conferencias, teletrabajo,
aprendizaje telemático y autónomo, entre otras, basadas en las nuevas tecnolo-
gías de información y comunicación (NTIC), que están siendo analizadas por la
Arq. Maritza Balcázar decana y Arq. Diego Hurtado subdecano. Como se puede

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evidenciar el proceso de transformación de la enseñanza de la arquitectura en


Quito en la fAu-uCe, atravesó 9 reformas, sin embargo, a pesar de un extenso
estado de la cuestión, se detectó un vacío de información en cuanto al análisis
interrelacional y reflexión crítica. El problema es que estas reformas, al no ser es-
tudiadas en su complejidad, dificultan un nuevo planteamiento contemporáneo
de la educación y podrían convertirse en la problemática de las futuras reestruc-
turaciones académicas.
Por consiguiente, el objetivo es contrastar las diferentes reformas de los planes
de estudio de la fAu-uCe, desde su creación (1959) hasta la actualidad (2020), que
permita obtener como resultado, directrices, parámetros, criterios y evidencias a
manera de insumo que faciliten la toma de decisiones hacia la construcción de
una nueva reforma universitaria. A través del método histórico (Simiand, 2003)
se extrae la memoria histórica y acontecimientos legítimos, utilizando la revista
Arquitectura y Sociedad de la fAu (OPTe, 2017) así como documentos oficiales de
la institución. La investigación se estructura en 9 apartados correspondientes a las
reformas académicas, señalando como resultados las transformaciones de los pla-
nes curriculares, la vinculación con la realidad nacional, así como los movimientos
estudiantiles y docentes. No obstante, estos hechos son discutidos por la impor-
tancia que marcaron en la historia e identidad de la facultad y la manera de hacer
arquitectura en Quito, concluyendo que, desde su creación, la visión y misión se
ha enmarcado en la esfera de lo social.

Metodología
El planteamiento metodológico se sustenta en el método histórico (Simiand,
2003, p. 165), un proceso experimental indirecto para indagar documentos legítimos,
establecer una serie de fenómenos y reconstituir los acontecimientos en un debate
marcado por la ciencia social. La temporalidad es retrospectiva de corte longitudinal
(Cairampoma, 2015, p. 9), es decir, un análisis cronológico de los planes académicos
y reformas en la fAu (1946-2020), esto permitió la notación de cambios en forma
continua, captando la tendencia a largo plazo, herramienta de conclusión-predicción.
El alcance es descriptivo-exploratorio (Cairampoma, 2015, p. 8), se observa, re-
gistra y describe el fenómeno sin añadir modificaciones, expone el conocimiento
indirecto de la realidad, tal como se presenta en su espacio y tiempo, con base en
el paradigma interpretativo (Ceballos-Herrera, 2009) de las 9 reformas. La recolec-
ción de datos se realiza a través de la técnica documental (Lastra, 2000, p. 27-33)
en fuentes secundarias como la revista Arquitectura y Sociedad (AyS), que contiene
en sus 18 ediciones, una visión crítica de la historia en cuestiones pedagógicas, pen-
samiento de los docentes, arquitectura y arquitectos de la época que evidencian la
memoria histórica oficial.
Las variables utilizadas se obtienen de palabras claves o conceptos más utili-
zados en la malla curricular de cada época, que mediante inteligencia artificial

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se identifica en nubes de palabras, aquellas que mayor repetición, relevancia o


influencia detallan; esto permitió determinar los supuestos causales o efectos
(Sampieri, 2018, p. 149) de la enseñanza de la arquitectura en Quito por parte
de la fAu-uCe. Respecto al análisis y tratamiento de información, se realiza por
medio de datos cualitativos que contrastan, triangulan y validan todo el estudio.
Se utiliza herramientas de comparación categorizada en un proceso sistemático
con el programa ATLAS.ti, que detectó la creación de categorías, códigos, familias,
enfocados en el problema central mediante una network analysis, como modelo de
lectura de los resultados y sus relaciones.

Resultados
Primera reforma de 1946: Gatto Sobral
El 1.o de octubre de 1946, se presenta por parte del arquitecto uruguayo Gilber-
to Gatto Sobral (director de Escuela), el primer plan de estudios de Arquitectura,
adaptado del modelo curricular de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de
la República en Montevideo (fAu, 1997, p. 118). La propuesta académica estuvo
vigente entre 1946 y 1959, en la que se desarrolló la enseñanza de la arquitectura a
partir de 21 materias organizadas en 5 áreas del conocimiento: tecnologías, diseño
arquitectónico, urbanismo, ciencias sociales y expresión gráfica, con un gran por-
centaje en técnica más que en lo teórico como: Cálculo Diferencial, Cálculo Inte-
gral, Materiales de Construcción, Construcciones, Mecánica Racional, Resistencias
de Materiales, Topografía, Hormigón Armado, Instalaciones Sanitarias, Instalacio-
nes Eléctricas y Estructuras; Proyectos; Urbanística; Teoría de la Arquitectura, His-
toria del Arte, Arquitectura Legal, Sociología y Economía; Dibujo Técnico, Dibujo
Artístico y Geometría Descriptiva (fAu, 2011, p. 13), además, se logró un convenio
con la universidad uruguaya para el intercambio académico, que permitió a muchos
estudiantes ecuatorianos estudiar y graduarse en el exterior.
En esta etapa se destaca la acción del arquitecto como artista, diseñador y cons-
tructor vinculado al arte y cultura, moldeando la enseñanza de la arquitectura en
Quito a través de la experiencia de la formación intelectual, académica y el oficio de
destacados arquitectos extranjeros1 que importan el modernismo al país como: Gat-
to Sobral, Jones Odriozola, Karl Kohn, Otto Glass Pick, Edwin Adler, Oscar Etwa-
nik, Giovanni Rota (Moreira, 1989, p. 11-12). Incorporan elementos morfológicos
característicos en Latinoamérica como el manejo de zonificaciones, centralidades,
estructuras abiertas, pilotes, plantas libres, fachadas transparentes, brise-soleil, inte-
gración interior-exterior, elementos artísticos, murales, esculturas, materiales natu-
rales, así como una exigente funcionalidad y calidad constructiva. A partir de 1951

1 Se recomienda ver los siguientes videos: https://www.youtube.com/watch?v=AdY-aPITb0M, https://www.youtube.com/


watch?v=NSlb9ADvw7s, https://www.youtube.com/watch?v=gT6j1dg8wiY, https://www.youtube.com/watch?v=nq-
PPmgMIBpU

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Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

la escuela de Arquitectura obtiene la herencia de estos pioneros arquitectos con la


primera promoción de graduados (Imagen 8) que se convertirán en referentes de la
disciplina y docentes de la fAu como: Sixto Durán Ballén, Jaime Dávalos Proaño,
Max Ehrensberg, Alfredo y Fabián León Cevallos, Enrique y Lionel Ledesma, Jaime
Andrade Moscoso, Eudoro Ordóñez, Mario Arias, Leopoldo Moreno Loor, Wilson
Garcés, Jaime Ricaurte, Jorge Roura, Jacinto Erazo, Fausto Alarcón, Luis Arroyo,
César Maldonado, Jaime Arias, Antonio Maldonado, entre otros (CAe-MAe, 2018a;
CAe-MAe, 2018b; CAe-MAe, 2018c).

Segunda reforma de 1959: Jaime Dávalos


Desde 1959 se inicia la reforma del segundo plan de estudios, liderado por el
Arq. Jaime Dávalos (decano fAu) (Imagen 9), que cambia la visión técnica del plan
del 46 hacia un modelo pensado en el contexto de la problemática de Latinoamérica
—subdesarrollo, dependencia, desigualdades—, el diseño arquitectónico como ob-
jeto teórico y práctico, así como la enseñanza de la arquitectura a partir de la acción
social. La malla curricular se empieza aplicar desde 1960 (Ribadeneira, 1988, p.
43), pretendiendo actualizar programas, fomentar la libertad de cátedra y diversidad
de pensamientos e ideologías de sus arquitectos-docentes para no limitar la visión
y crítica arquitectónica, entonces, se divide en tres niveles: básico, medio y supe-
rior, que contienen áreas de conocimiento en ciencias sociales, ciencias ambientales,
tecnología, diseño arquitectónico, urbanismo e instrumentos y técnicas de diseño
(Solís, 1983, p. 10).
Entre las principales materias se destacan: Introducción a la Arquitectura, Geome-
tría Descriptiva y Analítica, Cálculo Diferencial e Integral, Materiales de Construc-
ción, Ensayos y Resistencia, Dibujo Arquitectónico, Perspectivas y Sombras, Mecáni-
ca Racional, Historia y Teoría de la Arquitectura, Instalaciones, Topografía, Hormigón
Armado, Proyectos de Arquitectura, Urbanismo, Escultura, Sociología y Economía,
Arquitectura Legal. En dicho plan se adoptan esquicios de 8 horas o de dos días a los
talleres de diseño arquitectónico, salidas de campo a obra para la materia de construc-
ciones y a museos, monumentos de artes para historia, complementado con activida-
des extracurriculares como idiomas y educación física (fAu, 1989, p. 84).
Este modelo académico adoptado por la fAu y sus primeros arquitectos-docen-
tes, configuró el desarrollo urbanístico de Quito, en coyuntura con las remesas del
boom petrolero, la creación del Banco Nacional de la Vivienda, las mutualistas y el
Colegio de Arquitectos —creado en 1962 por docentes de la facultad—, hacia un
proceso de transición racionalista que buscaba renovar ideas para el oficio sobre la
identidad local, social y la tecnología, de la mano de nuevas generaciones de gradua-
dos como: Luis y Santiago Oleas, Agustín y Fabián Patiño, Ramiro Jácome, Boaner-
ges Navarrete, Carlos Velasco, Milton Barragán Dumet, Oswaldo de la Torre, César
Arroyo, Ramiro Pérez Martínez, Oswaldo Muñoz Mariño, Diego y Fausto Bandera
Vela, entre otros (Moreira, 1989, p. 14; CAe-MAe, 2018d).

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A partir del año 65 se incorporan a la vanguardia moderna nuevos movimientos2


de profesionales como el Grupo 6, constituido por Cristian Córdova, Juan Espino-
za, Fernando Garcés, Fernando Jaramillo, Rubén Moreira, Rodrigo Samaniego y
Mario Solís, quienes juntos con Ovidio Wappenstein y los hermanos Bandera (CAe,
2019, p. 5), introducen variantes al modelo racionalista internacional en búsqueda
de identidad propia y crítica a la arquitectura estereotipada, que poco se adaptaba al
contexto del país y Latinoamérica, proponiendo nuevos materiales locales, cubiertas
planas, inclinadas, materiales vernáculos, piedra, ladrillo, pero sobre todo, un diálo-
go con el entorno natural y lo social.

Tercera reforma de 1975: Arq. Mario Solís


A pesar de las reformas y el progreso en innovaciones modernas, la enseñanza de
la arquitectura difiere en muy poco de la enseñanza artesanal, de una forma mantie-
ne la transmisión directa de aprendizaje por la experiencia del maestro y, por otra,
mantiene la tradición manualística de los estilos arquitectónicos de cada época. No
obstante, para 1970 la uCe, en general, atraviesa la segunda reforma universitaria,
que obliga a incorporar al plan de estudios del 60 (que se venía aplicando), materias
sociológicas y económicas que hicieron perder de vista lo específico de la profesión y
el arte del diseño. En consecuencia, la Comisión Permanente de Estudios de la fAu
analiza e incorpora estos cambios al plan en los 70, con aproximadamente 900 estu-
diantes, durante un proceso continuo de talleres, reflexiones y discusiones, para años
más tarde, en 1975, plantear la tercera reforma del plan de estudios de la carrera en
el decanato del Arq. Mario Solís Guerrero, suprimiendo materias como Sociología
y Economía e incorporando Pintura, Escultura, Composición Decorativa, Perspec-
tiva y Sombras, entonces, se reestructura en tres campos: humanidades, tecnología
y proyectos, al mismo tiempo se propone la coordinación horizontal y vertical, aun-
que esta última no se llegó a cumplir (Ribadeneira, 1988, pp. 43, 47).
Este nuevo plan, sin embargo, continúa manteniendo la tradición artesanal de
aprender mediante la experiencia del maestro, cuestión que se da en la materia de
Proyectos al trabajar con temas tipológicos por cada nivel. Por lo que, proyectos es
considerado el centro de la corona, una síntesis de la arquitectura y el urbanismo,
relegando a materias específicas de la profesión, seguidas por materias más generales
y, por último, las materias instrumentales. Se consigue, entonces, separar la teoría de
la práctica, fundamentando la enseñanza de proyectos bajo el principio de «aprender
a diseñar diseñando», menciona el Arq. Agustín Ribadeneira (1988, p. 44), lo que se
transforma en un gran problema debido a la situación real de la profesión que pierde
la práctica experimental por la demanda de empresas inmobiliarias capitalistas que
acumulan el mercado.

2 Se recomienda ver los siguientes videos: https://www.youtube.com/watch?v=L6qlJeB4N80&t=34s, https://www.youtu-


be.com/watch?v=YDMgoyCDoTE

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Imagen 8. Arquitectos de la 1.a promoción 1946-1951


Fuente: Revista AyS N.°12, 1997.

Imagen 9. Arq. Boanerges Navarrete


Fuente: Revista AyS N.°12, 1997.

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Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Este modelo de enseñanza, legado de la vieja escuela de una relación familiar y


personal entre docentes de proyectos y alumnos, no es posible mantener debido a la
masificación estudiantil, más bien lo que ha provocado es una sumisión y falta de cri-
ticidad del estudiante ante el docente «sabio», autoritario y despótico, «la cátedra no es
el profesor es el colectivo […] la cátedra no es dictar o corregir, es generar un proceso»
(Ribadeneira, 1988, p. 46). Es el inicio del posmodernismo, una arquitectura esceno-
gráfica que niega los valores sociales, técnicos y funcionales, el objeto arquitectónico
por sí mismo y no por lo social. En la fAu, menciona el Arq. Guido Díaz (1988, p.
42), la ausencia de debates y tolerancia (Imagen 10) han estancado la formación y la
práctica de la arquitectura, a pesar de aquello, han logrado permanecer como una al-
ternativa académica dos talleres experimentales oficialmente reconocidos, el Taller In-
tegral3 (1975-2013) enfocado en sistematizar el oficio con la concurrencia de todas las
materias y el Taller de Investigación Social, Diseño y Comunicación TISDYC4 (1973-
2013) vinculando el oficio junto a los sectores populares. Ambos (racionalista-popu-
lista) basados en «talleres verticales» para diseño urbano y «talleres horizontales» para
diseño arquitectónico, atravesando una ardua lucha con los «talleres normales» del sis-
tema tradicional que se declaran imparciales sin identificar o reconocer una tendencia,
ideología, política, por eso la falta de criticidad.
En este escenario, en marzo de 1975, se realiza en la fAu la VII Conferencia Latinoa-
mericana de Escuelas y Facultades de Arquitectura (CLefA) de nivel internacional, en la
cual se discute sobre la arquitectura como un hecho social para la formación del arqui-
tecto que resuelva a través de la acción las problemáticas de la región y se acerque a la
realidad social, comenta el Arq. Mario Solís (1983, p. 7). Dando los últimos días de vida
al plan académico concebido con desarrollo cognoscitivo de la teoría, la tecnología y la
práctica en un contexto físico-social y una realidad local con visión progresista del hábi-
tat y para el pueblo, como pensaba el Arq. Rubén Moreira (1983, pp. 3-4). Sin duda, la
década de los 70 está llena de una valiosa producción arquitectónica, legado de la facul-
tad y su visión curricular que se plasma en el crecimiento urbano y la acelerada urbani-
zación; se destaca una cuarta generación de arquitectos como Henry Carrión Williams,
Alfredo Rivadeneira, Diego Ponce, Rafael Vélez Calisto entre otros (CAe, 2019, p. 5).

Cuarta reforma de 1983 / 1987: Rubén Moreira / José Ordóñez


Desde la década de los 80 la facultad (Imagen 11) inicia un proceso de trans-
formación cualitativo más que cuantitativo, dirigido a la formación del arquitecto.
Primero, como ser social, consciente, responsable y participativo, segundo, como
profesional con alta capacitación técnica, creativa y tecnológica, que impulsa una
extensión universitaria, es decir, la fAu se toma la ciudad. Por cuanto se requiere de
un espacio y enseñanza académica más integral, se produce la creación de «talleres

3 Integrado inicialmente por los arquitectos Guido Díaz, César Arroyo, Evelia Peralta, Rolando Moya y el Ing. Carlos
Larrea.
4 El HCu encarga como director al Arq. Wilson Herdoíza, acompañado por Gonzalo Estupiñán, Alfredo Novillo, Santiago
Zúñiga, además, con docentes de Ingeniería y Medicina inician el proyecto Comité del Pueblo (6-11-1973).

358 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

de diseño vertical» (Solís, 1983, p. 20), pilar fundamental, pues se convierten en


escenarios de aprendizaje teórico y práctico de realidades sociales, culturales y de su
contexto local; sobre todo, por el crecimiento urbano, la contaminación ambiental y
la falta de conciencia social que ha provocado la técnica, en beneficio de las minorías
depredadoras, especulativas del hábitat (Miño, 1988, p. 16).

Imagen 10. Estidiantes, época sociologizante


Fuente: Revista AyS N.°6, 1989.

Imagen 11. La fAu en su propio edificio, 1970


Fuente: Revista AyS N.°12, 1997.

Vol. 1, N.° 378-(2020) 359


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Es así que, en 1983, a cargo del Arq. Rubén Moreira (decano), y por decisión
unánime, la facultad empieza a reestructurar la cuarta reforma del plan académico,
docente y de investigación, debido a la pérdida de claridad institucional, los proble-
mas de relación con el Gobierno, la disminución de ingreso estudiantil y la deman-
da del perfil de ingreso y egreso respecto a la realidad socioeconómica de la época en
el país, dando fin a la arquitectura «sociologizante» de los 70 (Ordóñez, 1988, p. 7).
Se fortalece la creación del Instituto de Investigaciones y la Escuela de Arquitectura,
se orienta a las necesidades de progreso del hábitat local y social, además, se sugirió
la incorporación del área de humanidades como teoría de la historia, metodología
de la cognición, economía política del urbanismo, teorías del desarrollo, sociología
del desarrollo urbano y ocupación territorial, legislación urbana y políticas de pro-
tección ambiental (Miño, 1988, p. 26).
Esta reestructuración, pruebas y experiencias duraron hasta 1986, año en que
las autoridades de la Facultad después de discusiones internas entre docentes y una
masa estudiantil de alrededor de 4500 participantes (Flores, 2010, p. 10), concretan
el plan de estudios. Así, el H. Consejo Directivo, en 1987, liderado por el decano
Arq. José Ordóñez, subdecano Arq. Francisco Naranjo y director de Escuela Arq.
Diego Banderas, aprueban la cuarta reforma, y desde el siguiente año 1988, al cum-
plir 30 años de creación, se aplica la malla en tres niveles formativos profesionali-
zantes, con miras a la última década del siglo XX, que exige un desarrollo conjunto
de actividades e investigaciones enmarcadas en la vivienda de bajo costo, la historia
de la arquitectura nacional, el desarrollo de un centro experimental de tecnología,
el Archivo Nacional de Arquitectura, como reto y alternativa para la superación
personal-colectiva, en esta nueva etapa institucional (Ordóñez, 1989, pp. 67-68).
El nivel formativo I, ciclo básico o instrumentación, se desarrolla en 4 semestres
y tiene como objetivo capacitar al estudiante en el manejo creativo de los elementos
arquitectónicos, aspectos visuales, espaciales, táctiles, auditivos, psicomotriz, etc.,
por medio del curso preuniversitario de nivelación y materias de expresión plástica,
expresión técnica y diseño básico. El nivel formativo II, ciclo medio o desarrollo del
proyecto, abarca 6 semestres, de generación y solución de problemas arquitectónicos
con base en teoría, conceptos, recursos tecnológicos, económicos, plásticos, materia-
les, etc., con materias de diseño arquitectónico, urbano, tecnología de la construc-
ción, optativas y seminarios complementarios. El nivel formativo III, ciclo superior
o prácticas pre-profesionales de especialización, etapa final en la que se profundiza
el proyecto en todas sus implicaciones, teóricas, espaciales, sociales, constructivas y
técnicas, sustentados en el trabajo de titulación y con miras a un posgrado (Solís,
1983, pp. 21-22; Ordóñez, 1988, p. 10).
A pesar de que desde 1978 hasta 1988, la cátedra de Ciencias Sociales había
estado desarticulada del resto de materias y habían excluido a Legislación Urbana,
Antropología y Semiótica (Paredes, 1988, p. 21), así como también, el reemplazo
del oficio intelectual (maestro-aprendiz) por uno técnico de la producción arquitec-

360 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

tónica (Ribadeneira, 1988, p. 42), este plan, en general, buscó una formación del
estudiante filosófica-científica, técnica e investigativa en relación con el hábitat y lo
social, características que se reflejan en las obras e ideologías de arquitectos y movi-
mientos5 destacados, entre ellos: José Ordóñez Villacreses, Marcelo Bravo, el Taller
4, integrado por Jaime Andrade Heymann, Mauricio Moreno Vintimilla, Carlos
Veloz Von Reckow y Alberto Mackliff (CAe-MAe, 2018e), quienes se unen como es-
tudiantes de la fAu (1977-1978) para, en conjunto, ejercer la profesión en la década
de los 80, atravesando años difíciles desde los 70 por el cierre de la uCe, actividades
de orden político (velasquismo), represión de las juntas militares, sin embargo, su
formación académica respondía al contexto socio-económico, físico, medioambien-
tal y tecnológico, una arquitectura popular, sencilla, responsable, consolidando la
arquitectura moderna ecuatoriana (Ordoñez, 1989, p. 64-65).

Quinta reforma de 1998: Antonio Narváez


Al inicio de los 90, la fAu atraviesa un periodo formativo hacia un estado de
desarrollo y consolidación científica ajustado a la realidad humana, técnica, eco-
nómica y cultural, en áreas específicas como urbanismo, tecnología, vivienda e
historia. Sobre esta experiencia, entre 1990 y 1992, dentro del pénsum aprobado,
se plantea a cargo del Arq. Edmundo Llaguno (1993, pp. 113-115) y apoyado por
el decano Arq. Ricardo Moncayo, una propuesta del Taller de Conservación del
Patrimonio Edificado, que se suma a los dos talleres experimentales de los 70, bajo
un modelo interdisciplinario que permita tomar conciencia de los bienes inmue-
bles gracias a los acuerdos entre la facultad, el Instituto Nacional de Patrimonio
Cultural (INPC), varios municipios y el Consejo Internacional de Monumentos y
Sitios (ICOMOS del Ecuador), incentivados por uNeSCO en 1978, al declarar a Qui-
to Patrimonio Cultural de la Humanidad. El objetivo era preparar al estudiante
en soluciones teórico-prácticas, categorías socio-espaciales, la labor del arquitec-
to-urbanista, el estudio de los componentes urbanos edificados, así como crear
un inventario, clasificación, valoración y normas, sin embargo, este taller duró un
año más (Peñaherrera, 1993, pp. 117-122).
Estos antecedentes evidencian la preocupación por la identidad cultural popular,
vernácula y patrimonial en la arquitectura nacional, que se adopta como política
institucional, además, es una de las respuestas a la crisis del movimiento moderno
con la llegada de la arquitectura posmoderna (Moreira, 1994, p. 39), que busca un
lenguaje más legible para el público, con nuevos símbolos de comunicación de la
arquitectura, «una fanática posición histórica como antítesis al movimiento moder-
no al cual se lo critica de haber caído en la ortodoxia, de haber sufrido un desgaste
de inventiva […] un desastre urbano» (Moreira, 1994, p. 45). Inicia en el país una

5 Se recomienda ver los siguientes videos: https://www.youtube.com/watch?v=9W8yIeMZRp4, https://www.youtube.


com/watch?v=bgddGR8VrEA

Vol. 1, N.° 378-(2020) 361


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

arquitectura que incentiva al consumo, arquitectos que conscientemente caen en lo


mercantil, cegados por la figuración y teatralidad, así como escuelas de arquitectura
convertidas en «laboratorios» de divertimentos.
A partir de 1994, la fAu impulsa el quinto y último proceso de reforma académica
del siglo XX, con la dirección del decano Arq. Antonio Narváez (Imagen 12), a pesar
de grupos opositores que pretenden mantener una facultad inerte, de viejos cánones
y de legalismos universitarios. Se detecta dos problemas: el primero, la permanencia
por más de 20 años de una estructura académica departamentalista, y segundo, un
plan de estudios de contenidos acumulativos, de repetición de conocimientos, eli-
minando el tiempo para la experimentación e investigación en el reciente centro de
tecnologías, problemas que responden a un modelo de universidad cerrada donde
la sociedad entera ya no espera nada de los futuros profesionales de arquitectura
(Narváez, 1996, pp. 7-8). Por consiguiente, se plantea una reestructuración en el
tiempo de la carrera, la malla académica, disminución de la sobrecarga horaria, espe-
cialmente en proyectos, historia, teoría, construcciones, estructuras e instalaciones,
la secuencia de materias, la experimentación, la práctica, la construcción, así como
la proyectación y la creación de escenarios académicos que promuevan redes entre
facultades y escuelas de Arquitectura, hacia una verdadera extensión universitaria.
Coyunturalmente, cansados de escuchar a nivel nacional la problemática polí-
tica de la uCe, como huelgas, secuestros, bombas, toma de facultades, ideologías
partidistas, entre otras, se creó el escenario oportuno, «a partir de 1995 se fun-
daron tres nuevas facultades de arquitectura en universidades privadas de Quito,
como consecuencia de lo cual, la formación del arquitecto dejó de ser un mono-
polio de la Central» (Flores, 2001, p. 94) y muchos docentes prefirieron cambiarse
a estas otras facultades, donde encontraron un mejor espacio académico y laboral.
En 1996, el H. Consejo Directivo de la fAu, conmemorando los 50 años de vida
como Escuela de Arquitectura, aprueba el nuevo plan de estudios, con la partici-
pación de todos los estamentos de la institución, pero sobre todo basados en las
investigaciones y experiencias profesionales de los docentes, que reflexionan sobre
el desmesurado crecimiento que ha perjudicado la calidad académica. Mencio-
na el Arq. Boanerges Navarrete, director de Escuela en ese año, que: «En 1946
ingresan 37 alumnos, hoy ingresan 450. Había 5 profesores, hoy 173 para 1400
alumnos en total. Se gradúan 3 arquitectos promedio en los primeros años, hoy se
gradúan anualmente 5000 arquitectos, más del 50% de los arquitectos ecuatoria-
nos. El Ecuador en 1946 tenía 3.000.000 de habitantes, hoy tiene 12.000.000 de
habitantes. Quito llegaba a 200.000 habitantes y hoy es una urbe incontenible de
1.500.000» (Navarrete, 1997, p. 134).
En 1998, después de pasar dificultades, oposiciones, incomprensiones, en ge-
neral, una crisis académica, se concreta la aplicación de la quinta reforma del plan
académico, impulsada por el Arq. Narváez, recuperando espacios de debate en el
enfoque sociológico vinculado con la realidad de la arquitectura de la ciudad, un

362 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

proceso dialéctico, necesario y permanente que avizora el siglo XXI. Esta reforma
busca la mejora académica, la investigación científica, una enseñanza teórica-prác-
tica con la realidad, capacitación permanente de los docentes, reconocimientos
económicos a las investigaciones, adoptar trabajos colectivos que rompan el aisla-
miento e individualización docente y las ciencias sociales como base teórica-expe-
rimental de la historia, en una facultad que ha sido más técnica (Mullo, 1999, p.
51). Desgraciadamente, menciona Flores (2001, p. 95), no se incluyó un sistema
de contratación docente que evite que la cátedra sea considerada como un empleo,
así como una evaluación docente, sistemas de competencia, el examen de admi-
sión no de conocimientos, sino de talentos, concursos de diseños en talleres, aún
más en la era de la globalización.
En general, esta última década del siglo ha sido una etapa de crisis en la enseñan-
za-aprendizaje de la arquitectura, planes académicos que desbordaron el contexto,
estudiantes que prefieren solo graduarse y no aprender, «¿para qué hacerse de pro-
blemas inscribiéndose en los talleres más exigentes si hay otros en los que se pasa
más fácilmente? finalmente es el mismo título» (Flores, 2001, p. 97). A pesar de esta
crisis, aún quedan docentes que no se fugaron a otras escuelas, como los arquitectos
Jaime Andrade, Aníbal Campaña, Francisco Naranjo, Sergio Lemarie, Roberto No-
boa, Luis López, Eduardo Báez, Clímaco Bastidas, Colón Cifuentes, Alfonso Isch,
Fernando Flores, Leonardo Miño, César Camacho, Agustín Ribadeneira, Francisco
y Oswaldo de la Torre, Carlos Andino, Guido Díaz, Sócrates Ulloa, Fabián Gómez,
entre otros destacados docentes y arquitectos.

Imagen 12. Arq. Antonio Narváez y Arq. Jaime Dávalos


Fuente: Revista AyS N.°12, 1997.

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Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Sexta reforma de 2004: Patricio Aguilar y Manuel Ramírez


Desde octubre de 2000 rige para las universidades, a nivel de país, la Ley Orgáni-
ca de Educación Superior (LOeS) que empieza a categorizar de acuerdo a parámetros
como: objetivos educacionales, malla curricular, infraestructura y equipamiento,
cuerpo docente, gestión académica y estudiantil, resultados o logros de aprendizaje,
ambiente institucional, investigación formativa y vinculación con la sociedad, ubi-
cando a la uCe en la máxima categoría A (a partir del año 2003 baja a B), lo que
significa para la fAu una responsabilidad de mantener la calidad y, además, entrar
en un proceso para acreditar la carrera mediante una nueva reforma académica de
régimen anual, bajo los parámetros del Consejo de Evaluación, Acreditación y Ase-
guramiento de la Calidad de la Educación Superior (CeAACeS), convirtiéndose en
un reto para las autoridades de turno, el decano Arq. Patricio Aguilar y subdecano
el Arq. Manuel Ramírez (Viteri, 2012, p. 6).
Como parte de la acreditación, se impulsa un proyecto que permita evaluar y al
mismo tiempo incentivar a la producción académica de la facultad, por lo que el
H. Consejo Directivo, encabezado por el decano Arq. Patricio Aguilar, aprueba el
concurso «medalla de oro», el 1 de noviembre del 2000, como sistema de reconoci-
miento a los mejores trabajos de los estudiantes en el campo del diseño arquitectó-
nico, los cuales también representarán a la institución en el concurso de la Bienal de
Quito (Benites, 2010, p. 40). Se promociona desde el 2002 con 1170 estudiantes,
planes de intercambio académico al extranjero, como parte de extensión universita-
ria, y en el 2005 con 1566 estudiantes en el decanato del Arq. Manuel Ramírez, se
institucionaliza los convenios específicos con las universidades italianas Politécnico
de Milano y Degli Studi de Ferrara, con renovación automática, realizando diversos
seminarios ítalo-ecuatorianos y pasantías de seis meses para hacer las tesis de grado
bajo un legado de arquitectos italianos como Marina Molin, Eleonora Bersani, Em-
manuela De Menna y Paolo Ceccarelli, este último discípulo del Arq. Giancarlo de
Carlo, del movimiento internacional Team X en los 60 (Ottolenghi, 2012, pp. 46-
47). Posteriormente, estos nexos dieron paso a la formación de la Red Alvar (Imagen
13), una red de 14 facultades de arquitectura de Europa y Latinoamérica en el que la
fAu adquirió importancia con la participación de workshops (Ramírez, 2012, p. 48).
En junio del 2003 se lleva a cabo un taller de discusión sobre «Nuevas propues-
tas de reestructuración académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo»
(fAu, 2011, p. 14), destacando problemas de insuficiencia en la calidad académi-
ca, débil estructura sistémica, obsolescencia en formas y contenidos de la discipli-
na, administración disfuncional, infraestructura e instalaciones en deterioro, falta
de acercamiento a las corrientes teóricas del mundo contemporáneo. Además,
se analiza el perfil del arquitecto en la sociedad y ciudad, cuyas competencias se
centran en el ordenamiento territorial, diseño arquitectónico de espacios habita-
bles (vivienda en su mayoría), control de impactos ambientales y un naciente en
docencia e investigación, características que en los estudiantes de la fAu no corres-

364 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

ponden al perfil profesional que requiere el país. Sumado al inestable número de


talleres de proyectos arquitectónicos que pasaron de 9 a 7 con relación inversa al
creciente número de estudiantes.

Imagen 13. Intercambio Red Alvar Argentina, 2010


Fuente: Revista AyS N.°17, 2012.

Con estos antecedentes, en el 2004, el Arq. Ramírez lleva a cabo la sexta reforma
al plan académico, bajo el acompañamiento de una comisión interna de autoevalua-
ción de la fAu para fortalecer el compromiso institucional, la calidad académica, la
gestión e investigación, con el objetivo de direccionar hacia una educación científi-
ca, internacionalización, desarrollo sostenible y con NTIC, que respondan a las de-
mandas sociales, estudiantiles, económicas, políticas. Se elimina el curso propedéu-
tico y se plantea 5 años de carrera en 280 créditos, divididos en las siguientes áreas
de conocimientos: humanidades 36 créditos, tecnológica 96, diseño 72, urbanismo
40 y expresión 36. Así como también se asignan las siguientes materias: Introduc-
ción, Historia y Teoría de la Arquitectura, Matemáticas, Materiales y Tecnología de
Construcción, Estructuras, Diseño Básico, Proyectos Arquitectónicos y Urbanos,
Teoría Urbana, Dibujo Natural, Técnico y Arquitectónico, Geometría Descriptiva
e Informática Aplicada (fAu, 2004). Finalmente, con 1901 estudiantes, y con base
en la nueva Constitución de la República del 2008, el CeAACeS emite la Disposición
Transitoria Vigésima, que establece un plazo de 5 años para que las carreras sean
evaluadas y acreditadas, caso contrario, quedarán fuera del sistema de educación
superior, por cuanto, la malla debe ser rectificada (Hernández, 2012, p. 52).

Vol. 1, N.° 378-(2020) 365


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Por otra parte, en el ámbito nacional destacados urbanistas contribuyen a las


necesidades de planificación territorial como Diego Carrión, Fernando Carrión y
Hernán Orbea Trávez, arquitectos que, a pesar de ser egresados de la fAu en los años
70, no forman parte del cuerpo docente, pero desde la intimidad de sus oficinas
contribuyen con las ciudades ecuatorianas mediante sus teorías.

Séptima reforma de 2009: Alberto Viteri y Miguel Hernández


«Vientos de cambio circulan por nuestras aulas», menciona en el 2009 el decano
Arq. Alberto Viteri (2010, p. 5), en vísperas de una séptima reforma al plan acadé-
mico para 1998 estudiantes. Se visibiliza una imagen de otra universidad que quere-
mos, con base en la participación activa de la comunidad, de la facultad y tomando
en cuenta el nuevo Estatuto de la uCe respecto a la Ley de Educación Superior de
Universidades y Escuelas Politécnicas del ex Consejo de Educación Superior (CONe-
SuP), así como en el contexto de celebración de los cuarenta años de construcción
del edificio de la fAu en los 70 (Flores, 2010). Este plan curricular se crea bajo la
intervención de académicos (jefes de cátedra) con miras a la globalización y prospec-
tiva del oficio del arquitecto, afirma el subdecano Arq. Miguel Hernández (2010, p.
23), quien plantea: educación por competencias para el egresado, flexibilidad curri-
cular en un aprendizaje interdisciplinar e intercomunicado con otras materias y la
transdisciplinariedad del conocimiento científico hacia la complejidad, todos éstos
a partir de la identificación de problemas reales y pensamiento crítico.
En el contexto institucional, el Honorable Consejo Universitario de la uCe
aprueba los lineamientos generales para la semestralización, el sistema de créditos
(256) en trabajos presenciales y autónomos, así también, la creación de optativas,
electivas y actividades complementarias, para todas las carreras, el 26 de mayo
del 2009, que se adopta a partir del mes de septiembre, modelo que sitúa al estu-
diante en el centro del proceso formativo. En el caso de la fAu, a partir del plan
estratégico 2005 se evalúa en el 2009, previo a la elaboración del Plan de Desa-
rrollo Institucional, las problemáticas y debilidades de los docentes, discentes,
empleados y trabajadores, se identifica una «inadecuada formación del arquitecto
en correspondencia con el perfil profesional que demanda el país» (fAu, 2011, p.
15). Lo anterior permite establecer los valores institucionales en torno a la planea-
ción estratégica del desarrollo nacional, analizar diferentes tendencias académicas,
instrumentalizar la ciencia y filosofía, integrar las NTIC, potenciar la criticidad,
trascender del discurso academicista, rendición de cuentas, evaluación y mejora-
miento continuo (Hernández, 2010, p. 25).
De esta manera, la fAu se ve envuelta en un proceso de pensamiento comple-
jo, innovación, creatividad, flexibilidad, que actualiza y orienta los perfiles de
ingreso, permanencia y egreso en competencias del saber, saber hacer y el ser. Se
establece tres áreas de conocimiento: humanística (eje de formación) para los dos
primeros semestres, básica (eje de fundamentación), de tercero a sexto semestre, y

366 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

profesional (eje de profundización), de séptimo a noveno semestre. Se compactan


materias como: Matemática, Física, Dibujo Natural y Arquitectónico, Geometría
Descriptiva, Expresión Oral y Escrita, Realidad Nacional, Historia-Teoría de la
Arquitectura y Urbana, Informática, Sistemas Constructivos, Diseño Básico, Ar-
quitectónico y Urbano, Estructuras, Instalaciones Eléctricas, Sanitarias, Resisten-
cia de Materiales, Ecología y Medio Ambiente, Legislación, Conservación del Pa-
trimonio, Gestión de Proyectos, Empresas, Fiscalización y Organización de Obras
(Hernández, 2010, p. 27).
En este periodo se destaca el funcionamiento y reorganización de los ocho ta-
lleres de diseño arquitectónico (Imagen 14), el taller A es el taller integral, creado
en el 75, con visión multidisciplinaria en intervenciones urbanas y arquitectó-
nicas, menciona el Arq. Paco Naranjo y Roberto Novoa; el taller B considera el
diseño del espacio público como urbanismo y privado a la arquitectura que se
desprende de las ataduras del pasado, aclaran los Arqs. Fernando Flores y Antonio
Narváez; el taller C piensa que la imaginación es más importante que el conoci-
miento, manifiesta el Arq. César Camacho; el taller D basado en la investigación
y autonomía para tomar decisiones arquitectónicas contemporáneas, dice el Arq.
Alfredo Novillo; el taller E transmite la experiencia profesional, disciplina y con-
fianza de sus docentes, para que los estudiantes respondan a las demandas de la
sociedad actual, aclaran los Arqs. Jorge Tamayo y Héctor Chaves; el taller F, el
antiguo TISDYC del 73 sigue en pie con su ideología de lo social en la arquitectura
y urbanismo en localidades rurales y comunidades indígenas, informa el Arq. Wi-
lson Herdoíza; el taller G trabaja sobre problemáticas sociales y espaciales reales de
la ciudad, aportan los Arqs. Marco Ortiz y José Espinoza Chamorro; y finalmente,
el taller H considera la materia como la columna de la profesión que puede resol-
ver problemas de vulneración mediante una formación humanista, manifiesta el
Arq. Rommel Valencia (Espinoza, 2010, pp. 28-37).
De igual manera, se destacan en la construcción de la arquitectura de la ciudad
y del país, arquitectos centralinos como Mauricio Moreno, Fernando Flores, Jaime
Andrade, Soledad Dulce, Guido Díaz, Francisco Naranjo, en un momento coyun-
tural, donde es necesario repensar el rol del territorio y la ciudad debido a los cam-
bios constitucionales sobre el Código Orgánico de Organización Territorial, Auto-
nomía y Descentralización (COOTAD) y la Ley de Suelos y Ordenamiento Territorial,
que obliga a cambiar el modelo territorial del Distrito Metropolitano de Quito y del
resto de ciudades (Moreno, 2010, pp. 53-61) con problemas de conurbación, des-
igualdad y periferia dispersa. Las ciudades apuntan a regular la producción, los usos
y ocupación del suelo urbano y rural, mientras que existe un retraso en el campo
de la arquitectura debido a una modernidad mal entendida, olvidándose que ésta se
asienta en un contexto y las respuestas sin contexto han sido la falencia del quehacer
arquitectónico como de la enseñanza de la arquitectura.

Vol. 1, N.° 378-(2020) 367


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Octava reforma de 2011: Miguel Hernández - Alfonso Isch


En el 2011, al cumplir 65 años como Escuela de Arquitectura (Imagen 15), la
facultad se semestraliza en su totalidad, con 1693 estudiantes, por cuanto se revisa
y actualiza el plan académico aprobado en el 2009, donde uno de los criterios de
evaluación más preponderantes es el principio de pertinencia que analiza si la carrera
aún responde a las necesidades sociales, culturales y tecnológicas del Plan Nacional del
Buen Vivir (2009-2013), así como el principio de calidad, que busca la excelencia aca-
démica mediante el pensamiento crítico de los docentes y discentes. Se examina el cu-
rrículo desde fuentes sociológicas, pedagógicas, epistemológicas y tecnológicas dentro
del contexto nacional en el que ya existen 23 escuelas de arquitectura, de las cuales 8
se ubican en Quito. Sin embargo, la fAu tiene como demanda académica un 74,20%
de la población estudiantil en Quito, mientras que un 25,80% responde al área de
cobertura en las provincias de la Costa, Sierra, Oriente, Región Insular y en mínima
cantidad de países extranjeros España, Colombia y Perú (fAu, 2011, p. 19). Datos que
cualifican a la facultad como una de las más grandes del país y un referente en la cons-
trucción de la arquitectura ecuatoriana, atendiendo a una población de 12.090.804
habitantes y una ocupación territorial de 255.970 km2 con acceso estudiantil a una
universidad pública, gratuita, con responsabilidad académica y social.
No obstante, debido a la gran cantidad de demanda estudiantil, y a pesar de
las medidas tomadas en la anterior reforma, se detecta que nuevamente el proble-
ma es la mala formación del arquitecto, respecto al perfil profesional del país. Así
también, se identifican debilidades estructuradas en cuatro ejes: en la docencia, un
limitado compromiso del docente con la institución, modelo curricular tradicional,
alta deserción y repitencia, inexistencia de tecnologías, laboratorios, talleres, aulas
experimentales y capacitación, bajo porcentaje de docentes con cuarto nivel, educa-
ción informativa y no formativa, talleres sin interdisciplinariedad. En la investiga-
ción, escasa producción, inexistencia de líneas de investigación, débil articulación
entre docencia, investigación y vinculación con sectores productivos y sociales. En
la vinculación con la sociedad, falta de fortalecimiento de convenios y alianzas es-
tratégicas, no existe programas de inclusión laboral o emprendimiento a graduados.
En la gestión, una estructura administrativa disfuncional, normativa interna desac-
tualizada, baja autogestión y comunicación, ausencia de sistema de administración
electrónica (fAu, 2011, p. 16).
En la facultad, la enseñanza de la arquitectura se ha orientado a producir objetos
aislados, descontextualizados, repetitivos, globalizantes, sin contenido social, here-
dados de la visión funcionalista, donde la sociedad ya no construye ciudad, sino las
elites económicas y los especuladores urbanos, que han prevalecido desde la década
de los setenta por la falta de debate académico permanente (Naranjo, 2013). Rea-
lidad que se convierte en un reto para la fAu, en reflexionar sobre los contenidos
curriculares, la carencia de docentes-arquitectos representativos, desarticulación de
la teoría, práctica, proyectación, metodología y procesos, en busca de una nueva

368 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

forma de enseñanza entendiendo la relación entre arquitectura y ciudad, vínculo


urbano entre el objeto y el lugar.

Imagen 14. Talleres de Diseño Arquitectónico


Fuente: Revista AyS N.°16, 2010.

Imagen 15. Sesión Solemne fAu 2010

Vol. 1, N.° 378-(2020) 369


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Problemáticas que demandan a la facultad cambios profundos en un proceso de


análisis crítico, reflexivo, participativo y de compromiso mediante un modelo de eva-
luación sobre «pertinencia, currículo, academia, entorno, servicios y actividad estu-
diantil» (Hernández, 2013, p. 7), considerando las disposiciones de la Constitución
y la Ley Orgánica de Educación Superior (LOeS), artículo 93, principios de calidad y
107, pertinencia, del 12 de octubre del 2010. La fAu se plantea recuperar la interac-
ción de la docencia, la investigación formativa y la pertinencia social, mediante tres
niveles estructurantes; la superestructura, evidenciada en la misión, visión, modelo
educativo, perfiles de egreso y resultados de aprendizaje; la estructura, sustentada en la
investigación, docencia, difusión y vinculación; y la infraestructura, en cuanto a recur-
sos, materiales, mobiliario, equipos, aulas, laboratorios (Ramírez, 2013).
De tal manera, a cargo del decano Arq. Miguel Hernández y subdecano Arq.
Alfonso Isch, se presenta la octava reforma del plan académico (rediseño del plan
curricular del 2009), que fue aprobado el 03 de octubre del 2011 por el Consejo
Directivo y el 10 de octubre del 2011 por el Consejo Académico de la fAu. El plan
implica una formación integral del estudiante, centrado en un modelo pedagógico
sociocrítico, que se caracteriza por la relación sociedad-contexto, la admisión y ni-
velación estudiantil están supeditadas a los cupos que brinda el Consejo Directivo y
Universitario, la duración de la carrera es de 10 semestres (243 créditos), compuesta
por 50 asignaturas obligatorias, (fundamentación), 9 optativas (perfil profesional) y
electivas (formación personal). Se reordenan los talleres integrados de diseño arqui-
tectónico (TIDA) como eje central del proceso formativo al que se integran la docen-
cia, investigación y la vinculación con la sociedad en tres instancias: el Taller Total,
con la incorporación de todos los docentes y estudiantes que lo conforman, el Taller
Horizontal, con la participación de docentes y estudiantes de un mismo nivel y el
Taller Vertical, con docentes y estudiantes de diferentes niveles (fAu, 2011, p. 50).
La estructura curricular se divide en tres ejes de formación: humanística, con
materias como Realidad Nacional, Expresión Oral y Escrita, Gestión de Empresas,
Ecología y Medioambiente. Básica con Física, Matemática, Introducción a la His-
toria del Arte y la Arquitectura, Sistemas Constructivos, Dibujo Natural, Arquitec-
tónico, Geometría Descriptiva, Informática y Diseño Básico. Y el eje profesional se
subdivide en la etapa de la fundamentación de tercero a sexto semestre con TIDA III
a VI, Teoría e Historia Arquitectónica y Urbana, Diseño Urbano, Estructuras, Siste-
mas Constructivos, Resistencia de Materiales e Instalaciones Eléctricas y Sanitarias,
mientras que de la profundización de séptimo a noveno semestre con TIDA VII a
IX, Normativa, Contratación, Legislación, Gestión de Proyectos, Conservación del
Patrimonio Edificado, Fiscalización, Control de Obras, optativas y electivas (fAu,
2011, p. 54). Entre docentes que han ganado varios premios se destacan Luis Bos-
sano, Marlon Cuenca, Antonela Fustillos, María Belén Granja, Patricio Guerrero,
Diego Hurtado, Alfredo Lozano, Oswaldo Páez, Patricia Palacios, Eduardo Pauta,
Juan Carlos Sandoval, Patricio Serrano, Juan Carlos Villagómez, entre otros.

370 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

Novena reforma de 2017: Luciano Bonilla – Blanca Proaño


En años posteriores a la octava reforma, en el 2014, la fAu entra en un proceso
de cambio generacional, debido a la obligación que impone la Ley Orgánica de
Educación Superior (LOeS) de que todo docente universitario deberá tener un título
de cuarto nivel (mínimo maestría). Coyunturalmente, para este año, la mayoría de
docentes de la facultad llegaron a su tiempo de jubilación, por haber servido 30 o
más años, debiendo salir progresivamente de la institución, por tanto, se proyecta
una convocatoria para participar en concursos de mérito y oposición, en búsqueda
de docentes jóvenes, quienes formarán el nuevo profesional de la escuela de Arqui-
tectura. Sin embargo, esta abrupta incorporación no tuvo una etapa de transferencia
de conocimientos entre los docentes experimentados y los recién llegados, que ni
siquiera tuvieron la opción de pasar por el sistema de ayudantía de cátedra como
para adquirir destrezas en la enseñanza-aprendizaje.
Bajo este contexto generacional se producen cambios sustanciales tanto en la
docencia, autoridades como en la preparación para la acreditación de la escuela
de Arquitectura, siendo una oportunidad para corregir errores y actualizar el con-
tenido académico. Así, para el 2015, la facultad se reestructura con una planta
de 103 docentes, 72 son titulares y 31 por contrato, 52 a tiempo completo, 36 a
medio tiempo, 12 a tiempo parcial y 3 por hora, de los cuales solo 28 docentes
tienen título de cuarto nivel. Además, se cuenta con el apoyo administrativo de
36 colaboradores, 23 son empleados y 13 trabajadores, para dar soporte a 1551
estudiantes matriculados, de los cuales el 73,03% corresponde a la provincia de
Pichincha (fAu, 2015). A pesar de este nuevo panorama, la facultad aún sigue fun-
cionando con el plan académico del 2011, estructurado en tres ejes de formación
—humanística, básica y profesional—, que para las condiciones anteriormente
expuestas resulta deficiente.
Mediante una encuesta (Pasquel, 2017, pp. 55-82), realizada en el 2017 se pue-
de evidenciar varias problemáticas: la comunidad fAu desconoce la historia y la
filosofía institucional (misión, visión, objetivos y valores), existe una sobrecarga del
tiempo diario de permanencia en las actividades de la facultad, se advierte que tanto
autoridades, docentes, estudiantes como empleados y trabajadores no han recibido
un proceso de inducción o ambientación al momento de su ingreso o contrata-
ción, mala comunicación institucional por canales de medios digitales, una buena
relación entre la comunidad, pero difícil para tomar decisiones o acciones en los
ámbitos académicos, desconocimiento de las actividades, investigaciones o materias
que dictan entre docentes, la toma de decisiones por parte de las autoridades son de
manera autónoma, se dan a conocer, pero no existe retroalimentación, pésima cali-
dad de las instalaciones, aulas, talleres, oficinas, pérdida de presencia en el ámbito de
producción académica en concursos, eventos, seminarios, bienales, así como poca
o casi nula actuación frente a las problemáticas de políticas públicas en cuestión de
ciudad y arquitectura del país.

Vol. 1, N.° 378-(2020) 371


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Estos acontecimientos atraviesan las nuevas autoridades, Arq. Luciano Bonilla


decano y Arq. Blanca Proaño subdecana, quienes prácticamente se ven obligados
(también por cumplir la LOeS) a emprenden la novena reforma al plan director
de estudios, denominado rediseño curricular, aprobado en septiembre del 2017,
que se orienta a satisfacer las necesidades sociales, económicas, políticas propias
de la complejidad contemporánea, reformular los procesos internos académicos
y administrativos, articular la investigación científica y tecnológica con el sector
productivo, incidir en el desarrollo territorial y asentamientos humanos del país,
replantear una nueva cultura del proyecto arquitectónico, ciudad sustentable,
movilidad alternativa, tecnologías urbanas, estimular la economía social y soli-
daria en las cadenas productivas de lo urbano y lo rural, por medio de una edu-
cación holística o integral con enfoque sistémico-constructivista. De tal manera,
se establece una organización curricular de tres unidades: Básica (1.o y 2.o semes-
tres), como un ciclo instrumental para cada especificidad. Profesional (3.o a 8.o
semestres), una etapa formativa y reflexiva para madurar la crítica-propositiva.
Titulación (9.o y 10.o semestres), ciclo de culminación que integra los saberes ad-
quiridos, aspectos que engloban la formación integral en la actual complejidad.
Esta organización se consolida en materias ejes, consideradas como núcleos de
la carrera, tales como: proyectos arquitectónicos y urbanos, teoría, tecnologías y
expresión gráfica (fAu, 2017, págs. 7-15).
Esta nueva propuesta incluye una característica especial, la cátedra integradora,
que consiste en la fusión de los núcleos de diseño arquitectónico y urbano (Imagen
16), por ser los más relevantes de la malla académica, «que permite la resolución de
las tensiones, problemas y situaciones específicas de la realidad ya mencionados en
la Pertinencia de la carrera» (fAu, 2017, p. 35). Esta integración curricular inicia
desde primer semestre, hasta titulación, convirtiéndose en la columna vertebral a
la que todos los ejes de conocimiento deben apuntalarse de manera transversal con
los diferentes niveles y materias. Esta integración se verá operativizada en los talleres
de proyectos, en un ambiente constructivista que relaciona la praxis, investigación,
vinculación con la sociedad, prácticas preprofesionales, tecnología y fundamenta-
ción epistemológica, además de orientar a una fase de posgrado, que enriquezca el
proceso formativo de los estudiantes.
En consecuencia, la malla curricular se ajusta a 150 materias, divididas: 50 en el
campo de arquitectura, 50 en tecnologías y 50 en lo urbano, cada una cumpliendo
2880 horas de docencia, 1520 de aplicación, 2800 de trabajo autónomo, 240 de
prácticas preprofesionales, 160 de vinculación, 400 de trabajo de titulación, dando
un total de 8000 horas por cada campo (fAu, 2017, p. 72), sustentadas con un presu-
puesto anual estatal de 10.831.452,60 dólares americanos destinados a la fAu (fAu,
2017, p. 92). Además, a estas materias se las ordena en cinco campos: en el cam-
po de formación teórica se encuentran materias como: Matemáticas, Física, Taller
de Diseño Básico, Sistemas Constructivos, Resistencia de Materiales, Estructuras,

372 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

Normativa y Contratación. Comparten entre el campo de praxis preprofesional con


epistemología y metodología de investigación, materias como: Taller de Proyectos
Arquitectónicos y Urbanos. En integración de contextos, saberes y culturas materias
de: Introducción al Arte y Arquitectura, Historia y Teoría de la Arquitectura. Y en
el campo de comunicación y lenguaje materias de: Geometría Descriptiva, Dibujo
Arquitectónico, Natural y Digital (fAu, 2017, pp. 96-99).
Por otro lado, en la nueva generación de arquitectos jóvenes que empiezan a
obtener premios o reconocimientos a nivel local y nacional se destacan Maritza
Balcázar, Sergio Bermeo, Xavier Bonilla, Santiago Camacho, Andrés Cevallos, Jorge
Coronel, Manuel Durán, Mishell Echeverría, Hernán Espinoza, Úrsula Freire, San-
tiago Gómez, Mauricio González, Carlos Hidalgo, Janaina Marx, Fernando Puente,
Valeria Reinoso, Verónica Rosero, Kléver Vásquez, Sebastián Villalba, Wilmer Yacel-
ga, Patricio Yaselga, entre otros. Bajo este contexto es como termina la novena y últi-
ma reforma académica de la fAu, con la cual se trata de solventar las problemáticas,
tanto de educación superior en la disciplina de la arquitectura y urbanismo como
la planificación territorial urbano-arquitectónica del país, junto con la demanda
del perfil profesional que requiere el contexto nacional. Reforma que deja trazada
una línea de enseñanza-aprendizaje para el futuro de la carrera de Arquitectura de
la Universidad Central del Ecuador, que deberá seguir actualizándose conforme la
realidad social, económica, cultural y tecnológica lo demande.

Imagen 16. Reestructuración TIDA-fAu


Fuente: Revista AyS N.°18, 2013.

Vol. 1, N.° 378-(2020) 373


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Discusión
La FAU y sus nueve reformas al plan académico y malla curricular
Mediante la metodología descriptiva-exploratoria del método histórico, se
pudo contrastar los acontecimientos que han marcado o definido cada etapa de
transformación académica de la fAu y, a través del uso de inteligencia artificial,
se evidencio cuáles fueron los factores preponderantes de los diferentes planes
académicos que aportaron a la carrera de arquitectura, entre los que destacan lo
social, la arquitectura local, la ciudad, el desarrollo y planificación, el urbanismo,
los talleres de proyectos entre otras variables analizadas por medio de la network
analysis (Imagen 17). De esta manera se obtiene que, en la primera reforma de
1946, la escuela de Arquitectura está enfocada más en el aspecto técnico de la
disciplina, considerando al oficio como un arte en el diseño y construcción, debi-
do a la influencia del movimiento moderno que trasfirieron importantes grupos
de arquitectos extranjeros al país. Es decir, esta primera etapa se la puede definir
como una enseñanza en la técnica de la disciplina, reflejada en los trascendentes
y pioneros proyectos arquitectónicos modernos que se construyeron en la ciudad
de Quito, principalmente. Además, existe una visión de relaciones internacionales
para mantener contacto con otras universidades y poder intercambiar conoci-
miento académico y técnicas.
Sin embargo, el segundo plan de estudios de 1959, debido a la influencia del
pensamiento latinoamericano transforma la enseñanza hacia un modelo de acción
social basado en la teoría y práctica que busca acentuar una arquitectura local. Esta
es una época dorada para la fAu, que se apoya en la experiencia de las primeras
generaciones de graduados para convertirlos en prestigiosos docentes y arquitectos
de vanguardia moderna que empiezan a configurar las ciudades del país con una
tendencia racionalista, pero adaptada al contexto. Se consolida la visión implícita
que caracterizaría a la fAu, como una academia dedicada a resolver los problemas
sociales, a estar en contacto con la realidad del territorio y la sociedad, alejada de
la especulación y cercana al servicio público. Empero, la comunidad estudiantil es
muy reducida y selectiva, ya que el alto costo de manutención de la carrera no per-
mite estar al alcance económico de todos y se vuelve exclusiva.
Ya en los años 60, el acercamiento a la enseñanza sociologizante, combina la teo-
ría mediante la experiencia de docentes y la práctica a través de la cátedra de diseño
arquitectónico, que se sitúa como eje vertebrador de la carrera, a pesar de aquello, la
tendencia por lo social coloca en un segundo plano el arte y oficio de la arquitectura.
Este modelo progresista desvía la creatividad del arquitecto para generar dos cami-
nos, por un lado, la arquitectura de la ciudad se convierte en un campo de estudios
científicos producto de las diversas actividades sociales, pero por otro, abre un nuevo
campo a la creación de objetos arquitectónicos que satisfagan las necesidades de la
población, especialmente de vivienda social masiva impulsada por diversas inmobi-
liarias público-privadas, pero carentes del arte del diseño.

374 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

Si bien es cierto que el aporte de la teoría social y del movimiento de arquitectos


posmodernos de la fAu ayudó al desarrollo de la ciudad y de los habitantes más
vulnerables, tuvo un descuido en la técnica, lo que conllevó a que en el plan de
estudios de 1975 se eliminen las materias sociales y se incorporen materias manua-
lísticas, separando la teoría de la práctica. Efecto que devolvió la tradición artesanal
de la enseñanza de la arquitectura por medio de la transmisión del conocimiento del
maestro (hasta cierto punto autoritario) y de la práctica del diseño con la creación
de talleres de proyectos, aunque dicha enseñanza ya no podía ser personalizada por
la masificación de estudiantes.

Imagen 17. Variables mallas académicas 1946-2020

Esta pérdida por completo de lo social, no se podría establecer como una es-
trategia exitosa, ya que a largo plazo la formación del arquitecto se orientó a lo
inmobiliario, incentivando a una arquitectura comercial, de imagen, con propósitos
capitalistas y carente de criticidad. Por lo cual, en 1987 se aplica la cuarta reforma al
plan académico que retoma un nuevo concepto de lo social, entendido como la for-
mación de un arquitecto más consciente, responsable y participativo en la produc-
ción del hábitat, así como una enseñanza basada en la formación científica, técnica
e investigativa. Se caracteriza por la aplicación de la extensión universitaria, es decir,
por medio de los talleres verticales de diseño arquitectónico, la fAu se vincula con
la realidad de la ciudad, la sociedad y la tecnología. Se incorpora el área de humani-

Vol. 1, N.° 378-(2020) 375


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

dades como articuladora de las ciencias sociales con el resto de materias que ayuda-
ron a reemplazar la posición maestro-aprendiz por una producción arquitectónica
científica, gracias a la generación de docentes que, además, conformaron talleres de
arquitectura moderna ecuatoriana manteniendo una gran trayectoria.
De esta manera, después de 11 años de hegemonía académica, la reforma de
1998 se inserta como una etapa de producción científica que se consolidó a finales
del siglo XX, resaltando del resto de universidades, como una escuela prominente-
mente preocupada por el desarrollo del hábitat y la tecnología, el estudio del urba-
nismo y una arquitectura nacional-social, aspectos que plasmaron el sello inconfun-
dible de la fAu-uCe. Sin embargo, el aparecimiento de otras escuelas de arquitectura
y la fuga de docentes-arquitectos, convirtieron a la profesión en un juego entre la
identidad nacional y la globalización comercial, una crisis en la formación de los
estudiantes y la preparación de los docentes. La ciencia provoca que la ciudad sea el
«laboratorio experimental» entre arquitectos teoristas que se enclaustran en las aulas
públicas y arquitectos mercantilistas que comercializan y privatizan la arquitectura,
su fama y obras, causando una ciudad bicefálica y perdiendo el rumbo de la ense-
ñanza-aprendizaje. Efectos que causaron que los estudiantes se mantengan acríticos
a las problemáticas nacionales, a la teoría e historia de la arquitectura y solo piensen
en graduarse lo más pronto para salir a comercializar en la ciudad y montar su ofici-
na de proyectos inmobiliarios.
Así, el nuevo siglo XXI inicia con grandes problemas en la calidad académica y
producción arquitectónica, una pérdida de identidad por parte de la fAu, aletargada
en el tiempo, obsoleta en teorías, contenidos y tendencias, sumado a problemas
administrativos y de infraestructura que no dan cabida a la cantidad de estudiantes
matriculados. La reforma de 2004 se concentra en cumplir los parámetros institu-
cionales que impone la LOeS y el CeAACeS, se crean sistemas de reconocimientos, se
reorganiza la carga horaria y materias, se firma convenios y redes nacionales e inter-
nacionales, todas estas acciones enmarcadas en los requerimientos de acreditación.
Empero, la enseñanza de la arquitectura en Quito se incrementa bajo la visión de
lo comercial, lo inmobiliario y lo global, mientras que la fAu va perdiendo el hori-
zonte de lo social, del oficio, técnica e identidad de la arquitectura, para pasar a ser
una carrera de cumplimiento de normas institucionales que rigen a nivel nacional y
encaminan al ordenamiento territorial, el desarrollo sustentable y el diseño arquitec-
tónico en su mayoría de edificios y conjuntos residenciales privados.
La academia se dedica a graduar arquitectos para que salgan a diseñar y construir
de forma reproductiva, genérica e interdependiente, se perdieron las herramientas
para actuar en los procesos de desarrollo urbano, se olvidaron de pensar en lo social,
no se responde a las necesidades de la población. A partir de esta época la fAu carece
de destacados arquitectos que siempre han sido referencia nacional, pues para la
academia la calidad ahora son los puntos obtenidos para acreditar, distanciando por
completo al arquitecto de la sociedad y su oficio.

376 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

A pesar de organizar una nueva reforma en el 2009, el estancamiento que su-


frió la fAu no ha podido ser revertido, continúa una inadecuada formación de los
estudiantes alejada del perfil profesional. Las experiencias de los jefes de la cátedra
de proyectos buscan rezurcir la separación del oficio del arquitecto y la vincula-
ción con lo social mediante la reestructuración de los talleres de proyectos. Sin
embargo, la gran variedad y diferencias conceptuales entre talleres no permiten la
consolidación de un proyecto de facultad que camina independiente en la cons-
trucción de la misión y visión institucional. La enseñanza de la arquitectura pasa
de una tendencia sustentable hacia un modelo de desarrollo territorial basado en
las NTIC debido a la complejidad e innovación de las ciudades, dejando a un lado
el quehacer arquitectónico. El paradigma científico-tecnológico, conllevó aún más
al declive de la fAu; primero, por no estar preparados con una infraestructura de
laboratorios y equipos digitales que permitan la experimentación arquitectónica;
y segundo, provocó la pérdida de lo único valioso que aún poseía: la destreza del
dibujo natural y arquitectónico bajo la técnica a mano, que fue sustituida rápida-
mente por el uso del ordenador, acabando por completo la criticidad y creatividad
en la formación del estudiante.
Después de haber transcurrido 65 años como escuela de Arquitectura, la siguien-
te reforma del 2011 se centra en la pertinencia y calidad de la carrera. A pesar de
aquello, la enseñanza de la arquitectura se encuentra muy fragmentada debido a la
existencia de varias escuelas públicas y privadas a nivel nacional, de las cuales la fAu
sigue siendo la de mayor demanda estudiantil, más no la escuela pionera. Pero el
verdadero problema resultaría ser, justamente, la pertinencia y la calidad, dos facto-
res que no han sido entendidos por la desconexión de lo social y el oficio, a los que
se anteponen las necesidades de las élites económicas en el desarrollo de proyectos
urbano-arquitectónicos especulativos. La lógica neoliberal imperante que ha venido
distorsionando a la fAu desde los 70, produjo estudiantes inmersos en un «merca-
do» de bienes y servicios, así como una arquitectura comercial aislada del contexto
e identidad local. Por lo tanto, se propone una relación biunívoca entre arquitectura
y ciudad, desde una perspectiva socio-crítica, que cubra las falencias en docencia,
investigación, vinculación con la sociedad y en gestión, que dejaron las grandes
empresas inmobiliarias opacando el rol del arquitecto y causando tensión con los
nacientes laboratorios y observatorios de arquitectura que, además, van marcando el
perfil mercantilizado y estilizado del egresado de moda.
Propuesta que no pudo ser concretada ni siquiera con la implementación de la
reforma del 2017, debido al proceso de renovación generacional de la planta docen-
te, en la mayoría de jóvenes arquitectos que habían regresado de sus posgrados, muy
cercanos a las teorías urbanas-arquitectónicas, pero muy alejados de la realidad local
y, sobre todo, sin conocer la historia y origen de la fAu. Autoridades que tomaron el
proceso de cambio como una contratación de personal para una empresa y no para
la academia, claro, respaldados en las leyes burocráticas de la Senescyt, pero también

Vol. 1, N.° 378-(2020) 377


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

un gran porcentaje por «padrinazgo». Por su parte, los jóvenes docentes con espíritu
de enseñanza y servicio ingresaron, abruptamente, a impartir sus conocimientos,
quienes amparados en la «libertad de catedra» formaron nuevos guetos, un neo-statu
quo, fragmentando aún más la poca ideología que conservaba la facultad, así tam-
bién, otros docentes vieron este cambio simplemente como una oportunidad laboral
en medio de una crisis económica neoliberal.
A esto se suma la problemática institucional, una facultad que no ha renovado
prácticas de enseñanza-aprendizaje, infraestructura en deterioro, insuficiente y de-
ficiente, una gestión que se limita a cumplir la tecnoburocracia y mantener a todos
«cómodos» en su zona de confort, una masa estudiantil mecanizada, callada, sin
pensamiento crítico, pero con ganas de graduarse lo más pronto. Y, lo que es más
grave, una facultad que ha perdido el liderazgo a nivel nacional, en cuanto a políti-
cas públicas, decisiones de ordenamiento territorial, representación de arquitectos y
obras destacadas, producción académica y científica irrelevante, relaciones interna-
cionales suspendidas, carencia de extensión universitaria, todas ellas escondidas tras
las sombras de lo que alguna vez fue la fAu.
Esta última reforma, trata de organizar los procesos internos académicos y ad-
ministrativos orientados a una enseñanza de lo urbano y lo rural ligados al sector
productivo empresarial a través de la investigación científica y tecnológica. Clara
evidencia de la pérdida del rumbo del oficio de la arquitectura, ya no se habla de
la arquitectura per sé, del rol del arquitecto, de lo social, del diseño y construcción
como teoría y práctica, de la extensión universitaria en realidades sociales-territo-
riales. La fAu ha caído en la lógica del mercado global, por ende, asume tendencias
de formación holística, integral, compleja, en un intento progresivo de apuntalar el
eje central de proyectos arquitectónicos y urbanos mediante la transdisciplinariedad
entre cátedras. Integración curricular a la que no todos los docentes y estudiantes
fueron invitados, a una verdadera sociabilización, debate y propuesta, sino más bien
fue una imposición institucional a la que se debía regir. Continúa una carencia de
arquitectos de la fAu que sobresalgan en la planificación de la arquitectura de la ciu-
dad, concursos y galardones, pues todo el mercado ha sido abarcado por las escuelas
privadas y colectivos de arquitectura que, cabe mencionar, en cierta parte, ha sido
gracias a la fuga de exdocentes de la fAu, sus hijos, nietos y demás descendencia que
construyeron esas nuevas escuelas con miras a formar arquitectos con perfiles de ge-
rentes, empresarios, constructores, administradores públicos, inmobiliarios, talleres
u oficinas alternativas de arquitectura, mientras que el perfil profesional de la fAu se
ha limitado a generar arquitectos asalariados, residentes de obra, servidores públicos
y privados, dibujantes, renderistas, es decir, «mano de obra».
En la actualidad, en 2020, la FAU continua con la aplicación de la novena re-
forma, se ha dado prioridad a recuperar la imagen de la institución, la gestión ad-
ministrativa, la producción académica, la investigación, la divulgación científica y
estudiantil, así como la formación de doctores arquitectos. A pesar de la voluntad

378 Anales de la Universidad Central del Ecuador


Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

de las nuevas autoridades estos cambios caminan lentamente y no porque sea un


proceso, sino porque aún no se ha entendido que la reconstrucción de la fAu debe
ser mancomunada, de puertas abiertas, de comunidad universitaria, de promoción
de debates, talleres y discusiones académicas que ayuden a consolidar, primero, el
cuerpo docente, los contenidos curriculares, eliminar la tramitología universitaria,
buscar autogestión e infraestructura adecuada, para finalmente retomar con critici-
dad científica-tecnológica, pero sobre todo social, el rol de la enseñanza de la arqui-
tectura y del arquitecto ecuatoriano.
Mientras no se tomen estas medidas se seguirán dictando decisiones apresuradas,
como la eliminación de los talleres verticales de diseño arquitectónico y urbano, que
han sido un legado histórico del arte y oficio tanto artesanal como moderno de las
escuelas de arquitectura, de los arquitectos extranjeros fundadores de la fAu, de los
arquitectos pioneros en la arquitectura ecuatoriana, de los talleres experimentales
de los años 70 y de la diversidad de talleres de las últimas décadas. El taller vertical,
símbolo latinoamericano identitario de la fAu, ha sido eliminado tras seguir mode-
los globalizadores de escuelas privadas cuyos objetivos, funcionamiento, densidad
estudiantil e ideologías mercantiles son distintas. El taller vertical ha tenido sus
falencias y decaimientos, no por su esencia de trabajo de interrelacionar entre dis-
tintos niveles, donde los estudiantes y docentes pueden recibir retroalimentación de
los más avanzados, pueden compartir experiencias, fomentar el trabajo en grupo y
construir criticidad arquitectónica de los proyectos, sino por la mala gestión de los
procesos de enseñanza-aprendizaje, por la dispersión de ideologías, por el abuso de
la autonomía de los docentes de talleres y por contenidos curriculares no articulados
a la teoría y la práctica arquitectónica.
Las autoridades han planteado la creación de talleres horizontales de tercero a
quinto semestre, que tienen como objetivo unificar los contenidos académicos, para
que todos los estudiantes adquieran el mismo conocimiento, como si se tratase de
una fábrica fordista de eficiencia y rendimiento. Dejando de sexto a décimo semes-
tre «talleres verticales» completamente desmantelados en su ideología y su composi-
ción docente, solo resta cumplir con la tecnoburocracia, pues el espíritu de taller ha
muerto. A esto se suma una crisis económica que está afrontando el país por las po-
líticas neoliberales del gobierno de Lenín Moreno y el Fondo Monetario Internacio-
nal (fMI) que han decretado un recorte presupuestario a las universidades públicas y
escuelas politécnicas, vulnerando los derechos constitucionales y poniendo en riesgo
el funcionamiento de la fAu, que se vio en la necesidad de despedir a profesores de
contrato, incrementar la carga horaria docente y administrativa, suspender proyec-
tos de investigación, así como proyectos de vinculación con la sociedad, incrementar
el número de estudiantes por paralelo y restringir el número de ingreso estudiantil
en los primeros años.
Estas problemáticas vinieron acompañadas por el aparecimiento de la crisis sani-
taria del covid-19, que interrumpió repentinamente las labores cotidianas de la fAu

Vol. 1, N.° 378-(2020) 379


Sergio Andrés Bermeo Álvarez

y obligó a adoptar una modalidad de enseñanza virtual (imagen 18) debido al confi-
namiento y distanciamiento social aplicado. La uCe y mucho menos la fAu estaban
preparadas para un cambio que requiere el uso de tecnologías, plataformas digita-
les, capacitación docente y estudiantil en teleeducación. Para el inicio del semestre
2020-2020 se adoptaron los recursos digitales que poseía la universidad (Teams, Zoom,
Moodle, Whatsapp, Facebook, entre otros) en un intento de experimentación virtual,
al que más del 40% de estudiantes no tiene acceso de conexión a internet o no posee
equipos que les permitan la conectividad, considerando que es una escuela pública de
mixticidad socio-económica media y baja, así también, más del 50% de docentes no
están familiarizados con el manejo de equipos y plataformas tecnológicas.
Así es como la fAu enfrenta las vísperas de una nueva reforma académica, en
medio de una enseñanza virtual, talleres verticales eliminados, cátedras de carácter
práctico como diseño arquitectónico, urbano y construcciones inscritas en un orde-
nador, estudiantes abarrotados de tareas digitales, docentes dedicados a la configu-
ración de aulas virtuales, empleados y trabajadores justificando sus actividades por
medio de teletrabajo, transformación del pensamiento crítico por una abundante
híper información en redes debido a la tendencia de videoconferencias, webinars,
conversatorios digitales, seminarios on-line y demás versiones telemáticas que es-
tán diluyendo las relaciones sociales-académicas y encausan a un individualismo
reproductor en que la nueva normalidad tendrá que reinventar la arquitectura de las
ciudades como también las escuelas de arquitectura.

Conclusión
Hacia una décima reforma académica
La fAu en sus 61 años de historia institucional como facultad, atravesó nueve
reformas académicas, desde 1946 hasta el 2017 (imagen 19), trayectoria en la que
evidenció mantener una interrelación con lo social, la realidad del territorio, el pro-
ceso de urbanización de las ciudades, tendencias arquitectónicas, el desarrollo tec-
nológico y la situación política-económica del país, factores que han influenciado en
el planteamiento de los planes académicos, así como de los planes reguladores de la
ciudad. Este amplio alcance de análisis permitió a la facultad actualizar en cada épo-
ca las mallas curriculares acordes al avance científico, tecnológico, social y territorial,
para en conjunto resolver los problemas de ciudad como de la academia, mediante la
preparación de profesionales que sean socialmente responsables con las necesidades
del contexto local y latinoamericano.
Por otro lado, es indudable que la fAu acumuló en su historia una alta producción
académica, científica y técnica gracias a la experiencia y conocimiento de destacados
docentes con autoridad moral, profesional y pedagógica que han dedicado su vida a la
enseñanza y oficio de la arquitectura con tintes de izquierda y convicción social, pero
que también, han sido arquitectos de alto prestigio, referentes en el diseño y planifica-
ción de la arquitectura y la ciudad, que configuraron los procesos urbanos dejando su

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Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

legado arquitectónico moderno, posmoderno y contemporáneo plasmados en objetos


arquitectónicos que hoy son hitos de la arquitectura del país. De igual manera, una
masa estudiantil revolucionaria, social, autónoma, de espíritu libertario fue partícipe de
los procesos de transformación de las reformas universitarias de la uCe, así como de las
reformas académicas de la fAu, cuestionando el establishment, el orden político burgués
y el sistema capitalista-neoliberal que ha buscado apoderase de la educación pública,
el derecho de libre ingreso y la politización en la enseñanza superior, logrando grandes
cambios sociales y urbanos a favor del conocimiento científico, tecnológico y laico.

Imagen 18. Exposición fAu, vía telemática 2020


Fuente: https://peopleartfactory.com/g/o8vZu9kGlHNFIYQZTvYE

Imagen 19. Estudiantes vs. docentes fAu, 1911-2020

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Sergio Andrés Bermeo Álvarez

Estos movimientos de docentes, arquitectos y estudiantes de la fAu estuvieron


siempre ligados a las transformaciones urbano-arquitectónicas de las ciudades del
Ecuador a través de la filosofía en la enseñanza de la arquitectura. Así tenemos,
desde 1946, el movimiento de arquitectos extranjeros fundadores de la escuela trajo
consigo la enseñanza de la técnica y oficio bajo la tendencia del movimiento moder-
no europeo y norteamericano que impartieron a sus primeros estudiantes. Genera-
ción que para 1959, después de 13 años de la primera reforma, se convertirían en
arquitectos y docentes llevando consigo la tendencia de vanguardia moderna de la
arquitectura bajo un nuevo estilo de racionalización centrado en lo local, hacia un
grupo selecto de estudiantes con posibilidad económica para ingresar a la facultad.
Durante 16 años la fAu pudo vivir una época de apogeo en la calidad de arquitectos
y arquitectura, consolidando los conceptos modernos, hasta que en 1975, con la
llegada de la tercera reforma y la masificación estudiantil, la facultad perdió el rum-
bo y la objetividad de la enseñanza debido a la tendencia sociologizante de docen-
tes-arquitectos posmodernos, disociando la teoría de la práctica por la sociología y
economía urbana, sin embargo, dos talleres alternativos: el taller integral y el TISDYC
se mantenían críticos al oficio.
Esta tendencia se mantuvo en la fAu por 12 años, hasta que la reforma de 1987,
aún con resacas de la sociología, se centró en recuperar la producción social del hábi-
tat por la influencia de docentes que conformaron talleres de arquitectura ecuatoria-
na, mientras que la facultad se distancia de la escala arquitectónica. Este preámbulo
de 11 años dio paso a la reforma de 1998, donde la enseñanza se basó en el urbanis-
mo por parte de docentes teóricos, pero también, el crecimiento del desarrollo urba-
no abrió el campo a una arquitectura comercial capitalista y a la creación de nuevas
escuelas de arquitectura en el país. Esto obligó, 6 años después, a que la facultad se
rija a las entidades de control de instituciones superiores, cambiando la reforma del
2004 hacia un modelo de planificación y ordenamiento territorial, requerido por el
Estado, terminó olvidándose por completo de la arquitectura y perdiendo relevancia
la academia y los docentes.
Debieron pasar 5 años para que, en 2009, los jefes de cátedra de proyectos reac-
cionen y reflexionen sobre el nuevo rol de la arquitectura y el urbanismo inscrito en
las NTIC que le permitieron a la fAu acercarse nuevamente a la arquitectura desde la
complejidad de las ciudades y la sustentabilidad. Y dos años después, en 2011, ya
era inminente la relación de arquitectura y ciudad en la enseñanza de la disciplina
que incentivaron al desarrollo de proyectos urbano-arquitectónicos, empresas in-
mobiliarias, laboratorios y observatorios de arquitectura. Sin embargo, tras 6 años
de retomar la escala arquitectónica, en 2017, la nueva reforma, con pretexto de la
incorporación de la investigación científica y tecnológica, enfocado en los sectores
productivos y el modismo de colectivos de arquitectura, deja la escala arquitectónica
en el limbo para dedicarse a lo urbano y lo rural. En estas tres últimas reformas, la
fAu vivió un completo anonimato de docentes, arquitectos, estudiantes que sean los

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Enseñanza de la arquitectura en Quito, movimientos y reformas académicas: una mirada crítica en los 61 años de historia de la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central del Ecuador

portavoces de la institución y la producción académica, opacados por las gestiones


empresariales eficientes de las escuelas de arquitectura privadas que, por supuesto,
tienen diferentes intereses en relación con los que fue creada la fAu.
Este análisis histórico devela que la esencia de la fAu ha sido una enseñanza de
la arquitectura enmarcada en lo social, mediante el desarrollo científico y tecno-
lógico, en busca de una arquitectura con identidad local e integración latinoame-
ricana. Una escuela que enseña a sus estudiantes responsabilidad ante la sociedad,
a diseñar con pensamiento crítico y reflexivo, a cuidar el medio ambiente natural
y edificado, a innovar con la tecnología de la construcción, así como desarrollar
sus habilidades hápticas. Y una planta docente comprometida con los cánones de
la teoría e historia de la arquitectura, resaltando el oficio del arquitecto artesano,
enseñando una arquitectura social, inclusiva, que contenga significado y signifi-
cante, además de haber graduado a importantes arquitectos que han trascendido
con sus obras, proyectos y pensamientos.
Sin embargo, también hay que aprender de los errores cometidos, como la pér-
dida del oficio de la arquitectura, el acercamiento al campo de la socio-economía
descuidando la técnica, teoría y práctica, caer en la moda y lo superfluo de una
arquitectura de imagen, de proyectación mediática de la obra con objetivos capita-
listas, el dejar de divulgar la producción académica y científica, la falta de capaci-
tación y actualización docente, la falta de participación democrática y crítica ante
las reformas de las mallas curriculares, el descuido en la infraestructura de aulas,
laboratorios, talleres, audiovisuales, la pérdida de orientación del rol del arquitecto
frente al perfil profesional que requiere el país, el estancamiento de la tecnoburocra-
cia, la ausencia de liderazgo público en los ámbitos académicos, sociales, políticos,
culturales, pero sobre todo, el haber perdido la cohesión social entre autoridades,
docentes, estudiantes, empleados y trabajadores.
No obstante, este estudio revela también que las mallas curriculares han ten-
dido una organización basada en las áreas de diseño arquitectónico, urbanismo,
tecnologías, humanidades y expresión gráfica, todas ellas dirigidas hacia el eje
integrador que es el taller de proyectos. Taller que debe retomar su carácter verti-
cal, con diversidad de pensamiento y metodología, pero enmarcados en una sola
filosofía arquitectónica institucional. Por otro lado, la pérdida de escalaridad en
la enseñanza de la arquitectura hacia otros campos como urbanismo, producción
social del hábitat, planificación y ordenamiento territorial, desarrollo sustentable,
innovación tecnológica, ciudad, medioambiente, complejidad, urbano y rural ha
obligado a la fAu a cambiar el enfoque y rol de la carrera, cuando más bien, debe-
ría pensar en abrir más carreras especializadas en esos tópicos para no desvirtuar el
objetivo de la carrera de arquitectura.
Finalmente, para la fAu este es un momento coyuntural por la pandemia de
la covid-19, que se presenta como una oportunidad para reflexionar y reinven-
tarse hacia su décima reforma académica, una reestructuración de las políticas

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Sergio Andrés Bermeo Álvarez

institucionales, una redefinición de la carrera de arquitectura, un repensar de la


historia de la facultad que le permita enfocarse no solo en la filosofía del oficio del
arquitecto, sino también en innovar las metodologías de enseñanza-aprendizaje
en miras del nuevo paradigma científico-tecnológico para que vuelva a retomar el
liderazgo como escuela, docentes, alumnos, arquitectos y obras representativas en
el país, pues solo resta decir como Napoleón Bonaparte: «Aquel que no conoce su
historia está condenado a repetirla».

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