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bobila.blogspot.

com

el fanzine del “Club de Lectura de Novel·la Negra” de la Biblioteca la Bòbila # 113

BIBLIOTECA LA BÒBILA . L'Hospitalet / Esplugues


L'H Confidencial 1
«Acaba de morir mi madre. Acabo de separarme. Acabo de «Un gélido viento del este barría la ciudad costera situada a
renacer entre los restos de una vida destrozada y no hay orillas del mar Negro. A principios de mayo había vuelto a
nada bueno en eso. La casa está a oscuras. La única luz nevar con fuerza en Constanta, y la nieve chirriaba bajo las
proviene de los tubos al rojo de un calefactor eléctrico que suelas. El hombre pisoteaba el suelo para entrar en calor. En
no calienta una mierda. El frío es más que una sensación cuanto estuviera a bordo del carguero, seguramente hallaría
física. Arrastra recuerdos. Mi madre vivió acá, sola, los un lugar resguardado en el que cobijarse hasta llegar a
últimos diez años de su vida. Los inviernos debieron de Estambul. Más tarde, en el otro barco que debía conducirlo
haberle resultado terribles. No prendía las estufas a gas hasta Trieste disfrutaría de mejor alojamiento, según le
porque tenía miedo de morir asfixiada por una pérdida. Se habían prometido. Pero antes tenía que partir de Rumanía sin
las arreglaba con este aparato inservible, un montón de pasaporte.»
pulóveres superpuestos y las lámparas de la casa prendidas a
full, porque ella creía que la luz entibiaba el aire.» Muerte en lista de espera, de Veit Heinichen

New Pompey, d’Horacio Convertini


«Una colisión entre dos vehículos es pura cuestión de física.
Todo depende de las casualidades, y las casualidades pueden
explicarse con una ecuación: fuerza multiplicado por tiempo
«En la puerta principal hacía guardia, día y noche, un es igual a masa multiplicado por aceleración. Y si
madero. Nuestra seguridad dependía de él. No le consideramos esas casualidades como variables, obtendremos
permitíamos sentarse, ni ausentarse para ir a los servicios o a un relato sencillo, verídico e implacable. Un relato que da
la máquina de café, sólo podía hacerlo si le reemplazaba otro cuenta, por ejemplo, de lo que sucederá si un camión de
madero. Tampoco tenía permiso para fumar, quitarse el veinticinco toneladas que circula cargado hasta los topes a
casco para rascarse la cabeza, masticar chicle o bostezar. una velocidad de ochenta kilómetros por hora alcanza a un
Con el arnés siempre bien abrochado y el subfusil montado y turismo que va a la misma velocidad, pero que pesa
sujeto con las dos manos a la altura de la cintura, se protegía ochocientos kilos. Dependiendo de esas casualidades que son
detrás de un murete de sacos terreros de un metro sesenta de el punto de impacto, el tipo de carrocería y el ángulo en que
altura, bastante desvencijado. En los sacos apolillados se se encuentran los dos implicados el uno respecto al otro,
habían abierto multitud de pequeños agujeros por donde se pueden existir un sinfín de versiones del mismo relato,
escapaba lentamente la arena de playa con la que habían sido aunque todas tendrán dos consecuencias claras: todas las
rellenados. En la comisaría decíamos que era el reloj del versiones son tragedias y es el turismo el que lleva las de
Destino y que cuando los sacos se vaciaran todo habría perder.»
terminado para nosotros.»
Headhunters, de Jo Nesbø
Perro vagabundo busca a quién morder, de Julián Ibáñez
«Hay días en que el borde de la cama es un abismo de
quinientos metros. La repetición continua de cosas que no
«Jamás le conocí en vida. Existe para mí a través de los queremos hacer. Lascano querría quedarse en la cama para
otros, mediante la evidencia de lo que su muerte les obligó a siempre o arrojarse al abismo. Sólo si el abismo fuera real.
hacer. Trabajando con el pasado, busqué sólo hechos, y la Pero no lo es. Lo único real es el dolor.»
reconstruí bajo la forma de una muchachita triste y una puta,
en el mejor de los casos como alguien que-pudo-ser… una Crimen el Barrio del Once, d’Ernesto Mallo
etiqueta que podría serme aplicada a mí. Desearía haber
podido concederle un final anónimo, relegado a unas pocas
palabras lacónicas sobre el informe de un policía de «Correr es algo extraño. El ruido que oyes son tus pies que
Homicídios, la copia en papel carbón que se manda a la golpean la acera. Las luces de los coches te castigan los ojos
oficina del forense, más papeleo necesario para llevarle al al pasar. Tus brazos aparecen erráticamente ante ti, surgen de
cementerio. Lo único que había de malo en mi idea es que la nada, ajenos a tu cuerpo, independientes uno del otro. Es
ella no hubiera querido que las cosas ocurrieran de ese como si aparecieran las manos de muchas personas que se
modo. Por brutales que fueran los hechos, ella hubiese están ahogando. Y no sirve de nada fijarse en estas cosas,
querido que tales hechos llegaran a ser conocidos. Y dado como cuando un coche se ha estrellado, el conductor está
que le debo mucho, y soy el único conocedor de la historia, muerto y la radio sigue sonando para él.»
he empezado a escribir esto.»
Laidlaw, de William McIlvanney
La Dalia Negra, de James Ellroy

«Eran aproximadamente las once de la mañana, a mediados


de octubre. El sol no brillaba, y en la claridad de las faldas de
«Sona el timbre. Un truc breu. La dona no pensa anar a las colinas se apreciaba aspecto lluvioso. Llevaba mi traje
obrir. Continua feinejant a la cuina. Tornen a trucar. Aquest azul con camisa azul oscuro, corbata y vistoso pañuelo fuera
cop el so es perllonga una mica. Eixugant-se les mans amb el del bolsillo, zapatos negros y calcetines de lana del mismo
davantal, va cap a la porta del pis. L’obre un parell de pams i color, adornados con campanas azul oscuro. Estaba aseado,
la frena amb el peu esquewrre, amb una prevenció limpio, afeitado y sereno, y no me importaba que se supiese.
moderada. Fora hi ha un jove que carrega una bossa Era todo lo que un detective privado y elegante debe ser. Iba
d’esport.» a visitar a cuatro millones de dólares.»

Herències col·laterals, de Llort El sueño eterno, de Raymond Chandler

L'H Confidencial 2
«Volvió a nacer la noche del martes siete de septiembre,
víspera del Pino, durante una ola de calor sofocante. Al
hombre, por supuesto, le importaba un bledo su
renacimiento, ¿quién sabe si lo que buscaba era
precisamente acabar con todo de una vez para siempre?
Hasta tres coches estuvieron a punto de atropellarlo en la
carretera de Tafira. El tercer conductor, el que llamó al uno-
uno-dos, afirmó que el tipo iba andando por el arcén oscuro
y ni se inmutó cuando le tocaron la pita, Le juro por mis
hijos, inspector, que no he visto en mi vida pachorra igual; si
me dicen que no tenía sangre en las venas, me lo creo.»

Nuestra Señora de la Luna, de José Luis Correa

«Amanecía como amanece en Mexicali, como amanece el


mundo en sus heridas: una nube de polvo cubriendo el
«El día de su asesinato empezó para Lene Kulm de la forma horizonte con sus destellos rojizos. La vida despertaba sin
habitual. Aquel 12 de julio e 1865 durmió hasta las once y pájaros a la vista, con una avioneta fumigadora levantando el
después se encaminó hacia el matadero, donde hasta bien vuelo para lanzar su primera ráfaga de insecticidas sobre los
entrada la tarde se encargaba de recoger los huesos y los campos de remolachas y cebollines que se extendían a ambos
tendones inservibles de los cerdos y las vacas sacrificados y lados de la línea divisoria entre México y Estados Unidos de
los tiraba a enormes cubas de hierro. El trabajo era América.»
desagradable y estaba mal pagado, pero nadie le disputaba el
puesto y necesitaba el dinero para pagar el alquiler. Lene era La memoria de los muertos, de Gabriel Trujillo Muñoz
joven, no hacía mucho había cumplido los veinte años. Su
físico no estaba tan estropeado como cabría esperar por su
«Si no hagués estat per les seves cames, no hauria passat res.
modo de vida, y gracias a su rostro ovalado y a sus ojos
O potser sí. Però hauria passat a algú altre. Jo ho hauria llegit
verdes oscuros casi se la podía considerar guapa.»
al diari.»
La musa oscura, d’Armin Öhri
Joc brut, de Manuel de Pedrolo

«Un hombre llamado T-bone Smith estaba sentado en el «No hay nada más siniestro que la sonrisa de una calavera. Es
interior de un cochambroso apartamento sin agua caliente de un rictus petrificado, frío, inexpresivo e inmutable. Dientes
la calle 113, al este de la Octava Avenida en Harlem, viendo apretados en un mordisco feroz. Es un cepo que se cerró de
la televisión con su señora, Tang. Tenían un televisor, pero golpe, clap, y nunca jamás soltará a su presa. Es una
nada que comer. Eran más de las diez de la noche y las carcajada contenida y sin alegría, sonrisa de compromiso,
tiendas se encontraban cerradas, aunque eso daba igual sonrisa de dolor, amenaza de crueldad. Mueca forzada de
porque, de todos modos, no tenían un centavo. Era un piso verdugo que finge ser tu amigo antes de hacerte daño, mucho
de sólo dos habitaciones, así que la televisión estaba en la daño. Ahora no pasa nada divertido, no hay motivo para reír,
cocina. Como era verano, la estufa se hallaba apagada y las pero dentro de poco, ya verás dentro de poco, sólo de
ventanas estaban abiertas.» pensarlo… Estallará la risotada cuando gimas y llores de
miedo, cuando te retuerzas de dolor. La sonrisa de una
Plan B, de Chester Himes calavera sugiere cuencas vacías, que son ojos que miran hacia
el interior del cráneo y se regodean en la visión de
pensamientos putrefactos. Sugiere corrupción, y gusanos, y
huesos que se oxidan lentamente mientras esperan la hora de
«El cuerpo de Ava tiene la forma de un signo de la revancha.»
interrogación tumbado boca abajo. Desnudo y aterido, se
humilla con la cabeza gacha ante una deidad perversa, Prótesis, d’Andreu Martín
implora clemencia en vano. Parece una estatua de sal, tallada
por un demente, sobre la que hubieran derramado un pozal
de sangre y mierda. El cuerpo de Ava es una ofrenda en el «La gente que olvida mal suele hacerse daño. Porque losque
altar del espanto.» olvidan mal se dicen la verdad con mentiras, extravían
nombres, esconden personas y lugares y acaban por recordar
Ángulo muerto, de Jordi Juan solo lo bueno.»

No llames a casa, de Carlos Zanón

«A Héctor Vizcarra le dicen El Sapo y se mueve adentro de


su departamento de dos ambientes, ubicado en el barrio «En el sueño de Devon, volvían a fondear el embalse en
porteño del Abasto, como una burbuja recién formada en una busca de Robert. Era casi igual que la primera vez, cuando
pecera pequeña. Es una burbuja, El Sapo. Una burbuja Valenzuela, el policía mexicano, gritaba órdenes a sus
rellena de carne y bañada por una pátina de sudor espeso que hombres mientras los jóvenes buceadores esperaban,
en otro mundo sería la delicia de algunos hedonistas sin enfundados en sus trajes de neopreno y con las botellas de
culpa ni cura.» oxígeno sujetas a la espalda.»

Ceviche, de Federico Levín Más allá hay monstruos, de Margaret Millar

L'H Confidencial 3
«En la pràctica y el protocolo del Departamento de Policía «A un quart i cinc de dotze, un tipus força ben vestit, però
de Los Ángeles, una llamada dos-seis es la que suscita una totalment begut, va sortir fent tentines d’un tuguri del carrer
respuesta más ràpida, y también la que infunde mayor temor Quart on es podía beure whisky de contraband. Era una nit
al corazón que late bajo el chaleco antibales. Es una llamada d’un divendres de mitjans de juliol i el calor humida regnant
de la que con frecuencia depende la carrera. La designación va ser com una onada de xarop negre fumejant amb la qual
se deriva de la combinación de un aviso de radio de código es va enfrontar el borratxo. Aquest intentà penetrar-hi, rebotà
2, que significa “responder lo antes possible”, y la sexta enrere i es va preparar per fer un altre intent. En aquell
planta del Parker Center, desde donde el jefe de policía dirigí momento, alguna cosa el va colpejar al cap i l’home es va
el departamento. Un dos-seis es una convocatòria urgente a començar a aclofar de mica en mica fins que va caure
la oficina del jefe, y ningún agente que conozca y valore su bocaterrós a la vorera.»
posición en el departamento se retrasará.»
Brigada nocturna, de David Goodis
Último recurso, de Michael Connelly

«Carter “Doc” McCoy había encargado que le llamaran a las


«Selma picou a heroína cunha coitela ata que a pedra ficou seis de la mañana y ya acercaba la mano al teléfono cuando
convertida nunha masa semellante ao azucre. Deixou caer os el vigilante nocturno llamó. Siempre se despertaba con
grumos no tapón dunha botella e mesturonos con auga facilidad y de buen humor: era un hombre que no tenía
axudándose co extremo inferior do émbolo da xiringa. Unha resentimientos hacia el pasado y se enfrentaba al nuevo día
vez diluída a substancia, colocou o filtro pelado dun cigarro completamente confiado y seguro de sí mismo. Doce años de
sobre o líquido. Achegou a punta da agulla ao tapón e tirou rutina en la prisión habían convertido sus tendencias
do émbolo ata que a heroína se foi introducindo no interior naturales en hábitos.»
do tubo. Sempre seguía o mesmo ritual. O sangue do brazo
La huida, de Jim Thompson
esquerdo comenzaba a mesturarse coa droga no primeiro
bombeo, lento e meticuloso. Para rematar, sen extraer a
agulla da vea, enchía a xiringa da sangue para reproducir a «El llum vermell va començar a fer pampallugues. Un dia
sensación inicial e oprimía de novo o émbolo.» que somiava despert, immers en la calma polsegosa del sol
que inundava la torre i el seu despatx, aquell llum fugaç
A noite enriba, de Diego Ameixeiras l’havia transportat a la infantesa, al camió de bombers en
miniatura que li havien regalat per Nadal. Quan fos gran,
segur que seria bomber.»
«El inspector jefe Chen Cao, del Departamento de Policía de
Shanghai, se encontró una vez más paseando en dirección al Consulting, de François Thomazeau
parque del Bund, envuelto en la neblina matinal.»

Visado para Shanghai, de Qiu Xiaolong «En el mismo año en que el hombre viaja por primera vez a
la luna y el último soldado estadounidense abandona
Vietnam, todavía quedan rincones en Inglaterra donde viven
hombres y mujeres que nunca se han alejado más de
«Siempre he sabido que me caería un muerto algún día, veinticinco kilómetros de sus hogares. Han pasado toda la
probablemente la primera semana de octubre.» vida en la misma tierra que ha mantenido a sus padres,
abuelos, bisabuelos y generaciones anteriores ya
El caso de la Madonna Sixtina, de Kalpana Swaminathan desconocidas.»

Perros de paja, de Gordon Williams

«L’Eunice Parchman assassinà la família Coverdale perquè


no sabia llegar ni escriure.»

Judici de pedra, de Ruth Rendell

Club de Lectura de Novel·la Negra


Biblioteca la Bòbila | Fons especial de gènere negre i policíac
Pl. de la Bòbila, 1 — 08906 L’Hospitalet | Tel. 934 807 438 | [email protected]
www.l-h.cat/biblioteques | www.labobila.50webs.com
horaris biblioteca:
matins (excepte juliol i agost): dimecres, dijous i dissabte, de 10 a 13.30 h.
tardes: de dilluns a divendres, de 15.30 a 20.30 h.
Metro L5 Can Vidalet | Trambaix T1, T2, T3 Ca n’Oliveres | Bus L’H2, EP1

juliol – agost de 2017

L'H Confidencial 4

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